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EL HEREM BIBLICO ( ٠)

Summaríum. — V'ariae notationes tum substantivi herem tum verbi


harani breviter recensentur (p. 4-7). Ubicumque sermo est de herem invenitur
notio communis separandi, reservandi; unde Jicet concludere hanc esse signi-
ficationem fundamentalem et primigeniam verbi haram. Inde facile explicatur
cur herein sit nonnunquam res Deo abominabilisy alias vero grata. Quae
polluta enim sunt substrahuntur usui et commercio, ne quis illis contaminetur;
quae vero sancta substrahuntur etiam usui profano ne ipsa contaminentur, et
reservantur Deo. Ex hac notione prohibendi et reservandi derívate est notio
destruendi (p. 7‫ﻣﺮو־‬
Iam ad indolem specificam herem quod attinet, sunt qui existimant herein
esse « locum quemdam sacrum quem Iahveh sibi reservat cum omnibus quae
ibi inveniuntur », id quod pluribus locis s. Scripturae (Jos. 6-7)‫ إ‬Ex. 19; 3, 5;
Jos. 5, 13; 1 Sam. 15 etc.) adductis probatur. Hi vero si bene perpendantur,
concludendum erit herem non esse « reservationem loci cuiusdam, quern
Iahveh tamquam sibi speciali ratione proprium attribuit », sed potius ٠ con-
secrationem Deo irrevocabilem rei ipsi gratae » : vel etiam fnam duplex ha*
betur genus herem) « exterminium personae, vel personae et rei Deo abomi-
nabilis, cuiusque destructio fit in honorem Iahveh » (p. 9-19).
Si quis vero quaerat quaenam est habitudo chronologica inter herem
bellicum et herein oblationis, minime certe probatur illud fuisse prius istud
posterius. E contra, cum notio fundamentals herem inveniatur in herein obla‫־‬
tionis potius quam in bellico, videtur concludendum illud fuisse prius, istud
vero posterius; quamvis, cum utrumque potuerit a notione generaliori imme-
diate derivari, nihil de hac re cum certitudine affirmare licet (p. 19-22).
Denique herein ex natura sua non est sacrificium, sed potest esse ;
neque est Votum , sed homo potest se voto adstríngere ad herein exsequen‫־‬
dum (p. 22-25).

Con frecuencia ocurre en el Antiguo Testamento una pa-


labra que ha dado lugar a muy diversas interpretaciones, y
que ha sido para no pocos y continúa siendo piedra de escán-
dalo. La voz herem, que la Vulgata vierte por lo común ana-
(‫ )ل‬Cf. D e lp o rte , L ’anathème de Jahveh, en Recherches de science re-
ligieuse 5 (1914) 297-338 ; j . DÖLLER, Der Bann im A . Ts und im spätem
Judentum, en Zeitschrift für katholische Theologie 37 (1913) 1-24.
4 Commentationes

thema, LXX αναθεμα evoca una serie de episodios en que la


ira del Dios de Israel se ceba, diríase, con repulsiva crueldad
en los enemigos de su pueblo. Desgraciadamente no siempre
derivan las conclusiones sobre la naturaleza del herem de una
interpretación imparcial de los textos, antes vienen con harta
frecuencia inspiradas por prejuicios dogmdticos que hoy privan
en punto al Dios y a la religión de Israel, ?ero aun dentro
del campo católico se advierten notables divergencias, que
fácilmente se explican por lo difícil y complejo del argumento.
? ٠٢ nuestra parte nos esforzaremos en que nuestro estudio
sea escrupulosamente objetivo basado en la exógesis franca y
leal de los pasajes que la misma Sagrada Escritura nos ofrece.

***

A la simple lectura de éstos salta a la vista que, si bien


convienen todos en un fondo común, presentan empero no-
table variedad de matices. Empezaremos pues por clasificarlos
y distribuirlos en sus propias categorías. Y adviértase que en
este punto no pretendemos sino fijar el se n tid o obvio de los
dichos pasajes, reservando para más adelante el estudio de
la concepción religiosa que en ellos se presupone y de la reía-
ción que los mismos guardan entre sí.
1) Herem es algo consagrado a Dios, agradable a él, e
irrevocablemente destinado en una u otra manera al culto.
(Lev. 27, 28‫ ؛‬Num. 18, 14‫ ؛‬Ez. 44, 29).
Lev. 27, 28. — En esta sección del Levftico trátase de
cosas que se ofrecen a Dios (27, 1 ss.), y por consiguiente,
dada la evidente unidad del pasaje, a esta clase pertenecen
las mencionadas en el V. 28‫ ؛‬solo que hay una diferencia, y
es que éstas no pueden ni redimirse por el oferente, ni ven-
derse por los sacerdotes,}‫ ׳‬esto porque son no ya objeto sa-
grado sino sacratísimo ‫ ק דש ״ ק דש י ם‬, y precisamente por este
motivo llámanse tales cosas herem ; y para expresar su ofre-
cimiento no se usa, como en las otras, el verbo ‫( יקך יש‬v. gr. V. 26),
sino ‫\חר ים‬
Qué se hacía de un tal herem no se dice‫ ؛‬pero es evi-
dente que no siempre se destruía en honor de Jahveh, pues
si los animales podían ser ofrecidos en holocausto, no así los
campos de que también aquí se habla‫ ؛‬y si éstos, con ser
El herem bíblico 5

Jurent, permanecían en su ser, autorizades estamos a dec‫؛‬r


que ‫ ه؛‬propio acontecía al tratarse de personas, las cuales
conservaban la vida, pero se hallaban desde aquel momento
irrevocablemente consagradas al servicio de 1}0‫؛‬S. £1 Jurent
pues, por lo menos en parte, estaba destinado bien al man-
tenimiento del culto, bien al sustento de sus ministros.
Son pues paralelos a este pasaje los otros dos de Num.
4‫ول‬, ‫ ل‬y £z. 44, 29: ٠ Todo Jierem en Israel para tí (Aarón)
٠ para ellos (sacerdotes) será ٠ Baentsch, Leviticus in h. 1.,
opone estos dos pasajes al primero, diciendo que en éste se
tiene al Jurem por cosa sacratísima, mientras que en aquéllos
‫؛‬orma parte de las entradas o réditos de los sacerdotes, ?ero
nótese que estos dos caracteres, con ser distintos no pugnan
empero entre sí; armonízanse perfectamente, £1 Jurem perte-
nece, sí, al sacerdote, pero de tal suerte que no se le concede
libre facultad de enajenarlo ‫ ؛‬y esto precisamente por haber
sido consagrado a b)‫؛‬os de una manera más perfecta )' ab-
s o lu ta .
2) Herem es algo sacrificado (en sentido lato) a Jahveh,
abominación para él y objeto de su ira, y en consecuencia con-
denado a la destrucción (Jos. 6, 7 ‫ ;ل‬Deut. 13, 16 SS.).
Jos. 6, 17. — « La ciudad y cuanto ha)‫ ־‬en ella será Jurem
a Jahveh ». Todo el contexto muestra que aquí se cumplen
las tres condiciones que acabamos de mencionar. £ s algo
odioso a Dios; es condenada a la destrucción, que de hecho
se siguió (cf. v. 21); y esta destrucción se hace como en ob-
sequío a Jahveh.
Deut. 13, 18. — « Nada absolutamente del Jierem se pegue
a tu mano ».
Y este Jurem es algo abominable a Jahveh, como aparece
del contexto, y que se destruye en su obsequio, pues en los
vv. 16-17 ordena Dios: « Tratarás como Jierem ( ‫ )החרם‬a ella
(la ciudad) y cuanto hay en ella. Abrasarás de todo punto la
ciudad... a Jahveh to Dios ». ? ٠٢ consiguiente la ciudad y cuanto
ella contiene es Jurem a Jahveh (٠).

(*) Sobre ‫؛‬١ ، interpreta€‫؛‬ón de ‫כליל‬, si ١٦« de verterse holocausto o bien


completamente, eomo hacemos nosotros, hablaremos más adelante: por ahora
no hace al caso. Bástanos haber consignado que la ciudad es quemada a
Jahveh.
6 Commentationes

En otros pasajes el· furent es algo aborrecido de Dios,


eondenado a la destrueeión, pero sin que se diga explícita-
mente que ésta se cumple en obsequio de Iahveh, bien que,
según todas las apariencias, as، realmente sea‫ ؛‬V. gr. Deut.
7, 26. Trátase del oro y de la plata con que están recubiertas
las imágenes de los ،dolos y dice de ello Dios: « No intro-
ducirás en tu casa un objeto abominable, y vengas tú a ser
herein como él: lo execrarás y lo abominarás, porque es
lurent ».
? ٠٢ lo que hace al verbo ‫דורם‬:
1) Explícitamente seguido de la expresión ‫ره‬،‫م‬ ‫ ﻣﺢ׳‬úsase
en Mich. 4, 13: « Tú (Sión) anatematizarás a Iahveh la ga-
nancia suya (de las naciones) ». No es claro si se trata de una
consagración de las riquezas poniéndolas al servicio de Iahveh,
o bien de la destrucción de las mismas, como parecen indicar
los cuernos de hierro y las pezuñas de cobre con que arma
Dios a Israel.
Eo mismo equivalentemente en IJeut. 13, 16-17, puesto
que se dice ، abrasarás la ciudad a Jahveh » (v. 17), que en
este caso concreto era anatematizar, como indica el V. 16.
Cf. superius.
En 1 Sam. 16, 33 dícese que Samuel « hizo pedazos a
Agag delante de Iahveh » ( ١٦٦٨١ ‫) לפני‬, acción que en realidad
parece ser equivalente de anatema٠ ya que Dios había orde-
nado a Saúl anatematizar (se usa el verbo futran¿) todo Amalee
(v. 3). Si ،ué o no sacrificio se vera más adelante.
2) Ser condenado al exterminio, o quizá ser execrado, sin
que aparezca empero el nombre de jahveh.
Así Ex. 22,19: ٠ Quien sacrifica a los dioses (extranjeros)
sea anatematizado » ‫}ם‬£]. (No hay razón para suprimir con
Holzinger [Bibi. Kautzsch] este verbo). Y en Lev. 27, 29:
« Todo furent que en punto a personas será anatematizado
٨٠ se redima: muera de muerte ».
Esta ley está, como se ve, en íntima relación con la pre-
cedente del Exodo: por ciertos delitos, V. gr. la idolatría, podía
٧٨ hombre ser anatematizado ‫ ׳ؤ؛‬en tal caso ٨٠ había lugar
a la substitución‫ ؛‬debía sufrir la muerte (.( ٠
‫ ))ﺀ‬De muy diversa manera entienden los autores este V. y su relaeidn
con el precedente.
El herem ‫أاس‬€‫م‬ 7

3) En Esdr. 10, 8 parece que significa confiscar; ‫יחרם‬


‫רכושו‬: sea confiscada su hacienda.
4) Con frecuencia tiene simplemente la fuerza de destruir,
exterminar. Y a las veces diríase que se usa sin matiz alguno
religioso, V. gr. Is. 34, 2; 11, 15; Jer. 25, 9; 50, 21. 26 ; 51,3,
donde se pone junto con varios sinónimos; 2 Par 32, 14, usado
por Sennaquerib para indicar la destrucción de los dioses
de las naciones por sus predecesores, etc.
Si alguien pretendiera que en todo exterminio de las gentes
existe siempre, por lo menos implícitamente, un motivo reli-
gioso, no lo negaremos nosotros; pero s‫ ؛‬haremos notar que
en tal caso no ha de tenerse dicha idea por exclusiva de háram,
sino que es común a cualquier otro verbo con que se exprese
tal castigo y destrucción.

٠٠٠
Nadie, creemos, pondrd reparo a estas varias acepciones
así del sustantivo herem, como del verbo háram. Pero cuál
de entre ellas ha de considerarse como fundamental, y por
consiguiente en qué consiste propiamente el herem·, y cuál es
la relación mutua entre las diferentes significaciones, y la evo-
lución por tanto que en el decurso de los tiempos se cum-
plió? En este ٠ en estos puntos, en que no se trata ya
simplemente de verificar, sino más bien de interpretar los
hechos, claro está que caben y se dan en realidad multitud
de encontrados pareceres.
Muy atinadamente observa Eelporte (1. c. p. 312) que los
elementos para la solución nos los suministran la filología se-
mítica, la historia ‫ﻗﺰ‬ legislación del pueblo de Israel. Ayudan
asimismo las costumbres de los árabes y de los otros semitas,
como también las inscripciones.
En el fondo de los varios pasajes que hemos brevemente
examinado destácase una idea común, la de reserva, separa-
ción. Herem, en efecto, es algo agradable a Dios, que a él se
consagra (se reserva); es algo a Dios abominable, que se
destruye (se aparta; hácese imposible su uso). A idéntica con-
clusión nos lleva la filología semítica.
El verbo árabe ^٢*« significa prohibir, sustraer a l uso,
y de aquí reservar al uso. De donde el harem de los musul-
8 Conimentationes

manes, lugar donde viven las mujeres, sustraído al uso de


todo extranjero, y reservado al uso exclusivo del amo.
De ahí asimismo el nombre de haram dado a un san-
tuario, es decir, al sido reservado a la divinidad, cerrado ,٦١ liso
profano. Recuérdese el actual haram de jerusalén.
Que entre los semitas, y en otros pueblos también, era
cosa común cerrar un recinto más o menos grande, que se
tenía como especialmente consacrado a Dios y de donde en
consecuencia se excluía cuanto fuese profano, es un hecho
comprobado, y en el que fu era inútil insistir.
De lo dicho brota espontáneamente la conclusión que el
verbo hebreo ‫ חרם‬indica prohibir, reservar, y que ésta y no
otra es su significación fundamental y primitiva; cosa por lo
demás generalmente admitida.
€ ٠٨ solo esto se resuelve ya sin dificultad una especie de
antinomia en el uso del sustantivo hebreo herein, el cual, según
hemos visto, indica unas veces cosa abominable a Dios (jos.
6, 17 ; Deut. 13, 13); otras objeto a él agradable (Lev. 27, 28);
Ambas nociones, bien que tan opuestas, enciérranse en un solo
y mismo vocablo.
Un objeto impuro, abominable viene naturalmente sustraído
a l uso común, para evitar que alguien tocándolo se contamine:
un objeto santo, agradable a Dios es reservado a l servicio ‫ه‘־‬
vino. Uno y otro, si bien de naturaleza tan diversa, son real
y verdaderamente herem. Y aun bastara insistir en la sola
idea de sustracción sin acudir a la de reserva, puesto que un
objeto puede sustraerse al uso común por dos razones, ٠
porque no contamine (impuro), ٠ por que no sea contaminado
(santo), V. gr.: nuestros vasos sagrados.
De ahí cabe con verdad afirmar que « las raíces q d s y
h r m expresan u n a idea fundamental común » ( D e i ^ o r t ‫؛؛‬,
١. C.,
p. 313); pero esto solo en parte, puesto que la primera ٨٠
corresponde sino a uno de los dos aspectos de la segunda,
ya que únicamente las cosas agradables a Dios se llaman
santas (‫ا(ةﻟﻮ‬ mientras que la noción de ‫ﺳﻪ‬ ، conviene tam-
bién a las que le son abominables.

De esta doble idea de prohibición y reserva derivó la otra


tan general de destrucción y exterminio■ £1 objeto que por su
condición de impuro es prohibido y sustraído al uso de los
El ^erem ‫أاظ؛ظ‬
€‫ه‬ ‫و‬

hombres, queda por esto mismo condenado al aislamiento, a


una especie de muerte social‫ ؛‬y si quiere evitarse aun la po-
sibilidad de ser contaminado por él, se irá hasta su destruc-
ción y aniquilamiento. ? ٠٢ otra parte, como el tal objeto es
abominable a los ojos de Dios, natural es que sea hecho blanco
de la ira divina, y por esta nueva razón está ya de suyo con-
denado al exterminio.
Lo propio hasta cierto punto acontece con ١٠٠‫ ؟‬que, por
el contrario, son agradables a la Divinidad y reservados a su
exclusivo uso.
£1 temor de que sean profanados por el uso común puede
llegar al extremo de destruirlos, como cuando se quema ٧٨
objeto que haya tocado V. gr. el sanguis, a fin de que ha-
biendo estado en contacto con cosa tan santa ٨٠ sea ya nunca
aplicado al uso común.
Fijada la significación primordial del verbo ‫חרם‬, en que
todos generalmente convienen, vamos a indagar en qué con-
siste la naturaleza y como la Intima esencia del herem, en otros
términos, cuál es su noción especifica.

***

Delporte en el estudio arriba citado, donde largamente


trata ese punto, haciendo precisamente hincapié en la signifi-
cación que hemos señalado como propia y característica del
verbo haram, propone una teoría que será bien examinar con
alguna detención.
Según él es el furent * ٧٨ recinto sagrado quejahveh se
reserva con todo lo que en él se halla » (p. . 31 ‫) ؟‬. Los textos an-
tiguos, dice el mismo, asi legales como históricos lo describen
como la ocupación, en nombre de jahveh, de ٧٨ territorio re-
lativamente pequeño y con limites bastante bien definidos
(p. 321). De ahí brotan otras muchas particularidades que
iremos tocando en su propio lugar.
La razón de tal reserva ٨٠ es naturalmente el que todo,
la tierra entera pertenece a lahveh, sino que éste antes ya
de la victoria ha entregado en manos de su pueblo el ene-
migo (ibid.)\ o bien algún otro titulo como acontece en el
Sinaí (p. 317).
10 Commentationes

Como se ve, lácese consistir la íntima esencia del furent


en la reserva que para sí exige Dios de un cierto territorio
con cuanto en él se encierra, sobre el cual adquirid, las
mds veces por titulo de guerra, un derecho especial de pro-
piedad.
£1 autor funda esta su concepción del furent en la eos-
tumbre muy generalizada entre semitas y no semitas de re-
servar a la divinidad un espacio llamado fuiratn esforzándose
en mostrar cómo un tal recinto sagrado existió en la teofanía
del Sinaí (p. 3 ‫ ل‬3-7‫) ﻣﻢ‬, bien que no se baile el nombre fmram,
como también en la toma de ]ericó (p. 322-329), y en general
donde quiera que exista el furent guerrero.
Reconocemos francamente que en esta teoría hay mucho
de verdad‫ ؛‬pero adolece, a nuestro entender, de ٧٨ vicio ca-
pital: tómase por base y fundamento de todo el edificio lo
que ٨٠ es sino ٧٨ © de los varios elementos: asiéntase como
primer principio lo que ٨٠ es más que una aplicación, ?oco
acertado es, además, el método. Empiézase ٢٠٢ hacer resaltar
la idea del recinto sagrado ponderando la importancia que
entre los antiguos tenía‫ ؛‬y sobre tal fundamento se fabrica
luego la teoría, conforme a la cual se van explicando los textos
de la biblia.
Mucho recelamos que se les someta a éstos, inconsciente-
mente sin duda, al lecho de ?rocusto: de grado o ٢٠٢ fuerza
tendrán que encajar €٨ el sistema. No decimos que se inter-
preten ellos a p r io r i; pero sí sospechamos que la viva idea
del recinto sagrado y el deseo de hallarlo en el texto bíblico
proyectan en éste formas y matices que en realidad no denen.
٧ así otro camino seguiremos Jiosotros.
Teniendo siempre a la vista las diferentes acepciones del
sustantivo furent arriba mencionadas y por todos indistinta-
mente reconocidas, examinaremos los varios pasajes con ab-
.soluta independencia de toda teoría.
No se nos oculta que a la interpretación misma ayuda
٨٠ poco el conocimiento de las costumbres semíticas, que
esclarecen a las veces ٧٨ pasaje oscuro, y permiten adivi-
nar ٧٨ sentido que de otra suerte quedara velado y enigmático.
? ٠٢ esto, claro está, conviene y aun se debe tener presente cuanto
dijimos del recinto sagrado, sin concederle empero desmesu-
radas proporciones que ٨٠ existen en la realidad objetiva.
El herem bíblico

Empecemos por el sitio de jericó (Jos. 6-7). donde la


inauguración del haratn ٠ recinto sagrado « se nos presenta,
dice Delp. (p. 322) bajo su denominación técnica de herem ».
Es notable este pasaje por lo complejo de los elementos que
en él entran y su análisis ofrece no pocas dificultades, que no
tocan empero el punto que ahora tratamos. La ciudad deje-
ricó es condenada al anatema: todo serd destruido, excepto
los metales preciosos que han de ‫؛‬٢ a enriquecer el tesoro de
Jahveh (6, 17-19). Acán, que usurpa una parte de ellos, desata
contra el pueblo la ira divina ‫ 'و ؛‬en castigo de su transgresión
es apedreado (7, 1. 11-13. 24-26).
? ٠٢ cual motivo es la ciudad condenada al herem ? Ninguno
explícitamente se aduce‫ ؛‬pero ٨٠ parece caber duda que tal
condenación corresponde a Deut. 7, 1-6, donde ordena Lios
a Israel que al entrar en Canaan destruya, anatematice ( ‫החרם‬
‫ )תחרים‬los habitantes del país (v. 2), y ٨٠ tonga de e‫؛‬los
compasión, ٨ ‫ ؛‬contraiga con ellos suerte alguna de alianza‫'} ؛‬
esto, como claramente se dice (v. 4), para evitar toda ocasión
de ser por los mismos seducido y arrastrado al culto de los
dioses extranjeros. Este fué pues, a no dudarlo, el motivo de
la destrución de Jericó‫ ؛‬al cual añadíase otro insinuado ya en
Gen. 15,16. « No han colmado todavía (en la época de Abrahdn)
la medida de sus iniquidades»; las cuales ٢٠٢ tanto fueron
también una de las causas que determinaron el exterminio de
aquellas gentes al tiempo de la conquista. Finalmente una
tercera razón se apunfa en Jos. 11, 20: ٠ Domini enim sen-
tentia fuerat, ut indurarentur corda eorum, et pugnarent, contra
Israel et caderent, ( ‫ לממן החרימם‬para que los entregaran al
anatema) et non mererentur ullam clementiam, ac périrent,
sicut praeceperat Dominus ».
3‫ ؛‬alguien empero rechazara — sin razón — estos pasajes
como de iecha tardía, calificándolos de mero producto de la
especulación teológica de tiempos posteriores, diremos que
aun así nos queda el argumento negativo, en este caso, de
fuerza decisiva: ٨ ‫ ؛‬una palabra, ٨ ‫ ؛‬una sola expresión indica
que Jahveh se reservara como cosa propia y particular el
territorio de Jericó. Cierto, pudo hacerlo sin que explícito-
mente se dijera: pero en circunstancias tan solemnes‫ ؛‬en un
relato donde tantos y ton insignificantes pormenores se men-
12 Commentationes

cionan, es maravilla que nada se diga de 1‫ ه‬principal, de 1‫ه‬


que constituía la esencia misma del herem. Este silencio, si no
nos autoriza de por sí a negar en redondo la pretendida reserva,
nos prohibe de todo punto el suponerla; y en este sentido
decimos que el argumento, bien que negativo, tiene para el
presente caso fuerza decisiva.
٢٠٢ lo que hace al recinto sagrado, Delporte descubre
del mismo en el texto varios indicios. Parécele ver como « una
demarcación del territorio sagrado en la marcha silenciosa
que los guerreros hacen por siete veces, el mismo día. en
torno de la ciudad, envolviéndola así como en un cerco sa-
grado » ‫ ﺀ‬Ya de SU}-‫ ©־‬el número siete diríase que indica la
especial eficacia de ese curioso paseo >٢ hace sospechar su
valor ritual » (p. 323). Puede ser; pero fuerza es convenir en
que estd eso muy traído ٢٠٢ los cabellos. Las vueltas a la
ciudad se explican aquí muy naturalmente sin acudir para
nada a la rebuscada idea del haram. Son ni mds ٨‫ ؛‬menos
que la sencilla imitación de un asedio: una especie de sím-
bolo a la manera del que se lee en Ezequiel c. 4, cuando el
profeta, diseñando los muros de ]erusalén, se le ponía de-
lante a guisa de quien la estaba sitiando. El modo común de
tomar una fortaleza es cercarla, disparar contra sus muros,
)٢ con los proyectiles abrir brecha en ellos. En nuestro caso
rodedbase, sí, la ciudad, pero ٨٠ se lanzaba ٨ ‫ ؛‬una piedra:
los únicos proyectiles eran el estridente sonido de las trom-
petas: Dios quería hacer ver que solo su brazo y ٨٠ la espada
de los combatientes era quien rendía la ciudad. Cuanto al
número siete sabido es con cuánta frecuencia se usa en la
s. Escritura. Sin duda rev‫؛‬ste todo ello ٧٨ cierto carácter re-
ligioso; pero de naturaleza tan vaga y general, que nada
absolutamente es dado concluir en favor de la particular teoría
d e l haram.
Ni es más sólida la otra prueba fundada en }os. 7, 15,
pasaje que Delporte interpreta así: « El que fuere cogido
dentro del furent... » (p. 321. 323. 331).
Tal interpretación — que ignoran completamente los
LXX y la Vulg. — no parece exacta. La expressión ‫בחרם‬
ha de traducirse ، ٠« el lurent, es decir, « el que fuere cogido
con el furent (el objeto robado) en las manos, esto es, en
El herem bíblico 13

su p©sesión », ‫ ه‬bien, cambiando ligeramente la puntuación


( ‫« )בדורם‬el que ‫؛‬uere cogido conto herem », lo cual equivale
a decir « el que fuere hallado culpable » (‫)؛‬. Y esta interpre-
tación — una cualquiera de las dos — la exige imperiosa-
mente el contexto. Y es así que herem se llama el objeto
sustraído (7, 11); herem asimismo, probablemente, el reo (7,
13). Ahora bien, cuando a renglón seguido (v. 15) encontra-
mos otra vez el sustantivo herem, y esto en relación íntima
con lo que precede, es claro que ha de tomarse en el mismo
sentido y no en el de territorio; y así en efecto con mucha
razón lo entienden comunmente los autores, V. gr. Humme-
lauer. Crampon, Knobel, Rosenmuller, Steuernagel, Holzinger
(en Biblia Kautzsch), Bennet, etc., en sus respectivos comen-
tarios.
Acán no viene él mismo a ser herem por contaminación,
es decir, porque con el contacto haya pasado a su persona
la impureza del objeto, ya que éste no era cosa abominable
sino grata a los ojos de Dios, quien se lo había reservado
para su proprio tesoro, sino mds bien ٠ porque había traspa-
sado la alianza, esto es, la ordenación de jahveh », como
expresamente consigna el mismo texto (7, 15). Y si el pueblo
todo entero, y no ya los parientes solos del reo, viene con-
siderado come herem (7, 12), no es porque la contaminación
— que ya hemos dicho en este caso propiamente no exis-
tía — se extendiera a todo el recinto (Delp. p. 323); sino
única y exclusivamente por razón de la íntima solidaridad que
había entre los miembros todos de Israel. Ni tiene que ver
con la entrada en el fmram ٠ re€‫؛‬nto sagrado {ibid.) la puri-
ficación o santificación que ordena Jahveh (7, 13). Esta era
como un requisito que solía preceder, bien que no siempre,
algún acto de mayor importancia y relieve, donde se mani-
festaba por modo especial y extraordinario la presencia y el
poder de Dios. Así, ١٢. gr., sin salir del libro de Josué, acón-
teció antes de pasar el Jorddn ; y la razón que se da es pre-
cisamente ésta: « Cras enim faciet Dominus inter vos mira-
bilia » (3, 5). Y el acto que en nuestro caso iba a realizarse

(‫ )ل‬En uno y otro sentido úsase la preposición ‫ ؛ב‬los casos son tan
frecuentes <^ue es inútil citar ejemplos. Véase L ex. hebr٠ de Ges-Br. bajo
dicha partícula I ? y III 1, 2.
٧ Commentatioaes

era que por medio de las suertes Dios mismo, en presencia


de todo Israel congregado al efecto, manifestara y diera con
certidumbre a conocer quién de entre todos era el culpable,
que con su pecado había atraído sobre el campamento la ira
divina. A esto se ordena y no a otra cosa la santificación del
pueblo. Ella es la disposición para un acto solemne en que
interviene de un modo especial ]ahveh; no un requisito que
directamente se exija para hacer desaparecer el anatema.
Con lo que llevamos dicho ya se entiende no parece
exacto afirmar que « la misma concepción (del recinto sa-
grado) viene favorecida por el hecho de que en el documento
mds antiguo, el guerrero Acdn no contamina especialmente
sus allegados, sino sencillamente todo el campo, esto es, el
recinto que comprende todos los guerreros « santificados »
para la guerra. Y para quitar el anatema ٨٠ basta castigar
al sacrilego y restituir a]ahveh 10 que es suyo; sino que todos
los guerreros deben someterse a purificaciones rituales como
para entrar en el fuiram » (Delporte p. 323).
Faltaba la señal con que Dios permitiera al pueblo en-
trar en el recinto sagrado. También ésta logra descubrir
Delp. (p. 323 s.) en nuestro texto. Como quiera que se distingan
los documentos, dice, parécenos que se viene siempre a su-
poner que el sonido de la cornea bocina no parte de los si-
tiadores sino que es una señal de jahveh, es decir, dada di-
rectamente por él. Tal interpretación ٨٠ la justifica el texto.
No insistimos en la frase muchas veces repetida que los sa-
cerdotes debían tocar y tocaron las trompetas :sabemos cómo
se respondería a este argumento. 3010 diremos que la expre-
sión de 6, 5 bimesok beqeren es de todo punto indiferente a
que sea Dios ٠ los sitiadores quien toca la bocina cornea, y
por consiguiente nada cabe concluir en favor del uno o del
otro extremo. En lo restante del relato, cuando se exprime
el sujeto,' $٠٨ siempre los sacerdotes o el pueblo, nunca Dios:
qué será razón concluir en el caso en que dicho sujeto ٨٠ se
halla expresado ? Que el V. 20 es ٧ ٨ tanto difícil y ٨٠ se ha
quizá conservado en su forma primitiva, de grado lo reco-
nocemos; pero negamos en absoluto que ofrezca ٨ ‫ ؛‬el más
ligero punto de apoyo a la tesis en pro de la cual se invoca.
Así pues en el sitio de ]ericó no se descubre ٨‫ ؛‬reserva
de propiedad, ٨ ‫ ؛‬recinto sagrado, ٨‫ ؛‬ceremonias rituales para
El herem bíblico 15

penetrar en el haram. Para ver ،‫ﻫﻞ>م‬eso requiérese por cierto


una fuerte dosis de buena voluntad.
Pero lo que echamos de menos en Jericó quizá lo en-
contremos en el Sinaí (Ex. ‫) ول‬, donde Delporte (p. 3 7 ‫ )ل‬no
halla dificultad en reconocer todos los elementos del haram
semítico.
Dios, en efecto, ordena a Moisés que fije un cierto límite
en torno al monte, que el pueblo, so pena de muerte, no debe
traspasar (v. 12. 23) ; y dispone además que por espacio de
tres días se preparen todos con purificaciones y con la per-
fecta continencia a penetrar en el recinto sagrado (v. 1 0 . ‫) ذل‬.
De estas circunstancias, como también de que aquel sitio es
tenido por propiedad de ]ahveh, concluye Delporte (p. 320)
que se trata aquí de un verdero haram, bien que no apa-
rezca todavía el término técnico.
El pasaje reviste a no dudarlo importancia excepcional‫؛‬
y su exégesis y crítica literaria ofrecen serias dificultades, que
no afectan empero necesariamente al punto que estamos
discutiendo. Examinémoslo con alguna detención.
Es cierto que Moisés fi‫؛‬ó, por mandato de Dios, un límite
de separación entre el pueblo y el monte‫ ؛‬que aisló a éste
en cierta manera y lo santificó, y amenazó con la pena de
ser apedrado a quienquiera violase la prohibición divina(v.2‫ل־ ﻟﻞ‬.
23). Es cierto que se prescriben abluciones, es decir, que se
limpien los vestidos (v. 10. 14) y que se observe continencia
(v. 1‫) ة‬: en una palabra, que el pueblo se santifique (v. 10.14).
Son éstas circunstancias que saltan todas a la vista, y sobre
cuya existencia en el texto no cabe diversidad de pareceres.
Revélan ellas empero la presencia de un haram ‫م‬
٠٢? de pronto no deja de ser extraño que precisamente
donde con más puntualidad }٢ con ma}‫׳‬or riqueza de porme-
ñores se cumplen las condiciones todas del haram, el nombre
de éste ni siquiera una sola vez aparezca, cuando en otros
pasajes (V. gr. 1 Sam. 15 ; Jos. 7-3) se hace así del sustantivo
٥٠٨٦٠ del verbo uso tan frecuente.
El autor traza del objeto una acabada pintura con todos
sus caracteres y particularidades, y olvídase de llamarle por
su nombre propio. Reconozcamos francamente ٨٠ ser cosa
fácil dar razón de ٧٨ tal silencio. Vengamos a la reserva del
territorio.
16 Commentationes

?‫وه‬ probar que éste es considerado como propiedad de


Jahveh adúcense los vv. 11 y 12 ; y no negamos que el tenor
de los mismos da por lo menos pié a un tal razonamiento,
puesto que se prohibe al pueblo traspasar los confines del
monte, el cual viene a quedar como encerrado en un cerco,
?ero adviértase que mención explícita de tal propiedad en
ninguna parte se hace.
Afírmase, sí, del pueblo en los w . 5-6, pero no del te-
rritorio.‫ ﻣﺎ‬cerca existe, es verdad, y no se permite al pueblo
traspasarla‫ ؟‬pero esto no es precisamente por ser el monte
propiedad que Dios se haya reservado, sino porque es un
sitio santo‫ ؛‬y es santo porque en virtud de la teo‫؛‬anía se
convierte como en sede de la Divinidad, de la cual conviene
que el hombre por humilde reverencia se mantenga a una
cierta distancia. Y por ahí igualmente se explica lo del ٩٧ ‫־؛‬
tarse las sandalias así en Ex. 3, 5 como en Jos. 5, 13. Y que
a la grandiosa manifestación se encaminan las abluciones,
como evidentemente también el aislamiento del monte, dícese
en el ٧ . 11 con estas palabras: ٠ Estad preparados para el
tercer día; porque en dicho día bajard Jahveh a la vista de
todo el pueblo sobre el monte Sinaí ». Cuando tan claro nos
lo dice el mismo texto, inútil especular sobre recónditas y
problemdticas razones. El lavar los vestidos y la continencia
٨٠ es ٧٨ ritual con que se prepara el pueblo a penetrar en
el recinto que Dios se ha reservado, sino una purificación que
le dispone a recibir menos indignamente la revelación divina.
Y a propósito de estos dos últimos pasajes, notamos de
pasada que la voz maqám en ninguna manera es dado probar
que lleve la significación de santuario mds bien que la de
sitio, lugar; es por consiguiente aventurado el decir que «en el
Sinaí-Horeb nos hallamos ya en presencia de ٧٨ q ó d e§ , el ha-
rant, }٢ de ٧٨ qódes qód^im, el ntaqóm » (D e lp o r te p. 320).
Ni mds sólido apoyo ofrece a la teoría, que podemos
llamar del /tarant, el pasaje de ‫ ل‬Sam. 15. Conocido es el
episodio aquí narrado. Dios condena al herem los amalecitas,
y ordena a Saúl llevarlo al cabo (٧ . 3). Este, cumpliéndolo
en el pueblo y en las cosas de poco valor (v. 3-9■ 15) per-
dona al rey y a lo mejor del ganado, (v. 8-9), por ١٠ cual es
severamente reprendido por Samuel. Adviértase que también
aquí el motivo que aduce Dios para decretar el herem es el
7 Mart. 1924
El herem bíblico 17

pecado de Amalee (v. 2. ‫ ول‬٠ anatematiza los pecadores »).


Esta es la razón de ser y llamarse herem (v. 21) cuanto a
aquel pueblo pertenece. De que ]ahveh se lo reservara como
propiedad suya ٨ ‫ ؛‬una sola palabra. Ni reprende el profeta
a Saúl por haber usurpado lo que pertenecía a Dios, sino por
haber desobedecido sus órdenes ; y en esto insiste con gran
fuerza, haciendo notar que « mejor es la obediencia que el
ofrecer sacrificios » (v. 22).
Terminemos con el examen de algunos otros pasajes, que
los partidarios de la errónea crítica negativa del ?entateuco
consideran como de fecha muy posterior, y de los que ten-
dremos que ocuparnos mds adelante. ? ٠٢ ahora otra cosa no
pretendemos que ver si aparece en ellos la reserva de un te-
rritorio hecha por jahveh.
Lev. 27, 28. Hdblase de una oblación voluntaria; de tales
en efecto se trata en todo el capítulo 27. donde se determina
el precio que ha de pagarse para redimirlas. Señdlanse dos
excepciones; la una (v. 26) en lo que toca a los primogénitos,
que en calidad de tales ya pertenecen a jahveh aun antes de
toda oblación; y la otra (v. 28) en lo que se refiere al herem
el cual, a diferencia de las ofrendas anteriores, no puede ٨‫؛‬
redimirse ni venderse: en esto y solo en esto se distingue de
las demds. Aquí pues no aparece ٨ ‫ ؛‬el derecho de propiedad
divina anterior al ©،recimiento, ٨‫ ؛‬reserva de territorio por
parte de Dios, ni vestigio de recinto sagrado.
En Ex. 22, 19 « Quien sacrifica a los dioses sea anate-
matizado » ( ‫ « )חרם‬sea tratado como herem ») es obvio que
se pretende castigar la idolatría. La interpretación de Del-
porte (p. 334) a saber, que aquí hubo violación del herem
derramando la sangre de los animales, la cual como asiento
de la vida pertenece de un modo especial a jahveh, es harto
rebuscada y no tiene fundamento en el texto, ?ase que de
hecho hubiera en tal acto violación de la propiedad divina;
pero ello es cierto que en este pecado no insiste el autor,
٨ ‫ ؛‬siquiera lo insinúa; antes la razón toda y única del castigo
aparece ser la idolatría, esto es, el haber tributado a dioses
extranjeros el culto debido a solo jahveh. ? ٠٢ lo demds, así
lo interpretan comunmente los autores, V. gr. Baentsch, Exodus
‫؛‬٨ h. 1. ‫ ؛‬y es en efecto la única interpretación admisible.

Bíblica 5 (1‫ و‬24‫ر‬


18 Commentationes

Pero si alguna du،la quedara, la desvanceri'a por ٥٠٨١‫־‬


pleto el pasaje de Deut. 13, 1319, donde Dios condena al
¡wrem la ciudad que se ha^'a dado a la idolatría. Y adviértase
que aquí ni siquiera se usa el verbo sacrificar ‫ י ןב ח‬sino que
los idólatras dicen: « Sirvamos ( ‫ ) עבד‬a los dioses extranje-
ros > : no vale pues aquello de derramar la sangre. Ni la mds
remota mención de propiedad divina, sino única ‫ ־ال‬exclusi-
vamente idolatría.
Ni siquiera en Deut. 7, 2 2 6 ‫ ־ة‬puede afirmarse que esté
aquélla indicada; pues si quien se apropia el oro y la plata
que adornaban las estatuas de los dioses viene condenado al
lurent, no es precisamente porque ha)‫־‬a violado la propiedad
divina, sino porque apropiándose un objeto abominable se ha
hecho él mismo abominable a Dios, y convertido en lurent
al par del objeto mismo; o bien, quizá, por haber cometido
un acto de rebeldía.
Resulta pues que en todos estos pasajes la razón del
lurent, ٠ sea, el motivo por el cual Dios castiga una persona,
o se ordena la destrucción de un objeto, es el haber practi-
cado la idolatría o el haber en algún modo servido a ésta.
En ninguno se vislumbra ni la más leve insinuación de recinto
sagrado ٠ propiedad divina. Si tal se descubre, ha de sera
manera de conclusión y por raciocinio.
Después del breve examen que acabamos de hacer pa-
récenos poder tener por justificada la conclusión que no cabe
hacer consistir la esencia del lurent bíblico en la reserva que
de un territorio, como propiedad suya especial, hacejaltveh.
En qué hacemos pues nosotros consistir la esencia íntima
del lurem? La respuesta no es difícil: ella brota espontánea-
mente de lo que llevamos dicho, ?or de pronto, en el fondo
de todo lurem late siempre la idea de prohibición, reserva, sus-
tracción a l uso común. Mas como el objeto sustraído puede
ser grato o abomittable a Dios, esta doble condición nos auto-
riza y aun nos obliga a distinguir asimismo un doble lurem.
Del primero no cabe dificultad : es la consagración irrevocable
al servicio de Dios de un objeto a él agradable (Lev. 27, 28).
Cuanto al segundo, reuniendo los varios elementos que en
los diferentes pasajes hemos hallado, podemos definirlo : La
condenación a l exterminio, de personas, o personas y cosas, ٣
razón de alguna culpa, ‫ ׳ر‬cuya destrucción ‫ ﺀﺀ‬cumple ‫ «ﺀ‬obsequio
El ^erem ‫أاس‬€‫م‬ 19

ajahveh. Natu!‫־‬almente, llámase también furent el objeto mismo


de tal condenación. En todos, en efecto, y cada uno de los ca-
sos hemos visto que el furent es fulminado en castigo de al-
guna culpa (cfi los pasajes citados) ; nunca contra solo anima-
les ٧ objetos inanimados, sino principal y primariamente con-
tra las personas ‫ ؛‬y cumpliendo la sentencia se hace un obse-
quio a Jahveh (Deut. 13, 1 6 - 1 7 1 ‫ ؛‬Sam. 16, 33); y esto no >‫־‬a
precisamente por el acto de obediencia que se ejercita, sino
porque Dios .se complace en la destrucción de sus enemigos,
y la sangre humeante de la víctima rebelde es de olor mu)‫־‬
suave a su infinita justicia (cf. la inscripción de Mesa, líneas
11-12: « tomé (la ciudad), y pasé a cuchillo todo el pueblo
de la ciudad, espectáculo (agradable) a Camos y a Moab ».
Tal es la característica del furent. Claro está que por el mero
hecho de ser una persona o cosa condenada al exterminio en
obsequio de Jahveh, éste adquiere, por decirlo así, sobre la
misma un derecho especial, que con razón se considera lesio-
nado por quienquiera pretenda usarla ; y en este sentido, sí,
cabe afirmar ser aquel objeto propiedad particular de Jahveh.
Cómo estas dos clases de furent, bien que entre sí tan
opuestas, son ٨٠ obstante reducibles a una sola y misma idea,
la de sustracción ٠ reserva, que es precisamente la del verbo
futrante ya lo djimos arriba.

***

Sentada y definida la noción fundamental, veamos cuál es


el nexo entre las varias acepciones del furent, y la evolución
que se cumplió en el decurso de los tiempos.
Delporte la traza a grandes líneas en la forma siguiente
(p. 335 s). Empezóse por el furent que llaman gtierrero (Jos.
6-3 Jericó ; 1 Sam. 15 Amalee), que es precisamente el que
nos ofrecen los textos antiguos así legislativos como históri-
eos (p. 321). Obsérvanse en este furem varias mitigaciones
que no fueron en su principio sino contravenciones del pueblo
a la orden absoluta de Jahveh, las cuales, repitiéndose con
frecuencia, acabaron por ser legitimadas y consagradas por
la misma ley. Vino luego ٧٨ día en que al axioma « Todo
anatema es para Jahveh » se dió esta interpretación oficial :
« Todo anatema es para el sacerdote », axioma que aparece
en Ezequiel 44, 29 ; cf. ^ ٥١١١. 13,14. El antiguo furem, del cual
20 Commentationes

se recordaba el carácter inalienable, convirtióse en un voto


o consagración a ]ahveh, o bien en la exclusión de la comu-
nidad judía, que entrañaba la confiscación de bienes : tal se
presenta en Esd. 10, ‫ و‬. La trasportación se explica de esta
manera : Conservábase et recuerdo de Acán (Jos. 7). Sabíase
que éste había robado ciertos objetos pertenecientes al herem
y por lo tanto inalienables, y que por esta transgresión había
sido excluido de la alianza. De lo primero concluyóse que cual-
quier particular podrá ofrecer como herem lo que a él perte-
nece, y de ahí el herem de o f r e n d a (Lev. 27, 28). De lose-
gundo el anatema p e n a l postexflico (Esd. 10, 8).
Este cuadro parece sencillo y armónico ; pero dudamos
que sea realmente objetivo.
Si cotejamos entre sí los dos herem, el guerrero y el que
llamamos de ofretida, no cabe dudar que en este último re-
salta más clara y acentuadamente que en el primero la idea
de reserva, sustracción a l uso común, que dijimos ser la no-
ción intima y fundamental de todo herem. Y en efecto, en Lev.
27, 28 se dice explícitamente ٠ lo que por modo de herem se
consagrare a Jahveh... » : es decir, se reservare a Jahveh sus-
trayéndolo al uso profano. Aquí por tanto aparece la signifi-
cación principal y primaria del verbo haram mucho más de
relieve que en otros pasajes, V. gr. Jos. 6 8 y 1 Sam. 15 donde
manifiestamente domina la noción del exterminio, noción que,
según vimos ya, debe tenerse por secundaria. Siendo esto así,
lo natural es concluir que el herem de ،‫ا‬/‫د׳ ﺀ‬ es de suyo más
antiguo que el herem guerrero i ya que en él se muestra más
clara y distinta la significación primitiva y fundamental del
verbo. Y decimos de suyo, porque, como Israel era relativa-
mente joven, y sin duda no introdujo él como cosa nueva el
herem, sino que éste formaba parte de las costumbres del mundo
semítico, de creer es que para la fecha de la legislación si-
naitica sus varias acepciones estarían ya desarrolladas y ad-
mitidas en el uso común, y así fueron simultáneamente reci-
bidas por el pueblo de Israel. Ni es necesario suponer que en
su origen naciera el uno del otro, ya que ambos a dos pudie-
ron perfectamente ser aplicación inmediata de la misma idea.
El que hallamos en Esd. 10, 8, — la excomunión y con-
fiscación de bienes — sí que parece en realidad ser de fecha
tardía : es como una extensión del herem guerrero.
El herein bíblico 2‫ل‬

Cuanto a las mitigaciones del herein, creemos que la expli-


cación que de ellas se da fúndase como en postulado en la
concepción que ya refutamos, del herem como propiedad de
Jahveh. Si Dios, en efecto, se reserva un territorio como pro-
pió suyo, por el mismo hecho parece también reservarse cuanto
hay en él, sin que de suyo nada quede exceptuado. Si nos-
otros empero consideramos el lurent mds bien como castigo,
— sin excluir la idea de propiedad en el sentido }·a dicho — nada
extraño es, antes, por el contrario, muy natural que no siempre la
punición revista la misma gravedad, y ٢٠٢ ende que una parte,
bien de las persorias bien del botín, venga exceptuado del
herem. Es pues arbitrario afirmar que la repugnancia del pue-
blo a cumplir el lurem en todo su rigor fuese causa de que se
introdujeran en la misma ley ciertas mitigaciones, cuando estas
pudieron hallar, y muy naturalmente, su razón de ser en las
circunstancias mismas del caso que entraba en consideración.
? ٠٢ lo demds, la sola prueba concreta que se aduce, que
« Saúl fué impotente para impedir que el pueblo se apode-
rase del ganado de los amalecitas » (Delp. p. 335) va más allá
de lo que permite el texto ‫ ؛‬donde (1 Sam. 15, 8-9) la des-
obediencia no es solo del pueblo, sino también del monarca ‫؛‬
y si éste en el V. 15 la atribuye toda a aquél, bien puede
creerse que fué para excusarse y declinar la propia respon-
sabilidad. En suma, no negaremos que en esto como en tan-
tas otras cosas violara Israel la orden de Dios ; pero sí deci-
mos que nada nos autoriza a considerar tal desobediencia
como el origen de las mitigaciones que encontramos en la Ley.

En nuestro razonamiento ٨٠ hemos tenido en cuenta la


fecha que la crítica negativa del ?entateuco señala a los do-
cumentos donde se hallan las varias clases de herem : diga-
mos de ello ahora dos palabras. El lurem guerrero lo encon-
tramos, se dice, en los documentos yahvista ‫ ־إ‬elohista ‫ ؛‬el lia-
mado de ofrenda en el Código sacerdotal (Lev. 27, 28). Ahora
bien, siendo éste muy posterior a aquellos, es natural concluir
que también el segundo lurem pertenece a una época consi-
derablemente posterior a la del primero.
? ٠٢ de pronto observamos que, si atendemos a la natu-
raleza del herem y a los varios elementos que de él se pre‫־‬
sentan, nuestra conclusión que mds arriba expusimos es la
22 Commentationes

única que se pueda debidamente justificar. En segundo lugar,


fundar un )uicio sobre la supuesta fecha relativa de les do-
cumentes mencionados es dar por legítimas y probadas con-
clusiones que están lejos de ser tales y sobre las cuales fuera
prudente y científico guardar una mayor reserva. Finalmente,
aun dado caso que estuviera sólidamente asentada la distinción
y íecha respectiva de los dichos documentos, de poco serviría
esto para el intento, ya que una legislación reciente puede muy
bien reproducir los restos de otra más antigua, precisa-
mente lo que el mismo Delporte (p. 336) afirma con respecto
a Lev. 27, 29 : « Es lo que dice un versículo del Levítico (27,
23), mientras que el versículo siguiente reproduce la antigua
le)’ del Código de la Alianza ». Tanto vale decir que el hecho
de hallarse una ley incluida en un documento reciente no es
prueba suficiente contra la antigüedad de la misma le}‫־‬.

***

Despuós de cuanto llevamos dicho no será difícil reducir


a sus justos límites la parte de verdad que pueda encerrarse
en las múltiples definiciones que del herem se han dado. Fara
unos es sacrificio ; para otros maldición : éstos lo consideran
como un empeño libremente tomado, que a las vece‫ ؟‬puede
ser voto ; aquéllos como una desecración por tabu, etc.
El herem de suyo no es sacrificio, pero puede serlo. El
episodio de ‫ ل‬Sam. 15 nos ofrece de lo primero una prueba
evidente. Saúl ejecuta el herem contra lo vil y despreciable,
y reserva lo mejor para sacrificarlo a ^ios, indicio inequívoco
de que en la destrucción de los amalecitas no entendía ofrecer
un sacrificio a jahveh. Que el herem, por otra parte, puede al
mismo tiempo ser sacrificio demuéstralo con no menor evi-
dencia el pasaje de Lev. 27, 23, d©nde se ofrece en herem a
Dios algo que le es agradable, y que ciertamente tiene razón
de sacrificio, como claramente aparece de todo el contexto.
No la tiene empero la ejecución de Agag por Samuel, bien
que no pocos lo pretendan. El profeta no hizo sino cumplir
١٠ que no había hecho el monarca desobediente, y por tanto
no era otra cosa sino un lurem idéntico al que se había e‫؛‬e-
cutado con el pueblo. La frase « delante de Jahveh » nada
prueba en contrario : Índica no más que aquel acto en la ‫؛‬٨-
tención de Samuel fué cumplido por modo especial en la pre-
El herem bíblico 23

sencia de Dios y en obsequio suyo ; pues !١٠ podía dejar el


Señor de complacerse en que se lle v a r a n al cabo sus órde-
nes y en que se diera cumplida satisfación a la justicia, cas-
tigando como convenía al culpable. Y así muy justamente con-
cluye Delporte (p. 310) contra Stade {Bibl. TJieol. des A . T.
V. 1, p. 45) que < la ejecución de Agag pertenece al J'ierem,
y no es ‫ م!ا‬sacrificio >.
finalmente, que uno y otro (herem y sacrificio) por su
misma naturaleza ofrecen puntos de semejanza entre sí es
cosa evidente ; y esto explica por que se los ha identificado.
La ،rase del rey de Moab : < un espectáculo (agradable) a
Cantos y a Moab » (Inscrip. de Mesa, 1. 12) recuerda la que
en los libros sagrados se lee a propósito del sacrificio « Odo-
ratusque est Dominus odorem suavitatis » (Gen. 8, 21). £1 sa-
crificio es como ٧٨ suave perfttme en que se complace el Se-
ñor: lo es también el herem: pero las más de las veces la
razón es diversa. ? ٠٢ el primero se ofrece a Dios ٧٨ objeto
agradable que él de buen grado acepta ; por el .segundo, al
contrario, destrócese algo que es a Dios aborrecible y odioso ;
y precisamente porque le es odioso se complace en su des-
trucción. Quién podrá en esto descubrir la razón de sacrificio ?
Verdad es que a las veces ٨٠ es destruido el herem, an-
tes viene incorporado al tesoro de Jahveh, conto acontece en
Jos. 6-7. Los objetos de metal se reservan a Dios (6, 19), y
se les da el nombre de Jurem (7, 1. 11. 21) ; de donde parece
poderse concluir que al menos en este caso es el Jierem con-
siderado como sacrificio. £ ٨ primer lugar, ya dijimos que el
herem ٨٠ es de suyo sacrificio, pero puede serlo : tal sería pues
en nuestro pasaje, ?ero, además, ٨ ‫ ؛‬aún aquí es cierto que
haya de tenerse por tal. £ntrar en el tesoro de Jahveh no es
sinónimo de ser sacrificado al mismo ; ٨ ‫ ؛‬por otra parte entre
los móltiples sacrificios que se ordenan en la Ley cuéntanse
jamás los metales.
£alta examinar dos pasajes, donde, a juicio de ٨٠ pocos
autores (v. gr. Stade, 1. C., V. 1, p. 155. 163 SS.), se da expre-
sámente al Jurem el nombre de holocausto (Deut. 13, 17
‫ ^כל־ שללה כל ל ליהוה‬1^ . 20,40 ‫ השמימה‬٦١٢^ ‫) על ה כליל‬. En la ver-
sión Kautzsch, viértese ‫ כ ל ל‬por holocausto. £ s cierto que la voz
‫ כליל‬se emplea a las veces en este sentido (el cual, dicho sea de
24 Commentationes

paso, es no m^s que secundario, pues no lo tiene sino en


euanto el holocausto se consuma todo entero, y de aquí el nom-
bce de ‫ כליל‬de la raíz ‫ כלל‬no de ‫ )קל ה‬V. gr. Deut. 33, 10; Ps.
31, 21 (dudoso en 1 Sam. 7, 0‫ ؛‬Lev. 6, 15-16).
Pero con mucha mayor frecuencia conserva su propia sig-
nificación de entero (adj.) ٠ integridad (subst.), V. g r . Ez. 2d,
12‫ ؛‬Ex. 23, 31 ; 39, 22 etc. Ahora bien, el sentido de entero,
enteramente, conviene a maravilla al pasaje de Deut. 13, 17 ;
quemarás completamente. Y esto mismo parece indicar la pun-
tuación masorética, que junta la voz con lo que precede, no
con la siguente Jahveh. Ni hay que olvidar la justa observa-
ción de Delp. (p. 310), a saber, que a los habitantes había-
seles ya pasado a cuchillo, no tratándose en el V. 17 sino de
los despojos acumulados en medio de la plaza de la ciudad.
Cuanto a jud. 20, 40, aunque la significación es un tanto oscura,
puede empero muy bien interpretarse por integridady no por
holocausto ni por incendio; «‫ﻳﺲ‬ la ciudad se subía al cielo ».

Es el herem un voto? No está de fijo en esto su íntima


esencia : pero el hombre puede obligarse por voto a practi-
car el herem, así V. gr. en Num. 21, 2: » At Israel voto se
Domino obligans, ait : Si tradideris populum istum in manu
mea, delebo (‫ )והחרמתי‬urbes eius ». Síguese de este pasaje
que el farem, bien que no sea en sí mismo voto ni presu-
ponga siempre libre promesa, puede empero ser y es a las
veces, como en el caso presente, ofrecimiento espontáneo,
contra el sentir de Delp. (p. 304), quien afirma nunca ser el
¡urem ofren3a espontánea ; afirmación que deriva de hacerlo
consistir, según vimos ya, en la reserva que de un territorio
hace para sí Jahveh. Y lo mismo prueba el pasaje de Jud. 21,
10-11, donde las tribus de Israel decretan el anatema contra
los habitantes de Jabes Galaad Y poco importa que toma-
ran esta resolución en el santuario de Dios (cf. ibid. V. 2). Ni
alusión se hace a una orden divina ; como tampoco se halla
en el juramento que antes habían hecho en Maspha (cf. ibid.
V. 5).
Einalmente supónese en términos explícitos que es volun-
tarta la ofrenda en Lev. 27, 23. Lo reconoce Delp. (p. 307) ‫؛‬
pero tiene este pasaje como postexílico. Ya dijimos más arri-
ba lo que hay que pensar de tal aserción.
El herem bíblico 25

Es el herem un tabu (٠), que el hombre no puede tocar


sin contagiarse ?
Es innegable que en casos como ]os. 6 , 18 11 ,7‫ ؟‬SS. el
herem aparece muy semejante al tabu : los pasajes podrían
explicarse por el mero contagio ‫ ؛‬pero no es ésta la única expli-
cación posible. 8‫ ؛‬en Jos. 7, 12 los hijos de Israel son decía-
rados herem ( ‫) כי היו לחרם‬, es, en verdad, porque se encuentra
en medio de ellos Acdn : pero esto no implica necesariamente
contaminación propiamente dicha : el pueblo dejando que el
reo continúe a vivir entre ellos, se hace solidario y cómplice
de su peccado, y digno por tanto de ser anatema como él.
Ni Acdn queda propiamente contagiado por los objetos
robados, según indicamos ya, como que éstos no solamente
no eran impuros, sino que estaban precisamente destina-
dos al tesoro de Jahveh, (cf. Delp., p. 311 s.l. El ser lurem
es efecto de su desobediencia.

Resumiendo : la noción primordial del herem es sustrae-


« ٠«, prohibición, reserva. Esta idea se desdobla en dos. El
objeto puede sustraerse al uso común ٢٠٢ ser consagrado a
Jahveh y convertirse así en propiedad especialmente suya ;
o bien por ser odiado de Dios y quedar ٢٠٢ esto condenado
a una completa separación, que puede llegar al exterminio.
De ahí herem que podemos llamar de o f r e n d a y herein de
e x t e r m i n i o o g u e r r e r o . Difícil es decir cudl de los dos
deba tenerse ٢٠٢ mds antiguo. Es ١١١٧١٢ probable que ٨٠ de-
rive el ٧٨٠ del otro, sino que ambos sean aplicación inme-
diata de la idea general de sustracción ٠ reserva. El herem-
confiscación (Esd. 10, 8) parece ser atenuación del Iierem de ex
terminio. El herem ٨٠ es propiamente y ٢٠٢ su misma naturaleza
٨‫ ؛‬sacrificio, ٨ ‫ ؛‬voto, ٨ ‫ ؛‬tabu, bien que en determinados casos
por razón de las circunstancias pueda serlo y en efecto lo sea.
Roma, 5 923، .»‫ ه‬. A. F e r n á n d e z , j. s.
( ‫ ?ﺀز‬٠٢ tabu, nombre muy usado en nuestros días, se entiende ©bien en
general un entero sistem a de prohib‫؛‬e‫ ©؛‬e r e l‫؛‬g i © s a o r a n e s a m u e d s pue-
bl©s, sobre t©d© de cultura inferi©r, ٠ bien en particular cada uno de 1©S
©tyet©s © prácticas prohibidas, ©bj'et©s que aut©máticamente, y con indepen-
dencia de t©da idea moral c©ntagian a quien 1©S t©ca. Inm ensa es la litera-
tura sobre esta materia. Que a través de la legislación m©saica se vislumbren
n© p©cas prácticas y ©bjet©s que serian tabu entre 1©S puebl©s que estuvie-
ron en relación c©n los hebre©s, parece indudable; pero no es ésta la ©ca-
sión de tratar este punto.
‫آلﻣﺂورلم؛‬

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