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CONCEPCIONES

CONCEPCIONES, PARADIGMAS
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CONCEPCIONES

La discapacidad es cuando una persona padece una alteración funcional permanente o


prolongada, motora, sensorial o mental en relación a su edad y medio social que implique
desventajas considerables para su integración familiar, social, educacional o laboral. Al ser un
término bastante difuso por la social, además de este término, definiré los términos deficiencia y
minusvalía. El primero se relaciona con la perdida de una estructura o función psicológica,
fisiológica o anatomía; en cambio la minusvalía es una situación desventajosa para un individuo
determinado, consecuencia de una deficiencia o de una discapacidad que limita o impide el
desempeño de un rol que es normal según su edad, sexo, cultura y sociedad.

Se caracterizan por una discordancia entre la actuación o status del individuo y las expectativas
del grupo concreto al que pertenece. Las desventajas se acrecientan como resultado de su
imposibilidad de adaptarse a las normas del mundo. Es esto un fenómeno social.

Paradigmas de la discapacidad.

Desde la antigüedad, el tema de la discapacidad, así como las estrategias de atención a las
personas con discapacidad han sido abordadas desde diversos paradigmas o modelos. Aunque
en la literatura se pueden encontrar diversas clasificaciones y denominaciones, en este post haré
referencia a los tres paradigmas que engloban las posturas más habituales en el tema de la
discapacidad: el paradigma tradicional, el paradigma médico-biológico y el paradigma social.

 Paradigma tradicional:
También llamado Modelo de precindencia (Palacios, 2008) y su origen data hasta la antigüedad.
Dentro de este paradigma se ubican prácticas que involucran, por un lado, el exterminio, la
marginación y la segregación y, por otro, la caridad, la lástima y el proteccionismo hacia las
personas que se consideran en este contexto como “anormales”. Dentro de las prácticas propias
de este enfoque se encuentra la exclusión de las personas con discapacidad de muchas
actividades, tanto en la esfera pública como en la privada, así como la utilización de
denominaciones peyorativas para referirse a ellas como “discapacitados”, “lisiados” o
“minusválidos”, entre otros (Palacios, 2008).

 Paradigma médico-biológico:
El paradigma que siguió al tradicional es el médico-biológico, también conocido como Paradigma
rehabilitador, el cual surge después de la Primera Guerra Mundial (Palacios, 2008). Desde este
paradigma, toda la atención ofrecida a las personas con discapacidad se enfoca en la
“recuperación” de las deficiencias presentes en las personas que han adquirido o han nacido con
algún tipo de discapacidad y conciben estas deficiencias como “obstáculos” para la inclusión
efectiva en la vida social y laboral. En este sentido, la meta última de este paradigma es la
eliminación de la deficiencia, de manera que las personas con discapacidad sean capaces de
adaptarse a las demandas del entorno, sin que se contemple como necesaria la modificación del
entorno para su inclusión efectiva en la sociedad (Padilla-Muñoz, 2010).
Hablar de discapacidad, desde la concepción de los paradigmas, tradicional y médico-biológico,
implica, también, hablar de una construcción social que ubica a unas personas en condiciones de
una supuesta superioridad sobre otras; así, de acuerdo con la presencia o ausencia de ciertos
rasgos, la persona puede ser titular de derechos o dejar de serlo (Díaz Castillo y Muñoz Borja,
2005). Este proceso es producto de la dinámica social que ha asociado imágenes de
incompetencia y descalificación a las personas con discapacidad, lo cual, al igual que con
cualquier otro grupo víctima de discriminación, limita y configura la identidad personal, que, a su
vez, restringe la interacción del individuo con su entorno y lleva a un ciclo caracterizado por la
exclusión y la discriminación.

 Paradigma Social:
Desde el paradigma social, se concibe a la persona con discapacidad desde un enfoque
biopsicosocial y de derechos humanos, lo que apunta a mirar más allá de la deficiencia y aspira a
una participación real y efectiva de esta población en todas las esferas de la vida en la sociedad.
Dentro de este paradigma, se defiende el derecho de las personas con discapacidad a establecer
relaciones interpersonales y de convertirse en personas social y económicamente activas
(Padilla-Muñoz, 2010). Este abordaje sostiene que las desventajas, la segregación y la
inaccesibilidad a recursos no están determinadas por la deficiencia orgánica que puede presentar
una persona, sino que obedecen a las consecuencias de tener que afrontar un entorno que no
está diseñado para la diversidad (Strauss y Sales, 2010). Ante esto, los autores plantean que la
sociedad tiene la tarea de organizarse para eliminar las barreras físicas y actitudinales, de
manera que el efecto de las deficiencias no vaya más allá del ámbito fisiológico de la persona con
discapacidad.

ENFOQUE INCLUSIVO O ATENCION A LA DIVERSIDAD


En nuestro país, la atención a la diversidad implica lograr que las y los estudiantes desarrollen su
máximo potencial como lo dispone el CNEB (Ministerio de Educación [Minedu], 2017); requiere
asumir una mirada heterogénea de nuestras y nuestros estudiantes, donde todas y todos se
sientan acogidas y acogidos en su diversidad, así como atendidas y atendidos en sus
necesidades de aprendizaje, en la cual se consideren sus potencialidades y características
particulares. La diversidad considera y valora las diferencias humanas como un elemento común
y enriquecedor de cada persona. Asume una postura de rechazo frente al modelo de
“normalización” en la escuela, donde todas y todos deben ser “iguales” en formas y ritmos de
aprendizaje, motivaciones, intereses, características, entre otros; por lo tanto, quien no encaja es
excluida o excluido.
“En una sociedad diversa y aún desigual y, al mismo tiempo, con enormes potencialidades,
aspiramos a una educación que contribuya con la formación de todas las personas sin exclusión,
así como de ciudadanos conscientes de sus derechos y deberes” (Minedu, 2017, p. 13).

Modelo Social

El Modelo Social tiene un enfoque diferente. Este modelo establece que la discapacidad es la
incapacidad de participar plenamente en la vida hogareña y comunitaria. La interacción entre las
limitaciones o impedimentos funcionales y las barreras físicas y sociales para la participación
plena crean entornos incapacitantes. El Modelo Social distingue entre discapacidades e
impedimentos. Las discapacidades son restricciones impuestas por la sociedad. Los
impedimentos son los efectos de cualquier condición dada. La solución, según este modelo, no
reside en arreglar a la persona, sino en cambiar nuestra sociedad. La atención médica, por
ejemplo, no debe centrarse en curas o tratamientos con el fin de librar a nuestros cuerpos de
impedimentos funcionales. En lugar de eso, esta atención debe centrarse en mejorar nuestra
función diaria en la sociedad.

El Modelo Social exige el fin de la discriminación y la opresión contra las personas con
discapacidades a través de la educación, la adaptación y el diseño universal. Esta educación
llevará a cambios en la forma en que las personas piensan acerca de las discapacidades.
Idealmente, estos cambios influyen en la forma en que los arquitectos incorporan el diseño
universal y las características de accesibilidad en los planes de construcción, cómo los gobiernos
consideran nuestros derechos y necesidades al aprobar nuevas leyes, cómo se incluye a las
personas con discapacidades en la educación y cómo los médicos abordan la atención de sus
pacientes con discapacidades complejas.

Al valorar un espectro de habilidades, solo aumentamos nuestra riqueza y diversidad colectiva.


Cuando intentamos eliminar la discapacidad de la experiencia humana, la sociedad pierde todas
las cosas hermosas y brillantes que nuestra comunidad tiene para ofrecer. Como dice la escritora
y académica discapacitada Alison Kafer: "Eliminar la discapacidad es eliminar la posibilidad de
descubrir formas alternativas de estar en el mundo, excluir la posibilidad de reconocer y valorar
nuestra interdependencia".1

NORMATIVA NACIONAL E INTERNACIONAL QUE SUSTENTA LA ATENCION A LA


DIVERSIDAD INCLUSIVA
En nuestro país, se sustenta la educación inclusiva en el siguiente marco normativo: La Ley
General de Educación, en su artículo 8, plantea que la inclusión implica la incorporación de “las
personas con discapacidad, grupos sociales excluidos, marginados y vulnerables, especialmente
en el ámbito rural, sin distinción de etnia, religión, sexo u otra causa de discriminación,
contribuyendo así a la eliminación de la pobreza, la exclusión y las desigualdades” (Ley N.°
28044, 2003). Señala que el Estado garantiza que los servicios educativos brinden una atención
de calidad a la población que se encuentre en situación de vulnerabilidad. Es por eso que
promueve medidas para garantizar el acceso a una educación pertinente y de calidad con una
inclusión oportuna

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