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Lomo

11 mm

MÁS ALLÁ DE LA SONRISA


En 2023, Bojan Krkić decidió abandonar Este libro no va de fútbol. No habla de la carrera de un BOJAN KRKIĆ PÉREZ
el fútbol tras una larga carrera como niño prodigio. Un talento tan singular como precoz. Ni (Linyola, Lleida, 1990) dejó su huella en
profesional. Un trayectoria llena de éxi- tampoco de sus éxitos en uno de los clubs más grandes el fútbol mundial jugando en tres conti-
tos y fracasos, de luces y sombras. Aho- del mundo. No se analiza únicamente a aquel adolescen- nentes, siete ligas y nueve equipos antes
ra, por primera vez, abre su corazón en te, con cara angelical y juego celestial, que puso en pie al de retirarse en 2023. Su viaje comenzó
un libro que explora las dificultades que Camp Nou cuando no alcanzaba ni la mayoría de edad. en La Masia, la academia formativa del
encuentra un joven en el competitivo y, a Miles de personas vibraron con su fútbol, ágil y preciso, FC Barcelona, donde gracias a su espe-
veces, cruel mundo del fútbol. que conectaba al instante con el aficionado culé. Porque cial talento destacó desde muy joven en
El jugador reflexiona sobre la soledad era uno de los suyos. Un niño que vieron crecer, al que las categorías inferiores.
del deportista y el tormento que supone acompañaron en su vertiginoso salto al primer equipo, Conocido por su versatilidad y habilidad
no poder controlar lo incontrolable, un derribando barreras y marcando goles. para adaptarse a distintos estilos de jue-
proceso mental desgastante que le llevó Estas páginas son un viaje a la mente de un jugador. A go, Bojan brilló en el Barça, donde se dio
a vivir momentos terribles en los que se la mente de una persona que, en realidad, son dos. La a conocer como una gran promesa a los
sintió muy incomprendido. que se ve en el campo, supuestamente disfrutando del dieciséis años, y en el Stoke City de Ingla-
Además de las reflexiones del propio éxito con el que sueña cualquiera: fama, reconocimiento, terra, que se convirtió en su segundo ho-

CONTROLAR LO INCONTROLABLE
futbolista, estas páginas cuentan con el elogios, dinero… Y la que no se veía cuando desaparecía gar futbolístico.
testimonio de personas que han vivido del césped y se cernía sobre él la oscuridad, donde la an- Pero su historia no se limita a un largo
de cerca su carrera, como Andrés Inies- siedad y la angustia lo invadían todo. catálogo de éxitos y goles en el césped.
ta, Frank Rijkaard, el técnico que lo hizo Era cuando Bojan derrotó a Bojan. Y Bojan, por vez pri- Bojan se ha enfrentado y ha abordado
debutar con dieciséis años, Thierry Henry mera, lo cuenta todo. de forma abierta y valiente su experien-
y Zlatan Ibrahimović. cia con la ansiedad, poniendo en valor la
«El fútbol es maravilloso, pero también tiene momentos importancia y la trascendencia de la sa-
«No nos damos cuenta, pero cuando que son muy difíciles y delicados. Por ello, debes pedir lud mental en el deporte, derribando al-
se gana algo, y aunque no lo queramos ayuda a quien tenga el conocimiento y el talento que te gunos de los tabús que la rodean.
ver, también se está perdiendo algo. permitan superarlos. En esa época creo que nos hicimos
Y viceversa. Cuando se pierde algo, mucho bien el uno al otro.» @bokrkic
y aunque no lo veamos a primera vista, — ANDRÉS INIESTA, exjugador del FC Barcelona
siempre se gana algo.» CONTROLAR LO
— DR. JOSEP MONSENY, psicoanalista INCONTROLABLE
Alienta
Grupo Planeta

10342542
alientaeditorial.com
planetadelibros.com
Diseño de cubierta: Sylvia Sans Bassat
@Alienta
#ControlarLoIncontrolable Fotografía del autor: © Jordi Cotrina

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Controlar lo
incontrolable

BOJAN KRKIĆ

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© Isabel Trueba, 2024

© del prólogo: Isabel Rojas Estapé

© Bojan Krkić, 2024

© Centro de Libros PAPF, SLU., 2023


Alienta es un sello editorial de Centro de Libros PAPF, SLU.
© Centro de Libros PAPF, SLU., 2024
Av. Diagonal, 662-664
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08034 Barcelona
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www.planetadelibros.com
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Primera edición: enero de 2024


Depósito legal: m. XXXX-20xx
Primera edición: abril de 2024
ISBN: 978-84-1344-271-6
Depósito legal: B. 5.251-2024
Preimpresión: Realización Planeta
ISBN: 978-84-1344-319-5
Impreso por BLACKPRINT CPI
Composición: Realización Planeta
Impresión y encuadernación: Huertas Industrias Gráficas S. A.

Impreso en España - Printed in Spain


Printed in Spain - Impreso en España

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Sumario

Sobre el autor. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11

1. «Dejé el fútbol porque amo el fútbol» . . . . . . 13


2. El silencio que te aplasta. . . . . . . . . . . . . . . . . . 39
3. El talento importa, pero no es suficiente . . . . 59
4. Cuando paré un avión tras abandonar
el Barça . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109
5. Algo que no puedes controlar . . . . . . . . . . . . . 123
6. Aquel día en que mi rodilla se rompió . . . . . . 157
7. «Llegué muy joven y me voy joven» . . . . . . . . 193

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1
«Dejé el fútbol porque amo el fútbol»

El fútbol es mi vida. Ha sido una parte fundamental de


mí desde que empecé a correr, ya con cuatro años. Mi
padre venía de ese mundo, había sido jugador, por lo
que yo ya tenía dentro de mí el fútbol cuando nací.
Todo lo que he hecho a lo largo de mi vida ha sido
gracias a este deporte. Todas las vivencias y experiencias
que he tenido como persona me las ha dado el fútbol. Al
inicio era un placer, pura diversión. ¿Siempre? No, no
siempre ha sido así, pero era algo innato, la felicidad
más absoluta. Jugar, competir, ganar, perder, conocer
gente nueva... Lo tiene todo. Siempre ha sido mi vida.
Un juego al que juegas por placer... hasta que llegas al
mundo profesional.
Cuando llegas ahí descubres que ese mundo ideal
que has imaginado en tu cabeza no existe. No todo es
un cuento de Disney. Uno piensa que va a entrar en el
paraíso, pero, cuando lo hace, no es lo mismo que se ve

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14 · Controlar lo incontrolable

desde fuera: tiene sus cosas complicadas, sus momen-


tos oscuros, sus historias...
Detalles que nunca había contado. O, al menos, no
como a partir de ahora, donde espero que comprendas
lo que se vive en el otro lado de este juego. Tuve mo-
mentos muy duros, ataques de ansiedad, «olas» que me
venían y no podía controlarlas. No sabía las causas. Ni
tampoco tenía al inicio la ayuda necesaria para supe-
rarlo. Tampoco estaba preparado para todo lo que iba a
venir después. ¿Quién lo está con dieciséis años? Por
eso, intenté que esa parte lúdica que había caracteriza-
do a mi juego desde que era niño no quedara afectada al
entrar en contacto con el mundo tan extremadamente
competitivo que es el fútbol profesional. Quise seguir
en mi burbuja, que era lo que realmente me hacía feliz,
y que nadie entrara en ella. Estaba empeñado en que
ningún elemento extraño me afectara. No quería que na-
die ni nada pudiera contaminar ese sentimiento que
siempre me acompañó que, en realidad, traemos todos
desde la infancia. No quería que nada cambiara en esa
burbuja. Sin embargo, eso no es nada sencillo.
Hubo momentos en que disfruté, pero también
hubo otros en los que detesté el fútbol. ¿Odiarlo? Eso
nunca, pero detestarlo sí. Y sé que ésta es una palabra
muy dura, pero es como lo sentía en aquellas fases de
mi carrera deportiva. Aunque sí que puedo confesar
algo: dejé el fútbol porque amo el fútbol. Mi emoción
hacia este deporte jamás me permitirá desengan-
charme de él. Es algo que me atrae. Pero no olvido

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«Dejé el fútbol porque amo el fútbol» · 15

que nada es lo que parece desde fuera. Cuando un


adolescente de diecisiete años está viviendo su sueño
no es consciente de todo lo que sucede a su alrededor.
Eso le puede parecer hasta cierto punto normal. Tú,
al final, vas jugando, vas marcando goles y vas descu-
briendo nuevos mundos.
No piensas en otras cosas. Es verdad que yo he sido
siempre una persona muy sensible, que se daba cuenta
absolutamente de todo, pero ese sueño era tan potente
que, durante los primeros meses, el adolescente de
diecisiete años que fui sólo disfrutaba del fútbol.

Como futbolista le afectó. Claro que sí. Debemos tener


en cuenta que desde pequeño Bojan juega al fútbol con
un placer enorme. Lo hace con gran satisfacción. Y él
tenía, además, un entorno muy amoroso, caía bien a la
mayoría de la gente. En el Barça conquista de inmedia-
to a la afición, era el preferido. Y eso sus compañeros
lo detectaron también muy pronto. Todo iba rodado.
Todo iba bien. Funcionaba, lo valoraban, lo subían
muy rápido en las diferentes categorías del fútbol base.
Esto le daba seguridad en sí mismo, en su entorno, que
era pacífico y amable, por lo que le convertía en un
poco incauto, en el buen sentido de la palabra. Quizá le
faltaba un poco de malicia.
Y llega al primer equipo del Barça. Y eso es otra his-
toria.

Dr. Josep Monseny, psicoanalista de Bojan

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16 · Controlar lo incontrolable

Bojan tenía algo especial. Es algo que se aprecia de in-


mediato cuando lo ves en el campo. Cuando él está ju-
gando pasan cosas distintas. A pesar de su edad, casi
siempre tomaba las decisiones adecuadas. Ya sea en las
cosas complicadas o en las sencillas. En este sentido,
tiene la inteligencia de un jugador mucho más veterano.
Es muy inteligente.
En aquella época todo el mundo que trabajaba en el
Barça sabía que él era un talento, un gran talento en La
Masia. Recuerdo que, en esos primeros momentos,
cuando yo era entrenador del Barça, necesitábamos ju-
gadores así, como él, para romper la dinámica que se
vivía en el club entonces. Pero no, nunca supe de verdad
lo que sintió él.

Frank Rijkaard, entrenador que hizo debutar


a Bojan en el FC Barcelona

Disfrutaba hasta que un día... dejé de hacerlo.


¿Cuándo? No hay una fecha concreta, simplemente vas
viendo cómo funciona todo y detectas cosas que, obvia-
mente, te sorprenden. Y no digo que me sorprendan
sólo a mí por el carácter que tengo, sino cosas que sor-
prenderían a cualquier persona.
Es el mundo profesional, hay mucho en juego.
Además, yo siempre decía: «A mí el fútbol me gusta
jugarlo. No me gusta, en cambio, todo lo que lo ro-
dea». Pero, quieras o no, estás metido en ese mundo
vertiginoso, expuesto a miles de opiniones, donde hay

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«Dejé el fútbol porque amo el fútbol» · 17

intereses cruzados de todo tipo. Algo hasta cierto


punto natural porque forma parte de este deporte.
Soy una persona sensible, lo sé. Pero no se puede
confundir sensibilidad con debilidad. Ni mucho me-
nos. Hay una tendencia a pensar que eres demasiado
frágil cuando eres sensible, y creo que yo he demostra-
do en todas y cada una de mis acciones, tanto dentro
como fuera del campo, que tengo esa fortaleza. La ten-
go y la tenía. Incluso durante los malos momentos que
todos pasamos en la vida. Sensibilidad es saber respe-
tar las cosas, tener unos valores, unos códigos de con-
ducta y una educación para moverte sin tener que pisar
a nadie ni terminar discutiendo. Soy una persona que
no tolero ni entiendo ciertos comportamientos. Eso es
sensibilidad. Al menos para mí.

Me quedé muy sorprendido de cómo un juvenil como


Bojan entró en este tipo de vestuario. Ya sé que salía de
la cantera, que era catalán, y ya se veían cosas de él, se
escuchaban cosas de él... Pero Bojan entró como él juga-
ba: con actitud, calidad y una sonrisa.

Thierry Henry, exfutbolista


y compañero de Bojan en el FC Barcelona

Bojan entró en un momento en que el equipo había en-


trado en una fase de autocomplacencia. No sólo el equi-
po, sino también el club. Tuvo un impacto en cuanto a
juego y emoción increíble en todo el barcelonismo. Era

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18 · Controlar lo incontrolable

un niño de dieciséis o diecisiete años que llegaba al


mundo profesional y todo fue muy deprisa. Es algo muy
fuerte. Este «círculo virtuoso» se estaba convirtiendo
entonces en un «círculo vicioso».

Joan Laporta, presidente de FC Barcelona

Siempre ha sido una persona cariñosa, cercana y muy


sensible. Eso lo ha llevado dentro. Y, en este mundo, y
más si estás en un club como el Barça, es como ir a con-
tracorriente. Tal vez porque los demás no son así. Ahí se
mueven las relaciones en los vestuarios, el mundo de los
medios, las críticas del público... Saber soportar todo eso
cuando uno es tan sensible no es nada fácil.
Tengo una anécdota sobre esto. Ocurrió cuando
Joan Laporta estaba en su primer mandato como presi-
dente. Yo trabajaba entonces como ojeador del club y
me lo encontré justo delante de las oficinas del Camp
Nou. Y, consciente de cómo es este mundo de complejo,
me dijo: «Le tendrías que educar de forma más dura
porque sabes cómo es el fútbol. Y para alguien como tu
hijo y con la manera de ser que tiene pues todo se com-
plica más, lo sabes...». Entonces, le dije a Jan, una per-
sona que se ha portado siempre muy bien con Bojan:
«Le hemos educado para ser una persona de bien hacer
y bien decir. Le educamos de la mejor manera posible
porque para nosotros la educación no depende de lo que
le espera en un futuro».
Bojan padre

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«Dejé el fútbol porque amo el fútbol» · 19

El campo era mi refugio. Pero en él sólo estás hora y


media y la vida es mucho más. En el campo sólo depen-
des de ti: juegas, te mueves libremente, te dejas llevar
por tu intuición. Ahí, sólo ahí, me consideraba una per-
sona libre, de mente libre... En él me expresaba como
yo pensaba porque me encanta competir, enfrentarme
a retos nuevos a cada momento, y porque me permitía
mejorar. Eso es lo que me encantaba. No sentía miedo
de nada. El problema llegaba fuera del campo. Ahí es
cuando entras en territorios que nunca has pisado y
vienen los problemas. Pero yo, pese a todo lo que me
ocurrió al principio, me centraba en lo que ocurría en
el césped. Ahí me expresaba realmente como era.
Y cada gol lo vivía con más alegría, a pesar de todo lo
que me ocurría antes de entrar en el campo.
¿Qué es el gol para mí? El gol ha sido mejor que un
orgasmo. Es una sensación que no se puede describir.
Es una emoción impresionante. Es una satisfacción,
una obra de arte, por muy exagerada que resulte esta
afirmación. Sí, así lo siento. Es una obra de arte porque
es algo muy complejo, por eso poca gente juega en el
ataque, poca gente marca goles. Yo he marcado 84 go-
les y os aseguro que no son nada fáciles. Podría haber
marcado muchos más, también menos. Es algo muy
complejo.
Cuando llegué al Barça en 2008 tenía un genio de-
lante de mí: Samuel Eto’o. Aprendía cada día viéndolo
entrenar y admirando esa tremenda facilidad que tenía
para convertir casi cada balón que tocaba en gol. Samu

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20 · Controlar lo incontrolable

siempre me decía: «Niño, los goles son lo que marca la


diferencia». Y tenía toda la razón del mundo, porque es
lo que te hace visible, lo que te hace diferente, lo que te
hace ganar partidos. He tenido genios delante de mí:
Eto’o, Henry, Villa, Ibrahimović, Messi... No me quiero
dejar a nadie. He tenido referentes a los que ves marcar
goles y piensas: «Hostia, qué fácil lo hacen». Pero no es
nada fácil.
Por eso digo que marcar goles es como una obra de
arte, es algo único. Cada uno de ellos es distinto. Yo me
acuerdo de todos los que he marcado. Del primero al
último. Los goles no se piensan, los goles se hacen. De-
bes visualizarlos antes. Cuando tienes que definir una
jugada, el poder que te otorga la visualización resulta
algo extraordinario. Es el poder de la determinación
para colocar el balón donde yo quiero porque lo he vis-
to antes. Luego, todo cambia porque las jugadas van
muy rápidas y, de repente, te aparece un jugador en
una zona donde no lo tenías previsto. Pero ahí está tu
capacidad para gestionar en poco espacio y ¡muy poco
tiempo! la solución más adecuada.
Tienes que encontrar tu espacio lo antes posible
para tener esa ventaja y definir así la jugada. Es algo
innato. Cuanto menos piensas, más natural te sale y
más fluye. Además, yo siempre estaba jugando el parti-
do incluso aunque no estuviera en el césped. Lo hacía
antes, durante y después. Tienes muchos partidos den-
tro de tu cabeza, pero debes intentar que haya los me-
nos posibles porque, cuando no piensas, no tienes mie-

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«Dejé el fútbol porque amo el fútbol» · 21

do de nada. No eres consciente. No esperaba, por lo


tanto, nada de lo que me sucedería después. Creía que
todo sería igual de feliz que en el césped. Pero me equi-
voqué.

Si con diecisiete años estás triunfando en el equipo de tu


vida, marcando goles, con el Camp Nou coreando tu
nombre y, cuando llegas a casa, no eres feliz, es que algo
falla. Y eso le cuesta comprender a la gente: los aterriza-
jes suelen ser muy complicados y más en clubs como el
Barça. Las dinámicas del vestuario, y más si se pierde,
son complejas.
El recibimiento que Bojan esperaba no se dio. Yo no
estaba aún dentro, pero luego él me explicó todo lo que le
había ocurrido, lo explicó todo. Hay que pensar que era
un niño de dieciséis o diecisiete años que tuvo que lidiar
con situaciones que no fueron las más agradables del
mundo.

Gerard Piqué, exjugador del FC Barcelona

Ese año fue un año particularmente complicado para to-


dos. Fue el prólogo a una época que vendría después y
no fue fácil, nada fácil. Son momentos duros para cual-
quier persona. Y si eres tan joven como Bojan, pues to-
davía más.

Andrés Iniesta, exjugador del FC Barcelona

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22 · Controlar lo incontrolable

El problema es cuando empiezas a pensar. Cuanto


más piensas, más te angustias, más tiempo pierdes y,
ahí, en ese tipo de acciones dentro del área y rodeado
de muchos defensas, si algo no tienes es tiempo. Creo
que algo así ocurre también en la vida. Cuanto más
tiempo tienes para pensar algo, peor. Mucho peor. Las
cosas deben salir instintivas, sin darles demasiadas
vueltas. ¿Por qué pensamos tanto? Por el miedo a fa-
llar. Y ese miedo a fallar nos lleva precisamente a fallar-
lo. Es lo único que le diría ahora al Bojan de dieciséis o
diecisiete años. Sólo le diría eso: «Falla, permítete fa-
llar. No pasa nada. ¿Por qué no puedo fallar un penal-
ti? ¿Por qué no puedo perder un partido? ¡Tienes que
fallar! Con el fallo vas a aprender. Entonces mejorarás
y evolucionarás. No te agobies por fallar».
Sin embargo, crecemos con la idea de que no se
puede fallar nunca. Que no están tolerados los erro-
res. Y de que cualquier fallo es una penalización, que
se tiene que castigar. No, no, no... Yo he aprendido
con el error, eso me ha dado la experiencia para poder
crecer como futbolista y, por supuesto, como persona.
Si estás ante una determinada situación y debes tomar
una decisión, pero te pones a pensar en lo mal que
puede ir, ¡va a ir mal! Lo digo porque me ha pasado.
Todas las veces que he pensado demasiado me ha ido
mal. Si he pensado en el miedo que pasaría, también
ha ido mal. Acabas visualizando tantas y tantas cosas
que, cuando llega el momento, no pasan. Eso te crea
una frustración que acaba afectando a tu rendimien-

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«Dejé el fútbol porque amo el fútbol» · 23

to. Es entonces cuando te preguntas: «¿Cuánto tiem-


po y energía perdemos pensando en un objetivo, que
luego llega y nada es lo que habíamos planeado?».
¿Cuánto? Muchísimo.
A mí, por ejemplo, me pasó cuando me fui a Japón
en 2021. Me daba mucho respeto llegar en plena pan-
demia y estar encerrado en la habitación de un hotel
durante 15 días sin poder ver a nadie. Eso me hizo estar
muy cerca de no firmar el contrato con el Vissel Kobe.
Me daba pánico llegar a Japón después de un largo
viaje en avión —con el miedo que a mí me da— y estar
tantos días enclaustrado ahí dentro. Pasaron tres se-
manas desde que me llegó la oferta hasta que la firmé
y, en ese tiempo, incluyendo el vuelo, me imaginaba la
habitación de mil maneras y ninguna buena. No me
veía capaz de estar encerrado ahí dentro.
Al final, no fueron 15 días, sino más de un mes.
Pero, mira por dónde, cuando llegué a Japón y entré en
esa habitación que había imaginado de mil maneras
distintas, todas horribles, descubrí que era feliz, que
era capaz de afrontar esa dificultad y estaba bien. Y en-
tonces pensé: «He estado un mes imaginando lo peor,
pensando en lo mal que lo pasaría al pisar esta habita-
ción, sin poder dormir por las noches en Barcelona.
¿De qué me ha servido? ¡De nada!». Pues de lo mismo
sirve para un partido o cualquier otra situación de la
vida.
Visualizamos y proyectamos tantas cosas que lo
que estamos haciendo es limitarnos a nosotros mis-

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24 · Controlar lo incontrolable

mos. Nos condicionamos, gastamos mucha energía al


no dejarnos fluir, colocando muchos obstáculos pre-
vios. Obstáculos que ni tan siquiera existen, y si acaso
sólo en nuestra mente. Si tenemos que proyectar algo
que sea algo positivo, algo productivo, que te ayude y
no sea una losa. Y que todo lo que haga o pueda con-
trolar, genere buenas sensaciones, me proporcione el
escenario adecuado para estar preparado. Esa presión
extra, esa ambición, esa limitación que muchas veces
nos ponemos nosotros mismos, se acaba convirtiendo
en una mochila tan pesada que no la puedes cargar.

Bojan sorprendía por su visión de juego y, sobre todo, por


su manera de colocarse en el campo. Sabía dónde poner-
se para estar libre de los defensas. Marcaba la diferencia
con goles y asistencias.
Frank Rijkaard

Por eso, cuando he sido atrevido e inconsciente, deci-


dido e instintivo, es cuando las cosas me han ido bien. El
problema se agrava cuando eres consciente de todo lo
que se genera alrededor de ti fuera del campo. Era en-
tonces cuando toda esa felicidad que tenía dentro se
transformaba en el rechazo que me provocaba mi cuerpo
porque no aceptaba lo que había fuera. Eso me generó
problemas. También hay que entender que detrás de esa
apariencia de éxito se esconde algo que no se ve. Y es que
nada fue fácil. Hubo momentos de máxima dificultad. El
mundo real, sea en el deporte o en la vida, no es sencillo.

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«Dejé el fútbol porque amo el fútbol» · 25

Y todo lo que viví siendo joven no es fácil de asimilar, so-


bre todo, porque no lo había provocado yo. Encontrarte
de pronto ahí en medio, y con diecisiete años, es muy de-
licado, porque nadie está preparado para algo así. Algo
tan fuerte, tan rápido, tan desbordante, tan inesperado...

Creo que alguien le habló de mí y lo derivó a mi consul-


ta. Bojan me viene a visitar porque tiene un cuadro de
angustia severa. Es algo muy duro. ¿Los motivos? Hay
muchos, pero el desencadenante fue la rapidez con la
que fue promocionado al primer equipo más competiti-
vo del fútbol mundial. Sin duda, su entrada en el Barça.
Había entrado en un lugar donde las presiones son
enormes y las rivalidades inmensas. Tanto si te ponen o
no, están en juego millones de euros. Lo mismo si re-
nuevas o te echan a final de temporada. Entrar en aquel
primer equipo fue un shock brutal. Entró en unas diná-
micas y unas modalidades identitarias de funciona-
miento que a él le eran muy ajenas.

Dr. Josep Monseny

Era la portada de todos los periódicos. No sólo en una,


sino en todas. Eso le generó una situación dentro del
equipo que le trajo ciertos problemas a la hora de ser
acogido por sus compañeros. Problemas de reconoci-
miento y de adaptación.
Joan Laporta

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26 · Controlar lo incontrolable

Mi mente no era consciente de todo lo que me pasa-


ba y empezó a pensar. A pensar demasiado. Y, cuando
piensas, llegan los problemas. Yo vivía para el fútbol.
Era toda mi vida. Durante las horas de entrenamiento,
como es lógico, pero también durante todo cuanto po-
día hacer antes de trabajar con mis compañeros, con
ejercicios de prevención o refuerzo a nivel físico. Apro-
vechaba mis horas libres para mantener una buena ali-
mentación y un descanso adecuado, porque es tan im-
portante el «entrenamiento invisible» como el físico.
Siempre lo tuve clarísimo.
Todo el tiempo pensaba y pensaba en el fútbol. Creo
que hasta sobrepensaba. Desde el primer día hasta el
último día he pensado en este deporte. Jugaba el parti-
do en todos los momentos del día. No podía desconec-
tar nunca. Después de los partidos, me encerraba en
mí mismo. Daba igual que hubiera ido bien o mal, que
hubiera marcado goles o que no me salieran las cosas
como había imaginado. Me aislaba de todos, es algo
que me ha dicho siempre mi gente. Era poco comuni-
cativo, se trataba de una fuerza que me absorbía mu-
cho. Muchísimo. No podía gestionar esas situaciones.

Hubo un momento en el que tuvo que entrar en el ves-


tuario del Barça: un vestuario lleno de egos, atravesado
por muchas rivalidades, por muchos intereses econó-
micos, muchas presiones y, sobre todo, con diferentes
personalidades. De repente, él, en aquel papel y en
aquella atmósfera, no se sentía bien. No estaba arropa-

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«Dejé el fútbol porque amo el fútbol» · 27

do ni por su identidad habitual, la que había tenido


hasta ese momento, ni tampoco por un entorno que le
había acompañado de una determinada manera. Allí
dentro nada de eso existía.

Dr. Josep Monseny

La primera vez que vi un síntoma de esa vorágine que


supuso su entrada en el primer equipo fue cuando le in-
vitaron a la presentación de un coche en Barcelona. No
quería ir, pero no paraban de insistirle. Tenía dieciséis
o diecisiete años. Y finalmente dijo: «Bueno, va. ¡Va-
mos!». Allí, en el concesionario, había personalidades de
la televisión, del periodismo, de la ciudad. Él los había
observado a todos y, de repente, él era observado y admi-
rado por todos ellos. Vivió sus primeros síntomas de an-
gustia. No sabía cómo encajar todo eso. Todo era muy
nuevo para él. No le gustaba ser el centro de atención.

Maria Lluïsa Pérez, madre de Bojan

No podía desconectarme del fútbol. Para mí, esa


forma de vivirlo era la más profesional. Era una ambi-
ción permanente. Es lo que te exige este mundo. Cuan-
do las cosas dependen de ti, debes dedicarte al cien por
cien. Claro que debes tener tus momentos de desco-
nexión, pero yo, y lo admito claramente, no los he sabi-
do gestionar a lo largo de mi carrera. Los he invertido
todos en el fútbol. Sabía que del talento no se puede

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vivir. Al menos no sólo del talento. Entendía, y esto


vale para cualquier aspecto de la vida, que hay que tra-
bajar muchísimo para llegar a donde aspiras llegar.
Igual al inicio sí que te basta con el talento. Pero muy
al inicio, ¡eh! Siempre había marcado muchos goles,
siempre me decían que era un jugador de mucho talento.
Y quizá eso puede servir en un club como el Barça. Tal
vez fuera suficiente. Pero, a medida que ha ido evolu-
cionando el fútbol, mientras iba cambiando de ligas,
he comprobado que sólo con eso no te basta.
Hay sitios en los que el talento era lo de menos. Lo he
visto en muchas ocasiones donde había futbolistas que
jugaban antes que yo y no porque tuvieran más talento,
sino porque eran más fuertes en otros aspectos, o tenían
integrados otros mecanismos que les permitían adap-
tarse a esos equipos con mayor facilidad. Mecanismos
que yo no tenía de forma innata, por lo que debía traba-
jar más y más para conquistarlos. Físicamente eran
unos superdotados, resistían mejor los esfuerzos, tenían
más capacidades que yo y tenían muy interiorizado el
sacrificio del trabajo diario como motor de sus carreras.
Sabían explotar el trabajo defensivo mejor que yo. Cuan-
do te encuentras con esto, tienes que aprender de todos
esos compañeros, empaparte y evolucionar porque, si
no, no juegas. Es tan duro como simple. Pero es la pura
verdad del fútbol profesional. La única verdad.
Por eso tuve que ir mejorando en todo ello para evo-
lucionar como jugador. Debía potenciarlo sí o sí. Con
tener gol no basta. Sabía que físicamente no era un su-

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«Dejé el fútbol porque amo el fútbol» · 29

perdotado, es obvio, y asumía que me costaba mucho el


trabajo defensivo. Por lo tanto, ¿qué hay que hacer?
Pues currar y añadir a tu juego todo eso que te falta. No
había otra salida. Me tenía que ir transformando como
jugador. No dije: «Soy así y así me quedo. Si juego,
bien; si no juego, también». No. Eso habría sido un tre-
mendo error.
Lo que realmente quería era competir. Y si no aña-
día todos esos conceptos del juego a mi estilo, no esta-
ría en el campo. Si tenía ante mí una dificultad, tenía
que utilizar todo mi potencial para sortearla. Si no tra-
bajaba mis flaquezas y no me volcaba en mis fortalezas,
podía quedarme estancado. La mejora debe ser cons-
tante y hay algo, al menos para mí, que es fundamen-
tal: debes tener la humildad necesaria para asumir
todo esto. Sólo así puedes crecer. Además, no hay nada
escrito en un manual que te permita obtener una res-
puesta inmediata. No hay un libro que te diga si haces
esto, te pasará lo siguiente. No existe. Yo, al menos, no
lo conozco. El libro lo escribes tú cada día. El manual
está dentro de ti, y consiste en ser lo suficientemente
humilde contigo mismo como para aceptar que no eres
perfecto y que hay gente que puede ser mejor que tú.
Y aceptar también que debes mejorar cada día. Cuando
aceptas eso, cuando aceptas que no eres tan bueno,
puedes empezar a trabajar con más determinación, sin
detenerte en ciertas situaciones que no te ayudan.
El fútbol te coloca, a veces, en situaciones que no te
gustan. Es normal. Pasa con todo. En mi caso, admito

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que nunca he sido un buen suplente. Lo acepto. Sí que


era consciente de que no jugaba porque quizá física-
mente no estaba bien o no me encontraba en mi mejor
momento. Pero incluso aceptando todos esos proble-
mas, no soy un buen suplente. Nunca he tolerado estar
sentado en un banquillo, lo que me ha llevado a tener
alguna actitud que no me ha ayudado en nada. En fin,
aquél fue un proceso que me tocó vivir. Y la experiencia
me ha enseñado a gestionarlo, por mucho que desde
pequeño no supiera lo que es ser suplente.

Desde niño se hablaba de él. Era una sensación en la


provincia de Lleida. Era un benjamín que marcaba mu-
chos goles. Querían que jugara pronto con el Bellpuig,
pero no quisimos ir muy rápido. Preferíamos que siguie-
ra con sus amigos, jugando en la plaza. Era un niño muy
feliz, siempre con la sonrisa en la boca. El fútbol era un
juego para él. Jugaba por pura diversión, como a mí me
gustaba. Cuando tenía el balón hacía un cambio de rit-
mo e iba a 100 km/h. Ya desde pequeñito su cambio de
ritmo era impresionante.
Bojan padre

Así fue siempre en mi infancia, pero, cuando te


toca ser suplente, entiendes y valoras aún más a los
compañeros que también lo eran y lo llevaban mucho
mejor que yo. Lo descubrí con mi entrada en el fútbol
profesional. Es algo que me costó de asimilar, lo reco-
nozco.

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«Dejé el fútbol porque amo el fútbol» · 31

He entendido que, en el fútbol y en la vida, no siem-


pre sucede todo lo que nosotros queremos. Existen le-
siones, existen momentos adversos y oscuros, existen
partidos en los que no marcas gol y como delantero que
eres te critican... Y, probablemente, haya más momen-
tos difíciles que buenos. Se pierde más que se gana, eso
está claro. Siento admiración por esa gente que tiene el
poder de la perseverancia y es capaz de afrontar situa-
ciones delicadas y darles la vuelta. Admiro la actitud
positiva cuando las cosas no van bien.
A mí siempre me preguntaban si había tenido ído-
los cuando era niño. Yo les decía que no. No tenía ídolos.
Era distinto. He sentido respeto y fascinación por Sergio
Canales, un chico que empezó como un proyecto muy
bueno y se ha roto tres veces el ligamento cruzado. Por si
la gente no lo sabe, romperse el cruzado es una lesión
muy delicada. ¡Y si te pasa tres veces! Muy poca gente
afronta eso y sigue. Pues Sergio Canales lo hizo y siguió.
Siguió trabajando hasta volver a ser lo que era: un gran-
dísimo jugador de fútbol. Ha competido a un nivel muy
alto. Él es un ejemplo de superación, un ejemplo de vida.
Y un ejemplo de la actitud que yo he intentado aplicar
en los momentos de adversidad que he vivido, ya fueran
por lesiones, suplencias, descenso en el rendimiento...
Internamente lo he vivido como un reto de mejora y con
la determinación de que esa situación no me ganara. Me
costara lo que me costara, tenía que derrotarla.
He mencionado a Sergio Canales, pero, por ejem-
plo, también pienso en Gaby Milito, otro de los jugado-

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32 · Controlar lo incontrolable

res que me han marcado mucho. Cuando coincidimos


en el primer equipo del Barça en 2008 yo apenas era
un niño, pero él ya era un referente para mí. Venía de
jugar en grandes clubs y a nivel internacional con la se-
lección argentina. Para mí era un privilegio estar a su
lado. Tuvo una lesión de rodilla muy complicada por-
que no se le encontraba una solución rápida. Al llegar
al Barça le apareció una molestia en esa rodilla y, du-
rante un año, fue de doctor en doctor, de fisio en fisio,
buscando la solución. Incluso creo que pasó por alguna
operación, pero no le pudieron quitar esas molestias.
Yo veía a Gaby trabajar cada día, lo veía entrenar con
una fuerza increíble para superar ese dolor. No permi-
tió que le ganara y terminó jugando.
Siempre se me han quedado grabadas en mi mente
esas escenas suyas. Gaby es, por tanto, un referente
para mí. Yo le miraba y decía: «Este tío no juega, este
tío está marginado del grupo porque hace vida de le-
sionado y a él, pese a todo eso, no le importa sentirse
vulnerable, al contrario». Al verlo entrar, con todo el
dolor, pensaba: «¡Qué fuerza!». Se le veía en la cara,
pero él no se venía abajo. Se mordía la lengua, estaba
pasándolo mal, pero él seguía y seguía.
Eso es una lección de vida que ha marcado toda mi
carrera. Son situaciones adversas, desagradables, com-
plejas, pero hay que vivirlas. Vivirlas y superarlas. Esa
satisfacción de superar un obstáculo es brutal. Me
siento un privilegiado y un jugador de éxito, no por los
goles que he marcado, sino por todas las situaciones

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adversas y de penumbra que me ha tocado vivir, sole-


dad, ansiedad, suplencias, lesiones..., y he superado. Me
ha costado más o menos tiempo, pero las he derrotado.
A todas les he dado la vuelta. Ninguna me ha ganado.
Puede que me hayan parado momentáneamente, pero
nunca me he rendido ante ellas, ni me he quedado ti-
rado. Al contrario, me levanté y gané en todas. Lo he
hecho gracias a esos ejemplos, gracias a Canales y a
Gaby Milito, los dos jugadores que realmente dejaron
una huella en mí. No me fijaba tanto en jugadores que
marcasen tres goles por partido o que ganasen muchos
títulos. ¡Aunque eso está muy bien! ¡Claro! Pero es
momentáneo, hasta diría que muy superficial. Lo im-
portante es lo que hay detrás de todo eso. Lo más im-
portante es el valor que tienes para afrontar todo lo
malo que te venga. Hay un poco de Gaby y de Sergio
en todo lo que he hecho, aunque ellos ni lo sepan. Qui-
zá ahora, si leen este libro, lo descubran. Pero es así.
A todos nos cuesta tolerar las situaciones desagrada-
bles. Es como si les tuviera que pasar a los demás.
Nunca a nosotros. Queremos estar viviendo siempre
en el éxito.
Pero ¿qué es el éxito? Ésa es la pregunta que creo
que nos debemos hacer. Desde pequeños, nos han en-
señado que en la vida hay que tener éxito. Pero ¿qué
es? ¿Ganar es realmente éxito? Para mí, perder tam-
bién tiene parte de éxito. Dependiendo de cómo afron-
tes esa derrota o cómo la gestiones para tener luego la
capacidad de volver a ganar.

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Se nos inculca desde pequeños una cierta obliga-


ción o necesidad por tener éxito, por ser personas reco-
nocidas, por ser famosos... Eso, para mí, no tiene nin-
gún sentido. Lo que de verdad tiene sentido, y lo he ido
descubriendo con el paso de los años, es que el fútbol te
haga mejor jugador y mejor persona. No hay un libro
tampoco sobre esto, es algo que te toca ir explorando
poco a poco, empapándote de todas las personas que
tienes a tu alrededor y de las situaciones a las que te
enfrentas. Son tus vivencias y cómo reacciona tu cuer-
po y tu mente ante cada una de ellas. Ahí es cuando
comienzas a escribir tu libro, cuando empiezas a decir:
a mí lo que realmente me inspira es esto, lo que me
gusta es aquello, lo que me incita a mejorar es superar
el desafío que tengo delante...
Y, de esa manera, diría que natural y fluida, vas en-
contrando también a las personas que te inyectan co-
sas positivas en tu vida. Eso es lo que me motiva. Yo
quiero estar con ese tipo de personas, quiero compartir
cosas con ellos, con la gente que me hace reír. No quie-
ro gente tóxica en mi vida. Al principio, te encuentras
con gente de todo tipo. Tú eliges, al final, con quién
quieres estar y compartir esas horas. Entras en un ves-
tuario donde hay muchas personalidades, de culturas
diversas, con poco en común, a veces tan sólo el balón,
y ahí es donde debes elegir. Así, ves que acabas tenien-
do más feeling, más química, con un determinado tipo
de personas, porque ves que te aportan elementos nue-
vos que te permiten disfrutar y crecer. Ves que pueden

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ser productivas y puedes aprender de ellos. Siempre


me uno a esas personas porque veo que aprendo y me
hacen mejor. Para mí, ése es el manual del fútbol... y de
la vida.
Cada una de las decisiones que he ido tomando a lo
largo de la vida han ido en esa dirección. Buscaba esa
mejora futbolística porque entendía que no podía que-
darme estancado. Tuve el enorme privilegio de crecer
en una de las mejores academias, sino la mejor, que
hay en el fútbol mundial. Jugué en La Masia y en los
equipos juveniles del FC Barcelona entre 1999 y 2006
y eso me abrió las puertas a estar cuatro años en el pri-
mer equipo del Barça entre 2007 y 2011. De esos cua-
tro años, el único que siento que no estuve a un buen
nivel fue el último, porque vi que no estaba evolucio-
nando como en los tres anteriores. Además, mental-
mente me estaba superando la situación. Fue entonces
cuando me di cuenta de que debía tomar una decisión,
y esa decisión fue dejar mi casa. Aunque no lo creáis, lo
fácil hubiera sido quedarme, aceptar mi rol y no mo-
verme de Barcelona. Eso hubiera sido lo sencillo.
La decisión la tomé yo, no hizo falta que pregunta-
ra a nadie. Tampoco quería que eso pasara. Lo tenía
claro: me debía ir. Y es posible que me equivocara, o
quizá no, pero las decisiones han sido siempre mías,
nadie las ha tomado por mí y creo que ésa es la clave.
Probablemente muchas de esas decisiones las tomara
desde la cabeza y no desde lo que sentía. En muchas
ocasiones, pienso: «¡Cuántas veces en la vida toma-

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36 · Controlar lo incontrolable

mos la decisión que sentimos realmente!». Dejar el


fútbol fue una decisión plenamente sentida. No ir con
la selección española a la Eurocopa de 2008 fue otra
decisión sentida. También ahí lo fácil habría sido acep-
tar la llamada de Luis Aragonés e ir, pero esa renuncia
también fue pensada. Cuando me tuve que ir del Barça
lo tenía claro: «O me voy o no voy a evolucionar. Ten-
go que cambiar. Tengo que irme». Si hubiera sido sólo
una decisión sentida, pues habría continuado en el
Barça, no me habría movido. ¿Por qué? Porque, en
teoría, lo tenía todo: el club de mi vida, mi casa, mi
familia, mi gente, mis amigos... Pero tanto mi ambi-
ción como mi cabeza, sobre todo después del último
año que había vivido, un año muy irregular, me indi-
caban un camino distinto. Hice caso a lo que pensaba
de verdad. Debía salir de mi zona de confort. Y esa se-
rie de decisiones que fui tomando me hicieron mucho
mejor jugador, pues me hicieron evolucionar mi ca-
rácter y mi personalidad, tanto dentro como fuera del
campo.
Para empezar, tuve que ganar cuerpo para jugar
lejos de Barcelona. Al irme a Inglaterra, ya en 2014, el
entrenador me dijo que tenía que pesar más para ju-
gar en la Premier League. Pesaba entonces 66 kilos y
tenía que pesar, como mínimo, 70: «Si no los ganas, te
costará jugar», me soltó el míster. Y los gané, por su-
puesto. Empecé muy bien en la pretemporada, pero
entendí que esa liga era mucho más física que la espa-
ñola, la italiana o la holandesa, donde había estado

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«Dejé el fútbol porque amo el fútbol» · 37

antes. Era cuestión de adaptarse, no queda otra. Tie-


nes que hacerlo si quieres jugar con los mejores en la
Premier. Creía que si llegaba a ese peso, jugaría, y así
fue. Pero sólo al final de mi carrera aprendí a decir:
«¡Permítete fallar, por favor!». Fallar forma parte del
juego. No te hagas preguntas ni te presiones demasia-
do. En vez de ayudarte a crecer o evolucionar, esto su-
pone una limitación muy grande, y eso hace que lle-
gues a situaciones que jamás imaginabas. ¿Cuáles? Lo
he dicho justo al empezar: a veces, he llegado a detes-
tar el fútbol, un deporte que es mi vida. Sin embargo,
una serie de momentos rompió la burbuja en la que
vivía.
Esa burbuja era mi esencia, allí guardaba la felici-
dad. Pero la presión del ambiente era tan fuerte que se
reventó. Me di cuenta de que el mundo donde estaba
no formaba parte de mi forma de ser, y decía: «A mí
me gusta jugar a fútbol, pero no me gusta ser jugador
de fútbol». Eso es lo que me hacía detestar el fútbol
pensando: «¡No puede ser, no puede ser! ¡A mí me
gusta el fútbol! No me gusta lo demás». Pero, aunque
lo tenía identificado, lo demás repercutía en mi juego,
enturbiaba el fútbol en sí. Era una batalla contradicto-
ria, porque me quitaba y absorbía lo que más me gus-
taba. Sin embargo, jamás permití que me hiciera abo-
rrecerlo del todo. Ni mucho menos. Al final, dejé el
fútbol porque amo el fútbol. Si hubiera continuado,
tal vez habría terminado detestándolo por completo,
quizá habría terminado odiándolo, pero no, lo dejé en

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38 · Controlar lo incontrolable

el momento justo y aquí sigo ahora. En otro sitio, pero


en el fútbol, porque la pelota, el olor del césped y el
poder competir han sido siempre mi medicina. Por
eso ahora te digo que lo que he aprendido es que siem-
pre tienes que saber irte. Irte tú solo, sin que te echen
los demás.

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