Discriminación en Grupos Vulnerables
Discriminación en Grupos Vulnerables
Como te lo prometimos, ahora que conocemos cuáles son los grupos históricamente discriminados con los que
trabajamos desde el Conapred, es momento de aproximarnos un poco a cada uno de ellos para identificar
algunas de las formas o maneras en las que experimentan y viven la discriminación en su día a día.
Antes de entrar propiamente al contenido, quiero recordarte lo que vimos en la primera unidad sobre la
aproximación social de lo que es la discriminación, lo abordamos como aquellos actos, prácticas, narrativas o
procesos que limitan los derechos de las personas y que les restan poder político para participar y vivir en
comunidad. Recuerda que la discriminación que no se ve, pero que más impactos tiene, es aquella que ha
mantenido a los grupos históricamente discriminados en una situación de marginación y exclusión.
Bien, ahora que hemos refrescado nuestra memoria, es momento de entrar en materia, haremos esta
aproximación siguiendo el orden en que te los presentamos anteriormente.
Al colocar a las personas indígenas dentro de narrativas que les violentan, invisibilizan y marginan, sin duda se
les condiciona su estar en el mundo y se restringen sus derechos humanos. Así, podemos ver que, estos
colectivos suelen vivir situaciones de discriminación de muchas maneras, por ejemplo, al exigirles que sean
ellas quienes se comuniquen en español, ya que, de no hacerlo, no siempre tendrán a una persona intérprete en
los diferentes ámbitos en los que se desenvuelvan:
Los sistemas de salud sin pertinencia cultural que les permita acceder de manera segura y respetando sus
propios procesos de salud/enfermedad.
La negación de un trabajo digno o la falta de oportunidades reales cuando se postulan en un proceso de
selección de personal.
Con base en los datos obtenidos a través de la ENADIS 2022, el 28.1 % de mujeres y 27.9 % de hombres
indígenas refirieron haber sobrevivido procesos de discriminación en los últimos 12 meses. El ser una persona
indígena fue la causa que más señalaron.
2. Mujeres
Históricamente, se han designado a las mujeres ciertos roles y actitudes que se han considerado “adecuados”
para ellas por el hecho de ser mujeres y atribuírseles ciertas características, tanto físicas como
psicoemocionales. Existe una carga de narrativas que recaen sobre ellas y que pretenden imponer una forma de
ser mujer, por ejemplo, una guía de los años 50 llamada "La guía de la buena esposa. 11 reglas para hacer a tu
marido feliz". Materiales como éste, normalizan una ideología violenta que, además, confiere a la mujer a un
estado de sumisión y abnegación total, posicionándola en el ámbito de lo privado y de lo invisible, mientras que
al hombre lo coloca en el lugar de poder público, le da la voz y no lo invisibiliza.
En este sentido, podemos identificar que, las mujeres han sido relegadas a espacios de subordinación no sólo en
el ámbito de la vida privada, sino también en la vida pública, por ejemplo, la permanencia de una brecha
salarial, misma que con base en un boletín emitido por la Secretaría de Trabajo y Previsión Social se reporta que
esta brecha ha disminuido, sin embargo, no ha logrado cerrarse:
La brecha del salario por hora y por género en el empleo formal ha registrado una disminución de 2018
a 2021; al pasar de 13.1% en 2018 a 12.2% en 2021, de acuerdo con el Informe Mensual sobre el
Comportamiento de la Economía del mes de abril de 2022, de la Comisión Nacional de Salarios
Mínimos (Conasami).
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reporta que en México, el
país con las remuneraciones más bajas de esta organización, también se extiende una brecha salarial de
género por encima del promedio; por cada peso que se paga a los hombres en un empleo, las mujeres
reciben 87.5 centavos.
En este sentido, uno de los principales ámbitos de discriminación con el que enfrentan las mujeres es el laboral
ya que, con base en el índice de discriminación salarial, la remuneración de las mujeres tendría que aumentar un
26.7% para alcanzar la paridad salarial […] (Solís, 2017). A esto es necesario sumar la otra jornada laboral no
reconocida como tal y menos aún, pagada, nos referimos a los trabajos del hogar y de cuidados. Es una tarea
que se ha designado históricamente a las mujeres en esta idea impuesta de un “orden lógico” del deber ser y de
la prevalencia de roles de género.
La ENADIS 2022, obtuvo como resultado que, de la población de mujeres de 18 años y más declaró haber sido
discriminada en los últimos 12 meses, 35.3 % lo atribuyó al hecho de ser mujer.
Este grupo poblacional fue invisibilizado por años, de hecho, fue hasta el año 2015 que la EIC (Encuesta
Intercensal) por primera vez tuvo una primera aproximación sobre el total de la población afrodescendiente en
nuestro país. Pero fue 5 años después, en 2020, que el Censo de Población y Vivienda contó por vez primera a
este grupo dentro del total nacional.
Con base en los resultados obtenido a través de la ENADIS 2022, cerca del 30% de la población
afrodescendiente de 12 años y más encuestada, declaró a la discriminación por su apariencia como la
principal problemática a la que se enfrentan.
Hasta hoy, muy pocas entidades federativas o dependencias de gobierno incluyen a las personas, comunidades y
pueblos afrodescendientes en la toma de decisiones que les involucran y afectan directamente. Lo anterior
configura una situación de discriminación estructural (Conapred, s/f). Esto puede notarse en la falta de
aplicación de políticas con perspectiva antirracista o en el reconocimiento en materiales educativos relacionados
a esta población.
La condición de pobreza en que viven las personas, se debe principalmente a un largo proceso de desigualdad y
falta real de oportunidades, además de situaciones de desventaja y marginación, en general. Reproducir frases
como “los pobres son pobres porque quieren”, responsabiliza de esta situación a cada persona en lo individual,
sin tomar en cuenta la responsabilidad histórica del Estado en particular y a la sociedad en general en términos
de los modelos económicos dominantes, como es el caso del neoliberalismo.
En este mismo tenor, a través de la ENADIS 2022 se reporta que el 33.9% de la población están de
acuerdo en que los pobres se esfuerzan poco por salir de su pobreza.
Con base en datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en
2022, el 43.5% de la población a nivel nacional se encontraba por debajo de la línea de pobreza por
ingresos; mientras que el 12.1% se encontraba por debajo de la línea de pobreza extrema por ingresos.
En suma, las personas que se encuentran en situación de pobreza pueden enfrentarse a diversos escenarios de
discriminación, desde Conapred, a través de las quejas recibidas (entre 2012 y 2018) se ha identificado que,
entre los derechos vulnerados, el más frecuente fue el trato digno (en 90% de los casos), seguido por los
derechos al trabajo (27%) y a la igualdad de oportunidades (26%) (Conapred. s/f).
5. Niñeces
La discriminación hacia las niñeces muchas veces es invisibilizada, ¿sabes por qué? A causa
del adultocentrismo, esa creencia de que las decisiones, acciones, opiniones y demás sólo competen a las
personas adultas, y que terminan en tratos desiguales, injustos y hasta violentos hacia las niñeces.
Unicef México ha identificado que el racismo y la discriminación contra niñas, niños y adolescentes
debido a su origen étnico, idioma o religión, están muy extendidos en algunos países (Unicef, 2022).
Otro dato importante que recupera Unicef, es que entre las niñeces que viven en un albergue o
institución en México, se percibe mayores índices de discriminación siendo el 98.11%; entre las causas
más frecuentes se encuentra el vivir en situación de calle 15.30%; en un albergue o una institución
14.47%, la edad (13.98%) y el tono de la piel 10.77%; el vivir con alguna condición de
discapacidad/diversidad funcional asciende al 18.02% (Ídem).
Según los resultados de la Enadis 2022, existen diferentes motivos por lo que las niñeces son discriminadas en
nuestro país, algunas de las cuales son la edad, el peso, la estatura y el tono de piel, entre otros. Cerca del 20%
de la población de niñas y niños de 9 a 11 años manifestó haber sido discriminada por parte de sus compañeras
o compañeros de la escuela, de este porcentaje, casi el 44% refirió que el motivo fue su peso o estatura,
mientras que más del 32% señaló que fue por su forma de vestir (INEGI, 2023).
6. Juventudes
En la Enadis 2017 se pudo observar que seis de cada diez personas en México, consideran que las y los
jóvenes son irresponsables (Leite, 2020). Cinco años después, para la Enadis 2022, se observó que la
prevalencia de esta narrativa se encontró en cinco de cada diez personas (INEGI, 2023).
Los principales motivos de discriminación que se identificaron a través de la Enadis 2022, fueron: forma
de vestir o arreglo personal (tatuajes, ropa, forma de peinarse, perforaciones), sexo, edad y manera de
hablar (Idem).
En este grupo de población hemos identificado que la discriminación estructural con que se enfrentan es
reproducida por el Estado, la sociedad y el sector privado, ya que se les percibe como amenaza para la cohesión
social, muchas veces se les excluye de espacios y oportunidades laborales o educativas, y se impide el
reconocimiento de sus derechos, especialmente los sexuales y reproductivos (Conapred, s/f).
7. Personas mayores
Las personas mayores, han sido históricamente vulneradas, violentadas e invisibilizadas, Algunos de los
principales ámbitos donde se les vulnera han sido el de la salud, el laboral y el económico. Teniendo como base
los datos obtenidos a través del Censo de población y vivienda de 2020, hasta ese año, en México residían 15.1
millones de personas de 60 años o más, que representan 12% de la población total.
La mitad de las personas de esta edad viven con alguna discapacidad/diversidad funcional (50.1%).
20% del total de personas mayores que viven en México no contaban con afiliación a una institución de
servicio de salud (INEGI, 2021).
En el ámbito laboral, cuando se les llega a emplear, muchas veces se hace en condiciones de
precariedad, con menores salarios y sin prestaciones laborales (Conapred, s/f).
Más del 40% del total de personas mayores, vive en una situación de pobreza. La discriminación
estructural hacia este sector es causa de dicha pobreza, pero al mismo tiempo la acentúa (Conapred,
2021).
En México, las personas que viven con el virus de inmunodeficiencia humana (vih), hasta diciembre de 2020,
representaban el 0.04% de la población, lo que significa que 4 de cada mil personas vivían con vih a finales de
ese año (CENSIDA, 2021). Este grupo social enfrenta una situación de discriminación estructural derivada de
su estado de salud, situación caracterizada por la vulneración o negación sistemática de diversos derechos
(Conapred, s/f).
Debido a la falta de información, además de la carga de actitudes discriminatorias que prevalecen sobre este
grupo de personas, la gran mayoría de sus derechos han sido vulnerados, comenzando por el acceso a la salud,
además de la falta de oportunidades reales para obtener un empleo digno, el poder gozar de una sana
convivencia y el disfrute de espacios recreativos.
Según los datos recolectados en la Enadis 2022, el 34.8% de la población de nuestro país no estaría
dispuesta a rentarle un cuarto de su vivienda a una persona que viva con vih.
El 47.7% de la población no estaría de acuerdo en que su hija o hijo se casara con una persona que vive
con vih (INEGI, 2023).
Sin lugar a duda, las narrativas de exclusión que vive este grupo se materializan en condiciones de desigualdad
estructural. La sociedad, y tradicionalmente el sistema de salud, considera que las personas usuarias de
sustancias psicoactivas son desobligadas, irresponsables, flojas y merecedoras de violencia y malos tratos. Estas
violencias pueden comenzar en el hogar y se trasladan a las demás esferas de la vida de las personas como son
la salud o el empleo, entre otras, ocasionando actos de discriminación, ya que existe una restricción sistemática
de derechos.
Este grupo de personas enfrentan numerosos obstáculos en su camino, desde los desafíos propios de la
rehabilitación hasta la criminalización.
En Tijuana, las personas, por su consumo de sustancias, suelen asociarse con actividades delictivas y
con frecuencia enfrentan persecución policial (ONU, 2023).
10. Personas de talla baja
El principal factor de discriminación que enfrentan las personas de talla baja se debe al aspecto físico. Recuerda
que no todas las personas ni los cuerpos son iguales, por lo que no existe una sola manera de verse, sin
embargo, el maltrato sistemático que viven las personas de talla baja por la falta de accesibilidad es una
situación cotidiana que repercute en su calidad de vida.
Si bien México aún no cuenta con información estadística oficial sobre esta población, sabemos que la
discriminación que enfrentan se presenta, sobre todo, en formas de rechazo y exclusión social dentro de
diversos espacios; como lo pueden ser escolares, culturales y laborales, así como en el derecho a la
accesibilidad, debido a obstáculos de infraestructura, la mayoría de las veces pensada para la población con
estatura promedio (Copred, 2021).
Con base en los resultados de la Encuesta Nacional de Población Privada de Libertad (ENPOL) 2021, la
población privada de la libertad en 2021 fue de 220.5 mil personas, de ellas, el 94.3% se identificaron como
hombres y el 5.7% como mujeres (INEGI, 2021).
Por otro lado, las personas liberadas, llegan a ser estigmatizadas y discriminadas, lo cual obstaculiza su correcta
reinserción en la sociedad. Una de las prácticas que ejemplifican este problema es el negarles el acceso al
empleo y otras necesidades ligadas a la plena reinserción social, con la excusa de que tienen antecedentes
penales (Naciones Unidas, 2021).
Una de las consecuencias más alarmantes de la discriminación sistemática en contra de la población intersexual,
es el elevado porcentaje de población intersexual que en algún momento pensó en quitarse la vida. Este
ascendió al 16.4% (casi el doble de lo reportado por las personas no intersexuales: 8.6%). Por otro lado, el
porcentaje que intentó hacerlo es de 12.9% (que también es mucho mayor al de las personas no intersexuales
4.5%) (Naciones Unidas, 2021).
A través de la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (Endiseg) de 2021, se logró estimar que
en México viven cerca de 1.5 millones de personas con variaciones congénitas en las características sexuales lo
que corresponde a 1.5% de la población, además, de algunas experiencias de violencia y maltrato, en este
sentido tenemos que, el 33% de la población intersex experimentó insultos burlas u ofensas durante la infancia
(Conapred, 2022).
En 2020, la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social (SIBISO), contabilizó que tan sólo en la Ciudad de
México, 932 personas pernoctaban en las calles de la ciudad, de estas el 86.16% eran hombres y el 13.74% eran
mujeres. La dos principales causas por las que se encontraban en esta situación fueron problemas con la familia
y problemas económicos.
Resulta importante destacar que a más del 60% de las personas que se encontraban en situación de calle en
2020, desearía dejar la calle. No obstante, la enorme carga negativa que llevan sobre sus hombros les hace muy
difícil hacer realidad este deseo.
Debido a la condición en la que se encuentran, enfrentan múltiples desigualdades y discriminación, así como la
violación a sus derechos, comenzando con el acceso a una vivienda diga, a la alimentación, a un trabajo y a la
salud. Si sumamos a esto los nacimientos que suceden entre la población que se encuentra en esta situación, el
fenómeno se complejiza aún más, considerando que es altamente viable que estos no sean registrados, por lo
que se vuelve casi imposible tener una cifra oficial al respecto de la cantidad, no sólo de nacimientos, sino
también de defunciones y personas que viven en dicha situación.
En general, la sociedad aún no reconoce que las poblaciones en situación de calle son personas sujetas de
derechos; se ha identificado que son miradas y tratadas como potenciales delincuentes, lo que agudiza los actos
de discriminación y violencia tanto de agentes del Estado como de la población en general (INE, s/f).
Las personas jornalera agrícolas, se han enfrentado durante mucho tiempo con situaciones de discriminación,
principalmente asociadas a los altos niveles de marginación en que históricamente se les ha colocado, la
necesidad de movilidad migratoria, la informalidad en la mayoría de sus relaciones laborales y su origen étnico
(Indesol, 2020a).
Según datos publicados por Conasami, para 2020 en México había 2.3 millones de personas jornaleras
agrícolas, de ellas, el 94% no contaban con contrato laboral y 43% ganaban por debajo del salario mínimo legal
(Indesol, 2020b).
Las personas jornaleras agrícolas han enfrentado muchísimas violaciones a sus derechos humanos y con ello
una discriminación sistemática. Los derechos violentados que han sido identificados son: laborales, salud,
alimentación, educación y vivienda. No fue sino hasta el contexto de pandemia por la Covid-19, cuando las y
los jornaleros agrícolas fueron un sector de la economía más esencial que nunca, que se buscó establecer
acciones coordinadas y contundentes para preservar su derecho a la salud y sus derechos laborales. Hasta
entonces, se reconoció contundentemente que no existe una coordinación adecuada entre los tres niveles de
gobierno para garantizar y preservar el derecho a la salud y los derechos laborales de esta población (Red
Nacional de Jornaleros y Jornaleras Agrícolas. s/f).
El capacitismo es uno de los principales motivos de discriminación que se ejerce en contra de personas que
viven con discapacidad/diversidad funcional, sin embargo, no es la única forma en que se expresa la
discriminación. Existen múltiples maneras y brechas de desigualdad que se sustentan en un fenómeno
estructural; por ejemplo, en la infraestructura poco o nada accesible, en las exigencias para que actúen o
reaccionen de cierta manera (esperada o normativa) ante ciertos estímulos externos, así como discriminaciones
en los ámbitos educativo y laboral (entre otros).
Las personas con discapacidad son aquellas, cuyos cuerpos y mentes, son parcialmente diferentes a las normas y
estándares sociales establecidos.
Las discapacidades pueden ser permanentes o adquiridas y existe una variedad de ellas basadas en las
condiciones físicas (discapacidad motriz), la posibilidad de recibir estímulos sensoriales (vista, oído), o por las
condiciones psicosociales complejas (discapacidades psicosociales).
Las personas neurodivergentes son aquellas que nacen o desarrollan condiciones del neurodesarrollo que
diverge de los estándares sociales. Se utiliza esta categoría como un contraste a las versiones médicas que
hablan de trastornos o padecimientos. Se incluye, en otras en esta categoría al autismo, la atención diferenciada
(en medicina TDAH), las personas límite de personalidad, entre otras.
Hacia 2020, para el Censo de Población y Vivienda 2020, se identificó que, del total de población en el país, el
5.7% (7 168 178 personas) vivían con alguna discapacidad, de este total 30.8 millones (26%) son niñas y niños
(0 a 14 años), 30.3 millones (26%) son personas jóvenes, 45.4 millones (38%) personas adultas y 11.9 millones
(10%) son adultas mayores (INEGI, 2021a). Con esta información desagregada por rangos de edad, es posible
identificar que, independientemente de que todas ellas viven con alguna diversidad funcional o neuronal,
pueden enfrentarse a diferentes situaciones de desigualdad y discriminación.
Sabemos que uno de los derechos humanos que existen es el derecho a la movilidad, sin embargo, suele ser
violentado en la mayor parte del mundo, lo que invita y refuerza una especie de “caza de brujas”, ya que se
trasmite la idea de que las personas no deben migrar a otros países. Esto se hace sin considerar que todas y
todos tenemos el derecho de hacerlo y, que muchas veces esta situación no depende de las voluntades de las
personas, sino de motivos externos o ajenos que las orillan a buscar otros espacios para vivir mejor o, en el peor
de los casos, sobrevivir.
Algo que tienen en común todas las personas migrantes, es que comparten problemas derivados de la
discriminación estructural: la violación de sus derechos humanos por parte de funcionarias y funcionarios de
todos los niveles de gobierno; la violencia de grupos criminales (robos, secuestros, violaciones, trata de
personas); las detenciones arbitrarias; la falta de acceso a servicios básicos como atención médica y acceso a la
justicia, así como los pagos inferiores a los que reciben personas no migrantes por hacer el mismo trabajo, entre
otros (Conapred, s/f).
De acuerdo con los datos recabados a través de la Enadis 2022, el 26.3% de la población migrante en México
declaró que se le negó injustamente alguno de sus derechos en los últimos cinco años. De este porcentaje, el
32.5% refirió la negación de la oportunidad de trabajar u obtener un ascenso (INEGI, 2023).
Las personas trabajadoras del hogar en nuestro país se han enfrentado históricamente a un muro de
discriminación estructural, principalmente debido a que gran parte de la población no considera o no puede ver
el trabajo del hogar como una ocupación real, sino que se sigue mirando como un conjunto de roles de género
asignados, principalmente a las mujeres.
Debido a lo anterior, nos encontramos frente a un sector particularmente invisibilizado, al que no se le reconoce
como una profesión formal. Las condiciones que las personas trabajadoras del hogar enfrentan en el empleo son
difíciles, ya que no se obedecen las recientes regulaciones, por lo que están expuestas a que trabajen jornadas de
hasta doce horas; comúnmente, sin derechos laborales, sin seguridad social ni prestaciones de ley, sin contrato,
sin garantías de pensión y sin posibilidad de ahorro, entre otras privaciones (Conapred, s/f).
A pesar de lo anterior, desde el 2019 se logró la inclusión al seguro social de este grupo, y hasta junio de 2023,
se han registrado 59 mil 313 personas afiliadas, además de 74 mil 388 familiares (SEGOB, 2023). Si bien, aún
hay mucho camino por andar y objetivos y metas que lograr para que las personas trabajadoras del hogar tengan
en su totalidad condiciones dignas de trabajo y protección laboral, estos logros son grandes pasos y es
importante su difusión.
La discriminación por motivos religiosos no es algo nuevo, quizás podríamos pensar que existe desde que
existen las religiones. La lucha contra la discriminación a otras nociones que se desarrollaron de manera
paralela. La idea de “libertad religiosa”, en particular, se construye al mismo tiempo que avanza el concepto de
respeto interreligioso y se comienza a luchar a favor de la no discriminación por motivos religiosos. En este
sentido, la discriminación por motivos religiosos puede provenir de particulares, de grupos de personas
asociadas o no, de las propias instituciones religiosas y de las instituciones del Estado. (Blancarte, 2018).
En 2022, de la población de la diversidad religiosa de 12 años y más, el 28.6% manifestó haber sido vulnerada
por actos de discriminación en los últimos 12 meses. De este porcentaje, 53.3% lo atribuyó a sus creencias
religiosas, y 25.9% respondió que el motivo fue su forma de vestir o arreglo personal (INEGI, 2023).
Poco se ha abordado el tema de diversidad corporal en nuestro país, sin embargo, la violencia, desigualdades y
discriminación ejercida por este motivo ha cobrado relevancia. Entre las diversidades corporales se encuentran,
por ejemplo: las personas de talla baja, de las que ya hemos hablado antes, las personas albinas, las personas
con vitíligo y las personas gordas, por mencionar algunas. Justamente sobre estas últimas es de las que
hablaremos en este apartado, debido a lo normalizado que es la violencia hacia este grupo.
La gordofobia o gordoodio, es un sistema de opresión que, de manera estructural, violenta a las personas
gordas, por el simple hecho de serlo, debido a que sus corporalidades no se adaptan a la norma socialmente
aceptada. De esta manera, se coloca a las personas gordas en situaciones de desventaja, burlas, marginación,
rechazo, prejuicios, e implica la obstaculización o vulneración de los derechos de las personas bajo el pretexto
de la gordura lo cual deriva en discriminación. Se trata de un fenómeno sociocultural que también toca las
esferas de lo económico y lo político, está cargado de juicios de valor que invitan a construir narrativas de odio
en contra de aquellas personas que poseen un cuerpo “no normativo”, “no bello” o “no sano”.
La discriminación que enfrentan las personas que poseen cuerpos diversos, parte del hecho de habitar estos
cuerpos gordos y grandes, lo cual, indudablemente afecta en otros ámbitos de la vida, principalmente en el
acceso a la salud con una perspectiva no pesocentrista (referida al peso y la delgadez como estándares de la
supuesta "buena salud"), en el ámbito laboral, en el derecho a la movilidad, considerando que la gran mayoría
de los espacios de transporte público están pensados para personas (minoría) con cuerpos delgados, normativos,
entre otras.
La Enadis 2022, nos deja ver que, en México el 27.5% de las personas han sido discriminadas debido a su peso
o estatura, mientras que el 30.6% lo atribuyó a su forma de vestir o arreglo personal (INEGI, 2023).
La discriminación por orientación sexual y por la identidad y expresión de género, tiene una naturaleza
estructural. Es un proceso con raíces históricas que se alimenta de las narrativas asociadas con la diversidad
sexual. Estos, han “justificado” una diferencia de trato, y se encuentran tan arraigados en nuestra cultura que
inciden tanto en el ámbito privado como en el público, por ejemplo, en las instituciones de seguridad social o de
acceso a la justicia (Conapred, s/f).
Es importante saber que el sexo es una condición biopsicosocial que no se reduce a los genitales externos, sino
que es una suma compleja de esto y otras características como la genéticas, los cromosomas y el desarrollo de
las características sexuales secundarias.
La identidad de género es la forma intrínseca en la que las personas nos reconocemos basadas en la amplia
variedad de opciones existentes y que se expresa a partir de nuestra vestimenta, comportamiento y conductas. A
menudo reducimos estas identidades al binarismo de género, en otras palabras, a la presunta existencia única de
hombres y mujeres.
La expresión de género se refiere a la forma en la que compartimos con otras personas de nuestro entorno
nuestra identidad de género, a través de nuestra vestimenta, nuestra forma de hablar o comportarnos o la forma
en la que interactuamos con otras personas.
Hablamos de orientación sexual a la condición en la que podemos sentirnos atraídas, física, erótica, emocional,
sensorial o intelectualmente por otras personas. Existe una amplia variedad de orientaciones que menudo se
someten a la norma de la heterosexualidad, la cual en muchas sociedades es reconocida como la única
orientación aceptada.
En este sentido, es importante reconocer que la heteronormatividad es un mandato que frena las libertades y
personalidades de muchas personas que no se acoplan a éstas, que trae consigo un enorme peso que no hace otra
cosa que violentar, restringir e invisibilizar las múltiples expresiones e identidades de las personas en torno a su
libertad de ser quienes son.
Con base en los datos de la Enadis 2022, de la población encuesta que se adscribe dentro de la diversidad sexual
y de género, 37.3 % declaró haber sido discriminada en los últimos 12 meses, el 41.8% manifestó haberlo sido
por su forma de vestir o arreglo personal; 37.9% refirió su peso o estatura; el 36.2% declaro que se debió a su
identidad de género y el 32.1% a su orientación sexual (INEGI, 2023).
INTERSECCIONALIDAD
Acabamos de leer sobre los distintos grupos históricamente discriminado y cómo enfrentan la discriminación,
pero has pensado ¿qué pasa con las personas que se encuentran identificadas con más de un grupo?, ¿tú misma,
mismo, misme, te identificas con más de uno, ya sea por tu tono de piel, tu identidad de género u orientación
sexual, tu edad o cualquier otro? Justamente de eso hablaremos en este capítulo.
Para iniciar, es necesario que conozcamos un término nuevo en este curso: interseccionalidad. ¿De dónde
viene?, ¿por qué surge?, ¿para qué sirve?
Este concepto surge desde las teorías feministas afroestadounidenses, de hecho, fue acuñado por la teórica del
derecho y afrofeminista Kimberlé Crenshaw alrededor de 1989 (Gandarias, 2017). Este surge por la necesidad
de visibilizar que las violencias u opresiones son multifactoriales, es decir, a cada persona o grupo poblacional
le atraviesa una serie de situaciones que complejizan la manera en que les impactan diversos fenómenos, como
la discriminación.
La interseccionalidad se entiende como la situación que viven diversas personas, al tener que lidiar con las
consecuencias estructurales y dinámicas, cuando más de un eje de subordinación las atraviesa. Aborda
específicamente la forma en que el racismo, el patriarcado, la opresión de clases y otros sistemas de opresión
crean desigualdades complejas sobre las ya existentes por el género, el origen étnico, la clase social, entre otras.
La interseccionalidad es una forma de mirar los problemas de discriminación que nos permite identificar cómo
la simultaneidad de opresiones genera nuevas condiciones aún más complejas de desigualdad y de exclusión y
por lo tanto, restricción o intento de anulación del poder de las personas (Crenshaw, 2002 p. 117).
En sus orígenes, la interseccionalidad fue utilizada para visibilizar la manera en que el género, la racialización y
la clase convergían en las mujeres de forma específica, lo cual agudizaba las desigualdades y profundizaba las
violencias que ellas enfrentaban en su día a día, es decir, que sirvió como evidencia de la fuerte correlación que
existía entre ser mujer afrodescendiente y ser pobre (Crenshaw, 1991).
Entonces, podemos decir que, la interseccionalidad ha servido como una especie de categoría para identificar y
visibilizar que la discriminación se vive de diferentes maneras, ya que hay una infinidad de identidades.
¿Recuerdas que antes hablamos sobre la posibilidad de identificarte con más de un grupo históricamente
discriminado y que esto puede o no ser algo temporal? Pues aquí podemos verlo claramente. La simultaneidad
de las diferentes relaciones de poder arbitrarias a partir de una jerarquización y de las características identitarias,
así como de las diferencias socioeconómicas y condiciones de salud, incrementa la posibilidad de vivir muchas
más desigualdades, violencias y discriminaciones. Pero ojo aquí: las personas no son discriminadas por quienes
son, sino por como la sociedad, los sistemas sociales, los gobiernos oprimen simultáneamente distintos rasgos
de la identidad y resistencia ante las desigualdades, los abusos y las violencias. Por ello no se trata de sumar las
dominaciones que viven las personas sino reconocer las nuevas formas de dominación a partir del cruce o
encuentro de relaciones de poder injustas.
Imagina a la interseccionalidad como una suerte de capas que se superponen unas a otras y que, en su conjunto
generan una serie de “categorías sociales” a través de las cuales, las personas viven o son expuestas a una serie
de violencias y abusos que puede generar una exclusión desproporcionada. Por ejemplo, una mujer blanca,
heterosexual y profesionista, tiene mayores probabilidades de ser contratada en una empresa, frente a una mujer
indígena, heterosexual y profesionista, sin embargo, la mujer blanca puede ver reducidas sus posibilidades si
compite frente a un hombre por el mismo puesto de trabajo.
Es importante destacar que, efectivamente cada persona es atravesada por diversas situaciones que generan su
identidad, también es cierto que esas características, si bien, tienen efectos que impactan directamente en el
acceso a oportunidades y pueden incrementar (en la mayoría de los casos) las brechas de desigualdad
preexistentes en la sociedad, no es en estricto sentido, por estos rasgos identitarios que suceden estos
fenómenos, sino por el contexto social, por la reproducción de narrativas y la normalización de actitudes
violentas, racistas, misóginas, capacitistas o xenófobas por mencionar algunas, las que prolongan en el tiempo y
el espacio estas brechas y vulneraciones a los derechos de las personas.
La interseccionalidad es, entonces, ese conjunto de características y condiciones que crean una identidad única
que puede vivir una serie de exclusiones sistemáticas, por ejemplo, al considerar la identidad de género, la
orientación sexual, el origen étnico o nacional, la ideología política, profesar o no alguna religión, vivir con
alguna discapacidad/diversidad funcional o neurodivergencia, nuestro tono de piel o tamaño corporal. Cada una
de esas características son aquellas capas que mencionamos antes, y son estas mismas las que son “juzgadas
socialmente” con base en distintas narrativas excluyentes, mismas que determinarán en qué medida y de qué
manera podremos o no tener acceso a diferentes oportunidades, de trato o del respeto a nuestros derechos y
determinarán también la medida en que podremos ser más o menos discriminadas.
Por lo que, conocerlas, identificarlas y generar contranarrativas que sean incluyentes y velen por los derechos de
todas las personas, es esencial para que podamos generar lazos y redes que desemboquen en la construcción de
un tejido social libre de violencia y discriminación.
EXCLUSION
Como te diste cuenta, al hablar de interseccionalidad hemos dado un primer abordaje al tema de la exclusión, el
cual es posible que te sea mucho más familiar o cercano quizá, incluso, sea un término que ya has utilizado en
algún momento, pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de exclusión desde Conapred? El término
exclusión, suele o solía ser homologado o íntimamente ligado al de pobreza y aunque podrían tener algo que
ver, no son sinónimos. La exclusión social, suele ser utilizada para referirse a grupos o colectivos de personas,
aunque también puede ser experimentada a nivel individual. Uno de los aspectos que caracterizan a la exclusión
social es su aspecto multidimensional y multifactorial, como lo hemos visto antes con el tema de la
interseccionalidad, las características específicas de una persona o grupo social podrían considerarse
“determinantes” para experimentar la exclusión de una u otra manera.
La exclusión social se puede analizar y entender como un proceso multidimensional, que tiende a menudo a
acumular, combinar y separar, tanto a individuos como a colectivos, de una serie de derechos sociales, tales
como el trabajo, la educación, la salud, la cultura, la economía y la política, a los que otros colectivos sí tienen
acceso y posibilidad de disfrute (Jiménez, 2008). Es una restricción que puede verse reflejada en diferentes
esferas sociales y que puede presentarse de diferentes maneras como, por ejemplo, en la reducción o limitación
de oportunidades para obtener un empleo, ingresar a una escuela, hacer uso de los servicios de salud y seguridad
social, entre otros.
Al igual que la discriminación, la exclusión tiene una dimensión estructural, la cual está adscrita a una
trayectoria histórica de las desigualdades sociales y, por lo tanto, se puede manifestar como un proceso que
afecta de forma cambiante a personas y colectivos (Tellez, Molina y Álvarez, 2020). Esto también lo podemos
observar en la interseccionalidad, por lo que ambas van de la mano, entonces, ¿puede existir una sin la otra? Se
puede considerar que sí, en un caso específico, es decir, en el sentido de que la primera nos genera identidad y
muchas veces es necesaria para encontrarnos con otros colectivos y generar lazos como la convivencia, la
amistad, el acompañamiento y, de ser necesario, en algunos momentos resistencia y luchas colectivas en contra
de situaciones como la discriminación y las violencias. Sin embargo, no es igualmente posible que ocurra en
sentido inverso, es decir, la exclusión no podría suceder sin la interseccionalidad, dado que, la exclusión es
originada por una o varias de las características o condiciones a partir de las cuales son construidas nuestras
identidades.
Claro que en más de una ocasión te has sentido identificada, identificado o identificade con otras personas
afines a ti, parte de esa identificación es el motor para la construcción de relaciones sociales, ya sean amistosas
o sexoafectivas, pero, ¿las habías considerado como un cúmulo de características que te dan identidad?, ¿alguna
vez pensaste que la discriminación, la violencia y la exclusión suceden o más aún, se “justifican” a partir de
esas intersecciones? ¡Te invitamos a reflexionarlo!
De esta forma, es importante resaltar que no basta con entender cómo es excluida una persona por sus
identidades cruzadas; debemos entender también el peso del contexto. De esta forma no será la misma vida la
de una mujer con discapacidad que habita en una gran ciudad a una mujer con las mismas condiciones que
habita en un espacio rural. El contexto tiene un peso esencial en la discriminación, pues este determinará en
muchos momentos las posibilidades reales de las personas para abatir la exclusión (Cavalcante Carvalho,
2018).
Hemos de afirmar que en la perspectiva educativa del Conapred, existen tres grandes estructuras reproductoras
de desigualdad que te queremos presentar. Son condiciones encontradas en todo contexto:
Capitalismo. Sistema socioeconómico vigente que mide la utilidad de las vidas en relación con lo que
reproducen en los mercados laborales, sin tomar en cuenta otras circunstancias o condiciones de vida.
Patriarcado. Sistema social de dominación que mantiene a los hombres heterosexuales cisgénero en el centro
de todo el poder y la toma de decisiones, relegando a las mujeres y otras identidades de género a someterse a
este sistema donde pierden sus derechos y su poder política.
Colonialidad. Viejas lógicas heredadas de las épocas coloniales. Se basan en la creencia de que hay sociedades
y culturas superiores e inferiores en rasgos como los saberes, los sistemas de gobierno, las nociones de la
sexualidad y la vida o la visión sobre el territorio y la naturaleza.
Estos sistemas son tan ambiciosos que se encuentran en todas partes y son la base de toda la discriminación.
Para delimitar en materia de este curso, no obstante, revisaremos como parte de estas lógicas se reproducen en
las nociones de limitación de derechos por espacio y tiempo.
Aunque la discriminación estructural se instituye en cualquier contexto y genera impactos diversos, ésta se
puede agravar en determinados territorios en dónde existen condiciones específicas que potencian la
vulneración de las personas.
Instrucción: Da clic del lado derecho para ver las siguientes imágenes.
De esta forma podemos identificar a la discriminación con el factor territorio y espacio. Por eso es tan
importante que se generen políticas públicas locales inclusivas; de nada sirve si a nivel nacional se determina un
cambio en derechos, si en lo local no se secundan y complementan estas condiciones.
Otro rasgo de esta característica de la discriminación estructural como contextual y territorial se relaciona con
los arreglos institucionales, públicos y de acceso. Por esto, nos referimos a aquellas condiciones que hacen
sencillo o difícil acceder a servicios, bienes o incluso a recursos públicos. Es importante que no olvides que esto
se hará más severo por tres factores que mantienen las relaciones de poder, en independencia del contexto: la
opresión de género, la racista y la clasista (Curiel, 2014).
Esta conjunción de clasismo, racismo y sexismo se ha fortalecido en distintos espacios, incluso de manera
normalizada. Quizá has visto que, en ciertas zonas de las ciudades, especialmente atractivas para el comercio o
el turismo, hay arreglos arquitectónicos que pueden ser discriminatorios:
Uso de pinchos u otras arquitecturas agresivas que impiden que personas en situación de calle
puedan descansar bajo puentes o en jardineras.
Falta de rampas, puentes peatonales o calles con una buena inclinación o altura pueden afectar a
personas mayores, personas de talla baja, y personas con discapacidad.
Falta de información como mapas, nombres de calles o referencias en lenguas indígenas.
Todos estos elementos de contexto parecen desapercibidos o no intencionados. No obstante, desde el ojo avizor
de la discriminación estructural resultan ser “espacios prohibitivos” que definen quién puede ser incluido, quien
puede utilizar el espacio público y quien no (Bauman, 2011, 89-90). Todos estos arreglos suelen beneficiar a
estratos sociales con altos ingresos económicos o cuya movilidad no está limitada considerablemente. Ningún
arreglo social es una coincidencia; todo es parte de las condiciones históricas de exclusión.
Antes las dictaduras, los totalitarismos o las políticas segregacionistas, instauraron guetos, campos de
concentración y zonas reservadas para personas racializadas 1. Estas políticas continúan en nuestros contextos de
otras formas, limitando y justificando la diferencia entre territorios. Los tiempos pasan, pero seguimos haciendo
diferencias espaciales, “que parecen menos agresivas a la simple vista.” Otros ejemplos de esta discriminación
estructural según criterios de territorio son los siguientes:
Podemos afirmar que el origen social y el espacio en el que se desenvuelven las personas pueden ser la gran
diferencia sobre cómo viven y cómo se garantizan los derechos humanos. ¿En dónde vives tú? ¿a qué bienes y
servicios tienes acceso? ¿qué tan fácil o difícil es el acceso a ellos? ¿será la misma situación si vivieras en otra
parte del país?
Los grupos históricamente discriminados comparten antecedentes históricos en común, además se le suman los
elementos de contexto que acabamos de mencionar. Ahora conviene destacar otras características que definen
un proceso instaurado y generalizado de discriminación estructural:
Las personas afrodescendientes de Coahuila, las y los mascogos y las personas afromexicanas de
Veracruz tienen distintas necesidades, pero enfrentan la misma invisibilización social y cultural.
2. Estas desigualdades generan desventajas fuertes; situación a la que hemos dado el nombre de brechas de
desigualdad. Por éstas nos referimos a aquellas condiciones sociales que dificultan el desarrollo de la trayectoria
de vida de personas y comunidades, provocando contrastes en el acceso a derechos entre quienes tienen
privilegios y quienes viven la dominación. Imagina un gran agujero lleno de pinchos por el que necesariamente
tienes que cruzar, pero que tiene grandes riesgos de dañarte, así es la sensación de sobrevivir una brecha de
desigualdad.
Las personas mayores, a pesar de tener conocimientos y experiencia laboral, suelen no ser contratadas en
los espacios de trabajo, se les niegan créditos bancarios y no se consideran sus necesidades socioafectivas,
por lo que hay una espiral enorme de exclusión en su contra.
3. Existen diferencias sustanciales que se materializan en condiciones socioeconómicas diferentes o el poder de
representación que tiene una cultura o grupo en la sociedad. Esto desemboca en que muchos de los grupos
históricamente discriminados sean representados de forma asistencialista, lo que refuerza la idea de su supuesta
insuficiencia o valor en la sociedad.
Las, les y los autistas, así como las, les, los cinéticos 2, se encuentran en tasas de desempleo enormes,
usualmente en empleos pauperizados y casi no existe ninguna persona con puesto directivo que sea
neurodivergente.
4. La discriminación es sistemática, masiva y se arraiga en zonas geográficas específicas. Esto quiere decir que
tiene un impacto territorial específico.
Tradicionalmente se ha dicho que el sur del país es pobre frente al norte que es “productivo.” Este juicio
no toma en cuenta que en la zona centro y sur del país hay innumerables recursos, donde las
comunidades, pueblos y personas han sido explotadas históricamente. Entonces las personas no son
pobres por vivir en estas zonas, sino que ello parte de una desigualdad histórica arraigada en estas
entidades federativas.
5. La discriminación puede surgir de las propias medidas del Estado para confrontarla, como normas, políticas o
proyectos sociales que mantengan las desigualdades intactas (Pelletier Quiñones, 2014).
Existen todavía muchas legislaciones locales que no están armonizadas en el reconocimiento de los
derechos de las mujeres. Algunas de ellas utilizan términos anacrónicos que les ponen en desventajas
frente a los hombres en los espacios familiares o en cuestiones relacionadas a su patrimonio.
La discriminación cambia también por la edad y la etapa de la vida que cruza la persona. A esto le llamamos
discriminación en el ciclo de la vida; situación que hace que las exclusiones y limitaciones de derechos sean
más fuertes dependiendo de las distintas formas de opresión que experimentan, pero también, de la etapa de
vida que cruzan.
Usualmente los extremos: las niñeces y las juventudes, por un lado, y las personas mayores por el otro, son
quienes enfrentan las circunstancias de discriminación por ciclo de vida más complejas. En este punto,
condiciones estructurales como el modelo económico capitalista, impacta en las personas:
Se asume que la experiencia de vida se mide por años, no por las circunstancias y situaciones que una
persona ha enfrentado. Por lo que la “experiencia probada” no considera que las vivencias no se miden
por años vividos, sino por las circunstancias y situaciones de exclusión que las personas han enfrentado.
Se toma en cuenta a las personas sólo en su “vida productiva”, por ello, las niñeces y personas mayores
se consideran no productivas y las juventudes sólo serán útiles en la medida que cumplan con las
condiciones deseadas para insertarse al mercado laboral.
Existen etapas de la vida reproductiva de mujeres y hombres donde no se toman en cuenta los ciclos de
construcción de la propia familia, la maternidad o la paternidad como condiciones, que por
responsabilidad familiar puede generar diferencias de facto. Por ejemplo, a las personas se les exige
productividad máxima entre los 20 y 35 años, edad que coincide con la temporalidad recomendada para
ser padres o madres. En este sentido hay una contradicción entre las exigencias de producción y el ciclo
de vida.
De esta forma, las personas enfrentan una serie de circunstancias que limitan sus posibilidades y su condición
de supervivencia en sociedades cada vez más hostiles.
Crecer y cumplir con las normas del ciclo de vida, tiende a generar brechas de desigualdad, que no contemplan
que cada persona según su edad y las decisiones que toma puede tener limitaciones en el acceso a sus derechos.
Por ejemplo, cuando se presiona a las mujeres para ejercer su maternidad a una edad temprana, u obligar a las
juventudes a comportarse “como personas adultas” para cumplir con las normas sociales.
El ciclo de vida no se contemplará igual en cada sociedad o cultura. Será necesario entonces, identificar las
particularidades existentes que le dan a cada etapa de vida en cada sociedad.
1. Personas que por la historia han vivido prácticas de racismo y por lo tanto han sido reconocidos como menos
humanos o importantes, acortando su dignidad. Esto ha creado jerarquías sociales donde los pueblos indígenas,
afrodescendientes, migrantes han vivido innumerables descalificaciones a sus saberes y culturas, así como
limitaciones para el desarrollo de sus proyectos de vida.
2. En el Conapred defendemos la idea de que las condiciones del neurodesarrollo generan una serie de
identidades que requieren distintos grados de apoyo, pero sí mucho reconocimiento. Por eso no utilizamos la
tipología médica que habla de trastornos. Para ello usamos terminología proveniente de activistas y personas
neurodivergentes. Autista refleja el orgullo y pertenencia identitaria. Cinético refiere a lo que la medicina llama
“trastorno de hiperactividad y déficit de atención”, pero preferimos el término pro-persona que refiere al
movimiento que vive este colectivo como un rasgo de su identidad.
Tradicionalmente, desde que la discriminación se hizo evidente como problema público en el contexto
mexicano en 2003, se han hecho esfuerzos para que, a través del Conapred, se generen acciones, políticas y
proyectos que prevengan y erradiquen la discriminación. Esto es un proyecto de justicia social. No obstante, es
importante decir que hay distintas aproximaciones al tema, por lo que es momento de revisar algunos de los
paradigmas que entienden el combate de la discriminación.
Aunque ha sido un paradigma útil, en ocasiones es limitado para observar la discriminación como un problema
estructural. Igualmente, desde algunas aproximaciones, se queda en la revisión de las condiciones individuales
que vive una persona en la exclusión. Por ello, aunque es la perspectiva más vigente hoy, se requiere
complementar con las perspectivas que revisaremos a continuación.
Otro problema de la perspectiva liberal, es que se relaciona con la meritocracia, es decir, se asume que las
personas, por su propio esfuerzo, pueden revertir las condiciones de desigualdad; normalizando la exclusión
como una situación de actitud y no de situaciones históricas de poder.
Algunas posiciones sociales que parten del paradigma anterior refieren que el problema de la discriminación
tiene una disyuntiva importante: ¿Qué hacer primero?, ¿lograr la justicia material, que implica
la redistribución de los recursos existentes, o el reconocimiento social de los grupos discriminados para que
estos tengan un lugar en la toma de decisiones?
Esta discusión desarrollada nos hace pensar en la justicia social con estas dos visiones:
1. Problema de la injusticia.
Redistribución: ¡El problema de fondo es la falta de distribución de los recursos, por lo tanto, la injusticia es
socioeconómica!
Reconocimiento: El problema más bien es cultural, tiene que ver con cómo son representados los grupos
sociales. Por lo tanto ¡El problema es la dominación cultural!
3. La injusticia y la colectividad.
Redistribución: Se trata de un problema de clases sociales principalmente, o grupos que han vivido violencia del
Estado.
Reconocimiento: ¡Quienes viven la discriminación son los grupos étnicos y culturales, por lo que no es una
relación económica!
Redistribución: ¡Hemos de abolir las diferencias entre estos grupos, no reconocerlas! Poder como dominación.
Reconocimiento: Necesitamos aceptar todas las formas de diversidad social y cultural. Hemos de celebrar que
somos una existencia diversa (Fraser; Honneth, 2006, 22-24).
Aunque esta posición se aborda aquí de una manera sencilla, nos sirve para reconocer en dónde estamos paradas
hoy en día: para lograr la justicia social hemos de reconocer las injusticias materiales en la violación a derechos
humanos, pero también reconocer el derecho a la diferencia que representan los distintos grupos sociales.
A partir de aquí, los paradigmas que reconocen la justicia o injusticia social no han sido tan utilizados en la
acción pública, pero es una excelente oportunidad para destacar otras críticas que han surgido en los intentos de
construir sociedades más igualitarias a partir de una mirada antidiscriminatoria o en contra de las dominaciones
sociales.
Los enfoques anteriores conciben que la sociedad, tal como está en sus estructuras es adecuada. “El error surge
en la operación de las instituciones, las normas y los acuerdos sociales” según estas miradas. Para otras visiones
críticas, el problema de fondo es cómo está construida la sociedad en sí misma, la cual se plantea como injusta
(Dubet, 2021, 160). A este problema lo podemos nombrar "injusticia sistémica." Por ejemplo:
Las personas jóvenes pueden luchar por incluirse laboralmente en la sociedad, pero a menudo se
encontrarán en espacios que justifican los bajos salarios que reciben, la informalidad, o la precariedad
porque justo están aprendiendo. Por lo tanto, el problema no está en las juventudes, sino en las
sociedades que justifican esta explotación.
Una lectura que aparece cada vez más se refiere a que la desigualdad no es consecuencia únicamente de las
brechas de desigualdad resultantes de la gobernanza y de las relaciones sociales, sino que abiertamente estas
desigualdades han sido utilizadas por diversos grupos sociales que se han beneficiado de la explotación. Parte
del clasismo social se basa justo en esto: históricamente la marginación de unas personas ha sido la riqueza de
otras. A esta condición la podemos llamar “Mantenimiento de los privilegios” (Moraña, 2017, 27). Por ejemplo:
La falta de pago justo a las actividades de cuidado que realizan las mujeres implica para ellas dobles o
triples jornadas. A quién se dedica solamente a las tareas de cuidado y del hogar implica una total
desprotección patrimonial al no tener ingresos económicos.
Mientras que el modelo liberal de justicia social aseveraba que la inclusión social es la meta de la igualdad y no
discriminación, hoy en día existen voces críticas que afirman que diversas formas de inclusión pueden reforzar
las desigualdades u obligar a los colectivos discriminados a adaptarse a ciertas condiciones que los integran a la
sociedad, pero en detrimento de la valoración de sus propios orígenes o culturas (Davis, 2016, 39).
De esta forma podemos afirmar lo siguiente: ¡No hay justicia si las personas tienen que renunciar a quienes
son!
Cada vez más personas indígenas ingresan a la universidad, pero dentro de ellas, existen nulos o pocos
referentes de sus propias culturas en los aprendizajes, por lo que al final los contenidos aprendidos tienen
poca relación con los conocimientos, experiencias y sentidos de sus propias culturas.
D) La injusticia institucionalizada
La perspectiva liberal confía en exceso en los arreglos institucionales y los avances legales. Por supuesto estos
son cambios necesarios en la agenda antidiscriminatoria, no obstante, diversas corrientes feministas han
descubierto que no es suficiente, pues muchos de los arreglos institucionales pueden tener una base
ampliamente anclada a las prácticas e ideologías dominantes. Esto significa que muchas veces la exclusión
puede estar institucionalizada en leyes, prácticas institucionales y otras acciones de gobierno (Curiel, 2015, 17).
Este es un problema de fondo, pues las injusticias en contra de grupos históricamente discriminados pueden
surgir justo de las estructuras creadas para su protección. A este tipo de injusticia podemos llamarla
“Institucionalización de la exclusión.” Por ejemplo:
Uno de los grandes problemas para la construcción de la justicia social antidiscriminatoria ha sido la falta del
enfoque de pertinencia cultural. Esto significa que la no discriminación ha de asentarse en un marco cultural con
el cuidado de generar lecturas interculturales cuidadosas y respetuosas de la diversidad.
1. Juzgar las injusticias de otras culturas sin primero evaluar las propias.
2. Generar juicios verticales desde el desconocimiento sobre las realidades culturales ajenas y las
resistencias que existen, que parten de los propios grupos que viven estas exclusiones día a día.
Es decir, hemos de ser personas críticas a todas las realidades de exclusión, pero sin que esto signifique un
ejercicio de superioridad moral o dominante de las realidades que no conocemos o que no podemos acompañar
integral y permanentemente.
Por ello, es importante entender que para que haya justicia antidiscriminatoria debemos tener mucho cuidado en
no caer en generalizaciones discriminatorias que terminen dándoles protagonismo a nuestras nociones sobre lo
que pensamos que es "lo verdadero, lo bueno o lo justo" (Mohanty. 2008, 14). A esta actitud la podemos llamar
"superioridad moral". Por ejemplo:
En muchas ocasiones criticamos el machismo existente en comunidades indígenas, sin antes primero
reconocer el machismo existente en las sociedades que no son indígenas o son mixtas, sin conocer las
propias resistencias de las mujeres y asumiendo una verticalidad moral de “salvar a las mujeres” en
lugar de fundar una perspectiva basada en la colaboración y la no intervención.
Es complejo decir que la discriminación puede ser erradicada por completo, debido a que su carácter estructural
está arraigado en cada estructura, comportamiento e institución social, pero ello no significa que renunciemos y
cedamos. Necesitamos resistir, negarnos a hacer que la discriminación se arraigue en cada rincón de nuestra
sociedad. Por eso requerimos de la participación de todas, todes y todos, individual y colectivamente, sociedad
y Estado.
Comenzado en Wednesday, 10 de April de 2024, 12:55
Estado Terminados
Pregunta 1
Correcta
Puntúa 1 sobre 1
Señalar con bandera la pregunta
Texto de la pregunta
Este grupo ha vivido una constante marginación por la movilidad que han tenido que ejercer para buscar
mejores condiciones de vida. Viven detenciones arbitrarias, falta de atención médica o menores pagos en
sus trabajos.
a.
Personas migrantes.
Correcto. Las personas migrantes y refugiadas han sido marginadas en los distintos puntos en los que transitan.
A menudo juzgados como personas sin derechos por no gozar de la ciudadanía del país receptor, se intentan
justificar una serie de violencias y exclusiones estructurales en su contra.
b.
Personas en situación de calle.
c.
Personas indígenas.
Retroalimentación
Su respuesta es correcta.
Pregunta 2
Incorrecta
Puntúa 0 sobre 1
Señalar con bandera la pregunta
Texto de la pregunta
Este grupo vive una estructura de opresión basada en la edad en la que se desconoce la capacidad de este
grupo de tomar decisiones. Además de la violencia adulta, existen múltiples formas de exclusión entre
pares basadas en el acoso escolar
a.
Personas con discapacidad.
b.
Niñeces.
c.
Personas mayores.
Incorrecto. Aunque las personas mayores viven una situación de discriminación por edad al igual que el grupo
que estamos buscando, sus principales problemas no se dan en el entorno escolar, sino en la consideración y la
narrativa de exclusión que les señala como “inútiles y necios.”
Retroalimentación
Su respuesta es incorrecta.
Pregunta 3
Correcta
Puntúa 1 sobre 1
Señalar con bandera la pregunta
Texto de la pregunta
A este grupo históricamente discriminado se le han asignado roles y narrativas que lo subordinan y
limitan su voz y participación en comunidad. Viven diversas brechas sociales, entre ellas la salarial. Se les
pide que sean personas abnegadas y se dediquen a las actividades del hogar.
a.
Mujeres.
Correcto. Aunque las mujeres son la mayoría poblacional en muchas de las sociedades, en términos de poder y
derechos a menudo están relegadas en todos los espacios. No se les considera y sus derechos políticos a menudo
siguen sin respetarse, además de orientar su actuar al espacio privado, lo que las hace vivir todavía más
violencias.
b.
Trabajadoras del hogar.
c.
Juventudes.
Retroalimentación
Su respuesta es correcta.
Pregunta 4
Correcta
Puntúa 1 sobre 1
Señalar con bandera la pregunta
Texto de la pregunta
En una oficina pública están haciendo un diagnóstico sobre los grupos a los que les brindarán atención el
siguiente año. Están ocupando un nuevo enfoque de trabajo en donde se concibe la atención desde el
reconocimiento de las diversas opresiones que viven las personas. ¿Qué perspectiva transversal de
igualdad y no discriminación se está utilizando?
a.
Discriminación interseccional.
Correcto. La interseccionalidad amplía la perspectiva sobre la discriminación, visibilizando la forma en que
interactúan las identidades, los contextos y las condiciones en las que viven los grupos históricamente
discriminados.
b.
Sumatoria.
c.
Discriminación por ciclo de vida.
Retroalimentación
Su respuesta es correcta.
Pregunta 5
Correcta
Puntúa 1 sobre 1
Señalar con bandera la pregunta
Texto de la pregunta
Una organización está realizando un estudio sobre la exclusión que viven los grupos históricamente
discriminados. Una de las recomendaciones que realiza es que los gobiernos avancen a modelos que no
restringen la vulneración de derechos a la falta de poder adquisitivo. ¿Qué modelo de exclusión se está
invitando a superar?
a.
Exclusión como pobreza.
Correcto. Justo se pensaba que la exclusión económica era la única importante a trabajar por los Estados.
Todavía muchos espacios públicos siguen asumiendo que la única exclusión es la de empobrecimiento, sin
tomar en cuenta diversos problemas derivados de la discriminación estructural.
b.
Exclusión social.
c.
Exclusión estructural.
Retroalimentación
Su respuesta es correcta.
Pregunta 6
Incorrecta
Puntúa 0 sobre 1
Señalar con bandera la pregunta
Texto de la pregunta
Recientemente varios municipios del país han coincidido que uno de los principales problemas que
enfrentan tienen que ver con la falta de servicios de salud integrales que existen en sus comunidades.
¿Qué característica de discriminación estructural se está expresando en este hecho?
a.
Personas integrantes de un grupo social comparten condiciones de desigualdad.
b.
Estas desigualdades generan desventajas fuertes; situación a la que hemos dado el nombre de brechas de
desigualdad.
c.
La discriminación es sistemática, masiva y se arraiga en zonas geográficas específicas.
Incorrecto. En este caso, el criterio de territorio no es el que se reconoce en este problema pues es una cuestión
no específica de una región del país, sino generalizada lo que provoca y agrava la situación de exclusión que
viven las personas.
Retroalimentación
Su respuesta es incorrecta.
Pregunta 7
Correcta
Puntúa 1 sobre 1
Señalar con bandera la pregunta
Texto de la pregunta
Se trata de una etapa del ciclo de vida donde las personas obtienen más independencia, pero existen
limitaciones importantes para hacerla efectiva. Esto se expresa en la negación de oportunidades en la
educación y el trabajo. Tradicionalmente a esta etapa se le considera una fase de transición.
a.
Adolescencia.
b.
Adultez.
c.
Juventud.
Correcto. Justo uno de los mayores problemas que enfrenta este grupo es que le exige capacidad, experiencia y
conocimientos similares al mundo adulto, pero sin brindar las oportunidades para poder desarrollar todo su
potencial de vida. Al no reconocer a esta etapa en sí misma como válida o importante, siempre se le ve como
una mera transición a lo que se reconoce como la edad referente o ejemplar por la sociedad, la vida adulta.
Retroalimentación
Su respuesta es correcta.
Pregunta 8
Correcta
Puntúa 1 sobre 1
Señalar con bandera la pregunta
Texto de la pregunta
Recuerda nuestro debate de justicia donde una de las partes señala que la exclusión se da por condiciones
materiales y de redistribución, mientras que la otra afirma que se trata de un problema de
representación.
¿Qué enfoque consideras que se prioriza en la siguiente política pública?
“Política pública de apoyo a las y los campesinos jornaleras agrícolas con familias en
movilidad. Objetivo. Brindar a las jefas o jefes de familia un apoyo monetario mensual para que las
personas puedan tener mayor participación política en sus comunidades.”
a.
Perspectiva de redistribución.
b.
Perspectiva de representación.
c.
Es una combinación de ambas.
Correcto. Es un planteamiento extraño que habría que evaluarse. No obstante, esta política pública intenta hacer
con una sola acción dos cambios: nivelar la falta de recursos que cuentan las personas jornaleras agrícolas y a su
vez lograr que tengan mayor representación y toma de decisiones.
Retroalimentación
Su respuesta es correcta.
Pregunta 9
Correcta
Puntúa 1 sobre 1
Señalar con bandera la pregunta
Texto de la pregunta
En la historia de México han existido esfuerzos que han buscado homogeneizar a los pueblos y
comunidades indígenas y originarios. Este es un hecho que se trató de realizar haciendo uso de la
educación, las políticas públicas y el desplazamiento forzado de las personas de sus comunidades. ¿Qué
tipo de modelo crítico de la discriminación nos puede servir para estudiar esta situación a fondo?
a.
Mantenimiento de los privilegios.
b.
Institucionalización de la exclusión.
Correcto. En efecto. Al ser un ejercicio histórico se trata de una situación que en distintos puntos de tiempo y
espacio del Estado mexicano se ha implementado. Hablamos de institucionalización cuando la educación, las
leyes o las políticas son utilizadas para implementar una visión de exclusión generalizada y contraria a los
derechos de las personas.
c.
Superioridad moral.
Retroalimentación
Su respuesta es correcta.
Pregunta 10
Correcta
Puntúa 1 sobre 1
Señalar con bandera la pregunta
Texto de la pregunta
El capitalismo como sistema económico ha sido un reproductor de desigualdades. ¿Cuál de sus rasgos ha
mantenido una noción de que las personas son sólo importantes en la medida que se insertan al mercado
laboral?
a.
Productividad.
Correcto. En efecto, el criterio de productividad es un rasgo que considera que las personas son solamente
importantes en la medida que sirven para producir ganancias en los espacios laborales o económicos, restando
así su importancia y valor intrínseco en términos de dignidad humana.
b.
Reproductividad.
c.
Experiencia probada.
Retroalimentación
Su respuesta es correcta.