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El Ejercicio

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El ejercicio “lugar seguro”, para que el paciente se relaje, en ocho pasos, es una variación de

una de las visualizaciones guiadas que contiene la videocinta para liberarse del estrés “Letting
go of Stress” (Miller, 1994). La meta es que los pacientes logren crear un “lugar seguro” en su
imaginación antes de iniciar el procesamiento DRMO. Este oasis emocional puede ser usado
como un descanso temporal durante el procesamiento, como un elemento de apoyo para
disminuir la perturbación y concluir la sesión, y como una manera de manejar el material
perturbador que pudiera aflorar entre las distinta sesiones. Algunos pacientes tratan de usar
una imagen relacionada comúnmente con un sentimiento de calma, pero que resulta ser
exactamente lo opuesto para ellos porque está asociada con un suceso traumático. Por ejemplo,
es posible que un paciente intente imaginar una hermosa playa e ignorar la ansiedad generada
por el recuerdo de haber sido atacado cerca del océano cuando era niño. Obviamente, en un
caso semejante se deberá buscar otro lugar seguro.

Paso 1: Imagen. El terapeuta y el paciente identifican una imagen de un lugar seguro, que el
paciente podrá evocar fácilmente. Esto crea un sentimiento personal de calma y seguridad.
Paso 2: Emociones y sensaciones. El terapeuta le pide al paciente que centre su atención en la
imagen, que sienta las emociones y que identifique en qué lugar se localizan sensaciones físicas
placenteras.
Paso 3: Intensificación. El terapeuta posiblemente hable con tono tranquilizador para
intensificar la imaginería, los sentimientos y las emociones. Deberá mostrarse cauteloso y
proyectar un sentimiento de seguridad al paciente, a quien pide que reporte las emociones que
le embargan.
Paso 4: Movimientos oculares. La respuesta positiva se expande al incluir una serie de
movimientos oculares. El terapeuta deberá usar la dirección y la velocidad de movimiento que el
paciente ha considerado la más cómoda y deberá decir algo así: “Recuerde la imagen de un
lugar que le proporcione un sentimiento de seguridad y tranquilidad. Concentre su atención en
descubrir en qué parte de su cuerpo se localizan las sensaciones placenteras y permítase a sí
mismo gozarlas. Ahora concéntrese en dichas sensaciones y siga el desplazamiento de mis
dedos con sus ojos”. Al final de la serie, el terapeuta preguntará al paciente: “¿Cómo se siente
ahora?” Si el paciente se siente mejor, el terapeuta deberá realizar de 4 a 6 series más. En caso
de que no hayan aumentado las emociones positivas experimentadas por el paciente, el
terapeuta deberá intentar direcciones alternativas de los movimientos oculares hasta que el
paciente reporte una mejoría. Las series deben ser cortas, de 6 a 12 movimientos cada una.
Paso 5: Palabra clave. El terapeuta pide al paciente que escoja una sola palabra que represente
la imagen (por ejemplo: relajarse, playa, montaña, árboles, etcétera) y que ensaye mentalmente
con ella a medida que las sensaciones placenteras y un sentido de seguridad emocional sean
notadas e intensificadas por las direcciones del terapeuta. Dicho procedimeinto se repetirá de 4
a 6 veces, junto con movimientos oculares adicionales.
Paso 6: Autoinducción con la palabra clave. El terapeuta pide al paciente que repita el
procedimiento por cuenta propia, haciendo aflorar la imagen y la palabra, y que experimente los
sentimientos positivos (tanto emociones como sensaciones físicas) sin realizar ningún
movimiento ocular. Cuando el paciente haya logrado repetir el ejercicio sin ayuda, el terapeuta
entonces deberá señalar al paciente cómo deberá usar todo esto para relajarse durante los
momentos en que experimente mucha tensión.
Paso 7: El uso de la palabra clave cuando se presenta una perturbación emocional. Con el fin de
destacar el punto anterior, el terapeuta pide al paciente que recuerde algo que llegó a
molestarle, aunque no gravemente, y que tome nota de los sentimientos negativos que le
acompañan. A continuación, el terapeuta guía al paciente haciendo el ejercicio hasta que se
disipan los sentimientos negativos.
Paso 8: El paciente usa la palabra clave por cuenta propia cuando se presenta una
perturbación. Luego, el terapeuta pide al paciente que rememore una vez más algún recuerdo
perturbador y que siga adelante con el ejercicio, sólo que esta vez sin la ayuda del terapeuta,
hasta que alcance una relajación total.

Una vez completado este ejercicio, el terapeuta deberá indicar al paciente que es necesario
practicar estos ejercicios en casa todos los días, recordando los sentimientos positivos y la
palabra y la imagen asociadas, al tiempo que escucha alguna cinta o disco de relajación.
Finalmente, antes de iniciar cualquier sesión DRMO, los terapeutas deberán decir al paciente:
“Recuerde, este ‘lugar seguro’ siempre estará disponible. Infórmeme en caso de que usted
necesite regresar a él en cualquier momento”. El terapeuta deberá usar ocasionalmente los
movimientos oculares para reforzar el ‘lugar seguro’. Esto también mantiene una asociación
positiva con los movimientos oculares mismos. En ocasiones, algunos pacientes en casos
difíciles necesitarán evocar otras emociones y sentimientos positivos con el fin de involucrarse
en el procesamiento, para lo cual se echa mano de otras alternativas.

El paciente necesita saber que las sensaciones desagradables que puedan surgir durante el
tratamiento son simplemente un signo que indica que el material antiguo está abandonando el
sistema nervioso. Similar a cuando se está desintoxicando una persona. Y resulta útil para
tranquilizar al paciente decir algo como “Sólo porque usted siente miedo, esto no significa que
hay un tigre verdadero en el cuarto”. Expresando esto de manera cariñosa, brindando seguridad
al paciente y de ninguna manera provocando su malestar, ya que podría ser muy elevado el
nivel del miedo y de vulnerabilidad que pudiera aflorar en el paciente. Los terapeutas deben
fortalecer la capacidad de sus pacientes de soportar, así como de observar, sus emociones, sin
intentar impedirlas o escapar de ellas. Con el fin de advertir al paciente que resulta
contraproductiva una actitud evasiva, el terapeuta podría decir lo siguiente:

“Lo mejor es siempre permitir que los movimientos oculares sigan su curso durante el mayor
tiempo posible, pero si la cosa se pone difícil, podemos detenernos y tomar un descanso. La idea
es que, si usted desea viajar por un túnel oscuro rápidamente, entonces mantiene el pie sobre el
acelerador. Si retira el pie, el automóvil se desplazará con más lentitud. Así que, con el fin de
acabar con las emociones negativas, concluiremos más rápidamente si seguimos realizando los
movimientos oculares. Mientras realizamos las series de movimientos oculares, trate de
recordar que sólo estamos procesando material viejo. Quizá parezca real, pero sólo se trata de
recuerdos antiguos que permanecen almacenados en el sistema nervioso. Sólo porque siente
temor, esto no significa que haya un tigre verdadero dentro del cuarto. La idea es lograr que el
cerebro rompa su candado y se abra, y entonces permita que la información sea procesada”.

Se deberá enfatizar la seguridad y la participación conjunta. A menudo resulta útil decirle al


paciente que, aunque puedan surgir emociones y recuerdos de experiencias pasadas, éstas
deberán considerarse algo transitorio, es decir, como si el paciente estuviera viajando en tren y
las experiencias constituyeran sólo el paisaje que atraviesa al viajar.

Si el paciente trata de forzar que suceda algo específico, el procesamiento seguramente se


detendrá. Para recordar nuestra metáfora, es como si permitiéramos que el tren colocara sus
propios rieles a medida que avanza. Tanto el paciente como el terapeuta deben tratar de no
intervenir en el proceso.

Algunos pacientes preferirán no revelar detalles del trauma, sobre todo en casos de violación o
cuando el trauma les provoca pena el decirlo. Se debe primero dar la opción a que el paciente
elija si desea o no expresar detalles del trauma o traumas.

Cuando el terapeuta ha sido bombardeado por relatos extremadamente detallados de episodios


traumáticos, este puede aplicarse a sí mismo movimientos oculares o la técnica de río de luz,
con el fin de minimizar los efectos negativos. En el caso de terapia personal, se contraindican la
autoaplicación de movimientos oculares, pero pueden resultar sumamente útiles para reducir
rápidamente un estado mínimo de estrés.

Cuando se desarrolla un plan de tratamiento, los terapeutas no sólo deben ser capaces de
reconocer los efectos específicos del trauma sino que también deben tomar en cuenta los
síntomas que reflejan las capacidades limitadas del paciente para regular sus propias
emociones.

Indicios que denotan la necesidad de aumentar la fase de preparación y la fase de estabilización


de un paciente:

-El historial incluye el abandono durante la infancia o un apego inadecuado a las personas que
lo cuidaban.
-Es alexitímico (o sea, incapaz de nombrar y describir sus sentimientos).
-Reporta estar agobiado por sentimientos o se le observa desbordante de emociones y no es
capaz de identificar los estímulos que lo provocan.
-Cuando se siente agobiado por la angustia, éste es incapaz de hablar y no puede articular sus
pensamientos.
-Los métodos convencionales de autocuidado (tales como una relajación estructurada) no
proporcionan ningún alivio.
-Se ve incapaz de brindar narraciones coherentes acerca de abusos angustiosos recientes
(vagos, autocríticos).
-Muestra muy poco control de sus impulsos, muestra una conducta acercamiento-evasión
respecto a metas importantes o relaciones primordiales, tiende a sufrir accidentes continuos, se
le puede manipular fácilmente, evita los conflictos y la intimidad con otros.
-No confía en sus propias percepciones o en sus sentimientos como fuentes de información para
decidir cómo marcar límites, cómo satisfacer sus necesidades o cómo lidiar con otras personas.
-Carece de una perspectiva adulta y modelos culturalmente relevantes respecto a los derechos
humanos, las necesidades humanas y las conductas apropiadas.
-Carece de capacidad de aprendizaje y de trabajo para acceder a un adecuado apoyo social y
económico.

Características y tipos de recursos apropiados para el desarrollo e instalación de recursos.

Los recursos apropiados para el desarrollo e instalación de recursos (RDI, por sus siglas en
inglés) se asocian a las emociones y sentimientos positivos (interés, emoción profunda, goce,
orgullo) y a las respuestas adaptativas (hablar con la verdad, protegerse a sí mismo del peligro,
contener los impulsos). Los recursos apropiados no son ambiguos en contenido o respecto al
tema y no se asocian con estados yoicos infantiles o con emociones y sentimientos disfóricos
(miedo, angustia, ira, impotencia, desagrado, vergüenza). Estos recursos también sirven para
establecer un patrón de conducta positiva para el futuro.

Quizá sea de gran ayuda para los terapeutas explorar detenidamente los recursos del paciente,
para usarlos en técnicas que contribuyan a instalarlos (por ejemplo, anclajes PNL y
manipulaciones de imaginería) dentro de tres amplios terrenos de la experiencia:

1.-Los recursos de dominio o maestría son:


-Los recuerdos que el paciente tiene de sus propias respuestas en cuanto a su capacidad de
afrontar y manejar situaciones y sus experiencias efectivas al saber cómo cuidar de sí mismo y
cómo procurarse un estado de tranquilidad.
-Una posición física o movimiento que evoca un estado afectivo funcional o la capacidad de
responder.

2.-Los recursos relacionales son:


-Recuerdos sobre modelos a seguir positivos –por ejemplo, personas que el paciente ha conocido
o que conoce personalmente, o personajes de libros, historias, caricaturas, películas o
programas de televisión- que han demostrado capacidades que al paciente le gustaría
incorporar a su persona, como la valentía, la persistencia, la capacidad de marcar límites o de
hablar siempre con la verdad.
-Recuerdos de personas que saben brindar apoyo –por ejemplo, los padres, parientes, maestros,
figuras de autoridad positivas, compañeros o mascotas- que han sabido proporcionar
tranquilidad, cuidado, afecto o protección.

3.-Los recursos simbólicos son recuerdos de objetos propios del mundo natural, como el mar,
una roca o un árbol, así como símbolos y experiencias religiosas, arquetípicas, totémicas y
transpersonales (metafísicas):
-Figuras o símbolos provenientes de sueños o ensoñaciones que expresan la capacidad que
tiene el paciente de funcionar adaptativamente.
-Símbolos o imágenes que se desarrollaron durante ejercicios de imaginería guiada, como la
imagen de una persona íntegra e integrada, un animal que representa fuerza o el océano, que
persiste.
-Recuerdos, imágenes, iconos o figuras totémicas provenientes de fuentes culturales, religiosas
o espirituales.
-Imágenes provenientes de obras de arte u otras manifestaciones artísticas.
-Metáforas o historias contadas por el terapeuta que ilustran ideas nuevas o perspectivas
nuevas para acceder a recursos positivos y poder utilizarlos.
-Música (que puede ser tocada durante la sesión) que evoca un estado afectivo positivo.
-Una imagen de un estado positivo o una manera de ser que el paciente tiene como meta.

3.-EVALUACIÓN

Identificación de los componentes del blanco de la respuesta base: imagen, una cognición
negativa, una cognición positiva y se evalúa esta última con la escala EVC (Escala de Validez de
Cognición). Aquí la imagen y la cognición se combinan para identificar la emoción y el nivel de
perturbación con la escala USP (Unidades Subjetivas de Pertubación). Puede ocurrir resistencia
y aumentar el nivel USP pero luego bajará.

3.1. La Imagen
El terapeuta tendrá que preguntar al paciente: “¿Qué imagen representa el trauma completo?”
Si hay muchas opciones o si el paciente se siente confundido, el terapeuta le brindará apoyo
con sugerencias o cambiando las palabras. Si no logra presentar ninguna imagen, simplemente
se le invitará a “pensar el trauma”.

3.2. La Cognición Negativa


En cuanto a la cognición negativa, el terapeuta se debe asegurar que el paciente la diga
autoreferencial, enunciada en tiempo presente y que sea una creencia en vez de una descripción
de las circunstancias. Evitar el uso de las palabra “No”, “Nunca”, “Siempre”, y similares, al
enunciar las frases de cogniciones. Es muy importante que el paciente sienta que es él quien
elige las cogniciones y controla la situación, porque si se le impusieran cogniciones esto puede
ser perjudicial para el proceso.

Preguntar al paciente que cuando evoca la imagen (o el trauma) y la cognición negativa (decir la
frase) ¿qué emoción siente en ese momento?
Esta convergencia de la imagen y de la cognición negativa generalmente estimularán el material
disfuncional con mayor intensidad. Se pide al paciente que nombre la emoción o emociones que
afloren; esto evita confusiones en caso de que más tarde describan la experiencia reprocesadora
al emplear principalmente la escala USP. Tal respuesta podría conducir al terapeuta a concluir
que nada ha cambiado, cuando en realidad es posible que la emoción se haya transformado: de
culpabilidad a enojo o a tristeza. El terapeuta también deberá tener en cuenta que las
calificaciones USP pueden aumentar dramáticamente cuando afloren nuevas capas de
emociones.

Después de que el paciente haya nombrado la emoción que siente, se deberá determinar la
calificación que le asigna en la escala USP. De manera concreta, se le tendrá que decir al
paciente: “En una escala del 0 a 10, en la que el 0 representa lo neutral o que indica que no
existe perturbación alguna, el 5 significa que te sientes perturbado más o menos, y en la que el
10 implica el más alto grado posible de perturbación, ¿cuán perturbado se siente usted en este
momento?
Si el paciente experimenta varias emociones, se brinda una calificación USP únicamente
respecto a la perturbación total y no respecto a cada emoción. Al obtener esta calificación, el
terapeuta y el paciente obtienen una lectura base. Aún cuando el recuerdo traumático del
paciente no logre ser procesado enteramente en una sola sesión, el nivel USP obtenido al final
de la sesión generalmente será menor. Esto puede brindar al paciente una sensación de logro,
que constituye una de las metas de cada sesión terapéutica.

3.3. La Cognición Positiva


Después de haber disminuido la cognición negativa a un nivel USP de 1 ó 0, que es la meta, es
momento de cuestionar al paciente: “cuando recuerdas la imagen del trauma ¿qué es lo que te
gustaría pensar ahora acerca de ti mismo?”.

Al igual que en las cogniciones negativas el terapeuta se debe asegurar que el paciente la diga
autoreferencial, enunciada en tiempo presente y que sea una creencia en vez de una descripción
de las circunstancias. Evitar el uso de las palabra “No”, “Nunca”, “Siempre”, y similares, al
enunciar las frases de cogniciones. Evitar las declaraciones de ilusiones falsas como: ”eso no
sucedió jamás”, “puedo confiar en todos”, etc. Es muy importante que el paciente sienta que es
él quien elige las cogniciones y controla la situación, porque si se le impusieran cogniciones esto
puede ser perjudicial para el proceso.

Una vez que ha elegido una frase que represente la cognición positiva, se le preguntará añ
paciente “¿Cuando piensa en la imagen del trauma y en la frase positiva (decírsela), qué tan
verdaderas te parecen esas palabras? Califica esto en una escala del 1 al 7, en la que 1
representa algo totalmente falso y 7 algo totalmente verdadero. Califique con las vísceras, no
con la cabeza. La meta es que después de varias series de procesamientos llegue a calificar con
7 su nivel EVC.

3.4. Cómo identificar las sensaciones corporales.


A continuación, el terapeuta preguntará al paciente: “¿en qué parte de su cuerpo siente la
perturbación?”. No es necesario que describa cómo la siente, ya que el dar explicaciones
detendría el procesamiento, así que no interesan los detalles irrelevantes, sólo el lugar. Es
importante aclarar que algunos pacientes sean incapaces de darse cuenta del lugar corporal
donde sienten la perturbación, por lo que sería necesario sensibilizarlos previamente. Una
ayuda es: “usted reportó un 8 en la escala USP ¿dónde siente el 8 en el cuerpo?”. También,
decirle, “cierra tus ojos y conéctate con lo que tu cuerpo experimenta cuando piensas en la
cognición negativa (decirle la frase que eligió). Dime qué ha cambiado o en qué parte de tu
cuerpo sentiste algo. Si el paciente comenta “me siento bloqueado”, “me siento adormecido”, o
similares, se le preguntará “¿en qué parte de tu cuerpo te sientes bloqueado?”, “¿dónde sientes
el adormecimiento?”.

FASES DE REPROCESAMIENTO CON MOVIMIENTOS OCULARES

4.-DESENSIBILIZACIÓN
La desensibilización, o eliminación de la perturbación, es en realidad el subproducto del
reprocesamiento, al igual que la reestructuración de la cognición, la obtención de revelaciones,
etcétera.

Si afloran sabores u olores, éstos deberán ser enfocados inmediatamente para realizar series
sucesivas. Si dichas series provocan su desaparición, sin conducir a otra asociación, el blanco
original tendrá que ser evocado nuevamente.

Cuando el paciente reporta que un nuevo recuerdo ha aflorado en su conciencia durante la serie
previa, dicho recuerdo se convierte en el blanco de la siguiente serie. Si se reportan varios
recuerdos, se le debe decir al paciente que concentre su atención en aquel que le resulte más
perturbador. Si reporta que todos los recuerdos se encuentran al mismo nivel de perturbación,
entonces el último recuerdo deberá convertirse en el blanco de la siguiente serie. Algunos
pacientes ofrecen lo que parece un flujo interminable de recuerdos asociados. Quizá resulte útil
pedir a esas personas que regresen al recuerdo original tras cada cambio. De hecho, es
importante regresar al blanco original para un mayor procesamiento después de que haya
llegado a su fin una línea de asociación.

Si el paciente declara que le han surgido dos imágenes, una negativa y una positiva (como una
madre frunciendo el entrecejo y una madre sonriente), se deberá enfocar la imagen negativa.

Además, se incluye repetir series de movimientos oculares, con variaciones apropiadas, hasta
que los niveles USP de las cogniciones negativas del paciente se reduzcan a cero o uno
(ecológicamente válido o apropiado). Si se detiene el procesamiento hay que emplear varias
estrategias adicionales y avanzadas de DRMO, las cuales se explican más adelante.

4.1. Cómo activar el sistema de procesamiento de la información.

4.1.1. Movimientos oculares.


Usar el tipo de movimiento ocular que se ajuste mejor a las necesidades del paciente. En ningún
momento debe el terapeuta continuar con el tratamiento si el paciente reporta dolor ocular,
resequedad o un estado de ansiedad ocasionado por el procedimiento mismo.Por ejemplo,
algunos pacientes reportan malestar por asociar la mano del terapeuta con las veces que su
padre o madre les levantaba la mano para golpearlos. Similarmente, otros pacientes han
reportado malestar cuando se les truena los dedos porque esto lo asocian a ocasiones de su
infancia cuando su padre hacía un movimiento similar para apurarlos o humillarlos.

El uso de movimientos oculares en una etapa demasiado temprana del tratamiento puede
ocasionar el riesgo de que se penetren prematuramente las barreras disociativas. Esto podría
ocasionar efectos indeseados, como el estancamiento del sistema completo, una
desestabilización incontrolable, además de aumentar el riesgo de que el paciente se suicide o
cometa un homicidio. En el caso de que se deba intervenir durante una crisis, el terapeuta
deberá intentar los movimientos oculares únicamente si el riesgo de no intervenir resulte
igualmente elevado que intervenir.
El objetivo del terapeuta es generar movimientos oculares de un extremo al otro del campo de
visión del paciente. Este movimiento bilateral pleno se realiza tan rápidamente como sea
posible, sin ocasionar incomodidad. Como punto focal, el terapeuta deberá emplear dos o más
dedos. Esta técnica permite que el paciente pueda rastrear los dedos eficazmente, al igual que si
se usa un bolígrafo, una regla, o cualquier otro objeto que sirva para dirigir los movimientos
oculares del paciente, aunque la mayoría prefiere con dos dedos.

Típicamente, el terapeuta sostiene dos dedos hacia arriba, con la palma hacia el paciente, a una
distancia aproximada de 30 a 34 centímetros del rostro del paciente. Luego se pregunta al
paciente “¿se siente cómodo?” Si la respuesta es negativa, el terapeuta deberá determinar la
colocación y la distancia a la cual el paciente se siente más cómodo. El terapeuta luego
demuestra la dirección de los movimientos oculares al desplazar sus dedos lentamente en
dirección horizontal, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda (o viceversa) del
campo de visión del cliente, a una distancia de por lo menos 30 centímetros. El terapeuta
deberá evaluar la capacidad del paciente para rastrear con la vista el desplazamiento d elos
dedos al iniciar dicho movimiento de manera lenta y luego acelerando el ritmo hasta obtener un
movimiento máximo que pueda ser sostenido con toda comodidad. Durante esta fase de prueba,
muchos terapeutas piden al paciente que reporten cualquier preferencia relativa a la velocidad,
la distancia, la altura, etcétera, antes de concentrase ambos en el material empcionalmente
perturbador. Después de enfocar el material disfuncional, el terapeuta deberá escuchar la
retroalimentación que el paciente ofrece al final de cada serie, con el fin de evaluar la cantidad
de procesamiento realizado. Si el material disfuncional se transforma sin problemas y si el
paciente se siente relativamente cómodo, se podrá mantener la misma velocidad al desplazar los
dedos frente a sus ojos. Sin embargo, en caso de que no se cumplieran cualquiera de estas dos
condiciones, se pueden ajustar tanto la velocidad como la dirección, así como el número de
movimientos oculares dentro de cada serie.

Durante la fase preliminar, es posible que el terapeuta descubra que al paciente se le dificulta
seguir el movimiento de los dedos. Esta incapacidad puede manifestarse en movimientos
oculares irregulares y torpes. Los movimientos se detienen abruptamente o se precipitan
aceleradamente. Cuando ocurra esto, el terapeuta deberá decir al paciente: “empuje los dedos
con los ojos”. Este comentario enseñará al paciente a desarrollar un sentido de conexión
dinámica con los dedos. Constituye un ejercicio que puede dar al cliente la sensación de
controlar el movimiento, obteniendo de esa forma un rastreo más fluído.

El terapeuta puede entonces poner a prueba la efectividad de una serie de desplazamientos


diagonales de los ojos al mover la mano a través de la línea media del rostro del paciente, desde
el extremo inferior derecho hasta el extremo superior izquierdo (o viceversa), es decir, desde la
altura de la barbilla hasta el nivel de la ceja contraria. Una vez más, el terapeuta deberá evaluar
los resultados relativos a la fluidez y la velocidad del movimiento. Si el paciente puede rastrear
el movimiento con mayor facilidad de un lado que del otro, ésta se convertirá en la dirección
dominante que se empleará durante el tratamiento.

Otras series posibles de movimientos oculares guían a los ojos del paciente en una dirección
vertical, circular o siguiendo la forma del número 8. Los movimientos verticales parecen ejercer
un efecto tranquilizante y son particularmente valiosos en reducir la agitación emocional
extrema, el mareo o la náusea. Se ha encontrado que esta dirección también resulta útil cuando
el paciente es propenso a sufrir ataques de vértigo. Si pareciera que el procesamiento se ha
atorado, o sea, que no se reporta un cambio de información tras series sucesivas de
movimientos oculares, el terapeuta deberá probar una variación de los movimientos oculares,
comenzando con un cambio en la dirección. Al igual que los movimientos verticales, los
movimientos circulares, en forma de 8 y 8 acostado también parecen ejercer un efecto
tranquilizante en muchos casos.

La duración de la serie es determinada por la retroalimentación que nos ofrece el paciente. La


primera serie consiste en 24 movimientos bidireccionales, en los que un cambio izquierda-
derecha-izquierda constituye un movimiento. Esta serie permite que el terapeuta pueda evaluar
si el paciente se siente cómodo, cuál es la velocidad que prefiere y su capacidad de sostener los
movimientos oculares. Es posible que durante esta serie el paciente pueda simplemente
observar sus propias reacciones o concentrarse en el ejercicio “lugar seguro”. El mismo número
de movimientos puede ser utilizado en la primera serie de reprocesamiento. Tras esta serie
inicial de reprocesamiento, el terapeuta deberá preguntar: “¿Qué es lo que ve ahora?” Esta
pregunta brinda al paciente la oportunidad de reportar lo que está experimentando en términos
de imaginería, revelaciones, emociones y sensaciones físicas. Si el paciente muestra cualquier
indicio de una adaptabilidad terapéutica –si se siente mejor o si ha aflorado información nueva-,
el terapeuta deberá estar dispuesto a experimentar con el fin de descubrir si alguna otra
variación podría resultar más benéfica.

Algunos pacientes necesitan 36 ó más movimientos por serie para procesar el material muy
cargado emocionalmente. Por otro lado, algunos pacientes son físicamente incapaces de realizar
más que unos cuantos movimientos oculares por serie, debido a la inherente debilidad de sus
músculos oculares. Es posible que otros pacientes sean incapaces de seguir los
desplazamientos de la mano debido al alto nivel de ansiedad que experimentan. Aun otros
pacientes pueden mostrar un déficit extremo para rastrear la mano o pueden sentir aversión
por los movimientos; es posible que sean tratados con el enfoque que se basa en el
desplazamiento de ambas manos o con señales tátiles o auditivas.

El enfoque de dos manos implica que el terapeuta coloca sus puños cerrados en los extremos
opuestos del campo visual del paciente, a nivel de los ojos, y luego alza, alternativamente, sus
dedos índice. El terapeuta instruye al paciente que mueva sus ojos de un dedo índice al otro.
Esta forma de movimiento ocular implica una respuesta orientadora o atencional, que algunos
pacientes encuentran más fáciles de mantener que el movimiento rastreador del procedimiento
original, ofreciendo muchas veces los mismos resultados terapéuticos. Sin embargo, cuando el
procesamiento se ve impedido por alguna razón, esta técnica no proporciona la misma
flexibilidad que las direcciones variables, por ejemplo. Cuando el terapeuta se ha visto forzado a
iniciar el tratamiento con el movimiento ocular basado en dos manos, puede ser útil cambiar a
los movimientos oculares de rastreo que se realizan con una sola mano, una vez obtenido un
nivel USP más bajo que 5.
4.1.2. Formas alternativas de estimulación.
Para aquellos pacientes a los que les resulta incómodo, tanto a nivel físico como psicológico,
realizar los movimientos oculares, se podrán emplear las formas alternativas de estimulación
(golpeteos, palmadas y sonidos). Los golpeteos con las manos se realizan al hacer que el
paciente se siente con sus manos sobre sus rodillas, las palmas hacia arriba. Entonces, el
terapeuta –con uno o dos dedos- golpetea rítmicamente las manos del paciente, alternando
entre la derecha y la izquierda y a la misma velocidad en que deben realizarse las series de
movimientos oculares. Para que la terapia sea efectiva, no es necesario que el paciente fije
deliberadamente cada uno de estos golpeteos en las manos.

Los estímulos auditivos implican que el paciente debe mantener sus ojos abiertos o cerrados
mientras el terapeuta truena sus dedos alternativamente junto al oído del paciente y a un ritmo
comparable con el utilizado durante las series de movimientos oculares. Aunque estas formas
alternativas de estimulación excluyen la posibilidad de cambiar de dirección, sí puede alterarse
tanto su velocidad como su intensidad. Y, por supuesto, permiten al terapeuta emplear el
enfoque DRMO con los ciegos, con personas que sufren de problemas visuales o con aquellos
que simplemente prefieren otras modalidades de procesamiento. Sin embargo, no proporcionan
el alto nivel de retroalimentación respecto a la atentividad del paciente y a la conexión
establecida con el terapeuta, como se obtiene cuando el paciente observa los movimientos
oculares.

4.1.3. Evaluación.
Si el paciente califica cogniciones negativas con 1 sin llegar a cero después de un buen rato, se
le deberá preguntar qué es lo que impide llegar al nivel cero de USP. Una respuesta que revele
una creencia obstaculizadora, como “si me siento demasiado feliz, me arrepentiré”, indicará que
será necesario aplicar un tratamiento DRMO completo a un recuerdo correspondiente. Si la
respuesta del paciente parece apropiada a la situación (por ejemplo, “Siento tristeza porque
murió mi tío”), entonces podrá llevarse a cabo la fase de instalación. Es decir, los niveles USP
mayores que el cero tendrán que ser examinados cuidadosamente para determinar su validez
ecológica antes de proceder hacia la fase de instalación.

5.-INSTALACIÓN

Se centra en acentuar e incrementar el nivel de EVC de la cognición positiva. Se pide al paciente


que mantenga su atención puesta en la cognición positiva más apropiada –que él creó- junto
con el recuerdo blanco. Entonces el terapeuta continúa aplicando series de movimientos
oculares hasta lograr un EVC de 7 (bien fortalecido). Aunque a veces surgen cogniciones
positivas o negativas espontáneamente durante las series sucesivas. La meta consiste en
instalar una cognición positiva poderosa y ecológicamente válida, que incremente el sentido de
autoeficacia y autoestima del paciente. Interrogar a este para saber por qué su nivel de validez
no es adecuado (a veces es inofensivo y sin patología), aunque califique menor de 7, por
ejemplo: “no puedo dar un 7 porque no creo en los extremos”.

Siempre que el paciente reporte una emoción nueva, se le tendrá que preguntar en qué parte del
cuerpo la siente o la localiza. Al terapeuta no deberá sorprenderle si un nivel bajo de una
emoción se transmuta en un alto nivel de otra emoción. Por ejemplo, la tristeza que ha recibido
una calificación de 3 en la escala USP fácilmente puede convertirse en un nivel de enojo que
alcanza un 8 en la misma escala. Entonces, el terapeuta tendrá que enfocar el tratamiento en
esa emoción nueva, sin referirse a la emoción previa, ya que si insistiéramos investigando la
emoción previa podemos retardar el procesamiento.

6.-EXPLORACIÓN DEL CUERPO

Se pide al paciente que mantenga en mente tanto el suceso del blanco como su cognición
positiva instalada, al tiempo que explora su cuerpo mentalmente, de arriba hacia abajo. Para
que identifique cualquier tensión residual en la forma de sensación corporal incómoda. Y de
encontrarse estas serían consideradas blancos de series sucesivas. A veces se resolverá
sencillamente, pero otras revelarán información adicional, incluyendo posiblemente emociones
como dolor o enojo. Las sensaciones físicas pueden estar asociadas con una tensión emocional,
tales como la rigidez de los músculos del cuello o el aceleramiento del ritmo cardiaco. Otras
sensaciones físicas posiblemente formen parte de la experiencia sensorial del trauma que
constituye el blanco del tratamiento, como sentir el apretón de la mano del atacante. Por lo que
no se considera que la sesión DRMO se ha completado sino hasta que hayan sido reprocesadas
apropiadamente todas las sensaciones físicas generadas por pensamientos vinculados con el
trauma.

Si las sensaciones corporales llegaran a cambiar, se deberá indicar al paciente que centre su
atención en su nueva localización durante las series adicionales. Aunque resulte tentador, el
terapeuta no deberá pedir una evaluación o una descripción de la sensación debido a que esto
no ofrece ninguna información útil. Además, si la sensación llegara a cambiar, no se le deberá
preguntar sobre el estado de una sensación corporal reportada previamente. La exploración que
haga el paciente de su propio cuerpo al final de la sesión se ocupará de todos los remanentes de
sensación física. En concreto, el terapeuta deberá hacer cuantas menos preguntas sea posible.

Ningún tratamiento DRMO será exitoso si no se ha completado la exploración del cuerpo por el
propio paciente. Es decir, se debe eliminar toda resonancia corporal asociada con el trauma. Por
ejemplo, una mujer recibió tratamiento DRMO porque padecía de ansiedad de desempeño.
Dicha mujer había reprocesado exitosamente un recuerdo de haberse quedado paralizada
durante una presentación pública. Cuando se le pidió que realizara una exploración de su
cuerpo, reportó que sentía una sensación extraña en la parte baja de la espalda. Ella racionalizó
que dicha sensación derivaba del hecho de haber permanecido sentada durante mucho tiempo
durante la sesión. Sin embargo, cuando se enfocó dicha sensación con series sucesivas, la
paciente súbitamente exclamó, sorprendida de haber recordado de pronto que su tío había
abusado sexualmente de ella, sujetándola contra la cama y presionando su mano contra la
parte baja de su espalda.

Por otra parte, si finalmente el paciente llegara a reportar una sensación positiva o agradable, se
podrán realizar sesiones adicionales para fortalecerla.
La técnica “Río de Luz”.

Esta técnica, similar a las meditaciones de Brian Weiss, se ofrece porque los pacientes la
pueden emplear para aliviar el dolor agudo o crónico y, de hecho, es una versión amplificada de
un antiguo ejercicio de yoga que ha sido usado exitosamente con personas que sufren de dolor
físico y emocional crónico. El terapeuta deberá dejarse guiar por las respuestas del paciente; se
realiza la segunda serie de preguntas con el fin de determinar si resulta apropiado seguir
adelante.

Antes de iniciar el procesamiento DRMO, se pide al paciente que mencione algún blanco
perturbador y que concentre su atención en las sensaciones corporales que acompañan a la
perturbación. Ya que el uso del método DRMO incluye la identificación de sensaciones
corporales, ésta también es una buena oportunidad de ver si el paciente necesita ser educado
en ese sentido. De ser así, el terapeuta tendrá que pedir al paciente que centre su atención en
una pantalla en blanco y que se percate de lo que siente su cuerpo al realizar una exploración
corporal. Luego, el terapeuta pide al paciente que recuerde un blanco perturbador y que perciba
los cambios en sus sensaciones corporales. El terapeuta repite este procedimiento hasta que el
paciente pueda identificar fácilmente las sensaciones corporales que acompañan el material
perturbador.

La visualización podrá reanudarse una vez que el paciente sea capaz de concentrarse en sus
sensaciones corporales. Entonces se le dice al paciente que éste es un ejercicio de imaginación y
que no existen respuestas correctas o incorrectas. El terapeuta pide luego al paciente que se
concentre en sus sensaciones corporales: “Concéntrese en las sensaciones de su cuerpo. Si las
sensaciones físicas tuvieran forma ¿cuál sería?” Después de que el paciente responda (por
ejemplo, respondiendo “redonda”) el terapeuta continúa con la pregunta: “Y si tuviera un
tamaño ¿cuál sería?” El mismo paciente, por ejemplo, podría responder: “como una manzana”.
El terapeuta continúa con esta misma línea de interrogatorio al preguntarle al paciente cuál
sería el color de dichas sensaciones, cuál la temperatura, la textura y el sonido (tono alto o tono
bajo).

Tras responder a estas preguntas, al paciente se le pregunta: “¿cuál de tus colores favoritos
asociarías con el proceso curativo?” Es importante que el terapeuta acepte la respuesta del
paciente –a menos que sea la misma que ofreció en cuanto al color de las sensaciones
corporales-. De ocurrir eso, se le deberá pedir otro color. Una vez que el paciente identifique un
color, el terapeuta continuará así: “Imagine que esta luz, de su color favorito, le penetra por la
parte superior de la cabeza y llena el contorno de su cuerpo. Supongamos que la fuente de esta
luz es el cosmos: Mientras más la use, más habrá. La luz se dirige hacia cada rincón de su
cuerpo y lo penetra y permea, resonando y vibrando dentro y alrededor de él. Mientras esto
suceda, ¿qué le sucede a la forma, al tamaño o al color?”

Si el paciente indica que hay un cierto cambio, el terapeuta continúa, repitiendo lo siguiente:
“¿cuál de tus colores favoritos asociarías con el proceso curativo?”, y le pide una
retroalimentación hasta que la forma haya desaparecido completamente, se haya vuelto
transparente, haya asumido el mismo color de la luz o haya sufrido alguna otra transformación.
Un cambio en la imagen generalmente se relaciona con la desaparición del sentimiento molesto.
Si no sucede cambio alguno después de realizar el segundo intento (el paciente quizá diga: “No
pasa nada; la luz simplemente se refracta”), entonces se deberá suspender esa técnica y
probarse otra.

Después de que se haya disipado el sentimiento que acompaña al material perturbador, el


terapeuta podrá continuar con un tono suave, lento y tranquilizador, diciendo:
“A medida que la luz se siga dirigiendo a esa misma zona, usted puede permitir que la luz entre
y que llene su cabeza suave y delicadamente. Así, suave y dulcemente. Ahora permita que
descienda por su cuello, hasta sus hombros, y que siga bajando por sus brazos y hacia sus
manos y que salga por las puntas de sus dedos. Ahora permita que baje por su cuello hasta
inundar el tronco de su cuerpo, así, suave y delicadamente. Ahora permita que descienda por
sus glúteos hacia sus piernas, derramándose por sus pantorrillas y que salga fluyendo por sus
pies.

Una vez que el terapeuta perciba que el paciente esté perfectamente relajado, le ofrece una
sugerencia positiva para alcanzar la paz y la tranquilidad hasta la próxima sesión. Luego le pide
al paciente que despierte y que al contar hasta cinco esté plenamente consciente.

8.-REEVALUACIÓN

Deberá ser implementada al inicio de cada nueva sesión. El paciente debe recordar nuevamente
algunos blancos que ya habían sido reprocesados previamente y revisa las respuestas del
paciente para determinar si se han mantenido los efectos del tratamiento. Para enfocar nuevo
material es necesario que los traumas tratados previamente se hayan integrado por completo. Y
es posible que se hayan generado nuevas conductas en el paciente, por lo que el terapeuta
atenderá dichos problemas. Se deberá tratar cada estímulo detonador (de negativas imágenes,
cogniciones y sentimientos) por separado enfocado en su tiempo. Se debe elegir y reprocesar
una pesadilla aunque el paciente no la pueda interpretar pero el terapeuta sospeche que es un
blanco. Sin importar de qué manera aflore la información a nivel subjetivo, siempre y cuando el
procesamiento haya continuado, sólo se deberá guiar al paciente hacia la siguiente serie con la
declaración general: “piensa en eso”.

Los terapeutas pueden suponer que un canal ha sido “limpiado” cuando el paciente se torna
progresivamente menos perturbado, cuando las asociaciones parezcan haber terminado, y
cuando no aflore nada nuevo o significativo después de dos series de movimientos oculares en
diferentes direcciones.

Apenas cesen las series de asociaciones que han sido incitadas terapéuticamente, se deberá
pedir al paciente que vuelva a enfocar el trauma original: “Piense en el incidente ¿qué ve?”
Entonces se iniciará una nueva serie, aun cuando la respuesta parezca positiva o si los
pacientes piensan que no queda nada por procesar. A menudo, la nueva serie abrirá un canal
inesperado. Cualquier canal nuevo deberá ser procesado de acuerdo con las pautas indicadas.
Al final de cada canal, se le pide al paciente que regrese al blanco original. Si tras enfocar de
nuevo el incidente original y de completar una serie respectiva no se dan asociaciones nuevas ni
se revelan emociones, sensaciones o imágenes nuevas, se deberá revisar nuevamente el nivel
USP del paciente. Si este reporta un cero, se considera que el blanco ha sido desensibilizado y
ya puede iniciarse la fase de instalación. Sin embargo, hay que recordar que la distinción entre
estas dos fases es un tanto arbitraria debido a que se considera que todo el tratamiento DRMO
es un reprocesamiento y porque la desensibilización y el aumento de respuestas positivas son
considerados efectos secundarios simultáneos.

Si sólo quedan unos cuantos minutos para que acabe la sesión, no deberá abrir otro canal en el
paciente. Por lo que es mejor que el terapeuta vaya directamente a la fase final, con el fin de que
el paciente se sienta renovado y con la idea de que ha avanzado algo importante.

Sin importar cuán simple o complicado sea un caso, se debe prestar la adecuada atención
clínica a 4 factores, que corresponden a las siguientes preguntas:
1.-¿Se ha resuelto el blanco individual?
2.-¿Acaso se ha activado algún material asociado que deba ser atendido?
3.-¿Acaso se han reprocesado todos los blancos necesarios para permitir que el paciente se
sienta en paz con el pasado, que se sienta fuerte en el presente y pueda tomar decisiones en el
futuro?
4.-¿Acaso se ha realizado una asimilación adecuada dentro de un sistema social sano?

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