Concha
Concha
UNIDADES
NAVALES
EN
SU
RESPECTIVO
ROL
Guillermo
Concha
Boisier
Capitán
de
Navío
INTRODUCCION
Las
potencias
marítimas,
a
lo
largo
de
la
historia,
tradicionalmente
han
considerado
que
el
rol
fundamental
de
sus
flotas
es
asegurarse
el
dominio
del
mar
para
el
transporte
de
abastecimientos
y
expediciones
militares
a
ultramar,
negándoselo
al
mismo
tiempo
a
sus
adversarios.
Hasta
la
Segunda
Guerra
Mundial,
las
fuerzas
navales
constituyeron
una
forma
muy
especializada
del
poder
militar,
fácilmente
distinguible
de
otras
instituciones
armadas,
relativamente
independientes
en
su
medio
particular
y
predominantemente
orientadas
a
establecer
contacto
con
adversarios
similares,
para
derrotarlos
mediante
la
batalla.
Pero
este
escenario
estratégico,
pese
a
lo
reciente
que
ha
sido,
ya
dejó
de
existir.
Desde
la
Primera
Guerra
Mundial
comenzó
a
complicarse
cuando
el
combate
naval
dejó
de
ser
exclusivo
entre
fuerzas
similares,
cambiándose
para
siempre
los
indicadores
del
poder
naval.
En
efecto,
el
desarrollo
de
la
propulsión
naval,
la
aviación,
submarinos,
misiles,
explosivos
nucleares,
y
los
medios
de
mando
y
control
han
desplazado
definitivamente
aquellos
escenarios
donde
la
batalla
entre
buques
de
línea
era
el
foco
de
la
estrategia
naval.
La
evolución
tecnológica
ha
convertido
al
submarino,
al
avión
y
al
misil
en
los
enemigos
más
peligrosos
para
los
grandes
buques
de
superficie,
mientras
que
estos
han
encontrado
en
tierra
a
sus
principales
objetivos.
El
bombardeo
de
costa,
otrora
uno
de
los
más
humildes
roles
para
un
buque,
se
ha
constituido
en
una
preocupación
primordial
para
las
potencias
navales:
estratégicamente
mediante
misiles
lanzados
desde
submarinos
y
tácticamente
por
aviones
de
ataque
embarcados.
Además,
el
avance
tecnológico
ha
permitido
ampliar
el
campo
de
aplicaciones
del
poder
naval;
aunque
el
enorme
costo
de
los
sistemas
de
armas
modernos
limitará
por
sí
solo
al
número
de
naciones
que
podrán
disponer
de
todo
el
rango
de
armas
existentes.
Tal
es
así,
que
en
la
actualidad
sólo
dos
potencias,
Estados
Unidos,
seguida
muy
de
cerca
por
la
Unión
Soviética,
disponen
cabalmente
de
todas
las
capacidades,
incluyendo
armas
y
vectores,
que
la
tecnología
ha
hecho
realidad.
Consecuentemente,
para
muchos
problemas
navales
habrá
dos
tipos
de
soluciones:
uno
para
las
grandes
potencias
y
otro
para
el
resto.
Sin
embargo,
la
tecnología,
el
tamaño
y
prestigio
asociados
a
las
armadas
norteamericana
y
soviética
no
deberían
encandilar
el
análisis
del
rol
de
otras
flotas
existentes
en
diversas
partes
del
mundo,
que
no
pueden
considerarse
políticamente
insignificantes.
Por
el
contrario,
estas
armadas
menores
juegan
un
importante
papel,
tanto
como
un
factor
en
las
grandes
confrontaciones
internacionales
como
en
la
prosecución
de
los
propios
intereses
nacionales.
Para
cerrar
la
brecha
siempre
existente
entre
los
escasos
recursos
y
las
numerosas
exigencias
que
tienen
las
armadas,
se
pueden
visualizar
dos
acciones:
aumentar
el
presupuesto
naval
y
hacer
más
eficiente
a
las
fuerzas.
Una
forma
de
aumentar
la
eficiencia
es
acelerando
los
ciclos
de
operación
de
las
unidades,
pero
a
mediano
plazo
esto
se
traducirá
en
fatiga
del
material
y
descontento
o
malestar
en
las
tripulaciones.
Otra
forma
de
cerrar
la
brecha
sería
reduciendo
la
magnitud
y
alcance
de
las
misiones,
o
bien
aumentando
los
recursos
fiscales
para
la
armada.
Lo
primero
implica
un
sacrificio
o
costo
político,
mientras
que
lo
segundo,
entrar
a
disputar
los
fondos
presupuestarios
con
las
otras
instituciones
de
la
defensa.
Cualquiera
sea
la
alternativa
elegida,
significará
para
la
armada
tener
que
soportar
intromisiones
o
controles
tendientes
a
evaluar
la
"rentabilidad"
de
las
inversiones.
De
todas
maneras,
aplicar
un
criterio
de
costo-‐efectividad
a
los
sistemas
navales
resultaría
extremadamente
conflictivo,
ya
que
es
discutible
la
evaluación
de
fuerzas
que,
por
su
naturaleza,
son
polivalentes
y
aptas
para
actuar
en
situaciones
inciertas
de
crisis
y
en
guerras
que
aún
no
han
ocurrido
y
con
armas
que
no
han
sido
anteriormente
probadas
en
combate.
Por
último,
considerando
que
las
modernas
tecnologías
presentan
una
gran
variedad
de
medios
asociados
a
un
elevado
costo,
la
mayoría
de
las
armadas
deberán
elegir
entre
alternativas
excluyentes,
con
el
correspondiente
costo
de
oportunidad.
De
aquí
surge
entonces
la
gran
utilidad
de
las
técnicas
de
investigación
operativa,
como
un
intento
para
hacer
explícito
el
razonamiento
que
fundamenta
cada
alternativa.
Eso
sí,
deberá
tenerse
muy
en
cuenta
el
peligro
que
significa
este
análisis
teórico
porque,
al
tratar
de
ser
demasiado
explícito,
podría
llegar
a
descartar
la
valiosa
experiencia
que
el
analista
profesional
podría
recibir
de
aquellas
personas
más
versadas
en
operaciones
navales.
GUERRA
NAVAL
EN
LA
ACTUALIDAD
Guerra
de
superficie
Para
los
fines
del
presente
análisis,
interesa
estudiar
la
conformación
y
capacidades
generales
de
las
fuerzas
navales
que
eventualmente
podrían
enfrentarse
en
un
combate
de
superficie,
bajo
un
aspecto
exclusivamente
comparativo,
es
decir,
sin
entrar
en
consideraciones
académicas
o
estratégicas
sobre
las
circunstancias
y
escenarios
en
que
tales
combates
pudieran
ocurrir.
Es
sabido
que
desde
la
Segunda
Guerra
Mundial
el
acorazado
debió
ceder
su
lugar
al
portaaviones
como
actor
dominante
en
las
flotas
de
batalla.
Desde
la
aparición
de
los
aviones
en
la
guerra
naval,
la
artillería
perdió
progresivamente
su
papel
tradicional
de
arma
principal
de
combate,
para
convertirse
en
un
medio
de
defensa
antiaérea.
El
arma
aérea,
en
cambio,
se
ha
diversificado
y
enriquecido
con
toda
clase
de
misiles,
aviones,
helicópteros
y
medios
de
guerra
electrónica.
Durante
la
guerra
fría
que
siguió
a
la
Segunda
Guerra
Mundial,
las
flotas
de
las
potencias
adversarias
eligieron
distintas
soluciones
para
el
diseño
de
su
armamento
ofensivo.
Estados
Unidos
y
sus
aliados
adoptaron
definitivamente
al
portaaviones
como
buque
capital,
mientras
que
la
Unión
Soviética,
tecnológicamente
más
atrasada,
concentró
sus
esfuerzos
en
el
desarrollo
del
misil
antibuque
para
atacar
a
las
fuerzas
de
superficie,
en
coordinación
con
submarinos
y
aviones
bombarderos
con
base
en
tierra.
Así
hemos
llegado
a
la
situación
actual
de
la
guerra
de
superficie,
descrita
en
forma
muy
resumida,
donde
un
bando
confía
en
"vectores
inteligentes",
es
decir,
aviones,
para
destruir
al
adversario,
mientras
el
rival
acude
a
misiles
guiados
de
largo
alcance,
lanzados
tanto
desde
buques
de
superficie
como
desde
aviones
y
submarinos,
requiriendo
para
ello
del
indispensable
apoyo
de
aviones
de
MAE
con
base
en
tierra.
En
consideración
a
esta
situación,
Estados
Unidos
ha
diseñado
sus
flotas
en
base
a
grupos
de
batalla
conformados
en
torno
a
portaaviones
de
ataque,
escoltados
por
cruceros
y
destructores
para
su
protección
antiaérea
y
antisubmarina.
El
arsenal
de
que
dispone
la
aviación
de
ataque
(A-‐6
y,
FA-‐18)
consiste
en
misiles
Harpoon
y
diversas
bombas
inteligentes.
También
contribuyen
a
la
acción
de
superficie
los
submarinos
de
ataque
con
Sub-‐
Harpoon
y
torpedos,
que
normalmente
operan
con
los
grupos
de
batalla.
La
Unión
Soviética,
por
su
parte,
desde
mediados
de
la
década
de
los
años
70
ha
incorporado
a
su
flota
nuevos
tipos
de
buques
de
mayor
tamaño
que
los
anteriores,
dotados
con
sistemas
de
armas,
sensores,
electrónica
y
comunicaciones
más
complejos,
junto
con
mayores
capacidades
de
permanencia
en
las
áreas
de
operaciones.
De
esta
manera,
los
soviéticos
aumentaron
su
capacidad
para
desarrollar
y
realizar
sostenidamente
operaciones
antibuque,
antisubmarinas
y
antiaéreas
en
regiones
cada
vez
más
alejadas.
Especialmente
diseñados
para
el
rol
antibuque
son
los
cruceros
nucleares
de
la
clase
Kirov,
dotados
con
20
misiles
ss-‐N-‐19,
que
pueden
operar
coordinadamente
con
los
nuevos
submarinos
Oscar,
también
armados
con
24
misiles
del
mismo
tipo,
los
que
tienen
un
alcance
cercano
a
las
300
millas
náuticas.
Para
el
mismo
rol,
los
soviéticos
disponen
de
los
cruceros
Slava
y
destructores
clase
Sovremennyy,
armados
respectivamente
con
16
y
8
misiles
SS-‐NX-‐22,
que
también
tienen
un
alcance
aproximado
de
300
millas.
Como
medios
aéreos
de
ataque
a
buques
de
superficie,
la
aviación
naval
soviética
cuenta
con
el
bombardero
Blackfire,
con
base
en
tierra,
un
radio
de
acción
de
4.000
millas
y
armado
con
el
misil
AS-‐4,
que
tiene
un
alcance
no
bien
precisado,
dentro
del
rango
de
300
a
800
kilómetros.
Con
lo
visto
hasta
aquí
puede
apreciarse
lo
complejo
de
un
análisis
de
las
capacidades
que
las
fuerzas
navales
norteamericanas
y
soviéticas
disponen
para
enfrentarse
en
una
acción
de
superficie,
dada
la
complejidad
de
las
tecnologías
aplicadas
y,
especialmente
en
el
caso
de
los
soviéticos,
por
el
empleo
coordinado
no
sólo
de
unidades
de
superficie
sino
también
de
aviones
y
submarinos
especialmente
comprometidos
en
el
rol
antibuque.
Lo
que
si
resulta
evidente,
a
juzgar
por
los
hechos,
es
que
los
soviéticos
no
están
satisfechos
con
la
adopción
del
misil
antibuque
como
única
arma
contra
las
fuerzas
navales
del
mundo
libre,
y
que
se
sienten
limitados
en
su
capacidad
para
desarrollar
operaciones
de
combate
más
allá
del
alcance
de
la
aviación
con
base
en
tierra.
Así
lo
demuestra
el
desarrollo,
algo
tímido
en
un
principio
del
crucero
antisubmarino
clase
Movska,
para
continuar
luego
con
el
porta
aeronaves
de
la
clase
Kiev,
y
—en
forma
más
decidida
recientemente—
con
la
actual
construcción
de
portaaviones
nucleares
de
300
metros
de
eslora
y
65.000
toneladas
de
desplazamiento,
cuyo
prototipo
se
estima
entrar
en
servicio
a
comienzos
de
la
próxima
década.
En
síntesis,
todo
parece
señalar
que
para
la
guerra
de
superficie
la
opción
favorita
es
el
"vector
inteligente"
de
armas,
es
decir,
la
aeronave
embarcada.
Guerra
antiaérea
El
concepto
de
defensa
en
profundidad
contra
los
ataques
aéreos
a
formaciones
navales,
desarrollado
en
la
Segunda
Guerra
Mundial,
se
mantiene
en
plena
vigencia.
En
1945
se
empleaban
PAC
(Patrullas
Aéreas
de
Combate)
de
aviones
interceptores
para
derribar
la
mayor
cantidad
posible
de
atacantes,
mientras
la
artillería
de
los
buques
se
encargaba
de
los
aviones
que
lograban
penetrar
hasta
la
zona
interior,
donde
debían
largar
sus
bombas.
Con
el
tiempo,
el
misil
guiado
ha
ido
reemplazando
gradualmente
a
los
cañones
antiaéreos,
en
la
medida
que
los
han
superado
en
alcance
y
efectividad.
Por
otra
parte,
la
rápida
escalada
de
la
amenaza
del
misil
antibuque,
sea
este
lanzado
desde
submarinos,
buques
de
superficie
o
aeronaves,
en
nada
ha
variado
el
concepto
de
defensa
en
profundidad.
En
efecto,
actualmente
la
zona
exterior
de
defensa
a
cargo
de
las
PAC
es
complementada
por
misiles
para
defensa
de
área
en
una
zona
intermedia
y,
finalmente,
por
la
defensa
de
punto
contra
misiles
mediante
cañones
y
misiles
(hard
Kill),
completados
con
equipos
de
guerra
electrónica
y
señuelos
(soft
kill).
Los
misiles
antibuque,
además
de
haber
aumentado
el
riesgo
de
saturación
en
los
sistemas
defensivos,
han
reducido
considerablemente
los
tiempos
de
reacción
necesarios
para
neutralizar
un
ataque.
Ello
ha
conducido
a
la
indispensable
necesidad
de
automatizar
las
funciones
de
la
CIC
en
los
buques,
especialmente
para
superar
la
obsolescencia
del
ploteo
manual
de
raids
aéreos
y
para
agilizar
el
intercambio
de
informaciones
con
otros
buques
y
aeronaves
(Data
Link).
Para
describir
los
sistemas
defensivos
actualmente
en
uso,
a
continuación
analizaremos
dos
soluciones
típicas
al
problema
de
la
guerra
antiaérea
en
una
fuerza
naval.
La
armada
norteamericana
emplea,
para
la
protección
de
sus
grupos
de
ataque
de
portaaviones,
PAC
que
en
el
momento
de
la
acción
son
reforzadas
con
la
concurrencia
de
interceptores
listos
en
cubierta
(DLI).
Todos
estos
aviones
son
guiados
hacia
sus
blancos
con
el
apoyo
de
aviones
de
alarma
aérea
temprana
(AEW)
y
los
radares
tridimensionales
de
los
busques.
Los
cruceros
y
destructores
de
la
cortina
antiaérea,
que
en
un
comienzo
contaban
para
la
defensa
de
área
con
los
misiles
Terrier,
Talos
y
Tartar
—en
no
más
de
cuatro
canales
de
fuego
por
unidad—
hoy
están
siendo
reemplazados
por
el
misil
estándar
en
lanzadores
verticales,
lo
que
les
permite
controlar
hasta
18
blancos
aéreos
simultáneamente.
Este
sistema
ha
demostrado
una
efectividad
notablemente
superior
a
todo
lo
visto
hasta
ahora,
además
de
ser
excepcionalmente
confiable.
Para
la
defensa
de
punto
antimisil,
las
unidades
norteamericanas
han
adoptado
universalmente
el
sistema
Phalanx.
El
costo
de
estos
buques,
sin
embargo,
ha
resultado
igualmente
elevado:
los
destructores
de
la
clase
Arleigh.
Burke
entrarán
al
servicio
de
la
armada
norteamericana
en
1989,
a
un
costo
de
1.363,7
millones
de
dólares,
según
datos
de
1985.
La
armada
británica,
por
su
parte,
al
renunciar
al
uso
de
portaaviones
en
la
década
de
los
años
60,
limitó
el
área
de
sus
operaciones
navales
al
radio
de
acción
que
le
aseguraba
la
cobertura
aérea
con
base
en
tierra.
Posteriormente
logró
superar
esta
limitación
adoptando
el
avión
V/STOL
Harrier,
embarcado
en
portaaeronaves
de
la
clase
Invincible,
de
manera
que
actualmente
las
fuerzas
navales
británicas
disponen
de
aviación
orgánica
para
funciones
de
PAC
con
los
Harrier
y
de
alarma
aérea
temprana
con
helicópteros
Sea
King
dotados
con
un
radar
que
les
permite
detectar
aviones
atacantes
hasta
200
millas
de
distancia
y
misiles
antibuque
a
unas
45
millas.
Con
tales
medios,
la
armada
británica
ha
logrado
una
satisfactoria
profundidad
en
la
defensa
antiaérea.
En
cuanto
a
defensa
de
área,
inicialmente
se
empleó
el
misil
Seaslug
y
luego
el
Sea
Dart,
de
mayor
confiabilidad.
La
defensa
de
punto
en
base
el
Sea
Cat,
misil
que
todavía
se
mantiene
en
producción,
ha
ido
evolucionando
hacia
el
Sea
Wolf
como
medio
para
una
limitada
defensa
de
área,
gracias
a
su
capacidad
para
interceptar
blancos
en
vuelo
de
través
y
para
batir
misiles
antibuque.
Además,
existe
últimamente
la
tendencia
en
todas
las
armadas
de
adoptar
lanzadores
verticales
de
misiles;
incluso
instalados
en
lugares
de
fortuna
en
la
superestructura
de
los
buques,
ya
que
este
dispositivo
permite
disponer
simultáneamente
de
todos
los
misiles
antiaéreos
embarcados,
además
de
eliminar
los
riesgos
por
fallas
mecánicas
inherentes
a
todo
lanzador
rotatorio
y
su
correspondiente
mecanismo
de
recarga.
En
cuanto
a
la
defensa
de
punto,
las
armadas
de
la
OTAN
aún
no
han
llegado
a
un
consenso
sobre
el
tipo
de
cañón
(fijo
o
rotatorio)
y
el
calibre
que
resulta
más
apropiado
contra
los
misiles
antibuque,
así,
por
ejemplo,
el
cañón
Gatling
de
20
mm
adoptado
en
el
sistema
Phalanx
rivaliza
con
el
Oerlikon
de
25
mm
del
Seaguard
y
con
el
de
30
mm
del
Goalkeeper,
aunque
últimamente
se
ha
generalizado
la
idea
de
que
el
calibre
da
un
proyectil
contra
misiles
no
debe
ser
inferior
a
30
mm;
en
parte,
como
consecuencia
de
ello,
los
norteamericanos
estudian
la
modificación
del
sistema
Phalanx.
Finalmente
no
debe
olvidarse
que
la
guerra
electrónica,
al
igual
que
la
alarma
temprana
son
factores
absolutamente
esenciales
para
el
efectivo
empleo
de
los
complejos
y
costosos
sistemas
de
defensa
aérea.
Guerra
antisubmarina
Se
estima
que
la
propagación
del
sonido
en
el
agua
continuará
todavía
por
mucho
tiempo
siendo
el
medio
principal
y
más
efectivo
para
detectar
submarinos.
Aunque
además
del
sonar
existan
otros
sensores
desde
plataformas
aéreas
o
espaciales,
destinados
a
captar
anomalías
magnéticas,
térmicas
u
otras,
estos
constituyen
por
ahora
un
complemento
o
ayuda
para
la
detección
acústica.
Desde
la
posguerra,
el
desarrollo
del
sonar
en
un
principio
se
orientó
a
la
detección
activa
mediante
la
emisión
de
ondas
acústicas
de
gran
potencia
y
baja
frecuencia,
que
culminó
con
la
producción
de
potentes
transmisores
enfriados
por
agua
y
enormes
transductores
que
obligaron
a
la
construcción
de
bulbos
de
proa
en
los
buques
antisubmarinos.
Sin
embargo
los
caprichos
de
la
propagación
acústica
en
el
océano
han
presentado
una
limitación
natural
al
desarrollo
de
esta
alternativa,
por
lo
que
en
los
últimos
años
se
ha
puesto
énfasis
hacia
el
desarrollo
de
sonares
pasivos
con
una
alta
tecnología
aplicada
en
el
procesamiento
de
señales,
como
los
aplicados
en
los
sistemas
acústicos
de
fondo
(SOSUS)
y
en
los
modernos
sonares
tácticos
remolcados
(TACTAS),
los
cuales
además
han
generado
la
necesidad
de
reducir
al
máximo
el
nivel
de
ruido
ocasionado
por
la
maquinaria
de
los
buques
antisubmarinos.
Existen
diversos
medios
que
sirven
para
proporcionar
una
protección
antisubmarina
en
profundidad
a
determinados
objetivos
en
el
océano:
aeronaves
de
patrulla
que
le
niegan
la
superficie
al
submarino,
que
mediante
sonoboyas
y
torpedos
pueden
detectarlo
y
destruirlo
en
las
áreas
de
patrulla
o
en
su
tránsito
hacia
ellas;
helicópteros
con
sonar
capaces
de
detectar
y
neutralizar
al
submarino
antes
que
llegue
a
distancia
de
lanzamiento;
submarinos
que
impiden
al
submarino
enemigo
Ingresar
a
determinadas
áreas
geográficas
y
finalmente,
buques-‐escolta
dotados
con
sonares
de
casco
y
remolcados,
activos
y
pasivos.
En
realidad,
todos
los
medios
mencionados
se
complementan,
gracias
a
sus
respectivas
ventajas
y
limitaciones,
que
para
cada
caso
son
diferentes.
Los
aviones
de
patrulla
pueden
cubrir
extensas
áreas
oceánicas
durante
un
período
relativamente
prolongado,
aunque
a
costa
de
un
consumo
prohibitivo
de
sonoboyas,
como
lo
comprobaron
las
fuerzas
navales
británicas
durante
el
conflicto
de
las
Falkland.
El
sonar
pasivo
resulta
particularmente
efectivo
para
detectar
submarinos
a
propulsión
nuclear,
debido
al
elevado
nivel
de
ruido
que
estos
generan,
especialmente
en
el
caso
de
los
soviéticos,
aunque
se
está
realizando
un
importante
esfuerzo
para
solucionar
este
defecto
que
los
caracteriza.
Consecuentemente,
en
el
desarrollo
de
los
sonares
pasivos
se
está
aplicando
una
compleja
tecnología
para
el
procesamiento
de
señales
acústicas,
las
que
cada
día
se
irán
haciendo
más
débiles.
En
los
buques
antisubmarinos,
los
sonares
de
casco
se
ven
afectados
seriamente
por
las
gradientes
termales
que
desvían
hacia
el
fondo
del
océano
la
propagación
de
ondas
acústicas,
las
que
idealmente
debieran
propagarse
en
sentido
horizontal.
Para
solucionar
este
problema
que
afecta
principalmente
a
los
sonares
activos,
se
recurre
a
equipos
de
muy
alta
potencia
y
baja
frecuencia,
con
sus
transductores
fijos
al
casco
o
remolcados
a
profundidades
variables,
a
fin
de
explotar
las
zonas
de
convergencia
acústica
o
los
canales
de
sonido
respectivamente.
Aunque
esto
es
técnicamente
factible,
requiere
del
empleo
de
buques
especialmente
diseñados
para
el
rol
antisubmarino.
El
helicóptero,
en
cambio,
se
ha
convertido
en
el
medio
más
flexible,
económico
y
efectivo
para
la
guerra
antisubmarina:
operando
desde
un
buque
o
con
base
en
tierra
puede
actuar
con
sus
propios
sensores
y
armas
para
neutralizar
la
acción
de
submarinos
en
áreas
fijas
o
móviles,
según
la
actividad
que
desarrollen
los
objetivos
que
interese
proteger,
y
sin
mayor
riesgo
para
su
propia
seguridad.
Normalmente
se
han
empleado
helicópteros
pesados
armados
con
torpedos
ligeros
del
tipo
Mk-‐44
y
46,
dotados
con
una
variable
configuración
de
sensores
combo
el
MAP,
sonoboyas
y
sonares
arriables.
Existen
todavía
en
servicio
varios
tipos
de
helicópteros
pesados
que
ya
son
veteranos
en
este
rol.
Finalmente,
ya
que
hablamos
de
destruir
submarinos,
no
podemos
omitir
algunos
comentarios
sobre
el
armamento.
Siendo
el
torpedo
acústico
el
medio
más
universalmente
adoptado
como
arma
contra
submarinos,
y
considerando
el
progreso
alcanzado
por
estas
unidades
en
materia
de
resistencia
y
diseño
de
casco;
especialmente
por
los
soviéticos,
se
ha
evidenciado
la
necesidad
de
desarrollar
un
torpedo
con
mayor
capacidad
destructiva
que
los
actuales,
llegándose
a
la
concepción
del
llamado
"torpedo
pesado"
como
arma
realmente
capaz
de
neutralizar
o
destruir
al
un
submarino
moderno,
especialmente
nuclear.
PLANES
DE
DESARROLLO
VIGENTES
Portaaeronaves
Es
sabido
que
para
ejercer
el
poder
naval
se
requiere
del
apoyo
de
aeronaves
sobre
el
mar.
La
experiencia
ha
enseñado
que
para
tener
éxito
en
las
operaciones
de
superficie
se
debe
lograr
y
mantener
la
superioridad
aérea
en
el
área
de
operaciones.
Esta
superioridad
puede
lograrse
mediante
aeronaves
con
base
en
tierra,
pero
—como
fuera
demostrado
en
las
Falkland—
si
se
requiere
operar
más
allá
del
radio
de
acción
de
la
aviación
con
base
en
tierra,
entonces
será
necesario
contar
con
aeronaves
embarcadas.
También
se
sabe
que
los
helicópteros
pueden
ser
operados
desde
muchos
y
variados
tipos
de
buques,
pero
si
se
requiere
contar
con
la
capacidad
para
desplegar
simultáneamente
más
de
un
tipo
de
aeronave,
en
cantidades
suficientes
para
mantener
continuadamente
las
operaciones
aéreas
durante
un
periodo
determinado,
entonces
se
requiere
de
un
buque
especializado
para
ello.
Esto
es
particularmente
válido
cuando
se
trata
de
operar
aviones
de
ala
fija
en
combinación
con
helicópteros
pesados,
del
tipo
Sea
King.
Las
actuales
aeronaves
pueden
llevar
una
amplia
gama
de
armamento
y
equipos
que
permiten
a
un
reducido
número
de
unidades
combinadas
realizar
una
gran
variedad
de
roles;
tales
como:
—
Vigilancia
y
reconocimiento.
—
Ataque
a
objetivos
en
mar
y
tierra.
—
Ataque
a
aeronaves
hostiles
y
de
patrulla.
—
Guerra
antisubmarina.
—
Desembarco
y
recuperación
de
fuerzas
terrestres.
—
Rescate
y
salvataje.
—
Transporte
de
personal.
Un
portaaeronaves,
además,
siendo
el
buque
de
mayor
tamaño
en
una
fuerza
naval,
seguramente
se
constituirá
en
el
centro
de
mando
y
control
de
la
fuerza
requiriendo
consecuentemente
una
gran
cantidad
de
equipos
para
ese
propósito.
De
esta
manera,
puede
concluirse
que
un
buque
capaz
de
portar
aeronaves
podrá
desempeñar
los
siguientes
roles:
—
Cobertura
aérea
para
los
buques
de
una
fuerza
naval
—
Comando
y
control
para
la
fuerza.
—
Apoyo
a
asaltos
anfibios
De
acuerdo
con
la
evolución
tecnológica
y
la
proliferación
de
los
roles
del
portaaviones,
sumado
al
deseo
de
embarcar
la
mayor
cantidad
posible
de
aviones
de
gran
capacidad
combativa,
se
ha
ocasionado
el
desarrollo
de
portaaviones
de
gran
tamaño,
más
complejos
y,
por
tanto,
de
un
enorme
costo.
Como
consecuencia
de
esto,
hoy
día
son
muy
pocas
las
armadas
que
pueden
costear
grandes
portaaviones
de
ataque,
junto
con
sus
respectivos
buques
de
escolta,
para
desempeñarse
en
el
rol
de
proyección
del
poder
militar
en
territorios
de
ultramar.
Para
superar
la
seria
deficiencia
en
la
configuración
da
fuerzas
navales
ocasionada
por
la
ausencia
de
portaaviones,
a
comienzos
de
la
década
de
los
años
70
comenzaron
a
surgir
varios
proyectos
de
portaaeronaves,
con
capacidades
más
modestas,
en
diversas
armadas,
siguiendo
la
idea
norteamericana
del
"Sea
Control
Ship"
y
del
"crucero
de
cubierta
corrida”
europeo.
Este
nuevo
concepto
de
diseño
fue
ampliamente
acogido
gracias
al
advenimiento
de
una
nueva
tecnología
aplicada
a
las
aeronaves
de
ala
fija:
el
avión
de
despegue
vertical,
tipo
Harrier.
A
continuación
se
describirán
algunos
portaaeronaves
recientemente
ingresados
al
servicio,
de
armadas
europeas.
El
“lnvincible”
Mucho
se
ha
escrito
sobre
la
evolución
de
este
tipo
de
buque
capital
para
la
armada
británica.
Sus
RAN
originales
les
exigían
capacidades
para:
—
Mando
y
control
de
grandes
fuerzas
A/S,
incluyendo
buques,
submarinos
y
aeronaves.
—
Operación
de
helicópteros
pesados,
del
tipo
Sea
King
y
sus
modelos
sucesores.
—
Contribución
a
la
defensa
aérea
de
área.
Las
especificaciones
de
diseño
contemplaban
un
hangar
con
capacidad
para
nueve
Sea
King
y
tres
puntos
de
operación
en
cubierta,
y
el
sistema
de
misil
A/A
Sea
Dart.
Hacia
1975
se
incorporó
al
diseño
la
capacidad
para
operar
con
el
nuevo
avión
V/STOL
Sea
Harrier.
Más
tarde
se
incorporó
un
tobogán
a
proa
de
la
cubierta
de
vuelo
para
incrementar
el
radio
de
acción
y/o
la
carga
táctica
de
los
aviones
V/STOL.
El
conflicto
del
Atlántico
sur
sirvió
para
poner
a
prueba
este
nuevo
tipo
de
buque,
pero
al
mismo
tiempo
reveló
algunas
deficiencias
en
su
diseño.
En
efecto,
estos
portaaeronaves
fueron
diseñados
para
efectuar
operaciones
especificas
de
la
OTAN
en
el
mar
del
Norte,
sin
considerar
el
empleo
del
Sea
Harrier,
de
manera
que
en
el
prototipo
el
diseño
del
hangar
y
elevadores
resultó
inapropiado
para
aviones
V/STOL,
pues
su
ancho
no
permitía
maniobrar
con
dos
aeronaves
lado
a
lado,
lo
cual
resultaba
inconveniente
para
fines
de
mantenimiento
y
circulación
bajo
cubierta.
Durante
la
construcción
del
Invincible
se
evidenció
un
considerable
potencial
para
exportar
este
tipo
de
buques,
en
reemplazo
de
antiguos
portaaviones
de
la
Segunda
Guerra
Mundial
para
otras
armadas,
como
Canadá,
Australia,
Brasil,
Argentina
y
la
India.
De
esta
manera
surgieron
diversos
proyectos
para
la
exportación,
dentro
del
rango
de
las
13.000
toneladas
de
desplazamiento,
185
metros
de
eslora
y
28
nudos
de
andar,
tales
como
el
MACSHIP
(Maritime
Area
Control
Ship),
el
VAC
(Versatile
alrcraft
Carrier),
el
"Light
Fleet
Carrier"
de
la
Vickers,
y
otros.
El
“Príncipe
de
Asturias"
La
Armada
de
España,
también
por
razones
económicas,
adoptó
el
proyecto
norteamericano
del
Sea
Control
Ship
para
desarrollar
un
portaaeronaves
dotado
con
el
mínimo
de
helicópteros
y
aviones
que
le
permitan
controlar
los
espacios
marítimos
que
le
interesan,
operando
en
áreas
de
baja
amenaza
aérea.
Así
se
llegó
al
diseño
del
Príncipe
de
Asturias,
buque
destinado
a
actuar
como
coordinador
táctico
de
la
Fuerza,
que
operará
en
la
protección
de
las
líneas
de
comunicaciones
marítimas
y
en
la
proyección
del
poder
militar
hacia
tierra.
El
buque
no
estará
equipado
con
armamento
ofensivo
antibuque,
puesto
que
la
capacidad
para
el
combate
de
superficie
será
obtenida
mediante
la
acción
coordinada
del
grupo
aéreo
embarcado
con
la
escolta
de
superficie.
Los
buques-‐escolta
podrán
atacar
blancos
de
superficie
con
misiles
y
artillería,
mientras
que
el
portaaeronaves
empleará
sus
aviones
en
configuración
de
ataque.
La
capacidad
antiaérea
será
proporcionada
por
el
sistema
Meroka
para
defensa
de
punto,
y
ofensivamente
mediante
el
empleo
coordinado
de
aviones
interceptores
y
los
misiles
SM-‐1
de
los
buques-‐escolta.
En
la
guerra
antisubmarina
se
emplearán
sonoboyas
lanzadas
desde
helicópteros,
además
de
los
sonares
de
casco
y
remolcados
de
los
buques-‐escolta,
y
los
sonares
de
los
helicópteros
Sea
King.
Los
torpedos
A/S
pueden
ser
lanzados
por
los
escoltas
y
desde
los
helicópteros.
En
síntesis,
las
capacidades
del
Príncipe
de
Asturias
le
permiten
satisfacer
los
siguientes
roles
específicos
para
los
cuales
el
buque
fue
diseñado,
según
la
armada
española:
—
Destrucción
de
fuerzas
enemigas.
—
Defensa
de
aguas
territoriales.
—
Protección
de
líneas
marítimas
propias
e
interceptación
de
las
enemigas.
—
Guerra
antisubmarina
ofensiva.
—
Bloqueo
y
minado.
El
"Giuseppe
Garibaldi''
La
Armada
de
Italia,
a
partir
de
1953,
ha
desarrollado
diversos
tipos
de
helicópteros
embarcados
y
buques
para
la
guerra
A/S.
Este
programa
ha
culminado
recientemente
con
el
ingreso
al
servicio
del
portaaeronaves
Giuseppe
Garibaldi.
Este
buque
ha
sido
diseñado
para
contrarrestar
nuevas
formas
de
amenazas
en
el
Mediterráneo.
La
amenaza,
esencialmente
submarina
hasta
hace
algunos
años
y
aumentada
con
las
mejores
capacidades
de
los
submarinos
modernos,
se
ha
vuelto
más
compleja
con
la
aparición
de
nuevas
amenazas
de
superficie
y
aéreas,
junto
con
todo
lo
que
implica
la
guerra
electrónica.
Consecuentemente,
los
italianos
estiman
que
para
neutralizar
tales
amenazas
toda
fuerza
naval
debe
contar
con
al
menos
una
plataforma
mayor
portadora
de
helicópteros
con
capacidad
para
operaciones
diurnas
y
nocturnas,
armamento
A/S,
misiles
antibuque
y
contramedidas
electrónicas.
Según
ellos,
el
helicóptero
Sea
King
cumple
con
todos
estos
requerimientos.
De
acuerdo
a
sus
necesidades,
la
armada
italiana
diseñó
al
Garibaldi
para
llevar
más
de
14
helicópteros
pesados
del
tipo
Sea
King,
la
mayoría
de
los
cuales
pueden
protegerse
en
el
hangar
bajo
cubierta.
La
cubierta
de
vuelo
permite
seis
puntos
de
aterrizaje
de
helicópteros,
más
dos
elevadores
y
está
diseñada
para
operar
eventualmente
con
aviones
de
ala
fija
V/STOL,
con
el
propósito
de
aumentar
el
radio
de
operación
de
la
fuerza,
especialmente
en
el
aspecto
antiaéreo.
Para
defenderse
de
la
amenaza
de
superficie,
el
buque
cuenta
con
el
sistema
Teseo,
compuesto
por
cuatro
lanzadores
dobles
del
misil
Otomat,
el
cual
dispone
del
guiado
intermedio
de
helicópteros
para
alcanzar
distancias
transhorizonte.
La
defensa
aérea
de
punto
está
basada
en
el
sistema
de
armas
Albatros,
que
emplea
una
combinación
de
misiles
Aspide
y
ametralladoras
de
40
mm,
estando
estas
últimas
destinadas
especialmente
a
la
defensa
antimisil.
Además
del
empleo
de
helicópteros
para
su
autodefensa
contra
submarinos,
el
Garibaldi
cuenta
con
tubos
lanzadores
de
torpedos
A/S
y
su
propio
sonar
de
casco.
En
cuanto
a
capacidad
anfibia
y
el
portaaeronaves
italiano
puede
embarcar
unos
600
infantes
de
marina,
equipados,
alojados
principalmente
en
el
hangar,
para
ser
desembarcados
mediante
los
helicópteros
CH-‐47
Chinook,
que
normalmente
se
emplean
en
operaciones
anfibias.
De
esta
manera,
la
Armada
de
Italia
se
ha
provisto
de
un
portaaeronaves
diseñado
especialmente
para
satisfacer
los
roles
de:
—
Ataque
antisubmarino
—
Protección
de
fuerzas
navales
y
buques
mercantes.
—
Ataque
de
superficie.
—
Defensa
aérea
(con
aviones
V/STOL).
—
Alarma
aérea
temprana.
—
Mando
y
control.
—
Asalto
anfibio.
El
concepto
Arapaho"
Se
ha
comprobado
que
buques
mercantes
convertidos
en
portaaeronaves
constituyen
un
valioso
aporte
a
las
operaciones
aéreas
típicas
con
helicópteros
y,
en
forma
limitada
con
aviones
V/STOL.
Así
nació
el
concepto
Arapaho,
sistema
desarrollado
en
la
Armada
de
EE.UU,
para
disponer
de
una
plataforma
portahelicópteros
en
base
a
contenedores
especialmente
diseñados
para
ser
instalados
en
buques
mercantes
previamente
seleccionados
y
acondicionados.
La
armada
británica
adoptó
este
sistema
experimentándolo
con
el
Reliant
en
el
Líbano,
y
también
—como
es
conocido—
empleó
a
Atlantic
Conveyor
como
transporte
de
aeronaves
en
el
conflicto
de
las
Falkland.
En
todo
caso,
debe
advertirse
que
esta
no
es
una
forma
de
obtener
portaaviones
baratos
y
dotados
con
plenas
capacidades
en
cuanto
a
hangares,
elevadores,
apoyos,
C3I,
etc.,
sino
más
bien
una
solución
de
fortuna
para
superar
situaciones
de
emergencia.
Es
decir
sólo
se
trata
de
una
medida
práctica
y
económica
destinada
a
multiplicar
capacidades
previamente
existentes,
con
el
fin
de
proporcionar
a
una
fuerza
naval
una
mayor
cantidad
de
aeronaves
orgánicas
que
las
normalmente
asignadas
a
ella,
pero
que
tiene
el
serio
inconveniente
de
generar
una
servidumbre
operativa
para
el
resto
de
la
fuerza,
debido
a
la
prácticamente
nula
autonomía
defensiva
que
tiene
este
tipo
de
buques.
Fragatas
Para
ilustrar
la
evolución
de
la
tecnología
aplicada
a
los
buques
tipo
destructor
y
fragata;
hemos
seleccionado
los
casos
canadiense
y
holandés,
por
tratarse
de
armadas
empeñadas
en
roles
muy
específicos
que
pretenden
lograr
capacidades
mejor
equilibradas
en
base
al
empleo
preeminente
de
buques
de
este
tipo.
Canadá
La
preocupación
por
la
guerra
A/S
de
la
Armada
Real
de
Canadá
proviene
de
su
experiencia
de
guerra,
en
los
compromisos
con
la
OTAN
desde
la
posguerra
y
a
sus
relativamente
modestos
gastos
de
defensa.
Esta
orientación
A/S
se
reflejó
en
los
programas
de
modernización
para
los
destructores
y
fragatas
construidos
durante
la
guerra
y
en
un
ambicioso
plan
para
construir
una
serie
de
destructores-‐escolta
diseñados
en
el
país
con
la
más
moderna
tecnología
disponible.
De
esta
manera,
entre
1955
y
1964
los
astilleros
canadienses
entregaron
un
total
de
20
buques
de
la
clase
Saint
Laurent
y
otros
similares,
siendo
las
últimas
unidades
dotadas
con
helicópteros
Sea
King.
A
contar
de
1962
la
armada
canadiense
demostró
su
interés
por
lograr
una
flota
más
equilibrada,
ordenando
la
construcción
de
ocho
grandes
fragatas
de
propósito
general,
dotadas
con
el
sistema
de
misiles
A/A
Tartar.
Sin
embargo,
este
programa
fue
cancelado
y
reemplazado
por
la
construcción
de
cuatro
destructores
clase
Tribal.
Dotados
con
dos
helicópteros
Sea
King
y
propulsados
con
turbinas
a
gas,
estos
destructores
resultaron
en
algunos
aspectos
más
complejos
que
las
fragatas
polivalentes
originales,
pero
también
señalaron
un
retorno
a
la
especialización
en
el
rol
A/S,
con
una
limitada
capacidad
proporcionada
por
dos
montajes
de
Sea
Sparrow.
Los
destructores
clase
Tribal
son
los
únicos
buques
canadienses
equipados
con
misiles
A/A,
pero
actualmente
carecen
de
sistemas
de
defensa
de
punto,
al
igual
que
las
18
unidades
restantes
de
las
clases
Saint
Laurent,
Restigouche,
Mackenzie
y
Annapolis.
A
fin
de
mantener
su
fuerza
de
20
buques
de
combate,
la
armada
canadiense
ha
emprendido
un
programa
de
modernización
de
los
destructores
clase
Tribal,
construidos
entre
1969
y
1971,
junto
con
la
construcción
inicial
de
seis
fragatas
de
la
nueva
clase
City,
que
gradualmente
irán
reemplazando
a
las
restantes
unidades,
a
contar
de
1989,
con
el
ingreso
al
servicio
de
su
prototipo,
el
Halifax.
Mediante
las
nuevas
fragatas
City
y
los
destructores
Tribal
modernizados,
la
armada
canadiense
verá
significativamente
recuperada
su
capacidad
de
defensa
antiaérea,
puesto
que
la
decisión
de
convertir
los
Tribal
para
cumplir
un
rol
de
defensa
aérea
de
área
y
de
proporcionar
a
la
clase
City
una
capacidad
de
defensa
aérea
bastante
superior
a
la
que
actualmente
disponen
las
unidades
A/S,
refleja
la
preocupación
que
se
tiene
sobre
la
amenaza
aérea
presente
y
del
futuro.
Porque
analizando
el
considerable
inventario
de
la
aviación
naval
soviética
y
la
creciente
variedad
de
misiles
que
pueden
lanzarse
desde
el
aire,
la
superficie
y
desde
submarinos,
los
buques
A/S
canadienses
con
anticuado
diseño,
sin
armamento
adecuado
ni
el
apoyo
de
unidades
especializadas
en
el
rol
A/A,
ciertamente
no
podrían
sobrevivir
a
un
conflicto.
A
modo
ilustrativo,
a
continuación
se
describe
someramente
la
configuración
de
armas
que
permitirán
a
los
destructores
Tribal
y
fragatas
City
desempeñar
sus
roles
actualizados:
•
Guerra
antiaérea.
En
los
Tribal
será
desmontado
el
cañón
Oto
Melara
de
5"
para
reemplazarlo
por
un
sistema
de
lanzadores
verticales
para
32
misiles
Standard.
Los
City
tendrán
un
sistema
similar
para
16
misiles
Sea
Sparrow,
y
ambos
tipos
de
unidades
contarán
con
el
Phalanx
Mk-‐15
para
defensa
de
punto,
complementando
a
un
cañón
de
tiro
rápido
que
en
el
caso
de
los
Tribal
será
el
Oto
Melara
de
76
mm,
en
reemplazo
de
los
lanzadores
Sea
Sparrow,
y
el
Bofors
de
57
mm
para
las
fragatas
clase
City.
•
Guerra
antisuperficie.
Las
unidades
City
estarán
armadas
con
8
Harpoon,
misiles
que
en
principio
no
están
considerados
para
los
Tribal,
pero
que
podrían
ser
instalados
en
posteriores
programas
de
modernización.
•
Guerra
antisubmarina.
Ambas
clases
de
buques
tendrán
embarcados
2
helicópteros
Sea
King,
o
su
reemplazo,
2
TLT
Mk-‐32
triples
y
sonar
de
casco
SQS-‐505.
En
los
Tribal
se
mantendrá
el
actual
sonar
de
profundidad
variable
y
el
mortero
Limbo
será
desmontado
por
estar
obsoleto.
Las
fragatas
City
serán
equipados
con
el
nuevo
sonar
pasivo
remolcado
de
diseño
canadiense,
CANTASS,
y
en
todas
las
unidades
se
adopta
el
sistema
"Nixie"
como
contramedidas
para
torpedos.
Holanda
Al
igual
que
Canadá,
Holanda
mantiene
una
veintena
de
fragatas
A/S
para
cumplir
con
el
rol
que
le
corresponde
en
el
contexto
de
la
OTAN.
Las
unidades
más
antiguas,
entregadas
en
1965,
corresponden
a
la
clase
Van
Speijk,
construidas
alrededor
de
1964
en
base
al
diseño
de
las
fragatas
Leander
británicas,
pero
con
equipamiento
holandés,
las
cuales
serán
reemplazadas
a
contar
de
1983
por
cuatro
nuevas
construcciones
de
la
clase
"M”,
destinadas
a
operar
junto
con
las
de
la
clase
Kortenaer,
cuya
configuración
de
armas
es
sensiblemente
similar
al
de
las
nuevas
fragatas
canadienses,
aunque
en
un
casco
de
menor
tonelaje.
Es
decir,
contarán
con
misiles
antiaéreos
en
lanzadores
verticales,
Goalkeeper
para
defensa
de
punto
cañón
Oto
Melara
de
76
mm,
2
TLT
Mk-‐32,
sonar
de
casco,
además
de
VDS
o
TACTAS
y
un
helicóptero
Lynx.
*
*
*
En
materia
de
propulsión
de
buques,
es
interesante
comentar
algunas
experiencias
en
el
área
de
ingeniería
durante
el
conflicto
del
Atlántico
sur.
Según
fuentes
de
la
armada
británica,
al
finalizar
la
campaña
de
las
Falkland
las
ventajas
de
los
motores
diesel
en
la
propulsión
de
buques
de
combate
fue
tan
obvia,
que
la
armada
británica
habría
decidido
modificar
el
diseño
de
sus
futuras
fragatas,
las
que
consideraban
el
sistema
CODOG
en
remplazo
del
COGAG
empleado
anteriormente.
Incluso
se
pensaría
en
una
solución
exclusivamente
diesel,
CODAD,
como
la
adoptada
por
la
armada
francesa
en
sus
nuevos
destructores
A/A
del
tipo
C-‐70.
Algunas
razones
de
este
cambio
serían:
—
Consumo.
La
turbina
a
gas
consume
2,2
veces
más
combustible
que
un
motor
diesel
de
potencia
equivalente.
—
Seguridad.
El
gas-‐oil
empleado
por
las
turbinas
a
gas
es
muy
liviano
y
se
enciende
con
mucha
facilidad,
haciendo
casi
imposible
apagar
un
incendio
de
combustible
una
vez
iniciado,
debido
a
su
baja
viscosidad.
—
Mantenimiento.
Efectuar
a
bordo
la
mantención
de
las
turbinas
resultó
demasiado
complicado,
por
lo
que
normalmente
se
recambian
en
puerto.
Emprender
esta
acción
en
el
mar,
en
el
área
de
operaciones,
resulta
engorroso
y
demasiado
lento,
como
fue
comprobado
en
el
caso
del
Invincible.
La
mantención
de
los
motores
diesel,
en
cambio,
requirió
un
mínimo
de
atención
de
los
y
13
buques
británicos
dotados
con
máquinas
Pielstick,
sólo
uno
requirió
mantención.
—Maniobrabilidad.
Se
estima
que
la
mayor
maniobrabilidad
atribuida
a
los
buques
con
turbinas
a
gas
se
debe
a
las
hélices
de
paso
variable
usadas
en
dichos
buques
y
no
a
sus
sistemas
GOGOC
y
GOGAG.
Sin
embargo,
una
ventaja
de
la
combinación
CODAD
es
que
permite
y
usar
hélices
de
paso
fijo,
con
menor
cavitación,
mediante
motores
reversibles.
—
Ruido.
Siendo
esta
la
única
desventaja
encontrada
al
motor
diesel,
la
propagación
de
ruidos
a
través
del
casco
de
los
buques
puede
reducirse
con
adecuadas
suspensiones
elásticas
y/o
con
la
adopción
de
la
propulsión
diesel-‐eléctrica,
similar
a
la
de
los
submarinos
cuando
se
requiera
navegar
en
condición
silenciosa,
ubicando
los
generadores
diesel
sobre
la
línea
de
agua.
En
síntesis,
el
análisis
de
las
experiencias
vividas
en
las
Falkland
parece
confirmar
la
nueva
política
de
diseño
que
actualmente
está
en
boga,
identificada
por
la
sigla
KISS
adoptada
en
los
círculos
de
ingenieros
y
diseñadores
navales,
que
no
significa
otra
cosa
que
"Keep
It
simple,
stupid"
*
*
*
Lanchas
rápidas
Hasta
la
Segunda
Guerra
Mundial,
el
empleo
de
lanchas
rápidas
fue
ampliamente
adoptado
por
muchas
armadas,
como
un
medio
eficaz
y
económico
para
el
rol
de
ataque
con
torpedos
a
unidades
de
superficie,
explotando
la
sorpresa
en
base
al
ocultamiento
y
movilidad.
Sin
embargo,
con
el
desarrollo
del
radar,
el
empleo
de
lanchas
torpederas
en
dicho
rol
se
hizo
poco
realista
para
su
escasa
posibilidad
de
éxito
y
supervivencia
en
el
ataque.
Aunque
durante
la
posguerra
se
continuaron
haciendo
diversos
progresos
en
el
área
de
propulsión
de
estas
unidades,
consideradas
de
secundaria
importancia,
fueron
los
rusos
quienes
dieron
paso
trascendente
en
la
evolución
de
las
lanchas
rápidas,
al
resolver
que
el
torpedo
debería
ser
reemplazado
por
un
arma
más
rápida
y
de
mayor
alcance,
es
decir,
el
misil
antibuque.
De
esta
manera
desarrollaron
el
misil
Styx,
que
pasó
desapercibido
por
las
armadas
occidentales
hasta
que
fuera
sensacionalmente
estrenado
en
combate
con
el
hundimiento
del
destructor
israelí
Eilat.
Este
incidente
causó
un
gran
impacto
en
la
tecnología
de
los
buques
de
combate,
al
hacerse
evidente
que
el
misil
de
largo
alcance
constituye
una
eficiente
arma
que
puede
ser
instalada
en
unidades
livianas
para
asestar
poderosos
y
hasta
letales
golpes
contra
buques
fuertemente
armados.
Tal
capacidad
ha
ocasionado
que
las
lanchas
rápidas
no
sean
más
consideradas
como
embarcaciones
de
consumo,
sino
como
valiosos
blancos
para
el
enemigo.
Consecuentemente,
hubo
de
dotárseles
con
apropiados
sistemas
de
defensa
antiaérea.
Con
esta
dramática
evolución
ya
no
es
necesario
exigir
a
las
lanchas
rápidas
que
se
aproximen
ocultamente
a
sus
blancos
para
atacar
y
luego
retirarse
a
alta
velocidad.
Su
rol,
ahora,
consiste
en
servir
como
una
plataforma
móvil
y
difícil
de
localizar
para
los
misiles
antibuque
y
sus
sistemas
de
control
asociados,
que
gracias
a
su
tecnología
permiten
restar
importancia
al
tamaño
y
estabilidad
del
casco,
que
antes
tanto
preocupaba.
En
síntesis,
las
lanchas
rápidas,
que
nacieron
como
simples
torpederas,
han
evolucionado
hasta
convertirse
en
versátiles
plataformas
dotadas
con
misiles,
torpedos,
armamento
A/A
y
complejos
sistemas
de
control
de
fuego
para
ser
empleados
en
múltiples
roles,
y
capaces
de
operar
en
coordinación
con
otros
tipos
de
unidades
de
combate.
La
armada
sueca
incluso
ha
equipado
a
sus
lanchas
rápidas
con
sistemas
antisubmarinos:
sonares,
cargas
de
profundidad
y
torpedos
seguidores,
lo
cual
ha
sido
posible
gracias
al
desarrollo
de
sonares
remolcados
livianos.
A
raíz
de
estas
múltiples
capacidades,
los
suecos,
han
denominado
"corbetas
costeras"
a
sus
últimos
modelos
de
lanchas
rápidas.
En
cuanto
a
su
diseño,
este
tipo
de
unidades
actualmente
desplazan
entre
200
y
400
toneladas,
para
dar
cabida
a
los
sistemas
de
armas
y,
al
mismo
tiempo,
proporcionar
las
condiciones
marineras
y
de
espacio
que
permitan
el
buen
desempeño
de
la
propulsión
para
operar
en
adversas
condiciones
de
tiempo.
La
velocidad
máxima,
que
antiguamente
—con
las
torpederas—
se
pretendía
alcanzar
sobre
los
40
nudos,
actualmente
se
considera
en
el
rango
de
los
30
a
35
nudos,
lo
cual
permite
simplificar
las
plantas
propulsoras
con
motores
diesel
livianos
y
aumentar
los
períodos
entre
reparaciones.
Dentro
de
la
clasificación
de
unidades
ligeras,
en
el
transcurso
de
la
última
década
han
surgido
otros
tipos
de
plataformas
de
armas,
diseñadas
para
disminuir
e
incluso
suprimir
la
obra
viva
del
casco,
con
el
propósito
de
superar
la
barrera
de
los
40
nudos
de
velocidad
aprovechando
el
efecto
de
la
sustentación
hidrodinámica
o
en
otros
casos,
aerodinámica
que
les
proporciona
su
diseño.
Los
vehículos
a
colchón
de
aire
(ACV),
como
el
hovercraft,
o
aerodeslizador,
pueden
alcanzar
velocidades
de
50
a
70
nudos
y
explotar
su
capacidad
anfibia.
Sin
embargo,
como
ya
se
dijo,
para
una
plataforma
de
misiles
la
velocidad
no
tiene
la
misma
importancia
que
antes,
pero
su
empleo
resulta
ideal
en
el
rol
anfibio,
para
desembarcar
tropas
y
vehículos
en
playas
o
terrenos
planos.
El
casco
con
hidroalas,
o
hydrofoil,
por
otra
parte,
ha
sido
empleado
en
el
Pegasus
norteamericano
y
el
Parvero
italiano.
Aunque
estas
embarcaciones
disponen
de
una
apropiada
capacidad
de
carga
útil
para
armamento,
su
costo
de
construcción
y
mantenimiento
es
tan
excesivamente
elevado,
que
difícilmente
podrán
competir
con
otras
opciones
basadas
en
cascos
convencionales.
Debe
reconocerse,
sin
embargo,
una
cualidad
común
a
estos
nuevos
diseños,
cual
es
su
relativa
invulnerabilidad
a
las
armas
submarinas.
Pero
también
tienen
en
común
su
prácticamente
nula
capacidad
para
recibir
castigo,
puesto
que
cualquier
daño
en
sus
faldones,
hidroalas
o
sistemas
de
control
les
ocasionará
la
pérdida
total
o
parcial
de
velocidad.
En
resumen,
el
desarrollo
de
lanchas
rápidas
parece
haberse
estabilizado
en
el
rango
de
200
a
400
toneladas
de
desplazamiento.
Con
una
velocidad
máxima
de
30
a
40
nudos
como
plataformas
da
sistemas
de
misiles
dotados
con
sensores
y
elementos
de
guiado
cada
vez
más
complejos
pero
más
miniaturizados,
a
la
vez.
Se
podrá
llegar
a
diseños
de
cascos
dobles,
tipo
catamarán,
pero
siempre
del
tipo
convencional.
Los
vehículos
a
colchón
de
aire
serán
empleados
como
eficientes
embarcaciones
anfibias
y
para
ese
rol
la
armada
soviética
los
está
produciendo
en
cantidades,
mientras
que
los
hidroalas,
o
aliscafos,
siendo
un
excelente
logro
tecnológico,
está
por
verse
si
pueden
justificar
un
rol
para
ellos
en
la
guerra
moderna,
considerando
su
complejidad,
alto
costo
y
vulnerabilidad
al
castigo.
Existe
una
gran
variedad
de
modelos
de
este
tipo
de
unidades,
disponible
en
el
mercado.
Los
más
representativos
son
la
Combattante
francesa,
el
Cormorán
español,
la
Reshef
israelí
y,
más
recientemente,
la
Saettia
italiana
y
la
futura
clase
Goteborg
sueca,
que
a
raíz
de
los
conocidos
incidentes
en
el
Báltico
será
destinada
prioritariamente
al
rol
antisubmarino.
Submarinos
Las
perspectivas
que
la
tecnología
ofrece
para
el
desarrollo
de
los
submarinos,
especialmente
en
el
área
de
la
propulsión,
es
una
materia
que
será
expuesta
en
otro
trabajo
especializado.
También
haremos
abstracción
del
rol
estratégico
que
les
corresponde
a
los
grandes
submarinos
nucleares,
portadores
de
misiles
balísticos
intercontinentales,
por
ser
un
rol
que
escapa
a
nuestras
posibilidades
y
ser
del
dominio
exclusivo
de
las
grandes
potencias.
Nos
interesa,
en
realidad,
analizar
el
desarrollo
del
submarino
convencional,
y
la
forma
en
que
la
tecnología
ha
contribuido
en
la
evolución
de
sus
roles
típicos.
Desde
la
Segunda
Guerra
Mundial,
la
efectividad
del
submarino
para
atacar
a
buques
de
superficie
ha
mejorado
notablemente,
gracias
fundamentalmente
a
su
capacidad
para
lanzar
torpedos
filoguiados
a
gran
distancia
sin
necesidad
de
evidenciar
su
presencia
con
el
uso
del
periscopio,
lo
cual
en
gran
medida
ha
dejado
obsoletos
a
la
mayoría
de
los
sistemas
defensivos
antisubmarinos
desarrollados
hasta
la
posguerra.
EI
diseño
de
casco
y
plantas
propulsoras
orientadas
a
la
navegación
silenciosa
junto
con
el
empleo
de
complejos
sonares
pasivos,
han
permitido
ampliar
los
roles
del
submarino
hacia
la
guerra
antisubmarina,
especialmente
contra
unidades
a
propulsión
nuclear.
Incluso,
se
ha
llegado
a
integrar
submarinos
en
las
formaciones
de
fuerzas
navales
de
superficie
para
su
empleo
en
tácticas
tanto
defensivas
como
ofensivas,
y
especialmente
contra
portaaviones.
Con
el
desarrollo
de
la
versión
para
lanzamiento
bajo
el
agua
de
los
misiles
Harpoon
y
Exocet,
el
submarino
ha
incrementado
y
diversificado
su
capacidad
antisuperficie,
sin
perder
la
ventaja
del
ocultamiento.
Por
último,
la
posibilidad
de
lanzar
misiles
crucero
como
el
Tomahawk
ha
introducido
al
submarino
en
el
rol
de
la
proyección
naval
hacia
tierra.
Sin
embargo,
no
debe
olvidarse
que
para
el
adecuado
empleo
de
las
armas
con
que
hoy
día
cuenta
el
submarino,
este
deberá
contar
con
un
adecuado
apoyo
de
inteligencia
en
base
a
aviones
de
patrulla
y
satélites,
junto
con
efectivos
y
seguros
medios
de
telecomunicaciones.
En
materia
de
desarrollo
de
submarinos
convencionales,
es
interesante
observar
el
proceso
que
actualmente
sigue
Australia
para
reemplazar
sus
seis
Oberon
en
la
década
de
los
años
90.
La
idea
es
construirlos
en
el
país
en
base
a
un
diseño
europeo,
aún
no
decidido,
con
un
sistema
de
armas
con
especificaciones
nacionales.
Canadá
está
muy
atenta
al
resultado
de
esta
gestión,
pues
también
está
preocupada
por
el
reemplazo
de
tres
Oberon
por
cuatro
nuevos
submarinos.
La
Armada
Real
Británica
reemplazará
sus
submarinos
convencionales
Oberon
por
nuevas
construcciones
del
tipo
2400
Upholder,
pero
debido
a
recientes
restricciones
presupuestarias
el
programa
de
renovación
será
dilatado.
Este
inconveniente
será
superado
en
parte
con
un
plan
de
modernización
de
los
Oberon
en
servicio,
que
incluirá
el
cambio
de
sonares
e
instalación
de
uno
remolcado,
nuevos
computadores
y
consolas
de
control
de
fuego,
además
de
los
últimos
modelos
en
equipos
de
guerra
electrónica.
Aeronaves
embarcadas
Helicópteros
El
empleo
de
este
tipo
de
aeronave
en
diversos
roles
ha
llegado
a
hacerse
indispensable
en
toda
fuerza
naval.
Equipados
con
complicados
sensores
y
armas,
los
helicópteros
embarcados,
de
reciente
diseño,
disponen
de
una
capacidad
tal
que
los
hacen
comparables
virtualmente
a
una
minifragata:
La
tecnología
actual
permite
emplear
helicópteros
de
peso
mediano
(4
a
5
toneladas),
como
el
Dauphine
francés
y
el
Lynx
británico,
para
el
rol
antisubmarino
en
forma
integral
y
más
limitadamente,
para
atacar
unidades
de
superficie
ligeras
con
el
misil
AS-‐15
o
el
Sea
Skua.
Pero,
indudablemente,
la
mejor
forma
de
explotar
la
versatilidad
del
helicóptero
en
apoyo
a
las
fuerzas
de
superficie
es
mediante
el
helicóptero
pesado
(9
a
10
toneladas),
como:
el
Sea
King,
Super
Puma
o
Sea
Hawk.
Su
capacidad
de
carga
útil
les
permite
atacar
buques
de
superficie
con
un
par
de
misiles
Exocet
o
Sea
Eagle,
llevar
sonoboyas,
sonar
y
torpedos
para
operaciones
antisubmarinas,
portar
un
adecuado
radar
de
rebusca
para
alarma
aérea
temprana,
etc.
Para
desempeñarse
en
el
rol
antibuque,
actualmente
se
encuentran
en
producción
sólo
dos
tipos
de
helicópteros
pesados,
calificados
para
llevar
misiles
del
tamaño
de
un
Exocet:
El
Super
Puma
y
el
Sea
King.
Fuera
de
la
armada
francesa
el
AS-‐332-‐F
Super
Puma,
de
Aerospatiale,
ha
sido
adoptado
sólo
por
Kuwait
(12)
y
los
Emiratos
Arabes
(4),
para
el
rol
antibuque
(ASV)
con
base
en
tierra.
El
Sea
King,
en
cambio,
ha
tenido
una
amplia
aceptación
en
muchas
armadas,
para
cumplir
una
variada
gama
de
roles.
Inicialmente
empleado
en
guerra
antisubmarina,
transporte
de
tropas
y
rescate
marítimo,
su
campo
de
acción
se
ha
ampliado
hacia
roles
antibuque,
antimisil
y
alarma
aérea
temprana.
La
fabricación
del
Sea
King,
si
bien
ha
cesado
en
los
EE.UU.,
continúa
produciéndose
bajo
licencia
de
Sikorsky
en
el
Reino
Unido
(Westland),
Italia
(Agusta)
y
Japón
(Mitsubishi).
En
la
actualidad
existe
un
numeroso
inventario
de
estos
helicópteros,
en
sus
diversos
tipos
y
roles,
sirviendo
en
las
armadas
de
los
países
que
se
indican.
—
Sikorsky
SH-‐3
D/H
129
en
EE.UU.
35
en
Canadá;
15
en
España.
—
Westland
HAS
Mk.
2
a
5
y
Mk.
41
a
48:
112
(+17)
en
el
Reino
Unido;
22
en
Alemania
Federal;
14
(+12)
en
la
India;
8
en
Australia;
6
en
Egipto;
6
en
Pakistán;
5
en
Bíblica.
—
Agusta
Sikorsky
SH-‐3
D/H:
30
(+6)
en
Italia;
10
en
Irán;
9
en
Brasil;
5
en
Argentina;
9
en
Perú.
—
Mitsubishi
Sikorsky
HSS-‐28:
75
en
Japón.
Aunque
los
Sea
King
normalmente
operan
desde
portaviones,
algunas
armadas
han
acondicionado
otros
tipos
de
buques
de
combate
para
embarcar
helicópteros
pesados.
Tal
es
el
caso
de
los
cruceros
peruanos,
destructores
japoneses,
italianos
y
canadienses,
fragatas
de
Australia,
India
y
del
Reino
Unido,
además
de
todas
las
unidades
norteamericanas
que
emplean
el
sistema
LAMPS.
En
el
caso
particular
del
Reino
Unido,
su
armada
opera
embarcados,
los
HAS-‐2
y
HAS-‐5
Cada
portaaeronave
dispone
de
dos
Sea
King
en
versión
AEW
con
el
radar
Searchwater.
A
contar
del
1987
entrará
en
servicio
el
HAS-‐6
con
un
sistema
de
sonar
mejorado
para
operar
con
el
último
modelo
de
sonoboyas
y
en
conjunto
con
fragatas
A/S
que
operen
con
sonares
remolcados.
Este
modelo,
el
HAS-‐6,
complementar
y
al
futuro
EH-‐101
hasta
fines
de
siglo.
Varias
armadas
tienen
previsto
reemplazar
los
Sea
King
por
helicópteros
más
modernas
durante
la
década
de
los
años
90;
Estados
Unidos,
Japón
y
Australia
adoptarán
El
Sikorsky
SH-‐6OB
Sea
Hawk
para
los
roles
A/S
y
antibuque
en
sus
sistemas
LAMPS
III,
mientras
que
el
Reino
Unido
e
Italia
optarán
por
el
helicóptero
EH-‐101
multipropósito,
que
está
desarrollando
el
consorcio
Westland-‐Agusta.
Aviones
de
despegue
corto
vertical
El
único
avión
con
características
V/STOL
fabricado
en
el
mundo
libre
es
el
Harrier
desarrollado
por
la
British
Aerospace.
Las
principales
versiones
producidas
son
120
GR
Mk.
3
de
apoyo
estrecho
y
reconocimiento
para
la
RAF,
102
AV-‐SA
de
ataque
para
el
USMC
y
11
AV-‐85
de
caza-‐defensa
para
la
aviación
naval
de
España.
De
la
versión
naval,
o
Sea
Harrier,
la
armada
británica,
ha
pedido
un
total
de
57
FRSM1
(Fighter-‐Reconnaissance-‐Strike),
y
se
han
entregado
8
a
la
India.
A
contar
de
1886
estará
disponible
el
Harrier
II
desarrollado
por
el
Consorcio
Mc
Donnell
Douglas-‐British
Aerospace,
diseñado
para
doblar
la
capacidad
de
carga
útil
y
radio
de
acción
del
Harrier
original.
Este
modelo
se
producirá
inicialmente
en
dos
versiones:
60
GR
Mk.
5
para
la
RAF
y
257
AV-‐8B
para
el
USMC.
También
se
tiene
considerado
un
pedido
de
12
AV-‐8B
para
reforzar
la
VIII
Escuadrilla
de
"Matadores"
de
la
aviación
naval
española.