Constructivismo
El constructivismo es un importante método de aprendizaje que educadores de todo el
mundo utilizan para impartir conocimiento a sus alumnos. Se llama constructivismo
porque está basado en la teoría de que todas las personas, activamente, construyen su
propio conocimiento.
El método constructivista es tan relevante y resulta de tanta ayuda para los educadores
porque es una de las mejores formas de entender a sus estudiantes. Cuando los alumnos
traen sus propias experiencias y conocimientos previos al salón de clases, esto le permite
saber a los profesores cuáles son sus talentos y habilidades y, a partir de esto, motivarlos a
desarrollar todo su potencial.
5 principios del constructivismo
El conocimiento se construye:
Este principio se refiere al hecho de que cada estudiante, a su manera, va tomando piezas
de conocimiento previo y las va conectando unas con otras, construyendo así algo
diferente a lo que su compañero de al lado pudiera hacer. Las experiencias previas, los
conocimientos y las creencias son parte fundamental para seguir aprendiendo, por lo que,
cuando cada alumno comparte estos tres aspectos con el resto de sus compañeros, el
aprendizaje es mucho mayor.
Los estudiantes aprenden a aprender:
El constructivismo favorece que los alumnos estén aprendiendo constantemente y de
varios temas a la vez. Por ejemplo, si una tarea de Historia implica realizar una cronología
de fechas, no solo está conociendo cuándo fue que ocurrieron sucesos importantes,
también está aprendiendo qué es una cronología y cómo se hace.
El aprendizaje es un proceso activo:
El aprendizaje no es una actividad pasiva, todo lo contrario, es un proceso en continuo
movimiento. El método constructivista busca que los estudiantes no solo permanezcan
sentados intentando absorber conocimientos, sino que sean participativos y receptivos
para que logren conectar con el mundo que los rodea.
El conocimiento es personal:
Como la teoría constructivista se basa en que el conocimiento son experiencias y creencias
personales, la forma de aprender también es algo completamente personal. Solo trayendo
a cada lección estos conocimientos es que la forma de aprender se verá más enriquecida a
nivel personal.
La motivación es la clave para aprender:
Si un estudiante está desmotivado, es casi imposible que consiga absorber algo durante
sus clases. Es por ello que cada profesor debe tener diferentes maneras de mantener
motivados a sus estudiantes para que estos logren activar sus mentes y nunca dejen de
sentir emoción por aprender.
¿Cómo funciona el constructivismo?
El aprendizaje constructivista parte de la exposición del individuo a múltiples
representaciones de lo real. Dichas representaciones le permiten sortear la
simplificación y la generalización, brindándole una visión más compleja de la
realidad.
Para el aprendizaje constructivista, el objetivo es construir el conocimiento dentro
de la reproducción del mismo, para lo cual toma siempre en cuenta el entorno y el
contexto: prefiere tareas auténticas vinculados de modo significativo al entorno,
que tareas abstractas desvinculadas de todo contexto.
El rol del docente y de la institución es proveer al alumno de un entorno
de aprendizaje que fomente la reflexión en torno a la experiencia, la negociación
social (aprendizajes cooperativos) y que tome en consideración las características
propias del alumno.
El aprendizaje debe entenderse como la reconstrucción de saberes culturales,
partiendo de los conocimientos previos y permitiendo su reorganización interna.
El aprendizaje se produce cuando lo sabido por el alumno entra en conflicto con el
nuevo conocimiento, exigiéndole así un reacomodo de su enciclopedia de mundo.
Ejemplos de aprendizaje constructivista
Los siguientes son algunos ejemplos de aprendizaje constructivista, en los que el alumno
juega un rol activo y fundamental:
La elaboración de mapas mentales. Un mapa mental es una representación visual
y esquemática de los saberes y conocimientos manejados, cuya forma, diseño y
apariencia está enteramente sujeta a las preferencias de quien aprende. Así, el
alumno organiza los saberes de un modo que le resulte intuitivo, que refleje las
relaciones entre el saber que ya posee y el que está intentando aprehender,
acudiendo además a algo más que la letra escrita.
Discusiones con preguntas abiertas. Se trata de espacios de debate en los que no
se fomenta la persecución de una respuesta “correcta”, sino la búsqueda de
caminos mentales, discursivos e intelectuales hacia una conclusión válida, lógica,
argumentada. Así, estas discusiones enfrentan a los alumnos a un problema
mental y los invita a dar con una solución consensuada, lo cual además fomenta la
negociación y el intercambio de saberes.
El aprendizaje autodidacta. No existe mayor ejemplo del aprendizaje
constructivista que el autodidacta: ese que llevamos a cabo por cuenta propia,
enfrentados a un tema que nos apasiona y del cual deseamos saber, más allá de la
simple recopilación de datos. Es puesto en práctica por muchos jóvenes y
adolescentes en momentos de mucho entusiasmo por un tema, como ciertos
imaginarios ficcionales, o los dinosaurios, etcétera. El punto es que el
apasionamiento y la libertad de exploración de estos temas les permiten
cuestionar continuamente lo que aprenden y avanzar hacia la integración del saber
nuevo con lo ya conocido, especialmente en asuntos morales, éticos o afectivos.