Trabalenguas
Trabalenguas
1-I-8-6 Cansadas, cargadas, rapadas, marchaban las chavas; calladas, calmadas, bandadas de
gatas las ratas cazaban; las ranas cantaban, llamaban saltaban, y al saltar sanaban de su
mal astral.
E
3 – II – 7 – 5 Que el bebé cese de beber leche frente a la tale, que bese el pelele, que me dé ese eje
que le dejé, y que se entere de lo que pensé.
I
4 – II – 7 – 5 Mimí y Lilí quisieron vivir en el Mississipí sin límite vil militar ni civil, sin minibikinis ni cínicos
hippies, sin bilis visibles ni tinte viril.
U
5 – III – 9 – 7 El muy tumultuoso frufrú del cucurucho de Uruchurtú, un gutural zulú del sur, sucumbió
ante el muy usual susurro de las burbujas de púrpura del tul del tutú de Lulú.
O
6–I–7–5 Coco Romo contó los potros y los toros del soto; el moro tonto cogió los potros, tomó los
toros, y sólo por sus lloros se los condonó.
M
7–I–7–6 Memo Medina mimaba melosamente al minino de su mamá Manuela, mientras Modesto,
muchacho moreno, remontaba las cumbres a lomo de Mula comiendo y mascando.
8–I–7–6 Melesio Moreno mandaba monedas, Manolo Morales mataba mosquitos y Amparo Mendoza
tomaba empanadas con Mary su hermana en el mezquital.
N
9–I–7–6 Nació normal la nena Nina, anunció notoriamente la nana en un instante angustioso,
aunque nunca necesitara enunciar ni ponderar ansiosamente tan interesante nueva.
10 – I – 9 – 7 Nadie nota nunca que no necesariamente se entiende la noción de nación, aunque
continuamente se tengan tendencias a enderezar endechas naturales a la nación de su
nacimiento.
11 – I – 7 – 5 Germán el matón, yendo en su camión camino a Belén, se le dio un cerrón sin tener buen
fin al panzón don Juan, según relación de Joaquín Kankún.
L
12 – I – 8 – 6 Con olorosas lociones se logró calmar las maldades locas de Lucha y Lucía, que lucían los
velos y las largas colas de lóbregas telas luengas y luctuosas.
13 – III – 10 – 9 Ese Lolo es un lelo, le dijo la Lola a don Lalo, pero don Lalo le dijo a la Lola: No, Lóla, ese
Lolo no es lelo, es un lila. ¿Es un lila, don Lalo, ese Lolo, en vez de ser lelo? Sí, Lola, es un
lila y no un lelo ese Lolo, le dijo don Lalo a la Lola.
14 – II – 5 – 4 La piel del jovial Manuel, siempre fiel a la ley local, luce tal, cual la miel de un panal
singular.
R
15 – I – 5 –4 Erre con erre, cigarro; erre con erre, barril; rápidas corren y ruedan las rápidas ruedas de
ferrocarril.
17 – IV – 10 – 8 Recia la rajada rueda, rueda rugiendo rudamente rauda; rauda rueda rugiendo rudamente;
rauda rueda rugiendo rudamente la rajada rueda. ¡Rueda rauda, recia rueda, rauda
reciamente rueda! ¡Rueda recia, rauda rueda, rugiente, rajada rueda!
18 – II – 6 – 5 ¡Señor, qué calor, sin par, rendidor, que por dar sabor de color local, provoca un hedor de
puro sudor! ¡Señor, que calor!
S
19 – II – 6 – 5 No cesa de sisar la zonza Zita y su soso cese Sussy susurra; Sussy susurra el soso cese de
Zita que no cesa de sisar.
20 – II – 5 – 4 Saciando sus ansias sinceras de sustos, Susana azuzaba en el sésamo santo al sucio
asesino del zurdo Zozaya.
21 – IV – 9 – 8 En un santiamén os santiguasteis los seis. ¿Quiénes sois los seis? Los seis sois seis
saineteros sucios que osáis saciar vuestra sevicia zahiriendo a quienes a su vez no osan
zaheriros. ¡Eso es lo que sólo sois los seis!
J
22 – II – 7 – 6 Jamás juntes a jinetes con los jóvenes germánicos, ni generes germicidas ni congeles
gelatinas, ni ajusticies a juristas en sus juntas judiciales.
23 – IV – 12 – 10 Julián Jiménez Jardiel, joven jacobino; Javier Juárez Junco, jarocho Jaranero; y Juan José
Jovellanos, jactancioso jesuita, jineteaban joviales. Jineteaban Juan José Jovellanos
jorobado jumento, juncal jamelgo jineteaba Julián Jiménez Jardiel, y jarifa jaca Javier
Juárez Junco jineteaba.
B
24 – I – 6 – 5 Bonitas bobinas, baberos, bolillos, baratos botines, Venancio vendía; besaba bebitas,
baleaba valientes, botaba barquitos y bien navegaba.
25 – I – 6 – 5 ¡Qué boba es la beba Babieca que besa a Bartolo, invita a Basilio y baila boleros buscando
su abuelo, y alaba las broncas del buen Bernabé!
P
26 – I – 7 – 6 En el peral de Pedro aparecieron pocas peras porque los perros pudieron pescarlas a pesar
de las pedradas que con poca puntería les propinaba Paco.
27 – II – 10 – 9 Para poner pálidos los pulcros párpados de Pepita, pónganse pasteles pútridos en pérfidos
papeles impolutos. Pónganse en impolutos papeles pérfidos pasteles pútridos para los
párpados pulcros de Pepita palidecer permanente y propiamente.
D
28 – I – 6 – 5 ¿Donde dejó don Diego Domínguez los dólares que los damnificados le dieron durante la
dura defensa de sus dolorosas y arduas diligencias?
29 – I – 7 – 6 Dicen que dan doce docenas de dulces donde dar debieran diez discos dorados. Si donde
debieran dar discos dorados dan dulces o donas, las dudas duplican por dones mal dados.
T
30 – II – 12 – 10 El teniente Tomás Téllez intenta la toma de Tancítaro, contento de tener tantos tropiezos
que atravesar y tiempo total para tentarlo, tanto, que trata de tumbar los terraplenes,
atajando los intentos del terrible entrampador del Tlatocan que ha tramado tantas trampas
en Tancítaro.
F
32 – II – 9 – 8 Fernán Fernando Fernández, funcionario filántropo, facilitó el funcionamiento de la fábrica
de filigranas de fierro, firmando un financiamiento, con finalidad de facilitar la firme
fraternidad de los fabricantes.
33 – III – 8 – 7 Se fundió el famoso foco fabricado Francia porque falló la fuente de influencia que
fabricaba fluido, y finalmente fallecieron de frío las focas feroces que fulguraban en el
firmamento.
CH
34 – II – 7 – 6 Un chófer chileno se echó a chillar por el chueco chanchullo al escuchar que el Lucho iba a
luchar para echar chorizos cosechar chiles y chorrear chalecos.
35 – III – 8 – 6 Marichu Morquecho, chocha mocha y ducha, por su chaha Nicha lucha como un macho,
como un macho lucha, ducha, mocha y chocha, por Nicha, sus chacha, Marichu
Morquecho.
G
36 – I – 7 – 6 Guillermo Gutiérrez, antiguo guerrero, entrega gallinas gordas y galanas. Son gangas, son
galas que luego del fuego gotearán su grasa graznando de gozo.
37 – I – 7 – 5 Gustavo Godínez castiga a su gato gritando grosero, y el güero garita gozoso lo engaña
logrando con guasa se alegre su amigo Godínez Gustavo.
K
38 – II – 4 – 3 Yo poco coco compro porque poco coco como, si más coco comiera, más coco comprara.
39 – III – 9 – 7 En Amecameca un mico al académico Meco, Babieca, enteco y caduco, un macuco caco
saca; un macuco caco saca, al académico Meco, caduco, enteco y babieca, un mico, en
Amecameca.
40 – III – 9 – 7 La carne se quema, Carmen; Carmen se quema la carne. Tú ¿cómo comes la carne? ¿La
comes quemada o cruda? ¿Qué cómo como la carne? ¿Cómo quieres que la coma? ¡Como
sin quemar la carne, y también cruda la como!
41 – IV – 13 – 11 Catalina cantarina, Catalina encantadora: canta, Catalina, canta, que cuando cantas me
encantas, y que tu cántico cuente un cuento que me encanta. ¿Qué cántico cantarás,
Catalina cantarina? Canta un canto que me encante, que me encante cuando cantes.
Catalina encantadora, ¿qué cántico cantarás?
LL
42 – I – 6 – 5 Que vaya a caballo Bollullo Bayano con Bayo Lavalle a Bayona, y no vaya a Bayona a
caballo sin Bayo Lavalle, Bollullo Ballano.
43 – III – 10 – 8 En Tlapacoya Tafoya armóle una bulla a Moya, porque Moya en Tlapacoya robóle un gallo
a Tafoya; y yo voy a Tlapacoya a ver de Tafoya el gallo, para que Moya no vaya, por el
gallo de Tafoya, a armar bulla en Tlapacoya.
Ñ
44 – III – 9 – 7 En este año, el niño Núñez engaño al ñoño Noreña con la piñata de antaño, cuando el
ñáñigo Coruña encañonando el rebaño, en la cañada, con saña, lo ensañaba a cortar caña.
45 – IV – 10 – 8 Hubo gran riña en España entre el que ciñe el armiño por su rapiña y su hazaña, y
Peñúñuri, el buen niño, que con su leño y su caña, al bañarse en el río Miño, en la
mañana, sin maña, ñoñamente ciñó un guiño.
TRABALENGUAS
46 – IV – 6 – 5 Tocar el güiro a Eulalio, el güero, en el aéreo empíreo oiríais, si el hielo aéreo la audición
augurara.
47 – IV 6 – 5 Lenguas luengas corren leguas, luego la luenga lengua del lego leguas luengas recorre.
48 – IV – 7 – 6 ¿Conima y Colima colindan con Lima? Ni Colima colinda con Lima, ni colinda con Lima
Conima. ¿Pero sí colindan Conima y Colima? Tampoco Colima y Conima colindan.
49 – II – 5 – 4 Si Sansón no sazona su salsa con sal, le sale sosa; le sale sosa su salsa a Sansón si la
sazona sin sal.
50 – V – 12 – 10 Sobre la jiba gigante de la jarifa jirafa, Jimena la jacarera, la gitana jaranera, jubilosa
jugueteaba gorjeando la jácara, jamando la jícama, juergueando la jícara, jalando la
jáquima; jalaba, gorjeaba, juergueaba, jamaba, jáquima, jícara, jácara y jícama.
51 – III – 7 – 6 Ojalá esas lajas alejases, Alejo; ojalá alejases, Alejo, lejos esas lajas; las lajas aleja, Alejo,
Alejo aleja las lajas; las lajas ojalá alejases, Alejo.
52 – III – 8 – 7 Babeaba la pava, papando papeles, y vaporizaban los pelos y el velo; velaba la pava,
pelaba la baba, y probables brotes de plena pobreza la pava papaba, papeles babeando.
53 – III – 7 – 6 Mientras Herodoto Ditirambos dicte tendiendo en detalle toditos los datos, importa un
ardite la dote de Taide si Dante en su tienda detonantes vende.
54 – III – 9 – 8 Un carguero cargado de cogullas y de togas, guiado por Gumersindo Candonga, ganó
cuantas galas gustaban al cacique gomoso que, goteando grasa, bailaba conga ante los
cuatro gatos del aguerrido guerrero.
55 – IV – 10 – 8 Illanes Bellido, el niño callado, lloró por el daño del paño sellado, y añadió la falla de reñir
por ello con la Llata el cuñado, quien con la botella le hizo seña llena llamándolo al llano
desde aquella peña.
56 – III – 7 – 5 Ahita de yantar yace la hiena entre hierbas y hielos en el yermo, oliendo a yodo y
añorando el hierro que a la yegua marcara, entre las hiedras.
57 – II – 5 – 6 Cuando cuentes cuentos, cuenta cuántos cuentos cuentas; cuenta cuántos cuentos
cuentas cuando cuentos cuentes.
58 – IV – 5 – 4 ¡Qué col colosal colocó el loco aquel en aquel local! ¡Que colosal col colocó en el local
aquel, aquel loco!
59 – IV – 10 – 9 En el yermo llano llueve llanto, en el llano yerto llanto llueve. Llorando yo llamé, llamé
llorando, y la lluvia llenó yertas llanuras. Llanto llueve sobre el llano yerto, llueve llanto
sobre el yermo llano; y yo no llamo ya, yo ya no lloro.
60 – IV – 12 – 10 ¿Cañamones vende la caracolera, y vende camarones la macarronera? ¿Caracoles vende la
cañamonera, y vende macarrones la camaronera? ¡Vende macarrones la macarronera,
cañamones vende la cañamonera, vende camarones la camaronera, caracoles vende la
caracolera!
62 – IV – 14 – 12 Estaba estibando Esteban junto con Junco y Junquera ciertos cestos de Cestona que
estaban desestibados, y Junco le dijo a Esteban: “Deja a Junquera que estibe”, pero
Esteban dijo a Junco: “No es justo, Junco, no es justo; si estos cestos de Cestona
desestibados estaban, Esteban, Junquera y Junco juntos es justo que estiben”.
63 – III – 9 – 8 El tomatero Matute mató al matutero Mota, porque Mota el matutero tomó de su tomatera
un tomate, y como notó Matute que un tomate tomó Mota, por eso, por un tomate mató a
Mota el matutero el tomatero Matute.
64 – IV – 12 – 10 Traté de darle a Atilano la tila que toma Atila, y Atilano dijo: “No; tómate la tila tú, porque
me temo no atino cómo la tila se toma”. Y si la tila Atilano cómo se toma no atina, y teme
cómo se toma, me tomaré yo la tila, la tila que Atila toma, que Atilano no tomó.
65 – IV – 14 – 12 Mi Dora adorada, dime si de veras heredas la eras, las doradas eras que a Vera y a Lara
les dejara Adela. Y si no heredaras de veras las eras, las eras doradas, mi adorada Dora,
que a Lara y a Vera les dejara Adela, de veras debieras dejar que heredaran a Vera y a
Lara las eras doradas que Adela dejara, mi adorada Dora.
66 – III – 6 – 4 Mucha mula cucha, mucha cucha mula tiene la chamula Chucha; Chucha la chamula tiene
mucha mula cucha, mucha cucha mula.
67 – V – 5 – 4 Dos ratas, tres ratones y seis robots son los raros restos rescatados recientemente.
68 - -IV – 11 – 9 ¿Qué crees que es un creso, Cleto? ¿Un queso de crema crasa? ¿Crees, Crespo Cleto, que
el queso de crema crasa se crece? ¡Creso no es queso, cretino! Créeme, Crespo Cleto,
créeme! Creso es un craso que come queso crema que no crece.
69 – III – 5 – 4 Cantinflas frota con franela su frasco flamenco, con franela Cantinflas frota su flamenco
frasco.
70 – IV – 9 – 7 De Flora en el fregadero, el flaco florero Frago friega y flota, frota y juega; juega y frota,
flota y friega el flaco florero, de Flora en el fregadero.
71 – V – 9 – 8 Blandos brazos blande Brando, Brando blandos brazos blande; blandos brazos blande
Brando, Brando blandos brazos blande; blandos brazos blande Brando, Brando blandos
brazos blande.
73 – III – 8 – 6 Es tan plena esta mi pena y es tan pleno mi penar, que plugo a Dios no lo plague de pleno
en el epiplón y de plano se lo pliegue... ¡He dicho “plague” y es “pegue”, y dije “plugo” y
es “plegue”!
74 – IV – 9 – 7 Pamplinoso Pepe Peplo: una plepa pamplónica de plomo plegó un papel; sí, Pepe Peplo, la
plepa, es pamplónica plepa, el papel plegó de plomo, Pepe Peplo pamplinoso.
76 – IV – 5 – 4 Trastabillando tras ella trocar tres trastos trató, tras ella trastabillando trastos tres
trastabilló.
78 – V – 11 – 9 En tres trastos trozados, tres tristes tigres trigo trillado tragaban, tigre tras tigre, tigre tras
tigre, tigre tras tigre.
MAS EJERCICIOS DE DICCIÓN Y TRABALENGUAS
(de “El Libro de la Voz”, de Michael Mc Callion)
Consonantes
El pontífice agrupó a la corporación y expuso que pretendía pedir al Papa piedad y perdón para el paupérrimo
inculpado que fue perseguido por la policía hasta el pantano de Puente Arpa sin poder capturarlo y que ahora
permanecía perdido y sin amparo. El prófugo, apodado Pepe el Pruna, era paisano del pío padre que pretendía la
compasión, y cooperó primero como pintor y poco después como portero en el precioso palacio de unos parientes
del prior, pero fue despedido porque parecía espiar tras las puertas y pensaron culparlo de apropiarse de la plata
de los aparadores.
Belén bajó la gran bolsa con blusas y se situó sin vacilar en el sombrío umbral sin baldosas, con un brazo
embastado al gran ventanal y como envuelta en bruma, embrujada o en el limbo al oír un vago sonido de samba.
Bajó con brío un vecino, Blas, con sombrero y con bastón blanco, recién venido de Gambia y, en balde –no logró
convencerla-, brindase a invitarla a un bar de la rambla.
El vigoroso vaivén del barco motivado durante el alba por el batiente, diabólico y silbante viento de verano no
acobardaba al afable Bruno, avezado, observador y valiente lobo de mar. Desde sus albores, por libre albedrío,
había navegado, habitado y sobrevivido por la vasta urbe para buscar su porvenir, y con toda probabilidad nada
perturbaría o velaría su voluntad y su vigor ni reblandecería su virtuosa valentía, nunca abdicaría.
Como cada martes María se acomoda sobre la hamaca o la cama con vastas almohadas moteadas y come moras,
miel y caramelos. Inmóvil, mira la columna formada por un bello ramo de camelias amarillas y moradas sobre el
mármol de la mesa marrón mate. Más tarde fuma y enmarca sus memorias de moza mimada y siempre se
conmueve al rememorar esos tiempos inmaduros de alumna modelo y metódica.
La fabulosa fiesta de Alfredo y Flora fluía feliz e inferí que, por fortuna, no sufriría ningún fracaso. Pero al finalizar,
los anfitriones fruncieron el ceño y fustigaron fútil y superfluamente al fornido Francisco por flirtear con una
flamante flautista francesa y fomentar una afrenta con el flaco rufián florentino por referirse, con frases
desafiantes, a su fofo perfil felino.
San Felipe enfurecido con Fray Confesor por la gran farsa y conflicto del confuso panfleto del infiel sin fe en infeliz,
enfocaba con facilidad, con fruición falsa y con furiosas ínfulas su saber infuso con frases anfractuosas y enfáticas,
pero infalibles, para influir sin fracaso sobre el buen fraile, inferir un fiable enfoque a la infracción fatal, enfilarlo, y
conferirle un fin feliz y sin falacias.
Me contaron que antes tu tía Teresa, que actualmente canta en este espectáculo, tocaba la trompeta en un tugurio
sito en Tetuán. Era muy terca y tentó su suerte. Un martes, en secreto, gastó totalmente su patrimonio, que su
antiguo patrón atesoró como trofeo intacto en un bote sobre la tabla más alta en un trastero, con un traje, un atril
para partituras, y un triste y tétrico teatro en un puerto junto a Tortosa.
Diego, el conde faldero, andando por una frondosa senda, halló un duende gualdo, candoroso y endeble y un
dragón endrino, grandioso e indomable, pero indeciso. Desconfió y, sin demora, desenfundó su gran daga india y
los condujo a una celda caldeada, encendió una calderuela y sondeó sin condescendencia aquel mundo con
diligencia para enderezar a aquellos endinos que baldonaban a los aldeanos.
A: ¿Cuándo entrará el intruso de la contienda? He de interrogarlo e indagar el asunto antes del entierro.
Espero que cante.
B: Sondéalo con tiento, es un tipo inteligente.
A: Sí, un diligente contacto se enteró de que era el conde errante irlandés.
B: ¿De dónde? ¿Holandés?
A: Estando atento entenderías. Dije irlandés. ¡Siéntate!... El conde andante antepuso su candidatura a la
bondad y entretanto la candorosa condesa entregó su renta a un tipo indigente…
B: ¿Cuánto? ¿Qué cantidad?
A: Abundante pasta contante…, a fin de contrariar al conde endeudándolo. Desde entonces, descontento con
tal pariente, anda tentando su ventura.
Un haz tenue de luz tocaba la faz tediosa del azteca y, una vez tumbado próximo a la cruz tallada, solaz tenía, y
miraba el aztor volando por la hoz tranquila. Con su voz tibia exclamó: “La paz te acompaña, haz tu morada. Sé
feliz también. Así, gloria y prez tendrás”.
Con impaciencia, Cecilia encendió el cigarro con una cerilla y la lanzó en el cenicero azul, acertando, el humo
ascendió zurciendo lazos y peces por azar en aquel recinto ceniciento. La luz en la habitación vecina centelleaba y,
a veces, si un haz no la cegaba, discernía con zozobra trece tazas con manzanilla; diez vasos vacíos, ya sin
cerveza, sucios tras la recepción; y las cerezas y ciruelas a trozos; y percibía una voz recelosa que incitaba al
vecino circense, que cercenaba y tiznaba su paz.
Los duelos se dieron en ese decrépito dédalo y dado que los adinerados dueños de la localidad madrileña
medrosos advirtieron la dramática desventura, se acordó un remedio drástico para desterrar la adversidad y nadie
dudó en moderarla con dádivas por medio a que las dagas y dardos dolorosos de dicha calamidad dirigieran y
descargaran la desdicha en sus moradas.
A: Hubo una rencilla por las onzas de bronce y el lienzo de Francisco Francés.
B: ¿Se enzarzaron a conciencia los once?
A: ¡Los quince! y sin cesar. Pertenece con certera cancioncilla. ¡Qué desconcierto!
B: ¿Cancelaron el rancio trance?
A: Seré sincero. Avanzaron cegados y con celeridad, y los pancistas, encelados por los vencedores,
mancillaron ciertos conceptos para incitar la chanza.
B: Resulta incierta esta cancerosa danza tan zafia y ponzoñosa.
Al cerrar el circo el zahorí Ralza, aquel zagal zancudo y dulce, fue al cipresal zumbando con el cesto del centeno
para el cerril ciervo. Su piel cetrina calcinada por el cegante sol certero, realzada bajo el cendal, sus pies descalzos
sobre el cenagoso cantizal cercado, sus calzones mal zurcidos… ensalzaban esa irreal ceremonia.
El reloj sonó y el taxista Simón Paso se dispuso a sacar la pistola del cesto que estaba sobre la mesa, salió de casa
y fue paseando hasta descubrir el hostal. Se inscribió para esquivar las sospechas y su superstición, y después
subió al sexto piso. Sabiendo que los extranjeros estarían haciendo la siesta, supuso que en esas circunstancias
asaltarlos y sisar la pasa con éxito sería más fácil y sencillo de los previsto, mas esperó en las escaleras sin prisas
antes de seguir con la agresión.
Dos raudos roedores romanos reían con tres ricas raciones rellenadas recientemente. Mientras roían, oían a lo lejos
retorcidas rimas románticas relatadas rítmicamente y que hablaban de Israel.
Harto de estar interno desde marzo en la cárcel, el hermano de Arturo determinó huir a través del cerco. El temor
de ser perseguido persistía siempre; mas creía que si lograba, por fortuna, llegar hasta el mar podría ser libre. Se
armó de valor y acordó organizar una gresca con tres presos y partir, al encontrarse los guardias distraídos.
La desventurada y esnob ninfa marina esguarda con prismáticos de nácar por toda la eslora y pasmada no logra
vislumbrar la esbelta figura del eslavo que esgrimió los libros de Esdras delante de la isla. Las lágrimas resbalan
desde los bellos luceros de color esmeralda y esboza rasgos ñoños de desdicha, mas resguarda con rasmia el
barco del esbirro.
La prensa pensó que con narrar el enredo del innoble e insensato enano finalizaría la perenene censura; se
sanaría, con suerte, el honor y la honra; anonadarían los conatos de desunión laboral y que, por fin, enlazarían su
fortuna con la ansiada consideración. Estaban insatisfechos y cansados de su destino ennegrecido con la ruina
tenaz y su único consuelo era conseguir un rápido desenlace y nivelar el negocio.
Lola y Eulalia almorzaron en aquel lindo lugar silvestre, colindante con el lago, colmado de lilas, tulipanes y
tréboles, similar a un templo donde alojar el alma; sentir el solaz y delirio con el sol leal al alba, que vela y vigila
sobre la loma, y oír las alas del viento ululando, galán que halaga y soplo que palpa dócil con su tela de tul este
delicado milagro natural ligado con alfileres de luz.
En la galería María se para y, seria, mira la cara del héroe, heredero de la corona que murió para que la victoria
fuera merecida. Hay varias pinturas más: un coro de moras en la feria de verano merendando peras y naranjas, un
erudito coronel de Soria perorando con un puro caro, un cura que parece que llora, un perezoso serafín con lira,
un perista y un camarero en París y un paria separado de su morada.
La sinrazón remolcó a Ramón Conrado y a Enrique Roca, malrotando errónea y repentinamente sus ahorros, a ese
enredo que subrogó la honradez, arrojándolos a lo ruin. En su ruta hacia Marruecos, con un carro repleto de ropa
robada, un pelirrojo anglo-ruso recogido, les narró un ocurrente e irreal relato postromántico de un perro rabioso
amarrado a una parra.
Era un terreno yermo, la hierba seca en mayo, las hayas sin verdes yemas, los bueyes y yeguas yaciendo
yuxtapuestos, pues cayeron desmayados huyendo hacia el seco arroyo. El abyecto yuntero se quitó hierático el
sayo y apoyó su cayado en el poyo de yeso, cerca de las puyas y yunque de hierro, creyó que proyectar una
trayectoria con la ayuda de las leyes y reyes no provocaría reyertas entre los plebeyos.
A las ocho de la noche, Arancha Sancho llegó al chaflán del marchito barrio Chino. Al bajar del coche, buscó en su
ancho chaleco el cheque fechado que entregaría a aquel muchacho chato y chalado que, chasqueando los dedos,
la había achicado al achacarle unos chismes. Desconocía si aquel chantaje era una chanza o chanchullo, pero debía
evitar el linchamiento.
La gran yegua se detuvo en el yermo lugar sin yeros, sin hierba. Miró al yerto héroe, el cual yacía sin yelmo sobre
el hielo, con el hiero clavado en la gran yugular a causa de su febril yerro con el cónyuge de la cabal Yolanda.
Ahora sólo quedaba la fatal hiel bajo el sol hierático, como mortal yugo.
A: La niña ha hecho añicos los pañuelos de la muñeca. Doña Piña Baño la reñirá mañana.
B: No frunzas el ceño, la dueña está en la cañada con sus cuñado maño hablando de viñedos, rebaños y
madroños y del otoño. La engañaremos. Diremos que la pequeña vio una araña en el peldaño y que se
ciñó sin saña a la muñeca, y añadiremos que se dañó los puños.
A: ¡Tú sueñas! Sería la hazaña más ñoña del año. Mejor un señuelo de antaño, con castañas o buñuelos.
Sancho, el manchego, henchido tras hincharse de lonchas a la plancha, anchoas, pinchos y tras beber ponche sin
hielo se manchó el ancho poncho con yogur. Su cónyuge Concha, que hacía un chal de ganchillo, le dijo aun chico
del canchal, que parecía un hieródulo, que lo llevaran sin chanchullos al gran yate o a la lancha.
Estrella se sentó callada en una silla y fue rallando, hasta llorar, unas cebollas que se hallaban en una malla,
después apartó aquella olla llena de pollo. Llamó al chiquillo que llegó del yesoso callejón dejando huellas en su
pasillo, pues llovía afuera. Tenía que coger al chupado caballo del yerno y llevar a un billar del llamativo muelle
unas llaves, un collar chillón y un folleto, pues allí pillaría al hierático y gallardo gallego.
Querida Mari Cruz, te aclaro que he consumido mis acciones porque he comprado una casa en el campo que tiene
un kiosco. Consta exactamente de cuatro acres y procuraré, al máximo, criar conejos, tener cabras y caballos. Salir
de la cama al escuchar el cacareo y recolectar mis cosechas. Cultivaré junto al acueducto claveles de colores
mezclados. Creo que es la clave actual para conquistar con éxito cuanto quiero. Con cariño, Cristina.
Un gran general de alto rango, pero sin galones, desde el ángulo derecho de la angosta sala, pidió, sin ganguear,
en lengua inglesa a la lánguida húngara enguantada el angustioso motivo que, sin gran goce, guióla a la ingrata
venganza. Graciosamente, ella fue engarzando los pingües y singulares hechos engrosando la menguada
singladura de su desengaño, y engatusó a aquellos engreídos.
A: Julia, hija, aléjate de la reja, recoge la caja y ponte a tejer, Y ¡ojo con el género que es de Arjona! Fíjate y
ejerce con ingenio.
B: Madre, es que la gente está encajada en el callejón, junto al aljibe, armando jarana y jolgorio. Hay un
enjambre de monjas, gitanos y judíos. ¡Vaya perejil! Ángel, el cejijunto y enjuto juez, y el sargento no
andarán lejos y pronto ajustarán a ese ejército.
A: ¡Deja de vigilar! Eres incorregible y desjuiciada. Te adjudico un trabajo para sujetarte a un jornal y tú
jocosamente lo ajas por estar en el ajo de los jaleos ajenos.
Olga rogó al alegre Hugo que segmentara la larga y gruesa soga asegurada a la argolla grande que un seglar
gruñón y grimoso logró ligar a la garganta del gato gris de su suegra Gloria, pues argüía que era golfo, gandul y
grosero, glotón y goloso, siempre fisgando o pegado al fogón, aguardando algo o metiendo sus greñas en el agua
de los guisos, que rasgaba su gorra y guantes y desgaritaba a los gallos y galgos de su amigo Galán.
Para concluir tengo que incluir con gracia un quimérico engaño que conquiste y engatuse, un curioso y singular
relato de un gato vinculado a la vanguardia y encubridor de tinglados, zanquilargo, incrédulo, rencoroso e ingrato
que brincaba por el angosto bingo y bailaba tangos, y que, por incorregible e incauto, un grisáceo día al ir sin
quinqué se hincó un grueso cristal anguloso, aunque un cangrejo gringo le dio un curativo fango.
Vocales
Al alba, Marta saca a la cansada Clara de la cama y la manda a la Casa Blanca para trabajar, mas ya harta de
malgastar su paz, lanza una sarta de amargas palabras y se agarra a las sábanas para apartar esa carga que nada
le agrada, pues la halla banal.
Tomó el tosco botón de oro que le robó al Gordo, lo frotó y se lo colocó próximo al rostro con gozo, se acomodó,
lo ocultó en su bolsillo y respiró hondo. Notó cómo todos, los ocho mozos, alzaron el tono de voz un poco como
protesta, pero él se tocó el codo, se hizo el sordo y habló del oloroso mosto.
Con dulzura la novia zulú se cubría con el tul. Arrullaba su futuro bajo la fugaz luz natural, y escuchaba su pulso
junto al ulular del viento. Como supo que ya habían acudido algunos y que pululaban por el lugar, ubicóse en el
umbral ufana.
Diptongos
Al iniciar el viaje hacia su patria, el diablo sintió rabia y quiso oficiar con pericia su sucia magia, pero en lugar de
pronunciar falacias dio las gracias para conciliarse, y no odiar, a aquellos parias.
Quien pierde siempre el tiempo se convierte en viejo sintiendo ciertas cosas pendientes y el miedo en su piel
viendo desierto su pasado; ya no miente y confiesa que haciendo hincapié y siendo fiel hubiera sido diestro y
también eficiente.
Ignacio dijo adiós y salió del estudio. Su misión era llegar al palacio del sabio silencioso y apasionado, y solucionar
aquella cuestión relacionada con el incendio que algún necio anunció en su periódico sin autorización.
El guarda del cuartel cuando los cuatro soldados puntuales se cuadraron ante él, pensó que era guasa. Aguardó
para saber cuál era el motivo. El más locuaz de la cuadrilla, con voz suave, expuso su absurdo relato para
persuadir al guardián cuarentón, pero no cuajó y recibió un guantazo.
Cuando se hace el sueco y dice que le duelen las muelas, el cuello o los huesos, no suele tener suerte y nunca
cuela el cuento, y su educado abuelo frecuentemente le recuerda que ir a la escuela es bueno y le ruega que sea
fuerte.
Su hija hacía mucho ruido en la suite suiza y Luis se puso muy nervioso porque su ilusión se iba a la ruina,
empezaba a diluirse. Cuitado por no parecer ruin intentó argüir su importante razón.
Sintió cómo su odio inicuo crecía voluptuosamente hacia el antiguo asiduo, ambiguo, suntuoso y vacuo, que
haciéndose el ingenuo no pagó la cuota, dejándole un arduo trabajo.
No penséis que veinte ilegales actos por lo del aceite no es cosa de ley. Ya sabéis que el rey y la reina opinan que
el pleito se inicia con seis, así que intentadlo, acusadle y no desperdicies más fe inútilmente.
Desde la aurora Mauro, el cautivo, tocaba la flauta audaz, y sin pausa. Laura, desde la balaustrada con laurel,
escuchaba la pauta laudable y fausta con cautela, aunque paulatinamente le causara un raudal de malos auspicios.
Desde un lugar de Ceuta llegaron a Europa para reunirse una vez más con Eugenio, el feudatario teutón,
reumático y neurasténico, puesto que rehusaba pagar la deuda y pretendía neutralizar a los eufóricos ceutíes.