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Biografía y obra de Julio Ramón Ribeyro

Ramón Ribeyro

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de la trama cruel de la expansión urbana y de una

Julio Ramón Ribeyro incipiente modernización. El trasfondo de estos relatos,


a juzgar por la intención del narrador, es mostrar el fin
(Lima, 1929 - 1994) Escritor peruano, figura destacada del orden aristocrático en manos de una burguesía
de la llamada Generación del 50 y uno de los mejores pragmática y vulgar.
cuentistas de la literatura hispanoamericana del siglo
XX. Recibió su primera enseñanza en el Colegio En sus cuentos se percibe una constante argumental
Champagnat de Lima, para posteriormente ingresar a cíclica: el examen del entorno social y humano, que
la Universidad Católica del Perú (1946), donde cursó ratifica la certidumbre del fracaso de cualquier empeño;
letras y derecho. Abandonó los estudios jurídicos en sus personajes, al final de cada historia, se encuentran
1952, cuando se encontraba en el último año de la siempre enfrentados a la frustración. Construyó así un
carrera, al recibir una beca para estudiar periodismo en mundo de poderosa coherencia interna, un universo
Madrid, adonde se trasladó en noviembre del mismo dominado por un profundo escepticismo y un fatalismo
año. derivados de la observación de la realidad. Este
supuesto sustenta la sólida lógica interna de su
En julio de 1953, y después de ganar un concurso de cuentística, aun cuando es posible encontrar en ella
cuentos convocado por el Instituto de Cultura matices de intensidad y tono. Cabe agregar que cultivó
Hispánica, viajó a París para preparar una tesis sobre también relatos de corte fantástico, de excelente
literatura francesa en la Universidad La Sorbona, pero factura, pero que componen un conjunto menor.
de nuevo decidió abandonar los estudios y permanecer Las fuentes literarias de Ribeyro se encuentran en los
en Europa realizando trabajos eventuales, y alternando cauces del realismo del siglo XIX, especialmente en la
su estancia en Francia con breves temporadas en escritura de Guy de Maupassant, y también en
Alemania (1955-56, 1957-58) y Bélgica (1957). narradores como Stendhal y Antón Chéjov. A eso se
debe, probablemente, que nunca se haya esforzado en
En 1958 regresó al Perú, y en septiembre del año ocultar una abierta preferencia por la concepción
siguiente viajó a la ciudad de Ayacucho, para ocupar el tradicional de la estructura y el lenguaje narrativos.
cargo de profesor y director de extensión cultural de la Dueño de un estilo austero, calificado como tradicional
Universidad Nacional de Huamanga. En octubre de por su afinidad con los modelos clásicos, evitó las
1960 regresó a Francia. En París trabajó como técnicas experimentales de la novela moderna. Sin
traductor y redactor de la agencia France Presse (1962- embargo, pese a este aparente conservadurismo
72). En 1972 fue nombrado agregado cultural peruano formal, sus cuentos fueron una contribución decisiva
en París y delegado adjunto ante la UNESCO, y para consolidar el paso de la narrativa indigenista a la
posteriormente ministro consejero, hasta llegar al cargo narrativa urbana en el Perú.
de embajador peruano ante la UNESCO (1986-90). Aunque es más conocido por sus cuentos, publicó
también tres novelas. La primera de ellas, Crónica de
Hacia 1993 se estableció definitivamente en Lima. En San Gabriel (1960), es la más lograda y se encuentra
su país fue distinguido con el Premio Nacional de ambientada en una hacienda serrana, cuyos
Literatura (1983) y el Premio Nacional de Cultura personajes reproducen el sistema de explotación,
(1993), habiendo sido galardonado también en 1994 injusticia y violencia de la sociedad peruana de
con el Premio de Literatura Latinoamericana y del mediados del siglo XX. Su siguiente novela, Los
Caribe Juan Rulfo, uno de los galardones literarios de geniecillos dominicales (1965), desarrolla el tema del
mayor prestigio en el ámbito cultural hispanoamericano. desencanto juvenil a través de las vivencias de Ludo
La obra de Julio Ramón Ribeyro Totem, personaje en el cual descubrimos rasgos
autobiográficos del autor. Cambio de guardia (1976) se
Ribeyro es un narrador perteneciente a la Generación aparta de las técnicas narrativas tradicionales usadas
del 50, un grupo de escritores que buscó una por el autor en sus obras anteriores para relatar la
renovación en la narrativa peruana, y que tuvo como historia de un golpe de Estado militar que cuenta con el
tema preferente la descripción de los cambios apoyo de la oligarquía peruana. En todas estas novelas
producidos en la sociedad limeña, que comenzaba a el autor retoma los temas de sus cuentos,
sufrir por esos años un acelerado proceso de mostrándonos su visión escéptica de la vida y
modernización. reafirmando su preferencia por los personajes
Considerado uno de los mejores cuentistas marginales.
hispanoamericanos, entre los volúmenes de cuentos Ribeyro es también autor de Prosas apátridas (1975),
que publicó destacan Los gallinazos sin conjunto de breves apuntes, digresiones y reflexiones
pluma (1955), Cuentos de circunstancias (1958), Las sobre la actividad literaria, y de la serie de
botellas y los hombres (1964), Tres historias aforismos Dichos de Luder (1989). El ensayo y la crítica
sublevantes (1964), La juventud en la otra ribera (1973) literaria están representados dentro de su obra por los
y Sólo para fumadores (1987), que fueron reunidos en artículos reunidos en La caza sutil (1976). Es autor
las recopilaciones La palabra del mudo (4 vols., 1973- además de ocho piezas de teatro (algunas muy
92) y Cuentos completos (1994), ésta última prologada breves), entre las que destacan Santiago, el pajarero,
por Alfredo Bryce Echenique. inspirada en una tradición del escritor Ricardo Palma e
incluida en una recopilación de su Teatro (1975),
El espacio acotado por el autor es el de una burguesía y Atusparia (1981), que desarrolla en forma libre el
limeña empobrecida, aunque incursiona a veces en tema del levantamiento armado encabezado en 1885
ambientes marginales, manteniendo el esquema básico por el alcalde indígena Pedro Pablo Atusparia en la
de la expectativa frustrada de los personajes, sierra peruana.
burócratas, seres grises y olvidados, sin voz, víctimas
Según el mismo autor, sus obras de teatro son retóricas públicos, otros han elegido los parques o los
y discursivas, construidas más sobre la palabra que muladares. Hasta los perros han adquirido sus hábitos,
sobre la acción, lo que ha restado posibilidades a su
sus itinerarios, sabiamente aleccionados por la miseria.
puesta en escena. Durante sus últimos años de vida
comenzó la publicación de su diario personal con el Efraín y Enrique, después de un breve descanso,
expresivo título de La tentación del fracaso, del que se empiezan su trabajo. Cada uno escoge una acera de la
han publicado los tomos correspondientes a los años calle. Los cubos de basura están alineados delante de
1950-1960 (1992), 1960-1974 (1993) y 1975-1978 las puertas. Hay que vaciarlos íntegramente y luego
(1995). Póstumamente se dio a conocer la comenzar la exploración. Un cubo de basura es siempre
correspondencia que mantuvo con su hermano, de la
una caja de sorpresas. Se encuentran latas de sardinas,
que se ha publicado un volumen bajo el título Cartas a
Juan Antonio. Tomo I: 1953-1958 (1996). zapatos viejos, pedazos de pan, pericotes muertos,
algodones inmundos. A ellos sólo les interesan los
restos de comida. En el fondo del chiquero, Pascual
LOS GALLINAZOS SIN PLUMAS [CUENTO. TEXTO recibe cualquier cosa y tiene predilección por las
COMPLETO] JULIO RAMÓN RIBEYRO verduras ligeramente descompuestas. La pequeña lata
de cada uno se va llenando de tomates podridos,
A las seis de la mañana la ciudad se levanta de puntillas pedazos de sebo, extrañas salsas que no figuran en
y comienza a dar sus primeros pasos. Una fina niebla ningún manual de cocina. No es raro, sin embargo,
disuelve el perfil de los objetos y crea como una hacer un hallazgo valioso. Un día Efraín encontró unos
atmósfera encantada. Las personas que recorren la tirantes con los que fabricó una honda. Otra vez una
ciudad a esta hora parece que están hechas de otra pera casi buena que devoró en el acto. Enrique, en
sustancia, que pertenecen a un orden de vida cambio, tiene suerte para las cajitas de remedios, los
fantasmal. Las beatas se arrastran penosamente hasta pomos brillantes, las escobillas de dientes usadas y
desaparecer en los pórticos de las iglesias. Los otras cosas semejantes que colecciona con avidez.
noctámbulos, macerados por la noche, regresan a sus Después de una rigurosa selección regresan la basura
casas envueltos en sus bufandas y en su melancolía. Los al cubo y se lanzan sobre el próximo. No conviene
basureros inician por la avenida Pardo su paseo demorarse mucho porque el enemigo siempre está al
siniestro, armados de escobas y de carretas. A esta acecho. A veces son sorprendidos por las sirvientas y
hora se ve también obreros caminando hacia el tranvía, tienen que huir dejando regado su botín. Pero, con más
policías bostezando contra los árboles, canillitas frecuencia, es el carro de la Baja Policía el que aparece
morados de frío, sirvientas sacando los cubos de y entonces la jornada está perdida. Cuando el sol
basura. A esta hora, por último, como a una especie de asoma sobre las lomas, la hora celeste llega a su fin. La
misteriosa consigna, aparecen los gallinazos1 sin niebla se ha disuelto, las beatas están sumidas en
plumas. A esta hora el viejo don Santos se pone la éxtasis, los noctámbulos duermen, los canillitas han
pierna de palo y sentándose en el colchón comienza a repartido los diarios, los obreros trepan a los andamios.
berrear: -¡A levantarse! ¡Efraín, Enrique! ¡Ya es hora! La luz desvanece el mundo mágico del alba. Los
Los dos muchachos corren a la acequia del corralón gallinazos sin plumas han regresado a su nido. Don
frotándose los ojos legañosos. Con la tranquilidad de la Santos los esperaba con el café preparado. -A ver, ¿qué
noche el agua se ha remansado y en su fondo cosa me han traído? Husmeaba entre las latas y si la
transparente se ven crecer yerbas y deslizarse ágiles provisión estaba buena hacía siempre el mismo
infusorios. Luego de enjuagarse la cara, coge cada cual comentario: -Pascual tendrá banquete hoy día. Pero la
su lata y se lanzan a la calle. Don Santos, mientras mayoría de las veces estallaba: -¡Idiotas! ¿Qué han
tanto, se aproxima al chiquero y con su larga vara hecho hoy día? ¡Se han puesto a jugar seguramente!
golpea el lomo de su cerdo que se revuelca entre los ¡Pascual se morirá de hambre! Ellos huían hacia el
desperdicios. -¡Todavía te falta un poco, marrano! Pero emparrado, con las orejas ardientes de los pescozones,
aguarda no más, que ya llegará tu turno. Efraín y mientras el viejo se arrastraba hasta el chiquero. Desde
Enrique se demoran en el camino, trepándose a los el fondo de su reducto el cerdo empezaba a gruñir. Don
árboles para arrancar moras o recogiendo piedras, de Santos le aventaba la comida. -¡Mi pobre Pascual! Hoy
aquellas filudas que cortan el aire y hieren por la día te quedarás con hambre por culpa de estos
espalda. Siendo aún la hora celeste llegan a su dominio, zamarros. Ellos no te engríen como yo. ¡Habrá que
una larga calle ornada de casas elegantes que zurrarlos para que aprendan! Al comenzar el invierno
desemboca en el malecón. Ellos no son los únicos. En el cerdo estaba convertido en una especie de monstruo
otros corralones, en otros suburbios alguien ha dado la insaciable. Todo le parecía poco y don Santos se
voz de alarma y muchos se han levantado. Unos portan vengaba en sus nietos del hambre del animal. Los
latas, otros cajas de cartón, a veces sólo basta un obligaba a levantarse más temprano, a invadir los
periódico viejo. Sin conocerse forman una especie de terrenos ajenos en busca de más desperdicios. Por
organización clandestina que tiene repartida toda la último los forzó a que se dirigieran hasta el muladar
ciudad. Los hay que merodean por los edificios que estaba al borde del mar. -Allí encontrarán más
cosas. Será más fácil además porque todo está junto. calle con su lata, apoyado en el hombro de su hermano.
Un domingo, Efraín y Enrique llegaron al barranco. Los Media hora después regresaron con los cubos casi
carros de la Baja Policía, siguiendo una huella de tierra, vacíos. -¡No podía más! -dijo Enrique al abuelo-. Efraín
descargaban la basura sobre una pendiente de piedras. está medio cojo. Don Santos observó a sus dos nietos
Visto desde el malecón, el muladar formaba una como si meditara una sentencia. -Bien, bien -dijo
especie de acantilado oscuro y humeante, donde los rascándose la barba rala y cogiendo a Efraín del
gallinazos y los perros se desplazaban como hormigas. pescuezo lo arreó hacia el cuarto-. ¡Los enfermos a la
Desde lejos los muchachos arrojaron piedras para cama! ¡A podrirse sobre el colchón! Y tú harás la tarea
espantar a sus enemigos. El perro se retiró aullando. de tu hermano. ¡Vete ahora mismo al muladar! Cerca
Cuando estuvieron cerca sintieron un olor de mediodía Enrique regresó con los cubos repletos. Lo
nauseabundo que penetró hasta sus pulmones. Los seguía un extraño visitante: un perro escuálido y medio
pies se les hundían en un alto de plumas, de sarnoso. -Lo encontré en el muladar -explicó Enrique -
excrementos, de materias descompuestas o y me ha venido siguiendo. Don Santos cogió la vara. -
quemadas. Enterrando las manos comenzaron la ¡Una boca más en el corralón! Enrique levantó al perro
exploración. A veces, bajo un periódico amarillento, contra su pecho y huyó hacia la puerta. -¡No le hagas
descubrían una carroña devorada a medios. En los nada, abuelito! Le daré yo de mi comida. Don Santos se
acantilados próximos los gallinazos espiaban acercó, hundiendo su pierna de palo en el lodo. -¡Nada
impacientes y algunos se acercaban saltando de piedra de perros aquí! ¡Ya tengo bastante con ustedes!
en piedra, como si quisieran acorralarlos. Efraín gritaba Enrique abrió la puerta de la calle. -Si se va él, me voy
para intimidarlos y sus gritos resonaban en el yo también. El abuelo se detuvo. Enrique aprovechó
desfiladero y hacían desprenderse guijarros que para insistir: -No come casi nada..., mira lo flaco que
rodaban hacía el mar. Después de una hora de trabajo está. Además, desde que Efraín está enfermo, me
regresaron al corralón con los cubos llenos. -¡Bravo! - ayudará. Conoce bien el muladar y tiene buena nariz
exclamó don Santos-. Habrá que repetir esto dos o tres para la basura. Don Santos reflexionó, mirando el cielo
veces por semana. Desde entonces, los miércoles y los donde se condensaba la garúa. Sin decir nada, soltó la
domingos, Efraín y Enrique hacían el trote hasta el vara, cogió los cubos y se fue rengueando hasta el
muladar. Pronto formaron parte de la extraña fauna de chiquero. Enrique sonrió de alegría y con su amigo
esos lugares y los gallinazos, acostumbrados a su aferrado al corazón corrió donde su hermano. -
presencia, laboraban a su lado, graznando, aleteando, ¡Pascual, Pascual... Pascualito! -cantaba el abuelo. -Tú
escarbando con sus picos amarillos, como ayudándoles te llamarás Pedro -dijo Enrique acariciando la cabeza
a descubrir la pista de la preciosa suciedad. Fue al de su perro e ingresó donde Efraín. Su alegría se
regresar de una de esas excursiones que Efraín sintió esfumó: Efraín inundado de sudor se revolcaba de
un dolor en la planta del pie. Un vidrio le había causado dolor sobre el colchón. Tenía el pie hinchado, como si
una pequeña herida. Al día siguiente tenía el pie fuera de jebe y estuviera lleno de aire. Los dedos
hinchado, no obstante lo cual prosiguió su trabajo. habían perdido casi su forma. -Te he traído este regalo,
Cuando regresaron no podía casi caminar, pero don mira -dijo mostrando al perro-. Se llama Pedro, es para
Santos no se percató de ello, pues tenía visita. ti, para que te acompañe... Cuando yo me vaya al
Acompañado de un hombre gordo que tenía las manos muladar te lo dejaré y los dos jugarán todo el día. Le
manchadas de sangre, observaba el chiquero. -Dentro enseñarás a que te traiga piedras en la boca. ¿Y el
de veinte o treinta días vendré por acá -decía el abuelo? -preguntó Efraín extendiendo su mano hacia el
hombre-. Para esa fecha creo que podrá estar a punto. animal. -El abuelo no dice nada -suspiró Enrique.
Cuando partió, don Santos echaba fuego por los ojos. - Ambos miraron hacia la puerta. La garúa había
¡A trabajar! ¡A trabajar! ¡De ahora en adelante habrá empezado a caer. La voz del abuelo llegaba: -¡Pascual,
que aumentar la ración de Pascual! El negocio anda Pascual... Pascualito! Esa misma noche salió luna llena.
sobre rieles. A la mañana siguiente, sin embargo, Ambos nietos se inquietaron, porque en esta época el
cuando don Santos despertó a sus nietos, Efraín no se abuelo se ponía intratable. Desde el atardecer lo vieron
pudo levantar. -Tiene una herida en el pie -explicó rondando por el corralón, hablando solo, dando de
Enrique-. Ayer se cortó con un vidrio. Don Santos varillazos al emparrado. Por momentos se aproximaba
examinó el pie de su nieto. La infección había al cuarto, echaba una mirada a su interior y al ver a sus
comenzado. -¡Esas son patrañas! Que se lave el pie en nietos silenciosos, lanzaba un salivazo cargado de
la acequia y que se envuelva con un trapo. -¡Pero si le rencor. Pedro le tenía miedo y cada vez que lo veía se
duele! -intervino Enrique-. No puede caminar bien. acurrucaba y quedaba inmóvil como una piedra. -
Don Santos meditó un momento. Desde el chiquero ¡Mugre, nada más que mugre! -repitió toda la noche el
llegaban los gruñidos de Pascual. -Y ¿a mí? -preguntó abuelo, mirando la luna. A la mañana siguiente Enrique
dándose un palmazo en la pierna de palo-. ¿Acaso no amaneció resfriado. El viejo, que lo sintió estornudar
me duele la pierna? Y yo tengo setenta años y yo en la madrugada, no dijo nada. En el fondo, sin
trabajo... ¡Hay que dejarse de mañas! Efraín salió a la embargo, presentía una catástrofe. Si Enrique
enfermaba, ¿quién se ocuparía de Pascual? La Enrique lo veía ir diez veces del chiquero a la huerta,
voracidad del cerdo crecía con su gordura. Gruñía por levantando los puños, atropellando lo que encontraba
las tardes con el hocico enterrado en el fango. Del en su camino. Por último reingresaba en su cuarto y se
corralón de Nemesio, que vivía a una cuadra, se habían quedaba mirándolos fijamente, como si quisiera
venido a quejar. Al segundo día sucedió lo inevitable: hacerlos responsables del hambre de Pascual. La
Enrique no se pudo levantar. Había tosido toda la última noche de luna llena nadie pudo dormir. Pascual
noche y la mañana lo sorprendió temblando, quemado lanzaba verdaderos rugidos. Enrique había oído decir
por la fiebre. -¿Tú también? -preguntó el abuelo. que los cerdos, cuando tenían hambre, se volvían locos
Enrique señaló su pecho, que roncaba. El abuelo salió como los hombres. El abuelo permaneció en vela, sin
furioso del cuarto. Cinco minutos después regresó. - apagar siquiera el farol. Esta vez no salió al corralón ni
¡Está muy mal engañarme de esta manera! -plañía-. maldijo entre dientes. Hundido en su colchón miraba
Abusan de mí porque no puedo caminar. Saben bien fijamente la puerta. Parecía amasar dentro de sí una
que soy viejo, que soy cojo. ¡De otra manera los cólera muy vieja, jugar con ella, aprestarse a dispararla.
mandaría al diablo y me ocuparía yo solo de Pascual! Cuando el cielo comenzó a desteñirse sobre las lomas,
Efraín se despertó quejándose y Enrique comenzó a abrió la boca, mantuvo su oscura oquedad vuelta hacia
toser. -¡Pero no importa! Yo me encargaré de él. sus nietos y lanzó un rugido: ¡Arriba, arriba, arriba! -los
¡Ustedes son basura, nada más que basura! ¡Unos golpes comenzaron a llover-. ¡A levantarse haraganes!
pobres gallinazos sin plumas! Ya verán cómo les saco ¿Hasta cuándo vamos a estar así? ¡Esto se acabó! ¡De
ventaja. El abuelo está fuerte todavía. ¡Pero eso sí, hoy pie!... Efraín se echó a llorar, Enrique se levantó,
día no habrá comida para ustedes! ¡No habrá comida aplastándose contra la pared. Los ojos del abuelo
hasta que no puedan levantarse y trabajar! A través del parecían fascinarlo hasta volverlo insensible a los
umbral lo vieron levantar las latas en vilo y volcarse en golpes. Veía la vara alzarse y abatirse sobre su cabeza
la calle. Media hora después regresó aplastado. Sin la como si fuera una vara de cartón. Al fin pudo
ligereza de sus nietos el carro de la Baja Policía lo había reaccionar. -¡A Efraín no! ¡Él no tiene la culpa! ¡Déjame
ganado. Los perros, además, habían querido morderlo. a mí solo, yo saldré, yo iré al muladar! El abuelo se
-¡Pedazos de mugre! ¡Ya saben, se quedarán sin contuvo jadeante. Tardó mucho en recuperar el
comida hasta que no trabajen! Al día siguiente trató de aliento. -Ahora mismo... al muladar... lleva los dos
repetir la operación pero tuvo que renunciar. Su pierna cubos, cuatro cubos... Enrique se apartó, cogió los
de palo había perdido la costumbre de las pistas de cubos y se alejó a la carrera. La fatiga del hambre y de
asfalto, de las duras aceras y cada paso que daba era la convalecencia lo hacían trastabillar. Cuando abrió la
como un lanzazo en la ingle. A la hora celeste del tercer puerta del corralón, Pedro quiso seguirlo. -Tú no.
día quedó desplomado en su colchón, sin otro ánimo Quédate aquí cuidando a Efraín. Y se lanzó a la calle
que para el insulto. -¡Si se muere de hambre -gritaba - respirando a pleno pulmón el aire de la mañana. En el
será por culpa de ustedes! Desde entonces empezaron camino comió yerbas, estuvo a punto de mascar la
unos días angustiosos, interminables. Los tres pasaban tierra. Todo lo veía a través de una niebla mágica. La
el día encerrados en el cuarto, sin hablar, sufriendo una debilidad lo hacía ligero, etéreo: volaba casi como un
especie de reclusión forzosa. Efraín se revolcaba sin pájaro. En el muladar se sintió un gallinazo más entre
tregua, Enrique tosía. Pedro se levantaba y después de los gallinazos. Cuando los cubos estuvieron rebosantes
hacer un recorrido por el corralón, regresaba con una emprendió el regreso. Las beatas, los noctámbulos, los
piedra en la boca, que depositaba en las manos de sus canillitas descalzos, todas las secreciones del alba
amos. Don Santos, a medio acostar, jugaba con su comenzaban a dispersarse por la ciudad. Enrique,
pierna de palo y les lanzaba miradas feroces. A devuelto a su mundo, caminaba feliz entre ellos, en su
mediodía se arrastraba hasta la esquina del terreno mundo de perros y fantasmas, tocado por la hora
donde crecían verduras y preparaba su almuerzo, que celeste. Al entrar al corralón sintió un aire opresor,
devoraba en secreto. A veces aventaba a la cama de sus resistente, que lo obligó a detenerse. Era como si allí,
nietos alguna lechuga o una zanahoria cruda, con el en el dintel, terminara un mundo y comenzara otro
propósito de excitar su apetito creyendo así hacer más fabricado de barro, de rugidos, de absurdas
refinado su castigo. Efraín ya no tenía fuerzas para penitencias. Lo sorprendente era, sin embargo, que
quejarse. Solamente Enrique sentía crecer en su esta vez reinaba en el corralón una calma cargada de
corazón un miedo extraño y al mirar a los ojos del malos presagios, como si toda la violencia estuviera en
abuelo creía desconocerlo, como si ellos hubieran equilibrio, a punto de desplomarse. El abuelo, parado
perdido su expresión humana. Por las noches, cuando al borde del chiquero, miraba hacia el fondo. Parecía
la luna se levantaba, cogía a Pedro entre sus brazos y lo un árbol creciendo desde su pierna de palo. Enrique
aplastaba tiernamente hasta hacerlo gemir. A esa hora hizo ruido pero el abuelo no se movió. -¡Aquí están los
el cerdo comenzaba a gruñir y el abuelo se quejaba cubos! Don Santos le volvió la espalda y quedó inmóvil.
como si lo estuvieran ahorcando. A veces se ceñía la Enrique soltó los cubos y corrió intrigado hasta el
pierna de palo y salía al corralón. A la luz de la luna cuarto. Efraín apenas lo vio, comenzó a gemir: -Pedro...
Pedro... -¿Qué pasa? -Pedro ha mordido al abuelo... el
abuelo cogió la vara... después lo sentí aullar. Enrique
Julio Ramón Ribeyro
(Lima, Perú, 31 de agosto de 1929 - Lima, 4 de
salió del cuarto. -¡Pedro, ven aquí! ¿Dónde estás, diciembre de 1994)
Pedro? Nadie le respondió. El abuelo seguía inmóvil,
con la mirada en la pared. Enrique tuvo un mal
presentimiento. De un salto se acercó al viejo. -¿Dónde
está Pedro? Su mirada descendió al chiquero. Pascual ALIENACIÓN
devoraba algo en medio del lodo. Aún quedaban las (Cuento edificante seguido de breve colofón)
Silvio en El Rosedal
piernas y el rabo del perro. -¡No! -gritó Enrique
(no se publicó como un libro individual, pero fue
tapándose los ojos-. ¡No, no! -y a través de las lágrimas publicado en 1977
buscó la mirada del abuelo. Este la rehuyó, girando como parte del tercer tomo de La palabra del mudo)
torpemente sobre su pierna de palo. Enrique comenzó La palabra del mudo. Cuentos 1952-1977, tomo III.
a danzar en torno suyo, prendiéndose de su camisa, (Lima: Milla Batres Editorial, 1977, 220 págs.)
gritando, pataleando, tratando de mirar sus ojos, de
encontrar una respuesta. -¿Por qué has hecho eso?
¿Por qué? El abuelo no respondía. Por último, A PESAR DE ser zambo y de llamarse López,
impaciente, dio un manotón a su nieto que lo hizo quería parecerse cada vez menos a un zaguero
de Alianza Lima y cada vez más a un rubio de
rodar por tierra. Desde allí Enrique observó al viejo Filadelfia. La vida se encargó de enseñarle que
que, erguido como un gigante, miraba obstinadamente si quería triunfar en una ciudad colonial más valía
el festín de Pascual. Estirando la mano encontró la vara saltar las etapas intermediarias y ser antes que
que tenía el extremo manchado de sangre. Con ella se un blanquito de acá un gringo de allá. Toda su
levantó de puntillas y se acercó al viejo. -¡Voltea! -gritó- tarea en los años que lo conocí consistió en
. ¡Voltea! Cuando don Santos se volvió, divisó la vara deslopizarse y deszambarse lo más pronto
posible y en americanizarse antes de que le
que cortaba el aire y se estrellaba contra su pómulo. - cayera el huaico y lo convirtiera para siempre,
¡Toma! -chilló Enrique y levantó nuevamente la mano. digamos, en un portero de banco o en un chofer
Pero súbitamente se detuvo, temeroso de lo que de colectivo. Tuvo que empezar por matar al
estaba haciendo y, lanzando la vara a su alrededor, peruano que había en él y por coger algo de cada
miró al abuelo casi arrepentido. El viejo, cogiéndose el gringo que conoció. Con el botín se compuso una
rostro, retrocedió un paso, su pierna de palo tocó tierra nueva persona, un ser hecho de retazos, que no
era ni zambo ni gringo, el resultado de un cruce
húmeda, resbaló, y dando un alarido se precipitó de contranatura, algo que su vehemencia hizo
espaldas al chiquero. Enrique retrocedió unos pasos. derivar, para su desgracia, de sueño rosado a
Primero aguzó el oído pero no se escuchaba ningún pesadilla infernal.
ruido. Poco a poco se fue aproximando. El abuelo, con Pero no anticipemos. Precisemos que se
la pata de palo quebrada, estaba de espaldas en el llamaba Roberto, que años después se le
fango. Tenía la boca abierta y sus ojos buscaban a conoció por Boby, pero que en los últimos
documentos oficiales figura con el nombre de
Pascual, que se había refugiado en un ángulo y Bob. En su ascensión vertiginosa hacia la nada
husmeaba sospechosamente el lodo. Enrique se fue fue perdiendo en cada etapa una sílaba de su
retirando, con el mismo sigilo con que se había nombre.
aproximado. Probablemente el abuelo alcanzó a Todo empezó la tarde en que un grupo de
divisarlo pues mientras corría hacia el cuarto le pareció blanquiñosos jugábamos con una pelota en la
que lo llamaba por su nombre, con un tono de ternura plaza Bolognesi. Era la época de las vacaciones
escolares y los muchachos que vivíamos en los
que él nunca había escuchado. ¡ A mí, Enrique, a mí!... chalets vecinos, hombres y mujeres, nos
-¡Pronto! -exclamó Enrique, precipitándose sobre su reuníamos allí para hacer algo con esas
hermano -¡Pronto, Efraín! ¡El viejo se ha caído al interminables tardes de verano. Roberto iba
chiquero! ¿Debemos irnos de acá! -¿Adónde? - también a la plaza, a pesar de estudiar en un
preguntó Efraín. -¿Adonde sea, al muladar, donde colegio fiscal y de no vivir en chalet sino en el
podamos comer algo, donde los gallinazos! -¡No me último callejón que quedaba en el barrio. Iba a
ver jugar a las muchachas y a ser saludado por
puedo parar! Enrique cogió a su hermano con ambas algún blanquito que lo había visto crecer en esas
manos y lo estrechó contra su pecho. Abrazados hasta calles y sabía que era hijo de la lavandera.
formar una sola persona cruzaron lentamente el Pero en realidad, como todos nosotros, iba
corralón. Cuando abrieron el portón de la calle se para ver a Queca. Todos estábamos
dieron cuenta que la hora celeste había terminado y enamorados de Queca, que ya llevaba dos años
que la ciudad, despierta y viva, abría ante ellos su siendo elegida reina en las representaciones de
fin de curso. Queca no estudiaba con las monjas
gigantesca mandíbula. Desde el chiquero llegaba el alemanas del Santa Úrsula, ni con las
rumor de una batalla. norteamericanas del Villa María, sino con las
FIN españolas de la Reparación, pero eso nos tenía
sin cuidado, así como que su padre fuera un
empleadito que iba a trabajar en ómnibus o que había dejado de pertenecernos y que ya no nos
su casa tuviera un solo piso y geranios en lugar quedaba otro recurso que ser como el coro de la
de rosas. Lo que contaba entonces era su tez tragedia griega, presente y visible, pero alejado
capulí, sus ojos verdes, su melena castaña, su irremisiblemente de los dioses.
manera de correr, de reír, de saltar y sus Desdeñados, despechados, nos reuníamos
invencibles piernas, siempre descubiertas y después de los juegos en una esquina, donde
doradas y que con el tiempo serían legendarias. fumábamos nuestros primeros cigarrillos, nos
Roberto iba sólo a verla jugar, pues ni los acariciábamos con arrogancia el bozo incipiente
mozos que venían de otros barrios de Miraflores y comentábamos lo irremediable. A veces
y más tarde de San Isidro y de Barranco lograban entrábamos a la pulpería del chino Manuel y nos
atraer su atención. Peluca Rodríguez se lanzó tomábamos una cerveza. Roberto nos seguía
una vez de la rama más alta de un ficus, Lucas como una sombra, desde el umbral nos
de Tramontana vino en una reluciente moto que escrutaba con su mirada, sin perder nada de
tenía ocho faros, el chancho Gómez le rompió la nuestro parloteo, le decíamos a veces hola
nariz a un heladero que se atrevió a silbarnos, zambo, tómate un trago y él siempre no, gracias,
Armando Wolff estrenó varios ternos de lanilla y será para otra ocasión, pero a pesar de estar
hasta se puso corbata de mariposa. Pero no lejos y de sonreír sabíamos que compartía a su
obtuvieron el menor favor de Queca. Queca no manera nuestro abandono.
le hacía caso a nadie, le gustaba conversar con Y fue Chalo Sander naturalmente quien llevó
todos, correr, brincar, reír, jugar al vóleibol y dejar a Queca a la fiesta de promoción cuando terminó
al anochecer a esa banda de adolescentes el colegio. Desde temprano nos dimos cita en la
sumidos en profundas tristezas sexuales que pulpería, bebimos un poco más de la cuenta,
sólo la mano caritativa, entre las sábanas urdimos planes insensatos, se habló de un rapto,
blancas, consolaba. de un cargamontón. Pero todo se fue en
Fue una fatídica bola la que alguien arrojó palabras. A las ocho de la noche estábamos
esa tarde y que Queca no llegó a alcanzar y que frente al ranchito de los geranios, resignados a
rodó hacia la banca donde Roberto, solitario, ser testigos de nuestra destitución. Chalo llegó
observaba. ¡Era la ocasión que esperaba desde en el carro de su papá, con un
hacía tanto tiempo! De un salto aterrizó en el elegante smoking blanco y salió al poco rato
césped, gateó entre los macizos de flores, saltó acompañado de una Queca de vestido largo y
el seto de granadilla, metió los pies en una peinado alto, en la que apenas reconocimos a la
acequia y atrapó la pelota que estaba a punto de compañera de nuestros juegos. Queca ni nos
terminar en las ruedas de un auto. Pero cuando miró, sonreía apretando en sus manos una
se la alcanzaba, Queca, que estiraba ya las carterita de raso. Visión fugaz, la última, pues ya
manos, pareció cambiar de lente, observar algo nada sería como antes, moría en ese momento
que nunca había mirado, un ser retaco, oscuro, toda ilusión y por ello mismo no olvidaríamos
bembudo y de pelo ensortijado, algo que nunca esa imagen, que clausuró para siempre
tampoco le era desconocido, que había tal vez una etapa de nuestra juventud.
visto como veía todos los días las bancas o los
ficus, y entonces se apartó aterrorizada. Casi todos desertaron la plaza, unos porque
Roberto no olvidó nunca la frase que preparaban el ingreso a la universidad, otros
pronunció Queca al alejarse a la carrera: “Yo no porque se fueron a otros barrios en busca de una
juego con zambos”. Estas cinco palabras imposible réplica de Queca. Sólo Roberto, que
decidieron su vida. ya trabajaba como repartidor de una pastelería,
Todo hombre que sufre se vuelve recalaba al anochecer en la plaza, donde otros
observador y Roberto siguió yendo a la plaza en niños y niñas cogían el relevo de la pandilla
los años siguientes, pero su mirada había anterior y repetían nuestros juegos con el candor
perdido toda inocencia. Ya no era el reflejo del de quien cree haberlos inventado. En su banca
mundo sino el órgano vigilante que cala, elige, solitaria registraba distraídamente el trajín, pero
califica. de reojo, seguía mirando hacia la casa de Queca.
Queca había ido creciendo, sus carreras se Así pudo comprobar antes que nadie que Chalo
hicieron más moderadas, sus faldas se había sido sólo un episodio en la vida de Queca,
alargaron, sus saltos perdieron en impudicia y su una especie de ensayo general que la preparó
trato con la pandilla se volvió más distante y para la llegada del original, del cual Chalo había
selectivo. Todo eso lo notamos nosotros, pero sido la copia: Billy Mulligan, hijo de un funcionario
Roberto vio algo más: que Queca tendía a del consulado de Estados Unidos.
descartar de su atención a los más trigueños, a Billy era pecoso, pelirrojo, usaba camisas
través de sucesivas comparaciones, hasta que floreadas, tenía los pies enormes, reía con
no se fijó más que en Chalo Sander, el chico de estridencia, el sol en lugar de dorarlo lo
la banda que tenía el pelo más claro, el cutis despellejaba, pero venía a ver a Queca en su
sonrosado y que estudiaba además en un carro y no en el de su papá. No se sabe dónde lo
colegio de curas norteamericanos. Cuando sus conoció Queca ni cómo vino a parar allí, pero
piernas estuvieron más triunfales y torneadas cada vez se le fue viendo más, hasta que sólo se
que nunca ya sólo hablaba con Chalo Sander y le vio a él, sus raquetas de tenis, sus anteojos
la primera vez que se fue con él de la mano hasta ahumados, sus cámaras de fotos, a medida que
el malecón comprendimos que nuestra deidad la figura de Chalo se fue opacando,
empequeñeciendo y espaciando y terminó por provocativo y despreocupado que se desprendía
desaparecer. Del grupo al tipo y del tipo al de las camisetas blancas con el emblema de una
individuo, Queca había al fin empuñado su carta. universidad norteamericana.
Sólo Mulligan sería quien la llevaría al altar, con Todas estas prendas no se vendían en
todas las de la ley, como sucedió después y ningún almacén, había que encargarlas a
tendría derecho a acariciar esos muslos con los Estados Unidos, lo que estaba fuera de su
que tanto, durante años, tan inútilmente alcance. Pero a fuerza de indagar descubrió los
soñamos. remates domésticos. Había familias de gringos
que debían regresar a su país y vendían todo lo
Las decepciones, en general, nadie las que tenían, previo anuncio en los periódicos.
aguanta, se echan al saco del olvido, se Roberto se constituyó antes que nadie en esas
tergiversan sus causas, se convierten en motivo casas y logró así hacerse de un guardarropa en
de irrisión y hasta en tema de composición el que invirtió todo el fruto de su trabajo y de sus
literaria. Así el chancho Gómez se fue a estudiar privaciones.
a Londres, Peluca Rodríguez escribió un soneto Pelo planchado y teñido, blue-jeans y
realmente cojudo, Armando Wolff concluyó que camisa vistosa, Roberto estaba ya a punto de
Queca era una huachafa y Lucas de Tramontana convertirse en Boby.
se jactaba mentirosamente de habérsela
pachamanqueado varias veces en el malecón. Todo esto le trajo problemas. En el callejón,
Fue sólo Roberto el que sacó de todo esto una decía su madre cuando venía a casa, le habían
enseñanza veraz y tajante: o Mulligan o nada. quitado el saludo al pretencioso. Cuando más le
¿De qué le valía ser un blanquito más si había hacían bromas o lo silbaban como a un marica.
tantos blanquitos fanfarrones, desesperados, Jamás daba un centavo para la comida, se
indolentes y vencidos? Había un estado superior, pasaba horas ante el espejo, todo se lo gastaba
habitado por seres que planeaban sin macularse en trapos. Su padre, añadía la negra, podía
sobre la ciudad gris y a quienes se cedía sin haber sido un blanco roñoso que se esfumó
peleas los mejores frutos de la tierra. El problema como Fumanchú al año de conocerla, pero no
estaba en cómo llegar a ser un Mulligan siendo tenía vergüenza de salir con ella ni de ser pilotín
un zambo. Pero el sufrimiento aguza también el de barco.
ingenio, cuando no mata, y Roberto se había Entre nosotros, el primero en ficharlo fue
librado a un largo escrutinio y trazado un plan de Peluca Rodríguez, quien había encargado
acción. un blue-jeans a un purser de la Braniff. Cuando
Antes que nada había que deszambarse. El le llegó se lo puso para lucirlo, salió a la plaza y
asunto del pelo no le fue muy difícil: se lo tiñó con se encontró de sopetón con Roberto que llevaba
agua oxigenada y se lo hizo planchar. Para el uno igual. Durante días no hizo sino maldecir al
color de la piel ensayó almidón, polvo de arroz y zambo, dijo que le había malogrado la película,
talco de botica hasta lograr el componente ideal. que seguramente lo había estado espiando para
Pero un zambo teñido y empolvado sigue siendo copiarlo, ya había notado que compraba
un zambo. Le faltaba saber cómo se vestían, qué cigarrillos Lucky y que se peinaba con un
decían, cómo caminaban, lo que pensaban, mechón sobre la frente.
quiénes eran en definitiva los gringos. Pero lo peor fue en su trabajo. Cahuide
Lo vimos entonces merodear, en sus horas Morales, el dueño de la pastelería, era un
libres, por lugares aparentemente incoherentes, mestizo huatón, ceñudo y regionalista, que
pero que tenían algo en común: los frecuentaban adoraba los chicharrones y los valses criollos y
los gringos. Unos lo vieron parado en la puerta se había rajado el alma durante veinte años para
del Country Club, otros a la salida del colegio montar ese negocio. Nada lo reventaba más que
Santa María, Lucas de Tramontana juraba haber no ser lo que uno era. Cholo o blanco era lo de
distinguido su cara tras el seto del campo de golf, menos, lo importante era la mosca, el agua,
alguien le sorprendió en el aeropuerto tratando el molido, conocía miles de palabras para
de cargarle la maleta a un turista, no faltaron designar la plata. Cuando vio que su empleado
quienes lo encontraron deambulando por los se había teñido el pelo aguantó una arruga más
pasillos de la embajada norteamericana. en la frente, al notar que se empolvaba se tragó
Esta etapa de su plan le fue preciosa. Por lo un carajo que estuvo a punto de indigestarlo,
pronto confirmó que los gringos se distinguían pero cuando vino a trabajar disfrazado de gringo
por una manera especial de vestir que él calificó, le salió la mezcla de papá, de policía, de machote
a su manera, de deportiva, confortable y poco y de curaca que había en él y lo llevó del
convencional. Fue por ello uno de los primeros pescuezo a la trastienda: la pastelería Morales
en descubrir las ventajas del blue-jeans, el aire Hermanos era una firma seria, había que aceptar
vaquero y varonil de las anchas correas de cuero las normas de la casa, ya había pasado por alto
rematadas por gruesas hebillas, la comodidad de lo del maquillaje, pero si no venía con mameluco
los zapatos de lona blanca y suela de jebe, el como los demás repartidores lo iba a sacar de allí
encanto colegial que daban las gorritas de lona de una patada en el culo.
con visera, la frescura de las camisas de manga Roberto estaba demasiado embalado para
corta a flores o anchas rayas verticales, la dar marcha atrás y prefirió la patada.
variedad de casacas de nylon cerradas sobre el
pecho con una cremallera o el sello pandillero, Fueron interminables días de tristeza,
mientras buscaba otro trabajo. Su ambición era dicen que fue el clásico chancón, el que nunca
entrar a la casa de un gringo como mayordomo, perdió una clase, ni dejó de hacer una tarea, ni
jardinero, chofer o lo que fuese. Pero las puertas se privó de interrogar al profesor sobre un punto
se le cerraban una tras otra. Algo había oscuro de gramática. Aparte de los blancones
descuidado en su estrategia y era el aprendizaje que por razones profesionales seguían cursos
del inglés. Como no tenía recursos para entrar a allí, conoció a otros López, que desde otros
una academia de lenguas se consiguió un horizontes y otros barrios, sin que hubiera
diccionario, que empezó a copiar aplicadamente mediado ningún acuerdo, alimentaban sus
en un cuaderno. Cuando llegó a la letra C tiró el mismos sueños y llevaban vidas convergentes a
arpa, pues ese conocimiento puramente visual la suya. Se hizo amigo especialmente de José
del inglés no lo llevaba a ninguna parte. Pero allí María Cabanillas, hijo de un sastre de Surquillo.
estaba el cine, una escuela que además de Cabanillas tenía la misma ciega admiración por
enseñar divertía. los gringos y hacía años que había empezado a
En la cazuela de los cines de estreno pasó estrangular al zambo que había en él con
tardes íntegras viendo en idioma resultados realmente vistosos. Tenía además la
original westerns y policiales. Las historias le ventaja de ser más alto, menos oscuro que Boby
importaban un comino, estaba sólo atento a la y de parecerse no a Alan Ladd, que después de
manera de hablar de los personajes. Las todo era un actor segundón admirado por un
palabras que lograba entender las apuntaba y las grupito de niñas esnobs, sino al indestructible
repetía hasta grabárselas para siempre. A fuerza John Wayne. Ambos formaron entonces una
de rever los films aprendió frases enteras y hasta pareja inseparable. Aprobaron el año con las
discursos. Frente al espejo de su cuarto era tan mejores notas y mister Brown los puso como
pronto el vaquero romántico haciéndole una ejemplo al resto de los alumnos, hablando de “un
irresistible declaración de amor a la bailarina del franco deseo de superación”.
bar, como el gánster feroz que pronunciaba
sentencias lapidarias mientras cosía a tiros a su La pareja debía tener largas, amenísimas
adversario. El cine además alimentó en él ciertos conversaciones. Se les veía siempre culoncitos,
equívocos que lo colmaron de ilusión. Así creyó embutidos en sus blue-jeans desteñidos, yendo
descubrir que tenía un ligero parecido con Alan de aquí para allá y hablando entre ellos en inglés.
Ladd, que en un western aparecía en blue- Pero también es cierto que la ciudad no los
jeans y chaqueta a cuadros rojos y negros. En tragaba, desarreglaban todas las cosas, ni
realidad sólo tenía en común la estatura y el parientes ni conocidos los podían pasar. Por ello
mechón de pelo amarillo que se dejaba caer alquilaron un cuarto en un edificio del jirón
sobre la frente. Pero vestido igual que el actor se Mogollón y se fueron a vivir juntos. Allí edificaron
vio diez veces seguidas la película y al término un reducto inviolable, que les permitió interpolar
de ésta se quedaba parado en la puerta, lo extranjero en lo nativo y sentirse en un barrio
esperando que salieran los espectadores y se californiano en esa ciudad brumosa. Cada cual
dijeran, pero mira, qué curioso, ese tipo se contribuyó con lo que pudo, Boby con sus afiches
parece a Alan Ladd. Cosa que nadie dijo, y sus pósters y José María, que era aficionado a
naturalmente, pues la primera vez que lo vimos la música, con sus discos de Frank Sinatra, Dean
en esa pose nos reímos de él en sus narices. Martin y Tomy Dorsey. ¡Qué gringos eran
mientras recostados en el sofá-cama, fumando
Su madre nos contó un día que al fin Roberto su Lucky, escuchaban The strangers in the
había encontrado un trabajo, no en casa de un night y miraban pegado al muro el puente sobre
gringo como quería, pero tal vez algo mejor, en el río Hudson! Un esfuerzo más y ¡hop! ya
el club de Bowling de Miraflores. Servía en el bar estaban caminando sobre el puente.
de cinco de la tarde a doce de la noche. Las Para nosotros incluso era difícil viajar a
pocas veces que fuimos allí lo vimos reluciente y Estados Unidos. Había que tener una beca o
diligente. A los indígenas los atendía de una parientes allá o mucho dinero. Ni López ni
manera neutra y francamente impecable, pero Cabanillas estaban en ese caso. No vieron
con los gringos era untuoso y servil. Bastaba que entonces otra salida que el salto de pulga, como
entrara uno para que ya estuviera a su lado, ya lo practicaban otros blanquiñosos, gracias al
tomando nota de su pedido y segundos más trabajo de purser en una compañía de aviación.
tarde el cliente tenía delante su hot-dog y su Todos los años convocaban a concurso y ambos
coca-cola. Se animaba además a lanzar se presentaron. Sabían más inglés que nadie, les
palabras en inglés y como era respondido en la encantaba servir, eran sacrificados e
misma lengua fue incrementando su vocabulario. infatigables, pero nadie los conocía, no tenían
Pronto contó con un buen repertorio de recomendación y era evidente, para los
expresiones, que le permitieron granjearse la calificadores, que se trataba de mulatos
simpatía de los gringos, felices de ver un criollo talqueados. Fueron desaprobados.
que los comprendiera. Como Roberto era muy
difícil de pronunciar, fueron ellos quienes Dicen que Boby lloró y se mesó
decidieron llamarlo Boby. desesperadamente el cabello y que Cabanillas
Y fue con el nombre de Boby López que tentó un suicidio por salto al vacío desde un
pudo al fin matricularse en el Instituto Peruano- modesto segundo piso. En su refugio de
Norteamericano. Quienes entonces lo vieron Mogollón pasaron los días más sombríos de su
vida, la ciudad que los albergaba terminó por tenía todo garantizado a su regreso:
convertirse en un trapo sucio a fuerza de cubrirla nacionalidad, trabajo, seguro social, integración,
de insultos y reproches. Pero el ánimo les volvió medallas. Por todo sitio existían centros de
y nuevos planes surgieron. Puesto que nadie reclutamiento. A cada voluntario, el país le abría
quería ver aquí con ellos, había que irse como su corazón.
fuese. Y no quedaba otra vía que la del Boby y José María se inscribieron para no
inmigrante disfrazado de turista. ser expulsados. Y después de tres meses de
Fue un año de duro trabajo en el cual fue entrenamiento en un cuartel partieron en un
necesario privarse de todo a fin de ahorrar para avión enorme. La vida era una aventura
el pasaje y formar una bolsa común que les maravillosa, el viaje fue inolvidable. Habiendo
permitiera defenderse en el extranjero. Así nacido en un país mediocre, misérrimo y
ambos pudieron al fin hacer maletas y abandonar melancólico, haber conocido la ciudad más
para siempre esa ciudad odiada, en la cual tanto agitada del mundo, con miles de privaciones, es
habían sufrido y a la que no querían regresar así verdad, pero ya eso había quedado atrás, ahora
no quedara piedra sobre piedra. llevaban un uniforme verde, volaban sobre
planicies, mares y nevados, empuñaban armas
Todo lo que viene después es previsible y no devastadoras y se aproximaban, jóvenes aún
hace falta mucha imaginación para completar colmados de promesas, al reino de lo ignoto.
esta parábola. En el barrio dispusimos de
informaciones directas: cartas de Boby a su La lavandera María tiene cantidades de
mamá, noticias de viajeros y al final relato de un tarjetas postales con templos, mercados y calles
testigo. exóticas, escritas con una letra muy pequeña y
Por lo pronto Boby y José María se gastaron aplicada. ¿Dónde quedará Seúl? Hay muchos
en un mes lo que pensaban les duraría un anuncios y cabarets. Luego cartas del frente, que
semestre. Se dieron cuenta además que en nos enseñó cuando le vino el primer ataque y
Nueva York se habían dado cita todos los López dejó de trabajar unos días. Gracias a estos
y Cabanillas del mundo, asiáticos, árabes, documentos pudimos reconstruir bien que mal lo
aztecas, africanos, ibéricos, mayas, chibchas, que pasó. Progresivamente, a través de
sicilianos, caribeños, musulmanes, quechuas, sucesivos tanteos, Boby fue aproximándose a la
polinesios, esquimales, ejemplares de toda cita que había concertado desde que vino al
procedencia, lengua, raza y pigmentación y que mundo. Había que llegar a un paralelo y hacer
tenían sólo en común el querer vivir como un frente a oleadas de soldados amarillos que
yanqui, después de haberle cedido su alma y bajaban del polo como cancha. Para eso estaban
haber intentado usurpar su apariencia. La ciudad los voluntarios, los indómitos vigías de
los toleraba unos meses, complacientemente, Occidente.
mientras absorbía sus dólares ahorrados. Luego, José María se salvó por milagro y enseñaba
como por un tubo, los dirigía hacia el mecanismo con orgullo el muñón de su brazo derecho
de la expulsión. cuando regresó a Lima, meses después. Su
A duras penas obtuvieron ambos una patrulla había sido enviada a reconocer un
prórroga de sus visas, mientras trataban de arrozal, donde se suponía que había emboscada
encontrar un trabajo estable que les permitiera una avanzadilla coreana. Boby no sufrió, dijo
quedarse, al par que las Quecas del lugar, y eran José María, la primera ráfaga le voló el casco y
tantas, les pasaban por las narices, sin su cabeza fue a caer en una acequia, con todo el
concederles ni siquiera la atención ofuscada que pelo pintado revuelto hacia abajo. Él sólo perdió
nos despierta una cucaracha. La ropa se les un brazo, pero estaba allí vivo, contando estas
gastó, la música de Frank Sinatra les llegaba al historias, bebiendo su cerveza helada,
huevo, la sola idea de tener por todo alimento desempolvado ya y zambo como nunca, viviendo
que comerse un hot-dog, que en Lima era una holgadamente de lo que le costó ser un mutilado.
gloria, les daba náuseas. Del hotel barato La mamá de Roberto había sufrido entonces
pasaron al albergue católico y luego a la banca su segundo ataque, que la borró del mundo. No
del parque público. Pronto conocieron esa cosa pudo leer así la carta oficial en la que le decían
blanca que caía del cielo, que los despintaba y que Bob López había muerto en acción de armas
que los hacía patinar como idiotas en veredas y tenía derecho a una citación honorífica y a una
heladas y que era, por el color, una perfidia prima para su familia. Nadie la pudo cobrar.
racista de la naturaleza.
Sólo había una solución. A miles de COLOFÓN
kilómetros de distancia, en un país llamado ¿Y Queca? Si Bob hubiera conocido su
Corea, rubios estadounidenses combatían historia tal vez su vida habría cambiado o tal vez
contra unos horribles asiáticos. Estaba en juego no, eso nadie lo sabe. Billy Mulligan la llevó a su
la libertad de Occidente decían los diarios y lo país, como estaba convenido, a un pueblo de
repetían los hombres de Estado en la televisión. Kentucky donde su padre había montado un
¡Pero era tan penoso enviar a los boys a ese negocio de carne de cerdo enlatada. Pasaron
lugar! Morían como ratas, dejando a pálidas unos meses de infinita felicidad, en esa linda
madres desconsoladas en pequeñas granjas casa con amplia calzada, verja, jardín y todos los
donde había un cuarto en el altillo lleno de viejos aparatos eléctricos inventados por la industria
juguetes. El que quisiera ir a pelear un año allí humana, una casa en suma como las que había
en cien mil pueblos de ese país-continente.
Hasta que a Billy le fue saliendo el irlandés que
disimulaba su educación puritana, al mismo
tiempo que los ojos de Queca se agrandaron y
adquirieron una tristeza limeña. Billy fue llegando
cada vez más tarde, se aficionó a las máquinas
tragamonedas y a las carreras de auto, sus pies
le crecieron más y se llenaron de callos, le salió
un lunar maligno en el pescuezo, los sábados se
inflaba de bourbon en el club Amigos de
Kentucky, se enredó con una empleada de la
fábrica, chocó dos veces el carro, su mirada se
volvió fija y aguachenta y terminó por darle de
puñetazos a su mujer, a la linda, inolvidable
Queca, en las madrugadas de los domingos,
mientras sonreía estúpidamente y la llamaba
chola de mierda.

(París, 1975)

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