YO TENGO UN SUEÑO
Durante nuestro caminar podemos decir que tenemos la certeza de que somos hijos por amor y
gracia. Hemos logrado caminar con una fe que nos ha ayudado a vencer la adversidad. Nos hemos
enfrentado a situaciones que bien pueden hacer desfallecer a muchos y hoy podemos ser testigos
del poder y gloria que Dios ha depositado sobre nosotros.
Somos identificados como hijos de Dios. Jesus hizo el mayor acto de amor en la cruz haciéndonos
herederos de Dios y coherederos juntamente con Él. “Y si hijos, también herederos; herederos de
Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con
él seamos glorificados” y somos glorificados en su santo nombre.
Te puedo decir que la fe que has logrado sembrar en tu corazón es la misma que está dando frutos
el día de hoy. El solo hecho de dejar de ser quienes en el mundo fuimos, de pelear contra lo que
nos impedía crecer, nos ha hecho más fuertes y nos invita todos los días a tomar de lo que Cristo y
alcanzar más promesas.
Como hijos estamos listos para recibir lo que Dios dispuso en su corazón desde el principio. Lo
pensó desde antes de formarnos, lo determinó y lo cumple en la medida que creamos en el
corazón. “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va
desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación
momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no
mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son
temporales, pero las que no se ven son eternas” 2ª Corintios 4:16-18
Tenemos muchos testimonios con la gente que nos rodea, ejemplos de vida en la biblia, historias
que nos recuerdan lo grande que es Dios; pero hoy nos toca lo nuestro y provocar que la gloria del
cielo caiga sobre ti y sobre mi. Los verdaderos hijos de Dios ya no queremos que nos cuenten de
esa gloria, hoy queremos ser parte de ella.
Hoy sabemos lo que había en los grandes hombres de fe, en los héroes de la fe que describe la
palabra; pero es el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios y hoy necesitamos aumentar
nuestra fe para ver enfermos sanar al instante, en ver muertos levantarse, en paralíticos
levantarse y mudos hablar. Si Jesús dijo que pasaría, entonces tengo que creerlo en mi corazón.
“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo
renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una
herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que
sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está
preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” 1ª Pedro 1:3-5
Tengo una herencia incorruptible, soy hijo de Dios, soy parte del pueblo de Dios, y todo ello me
permite reclamar lo que me pertenece. Y te aseguro que hoy es el tiempo postrero y necesitamos
vivirlo, experimentar lo que por herencia nos pertenece.
Martin Luther King, un hombre que peleó por los derechos de las personas de color, dijo en su
discurso de 1963: YO TENGO UN SUEÑO.
El dijo: Ahora es el tiempo de elevarnos del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el
iluminado camino de la justicia racial.
Y hoy tenemos que elevarnos del oscuro y desolado valle de huesos secos y levantarnos en vida.
Que hoy vayamos hacia un camino iluminado de justica y fe. Hoy somos los hijos que necesitamos
no solo ser testimonio, sino esos hijos que se atrevan a experimentar su fe como la mujer de flujo
de sangre, de buscar a Dios como Daniel, de no doblarse ante el miedo o la muerte misma, como
lo hicieron los amigos de Daniel.
También tengo un sueño, de ver una iglesia unificada, de dejar de pensar en coberturas y
nombres, de dejar de ser hombres y salir de la oscuridad en la que el enemigo ha metido a los
hombres por querer sobresalir o brillar. “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre
gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio
de Jesucristo” Juan 1:16-17
Como hijos suyos hemos aprendimos algo muy importante y es buscar lo que nos pertenece en el
lugar correcto. Si hay alguien que no avanza es aquel que no ha comprendido que no encontrará
sus promesas en el odio, el rencor, el miedo o la división. No encontrará su paz en el mundo, en
los afanes o la ansiedad. Como hijos aprendimos a tomar lo que nos pertenece del lugar correcto y
ese lugar es Jesús, de su plenitud y gloria.
Somos hijos de Dios, hijos que no temen, que se levantan cada día para reconocerse como tales,
de tomar lo que nos corresponde y avanzar. ¿Te hace falta algo? Toma de Él, aliméntate y sáciate
de su presencia.
¿Porque comer migajas cuando tenemos manjares a la mesa? ¿porqué seguimos conformándonos
con poco cuando en Cristo lo tenemos todo?
Como hijos hemos aprendido que nuestra condición no era la que el enemigo nos dictaba cuando
vivíamos atormentados. Cristo nos regresó nuestra identidad y hoy podemos experimentar la
gloria de Dios aquí en la tierra y hacer de todo lugar que pisamos el mismo Edén. Claro que
estamos sujetos a pasiones y tentaciones, pero aun con todo ello Elías hizo llover fuego del cielo
para consumir el holocausto que levantó a Jehová.
Es que el diablo quiere convencer y engañar, aun a los elegidos, de que no tenemos derecho,
incluso nos tacha de soberbios. Pero Jesús anuló el acta de decretos que estaba escrita contra
nosotros y por Él dejamos de sujetarnos a la ley y al pecado. Hoy somos más que vencedores,
somos libres y tenemos herencia de hijo. Y que mejor que sentirse como tal, llevar en el corazón
este concepto y poder pelear por lo que nos pertenece.
Homologando lo dicho por Martin Luther King “No saciemos nuestra sed de libertad tomando de
la copa de la amargura y el odio” no perdamos lo que nos pertenece por irresponsabilidad. Los
hijos de Dios no nos dejamos convencer por las circunstancias, ni por la adversidad. A los hijos de
Dios nos gustan los retos, porque sabemos que la victoria ya está de antemano.
Podemos pasar dolor, decepciones, cosas que lastimen nuestro corazón, pero jamás nos damos
por vencidos. MTK dijo: Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las dificultades y
frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño.
Y claro que todavía tengo un sueño, que todos nos levantemos y tomemos de la plenitud de Cristo,
que seamos hijos verdaderos y veamos las señales siguiéndonos.
MLK terminó su discurso diciendo: '¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios
todopoderoso, ¡por fin somos libres!'»
Créelo en tu corazón, somos libres, Gracias a Dios todopoderoso, por la gracia de Jesucristo
conocimos la verdad y esto nos hizo libres. Por Él somos reconocidos como hijos y con derecho a la
herencia de los santos.
YO TENGO UN SUEÑO y ese sueño se está cumpliendo, lo estoy viviendo, porque lo que antes eran
tinieblas hoy es la luz de Cristo, lo que antes era tristeza hoy es gozo y alegría, lo que antes era
miedo e incertidumbre, hoy es valor y determinación. “Mas vosotros sois linaje escogido, real
sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel
que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo,
pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero
ahora habéis alcanzado misericordia” 1ª Pedro 2:9-10
Dejamos de ser del mundo, dejamos de tener lazos de sangre de la tierra, hoy nuestra ciudadanía
está en el cielo y por nosotros corre sangre de reyes. Porque antes no éramos hijos, pero hoy o
somos, somos hijos de Dios, porque antes estábamos destituidos de la gloria de Dios, pero hoy la
gracia nos alcanzó y nos dio el derecho, la herencia, de ser llamados hijos de Dios.