EL LENGUAJE CORPORAL (Lo Visual)
Nos comunicamos con nuestros oyentes por medio de palabras, pero además con la expresión
corporal.
Por medio del lenguaje corporal podemos comunicarnos sin hablar y dar una impresión de simpatía,
de hostilidad, de desdén o de indiferencia, por el solo movimiento de los hombros, manos o cejas.
Dentro de los recursos gestuales, son dos, el rostro y las manos los conocidos como los grandes
delatores porque “delatan” información de carácter emocional que contribuye a reforzar nuestro
mensaje, contradecir o incluso incorporar nuevos matices.
El rostro no puede permanecer inmóvil mientras se habla porque da sensación de monotonía y de que
estamos distantes del público.
Cuando se habla ante un micrófono se actúa de un modo rígido, casi sin libertad de movimientos,
puesto que el emisor no puede separarse del aparato que expande, so pena de que su voz quede
ahogada, pero normalmente los oyentes ven al orador a la vez que lo están escuchando, por lo que es
muy importante la conducta física.
El auditorio aprecia el significado de la expresión facial, el modo en que el orador se sitúa, se
desplaza, los gestos etc.
La postura corporal. Los cuatro territorios de la comunicación.
Al hablar del lenguaje no verbal es fundamental analizar los diferentes territorios de la comunicación
que van a influir en la postura corporal, los gestos y la voz. Al hablar frente a varias personas en una
reunión o de pie nos enfrentamos a un espacio desconocido que no podemos controlar. Esta situación
genera inseguridad y por tanto podemos sentirnos amenazados por ese público que expectante nos
evalúa. El público puede convertirse en una amenaza o en un aliado. Y es que cada uno de nosotros
está en una “burbuja invisible” que se divide en cuatro territorios que vamos a abrir en función de
nuestra percepción del mundo exterior y del papel que hemos elegido desempeñar (protección,
defensa, explorador, etc…).
El territorio íntimo
Es el territorio que abrimos a la familia, los amigos más íntimos. Aceptamos una gran proximidad física
con una persona, por ejemplo abrazándola.
El territorio social
Corresponde más o menos a un brazo extendido de parte de cada interlocutor. Es la zona que
abrimos a la jerarquía, los clientes, las personas que saludamos la primera vez.
El territorio público
Es el territorio del orador, cuando tenemos el papel protagonista hablando en una reunión, una
presentación etc. La apertura de este territorio es lo que provoca el miedo escénico porque en este
momento el orador tiene que dejar su territorio íntimo y conquistar un espacio que le obligue a salir de
los límites de su cuerpo. Una persona tímida va a tener un territorio personal más amplio, porque va a
poner una zona de protección más importante, mientras que una persona más abierta dejará entrar
con mayor facilidad y confianza al espectador, pues su seguridad no se verá afectada.
La percepción del espacio público es la clave de todo el proceso de comunicación, porque nos permite
una medida justa de los recursos. El orador tiene que mandar señales al público coherente con el
contexto y su papel protagonista.
La postura corporal
Los pies y las piernas constituyen una zona de observación interesante del cuerpo porque es una
zona siempre en movimiento. Algunos psicólogos la llaman “zona de derivación” porque emite señales
de estrés o de tensión inconscientes, como por ejemplo: la punta del pie que marca el compás debajo
de la mesa. Por eso, salir caminando hacia un público en una convención no es para restarle
importancia, ya que nuestro andar demuestra nuestra percepción de los demás y del mundo exterior.
La intensidad del apoyo de los pies al caminar va a mostrar pasos seguros o inseguros y por eso
existen varios apoyos que podemos destacar cuando caminamos y que están relacionados con
nuestro perfil de orador.
El apoyo sobre la punta de los pies o el orador. Yo (-) y el público (-). Se trata de caminar
apoyando solamente la punta de los pies en él, lo que caracteriza a una persona con falta de
anclaje en el mundo concreto. Transmiten inseguridad y poca firmeza.
El apoyo con el talón o el orador Yo (+), el público (-). Si se camina pisando fuertemente el
suelo con el talón, esta persona quiere dejar sus huellas a la fuerza. Son personas bastante
prepotentes, invasivas, que entran en contacto con los demás sin hacerles caso. En general,
las personas que andan así, se paran con las piernas muy separadas, la pelvis hacia delante,
mostrando una postura desafiante.
El apoyo con los pies ligeros, o el orado Yo (-), el público (+). Es caminar sin tocar realmente
el suelo, dejando pocas huellas. El contacto con el suelo es ligero, sin fuerza. Son andares
que no transmiten energía, voluntad... El orador hablará sin parar de mover los pies,
demostrando su inseguridad y su malestar.
El apoyo equilibrado de todo el pie en el suelo, o el orado Yo (+), el público (+). Se trata de
caminar con un apoyo equilibrado entre el talón, la bóveda y la punta, lo que denota un orador
seguro de sí mismo y que demuestra confianza en él. Tiene una buena percepción de la
realidad y del momento presente. Cuando caminamos, los brazos acompañan los pasos y son
ellos los que completan la percepción visual que el público tendrá del orador en este
momento. Andamos con la ayuda del movimiento de los brazos que se balancean delante a
atrás de manera equilibrada. Cuando caminamos los brazos deben mantener el cuerpo
centrado, pero si un brazo toma más protagonismo que otro, el cuerpo se desequilibra a la
derecha o a la izquierda, según sea el caso.
El protagonismo del brazo izquierdo o el lado de las emociones y el pasado. El excesivo
balanceo del brazo izquierdo demuestra que esta persona está más centrada en el pasado, es
un espíritu más contemplativo que activo. Puede ser demasiado prudente en su implicación en
el futuro.
El protagonismo del lado derecho o el lado del control cerebral y del futuro. El brazo derecho
simboliza el futuro, el entusiasmo, las ganas de descubrir y de lanzarse. La exageración y la
fuerza del movimiento enseñan que esta persona toma decisiones demasiado rápido. Le falta
constancia y pasa de una idea a otra sin acabar sus acciones.
Los dos brazos separados del cuerpo y tensos. Representan la rigidez mental y emocional.
Los dos brazos rígidos y tensos que no se balancean, simbolizan una persona poco
emocional, no es un espíritu contemplativo (pasado), ni tampoco mira hacia el futuro. Es una
persona que se queda en el presente y puede llegar a una cierta rigidez.
La buena postura de pie para arrancar una presentación
Las piernas tienen que estar separadas a lo ancho de las caderas. El peso del cuerpo tiene
que repartirse bien entre las dos piernas.
La espalda tiene que estar erguida.
Los brazos caen a lo largo del cuerpo sin tensión en los hombros o manos.
La cabeza está recta, con el mentón ligeramente inclinado hacia el pecho.
El cuerpo tiene que echar raíces en el suelo. Hay que anclarlo.
Las manos y los brazos
Las manos constituyen un pequeño problema cuando uno no está acostumbrado a hablar en público,
al principio son un estorbo.
Algunos consejos
1) Si el tema no requiere que sea expuesto de modo expresivo, la postura correcta será mantener las
manos quietas (cruzadas una encima de la otra es una postura cómoda).
2) En todos los gestos, ha de actuarse con naturalidad.
3) Las manos y brazos deben acompañar lo que se dice, en completa armonía.
El rostro.
La expresión del rostro ha de ser siempre natural y espontáneo, de modo que revele esa naturalidad
propia de los que se encuentran cómodos con sus escenarios. Las expresiones del rostro en muchas
ocasiones hablan a menudo, con más elocuencia que las palabras.
Algunos consejos para hablar de pie
1) Acercarse al estrado en forma natural.
2) Durante la presentación mirar a los asistentes y al presentador.
3) No empezar enseguida, buscaré a mi aliado/as en las primeras filas (los dos extremos de las dos
primeras filas y me dirigiré a ellos con una son- risa y de manera natural empezaré a hablarles
personalizadamente). Me tomaré unos momentos para organizar las ideas y mirar a los oyentes
(30 segundos aproximadamente).
4) Mantenerse recto, sin rigidez, con los pies separados unos 30 cm. balanceando el peso de un pie
al otro.
5) Al subrayar un punto importante se puede avanzar unos pasos hacia adelante.
6) Fijar los ojos brevemente en el suelo indica reflexión.
7) Al terminar el discurso no apresurarse a abandonar la sala, luego salir con paso firme. Buscaré a
mis aliados para finalizar la presentación.