08 SIN FUERZAS, PERO VICTORIOSA - Carta a Filadelfia
Apocalipsis 3:7-13
7 Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave
de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:
8 Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede
cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi
nombre.
9 He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino
que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he
amado.
10 Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la
prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.
11 He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.
12 Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y
escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén,
la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.
13 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
¿Qué tan grandes y poderosos debemos ser para ser considerados por Dios? La historia de la
iglesia está construida con pequeñas piedras fundadas sobre la gran roca que es Jesucristo, donde
el destino de la iglesia no descansa en las fuerzas de ella, sino en las de su Señor.
Hemos avanzado por nuestro recorrido y hemos llegado a la carta que el Señor dirige a la 6ta
iglesia ubicada en la ciudad de Filadelfia, es una iglesia pequeña, de poca fuerza, pero que recibe la
alabanza del Señor, junto con Esmirna, es una iglesia que no recibe ninguna reprensión, en
cambio, recibe hermosas palabras de aliento y consuelo de parte del Señor.
Al mirar la carta a Filadelfia debemos considerar que en medio de la oposición que como iglesia
debemos atravesar, cuando nos sintamos más débiles, cuando estemos más expuestos a nuestros
enemigos, es necesario que volvamos una vez más a la irrefutable verdad de que no podemos
depender de nuestras propias fuerzas, que la victoria de la iglesia no radica en lo que esta puede
hacer por Dios, sino que en lo que Dios hizo por ella y en lo que puede hacer con ella. Este texto
está lleno de palabras del Señor, donde se muestra como el autor de toda obra gloriosa de la
iglesia, Él es quien abre la puerta que nadie puede cerrar y el que cierra la puerta que nadie puede
abrir. El mensaje a Filadelfia es un aliento para una iglesia que sabiéndose pequeña, imperfecta y
con pocas fuerzas reconoce que necesita a su Señor, que reconoce que depende de su Salvador, y
que entiende que su mayor esfuerzo no es ganarse un nombre, sino que ser fiel al Nombre del
Señor y guardar su palabra. Porque la iglesia es realmente relevante no cuando es más grande sino
cuando es más fiel. Esa iglesia débil ha recibido una corona que nadie puede arrebatar, amado
hermano, tú que luchas por ser fiel al Señor, tú que te esfuerzas por retener la palabra del Señor
en tu corazón, muchas veces asediado por la tristeza y la oposición de este mundo caído, guarda
esto en tu corazón, aunque seas débil eres victorioso, porque tu Señor pelea por ti.
DESTINATARIO Y REMITENTE v7
Juan recibe la orden del Señor para escribir esta carta a la iglesia en Filadelfia. La ciudad de
Filadelfia fue fundada en el 189 a.C. por el rey Eumenes II de Pérgamo, estaba ubicada en la ruta
que unía Sardis con Colosas. Se le llamó Filadelfia, que en el griego significa "amor fraternal o el
que ama a su hermano". porque su fundador de ese modo quiso honrar a su hermano, el rey Átalo
II. Se le conocía como "la puerta de oriente" por estar en la ruta principal del correo imperial
desde Roma al este.
La ciudad estaba ubicada encima de una placa tectónica que le llevó a sufrir continuos terremotos.
En el año 17 d.C. Filadelfia fue destruida por completo a causa de uno de ellos, siendo
reconstruida por el emperador Tiberio, los habitantes de la ciudad decidieron cambiar el nombre
de esta a Flavia para honrar al emperador y eventualmente el nombre con el paso del tiempo
volvió a ser Filadelfia. Producto del terremoto, quienes sobrevivieron tenían miedo, y la mayoría
vivían fuera de sus murallas y otros emigraron. Se dice que, por causa de varias erupciones
volcánicas, las tierra de Filadelfia eran muy propicias para el cultivo de viñas, lo que hizo a la
ciudad muy famosa por sus vinos, lo que la llevó a ser un centro de adoración al dios “Baco”, el
dios del vino y de las borracheras por quien a las orgías rituales se les llamó bacanales. Esta ciudad
también fue un importante centro de adoración al César quien tenía en la ciudad en un templo
especialmente preparado para él. Ahora todo esto es importante por todo lo que el Señor le dirá a
su iglesia.
El Señor, que se venía presentando según los títulos descritos en el capítulo 1, aquí lo hace con
títulos que apuntan a su grandeza y divinidad y para eso hace relucir nombres que resaltan
atributos únicos e inseparables del único Dios verdadero: la santidad y la verdad, cuando dice
“Esto dice el Santo, el Verdadero”. Ambos títulos fueron usados en el antiguo testamento para
referirse a Jehová, en Isaías 43:3 “Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu
Salvador” Cuando el Señor habla de santidad refiriéndose a el mismo apunta no solo a la total
ausencia de maldad y a la completa pureza que habita en El, sino que también apunta a la total
separación de él con la creación. Dijimos que la ciudad de Filadelfia estaba rodeada de viñedos y
que se practicaba la adoración al Dios Baco, esto se hacía a través de fiestas llenas de borracheras
y orgías conocidas cono “bacanales”, además se practicaba la adoración al Cesar, que exigía que se
llamara “Señor” al emperador, un simple hombre, todo lo cual es una completa abominación, todo
el movimiento espiritual en Filadelfia es una abierta provocación contra la santidad de Jesús que
es puro y único. Pero además el Señor dice que él es el Verdadero, Jeremías 10:10 “ 10 Mas Jehová
es el Dios verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno; a su ira tiembla la tierra, y las naciones no
pueden sufrir su indignación.” esto indica que su existencia se condice con la realidad, pero
además no hay mentira en él, es digno de toda confianza, es real y genuino, Él es todo lo que dice
que es, así excluye a cualquier otro que quiera ocupar un espacio igual que Él, todo lo que se
levanta como una alternativa a Cristo es fraudulento.
Además, se identifica como el que tiene las “llaves de David” esto nos apunta a un personaje del
AT llamado Eliaquim. En los días del profeta Isaías gobernaba el rey Ezequías, quien tenía un
súbdito llamado Sebna que actuaba como mayordomo (Is 22:15), quien se encargaba de controlar
la entrada del palacio real, esta era una posición que ostentaba la autoridad más elevada en el
reino, pues administraba las llaves de las puertas del palacio real. Este hombre había actuado de
forma impropia, buscando su beneficio personal con su cargo. Como consecuencia, el profeta le
anuncia que será llevado por Dios a un duro cautiverio (Is 22:17) y que será reemplazado por un
hombre justo y honrado llamado Eliaquim (Is 22:20-22). 20 En aquel día llamaré a mi siervo
Eliaquim hijo de Hilcías, 21 y lo vestiré de tus vestiduras, y lo ceñiré de tu talabarte, y entregaré
en sus manos tu potestad; y será padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá. 22 Y pondré
la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá . Es
acerca de él que Dios dijo que "pondré la llave de la casa de David sobre su hombre; y abrirá, y
nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá". Eliaquim fue un hombre íntegro que llegó a ser
reverenciado por el pueblo por su honradez y por su fidelidad. Un hombre del que se dice que
sería "asiento de honra a la casa de su padre" (Is 22:21). Cuando Cristo se presenta con este título
está diciendo que él tiene total autoridad y honra sobre todas las cosas de su Padre, pues, Él
siempre en todo lo que hizo buscó obedecer y dar la gloria a su Padre, por su fidelidad se le dio un
nombre que es sobre todo nombre y se le dio toda autoridad, toda potestad en el cielo y en la
tierra, esto es lo que significa tener “la llave” ahora en esta porción específicamente no se nos
dice que es lo que el abre o cierra con esa llave pero si nos remontamos al inicio de esta serie
volvemos al capítulo 1: 18 cuando se nos dice que el "él tiene las llaves de la muerte y el Hades"
Cristo ha abierto el camino a la salvación y nadie podrá cerrarlo, Él es el Rey soberano que guía a
su pueblo, él es quien tiene todo el control, el que toma la última decisión, él es quien imparte las
bendiciones celestiales a quien quiere, a saber, a su novia amada, su iglesia y también Él es quien,
cierra la puerta de la salvación que ya nadie podrá abrir, a los que rechazan su Palabra, como
cuando la puerta del arca de Noé fue cerrada. Los que creen en él, han entrado por las puertas
que llevan a los verdes pastos que sacian la vida para siempre, los que han puesto su confianza en
Cristo Jesús, pueden ser pequeños y débiles pero vencerán aun a pesar de esa debilidad, porque Él
es el quien les sostiene, pues lleva sobre sí esa gran autoridad, el Señor fue a enfrentar a la muerte
a su propio terreno y allí la venció y le despojó de toda autoridad sobre su pueblo, ¡que glorioso es
nuestro Señor! el que es Santo se dirige a una iglesia pequeña y frágil que lucha para sobrevivir en
medio de un ambiente pecaminoso y hostil. Consideremos que cuando Dios manifiesta su santidad
a los hombres provoca dos grandes efectos en ellos, primero, a los que le aborrecen los expone a
su juicio “Jehová se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos” Nahum 1:2 y a
los que le aman les perfecciona en su santidad “El Dios de paz os santifique en todo; para que
vuestro espíritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro
Señor Jesucristo” (1Tes.5:23). En este caso, el que es Santo eleva a esta iglesia pequeña a su
santidad y tiene comunión con ellos.
Es a la Iglesia de Filadelfia a quien el Señor se dirige, a una iglesia pequeña aborrecida por los
paganos inmorales y por los judíos arrogantes, que se creían superiores a los gentiles y que
despreciaban a los seguidores de Jesús, a quienes asediaban, pues eran celosos de sus tradiciones
y de su raza, se hacían jueces que definían quienes debían o no ser parte de las bendiciones de
Jehová. Ellos creían que cerraban y abrían la puerta, creyéndose dueños de una autoridad que nos
les correspondía como Sebna, pero Cristo dice a su Iglesia: “yo soy la autoridad” a quien quiero
doy, a quien quiero abro y a quien quiero cierro, soy un Dios grande, santo y verdadero.
GRANDES PROMESAS PARA UNA IGLESIA PEQUEÑA EN LA VIDA TEMPORAL v8-10
En los versos 8 y 10 el texto nos provee una serie de promesas que van entremezcladas con las
revelaciones que el Señor hace acerca de lo que ve en su iglesia, para Él nada pasa desapercibido,
el Señor conoce a su pueblo y nuevamente expresa la cláusula que ha usado para todas las otras
cartas a las iglesias: “yo conozco tus obras”. El Señor posee el conocimiento total acerca de las
luchas que enfrenta su pueblo, y aunque no da una lista extensa de obras, manifiesta aquello que
es lo más básico e importante para el Señor “has guardado mi palabra, y no has negado mi
nombre” las obras más elementales que un creyente debe guardar son la obediencia y la fidelidad
al Señor.
Pero primero establece "He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede
cerrar", Jesús ya había dicho que él es quien tiene la llave de David, y es quien abre o cierra y
nadie se lo puede impedir, que es soberano, sobre todo, él ha abierto una puerta para la iglesia,
esto significa que el Señor daba a sus hijos un ministerio provechoso, la puerta se había abierto y
permanecía así, recordemos a Pablo y Bernabé, que después de haber concluido el primer viaje
misionero, daban cuenta a la iglesia de Antioquía en “Hechos 14:27 Y habiendo llegado, y reunido
a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la
puerta de la fe a los gentiles.” En cada ocasión en que usa la figura de la puerta se refiera a las
oportunidades de servicio que el Señor daba a su iglesia, esto no es una puerta de escape, es una
puerta de deber, cuando una iglesia es exitosa en su labor no es por sus programas o estrategias
de crecimiento sino porque Cristo está obrando, Él está abriendo puertas, solo Él bendice a su
iglesia con el crecimiento.
Muchos se podrían engañar pensando que detrás de un ministerio productivo hay una gran
capacidad humana, y que esa puerta abierta es el resultado de la grandeza y poder de la iglesia,
pero el Señor le dice a su iglesia que Él ha abierto esa puerta imposible de cerrar, ¿y porque se
encarga de abrir esa puerta? Por la iglesia es débil, “porque tienes poca fuerza” cuando la iglesia
está más consciente de su incapacidad y abandona la autosuficiencia, cuando la iglesia deja de
confiar en sus recursos, y admite que sus fuerzas son escasas, cuando más depende del Señor, es
cuando el Señor más se glorifica, nunca avanzamos por nuestra potencia, es el poder de Cristo que
se perfecciona en la debilidad, el Señor alentó a los discípulos con estas palabras: «No temáis,
manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino» (Lc. 12:32).
Las obras que Cristo alaba son un reconocimiento a aquello que debiera ser lo elemental en todo
lo que una iglesia se proponga hacer. Ellos habían guardado la palabra de Cristo, la revelación
recibida era su tesoro, su fidelidad al mensaje del evangelio era férrea, aun en medio de la
hostilidad ellos desecharon las mentiras y no adaptaron el mensaje. La expresión “no has negado
mi nombre” deja entrever el hecho de que fueron puestos bajo gran presión por la causa de
Cristo, tanto gentiles como judíos, les habían puesto en una difícil posición, pues la libertad del
mundo chocará con la de la iglesia. Sus adversarios se oponían al nombre y al mensaje de Jesús y
rechazaban a sus seguidores por causa de su estilo de vida, pero los santos permanecieron fieles a
su Señor. La ciudad de Filadelfia registra en su historia tres cambios de nombre para dar honor a
diferentes reyes, pero en cambio la iglesia solo permanece fiel al nombre de Cristo aun cuando
esto le cueste sufrimiento. Muchos piensan que para obedecer y ser fiel es necesario primero ser
grandes y poderosos, pero en cambio esta iglesia es elogiada por Cristo porque han triunfado en
ser obedientes y fieles, aunque tenían poca fuerza.
Una gloriosa verdad que el Señor manifiesta es que una iglesia pequeña que depende solo de
Cristo no lucha sola, el Señor agrega: “He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se
dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus
pies, y reconozcan que yo te he amado.” En este texto el imperativo “he aquí” aparece dos veces
marcando un énfasis innegable de que el Señor esta con su pueblo. Igual que Esmirna, Filadelfia
sufría de una gran oposición de parte de los judíos, que se arrogaban ser herederos de Abraham,
pero el Señor los desenmascara como falsos, su verdadera parte no es con el Dios de Abraham,
sino que su verdadero Señor es Satanás, los judíos pensaban que los cristianos eran una secta,
eran de herejes dignos del exterminio. Pero a pesar de la oposición el Señor asegura que el hará
que vengan y se postren ante esta iglesia pequeña, ellos serán rendidos ante el mensaje, cuan
grande será para ellos tener que admitir que en realidad eran amados por Dios. Es glorioso como
el Señor es generoso en promesas para esta iglesia y entre estas promesas de victoria, resalta la
declaración de su amor por su iglesia, una iglesia de pocas fuerzas, pequeña en número, pero que
ha sido amada por Cristo.
En el v11 el Señor reconoce que la iglesia ha guardado la Palabra de su paciencia, esto significa que
esta iglesia ha obedecido el llamado a perseverar y por lo tanto el Señor les guardará en la hora de
prueba. El significado de prueba está relacionado con las adversidades, aflicciones y problemas
que Dios envía a su pueblo para someter a examen su fe, santidad y carácter. Los tiempos de
prueba llegan a todas las iglesias y a todos los creyentes en todas las edades. Tiene que ver no sólo
con Filadelfia, sino que “se refiere en general a todas las pruebas que anteceden al retorno de
Cristo”. Además, abarca a toda la tierra, de modo que toda la iglesia, en un momento u otro antes
del retorno de Cristo, tendrá que pasar por tribulación, pero allí el Señor les preservará, esto no
quiere decir que los cristianos no sufrirán ni experimentarán muerte física, sino que Dios les
guardará siempre de la muerte espiritual, el guardará para ellos la salvación que recibieron.
Notemos que el Señor nunca ha sostenido que la iglesia no pasará por la hora de la prueba, sino
que será guardada en el momento de la tribulación. Hay posturas escatológicas que dicen que la
iglesia escapará del mundo antes de vivir tribulación y dolor, esto manifiesta desconocimiento de
las palabras del Señor e indolencia por los hermanos que a esta hora están viviendo su hora de
prueba en países donde se les persigue, ¿Acaso ellos no son iglesia? ¿acaso lo que sufren no es
tribulación? Ahora, debemos tener en cuenta que esta prueba que viene sobre la iglesia también
es para los moradores de la tierra, pues las tribulaciones de la iglesia son un medio de testimonio
al mundo incrédulo de quien en la iglesia y son un medio de prueba que se pondrá contra ellos en
el día del juicio.
Hay algo maravilloso, en lo que hemos leído, lo desproporcionadas que son las promesas del Señor
con respecto a nuestras obras, pues a las dos obras que el Señor reconoce de esta iglesia, guardar
la palabra y no negar su nombre le rodean 5 promesas que estarán activas y vigentes en la vida
temporal de la iglesia, son promesas que no deben esperar a la eternidad. El resultado de
reconocer nuestra debilidad y dependencia del Señor siempre redundará en una victoria
grandiosa, no importa cuán pequeños seamos como iglesia cuando reconocemos cuán grande es
nuestro Dios.
EXHORTACIONES Y PROMESAS PARA LA ETERNIDAD. V 11-13
A contar del v11 el Señor dirige la mirada de su iglesia a la eternidad, declara la inminencia de su
regreso, el cual será pronto, este es un evento que debe animar a la iglesia a la perseverancia
“retén lo que tienes para que ninguno tome tu corona” , es hermoso leer este texto, pues declara
que es aquello que el Señor dice: “lo que tienes” es “tu corona”, los creyentes en Filadelfia ya
poseen la corona, la corona del vencedor, y cuando dice que otros se la podrían arrebatar, quiere
decir que siempre habrá intereses en el mundo empeñados en que dejemos de ser fieles a Cristo,
por eso aferrarse a ella significa seguir siendo leales hasta el fin y con ello ser triunfadores. El
Señor anima a su iglesia a mantenerse firme ante las tentaciones y tribulaciones del camino que
resta hasta llegar a la meta. Recibir esta corona implica una victoria, pero también la
responsabilidad de responder al Dios que nos salvó eternamente con una vida dedicada y rendida
a él, dispuesta al esfuerzo, al sacrificio, a la lucha contra nuestros deseos. Cuando realmente
hemos entendido que somos salvos para siempre y que esta salvación no se pierde, más
dispuestos estaremos a negarnos a nosotros mismos y a usar esa convicción de seguridad para
vivir en santidad, pues mientras más conscientes estemos de la victoria que ya tenemos en
Cristo más nos aferraremos a su poder para continuar y menos valioso nos parecerá el mundo.
Nuevamente el Señor ofrece promesas "Yo le haré columna en el templo de mi Dios y nunca más
saldrá de allí" Esto quiere decir que los vencedores estarán para siempre en el templo de Dios,
morarán en su presencia por la eternidad. Esta es una promesa que da seguridad a los creyentes,
en especial a los creyentes en Filadelfia, que a causa de los frecuentes terremotos estaban
atemorizados y tenían que salir huyendo constantemente de sus casas para salvar la vida, aunque
todo en este mundo caiga, la morada del creyente es firme y permanente.
El texto de las promesas se desarrolla con un continuo desarrollo de bendiciones, es como un
caudal de promesas “y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi
Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo” En aquellos
días cuando alguien había prestado un gran servicio a la ciudad era costumbre que se erigiera una
columna en uno de los templos de la ciudad en su honor, una especie de monumento con su
nombre inscrito para conmemorarlos, nadie olvidaría a los próceres de la ciudad pues sus nombres
estaban allí grabados sobre la piedra para ser siempre homenajeados y recordados. La promesa
del Señor no es que nuestro nombre estará inscrito para ser recordado por siempre, sino que es el
nombre de Dios, el nombre de la ciudad de Dios, y su nombre nuevo lo que estará inscrito en sus
hijos. Esto significa que, al escribir el nombre de su Dios Jesucristo nos ha unido al Padre y somos
su familia, con el nombre de su ciudad nos ha dado una nueva ciudadanía y con su nombre nuevo,
hemos recibido una nueva identidad. Esto significa que cada creyente es un monumento de la
gracia de Dios que recuerda lo que Dios puede hacer con un pecador salvado, cada creyente que
entra en la eternidad es un monumento levantado en honor a la gloria de Cristo, ¡Seremos
monumentos a la gloria de Jesucristo, Jesucristo es el nombre que nunca será olvidado, el nombre
del verdadero héroe de la salvación! Eso es lo que somos por la gracia de Cristo. Ciudadanos de
una ciudad eterna que no caerá como Filadelfia.
CONCLUSIÓN:
Comenzamos este sermón con una pregunta: ¿Qué tan grandes y poderoso debemos ser para ser
considerados por Dios? El que tenga oídos para oír, iglesia de todo lugar y todos los tiempos
escuche con atención, nuestra victoria no depende de cuan grande y poderosos seamos, se trata
de ser fieles a Cristo y obedientes a su palabra, las proezas las hace Él. El mensaje a Filadelfia es un
recordatorio a la iglesia a través de los tiempos de que Cristo lo ha hecho todo, Él ha escogido, Él
ha preservado, Él ha dado la victoria eterna, Él guarda a su iglesia, Él oye su clamor, Él ve su llanto,
Él conoce sus batallas, Él sabe de su cansancio y sabe de su trabajo, Él consuela y sostiene. Por lo
tanto, su nombre resplandecerá sobre las columnas en su casa. La iglesia original de Filadelfia
existió hasta el año 1390 DC, y en el día de hoy, 5 iglesias cristianas permanecen en esa ciudad
derivadas de esta iglesia a la cual el Señor le escribe aun a pesar del islam que predomina en
Turquía, de las 7 iglesias del Apocalipsis, solo la de Filadelfia ha permanecido hasta hoy.
Amados nuestro gran Dios puede seguir haciendo grandes proezas con una iglesia pequeña. No
importa cuánto te aborrezca el mundo, manada pequeña, el Señor te ha amado, nuestras fuerzas
son escazas, pero el brazo de nuestro Rey es poderoso, si nuestro nombre nadie lo recuerda, pero
el nombre de nuestro Rey será reverenciado y temido por sus enemigos. Mientras más débiles nos
reconozcamos más descansaremos en el poder de Cristo, sirvamos pues con fidelidad,
obedezcamos su palabra, y las puertas se abrirán, somos pequeños pero nuestro Dios es grande.
Por eso amado hermano, tú que luchas por ser fiel al Señor, tú que te esfuerzas por retener la
palabra del Señor en tu corazón, muchas veces asediado por la tristeza y la oposición de este
mundo caído, guarda esto en tu corazón, aunque seas débil eres victorioso, porque tu Señor pelea
por ti. El Señor es experto en hacer grandes obras con un pueblo de pocas fuerzas que depende
solo de Él. Él lo ha hecho todo, ¡solo a Cristo sea la gloria en su iglesia!