“VIDA FUNDADA SOBRE LA ROCA”
(MATEO 7:24-29)
(POR EL PASTOR EMILIO BANDT FAVELA)
(826. DOMM. 180813)
V. C. CADA UNO DEBE MIRAR COMO SOBREEDIFICA SU VIDA
Los edificios más altos del mundo son característicos de la sociedad moderna: En
1890, era el del periódico New York World en Manhattan del arquitecto Joseph
Pulitzer; en 1931 fue el Empire State Building y en 1998 las colosales Torres
Petronas de Kuala Lumpur, Malasia. Pero fueron desplazadas por el edificio
Taipei 101, justamente con 101 pisos y 580 metros de altura en Taiwán. Pero ya se
quedó atrás con la torre Burj Dubai con 700 metros de alto.
Es de imaginarse la clase de cimientos que deben tener edificaciones tan colosales.
Sin lugar a dudas, deben ser cimentaciones muy grandes y fuertes para soportar el
peso de tantos materiales.
Nosotros no vamos a construir inmuebles tan enormes, pero sí necesitamos el
mejor cimiento porque se trata de la edificación de nuestra misma vida.
En este pasaje, nuestro Señor Jesucristo nos está hablando de esto precisamente,
que cada uno de nosotros debe mirar como sobreedifica su vida.
Nuestro Salvador ha pronunciado su precioso Sermón del Monte, ha hablado al
corazón de sus oyentes, ha establecido las normas de su reino, las directrices para
quienes desean ser sus discípulos y al concluir, les presenta el mayor desafío.
Aquí, nuestro Amado Maestro, presenta su exhortación usando una parábola. En
ella nos habla de dos clases de constructores, los cuales tienen dos clases de
actitudes, lo que los lleva a usar dos clases de cimentación y finalmente tienen dos
clases de resultados.
Meditemos juntos en este bello pasaje bíblico y veamos cuales son los resultados
de una vida edificada sobre la arena o de una vida fundada sobre la roca.
1º DOS CONSTRUCTORES.
Nuestro Maestro habla de dos constructores. A uno le llama “hombre prudente”
(7:24); al otro le llama “hombre insensato” (7:26).
¿Quiénes son estos dos constructores? Todos aquellos que han oído la Palabra de
Dios. Note las primeras palabras de los versículos 24 y 26: “Cualquiera, pues,
que me oye estas palabras…” (7:24); “Pero cualquiera que me oye
estas palabras…” (7:26).
Sí. Toda persona que de alguna u otra manera ha escuchado las Palabras de Cristo
está incluida en estas dos clases de constructores. Solo que hay constructores
prudentes y hay constructores insensatos.
Todo parece indicar que esos que han oído las palabras de Cristo no ha sido por
casualidad, sino que verdaderamente han buscado al Señor con todo su corazón.
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Permítanme auxiliarme del pasaje paralelo de Lucas 6:47 que dice: “Todo aquel
que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es
semejante”. ¿Lo notaron? Primero viene a Cristo, segundo oye sus palabras y
tercero las hace tratándose del prudente; o no las hace, tratándose del insensato.
Pero se refiere a personas que previamente han venido a Cristo, quizá buscándole
con ansiedad, con esperanza, con anhelo de recibir de ÉL alguna bendición.
Usted también se ha acercado al Señor Jesucristo, usted también ha escuchado
sus enseñanzas, entonces usted también es uno de estos dos constructores. Le toca
decidir si será un constructor sabio o imprudente. ¿Cuál será de los dos?
2º DOS ACTITUDES.
Nuestro Divino Maestro señala dos actitudes distintas en estos dos constructores.
El prudente escuchó la doctrina, las enseñanzas, los mandamientos de Cristo y
tomó la decisión de ponerlos en práctica. El insensato escuchó lo mismo que el
otro, pero determinó en su corazón no obedecerlos.
Es cierto que nuestro Dios desea ardientemente que todos escuchemos su palabra;
pero ÉL mismo nos pide que no escuchemos solo por escuchar, sino que a nuestro
oír agreguemos ciertas características:
(1) Debemos escuchar con atención. “... Oídme atentamente, y comed del
bien, y se deleitará vuestra alma con grosura” (Isaías 55:2). (2)
Debemos escuchar con entendimiento. “Y llamando a sí a toda la multitud,
les dijo: Oídme todos, y entended” (Marcos 7:14). (3) Debemos escuchar
con fe. “Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena
nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir
acompañada de fe en los que la oyeron” (Hebreos 4:2). (4) Pero sobre
todo debemos escuchar la Palabra de Dios con el sincero deseo y propósito de
obedecerla. “El entonces… les dijo: Mi madre y mis hermanos son los
que oyen la palabra de Dios, y la hacen” (Lucas 8:21).
Cuánta razón tiene Santiago cuando escribe: “Pero sed hacedores de la
palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros
mismos” (Santiago 1:22).
¿Cuál es su actitud cuando escucha la Palabra de Dios? ¿Escucharla? ¿Solo eso? O
¿Escucharla y ponerla en práctica? Si usted decide hacer un cambio aunque sea el
más pequeño en su vida, entonces, la Palabra de Dios habrá cumplido su cometido.
3º DOS CIMIENTOS.
Nuestro Señor dice que los dos constructores de esta historia utilizaron diferente
cimentación: Uno, el prudente edificó su casa sobre la roca. El otro, el insensato
construyó su casa sobre la arena. Lucas 6:49 dice que lo hizo sobre tierra.
Mucho se ha dicho del significado de la roca y la arena. Para unos la roca señala a
Cristo; y la arena el pecado. Pero en realidad estos dos elementos representan la
obediencia a la Palabra de Dios o la desobediencia a ella.
Hoy, muchas personas vienen a Cristo y le reciben como su Salvador.
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Pero a la hora de obedecer lo que Dios ordena en sus mandamientos, entonces se
apartan y abandonan el camino de Cristo.
El verdadero creyente es aquel que recibe a Cristo no sólo como el Salvador, sino
más aún como el Señor de toda su vida. La fe que se profesa a Cristo se demuestra
sólo con una vida de obediencia. El amor que se dice tener hacia el Señor se hace
evidente sólo poniendo en práctica sus mandamientos. ÉL mismo lo dijo: “Si me
amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Por lo tanto, debemos
ser hombres y mujeres ávidos de obedecer las leyes de nuestro Señor y Rey.
No debemos contentarnos con llamarlo “Señor, Señor”, sino obedecerle en todo,
para que verdaderamente sea el Soberano de nuestra vida.
Dios puede llegar a decir de nosotros como dijo del pueblo de Israel: “Dice,
pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con
sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de
mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido
enseñado” (Isaías 29:13).
¿Quién es el sabio constructor que edifica su casa sobre la roca? El que “hace” la
Palabra de Dios. Notemos que es precisamente en el “hacer” y el “no hacer” donde
estriba la gran diferencia entre el constructor sabio y el constructor insensato.
¿Cuál será su decisión cada vez que escucha la Palabra de Dios?
4º DOS RESULTADOS.
En esta parábola nuestro Señor Jesucristo menciona elementos que amenazan la
casa construida los cuales son: Según Lucas, una inundación, según Mateo, lluvia,
torrente que se desborda, vientos que soplan con ímpetu. Ante esto, la casa del
hombre sabio ni siquiera se conmovió porque estaba fundada sobre la roca. En
cambio, la casa del insensato se desgarró y cayó. Lucas y Mateo tienen la misma
observación: “Grande es su destrucción, grande es su ruina”.
Amados, hay bienaventuranza cuando guardamos los mandatos de nuestro Dios.
Lo aseguran las Escrituras: “Bienaventurados los que guardan sus
testimonios, Y con todo el corazón le buscan” (Salmo 119:2). En cierta
ocasión ÉL estaba enseñando y una mujer le dijo: “… Bienaventurado el
vientre que te trajo, y los senos que mamaste” (Lucas 11:27); pero el
Maestro le respondió: “Antes bienaventurados los que oyen la palabra
de Dios, y la guardan” (Lucas 11:28).
Aunque usted construya buena parte de su vida sobre la doctrina de nuestro
Maestro Cristo Jesús, digamos un noventa y nueve por ciento; pero una partecita,
muy pequeña, el uno por ciento, la edifica sobre la arena, entonces su fortaleza
tendrá una hendidura, su muro una abertura, su techo una fractura, sus paredes
una cuarteadura y por allí se colará el agua que inundará y devastará toda su casa.
¿Qué cosas son aquellas que todavía usted practica y que son pecados?
¿Por qué no echarlo fuera de su vida? Mejor es vivir conforme a la Palabra de Dios.
¡El Señor encamine su corazón a ser hacedor y no tan solo un oidor de su Palabra!
Después de todo no hay otra forma de demostrar que le amamos. ¡Así sea! ¡Amén!
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