El océano Atlántico cubre aproximadamente el 20% de la superficie terrestre y es el
segundo océano más grande del mundo, después del Pacífico. Su nombre proviene de la
mitología griega, específicamente del titán Atlas. El Atlántico se extiende entre las
Américas al oeste y Europa y África al este. Tiene una serie de características geográficas
notables, como la dorsal mesoatlántica, una cadena montañosa submarina que es la
característica más destacada del fondo oceánico y se extiende desde el Ártico hasta el
Atlántico Sur. Además, el Atlántico alberga la corriente del Golfo, una poderosa corriente
oceánica que influye significativamente en el clima de Europa occidental.
Esta corriente cálida y rápida transporta agua desde el Golfo de México, a lo largo de la
costa este de los Estados Unidos y hacia el Atlántico Norte. La corriente del Golfo es
responsable de las condiciones climáticas más suaves en Europa, particularmente en países
como el Reino Unido e Irlanda, que de otro modo tendrían climas mucho más fríos debido
a su latitud. La interacción entre el agua cálida de la corriente del Golfo y las frías aguas del
Atlántico Norte también da lugar a una gran biodiversidad marina, con numerosos
ecosistemas ricos y variados.
Además de la dorsal mesoatlántica y la corriente del Golfo, el Atlántico es hogar de varias
cuencas y mares importantes. Entre ellos se encuentran el mar Caribe, el golfo de México,
el mar de los Sargazos y el mar del Norte. El mar de los Sargazos, en particular, es único
porque no tiene costas y está delimitado por corrientes oceánicas, formando un área de
aguas tranquilas y claras conocida por sus grandes algas flotantes llamadas sargazos.
El Atlántico también desempeña un papel crucial en el sistema climático global a través de
la circulación termohalina, a veces conocida como "cinta transportadora oceánica". Este
proceso involucra el movimiento de agua caliente y salada desde los trópicos hacia los
polos, donde se enfría, se vuelve más densa y se hunde, antes de regresar hacia los trópicos.
Esta circulación ayuda a regular el clima global y a distribuir el calor alrededor del planeta.
En términos de biodiversidad, el océano Atlántico alberga una amplia variedad de especies
marinas, desde pequeñas plancton hasta grandes mamíferos como ballenas y delfines. Las
zonas costeras y los estuarios del Atlántico son especialmente ricos en vida marina,
proporcionando hábitats cruciales para la reproducción y el crecimiento de muchas especies
de peces. Las áreas de coral, como el Arrecife Mesoamericano frente a la costa de América
Central, son hotspots de biodiversidad, sosteniendo complejas comunidades ecológicas.
Además, el Atlántico ha sido históricamente significativo para la exploración, el comercio y
la migración humana. Desde las expediciones vikingas hasta los viajes de Cristóbal Colón,
y el comercio transatlántico que conectó los continentes durante siglos, el Atlántico ha sido
una vía crucial para el desarrollo y la interacción humana a nivel global.