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UBLICACIONES DE PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA
Comienzos de análisis: las
entrevistas preliminares
En este segundo debate nos interesa interrogar el comienzo de un análisis. ¿Cuándo comienza?
¿Cómo comienza? ¿Puede hacer algo el analista para favorecer su inicio? ¿Hay alguna diferencia
entre el comienzo de un análisis y la entrada en el mismo? ¿Cuál sería? ¿Cuál es la función de las
llamadas entrevistas preliminares?
Hay una multiplicidad de formas de comienzo, sin embargo, estas se acompañan de algo que es
una constante. Dicha constante, que constatamos cada vez, es que el sujeto se ha visto tocado por
un malestar que supera su propia capacidad de respuesta, habitual o nueva, y que se ha convertido
en un enigma para él. El sujeto ha experimentado el encuentro con lo real, ciertamente molesto o
inquietante, que opera como una piedra en el zapato o como una conmoción -algo que no va- y que
lo lleva a levantar el teléfono y hacer una demanda a quien supone que lo puede ayudar. La
demanda se sostiene entonces en un síntoma que se pondrá en palabras durante las entrevistas.
Podemos decir que un análisis comienza cuando el malestar, el síntoma, se convierte en una
pregunta sin respuesta para el sujeto y este supone que alguien debe de saber sobre lo que le pasa:
se instala el sujeto supuesto saber, lo que llamamos la transferencia.
El sujeto se dirige al analista porque le supone a este, o al propio psicoanálisis, un saber sobre lo
que le pasa. Es decir, que la transferencia precede a la llamada. El sinsentido de su malestar podrá
ser dilucidado por el analista quien le dirá el sentido ausente de sus síntomas. Pero el saber sobre
su malestar no lo tiene el analista, sino que habita como un saber no sabido en el inconsciente del
sujeto. La operación de la transferencia es una transferencia de saber, de dicho saber no sabido,
sobre el analista, transferencia que emergerá específicamente sobre un analista. Este, valiéndose de
esta transferencia, le dará todo el lugar al saber del inconsciente y al goce que encierra. Un
inconsciente que, como planteó Jacques-Alain Miller, ya ha hecho su interpretación.
Las primeras entrevistas con el analista, las que se ha dado en llamar preliminares, son en realidad
segundas con respecto a una transferencia ya presente. Podemos decir que estas entrevistas se
pueden dar por la transferencia previa con un sujeto supuesto saber (psicoanálisis, un amigo que lo
deriva, con el analista…). En dichas entrevistas el síntoma se va a poner en palabras y tal como lo
señala Lacan en el seminario de La Angustia y posteriormente Jacques-Alain Miller en Sutilezas
analíticas, el síntoma va a pasar de un estado amorfo, lo amorfo mental, a cobrar una forma. ¿Qué
quiere decir esto? Quiere decir que el sujeto le va a contar a otro sus pensamientos más íntimos,
pensamientos que lo molestan, que lo angustian, a los cuales no termina de poder darles un sentido,
o le hablará de sus síntomas físicos, o de algún mal encuentro, o de dificultades del lazo social, o de
problemas con la pareja, o… Todo esto que viene sin forma, sin estar hilado, gracias a contarlo en
las sesiones irá cobrando la forma de un discurso. También se puede dar el caso contrario donde la
forma del dicho esté tan consolidada, tan ordenada, que no es posible penetrar en ella: es un texto
sin fisuras. Entonces, será necesario molestar la forma para que el discurso se fisure y la
enunciación del sujeto se haga presente. En las entrevistas se vivirá una verdadera transformación,
una mutación, de algo que era amorfo a un discurso dirigido al analista, lo cual producirá muchas
revelaciones. Jacques-Alain Miller lo dice del siguiente modo:
“Un análisis que comienza se desarrolla en un atmósfera de revelación. No empieza entonces
necesariamente cuando se emprende un proceso de encuentros regulares sino a partir del momento
en que el sujeto hace el esfuerzo de trasladar el acontecimiento del pensamiento a la palabra. Así, el
análisis se desarrolla, regularmente si me permiten, como un fuego artificial de revelaciones.”
Nos preguntábamos qué puede hacer el analista para empujar en esta dirección. Estas entrevistas
son la oportunidad de escuchar los significantes primordiales del sujeto y hacer una operación de
ruptura entre esos significantes primordiales y el saber que se ha consolidado alrededor de él. Se
trata de ir aislando a estos significantes amos de la cadena conocida de explicaciones que lo
enmarcan, desmontar la cadena del sentido: S1//S2. Dejarlo solo para que pueda soltar algo de la
satisfacción que lo habita, de la marca de goce, que es la causa de la repetición. Podríamos decir
que es una operación de desconcierto del sujeto que lo quitará del discurso habitual para introducirlo
en el enigma de su propio inconsciente. Se produce un verdadero franqueamiento. Hay un antes y
un después en el hecho de demandar un análisis.
Es interesante plantearse cómo reconoce el analista a estos significantes especiales de entre el
enjambre de palabras, cómo los detecta. Son palabras que se muestran anudadas a un sufrimiento
y que desvelan una modalidad singular de relación con el Otro. Esto es lo que orientará al analista.
Tengamos en cuenta que en las entrevistas lo que opera al comienzo es la pregunta: ¿qué quiere
decir eso? Es una pregunta por el sentido ausente del síntoma, pero al analista también lo orienta
desde el inicio otra pregunta: ¿qué goza ahí?
Tanto Freud como Lacan van a asignar un lugar central a las entrevistas preliminares. Así Freud en
“Sobre la iniciación del tratamiento” (1913) va a señalar que son un período de prueba con una
motivación diagnóstica donde se va a discriminar quién puede hacer un psicoanálisis y quién no. Es
decir, con qué paciente va a mantener una promesa de curación y con cuál no. Ahora bien, va a
sostener que este período de prueba ya es el comienzo del psicoanálisis y debe obedecer a sus
reglas diferenciándose en que en dichas entrevistas se lo hace hablar al paciente sin interpretar más
que lo indispensable, más de lo preciso para que aquel siga hablando y, como decíamos, el síntoma
se ponga en forma.
Por su parte Lacan en el seminario 19 va a decir: “Todos saben -muchos lo ignoran- la insistencia
que pongo ante quienes me piden consejo sobre las entrevistas preliminares en el análisis. Eso tiene
una función para el analista, por supuesto esencial. No hay entrada posible en análisis sin
entrevistas preliminares”
Se escucha que Lacan pone a las entrevistas como condición de entrada en análisis: sin ellas no
habría posibilidad de analizarse. Sería un paso que no se podría saltar. Es preciso el trabajo de las
entrevistas para entrar en un análisis. Algo tiene que suceder en las mismas como para que se den
las condiciones necesarias. Por lo tanto, no existe una línea continua entre dichas entrevistas y el
análisis propiamente dicho.
Este dispositivo que Freud propuso y que Lacan lo llevó a la categoría de esencial va a valorar la
posibilidad del sujeto de sostener la apuesta analítica. Podríamos decir que es el tiempo donde se
investiga si el sujeto se hace responsable de su malestar o no, es el lugar donde se van a construir
las vías que lleven a esta responsabilidad. Es el tiempo donde se verifica o no la disposición
subjetiva a acceder al saber inconsciente y la posibilidad de responder a la demanda de asociar
libremente, condiciones necesarias para lanzar el dispositivo analítico. Son el campo preparatorio de
un posible análisis.
En ellas el analista va a interrogar lo que es evidente, lo que es obvio, mostrando desde el inicio la
diferencia que hay entre hablar con cualquiera y hacerlo con un analista. Este no da nada por
supuesto, no acepta la complicidad imaginaria sobre el sentido del dicho, sino que apunta a que los
dichos pueden querer decir otra cosa que lo que aparentan. En el análisis no se da por sentado
nada. La propia pregunta instala al inconsciente y apunta a la división subjetiva marcando la
diferencia entre el enunciado y la enunciación: “Dice esto, pero ¿qué quiere decir con ello?” Rompe,
como decíamos, el lazo entre el S1 y el S2.
La interrogación es hija del malentendido y hace volver al sujeto sobre su propio texto, a escucharse
y a interrogarse sobre lo que dijo. Esto favorecería la emergencia de la transferencia sobre el
analista como depositario del sujeto supuesto saber y va señalando que lo que el sujeto dice puede
tener un sentido diferente o un sentido simplemente. En la Introducción al método psicoanalítico
Jacques-Alain Miller lo dice así: “Sólo es posible convencer al paciente de nuestra capacidad de
entender introduciendo el malentendido”.
Hay que señalar que la interrogación no es un mero recurso técnico que se transmitiría a los futuros
analistas como un “deben interrogar lo evidente pues esto favorece la instalación de la transferencia”
sino que dicha necesidad interrogativa tiene un sostén ético ya que el analista no sabe nada del
sujeto que lo viene a consultar ni comprende los textos del paciente; el analista rechaza radicalmente
la comprensión como forma de abordar el dicho. Hay dos peligros que señala Lacan: uno es no ser
lo bastante curiosos y el otro es el de comprender, pues comprendemos siempre demasiado. Afirma
que: “(…) las puertas de la comprensión analítica se abren en base a un cierto rechazo de la
comprensión”
El analista suspende su saber teórico, pues este no le sirve para saber a priori y de modo universal
lo que al paciente le aqueja, no lo encaja en una categoría. Esta posición de ignorancia no implica
que el analista no sabe, sino que se coloca en una posición de ignorancia que espera lo nuevo que
va a ocurrir. Suspende su saber. Es el analista el que introduce la ignorancia en las EP -ignorancia
del sujeto sobre lo que le pasa- al introducir como polo la búsqueda de la verdad. Pero aclara Lacan
que esta ignorancia del sujeto en realidad no es una verdadera ignorancia, sino que habría que
precisarla como un verdadero desconocimiento constituido en el proceso de la Verneinung (El “no
es mi madre” que relata Freud en su texto La negación de 1925), ya que desconocimiento no es
ignorancia pues implica un cierto conocimiento de lo que se tiene que desconocer.
Por otra parte, es importante señalar que en las entrevistas emerge la abstención por parte del
analista del juicio, tanto moral como pragmático. Ni valorar moralmente lo que el paciente hace ni
decirle lo que hay que hacer para mejorar su vida o para que se consigan efectos analíticos. La regla
analítica -la asociación libre- quita al superyó de la escena e instala otro, el propiamente analítico,
que implica la exigencia de decir toda la verdad y muestra que el discurso analítico es un discurso
que no es como los demás.
Joaquín Caretti
Intervención en el debate “Comienzos de análisis” celebrado online el 25 de septiembre 2020.
1. Lacan Jacques. La angustia. Seminario X. Paidós. Buenos Aires. 2006. P. 62
2. Miller Jacques-Alain. Sutilezas analíticas. Paidós. Buenos Aires. 2011. P. 111
3. Ibídem. P 114
4. Lacan Jacques. Los escritos técnicos de Freud. Paidós. Buenos Aires. P. 120
5. Freud, Sigmund. La negación (1925). Obras Completas. Volumen XIX. Amorrortu Editores.
Buenos Aires. 2011