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UNIVERSIDAD HISPANO

LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA

Trastorno de la conducta alimentaria.

Alumnas:

 Balam Morales Arely Elizabeth

 Cupul Chi Flor Eugenia

 Contreras Pech Ruby Esmeralda

 Gonzales Canche Darina Estefani

Asignatura:

Técnicas y estrategias de prevención

Cuatrimestre: IX Grupo: A

Profesor:

Jorge Rafael Baquedano Mezquita.

Umán, Yucatán. A Sábado


Introducción:

En estos tiempos la preocupación por el cuidado del cuerpo y el estar delgado se

ha presentado en muchas personas, ya que conlleva a que se enfoquen demasiado en su

peso, por lo que se le conoce como trastorno de la conducta alimentaria, la cual está

relacionada con otros trastornos, como son: la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el

trastorno por atracón, cada uno tiene características diferentes aunque pueden parecer los

mismos síntomas.

Más adelante nos informaremos más acerca de las prevenciones, las causas, las

consecuencias, quienes son los más afectados, las consecuencias.

Por otro lado, también se menciona el grupo más vulnerable y en la que se

presentan mayores casos, son en las mujeres en la etapa de la adolescencia, sin embargo,

también los hombres presentan vulnerabilidad ante estos trastornos, es decir, que a

cualquier persona se le puede presentar.

A continuación observaremos algunos casos de diversos niveles como son el

nacional, el internacional y por último el local que es donde veremos algunos casos de las

personas que padecen dicho trastorno, y también en cuales personas se enfoca más.

Trastorno de la conducta alimentaria

Hoy en día el trastorno de la conducta alimentaria, son enfermedades mentales que se les

debe poner atención en un adolescente, debido a que son afecciones cada vez más frecuentes, en

ocasiones puede ser difícil identificarlo, y a causa de ellos puede tener consecuencias graves en la

persona.

Referente a su clasificación, de acuerdo con el DSM-IV-TR (American

Psychological Association, 2002), existen tres tipos de trastornos alimentarios:

Anorexia Nerviosa de tipo restrictivo o compulsivo-purgativo; Bulimia Nerviosa,


que puede ser de tipo purgativa o no; y los Trastornos de la Conducta Alimentaria

no especificados (donde se incluye el trastorno por atracones).

La anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y el trastorno por atracón, estas se han convertido

en importantes enfermedades cuyo desarrollo son producida por una interacción de múltiples

factores como son el trastorno emocional de la personalidad, alteraciones del entorno familiar,

también podría ser susceptibilidad genética o biológica.

Son definidos como “alteraciones específicas y severas en la ingesta de los

alimentos, observadas en personas que presentan patrones distorsionados en el

acto de comer y que se caracterizan, bien sea por comer en exceso o por dejar de

hacerlo” (Méndez, Vásquez & García, 2008, p.580).

Las características de la anorexia nerviosa, es el rechazo a mantener un peso corporal

normal, produce un miedo intenso a ganar peso y una alteración significativa de la percepción de

la forma y el tamaño del cuerpo. Los principales síntomas son el rechazo a mantener el peso

corporal por encima del mínimo normal, miedo intenso a engordar, sensación de estar gordo,

retraso de la menstruación, ejercicio físico excesivo, conducta extraña de los alimentos.

Por otra parte, la bulimia nerviosa se caracteriza por periodos recurrentes de voracidad, y

en métodos compensatorios inapropiados para evitar la ganancia de peso. Sus síntomas más

corrientes son preocupación obsesiva por la comida, conductas inapropiadas de manera repetida

con el objetivo de no ganar peso: Vómitos auto provocados, abuso de laxantes, diuréticos,

enemas u otros fármacos; ayunos y ejercicios excesivos, menstruaciones irregulares.

Al igual el trastorno por atracón, es una condición en el cual la persona come grandes

cantidades de comida como normalmente consume, es decir, que la persona se sienta fuera de

control durante esos momentos.


Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son manifestaciones de

una variedad de preocupaciones experimentadas por hombres y mujeres, en

relación al peso, su cuerpo e importancia de la comida (Botella & Grañó, 2008).

Mayormente con frecuencia en las mujeres y, generalmente, se inician durante la

adolescencia o la juventud temprana, aunque existen reportes de casos donde aparecen en la

infancia o en la vida adulta. Estas enfermedades, que están caracterizadas por su cronicidad así

como por la aparición frecuente de recaídas, provocan a su vez alteraciones en el funcionamiento

psicosocial de los individuos, ya que, además de poseer un efecto devastador en los pacientes y

en sus familias, se asocian a un alto riesgo de conductas suicidas. Además, frecuentemente se

presentan en asociación con otros trastornos psiquiátricos como son: depresión, ansiedad,

trastorno obsesivo-compulsivo y abuso de sustancias, lo que determina un marcado deterioro en

el funcionamiento social. Estas enfermedades pueden poner en riesgo la vida de los que las

padecen.

Trastorno por evitación y restricción de la ingesta de alimentos conocida también como

trastorno de alimentación selectiva, es una afección en la que las personas limitan la cantidad o el

tipo de alimentos que ingieren. A diferencia de la anorexia nerviosa, las personas con este

trastorno no tienen una imagen corporal distorsionada ni un temor extremo a aumentar de peso.

Este trastorno es más frecuente en la niñez media y por lo general su inicio es más temprano que

otros trastornos de la alimentación. Muchos niños pasan por fases de ser quisquillosos a la hora

de comer, pero un niño con trastorno por evitación y restricción de la ingesta de alimentos no

consume suficientes calorías para crecer y desarrollarse adecuadamente, y un adulto con este

trastorno no consume suficientes calorías para mantener las funciones básicas del cuerpo.

Los síntomas de este trastorno incluyen: restricción dramática de los tipos o la cantidad de

alimentos consumidos, falta de apetito o de interés en la comida, pérdida drástica de peso,


malestar estomacal, dolor abdominal u otros problemas gastrointestinales sin otra causa conocida,

selección limitada de alimentos favoritos que se va haciendo aún más limitada.

Pueden afectar a personas de cualquier edad, origen racial y étnico, peso corporal y

género. Incluso las personas que parecen ser saludables, como los atletas, pueden tener estos

trastornos y estar extremadamente enfermas. Las personas con trastornos de la alimentación

pueden tener un bajo peso corporal, un peso normal o sobrepeso. En otras palabras, no se puede

saber si alguien tiene un trastorno de la alimentación con solo mirarlo.

La causa exacta de los trastornos de la alimentación no se comprende completamente,

pero las investigaciones sugieren que una combinación de factores genéticos, biológicos,

conductuales, psicológicos y sociales puede aumentar el riesgo de tener este tipo de trastorno.

La detección y el tratamiento temprano son importantes para una recuperación total.

Como antes se mencionó las personas con trastornos de alimentación tienen un mayor riesgo de

suicidio y de complicaciones médicas.

Los miembros de la familia pueden desempeñar un papel fundamental en el tratamiento,

ya que pueden alentar a la persona con problemas de alimentación o de imagen corporal a que

busque ayuda. También pueden brindar apoyo durante el tratamiento y pueden ser grandes

aliados tanto para la persona como para el proveedor de atención médica.

Los planes de tratamiento para los trastornos de la alimentación incluyen psicoterapia,

atención y controles médicos, asesoramiento nutricional, medicamentos o una combinación de

estos enfoques. Los objetivos habituales del tratamiento son restaurar una nutrición adecuada,

alcanzar un peso saludable, reducir el exceso de ejercicio y detener los comportamientos de

atracones y purgas.
Los trastornos alimentarios crecieron “de manera preocupante” desde la pandemia, según

los expertos además se presentan a edades cada vez más tempranas y también se registran muchas

recaídas en personas que ya los habían superado.

A más de tres años de la pandemia por COVID-19, los efectos colaterales de la mayor

crisis sanitaria del mundo moderno aún afectan a la población.

Mucho se habló de las consecuencias del aislamiento social en la salud mental de las

personas. Y un tema no menor son las consecuencias que esto generó entre quienes habían

padecido o tenían tendencia a padecer un trastorno de la alimentación.

Y entre los que más aumentaron su diagnóstico en el último tiempo, los expertos

coincidieron en destacar:

Anorexia nerviosa: Generalmente se caracteriza por la pérdida de peso y comúnmente

implica una fuerte restricción en la cantidad de calorías consumidas y un miedo intenso a

aumentar de peso, según la Asociación Nacional de Trastornos de la Alimentación. Las señales

de advertencia de este trastorno incluyen una sobrevaloración de la forma y el peso, reglas

estrictas sobre la comida, verificación de ingredientes, secretismo y evitación de situaciones

sociales relacionadas con la comida y el cuerpo”.

Bulimia nerviosa: La bulimia nerviosa es una afección cíclica en la que alguien se da

atracones y luego lo compensa con un comportamiento de purga, como vomitar o tomar laxantes,

según explicaron desde la misma asociación. Algunas señales para reconocer este trastorno

pueden ser que las personas van al baño justo después de una comida o suelen comentar que van

a esforzarse más en el gimnasio si comen mucho.

Trastorno por atracón: Los atracones son una de las formas más comunes de trastornos

alimentarios. Ocurren cuando alguien come grandes cantidades de comida en un breve lapso de

tiempo -a menudo hasta el punto de sentirse incómodo


Trastorno restrictivo de la ingesta de alimentos por evitación: también llamado ARFID, es

uno de los trastornos alimentarios reconocidos más nuevos para él, “este trastorno se caracteriza

por evitar grupos de alimentos, lo que puede malinterpretarse como una persona ‘quisquillosa’

con la comida, pero es un problema mayor”.

“Por lo general, las personas con ARFID tienen una pequeña variedad de alimentos con

los que se sienten cómodos comiendo y se angustian al salir de esa zona de confort”, agregó.

Las consecuencias de esta restricción alimentaria pueden causar problemas para satisfacer

las necesidades energéticas o nutricionales y puede conducir a la pérdida de peso, un crecimiento

vacilante o problemas con el funcionamiento psicológico y social.

Asimismo, existen otros comportamientos comúnmente discutidos pero aún no

diagnosticados en la comunidad médica como trastornos de la conducta alimentaria, entre los que

figuran la ortorexia (entendido por la fijación en comer de una manera que la persona determina

que es saludable, pero que es demasiado rígida) así como la dismorfia muscular, que se considera

un síntoma del trastorno dismórfico corporal, pero a menudo describe un patrón en el que las

personas tienen comportamientos similares a la anorexia o la bulimia nerviosa, como restringir

las calorías, seguir reglas rígidas y hacer ejercicio extenuante, así como controlar la ingesta de

proteínas para lograr un cuerpo musculoso.

Datos a nivel Internacional y Nacional.

Internacional: En Bolivia, en el año 2003, Daroca y Velasco, realizaron un estudio sobre

la prevalencia de riesgo de los trastornos de alimentación en adolescentes de 13 a 20 años, en tres

ciudades (La Paz, Santa Cruz y Tarija), con una muestra de diferentes estratos sociales,

detectando un 4,44% de TCA (1,61% con Anorexia y un 2,84% con Bulimia). Según el género,

el 8,54% de mujeres y el 0,35% de varones presentan TCA. Tomando en cuenta las ciudades, la
mayor prevalencia de los TCA se encontró en la ciudad de Tarija con 5,8%, y la menor en la

ciudad de La Paz con 3,8%. En la ciudad de Santa Cruz se encontró una prevalencia de 4,7%.

Según estos estudios, la prevalencia de los trastornos de alimentación, en Bolivia es alta,

si se compara con países desarrollados (ej. España). Por otro lado, es importante resaltar, el alto

porcentaje de la población que está en riesgo de presentar trastornos de alimentación.

A pesar de la falta de información regular, la prevalencia en la ciudad de La Paz de 3,8%

parece haber aumentado, ya que sólo en la ciudad de La Paz, el 2005, cuatro instituciones de

salud atendieron 33 casos de Anorexia en niños, niñas, adolescentes y jóvenes. De este total, el

Hospital del Niño trató 2 casos de preadolescentes que presentaban la enfermedad. El

Psiquiátrico del Hospital de Clínicas; el consultorio de la carrera de Nutrición de la Facultad de

Ciencias de la Salud de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y en el consultorio

particular del psiquiatra Carlos Dipp (también Jefe de la Unidad de Salud Mental del Hospital de

Clínicas) (La Prensa, 2005).

Carlos Dipp admite que, en los últimos años en Bolivia, se ha registrado un incremento de

los casos de Anorexia. Este criterio es compartido por la catedrática de la carrera de Nutrición

Irma Arce, quien asegura que en el consultorio que funcionaba en Medicina se atendieron casos

de pacientes de escasos recursos provenientes del área rural, como Caranavi y otras provincias

paceñas. (En: La Prensa, El sabatino. 2005).

El año 2000, Freudental realizó una investigación, sobre la prevalencia de los síntomas

asociados a los trastornos de conducta alimentaria, en mujeres escolarizadas de 16 a 18 años, de

diversos estratos económicos, que asistían a diversas instituciones educativas de La Zona Sur de

la ciudad de La Paz. Con la aplicación del instrumento EDI2 a 245 mujeres adolescentes,

encontró un 4,7% de casos clínicos con Bulimia y un 2,6% con Anorexia. Sin embargo, los
trastornos alimenticios no especificados se dieron en un porcentaje similar al grupo bulímico

(4,7%).

Nacional: Se estima que, en México, 25 por ciento de adolescentes padece en diferentes

grados un trastorno de la alimentación; la mayoría de los casos, asociados con algún problema

mental, informó la especialista del Hospital Psiquiátrico Infantil “Juan N. Navarro” de la

Secretaría de Salud, Ana Rosa García Berdeja.

Afirmó que en este hospital se aplica a niñas, niños y adolescentes un protocolo para

detectar y tratar cualquier tipo de trastorno desde las primeras consultas médicas. En un mes

identificaron que 15 de 25 personas atendidas de entre 13 y 17 años estaban en riesgo de

desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria.

En entrevista, destacó que en la valoración de riesgo participan especialistas en

paidopsiquiatría, psiquiatría clínica, trabajo social y enfermería, quienes determinan la terapia

más adecuada y proporcionan al paciente y su familia información amplia para evitar

complicaciones y promover el autocuidado de la salud.

García Berdeja informó que la mayoría de las personas con estos trastornos busca apoyo

médico hasta diez años después de presentar los primeros cambios en su alimentación, y es poco

frecuente que soliciten atención de su salud mental por este tipo de problemas; acuden a servicios

especializados cuando tienen un intento suicida o conductas auto lesivas graves.

Esto ocasiona que las personas lleguen a los servicios médicos con graves daños, tanto en

su salud física como mental. Además del trastorno de alimentación presentan por lo menos tres

padecimientos más: depresión, ansiedad generalizada o social y estrés postraumático, y hasta 25

por ciento de pacientes consume sustancias psicoactivas.


Los trastornos de alimentación más comunes son bulimia, anorexia y los atracones; por

cada hombre puede haber hasta diez mujeres que padecen alguno de esos problemas. A nivel

nacional e internacional, menos de 10 por ciento de adolescentes afectados está en tratamiento.

Su origen es multifactorial e incluye factores genéticos; medioambientales, como la

crianza; o la relación con la familia y enfermedades psiquiátricas.

Las personas con riesgo o que padecen trastornos alimentarios muestran preocupación

excesiva por la delgadez, evitan el consumo de alimentos ricos en grasas y azúcares, practican

ayunos prolongados, usan laxantes, cubren en exceso su cuerpo o comparan su complexión

corporal con otras personas.

Recomendó a madres y padres de familia, así como a personas cuidadoras, observar a sus

hijas e hijos para prevenir y detectar los síntomas, mantener amplia comunicación y escucharlos

sobre cómo se sienten en relación con su cuerpo, y explicarles que cada complexión corporal es

diferente y no deben hacer caso a patrones estéticos.

Los grupos etarios que demandan mayor atención son de 14 a 19 años y de 20 a 25 años,

principalmente por bulimia, trastorno purgativo, por atracón y anorexias (total y atípica). En

menor intensidad también por alteraciones conductuales como trastorno por evitación y

restricción de la ingesta de alimentos.

El tiempo del tratamiento depende del tipo de trastorno y lo avanzado del daño, por lo que

puede tardar meses o ser permanente, conforme lo determine el grupo multidisciplinario de

especialistas en psicoterapia, psicología, psiquiatría, nutrición y terapia familiar.

Caballero Romo detalló que el confinamiento por la pandemia de COVID-19 aumentó los

trastornos alimentarios como resultado del cambio en las conductas de alimentación. En este

comportamiento, las redes sociales facilitaron el acceso a la información poco confiable para

bajar de peso con métodos perjudiciales desde el punto de vista médico.


Factores de Riesgo de los Trastornos Alimenticios.

Los factores de riesgo son aquellos factores que aumenta la probabilidad de contraer

alguna enfermedad o trastorno. Los factores de riesgo pueden ser individuales, familiares y

sociales. La combinación de estos diferentes factores puede provocar el desarrollo y

mantenimiento de una enfermedad o trastorno. Es posible desarrollar trastornos alimenticios con

o sin los factores de riesgo mencionados a continuación. Sin embargo, mientras más factores de

riesgo haya, mayor será la probabilidad de desarrollar trastornos alimenticios. Numerosos

factores de riesgo pueden desempeñar una función en el desarrollo de un trastorno alimenticio. El

estrés emocional, generado por eventos significativos en la vida, con frecuencia precede el inicio

de un trastorno alimenticio en personas susceptibles. Los siguientes factores de riesgo pueden

incrementar el riesgo de desarrollo de trastornos alimenticios:

Sexo: Las mujeres son mucho más propensas que los hombres a desarrollar un trastorno

alimenticio. Sólo un estimado de 5%-15% de personas con anorexia o bulimia y un estimado de

35% de aquellos con trastorno del atracón compulsivo son hombres.

Factores Socioeconómicos: Las personas que viven en países económicamente

desarrollados parecen tener un riesgo más alto de desarrollar trastornos alimenticios. Estudios

sugieren que, dentro de países económicamente desarrollados, el riesgo de bulimia podría ser más

alto entre grupos socioeconómicos más bajos.

Edad: Los trastornos alimenticios son más frecuentes en personas (por lo general niñas y

mujeres jóvenes) entre los 12 y 25 años de edad, aunque pueden ocurrir en niños y adultos

mayores.

Factores Genéticos y Bioquímicos: Estudios sugieren que las anormalidades en los

caminos cerebrales que involucran la serotonina neurotransmisora persisten después de la

recuperación de ciertos trastornos alimenticios. Estos hallazgos conllevan a especulación de que


la serotonina y otras sustancias químicas naturales dentro del cerebro podrían tener una función

causante en la anorexia. Se necesitarán estudios adicionales para confirmar tales especulaciones.

También se ha descubierto que algunos genes están asociados con trastornos alimenticios en

algunas personas. Investigación adicional podrí atraer nuevos entendimientos de las causas y

tratamientos de estos trastornos desconcertantes.

Atletas y Ciertas Profesiones: Los atletas, como bailarines, jinetes, gimnastas, corredores,

luchadores, y porristas, tienden a estar en riesgo más alto de trastornos alimenticios. Muchos

entrenadores y profesores fomentan la delgadez para lograr una ventaja competitiva. Ellos pueden

defender el conteo de calorías y la pérdida inadecuada de grasa corporal. También hay un riesgo

más alto de trastornos alimenticios en modelos, actrices, artistas, miembros de hermandad

femenina, y personas de alta sociedad, quienes podrán experimentar presiones sociales para estar

delgadas.

Pubertad Temprana: Las niñas que experimentan la pubertad temprana tienen mayor

riesgo de desarrollar un trastorno alimenticio. Debido a que ellas maduran físicamente más rápido

que sus pares y tienen un incremento en la grasa corporal normal, podrían sentirse aisladas y bajo

mayor presión para restringir su consumo de alimentos.

Factores de la Personalidad: Algunos factores de la personalidad parecen incrementar el

riesgo de una persona para desarrollar un trastorno alimenticio. Las personas con trastornos

alimenticios tienden a ser perfeccionistas que tienen expectativas altas de sí mismas y de otras

personas. A pesar de tener altos logros, ellas podrían tener baja auto-estima y problemas de

identidad. Ellas son propensas al pensamiento dicotómico (es decir, ver todo como bueno o malo,

un éxito o un fracaso). Este pensamiento conduce a problemas sobre el peso, en los que ser

delgado es bueno y ser más delgado es mejor. El temor de cambiar y la dificultad para lidiar con

el estrés son comunes en personas que tienen trastornos alimenticios. Ellas también pueden temer
a la crítica, evitar la sexualidad, o actuar impulsivamente. Entre personas con trastornos

alimenticios, existen altos índices de trastorno de personalidad limítrofe, trastorno de

personalidad evitante, trastorno de personalidad obsesivo-compulsiva, y narcicismo.

Trastornos Emocionales: Las personas con trastornos emocionales, como depresión,

trastorno obsesivo compulsivo, Y trastorno de ansiedad, (p.e., trastorno de pánico, trastorno de

estrés pos- traumático, y trastorno de ansiedad generalizado), tienen mayor riesgo de desarrollar

un trastorno alimenticio. De hecho, entre el 40%-96%de todas las personas con trastornos

alimenticios experimentan depresión o trastornos de ansiedad.

Influencias Familiares: Las influencias negativas dentro de una familia pueden desempeña

una función en los trastornos alimenticios. Algunos estudios sugieren que los trastornos

alimenticios son más frecuentes en personas en quienes uno o ambos padres son sobreprotectores,

imparciales, críticos, rígidos, o inefectivos para resolver conflictos. Una persona podría tener

mayor riesgo de desarrollar un trastorno alimenticio si tiene padres que tengan trastornos

psiquiátricos o que abusen del alcohol u otras sustancias adictivas. Investigación sugiere que las

hijas de madres que tienen un historial de trastornos alimenticios podrían estar en riesgo más alto

de un trastorno alimenticio. Los trastornos alimenticios también son más comunes en familias en

las que existe presión para ser delgados.

Presiones Sociales y Culturales: Los estándares de belleza en la cultura occidental se

enfocan en la juventud y delgadez. Constantemente se representan imágenes de personas

delgadas, bellas, exitosas en los medios de comunicación. Estas y otras presiones, como las

presiones por compañeros obsesionados con la apariencia y parejas románticas, conllevan a

índices más altos de trastornos alimenticios en personas en la cultura occidental.


Historial de Abuso Sexual: Un historial de abuso sexual es común en mujeres con

trastornos alimenticios, especialmente en aquellas con bulimia. Estudios han encontrado que los

índices de abuso sexual son tan altos como del35% en mujeres con bulimia.

Grupo más vulnerable.

Los trastornos de conducta alimentaria es una problemática que ha surgido

en años anteriores, sin embargo, en la actualidad este es uno de los trastornos más

conocidos y que ha tomado mayor relevancia, por lo que se ha podido identificar

que uno de los grupos más vulnerables son los adolescentes, específicamente las

mujeres, ya que como se ha mencionado con anterioridad este trastorno se basa en

los pensamientos y distorsiones de la imagen corporal.

La imagen corporal es una construcción social con referentes biológicos,

psicológicos, económicos y socio-culturales. Las personas diagnosticadas con

alguno de estos trastornos presentan una mayor probabilidad de tener una imagen

corporal negativa, así como de aceptar más fácilmente creencias socioculturales

estereotipadas como son las relacionadas con la sobrevaloración de la delgadez

(Chávez et. al. 2004)

Los adolescentes se han convertido en el grupo más vulnerable debido a que están en una etapa

de desarrollo en donde buscan experimentar cosas nuevas y sobre todo nace el deseo de lucir bien

físicamente lo que conlleva a tener pensamientos erróneos acerca de su aspecto corporal. Hoy en

día y de acuerdo con los avances tecnológicos es común que los adolescentes cuenten con una

gran variedad de redes sociales en donde se hace promoción de “los cuerpos perfectos” los cuales

son estereotipos de belleza que la saciedad ha impuesto, este es un factor de riesgo, ya que los

adolescentes se dejan influencia por este sin antes reflexionar y darse cuenta de que no todo lo

que se ve en internet es verdad.


Para Brug et al. (2008) los factores socioculturales del ambiente que

definen qué es socialmente aceptable, deseado y apropiado de comer, pueden ser

más importantes para la alimentación saludable que el ambiente físico que define

la disponibilidad y accesibilidad de los alimentos (Cruzat et. al. 2012).

De acuerdo con lo anterior se puede mencionar que la sociedad se ha encargado de

difundir información errónea a través de internet, por lo que hoy en día es fácil tener acceso a

videos, recetas, dietas, e incluso venta de medicamentos que prometen reducir la masa corporal.

Esto provoca que los adolescentes tengan mayor probabilidad de padecer un trastorno de

conducta alimentaria la cual puede afectar de una manera drástica su salud, así como generar

consecuencias a corto y largo plazo que pueden terminar en situaciones lamentables.

Prevención

En la actualidad la sociedad no le ha tomado la debida importancia a esta problemática, ya

que el número de personas con TCA ha incrementado, así como la falta de información a acerca

de este tema, como se ha mencionado con anterioridad de difusión de información errónea en

internet ha provocado que muchas personas, en especial adolescentes desarrollen los trastornos de

conducta alimentaria. Existen programas y asociaciones que buscan disminuir el incremento de

estos trastornos a través de acciones de prevención.

Los programas de prevención de los TCA se desarrollan con la finalidad de

evitar o disminuir la influencia de los factores de riesgo relacionados con la

enfermedad o, mejor, la de evitar su aparición. En las últimas décadas se han

incrementado notablemente el número de programas realizados con gran calidad

metodológica. Esto ha permitido ampliar el conocimiento de las características

más efectivas en la prevención de los TCA (Canals & Arija 2022)


Con relación a lo anterior es importante tomar acciones inmediatas ante esta situación, por

lo que conocer las acciones preventivas que puedan ayudar a la sociedad e incluso a las personas

afectadas, de igual manera este ayudara a disminuir los altos índices de trastornos alimenticios

que se han presentado. De acuerdo a lo mencionado en la revista Clínica y salud:

Los aspectos relativos a la prevención de los trastornos de alimentación se

han abordado hace relativamente poco tiempo, cuando los profesionales de la

salud y la sociedad en general ha tomado conciencia de la magnitud que dichos

trastornos estaban adquiriendo como problema sanitario de primer orden. En lo

que se refiere a la prevención primaria, es decir, al conjunto de intervenciones que

pueden realizarse antes del desarrollo de la enfermedad, se actúa sobre los factores

de riesgo, las principales estrategias son de carácter educativo y se han centrado

básicamente en los siguientes aspectos:

a) Información a la población general y en particular a la población de

riesgo. b) Identificación de grupos de riesgo. c) Actuaciones dirigidas a modificar

aquellas conductas que podrían favorecer el comienzo de la enfermedad, en

particular en relación con la dieta. d) Intervenciones sobre los estereotipos

culturales, adelgazamiento y belleza. (Casado & Helguera 2008).

Vivimos en una sociedad que nos ha llevado a tener estándares de belleza perfecta para

ser aceptados, la presión social ante esta situación aumenta a medida que pasan los años, por lo

que las problemáticas de trastornos alimenticios han afectado a diversos sectores de la población,

ya que afecta la percepción de las personas hacia su cuerpo. Ante esta situación muchas personas

sienten que no cumplen con dichos estándares de belleza impuestos por la sociedad por lo que

buscan la manera de poder encajar experimentan sentimientos de inadecuación, lo que los lleva a
realizar comportamientos alimentarios poco saludables que en un tiempo se convierten en un

trastorno que ocasiona afectaciones en la salud.


Referencias:

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PERSPECTIVA PSICOANALÍTICA CONTEXTUAL”. Recuperado de

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los-trastornos-alimentarios-crecieron-de-manera-preocupante-desde-la-pandemia-segun-

los-expertos/?amp_gsa=1&amp_js_v=a9&outputType=amp-

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