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Peligro Inri

No todo es lo que parece y tirando del hilo, te puedes encontrar auténticas sorpresas, como nuestros protagonistas.

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Manuel Martinez
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Peligro Inri

No todo es lo que parece y tirando del hilo, te puedes encontrar auténticas sorpresas, como nuestros protagonistas.

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Peligro, Inri

Prologo

No está en mi ánimo interferir en las creencias de las personas


ni mucho menos intervenir en lo que deben o no creer. El lector
debe comprender que solo se trata de una novela más.

Sí, me he informado de algunos actos de la iglesia que


están al alcance de todos y que salieron en los periódicos. Pero
el hombre no es perfecto y comete errores. El problema radica
en quien los comete y las religiones siempre están vigiladas.

No ha mucho me encontré en medio de una discusión


(podemos llamarla filosófica) hubo una pregunta que me hizo
pensar, pese a que los contendientes no resolvieron sus dudas,
dado que a una pregunta contestaban con otra sin dar
respuestas.

La pregunta en cuestión dirigida a un cristiano


colaborador de Caritas fue ¿Si hubieras nacido en un país árabe
que serías? La contestación fue, que afortunadamente había
nacido en Murcia. Pero no contestó la pregunta y contrarrestó
con la misma. ¿Y tú que serías de haber nacido allí? La
respuesta fue. Seguramente musulmán más si no soy fanático
del cristianismo creo que tampoco lo sería del Islam y por lo
tanto no cometería fechorías en nombre de ninguna religión.

Entendí que el fanatismo no es bueno en ninguna de las


religiones, independientemente de las creencias de cada cual.
Opino que se no hace daño escuchar y más tarde seguir tus
propias convicciones, siempre respetando al prójimo.

1
El autor.

Los caminos del señor son infinitos,

No los interrumpamos, aplicando la justicia que no nos


corresponde.

M.M.

Registro Safe. C 2009145329388

2
Peligro... Inri

Simón Beltrán entra en la comisaría y se dirige al


Policía de puerta.
- Buenos días, por favor ¿está el comisario Roberto
Zaplana?
- ¿Es usted Simón Beltrán?
- Si señor el mismo – dijo con un poco de sarcasmo.
- Pase le está esperando, por el pasillo al fondo…
- No se moleste sé donde está, ¿debe ser usted
nuevo en la comisaria?
- Si ¿cómo lo sabe?
- Porque no lo conozco – siguió por el pasillo.
- Hola Simón, dijo Javier, (un veterano que salía de
una oficina).
Simón tras contestar al saludo se dirigió al fondo del
pasillo y llamó a la puerta, desde dentro una voz dijo.-
Adelante.
Abrió la puerta, el comisario Roberto estaba leyendo
el informe y mirando las fotos.
- Buenos días Roberto, ¿qué ocurre?

1
- Buenos días Simón, parece ser que anoche te viste
involucrado en el caso que tengo sobre la mesa.
- Involucrado no es la palabra correcta, fui el segundo
en llegar y el que llamó a la policía.
- Tú sabes que tienes la obligación de dar testimonio y
te guste o no estás en el expediente.
- Eso sí, pero ya declaré anoche. Hubiera podido irme
y ahora no estaría aquí.
- Si tienes razón, he leído tu declaración según dices
en ella, salías del teatro ¿con Carol?
- Si con Carol.
- No la mencionas en la declaración.
- No hacía falta.
- O si para verificar tu declaración. Pero sigamos, una
pareja que te precedia vio un hombre tendido en medio de
la calle y dos hombres que huían, tú te acercaste con la
intención de socorrer al hombre; pero tu declaración es
muy exigua, no explicas nada.
- ¿Y qué quieres que diga, que lo maté yo? Intento
que no perdáis tiempo escribiendo de sobra “Tonterías”
que no vienen al caso.

2
- Está bien, mira las fotos ¿es así como lo
encontraste?
- Sí, las fotos las hicieron delante de mí. En cuanto a
mi declaración ¿Qué quieres que diga? Que no estaba,
dije lo justo el resto es cosa vuestra y a mí no me incumbe
lo más mínimo.
- Según el informe, el hombre presenta una herida
producida por arma blanca con entrada por la espalda con
trayectoria hacia la derecha, un fuerte golpe en la parte
occipital del cráneo, con una abertura del cuero cabelludo
de seis centímetros y ligera fisura en el hueso, golpe en la
parte frontal de la cara con rotura del tabique nasal y
hematoma en la frente. Seguramente le golpearon dos
veces con una porra y posiblemente hubieran dos o más
asaltantes, aunque solo vieron alejarse a dos, uno de
ellos le clavó, el cuchillo dándolo por muerto.- Que más
puedes decirme que me pueda ayudar.
Simón sonrió - creo que el señor vive y lo tienes en un
hospital custodiado ¿Dónde siempre?
- Si, donde puedo tenerlo vigilado, lo sabes muy bien.
- Yo te ayudo si tú me das permiso para hablar con él.
- ¿Te interesa este caso?

3
- No, no me interesan los casos de la policía, si no
puedo sacar dinero de éllos, digamos que tengo
curiosidad por saber el motivo, no parece un delincuente
ni un ajuste de cuentas.
- ¿Y en que puedes ayudarme? Para que te deje
verlo.
- ¿Dime a que conclusiones has llegado, Roberto?
- No he sacado conclusiones antes quiero saber quién
es y a que se dedica, podría ser simplemente, un ajuste
de cuentas entre bandas, cosa que tú, por lo que veo, ya
has descartado.
- Ves como puedo ayudarte, te diré que eran dos
hombres los que le atacaron. Lo observaban desde la
oscuridad, ocultos tras la esquina y le vieron venir,
posiblemente lo esperaban y habían estudiado sus
costumbres, debía de tener por costumbre salir un poco
antes del teatro, seguramente no le gustaban las
multitudes ni los empujones en la salida, se quedaron
tapados por la esquina del edificio y cuando él sobrepasó
la esquina salieron tras él y le atacaron por la espalda, el
cuchillo lo llevaba un zurdo y lo atacó desde la derecha y
la porra un diestro y lo atacó desde la izquierda, gracias a

4
eso la trayectoria del cuchillo fue de izquierda a derecha,
no tocando puntos vitales y eso le salvó la vida.
- ¿Cómo llegas a esa conclusión?
- El cuchillo trazó una curva de entrada de izquierda a
derecha, es la prueba de que lo empuñaba un zurdo, por
el contrario, nadie le atacó de frente, el impulso del golpe
con la porra en la cabeza lo hizo precipitarse sobre la
pared de la otra esquina la cual debía estar cerca y ese
fue el golpe frontal que le rompió la nariz y la frente a eso
se debe que cayera de espaldas justo bajo la acera, solo
rebotó un metro hacia atrás y también que el cuchillo no
entrase en dirección al centro del cuerpo. Pero Roberto,
no paso por una buena racha y no me interesa trabajar
gratuitamente para la policía.
- Nunca lo has hecho, sabes que la policía no
puede…
- Si lo sé y por eso no me interesa el caso; no
obstante por nuestra amistad o la de tu padre, te ayudaré
en lo que pueda, pero solo si es estrictamente necesario.
El teléfono sonó y Roberto lo descolgó.
- Si, si de acuerdo (miró su reloj) voy en un momento.

5
Roberto miró a Simón.- Ha despertado voy a ir al
hospital quiero hablar con él. Ahora tienes la ocasión ¿me
acompañas?
- Es pronto para interrogarlo, no estará en condiciones
y yo no puedo ir tengo cosas que hacer, pero te
agradecería un permiso para mañana o pasado, no creo
que salga tan pronto del Hospital. Veras Roberto tengo
entre manos una infidelidad y hay dinero, es mi salvación
y la de mi economía, “de momento”.
- Lo entiendo vamos.
Roberto abrió la puerta al lado de la suya. Diciendo al
oficial Javier que estaba en el interior, redacta un permiso
para visitar a… No sabemos el nombre de...
- Si es el señor que apuñalaron, la patrulla ha ido a
recoger sus objetos personales, puedo esperarlos o
llamarlos - contestó el guardia.
- ¿No recogieron sus efectos personales anoche?
- No, lo llevaron directamente al Hospital y entró
inmediatamente en quirófano. Puedo llamar a la patrulla.
- Hágalo y redáctele un permiso a Simón para que
pueda visitarlo, lo siento Simón no puedo hacer más son
las seis y mi turno termina a las ocho.

6
- Lo entiendo, ve con dios.
Diez minutos más tarde, Simón salía del despacho
hablando con Javier, en el bolsillo llevaba el permiso para
visitar al herido, se despidieron y se marchó.
El policía de puerta preguntó.
- Javier ¿Quién es ese tipo, con el que hablabas?
- Es Simón un buen policía y un gran compañero, lo
echaron del cuerpo por acusar a un político y a un obispo
de un crimen… Bueno no viene al caso, el acusado era un
pez gordo; le acusaron de falsificar pruebas y lo
expulsaron del cuerpo. Estaba en investigación y…
¡bueno, fue una injusticia!
- Parece que lo aprecias.
- Si yo pertenecía a su grupo y terminé patrullando por
las calles.
- Lo siento.
- Tranquilo chico uno se acostumbra a todo, en este
oficio, cualquier delincuente tiene más derechos que tú,
ya lo irás entendiendo. Los jueces no siempre imparten
justicia y cuando fallan... Mejor dejémoslo.
Dos días después Simón se presentaba en el hospital
y se dirigía a recepción.

7
- Por favor que doctor lleva a Alfredo Castro y Rojas.
- ¿Es usted familia?
- No soy policía (Simón mentía con seriedad, no
dejaba lugar a dudas) me han destinado a este caso, pero
antes quisiera hablar con el médico y saber su estado.
- El doctor Peñalver, segundo piso derecha, pregunte
a la enfermera.
Simón subió por el ascensor y siguió las indicaciones,
al fondo del pasillo vio un policía sentado en la puerta,
(esa era la habitación del herido) pronto vio a una
enfermera, dirigiéndose a ella le pregunto.
- Por favor el doctor Peñalver.
- Acaba de pasar visita, está en su oficina, llame a esa
puerta.
La puerta estaba entre abierta llamó con los nudillos
al tiempo que decía – el doctor Peñalver.
- ¿Si quien es usted, que desea?
- Verá doctor, seguramente mi compañero el
comisario Roberto habrá estado interrogando al señor
Alfredo Castro, pese a decirle que era pronto para
hacerlo. Ya sabe la juventud es muy impulsiva. Yo
quisiera saber en qué estado se encuentra actualmente

8
Alfredo y necesitaría una copia de la ficha del paciente,
simplemente, para unirla al expediente. Bien le diré a la
enfermera que le haga una fotocopia, aunque creo que ya
se la llevaron. En cuanto al estado del paciente, solo
puedo decirle que evoluciona favorablemente de sus
heridas, si no fuera por los dolores de cabeza que
tardarán en remitir, el próximo sábado lo dejaría
marcharse, pero esperaremos una semana más antes de
darle el alta, le haremos un escáner de cabeza para
asegurarnos de que el hueso ha unido perfectamente y
podrá irse.
- Como se encuentra en estos momentos. ¿Puedo
hablar con él?
- Si ahora está despierto pero no lo fatigue por favor.
Las heridas de cabeza suelen producir fatiga.
- No lo haré no tengo prisa, seguiré sus consejos.
Gracias doctor.

Se dirigió a la habitación, mostró el permiso al


centinela y pasó, como había dicho el doctor estaba
despierto y recostado sobre el lado izquierdo. Simón dio la
vuelta a la cama para verlo de frente.

9
- Buenas tardes Señor Alfredo.
- Buenas tardes ¿Quién es usted?
- Simplemente la persona que lo encontró sin sentido
y llamó a la policía. Solo quería saber cómo se
encontraba.
Mientras hablaba cogió una silla y se sentó.
- Dolorido aunque voy mejorando, la cabeza es mi
mayor problema…Pero como le han dejado entrar, la
policía me dijo que no vendría nadie y tenía prohibidas las
visitas. Aunque nadie vendrá de mi familia.
- Fui policía y uno siempre tiene amigos, como me
llevo bien con ellos digamos que ellos se llevan bien
conmigo. Tengo un permiso para visitarlo.
- ¿Ya no lo es?
- No, me echaron del cuerpo hace cinco años por
meterme con quien no debía. Acusé a un pez gordo y
pagué las consecuencias.
- ¿El caso habitación? ¿Usted es Simón...?
- Si ¿lo recuerda?
- Yo, era periodista, seguí el caso y escribí en su
favor, dándole la razón a usted.

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- Pues ya ve, seguramente no la tendría. Usted
también ha dicho ”era” ¿es que ya no trabaja como tal?
- No el periódico cerró, era un periódico pequeño, más
bien local y al Fallecer el dueño, la hija y heredera lo
cerró.
- Bueno me alegro de que alguien confiara en mi.
- El mundo es muy injusto y yo encontraba en su caso
algo por lo que luchar.
- Mire Alfredo me gustaría tener más conversaciones
con usted pero el doctor me ha dicho que no debo
agotarlo y que debe descansar. Le dejo una tarjeta en el
cajón de la mesilla, si necesita alguna cosa no dude en
llamarme.

Lunes ocho días después, Simón pasaba cerca del


hospital y decidió entrar a visitar a Alfredo, no tenía nada
urgente que hacer, entró dirigiéndose a la habitación de
Alfredo. Saludó al guardia de la puerta sin mostrarle el
permiso y se quedo parado en la puerta, era el momento
en que retiraban las bandejas de la merienda y una
auxiliar salía de la habitación llevándola entre las manos.
La señora depositó la bandeja sobre el carro y siguió su

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trabajo entrando en otras habitaciones. Simón entró en la
habitación.
Alfredo se alegró al verlo entrar, ya se encontraba
mejor y tendría con quien hablar, pero Simón le dijo que
se callara colocando el dedo sobre los labios;
inmediatamente sacó el móvil y llamó a la comisaría.
- Oye soy Simón está Roberto,... pásame con él.
- Roberto ¿tenéis algún guardia tipo sudamericano
con tatuajes que le salen por el cuello?… ¡No! pues daros
prisa estoy en el hospital junto Alfredo… No Carlos no
está en la puerta... Si lo conozco...Venid rápido.
A continuación se dirigió al enfermo.
- ¿Puedes levantarte?
- Si ¿Qué ocurre?
- Por favor, metete en el lavabo y cierra por dentro no
abras si no soy yo. ¿Tienes algo metálico? ¿Un cuchillo?
- No se lo acaban de llevar con la merienda. En el
cajón de la mesilla hay un peine de aluminio, suelo
llevarlo siempre encima.
Simón esperó a que Alfredo se encerrara y salió al
pasillo con la cabeza baja y una mano en un ojo, diciendo.

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Guardia, guardia ayúdeme a ponerme la lentilla, por
favor, se me cae.
Apenas el policía levantó los brazos, Simón sacó el
peine de la manga y se lo puso en la garganta
colocándose inmediatamente tras él.
- Y ahora las manos en alto si no quieres perder la
yugular. El falso guardia quedó inmóvil, solo notaba el frio
del aluminio en su garganta pero no podía verlo, no había
visto el peine y obedeció. Simón sacó la Taser 2 que
llevaba el falso policía colgada a la cintura y que debía
pertenecer a autentico guardia, le disparó a bocajarro. El
hombre cayó al suelo fulminado y Simón lo registró
sacándole un cuchillo y una pequeña pistola en la
pantorrilla sobre el tobillo. A continuación le ató las
manos, sacándose una brida de las cuatro que llevaba
camufladas en el cinturón (por si la ocasión lo requería).
Una enfermera se acercó preguntando, al ver el
guardia en el suelo y Simón tras explicarle lo sucedido, le
dijo que buscara a un policía por las habitaciones
contiguas. La habitación a la izquierda de Alfredo estaba
libre por seguridad y en el baño encontró al policía atado y
amordazado. Tras liberarlo Carlos (el autentico guardia)

13
todavía no se había recuperado por completo de los
efectos del gas, con que le había rociado la cara el falso
policía, el cual se había vestido con una bata de
enfermero para acercarse a él mientras empujaba un
carro; lo sacaron del baño y lo dejaron sentado en la silla,
mientras el falso se quedaba tendido en el suelo.
Simón entró y llamó a la puerta del aseo hablando con
Alfredo.
- ¿Cómo te encuentras? Ya puedes salir, ha pasado
el peligro; toma te devuelvo tu peine.
- ¿Puedo saber que ha ocurrido?
- Sí asómate al pasillo.
- ¿Que hace ese policía en el suelo?
- Venía a matarte, creo que tú y yo tendremos que
hablar, pero de momento dime ¿Cómo te encuentras?
- Bien hace días me quitaron todos los puntos y el
dolor de cabeza ha menguado.
- Ahora quiero que me digas quien, quienes y porqué
quieren matarte.
- Es una larga historia.
- Pues empieza por el principio y no te dejes nada en
el tintero.

14
- Como le dije el otro día, me quedé sin trabajo, así
que escribí un libro, lo publiqué y fue un desastre. Perdí
dinero pero solo sabía escribir y no encontraba trabajo;
inspirado en novelas de misterio escribí otro con el
seudónimo de James Washington. El libro, en el que puse
mucho interés, llegó a quedar finalista de un gran premio,
gracias en parte a unos amigos periodistas que me
apoyaron con sendos artículos sobre el mismo y mis libros
se vendieron en todas las librerías. Mi economía dio un
vuelco, pero algo dije o publiqué en él que no gustó a
algún sector, en realidad hablaba contra la religión sobre
cosas que había escuchado o leído, una noche de
invierno dos personas me abordaron por la calle llevaban
las caras tapadas con bufandas y me advirtieron que no
siguiera por ese camino, que cambiara de estilo o lo
pagaría caro. Pero yo ya tenía mi nuevo, libro empezado y
seguí trabajando en él. Un amigo Italiano me hablo de los
entresijos del Vaticano y también me puse en contacto
con otro periodista parisino, que no perdía ocasión de
meterse con la Santa Sede. Seguí escribiendo y lo edité
con el mismo “podemos decir éxito”, no me hice rico pero
mi economía cambió. En esta ocasión me siguieron y me

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mostraron sendas navajas, corrí y busqué sitios
transitados, por fin los perdí, seguramente hasta el día en
que me atacaron.
- Espera ha llegado la policía.
Roberto abrió la puerta.- ¿estáis bien?
- Si estamos enteros
- Simón cómo es posible que te encuentres en todos
los follones no puedo cubrirte las espaladas
continuamente.
- No lo hagas, cúbrete las tuyas, hace una semana
que no había venido de visita, ha sido pura casualidad
que viniese. Afortunadamente he llegado a tiempo, de lo
contrario tu tendrías más trabajo y Alfredo estaría muerto.
- ¿Qué armas llevas? No tienes licencia.
- No llevaba armas solo mi peine – contestó Alfredo.
- ¡Dios mío cómo cuento esto! – Dijo Roberto
echándose las manos a la cabeza - eres peor que un
dolor de muelas.
- Deja de decir tonterías, Alfredo ya lleva dos
atentados.
- No tres…- dijo Alfredo - si contamos la advertencia
con navajas.

16
- Bueno pues tres ¿dime como vas a protegerlo? No
siempre llegaré a tiempo.
Roberto se puso la mano en la barbilla, solía hacerlo
cuando pensaba y seguramente estaba analizando la
situación
- No es el testigo de ninguna acusación de asesinato
eso me quita, solo necesito su declaración y que esté
disponible para el juez. No puedo retenerlo y una vez
detenido el sicario, tampoco puedo ponerlo en protección
de testigos.
- Si ya lo sé; no tienes a quien acusar de sus heridas
y tienes al sicario por lo tanto no es considerado... Pero
hay que hacerlo desaparecer. Lo pueden estar buscando
e incluso diría que saben demasiado donde buscar.
Roberto creo que tendré que ayudarte pese a... Deberías
vestir al falso guardia con ropas del hospital y sacarlo en
una camilla como si estuviera muerto; iros a comisaría e
interrogadlo. Si hay más sicarios y os ven creerán que
han matado a Alfredo.
-Y Alfredo.
- Yo me quedo con él.
- Dejaré a alguien de guardia.

17
- No con un policía en la puerta declaras donde se
encuentra. Déjalo de mi cuenta. Si como te he dicho,
alguien te ve salir con un hombre en ropa de hospital
creerá que es él. Tapadle bien entre todos el rostro al
sicario y creerán que te lo has llevado. Hazme caso. ¡A!
mira el mensaje que lleva en el bolsillo interior, está
escrito en latín y firman con la palabra Inri, lleva una cruz
y una corona de espinas.
-¿Lo has registrado? No debiste hacerlo.
- ¿Y cómo quieres que le quite las armas?
- No sé, si esto no sale bien, me meterás en un lio.
- Escucha Zaplana tu padre me enseñó todo lo que
sabía y le estoy agradecido yo no te deseo mal alguno,
pero tú no puedes retener a Alfredo, él no está acusado
de nada. Céntrate en el sicario, a atacado a un guardia y
además, puedes acusarlo de intento de asesinato. Yo
declararé y tienes la declaración de Alfredo.
- Está bien, tienes razón, aunque tu declaración... Que
lo cambien de habitación y te quedas con él.
- De acuerdo, yo lo cambiaré de habitación y lo
protegeré. Vete tranquilo.
La policía se fue y Alfredo dijo a Simón.

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- No quiero quedarme aquí ¿con que va a
defenderme, con el peine? Según el comisario usted no
tiene permiso de armas.
- No nos quedaremos, te llevaré donde no te
encuentren.
- Pero usted dijo al comisario que…
- Que cambiaríamos de habitación y que te
protegería. Eso es lo que vamos a hacer, ponte la ropa
del falso policía, mientras hablo con la jefa de sala.
Simón se dirigió a una enfermera.

- Por favor es usted la jefa de sala.


- Si me llamo Rosario ¿Qué ocurre?
- Señora Rosario, después de lo que ha ocurrido nos
llevamos al paciente, desearía dejar una carta al médico o
una nota y si fuera tan amable, pido su ayuda para seguir
el tratamiento y llamar una ambulancia.
- Bien y ¿donde lo llevan?
- No estoy autorizado para decirlo, pero bueno a usted
se lo diré como un secreto, lo llevamos a un hospital
militar.

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- Entiendo miré, aquí tiene folios para escribir, le haré
fotocopias del expediente y le daré las pastillas.
- No sabe como se lo agradezco, la policía en
ocasiones solo encuentra trabas burocráticas; agradeces
cuando te encuentras con personas tan competentes y
comprensivas como usted y nos ayuda.
Simón no sabía el gran descanso que significaba para
ella no tener enfermos que cuidar en el hospital, como
Alfredo.
Bajaron por urgencias y una ambulancia les esperaba,
Alfredo se tumbó en la camilla y lo taparon por completo
con una sábana dejando una pierna fuera para que se
viera el uniforme de policía con que se había vestido.
Toda precaución era poca.
El conductor preguntó - ¿donde los llevo?
- Diríjase al cementerio de la Almudena.
El conductor obedeció y a poco Simón le hizo cambiar
de ruta y retroceder hasta llegar nuevamente a las
inmediaciones del Hospital. Ambos bajaron por la puerta
lateral y la ambulancia volvió al Hospital. Anduvieron unos
pasos y Simón abrió su coche.
- Ponte la gorra de lado para que no te reconozcan.

20
- ¿Y ahora donde vamos?
- A mi casa.
Simón apretó el mando que llevaba en el coche y una
puerta se abrió, dando acceso a un garaje. Tras dejar el
coche subieron al primer piso con el ascensor. Paró y
abrió la puerta a su derecha, Alfredo vio una puerta
acristalada donde ponía Simón Beltrán detective privado.
Entraron en la oficina, una señora de alrededor de
cuarenta y cinco estaba al teléfono. Al verlo entrar dijo.
- El comisario pregunta donde estas.
- Dame el teléfono. Si Roberto… no, no, te hemos
hecho un favor ha tomado el alta voluntaria… si, si lo he
dejado en un chalet con mi hermana, estará bien… no, no
lo encontraran ni tú sabes dónde está… si es mejor así y
te quitas un dolor de cabeza… si yo también te quiero,
saluda a tu padre… bueno cuando lo veas, adiós.
Alfredo se quedó mirando a Simón - ¿pero me va a
llevar a un chalet con su hermana?
- Yo no tengo hermanas y mucho menos con chalet.
- Si lo conocen a usted y saben que vive aquí yo…
pueden venir y…
Simón hizo el sordo y le dijo a “su mujer”

21
- Carol puedes darle ropa mía, debemos gastar casi la
misma talla, bueno más o menos, quédate en casa, no
tardaré en ir dale de comer y que se acueste debe estar
agotado. Alfredo ve con ella.
Salieron del despacho y subieron las escaleras al piso
superior, Carol abrió la puerta y entraron.
- ¿Es aquí donde vive?
- Vivimos,
- Ya entiendo, es su marido.
- Si y no, acompáñeme, miré esta es la habitación de
mi hijo, posiblemente le guste más su ropa que la de
Simón y creo que le puede venir incluso mejor. Si quiere
puede utilizar el batín y las zapatillas, El aseo está a su
derecha. ¡Ah! ¿Le gustan las costillas de cerdo?
- Lo que usted haga estará bien - Alfredo debió
pensar que siempre estaría mejor que la comida del
hospital.
Diez minutos más tarde salió con un pijama y el
albornoz, se sentó a la mesa mirando el televisor, se fijó
en que medio tabique de la cocina había desaparecido y
con ello el salón era o parecía, más grande. Carol veía la
televisión mientras hacía la cena.

22
- Señora Carol ¿es aquí donde voy a vivir unos días?
Simón parece muy seguro de que aquí no me
encontrarán.
- Su vivienda es su despacho. Esta es de mi
propiedad no verá su nombre en el timbre de la puerta ni
en el buzón.
- Ya entiendo el vive abajo.
- No él vive conmigo y anteriormente también con mi
hijo.
Está bien me explicaré y evitaremos preguntas, mi
marido y él siempre fueron amigos, y nacieron aquí en
estos dos pisos, los dos decidieron ser policías. Cuando
mi hijo tenía cuatro años mi marido falleció y Simón se
ocupó de que no nos faltara nada, el tenía novia o amiga
no lo sé. Pero no se casó con ella, para mi hijo siempre ha
sido “El tío Simón” incluso cuando empezó a vivir aquí.
Entre él y yo hay algo más que una buena amistad
“somos amantes” y hemos hecho el pacto de no casarnos.
Gracias a dios yo cobro mi viudez y de ella comimos
cuando lo echaron del cuerpo.
- Perdone yo no pensaba preguntar tanto.

23
- Si vamos a vivir un tiempo juntos, será mejor que lo
sepa no es un secreto.
- ¿Su… su hijo?
- Está en Inglaterra perfeccionando el inglés, pero
creo que algo o alguien lo retiene. Ya ha cumplido
veintitrés y trabaja en una Pizzería; mientras en teoría
practica.
- Si comprendo.
La llave en la cerradura sonó y entró Simón.
- Buenas noches, ¿cómo se encuentra?
- Parece que mejor que en el hospital, creo que el
ambiente me deprimía.
- Bien hablemos. Antes de ir a verle esta tarde, hace
unos días hable con el doctor, me dijo que su cabeza no
sanaría por completo hasta cumplir el mes y también que
por las demás heridas no habría más problemas. Deduzco
que debe pasar al menos dos o tres semanas con Carol
sin salir a la calle. Para entonces estará completamente
restablecido y usted decidirá que hace con su vida. No
nos tome por niñeras solo le hago un favor. Creo que a
cambio podría contarme el resto de… aunque será mejor
que cene, tiempo habrá de hablar de libros.

24
Mientras cenaban Alfredo miró a Simón.
- ¿Siempre son así sus días?
- No hijo, los hay muy aburridos, pero come y
acuéstate.
- Sabe Simón, miente usted como nadie, no le ha
dicho ni una sola verdad al Comisario.
- Oh, no lo tome así, solo le quito problemas. Le dije
que lo cambiaria de habitación y lo he cumplido. Mi primer
compañero fue su padre y me enseñó a no fiarme ni de mi
sombra.
- Verá, no soy rico pero tengo dispongo de dinero, mi
estancia en su casa la pagaré.
- Ves Carol tenemos un inquilino sin saberlo... Ahora
acuéstese yo debo irme, mañana hablaremos y quiero
saberlo todo de usted, hasta las comas o no podré
ayudarle.
Simón salió de la vivienda y Alfredo preguntó a Carol.
- ¿Trae mucha gente por aquí?
- No nunca ha traído a nadie, usted es el primero, ha
debido caerle bien.
- ¿Y usted acepta todo lo que él decide?

25
Carol giró la cabeza, lo miró y sonrió.- Usted no lo
conoce no hace nada sin un motivo o una razón
poderosa. Usted dice que miente y yo le diría que es el
hombre más sincero que conozco, al menos cuando no
trabaja. Acuéstese y hágale caso suele tener siempre
razón.
- Si estoy agotado gracias por la cena hacía años que
no cenaba tan bien; buenas noches.

Nueve de la mañana, Carol está en la cocina y Alfredo


sale del aseo.
- Buenos días señora Carol.
- Buenos días ¿Qué suele desayunar? Le estoy
preparando tostadas.
- Van bien, suelo tomarlas con café.
- Sobre la mesa, tiene galletas, miel y leche, sabe
utilizar la cafetera.
- Si tengo una igual en mi casa.
- En ese caso sírvase, si necesita algo más la nevera
está a su disposición, ahora debo irme, he de hacer la
compra antes de ir al despacho.
- ¿Y si la llaman mientras...?

26
- Recojo la llamada en el móvil y siempre llevo un bloc
en el bolso.
- Vaya están en todo. Un momento, ¿Simón?
- Duerme no lo molestes, llegó tarde.

- Sobre las diez se escuchó la cisterna del baño


quince minutos más tarde Simón salía completamente
vestido para salir a la calle.
- Buenos días, Alfredo ¿ya ha desayunado? Dijo
mientras cogía pan, se colocaba jamón entre dos
rebanadas y sacaba una cerveza de la nevera.
- Buenos días, si hace una hora.
- Como se encuentra.
- Yo diría que bien.
- Me alegro, tiene usted las llaves de su casa o…
- No debe tenerlas la policía.
- Si, si las tienen lo tienen todo, necesita algo de su
casa, cree que sus enemigos, sabían donde vive.
- Creo que no – no estoy seguro.
- ¿De dónde venía la otra noche?
- Fui al cine, en ocasiones un detalle de una película
puede darte una idea para escribir.

27
- ¿Necesitas algo de tu casa?
- Solo el ordenador, allí lo tengo todo.
- Bien voy a llamar a Roberto e iremos a tu casa. Solo
queremos saber si han instalado micrófonos.
- Y su trabajo.
- Lo tengo terminado hasta el viernes a las once.
Simón salió cerrando la puerta. Y se dirigió a la
comisaría, con permiso de Roberto, recogió los efectos
personales de Alfredo y de allí en un coche camuflado
fueron a la vivienda. El viejo ascensor los subió al tercero
Nº 6 Simón abrió la puerta, el piso era de alquiler y muy
pequeño, alguien lo había visitado sin estropear la
cerradura, los papeles estaban revueltos y algunos por el
suelo, el colchón estaba abierto y en el suelo, los cajones
de las mesillas…
Simón miro el escritorio, el ordenador portátil estaba
intacto y en su sitio.
- Roberto, mira el ordenador.
- ¿Qué le ocurre? Ya lo veo y no… ya entiendo
Simón, cualquiera que buscase algo miraría en el
ordenador y en caso de robo sería lo primero que
cogerían.

28
- Exacto, creo que lo vigilan desde el ordenador.
Podrías llevarlo al equipo de…
- No siguas hay cola al menos de una semana.
- Te importa si me lo llevo yo.- Dijo mientras miraba
por la ventana.
- No ¿qué miras?
- Si hay alguien abajo. Vete yo te seguiré, cogeré un
taxi.
- Bien tú sabrás lo que haces.
Apenas se fue Roberto, Simón busco por el piso,
cogió un viejo carrito de la compra, puso el ordenador y
ropa de Alfredo sobre él llenándolo. Apoyándose como un
viejo en el carro salió del edificio y en cuanto abandonó la
calle cogió un taxi y le dio una dirección. Era una pequeña
tienda de electrónica. Entró y vio a Poli con sus tatuajes,
las orejas perforadas y pirsin.
- Hola Simón ¿Qué haces en mi tienda?
- Necesito un favor.
- Que quieres un móvil sin rastreador.
- No el que tengo funciona es algo más grande un
ordenador, podemos pasar dentro.
- Vale.

29
Poli gritó ¡María sal al mostrador! – mientras ellos
entraban María salía.
- Bien tú dirás, pero te aviso que te voy a cobrar.
- De acuerdo, pero si es mucho, no podre pagarte
hasta la semana que viene, el lunes cobro.
- Como me jodas despídete de mí.
Escucha Poli, esto es serio casi han matado a un
hombre por lo que hay aquí dentro. Me gustaría que lo
desmontaras antes de ponerlo en marcha. La sonrisa de
Poli desapareció.
- Vale veamos.
Poli sacó la batería y empezó a desmontar no tardó
en decir.- Esto no es de aquí. Precisamente tengo otro
Vaio para cambiarle el disco duro, mira. Ese no lo lleva y
es más moderno o del mismo tiempo. ¿De quién es este
ordenador?
- De un escritor.
- En ese caso no necesita más velocidad para escribir
y no creo que la aumente. Lo quitaré, no sé lo que es, me
costará un poco.
Veinte minutos más tarde.
- Simón vamos a enchufar.

30
- ¿Qué haces? Tapando la cámara con cinta.
- Me aseguro. Vamos a ver los programas y…
- ¿Y qué?
- Han borrado programas.
Poli empalmó un aparato al ordenador y empezaron a
salir cosas en la pantalla números y esquemas raros,
Simón no entendía nada. Media hora después dijo Poli
escuetamente.
- ¿Cuánto dinero llevas encima?
- Siempre llevo cien o ciento cincuenta, por lo que
pueda pasar.
- Venga dame ciento veinte. Te hago un gran favor.
Cuando este ordenador se encendía, inmediatamente
comunicaba con lo que hay en este pendrive negro. Te lo
he copiado y ahora se está borrando todo. En cinco
minutos te lo puedes llevar y ya en tu casa le instalas este
pendrive rojo y a continuación el blanco.
- Negro, Rojo y blanco.
- Recuerda Negro malo, primero Rojo, después y
último Blanco, no te equivoques en el blanco van los
nuevos programas para instalarlos.

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Simón sacó la cartera y le dio ciento cincuenta euros
que llevaba, el trabajo había sido bueno.
- Toma no llevo más, me dejas ciego.
Poli sonrió.- Así me tendrás a tu disposición. ¿Es
verdad que no cobrarás hasta el próximo lunes?
- Verdad de la buena.
- En ese caso te devolveré diez euros, al menos
tomarás café, je, je, - se rió- pero no me pagas los
pendrive, te agradecería que me los devolvieras.
- Cuenta con ello.
Poli era un hacker conocido por la policía, había
pasado dos años en la cárcel y pese a tener ofertas de
diferentes empresas, solo disfrutaba con la independencia
y la libertad; era feliz a su modo, con poco dinero,
vendiendo carcasas de móviles o reparando lo que caía
en sus manos.

Antes de regresar a su casa, pasó por la comisaría y


preguntó por Roberto.
- No se encuentra en estos momentos- contestó el
policía de puerta.
- ¿Puedes darme un sobre?

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- Si señor Simón, tome.
- Vaya ya te han hablado de mi.
- Si señor, el oficial Javier.
Simón anotó en el sobre depositando el pendrive
negro: Que miren el contenido los especialistas ¡no lo
pongas en tu ordenador! Y firmó Simón.

Llegó a la oficina – buenos días Carol ¿nuestro


invitado sigue arriba?
- Si, hace media hora allí estaba. Oye estoy
imprimiendo las fotografías, aquí hay de todo, ¿son todas
válidas?
- Sí esta vez, habrán dos sobres y una carta si juego
bien las cartas cobraré por ambas partes.
- ¡Piensas hacer chantaje!
- ¡No! sabes que no es mi estilo, solo pedir la
voluntad. Tengo una entrevista con el señor Jorge el
viernes a las once. Voy arriba.
Alfredo estaba sentado frente el televisor.
- Buenos días Alfredo he traído su ordenador y sus
efectos personales. Tome, las llaves de su casa, su

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cartera, con su dinero, trescientos euros, según la policía,
el móvil y una llave con una cuerda.
- Si la llevaba al cuello, debieron quitármela.
- Bien hablemos antes de comer Carol no tardará en
subir - Simón apagó la tele – Señor Alfredo no se en que
lio está metido, su casa estaba revuelta, todo menos su
ordenador, lo cual me hizo pensar que quien lo hizo no
quería dañarlo, lo llevé a un amigo y este me confirmó mis
sospechas. Sus enemigos conocían todo lo que usted
hacía, pues apenas lo encendía se conectaba con ellos.
Incluida por descontado su ubicación. Por cierto me debe
ciento cuarenta euros.
Puedes utilizarlo, todo está borrado y formateado,
tendrás que instalar primero el pendrive rojo y después el
blanco. No sé para qué, pero es lo que tienes que hacer.
Antes de que se me olvide, no utilices tu móvil no
sabemos si lo rastrean, si necesitas hacer una llamada
antes me dirás a quien y lo harás con mi móvil o en el
despacho. Tengo que mirar por la seguridad de Carol.
¿Entiendes?
- Si lo tengo claro y le agradezco su ayuda. Tome
cóbrese los ciento cuarenta.

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- Bien, en ese caso después de comer, seguiremos
hablando.
Simón entró en la cocina y diez minutos más tarde lo
hacía Carol.
Mientras comían, Alfredo parecía ausente y apenas
dijo nada. Carol y Simón se dieron cuenta. Al terminar de
comer Simón le dijo que se acostara y este aceptó. En
realidad no estaba completamente restablecido. Simón
bajó a la oficina y escribió una carta a continuación
preparó dos sobres con las fotografías, de un seguimiento
durante un mes. Mirando otros asuntos recordó que una
librería cercana, habría a las cuatro treinta y se dirigió a
ella, el dueño estaba abriendo.
- Por casualidad tiene algún libro de James
Washington.
- Si un momento y se lo saco.
Compró el libro y regresó, Alfredo seguía durmiendo y
se puso a ojearlo; media hora más tarde, apareció y se
sentó frente a él.
- Quiere usted café hay bollos o si quiere comer
algo…
- Un café por favor. Gracias.

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Simón hizo dos cafés y le sirvió.
- Veo que ha comprado mi libro.
- Sí, quería saber que escribe usted, para que quieran
matarlo.
- Pagina 147 dijo mientras tomaba un sorbo.
Simón buscó la página y leyó para sí mismo.
- He ojeado el libro y parece un libro de aventuras,
esta página en apariencia lo confirma, cuando dice que en
el valle de Qumran se ha encontrado el evangelio de
judas. No sabía que judas era evangelista.
Ni yo tampoco, hasta que empecé a investigar como
un Indiana Jones. Nunca antes me había interesado la
religión, pero tras leer “El último catón” de Matilde Asensi,
busqué mi propia aventura y me puse a investigar sobre
los rollos del mar Muerto.
Como una cosa lleva a otra, no tardé en encontrarme
leyendo evangelios apócrifos. En realidad la iglesia
católica había hecho poco caso de los rollos del mar
Muerto, pues no contenían más que el antiguo
testamento. Pero en 1886 los franceses encontraron en el
alto Egipto, una tumba del año 800, pertenecía a un
monje y en su pecho cogida con las dos manos tenía una

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carpeta con tapas de madera y bien conservada, en su
interior redactado en papiro, se encontraban los
evangelios de Pedro.
La historia coincidía con otros escritos que había
leído, según los cuales, a la muerte de Jesús, Pedro
había remontado el Nilo en busca de la tribu de Benjamín.
Ahora el problema radicaba en conseguir una copia.
Al mismo tiempo, conseguí el evangelio de Tomás y el
de Judas. El libro que tiene en sus manos me ha abierto y
cerrado muchas puertas.
- Perdona me estoy perdiendo, quieres decir que has
conseguido una reliquia y te buscan por eso.
- No, no tengo ninguna reliquia, pero existen bien
guardadas, he conseguido las traducciones de los tres…
Sí las he conseguido y ese es mi siguiente libro al que he
titulado “Camino de la verdad” el cual hay alguien
empeñado en que no lo edite. Hace unas semanas mandé
una copia a mi editor y dos días después casi me matan.
- ¿Lo tenías en el ordenador?
- Si desde él lo mandé.
- Pues en tu ordenador no queda nada. Lo siento.
- No pasa nada, seguramente ya lo estarán editando.

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- ¿Has hablado con la editorial? Yo de ti lo haría
pero…
- Si ya sé desde su móvil.
- ¿Y has pensado como librarte de ellos?
- No se quienes son. Ni como me encontraron
- Ni nosotros a no ser que el sicario confiese.
- ¿Usted cree que confesará?
- Por experiencia se que aunque lo haga, no resolverá
nada, ese tipo de gente, no suele saber quien los
contrata, son simples muertos de hambre, que se venden
por cuatro monedas, con las que no solucionan más allá
de un año de su mísera vida. Todos suelen terminar mal,
en la cárcel o muertos, por los mismos que los contratan.
- Vaya lo tiene usted difícil.
- Aclaremos las cosas, Alfredo. Yo no tengo nada
difícil, ni contratado con usted, mi investigación solo se
centra en ayudar al comisario. En cuanto usted se
encuentre bien se irá y yo me quedaré tranquilo con mis
investigaciones sobre mujeres que engañan al marido y
hombres a los que denuncian para vivir de ellos. También
de ellos vivo yo.
- Pero yo creía…

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- No crea nada, yo ¡no soy policía! y no puedo llevar
armas, no puedo ponerme en peligro a ciegas. Lo siento y
le aconsejaría que empiece a pensar en cambiar de
domicilio. Y desde luego lejos de Madrid.
Alfredo se quedó mudo, esa noche cenó poco y se
acostó temprano.
Al día siguiente, preguntó a Carol por Simón.
- Hoy está en la oficina esperando que llame un nuevo
cliente, No todos los días tiene trabajo.
- Yo creía que se haría cargo de mí.
- Y lo ha hecho, pero no puede inmiscuirse en casos
de la policía. Mire Alfredo, Simón es policía desde que
nació fue su ilusión y su meta. Pero hoy solo dispone de
una licencia de investigador privado, con las restricciones
que eso conlleva, tiene retirada la licencia de armas y hay
gente dispuesta a quitarle la licencia de investigador. El
no sabe hacer otra cosa y es bueno en lo suyo.
- ¿Qué podemos hacer? mi paga de viudez son solo
seiscientos euros. Comprenderá que no puede
arriesgarse y ya lo ha hecho con usted.
- Perdone tiene usted razón, egoístamente había
pensado que podría comprar sus servicios.

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- Podría hacerlo pero es muy arriesgado para él,
comprenda es más lo que puede perder que ganar. Pero
le diré que su sinceridad es el mejor apoyo si quiere
comprar su ayuda, aunque como sabe su caso es cosa de
la policía.

Simón mientras tanto sentado en la mesa de su


despacho leía el libro de Alfredo, esperando alguna
llamada. Solo subió a comer y bajo como tenía por
costumbre al bar de la esquina, donde solía tomar un café
y un brandy cuando no tenía trabajo, esta vez no se
recreó tras la consumición y subió a terminar el libro.
Sobre las ocho cerró el despacho y subió, sobre la
mesa del comedor Alfredo estaba terminando de instalar
el segundo pendrive en el ordenador.
Simón tras saludar entró en la cocina y besó en el
cuello a Carol.
Se sentó en el sillón frente el televisor y preguntó.-
¿Está todo a tu gusto?
- Si, en cuanto a programas. Me he quedado sin
archivos.

40
- Es el mal menor. Sin archivos y sin espías que
sepan lo que haces. “Mejor así” Aquí puedes conectarte,
pero no busques donde te puedan encontrar, podrían
seguirte con un simple virus. Sobre todo no te
comuniques con tu editor, seguro que te están esperando.
- En realidad no puedo hacer nada por miedo.
- Si puedes, puedes escribir y buscar algún programa
que te falte. Pero no comunicarte con conocidos. Ni
mandar correos si no cambias el tuyo junto a la
contraseña.
-Sí, lo entiendo he sido poco previsor.
- Escucha he leído tu libro y no encuentro nada que
puedas haber escrito para que quieran matarte, hay una
gran cantidad de libros similares al tuyo e incluso más
fantásticos, no pasa de ser un libro de aventuras con algo
de ficción.
- Y si yo le dijese que no hay nada de ficción.
Carol sacaba los platos. Simón se levantó y se fue a
la cocina en dos minutos la cena estaba sobre la mesa, se
sentaron y simón preguntó.
- Carol ¿cuántos evangelios conoces?
Carol contestó sin titubeos.- Cuatro

41
- Ves, Carol tenía un tío cura y su familia era muy
religiosa.
- Perdone Carol ha escuchado usted hablar de los
evangelios agnósticos y apócrifos.
- Esa palabra me suena, pero no se dé que se trata.
- Son los evangelios que rechazó la iglesia en lo que
se supone, el primer concilio de la iglesia, fue en el año
trescientos veinticinco. Y puedo asegurarles que existían
cerca de cincuenta. Hoy solo tenemos que preguntar en
Internet y recibes las respuestas.
- ¿Y la iglesia? – preguntó Carol.
- La iglesia los quemó y ocultó, no le interesaban,
hasta que copias ocultas han ido apareciendo y han
tenido que callar disimulando y no dándoles importancia.
- Y que dicen, para que les tema la iglesia.
- Prácticamente nada y mucho, pero han hecho que
los científicos y arqueólogos se fijen en ellos estudien y
comparen, al tiempo que comprueban la historia escrita
que nos han hecho llegar y creer hasta hoy.
Mire usted Carol. En tiempos de Jesús nadie sabía
escribir, solo los romanos tenían un escriba o como
mucho dos, los sacerdotes no todos eran escribas pero

42
tenían los suyos propios. Los que podrían haber escrito la
verdadera historia eran los escribas del pueblo; ellos
vagaban de pueblo en pueblo buscando mercados o
festejos donde fueran necesarios, viajaban con todo a
cuestas, fabricaban su propia tinta al encontrar trabajo,
con limaduras de partes solidas, para no ensuciarse por el
camino. Como lo haría usted con un trozo de carbón.
- ¿Dónde quiere llegar?
- Se lo diré, nadie escribió de primera mano la vida
de Cristo, ningún evangelio de los conocidos hoy es
anterior al siglo tercero después de Cristo, solo el de
Tomás, es el único que se acerca a los doscientos. Quiero
decir que lo que tenemos son copias de otras copias que
se escribieron de oídas.
- ¿Cómo pueden saber los años de los escritos?
- Por medio de unas pruebas llamadas Carbono 14. Y
por los propios escritos en los concilios
- ¿Y por qué es tan importante el de Tomás?
- Tal vez sea el único escrito por un discípulo, Tomas
habla con Jesús y este le dice que puede ser como él,
solo tiene que entender la verdad de la vida y la muerte,
en su evangelio no hay milagros solo palabras. Ni se

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habla de la niñez de Jesús ni las tentaciones en el
desierto, tampoco de otras muchas cosas atribuidas a
Jesús y que nadie vio, pues según dicen ellos mismos “se
encontraba solo” nadie lo conoció en su niñez hasta que
empezó a predicar y cogió adeptos, tampoco se habla de
otros predicadores como él y habían muchos en la época.
Hay mucha farsa y fantasía en todo lo que le rodea. Y
como suele ocurrir también en nuestros tiempos la
fantasía añade y magnifica. Muchos de los milagros que
se le atribuyen, tienen fácil explicación, pero eso no es
interesante, magnificarlos y engrandecerlos sí. En síntesis
hay que saber vender el producto.
En cuanto al de Pedro es una fantasía seguramente
escrita en el seiscientos o setecientos y no precisamente
por Pedro, este podría haber sido escrito por el monje que
lo llevaba abrazado cuando se descubrió la tumba. Pedro
era pescador no escriba o sea “analfabeto”. En cuanto al
de Judas…
- Alfredo no sigas con el de Judas, sigo sin ver por
qué te quieren matar y quien- contestó Simón que estaba
en la cocina.

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- No le hagas caso, mañana me lo contarás a mí –
dijo Carol.
- Eso cuéntaselo mañana ahora quiero ver el
Hormiguero.
- Simón, ¿cree que puedo utilizar la tarjeta?
Creo que si no veo problemas, ellos no son la policía.
Yo creo que, si pudieran ya te abrían sacado el dinero de
la cuenta.
Acuérdate de dejarme el móvil sobre la mesa,
mañana quiero comprobar si te siguen.

Simón pasó por el despacho y cogió los sobres había


llegado el momento de la entrevista con Jorge.
Pasó por la tienda de Poli. Este estaba tras el
mostrador atendiendo a un cliente, le puso la carcasa
nueva y cobró.
- ¿Me has traído los pendrive?
- Si toma necesito otro favor.
- Te saldrá caro.
- Calla y atiende, quiero que inspecciones este móvil
por si lo pueden seguir.
- Crees que soy adivino.

45
- Vamos no me vengas con cuentos, cuando lo hayas
revisado, quiero poder seguirlo yo.
- Vale eso es fácil.
En una hora vengo a recogerlos.
- ¿Llevas dinero?
- Llevo una pistola.
- Vale hombre vale, era broma.
Simón se fue a la oficina de Jorge en un gran edificio,
ando más de veinte pasos hasta llegar a recepción.
- Por favor tengo una cita con el señor Jorge San
Juan.
- Tercer piso al fondo, su nombre está en la puerta y
los ascensores enfrente.
Tomo el ascensor y marco el tres, cuando abrió las
puertas a derecha e izquierda se distribuían las oficinas
con paredes acristaladas. Cruzó el pasillo y llamó a la
puerta.
Adelante - se escuchó desde el interior. Abrió la
puerta y pasó. ¿El señor Jorge San Juan? Tenía una cita
con usted a las once.

46
- Si debe ser usted Simón (se levantó y le estrechó la
mano para sentarse inmediatamente) por favor sea breve
le escucho.
- Don Jorge desearía que saliera su secretario.
- Lo que tenga que decirme a mi, puede escucharlo
perfectamente y por favor sea breve tengo que coger el
Ave.
- Si lo sé y de eso se trata.
Simón sacó un sobre y lo tiró sobre los papeles que
estaba leyendo, una mirada de rabia salió de los ojos de
Jorge.
- Mire lo que hay dentro (simón seguía de pie frente a
él).
Con rabia sacó las fotografías y su rostro cambió,
dijo.- ¡Pedro sal por favor!
Cuando Pedro salió levantó la vista y Simón se sentó.
- Que significa esto.
- Dígamelo usted, ¿Qué puede significar?
Jorge temblaba y su rostro cambiaba de color.-
¿Quiere hacerme chantaje? ¿Es eso?
- No señor, puede guardarse las fotos o destruirlas y
le aseguro que no hay negativos.

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- No entiendo en ese caso ¿qué quiere?
- Salvar su matrimonio y ahorrarle diez millones de
euros..
- ¿Diez millones? explíquese.
- Ese es el sobre que debería entregar a su mujer y
sin embargo voy a entregarle este – sacó el otro sobre y
se lo dio – en su interior va una carta, puede leerla pero
con condiciones.
- Jorge no salía de su asombro y sus manos seguían
temblando. Leyó la carta y miró las fotos.
- ¿Seguro que le entregará este sobre y la carta a mi
señora?
- Si al salir de aquí la mandaré.
- Ha dicho usted con condiciones ¿Cuánto piensa
sacarme?
- No he venido a por dinero y no será porque no me
hace falta, pero creo que debo salvar su matrimonio.
Cada vez entiendo menos, me tiene en sus manos
y...
- Si es verdad y el divorcio le costaría la mitad de su
fortuna unos diez millones de los veinte con que está
tasada.

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- Sabe usted mucho de mí.
- Si es mi trabajo. Mire usted don Jorge no es usted
un mujeriego aunque lo haya pillado, una sola vez en dos
meses y con una señora clienta a la que no podía
despreciar o perdía la clienta. Y sin embargo ha buscado
escusas cuando otros amigos o clientes le han hecho
propuestas, ha sabido capear el temporal y salir airoso sin
hacer vida nocturna. Reconozco que me lo ha puesto
difícil.
- Mire usted yo quiero a mi mujer y para mis hijos
sería… No quiero ni pensarlo.- Jorge temblaba.
- Pues no lo piense, pero complazca a su señora,
cuando una mujer pide ayuda a una persona como yo, sé
por experiencia que está al borde de engañar al marido o
pedir la separación.
Le diré lo que me imagino, usted llega cansado a su
casa en Valencia, le da un beso a su mujer, se interesa
por sus hijos, cena y ve la televisión, le entra sueño y se
acuesta, hasta el domingo o martes antes de volver a
Madrid, seguramente ignorará a su mujer el resto de los
días, como mucho el sábado o el lunes la llevará de
compras. Usted cree que solo con trabajar e ingresarle

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dinero en su tarjeta, lo tiene todo resuelto y no es así.
¿Qué opinaría usted si después de pasar tres días en
Madrid su señora al regresar a su casa apenas lo besara
y ni se preocupara por su felicidad? ¿No creería que le
engaña?
Jorge miraba como hipnotizado a Simón. Al fin dijo.
- Ha retratado usted mi vida. ¿Qué puedo hacer?
- Haga que su señora se sienta importante para usted.
Debe estar sobre cincuenta y cinco años...
- Cincuenta y seis.
- Ya no es un niño y lo entiendo, con el tiempo el sexo
pierde valor y lo gana el cariño y la convivencia.
Demuéstrelo a su señora, de vez en cuando llévela al
teatro o sáquela de cena, intente que se sienta importante
a su lado. Usted sabrá como hacerla feliz mejor que yo.
Por favor devuélvame el sobre que debo mandar.
- ¿Eso es todo?
- Si todo el resto está en sus manos.
- ¿No me pide nada?
- No señor es usted una buena persona.
- Yo quisiera agradecerle…

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- Tome mi tarjeta en ella va también mi cuenta del
banco, no suelo coger nunca dinero en metálico, en mi
oficio hay que evitar las fotos comprometedoras, si cree
que me he ganado una indemnización es cosa suya. Pero
si alguna vez necesita mis servicios recuerde que vivo de
ello y no siempre hay trabajo.
- Gracias señor Simón – Jorge alargó su mano y
Simón la estrechó, mientras se despedía.
Al salir le dijo al secretario que pasara y se fue a
correos a certificar el sobre. Al volver pasó por la tienda
de Poli.
-Ya lo tienes.
- Si mira esta aplicación, en cuanto este teléfono
encienda será localizable vía satélite por el tuyo, están
hermanados, solo tienes que pulsar en este signo y
sabrás donde se encuentra. Antes he quitado su correo y
algunas cosas que no necesitaba.
Me debes…
- Te he devuelto los Pendrive. Vale te daré…
- ¿Cincuenta? Simón- dijo Poli.
- Cuarenta este servicio no lo cobraré, lo pago yo.
- Vale.

51
- Cuando salía Poli dijo – ¡oye Simón! pensaba
cobrarte treinta.
Simón sonrió y se fue, moviendo la cabeza.

Mientras tanto Carol hablaba con Alfredo y este le


daba explicaciones sobre el evangelio de judas, el cual
creía que estaba manipulado como todos los anteriores.
En el judas no era un traidor sino que se ofrecía para
morir en lugar de Jesús, mientras este lo trataba como al
más listo de sus apóstoles. Y le daba consejos.
- Todo eso está muy bien y yo lo desconocía, puede
que tenga razón “o no” pero si está escrito y se han
encontrado, que puedo decir. Pero acláreme una duda,
¿Cómo llegaron a nosotros los cuatro conocidos?
- Su pregunta tiene fácil respuesta, está escrita
oficialmente y bien documentada.
Durante el año trescientos de nuestra era, los
evangelios no estaban unidos como ahora, solo eran
pasajes, cartas u hojas sueltas. Cada comunidad tenía o
creía la historia de forma diferente, no había una unión y
pocos o nadie tenía a Jesús por hijo de dios, ni como dios,

52
solo como a un profeta “más” como podría ser Isaías o
Jeremías.
Constantino necesitaba un gran ejercito para marchar
a sofocar sublevaciones y conquistar nuevos territorios.
Debió pensar en un signo que uniera todas las
religiones en una, para así unir una gran fuerza. El era
pagano pero las diferentes ramas del cristianismo,
proliferaban de boca en boca, eligió un signo que pudiera
unir todas las ramas, eso significaba más gente o más
soldados, así dijo que la cruz le había hablado, a
continuación reunió a los obispos de las diferentes
corrientes cristianas en el concilio de Nicea, año 325 y en
él se pusieron las bases del cristianismo actual, aunque
desde el siglo primero ya había papa, este no era
considerado más allá de un consejero o el primer ministro
de Jesús en Roma.
El obispo Osio de Córdoba fue quien presidió el
concilio y Atanasio de Alejandría, el encargado de unir las
diferentes hojas sueltas en cuatro evangelios que
sirviesen para todos. El papa no tenía más remedio que
aceptar las decisiones; nacidas del concilio, el cual le
beneficiaba. Alejandro consiguió unir bajo el signo de la

53
cruz un gran ejercito para llevar a cabo sus conquistas.
Todo lo que no salió de las manos de Atanasio fue
considerado ilegal y blasfemo. Por lo tanto debía ser
quemado y destruido, pero algunos escritos se ocultaron y
han llegado a nuestras manos.
Posiblemente ese fuera el motivo para que algunas
tribus ocultasen sus escrituras, como por ejemplo los
Esenios. Se cree que los escritos hallados en el mar
Muerto, pertenecían a ellos.
No sabemos a ciencia cierta quienes escribieron los
evangelios ni tampoco si hay mesclas entre ellos, tal vez
buscaron semejanzas y unieron lo más parecido.
- Hay cosas que no entiendo Alfredo, si como dice
todo se sabe, por que quieren matarlo a usted. No habrá
hecho usted alguna cosa, fuera de los libros.
- Créame yo tampoco lo entiendo, pero sé que se
trata de los libros por las amenazas recibidas. He llegado
a pensar que yo puedo ser el chivo expiatorio.
- ¿Qué piensa hacer?
- Como dice Simón, desaparecer y no esperare más
de una semana, me encuentro bien, el pelo ha crecido, ya
me tapa la cicatriz y los dolores de cabeza van

54
desapareciendo. Tengo que hablar con él y decidir lo
mejor para mí.
- Quiero que sepa que no es usted una carga. Al no
estar mi hijo usted llena su vacío, no hay prisa.
- Se lo agradezco pero debo seguir con mi vida.
La cerradura sonó y entró Simón.- Cómo va la comida
hoy tengo hambre.
- El potaje se está terminando, puedes ir poniendo la
mesa.
- De acuerdo Carol – se dirigió a Alfredo - Tome su
móvil, ya no tiene correo, escuche durante un tiempo
cuando lo encienda yo recibiré una señal así sabré donde
se encuentra.
- Pensaba irme en una semana como mucho, me
encuentro bien.
- Puede hacerlo cuando quiera pero no regrese al
piso, ¿tiene algo que le interese en él?
- Era de alquiler solo falta algo de ropa, pero es
prescindible, mis padres viven en Vigo y allí tengo mi
casa.
- La ropa se puede sustituir la vida no, cuando se
vaya no regrese a su casa y antes tendrá que comunicarlo

55
a Roberto, el comisario. Seguramente querrá tenerlo
localizado.
- El lunes pensaba hablar con mi editor y ver cómo va
la edición del libro. Ya lo había mandado y aunque lo
hayan borrado de mi ordenador, seguramente ya lo
estarán imprimiendo.
- Me alegro, ahora comamos este potaje huele a
gloria.

Pasó el fin de semana, Simón recogía su desayuno


con la idea de acudir a su despacho, cuando apareció
Alfredo.
- Buenos días Simón, hoy he pensado llamar a mi
editor ¿puedo hacerlo con mi móvil?
- Si pero desde mi despacho, espero una visita a las
once, venga antes.
- A las diez antes no creo encontrar al director o las
oficinas abiertas.
- De acuerdo, no llame la puerta está abierta, solo
tiene que empujar.
- De acuerdo.
A las diez en punto entraba en el despacho.

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- Buenos días.
- Deme su teléfono.- Simón lo puso sobre un soporte
y le introdujo una clavija por el orificio del auricular.
- Ya puede llamar; no lo coja.
El teléfono llamó y se escuchó al otro lado.
- Editorial el globo ¿qué desea?
- Soy Alfredo Castro, desearía saber cómo va la
edición de mi libro.
- Señor Alfredo, soy Antón, don Pedro no ha llegado
todavía, debo comunicarle que no tenemos su libro,
hemos tenido un problema con los ordenadores,
posiblemente un virus, durante una semana no hemos
sido operativos, afortunadamente las copias de seguridad
en la nube han hecho efecto, pero hemos perdido al
menos quince días de información y no está su libro en
nuestro poder, seguramente lo habremos perdido. Si
puede mándelo nuevamente.
- Gracias no sabía nada. Perdone las molestias.
- No es molestia, mándelo cuando quiera.
- Gracias lo aré.
- ¿Se ha quedado usted sin copia del libro, no tenía
copia en la nube?

57
- En la nube no, la tengo en un apartado de correos.
- ¿La llave del cordón?
- Sí he cambiado varias veces de piso, por el precio,
aquí están muy caros y no podía dar una dirección de
correo. Así que opté por contratar un apartado.
- Claro y como lo usaba poco decidió convertirlo en su
caja fuerte; muy ingenioso.
- Que hace este aparato con el móvil.
- Es un rastreador, si hay más de un teléfono
comunicando se enciende la luz roja.
Mientras hablaban el teléfono de Alfredo sonó.
- Si soy Alfredo Castro.
- Alfredo soy Pedro, acabo de llegar.
- Ya lo había reconocido.
- Perdona me acaban de informar que habías
mandado el libro y lo hemos perdido.
- Don Pedro, soy yo quien debe pedirle perdón, me
explicaré. Hay alguien a quien no interesa que publique el
libro, el mismo día que se lo mandé fui atacado y
acuchillado, afortunadamente me llevaron al hospital y
estoy repuesto. Mi apartamento ha sido registrado y mi
ordenador borrado.

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- ¿Que había escrito…?
- Parte de las cuentas del vaticano, algunas listas de
dictadores que tienen cuentas en su banco. Algunas
cosas que ni el papa creo que sepa.
- ¿Pero usted como lo sabía?
- Recuerde soy periodista y tirando del hilo con ayuda
de amigos…
- Está claro y ahora me doy cuenta de lo que ha
sucedido. La iglesia pierde fieles con las nuevas
generaciones, sabe que le quedan dos generaciones o
tres como máximo y se está preparando para subsistir,
como hacen los países Árabes, a sabiendas de que se
terminará el petróleo construyen ahora para el futuro.
Aunque me cuesta creer que el vaticano esté tras esto, en
fin te llamaré esta tarde ¿tienes copia, o estamos sin
nada?
- Tengo copia al menos eso creo.
- En ese caso te llamaré.
- Gracias don Pedro.
- Vaya de lo que se entera uno, no me habías dicho
nada del Vaticano.
- Solo hablamos de mi libro editado.

59
- Y cuando pensabas contármelo o esperabas a que
comprase el libro.
- Perdone pero… no sabía si…
- La iglesia es mal enemigo no quiero nada con ella
entiendes, en cuanto puedas hablas con Roberto y te
largas. Vete estoy esperando un cliente.
Alfredo recogió el móvil y salió sin decir nada.
Mientras Simón se levantaba y miraba por los Cristales
nervioso. Al momento vio salir de un taxi a una joven, muy
distinguida que se dirigió a su portal.
Simón sacó un montón de carpetas viejas y las puso
sobre el escritorio. En una esquina tenía una mesa
pequeña y tres sillones. Tras ellos una nevera. Se quedó
sentado como quien ojea los papeles, unos golpecitos en
el cristal de la puerta le hicieron saber que había llegado,
ella miraba a través del cristal como Simón se levantaba y
acudía solicito a abrir la puerta.
- Buenos días, no la esperaba tan pronto, por favor
tome asiento.- La llevó a los sillones mientras la
observaba y catalogaba como una mujer sexi pero sin
alma y siguió diciendo - ¿que desea tomar?
- No nada, deseo terminar cuanto antes.

60
- Se llama usted Paloma Bueno, ¿Es así?
- Sí así es.
- Bien usted dirá.
- ¿Puedo confiar en su discreción?
- Si no confía en mí no lo puede hacer con nadie, mire
sobre mi mesa, expedientes confidenciales, un mal paso y
me quedo sin clientes, lo que usted y yo hablemos se
queda en este sillón, no hacen falta más papeles que los
que usted me pida ¡y si no quiere no habrá nada escrito!...
Le garantizo que es lo mejor.
- ¿Y los que tiene sobre la mesa, los guarda?
- No, son para entregar al abogado, esta misma tarde
se los llevará. Estos casos van directamente al juzgado,
seguramente no son como el suyo, son delincuentes.
- Bien confió en usted y su discreción, quiero
separarme del cabrón de mi marido y sacarle todo lo que
pueda. En realidad no me importaría arruinarlo. Así de
sencillo.
- Y de difícil, Para lo que me pide necesitara pruebas
de infidelidad, eso lleva tiempo y dinero
- ¿Cuánto dinero?

61
- Siempre dependerá del tiempo y de lo que usted
pueda informarme.
- Mi marido se acuesta con mi amiga Isabel de Iruña.
Creo que le será fácil encontrarlos en Valladolid. Ellos
creen que no lo sé. El pasa dos días a la semana martes
y jueves, revisando sus negocios en esa ciudad y se aloja
en su propio hotel. Estoy dispuesta a darle el uno por
cien, “si gano el juicio” cuando más le saque más gana
usted.
- No me gusta abusar de mis clientes y ya que usted
me ha facilitado la operación yo le pondré un precio justo;
verá seremos tres personas trabajando, entre comida
hoteles y demás gastos… creo que dos mil euros por
persona es lo justo, yo le entregaré las pruebas y usted el
dinero, a partir de ese momento no nos conocemos.
Usted irá a su abogado y entre los dos decidirán lo que
hacen y cuanto le sacan, siempre puede decir que las
fotos las tomó usted misma, es más creíble y tienen más
fuerza.
- Señor Simón me alegro de haberme decidido por su
bufete, es usted un caballero sensato. Lo haremos como
usted dice.

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- Y usted una señora muy guapa e inteligente. Déjeme
unos días no todos los días se puede coger a una pareja
infraganti y… ya me entiende.
- Si le entiendo. En ese caso espero sus noticias
hasta la vista.
- Un momento señora Paloma. No hará falta que
venga por aquí, podrían verla y no creo que le interese, yo
la llamaré y quedaremos donde hacemos el intercambio.
- De acuerdo.
La señora salió de lo más contenta. Simón la vio
alejarse hasta la parada del Taxi. Se sentó a la mesa,
guardó las carpetas y cogió el teléfono, tras marcar
escuchó.
- Simón eres tú.
- El mismo, oye Francisco tu no tenías fotos de José
Antonio Uriarte.
- Si, te interesan.
- ¿Con quién está, con Isabel?
- Si casi vive con ella yo diría que es de dominio
público entran y salen juntos de su hotel.
- ¿Son fotos comprometedoras?

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- Si los tengo besándose en varios sitios y bailando
pegadísimos, solo espero que salte la chispa y zas a las
revistas.
- Oye, pues haremos que salte la chispa, Francisco
necesito esas fotos y a cambio ves el martes y el jueves al
hipódromo y pilla a su mujer con el de los establos, ya te
contaré, pienso sacar cuatro mil euros a cada uno.
- ¿Con el cachas?
- Si, con el cachas.
- Este chico no descansa... De acuerdo cuatro para
cada uno, ¿cómo lo hacemos?
- Tú le cobrarás a él y yo a ella. Cuando lo tengas
todo apunto me pasas las de él y las de ella te las quedas.
Ya te daré instrucciones.
- Vale de acuerdo, cuelgo.

Miró su reloj era cerca de la una, correos cerraba a


las dos, subió y le pidió la llave de la taquilla a Alfredo.
Este se la dio sin preguntar solo dijo.
- Número 34 y se quedó mirando cómo salía sin
hablar.

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En veinte minutos llegó a la oficina de correos y buscó
el número, abrió el buzón, en su interior encontró un
pendrive que se puso en el bolsillo y una carpeta de la
que se le salían los papeles; compró una caja y los
depositó dentro, regresando a casa con ella bajo el brazo.
- Toma es todo lo que encontré dentro.
Sacó el pendrive del bolsillo y se lo entregó. Carol
salió con los cubiertos y Simón sacó las servilletas, a los
pocos minutos estaban comiendo.
Simón descansaba en su sillón cuando sonó su
teléfono.
- Soy Roberto.
- Hola Roberto ¿qué hay de nuevo?
- Puedes venir a las cuatro.
- Si, no tengo nada urgente de momento.
- ¿Como tenemos al paciente?
- Bien muy bien, ya te contaré.
- Te espero.
- Vale hasta pronto.
Miró su reloj, eran las dos cuarenta y cinco; en media
hora llegaba a la comisaría, le dijo a Carol que lo llamase

65
a las tres y media si se dormía, como había supuesto y en
cinco minutos estaba durmiendo en el sillón.
Cuando lo despertó no perdió el tiempo y a las cuatro
entraba en la jefatura de policía. Llamó a la puerta
entreabierta.
- Pasa Simón siéntate. Hemos analizado el pendrive
que me diste. No hemos sacado nada que podamos
utilizar para la investigación solo tenemos unas siglas, y la
confesión del sicario.
Como suponíamos, no conoce ni vio la cara de quien
lo contrató le entregaron un sobre con instrucciones y
dinero como primera paga, debía quemar las
instrucciones, cosa que hizo, solo recuerda una cruz con
una corona de espinas alrededor y la palabra INRI.
- Está claro que significa “muerte” no sé cómo, pero lo
tengo claro, se puede deducir. Puede ser una secta o un
brazo armado de…
- ¿La iglesia?
- Es lo primero que podemos pensar, pero no lo creo,
estas cosas suelen ser obra de fanáticos.
- En pocas palabras no tenemos por dónde empezar.
- Exacto. ¿Qué haréis con el sicario?

66
- Tiene dos buscas en la Europol de Francia y
Canadá, seguramente pasará su vida entre rejas. ¿Y
nuestro amigo?
- Quiere irse, yo le he dicho que antes debe hablar
contigo y estar localizable.
He sabido que quería editar un libro en el que hablaba
de las finanzas del vaticano y algo más. En su anterior
libro ya los puso verdes y creaba muchas dudas sobre su
doctrina, le advirtieron que no siguiera por ese camino,
dos hombres tapados con sendas bufandas. Me ha
contado que un día comprobó que lo seguían a pie y tomó
un taxi asustado. Pero siguió adelante con su libro. El día
que lo mandó al impresor, se introdujo un virus en el
sistema de la editorial y han perdido el trabajo de dos
semanas. En su ordenador encontré un dispositivo que lo
conectaba directamente con ellos, sabían lo que hacía o
escribía a cada momento. Lo que pudimos sacar o salvar
estaba en el pendrive que te entregué.
- O sea Nada, seguramente se borraría tras… si
analizamos la situación, no tenemos nada y tampoco
puedo retener a Alfredo. ¿Has leído su anterior libro?
- Si lo compré y lo leí.

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- Lo imaginaba y a que conclusiones has llegado.
- Como te he dicho solo se mete con la credibilidad de
la iglesia, pero hay muchos libros similares al suyo y
nunca ha sucedido nada, he buscado por Internet algunas
de sus conclusiones y está todo publicado, aunque no tan
extenso y al mismo tiempo tan concreto como en su libro.
El encubre nombres que son fácilmente deducibles y da
explicaciones sobre las fianzas del Banco; IOR o Instituto
per le Opere di Religioni. Más conocido como Banco
Vaticano.
- Simón he hablado con mi padre y no entiende como
te han podido expulsar del cuerpo. Te manda recuerdos y
sus mejores deseos.
- Dale las gracias cuando hables con él.
- Y tu dile a Alfredo que hable conmigo antes de irse,
lo llevaré personalmente donde quiera. No quiero
sorpresas ni muertos.

En casa de Simón sonó el teléfono de Alfredo.


- ¿Quién es?
- Soy Pedro.

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- Perdone pero he formateado el móvil y no tengo
registrado su teléfono.
- Creo que tengo la solución, para que te dejen
tranquilo.
- ¡Sí! Cuénteme.
- Qué ocurrirá si se edita a la vez en varios países y
un mes después lo edito yo.
- Pues que posiblemente no puedan hacer nada al
respecto.
- Exacto, si me mandas el libro a mi correo particular,
yo podría mandarlo a editores conocidos con los que
tengo relación comercial y con los que ya he hablado, se
editaría, en Argentina, México y Florida en una semana y
“con preferencia”. Estaría en todas las librerías
importantes en pocos días. Mientras tanto tu deberías
desaparecer.
- Si creo que es una buena idea, dígame su correo.
- Toma nota: Pedroedit @gmail.com
- Lo tengo no tardaré en mandarlo.
- De acuerdo, lo espero y cuídate.
- Gracias Pedro, adiós.

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- ¿Qué tienes que mandar? – Dijo Carol – lo siento
pero lo he escuchado.
- Un archivo a mi editor.
- Mándalo desde abajo, coge los trastos y vamos,
cuanto antes mejor.
Bajaron a la oficina y tras conectarle un cable a su
ordenador, le dijo que ya podía mandarlo. El archivo llegó
sin problemas y regresaron al piso superior.
- Alfredo ¿cuando se editará?
- Si no me engañan en una semana o poco más,
estará en las librerías de Sudamérica y creo que en un
mes estará en nuestras librerías.
- ¿Qué piensa hacer usted?
- Mi cara ha recuperado su color natural, tengo que
hablar con Roberto antes de irme, no quiero incumplir
ninguna ley.
- ¿Has pensado donde?
- Si a Italia tengo un amigo periodista y creo que
estaré más seguro con él, al menos desapareceré por un
tiempo.
- Ben siéntate en la silla y te arreglaré el pelo, al
menos lo igualaré.

70
- No tema me gusta corto, con que tape la cicatriz…
- La cicatriz ya está tapada pero se nota el escalón –
la maestría de Carol le arregló el pelo.

Cuando regresó Simón, Alfredo no tardó en abordarlo.


- Simón desearía buscar vuelo a Turín o Milán.
- Puedes hacerlo desde aquí, el Wi-Fi llega hasta el
piso; pero debes avisar a Roberto y el te llevará al
aeropuerto, por seguridad. He hablado hace un momento
con él, cuando estés decidido solo tienes que avisarlo.

Alfredo encontró vuelo a Milán en dos días a las ocho


de la mañana. Avisado Roberto acudió con otro policía a
las seis y lo trasladaron, esperando en el aeropuerto
hasta que embarcó.
Durante la espera Roberto le preguntó, si pensaba
quedarse en Milán, a lo que Alfredo contestó.
- No en realidad voy a Turín pero no había vuelo
directo, cogeré el tren en Milán lo tengo todo controlado.
- ¿Ha llamado a su amigo?
- No, me alojaré en una pensión donde ya estuve
anteriormente. Después iré a visitarlo.

71
Alfredo entró en el túnel de embarque y la policía se
fue. En dos horas desembarcaba en Milán con su troller
de la mano llamó un taxi, que lo llevó a la estación.
Mientras esperaba tomó un refrigerio en la misma
estación.
A las doce treinta llegaba a Turín, su pensión no
estaba lejos de la estación y decidió ir a pié. Se instaló y
tras comer en una pizzería cercana, se dirigió a casa de
su amigo, cuando estaba llegando se sorprendió, vio un
piso quemado y la fachada ennegrecida. Parecía ser el
del periodista.
Sacó el móvil y lo llamó.
- ¿Quién llama?
- Francesco soy Alfredo. Estoy frente a tu casa.
- ¡Alfredo! ¿Qué haces aquí?
- Oye ¿el piso quemado es el tuyo?
- Sí, no estoy en él, estoy en casa de mi hermana.
- Yo… quería hablar contigo.
- Si espera en la esquina pasaré a por ti. No te
muevas.

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En quince minutos llegaba Francesco, con una amplia
sonrisa y Alfredo subía al coche. Tras los saludos
pertinentes y antes de abrocharse el cinturón preguntó.
- ¿Que le ha ocurrido a tu apartamento?
- Explotó una botella de gas y se incendió, los
bomberos y la policía dicen que fue provocado,
encontraron pruebas pero afortunadamente la botella
estaba medio vacía y yo no me encontraba en el piso en
ese momento. Pero como has venido sin avisar.
- Yo también sufrí un atentado, pero en mi caso recibí
un fuerte golpe en la cabeza y una herida de arma blanca,
afortunadamente venía gente y no me remataron. Fue de
noche en la salida de cines y teatros. Después
nuevamente intentaron matarme en el hospital; he tenido
suerte y había pensado descansar aquí.
- ¡Aquí! Lo ocurrido con mi piso solo es un aviso. He
dejado de investigar por mi cuenta y ya no publico nada
del Vaticano. Esto se ha puesto peligroso y no quiero
perder la vida.
- Francesco yo terminé el libro y se editará a la vez en
Argentina, México y Florida. En unos días estará en la

73
calle. Mi editor dice que una vez publicado, nos dejarán
en paz.
- O nos matarán, esto ha ido demasiado lejos para
que nos dejen tranquilos. ¿Dónde te alojas?
- En la vieja pensión, como la otra vez.
- Bien te llevaré allí y mañana por la tarde, pasaré a
por ti. Yo debo seguir trabajando. Tengo que hacerlo para
comer y ahora dispongo de un apartamento que reparar.
- Escucha sabes algo de una cruz rodeada por una
corona de espinas y la palabra ¡Inri!
- Respecto a la palabra ha sido utilizada como
¡Muerte! Se puede utilizar como una amenaza o como el
cumplimiento de la misma. En cuanto a la cruz y la corona
de espinas es similar al signo de los Rosacruz, pero ellos
llevaban una rosa en el centro, de todas maneras hace
años que no existen. Mañana por la tarde te llevaré con el
padre Clemente, el era quien me informaba de todo.
- ¿Quién es y como sabe tanto?
- Durante años trabajó para el vaticano, hasta que
empezaron a dudar de él y lo despidieron. Él fue quien me
informó del despido de las cinco personas que había
nombrado el Papa Francisco, para investigar las cuentas

74
del banco. También del dinero destinado a beneficencia y
desviado a Reino Unido para la compra de un palacio.
- Creo que sabe demasiado y debe estar en peligro o
al menos vigilado. Aunque yo nunca dije de dónde sacaba
la información, creo por selección, pueden llegar a él. Le
aconsejé que desapareciera, pero me dijo que era feliz
como cura de la parroquia sin más obligaciones que
atender feligreses y que ese era su mundo. En realidad no
cree estar en peligro.
- ¿Y tú crees que lo está?
- No sabemos quién está detrás de mi o de tú
atentado, pero está claro que no van con bromas.
- ¿Crees que el Papa?
- No precisamente él es quien menos sabe lo que
ocurre con su iglesia. Se manejan muchos hilos por
Cardenales a su espalda que no conocemos; nadie sabe
cómo se mueven los hilos internos, esté quien esté de
pontífice; aquí decimos que como pontífice se elige al más
incauto y aunque cree que manda en realidad nunca lo
hace.
- ¿No serán solo habladurías?

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- ¿Y cómo justificas que las personas designadas por
él sean sustituidas en poco tiempo?
- Si creo que tienes razón.
- Ya hemos llegado, recuerda, mañana tarde antes de
las cinco, te recojo.
- Te estaré esperando.

Alfredo aprovechó la mañana para visitar los


monumentos más emblemáticos de Turín y a las cinco
esperaba con impaciencia a Francesco. No tardó en parar
y subió al coche.
- Buenas tardes Francesco ¿Dónde vamos?
- A la parroquia de Santa Ana, allí te presentaré al
Cura Clemente y terminará mi ayuda. No quiero saber
nada más.
- Te comprendo, tal vez yo deba terminar el tema, con
mi libro y no buscar más información que pueda ser
peligrosa. En fin hablaré con él e intentaré desaparecer,
por algún tiempo. Aunque sigo intrigado por los signos.
- Sí será lo mejor para los dos.

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Pararon el coche tras la parroquia, donde estaba la
casa del cura, la puerta de la iglesia estaba cerrada a
esas horas, pero la casa tenía la puerta entornada, como
tenía por costumbre Clemente.
Francesco llamó a la puerta, sin encontrar respuesta y
dijo a Alfredo.
- Pasa puede estar en la iglesia o en la sacristía, a las
siete suele rezar el rosario. Por la parte derecha de la
casa se salía a un pequeño patio interior y desde este se
entraba en la sacristía; sobre una cuerda colgaban dos
pantalones negros y ropa interior. Penetraron en la abierta
sacristía que encontraron vacía y desde allí accedieron al
templo, Francesco llamó a Clemente, pero este no
contestaba. Miraron por el interior del templo sin éxito.
Francesco paró en medio del pasillo bajo el coro.
- ¿Qué raro ayer quedé con él?- dijo para sí mismo.
Unas gotas de sangre cayeron frente a él Levantó la
vista y vio a Clemente crucificado y colgando, lo habían
atado con unas cuerdas de la barandilla del coro.
- Dios mío Alfredo, creí que era una imagen, ayúdame
y desataremos las cuerdas con cuidado, subamos la
escalera está a la derecha.

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Alfredo obedeció y con precaución lograron
descolgarlo y depositarlo en el suelo. Clemente estaba en
ropas menores y clavado por las muñecas y los pies,
(verdaderamente parecía un Cristo crucificado) una
corona de zarzas rodeaba su cabeza y en una cartulina
clavada con una tachuela sobre su cabeza, se encontraba
la palabra INRI.
Francesco quitó el pañuelo de su boca e intentó
reanimarlo, Clemente abrió los ojos y dijo.
- Bajo el sagrario… Bajo el sagrario.
- Que ocurre bajo el sagrario
- Bajo el… Clemente perdió el conocimiento,
Francesco y Alfredo se acercaron al altar y corrieron el
pesado sagrario de mármol con incrustaciones doradas,
debajo encontraron unos papeles dentro de una vieja
carpeta de cartón.
- Escucha Alfredo coge los papeles y vete, no vuelvas
a buscarme.
Alfredo obedeció, mientras Francesco llamaba a la
polizía italiana, añadiendo que trajeran una ambulancia.
Se acercó a la puerta principal y la abrió.

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Cinco minutos más tarde entraba una pareja de la
polizía municipale. Encontrando a Francesco arrodillado
junto a Clemente, al verlos este exclamó.
- ¡Está vivo! ¡Está vivo! Solo ha perdido el sentido.
Los carabinieri se quedaron de piedra mirando a
Clemente en la cruz. Uno de ellos dijo.
- Vienen hacia aquí y traen una ambulancia, no
pueden tardar ¿Qué ha ocurrido?
- Estaba colgado del coro yo lo he descolgado… yo…
yo…
Francesco empezó a temblar y se puso blanco, los
recuerdos recientes le venían a la memoria golpeándolo y
perdió la serenidad que había mostrado hasta ese
momento, las fuerzas le abandonaban. El carabinieri vio,
como su color cambiaba al blanco y cogiéndolo para
ayudarlo lo sentó en un banco.
Unos coches pararon en la puerta, segundos más
tarde entraba el jefe de la polizía con cuatro de ellos.
Puso su mano en el cuello y dijo - está vivo ¡desclavarlo!
Se dirigió a los municipales. - ¿Qué podéis decirme?

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- Este señor, es quien lo ha descolgado del coro,
estaba junto a él cuando hemos entrado, parecía sereno
hasta que se ha derrumbado y lo hemos sentado.
El jefe de la polizía italiana, se sentó junto a él.
- Bonasera, ¿cómo se encuentra?
Francesco tenía el cuerpo doblado, sujetándose la
cabeza con los antebrazos y estos sobre las rodillas
había vomitado. Levantó el rostro desviando la vista
hacia el crucificado. Vio como los policías apoyaban las
palancas (patas de cabra) sobre dos tacos de madera,
para hacer palanca y sacar los clavos. Las sirenas de una
ambulancia llegaban a la puerta. Se volvió hacia el oficial
mientras se limpiaba la boca con el pañuelo.
- Creo que me está pasando el mareo, no sé que me
ha ocurrido.
- ¿Puede pasear?
- Sí, Creo que sí.
- En ese caso ¿me acompaña?
- Si por favor.
El jefe de policía miró a un ayudante y le dijo.

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- Marco hazte cargo de todo.- se volvió hacia
Francesco y le dijo – cuénteme como lo descubrió ¿por
dónde empezamos?
- Vamos a la sacristía…
- Massimo, puede llamarme Massimo.
- Gracias, yo soy Francesco Lastra y soy periodista.
Sígame la puerta de la calle debe estar abierta. Abra que
cerrarla.
Salieron por la sacristía al patio y de allí entraron en la
casa de Clemente. Efectivamente la puerta seguía
entornada.
- ¿Cómo sabía que estaba abierta?
- Yo había quedado con Clemente a las cinco, lo
había visitado en otras ocasiones y conocía su costumbre
de no cerrar la puerta. A las cinco entramos por aquí.
- ¿Entramos?
- Sí, ya le explicaré más tarde, sigamos. Como le he
dicho entramos por aquí y al no encontrarlo, nos dirigimos
a la sacristía, creyendo que estaría guardando su ropa de
oficiar misa, gritamos su nombre pero no contestaba y
miramos por el interior del templo por si le había ocurrido
algo, a su edad todo es posible había cumplido cincuenta

81
y nueve. Al principio lo confundí con el Cristo que había
clavado en la cruz, pero entonces vi la sangre y levante la
vista, lo descolgamos y le quité el pañuelo de la boca, lo
pude reanimar y abrió los ojos, inmediatamente les llamé,
les llamé. Eso es todo.
- No es todo quien iba con usted.
- Sí, aunque él solo puede ser un testigo de lo que
cuento. Se llama Alfredo y es escritor, solo hace cinco
años que nos conocemos, también él trabajaba como yo
de periodista, la casualidad hizo que nos conociéramos
pues él había cubierto la detención de Don Robertino, en
una playa levantina y a mí me mandaron a hablar con él
para crear unos artículos sobre la detención. Trabamos
amistad y le invité a pasar unos días en mi ciudad, hace
poco más de dos años, se había convertido en escritor y
necesitaba escribir sobre la santa sede y los evangelios.
Yo sabía que Clemente había sido expulsado de la
Santa Sede y le pedí ayuda, que él sin inmutarse me
prestó en forma de copias de documentos, que mandé a
Alfredo. Pudo terminar su libro y fue un éxito, vino a visitar
la ciudad y pasó unos días aquí dándome las gracias, no
pudo hablar con Clemente pues en aquellos días estuvo

82
ausente. Poco después y ante el éxito de su libro, me
pidió más ayuda; en esta ocasión eran cosas más
concretas pues había leído crónicas en una revista
francesa y se había puesto en contacto con el periodista
parisién. Nuevamente me puse en contacto con Clemente
y me confirmo las crónicas entregándome otros papeles
que mandé a Alfredo. Yo empecé a recibir anónimos y
amenazas; durante un tiempo debido a algunos artículos
que publiqué; no tuve noticias de Alfredo hasta hace
cuatro días cuando misteriosamente, ardió mi
apartamento, ¡según ustedes fue provocado!
- ¿Quiere decir que el apartamento era el suyo?
- Si afortunadamente yo no estaba en él, pero
sigamos. Ayer supe que Alfredo estaba aquí y le preparé
una entrevista con Clemente, solo quería conocerlo y
darle las gracias también me dijo que su nuevo libro sería
editado en breve.
El resto es fácil de entender, vinimos y cuando
encontramos a Clemente le dije que se fuera. No tiene
nada que ver con esto… espere un momento comisario;
me contó que también a él, habían intentado matarlo.

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- Francesco, necesito que mañana pasen los dos por
la comisaría, el caso puede ser más grave de lo que usted
cree y sus vidas pueden estar en peligro. Si todo es como
dice no tiene nada que temer sobre la crucifixión de
Clemente, pero tengo la obligación de tomar declaración a
ambos. Tal vez aquellos detalles que usted ignore, los
podría aclarar su amigo el escritor.
El cuerpo de Clemente salía en una camilla, con un
gotero en el brazo. Un policía se acercó.
Señor hemos encontrado el Cristo que estaba con
anterioridad en la cruz. En cuanto a las huellas los
delincuentes utilizaban guantes de goma, solo hay huellas
en la barandilla del coro.
- Deben ser las nuestras no hemos tomado
precauciones- confesó Francesco.
- Francesco salga por la iglesia, nosotros vamos a
comprobar los papeles que pudiera guardar Clemente y
buscaremos en su casa. ¿Necesita que le acompañen?
- No creo que no necesito ayuda. Tengo el coche en
la parte trasera. Hasta mañana a las diez.
- Hasta mañana.

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Francesco salió por la puerta de la iglesia, rodeando
el edificio recogió su coche y se marchó. Sus ojos
miraban los espejos retrovisores constantemente, por si
alguien lo seguía. Tal vez la precaución o el miedo se
había instalado en él, tardó en bajar mirando alrededor,
no quería implicar a su familia. Cerca había una tienda de
móviles donde tenía el contrato del suyo. Tras aparcar el
coche acudió a la tienda para cambiar su número de
teléfono. Pasó más de una hora cambiando su correo y
todos sus datos, comunicó al periódico sus nuevos datos
y se fue en busca de Alfredo, subiendo a la habitación y
llamando a la puerta.
- ¿Quien llama?
- Soy Francesco.
Alfredo abrió la puerta y miró si alguien seguía a
Francesco.
- Alfredo mañana a las diez nos esperan el oficial de
polizía en comisaría. No temas le he contado todo lo
ocurrido y no debemos tener problemas. Solo necesita
nuestra declaración.
- ¿Se lo has contado todo?

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- Todo excepto lo del sagrario, he creído conveniente
no hablar del tema. El resto se lo he contado al pie de la
letra para que no tengas problemas al declarar.
¿Has abierto la carpeta?
- No, en las tapa pone. “Entregar a la policía en caso
de mi muerte”.
La carpeta estaba sobre la mesa y Francesco se
acercó a mirar.
- No sé, si haremos bien echando una mirada, siento
curiosidad.
- Miremos no cuesta nada ¿pero si la entregamos que
le decimos al Oficial?
- Diré que alguien la dejó en el buzón de mi hermana
mientras nosotros íbamos a la reunión con Clemente.
- Si será lo mejor y nos libramos de todo.

Abrieron la carpeta, en ella encontraron recortes de


periódicos con fotografías, de personas adeptas a la
iglesia romana, cardenales y obispos; documentos
firmados y varias cuartillas escritas a mano, posiblemente
por el propio Clemente.

86
Entre los dos decidieron fotografiar todos los
documentos y subirlos a la nube. Así los tendrían
disponibles cuando quisieran.
A la mañana siguiente visitaron al oficial de polizía
con la carpeta bajo el brazo. Apenas Francesco dio su
nombre los acompañaron a la oficina de Massimo junto a
él había otra persona.
- Bonasera.
- Bonasera Francesco – contestó Massimo
estrechando la mano – Usted debe ser…
- Alfredo, ayer acompañaba a Francesco cuando
encontramos al señor Clemente.
- Les presento al comisario Pietro, Francesco debo
interrogar a Alfredo ¿podrías esperar en puerta o
recepción? tenemos que comprobar su declaración en
privado.
- Si no hay problema – Francesco alargó la mano con
la carpeta – Tome creo que esto es para usted.
El oficial tomó la carpeta y la dejó sobre la mesa.
- Señor Alfredo siéntese por favor, necesito que me
cuente minuciosamente todo lo que ocurrió ayer.

87
Alfredo contó detalladamente el suceso que coincidía
con el de Francesco.
Massimo siguió preguntando, sobre el libro que
pensaba publicar, a lo que respondió Alfredo con una
explicación sobre el mismo añadiendo.
- Posiblemente ya esté publicado en Sudamérica.
El comisario se había mantenido callado, escuchando
solo abrió la boca para preguntar sobre el contenido de la
carpeta, a lo que respondió.
- No sé nada al respecto, ni lo que contiene, según
Francesco la dejaron en el buzón de su hermana cuando
estábamos en la iglesia. Solo he leído “Entregar a la
polizía”.
Massimo siguió interrogando.- Según su amigo usted
sobrevivió a un atentado.
- Si esperaba esta pregunta y me he permitido escribir
los datos de la comisaría donde fui atendido, así como el
nombre del oficial al mando en mi caso, él me acompañó
al aeropuerto cuando me fui, se llama Roberto Zaplana.
- Comprenderá que tenemos la obligación de
comprobarlo todo y más teniendo en cuenta que hay un
cadáver.

88
- ¿Un cadáver? ¿Acaso Clemente ha fallecido?
- Sí, no ha pasado la noche.
Massimo llamó a Francesco, que acudió al despacho,
le informó que sus declaraciones coincidían preguntando
a continuación por la carpeta. Como habían acordado
negó saber lo que contenía pues no iba dirigida a él.
Esperaron a que sus declaraciones se pasasen al
papel para firmarlas y pudieron abandonar la comisaría.

Mientras tanto en Madrid Simón llamaba a Francisco


el fotógrafo.
- Si, dime Simón.
- Escúchame con atención, ves a comer al hotel, lleva
un periódico doblado que dejarás sobre la mesa, procura
que se vea el sobre con las fotos en su interior. Él te
buscará, puedes comer gratis, en su sobre te entregará
seis mil euros. Sacará el tuyo y dejará el suyo.
- ¡Seis mil! dijiste cuatro mil.
- Si he pensado que así me deberás más favores.
- Eres… vale ¿recibiste mis fotos?

89
- Si esta tarde las entregaré a su mujer, ya tienes
servida la noticia.
- Puedo preguntarte ¿Por qué haces esto?
- Si es fácil de entender, son dos malas personas y
cada uno desea hacer daño a la otra o conyugue, yo solo
cobro por mis servicios ¿Y tu porqué lo haces?
- Tengo que comer.
- En ese caso estamos de acuerdo hasta la próxima.
- Adiós Simón es un placer hacer negocios contigo.

Simón llamó a Paloma.


- Dígame ¿Quién es?
Simón como contestación y no queriendo dar su
nombre le dijo.
- Tengo lo que desea la espero esta tarde a las cinco
en el retiro, en el banco más cercano al monumento.
Traiga el dinero en un sobre y lo cambiaremos por el mío.
Por favor discreción.
- Entiendo allí estaré.
Difícilmente en Paloma, en esta ocasión fue puntual,
se sentó junto a Simón y este dejó el sobre en el banco,
ella lo cogió disimuladamente y miró las fotos.

90
- ¿Cubren sus expectativas?
- Si por completo, no tiene escapatoria, no sabe lo
que le espera lo voy a dejar limpio, muchas gracias.
Cogió el bolso y le entregó el sobre con el dinero,
Simón lo guardó inmediatamente.
- ¿No lo cuenta?
- No señora creo que usted es de fiar, aquí termina
nuestra relación el resto es cosa de su abogado. Adiós
Paloma.
- Adiós y muy agradecida.
Simón se alejó pensando que en dos semanas había
cubierto casi medio año y parecía que sus problemas
monetarios se iban solucionando. Pero como solía ocurrir
con su oficio, no siempre los casos eran tan lucrativos e
incluso podían pasar semanas o meses sin ninguno.

Recibió una llamada de Roberto.


- Dime ¿Qué quieres ahora?
- En realidad nada, solo quería informarte. Te
acordarás de Alfredo.
- Si claro, te lo llevaste al aeropuerto, Creo que iba a
Milán.

91
- En realidad a Turín vía Milán. Te llamó porque he
recibido noticias de una comisaría, la cual me ha pedido
su expediente.
- ¿Te han pedido el expediente, es que le ha ocurrido
algo?
- Por lo visto ha habido una muerte, de un cura
conocido por el o por su amigo; un periodista italiano.
- A este hombre no le abandonan los líos. Mal
enemigo se ha buscado, su actual libro trataba sobre las
finanzas de la iglesia y citaba hechos concretos.
- Podría pasarle como a ti.
- No yo solo he perdido mi empleo pero a él quieren
matarlo, por lo visto debe haber una organización tras él.
En fin ya no es mi problema ni el tuyo depende de la
policía italiana.
- Si afortunadamente. En fin Simón solo quería
informarte.
- Gracias Roberto, te lo agradezco.

Durante nueve días nadie fue molestado, Alfredo


recibió una llamada de su Editor.
- Sí ¿dígame?

92
- Alfredo quiero informarle que ya hemos editado el
libro y mañana será repartido por las librerías. Lo hemos
traducido al francés e inglés. También confirmarle que ha
sido un éxito en América. En estos momentos ya dispone
usted de alrededor, de medio millón de Dólares que le
serán ingresados a final de mes por las diferentes
editoriales, ha dejado de ser un escritor pobre, el
seudónimo de James Washington ya es conocido en todo
el continente. Debe prepararse para dar conferencias o…
- No, perdone, pero quiero seguir de incognito, no
quiero conferencias ni fotos, mi vida está en peligro y no
me considero un buen escritor; solo he conseguido el
éxito gracias a terceras personas y alguna ha fallecido.
- ¿Cómo dice?
- Quiero que sepa que la persona de la que conseguí
la información ha fallecido. Lo clavaron en una cruz.
- Dios mío, como pueden suceder esas cosas en esta
época ¿está seguro de lo que dice?
- Si un amigo y yo lo descubrimos y lo descolgamos,
por favor no me descubra.

93
- No lo haré descuida, espero que no te ocurra nada,
en fin quédate tranquilo, te ingresaremos el dinero en tu
cuenta y podrás disponer.
- Gracias pienso seguir un tiempo de vacaciones, aquí
parece que puedo estar tranquilo. Adiós.
- Espero que sea hasta pronto.

Simón llegó a su casa.- ¡Carol!


- Estoy haciendo la cama, ¿Qué deseas?
- ¿Sabes si tenemos una copia del libro de Alfredo?
- Sí dejó el Pendrive en el cajón de tu escritorio, dijo
que allí estaría más seguro que si lo llevaba encima.
¿Por qué lo dices?
- Quiero leer todo lo que escribió, han matado al
hombre que le facilitaba los datos y le proporcionaba
información.
- Pero él está en Italia.
- Si en Turín allí descubrieron el crimen, la policía
italiana ha pedido informes sobre Alfredo.
- ¿Cómo lo sabes?
- Me ha llamado Roberto.

94
- Claro está, ¿qué pregunta? era natural. Si quieres
bajar a leer te llamaré cuando esté lista la comida.
- Gracias Carol.
Durante dos días Simón se empolló del libro de
Alfredo, pero pese a ser fuertes sus acusaciones a la
iglesia y el descubrimiento de algunos secretos, no había
casi nada que no se pudiera encontrar en Internet y no
por eso la iglesia mataba a nadie, ni protestaba
públicamente. En apariencia seguía con sus parafernalias
y dando la imagen de tranquilidad, como si la cosa no
fuera con ella. Buscó en el ordenador un artículo del
periódico L’Espresso sobre los máximos responsables del
banco Vaticano (Óbolo de San Pedro). El artículo fue
publicado por el diario.ES y anteriormente por el Mundo.
Se refería a lo que fue llamado Vatileaks II. Donde el
escándalo implicaba a varios papas y un gran número de
Cardenales y obispos. Tras informarse de todo lo
referente al caso y compararlo con el libro, buscó algún
tipo de secta o crimen en la Santa sede, sin encontrar
nada al respecto, para encontrar alguna relación debía
retroceder hasta el 18 de de junio de 1982, en que
apareció ahorcado Roberto Calvi bajo el puente de

95
Blackfriars. Había financiado al arzobispo Marcinkus, con
fondos del banco IOR y el banco Ambrosiano. Fondos
destinados a la mafia y a las operaciones anticomunistas,
propuestas en Polonia por Juan Pablo II.

Pese a todo lo escrito y publicado no encontró nada


nuevo publicado en el libro de Alfredo, que no fueran las
andanzas o vida nocturna de algunos habitantes del
Vaticano, lo cual era casi de dominio público, si bien sus
explicaciones y denuncias no dejaban en buen lugar a la
iglesia católica y como consecuencia al Vaticano y sus
finanzas.

Tres días más tarde, llegaba un correo a la comisaría


de Madrid, pero esta vez desde Paris, preguntando por
Alfredo y pidiendo información.
En este caso no se encontraba Roberto pero si el
comisario Jesús Carretero. El cual atendió el correo
pidiendo una explicación al respecto.
La información llegó con rapidez. En teoría un
periodista se había ahorcado en un puente atando la
cuerda a la barandilla y lanzándose al agua, aunque más

96
tarde en la autopsia se había descubierto cloroformo. Esa
misma mañana se había encontrado el nombre de Alfredo
y la dirección en casa del muerto. Puestos en contacto
con la central de policía les habían dirigido a esta
comisaría.
Carretero ordenó mandar todo el expediente a Paris,
informándoles del actual teléfono de Alfredo y la comisaría
italiana que había preguntado recientemente por él y su
expediente.
Desde Paris llamaron a Italia y los italianos
comprobaron que Alfredo estaba recluido en su pensión
sin prácticamente salir más que a comer. Francesco
seguía trabajando y viviendo en casa de su hermana,
ambos se mostraban miedosos y preocupados.
Dos días después la Europol llamaba a la puerta de
Alfredo. Apenas abrió se identificaron y mostraron sus
credenciales.
- ¿Podemos pasar? (eran dos personas).
- Si por favor. Siéntense donde puedan - solo habían
dos sillas, que ocuparon los guardias, Alfredo se sentó en
la cama – ¿Ustedes dirán?

97
- Yo soy Marcel y mi compañero Joan. Su caso o el
de los asesinatos, “creemos” que relacionados con su
libro, han pasado a manos de la Europol, al suceder los
actos delictivos en varios países. Debe saber que el
periodista Isaac con el que usted tenía relación ha
fallecido ahorcado en París.
- ¿Cómo es posible? Yo… yo.
- No tema usted no es el culpable, pero creemos que
todo lo sucedido tiene una relación. También él llevaba en
el bolsillo el dibujo de una cruz, rodeada por una corona
de espinas y la palabra INRI.
- Es comprensible su opinión, yo no pensaba que
pudieran hacer daño… No se estoy confuso y lleno de
dudas. No deseaba hacer daño a nadie con mi libro y…
- Hemos comprobado su coartada y la de su amigo
Francesco. No tienen nada que temer por nuestra parte,
más bien estamos aquí para ayudarle.
- ¿Coartada? No necesito coartadas, casi he perdido
la vida y ustedes llaman a eso coartada.
- No se lo tome como algo personal, nuestra
obligación es comprobarlo todo lo ocurrido y buscar
pruebas o culpables, el menor indicio puede llevarnos al

98
culpable o culpables de los sucesos. Ahora por favor,
puede contarnos detalladamente todo lo sucedido, sin
dejar nada al azar.
- Si, solo estaré tranquilo si encuentran al asesino o
asesinos. Se lo contaré todo al detalle.
Durante más de media hora, Alfredo solo interrumpió
su relato para beber agua. Y solo ocultó que habían
fotografiado los papeles de Clemente. Pero si explicó
detalladamente como lo había defendido Simón y
ocultado posteriormente, hasta su total recuperación.
- ¿Se fía usted de ese hombre?
- Si, fue policía antes de investigador privado, en
realidad es el único al que contrataría como
guardaespaldas.
- Puede hacerlo si lo cree conveniente, siempre que
no interrumpa nuestras investigaciones. ¿Sabe usted que
contenía la carpeta que entregaron a la policía italiana?
- No y tampoco sé, si han encontrado algo más en
casa del cura.
- Joan dijo - ¿Qué te parece si llamamos al comisario
y quedamos en casa del cura? Cuatro ojos ven más que

99
dos, mientras echamos una ojeada podríamos hablar
sobre los papeles y pedir que nos manden una copia.
- Si eso haremos, voy a llamar.
Marcel llamó y quedó con la polizía italiana en media
hora. Alfredo dijo que quería acompañarlos y aceptaron.
La puerta de la casa de Clemente, estaba precintada
y esperaron sin entrar. Massimo llegó con un coche oficial
y quitó los precintos, pudiendo acceder al interior, todos
se pusieron guantes, Alfredo iba tras Marcel mirando por
todos los rincones e intentando no perder detalle. Miraron
entre los pocos libros que había en un estante y en la
pequeña mesa cercana a la chimenea, que tal vez debía
ser utilizada entre otras cosas como escritorio, sobre ella
solo había revistas de crucigramas rellenadas a medias.
Marcel las ojeó ante la mirada de Massimo. Pasaron a la
sacristía con el mismo resultado. Solo encontraron dentro
de un armario unas carpetas con las cuentas de la
parroquia.
- Señor Massimo – dijo Joan - ¿Qué hay de los
papeles que les entregaron en mano?
- Ya les he mandado una copia, pero les aseguro que
no hemos encontrado ninguna pista en su mayoría son

100
hechos consumados por algunas personas. Hechos que
en su mayoría son de dominio público y algunas palabras
manuscritas sin ligazón. Nada importante. Mañana es
viernes y llega el nuevo párroco, La iglesia no quiere estar
más fines de semana sin parroco y el juez les ha dado
permiso para ocuparla. Seguramente limpiarán y si hay
alguna prueba desaparecerá, en fin busquen lo que
quieran.
Alfredo dijo – me gustan los crucigramas - ¿puedo
llevarme las revistas? me ayudarían a distraerme en mi
soledad, he visto que algunas están a medias.
- Por mi parte no hay problema – dijo Massimo.
- Y por la nuestra tampoco contestó Marcel; si viene
un nuevo cura mañana irán a la basura…
El reloj del campanario marcó las trece horas y la
Europol llevó a Alfredo a su casa; antes de irse le dieron
una tarjeta con sus nombres y teléfonos.
- Si recuerda alguna cosa o se ve en apuros, no
acuda a la policía llámenos, su caso es ahora el nuestro.
- Comprendo así lo aré gracias Marcel, hasta la vista.
Alfredo debió pensar que tanto Marcel como Joan
tenían un gran trabajo de investigación que realizar. Dejó

101
las revistas de crucigramas sobre la mesilla y bajó a
comer.
Más tarde al regresar a su habitación se dejó caer
sobre la cama y su mente voló. Pensó que el inicio de
todo, tal vez estuviera en Clemente, él era quien le había
facilitado más datos para su libro y debía pensar que no
habría dicho todo lo que sabía. Partiendo de esa base
también Isaac (el periodista ahorcado) le había facilitado
información, sobre las inversiones del Óbolo de San
Pedro en Reino Unido y las había publicado en el
periódico donde trabajaba. Tenía claro que todo tenía
relación. Pero quien podría actuar matando a la gente y
que conseguirían si ya todo había sido publicado.
Se levantó y miró las revistas, sacó un bolígrafo y se
dispuso a rellenar algunos crucigramas, no tardó en darse
cuenta que Clemente solo utilizaba las cinco o seis
primeras páginas y que muchos grupos no los terminaba.
¿Por qué? Esa era la nueva pregunta, contó las
revistas, había once. Las estuvo ojeando toda la tarde sin
encontrar respuesta en ellas. Llegó a la conclusión que
eran simples crucigramas, que el cura no había rellenado.

102
Pero al día siguiente se le ocurrió ir a una papelería e
imprimir la fotos de los documentos, recordaba palabras
sueltas escritas por Clemente. Pero solo los había visto
para fotografiarlos.
En la soledad de su habitación, empezó ver los folios
y extenderlos sobre la cama, la mayoría eran documentos
que él había publicado en su libro, en un folio había
nombres de cardenales un guión y otro nombre. No sabía
a qué se refería pero lo creyó importante y lo dejó plegado
en cuatro partes, en el cajón de la mesilla. Siguió
husmeando y de momento encontró entre las hojas
manuscritas una palabra que había leído en los
crucigramas. Compasión. Siguió leyendo las palabras
sueltas que contenía el folio. Sin, mas, en, reciclar, hogar,
buscar, cinco, faldas, grande boca. Afortunadamente
dominaba el italiano y el inglés. Abajo en letras grandes
Clemente había puesto “Inri”.
La policía no había prestado mucha atención a las
palabras sueltas sin aparente orden ni concierto;
simplemente lo habían clasificado como apuntes.
Alfredo tenía tiempo y decidió terminar el crucigrama
donde aparecía la palabra “compasión”. Lo terminó y

103
comprobó que no aparecía ninguna otra de las que
estaban anotadas en el folio, no entendiendo nada pasó
página y encontró dos crucigramas, empezó con el
primero, este estaba a falta de una palabra, la completó y
encontró entre otras la segunda palabra marcada, miró el
folio y la encontró “sin”. Prosiguió en la misma página con
el siguiente y vio otra marcada “Más” era la tercera y
siguió comprobando. Habían paginas con uno, dos o
cuatro crucigramas y en cada uno la palabra siguiente
marcada por clemente era horizontal y seguían un orden
aumentando el número de la casilla donde se encontraba,
así la primera estaba en la primera. La segunda en la
segunda y así sucesivamente. Llegó a unos que
ocupaban toda la página y allí encontró dos palabras en el
mismo, dependiendo del orden de las palabras.
Pudo comprobar que todas las palabras estaban en el
mismo folio y las ordenó de la primera a la última,
buscando una respuesta. Así decía.
Compasión sin más en reciclar hogar buscar boca
grande.
No encontró sentido como frase… pensó en seguir
resolviendo crucigramas y siguiendo el patrón encontró

104
otras palabras antes de llegar a la sopa de letras. Así
añadió. Faldas, con y cuervo.
Cansado de estrujarse la cabeza y buscar resultados
en la sopa de letras, dejó la revista y los apuntes y puso la
televisión, La Juve jugaba en casa del Nápoles y las
entradas duras se sucedían en ambos equipos, el
narrador no se explicaba como el árbitro no sacaba
tarjetas. Así se llegó al descanso y Alfredo izo zapin para
volver nuevamente al partido. Antes de iniciarse la
segunda parte el árbitro llamó a los capitanes y les
advirtió que no iba a consentir mas juego peligroso. No
pasaron más de cinco minutos en llegar una jugada en
que los dos protagonistas quedaron en el suelo. Entraron
las asistencias y un minuto más tarde ambos jugadores se
levantaban, el narrador perdía la voz reclamando tarjeta
para el jugador de la Juve. Pero al levantarse el del
Nápoles dijo algo al árbitro y este le sacó tarjeta roja. El
alboroto en el campo fue monumental y el locutor pedía
por compasión que les sacara tarjeta roja a los dos, pues
al parecer la falta era del contrario por llegar tarde. El
partido prosiguió, más el locutor no se cansaba de repetir
que la tarjeta era al revés. Tanto lo repitió que Alfredo

105
pensó en lo que ocurriría si leía las palabras escritas al
revés. Sacó el folio y escribió.
Cuervo con faldas, boca grande, buscar en hogar,
reciclar en más sin compasión.
Leyó varias veces la frase y cambió cuervo por cura,
boca grande por chivato, más (signo de sumar) por cruz.
El mensaje estaba claro y Clemente debió pensar que su
hora había llegado; posiblemente se apresuró a guardar
los únicos papeles que tenía bajo el sagrario. El hueco
había quedado al quitar el antiguo sagrario y colocar el
nuevo más grande, tras ser él destinado a la parroquia.
Alfredo se pasó todo el día siguiente intentando
descifrar otros mensajes y encontró el que hablaba del
atentado al piso de Francesco. Posiblemente Clemente no
había aprendido “todavía” a descifrar los mensajes
cuando sucedió el atentado al apartamento de Francesco,
pero si había encontrado el modo o forma en que se
comunicaban los ¿Inri? Eso daba valor a la lista de
Cardenales o funcionarios que había guardado, pero no
sabía cómo.
Todo el día había pasado entre crucigramas, miró su
reloj ¡las ocho de la tarde! Debía bajar a cenar y dar un

106
corto paseo su cabeza debería airearse o distraerse. Bajó
y se dirigió a una cercana plaza, entró en una pizzería y
pidió dos picolinas y una cerveza. Mientras comía
entraron dos hombres, se sentaron y a él le pareció que lo
miraban, lo cual le inquietaba. De momento uno se
levantó y se dirigió a la puerta dos chicas entraban y les
mostraba la mesa en que se habían sentado. Se percató
de que no lo miraban a él simplemente miraban por los
cristales que habían a su espalda la llegada de sus
parejas. Llegó a la real conclusión de que no se
encontraba seguro.
Apenas llegó a su habitación llamó a Simón.
- Vaya Alfredo, cuánto tiempo sin saber de ti casi tres
semanas. Ayer vi tu libro en el escaparate de la papelería.
La portada es un birrete y una estola. En realidad llama
como algo incierto.
- Simón no te llamo por el libro. Verás no me
encuentro tranquilo y apenas salgo de la pensión creo
que necesito una persona que me de seguridad y en
estos momentos solo confió en ti.
- Pero hombre, solo tienes que venir a mi casa
durante un tiempo, serás bien recibido.

107
- Hay muchas cosas que no sabes, al día siguiente de
llegar, crucificaron en su propia iglesia al párroco que me
pasaba los apuntes. Mi amigo Francesco y yo lo
encontramos a Francesco hacia dos días que le habían
quemado el apartamento, según la policía italiana fue un
atentado con su propia bombona de butano. Hace una
semana colgaron a Isaac en Paris. El otro periodista que
me ayudaba. La Europol ha tomado cartas en el asunto y
yo… veras yo he encontrado pruebas o cosas que no se
si decir, entregar, ni como me podrían beneficiar.
- Lo que me cuentas en muy grave y mucho más si no
sabes quién es tu enemigo o donde buscar. La Europol
estará dando golpes de ciegos. No obstante ¿qué puedo
hacer yo? solo soy un investigador que no tiene acceso a
los papeles de la policía y en cuanto a protegerte… me es
imposible si no puedo protegerme ni yo mismo. Recuerda
que no tengo permiso de armas.
- Simón solo confío en ti, te necesito y estoy dispuesto
a pagarte todos los gastos, mas quinientos euros
semanales.
- ¿Te ha tocado la lotería?

108
- No, mi libro se vende y me ingresan dinero por cada
millar vendido; puedo pagarte no temas. Ven a Turín aquí
es donde se puede investigar, al menos tómatelo como un
reto.
- Dame tiempo he de hablar con Carol.
- Tienes tiempo hasta mañana, te he reservado un
vuelo directo, debes recoger el pasaje en el aeropuerto, el
avión sale a las once, te esperaré a la salida.
- Pero yo no he aceptado.
- Por favor ben, si no te interesa el caso puedes volver
en uno o dos días.
- He de hablar con Carol, no te prometo nada.
- Da lo mismo te espero.
Alfredo cortó la comunicación y al día siguiente
esperaba impaciente, la llegada de Simón. Su cuerpo se
tranquilizó cuando lo vio cruzar la puerta tirando de una
maleta. Lo recibió efusivamente como a un familiar al que
hace tiempo que no se ha visto. Tomaron un taxi y se
dirigieron a la pensión donde había reservado otra
habitación.
Instalado Simón, se fueron a comer y dar una vuelta
por la hermosa y turística ciudad, mientras le iba contando

109
lo sucedido desde su llegada. Volvieron a la pensión a
hora de cenar.
- Hoye Alfredo, no creo que me hayas llamado solo
para escuchar historias y hacer turismo.
- No pero no quiero que por mi culpa te pierdas la
visita a la ciudad. Cenaremos en una pizzería cercana y
mañana te mostraré lo que he descubierto. Hoy solo te he
mostrado la iglesia donde fue crucificado Clemente.
Mañana te mostraré como dieron la orden, es algo que no
he dicho a la Europol.
- ¿Y cómo la dieron? ¿No puedes decírmelo hoy?
- Si te empeñas, cenaremos e iremos a mi habitación.
- De acuerdo, cuando antes empecemos mejor; me
gusta ganarme el sueldo.
No perdieron mucho tiempo en comerse la pizza y
regresar. Alfredo mostró a Simón los papeles de
Clemente.
Mira estos papeles la policía no sabe que los tengo,
los saqué de unas fotografías que hice a los documentos
que les entregamos, en realidad no hay nada interesante
que nos pueda ayudar, es casi lo que yo he publicado
pero junto a ellos encontramos unos folios con palabras

110
sueltas. Cuando acompañé a la Europol a revisar la casa
del cura pedí permiso para llevarme estas revistas de
crucigramas, y siguiendo pistas llegué a descifrar los
mensajes que encierran, probablemente el cura pese a
comprar varios, descifró su primer mensaje sin tiempo
para avisar a nadie de su inminente muerte ¡Mira!
Alfredo explicó a Simón cómo funcionaban los
mensajes o como se descifraban.
- ¿No has comprado más?
- Si a partir de ese día los compro, pero salen los
jueves solo he comprado dos y los resultados son muy
raros.
- Los has descifrado.
- Si en el posterior a la muerte del cura, pone.
La venganza del señor a todos los enemigos alcanza.
Creo que es una referencia a la muerte de Clemente, y el
siguiente es más, “no sé cómo enfocarlo”.
Pronto el Angel justiciero volará repartirá justicia por el
mundo, solo los justos tendrán su perdón.
- Solo he puesto (el) antes de Angel y mundo. Le da
más sentido a la frase.

111
- Si pero seguimos sin saber a qué se refiere. En este
caso deberíamos saber quien compra los crucigramas y
quien los imprime pero sin levantar la liebre.
- ¿Crees que deberíamos contar con Francesco?
- Si según para que, y con la Europol también según
para que.
- No entiendo nada.
- Si queremos ser los cazadores no dejemos que
otros nos espanten la pieza y si lo hacen, que esta venga
hacia nosotros.
- Ahora aún entiendo menos.
Alfredo no entendía a donde quería llegar Simón y
mucho menos, que involucrase a todo el mundo
sirviéndose de ellos sin decirles nada, era más o menos lo
que él no entendía. Simón se dio cuenta y recapacitó.
- Solo diremos a cada uno lo que nos interese. En los
periódicos siempre hay alguien destinado a enterarse de
los pormenores de la gente.
- Si eso lo sé por experiencia.
- Pues es donde entra Francesco, necesitamos saber
todo lo posible sobre la lista de cardenales.

112
A la Europol les haremos investigar el origen de los
crucigramas. Pues aunque sabemos quién los edita, no
sabemos quién los crea y de quien recibe las ordenes.
- Como sabremos que la Europol no espantará la
liebre.
- No lo sabemos pero debemos convencerles de que
no es lo más conveniente.
- En ese caso ¿los llamo?
- Llámalos y diles que vengan aquí.
Alfredo, no lo pensó mas sacó la tarjeta y llamó. No
tardó en escucharse.
- Si ¿con quién hablo?
- Soy Alfredo, el escritor.
- Perdone no tengo marcado su número, ¿Qué
ocurre?
- He descubierto algo que les interesa, en los
cuadernos de crucigramas.
- ¿Está seguro?
- Si muy seguro, en los crucigramas alguien manda
mensajes.
- ¿Se encuentra en su habitación?
- Si.

113
- No se mueva llegaré en breve, me encuentro en la
comisaria revisando los datos.
- Le esperamos.
- Hasta pronto.
Ambos colgaron el teléfono y en tan solo quince
minutos llamaban a la puerta. Solo acudió Joan.
Alfredo abrió diciendo.- Pase Joan.
Joan se quedó mirando a Simón y Alfredo se apresuró
a hacer las presentaciones.
- Señor Joan le presento a Simón, el hombre de quien
les hablé - se volvió hacia Simón diciendo – Simón el
señor Joan pertenece a la Europol.
Simón alargó la mano y saludó a Joan mientras
pensaba que el agente de la Europol era algo esmirriado,
pese a la ropa.
- Ustedes dirán – dijo Joan.
Simón tomó la revista y llamó la atención del Policía.-
Mire usted - pasó la primera hoja y dijo.
Mire la primera palabra, la anotamos en este folio y
pasamos a la siguiente, como verá llevan un orden y las
vamos anotando.

114
Simón fue pasando hojas y explicando el
funcionamiento de las palabras.
- Como verá las palabras así ordenadas no tienen
sentido pero ahora mírelas escritas en orden inverso. Es
la orden de matar al cura e incluso especifica “clavado en
la cruz”.
- Está clarísimo ¿han descubierto más?
- Si pero con poco sentido ¡mire!- le mostro los otros
dos mensajes.
- Parecen amenazas y deben tener su sentido.
Debemos investigarlo. Gracias señor Alfredo por pedir los
cuadernos, sin su descubrimiento seguiríamos en la
ignorancia.
- Por favor – interrumpió Simón – no deseamos que
nadie sepa que lo hemos descubierto. Ustedes tienen
medios para hacer un seguimiento sin que se enteren los
culpables, solo si seguimos el hilo sin que nos descubran,
encontraremos a los culpables.
- Señor Simón, conocemos nuestro oficio y aunque sé
que usted ha sido policía, ni puede ni debe inmiscuirse en
la investigación.

115
- Lo sé; sé cuáles son mis limitaciones y no es mi
intención interferir en sus investigaciones. Solo soy un
apoyo para Alfredo. Por ese motivo le ha llamado.
- Me alegro que tenga las cosas claras, no obstante
les permito seguir comprando revistas y traduciendo.
- Muchas gracias, pero soy un poco curioso… en fin
aunque no pueda colaborar me gustaría estar informado.
- Usted sabe que habrán cosas de las que no podré
informarle.
- Lo sé y lo asumo, pero estaré más tranquilo si se a
que nos enfrentamos y así poder proteger mejor a Alfredo.
- Está bien, le entiendo, pero no le prometo nada.

El Policía se fue y llamaron a Francesco.


- Dime Alfredo.
- Escúchame con atención ¿recuerdas los
documentos que fotografiamos?
- Si.
- Te he mandado al correo un folio que contiene la
lista de obispos o cardenales, (según creo) necesito que
consigas la mayor información posible sobre los nombres
que figuran en la lista, verás que algunos están tachados

116
desconozco porqué, en fin consigue la mayor información
posible.
- ¿Estás investigando por tu cuenta?

- ¡No! te hable de Simón, el investigador privado.


Pues lo he contratado como… bueno es la única persona
en la que confío. Llegó ayer y lo he alojado en la pensión.
Cree que en la lista podemos encontrar, algo de que
valernos, si estudiamos sus vidas. En fin por algún sitio
hay que empezar, pues hasta que no sepamos quienes
son los culpables de las muertes, no estaremos seguros,
ni tu ni yo.
- Tienes razón, haré todo lo posible; tenemos un
delegado en la santa sede, le pediré ayuda.
- Gracias Francesco espero tus informes.
- Vale ya te llamaré.

Alfredo se volvió hacia Simón.- Ya está ¿Y ahora?


- Ahora nos toca a nosotros.
- ¿Nosotros?

117
- Sí nosotros, no se investiga sentado en una silla hay
que salir a la calle y yo no hablo italiano, apenas lo
entiendo. Por saber valenciano.
- No sigas ¿Qué hay que hacer? En primer lugar
comprobar en cuantos sitios venden la revista en Turín.
Búscalo por Internet.
Tras media hora de búsqueda, la revista era vendida
en cinco puntos
- Simón hay cinco puntos de venta.
- Elimina los que estén más alejados de las iglesias o
conventos.
- Quedan tres.
- Solo podemos vigilar dos.
- Pero aunque vigilemos, como podemos saber a
quién o que buscamos.
- No lo podemos saber en ocasiones debemos
guiarnos por la intuición.
- ¿Qué hacemos?
- La revista sale mañana tenemos tiempo para visitar
algunos puntos de venta, preguntar y no comprar con la
escusa de que no está la nueva, tú debes preguntar por
ella y con una sonrisa informarte de cuantos la compran o

118
si tienen reservadas algunas. Cuando te pregunten si
quieres que te la reserven dirás que regresas a Milán y la
compraras allí.
- Lo he entendido perfectamente. Vamos comeremos
por el camino.
Alfredo puso en marcha el GPS del móvil y fueron
visitando los quioscos y preguntando. En el tercero Simón
dijo que ese era, el que tenían que vigilar; preguntado
¿Por qué? respondió.
- ¿Si tu vinieras un coche, donde aparcarías? Además
debe ser el que más vende.
- Sí, es verdad aquí hay mucho sitio donde aparcar.
Mañana nos dividiremos, Tu te quedarás en el kiosco
junto al convento y yo en este.
- ¿Qué debo hacer? Compras el periódico y te paseas
o te sientas, pero con disimulo fotografías con el móvil a
los que salgan con la revista. Tendremos que levantarnos
temprano.
- Eso no es un problema, pero si alguien me
reconoce…

119
- La ley de posibilidades dice que aquí no te buscan
de lo contrario ya habrías tenido noticias, o estarías
muerto.
- No estoy tan seguro, pero confió en ti, te haré caso.

Los kioscos habrían a las siete y media, como habían


quedado el día anterior ambos estaban en las
inmediaciones. Con el móvil preparado para fotografiar.
La mañana se hizo larga y aburrida pese a estar
pendiente de quien entraba y salía o de lo que llevaban
en la mano. A las trece treinta cerraban los kioscos y
ambos se reunían en el restaurante de la plaza para
comer.
Miraron el menú y pidieron, mientras Simón
preguntaba.
- ¿Has visto algo sospechoso?
- No nada solo he fotografiado a siete personas y
entre ellas ningún cura.
- Esta tarde volveremos hasta que cierren.
- Esto es muy aburrido.
- Si pero necesario nunca sabes lo que puedes
pescar.

120
- ¿Y si no sirve para nada?
- En realidad es lo más seguro, pero hay que
intentarlo todo y ser constante.
- ¿Y tu cuantas fotos has hecho?
- Alrededor de treinta, ya te dije que un buen punto
para comprar la revista.
- Si no encontramos nada ¿qué aremos?
- Seguir mañana y el próximo Jueves, no tenemos
otro trabajo de momento, esperemos que la Europol o
Francesco nos den algo en que pensar. Mientras tanto he
comprado unas revistas, solo para ojearlas y mirar las
caras o los nombres.
- ¿Siempre es así tu trabajo?
- No en muchas ocasiones tengo nombre dirección y
muchos más datos y… mi trabajo me lo suelen facilitar los
mismos clientes. Cuando estaba en la policía en muchas
ocasiones nos ocurría como ahora, solíamos estar “sin
nada por dónde empezar” y eso agudiza el ingenio.
Muchos casos se resolvían por corazonadas con sus
correspondientes seguimientos. En fin algo
encontraremos, aunque tal vez sean pistas falsas y
perdamos el tiempo.

121
Alfredo empezó a pensar que el oficio de Simón no
era como en las películas o novelas policiacas. Veía una
pérdida de tiempo en lo que estaban haciendo; de que
servía fotografiar a una persona si no sabías quien era, ni
a qué se dedicaba.
El sábado siguieron con las fotos y el domingo las
descargaron en el ordenador y las observaron de una en
una solo dos curas habían comprado la revista, entre
otras cosas, pero ninguno de ellos parecía sospechoso.
Alfredo dijo - así no haremos nada.
- ¿Y sentados frente al televisor, crees que si?
Se quedó mirando a Simón y calló mientras este
seguía ojeando unas revistas e intentaba leer y
comprender el italiano, de momento cogió varias revistas
de crucigramas y anotó algo en un pequeño bloc que
siempre llevaba con un ridículo y corto lápiz entre el
gusanillo que unía las hojas, cogió nuevamente la revista
que acababa de leer y la abrió.
- ¿Qué ocurre?
- Es la misma editorial de los crucigramas, también
edita esta revista de sociedad.
- ¿Y bien?

122
- En esta revista hay una página de Crucigramas y
otra de sopa de letras, lleva el nombre de quien los
escribe, mira es un concurso, debes mandar las
respuestas el lunes a un correo, si los completas diez
semanas ganas una inscripción gratis a la revista durante
un año. La editorial está en Milán.
- ¿Y qué podemos hacer?
- Nos vamos a Milán temprano en el primer tren.
- Pero no conocemos a nadie y… bueno vamos.
- Nos basta con una bolsa de mano, tomaremos
habitación y después visitaremos la editorial.
- ¿No será inmiscuirnos en el trabajo de la Europol?
- No lo creo ellos tendrán intervenidos los teléfonos,
harán un seguimiento electrónico, esperando hallar un
mensaje o un correo que les de pistas. Dime después de
lo que a ti te ha ocurrido ¿te fiarías de Internet?
- No, creo que no, pues quienes te han hecho un
seguimiento a ti tampoco creo que se fíen. Las cosas
pueden ser más sencillas y al mismo tiempo más antiguas
y más seguras.

123
Con una bolsa de mano y lo estrictamente necesario,
llegaban a las once a Milán.
- ¿Qué hacemos ahora?
- Tomar una habitación doble es más económica y
nos vamos a la editorial.
Así lo hicieron y tras tomar un taxi llegaron al edificio.
- Escucha Alfredo preguntaremos en recepción si esta
revista se publica en España y en español. Dirás que soy
yo quien lo pregunta pues soy un adepto a los
crucigramas y quería concursar. La respuesta será
negativa y… bueno entremos.
Se acercaron a recepción una joven bien parecida les
atendió.
- Bonasera, ¿Qué desean?
Alfredo se fijó en el nombre que llevaba en el pecho y
le ofreció su mejor sonrisa.
- Bonasera Sofía, mi Tío se preguntaba si ustedes
editan en España.
- No nuestra revista solo llega a los aeropuertos.
- Y seguramente en italiano ¿No es así?
- Si así es.

124
- Ves tío, como no puedes concursar. Verá es un
fanático de los crucigramas y quería concursar pero no
sabe italiano.
- Lo sentimos solo editamos en nuestro idioma.
- Yo también lo siento, como me hubiera gustado
conocer al periodista que los desarrolla – dijo Simón, la
recepcionista le entendió.
- Pueden hacerlo.
- No, no queremos molestar, no lo llame – contestó
Alfredo – nos vamos.
- Señor sale a la una y se toma una cerveza en la
esquina.
- ¿Cómo podemos conocerlo?
- Es moreno de su altura, treinta y cuatro años y
siempre lleva una cartera de cuero. Se llama Marco
Conte.
- Muchas gracias, no sabe como se lo agradezco
“arrivederci” – dijo Simón sonriendo.
Ambos abandonaron, la recepción y salieron a la
calle.
- Bien y ahora ¿qué hacemos?
- Tu nada, regresa a la pensión y espérame allí.

125
- ¿No irás a hablar con él?
- No, no temas, no quiero espantar la liebre. Vete al
hotel y espérame.
Simón volvió a las cinco pasadas, de la tarde. Alfredo
esperaba noticias impaciente.
- Y bien no tienes nada que decir.
- Si he reservado una habitación en un hotel para el
jueves próximo; nos mudamos.
- No entiendo - dijo Alfredo moviendo la cabeza.
-Estábamos en el sitio equivocado, las ordenes deben
partir de aquí, en Turín no hay nada que buscar, en
cuanto a la revista de crucigramas llega a toda Italia.
Puedo añadir que Marco vive frente al hotel donde he
alquilado la habitación.
- Pero si me buscan los de la Europol.
- Te llamarán por teléfono, aunque no confío mucho
en que te llamen.
- ¿Por qué?
- No querrán darte información. Si no hay más
muertes el caso será archivado y posteriormente olvidado.
Más vale que me equivoque.

126
Simón hablaba tan seguro que Alfredo no dudaba ni
un momento de sus palabras.
- En ese caso ¿qué hacemos?
- Mañana mismo regresaremos a por el equipaje y
nos trasladaremos.
-¿Y después?
- Vigilaremos la vivienda de Marco y haremos fotos a
quienes entren en el portal desde nuestra habitación, si no
me equivoco le llevaran las instrucciones en sobres.
- Sigues con la idea de que no será por correo
electrónico. ¿Qué te hace pensar que será por carta?
- Simplemente es como yo lo haría.
- Está bien vigilaremos, ya perdimos el tiempo
fotografiando en Turín qué más da perderlo aquí.
Simón no hizo caso, sacó el móvil y empezó a mirar
las fotos recién hechas a Marco. Como había dicho, al día
siguiente recogieron el equipaje en Turín y se instalaron
en la nueva habitación, Simón instaló sobre un caballete
una cámara sin flas pero capaz de hacer fotos de
infrarrojos. Las cortinas corridas evitaban que les vieran.
A las cuatro llegó Marco a su casa, durante tres días
vigilaron ya conocían y descartaban a los ocupantes del

127
edificio. Ante el aburrimiento de Alfredo, el cual no
protestaba y seguía las instrucciones de Simón,
cumpliendo con sus turnos por miedo a que se fuera y lo
dejara solo.
El jueves salió nuevamente la revista y Alfredo se
dedicó a rellenar los crucigramas. Tras terminar de
descifrar las palabras e invertirlas el mensaje quedaba
así.
No podemos perder tiempo, solo disponemos (de) uno
mes castigo necesitamos (el) Angel veneno mandar
noticias (tu) sabes.
- ¿Como lo tienes, ya lo has descifrado? – preguntó
Simón.
- Creo que si los pronombres, artículos o
preposiciones, los añado yo. Es más fácil de comprender.
Simón se quedó pensando y dijo.
- Yo leería – No podemos perder más tiempo solo
disponemos de un mes para castigar (o castigo)
necesitamos el portador del veneno, mándame noticias
donde tú sabes. Creo que esa es la lectura que recibirá el
destinatario. Pero está claro que no sabemos la
respuesta.

128
- ¿Y qué podemos hacer?
- Creo que el próximo mensaje a Marco llegará en
breve, puede que hoy, deben darle tiempo para usar su
imaginación. Esta noche vigilaremos hasta tarde.
A la una de la noche paraba un vehículo en la
esquina, a unos treinta metros, un hombre bajaba con
algo en la mano, (los coches aparcados tapaban sus
manos) Simón fotografiaba todo lo que podía ser
interesante y por descontado al nuevo paseante. Paró en
la portería y tras mirar a ambos lados sacó una llave abrió
el portal y depositó algo en un buzón sin encender la luz
salió y cerró la puerta. El coche avanzó recogiendo al
individuo sin apenas parar.
Simón contó el cuarto Buzón. Al día siguiente apenas
amaneció bajó a la calle y esperó que alguien saliera,
aprovechando que la puerta cerraba automática y
lentamente se apresuró a colocar el periódico que llevaba
(para disimular) evitando que cerrara, con tan solo una
fina navaja abrió el buzón y sacó el pequeño sobre,
extrayendo la nota del interior y dejando vacio el sobre en
el interior del buzón el cual cerró y dejó como si no
hubiera sucedido nada. Esperó desde la habitación,

129
hasta ver a Marco como habría el buzón y sacaba el
sobre, guardándolo en el bolsillo antes de salir.
Tras salir Alfredo del aseo, Simón contó lo sucedido,
este le recriminó que cogiera la nota, pues eso significaba
que podría ponerlos sobre aviso y levantar la liebre como
él mismo decía.
Simón con toda tranquilidad contestó, que tal vez eso
era lo que les interesaba, ponerlos nerviosos y que
cometieran algún error. Tal vez hasta ahora todo sea
perfecto para ellos, deberán saber que su sistema tiene
fallos. Alfredo se quedó estupefacto mirándolo fijamente.
- ¿Qué ocurre? –preguntó Simón.
- ¿Cuándo piensas decírmelo?
- Decirte ¿el qué?
- Lo que pone en la nota.
- ¡Ah! No la he leído, toma – Simón sacó la nota del
bolsillo y se la entregó, mientras desmontaba la cámara y
plegaba el caballete.- no te entretengas mucho y haz el
equipaje, cambiamos de Hotel.
Guardo la nota y sacó la maleta a medio deshacer.
Tras pagar en recepción salieron andando para parar en
otro hotel al final de la calle.

130
- ¿Aquí nos quedamos?
- Sí no hay motivo para andar más lejos y desde aquí
también vemos donde vive Marco.
- Pero ¿no entiendo?
- Posiblemente busquen si le han estado vigilando y el
primer sitio será en las ventanas que den a la calle.
- ¡Pero nos describirá el recepcionista!
- No lo creo, ayer me atendió una señora que hablaba
perfectamente español, hoy nos ha atendido un señor
mayor y solo ha hablado contigo, le habrás pagado en
metálico como te dije.
- Sí, así es.
- En ese caso, como mucho encontraran a un viajante
español llamado Simón con un carnet al que no
corresponde la fotografía ni los datos, en caso de que
investiguen e intenten obtener una descripción será tarea
inútil la chica me recordará a mí y el señor a ti. Será difícil
ponerse de acuerdo.
Entraron en el hotel y tomaron habitación Alfredo
apenas sacó lo necesario de la maleta.
- Y bien ¿Cuándo piensas leer la nota?

131
Alfredo sacó con rapidez la nota y la leyó. Cogió un
bolígrafo y papel que había sobre la mesa, gentileza del
hotel, y la escribió a la inversa.
Lunes once conferencia del mono, doctora Estela
Suiza protección al mono.
- Veamos el domingo estamos a veinte, el once debe
ser la hora de comienzo. Parece ser que les interesa
proteger al mono más que a la doctora. Creo que
debemos buscar donde es la conferencia. Podrías
buscarlo con el ordenador.
Mientras Alfredo buscaba, Simón ojeaba el periódico,
la noticia iba anunciada en letras grandes.
- No busques mas, está anunciado en el periódico.
Según dice aquí; el lunes a las once darán una
conferencia en la universidad de ciencias los biólogos
suizos, Alejandro Sabatini y Estela Conte, hemos de
conseguir entradas y no será fácil.
Alfredo no perdió el tiempo y llamó a Francesco.
- Dime Alfredo.
- Necesito dos acreditaciones de prensa para entrar
en una conferencia que se emite en la Universidad de
Milán.

132
- Mándame los carnets de identidad y te las
conseguiré.
- ¿Donde las recojo?
- Aquí en el periódico, o más bien, te las llevaré a la
pensión.
- No, no estoy en la pensión me encuentro en Milán.
- ¡Milán! ¿Qué haces en Milán?
- Seguimos una pista fiable y de momento nos
interesa la conferencia.
- Estás loco ¿y la policía?
- No sabe nada y tampoco donde buscar. Según dice
Simón la Europol se irá en pocos días si no consigue
nada.
- ¿Pero ellos saben que te has trasladado? ¿Y quién
es Simón? No será el mismo que te ocultó en Madrid.
- Si el mismo, es del único del que me fio.
- Alfredo estás loco.
- Tal vez sí, pero no dormiré tranquilo mientras crea
que hay alguien suelto que me quiere matar. Escucha el
domingo por la tarde iré en tren y recogeré las
acreditaciones, te llamaré cuando salga el tren.
- De acuerdo te esperare en la estación.

133
Los teléfonos se colgaron y Alfredo miró a Simón.
- Todo solucionado, podrás llevar la cámara y
fotografiar todo lo que quieras sin que te digan nada.
Simón asintió y siguió ojeando el periódico mientras
murmuraba, ¿Por qué el mono y no Alejandro?
- ¿Me dejas la página del anuncio?
Toma todo el periódico apenas entiendo algo.
- Según dice se trata de una conferencia sobre
agentes víricos y sus vacunas, los ponentes pertenecen a
los laboratorios Suizos “Mersán” al parecer es de lo más
avanzado en vacunas contra la gripe o antivirales.
Distribuye vacunas a medio mundo.
- Y claro la conferencia es un modo de decir,
¡compradme Vacunas! Son las mejores. “Total
vendedores”; sigo sin entender la relación entre tu libro,
los asesinos y las vacunas. Por otro lado los
conferenciantes tienen nombres… yo diría italianos, no
suizos. Tengo hambre ¿me acompañas?
- Si vamos yo también.

134
Alfredo fue a recoger las acreditaciones y mientras
esperaban la partida del tren para regresar explicó
reducidamente a Francesco lo ocurrido y donde les
llevaban las investigaciones. Por su parte Francesco le
aconsejó que no se metiera en líos ni se diera a conocer.
Anunciaron la salida del tren por megafonía y se
despidieron.

Lunes por la mañana, con sus acreditaciones


colgando acudieron a la conferencia entrando sin
problemas, un señor les indicó el lugar destinado a la
prensa y les advirtió que durante la conferencia solo los
estudiantes o científicos podían preguntar. Posteriormente
en una sala más pequeña darían una rueda de prensa.
Su sorpresa fue mayúscula, al ver solo a cuatro
periodistas en el sitio reservado a la prensa.
A las once en punto entraron cuatro gorilas que se
repartieron por la sala y desde el punto donde se
encontraban observaron como otro los acompañaba y se
quedaba en la puerta. Un hombre de edad avanzada los
recibió mientras los presentes aplaudían, hablaron algo y
el más viejo hizo las presentaciones tras un atril, invitando

135
al que debía ser Alejandro a que hablara, dejó el atril y se
sentó. Alejandro hizo el camino a la inversa. Saludó a
todo el mundo y dejó unas cuartillas sobre el atril. Durante
media hora hablo solo parando para beber agua o
respirar. Durante su charla hablo de las diferentes
epidemias provocadas por gripes a lo largo de los años,
como la gripe Española, la Asiática, Aviar, etc. Sus formas
de difusión y el diferente tipo de virus que las habían
provocado.
Llegó el turno de Estela y ella enfocó más el trabajo
en las vacunas como conseguirlas y cual era su función,
para seguir diciendo que en su campo no dejaban nada al
azar y continuamente buscaban nuevas soluciones con
vacunas más eficientes, pues si los virus tienen la
propiedad de mutar, también las vacunas deberían
hacerlo.
A las doce y media terminaban las preguntas de
estudiantes y público, pasando a la sala de prensa.
Alfredo no tenía excesivas cosas que preguntar, pues sus
respuestas las había dado en la conferencia, hizo un
comentario a Simón y este dijo.

136
- Somos pocos y tenemos que hacer que se fijen en
nosotros.
- ¿Porqué? Puede ser peligroso.
- No si nos identifican como periodistas. Si no sabes
que preguntar pregunta sobre el Ebola. Si conseguimos
que nos reconozcan como periodistas, siempre que nos
vean nos relacionaran con este día.
- Recuerda soy periodista siempre pregunto aquello
que interesa al público.
- Haz lo que quieras, pero pregunta sobre todo de
vacunas y que ella se fije en ti. Las mujeres recuerdan
mejor las caras que los hombres; lo sé por experiencia.
No tardaron en llegar a la sala y se colocaron de pie
delante de los periodistas, el viejo dijo.
- ¿Quien quiere preguntar primero? Alguien levantó la
mano y le dio la palabra, el periodista preguntó.
- Doctor Alejandro, ¿En qué punto de investigaciones
nos encontramos en estos momento respecto a los virus?
- Creo que debo decirle que en un buen momento,
cada vez conocemos más su composición y como
combatirlos, pero no podemos bajar la guardia, en

137
cualquier momento una mutación puede echar por tierra el
trabajo de muchos años.
Alfredo levantó la mano.
- Si por favor –dijo el viejo dándole permiso para
hablar.
- Doctora, usted ha hablado sobre vacunas, y como
ha dicho el doctor en cualquier momento puede aparecer
un nuevo virus del que no sepamos nada ¿Qué hacen al
respecto con un virus desconocido?
- Gracias por la pregunta. Como bien ha dicho o he
entendido, debemos prepararnos para recibir sorpresas
¿Es así?
- Si esa es mi pregunta.
- Le diré para su tranquilidad que realizamos fusiones
de virus, con el único objetivo de encontrar medicamentos
que los neutralicen, pues las fusiones también pueden
realizarse en la naturaleza. No siempre la vacuna es lo
más efectivo o directo. Debemos estar preparados para
que el virus no dañe nuestro cuerpo, con ese motivo
investigamos con nuevos fármacos que los convatan.
Alfredo sonrió y la doctora le devolvió la sonrisa.

138
El viejo dio la palabra a otro periodista, pero Alfredo
en cuanto pudo volvió a levantar la mano.
- Si pregunte.
- ¿Doctora disponen de vacunas o luchan contra el
Ébola? Quiero decir si tienen algún producto… Alfredo no
sabía muy bien cómo realizar la pregunta.
- La doctora Estela lo captó, hizo una pequeña mueca
con la boca y contestó.
- Digamos que no investigamos directamente sobre el
Ébola, por la gran cantidad de laboratorios que ya lo están
haciendo, pero puedo asegurarle que las vacunas no son
todo lo efectivas que quisiéramos, tal vez porque hay
mucha gente reacia a vacunarse, y los medicamentos que
conocemos son efectivos en su mayoría pero no
definitivos.
- ¿Es de fácil trasmisión? – preguntó sin levantar la
mano.
- Si es de muy fácil transmisión, la gripe se trasmite
por las excreciones al respirar de persona a persona. El
Ébola por simple contacto.
Las preguntas siguieron, pero para Simón los
presentes ya se habrían fijado en él y para ellos sería un

139
periodista. Por su parte Simón había fotografiado tanto a
los doctores como a los gorilas.
Y hablando de gorilas solo quedaban dos. Terminó la
rueda de prensa y empezaron a salir lentamente, Simón
paró en la calle y cogió la manga de Alfredo.
- Quieto sin prisas miremos el escaparate, mira esa
camisa. Por los cristales veía como Alejandro se despedía
subiendo a un coche con los gorilas. Estela cruzaba sola
la calle pensó que tal vez buscaba un taxi, pero no fue
así, entro en un cercano restaurante.
- Esta es la nuestra.
- ¿Qué ocurre? Preguntó Alfredo.
- Vamos vas a comer con la doctora, procura darle
conversación, no hay prisa en regresar yo te esperaré en
el hotel.
- Pero que le digo yo no soy Robert Redford.
- Por eso sigues soltero, ven conmigo. No eres feo y
creo que la doctora pese a su juventud no tiene pareja, de
lo contrario estaría con ella. Quiero decir que si consigues
comer con ella, podemos saber más del “Mono”.

140
Entraron en el restaurante y buscaron a la doctora,
pasaron de largo su mesa y volvieron sobre sus pasos.
Simón actuó fingiendo una enorme sorpresa.
- ¡Doctora! ¡Es usted la doctora Estela!
Estela sonrió, sin contestar. Tal vez no quería
moscones cerca o no deseaba otra entrevista.
- Que casualidad, nos hemos visto en la universidad –
insistió Simón.
- Si ustedes eran periodistas. Contestó sonriendo.
- Sí ya tenemos la noticia pero…
- Que ocurre…
- Doctora debo irme, podría usted cuidar de mi
compañero, no le gusta comer solo. Me haría un favor, yo
tengo prisa “he quedado” y…
Alfredo no había intervenido y decidió hacerlo –
Doctora no haga caso a mi compañero, no quiero
molestarla, buscaré mesa aunque no tenga con quien
hablar.
- Yo también estoy sola, no me importaría tener
alguien con quien dialogar, siempre que dejemos los virus
y el trabajo.

141
- En ese caso me gustaría tener compañía y le
prometo no hablar de trabajo.
- Me alegro que estéis de acuerdo, en ese caso me
voy, lo dejo en buenas manos. Doctora ha sido un placer
conocerla.
Simón se fue dejando a la pareja sentado frente a
frente, Alfredo intentó disimular.
- ¿Ya ha pedido?
- No acababa de sentarme.
Ambos miraron el menú, él hizo una mueca – no es
de mi gusto, pediré un plato combinado.
- ¿Que le ocurre al menú?
- No me gusta la pasta y como verá hay muchos
platos…
- Si está claro, pero un italiano al que no le guste la
pasta es algo…
- ¿Raro?
- Si eso es.
- No soy italiano, soy español como mi compañero, el
mismo que nos ha presentado y que apenas sabe algunas
palabras italianas.
- Ya entiendo en la entrevista no habló.

142
- No podía hacerlo, le confesaré que para que
comiéramos juntos antes me preguntó cómo se decían
unas frases. Quería irse y dejarme acompañado.
- O sea que no fue casualidad.
- No doctora fue un ardid propio de él, pero le estoy
agradecido en realidad yo prefiero comer con usted que
con él. Sabe usted, soy un poco tímido y… si desea estar
sola lo entenderé y me iré.
- Me quedaría sola nuevamente, mejor quédese y
decida que va a comer ya viene el camarero.
Estela pidió macarrones con salsa boloñesa y él un
plato de carne al horno con berenjenas.
Mientras comían ella preguntó, para que periódico
trabajaba.
Alfredo contestó que más que trabajar para uno solo,
escribía para varias revistas y ofrecía sus artículos. Lo
cual le daba un plus de libertad.
- Le envidio, yo no tengo tanta suerte, paso las horas
inmersa en mis investigaciones, con poco tiempo libre
aunque reconozco que nadie me controla.
- Pero la esperaran en casa y tendrá hijos o…

143
- No, no estoy casada, vivo sola y créame me
encuentro más realizada en mi laboratorio que en mi
casa.
- La entiendo perfectamente, me ocurre lo mismo,
solo que en mi caso, vivo de alquiler y así puedo viajar sin
tener que volver siempre al mismo sitio. Por cierto me
llamo Alfredo, no es que me guste pero es el que me
pusieron.
- ¿Es bonito y su compañero?
- Simón, él si tiene mujer y un hijo mayor en
Inglaterra. Vive en Madrid, pero aunque solo lo conozco
unos meses, hemos congeniado a la perfección. Es
fotógrafo y solo habla español e inglés.
- Pues creo que aprendería con facilidad, el italiano.
- Tiene familia en Valencia y allí se habla un idioma
procedente de romanés o dicho de otra forma del idioma
que hablaba el pueblo o soldados de Roma. Hay algunas
similitudes. Al latín suelen quitarle la ultima silaba.
Como verá estoy cumpliendo mi promesa y no
pregunto por su trabajo.

144
- Se lo agradezco, aunque le permití sentarse, creí
que ese era su deseo, no te puedes fiar de un periodista -
dijo sonriendo.
- Como le he dicho, no se acercarme a una mujer si
no es para entrevistarla; aunque reconozco ser un poco
parlanchín. Por cierto estos días he entrevistado a… no
mejor no pregunto.
- ¿Por qué?
- Era sobre su apellido Conte ¿su familia es de
Roma?
La cara de Estela cambió y Alfredo dijo.
- No debí preguntar, perdone mi espíritu de periodista
me induce a preguntar.
- No tiene usted la culpa y no ha preguntado por mi
trabajo.
- Si soy italiana y el doctor Alejandro también, ambos
estudiamos aquí en Milán y pasamos a la empresa
privada, comprenderá que es donde más pagan. Yo no
conozco a mis padres, con tres años alguien me dejó en
un colegio, nunca vi a mi madre ni la recuerdo. Solo sé
que un señor de negro me visitaba en algunas ocasiones
y se preocupaba por mí, él pagó mis estudios pero desde

145
que cumplí los catorce no he vuelto a verlo ni saber de él.
Conservo la misma cuenta en el banco donde él
depositaba el dinero hasta que encontré este empleo y
dejó de ingresar; no sé nada de él.
- ¿Tampoco su nombre?
- No tampoco, los ingresos eran anónimos.
- ¿Y tu segundo apellido?
- Carrisi.
- Creo que los apellidos coinciden con los de un
periodista de aquí. Es quien se encarga de los
crucigramas que se editan en una revista semanal. ¿Es
usted aficionada a los crucigramas?
- No nunca me han llamado la atención a ¿usted si?
- Digamos que es una forma de entretenimiento
cuando alguien está solo.
Estela sonrió - vaya nos hemos juntado dos solitarios.
Él contestó a su sonrisa, con otra, el camarero se
acercó y pidieron los postres.
- ¿Comía usted aquí cuando estudiaba?
- No, no me lo podía permitir, siempre miraba el
restaurante esperando poder entrar algún día. Ahora

146
como aquí siempre que vengo a Milán. Es como una
venganza.
- ¿Viene muchas veces?
- No mi vida se desarrolla en Locarno, una muy bella
población suiza con un gran lago y un entorno
maravilloso.
- ¿Es una zona industrial?
- No allí solo están los laboratorios de la empresa, es
una zona tranquila pocas cosas te distraen, la fabrica se
encuentra en Alemania Yo dirijo un equipo de nueve
personas y Alejandro de doce. Es el ayudante o mano
derecha del profesor Van Foster, una eminencia en su
campo, pero un poco viejo. Alejandro ocupará su lugar,
cuando él decida jubilarse.
- Perdona Estela pero sin querer hablar de trabajo
hemos vuelto a él.
- Si tarde o temprano debía de ocurrir.
- Dime ¿está muy lejos Locarno?
- No solo a dos horas en coche ¡si no coges nieve!
¿Piensas visitarlo?
- No lo conozco y paso muchos días solo. He pensado
que…

147
- ¿Qué ocurre?
- No nada… pediré la cuenta.
- Alfredo si lo deseas puedo mostrarte mi pueblo.
- ¿No será un abuso por mi parte?
- Digamos que me servirá de distracción, como te he
dicho no hay muchas distracciones por allí. Te anotaré mi
teléfono y si decides venir me llamas, podría reservarte
habitación en un hotel cercano.
Ambos cruzaron sus teléfonos.
Una llamada al teléfono de Estela le hizo saber que la
recogerían en quince minutos en la misma puerta del
restaurante.
- Alfredo se preguntará ¿porqué no he comido con
Alejandro? - comentó Estela.
- Intento no preguntarme nada de la vida de otras
personas pero de vez en cuando sale mi vena
periodística. Así y todo me gustaría saberlo.
- Se lo diré, es natural. Alejandro viene de una familia
importante y yo no quiero conocerla, deben ser políticos
pues suelen mandarle chofer y guardaespaldas cosa que
no ocurre cuando está en Suiza. Allí es libre y tiene
amigos y amigas. Tampoco es casado ni creo que se lo

148
plantee. Vive muy bien en su casa de campo, hay muchas
en la zona.
- ¿Y usted también vive en una casa de campo?
- No. yo tengo un apartamento, me sobra de
momento. Mire llega mi coche, espero verlo por allí, le
gustará Locarno es un sitio tranquilo y con un paisaje de
ensueño.
- Lo intentaré si no es un problema para usted, en
cuanto resuelva unos asuntos. Me lo pinta usted muy
bonito
- Lo es, no le quepa duda. Arrivederci. Y no es un
problema “recuerde”
Estela subió al coche y este desapareció al final de la
calle. Alfredo decidió pasear de regreso al hotel. Una hora
más tarde entraba en la habitación donde le esperaba
Simón, tumbado sobre la cama.

- ¿Cómo te ha ido la comida?


- Muy bien Estela es muy simpática y nada engreída.
- Vaya tienes buena opinión de ella ¿Qué has
descubierto?

149
- ¿De qué? No la he interrogado, me ha dicho que
estuvo en un orfanato desde los seis años y que un señor
le pagó los estudios, no sabe quién es y no tiene familia
vive sola en Locarno a dos horas de aquí.
- ¿No te ha dado su teléfono?
- Si y me ha invitado a… hoye tu.
- Vamos Alfredo sabía que dos jóvenes solos
comiendo juntos debían de terminar como amigos. Es
algo natural, que más te dijo.
-Alejandro lleva un equipo y ella otro, parece ser, que
se complementan no sé muy bien que investigan pero
debe estar relacionado con la conferencia.
Simón estuvo un rato sin decir nada, mientras Alfredo
miraba los crucigramas, y murmuraba - “mono”.
- Alejandro - contestó Simón entredientes.
- ¿Cómo dices?
- El profesor Alejandro es el mono. A él es a quién
quieren proteger.
Estela me dijo que solo lo protegían cuando salía de
Suiza, ella cree que es de una familia importante y tienen
miedo a que lo rapten.
- Puede pero ¿con que animales se investiga?

150
- Se por donde quieres ir, pero cada vez se investiga
menos con monos.
- Puede ser su nombre en clave. Bien dejémoslo, está
claro que Mono es él, al menos para mí.

- Francesco les mandó la lista con los nombres


anteriores, de los cardenales y obispos que estaban
asiduamente en el Vaticano. Pocos habían cambiado su
nombre y menos trabajaban en puestos de
responsabilidad o tenían poder de decisión.
El nombre anterior a coger los hábitos de un cardenal
les llamó la atención. Marco Conte Melodini. En la
actualidad Ángelo Morettí, consejero del banco IOR más
conocido como banco del Vaticano.

- Simón tengo una pista ¿a quién te recuerda Marco


Conte?
- Al periodista que hace los crucigramas.
- Exacto, mira esto, el cardenal Ángelo Moretti antes
se llamaba Marco Conte Melodini. A Estela le pagó los
estudios, un hombre al que no ha visto desde los catorce

151
años y según ella vestía de negro. Su apellido es Conte
¿Qué crees que debemos hacer?
Simón miró la lista sin hablar por fin dijo – llamaremos
a la policía.
- Pero yo creía que no querías decirles nada.
- Les daremos el trabajo que nos interese, y ellos
pueden encargarse del Cardenal e investigar.
- ¿Y nosotros?
- Nosotros nos tomaremos unas vacaciones en Suiza.
Creo que tu ya no les interesas su objetivo parece mucho
mayor, también creo que solo querían darse a conocer y
que el mundo supiera que existían, tu libro solo fue una
escusa. Tres muertes y tres pistas con su anagrama y el
nombre de la secta.
- ¿Como llegas a esa conclusión?
- Si quisieran hacer más propaganda, Francesco ya
estaría muerto y posiblemente tu también. La editorial de
tu libro podría estar quemada, en fin. Ellos saben que la
policía europea busca una organización criminal llamada
Inri, pero no desean cometer errores y a más atentados,
más posibilidad de cometerlos. Conseguido su primer
objetivo ahora se centraran en uno mayor. Eres escritor y

152
no te fijas en lo que escriben otros. Tal vez ellos si se han
fijado en un libro. Ángeles y Demonios.
- Está claro, puede que tengas razón, en fin si quieres
los llamo. Por cierto no he leído el libro, pero lo leeré.
- Si llámalos o mejor cítalos en la plaza, son capaces
de venir aquí y estropearlo todo.
Esa tarde a las seis les esperaban los dos policías, en
la plaza dentro del coche, cuando llegaron les invitaron a
subir y mientras hablaban uno de ellos conducía por la
ciudad. Según dijo un policía era el mejor sistema para
que nadie les escuchase.
Simón les explicó lo que habían descubierto en la lista
de Clemente y preguntó a los policías por sus progresos.
Los policías dijeron claramente, que no se comunicaban
por mensajes ni por teléfono los cuales tenían
intervenidos y que la nueva pista podía ser muy valiosa
pues ahora tenían a quien seguir, daban por descontado
que el periodista tenía algo que ver con el cardenal,
podría ser su hijo y por lo tanto confirmarlo era el
siguiente paso. Tanto Simón como Alfredo callaron todo lo
referente a Estela.

153
A la pregunta de qué planes tenían para el futuro.
Simón dijo que regresaba a España quería ver a su mujer
ya que Alfredo había pensado viajar.
El policía dijo que debían estar localizables y Alfredo
contestó, que disponían de los teléfonos de ambos y
bastaba una llamada.

Jueves ambos hicieron la siesta y salieron a cenar


querían vigilar toda la noche la portería de Marco. Simón
dijo.
Búscame un avión para mañana a ser posible, quiero
pasar el fin de semana en casa, y tu mira si hay tren a
Locarno.
- Por qué, contestó extrañado.
- A partir de esta noche aquí ya no tenemos trabajo,
es hora de tomar vacaciones o ver lo que ocurre con el
mono, nos trasladamos. Toma habitación o llama a
Estela, lo que quieras yo volveré; lunes o Martes. ¡A! y si
pregunta dile que soy fotógrafo y me gustan los paisajes.

A las dos de la madrugada un coche aparcaba en la


misma esquina donde estaba el hotel, bajaba un hombre y

154
realizaba la misma operación dejando un sobre en el
buzón. A continuación entraba nuevamente en el coche y
apagaban las luces. Simón dijo.
- Ya podemos dormir, se van a quedar vigilando toda
la noche por si alguien entra en la portería y coge el
sobre. Solo quería saber si iban a seguir con el mismo
sistema. Hizo una fotografía de la matricula que mandó al
día siguiente a la policía, añadiendo que debía tener
alguna conexión con lo que ellos investigaban.
Algunas preguntas por parte de la policía llegaron a
su móvil, pero Simón lo desconectó.
Mientras tanto, a las nueve horas Alfredo había salido
con su maleta debía coger un taxi para llegar a tiempo al
tren, la estación estaba un poco alejada, Mientras que
Simón tenía el vuelo a las quince horas. Siempre previsor,
tuvo tiempo de visitar la estación y observar todos sus
rincones antes de subir al tren. Había mucho sitio en el
interior y muchos asientos vacíos, no era un día de mucho
transito. No tardó mucho en perder de vista la ciudad y su
entorno e internarse en un paisaje mágico entre montes,
ríos y enormes árboles. La naturaleza explotaba con la
primavera con una infinidad de colores que embriagaban

155
los sentidos. Alfredo miraba por la ventanilla y su mente
vagaba por un paisaje de ensueño, que lo sorprendía en
cada recodo del camino.
Estaba a media hora de Locarno cuando sonó su
teléfono.
- ¿Señor Alfredo?
- Si yo soy.
- Soy Marcel de Europol, estoy llamando a su
compañero y no puedo comunicar con él.
- Es posible que tenga desconectado el teléfono, debe
coger un vuelo, regresa con su familia, al menos por unos
días.
- ¿Y usted, escucho un ruido…?
- Voy en tren, he decidido evadirme y tomar unas
vacaciones por Suiza. Pero sigo estando localizable.
- Su compañero nos ha mandado la fotografía de una
matrícula, puede decirme algo más al respecto.
- Creemos que pertenece a alguien del Vaticano, nos
hemos encontrado varias veces con el vehículo, lleva
cristales tintados y no sabemos quién es el pasajero no se
ve el interior, lo hemos visto aparcado varias veces,
Simón dice que puede que nos sigan o que vigilen a

156
alguien, también podría ser un correo y ese sería el
motivo por el que no mandan nada por Internet. Por cierto,
Simón no es mi compañero solo lo uso como
guardaespaldas y por ello le pago. Fue policía y un
magnifico investigador, desearía que siguieran sus
corazonadas, no suele equivocarse.
- Señor Alfredo, la policía no puede dedicarse a
investigar corazonadas, buscamos hechos. Pero, para su
tranquilidad investigaremos el vehículo.
- Gracias señor Marcel.

Colgó el teléfono y llamó a Estela, su móvil estaba


apagado. Dejó un mensaje de voz y siguió admirando el
paisaje, el agua de los ríos que cruzaban, llegaba muy
cerca de las vías parecía quedar solo algunos metros por
abajo y cada vez se ensanchaban más. Los montes tan
pronto aparecían frondosos con enormes árboles, como
con apenas vegetación y sobre ellos las cumbres se
mantenían nevadas. Por fin empezó a ver algunas casas
aisladas y al momento pareció que los montes
desaparecían y una ciudad costera con aspecto
mediterraneo aparecía ante él. Locarno con su pequeño

157
lago, era una ciudad de no más de quince mil habitantes,
con un puerto pesquero compartido por pequeños yates.
Un pueblo pintoresco donde las casas parecían trepar por
las laderas de los montes a la espalda del puerto. Al otro
lado del lago se adivinaba un pequeño aeropuerto. Con
hangares y naves.
A las doce llegaba al destino. Salió de la estación y se
quedó pensando, no sabía dónde ir, deambuló hasta
llegar a un banco donde se sentó con su maleta al lado
mirando al puerto, tal vez esperaba la llamada de Estela…
Miró el móvil pero solo vio la fecha y el pronóstico del
tiempo; catorce de mayo, previsión dos días de sol y
posteriormente lluvia, la nieve se mostraba en las
cumbres y el entorno era maravilloso.
Un taxista lo sacó de sus pensamientos.
- ¿Taxi Señor? Hablaba francés pero lo entendió.
- ¿Italiano?
- Si señor, ¿Dónde lo llevo?
- Según el precio desearía dar un paseo por la
localidad.
- Suba tardaré en bajar la bandera.

158
Colocaron la maleta en el maletero y el taxista
emprendió una ruta dando indicaciones, como un guía. De
turismo.
- ¿Podríamos pasar por los laboratorios Mersán?
- Si hay un buen paisaje desde allí. Pero cuando
llegue al final de la calle pondré en marcha el marcador.
- De acuerdo.
- Los laboratorios estaban en la zona del pequeño
aeropuerto, donde no se veían aviones más grandes que
los aerotaxis o avionetas de todos los tamaños y colores.
El taxista seguía lentamente actuando como un guía
de turismo y dando explicaciones. Alfredo le dijo que
parara frente los laboratorios. El taxista aprovechó y le
dijo.
- Tome mi tarjeta, solo somos tres taxis en la
población y puedo serle útil.
- Gracias señor (miro la tarjeta) Jaqués, lo tendré en
cuenta.
- ¿Qué hacemos señor? ¿Seguimos o volvemos?
- En realidad no se qué hacer, hemos pasado por un
restaurante creo que… El teléfono sonó.

159
- ¡Estela! Soy Alfredo estoy frente a los laboratorios
bajo los árboles.
- Alfredo no te muevas, salgo en cinco minutos.
No hubo más palabras. Bajaron la maleta y pagó al
taxista agradeciéndole su buen servicio; no tardó en ver
salir a Estela, bajando una veintena de anchos escalones
hasta llegar a la carretera.
- Bien venido no creí que me visitaras… al menos tan
pronto.
- Como te dije tenía unos asuntos que resolver y una
vez resueltos… en fin nos hemos tomado unas
vacaciones.
- ¿En qué has venido?
- En tren.
- Me refiero, hasta aquí.
- En taxi.
- Ahora te haría falta, para cargar con la maleta,
estamos a diez minutos.
- No importa la iré cambiando de mano.
- Pues vamos, no tengo coche, en realidad no me
hace falta. En invierno la nieve lo deja inservible y en
verano da gusto pasear.

160
- Si tienes razón, el entorno es maravilloso, siempre
que no cargues con una maleta.
- ¿Pesa mucho?
- No, nada que no pueda llevar, era solo un
comentario.
En realidad si pesaba pero Alfredo no quería dar
muestras de flaqueza, e intentaba disimular como si no
pesase.
Habían andado alrededor de un kilómetro, cuando
Estela se paró y pudo dejar la maleta en el suelo, fue un
gran descanso para sus brazos.
- Mira esa casa, solo tiene dos alturas, en cada una
hay dos apartamentos en el primero vivo yo en la puerta
de la derecha. La dueña ocupa toda la planta baja, ya
tiene una edad, se quedó viuda y se vio en la necesidad
de alquilar habitaciones. Sigamos cerca tenemos un
bloque de apartamentos, puedes alquilar para una y hasta
cuatro personas, puedes cocinar y… ¿tú cocinas?
- Hace años que vivo solo, por obligación he
aprendido cocina básica, tortillas, pizzas congeladas,
sándwiches y poco más.

161
- Todo un lujo de cocina – dijo sonriendo - mira es
aquí.
- Entraron en recepción y descansó de la maleta, el
dueño de los apartamentos disponía de una gran cantidad
y surtido preguntó en italiano.
- Para cuantas personas.
- Cogeré uno de dos plazas por si viene Simón.
Mientras Herculano tomaba nota, estela preguntó.
- ¿Lo esperas?
- Dijo que vendría dentro de varios días, le encanta la
fotografía y este es un lugar apropiado para él, pero antes
debe resolver algunos asuntos en Madrid. He observado
que aquí se habla italiano.
- Si se dice que es una parte de Italia, en tierra suiza.
Herculano había terminado.- tome su pasaporte y la
llave, cuando salga a la izquierda el número cuatro A.
Estela acompañó a Alfredo y tras dejar la pesada
maleta este dijo.
- ¿Qué te parece si te invito a comer? creo que es la
hora apropiada.
- Si pero volvamos a mi casa, hay un pequeño
restaurante donde se come que es una delicia.

162
- ¿No será pasta?
- No, precisamente es el menos italiano de todos,
tendrás donde elegir, sobre todo queso.

Estela tenía razón Alfredo se deleitó con la comida y


ambos charlaron amistosamente, sobre la misma, al
terminar Alfredo le dio las gracias por ayudarle a descubrir
un lugar tan maravilloso. Se despidieron hasta las seis
citándose a la puerta del restaurante, ella debía adecentar
su casa y él deshacer las maletas. Pero esta vez las
deshizo por completo y colgó la ropa en el armario, se
quitó los zapatos y se tumbó sobre la cama, en esta
ocasión, no le importaba estar una larga temporada en
Suiza.
Sus pensamientos se dirigieron a Estela, su sonrisa le
hechizaba, su rostro lo encontraba bello y femenino, No
era una gran belleza nórdica con ojos azules que
resaltaran, más bien se ocultaban cuando sonreía pero su
rostro se iluminaba para él, por lo demás tenía un cuerpo
atractivo y…
Alfredo pensó que la estaba analizando como un
macho analiza a una hembra y se avergonzó de sus

163
propios pensamientos, pero en realidad ¿Qué eran los
dos? ¿Que se podía esperar de un hombre con treinta y
seis y una mujer de treinta y dos, en plenitud de su vida?
Intentó cambiar de pensamientos. Pero su cabeza decía
que apenas la había descubierto, tal vez ella no lo
encontrase atractivo y solo fuera amable, al fin y al cabo
apenas se conocían y…
Miró su reloj le quedaba el tiempo justo para ducharse
y acudir a la cita. Cuando llegó Estela le esperaba.
- ¿He llegado tarde?
- No, yo me he adelantado. ¿Tienes ganas de
pasear?
- Estoy a tu disposición.
- En ese caso vamos al puerto tenemos tiempo y
cenaremos allí. Alfredo quería decirte que mañana no
podré acompañarte, debo realizar unas pruebas que me
ocuparan todo el día. Será mejor que te llame cuando
esté disponible, mientras puedes pasear en barca por el
lago o recorrer senderos, aquí todo es...

164
No temas por mí, suelo refugiarme en la escritura y
describir este entorno me llevará mucho tiempo. Pienso
pasar una temporada aquí, necesito unas vacaciones.
¡Doctora Estela no se librará de mi tan fácilmente! –
dijo con voz gruesa imitando al protagonista de una
película.
Ella contestó – ¡ni lo intente vaquero! – ambos
sonrieron. Mientras caminaban, Estela preguntó.
- ¿Te gusta el trabajo de periodista?
- Debo confesarte que mas que periodista soy
escritor. Hace unos cinco años que trabajo como tal.
- Pero te presentaste como periodista en la
Universidad y me…
- Todo tiene una explicación, cubría la información
para un colega y al mismo tiempo buscaba información
para mi próximo libro.
- En ese caso… ¿Dónde tienes tu domicilio?
- No lo tengo, en dos meses he vivido en cuatro
ciudades diferentes. Los últimos años los pasé en Madrid,
si es a lo que te refieres. ¿Y tú?
- Hace seis años que trabajo para la empresa, pasé
toda mi vida en Milán. Mi vida es monótona, se puede

165
decir que mi trabajo es mi vida. Me gusta esquiar y dar
largos paseos cuando puedo. A eso se reduce mi solitaria
vida.
- Pues parece una vida ordenada y no como la mía te
envidio.
Estela sonrió, le gustaba aquel hombre parecía
diferente a los que había conocido, lo consideraba
educado y legal.
- Háblame de tu compañero.
- Simón “el fotógrafo” vendrá pronto y estoy seguro
que gastará la tarjeta de la cámara, en cuanto vea este
maravilloso entorno suizo.
- ¿Lo conoce mucho tiempo?
- No mucho pero puedo asegurarte que es el
mentiroso más sincero que conozco.
- No entiendo – dijo extrañada Estela.
- Si llegas a conocerlo entenderás y te gustará. Puede
que venga en un par de días.
El paseo por el puerto se hizo corto y entraron a
cenar, ella solía hacerlo temprano no más allá de las siete
y media. Tenía por costumbre retirarse pronto, leer una o
dos horas o ver la televisión, pero sobretodo, no acostarse

166
más de las diez; a las siete de la mañana estaba siempre
en su puesto de trabajo. Como ella misma decía su vida la
marcaba el reloj. Antes de las diez llegaban frente a la
casa de Estela y el fresco se hacía notar.
- Alfredo ¿te acompaño al hotel?
- No hace falta solo debo seguir la calle, pero no
quiero despedirme aquí, esperaré tu llamada.
Miró su cara y sus labios, eran una provocación, que
resistió cogiendo su mano y besándola, consideró que era
muy pronto para besarla en los labios y tal vez podría
perderla o la vergüenza que pasaría si ella lo despreciaba,
desenlace que no deseaba. Tal vez si hubiera podido leer
los pensamientos de ella… su deseo se hubiera cumplido.

Un hombre solo en un país desconocido. Tras


desayunar y dar un largo paseo se sentó frente el
ordenador. Pensó en todo lo que le había ocurrido y puso
sus dedos sobre las teclas, pero estos se resistían a
empezar. Su mente vagaba y a cada momento aparecía
el rostro de Estela, dijo en voz alta.
- Dios mío, me he enamorado como un colegial, no
puedo apartarla de mi mente. Su cabeza se resistía, “si

167
apenas la conozco”. Maldito Simón él es el culpable, o
debo darle las gracias.
El teléfono lo sacó de sus enredados pensamientos.
- ¿Eres Francesco?
- Sí tengo… no me atrevo a hablar ¿Cuándo puedes
estar aquí?
-¿En Milán o en Turín?
- ¿Dónde estás ahora?
- Digamos que fuera de Milán, de turismo.
- Entiendo, mañana tarde a las cuatro, tras la primera
iglesia. ¿Lo entiendes?
- Si capto el mensaje.
- ¿Podrás venir?
- Si, no sé cómo, pero no faltaré
- Es muy importante.
- Ya te digo que no faltaré. Queda tranquilo.
- Está contigo…
- No ha ido a ver la familia.
- Es natural, pero no me falles por favor.
- Queda tranquilo, no fallaré ¿me interesa?
- Puedes asegurarlo. Te espero.
- Arrivederci. Fran…

168
Francesco había colgado. Alfredo tenía el día libre sin
Estela pero podría llamarlo en cualquier momento. No
podía esperar y le mandó un mensaje a ella, en el que le
decía que lo reclamaban en Turín y que la llamaría en
cuanto volviera. Fue a recepción a hablar con Herculano,
este no se encontraba en la entrada y tocó la campanilla.
Herculano salió limpiándose las manos con un paño.
- Perdone, ¿era usted?
- Alfredo, cuatro A, pero no busque no me voy y si me
voy.
Herculano quedó hecho un lio, sorprendido y con cara
de sorpresa, sin poder articular palabra.
- Me explicaré, no dejo la habitación pero necesito
trasporte para ir a Turín uno o dos días.
- Ya usted necesita coche de alquiler.
- Sí más o menos. Podría ser la solución.
- No hay autos de alquiler, debería pedirlo a Milán
pero le saldría muy caro. Tendrían que traerlo y más tarde
volver a por él. Mucho dinero, le queda autobús o tren.
Alfredo puso la mano en el bolsillo y sacó una tarjeta.
- Herculano ¿Qué tal un taxi?

169
- Podría ser, aquí no hay mucho trabajo, debería
hablar con él, pero si pasan una noche fuera… no sé.
- Hablaré con él, pero recuerde, no me voy.
- Lo he entendido señor Alfredo.
Miró la tarjeta y recordó el nombre de Jaqués; marcó
el número.
- Señor Jaques.
- ¿Si quien llama?
- Soy Alfredo, me llevó usted a los laboratorios
Mersán hace dos días desde la estación.
- Si lo recuerdo ¿Qué desea?
- Necesito sus servicios para uno o dos días he de ir a
Turín, debo estar allí mañana por la tarde y no sé si nos
dará tiempo de volver en el mismo día o no.
- Eso no es un servicio de taxi.
- Lo sé ¿pero puede hacerlo?
- Si no hay problema, cien euros diarios y usted paga
todos los gastos incluido el combustible. Si es fin de
semana, sábado o domingo la cantidad se dobla.
- Es comprensible, pero volveremos antes, yo acepto
el trato.
- En ese caso ¿Cuándo tiene la cita o desea llegar?

170
- Desearía comer allí, tengo que hablar con una
persona sobre las cuatro.
- Lo recojo mañana a las nueve. ¿Dónde está?
- En los apartamentos de Herculano.
- Ya los conozco, Herculano es el dueño, los
apartamentos se llaman P&P.
- SI creo que sí, lo esperaré.
- De acuerdo ya tiene coche. Arrivederci.
- Hasta mañana.
Se volvió hacia Herculano.
- Recuerde no me voy y es posible que alguien
pregunte por mí, se llama Simón y está cercano a los
cincuenta. En su caso alójelo en mi apartamento, No
obstante dispone de mi teléfono.
- Alfredo se notaba nervioso y quería tenerlo todo
controlado, se retiró a su habitación pero se movía como
pájaro enjaulado, no se daba cuenta de su nerviosismo.
Por un momento pensó que necesitaba una bolsa de
viaje, solo para llevar repuesto de ropa por si era
necesaria.

171
Salió del apartamento y se fue en busca de una tienda
que había visto el día anterior, con la idea de comprar la
bolsa, pasear y comer por la zona.
De regreso al apartamento encendió el televisor, pero
no encontró nada de su gusto. Lo apagó y se quedó
pensando sentado en el sillón, a su mente acudió Estela.
No sabía si soñaba o su mente vagaba imaginando largos
paseos de la mano de Estela. Abrió los ojos y miró el reloj
había pasado hora y media, sin duda había soñado. El
resto de la tarde la pasó frente al ordenador, parecía que
se había despertado su vena poética.

Nueve de la mañana, Alfredo esperaba con su bolsa


de viaje en la puerta de recepción, vio venir un automóvil
pero no el taxi de Jaqués. El vehículo paró junto a él y vio
a Jaqués al volante, subió inmediatamente mientras
preguntaba por el vehículo.
- No siempre soy taxista, este es mi coche particular
– contestó Jaqués. Aquí no hay contador.
- Las conversaciones durante el viaje no fueron
excesivas por pate de Alfredo, apenas se basaron en un
viaje pasajero, para conocer las ciudades Italianas y

172
recopilar datos para sus nuevos libros. Por su parte
Jaqués prácticamente le contó toda su vida.
A las dos menos cinco entraban en Turín, Alfredo
tomó el mando indicando el itinerario que debía seguir
llegando hasta la misma plazuela en la que se encontraba
la entrada a la casa del cura y en la cual habían quedado
citados.
Dejaron el vehículo y decidieron ir a un cercano
restaurante.
Antes de las cuatro estaban paseando por la plaza
con impaciencia, por parte de Alfredo. A las cuatro en
punto entraba el coche de Francesco en la plazuela. Las
ventanas traseras del coche iban tapadas con cortinillas
para el sol, no se veía quien iba dentro. Alfredo dijo a
Jaqués.
- Espéreme aquí.
- Desde el asiento del conductor, Francesco le hizo
saber que se sentara detrás. Abrió la puerta y vio a un
cura, sesentón con un traje negro, llevaba un sobre donde
debía haber folios. Francesco arrancó y cerró su ventana.
El cura se decidió a hablar.

173
- ¿Usted es Alfredo, el escritor al que han querido
matar?
- Si señor, el mismo.
- Tal vez se pregunte, ¿Qué hacemos aquí? En ese
caso le diré que yo era quien facilitaba documentos o
planes a Clemente. Me llamo Antonino o más bien
Antonio y soy nacido en Burgos. Durante algunos años
estudié en Madrid y allí tomé los hábitos, me convertí en
la mano derecha del cardenal Constantino, mi fe en dios y
el cumplimiento de su palabra, me hacía ser ciego y
obediente, hasta que comprendí que se puede utilizar su
nombre en vano, tanto para enriquecerse, como para
hacer el mal o llegado el caso matar. No todo es licito ni
se puede esconder bajo el mismo manto, para buscar una
explicación e intentar convertir en correcto lo que no lo es.
“No matarás” no pone ejemplos ni tiene discusión ni
justificación solo dios tiene el poder de decidir sobre la
vida de sus hijos.
Mis creencias no las va a cambiar nadie. Comprendí
que debía seguir obedeciendo como un cordero, sin
preguntar ni inmiscuirme si quería llegar al fondo de... Yo
ni he matado ni lo haré nunca pero si un día he de decir la

174
verdad a un juez, no tendré ningún reparo, pues solo dios
puede juzgarme tanto en el cielo como en la tierra. En
síntesis sigo mi sendero, el cual creo justo, pero no soy
policía y si un siervo de dios.
- Gracias padre por sincerarse ¿Qué puede decirme
de los crucigramas?
- Mire solo la sopa de letras en diagonal, han
cambiado el sistema pero a partir de ahora no le hará
falta, además han comprado cuatro móviles nuevos
recientemente. Están a nombre de parroquias, los cuatro
jefazos se comunican con ellos. Pronto abandonaran la
revista. Si no lo han hecho ya.
- ¿Qué más puede decirme?
- Que no hubiera dado este paso si no fuera muy
grave lo que pretenden. Se lo he escrito todo, no
encontrará firmas ni huellas, las explicaciones las escribí
con guantes y a partir de ahora no nos conocemos ni nos
hemos visto nunca. Espero que si algo se resuelve, me
encuentre con vida.
- ¿Siguen buscándome?
- No usted cumplió su cometido en estos momentos
es insignificante, puede que solo lo busquen en su país,

175
pero han perdido el rastro, sus metas van mucho más allá
de usted y pasan a nivel internacional. Tome el sobre aquí
va todo lo que sé o he escuchado. Creo que usted podrá
hacer algo. Francesco déjeme cerca del arzobispado. El
teléfono de Alfredo sonó.
- ¡Es Simón! si dime Simón.
- Llegaré a las ocho a Milán ¿Tu dónde estás? ¿Qué
hago?
- Espérate en la salida del aeropuerto, te recogeré.
- ¿En Milán, estás en Milán?
- No estoy en… bueno haz lo que te digo ya
hablaremos.
- De acuerdo.
- Hasta pronto.
Francesco estaba a dos calles del arzobispado, no
hablaron más, paro el coche y bajó el cura. A continuación
llevó Alfredo la plazuela, por el camino le preguntó Alfredo
a Francesco.
- ¿Sabes lo que hay en el sobre?
- No, ni quiero saberlo, es peligroso y yo soy pacifista.

176
- Te entiendo y comparto tu opinión, pero algo me
dice que si nos incumbe y tal vez tenga que ver con
nuestro futuro, o al menos el mío.
- ¿Cómo escritor?
- No con mi vida sentimental.
- No te haré más preguntas, solo me concierne
respetar nuestra amistada e intentar vivir sin sobresaltos,
ahora que parece ser que se han olvidado de nosotros.
- Francesco he aprendido en poco tiempo que los
sobresaltos vienen solos, sin buscarlos. Espero que tú
puedas librarte de ellos.
- Y yo también, mira ya llegamos. Alfredo te deseo
toda la suerte del mundo pero ves con cuidado solo
tenemos una vida y la tuya, ya es un regalo de la
providencia.
- Hasta pronto Francesco y gracias por ser mi amigo.
Alfredo bajó del coche y Francesco salió agitando la
mano.
Jaqués preguntó - ¿Ha ido todo bien?
- Si dentro de lo posible.- Abrió la bolsa e introdujo el
sobre en su interior, intentando no doblarlo.

177
- Vamos al aeropuerto de Milán. Tenemos que
recoger a un pasajero a las ocho. ¿Nos dará tiempo a
regresar hoy?
- Se hará de noche no podre correr hay muchas
curvas, no llegaremos antes de las diez y media o tal vez
mas tarde.
- Por mí no hay problema por la hora, nos dará tiempo
de tomar algo en el aeropuerto.
- Si nos sobrará tiempo esperando.
- Pues vamos regresaremos hoy, aunque te ganes
una indemnización.
- Más caro le saldría un hotel para tres – dijo el taxista
sonriendo.
Alfredo acompañó su sonrisa, al tiempo que movía la
cabeza afirmativamente y preguntaba.
- ¿Está usted casado?
- Si lo estoy y con dos hijas, la mayor ha cumplido los
veinte y estudia aquí en Milán la pequeña va al instituto y
si no ocurre nada el próximo año irá con su hermana.
- ¿Es usted feliz?
- Si muy feliz, si volviera a nacer, volvería a casarme
con la misma mujer y desde luego me gustaría tener la

178
misma vida. Sé que mis palabras pueden sonar a falso…
pero es la verdad; he sido un afortunado. Conozco amigos
que han sido muy desgraciados con sus mujeres y con la
vida, pero ese no es mi caso.
- Sí, así es señor Jaqués, creo que usted es una
persona positiva, ve la vida con ilusión y la vive al
momento. ¿Me equivoco?
- No, no se equivoca pero si así me ha ido bien ¿Por
qué cambiar?
- Tiene razón, cada vida es una historia por escribir y
en muchas ocasiones nosotros escribimos el futuro guión,
con nuestros actos.
- No entiendo.
- Usted puede seguir su vida como hasta hoy, o
complicársela, metiéndose donde no le llaman.
- Ya entiendo, metiéndose con una mujer casada; no
se me ocurriría.
- Si, más o menos es lo que quería decir.

Llegaron al aeropuerto internacional de Malpensa,


disponían de más de hora y media hasta recibir a Simón,
aparcaron y se dirigieron al interior, se pasearon y lo

179
visitaron con tranquilidad antes de acudir a la cafetería y
antes de abandonarla pidieron dos emparedados y una
botella de agua para Simón.
Lo esperaron en la puerta de salida y juntos
emprendieron el camino de regreso a Locarno. Los dos
se sentaron en el asiento trasero para charlar.
- Dime Alfredo ¿has venido de Locarno a por mí?
- No estaba en Turín.
- ¿En Turín?
- Si he ido a recoger información de primera mano, ya
te contaré.
- ¿Y la doctora? ¿Cómo te va con ella?
- Bien, mañana la veré, solo pudimos hablar y pasar la
tarde del primer día juntos, hoy debía realizar unas
pruebas y tenía trabajo extra.
- ¿Te dijo sobre qué?
- No, no hablamos del tema.
- ¿Y del mono, que sabes?
- Nada no sé nada, en realidad no hemos hablado de
él.
- No habéis hablado de él, ¿Pues de que habéis
hablado…? ¡Oye! no te habrás enamorado de Estela.

180
- No hemos pasado tanto tiempo juntos, pero…
reconozco que me gusta.
- Vaya hombre lo que nos faltaba, el espía se
enamora de la espiada.
Simón se percató del chofer y se dirigió a él.
Usted perdone y no haga caso de lo que hablemos,
somos periodistas en busca de un reportaje ¿comprende?
- Tengo por costumbre olvidar lo que escucho cuando
abro la puerta del coche y me bajo.
- Es una buena costumbre, me gustaría hacer lo
mismo y no ir en busca de las noticias.
- Pues cómprese un taxi y con lo que escuche podrá
escribir un libro.
Los tres sonrieron.
Eran cerca de las once cuando llegaron al
apartamento. Ambos estaban cansados y solo deseaban
coger la cama; así que dejaron las conversaciones para el
día siguiente.
Amaneció el día nublado una fina llovizna había caído
durante la noche, Alfredo desconectó el móvil que había
dejado cargando.
- ¿Aquí donde se desayuna? - preguntó Simón.

181
- Hay una cafetería cerca de donde trabaja Estela o
podemos ir al restaurante del puerto.
- ¿En qué vamos? ¿Hay que llamar al taxi?
- Simón aquí todo está a cinco minutos. A cinco
minutos la cafetería y a otros cinco el restaurante.
- Ya entiendo vamos a pie. En cinco minutos estoy
listo.
- ¡Ha! Se me olvidaba decirte que en mi contrato solo
hacen las camas, cambian las sábanas y limpian los
miércoles y los domingos.
- Hoy es miércoles ¿No? Pues no hace falta hacer la
cama.
Cuando estuvo dispuesto Simón salieron a la calle
anduvieron durante cinco minutos y Simón dijo.
- No veo la cafetería.
- No, mira en aquella casa vive Estela y siguiendo
llegaremos a la cafetería.
- Creo Alfredo que me tomas el pelo.
No desconfíes “hombre de poca fe” mira el cartel de
la cafetería.
- Mientras desayunaban Alfredo dijo a Simón – no has
cogido la cámara. Dije que eras fotógrafo.

182
- La cogeré cuando esté Estela, mientras dispongo del
móvil en caso de necesidad; parece que desde que la has
conocido tu cerebro a despertado y creo que para mal.
Dime ¿tienes algún plan?
- Si había pensado mandar un mensaje a Estela para
que sepa que estoy aquí y si es posible comer con ella.
Mientras tanto podemos ir al apartamento y mirar los
papeles del sobre que me entregó el cura en Turín.
- No me has dicho lo que ocurrió en Turín.
- No es un secreto, Francesco me llamó diciendo que
tenía información y que era muy peligrosa. No lo pensé y
alquilé al taxista. En Turín subí al coche de Francesco y
allí hable con Antonino en realidad un cura de Burgos al
servicio de un cardenal. El era quien suministraba
información a Clemente. Quedamos en que no nos
conocíamos y me entregó un sobre que guardo en el
apartamento.
- ¿Y cuando pensabas decírmelo?
- Ya te lo dije pero no prestaste atención. Hoy
tenemos todo el día. No había prisa.
- Bueno manda el mensaje a Estela, paga y vámonos.

183
Apenas salían de la cafetería recibió un mensaje de
Estela. - Salgo ahora del laboratorio debo hacer una visita
si puedo nos veremos esta tarde o para comer.
- Vamos Simón démonos prisa Estela está saliendo
del laboratorio y podemos verla.
- ¿Y corres solo por verla? Muchacho tu estas
pillado…
Vieron como Ella bajaba los escalones que accedían
a la empresa acompañada por un señor más viejo. Al
verlos llegar bajo la escalinata sonrió y se acercó a ellos.
- Profesor le presento a Alfredo “periodista” y Simón
“fotógrafo”. El profesor Van Foster. Nuestro director.
- Profesor es un placer conocerlo Estela siente mucha
admiración por usted – dijo Alfredo mientras le estrechaba
la mano, Simón también estrechó su mano sonriendo sin
saber que decir, solo dijo.
- Es un placer Profesor.
- ¿Estela has terminado tu trabajo? – preguntó
Alfredo.
- No señor – contestó el director -…usted era Alfredo
el periodista; verá vamos a casa del doctor Alejandro, no

184
ha venido en toda la semana ayer hicimos unas pruebas
sin él y no responde al teléfono ni a los mensajes.
- Podría estar enfermo –dijo Simón.
- ¿Podemos acompañarles? – Preguntó Alfredo - El
paisaje es precioso y Simón podría hacer unas fotos.
- Vamos en el coche del profesor y no creo que…
- No pasa nada Estela, si son tus amigos que nos
acompañen.
- Gracias profesor.
Anduvieron hasta una cercana arboleda y subieron al
coche. El profesor condujo su vehículo por la carretera
general al llegar a un ensanche, torció a la izquierda y se
internó por carreteras estrechas subiendo por la ladera,
como a dos kilómetros se detuvo ante una fantástica casa
con grandes cristaleras, parecía una casa encerrada
dentro de unos ventanales. A la izquierda había una
piscina no muy grande de unos cinco o seis metros por
tres. Resguardada como el resto por grandes paredes de
vidrio y seguramente climatizada. A la derecha de la
entrada se encontraba el garaje. Vieron el todoterreno en
el interior (Alejandro no solía cerrar la persiana).

185
El director dijo – al menos sabemos que está en casa.
Se acercaron a la puerta, el director apretó el pulsador y
sonó la campana, nadie respondía, insistió, a la tercera
vez giró el pomo de la puerta y esta se abrió. Exclamó.
- ¡No está cerrada!
- Puede que esperase a alguien o no tenga por
costumbre cerrar, al fin y al cavo quien puede subir aquí –
dijo Estela.
- No podemos pasar es una propiedad privada –
comentó el director.
Simón intervino – puede que le haya ocurrido algo y
necesite ayuda, tal vez urgente, ¿piensan dejarlo morir
por un formulismo? – deberíamos entrar.
- Tiene razón Simón – dijo Estela - Profesor, puede
que nos necesite, no sabemos de él desde el viernes.
- Está bien entremos, pero no toquen nada.
- Por descontado doctor, no podemos dejar huellas –
advirtió Simón – si abren una puerta utilicen un pañuelo.
- Simón y el profesor llamaban sin cesar a Alejandro
mientras lo buscaban en la parte superior, Estela y Alfredo
miraban por las habitaciones de la planta baja.
Mira Estela esa puerta está entreabierta, y sale luz.

186
- Aquí no hay nadie - dijo Simón sobre la escalera.
- Bajad hay luz y parece que conduce al sótano;
bajaron los cuatro al sótano llevándose una sorpresa.
Alejandro tenía un perfecto laboratorio instalado en él.
Buscaron y encontraron una habitación completamente
acristalada con todo tipo de instalaciones de seguridad. El
profesor hizo la mención de abrir pero Simón le cogió la
mano diciendo.
- Mire el interior.
- La puerta era de seguridad, estanca, a sus lados dos
grandes ventanales de vidrio por donde vieron el interior y
comprobaron que había otra puerta interior con un
cerramiento hermético como un cuarto de limpieza o
desinfección, para entrar o salir del laboratorio. Sobre una
mesa había dos cobayas muertas, al fondo un mono
muerto dentro de una jaula cerrada daba muestras de
haber tenido hemorragias internas y haber sangrado por
boca, ojos y oídos. Cuando de acercaron mas a los
cristales vieron al doctor Alejandro, en el suelo en la sala
de desinfección, con los mismos síntomas que el mono.
Estela dijo.

187
-¡Está muerto, no respira y la sangre está seca! Debe
llevar uno o dos días muerto.
El profesor dio muestras de mareo y Simón llamó la
atención de Alfredo.
- Puedes acompañar al profesor al exterior. Ayúdale a
subir las escaleras.
Apenas abandonaron el sótano Simón preguntó a
Estela.
- ¿En qué clase de virus trabajaba?
- No lo sé muy bien, pero yo trabajaba en un fármaco
para impedir los ataques a las células por varios tipos de
gripe o virus, queríamos crear un escudo protector contra
los virus que atacan directamente a las células
pulmonares y así evitar su difusión o contagio a otras.
Para probar Alejandro debía crear una nueva gripe.
Fueron las pruebas que realizamos ayer.
- No creo que lo haya matado una gripe seguramente
hizo algo más. Estela los laboratorios, creo que tienen un
sistema de desinfección o esterilización.
- Si depende de la peligrosidad de los experimentos,
estas medidas pueden ser diferentes.

188
- Estela busca donde está el mecanismo no podemos
dejar que nadie corra la misma suerte que él.
- Es cosa de la policía.
- ¿Qué ocurrirá si la policía abre? Ni tú sabes en que
trabajaba.
- Ella dudo por un momento, analizando la situación.
En realidad no sabía a qué se enfrentaba. Empezó a mirar
y vio un interruptor con dos botones Rojo y verde.
- Debe de ser ese interruptor, posiblemente abra
estas tuberías, pueden llevar algún gas o desinfectante.
Tienes razón no sé en que trabajaba y por lo tanto
tampoco de que se previno.
- Entiendo, rojo o verde.
- Rojo para destruir, verde para abrir.
Simón no se lo pensó más y apretó el rojo; en pocos
segundos salieron llamas de las tuberías que rodeaban el
interior del laboratorio.
- Simón vio las botellas de gas y cayó en la cuenta,
dijo.
- El gas lleva mezcla de oxigeno para que arda mejor,
huyamos rápido, esto va a estallar.
- ¿Cómo?

189
- Corre Estela corre.
Salieron lo más veloces posibles, el Profesor había
sacado una silla y estaba junto a las cristaleras. Salieron
gritando.
-¡Rápido al coche! Alfredo sube al profesor no pierdas
tiempo, Simón se puso al volante y apenas cerraron las
puertas del vehículo, salió disparado montaña abajo.
El profesor no salía de su asombro.
– ¿Qué hace usted? ¿Qué ocurre?
Antes de llegar al primer acceso o desvío de la
carretera. Se escuchó una gran explosión y la casa voló
por los aires hecha añicos. La onda expansiva alcanzó al
automóvil y lo zarandeó. A los dos kilómetros, ya en la
carretera general, había un claro y pararon, algunos
vehículos habían aparcado y miraban las llamas que
sobresalían de los árboles.
- Dios mío – dijo el director… pueden decirme que ha
ocurrido.
Simón contestó - seguramente el movimiento de
nuestros cuerpos puso en marcha un sistema de
seguridad y empezó a salir fuego de unas tuberías.

190
Comprendí que el gas se expande y el laboratorio era
estanco, solo era cuestión de tiempo que estallara.
- Gracias nos ha salvado la vida – contestó el director,
mientras Estela alucinaba de cómo Simón había
convencido a Foster con una pequeña mentira, sin decirle
que él lo había provocado apretando el botón.
Los coches de Bomberos venían haciendo sonar las
sirenas escandalosamente, acompañados por el único
coche de la policía. Apenas pasaron Alfredo dijo.
- Creo que debemos irnos.
Van Foster no quiso coger el volante y Simón condujo
hasta su casa cercana al puerto. Al descender del
vehículo les hizo pasar y le dijo a una señora que
preparase unas hiervas.

- No, no es mi señora, ella hace seis años que me


dejó solo. “Falleció”, aunque la señora Sofía vive aquí, no
es ni mi mujer ni mi criada, ella limpia la casa y a cambio
no paga alquiler, y come lo mismo que yo, o yo lo mismo
que ella, cuando se va a ver a su hija, como en el
restaurante.

191
- No habíamos preguntado señor Van Foster.
Contestó Alfredo.
- No pero usted es periodista y por lo tanto, curioso.
- Creo que debemos hablar, sobre lo sucedido.
¿Sabía alguien donde iban? – preguntó Simón.
- Creo que no, yo no había dicho nada – contestó
Estela para añadir - ¿Y usted Foster?
- Estela hoy solo he hablado contigo, con nadie más.
- En ese caso debemos ponernos de acuerdo,
ustedes no saben nada al respecto y nosotros tampoco,
nos han acompañado y hemos visitado el puerto, creo que
desde allí no se ve el fuego o bien poco. Hemos venido a
su casa y nos hemos marchado no hay que decir nada
más; nosotros comeremos en el puerto, para que nos
vean juntos en el restaurante.
- ¿Puedo acompañarles? Me sentiría mejor, el
restaurante está cerca de aquí.
- Si señor a cinco minutos – dijo Simón con sorna.
- Si más o menos – contestó el director
inocentemente.

192
- Afortunadamente el director hablaba español porque
Simón repitió varias veces durante la comida lo que tenían
que decir a la policía, al final Foster dijo.
- Está usted muy seguro de que nos entrevistará la
policía señor Simón. ¿Cómo lo sabe?
- Antes de fotógrafo fui policía.
- ¡Ha! Entiendo y claro usted…
- En mi caso suponiendo que todavía lo fuera, una vez
supiera a quien pertenece la casa, empezaría a investigar
por su puesto de trabajo o familiares, digamos que su
lugar de trabajo es más cercano, no hay que pensar
mucho; interrogaría a sus compañeros o jefes inmediatos
y me informaría de lo que estaba realizando en ese
momento. ¿Tiene familia aquí?
- No – contestó Estela – vivía solo, una agencia de
limpieza mandaba a su casa cuatro personas cada
jueves, es todo lo que sé.- Entonces se dio cuenta Estela
del gran problema que hubiera sido si hubieran llegado los
de la limpieza y hubieran abierto el laboratorio.
- ¡Madre mía! Si no llegamos a ir y mañana hubieran
abierto la puerta los de la agencia. No quiero ni pensarlo,

193
se hubiera producido una pandemia de algo que no
conocemos.
Un movimiento de cabeza hizo comprender a Simón
que Alfredo quería hablar con él, ambos se dirigieron al
aseo.
- ¿Qué ocurre? Preguntó Simón.
- Lo ocurrido esta mañana me hace pensar que la
cosa es más grave de lo que creemos, debemos informar
a Estela.
- Estás loco, quieres descubrir el pastel.
- No, pero comprende que ahora puede correr peligro,
las pocas palabras de Antonino me hacen pensar.
- ¡Ya! Y de momento has pensado en los papeles que
todavía no me has mostrado.
- Sí, así es.
- En ese caso, mantengámosla al margen, si ignora
ciertas cosas no podrá decirlas a la policía. Llevémosla a
su casa y volvamos al apartamento.
- Está bien regresemos.

Tras la comida acompañaron al director Foster de


regreso a su casa, a lo lejos tras los árboles se veía

194
elevarse la humareda. Durante el paseo hasta casa de
Estela apenas hablaron. Cuando se acercaban Alfredo
dijo.
Estela tengo algo de trabajo ¿quieres que pase para ir
a cenar?
- No, el día ha sido intenso, me gustaría estar sola y
acostarme temprano.
- Mañana cuando vayas al laboratorio deberías
destruir todo lo creado por Alejandro.
- Pero puede ser…
- ¿Peligroso? – contestó Simón.
- Si creo que tenéis razón, lo haré.

- Para Simón fue un alivio, que Estela les dejara la


tarde completamente libre. Apenas llegaron al
apartamento Alfredo sacó el sobre y lo vació sobre la
pequeña mesa, la pusieron junto a la cama y ambos se
sentaron frente a frente. Leyeron algunos recortes de
periódicos; no aportaban nada que no supieran. Habían
algunas fotos de cardenales, en una de ellas aparecía el
obispo que había investigado Simón en Madrid y que fue

195
el culpable de que lo expulsaran del cuerpo, le
acompañaban otras dos eminencias.
- Mira Alfredo este es el culpable de mis desgracias,
el obispo Rafael Casasanta y Llongueras.
- Simón he encontrado la fotografía de una mujer.
Miró con detenimiento la foto y añadió - yo diría que
se parece a…
- Déjame que la vea – contestó Simón quitándosela
de las manos, tras observarla detenidamente se quedó
blanco, mirando fijamente a Alfredo.
- ¿Qué ocurre?
- Esta mujer es la que encontramos muerta en Madrid
y por la que acusé al obispo.
- Se parece a Estela.
- Si tienen un parecido.
- Simón esto se complica.
- Yo creo que se aclara, sigamos buscando léeme en
voz alta las cuartillas escritas.
- Hay varias, empecemos por esta misma.

Inri cuyo emblema o signo es una cruz con la


corona de espinas rodeándola. Es una organización

196
criminal formada por fanáticos del cristianismo y
dirigida por varios cardenales, aclaro que tanto el
sumo pontífice como el resto de la curia ignoran lo
que se está fraguando en el seno del Vaticano. Una
organización que se aprovecha del Vaticano y de la fe
cristiana para llevar a cabo lo que ellos llaman “La
nueva cruzada” escuchando parte de sus
conversaciones he llegado a entender su doctrina y
proyecto que no es otro que darse a conocer con
varios atentados, antes de llevar a cabo su gran
cruzada contra el Islam.
No sé cómo quieren llevarlo a cabo, pero sí que
desean una extinción masiva y en silencio.
Cuanto escribo es lo que he escuchado; en estos
momentos no dispongo de más datos. Creo que los
implicados son los cuatro que salen en la foto,
Constantino, Ángelo, Bruno y el obispo Casasanta.

- Esto me hace pensar en una pandemia de gripe o de


algún tipo de virus.
Alfredo quedó pensando - Simón tú te atreverías a
lanzar un virus sin tener el antídoto.

197
- ¡No! sería una locura, sería una locura que podría
alcanzarme, a menos que…ya sé donde quieres llegar.
Las pruebas de la vacuna que probaron ayer.
- Estás de acuerdo conmigo que, en los laboratorios
ya no se utilizan monos y Alejandro tenía uno.
Posiblemente para probar los resultados en humanos de
su investigación con virus.
- Tengo claro que todo guarda relación pero ¿qué
pinta Casasanta en todo esto si está en Madrid? Lee
alguna cuartilla más.

Ángelo anteriormente Marco Conte, tiene tres


hijos de Carmen Carrisi, el mayor falleció ahogado en
el mar antes de que él se convirtiese en obispo. Otro
hijo estuvo internado en Roma. Hoy es periodista.
Consiguió un certificado médico de inestabilidad
mental, para Carmen y así quitarle el hijo e internarlo.
Dos años después tuvo una niña y también
desapareció. Carmen tuvo problemas psíquicos e
intentó esconderla sin dejarla salir de casa, con
alrededor de cuarenta años desapareció y nunca supe
de ella.

198
Creo que nunca le dijo donde estaban sus hijos y
los utilizaba para chantajearla. Carmen es natural de
Oria un pueblo de Tarento, donde tiene una hermana
(creo que se llama Andrea).
No sé más al respecto.

- ¡Dios mío! Este hombre es una mina – exclamó


Simón.
Ambos se quedaron mirándose, sorprendidos. Alfredo
fue quien primero abrió la boca.
- La tal Carmen, es la madre del periodista y de
Estela. El cardenal Conte es el padre, no queda duda.
Posiblemente chantajeó a su madre con sus hijos y haría
lo que quisiera de ella.
- Si Alfredo y cuando se cansó la envió a España con
el obispo, Casasanta. Quien con el tiempo se cansó de
ella y la hizo desaparecer, debió comprar a la otra señora
que declaró en el juicio “no haberla visto nunca en su
casa”.
-Simón creo recordar que el cadáver se encontró sin
documentación cerca de la granja de San Ildefonso y que

199
llevaba oculto bajo la ropa un rosario regalo de la madre
del obispo, con una inscripción tras el crucifico.
- Así fue y esa fue la pista que seguimos, Casasanta
dijo que lo había perdido o se lo habían robado, también
dijo que no solía utilizarlo por considerarlo demasiado
valioso y por eso no lo había echado en falta; habían
pisadas alrededor del cadáver pero eran de un cuarenta y
el gastaba un cuarenta y cuatro. Como verás poca base
para acusarlo solo con la confesión de la señora, que más
tarde rectificó su declaración, diciendo que había sido
forzada a declarar que conocía a la víctima.
Voy a llamar a Roberto.
- ¿Para qué? Tu caso terminó.
- ¡No! te equivocas, acaba de empezar.
Simón llamó al móvil de Roberto.
- Dime Simón, estaba muy tranquilo sin que me
llamases, ni saber nada de ti.
- Pues ponte en guardia, pronto tendrás más trabajo
del que crees, de momento necesito saber dos cosas, el
numero de calzado del sicario que quería matar a Alfredo
y que me facilites el resultado del ADN de la señora

200
desconocida que encontramos muerta y que me expulsó
del cuerpo.
- ¿Para qué? ¿No has tenido bastante?
- He tenido demasiado, pero no quiero remover
cenizas sin sentido, en este momento estoy mejor fuera,
que en el cuerpo, no puedo quejarme. Pero necesito las
pruebas de ADN.
- Habrá un motivo y debe ser muy serio, no puedo
sacar pruebas y tú lo sabes…
- Si pero debo compararlo con el de otra persona,
creo que he identificado a la señora y a sus dos hijos. Era
italiana y sin documentación española.
- ¿Dos hijos?
- Si puede ser una larga historia, por favor
consígueme los datos y mándalos a Carol, ella sabe
donde mandarlos. Ya te contaré en privado cuando
regrese.
- ¿Cuándo regreses, donde estás?
- En Suiza.
- ¿Qué haces tú en Suiza?
- He dicho que ya te contaré, de momento soy
fotógrafo.

201
- Ya entiendo vas detrás de alguna noticia o
infidelidad que…
- He de ganarme la vida ¿cuento con los análisis?
- De acuerdo te los mandaré.
- Gracias Roberto.
- Espero que no te metas en líos.
- Arrivederci Roberto. Pero me urgen los análisis.

- Alfredo hay una tercera nota, puedes leerla.


- No hace falta son itinerarios de aviones y hay
algunos marcados para final de mes dentro de doce días.
Hay tres salidas desde Roma, París y Madrid, con
diferentes destinos. En el mismo día, Arabia Saudí,
Casablanca (Marruecos) y Jordania desde Madrid. Irán y
Estambul desde Roma. Irak e Israel desde París. Todos
salen el mismo día a diferentes horas.
No hay nada más.
- Simón poco a poco mirando a Alfredo, cambió su
color de cara pasando a blanco. No hace falta más, dios
mío, es peor que una guerra nuclear, se dejó caer sobre
la cama, se había quedado sin fuerzas.
- ¿Qué te ocurre?

202
Simón giró el rostro mirando de nuevo fijamente a
Alfredo – ¿es que no lo entiendes?
- ¿Qué? ¿Qué los curas se van de vacaciones a
países árabes?
- No, Alfredo ¿qué hacía el mono? Esa es la clave,
creo que su intención es sembrar un virus en esos países
y para eso necesitaban a Alejandro, él fabricaba el virus
que querían esparcir.
- Creo que entiendo, pero según que virus pueden
necesitar una vacuna. O de lo contario…
- Sigue, sigue vas por buen camino… quieren
sembrar un virus que acabe con los países islamistas en
silencio y sin lanzar bombas ¿quién podría culparles?
- Pero, no pueden hacer nada sin la vacuna y ahora
no tienen al mono. Necesitan un nuevo…
- Exacto un nuevo ¡Proveedor! O todo el proyecto se
les viene abajo.

Alfredo exclamó - ¡Estela puede estar en peligro!


- Precisamente ¿Ahora lo entiendes?
- ¿Qué podemos hacer? Hay que protegerla,
debemos llamar a la Europol.

203
- No estoy seguro de ello.
- Pero si es como dices, puede que incluso el director
esté en peligro y la humanidad entera.
Alfredo parecía fuera de sí.
- Cálmate y pensemos – dijo Simón.
- Es fácil decirlo para ti pero…
- Escucha es momento de jugar bien las cartas.
- Está claro a ti solo te interesa demostrar que tenías
razón acusando al obispo y limpiando tu nombre. No te
interesa lo que pueda sucederle a Estela y...
Simón se levantó irritado mirando fijamente a Alfredo,
durante unos segundos se miraron el uno al otro. Los
nervios entre los dos hombres eran palpables. Por fin
hablo Simón.
- Lo más fácil para mí sería dejarte ahora mismo, con
ello terminarían mis problemas, pero tú no sabes lo que
se avecina ni cómo proteger a Estela ¿es eso lo que
quieres? ¿Quieres que me vaya?
Alfredo dio media vuelta dejando caer los brazos y los
parpados, tras unos segundos…

204
- No, no es lo que quiero, perdona… creo que me he
enamorado de Estela y no quiero que le ocurra nada o
que sufra.
- Lo sé, yo tampoco quiero que le ocurra nada pero
debemos ser astutos. Mi opinión a cambiado, ahora creo
que ella debe saber a que está expuesta y estar
prevenida o de lo contrario puede pasarlo mal. Como ves
según el desarrollo de la investigación cambio de opinión,
en este mundo no hay reglas fijas, debes guiarte por el
sentido común y tus corazonadas. Por ejemplo ¿debemos
creer todo lo que dice tu confidente?
- Yo si le creo.
- Y yo también, todo coincide y tiene una lógica; en
eso estamos de acuerdo.
- ¿Verdaderamente crees que debe saber todo lo
ocurrido?
- Creo que el equipo de limpieza tiene algo que ver
con los guardaespaldas “por llamarlos de algún modo”.
- Mañana vendrán y si es así…
- Vas comprendiendo Alfredo.

205
Alfredo no contestó, puso las fotografías y los papeles
en el sobre. Cogió el teléfono y llamó a Estela. Esta no
respondía y colgó.
- Simón yo me voy en su busca.
- Te acompaño, vamos.
Los dos salieron del apartamento a mitad camino
sonó el móvil de Alejandro.
- Es ella – dijo a Simón y descolgó – ¿Estela estás en
tu apartamento?
- Si me estaba dando un baño.
- Necesitamos hablar inmediatamente contigo.
- ¿Es urgente?
- Si muy urgente, estamos en camino.
- Está bien os espero.
Estaba claro que ella no esperaba lo que iba a
descubrir. Los recibió con una sonrisa y el pelo todavía
mojado.
Venid sentémonos en los sillones y el sofá. Están un
poco viejos pero…- se dio cuenta de las caras y preguntó.
- ¿Ocurre algo anormal?

206
- Siéntate por favor y escucha detenidamente lo que
tengo que decirte, intentaré ser breve pero debes conocer
toda la historia y la verdad.
- Parece grave.
- Si lo es, por favor atiende y no interrumpas, Alfredo
procura ser breve – contestó Simón
- Estela hace cinco años yo era periodista, me quedé
sin trabajo y me hice escritor, escribí sobre la religión
cristiana y el Vaticano, tuve éxito y me llegaron amenazas
de muerte. Más tarde sufrí un atentado y tuve que pasar
dieciocho días en el hospital, Simón me cuidó y fue mi
ángel de la guarda, hasta que recuperado me fui a Turín,
allí tenía un amigo que era periodista como yo y quien yo
creía que conseguía los documentos o papeles que
acusaban a ciertos cardenales. Cuando llegué habían
quemado el apartamento de mi confidente, me puse al
habla con él sin muchas esperanzas, pero había salido
ileso y me llevó a ver al autentico confidente, lo
encontramos crucificado en una cruz de su propia iglesia
y esa misma noche falleció, la europol tomó cartas en el
asunto y volvimos a visitar la casa del cura de donde me
llevé con su permiso revistas de crucigramas a medio

207
usar. Descubrí que en los crucigramas se mandaban
mensajes en clave. Tomé miedo y contraté a Simón, para
sentirme protegido. Simón antes de ser investigador
privado fue policía. Así supimos que tu compañero
Alejandro buscaba un virus para la organización su
nombre en clave era “Mono”. Decidimos acudir a su
conferencia en Milan…
-Por favor me estás diciendo que todo ha sido una
farsa.
- Hasta que te conocí no hubo farsa solo peligro y
desde ese momento solo hemos pensado en protegerte,
por ese motivo queremos que estés al corriente de todo y
hemos venido a informarte. También quiero decirte que
mis sentimientos han cambiado respecto a ti te quiero y
quiero protegerte...
- ¿Tenéis pruebas de lo que dices? - Preguntó Estela
haciendo oídos sordos a sus últimas palabras.
- Sí y necesitamos tu ayuda, al tiempo que como he
dicho queremos protegerte. ¿Sabías que Alejandro tenía
un laboratorio en su casa?
- No, no lo sabía.
- ¿Sabes para quien trabajaba?

208
- No, tampoco lo sé.
- En ese caso, quiero que tu descubras por ti misma,
para quien trabajaba y al mismo tiempo, descubras parte
de tu vida. En este sobre están las fotos y pruebas de
todo este embrollo. Estas pruebas me fueron entregadas
ayer en mi viaje a Turín.
Simón ¿te parece que empecemos por las fotos?
- Si será lo mejor, Estela mira estos recortes de
periódico y estas fotos.
Estela ojeó los periódicos y se quedó mirando
fijamente las fotos, sus ojos no se apartaban de la
fotografía con las tres personas. La levanto sin decir nada
y los miró fijamente.
- Posiblemente fue tomada desde una ventana
mientras paseaban hablando en el patio trasero del
vaticano – dijo Simón
- ¿A quién has visto? – preguntó Alfredo.
- Apenas le salía la voz – es el hombre que pagaba
mis estudios.
- ¿El de en medio?
- Si ¿Quiénes son los otros?

209
- El de su derecha un obispo español y creo que el de
la izquierda debe residir en París.
- Pero que tienen que ver con… ¡son curas!
- Si por la gracia de dios. Y por la misma quieren
convertirse en sus vengadores o justicieros.
Estela la persona que nos ha conseguido estos
papeles y fotos, trabaja en el vaticano, no puede darnos
su nombre, pues está en peligro. Es fácil entender porqué.
Pero ha redactado unas cuartillas explicando todo lo que
sabe. En esta nos explica lo que sabe sobre la
organización.
Estela leyó y se quedó muda mirándolos. Simón le
acercó la otra cuartilla mientras decía.
- Esta te implica directamente.
Estela se quedó blanca sin saber que decir ni poder
articular palabra. Simón le dio la fotografía en que
aparecía su madre por detrás de Conte.
- Mira a esa mujer la que está detrás de Conte. Tiene
un parecido contigo y tu llevas su apellido.
Estela se levantó y salió de la sala. Alfredo hizo la
mención de seguirla pero, Simón lo sujetó del brazo.

210
- Déjala, necesita digerir todo lo ocurrido, no es fácil
para ella descubrir quiénes son sus padres y al mismo
tiempo que su padre es…
Quince minutos más tarde, Estela aparecía con el
cabello secó y vestida sin el albornoz. Se sentó frente a
ellos los miró detenidamente y al fin dijo.
- No quisiera creeros, no sé quién es el confidente,
pero hay cosas que son reales. En cuanto a Alejandro, no
sabía que seguía experimentando en su casa. Nadie lo
hace por ser muy peligroso y no hay motivo para hacerlo
fuera del laboratorio. ¡A no ser que...! No investigamos
con monos… es otro punto del cual se deduce que
Alejandro… perdonad son muchas cosas a un tiempo.
Tengo familia que no conozco incluyendo un
hermano. Para alguien que ha estado sola toda su vida,
son demasiadas impresiones los sentimientos se
entremezclan. No quisiera creeros apenas os conozco.
- Puedo enseñarte mis heridas.
- Y de que servirían pueden ser producidas por un
accidente. Se trata de creeros o no y son tantas las
evidencias que coinciden que no me queda más remedio

211
que confiar en vosotros, pero no se qué podemos hacer.
¿Comunicarlo a la policía?
- Si eso también pero cada cosa a su tiempo.
Creemos que el fin de todo esto es lanzar el virus en
países islámicos, buscan la muerte silenciosa de otras
religiones.
- Pero eso es de mentes enfermizas; morirían
millones de personas o según el virus podría estar en
peligro toda la humanidad.
- Si, parece mentira que en estos tiempos todavía
existan personas tan locas o radicales, pero mira lo que
ha hecho, Conte contigo y con tu madre. Ese hombre es
capaz de todo. Mira en esta hoja tienen buscados los
vuelos que repartirían el veneno o los virus.
Simón alargó la mano, con la cuartilla y ella la miró.
- Parece que si tenéis razón, todo estaba previsto
excepto que hubiera un escape y falleciera Alejandro.
- Exacto ¿y eso nos lleva?
Estela pensó unos segundos – necesitan un sustituto
“el director”.

212
- Si es posible, pero también necesitan la vacuna es el
seguro de vida para ellos y eso les conduce directamente
a ti.
- Dios mío.
- Entiendes ahora, tu eres la clave en este momento,
si como creemos mañana vendrá el equipo de limpieza y
este es quien informa a Conte. No tardarán en buscar
sustitutos.
- Señor Simón deberemos avisar a la policía.
- No soy partidario de trabajar con ellos, pero el caso
nos supera, no tenemos más remedio. Pero sabéis que no
me fio de nadie. Alfredo debes redactar un informe
explicándolo todo.
- Eso me llevará una media hora. Estela tienes
ordenador y Wi-Fi.
- Si tengo mi portátil.
- En ese caso sácalo y que Alfredo empiece, mientras
nosotros fotografiaremos todas las cuartillas para pasarlas
al ordenador, mandaremos todo el informe a tres sitios
Roberto en Madrid, Massimo en Turín y a la europol.
Alguien acudirá en nuestra ayuda. Alfredo menciona en la
carta a todos los que hemos mandado el informe.

213
Cada uno se puso a trabajar en su tarea, mientras
fotografiaban el expediente, Simón preguntó a Estela.
- Te importaría hacerte unas pruebas de ADN,
necesito contrastarlo con el de tu supuesta Madre.
- En el laboratorio disponemos de las pruebas, son
imprescindibles en la ficha de los trabajadores. Nos las
hacen al ingresar y las comprueban cada año. El material
con que trabajamos es peligroso.
- Te daré mi correo y mañana cuando entres a
trabajar lo mandas.
- ¿Crees que es conveniente que acuda al trabajo?
- Nuestro comportamiento no debe causar dudas.
Nadie debe intuir lo que sabemos.
- ¿Y si…?
- Estela, bajo ningún concepto podemos entregar
virus que puedan provocar una pandemia, en caso de
necesidad deberíamos cambiar… no sé cómo trabajan en
el laboratorio.
- Te he entendido. ¿Pero qué ocurrirá mañana?
- Según creo os visitará la policía y el equipo de
limpieza informará a sus jefes inmediatos. Puede que

214
tengamos un fin de semana tranquilo o que tengan prisa
en cuyo caso, el domingo será el día clave.
- Simón usted parece muy seguro de lo que hace o
cree.
- Lo parezco pero no lo estoy, como decía el cura de
mi pueblo. “Los caminos del señor son infinitos” y yo no
puedo ir por todos sus caminos; suelo basarme en aquello
que yo haría en cada caso.
- La carta está a punto – informó Alfredo - cuando
queráis pasamos las fotos.
Media hora más tarde todo estaba enviado. Los tres
se quedaron mirándose como quien pregunta. ¿Y ahora
que ocurrirá?
- Simón ¿Qué diría ahora el cura de tu pueblo?
- ¡Que sea lo que dios quiera! O la suerte está
echada.
Estela debió pensar al verlos reír en un caso tan serio
que… bueno ella también se contagió de la risa.
Nuevamente se quedaron mudos, hasta que Estela dijo.
- ¿Y ahora qué hacemos?
Simón respondió “nada” sigamos nuestras vidas como
si nada ocurriese, poco podemos hacer. Mañana como te

215
he dicho iras a trabajar como todos los días y
posiblemente te visite la policía.
Sonó el timbre de la puerta. Y se quedaron
mirándose.
- ¿Esperabas a alguien?
- No.
- Ves abre y si es la autoridad hazlos pasar.
Mientras Estela abría la puerta y se encontraba con
los policías municipales, Simón escondía el sobre bajo las
almohadas del sofá y se sentaba encima.
- Buenas tardes agentes – dijo Estela – ¿qué les trae
por mi casa? Pasen, pasen.
Los agentes se sorprendieron al ver a Simón y Alfredo
sonriendo.
- Pueden hablar son dos amigos que han venido de
visita, por cierto Simón no habla italiano.
Los dos saludaron a los agentes.
- Señorita Estela – dijo un agente – debemos hacerle
unas preguntas y no es correcto hacerlas delante de
terceras personas.

216
- Perdonen ustedes yo si hablo italiano y comprendo
que sea incorrecta nuestra presencia, ¡Simón salgamos al
pasillo!
Apenas salieron los guardias preguntaron.
- ¿Quiénes son esos?
- Son amigos, un periodista y un fotógrafo, los conocí
en Italia y congeniamos, les invité a conocer el pueblo y a
su vez ellos me han invitado a conocer Madrid.
- ¿Que sabe usted de su compañero Alejandro?
Estela se hizo la sorprendida, no he coincidido con él
desde que volvimos de Milán, hace una semana. ¿Le ha
ocurrido algo? ¡Ya sé! Un accidente con el coche,
siempre corre demasiado.
- No, su casa sufrió un incendio y creemos que
falleció en el mismo.
Estela se dejó caer sobre el sillón- No, no es posible
¿Alejandro muerto? era muy prevenido en todo lo que
hacía. Aunque yo solo lo conocía por los trabajos en el
laboratorio. No mezclábamos nuestra vida privada ni
social y nunca comí con él. Pero en el laboratorio
teníamos la obligación de colaborar.

217
¿Qué puede decirme del director? Estuvimos en su
casa y no estaba.
- Ha pasado el día con nosotros, ayer tuvimos
pruebas de laboratorio y hoy nos hemos tomado el día
libre. Hemos mostrado el pueblo a mis amigos y hemos
comido juntos, pueden preguntar en el restaurante del
puerto. A estas horas suele dar un largo paseo, lo
pueden encontrar por cualquier sitio paseando.
- Mañana debe estar localizable, va a venir la policía
nacional y querrán hablar con usted y con él.
- Mañana estaremos en el laboratorio, no hay nada
que… (Se tomó su tiempo para terminar levantando los
hombros y diciendo) declarar, nada podemos añadir a lo
que ustedes sepan.
- Perdone pero es nuestra obligación.
- Les entiendo, procuraré colaborar en todo lo que
pueda.
- Gracias y esperamos no haber molestado.
- No, pero la fiesta a terminado, Alejandro era un buen
compañero y ya nada será igual sin él.
- Sentimos haberle dado la fatal noticia.

218
Los guardias se fueron, Alfredo y Simón no tardaron
en entrar.
- Lo hemos escuchado todo desde el pasillo has
estado genial, creo que es hora de que te dejemos, ten a
mano el teléfono por si te hacemos falta.
Simón recogió el sobre y lo guardó entre la ropa,
ambos se fueron. Al salir a la calle Alfredo dijo.
- ¿Y ahora qué?
- Ahora tenemos tiempo de comprar unos sándwiches
y retirarnos al apartamento. Mañana llamaremos al taxista
y que nos lleve al chalet quemado.
- Si nos ve la policía…
- Somos periodistas en busca de noticias hay que
hacer las cosas a la cara, no importa que nos vean.
- ¿Para qué necesitamos volver a la casa de
Alejandro?
- Por si no se enteran; haremos un reportaje y lo
mandaremos a tu amigo y si tenemos ocasión, fotografiar
algún mafioso u otro.
- ¿No será peligroso?
- Mas peligroso es que nos tomen por espías o
demostremos que tenemos miedo, si nos ocultamos

219
creerán que tenemos algo que esconder. Aquí nadie nos
conoce o como mucho pueden habernos visto en la
entrevista de Milán.
- Vale voy comprendiendo, somos periodistas y nada
más.
- Exacto.

Al día siguiente mientras desayunaban llamaron al


taxista. A las nueve y media llegaban al estrecho camino
que conducía al chalet.
El paso estaba cortado y un guardia vigilaba el
acceso, el taxi se acercó y bajaron.
- Buenos días señor, somos periodistas y quisiéramos
hacer unas fotografías al incendio de ayer.
- Lo siento pero no puedo dejar pasar a nadie.
- Solo son unas fotos y podemos subir a pie.
- No puedo dejarles pasar, al menos no por aquí.
Desde el interior Simón llamó a Alfredo.
- Sube nos vamos. Dile al taxista que sigua por la
carretera.
El taxi siguió por la carretera y a medio kilómetro paró
en un pequeño claro; Simón cargó con la cámara y dijo.

220
- Alfredo Vamos.
- ¿Por dónde?
- Por los árboles que tapan el bosque y la casa.
Tuvieron que subir por una ladera empinada, en
ocasiones reptando y ayudándose hasta llegar a las
inmediaciones. Ocultos tras los árboles vieron a los dos
guardaespaldas buscando y fotografiando las ruinas y
cenizas de la casa. Simón aprovechó para hacer sendas
fotos a los dos sicarios, no tardaron los sicarios en coger
el coche y bajar en dirección al guardia. Momento que
aprovecharon para sacar sendas fotos, incluyendo lo que
había quedado del todo terreno con el techo del garaje
sobre él. Regresaron con precaución bajando la ladera
hasta llegar al taxi.
Al volver le dijeron al taxista que parase junto al
guardia y le dieron las gracias. Se fueron sonriendo
mientras el vigilante se quedaba perplejo.
- Y ahora ¿dónde vamos?
- Puede dejarnos en el apartamento debemos mandar
el informe cuanto antes con las fotos a tu amigo
Francesco.
Alfredo no tardó en redactar la noticia y la mandaron.

221
- Bien y ahora debemos hacer varias fotos del entorno
después iremos a comer al puerto.
Simón miró su reloj, las once treinta. Su teléfono sonó
miró la pantalla – es Carol.
- Sí dime Carol.
- Simón he recibido un certificado o unos análisis de
una tal Estela.
- Debe ser el certificado de su ADN. (No ha perdido el
tiempo) Busca el correo particular de Roberto y
mándaselo, debe estar anotado en la libreta sobre mi
escritorio.
- De acuerdo, ahora mismo lo mando. ¿Cómo estáis
en Milán?
- No estamos en Milán estamos en Suiza, ya te
contaré. Adiós Carol.
- Adiós Cariño.
Este Roberto es la leche, no ha mandado nada a
Carol ¿si fuera su padre?... voy a llamarle.

- Dime Simón ¿qué te ocurre ahora? – contestó


Roberto.
- ¿Has visto todo lo que te mandé ayer?

222
- No, no he visto nada, ¿Que ocurre? hablas como si
yo no tuviera más trabajo que atenderte a ti.
- Escúchame con atención, millones de personas
pueden fallecer y tú te lo tomas a cachondeo. No es
ninguna broma, estudia lo que te mandé.
- No me vengas con tonterías ¿Qué van a tirar las
torres Gemelas?
- ¡Idiota! Hablo en serio, estoy en Suiza y la europol
está en esto, a ellos les he mandado los mismos papeles
que a ti.
- Vale, no te irrites miraré los papeles.
- Perdona Roberto por lo de idiota, pero en verdad es
más gordo de lo que crees, de Madrid pueden salir varios
vuelos cargados de virus para contagiar varias naciones.
Es lo que quiero evitar cuando leas todo lo que te he
mandado lo entenderás hay una carta explicativa.
- Está bien la leeré.
- Otra cosa, Carol te mandará un análisis de ADN a tu
correo, para que lo compares con el de la difunta. Ya que
tu no lo has mandado.
- Todavía sigues con eso.

223
- Escúchame si no te ves capacitado habla con Javier
o dimite. Pero si no me haces caso y ocurre algo iré
contra ti y no me importará mi amistad con tu padre
- Me estas amenazando.
- Sí y soy capaz de hablar con tu padre si es
necesario para que me hagas caso, se trata de salvar
vidas y todo va unido como un ovillo de lana.
- Ya, te he dicho que lo miraré.
- No me basta, después de comer quiero que me
llames y me digas lo que no entiendes. O te saltaré e
informaré a tus superiores.
- Te repito que lo miraré ¿es suficiente?
- Bien, espero tu llamada.
Simón colgó y dijo mirando a Alfredo.
- Podemos esperar a Estela o…
- La verdad Simón, no sé qué hacemos aquí, ni cual
es el plan.
- No hay plan, es la policía o los cardenales quienes
tienen que mover ficha. Nosotros solo les hemos dado el
tablero, ahora jugaran cada uno con sus fichas pero a la
vista de todos.

224
- Mandaré un mensaje a Estela, diciéndole que
comeremos en el puerto, así podrás hacer algunas fotos
bonitas.
- De acuerdo.
Alfredo mandó el mensaje y mientras paseaban
comentó – hemos mandado todo tipo de informes a la
europol y no nos han contestado ni informado de nada,
incluyo la matricula que les mandamos; no sabemos a
quién pertenece.
- Pero nos lo imaginamos “verdad”. Ya te dije que no
confiaba en ellos pero no podemos ocultar información a
la policía aunque no tenemos la obligación de explicárselo
detalladamente. Nosotros dejamos las piedras en su
tejado y que ellos las quiten.
Pasearon hasta hora de comer en que acudieron al
restaurante. Apenas habían entrado llamó Estela diciendo
que cogieran mesa para tres más. A los pocos minutos
aparecieron por la puerta, les acompañaba otra mujer.
Presentaron a la nueva acompañante como Alis.
- En realidad me llamo Emmanuel Alis aunque soy
Alis para todos.

225
Estela tras sentarse se dirigió a Simón – Alis es la que
encabecerá ahora el grupo del director ocupando la
vacante de Alejandro. Creí conveniente que supiera lo
ocurrido y a que se expone.
-Alis ¿es usted casada? – preguntó Simón.
- ¿Para qué necesita saberlo? Si lo soy y tengo un
hijo.
- Estela ¿les has contado todo lo que ocurre?
- Creí que era mi obligación, informar al director.
- En realidad esperaba que no lo hicieras y se
desarrollara todo… sin alarmar a nadie, pero llegados a
este punto debo confesaros que hemos avisado a la
europol. Aunque no sabemos lo que ocurrirá. En fin
pidamos la comida luego hablaremos.
Pero siguieron hablando durante la misma, Alfredo
preguntó si les había visitado la policía. La respuesta fue
positiva pero solo la policía local y las respuestas fueron
las pactadas el día anterior.
- En ese caso creo que estáis libres de culpa y
nosotros somos los testigos.
- ¿Qué ocurrirá ahora? Preguntó Alis.

226
- Hay varias opciones yo me hago la misma pregunta
– contestó Simón.
De momento se han quedado sin el proveedor de
virus y tampoco sabemos que era lo que Alejandro estaba
preparando ni si era el virus para el que realizasteis la
prueba. O era otro fabricado en su casa.
- En el laboratorio puede que encontremos algunos
apuntes – comentó el director.
- Si precisamente es lo que pensarán los de la secta y
tal vez quieran contactar con alguno de ustedes, para
retomar el proyecto.
- Espera Simón, recuerdas lo que hablamos. Los virus
se extienden y ellos querrán asegurarse con vacunas.
¿Qué ocurre si se cambian los términos?
- Quieres decir darles virus de gripe en vez de
vacunas y algo inofensivo como los virus fabricados por
Alejandro.
- Un momento dijo el director, tenemos un producto el
Cresapril que produce tos y si añadimos un portador...
- Debería ser algo que pudieran romper en un
aeropuerto y causara ese efecto. O poder inyectarlo sin
peligro.

227
- Unas ampollas.- Dijo Estela - podemos fabricarlas,
también combinarlo con pequeñas cantidades de gripe
aviar “rebajada” ¡quiero decir! los restos de las
investigación para conseguir la vacuna, no es mortal y no
pasarían los síntomas de los de un simple resfriado, las
podemos embasar como ampollas rompibles y un par en
frasco con tapón de goma para inyectables.
- No será muy fuerte – dijo Alfredo.
- No, hay peligro tenemos virus a los que hemos
debilitado “pro vacunas” y son fácilmente vencidos por
nuestras defensas, no pueden provocar una pandemia
pero si ser molestos, durante varios días tardan entre dos
o tres días en mostrarse. La tos aparecería casi de
inmediato.
- Y digo yo, no lo podrían embasar como vacuna y la
vacuna como virus. Ellos seguro que se inyectan la
vacuna. Es lo que yo haría antes de empezar.
- Puede ser la salvación si llega el momento, en que
quieran probar con alguien dijo - Foster -. Sobre todo si
contactan con alguno de nosotros, ruego que no se hagan
los valientes y colaboren. Recuerden que ellos no
dudarán en matarlos si no les son útiles. Debemos

228
destruir todo lo fabricado por Alejandro y... ¿De cuánto
tiempo disponemos? – preguntó Foster.
- En realidad no lo sé y mañana es sábado, ustedes
no trabajan –contestó Simón.
- En ocasiones si lo hacemos por emergencia y esta
es una emergencia- contestó Estela -. Entre Alis y yo
podemos tener dos estuches listos antes de comer. Y sea
quien sea la persona con la que contacten tener claro cual
es el plan.
Alfredo tomó la palabra – es bueno estar prevenidos
pero yo sigo confiando en que la policía intervenga y no
ocurra nada. También creo que no vendrá nadie antes del
lunes.
- Espero que tengas razón y dispongamos de unos
días tranquilos –contestó Simón.
- Alis si mañana nos ayudas puedes tomar una
semana libre coge a tu familia y desaparece –dijo Foster -
Espero que no te molesten.
- Gracias señor Foster.
- Alfredo intercambia tu móvil con Estela.
- ¿Por qué? – contestó ella.

229
- El móvil de Alfredo puedo rastrearlo y el tuyo no. Si
tienes algún secreto puedes quitarlo de tu móvil.
Estela sonrió - no tengo secretos para Alfredo.

Terminó la comida, el café y la conversación. Cada


cual se fue a su casa, Alfredo y Simón custodiaban a
Estela.
A las siete de la tarde, seguían en el apartamento de
ella, cuando sonó el teléfono de Simón.
- Soy Roberto, escúchame el asunto del ADN es cosa
de un especialista, ya lo he mandado. Pero todo lo demás
parece una mala novela.
- Pues no tiene nada de novela ni es el próximo libro
de Alfredo. Todo es real, puedes comprobarlo en el
periódico de Milán, posiblemente salga mañana el
incendio de la casa del profesor Alejandro. Si quieres
puedo mandarte las fotos.
- No, no hace falta, pero que puedo hacer yo en este
caso.
- Nada solo estar alerta por si tienes que intervenir en
el aeropuerto. Como te he dicho la europol está en esto,

230
solo que no estoy informado de sus pasos, ni creo que me
informen.
- De eso puedes estar seguro pero si llega el
momento intervendremos, tienes mi palabra.
- Parece que al fin confías en mi.
- Las pruebas son apabullantes, no tengo más
remedio. Espero que sean reales, por mi bien y por el
tuyo.
- Gracias, te tendré al corriente. Hasta pronto.

La pareja dejó tranquila a Estela y se retiraron al


apartamento.
El sábado los tres científicos acudieron a los
laboratorios, según el plan acordado, cerca de las trece
horas salían satisfechos. Habían preparado dos maletines
con ampollas e inyectables.
Alis se despedía durante una semana, mientras
Foster y Estela veían a la pareja de periodistas, sentados
a la sombra de un árbol esperándolos. Habían comprado
el periódico de Milán pero no iba el reportaje que habían
mandado, pensaron que tal vez había tenido miedo de
publicarlo. No cayeron en la cuenta que Francesco

231
trabajaba para el periódico de Turín y que en esa ciudad
nadie conocía al profesor Alejandro. Ese era el motivo y
no otro de que no se publicase la noticia en Milán.
El teléfono de Alfredo que llevaba Estela sonó y paró
al momento, acababa de entrar un mensaje.
- Puedes mirarlo – dijo él sonriendo.
Estela lo abrió y dijo textualmente. El libro se vende,
el lunes te haré un traspaso, empieza el próximo hay que
aprovechar el tirón. Pedro.
Todos sonrieron y Simón añadió.
- No sabía si podrías pagarme, ahora no pienso
perdonarte ni un céntimo.
- Estela elimina todos los mensajes, será lo mejor.

El resto del fin de semana pasó sin alteraciones, lo


mismo ocurrió el lunes y el martes. Pero el miércoles un
coche con los cristales tintados paraba delante de los
laboratorios. De él salían tres personas una de riguroso
negro y cercana a los sesenta. Al entrar en el centro se
dirigieron al vigilante de recepción y pidieron hablar con el
director. Este preguntó ¿a quién anuncio? y le dijeron que
de parte del cardenal Bruno Salgueri. El vigilante habló

232
con Foster por el interfono y este le dijo que pasaran. Les
indicó donde estaba el despacho y se dirigieron hacia él.
Foster salió a la puerta a recibirlos.
- Sean bienvenidos, pasen, pasen, --- por favor
acomódense.
En el despacho de Foster había una pequeña mesa
con seis sillas donde se realizaban, pequeñas reuniones.
Les ofreció las sillas pero solo se sentó el cardenal, los
acompañantes se quedaron de pié.
- Y bien eminencia usted dirá para que somos
buenos.
- El profesor Alejandro Sabatini Salgueri era miembro
de nuestra familia en realidad mi sobrino. La policía nos
ha informado del suceso en su casa donde perdió la vida.
Quisiéramos saber qué le ocurrió.
- Creo que no podré ayudarle, solo visité una vez a su
sobrino y desconozco su vida en el exterior de este
edificio. No suelo meterme en la vida privada de las
personas que trabajan aquí, de la mayoría desconozco su
domicilio o incluso si están casadas. Tendría que mirar los
ficheros para saber sus domicilios, para decir verdad solo
conozco el de la doctora Estela.

233
- ¿En que estaba trabajando mi sobrino o cuáles eran
sus trabajos?
- Aunque yo dirijo el laboratorio, los equipos son
autónomos, él dirigía el proyecto de la mutación de los
virus gripales y otro grupo el de las vacunas, para
contrarrestar los efectos, simples experimentos. Hace
una semana tuvimos pruebas.
- ¿Sabe si tuvo éxito?
- Nosotros solemos hacer pruebas a menudo y no
siempre son positivas, no damos importancia hasta que
conseguimos algo seguro y las pruebas de las vacunas
fueron positivas.
- Quisiera saber qué estaba investigando
- Lo siento pero precisamente no estoy autorizado a
facilitarles esa información la empresa no lo permite y
nadie puede sacar nada del laboratorio, podría ser un
peligro podríamos provocar una pandemia o copiarnos la
competencia.
El cardenal cambió de estrategia.
- Perdone no era mi intención que sacara o nos
informara de sus secretos, siento que lo interpretara así.

234
Solo pensaba saber si sus investigaciones tenían algo
que ver con su fallecimiento.
- No lo creo, según tengo entendido por la policía
municipal, su casa estalló, seguramente por el gas, solo
se lo que dijo la policía que me interrogó, no he visto su
casa ni creo que sea agradable verla. Solo sé que he
perdido a un gran científico y colaborador, en dos años
hubiera sido el director del centro, yo solo pienso en
retirarme, este trabajo es para jóvenes. Se necesita buena
vista y rapidez de reflejos para pensar. Cosa que a mí ya
me falta.
- ¿Quien será ahora su sustituto?
- No lo sé de momento tendré que volver a hacerme
cargo del grupo y en un mes proponer a una nueva
persona, después de eso decidirán en Alemania. Pueden
tardar entre tres y seis meses.
- ¿Sabe usted en que virus estaba trabajando?
- No todavía no he tomado el mando ni he
comprobado en que trabajaba, pero como le he dicho no
puedo…
- Perdone sin darme cuenta he repetido una pregunta,
recuerdo una joven que fue su acompañante en Milán.

235
- La doctora Estela Conte, ella trabaja en vacunas, no
trabajaban juntos en el mismo equipo.
- ¿Pero son complementarios?
- Solo en parte. Pero puedo asegurar que no había
nada entre ellos, si es a lo que se refiere, Alejandro
disfrutaba de diversas amistades femeninas… eso si lo sé
por la habladurías internas.
- Entiendo.
Foster se levantó diciendo – siento no poder
ayudarles más pero no conozco lo que le ocurrió, solo sé
que ha sido una gran pérdida para nosotros, sobre todo
para mí ya que había depositado toda la confianza en él.
El cardenal entendió que la entrevista había
terminado y dejó a Foster en su despacho sin hacer más
preguntas. El automóvil partió hacia Milán.

Al día siguiente en una gran masía reconvertida


nuevamente a convento (lo que había sido anteriormente)
a cinco kilómetros de Milán, el cardenal residente en
París, Bruno Salgueri y el residente en Roma, Ángelo
Moretti (antes Marco Conte) se reunían; la masía disponía
de un pequeño claustro por donde solían pasear. Había

236
sido recomprada por la iglesia para el retiro espiritual de
sus dirigentes.
Bruno y Ángelo salieron a pasear por el claustro,
hablando en voz baja Bruno explicó todo lo sucedido con
Alejandro y que todo el plan había fracasado con él. Tal
vez debían empezar de nuevo. Ángelo contestó.
- Hemos llegado demasiado lejos para rendirnos con
facilidad, Alejandro debe haber dejado algo preparado.
Recuerda esta semana debía entregarnos el producto y
su vacuna. Según dices probaron la vacuna con éxito y
ese debe ser el producto de Alejandro. No me resigno a
tirarlo todo por la borda, ¡no me resigno! ¿Con quien
trabajaba?
- Tal vez el director... o más bien la doctora Estela,
ella debía fabricar las vacunas para los nuevos virus, por
lo tanto debe saber con que trabajaba Alejandro.
- ¿Estela Conte?
- Si la misma. El director está viejo y no creo que
interviniera en los resultados más bien parece una rata de
despacho.
Ángelo se frotó la barbilla y siguió paseando con la
cabeza gacha sin decir nada.

237
- Estela es la que dirige el departamento de vacunas y
recientemente han hecho pruebas, satisfactorias eso nos
lleva a ella. – dijo Bruno.
- Se quién es y lo que hace. Levantó una mano y dio
un chasquido. Un guardaespaldas se acercó.
- Monseñor.
- ¿Cuántos hombres tienes en Locarno?
- Eventualmente dos, dos días por semana. Después
de lo sucedido hace unos días, hemos dejado uno fijo. No
disponemos de mucho personal de confianza y…
- Estela…
- La señorita Estela se encuentra perfectamente,
solemos vigilarla cuando sale del trabajo y si sale por la
noche, su vida se repite día a día, la única novedad es
que tiene dos nuevas amistades, pero de momento solo
pasean y van al restaurante del puerto.
- ¿Sabes quiénes son?
- Los vimos por primera vez en la conferencia que
dieron aquí en Milán eran periodistas. Y unos días
después, vimos al más joven en Locarno con ella, más
tarde se unió el más viejo; parece el fotógrafo.
- Alguna suposición.

238
- Diría según los informes que ella y el más joven se
gustan. Es todo cuanto puedo decirle. Como sabe solo
vigilábamos a Alejandro jueves, eran los días que
podíamos ver a Estela.
- Pase lo que pase nada debe ocurrirle a ella.
Dejadme pensar.
Bruno y el guardaespaldas se fueron, mientras Ángelo
exclamaba.
¡Estela! ¡Estela! ¿Por qué naciste?

Un coche estaba parado antes de llegar al


apartamento de Alfredo. Era noche cerrada y apenas
alumbraban la calle los tenues faroles, al pasar junto a él
Simón dio un codazo a Alfredo. De la esquina salieron dos
hombres uno de ellos con pistola en mano.
- Por favor pongan las manos juntas – dijo el que
llevaba la pistola, ellos obedecieron y se encontraron con
sendas bridas que las juntaron inmovilizándolas.
Suban al coche, en el interior les taparon la boca con
cinta y les colocaron una capucha. Tras aproximadamente
tres horas el vehículo paró y los condujeron cogidos del

239
brazo al interior de un recinto. Les quitaron las capuchas y
pudieron ver una celda, posiblemente de un fraile. A la
izquierda había un armario de no más de un metro de
ancho. Enfrente una única cama, una pequeña mesilla de
noche y un crucifico sobre ella, un sicario entró
arrastrando un colchón, colocándolo al otro lado de la
mesilla solo quedaba un metro libre entre las dos camas.
Un cura entró y dio orden de quitarles la cinta de la
boca.
Tanto Simón como Alfredo, miraban sin hablar.
El cura dijo – como verán la ventana es alta, pequeña
y dispone de reja, la puerta es fuerte y tiene una mirilla
con reja desde donde los podemos vigilar. Siéntanse
cómodos como nuestros invitados y no creen problemas,
si tienen alguna necesidad llamen y serán atendidos.
-Si tengo una necesidad, suelo orinar antes de
acostarme y levantarme sin ataduras.
- Complaceremos su primera petición, pero no la
segunda mis hombres les acompañaran al baño y
mañana harán lo mismo. Su misión es comportarse
correctamente, no crear problemas y les aconsejo hacer
penitencia.

240
Sonrió y se fue los sicarios los acompañaron al baño y
posteriormente los dejaron encerrados sin soltarles las
manos – Simón aconsejó tumbándose sobre la cama.
- Durmamos debemos estar bien despiertos mañana,
de momento no quieren matarnos, aunque creo que es su
intención.
- No sabes cómo me alegran tus palabras, dormiré
plácidamente a sabiendas que quieren matarme. ¿Dónde
crees que estamos?
- Es obvio en un convento o lugar de retiro y
seguramente retirado de la civilización. Estas son celdas
de monjes o frailes.
- Un poco estrechas si lo son.
- Descansa no sabemos lo que nos espera mañana.
Alfredo pensaba que no lo mataron en España y
posiblemente su cuerpo podría quedar tirado en una
cuneta suiza. Intentó pensar en otras cosas más
agradables. A su mente acudió Estela, pero no tardó en
pensar que tal vez ella también estaba en peligro. Durante
la noche despertó varias veces sobresaltado, mientras
envidiaba a Simón el cual roncaba como un poseso.

241
Por la mañana tras llevarlos al aseo, les sirvieron
leche y pan de molde sin nada más.
- Simón dio buena cuenta de su parte, mientras
Alfredo apenas comía parecía que su mente estaba
ausente.
- ¿Qué podemos hacer? Preguntó a Simón.
- Nada más que esperar acontecimientos.
Tranquilízate y come debes mantenerte fuerte.
Simón parecía tranquilo pero en realidad solo quería
dar la imagen a Alfredo de tranquilidad. Por su cabeza
pasaba la imagen de Carol y su hijo, en su interior
intentaba despedirse.

Estela salía del trabajo y se extraño de no ver a la


pareja esperándola, había salido una hora antes, tal vez la
esperarían a las trece horas. Le daba tiempo de ir a su
casa y cambiarse de ropa. Al llegar junto un lujoso coche,
salió un enorme señor y la invitó a subir, en su interior
había un cura. Estela sintió que estaba en inferioridad y
entró en el vehículo. Sentándose en medio de los dos.

242
- Señorita Estela – dijo el cura – si me promete no
gritar solo le taparemos la cabeza con una capucha, no
queremos que sepa donde la llevamos.
- Está bien, pero ustedes son conscientes de que esto
es un rapto.
- En ocasiones debemos realizar sacrificios, aunque
no nos guste, siempre en defensa de la fe.
- No creo que dios mande secuestrar, yo siempre he
creído que dios era dulzura y perdón. Nunca violencia o
hacer daño al prójimo.
- Señorita es usted muy joven y debe saber que los
caminos del señor son infinitos y nosotros somos sus
largos brazos en la tierra, para aplicar su bendición o
castigo.
- No lo entiendo ¿si es todo poderoso para que les
necesita a ustedes? Y para qué necesita su ayuda para
castigar ¿no dispone para eso del Infierno, cuando
fallecemos?
- Es difícil que usted comprenda ciertas cosas, pero
no es momento de hablar de teología.
- ¿Donde me llevan?

243
- No tema no pensamos hacerle ningún daño. Pero si
lo supiera nuestra intención podría cambiar.
- Entiendo. ¿Puede decirme que buscan?
- No estoy autorizado para decírselo, será mejor que
descanse.
Estela calló el resto del camino hasta llegar al
monasterio, la bajaron sin quitarle la capucha y la
condujeron del brazo al interior, al quitársela se
encontraba en una sala donde el cardenal Bruno estaba
sentado a la gran mesa.
Buenos días doctora Estela, siéntese por favor.
- Estela obedeció - ¿Qué quieren de mi?
- Seré breve e iré directamente al grano. Su
compañero Alejandro trabajaba para nosotros, el debía
proporcionarnos un virus que estaba estudiando y
desarrollando últimamente y a su vez la vacuna que usted
debía proporcionarle. Supongo por las palabras de su
director que el experimento se llevó a cabo con resultado
positivo.
- No tiene nada de extraño es lo que solemos hacer,
identificar nuevos virus y neutralizarlos. Dentro de uno o
dos años ustedes podrán comprar la vacuna en una

244
farmacia. No me explico sus prisas. En cuanto al virus en
no más de un mes solo quedará una pequeña muestra
archivada y congelada.
- Precisamente es lo que Alejandro nos tenía que
entregar.
- No lo creo, no creo que Alejandro les entregara a
ustedes o a nadie un producto que pudiede causar una
pandemia e incluso extinguir parte de la humanidad.
Estela intentaba rebatir las palabras del Cardenal y no
demostrar que conocía sus planes.
- Doctora nosotros somos los representantes de
Cristo en la tierra y no debe dudar de nosotros, Alejandro
era un buen creyente y colaborador. El diablo y solo él
provocó el incendio que terminó con su vida y nosotros
necesitamos su ayuda para combatir el mal.
- Eminencia no creo que el mal se combata con
muertes y el virus solo puede provocarlas en masa.
- No si usted nos entrega las vacunas, no ocurrirá
nada. Solo necesitamos tener un control del virus.
- No, no puedo hacer lo que me pide, en malas manos
puede provocar como le he dicho una pandemia.

245
- No en manos de la iglesia, seguramente querrán
tomar medidas por si como dice usted se produjera una
pandemia; doctora Estela debe colaborar, no ha pensado
que si no lo entrega usted lo hará otra persona y el
resultado para el equipo mandado por el vaticano, será el
mismo.
- No lo creo ustedes están locos y esta conversación
no tiene motivo de ser. ¡Quiero que me lleven a mi casa!
- Está bien como usted quiera. Pero en este caso hay
que elegir un bando y creo que ha elegido el bando
incorrecto.
Bruno hizo una seña y dos gorilas le ataron las manos
con una brida.
- Celda número tres.
Tras pasar por el baño la introdujeron en la celda. A
ninguno de los tres se les ofreció comida ni agua.

Por la mañana los dos cardenales paseaban por el


claustro.
- Bruno no eres suficientemente persuasivo, eres
tosco y me vas a obligar a intervenir, cuando no era
precisamente mi intención; no quería mostrarme a ella.

246
- Es muy lista.
- Si tiene a quien parecerse. Pero según los vigilantes
es, o parece ser pareja del periodista más joven;
deberíamos preparar las jaulas y saber hasta dónde es
capaz de aguantar.
- Deberemos subir las grúas a la parte superior del
claustro y subir las jaulas con ellas, puede ser un
espectáculo verlas bajar y abrirlas mostrando los pinchos
en el interior.
- No me importa el espectáculo, solo el resultado. ¿De
cuantos hombres dispones?
- De cinco y el cocinero he dejado uno fijo en Locarno
vigilando.
- Bien en ese caso que monten las grúas y las jaulas,
cuando esté todo apunto les dais de comer y los sacáis al
patio. Ella que se quede junto a ti y le explicas lo que va a
ocurrir.
- ¿Y si ella no claudica, los mato?
- No solo demuestra lo que puedes hacer y se
clemente si no acepta “ayudar” dale un día más para
pensárselo y decidir. De momento, que coman juntos.

247
Los vigilantes cumplieron las instrucciones y una hora
después dos grúas sujetaban sendas jaulas ´metálicas,
llenas de pinchos metálicos en su interior.
Cuando Alfredo y Simón fueron llevados al comedor,
al entrar se encontraron con Estela y los sentaron frente a
ella sirviéndoles comida. Alfredo rompió el silencio apenas
los dejaron solos.
- Estela no puedo decir que me alegro de verte ¿Qué
han hecho contigo?
Estela supuso que las paredes oían y contestó.- No
me han hecho nada excepto secuestrarme. No creo que
la iglesia nos haga nada, el camino al cielo no contempla
la muerte de personas o asesinato. No creo que nos
ocurra nada.
- Creo Estela, que no conoces las barbaridades que
se han realizado en el nombre de dios. Según me dijiste
creciste entre monjas hasta los dieciséis años, para
posteriormente pasar a la universidad no sabes nada de
la vida, más que aquello de lo que has estudiado, las
personas pueden ser muy crueles y créeme no hay peor
enemigo que un fanático, sea de la religión que sea; solo
hay que leer la historia.

248
- Por favor Simón no asustes a Estela, no creo que
nos hagan nada, como has dicho son religiosos y la época
de la inquisición pasó.
- No creo en las religiones, en el nombre de dios se
han hecho autenticas injusticias, se ha robado,
secuestrado, mutilado e incuso torturado o exterminado
pueblos. No hace de eso tantos años como para olvidarlo.
- Eso pasó, hoy estamos civilizados y la barbarie no
tiene razón de ser Simón.- contestó Estela.
- Estela espero que tengas razón, pues de lo
contrario…
- No pasará nada se darán cuenta de que están
equivocados y nos liberarán –contestó Alfredo.
- La iglesia no puede ser tan cruel – quiso asegurar
Estela.
- ¿Ya sabes lo que quieren?
- Si, me han pedido los virus que fabricó Alejandro y
las vacunas correspondientes.
- ¿Te han explicado para qué?
- Según dicen debe guardarlas el vaticano. Yo no sé
qué creer, los virus en malas manos son muy peligrosos.

249
- Si lo entiendo – dijo Alfredo – yo no sé las daría a
nadie.
- Hombre Alfredo – contestó Simón – la iglesia está
obligada a hacer el bien aunque como he dicho antes ha
sido muy cruel a lo largo de la historia.
- Dejadlo estar ellos deben de seguir la ley de dios
“No matarás” – contestó Estela.

Bruno y Ángelo escuchaban la conversación en una


habitación contigua y Ángelo exclamó. ¡Esta conversación
no tiene sentido! Es como si quisieran convencernos a
nosotros de que hacemos el mal y… ¡ya han comido
bastante! ¡Sácalos al claustro! Ella que se quede. No
quería mostrarme pero no voy a tener más remedio que
intervenir. Déjala unos minutos conmigo, puedes
escuchar e intervenir según creas conveniente.
Los vigilantes les obligaron a levantarse y los
condujeron al claustro.
- Usted no señorita, quédese sentada.
Los dos hombres fueron conducidos al patio interior
del claustro; mientras tanto Ángelo entraba en el salón

250
haciéndose el sorprendido. Se quedó mirando fijamente a
Estela y susurró.
- ¿Estela? Tú eres Estela.
- Estela lo miró y no tardó en reconocerlo su
semblante había perdido la juventud “era un hombre viejo”
pese a no presentar apenas arrugas, su pelo era canoso
con grandes entradas, habían pasado cerca de veinte
años desde la última vez que lo vio, preguntó.
¿Quién es usted?
- No me conoces, soy tu ángel de la guarda.
- No, no lo conozco, en cuanto a mi ángel parece
haberme abandonado.
- ¿Qué te ocurre?
- ¿No lo sabe?
- ¿Por qué tengo que saberlo, cuéntame que te
ocurre? Yo simplemente estoy en mi retiro espiritual como
todos los años y en realidad no se qué haces aquí.
Ella no creía una palabra pero siguió la corriente.
- Me han secuestrado a mí y a dos amigos, para
obligarme a dar un producto que no puedo entregar y que
puede ser muy peligroso, a nivel mundial.

251
- No creo en el secuestro ¿te sacaron alguna pistola o
simplemente te invitaron a ir con ellos?
- ¿Qué más da, que puede hacer una mujer contra
dos gorilas? No hacía falta pistola.
- En ese caso no hubo violencia, solo te invitaron. Yo
en tu lugar les haría caso y les entregaría lo que te piden.
Todos cuanto están aquí trabajan para la santa sede y
disponen de permiso o dispensa, para conseguir todo lo
que ha ordenado la iglesia, valiéndose de cualquier
método. Posiblemente utilicen a tus amigos para
conseguir lo que quieren de ti.
- Si los torturan y matan después tendrán que hacer lo
mismo conmigo y aquí se acabará la historia.
- No sé cual es el proyecto, pero piensa que tal vez la
santa sede solo quiera investigar sobre ¿Cómo has dicho
“producto”? y tal vez estés interfiriendo en algo sin
importancia o con mucha importancia para la humanidad.
- Tiene mucha importancia ya que puede arrasar todo
un continente.
Estela ignoro de que se trata pero si la iglesia lo
quiere lo conseguirá de un modo u otro y tu no podrás
evitarlo. Harán sufrir a tus amigos, posteriormente a ti,

252
después seguirán con otras personas, las mismas que
trabajan contigo y por fin conseguirán lo que buscan. Tu
sacrificio y el de tus amigos, no habrá servido para nada.
Hazme caso y colabora la iglesia sabe lo que hace.
- Usted dice que es mi ángel de la guarda y yo no le
creo ¿quién es usted?
- Bruno interrumpió entrando con un gorila.
- Vamos se hace tarde.
Mientras se iba Ángelo dijo.- Hágame caso colabore.
Estela volviendo la cabeza antes de salir, preguntó
nuevamente.
- ¿Quién es usted?
No encontró respuesta y el gorila la empujó al pasillo.
Al salir al claustro vio en medio del patio a Simón y
Alfredo, las dos jaulas bajaron y sus amigos quedaron
frente a ellas. El cardenal Bruno se dirigió a ella.
- Mire las jaulas, sobre todo mire en el interior podrá
ver los pinchos, créame es una muerte lenta colgado en el
aire a vista de todos, podrá visitarlos todos los días.
Algunos aguantan cuatro o cinco días, sufriendo antes de
fallecer. ¿Por cual quiere que empecemos? (Estela

253
permanecía callada) está bien (gritó a los secuaces) ¡Qué
entren los dos!
Los secuaces empujaron a los dos hacia las jaulas.
- ¡No!, no por favor – gritó Estela.
- No Estela, no colabores con ellos – gritó Alfredo.
- Ellos tienen razón Alfredo si no lo consiguen de mi lo
conseguirán de otra persona y seguirán matando, vuestro
sacrificio no habrá servido para nada.- Se dirigió a Bruno.
- ¿Qué garantía tengo de que no les harán daño?
- Nuestra intención no es matar a nadie si no es
completamente imprescindible. Por lo tanto una vez
concluida la operación serán puestos en libertad no
podrán hablar, ni contar nada a la policía, pues serían
considerados cómplices y tratados como tal. Como ve no
tiene nada que temer, todos ustedes se habrán convertido
en cómplices.
- Está bien llévenme a Locarno ¿cómo sabré que mis
amigos se encuentran bien?
- Podrá llamarlos por teléfono.

254
Al día siguiente a las ocho de la mañana llegaba al
laboratorio, un mercedes negro con cristales tintados,
había trasladado a Estela.
- No pueden entrar, en el edificio y mucho menos en
el laboratorio.
- Lo sabemos no le acompañará nadie, podría llamar
la atención, usted llevará este medallón oculto bajo la
ropa.
- Puede que tarde un poco. Deberé rellenar algunas
ampollas con vacuna y no sé si Alejandro lo tenía todo
dispuesto.
- El tiempo no es problema, solo recuerde a sus
amigos.
- Estela subió las escalinatas que conducían a la
puerta del edificio al entrar no conoció al guardia del
recibidor. Pero este sonriendo le dijo.
- Buenos días señorita Estela, el director la espera.
- Buenos días – dijo extrañada y se dirigió al
despacho de Foster, entró e inmediatamente se puso el
dedo índice sobre los labios, diciendo a continuación y
guiñando un ojo. Mientras observó que junto a Foster
había un señor sentado.

255
- Perdone señor director por mi ausencia “son cosas
de Mujeres” – cogió un papel y escribió. ¡Llevo un
micrófono!
- Lo entiendo Estela cógete el tiempo que necesites.
El señor se levantó y leyó el papel – al tiempo que el
director era ahora quien ponía su dedo sobre la boca y
levantaba un folio “están vigilando” entonces entendió al
nuevo recepcionista, siguieron hablando.
- Solo he venido para llevarme ropa sucia y algunos
papeles para estudiar en casa.
- No tienes que dar explicaciones, eres la jefa del
equipo ¿necesitas que te acompañe?
- No, no hace falta, la ropa no pesa. Gracias.
- Hasta pronto, si necesitas alguna cosa no dudes en
llamar.
- Gracias señor director.
Estela siguió su camino hacia las maletas o estuches
que tenía preparadas; la roja en teoría debía contener el
virus letal fabricado por Alejandro, cuando en realidad
contenía la vacuna de la gripe aviar con un poco de
Pentotal. En su interior había introducido una carta con
instrucciones sin firma. Iban treinta ampollas de vidrio

256
fácilmente rompibles solo con lanzarlas al suelo y dos
embases con tapón de goma para poder pinchar en la
goma e inyectarlo. En el maletín gris solo iban tarros para
pinchar en la goma y poder inyectar la verdadera aunque
debilitada gripe aviar.
- Durante una hora Estela hizo ruido y chocar de
vidrio, debía simular que estaba trabajando, después fue
a su taquilla y recogió las maletas preparadas con
antelación, con ellas atravesó nuevamente el pasillo que
conducía a recepción diciendo al guardia cuando salía.
- Me llevo la ropa sucia.
- El recepcionista solo dijo – adiós señorita Estela.
En el coche le esperaban con impaciencia. Abrieron el
maletero e introdujeron las maletas o maletines.
Inmediatamente emprendieron el camino. Le quitaron el
medallón e hicieron una llamada solo dijo.
- Los huevos están empollando.
Se escuchó la contestación. – Pronto saldrán los
pollos.
- Estela pensaba que seguían hablando en clave,
cuando todo el mundo conocía sus planes, estuvo a punto
de sonreír, había perdido el miedo.

257
Mientras el coche circulaba hacia Milán, en el
despacho Foster y el jefe de la Europol habían visto,
como Estela subía al coche y este se alejaba.
- Y bien señor Valerio ¿Qué ocurrirá ahora? –
preguntó Foster.
- Debemos esperar a que salgan y detenerlos en los
aeropuertos antes de embarcar.
- ¿Y por qué no los detienen ahora?
- No recibirían la misma condena, si no los cogemos
con las manos en la masa, ni tampoco podríamos acusar
a toda la organización, posiblemente con un buen
abogado saldrían de rositas, le recuerdo que ¡con la
iglesia hemos topado!
- Pero pueden matar a los periodistas y a Estela.
- No lo creemos factible, de momento. Debe usted
saber que el fotógrafo es un expolicía y por las referencias
muy bueno. Por su parte Estela es su única
suministradora y la única que conoce lo que llevan las
maletas. De momento la necesitan y eso salva a los otros
dos.
- ¿Qué pasará cuando esparzan el virus? Ya no la
necesitarán.

258
- Se equivoca, ellos deben administrarse la vacuna y
quien mejor que la doctora para hacerlo. Pero como le he
dicho los cogeremos en el aeropuerto, antes de que se
dirijan a terceros países, será el momento de
interceptarlos con las manos en la masa, no queremos
que utilicen las ampollas por flojas que sean.
Afortunadamente conocemos sus planes; todos los que
entran o salen del monasterio están siendo grabados y
fotografiados, sabemos cuántos son y cuántos salen, sin
ellos saberlo, en realidad no se ocultan creen estar
seguros. Jugamos con la ventaja de conocer todos sus
proyectos, no siempre tenemos tantas ventajas.
Estela llegaba al monasterio, como la vez anterior con
la capucha puesta, cogiéndola del codo la introdujeron
dentro del monasterio, cuando le quitaron la capucha se
encontraba en el salón donde comían. Los
guardaespaldas dejaron las maletas sobre la mesa. El
cardenal Bruno no tardó en aparecer.
- Bien Estela parece que empieza a comprender por
favor habrá los maletines y si es tan amable denos
explicaciones de lo que contienen y su uso.

259
Estela sacó un cordón con dos llaves que llevaba al
cuello y abrió los maletines. En su interior protegidas por
espuma de poliuretano se encontraban los frascos y las
ampollas.
- En este maletín gris, como es obvio se encuentran
las vacunas digamos que es el mío. El rojo lo tenía
preparado Alejandro solo he tenido que abrir su taquilla
para cogerlo junto a la llave, antes de salir lo he abierto y
he leído las instrucciones; no cabe duda de que era para
ustedes. Pueden leerlas.
- No dude que lo aremos, pero queremos que nos
informe usted del contenido de su maletín.
- Es la vacuna contra el virus de la última prueba, la
misma a la que no acudió Alejandro. Nadie excepto él y
yo conoce el virus ni la vacuna ustedes disponen de todo
lo que teníamos en el laboratorio no queda nada. Por
favor quiero que entiendan que no hay más vacuna.
- ¿Cómo se administra la vacuna?
- Solo hay que mojar una aguja y pinchar, no necesita
más o inhalar un algodón mojado, pero eso es
desperdiciar...
- Entiendo ¿y si necesitamos más?

260
- Pueden introducir un centímetro cubico en una bolsa
de plasma al día siguiente tendrán un litro de vacuna.
Bruno cogió el folio y leyó. Cada ampolla contiene
diez centilitros, basta con romperla en un sitio cerrado o
semicerrado como un aeropuerto o el metro, tal vez una
mezquita. Su contaminación al aire libre dura tres días, el
tiempo que necesita una persona para empezar a notar
los síntomas es solo de un día, durante ese tiempo habrá
contagiado a todos los que se hayan acercado a menos
de dos metros del punto de ruptura; quien lo halla
inhalado contagiará a todo aquel que se cruce con él
produciendo una contaminación en cadena. La muerte de
un contagiado se producirá entre los dos o tres días sin
remedio y habrá contaminado a más de un millón de
personas, los contaminados serán los nuevos portadores.
El virus no es conocido y por lo tanto no podrán luchar
contra él y aunque lo hicieran llegarán tarde.
La cadena solo se puede romper con las vacunas en
las primeras seis horas...¿?
Bruno levantó la vista diciendo: aquí termina el
informe con un signo de interrogación. Estela ¿qué
significa?

261
- Debió escribir la nota el día que falleció, al día
siguiente era la prueba no podía saber si la vacuna
funcionaba, no estuvo en ella. Puedo asegurarles que es
efectiva solo en las tres o cuatro primeras horas o
infiltrada con antelación, pues el virus pasa al torrente
sanguíneo y el daño ya es irreversible. Por favor lleven
mucho cuidado al manejar los estuches, podríamos morir
todos.
- No se preocupe ciérrelos y deme las llaves.
- ¿Mis amigos?
- Se encuentran perfectamente la esperan en el
claustro y como podrá observar hemos retirado las jaulas.
También sabemos ser agradecidos.
La llevaron al claustro y pudieron hablar en voz baja.
Nadie sabía lo que iba a ocurrir a partir de ese momento,
allí pasaron el resto del día vigilados.
Les sirvieron la cena en otro salón más austero, en
este caso Bruno y algunos vigilantes compartieron la cena
con ellos. Estela no había vuelto a ver a Ángelo, pero
tampoco preguntó por él, ya sabía o intuía que él estaba
sabedor de todo lo que ocurría.

262
Apenas los llevaron a las celdas Ángelo entro en el
comedor, lo había escuchado todo.
- Dime Ángelo ¿seguimos con el plan?
- Si, no hemos llegado hasta aquí para ahora
volvernos atrás, tenemos los días justos y el producto
suficiente, dentro de tres días tenemos los vuelos.
Mañana repartimos y que cada uno siga las instrucciones
según lo planeado, quienes lleven los maletines estarán
vacunados con antelación.
Nadie llevará móviles ni nada que nos pueda
identificar, su arma será la valija diplomática del vaticano
y los billetes de embarque. Nadie los molestará. ¿Lo
tienes todo preparado?
- Sí, todo según lo planeado, los estuches para
almacenar el virus y las carteras de mano. Pero aquí no
quedará más que un vigilante y tu. No podemos dejar
vivos a los dos periodistas.
- Les adormeceremos en la comida y les
inyectaremos el virus. Dejándolos en la celda, hasta que
mueran. Aquí no quedará nadie. Josefo y yo
regresaremos a Roma con el cocinero.
- ¿La doctora?

263
- Dependerá de ella. Es mi problema, pero de
momento será quien maneje las ampollas no me fio de
nadie más.

Al día siguiente tras desayunar los condujeron


nuevamente a la celda, mientras que ha Estela la dejaron
con ellos.
Pasaron al salón y sobre la mesa estaban los
maletines y unas cajas como las de habanos con espuma
de poliuretano que habían confeccionado utilizando velas
como molde de las ampollas. A su lado una caja de
guantes.
- Doctora por favor puede repartir las ampollas en las
siete cajas.
- Si puedo hacerlo, pero solo yo estoy vacunada y si
alguna se rompiera, todos ustedes...
- Entiendo deberá vacunarnos a todos ¿qué necesita?
- Solo una jeringa. Antes de tocar las ampollas.
- Bruno levantó la mano y un vigilante se fue
volviendo al momento con un botiquín de campaña.
Ángelo entró con él sin decir nada.

264
Estela con seriedad, sacó una Jeringa y cogiendo la
falsa vacuna, fue pinchando a todos los vigilantes,
después a Bruno y por último a Ángelo.
Dejó la jeringa y se puso a distribuir las ampollas.
Mientras mentalmente contaba a cuanta gente había
pinchado, eran nueve vigilantes, un fraile (debía ser el
cocinero) y los dos cardenales.
Bruno dijo que se cambiasen y poco a poco acudieron
todos con traje oscuro y cuello duro de cura. Bruno dijo
algo a Josefo y este cogió uno de los frascos “en teoría de
Virus y una jeringa nueva, y acompañado de otros dos se
dirigió a la celda e Inyectó a los dos presos, al salir cerró
la puerta con llave.
Tanto Alfredo como Simón sabían que no corrían
peligro, por lo que no ofrecieron excesiva resistencia. Solo
preguntaron ¿que era aquello? Sin encontrar respuesta,
después se durmieron.
Estela preguntó - ¿dónde han ido esos hombres y por
que han cogido un frasco del virus?
- No temas es solo una prueba con cerdos – dijo
riendo Bruno. Y empezó a repartir los pasajes y las
carteras con las cajas dentro y las credenciales del

265
vaticano. A la puerta había cinco mercedes aparcadas.
Tres curas salieron en uno de ellos con destino a España,
dos en otro coche hacia Roma, los cardenales se
despidieron dos carteras y tres vigilantes acompañaron a
Bruno con destino París.
Solo quedaron Ángelo Josefo y el fraile Cocinero. Era
el momento de Ángelo.
- Estela tenemos que hablar necesito saber si estás
conmigo o contra mí.
- ¿Que les ha ocurrido a mis amigos?
- Simplemente duermen, solo tengo a Josefo para
vigilar y como comprenderás, no tengo mucha defensa ni
gente para vigilar.
- He visto como has cogido el virus. Ellos no tienen
defensas morirán irremediablemente.
- No debes pensar en ellos son historia.
- ¡No!, no estoy contigo prefiero la muerte. Eres un
asesino y me arrepiento de haberte conocido.
- Pero a ti no te puedo matar con el virus.
- ¿Quién es usted?
- Pregunta incorrecta, no eres de fiar, Josefo utiliza lo
que te queda con pentotal, la duermes y le inyectas déjala

266
encerrada en la celda. Si dios quiere que la salve; y si no
que muera en la celda, yo la he salvado toda su vida.
- ¿Porqué? Dijo gritando Estela ¿Porqué?
- Eres igual que tu madre, no debiste nacer – contestó
mientras se daba la vuelta.
Ayudado por el fraile la condujeron a la celda y tras
inyectarle, Pentotal y el resto de lo que creían virus, la
dejaron durmiendo y cerraron la puerta con llave.
Alfredo despertó en una sala de hospital, miró a su
alrededor, a su lado vio a Simón durmiendo, tenía un
gotero en el brazo, se dio cuenta que el también lo
llevaba.
Su mente se tranquilizó no estaban muertos, se dejó
vencer cerró los ojos y los abrió nuevamente, no estaba
soñando y su cuerpo despertaba, conocía el cosquilleo
típico al despertar de una intervención.
Entró una enfermera y sonrió al verlo.
- Parece que las vellas durmientes van despertando.
- Enfermera ¿la doctora Estela?
- Debe ser la señora que está en la otra habitación.
- ¿Cómo se encuentra?

267
- Tardará en despertar al menos una o dos horas.
Pero está fuera de peligro.
Escucharon un carraspeo de garganta, Simón
despertaba. Se miraron y sonrieron.
- ¿Dónde estamos?
- Están ustedes en Milán, les trajo la policía.
- Simón pareció despertar de súbito - ¡La policía!
Sabrán...
-Hay un señor esperando a que despierten ahora lo
llamaré.
Unos minutos más tarde entraba el profesor Foster.
- Buenos días ¿cómo se encuentran?
Simón no tardó en preguntar, por la policía y los
mafiosos.
- No teman, ustedes estaban siendo vigilados y en
cuando salió el último coche, entraron y los rescataron sin
oposición. A los pocos kilómetros el coche fue
interceptado y sus ocupantes hechos prisioneros. El plan
de la policía sigue en los aeropuertos. La operación sigue
en marcha a nivel internacional mañana es el día clave,
según el jefe de la europol “Valerio”. Todos los
aeropuertos están vigilados tienen sus fotos y los siguen,

268
no tienen escapatoria. En cuanto los apresen a todos irán
en busca del cardenal Constantino (en el vaticano), Bruno
(En París) y el obispo Casasanta (en Madrid).
- ¿Está aquí Valerio?
- No me dejó a mí y se fue a coordinar la operación.
- ¿Cuándo podremos irnos?
- Según el doctor Andreotti, es mejor que pasen la
noche y salgan mañana me han cedido una habitación
para mí.
- ¿Ha traído el coche?
- No, podemos volver en tren.
- ¡Dios mío! los móviles, los hemos perdido.
- No la policía lo recogió todo del monasterio están en
recepción, iré a recogerlos, seguro que Estela agradece
tener el bolso cuando despierte.
Foster salió de la habitación y tanto Alfredo como
Simón suspiraron con tranquilidad descargando su cuerpo
relajado sobre la cama.
A las tres horas les entraron comida y tras una
reconfortante siesta les quitaron los goteros (de limpieza),
podían levantarse. Su primera visita fue al lavabo y

269
posteriormente a la habitación de Estela; esta había
despertado y los recibió con los brazos abiertos.
Minutos más tarde recibieron la visita de Massimo, el
cual les dio todo tipo de explicaciones sobre la operación,
tranquilizándolos.

Al día siguiente todos abandonaban el hospital y


subían al tren camino de Locarno. Por el camino sonó el
móvil de Simón.
- Dime Roberto.
- Pareces muy tranquilo, no me has gritado.
- Aún puedo hacerlo.
- No lo hagas, estamos llevando a cabo la operación
“aeropuerto” con la europol. Pero quería que supieras que
la huella del pie coincide y el sicario a confesado a cambio
de reducir su condena; en cuanto al ADN coincide. Tenías
toda la razón hemos arrestado a la señora que confesó en
el juicio y en breve lo haremos con el obispo. Te has
salido con la tuya.
- No, no me he salido con la mía se hace justicia ¿O
no es eso lo que busca la policía?
- Si vale, ya nos veremos. Hasta pronto.

270
- ¿Que ocurre Simón? – preguntó Alfredo.
Simón miró a Estela – Carmen Carrisi la mujer de la
fotografía era tu madre, el ADN lo demuestra, tienes un
hermano periodista en Milán, Marco Conte y familia en
Oria, en la provincia de Tarento al sur de la península
italiana.
Estela no dijo nada solo quedó sorprendida, el resto
del viaje se mantuvo en silencio llegaron a la estación y
tras dejar al profesor en su domicilio se dirigieron a su
casa antes de llegar, Alfredo preguntó.
- ¿Qué piensas? Estela.
- No he podido conocer a mi madre, pero si podría
conocer a mi hermano y a mi familia.
- Si es lo que quieres, déjalo en mi mano, te
acompañaré.
- Con dos besos en la mejilla y un gran abrazo se
despidieron. Ya en el apartotel Simón dijo.
- Es hora de regresar, mi trabajo se encuentra en
Madrid y promete ser muy interesante. Debo regenerar mi
nombre y dignidad.

271
- Lo entiendo, te mandaré tus honorarios – contestó
Alfredo – creo que yo viajaré con Estela; me pregunto que
habrá sucedido con su hermano.
- Tampoco sabemos la relación que tenía con su
padre. Mejor que vayas a conocerlo con Estela, sabes
donde trabaja y donde vive. No creo que esté implicado
más allá de mandar mensajes. ¿Y ahora puedes mirar los
vuelos de Milán a Madrid?
- Si ahora lo hago.

Alfredo abrió el ordenador y se impuso la tarea de


buscar vuelos, cinco minutos más tarde dijo.
- Simón hay un vuelo a las ocho de la mañana y otro a
las tres de la tarde.
- Reserva para las tres de la tarde, el de la mañana es
muy temprano y no me dará tiempo a cogerlo.
- Cinco minutos después llamaba a Estela.
- Dime Alfredo.
- He encontrado un vuelo Milán - Tarento para pasado
mañana a las diez. Mañana tarde regresa Simón a
Madrid, si le acompañamos, podríamos ir en busca de tu
hermano y hacer noche en un hotel.

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- Si quiero – interrumpió Estela - coge el vuelo. Quiero
conocer a mi familia siempre he estado sola.
- Nunca más estarás sola, te lo aseguro.
- ¿A qué hora salimos?
- ¿Te parece bien en el tren de las diez?
- De acuerdo.
- ¿A quién llamas ahora?
- A Francesco. Quiero hablar con el cura que me dio
los papeles.
- Se escuchó ¿Alfredo eres tú?
- Sí Francesco soy yo; solo quería informarte que todo
ha terminado. Toda la organización ha sido arrestada y
desmantelada. Quisiera darle las gracias al cura que nos
facilitó los papeles, ¿Si tienes su teléfono? me gustaría.
- Alfredo, Alfredo escúchame no tengo su teléfono, no
me lo dio, era la primera vez que lo veía fue él quien me
buscó. Lo siento pero no lo conozco.
Alfredo se quedó un momento pensando.- No importa
ya ha realizado el servicio, solo quería darle las gracias.
En fin si él quiere declarar solo tiene que ir a la policía.
- ¿Y tú que vas a hacer?

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- Me he enamorado de Estela y ella me corresponde,
mañana iremos a conocer a su hermano y pasado
mañana cogeremos un vuelo para conocer a su familia en
Tarento. Espero que su hermano esté libre. Hasta pronto
Francesco.
- Arrivederci Alfredo.

Simón preparaba su equipaje definitivo.


No hicieron falta más palabras, por la mañana, tras
abonar la factura a Herculano y despedirse, los recogía el
taxista y los dejaba a los tres con el equipaje en la
estación, Parecía que el tren les estaba esperando,
sacaron los billetes y no tardó ni cinco minutos en partir;
durante el trayecto hablaron poco, Estela se cogía del
brazo de Alfredo y dejaba la cabeza sobre su hombro.
Cada uno debía pensar en su futuro inmediato lleno de
incertidumbre; pero con la tranquilidad de haber terminado
con una pesadilla.
Al salir de la estación se despidieron de Simón. El
debía tomar un taxi para llegar al aeropuerto de Malpensa
a unos cincuenta kilómetros de Milán.

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También ellos tomaron un taxi para llevarles a uno de
los hoteles que habían ocupado con antelación. Tomaron
habitación y tras dejar el equipaje, caminaron hacia las
oficinas del periódico donde trabajaba Marco. Entraron y
la recepcionista les preguntó.
- ¿Que desean?
- Quisiéramos hablar con el señor Marco Conte.
- El señor Conte, dispone de una semana libre. Han
sucedido cosas y el director le ha concedido una semana
de asueto.
- ¿Cree que estará en su casa?
- Si creo que sí, el médico le recomendó tranquilidad y
relajación.
- ¿Le ha ocurrido algo grave?
- No pero la policía le di un buen susto... pero
ustedes...
- No ocurre nada, es su hermana que viene de visita.
- A... pues creo que lo encontrarán en su casa.
- Gracias ha sido muy amable.
Desandaron los pasos y volvieron frente el hotel
miraron los nombres en los timbre y llamaron. Una voz
masculina preguntó.

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- ¿Quien llama?
A Estela se le hizo un nudo en la garganta y como
pudo contestó con una voz que se perdía – Tu hermana –
la puerta se abrió mientras escuchaban - sube al primero.
Las escaleras no las sentimos bajo nuestros pies, solo
vimos un hombre con batín y babuchas en la parte
superior. Se quedó mirando como hipnotizado a Estela y
ella quedó petrificada frente a él. Parecía que se
estudiaban el uno al otro, hasta que al fin se acercaron
lentamente y se abrazaron. Marco la estrujaba sobre su
cuerpo y Estela derramaba lagrimas sin poder evitarlas.
Tras los primeros momentos Marco los invitó a entrar.
Sentados en el salón empezaron a contar todo lo
sucedido, hasta que le preguntaron lo sucedido a él con la
policía; Marco contó que el solo obedecía órdenes del
vaticano con la intención de que los estudiantes
descubrieran los mensajes, según le habían informado,
era parte de los estudios. Al menos era lo que sabía o le
habían dicho, también dio el nombre de quien le hizo la
propuesta “el cardenal Ángelo”.
- ¿Conocías al Cardenal? – preguntó Alfredo.

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- Solo lo vi en contadas ocasiones, según me
contaron, él pagaba mis estudios.
- Lo mismo hizo conmigo – contestó Estela.
- Debéis saber que antes de cambiarse el nombre se
llamaba Marco Conte y vuestra madre Carmen Carrissi.
Ellos os dieron los apellidos.
Marco suspiró mientras exclamaba - ¡Como se puede
ser tan cruel!
Estela sabe toda la historia, tiempo tendréis de
contárosla.
Si sabía quién era, pero nunca me lo confesó aunque
lo provoqué en varias ocasiones – dijo Estela - .No tiene
corazón y prácticamente me condenó a morir de hambre
en la celda. Sus actos solo son propios de una mente
enfermiza.
- Psicópata diría yo – contestó Marco.
- Marco tenemos toda la tarde para hablar, mañana
salimos en dirección a Oria en la provincia de Tarento,
vamos en busca de vuestra familia. Si quieres
acompañarnos no podemos perder tiempo hay que
reservar pasaje.

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- Si quiero acompañaros lo haremos desde aquí dame
los datos del vuelo y... donde os alojáis.
- En el hotel de enfrente desde allí te observábamos.
- ¿Como que me observaban?
- Es una larga historia ya te contaré.

Al día siguiente partían los tres hacia Tarento. Al salir


del aeropuerto Marco compró un periódico y tomaron un
autobús que les llevó a Oria. Estela llevaba una foto de su
madre recortada, ampliada y sacada del ordenador, era
su único bagaje para encontrar la familia.
Carlo abrió el periódico y leyó unos titulares.
- Mirad esto.
Desarticulada una banda terrorista, varios de sus
cabecillas se hacían pasar por cardenales residentes en
el vaticano; han querido involucrar a la iglesia en sus
actos terroristas, Dieciocho personas han caído gracias al
inestimable trabajo de la europol, la cual seguía sus pasos
durante meses hasta desarticular la secta y apresar a
todos los terroristas.
- Vaya digamos que han sido escuetos – dijo Estela.

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- Si los brazos del vaticano son muy largos – contestó
Alfredo.
Bajaron del autobús y preguntaron por un hotel o una
pensión. Les indicaron unas habitaciones sobre un bar–
restaurante. Al llegar y pedir habitaciones Estela
aprovechó para preguntar.
- Por favor la familia Carrissi.
- Señora el pueblo está lleno de Carrissi, dígame algo
más.
- Carmen Carrisi y su hermana, Andrea. No sé nada
más.
- Andrea, Andrea, hay una Andrea casada con
Carmelo Carboni el vinatero. Creo que a su madre le
llaman Carmen Cano, pero no tiene hermanas.
- No importa díganos donde viven.
- No viven en el pueblo, siguiendo la calle de la
izquierda hacia el norte salen a un camino, como a tres
kilómetros está la bodega, viven allí. Pero no estoy segura
yo también soy Carrisi.
- ¿Y cómo se llama de nombre?
- María.
- Díganos quien puede llevarnos.

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- Mi marido – gritó – ¡Adriano, levanta el culo que
tienes trabajo!
El hombre se levantó renqueante y se acercó - ¿Qué
pasa María?
- Ayúdales a subir las maletas y después los llevas a
la bodega de Carmelo.
- ¿No querrán comer antes?
- No, tal vez al volver, tenemos prisa por ir –dijo
Estela.
- Está bien síganme.
Subieron las escaleras y dejaron el equipaje sin abrir.
Quince minutos más tarde paraban delante de una gran
casa de campo, Adriano comentó.
- La bodega está detrás ¿qué hago me espero o me
voy?
- Espere de momento, tal vez tengamos que regresar
inmediatamente.
A un lado una señora recogía la ropa tendida con una
cesta de mimbre. Al parar el coche dejó la cesta y se
acercó reconociendo a Adriano. Les dio los buenos días y
se quedó intrigada mirándolo y mirando a los que bajaban
del Fiat Punto.

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- Estos señores creo que te buscan.
- ¿A mí o a mi marido? ¿Ustedes buscan Vino?
- Buenos días, buscamos a Andrea Carrisi que tenía
una hermana llamada Carmen – contestó Alfredo.
- Yo soy Andrea pero de mi hermana no sé nada
desde hace muchos años. Mi madre la echó de casa.
Estela se acercó con la foto.
-¿Puede decirme si es esta?
La señora tomó la foto y dijo. – Sí es esta ¿pero
quiénes son ustedes? ¿Que buscan?
- Solo buscamos a la familia, yo soy la hija de su
hermana y Marco su hijo.
Andrea se quedó quieta, no sabía qué hacer solo se
le ocurrió preguntar.
- ¿Como está Carmen?
- Falleció hará unos seis años.
- Andrea recapacitó, pasad, pasad al interior.
- ¿Yo que hago? Dijo Adriano.
- Puedes irte contestó Andrea. Entrad mi madre está
haciendo la comida.
Los tres la siguieron entrando en la masía hasta la
cocina, que se veía solo con entrar a la derecha.

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- Mamá tenemos tres invitados a comer.
- No es problema, la salsa está hecha y la pasta no la
he puesto ¿pero? - se quedó mirando no conocía a nadie.
- Mama siéntate, creo que debemos hablar con estas
personas.
- Ustedes dirán dijo mientras obedecía y se sentaba.
Estela miraba a su abuela y encontraba un parecido
con la foto de su madre. Marco había permanecido
callado y cortó el silencio.
- Señora Carmen sabe algo de su hija Carmen.
La anciana quedó sin saber que decir.
- Carmen, Carmen yo la eché de casa, se fue con el
cura estaba en pecado. Pero ¿qué sabéis de ella? Nunca
debí de... me porte mal.
- Carmen falleció pero dejó dos hijos.
- ¿Tengo dos nietos más?
- Si abuela, yo me llamo Estela y mi hermano Marco.
Los dos se acercaron y la abrazaron, Andrea se unió
a los abrazos y las lagrimas empezaron a correr,
alcanzando a Alfredo que no pudo soportar la escena.
Dos gemelos de unos catorce años entraron por la puerta

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seguidos de Carmelo; los tres se quedaron mirando la
escena sin saber qué hacer ni que decir.

Pasados los primeros momentos, vinieron las


presentaciones y las explicaciones; comieron todos juntos
entre explicaciones. Como era natural se quedaron tres
días en la masía hasta el ochenta y dos cumpleaños de la
abuela Carmen, durante ese tiempo contaron todo lo que
sabían de su madre y se informaron de como Ángelo se
convirtió en el párroco de Oria y fue ascendiendo,
llevándose a Carmen como ama de llaves. Carmen
regresó al pueblo embarazada y Ángelo volvió a por ella
con promesas de salir de cura y colgar los hábitos.
Carmen volvió a los tres años no sabía nada de su primer
hijo y estaba nuevamente embarazada. Ángelo mandó a
por ella con una carta y ella se fue ante los gritos de su
madre, que le dijo que no volviera y en realidad ella no
volvió.
Ángelo le hizo chantaje durante toda su vida con sus
hijos, convirtiéndola en su esclava hasta que se cansó de
ella. Seguramente ella no supo nunca, que a su hijo

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mayor lo había ahogado su propio padre, para librase de
él.
Ángelo debió ser el Angel Caído “Satanás” y su alma
debía ser negra como el carbón.

Regresaron, dejando a su hermano en Milán, con el


que mantuvieron una fluida serie de visitas. Se
trasladaron al apartamento de Estela donde Alfredo
empezó a escribir su nuevo libro.
Dos años después recibían a Simón y Carol de
vacaciones. Simón volvía a ser policía. Mientras Estela y
Alfredo cuidaban de su hija Carmen de solo siete meses.
Alfredo no volvió a escribir libros sobre la iglesia ni
nada referente a ella.

Fin.

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