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Salmo 16: Refugio y Esperanza en Cristo

Salmos de esperanza

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Día 29

SALMO 16
«Cuídame, oh Dios, porque en ti busco refugio»
(Sal. 16:1).
Este Salmo es referenciado más de 20 veces en el Nuevo Testamento (Hech.
2:27-31; 13:35; Apoc. 1:18) y al observar estas referencias directas cumplidas en
la vida y obra de Cristo, estamos sin duda alguna ante un salmo mesiánico. Sin
embargo, podríamos preguntarnos: «¿Cómo puedo comparar la vida y el
sufrimiento de Cristo al mío?». Algunos pensamos que es algo pretencioso hacer
esto. Otros, sin darnos cuenta podríamos minimizarlo ante el peso de Su
divinidad. Al presentarse ante Dios, el salmista recurre a una razón y con una
actitud irrechazable: la razón es que en Dios busca su refugio, impulsado por una
actitud de humildad. El salmista no recurre a sus propios méritos o fidelidad.
Muchos estamos acostumbrados a decir las cosas correctas y confiamos en esto
al acercarnos a Dios.
El problema es que el Mesías, en Su vida y obra sería caracterizado por Su
descanso y confianza en Dios mismo y el hacer Su voluntad. Por otro lado,
nosotros no podemos hacer esto. Nuestra suerte, futuro, destino y cada paso entre
los hitos perdurables y significativos están formados por «mosaicos»: días, horas,
eventos, acciones que pueden parecer insignificantes. Aun así, cada uno de ellos
están en el designio y bajo el control soberano y diseño de Dios (ver 2 Corintios
1:3-7).
En este Salmo, David reconoce a Dios y sus atributos perfectamente reflejados en
Cristo encarnado: Dios protector (v. 1), Señor sobre todo, soberano (v. 2), fuente
de toda riqueza y bien (v. 2), Dios de justicia y venganza (v. 4), Dios mismo
como herencia y recompensa de los que le aman (v. 5), Dios sustentador (v. 5),
Dios que aconseja (v. 7), Dios que guía, va delante (v. 8), fuente de seguridad (v.
9), Dios que destruye y vence la muerte (v. 10), Dios de resurrección (v. 10),
Dios de vida (v. 11), Dios de gozo (v. 11), Dios eterno (v. 11).
Aquellos que hemos conocido a Cristo y le reconocemos como Señor sobre
nuestras vidas, tenemos la esperanza de que, en la unión con él, no solo Su
sufrimiento es el nuestro, sino que todas las riquezas en gloria y esperanza las
tenemos en Él. Él vino para dar vida en abundancia y esa vida no inicia de aquel
lado de la eternidad cuando la muerte cambia nuestro estatus de residencia. Esa
vida en Cristo, que recibimos no solo por Su muerte, sino por Su resurrección, la
recibimos al momento de nuestra conversión. Somos beneficiarios de una
esperanza que no se ve amenazada por ningún enemigo, circunstancia y no es
dejada al azar. Es una esperanza que descansa y está garantizada por el amor del
nombre de Dios, Su reputación, porque es parte de quién es Él y Él no
compromete Su reputación ni Su fama. No es por nuestras bondades ni por
nuestras debilidades, sino por amor a sí mismo y a Su gran nombre. Es la mejor
garantía que podemos tener y en la cual nos deleitamos, no cuando iniciemos la
eternidad en gloria, sino desde ahora. Porque sus deleites son para siempre, en
Cristo.
Aunque es cierto que Jesús era cien por ciento Dios cuando vino a la tierra, sin
embargo, lo que sufrió lo hizo en forma de hombre y atravesó victoriosamente
por toda adversidad no por ser Dios sino como hombre poniendo su confianza en
el Padre.
¿Confió en Dios que a pesar de que el camino por donde me está llevando es
difícil, pero descanso en que es para mi bien?

Eva fue engañada al creerle a Satanás que Dios le estaba privando de algo bueno,
ese mecanismo para que ella dejara de confiar en Dios y lo sigue usando hasta
hoy ¿Puedo decir con seguridad no hay para mi bien fuera de Dios?

De los atributos mencionados ¿Cuál atributo sería el que ha sido más real en mi
vida?
¿En cuál atributo debo aprender a descansar más?

Y recordemos esto: Aquellos que hemos conocido a Cristo y le reconocemos


como Señor sobre nuestras vidas, tenemos la esperanza de que, en la unión con
él, no solo Su sufrimiento es el nuestro, sino que todas las riquezas en gloria y
esperanza las tenemos en Él.

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