El amor no evoluciona
la tentación de enamorarse es avasallante y poderosa, pero también lo es la atracción que ejerce
la huida. Y el señuelo que nos induce a buscar una rosa sin espinas está siempre presente y resulta
difícil de resistir
- Deseo y amor. Hermanos. A veces, mellizos, pero nunca gemelos idénticos.
el deseo está contaminado desde su nacimiento por el deseo de muerte. Sin embargo,
este es su secreto mejor guardado y, sobre todo, guardado de sí mismo.
el amor es el anhelo de querer y preservar el objeto querido. Un impulso centrífugo, a
diferencia del centrípeto deseo
el amor implica el impulso de proteger, de nutrir, de dar refugio, y también
de acariciar y mimar, o de proteger celosamente, cercar, encarcelar. Amar significa
estar al servicio, estar a disposición, esperando órdenes, pero también puede
significar la expropiación y confiscación de toda responsabilidad. Dominio a través
de la entrega, sacrificio que paga con engrandecimiento. El amor y el ansia de poder
son gemelos siameses: ninguno de los dos podría sobrevivir a la separación.
El deseo consume al objeto, el amor encierra, y por ello esclaviza, al objeto, con la
intención de protegerlo.
En su radicalizada, reducida y sobre todo compacta encarnación en las ganas, el deseo ha
perdido casi todos esos atributos desalentadores, concentrándose más exclusivamente en el
objetivo.
el deseo ha perdido casi todos esos atributos desalentadores, concentrándose más
exclusivamente en el objetivo. Como lo expresaban las publicidades que anunciaban la novedad de
las tarjetas de crédito, ahora es posible concretar “el deseo sin demora”.
Mientras las relaciones se consideren inversiones provechosas, garantías de seguridad y
solución de sus problemas, usted estará sometido al mismo azar que cuando se tira al aire una
moneda. La soledad provoca inseguridad, pero las relaciones no parecen provocar algo muy
diferente. En una relación, usted puede sentirse tan inseguro como si no tuviera ninguna, o peor
aún. Sólo cambian los nombres que pueda darle a su ansiedad. p.23
1- no hay nada que promueva tanto una relación cómoda como la mutua adulación
2- Adonde vayas, yo voy; lo que hagas, lo hago; lo que yo acepte, tú lo aceptas; lo que yo
aborrezca, lo aborrecerás tú. Si no puedes ser mi gemelo siamés… ¡sé mi clon! P.24
La metáfora del lienzo
Mientras tanto, la persona amada se ha convertido en una tela. Preferentemente, una tela en
blanco. Sus colores naturales se han desteñido, de modo de no alterar o desfigurar el retrato del
pintor. El pintor no necesita preguntarse cómo se siente la tela allá abajo, sosteniendo toda esa
pintura. Las telas de lienzo no hablan. Pero las telas humanas a veces pueden hacerlo (p. 25).
RELACIÓN DE BOLSILLO
Una relación de bolsillo exitosa es agradable y breve, dice Jarvie. Podemos suponer que es
agradable porque es breve, y que resulta agradable precisamente debido a que uno es
cómodamente consciente de que no tiene que hacer grandes esfuerzos para que siga siendo
agradable durante más tiempo: de hecho, uno no necesita hacer nada en absoluto para disfrutar
de ella. Una «relación de bolsillo» es la encarnación de lo instantáneo y lo descartable (p. 27).
Anticipándose al esquema que habría de prevalecer en nuestros tiempos, Erich Fromm intentó
explicar la atracción por el «sexo en sí mismo» (el sexo «por derecho propio», la práctica del
sexo separada de sus funciones ortodoxas), caracterizándolo como una respuesta (equívoca) al
siempre humano «anhelo de fusión completa» a través de una «ilusión de unión» (p.46).
RESPECTO A “CUANDO LA CALIDAD DEFRAUDA, LA CANTIDAD ES UNA OPCIÓN” (P. 58).
No se deje atrapar. Evite los abrazos demasiado firmes. Recuerde: cuanto más profundos y densos
sean sus lazos, vínculos y compromisos, mayor es el riesgo. No confunda una red —un entramado
de caminos por los cuales deslizarse— con una tela de araña, ese objeto traicionero que sólo sirve
para atraparnos. Y por sobre todo, jamás lo olvide: ¡no hay nada peor que jugárselo todo a una
sola carta!
Los celulares ayudan a estar conectados a los que están a distancia. Los celulares permiten a los
que se conectan… mantenerse a distancia (P.59).
El precepto que exige «ama a tu prójimo como a ti mismo», dice Freud es uno de los
fundamentales de la vida civilizada. Y es también el más opuesto a la clase de razón que promueve
la civilización: la razón del autointerés y de la búsqueda de la propia felicidad ( p. 73).
Acerca de la deriva moral del hombre libre, homo sexualis, amar el prójimo es el mayor atisbo
que éste puede poseer como moral. En caso opuesto ya solo es una tergiversación humana, una
bestia:
La aceptación del precepto de amar al prójimo es el acta de nacimiento de la humanidad. Todas
las otras rutinas de la cohabitación humana, así como sus reglas preestablecidas o descubiertas
retrospectivamente, son tan sólo una lista (nunca completa) de notas al pie de ese precepto (p,
74).
Perderían su valor más preciado: la dignidad. Una vez despojados de ese valor, ¿qué sentido
tendría seguir viviendo? Ese valor, el más preciado de los seres humanos, el atributo sine qua non
de la humanidad, es una vida digna, y no la supervivencia a cualquier precio (p. 79).