Ética Judicial: Utopía o Realidad
Ética Judicial: Utopía o Realidad
DOCJURIS
AÑO 2 – N° 1
ENERO 2016
EDITORIAL UMSA – AVDA. CORRIENTES 1723 – C.A.B.A.
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REVISTA DEL DOCTORADO EN CIENCIAS JURÍDICAS
ISSN 2469-0716 CAICYT-CONICET
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ÍNDICE
EDITORIAL. Un código de ética judicial, ¿utopía o realidad?
por Carlos A. MAHIQUES ........................................................................................................................ 195
La incorporación del derecho de huelga en la constitución mexicana de 1917
por Ezequiel ABÁSOLO ........................................................................................................................... 199
La convenzione di negoziazione assistita nel diritto di famiglia italiano
por Irene COPPOLA ................................................................................................................................ 209
Las Familia y el Derecho. Vínculos y estructuras familiares
por Lucila Inés CÓRDOBA ....................................................................................................................... 219
Da Eficácia e cumprimento do Laudo Arbitral no Mercosul
Márcio Alexandre DINIZ CABRAL............................................................................................................ 227
Derecho económico monetario: ¿qué son los bitcoins y que funciones cumplen?
por Carlos Gustavo GERSCOVICH ........................................................................................................... 241
Vender el cuerpo
por Elina IBARRA .................................................................................................................................... 267
Problemática del trabajo eventual
por Eduardo MARCEILLAC ...................................................................................................................... 275
Algunas reflexiones sobre el concepto de “persona humana”
por Delia OUTOMURO............................................................................................................................ 337
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EDITORIAL.
Un código de ética judicial, ¿utopía o realidad?
por Carlos A. MAHIQUES1
La adopción de un código de ética judicial constituye no tanto una expresión simbólica de ad-
hesión a un conjunto de altos valores republicanos, culturales y profesionales, sino también una signi-
ficativa expresión de autonomía del cuerpo judicial, que se muestra capaz de regular por sí y a través
de su órgano de representación –el Consejo de la Magistratura-, los modos y comportamientos que
guíen su desempeño y que a la vez, impidan intervenciones distorsivas en ese ámbito por parte de
otros poderes y grupos de influencia. Un código de ética de esas características dotaría de una signifi-
cativa autonomía a la magistratura en el juzgamiento de esas conductas, y reflejaría hacia la ciudada-
nía una imagen de credibilidad y dignidad profesional.
La conducta ética del juez.
Cuando se menciona a la integridad como la virtud de estado del juez3, se alude, en realidad, a
una pluralidad de hábitos operativos que designa su regularidad del juicio, su fiabilidad y en definitiva,
su previsibilidad, y es por este motivo que la integridad reenvía a las virtudes de rectitud, probidad y
rigor. Considerar el rol del juez desde la perspectiva de la integridad conduce, en un principio, a la
afirmación de que su tarea debe ser invariable, y, de que en cierta manera, no depende de su caridad,
ni de su voluntad, ni aun de sus convicciones.
La oposición entre integridad y mal desempeño es, en este punto, determinante: un juez ínte-
gro aplica la ley sin dejarse corromper ni comprometer su imagen o la de la institución que representa.
Su juicio no es vulnerable ni cuando la influencia proviene desde el interior –por ejemplo, por sus pre-
ferencias personales-, ni desde el exterior, cuando cede ante los prejuicios dominantes o a las relacio-
nes de poder que operan sobre, en favor, o contra él.
Cabe preguntar, entonces si es posible, en esta perspectiva, regular normativamente las fron-
teras éticas del juez y condensar en un conjunto de preceptos deontológicamente ordenados, lo que
podría denominarse su virtud política, manifestada, como aparece en la tradición continental tributaria
de la Modernidad, no tanto como una cualidad personal sino como su prescindencia en beneficio del
protagonismo prioritario de la ley?.4
1
Juez de la Cámara Nacional de Casación Penal de la Capital Federal. Con el agradecimiento a la Consejera Dra.
Adriana Donato, incansable y lúcida abogada de los valores republicanos y de la independencia de la Magistratu-
ra, por su invitación a participar en esta publicación
2
Esquisse d’une phénoménologie du droit. Paris. Gallimard. Coll. Bibliothèque des Idèes. 1981
3
Cfr., mi trabajo, “La integridad y el juicio judicial”, en Tratado de Derecho Judicial, AbeledoPerrot, tomo I, p.
893-902.
4
De l ‘Esprit des lois, Tit. I, L. VI., capit.I y II, Gallimard, 1995, p. 195-197, 200.
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Esa tarea, si no imposible, se revela ardua y compleja porque el juez tiene la responsabilidad
de interpretar la ley, lo cual requiere el ejercicio de virtudes como el rigor y la probidad, y al hacer la
aplicación de la norma, no realiza nunca un razonamiento lógico o un acto mecánico. Un mismo texto
invita a diversas y posibles interpretaciones siendo necesario elegir una de tales opciones. Es allí en-
tonces donde se revela imprescindible el ejercicio de las virtudes de interpretación y de decisión. Será
a través del ejercicio de estas virtudes como se podrá distinguir entre una interpretación buena y una
mala, y entre un buen o mal juez. Lo mismo ocurre con su conducta política y social. Y todo ello no es
fácilmente mensurable o cuantificable a los fines de la sanción de conductas éticamente reprochables.
El buen juez es el que toma la mejor decisión posible. Aquí la integridad aparece con un reno-
vado sentido. En este marco, la integridad se vincula a la responsabilidad del juez en la interpretación
del texto que elegirá y en la conducta que asumirá, a veces sin un respeto escrupuloso de las reglas
establecidas, lo cual, aún cuando aquel así lo quisiera, tampoco sería posible. Se trata de pensar la
integridad no en términos de rigurosidad en la conformidad a la ley sino de coherencia, que es una
calidad particular de la interpretación.
Todos los jueces interpretan el derecho y sus normas, pero el hecho de que el juez sea intér-
prete no lo libera de su sometimiento al orden jurídico, que no es solamente un conjunto de reglas,
sino que expresa también los valores y principios de una comunidad respecto de la cual el juez tiene
una responsabilidad. Sus decisiones y sus comportamientos deben ser coherentes con los principios de
esa comunidad, y su interpretación del derecho y su propia conducta deberán guardar adecuado co-
rrelato con dichos valores. La integridad se revela, entonces, en una doble exigencia para el juez. En
primer lugar debe inscribir su juicio en la corriente verificada en otros precedentes, y esta decisión, en
tanto interpretación, debería respetar la coherencia del todo. En segundo lugar, el juez, es también un
narrador que relata una historia a la que debe juzgar según criterios propios pero sin contradicciones
ni incoherencias. La integridad, por eso, puede parecer una virtud peligrosa y la función del juez una
tarea sobrehumana.
La naturaleza jurídica del “código ético”.
La definición conceptual y normativa de la integridad y de cánones éticos frente a la autono-
mía atribuida a los magistrados, aparece particularmente compleja para resolver todos los delicados
problemas morales que plantea la actividad que desarrollan los jueces. Superando discusiones termi-
nológicas (código de comportamiento, código ético, etc., y político-metodológicas acerca de quien es
competente en la elaboración de reglas deontológicas, creemos que esa es tarea del órgano de auto-
gobierno como el Consejo Nacional de la Magistratura.
En cualquier caso, tal normativa constituye un complejo de reglas éticas que, aún cuando ca-
rentes del carácter coactivo y vinculante propio de las normas jurídicas, son la expresión del senti-
miento común de la magistratura, las cuales por sus mismos enunciados, remiten a valores de rectitud
y dignidad propios de la conducta profesional de los magistrados en el desenvolvimiento de su fun-
ción.
El precepto ético es, profesional y ontológicamente diverso, por función y naturaleza, del pre-
cepto jurídico. Por tanto, aún cuando aquel ámbito disciplinario se relacione y se superponga con el
segundo, no hay necesaria coincidencia entre ambos tipos de normas. En algunos supuestos, la infrac-
ción del código ético puede constituir el indicio de una violación de deberes jurídicamente impuestos,
o, en otros términos, la sanción disciplinaria vendrá justificada por la violación del mínimo ético, en el
que el precepto opera como presunción de los niveles más elevados de ética profesional.
El código ético es un medio apto para procurarla independencia y la imparcialidad del magis-
trado.
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La AssociazioneNazionaleMagistrati adoptó para la magistratura italiana el CodiceEticodeiMagistrati el 13 de
noviembre de 2010, en el que se regula en 14 artículos, I) Las reglas generales (valores y principios fundamenta-
les; Relaciones con las instituciones, los ciudadanos y justiciables; los deberes de laboriosidad y mejoramiento
profesional; las modalidades de empleo de recursos y de la administración; Prohibiciones de utilización de bienes
con fines no institucionales; Relación con la prensa y con otros medios de comunicación de masas; limitaciones a
la adhesión a asociaciones o entidades privadas o públicas); II) la Independencia, imparcialidad y corrección fun-
cional (Obligaciones éticas del magistrado); III) La conducta en el ejercicio de las funciones judiciales (la conducta
en el proceso; el comportamiento personal del juez; los deberes en actividades institucionales), cfr. Criminalia,
ETC, p. 513 y ss. 2010.
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razones estructurales de los actuales tiempos del proceso civil y penal. No es casual que los códigos
comparados disciplinen en sus enunciados como deberes el respeto por el horario de las audiencias, el
trabajo de las partes, la razonabilidad de los plazos procesales y la particular diligencia en cuestiones
que involucren la libertad o el honor de los litigantes.
Las relaciones con la prensa y otros medios de comunicación de masas.
En los contactos con los medios, el juez debe preservar la publicidad de noticias atinentes a la
propia actividad de los casos en que interviene. Por fuera del secreto legalmente impuesto, podrá dar-
se a conocer a la opinión pública lo concerniente a la actividad jurisdiccional, pero evitando la utiliza-
ción de canales informativos personales o reservados o privilegiados. El magistrado debe inspirarse en
criterios de equilibrio, dignidad y mesura en las declaraciones, comunicados o entrevistas en las que
difunda temas vinculados a su función, y deberá evitar participar en transmisiones o programas donde
sepa que se tratarán casos en curso de investigación o juicio, y que pueden ser objeto de manipulación
o escenificación6. En algunos casos excepcionales, podrá suministrar precisiones, disipar equívocos o
impedir distorsiones de la realidad, pero será siempre la cautela una consigna para el magistrado en la
expresión de valoraciones o críticas sobre actuaciones judiciales -especialmente si se trata de la que
llevan otros jueces-, privilegiando el respecto de la verdad histórica y la honorabilidad de terceros.
Una prescripción en ese sentido deberá contemplar que el magistrado no contribuya de nin-
gún modo a la celebración de pseudos procesos mediáticos paralelos de modo de no alimentar la
morbosa y exasperada atención hacia hechos de crónica amarilla en los que habitualmente se super-
ponen la realidad y la dimensión virtual, con el consiguiente efecto emotivo e incomprensión de la
problemática humana y social, con afectación muchas veces del principio de inocencia.
6
Cfr. Código Ético de la Magistratura Italiana, Tit. I, art 6 cit.
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Sumario: 1. Introducción. 2. Itinerario del congreso constituyente mexicano de 1916-1917. 3. Los traba-
jadores huelguistas en el México de comienzos del siglo XX y la actitud de los convencionales hacia la
huelga. 4. La aceptación del derecho de huelga por parte del congreso constituyente. 5. Consideraciones
finales
1. Introducción
Próximo a celebrarse el centésimo aniversario de la sanción de la constitución mexicana de
1917, episodio que significó el comienzo del constitucionalismo social, en este ensayo me ocupo de
recrear el ambiente y los debates que condujeron, por primera vez en la historia mundial, a la admi-
sión de la huelga como derecho fundamental. Aclaro que, en pos de este objetivo y más allá del inevi-
table auxilio que me proporcionó la bibliografía específica, para lo más significativo de mis reflexiones
recurrí a la compulsa de las casi 2300 páginas reunidas por los dos tomos del Diario de los Debates del
Congreso Constituyente 1916-1917, publicados en 1960 por la Comisión Nacional para la Celebración
del Sesquicentenario de la Proclamación de la Independencia Nacional y del Cincuentenario de la Re-
volución Mexicana8.
2. Itinerario del congreso constituyente mexicano de 1916-1917
Hace más de medio siglo un veterano diputado del congreso de 1916-1917, oriundo de Guana-
juato y posteriormente ministro de la Corte Suprema de su país, Hilario Medina9, apuntó que si “la
idea de un Congreso Constituyente destinado a fijar los principios de la Revolución, no aparece en
ninguno de los primeros documentos de la era que se inicia en marzo de 1913”, la posterior convoca-
toria a una asamblea, empero, no fue el resultado de “una improvisación ni un hallazgo”. Por el con-
trario, “va dibujándose poco a poco, se puede decir que se forma a medida que avanza la lucha y se
7
Cumplo en aclarar, asimismo, que esta contribución se vincula con las actividades del proyecto CyTMA2 de la
Universidad Nacional de La Matanza, el cual se encuentra bajo mi dirección y se titula “El derecho constitucional
latinoamericano y sus respuestas ante la cuestión social y laconsecuente crisis del orden normativo previo. Los
casos de Argentina y de Brasil durante las décadas de 1930 y 1940”. Integran el equipo de investigadores los
doctores Edgardo Mario Costa (de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de La Matanza),
Gustavo Silveira Siqueira (de la Universidade Estadual de Rio de Janeiro) y Jose Daniel D´Amico (de la Universidad
Nacional de La Matanza).
8
Citados en lo sucesivo como DDCC 1916-1917.
9
Excepto indicación expresa en contrario, las referencias biográficas efectuadas en este ensayo han sido toma-
das de Jesús Romero Flores, Historia del Congreso Constituyente 1916-1917, tercera edición, México D.F., Institu-
to Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2014.
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precisan los objetivos de ésta; brota al contacto de las corrientes políticas y sociales que la misma lu-
cha va descubriendo y se plantea claramente cuando se siente la necesidad de dejar aseguradas las
conquistas de la revolución”10. A tono con lo referido, la invitación al congreso que terminó aprobando
la constitución de 1917 fue efectuada por decreto de 14 de septiembre de 1916 de Venustiano Carran-
za, antiguo gobernador de Cohahuila y por aquel entonces Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y
Encargado del Poder Ejecutivo mexicano11. Carranza pretendía dar cumplimiento a las adiciones del
Plan de Guadalupe, incorporadas en Veracruz el 12 de diciembre de 1914. Conforme preveía su artícu-
lo 4, “al triunfo de la revolución, reinstalada la suprema jefatura en la ciudad de México y después de
efectuarse las elecciones de ayuntamientos en la mayoría de los estados de la república, el primer jefe
de la revolución, como encargado del Poder Ejecutivo”, llamaría “a elecciones para el Congreso de la
Unión, fijando en la convocatoria la fecha y los términos en que dichas elecciones habrán de celebrar-
se”. Por otra parte, su artículo 5 anticipaba que “instalado el Congreso de la Unión, el primer jefe de la
revolución” propondría las “reformas expedidas y puestas en vigor durante la lucha, con el fin de que
el Congreso las ratifique, enmiende o complete, y para que eleve a preceptos constitucionales aquéllas
que deban tener dicho carácter, antes de que restablezca el orden constitucional”12. En función de lo
estipulado por el decreto en cuestión, las elecciones para seleccionar los diputados constituyentes
tuvieron lugar el 22 de octubre del mismo año, previéndose la instalación formal de la asamblea en la
ciudad de Querétaro –ubicada unos doscientos kilómetros al noroeste del Distrito Federal- para el 1º
de diciembre. Sin embargo, ya desde el 21 de noviembre, en tanto que el número de constituyentes
presentes lo permitió, comenzaron a celebrarse juntas preparatorias. Luego, y de acuerdo con lo pre-
visto, el 1º de diciembre dieron comienzo las sesiones ordinarias, con la presencia de Carranza.
Las reuniones tuvieron lugar en la sede del Teatro Iturbide, el mismo lugar en el que casi me-
dio siglo antes había sido juzgado y condenado el emperador Maximiliano. El día 6 los diputados toma-
ron conocimiento del proyecto suscripto por el responsable del Poder Ejecutivo mexicano, en cuya
redacción tuvieron significativa participación dos convencionales de sólida formación letrada: el anti-
guo Director de la Escuela de Derecho y Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José
Natividad Macías, y quien terminó actuando como Presidente de la Asamblea, Luis Manuel Rojas13. La
primera comisión de constitución también se estableció el 6 de diciembre. Resultó presidida por el
joven general revolucionario -por aquel entonces de treinta y tres años- Francisco Múgica, diputado
por Michoacán. Lo acompañaban el abogado Enrique Colunga, constituyente por Guanajuato y futuro
gobernador de ese estado, como secretario; el maestro Luis G.Monzón, quien representaba a Sonora;
el antiguo estudiante de derecho yucateco Enrique Recio; y el médico y diputado por Veracruz Alberto
Román14. Para acelerar los trabajos, el 23 de diciembre se formó una segunda comisión revisora del
proyecto constitucional. Participaron en ella el abogado graduado en Guadalajara y futuro profesor de
derecho constitucional y derecho penal en la Universidad Nacional Autónoma de México, Paulino Ma-
chorro Narváez; el ya recordado Hilario Medina; el médico y diputado por San Luis Potosí Arturo Mén-
dez; el contador y general revolucionario veracruzano Heriberto Jara; y el médico y diputado por Nue-
10
Cfr. “Introducción” a DDCC 1916-1917, t. I, p. 7.
11
Sobre Carranza pueden verse: Emilio O.Rabasa, “El pensamiento constituiconal de Venustiano Carranza (análi-
sis de su mensaje del 1° de diciembre de 1916 al presentar el proyecto de constitución)”, en Anuario Mexicano
de Historia del Derecho, n° 7 (1995). Luis Cabrera, La herencia de Carranza, México, 2015.
12
Venustiano Carranza, Plan de Guadalupe. Decretos y acuerdos 1913-1917, México D.F., Instituto Nacional de
Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2013.
13
Cfr. sesiones ordinarias 5, 13 y 18, de 5, 14 y 20 de diciembre de 1916, respectivamente, DDCC 1916-1917, t. I,
pp. 470, 688 y 812 .
14
Cfr. sesión ordinaria 7, 6 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 503.
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vo León, Agustín Garza González15. Las sesenta y seis sesiones ordinarias del congreso concluyeron el
31 de enero de 1917, resultando promulgada la nueva constitución el día 5 de febrero. Ésta comenzó a
regir a partir del 1º de mayo.
3. Los trabajadores huelguistas en el México de comienzos del siglo XX y la actitud de los
convencionales hacia la huelga
En el México previo a la Revolución la insatisfacción de los obreros respecto de las condiciones
de trabajo venía suscitando numerosas y contundentes manifestaciones de descontento. Así, a pesar
de la criminalización de la huelga en virtud del artículo 925 del código penal de 1871, se calcula que
durante el gobierno de Porfirio Díaz se produjeron más de 250 movimientos de esta índole, las cuales,
al decir de James Cockfrot, impactaron mayormente en actividades que, como los ferrocarriles, la mi-
nería y las industrias textil y tabacalera, resultaron más permeables a la inversión extranjera y a la in-
corporación de nuevos tipos de maquinaria16. La situación no cambió con la Revolución. Así las cosas,
más o menos toleradas durante el gobierno de Venustiano Carranza, la inestabilidad derivada de la
guerra civil condujo al Primer Jefe del Ejército Constitucionalista a decretar el 1º de agosto de 1916 la
pena de muerte para “todos los que incit[as]en la suspensión del trabajo en las fábricas o empresas
destinadas a prestar servicios públicos o la propaguen”17. No está de más recordar que al menos uno
de los diputados constituyentes de Querétaro, Juan Aguirre Escobar, convencional por Zacatecas, inte-
gró un consejo de guerra instalado en virtud del referido decreto, el cual evaluó la conducta de algu-
nos huelguistas y condenó a muerte a uno de ellos18.
Por otra parte, se entiende que habiendo constituyentes críticos del capitalismo, como el dipu-
tado Porfirio del Castillo19, y entusiastas, como su colega Luis Monzón, respecto del “concurso reivindi-
cador de la huelga libertaria” 20, los reclamos laborales de los trabajadores contaran con mayoritario
respaldo en el Congreso. Acorde con esta línea de pensamiento, el diputado Heriberto Jara sostuvo
que el de huelga resultaba “uno de los más justos derechos, porque seguramente que lo tiene el indi-
viduo o corporación trabajadora de cualquier taller para rehusarse a trabajar cuando considere que su
labor no está suficientemente retribuida, cuando considere que está vejado o que se le dé mal tra-
to”21. Empero, no todos compartían el ánimo exaltado de los constituyentes de extracción proletaria.
Así, para el arquitecto y militar revolucionario, y simultáneamente diputado por Tamaulipas, Pedro
Chapa, la huelga era “muy saludable”, siempre y cuando se llevase “en orden” y sin “impedir que los
que quieran ir a trabajar lo hagan”22. Atento la situación anterior, se entiende que en el Congreso de
Querétaro hubiese una particular sensibilidad hacia el reconocimiento de la interrupción del trabajo
como medida reivindicativa de los asalariados. Más aún, cuando, como ya se puede colegir, la integra-
ción de la asamblea revestía características novedosas. En efecto, en su conformación el cuerpo consti-
tuyente de 1916-1917 se diferenció bastante de la asamblea que había sancionado la anterior norma
fundamental de los mexicanos. De acuerdo con los datos disponibles, se calcula que del total de los
diputados que aprobaron la constitución de 1857, casi la mitad eran abogados, y si a ellos se le suman
15
Cfr. sesión ordinaria 21, 23 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 915.
16
James D.Cockfrot, Precursores intelectuales de la Revolución Mexicana, México D.F., Siglo XXI, 2004, p. 48.
17
Cfr. José Dávalos, “Orígenes, evolución y ejercicio de la huelga en el derecho mexicano del trabajo”. En El cons-
titucionalismo em las postrimerías del siglo XX. La constitución mexicana 70 años después, t. V, México D.F., Uni-
versidad Nacional Autónoma de México, 1988, pp. 121 a 124.
18
Sesión ordinaria 57, 23 de enero de 1917, DDCC 1916-1917, t. II, p. 847.
19
Sesión ordinaria 24, 27 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 1004.
20
Sesión ordinaria 25, 28 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 1031.
21
Sesión ordinaria 20, 22 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 890.
22
Sesión ordinaria 20, 22 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, pp. 886 y 887.
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los militares profesionales y los periodistas, entre todos ellos casi se llega al 80% del congreso 23. En
cambio, de los 220 diputados propietarios y suplentes de 1916-191724, los sesenta y dos abogados
participantes significaban sólo el 28% del total. Mayor fue en cambio, el número de campesinos, arte-
sanos, empleados, comerciantes, maestros de escuela, mineros y dirigentes sindicales, al punto que
entre todos ellos aglutinaban ochenta individuos, número al que habría que añadirle los veintidós mili-
tares revolucionarios presentes, en tanto que la trayectoria de los mismos no respondía a los tradicio-
nales criterios corporativos de la formación castrense, sino a meteóricos itinerarios provocados por las
sangrientas luchas civiles25. Sin desconocer los muy oportunos y convincentes argumentos cuantitati-
vos proporcionados por Ignacio Marván en un reciente estudio, tendientes a demostrar la relevancia
de la actuación de los letrados en esta asamblea26, lo cierto es que la misma resultó menor a la prota-
gonizada en las reuniones constituyentes del siglo XIX, y siendo particularmente menos relevante
cuando lo que se abordó en el congreso fueron asuntos de nuevo cuño, tales como los relativos a los
derechos del trabajador y de la seguridad social. Fue, pues, el congreso de 1916-1917 un colegio en el
que no predominó la presencia letrada, sino todo lo contrario. En efecto, a despecho de la referencia
del diputado y tipógrafo veracruzano Carlos Gracidas a la pretendida escasez de trabajadores en el
seno del congreso 27, en la convención resultó especialmente relevante la expresa militancia “en las
filas del proletariado”, cosa que admitió, entre otros, el convencional yucateco Héctor Victoria Agui-
lar28. A tono con lo anterior, el conocimiento técnico de lo jurídico por parte de los constituyentes re-
sultó más o menos precario. Así, por ejemplo, el joven ingeniero agrónomo y diputado constituyente
por Sonora, Juan de Dios Bojórquez, confesó no contar con preparación “ni en el Derecho Constitucio-
nal ni en ninguno de los otros derechos”29, en tanto que el presidente de la primera comisión redacto-
ra de la constitución reconoció no ser “perito en derecho constitucional”30. Ahora bien, lejos de consi-
derarse negativa, la ausencia de conocimientos técnicos letrados mereció ser objeto de especial sim-
patía en el congreso. De este modo, al tiempo que el diputado Román Rosas y Reyes se manifestó con-
trario a las “transacciones propias de curiales”31, su colega Victoria afirmó: “los trabajadores estamos
enteramente cansados de la labor perdida que en detrimento de las libertades públicas han llevado a
cabo los académicos, los ilustres, los sabios, en una palabra, los jurisconsultos”32. Paradójicamente, de
lo anterior derivó que el congreso de 1916-1917 se caracterizase por una innovadora técnica, ajena a
la cultura jurídica académica imperante. Esto resulta plasmado en un juicio del convencional y perio-
dista poblano Froilán Manjarrez, quien aseguró a sus colegas que no importaba que la futura constitu-
23
Cfr. Richard N.Sinkin, “The Mexican Constitutional Congress, 1856-1857: A Statitical Analysis”. En The Hispanic
American Historical Review, vol. 53, núm. 1 (febrero de 1973), p. 2.
24
Aclaro que existen algunas divergencias entre los autores respecto del número exacto de constituyentes.
25
Cfr. Víctor Niemeyer, “El congreso constituyente norteamericano de 1787 y el congreso constituyente mexi-
cano de 1916-1917. Comparación y contraste”. En James Frank Smith [coord.], Derecho constitucional compara-
do México-Estados Unidos, t. I, México D.F., Universidad Nacional Autónoma de México, 1990, p. 78. También
pueden consultarse: Salomón Díaz Alfaro, “La composición del congreso constituyente de Querétaro de 1917”,
en El constitucionalismo em las postrimerías del siglo XX. La constitución mexicana 70 años después, t. V, México
D.F., Universidad Nacional Autónoma de México, 1988. Edgar D. Rojano García, “El Constituyente de 1917. Ra-
diografía de sus hombres”. En http://www.inehrm.gob.mx/Portal/PtMain.php?pagina=exp-constituyente-1917-
articulo, consultado el 1° de junio de 2014.
26
Ignacio Marván, Los constituyentes abogados en el Congreso de 1916-1917, México D.F., Centro de Investiga-
ción y Docencia Económicas, 2012, p. 11.
27
Sesión ordinaria 24, 27 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 1010.
28
Sesión ordinaria 23, 26 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 979.
29
Sesión ordinaria 45, 16 de enero de 1917, DDCC 1916-1917, t. II, p. 507.
30
Sesión ordinaria 13, 14 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 713.
31
Sesión ordinaria 13, 14 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 688.
32
Sesión ordinaria 23, 26 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 980.
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ción estuviese “o no dentro de los moldes que previenen jurisconsultos”, sino que lo resultaba vital era
que se le proporcionasen “las garantías suficientes a los trabajadores”33. De análoga manera, Heriberto
Jara aseguró que probablemente “los jurisconsultos, los tratadistas, las eminencias en general en ma-
teria de legislación”, iban a encontrar “ridícula” la incorporación de normas de derecho laboral en la
ley fundamental, cosa que, por supuesto, no le importaba34.
4. La aceptación del derecho de huelga por parte del congreso constituyente
“Ejemplo glorioso de democracia en marcha”, al decir del historiador texano reciéntemente
desaparecido Everhardt Niemeyer35, inicialmente no se previó que la Convención se ocupara del dere-
cho de huelga. Tan es así, que Venustiano Carranza omitió mencionar el asunto durante la formal
apertura del Congreso, el 1º de diciembre de 191636, y que tampoco hizo referencia concreta alguna
en el anteproyecto que sometió a la consideración de la Asamblea el 6 de diciembre37, documento
que, al decir de Jorge Sayeg Helú, contrastado con el texto finalmente aprobado resultó “poco nove-
doso”38. La ausencia no deja de resultar curiosa, en la medida en que, tal como se admitió en el seno
mismo de la asamblea, a partir de diciembre de 1914, Carranza le encomendó a los licenciados Macías
y Rojas –los mismos que, tal como se ha señalado, fueron los principales responsables de redactar
luego el proyecto a partir del cual el congreso constituyente de Querétaro comenzó a trabajar en di-
ciembre de 1916- el diseño de “todas las leyes encaminadas a redimir a la clase obrera de la triste y
miserable situación en que se encontraba”. En pos de este objetivo, y contando también con el auxilio
del abogado Luis Cabrera, se redactaron varios proyectos de ley, en los cuales se reconocía a la huelga
como un “derecho social económico”. Cabe señalar, además, que Macías efectuó un viaje de estudio a
los Estados Unidos de América, a raíz del cual se interiorizó de la legislación obrera de ese país, de la
del Reino Unido y de la de Bélgica, normativa, esta última, a la que tuvo entre “las más adelantadas en
la materia” y de la cual extrajo “todo cuanto fuera adaptable como justo, como permanente, como
enteramente científico y racional a las necesidades de México y a la vez teniendo en cuenta los pro-
blemas nacionales tales como estos problemas se presentan entre nosotros”39.
Así las cosas, la primera alusión al derecho de huelga efectuada en el interior del congreso no
se produjo sino casi al promediar la asamblea. Fue el 22 de diciembre de 1916, durante la sesión ordi-
naria 20 y en oportunidad de discutirse la redacción del artículo 9 proyecto. Éste contemplaba, entre
otros aspectos, que no podría coartarse el derecho de asociarse o reunirse pacíficamente con cual-
quier objeto lícito, ni se considerarían ilegales las asambleas o reuniones que tuviesen por finalidad
“hacer una petición o presentar una protesta por algún acto, a una autoridad, si no se profieren inju-
rias contra ésta, ni se hiciere uso de violencias o amenazas para intimidarla u obligarla a resolver en el
sentido que se desee”. Entonces hizo uso de la palabra el convencional y operario minero oriundo de
Guanajuato, Nicolás Cano, quien, previo advertir que peroraría “desde el punto de vista del obrero”,
33
Sesión ordinaria 23, 26 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 986.
34
Sesión ordinaria 23, 26 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 976.
35
Cfr. “Reflexiones de los constituyentes: la constitución de 1917 como resultado de la revolución de 1910”; en
Congreso Internacional sobre el 75 Aniversario de la Promulgación de la Constitución Política de los Estados Uni-
dos Mexicanos, México D.F., Universidad Nacional Autónoma de México, 1993, p. 146.
36
Sobre las ideas constitucionales de Carranza, puede verse de Emilio O.Rabasa, “El pensamiento constitucional
de Venustiano Carranza (análisis de su mensaje del 1º de diciembre de 1916 al presentar el proyecto de constitu-
ción)”; en Anuario Mexicano de Historia del Derecho, núm. 7 (1995), p. 151 y sigs.
37
Fue leído por los secretarios del congreso, licenciados Lizardi y Trechuelo, durante la sesión ordinaria 7. Cfr.
DDCC 1916-1917, t. I, p. 503 y sigs.
38
Jorge Sayeg Helú, Introducción a la Historia Constitucional de México, México D.F., Universidad Nacional Autó-
noma de México, 1978, p. 148.
39
Sesión ordinaria 25, 28 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, pp. 1035 a 1044.
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propuso a sus colegas ”que no se declar[as]e alteradores del orden ni de la paz pública a los huelguis-
tas”40.
Si bien en un primer momento el general Múgica, a pesar de confesarse conmovido por la re-
velación de los padecimientos “de nuestros hermanos los obreros”, efectuada por el convencional
guanajuatense, sostuvo que “en concepto de la comisión” que presidía, se tenía por imposible incor-
porar el derecho de huelga en el artículo 9, en la medida que se consideró que no era otra cosa que “la
defensa natural del trabajo contra el capital”, y que su ejercicio resultaba implícitamente contemplado
en las disposiciones del proyecto Carranza, en el curso del debate terminó por admitir que se “buscaría
y estudiaría el lugar más a propósito” para incorporar esta prerrogativa de los trabajadores al texto de
la futura ley fundamental, en tanto se sindicó como cosa “indudable que la defensa del obrero para
proteger su trabajo ... es no sólo lícita sino sagrada”41.
De este modo, casi una semana después, el 28 de diciembre, y luego de una memorable inter-
vención del diputado Macías en torno del artículo 5 del proyecto Carranza, la Asamblea decidió que no
era oportuno incorporar lo relativo a los derechos del trabajador en dicha cláusula, sino que lo ade-
cuado era concebir un nuevo capítulo constitucional específico, para lo cual se le encomendó al inge-
niero y diputado poblano, Pastor Rouaix, la tarea de coordinar una comisión que se ocupase de redac-
tar un proyecto de bases sobre legislación del trabajo, para insertarlo en la constitución42. Auxiliado
por el general y licenciado José I.Lugo, jefe de la Dirección del Trabajo de la Secretaría de Fomento,
Colonización e Industria de México, Rouaix proporcionó un bosquejo a los integrantes de una nutrida
comisión, la cual en varias oportunidades se reunió en el domicilio particular del ingeniero poblano, y
cuyos miembros tuvieron por “incuestionable el derecho del Estado a intervenir como fuerza regula-
dora en el funcionamiento del trabajo del hombre, cuando es objeto de contrato, ora fijando la dura-
ción mixta que debe tener como límite, ora señalando la retribución máxima que ha de corresponder-
le, ya sea por unidad de tiempo o en proporción de la cantidad o calidad de la obra realizada, tanto
para que en el ejercicio del derecho de libertad de contratar no se exceda con perjuicio de su salud y
agotamiento de sus energías, estipulando una jornada superior a la debida, como para que tampoco se
vea obligado por la miseria a aceptar un jornal exiguo que no sea bastante a satisfacer sus necesidades
normales y las de su familia, sin parar mientes en que los beneficios de la producción realizada con su
esfuerzo material permiten, en la generalidad de los negocios, hacer una remuneración liberal y justa a
los trabajadores”43. La Comisión, que compartía la idea de que la facultad de asociación de los trabaja-
dores constituía “un derecho natural del hombre, y en caso alguno es más necesaria la unión que entre
los individuos dedicados a trabajar para otro por un salario, a efecto de uniformar las condiciones en
que se ha de prestar el servicio y alcanzar una retribución más equitativa”, y que “uno de los medios
eficaces para obtener el mejoramiento apetecible por los trabajadores cuando los patronos no acce-
den a sus demandas, es el cesar en el trabajo colectivamente, (HUELGA)”44, razón por la cual “todos los
países civilizados reconocen este derecho a los asalariados cuando lo ejercitan sin violencia”, presentó
el resultado de sus deliberaciones el 13 de enero de 1917. En su propuesta –que constituye el antece-
dente inmediato del actual artículo 123 de la Constitución Mexicana-, se incorporaron dos fracciones
específicas sobre la huelga: la número XVII, que establecía que “las leyes reconocerán como un dere-
40
Sesión ordinaria 20, 22 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 874.
41
Sesión ordinaria 20, 22 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, p. 887.
42
Sesión ordinaria 25, 28 de diciembre de 1916, DDCC 1916-1917, t. I, pp. 1057 y 1058.
43
Sobre los trabajos de la comisión especial, puede verse Pastor Rouaix, “Génesis de los artículos 27 y 123 de la
constitución de 1917 (1945) (fragmentos)”; en Lucio Cabrera Acevedo [ed.], La Suprema Corte de Justicia durante
los años constitucionalistas (1917-1920). II, México D.F., Suprema Corte de Justicia de la Nación, 1995, p. 397 y
sigs.
44
En mayúsculas en el original.
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cho de los obreros y de las patronos las huelgas y los paros”; y la número XVIII, conforme la cual se
admitía la licitud de las huelgas “cuando, empleando medios pacíficos, lleven por objeto conseguir el
equilibrio entre los factores capital y trabajo, para realizar la justa distribución de los beneficios”, pre-
viéndose, asimismo, en cuanto a los servicios de interés público, que sería “obligatorio para los huel-
guistas dar aviso con diez días de anticipación, al Consejo de Conciliación y Arbitraje, del acuerdo rela-
tivo a la suspensión del trabajo”. Por otra parte, la fracción XXII también contemplaba que el patrono
que despidiese a un obrero por haber tomado parte en una huelga lícita, quedaría obligado, “a elec-
ción del trabajador, a cumplir el contrato [de trabajo] o a indemnizarlo con el importe de tres meses
de salario”45. Dos días después, el presidente de la segunda comisión revisora de la constitución, licen-
ciado Paulino Machorro Narváez, anticipó al resto de sus colegas que compartía la idea de incorporar a
la constitución un régimen de bases legales sobre el trabajo, dejando al legislativo federal la facultad
de dictar posteriormente normas específicas46.
Transcurridos ocho días, durante las sesiones ordinarias 57 y 58 se llevó a cabo la discusión so-
bre el referido régimen de bases legales a incorporar a la constitución. El debate se inició con la lectura
del dictamen de la primera comisión revisora de la constitución. En éste, los constituyentes Múgica,
Colunga, Recio, Monzón y Román alegaron que podrían haberse limitado a adoptar el proyecto elabo-
rado por la comisión a cargo del ingeniero Rouaix “y presentarlo a la consideración de la Cámara; pero
hemos creído que nuestro deber exigía que sometiéramos aquél a un análisis riguroso, para agotar el
estudio de una materia tan ardua y delicada sobre la cual la Comisión ha recibido numerosas iniciativas
de diputados, corporaciones y particulares”. Ahora bien, "examinado y discutido ampliamente el pro-
yecto en el seno de la Comisión” -continuaban diciendo- “nos parece que aquél reúne en síntesis las
ideas capitales desarrolladas en el curso de los debates, así como las que son aceptables, de las que
contienen las iniciativas antes mencionadas”, razón por la cual propusieron algunas modificaciones
puntuales. En cuanto a la huelga, los integrantes de la comisión revisora sostuvieron: "Creemos que
queda mejor precisado el derecho de huelga fundándolo en el propósito de conseguir el equilibrio
entre los diversos factores de la producción, en lugar de emplear los términos Capital y Trabajo, que
aparecen en la fracción XVIII. Nos parece conveniente también especificar los casos en que puede con-
siderarse lícita una huelga, a fin de evitar cualquier abuso de parte de las autoridades. Así las cosas, en
lo que al tema huelga se refiere no se alteraron las fracciones XVII y XXII originales, en tanto que la
XVIII quedó redactada en los siguiente términos: “Las huelgas serán lícitas cuando tengan por objeto
conseguir el equilibrio entre los diversos factores de la producción, armonizando los derechos del tra-
bajo con los del capital. En los servicios públicos será obligatorio para los trabajadores dar aviso, con
diez días de anticipación, a la Junta de Conciliación y Arbitraje, de la fecha señalada para la suspensión
del trabajo. Las huelgas serán consideradas como ilícitas únicamente cuando la mayoría de los huel-
guistas ejerciere actos violentos contra las personas o propiedades, o en caso de guerra, cuando aqué-
llos pertenezcan a los establecimientos y servicios que dependan del Gobierno”.
Al ofrecerse a la consideración de los constituyentes el texto modificado de la fracción XVIII,
Nicolás Cano planteó su temor a que, por efecto de la reglamentación legal, este dispositivo pudiese
llegar a servir como un instrumento contrario al interés de los trabajadores. En este orden de cosas
también manifestó que “cuando un obrero de un grupo huelguista altera el orden, ataca la propiedad
o hace un incendio, a él, al que ha hecho todo aquello, es al que se debe aprehender; que se le capture
y que se exijan responsabilidades, pero no a todo el grupo huelguista, y las autoridades, no saliéndose
de su papel, procederán siempre en debida forma. La fracción, tal como está, está buena. Ciertamente
que aquí se dice cuándo son lícitas y cuándo no son lícitas; pero siempre, cuando se reglamenta una
45
Sesión ordinaria 40, 13 de enero de 1917, DDCC 1916-1917, t. II, pp. 359 a 364 .
46
Sesión ordinaria 43, 15 de enero de 1917, DDCC 1916-1917, t. II, pp. 427 y 428 .
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ley, se está muy propenso a los abusos. Bien, siempre se ha visto esto: las huelgas, por muy pacificas
que sean, como la mayor parte de todos los industriales o dueños de industrias están en relación muy
directa con las autoridades de los lugares, casi siempre, cuando éstas no puedan contrarrestar de una
manera directa la manifestación de los trabajadores, siempre recurren a esta salida: los trastornadores
del orden público”. Más adelante, el mismo Cano expresó: “Nosotros no sabemos qué clase de Go-
bierno vamos a tener en lo futuro, ¿y pueden ustedes asegurar que por mucho tiempo vamos a tener
gobernantes honrados que apliquen la ley debidamente? Es de creerse; es más seguro que vengan
malos gobernantes que buenos”47. Análogo resultó el sentir del convencional Heriberto Jara, quien
manifestó el deseo de que los derechos del trabajador resultasen “suficientemente asegurados” en la
nueva constitución, “para que no estén sujetos a las alternativas de la política y a las malas interpreta-
ciones”. Por otra parte, en medio de estas intervenciones el diputado Ugarte –que había integrado la
comisión presidida por Rouaix- propuso incluir en la misma fracción XVIII una cláusula contemplando
que "los obreros de los establecimientos fabriles militares del Gobierno se consideran asimilados al
Ejército y, por lo mismo, no estarán comprendidos en la disposición de esa fracción, que es la que se
refiere al derecho de huelga”. Esta propuesta terminó siendo aprobada.
Explicando el criterio de la comisión redactora “a los obreros que se encuentran presentes en
esta Asamblea”, el diputado Múgica sostuvo que en la sanción de la nueva constitución no debía lle-
garse “al libertinaje” de los derechos sociales. “Es indudable, señores diputados –sostuvo el orador-,
que mientras no tengamos un medio perfectamente educado para las huelgas, mientras no estemos
acostumbrados a ver que se apela a ese recurso como a una medida eficaz para contrarrestar el es-
fuerzo del capital; que se defiende no sólo en lo natural, sino aún de aquellas ambiciones bastardas
que el capital, siempre tiene, es natural, digo, que aquellos dos factores vayan ante la autoridad a
promover: el capital, que se corrija a los huelguistas; los huelguistas, a pedir garantías”. Hubo tiempo,
también, para que el congreso escuchase una propuesta del diputado Luis Fernández Martínez, dirigi-
da a adicionar el artículo 123 de la ley fundamental con el dispositivo siguiente: "Ningún huelguista
podrá ser considerado como trastornador del orden público, y en caso de que los huelguistas cometan
actos delictuosos, serán castigados individualmente, sin que su responsabilidad pueda extenderse a los
demás compañeros de movimiento". Empero, la iniciativa no contó con el apoyo suficiente de sus co-
legas. Finalmente, la comisión redactora incorporó a su proyecto la propuesta de Ugarte, y sometió a
la consideración de los diputados el siguiente texto de la fracción XVIII del artículo 123: “Las huelgas
serán lícitas cuando tengan por objeto conseguir el equilibrio entre los diversos factores de la produc-
ción, armonizando los derechos del trabajo con los del capital. En los servicios públicos será obligatorio
para los trabajadores dar aviso, con diez días de anticipación, a la Junta de Conciliación y Arbitraje, de
la fecha señalada para la suspensión del trabajo. Las huelgas serán consideradas como ilícitas única-
mente cuando la mayoría de los huelguistas ejerciere actos violentos contra las personas o las propie-
dades o, en caso de guerra, cuando aquéllos pertenezcan a los establecimientos y servicios que de-
pendan del Gobierno. Los obreros de los establecimientos fabriles militares del Gobierno de la Repú-
blica, no estarán comprendidos en las disposiciones de esta fracción, por ser asimilados el Ejército
Nacional". Con esta redacción, el texto resultó aprobado48.
47
Sesión ordinaria 57, 23 de enero de 1917, DDCC 1916-1917, t. II, p. 849.
48
Sesión ordinaria 58, 23 de enero de 1917, DDCC 1916-1917, t. II, p. 863.
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5. Consideraciones finales
Aún cuando no me resulte ajeno el peso que la tradición jurídica compartida entre los expertos
letrados tuvo a la hora de diseñar y luego aplicar la constitución de 191749, a mi juicio resulta evidente
que, en tanto una de sus expresiones normativas más innovadoras, su artículo 123, en general, y la
regulación del derecho de huelga, en particular, poco tuvieron que ver con el bagaje profesional que
los hombres del foro mexicano pudieron adquirir incursionando en el legado intelectual del siglo XIX.
Por el contrario, entiendo que la recepción constitucional de este derecho fue, antes que nada, resul-
tado de la consciente y deliberada actitud de los constituyentes legos de extracción proletaria. En defi-
nitiva, la aprobación de estos dispositivos, que impuso una regulación social excepcionalmente avan-
zada para su tiempo50, más que resultado de los aportes de un derecho técnico, fue consecuencia del
especial compromiso asumido por los convencionales no juristas para responder adecuadamente a los
desafíos sociales de su época.
49
En este sentido, resulta ilustrativo el interesante punto de vista de Charles A.Hale plasmado en “The Civil Law
Tradition and Constitucionalism in Twentieth-Century Mexico: The Legacy of Emilio Rabasa”, Law and History
Review, vol. 18, núm 2 (verano de 2000), en especial pp. 260 y 261.
50
T.J.James, “Liberal Jurisprudence, Labor Tribunals, and Mexico´s Supreme Court, 1917-1924”. En Law and
History Review, vol. 27, núm. 1 (primavera de 2009), p. 88.
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La legge n. 162 del 2014 di conversione del D.L. n. 134 del 2014.
Sommario: 1. Introduzione; 2. La crisi della coppia e l'accordo assistito; 3. Il ruolo del pubblico
ministero nella convenzione di negoziazione assistita; 4. L'Ufficiale di Stato Civile nella crisi del
matrimonio; 5. Riflessioni conclusive. 6. Riferimenti bibliografici
Sommario: La famiglia del terzo millennio sta Abstract: The family of the third millennium is
subendo un notevole cambiamento. Il undergoing a significant change. The Italian
legislatore italiano, sensibile ai mutamenti ed legislator, sensitive to changes and to emerg-
alle emergenti istanze in materia di diritto di ing demands in the area of family law, intro-
famiglia, introduce un nuovo modello per la duces a new model for the separation, divorce
separazione, il divorzio o le modifiche di patti or modified terms of the crisis: the Convention
della crisi: la convenzione di negoziazione of assisted negotiation. The ratio of the insti-
assistita. La ratio dell'istituto consiste, tute consists above all in the requirement of
soprattutto, nell'esigenza di speditezza nel promptness in finding a solution out of court
trovare una soluzione stragiudiziale per to deal with the pathological stage of mar-
affrontare la fase patologica del matrimonio, riage, even if too many players on the scene
anche se troppi protagonisti sulla scena non did not allow easy handling of the conflict in a
consentono facilmente la gestione del conflitto short time. Subtract the family law court in
in tempi brevi. Sottrarre il diritto di famiglia time to public control, where feasible, can
nel momento stragiudiziale al controllo help to make it more streamlined, fair and
pubblicistico, ove sia fattibile, può servire a accessible the process of change for the care
rendere più snella, giusta e fruibile la and control of the crisis.
procedura di cambiamento per la cura ed il
controllo della crisi.
Parole-chiave: Famiglia – Patologia del Keywords: Family - Pathology of marriage –
matrimonio – Crisi familiari Family´s crisis
1. Introduzione
Familia est principium urbis
e quasi seminarium rei publicae
Cicerone
51
Avvocato di Corte Suprema di Cassazione e di Giurisdizioni Superiori. Professore a contratto dell'Università
degli Studi di Napoli Federico II, SSPL, diritto processuale civile. Già Magistrato on. della Repubblica Italiana.
Direttore scientifico e Docente del Master in " Diritto di famiglia e tutela dei minorenni, aspetti sostanziali e
processuali" accreditato dal Consiglio Nazionale Forense in Roma e patrocinato dalla Provincia di Salerno
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Nell’ambito del diritto di famiglia, settore particolarmente delicato, agli artt. 6 e 12 della citata
legge, è stata prevista una convenzione di negoziazione assistita (stragiudiziale e consensuale) in
presenza di almeno un avvocato per parte o in presenza dell’Ufficiale di Stato Civile per la separazione
personale, la cessazione degli effetti civili (o lo scioglimento del matrimonio) e per la modifica delle
condizioni di separazione o di divorzio.
Il nuovo istituto, non sostitutivo, ma alternativo alla giurisdizione ordinaria, consente ai
coniugi di regolare il momento di crisi del loro matrimonio, senza dover ricorrere al giudice.
In altri termini, in caso di crisi, la coppia potrà:
1) procedere con la convenzione di negoziazione assistita;
2) presentarsi innanzi all’Ufficiale di Stato Civile;
3) far ricorso all’autorità giudiziaria;
52
L’eventuale inadempimento da parte dell’avvocato rappresenta un illecito disciplinare sanzionabile
53
Sulla mediazione familiare, vedi G. Impagnatiello, La mediazione familiare nel tempo della «mediazione
finalizzata alla conciliazione» civile e commerciale, in Fam. e dir., 2011, p. 525 ss.;G. Morani, La mediazione fami-
liare, in Dir. famiglia, 2012, p. 1322 ss.
54
A tal proposito DANOVI, F. I nuovi modelli di separazione e divorzio: una intricata pluralità di protagonisti, in
Famiglia e Diritto, 12, 2014, p. 1145 ss.
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5) l’indicazione delle parti con le loro generalità55 e quelle dei loro difensori;
6) il luogo e la data del matrimonio;
7) l'indicazione dei figli nati dalla coppia, con data di nascita e la specificazione se siano o meno
economicamente autosufficienti;
8) i patti della separazione o del divorzio 56 che si intendono formulare: l’assegno di
mantenimento nel procedimento di separazione o l’assegno di divorzio nel procedimento di
divorzio57 (specificando l’importo previsto per il coniuge e quello per la prole); la previsione
dell’aggiornamento dell’assegno in base agli indici Istat dei prezzi al consumo per le famiglie di
operai ed impiegati; la divisione delle spese straordinarie58; l’assegnazione della casa familiare,
l’affidamento (condiviso o esclusivo) dei minorenni; l’indicazione del luogo ove questi ultimi
avranno residenza; la regolamentazione del diritto di visita da parte del genitore coaffidatario,
ma non collocatario della prole;
9) per il divorzio va indicata la data dell’udienza presidenziale della separazione; la data
dell’omologazione della separazione consensuale; il numero della sentenza di separazione, la
data del deposito ed il passaggio in giudicato;
10) le firme delle parti, l’autentica delle stesse da parte degli avvocati e la loro attestazione, come
si è già detto, che i patti non violino le norme imperative.
L’accordo raggiunto, a seguito della convenzione assistita, produce gli effetti ed è equipollente
ai provvedimenti giudiziali che definiscono i procedimenti di separazione personale, di cessazione degli
effetti civili del matrimonio e di modifica delle condizioni di separazione o di divorzio.
3. Il ruolo del pubblico ministero nella convenzione di negoziazione assistita.
Il ruolo del pubblico ministero nell’ambito della convenzione di negoziazione assistita in diritto
di famiglia, suscita non poche perplessità.
Da un lato si è voluto accelerare il percorso per porre fine alla crisi di coppia introducendo un
rimedio stragiudiziale e consensuale al fine di evitare costi e lungaggini tipici del processo civile,
dall’altro, comunque, il legislatore inserisce un filtro al procedimento in esame con la previsione di un
controllo di tipo pubblico sull’accordo: il nulla osta o l'autorizzazione del pubblico ministero59.
In mancanza di figli minori, di figli maggiorenni, incapaci o portatori di handicap grave ai sensi
dell’articolo 3, comma 3, della legge 5 febbraio 1992, n. 104, ovvero economicamente non
autosufficienti, l’accordo raggiunto, a seguito di convenzione di negoziazione assistita, deve essere
55
ANTICO, U. AVALLONE P., Negoziazione assistita in separazione e divorzio, Avant, Collana “Meglio Saperlo” – n.
1, p. 37.
56
Per i trasferimenti immobiliari la sottoscrizione va autenticata da un notaio o altro pubblico ufficiale, ai fini
della trascrizione, DANOVI, F. Il d.l. n.132/2014: le novità in tema di separazione e divorzio, in Famiglia e Diritto,
10, 2014, p. 952; GRADI, M. Inefficienza della giustizia civile e “fuga dal processo”, commento al D.L. n. 132/2014
convertito in legge n. 162/2014, Messina , 2014 p. 107.
57
Sul punto B. Poliseno, La convenzione di negoziazione assistita per le soluzioni consensuali di separazione e
divorzio, in Foro it. 2015,V,col. 34, per l'ammissibilità e di disposizioni a carattere patrimoniale; Sesta M.,
Negoziazione assistita e obblighi di mantenimento nella crisi della coppia, in Famiglia e Diritto, 3, 2015, p. 305, è
per la possibilità della prestazione una tantum.
59
Vedi, DANOVI , F. I nuovi modelli di separazione e divorzio: una intricata pluralità di protagonisti, cit., p. 1143
ss.
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trasmesso al procuratore della repubblica presso il tribunale competente, il quale, quando non ravvisa
alcuna irregolarità, comunica il nullaosta agli avvocati per gli adempimenti ai sensi del comma 3.
L’avvocato, in virtù dell’art. 6, comma 3, ottenuto il nullaosta, dovrà trasmettere60 entro il
termine di dieci giorni61 copia del provvedimento, munito dello stesso e autenticato dall’ufficio del
pubblico ministero, all’ufficiale dello stato civile del Comune in cui il matrimonio fu iscritto o trascritto.
In presenza di figli minori, di figli maggiorenni incapaci o portatori di handicap grave, ovvero
economicamente non autosufficienti, l’accordo raggiunto con il nuovo istituto, deve essere,
ugualmente, trasmesso entro il termine di dieci giorni (dall’accordo)62 al procuratore della repubblica
presso il tribunale competente, il quale, in questo caso, dovrà valutare non solo la regolarità
dell’accordo (per quanto attiene alla forma, al rispetto delle norme imperative e al buon costume), ma
anche la sua rispondenza all’interesse dei figli.
Nel caso in cui la valutazione sarà positiva, il procuratore autorizzerà l’accordo; qualora,
invece, riterrà che l’accordo non risponda all’interesse dei figli, il medesimo ufficio pubblico dovrà
trasmettere, entro cinque giorni, al presidente del tribunale, il quale fisserà, entro i successivi trenta
giorni, la comparizione delle parti e provvederà senza ritardo63.
Anche in tal caso, in virtù dell’art. 6, comma 3, l’avvocato dovrà trasmettere entro il termine di
dieci giorni, copia del provvedimento munito di autorizzazione e autenticato dall’ufficio giudiziario che
ha autorizzato l’accordo, all’ufficiale dello Stato civile del Comune in cui il matrimonio fu iscritto o
trascritto.
L’omissione di tale adempimento, in entrambi i suddetti casi, è punita in via amministrativa
con una sanzione pecuniaria da 2.000 a 10.000 euro a carico dell’avvocato della parte. La sanzione è
irrogata dal Comune dove devono essere eseguite le annotazioni previste dall’art. 69 del D.p.R. 3
novembre 2000, n. 39664.
Le parti possono procedere alla negoziazione assistita anche per modificare le condizioni della
separazione tra loro pronunciata o dello scioglimento del matrimonio o della cessazione degli effetti
civili del matrimonio, nonché di una precedente modifica della condizioni della separazione o del
divorzio.
60
A proposito della «trasmissione», il legislatore non fornisce chiarimenti, per cui DANOVI, F. Il d.l. n.132/2014:
le novità in tema di separazione e divorzio, cit., p. 951, ritiene preferibile ricorrere ad una notificazione formale
per “intuibili esigenze di certezza”, rispetto alla “semplice” comunicazione tramite raccomandata o addirittura
posta elettronica certificata.
61
Per la decorrenza di tale termine vedi ANTICO U., AVALLONE, P. Negoziazione assistita in separazione e
divorzio, cit., p. 38 e DANOVI, F. I nuovi modelli di separazione e divorzio: una intricata pluralità di protagonisti,
cit., p. 1145).
62
Il termine è ora indicato dalla legge. DANOVI, F. I nuovi modelli di separazione e divorzio: una intricata pluralità
di protagonisti, cit., p. 1142, nota 3, ritiene che il termine debba valere in linea di principio.
63
Sul significato del termine “provvede senza ritardo” si veda F. Danovi, I nuovi modelli di separazione e divorzio:
una intricata pluralità di protagonisti, cit., p. 1142.
64
DANOVI, F. Il d.l. n.132/2014: le novità in tema di separazione e divorzio, cit., p. 952, ritiene operante tale
sanzione tanto nell’ipotesi di assoluta inottemperanza, quanto in quella di tardiva trasmissione. La circolare n. 19
del 28/11/2014 del Ministero dell’Interno ha previsto che ciascuno degli avvocati deve inviare, ai fini dei
conseguenti adempimenti, l’accordo autorizzato all’ufficiale dello stato civile, il quale, trascorso il termine di dieci
giorni, dovrà avviare l’iter per l’irrogazione delle sanzioni a carico del legale che abbia violato, entro il predetto
termine, l’obbligo di trasmissione
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Si applicano, in tale ipotesi, le stesse regole esaminate per i due tipi di accordo, a seconda
dell’esistenza o meno di figli aventi diritto al mantenimento, ragion per cui, al fine di ottenere il
nullaosta o l’autorizzazione sarà necessario indicare i motivi posti a fondamento delle richieste,
nonché dare prova dell’avvenuto matrimonio, allegando il relativo certificato, e dell’avvenuta
separazione, allegando la sentenza o il decreto di omologa, o del divorzio.
In ogni caso, mancando un’attività istruttoria, le parti, al fine di ottenere il nullaosta o
l’autorizzazione, dovranno convincere il procuratore della repubblica che le eventuali modifiche
avvengano nel rispetto del superiore interesse dei figli65. Il tribunale di Torino è intervenuto, con il
provvedimento del 15 /01/2015, a chiarire che, a seguito della mancata autorizzazione da parte del
pubblico ministero, il procedimento di negoziazione assistita non si “tramuta” in un normale
procedimento di separazione consensuale o ricorso congiunto per cessazione degli effetti civili o
scioglimento del matrimonio, o ancora ricorso congiunto per la modifica delle condizioni di
separazione o divorzio, in quanto le parti non hanno formulato alcuna domanda sul punto e
l’emissione di uno dei suddetti provvedimenti risulterebbe reso in palese violazione del “principio della
domanda” ex art. 99 c.p.c., nonché del “principio di corrispondenza tra il chiesto e il pronunciato” ex
art. 112 c.p.c.
Pertanto, se il pubblico ministero non autorizza l’accordo, il presidente del tribunale con il
provvedimento con il quale fissa la comparizione delle parti, invita le stesse ad adeguarsi ai rilievi
sollevati dal pubblico ministero (nel rigetto dell’autorizzazione) e, contestualmente, le autorizza,
qualora ritengano di non aderire pienamente a questi ultimi o intendano apportare delle modifiche
alle clausole dell’accordo, a depositare, in tempo utile, un ricorso per separazione consensuale o
ricorso congiunto per la cessazione degli effetti civili o per lo scioglimento del matrimonio, o ancora
per la modifica delle condizioni di separazione o divorzio.
Altro tribunale66, ritenendo il parere del pubblico ministero obbligatorio, ma non vincolate,
afferma che il presidente del tribunale, rivalutate le condizioni, le ragioni addotte a sostengo
dell’accordo e la documentazione allegata, possa, in difformità al parere del pubblico ministero,
ravvisare l’adeguatezza delle condizioni e, salvaguardati sufficientemente gli interessi della prole, e
autorizzare l’accordo.
Resta aperto il discorso sui rimedi (reclamo o appello) avverso il provvedimento del
presidente del tribunale; stante la natura non definitiva dei provvedimenti relativi alle condizioni della
separazione o del divorzio, si deve ritenere che essi non passino mai in giudicato, con conseguente
esclusione della possibilità di ricorso alla Corte di Cassazione67.
4. L'Ufficiale di Stato Civile nella crisi del matrimonio.
L’articolo 12 della legge 162/2014 ha introdotto una ulteriore procedura semplificata
attraverso la quale i coniugi possono procedere, di comune accordo, con una dichiarazione da rendersi
dinanzi all’Ufficiale di stato civile, alla separazione personale, alla cessazione degli effetti civili ( o allo
scioglimento del matrimonio) e alla modifica delle condizioni della separazione o del divorzio.
Con la legge di conversione, organo competente, è il sindaco, quale ufficiale dello stato civile
a norma dell’art. 1 del D.p.R.3 novembre 2000, n. 396, del comune di residenza di uno dei coniugi o del
65
ANTICO , U. P. Avallone, Negoziazione assistita in separazione e divorzio, cit., p. 47.
66
Il Tribunale Termini Imerese, decreto 24/3/2015, in QdF, 4, 2015,ritiene che il procedimento che si instaura
dinanzi al Presidente sia assimilabile ai procedimenti in camera di consiglio.
67
ANTICO, U. P.A VALLONE P., Negoziazione assistita in separazione e divorzio, cit., 45.
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comune presso cui l’atto di matrimonio è iscritto o trascritto, ed è prevista l’assistenza facoltativa di
un avvocato.
Non è previsto nessun controllo da parte del pubblico ministero.
Tale istituto non si applica in presenza di figli minori, di figli maggiorenni incapaci o portatori di
handicap grave, ai sensi dell’articolo 3, comma 3, della legge 5 febbraio 1992, n. 104, ovvero
economicamente non autosufficienti, attesa la mancanza di un successivo controllo dell'organo
pubblico circa la rispondenza dell’accordo alla tutela degli interessi dei soggetti deboli68.
Quanto al procedimento, poiché il 3° comma dell’art. 12 dispone che "l’ufficiale di stato civile
riceve da ciascuna delle parti personalmente la dichiarazione”, sembrerebbe ipotizzarsi che i coniugi si
presentino davanti all’ufficiale dello stato civile per renderla oralmente e che, poi, quest’ultimo rediga
un atto ove si limita, sostanzialmente, a riportare il contenuto delle dichiarazioni rese dinanzi a sé.
Tuttavia, nella pratica, al fine di accelerare i tempi, è facile ipotizzare che le parti, comparse
personalmente dinanzi all’ufficiale di stato civile, gli consegnino una dichiarazione scritta contenente il
contenuto dell’accordo, che, lo stesso sindaco, provvederà ad allegare al verbale di comparizione,
divenendone parte integrante.
E' da ritenersi che la dichiarazione personale delle parti, proprio perché personale, non possa
essere delegata.
L’accordo è compilato e sottoscritto dinanzi all’ufficiale di stato civile immediatamente dopo il
ricevimento della dichiarazione.69.
In questo modo, si procede per la modifica delle condizioni di separazione o di divorzio.
Quando, invece, la dichiarazione è resa ai fini della separazione personale, della cessazione
degli effetti civili del matrimonio o di scioglimento del matrimonio secondo condizioni concordate,
l’ufficiale dello stato civile, una volta ricevute le dichiarazioni dei coniugi, deve invitarli a comparire di
fronte a sé non prima che siano decorsi trenta giorni dalla ricezione delle stesse per la conferma
dell’accordo.
La previsione di tale termine ha la funzione di garantire ai coniugi il diritto al ripensamento,
offrendo un momento di riflessione in relazione ad una scelta che ha effetti particolarmente incisivi
nella vita personale.
Ove le parti si presentino nella data fissata e confermino le dichiarazioni rese, l’ufficiale di stato
civile provvederà alle relative trascrizioni e annotazioni.
Se le parti non si presentano nella data fissata, tale assenza è ritenuta, per legge, equivalente a
mancata conferma della dichiarazione resa con conseguente inefficacia della stessa70.
68
CASABURI, G. Separazione e divorzio innanzi al sindaco: ricadute sostanziali e processuali, in Foro it., 2015, V,
col 44, è a favore dell’accesso a tale procedimento anche ai coniugi con prole, al fine di ottenere lo status
connesso alla separazione e al divorzio, con riserva successiva di verifica giudiziale.
69
DANOVI, F. Il d.l. n.132/2014: le novità in tema di separazione e divorzio, cit., p. 953, ritiene che, nella prassi i
coniugi perverranno di fronte all’ufficiale a intesa raggiunta; ma, da un punto di vista giuridico, il rappresentate
dello Stato è da ritenersi parte del procedimento e la sua presenza costituisce una conditio juris di efficacia
ineludibile. Sempre in tal senso, F. Danovi, I nuovi modelli di separazione e divorzio: una intricata pluralità di
protagonisti, cit., p. 1148.
70
CASABURI, G. Separazione e divorzio innanzi al sindaco: ricadute sostanziali e processuali, cit., ritiene
ammissibile la possibilità di presentare una richiesta argomentata per ottenere una proroga o una nuova
convocazione, se per ragioni obiettive non è stato possibile effettuare la seconda.
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La norma in esame, inoltre, prevede che l’accordo non possa contenere patti di trasferimento
patrimoniale.
La circolare interpretativa del Ministero dell’Interno, n. 19 del 28 novembre 2014, ha disposto
che “in assenza di specifiche indicazioni normative, va esclusa dall’accordo davanti all’ufficiale
qualunque clausola avente carattere dispositivo sul piano patrimoniale, come, ad esempio, l’uso della
casa coniugale, l’assegno di mantenimento, ovvero qualunque altra utilità economica tra i coniugi
dichiaranti” e il decreto del Ministero dell’Interno del 9 dicembre 201471, nell’introdurre nuove
formule (in particolare la n. 121–ter e n. 121-quater) da utilizzare negli accordi dinanzi all’ufficiale di
stato civile in materia matrimoniale, ha escluso completamente qualsiasi trasferimento patrimoniale,
compresa la mera previsione di un assegno periodico.
Tuttavia, una simile lettura finirebbe per svuotare la ratio della novella, divenendo, nella
realtà, alquanto difficile, se non impossibile, il ricorso a tale strumento72.
Pertanto, sarebbe preferibile ritenere che gli accordi in esame possano contenere tutte le
clausole relative alla previsione, misura e modalità di versamento di eventuali assegni di
mantenimento o post matrimoniali, mentre è vietato il trasferimento di beni immobiliari.
L’accordo, una volta recepito o confermato, è equipollente ai provvedimenti giudiziali che
definiscono i procedimenti di separazione personale, di cessazione degli effetti del matrimonio, di
scioglimento del matrimonio e di modifica delle condizioni di separazione o di divorzio, senza bisogno
di successiva omologazione giudiziale.
L’accordo, dunque, è concluso nel momento in cui le parti lo sottoscrivono dinanzi all’Ufficiale
di stato civile.
Anche in questo caso, gli accordi di separazione personale, di scioglimento o di cessazione
degli effetti civili del matrimonio ricevuti dall’ufficiale dello stato civile, dovranno essere annotati a
margine dell’atto di nascita e di matrimonio e iscritti negli archivi informatici
Molteplici incertezze presenta anche questa norma; si pensi al controllo che l’ufficiale di stato
civile è chiamato a svolgere oppure alla mancata previsione di un rimedio nel caso in cui l’ufficiale di
stato civile neghi il recepimento delle misure in oggetto73.
Sarà interessante vedere quale accoglienza troveranno queste nuove forme di separazione
consensuale e, soprattutto, se la loro previsione garantirà un maggiore ricorso alle stesse e una minore
litigiosità in una materia così delicata.
5. Riflessioni conclusive
71
Rinvenibile sul sito istituzionale del Ministero dell’Interno, alla voce Servizi Principali.
72
VIOLANTE, V. Nota brevissima sull’incidenza della circolare del Ministro dell’Interno n. 19/2014 e del successivo
D.M. 9 dicembre 2014 in merito agli accordi di cui all’art. 12 del d.l. n. 132/2014, convertito con modificazioni
dalla l. n. 162/2014, in www.judicium.it, p. 2, ritiene possibile rivolgersi all’ufficiale di stato civile solo per
perfezionare “un accordo di separazione personale ovvero nei casi di cui all’art. 3, primo comma, num. 2), lett.
b), della legge 1° dicembre 1970, n. 898, di scioglimento o di cessazione degli effetti civili del matrimonio” senza
figli minori o “deboli” e senza alcuna previsione di tipo patrimoniale. Inoltre, ritiene, che viene sostanzialmente
eliminata la possibilità, normativamente previste, di richiedere consensualmente la modifica delle condizioni di
separazione o divorzio DANOVI, F. Il d.l. n.132/2014: le novità in tema di separazione e divorzio, cit., p. 954, il
quale rileva che una simile interpretazione finirebbe per relegare il nuovo procedimento alle sole ipotesi di
separazioni o di divorzi tra coniugi autosufficienti o che si dichiarino tali.
73
CASABURI, G. Separazione e divorzio innanzi al sindaco: ricadute sostanziali e processuali, cit., ritiene
prevedibile un aumento esponenziale delle azioni di impugnazione degli accordi per vizio del consenso
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Sumario: 1. Introducción. 2. El Derecho a una Familia. 3. Derechos de los hijos. 4. La adopción. 5. Dere-
chos entre hermanos. 6. Cónyuges. 7. Separación de los adultos, divorcio. Derechos de los niños. 8.
Conclusión
Resumen: Resulta difícil establecer el concepto de Abstract: It is difficult to establish the concept of
Familia, ya que es una de las instituciones que family as it is one of the institutions that suffer
mayores cambios sufre en la sociedad. Ello se major changes in society. This is due in part to
debe en parte a los avances que se producen en advances occurring in medical science, as well as
las ciencias médicas, como así también en las social customs
costumbres sociales
Palabras llave: Familia – sociedad - ciencias médi- Key words: family – society - medical science -
cas - costumbres sociales social customs
1. Introducción
Hasta hace no tanto tiempo no existía técnica artificial alguna que permitiera concebir seres
humanos. Recién en el año 1978 nació en Inglaterra Louise Brown el primer ser humano probeta de la
historia. La niña fue concebida mediante la técnica de fecundación in vitro. Su impulsó la creación de
otras técnicas de reproducción asistida que rigen en la actualidad.75
Así también, no hace muchos años que desapareció el repudio por la disolución del matrimo-
nio a través del divorcio en la sociedad argentina.76
En la actualidad la sociedad y el Estado aceptan que las familias se constituyan de diversas
formas, sea por matrimonios formados por personas de igual o distinto sexo, por parejas convivientes,
con los hijos de uno o ambos cónyuges. El Estado, a través del Derecho tutela todos estos tipos de
familia. La elección de la estructura familiar deseada, mientras garantice los derechos de los sujetos
que merecen protección jurídica, es una cuestión íntima de las personas en la que el Estado no debe
inmiscuirse –cfr. Art. 19 CN-.
El Diccionario de la Lengua Española conceptualiza a la familia, como el grupo de personas
emparentadas entre sí que viven juntas; conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines
de un linaje; hijos o descendencia. Está casado, pero no tiene familia.
En nuestro país, el Estado no sólo protege la familia, sino también el Derecho a tener una fami-
lia en sus diversas formas.
74
Doctora en Ciencias Jurídicas y Sociales. Universidad del Museo social Argentino. Mail de contacto cordobaluci-
[email protected]
75
http://www.telegraph.co.uk/news/health/11760004/Louise-Brown-the-first-IVF-baby-reveals-family-was-
bombarded-with-hate-mail.html
76
http://www.clarin.com/sociedad/Breve-historia-divorcio-Argentina_0_1406259526.html
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personas con las que se ha compartido la vida durante largos períodos antes de que el Estado provea
de una familia.
La evolución no tendrá fin, ya que la familia es una de las instituciones sociales con mayor di-
namismo, que más transformaciones sufre. Ello en parte por los avances que se van produciendo en la
ciencia, como así también de los que derivan de los cambios culturales, migratorios, todo aquello que
afecta a nivel global.
Muchos aspectos de las familias cambian, pero hay uno de ellos que permanece a través del
tiempo y que se expande. Es el fundamento de casi todos los derechos que surgen de las relaciones
familiares, la solidaridad familiar. Gracias a la cooperación mutua entre los miembros de una familia,
es posible sobrellevar las dificultades, y expandir el potencial individual de cada miembro que compo-
ne el grupo. En ello se funda su protección legal de jerarquía constitucional.
3. Derechos de los hijos
El Estado debe regular aquellos aspectos que derivan de las relaciones paterno- filiales. Ello es
así, por cuanto en tales vínculos uno de los sujetos carece de la capacidad suficiente para ejercer aquel
accionar necesario para efectivizar sus derechos. Resulta indispensable que rijan en la vida de un niño
tales garantías fundamentales para que tenga una vida digna, plena, saludable, para que el individuo
alcance el máximo de su potencial. Brindar a un niño lo necesario para su cuidado y para que alcance
su máximo desarrollo hace que pueda establecer relaciones saludables con otros individuos, que no
enferme, que desarrolle un oficio, empleo o profesión; que tenga más posibilidades de tener una vida
alegre, recreativa, feliz; que esté preparado para encontrar el sentido de su vida.
Como explicamos, ellos son los fundamentos por los cuales el Estado regula a través del Dere-
cho, ello tiene efectos directos en la sociedad misma. Es decir que también el cumplimiento de los
roles parentales son uno de los factores que influyen en que un país esté mejor o peor.
Las relaciones entre padres e hijos se encuentran regulados en varios instrumentos legales vi-
gentes en nuestro país, como lo es la Constitución Nacional, la Convención sobre los Derechos del Ni-
ño, la Convención sobre Eliminación de las todas las formas de Discriminación contra la Mujer, el Códi-
go Penal, entre muchos otros. Pero rigen normas específicas que están contenidas en el Código Civil y
Comercial de la Nación. Allí, el artículo 628 dispone que “La responsabilidad parental es el conjunto de
deberes y derechos que corresponden a los progenitores sobre la persona y bienes del hijo, para su
protección, desarrollo y formación integral mientras sea menor de edad y no se haya emancipado”. El
artículo 639 enumera y establece los Principios Generales que rigen la institución que son los siguien-
tes: a) el interés superior del niño; b) la autonomía progresiva del hijo conforme a sus características
psicofísicas, aptitudes y desarrollo. A mayor autonomía, disminuye la representación de los progenito-
res en el ejercicio de los derechos de los hijos; c) el derecho del niño a ser oído y a que su opinión sea
tenida en cuenta según su edad y grado de madurez. El 640 enumera las figuras legales derivadas de la
responsabilidad parental que el Código regula: a) la titularidad y el ejercicio de la responsabilidad pa-
rental; b) el cuidado personal del hijo por los progenitores; c) la guarda otorgada por el juez a un ter-
cero. El artículo 641, establece a cual de los padres corresponde la titularidad y ejercicio de la respon-
sabilidad parental, el 646, los deberes de los progenitores, que son a) cuidar del hijo, convivir con él,
prestarle alimentos y educarlo; b) considerar las necesidades específicas del hijo según sus caracterís-
ticas psicofísicas, aptitudes y desarrollo madurativo; c) respetar el derecho del niño y adolescente a ser
oído y a participar en su proceso educativo, así como en todo lo referente a sus derechos personalísi-
mos; d) prestar orientación y dirección al hijo para el ejercicio y efectividad de sus derechos; e) respe-
tar y facilitar el derecho del hijo a mantener relaciones personales con abuelos, otros parientes o per-
sonas con las cuales tenga un vínculo afectivo; f) representarlo y administrar el patrimonio del hijo.
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Muchos otros intereses son regulados normativamente, pero exceden el presente abordarlos
en esta oportunidad. Por último interesa también tener presente, que la importancia en el cumpli-
miento de los roles paternos se encierra en aquel principio que está enumerado en primer lugar en la
ley, y que es el “Interés Superior del Niño” –cfr. Art. 3 Convención sobre los Derechos del Niño, Art.
639 CCyC. Es el principio rector y la norma fundamental que rige en las relaciones entre padres e hijos.
El hijo es siempre el sujeto que prevalece en la relación jurídica, porque como dijimos es el que mayor
tutela precisa porque no tiene capacidad para accionar en forma personal.
4. La adopción
La filiación puede tener lugar por naturaleza, mediante técnicas de reproducción humana asis-
tida, o por adopción. La filiación por adopción plena, por naturaleza o por técnicas de reproducción
humana asistida, matrimonial y extramatrimonial, surten los mismos efectos. –cfr. Art. 558.- El Código
Civil y Comercial, en su artículo 594 nos da el concepto de adopción, estableciendo que “… es una insti-
tución jurídica que tiene por objeto proteger el derecho de niños, niñas y adolescentes a vivir y desa-
rrollarse en una familia que le procure los cuidados tendientes a satisfacer sus necesidades afectivas y
materiales, cuando éstos no le pueden ser proporcionados por su familia de origen.”
El Diccionario de la Real Academia Española, indica que adoptar importa recibir como hijo, con
los requisitos y solemnidades que establecen las leyes, al que no lo es naturalmente. En la materia
rigen principalmente los Tratados internaciones de jerarquía constitucional –Convención sobre los
Derechos del Niño-, la Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes -
Ley 26.061- y el Código Civil originario, y a partir del 1 de agosto de 2015 el Código Civil y comercial.
El instituto de la adopción, tiene por objeto principal dar solución a circunstancias de hecho
que generalmente tienen un trasfondo de gran sufrimiento por parte de los sujetos involucrados, ya
que tiende a dar una familia a aquellos menores que no ven satisfechos sus derechos fundamentales
en sus familias de origen, a aquellos que carecen de filiación conocida, o a quienes sus padres han
decidido dar en adopción. Existen otros supuestos, como en los casos de adopción de la adopción por
integración, o adopción de mayores de edad.
A la adopción la preceden, en la gran mayoría de los casos situaciones fácticas complejas sen-
sibles como son las carencias en las familias, problemas de salud físicos, mentales, de adicciones, falta
de recursos, falta de información, educación, violencias. Tienen generalmente por antecedentes pro-
blemas sociales complejos que deben ser abordadas por los poderes del Estado en su conjunto. Por
más que exista un texto legislativo imperfectible, son circunstancias que deben ser abordadas en con-
junto por los diferentes órganos estatales.
5. Derechos entre hermanos
En el Derecho de Familia suele dársele mayor tratamiento a las relaciones paterno - filiales o a
las conyugales. En parte, porque las relaciones derivadas del matrimonio o de la convivencia son las
que generan mayores conflictos que para su resolución, en muchos casos es ineludible la intervención
estatal, como lo es por ejemplo en el caso del divorcio, la separación de hecho y todos los conflictos
derivados del desmembramiento familiar. Debe tenerse presente también que es mayor la interven-
ción estatal en los vínculos familiares mencionados, ya que por la importancia que revisten para la
sociedad es necesaria una mayor tutela.
Dicho ello, nos abocaremos al tratamiento de la tutela estatal a través del Derecho de las rela-
ciones entre los hermanos. Nos encontramos con regulación específica en materia de adopción, al
establecerse que algunos de los Principios Generales que rigen la institución son: a.- el agotamiento de
las posibilidades de permanencia en la familia de origen o ampliada; b.- la preservación de los vínculos
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6. Cónyuges
Recordamos que el matrimonio es la unión voluntaria y libre entre dos personas del mismo o
distinto sexo, concertada mediante las formalidades que dispone la legislación vigente. La finalidad de
este tipo de uniones, es establecer y mantener una comunidad de vida e intereses. Es uno de los tipos
de familia que el Estado reconoce y le otorga efectos jurídicos a las relaciones que nacen de él por la
importancia que reviste para la sociedad. Es considerado beneficioso para los individuos el desarrollo
en el ámbito de una familia y en ello se funda la necesidad de su reconocimiento y otorgamiento de
efectos jurídicos.
Fundado en ello, se imponen determinados deberes entre las partes, los que son intrínsecos a
la relación jurídica matrimonial por considerarse que inherentes a la unión establecida. Señala Medina
son los deberes mínimos o básicos que deben regir la comunidad de vida entre los cónyuges y que
hacen a la esencia de la institución, como así también que son deberes de carácter imperativos, es
decir no pueden ser dejados sin efecto ni modificados por la voluntad de las partes. 77
Algunos de ellos, se fundan en la solidaridad familiar, como por ejemplo lo son el deber de
cooperación, los deberes de asistencia y alimentos. Así también se dispone como deber de los cónyu-
ges el vivir en un mismo hogar, por entenderse que esto hace a la naturaleza de la unión matrimonial.
Se establece también el deber matrimonial de no defrauda la confianza depositada por el otro cónyu-
ge, de mantener una única unión de tipo estable, afectiva. Es decir, ser fieles entre sí. Se reconoce
como fundamento de la unión, la existencia de un plan de vida elegido por ambos cónyuges.
El deber alimentario es la prestación que debe otorgarse mutuamente entre los cónyuges para
subvenir las necesidades entre ellos, en caso de que así fuera necesario.
El deber manutención y de satisfacción de las necesidades económicas, espirituales, médicas,
de habitación, vestuario entre los cónyuges rige durante la vigencia de la unión matrimonial, la separa-
ción de hecho y aún disuelto el vínculo en los supuestos de enfermedad o real necesidad por parte de
alguno de ellos. Se aclara que la prestación alimentaria tendrá vigencia también, si resulta de acuerdo
de partes.
Dentro del deber de asistencia, reconociendo en la unión matrimonial, la familia, la importan-
cia que esta reviste para la sociedad, se establece el deber de ayuda mutua en la cobertura de las ne-
cesidades del otro cónyuge. Ello se funda en el deber de solidaridad que se reconoce como uno de los
elementos fundamentales de las relaciones familiares. El legislador considerando la importancia que
reviste cada uno de los cónyuges para el otro, que los lleva a formalizar su unión ante el Estado, les
impone obrar de modo tal que se socorran en caso de necesidad.
Este deber de asistencia rige durante la convivencia, la separación de hecho y aún luego de
haberse disuelto el matrimonio, en los supuestos de enfermedad o necesidad. Además puede ser ob-
jeto de convenio de partes.
Es importante que la ley disponga el cumplimiento de deberes mínimos entre quienes confor-
man una familia, por un lado por el rol pedagógico que cumple, como así también para la protección
individual de los individuos que la integran y puedan reclamar ante el Estado su cumplimiento de for-
ma compulsiva.
El fundamento de la prestación es la unión conyugal y no la cohabitación de allí que el legisla-
dor extienda su vigencia aún una vez que cesa la convivencia, o se disuelva el vínculo, y el deber de
77
Comentarios al Proyecto de Código Civil y Comercial de la Nación, Rivera, Julio C. (Dir.) –Medina, Graciela
(Coord.), Medina, Graciela, “Matrimonio y Disolución”, p. 320, 422, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 2012.
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socorro mutuo en plano de igualdad, ante las necesidades del otro, basado en esa unión matrimonial
que el Estado considera que debe ser protegida por la ley.
El legislador reconoce la importancia que revisitó la unión conyugal, tanto para las partes co-
mo para la sociedad y en función de ello, considera que debe preexistir un deber de socorro mutuo en
supuestos excepcionales de real necesidad como lo puede ser porque alguno de ellos padezca una
grave enfermedad, o que se encuentre en una situación que le imposibilita adquirirlos por sus propios
medios.
La ley establece límites a la vigencia de esta prestación. Por un lado se dispone como plazo
máximo de duración, el tiempo que duró la unión matrimonial. Tampoco procede contra quien es be-
neficiario de una compensación económica, ya que claramente si recibe o recibió la misma a la disolu-
ción del matrimonio, es poseedora de bienes, por lo que no se encontraría en caso de extrema nece-
sidad o ante la falta de bienes para la subsistencia como lo requieren las normas que regulan la institu-
ción –art. 545 CCYC-.
7. Separación de los adultos, divorcio. Derechos de los niños.
Conforme la legislación vigente, el Estado ya no se inmiscuye en la intimidad de los cónyuges
que quieren poner fin a su vida matrimonial. Para modificar el estado civil sólo hay que solicitarlo ante
la autoridad judicial –cfr. Art. 437, 438 y ccs. CCYC- y adjuntarse o una propuesta o un convenio regu-
lador de los efectos del divorcio, según el pedido lo hagan uno o ambos cónyuges. Dentro de tales
efectos debe estipularse el ejercicio de la responsabilidad parental, incluidas las cuestiones sobre ali-
mentos, atribución de la vivienda, etc.
Tal lo expuesto, los adultos tienen derecho a la elección de la estructura familiar que desean,
ello siempre y cuando sean personas capaces de ejercer sus derechos y no necesitan tutela alguna –
cfr. Art. 19 CN-. Ello no quita que el Estado deba regular los derechos de los niños que sufren los cam-
bios en la vida familiar como así también que deba atenderse la problemática que resulta de los ma-
trimonios en conflicto cuando repercute de manera nociva en las relaciones con sus hijos.Los cambios
de estructuras familiares repercutan en forma directa en la vida de los sujetos más vulnerables, y que
son los que requieren mayor atención por parte del Estado.
La separación de los padres, ya sea que estos se encontraban unidos en matrimonio, o me-
diante otra forma –ej. Convivencia- provoca en algunos casos que los niños sufran desarraigo de sus
hogares, cambios de colegio, se alejen de sus amigos, compartan menos tiempo con sus progenitores,
o con otros integrantes de las familias, se muden de barrio, tengan que repartir sus juguetes entre las
casas de ambos padres. También repercute en ellos los duelos que atraviesan sus padres por la ruptu-
ra conyugal, lo que además en muchos casos provoca que deban modificar otros aspectos de sus vidas
cotidianas, como por ejemplo tener que trabajar más horas para poder sustentar el nuevo hogar. Se le
suma a ello, en algunos supuestos las emociones de dolor cuando las separaciones no son pacíficas y
provocan desacuerdos, rencores, sufrimientos. El Derecho intenta traer soluciones a estas cuestiones y
es por ello, en parte que se impone la carga de presentar o una propuesta o un convenio regulador de
los efectos del divorcio. Pero se dan situaciones en los que desacuerdos ya pasan a una faz conflictiva
en la que se requiere la solución por parte del órgano judicial. Un tercero ajeno a la familia es el que
resuelve los problemas porque los adultos no pueden lograrlo por sus medios.
Los principios rectores en estas cuestiones deben ser siempre el interés superior de los meno-
res y el interés familiar –cfr. Arts. 3 y ccs. CDN, art. 14 Bis CN y ccs. Art. 639 y ccs. CCYC.
La separación entre los adultos, como ya expusimos se trata de una cuestión íntima de ello –
art. 19 CN-, cada persona capaz tiene derecho a elegir la estructura familiar que quiere tener, pero ello
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debe hacerse teniendo presente la forma en que repercute en los sujetos más vulnerables y que ma-
yor protección requiere, como son los menores o las personas que padecen de alguna discapacidad. El
divorcio y la separación de los padres influye en la vida de ellos. Los padres deben hacer prevalecer
siempre los derechos de sus hijos por sobre los suyos propios. Esto es un deber –cfr. Arts. 3, y ccs.
CDN, arts. 14 bis CN, art. 638 y ccs. CCyC-.
8. Conclusión
Se expusieron aspectos relevantes de las relaciones y estructuras familiares que merecen tute-
la legal. El Estado ve en el desarrollo de los vínculos familiares la posibilidad de que la persona alcance
su máximo potencial, desarrolle una personalidad en plenitud.
La unión familiar coadyuva al desarrollo de las personas, además de posibilitar el trance de
momentos de dificultad, el individuo que mantiene vínculos saludables con los miembros de su familia
tiene menores posibilidades de desarrollar enfermedades y está más capacitada para expandirse en
otros ámbitos. Ello produce efectos directos en el desarrollo del país. De ahí, que en la Constitución
Nacional de modo expreso se establezca el Derecho a la Protección integral de la familia -cfr. art. 14 bis
Constitución Nacional-.
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Resumo: O presente trabalho visa esclarecer a Abstract: The present work aims to clarify the
eficácia e o cumprimento do laudo arbitral ado- effectiveness and enforcement of arbitral awards
tado no âmbito do sistema de solução de contro- adopted under the Mercosul dispute settlement
vérsias do Mercosul, abordando num primeiro system, covering at first the evolution of the
momento a evolução do processo de integração integration of the block and the stages of evolu-
do bloco e as etapas de evolução do sistema de tion of the dispute settlement system process
solução de controvérsias com ênfase nos Proto- with emphasis on protocols of Brasilia and Olivos
colos de Brasília e de Olivos. Analisamos, ainda, . Furthermore, we analyze the chances of disa-
as hipóteses de divergência quanto ao cumpri- greement regarding compliance with the orders
mento das decisões emanadas por meio dos issued by the arbitral awards , as well as the pro-
laudos arbitrais, bem como as disposições do visions of the Olivos Protocol on the procedure
Protocolo de Olivos sobre o procedimento e pra- and deadlines adopted prolator before the Court
zos adotados perante o Tribunal prolator da deci- 's decision , and the perpetuation of their juris-
são, bem como a perpetuação de sua competên- diction to hear subsequent issues related to arbi-
cia para dirimir questões posteriores ao laudo tration and compliance reports. Subsequently ,
arbitral e relacionadas ao seu cumprimento. weave comments about the possibility of adop-
Posteriormente, tecemos comentários acerca da tion of compensatory measures by the State
possibilidade de adoção de medidas compensa- benefited award , highlighting this possibility as
tórias pelo Estado beneficiado na decisão arbitral, an important instrument of indirect coercion to
destacando tal faculdade como um importante facilitate compliance with arbitration awards,
instrumento de coerção indireta para viabilizar o highlighting the provisions of the Olivos Protocol
cumprimento das decisões arbitrais, destacando concerning deadlines for adoption of such com-
as disposições do Protocolo de Olivos quanto aos pensatory measures as well as its duration and
prazos para a adoção das referidas medidas the possibility of imposition in other sectors than
compensatórias, bem como sua duração e possi- the one affected by the controversy.
bilidade de imposição em outro setor que não
aquele afetado pela controvérsia
Palavras-Chave: Mercosul, Laudo Arbitral, Cum- Keywords: Mercosul, arbitral award, enforce-
primento, Medidas Compensatórias ment, compensatory measures
78
Doutor pelo Programa de Posgrado em Ciencias Jurídicas e Sociales de la Universidad del Museo Social Argen-
tino, Buenos Aires, Argentina. Especialista em Direito Público pela Faculdade de Direito Prof. Damásio de Jesus,
São Paulo, Capital, Especialista em Direito Processual Civil pela Universidade Católica Dom Bosco, Campo Grande,
Mato Grosso do Sul, professor de Direito Tributário e Direito Empresarial no Centro Universitário de João Pessoa
– UNIPÊ, professor de Direito Processual Civil na escola do Ministério Público – FESMIP-PB no curso de pós-
graduação lato sensu. O presente artigo é uma síntese de trabaklho apresentado como condição parcial para o
pagamento dos créditos e aprovação na disciplina de Direito da Integração do Programa de Doutorado em Ciên-
cias Jurídicas e Sociais da Universidad del Museo Social Argetino.
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1. Introdução
No presente estudo nos dedicamos à tarefa de delinear o instituto do laudo arbitral no âmbito
do Mercosul enfocando sua eficácia e seu cumprimento, o que já a priori se mostrou uma árdua tarefa
ante a escassez de bibliografia pontual sobre o tema.
É fato que a grande maioria das obras publicadas sobre o sistema de solução de controvérsias
no âmbito do Mercosul, datam de períodos anteriores à aprovação do Protocolo de Olivos, bem como
é forçoso reconhecer que muitos autores se debruçam sobre outros aspectos do já mencionado siste-
ma de solução de controvérsias, tais como sua evolução, a controvertida necessidade de um órgão
supranacional e as características genéricas de cada uma das fases deste sistema que se utiliza de inú-
meras expressões e institutos oriundos do direito processual.
Pois bem, diante de tal realidade, não nos resta outro caminho senão reconhecer a escassez,
como já assinalado, de obras que realmente comprometidas com a análise dos aspectos procedimen-
tais do laudo arbitral, sobretudo quanto à interpretação dos artigos do Protocolo de Olivos que regu-
lam a elaboração dos laudos, sua eficácia inter partes e os mecanismos de incorporação das decisões
pelos Estados partes.
O Protocolo de Olivos inovou, ao criar, no âmbito do Mercosul, o Tribunal Permanente de Re-
visão, que pode ser acionado diretamente ou pode, salvo as exceções previstas no protocolo e deline-
adas no desenrolar do presente estudo, funcionar como um órgão de reexame das decisões arbitrais
oriundas do Tribunal de Arbitragem ad hoc, vedado e reexame da matéria de fato.
2. Da necessidade de um sistema de solução de controvérsias no Mercosul e sua evolução
Com a assinatura do Tratado de Assunção em 1991 por Brasil Argentina, Uruguai e Paraguai fi-
cou estabelecida a criação de um mercado comum denominado mercado comum do Sul (Mercosul),
obviamente, com a assunção de obrigações e benefícios, como a solução de conflitos e divergências
advindos das práticas comercias, concomitantemente, da necessidade de um mecanismo hábil e efeti-
vo para dirimir tais conflitos tão essencial para o desenvolvimento do bloco econômico.
A plena implementação do Mercosul, incialmente como zona de livre comércio, posteriormen-
te na forma de união aduaneira e, finalmente, como um mercado comum, no qual se prevê não só a
união aduaneira, mas também a livre movimentação de mão-de-obra e de capital pelos Estados inte-
grantes está condicionada à existência de um equilíbrio de direitos e deveres de todos os países signa-
tários do bloco.
No dizer de Horácio Wanderlei Rodrigues79: Neste momento parece haver mais incertezas do
que propriamente insuficiências, tendo em vista a quase absoluta inexistência de controvérsias já solu-
cionadas ou em fase de solução. No entanto, faz-se necessário o estudo dessas questões e a busca de
alternativas para o futuro. Não se pode esperar que os problemas ocorram para que se procurem as
soluções. Ë necessário pensar e instrumentalizar, preventivamente, as opções possíveis e adequadas. A
construção do Mercosul está ocorrendo, em alguns aspectos, de forma mais rápida do que a aparência
leva a crer, o que faz com que se constitua em uma realidade praticamente irreversível .
O mecanismo de solução de controvérsias no âmbito do Mercosul passou por quatro fases dis-
tintas: o Tratado de Assunção, o Protocolo de Brasília; o Protocolo de Ouro Preto; e, por último, o Pro-
tocolo de Olivos, que, por sua vez, também se afirma como um sistema provisório, merecendo desta-
que os Protocolos de Brasília e Olivos.
79
RODRIGUES, Horácio Wanderlei. Direito processual no Mercosul : Tópicos para Reflexão. In: Mercosul no Cená-
rio Internacional – Direito e Sociedade (org.) Luiz Otávio Pimentel, v.II. Curitiba: Juruá, 1998, p.227.
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80
BECHARA, Carlos Henrique Trajan e REDENSCHI, Ronaldo. A solução de controvérsias no Mercosul e na OMC.
São Paulo: Aduaneiras, 2002, p. 50
81
FONSECA, José Roberto Franco da. Sistema de Solução de Controvérsias no Mercosul. In: BAPTISTA, Luiz Olavo;
MERCADANTE, Araminta de Azevedo; CASELLA, Paulo Borba. Mercosul: das negociações à implantação. 2.ed. São
Paulo: LTr, 1998. p. 169.
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82
ACCIOLY, Hildebrando; NASCIMENTO E SILVA, G. E. do. Manual de Direito Internacional Público. 14.ed. São
Paulo: Saraiva, 2000. p.420.
83
REZEZ, J.F. Direito Internacional Público. 9ª ed. São Paulo. Ed. Saraiva. 2002.
84
BARRAL, Welber. O novo sistema de solução de controvérsias do Mercosul. In: Caderno de Temas Jurídicos -
Revista da OAB/SC nº 107, Dezembro/2002. p. 4.
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litigioso, por expressa determinação do artigo 14 deste Protocolo, sem prejuízo de posterior regula-
mentação das opções de foro pelo Conselho do Mercado Comum do Mercosul.
Também foi estabelecido, de forma mais expressa e imune a dúvidas ou lacunas, um poder ge-
ral de cautela na forma da possibilidade de adoção de medidas provisórias por parte do Tribunal que
poderá, a qualquer momento, por provocação ou de ofício, definir as medidas a serem adotadas para
prevenir eventuais danos, bem como sustar as medidas
Com relação ao Tribunal Permanente de Revisão, considerado a grande inovação do Protocolo
de Olivos, será composto por cinco árbitros, incluindo um nacional de cada Estado Parte, e que terão
mandato de dois anos. Neste procedimento, os árbitros atuam em grupos de três para revisar os lau-
dos dos tribunais ad hoc, sendo o recurso limitado às questões de direito e já examinadas pelo Tribu-
nal ad hoc.
Neste contexto, surge o instituto do laudo arbitral, com previsão no Protocolo de Olivos, e com
a tarefa de pôr um fim a um litígio e gerar obrigatoriedade, no que concerne ao cumprimento do refe-
rido laudo arbitral, a contar da notificação das partes envolvidas sobre a decisão arbitral adotada, sob
pena de adoção das chamadas medidas de compensação, instituto que só vem a somar no aprimora-
mento do sistema de solução de controvérsias do Mercosul, pois viabiliza a imposição de coerção indi-
reta com o fim de estimular o Estado soberano a cumprir de maneira voluntária as disposições e reco-
mendações veiculadas no laudo arbitral.
Em seu art. 25, o Protocolo de Olivos assevera : Os laudos do Tribunal Arbitral Ad Hoc e os do
Tribunal Permanente de Revisão serão adotados por maioria, serão fundamentados e assinados pelo
Presidente e pelos demais árbitros. Os árbitros não poderão fundamentar votos em dissidência e deve-
rão manter a confidencialidade da votação. As deliberações também serão confidenciais e assim per-
manecerão em todo o momento.
Na prática, os Estados que aceitaram se submeter às decisões emanadas na forma de laudo
arbitral pelo Trbunal Arbitral ad hoc ou Tribunal Permanente de Revisão, possuem o direito de produ-
zir provas e alegações e de constatar, através da fundamentação aposta no laudo arbitral, que tais
elementos foram conhecidos e efetivamente analisados pela corte de arbitragem, sob pena de cerce-
amento de defesa e de um comprometimento irremediável da legitimidade das decisões.
A exigência de fundamentação das decisões prevista no artigo supracitado guarda íntima simi-
litude com o ordenamento jurídico brasileiro, que em sua carta constitucional, elegeu a necessidade
fundamentação das decisões, bem como do princípio do contraditório e da ampla defesa como cláusu-
las pétreas de nossa constituição pátria e que devem ser assegurados aos litigantes em processos judi-
ciais e administrativos.
O art. 26.1 do Protocolo de Olivos estabelece o seguinte: Os laudos dos Tribunais Arbitrais Ad
Hoc são obrigatórios para os Estados partes na controvérsia a partir de sua notificação e terão, em
relação a eles, força de coisa julgada se, transcorrido o prazo previsto no artigo 17.1 para interpor re-
curso de revisão, este não tenha sido interposto.
O presente dispositivo levanta o caráter de obrigatoriedade dos laudos e não menciona o ter-
mo executoriedade, o que nos remete a uma inevitável distinção dos termos, o que nos remete ao
raciocínio de Valério de Oliveira Mazuolli que, ao tratar do instituto da arbitragem, em linhas gerais,
afirma que: a cogência do laudo existe, mas não à equiparação de verdadeira sentença judiciária in-
ternacional. Portanto, a regra em relação à arbitragem é que o laudo arbitral resolve definitivamente a
controvérsia, sendo mesmo obrigatório e vinculante para as partes envolvidas no litígio. É certo, con-
tudo, que o fiel cumprimento daquilo que ficou expresso no laudo arbitral dependerá da boa-fé das
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partes envolvidas, sob pena de incorrerem num ilícito internacional, podendo o Estado ser responsabi-
lizado pelos prejuízos que fez o outro de boa-fé sofrer85
Diante de tal afirmação resta clara a diferença entre obrigatoriedade e executoriedade, pois
esta remete necessariamente a um procedimento de execução forçada dos laudos arbitrais tal qual a
prolação de uma sentença judiciária prolatada no direito interno de um determinado Estado, o que se
torna totalmente inviável diante da soberania dos Estados contenedores, ainda que a questão debati-
da envolva particulares, bem como da inexistência de uma autoridade superior aos Estados no âmbito
do Mercosul.
O dispositivo ora mencionado (art. 26.1) condiciona a eficácia da decisão a uma efetiva notifi-
cação dos Estados, data a partir da qual poderão adotar as seguintes condutas: a)cumprir espontane-
amente as determinações arbitrais no prazo de 30 (trinta) dias, salvo estipulação diversa do Tribunal;
b)interpor recurso de revisão no prazo e nas condições do art. 17.1; c) interpor recurso de esclareci-
mento em caso obscuridade.
O art 26.1 estabelece, portanto, que as decisões proferidas pelo Tribunal Arbitral ad hoc, se
não forem alvo de recurso de revisão perante o Tribunal Permanente de Revisão no prazo assinalado
no art. 17.1, terão força de coisa julgada inter partes (entre os Estados contenedores).
No entanto, a coisa julgada a que se refere o dispositivo ora analisado é um instituto oriundo
do direito processual e, ao fazer uso deste instituto em sua redação, o protocolo em discussão incide
em erro ou atecnia, pois acaba por confundir os efeitos da decisão com a qualidade de imutabilidade
dos efeitos da decisão em relação às partes.
Em outras palavras, coisa julgada pode ser definida como a imutabilidade dos efeitos da deci-
são e não como o próprio efeito da decisão, ou seja, coisa julgada, no dizer do processualista Marcus
Vinicius Rios Gonçalves86 , “é a qualidade dos efeitos da decisão que se torna imutável quando contra
ela já não cabem mais recursos, não é propriamente o efeito ou força da decisão”.
O texto do Protocolo de Olivos empresta ao termo coisa julgada a definição de efeito da deci-
são, o que entra em rota de colisão com a compreensão deste instituto de origem eminentemente
processual, pois a imutabilidade não coincide sempre com a produção dos efeitos da decisão, ou seja,
com sua eficácia.
A razão da coisa julgada (imutabilidade dos efeitos da decisão) é a segurança das decisões que
ficaria seriamente comprometida se houvesse a possibilidade de rediscutir questões julgadas em cará-
ter definitivo, pois encerra, de uma vez por todas, a controvérsia ou conflito decidido.
Destacamos a posição de Welber Barral87 no que concerne às decisões referentes à desistência
ou acordo entre os contenedores no correr do procedimento arbitral, asseverando que: uma dúvida
remanescente se refere à desistência ou acordo entre os Estados Partes envolvidos na controvérsia.
Pelo Protocolo de Olivos, a desistência ou acordo levará à extinção da controvérsia. O Protocolo, en-
tretanto, não esclarece qual será o efeito jurídico deste acordo sobre os Estados envolvidos, nem obs-
ta a que se demande futuramente sobre o mesmo tema. Menos ainda, o Protocolo não estabelece
85
MAZUOLLI, Valério de Oliveira. Curso de Direito Internacional Público. São Paulo: Editora Revista dos Tribunais,
2006, p. 354-357.
86
GONÇALVES, Marcus Vinicius R.. Novo Curso de Direito Processual Civil. 3 edição. São Paulo: Ed. Saraiva, 2007,
p. 23
87
Sistema de Solução de Controvérsias no Mercosul. Disponível em: http://www.ambito-
juridico.com.br/site/?n_link=revista_artigos_leitura&artigo_id=3991&revista_caderno=19. Acesso em:
28.03.2014.
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uma sistemática de avaliação, pelos órgãos do Mercosul, sobre a compatibilidade entre o acordo al-
cançado e as normas de integração. Esta omissão pode permitir maior flexibilidade para os Estados
litigantes, mas desfavorece o comprometimento com as normas regionais
Em outras palavras, uma desistência ou um acordo celebrado pelos Estados partes, quando já
desencadeado o procedimento arbitral, não daria ensejo a uma decisão dotada de imutabilidade, ou
seja, não faria, nas palavras do autor supracitado, coisa julgada entre as partes, que poderiam, em
momento posterior, de acordo com sua oportunidade e conveniência, desencadear novo procedimen-
to para discutir a mesma matéria.
Estabelece o art. 27 do Protocolo de Olivos que: Os laudos deverão ser cumpridos na forma e
com o alcance com que foram emitidos. A adoção de medidas compensatórias nos termos deste Proto-
colo não exime o Estado parte de sua obrigação de cumprir o laudo.
Este dispositivo deve ser interpretado em conjunto com o disposto no art. 28 do Protocolo de
Olivos e que regula o instituto do recurso de esclarecimento, que, na prática, constitui uma possibili-
dade de aclaração dos termos, condições, forma e alcance da decisão veiculada através do laudo arbi-
tral, pois restando dúvidas acerca do modo de cumprimento, de quais medidas devem ser implemen-
tadas e de qual a respectiva extensão, cabe ao Estado parte e destinatário dos comandos veiculados
no laudo arbitral, interpor o já citado recurso com fim de receber do Tribunal prolator da decisão, ins-
truções precisas que viabilizem o efetivo cumprimento e o respeito à obrigatoriedade do laudo emiti-
do.
Ao se referir à forma de cumprimento do laudo, entendemos que o texto do Protocolo do Oli-
vos busca primordialmente estabelecer a natureza das determinações veiculadas no decisório arbitral,
pois é sabido que muitas decisões arbitrais se limitam a declarar a compatibilidade das condutas ado-
tadas pelos Estados em seu âmbito interno e nas relações com outros Estados com as regras, decisões,
resoluções e diretrizes que com põem o arcabouço jurídico do Mercosul, possuindo um caráter niti-
damente declaratório.
Outras, por sua vez, possuem um caráter declaratório, quando asseveram a incompatibilidade
de uma conduta ou prática adotada pelo Estado contenedor com o arcabouço normativo do Mercosul
e, em consequência, também determinam que, por exemplo, cessem os efeitos concretos amparados
em práticas desconformes com resoluções e outras espécies de diretivas do Mercosul, atribuindo,
concomitantemente, um caráter de cunho condenatório, com a possibilidade de que o Tribunal venha
a assinalar o prazo que entender razoável no caso concreto, levando em consideração os impactos das
medidas a serem implementadas, bem como a necessidade de um tempo hábil para que o Estado
obrigado possa adaptar sua estrutura interna para tanto, o que remonta a uma clara adoção de um
juízo de equidade por parte do Tribunal prolator e de observância aos princípios da razoabilidade e da
proporcionalidade. Senão vejamos: O Tribunal Arbitral “ad hoc” do MERCOSUL, constituído para o fim
de decidir controvérsia formulada pela Republica do Paraguai à Republica Oriental do Uruguai, diante
do pedido de aclaração formulado pelas partes com relação ao Laudo Arbitral expedido no dia 21 de
maio de 2002, determinou a imediata cessação dos efeitos discriminatórios que resultem de sua apli-
cação por via administrativa com relação aos cigarros de origem paraguaia. No ponto em questão, o
alvo de aclaração referiu à expressão “vi administrativa”, ficando, naquela oportunidade decidido que
a via administrativa mencionada na demanda e que desencadeia o que foi denominado pelo decisório
arbitral de pratica discriminatória, são os decretos emanados do Poder Executivo e demais normas
aplicáveis, citando, também naquela oprtunidade como exemplos, as Resolução da “DGI”, Dirección
General Impositiva. Por conseguinte, é preciso deixar claro que na obrigação de eliminar toda discri-
minação e violação de igualdade de tratamento, inclui-se na expressão ato admonistativo todo ato
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88
Laudo VIII - Aclaração do laudo Tribunal Arbitral “ad hoc” do Mercosul constituído para decidir a controvérsia
entre a República do Paraguai e a República Oriental do Uruguai sobre a aplicação do “IMESI” (Imposto específi-
co interno) à comercialização de cigarros - Disponível em:
http://www.tprmercosur.org/pt/docum/laudos/bras/Laudo_br_08_es_Impuesto_espec_inteno.pdf. Acesso em:
28.03.2014.
89
Laudo I - Laudo do Tribunal Arbitral Ad Hoc do MERCOSUL constituído para a controvérsia sobre os comunica-
dos Nº. 37, de 17 de dezembro de 1997 e Nº 7, de 20 de fevereiro de 1998 do departamento de operações de
comércio exterior (DECEX) da Secretaria de Comércio Exterior (SECEX): aplicação de medidas restritivas ao co-
mércio recíproco. Disponível em:
http://www.tprmercosur.org/pt/docum/laudos/bras/Laudo_br_01_es_Comunicados_DECEX_37_SECEX_7.pdf.
Acesso em: 28.03.2014.
90
BARRAL, W. O. - O Novo Sistema de Solução de Controvérsias do MERCOSUL. Revista da Ordem dos Advogados
do Brasil Conselho Federal. Brasília: , v.1, n.jul/dez, p.53 - 65, 2001.
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As medidas compensatórias foram criadas com o fim de reforçar o cumprimento dos laudos
arbitrais reforçando sua eficácia, sendo consideradas como sanções coercitivas impostas quando cons-
tatado o que se pode chamar de ilícito regional.
Diferentemente do sistema anterior que deixava exclusivamente a cargo do Estado a aplicação
de tais medidas, o atual sistema preferiu utilizar balizamentos e elementos que delimitam a aplicação
de tais medidas, bem como sua duração.
O Protocolo de Olivos, em seu art. 31.1, confere ao Estado favorecido pela decisão veiculada
no laudo arbitral a faculdade de imposição de restrições, suspensão de concessões ou outras obriga-
ções equivalentes na hipótese de descumprimento no todo ou em parte, pelo Estado obrigado das
disposições do laudo arbitral . Senão vejamos: Se um Estado parte na controvérsia não cumprir total
ou parcialmente o laudo do Tribunal Arbitral, a outra parte na controvérsia terá a faculdade, dentro do
prazo de um (1) ano, contado a partir do dia seguinte ao término do prazo referido no artigo 29.1, e
independentemente de recorrer aos procedimentos do artigo 30, de iniciar a aplicação de medidas
compensatórias temporárias, tais como a suspensão de concessões ou outras obrigações equivalentes,
com vistas a obter o cumprimento do laudo.
Em outras palavras, ao elencar as medidas que facultativamente podem ser adotadas pelo Es-
tado beneficiado, condicionadas ao inadimplemento das medidas determinadas na decisão arbitral e
dentro do período de 1(um) ano a contar do dia seguinte ao término do art. 29.1, o texto do Protocolo
de Olivos se usa de expressões genéricas, deixando à aplicação de tais medidas uma margem de op-
ções a serem adotadas a depender de cada caso em concreto.
Outro ponto relevante a ser destacado na redação do dispositivo em análise é o caráter tem-
porário de tais medidas, expressamente consignado pelo Protocolo.
O art. 31.2 do Protocolo de Olivos deixa clara a intenção de delimitar a liberdade do Estado
beneficiado no que concerne à aplicação unilateral das medidas compensatórias em face do Estado
obrigado, pois determina expressamente que, em primeiro lugar devem ser suspensas as concessões
ou obrigações equivalentes no mesmo setor ou em setores afetados.
Na segunda parte do art. supracitado, porém, reconhece a possibilidade de ineficácia ou im-
possibilidade de aplicação de tais medidas e passa a reconhecer a possibilidade de suspender conces-
sões ou obrigações de outro setor, com a obrigação de fundamentar as razões de tal conduta, confor-
me se demonstra através do disposto no referido dispositivo: O Estado Parte beneficiado pelo laudo
procurará, em primeiro lugar, suspender as concessões ou obrigações equivalentes no mesmo setor ou
setores afetados. Caso considere impraticável ou ineficaz a suspensão no mesmo setor, poderá sus-
pender concessões ou obrigações em outro setor, devendo indicar as razões que fundamentam essa
decisão.
Consideramos salutar a obrigação imposta ao Estado beneficiado de formalmente cientificar o
Estado obrigado acerca da aplicação de medidas de cunho compensatório, dando-lhe um conhecimen-
to prévio da adoção de tais medidas de no mínimo 15 (quinze) dias, pois desta maneira, serão respei-
tados os princípios da lealdade processual e da boa-fé entre os contenedores, além de conferir ao Es-
tado obrigado a possibilidade adotar as determinações da decisão arbitral e evitar a imposição de san-
ções amparadas em um ilícito regional.
5. Da faculdade de contestação das medidas compensatórias
O art. 32 do Protocolo de Olivos prevê a possibilidade de o Estado obrigado e alvo de medidas
compensatórias, levar ao conhecimento do Tribunal Arbitral ad hoc ou do Tribunal Permanente, a exis-
tência de excessos ou abusos na plicaçao de tais medidas, no prazo de 15 (quinze) dias a contar da
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notificação a que se refere o art. 31.3, nos termos da seguinte redação: Caso o Estado Parte beneficia-
do pelo laudo aplique medidas compensatórias por considerar insuficiente o cumprimento do mesmo,
mas o Estado Parte obrigado a cumprir o laudo considerar que as medidas adotadas são satisfatórias,
este último terá um prazo de quinze (15) dias, contado a partir da notificação prevista no artigo 31.3,
para levar esta situação à consideração do Tribunal Arbitral Ad Hoc ou do Tribunal Permanente de
Revisão, conforme o caso, o qual terá um prazo de trinta (30) dias desde a sua constituição para se
pronunciar sobre o assunto.
O disposto acima revela a circunstância de estar o Estado obrigado convencido de que que já
adotou as medidas determinadas através da decisão arbitral e que, portanto, não há fundamento para
a aplicação de medidas compensatórias pelo Estado beneficiado, o que restaria caracterizada pela
desarmonia de entendimentos quanto à legitimidade ou não de medidas compensatórias já aplicadas,
mostrando-se imprescindível ao exercício da competência do respectivo Tribunal que, no prazo de 30
(trinta) dias a contar de sua constituição para se pronunciar sobre o assunto, com a possibilidade de
inicio de um novo procedimento, com o desencadear de todas as suas fases típicas, para decidir acerca
do cumprimento de uma questão que já teve seu mérito anteriormente resolvido.
Ao ser constituído para dirimir o impasse quanto ao cabimento ou não de medidas compensa-
tórias em face do caso em concreto, o Tribunal possui como ponto central da questão, a observância
ou não das medidas veiculadas através do laudo arbitral pelo Estado obrigado, pois apenas se consta-
tado o descumprimento das disposições da decisão arbitral é que serão legítimas as medidas compen-
satórias levadas a êxito pelo Estado beneficiado, caso contrário, serão reputadas indevidas.
6. Conclusão
Resta claro que a eficácia e o cumprimento dos laudos arbitrais emanados pelo Tribunal Arbi-
tral ad hoc ou pelo Tribunal Permanente de Revisão, em sua competência originária ou em sede recur-
sal, nas hipóteses não vedadas pelo Protocolo de Olivos, estão intimamente ligadas com a tão buscada
segurança jurídica o âmbito do Mercosul, entretanto, o termo eficácia das decisões veiculadas na
forma de laudo arbitral deve ser compreendido , como o termo a quo para o cumprimento das dispo-
sições, haja vista a existência de uma cláusula compromissória automática.
Nossa doutrina e precedentes no âmbito do Mercosul, no estágio atual, não deixam claro se
seriam tais decisões de caráter vinculante apenas para os Estados- partes integrantes da divergência
solucionada pelo laudo arbitral ou as disposições veiculadas em uma determinada decisão também se
estenderiam para os demais membros do bloco, caso, no futuro, incidam em situações análogas ã já
decidida em sede de laudo arbitral, assim como não conseguem responder se tais decisões possuem o
condão de anular atos administrativos ou legislativos internos do Estado parte vencido na decisão arbi-
tral, caso sejam tais atos reputados contrários ao princípio e as regras de integração do bloco.
O Protocolo de Olivos e a Dec nº 37/2003 da CMC (regulamentação de diversos pontos do re-
ferido Protocolo) silenciam sobre tais questões e perpetuam estas deletérias lacunas que acabam por
fragilizar a credibilidade do sistema de solução de controvérsias do Mercosul e comprometem a evolu-
ção do processo de integração do bloco.
Daí, podemos chegar as seguintes conclusões: o primeiro ponto deixa claro que, dada a opção
do Mercosul pela intergovernamentalidade, parece claro que, a despeito de possuírem as normas re-
gionais efeitos no âmbito internacional, só haverá efetiva incorporação ao ordenamento interno, na
medida das singularidades de cada Estado quanto ao procedimento interno de incorporação de trata-
dos, sendo premente, para fins de segurança jurídica, que os Estados partes consagrem de forma clara,
em suas leis fundamentais, o primado do direito internacional sempre que confrontado com norma de
direito interno como já adotado nos ordenamentos argentino e paraguaio.
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Tal posicionamento seria útil e determinante para determinar o alcance da eficácia das deci-
sões, seja em relação a sua incorporação automática ou não pelos ordenamentos internos de todos os
signatários, seja para dirimir questões debatidas na doutrina e nos julgados, acerca da existência de
coisa julgada inter partes ou de um efeito vinculante que se estenda aos demais membros do bloco,
ainda que não tenham participado daquela controvérsia peculiar, mas que servirá como um importan-
te instrumento de desenvolvimento de uma jurisprudência genuína do bloco.
7. Referências
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mento do sistema de solução de controvérsias do MERCOSUL. Coimbra: Almedina, 2004.
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Sumario: § 1. Caracteres y funciones del dinero. 1.1. Introducción: derecho monetario y generalidades.
Clases de dinero. 1.1.1. Derecho monetario y bancas centrales. 1.2. Los conglomerados financieros. 1.3.
Clases de dinero: primeras consideraciones económicas y jurídicas. 1.4.1. Moneda legal y moneda ban-
caria. 1.4.2. El dinero electrónico. Directiva de la UE. 1.5. Instrumento de pago e inconvertibilidad mone-
taria. Extraterritorialidad y fiat money. 1.5.1. Concepción económica. 1.5.2. El dinero y la moneda. La
idea del dinero. 1.5.3. Concepto jurídico. Cursos legal y curso forzoso. § 2. Sistemas monetarios. 2.1.
Cambio del sistema monetario. § 3. Los Bitcoins: concepto y funciones. 3.1. Introducción. Primeras no-
ciones. 3.2. Conceptos básicos. Importancia del protocolo. 3.3. Aplicaciones: desventajas y ventajas. 3.4.
Derecho comparado. 3.4.1. Estados Unidos: el primer caso de regulación. 3.4.2. España, UE y Reino Uni-
do. 3.4.3. En la Argentina. 3.4.4. El Asunto C-264/14 del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. 3.4.5.
Bitcoin como bien: la posición por defecto de los ordenamientos jurídicos. 3.5. Aplicaciones teórico-
prácticas. § 4. Conclusiones
Resumen: El presente artículo trata acerca de la Abstract: This article is about the last monetary
última novedad monetaria, cuya originalidad radi- novelty, whose originality lies in a negative char-
ca en una característica negativa, ya que los bit- acteristic, since bitcoins are a kind of private
coins constituyen una suerte de dinero privado y money and not public, since their creation does
no público, desde que su creación no depende de not depend on any state but the creativity of who
ningún Estado sino de la creatividad de quién lo invented and its acceptance by the public and
inventó y su aceptación por el público que le re- recognized as such operations or services usually
conoce tal carácter y suele pagar operaciones o paid through them. Here it is begin to describe in
servicios por su intermedio. Acá se comenzará por the first part to the classic money, as we know it
describir en una primera parte al dinero clásico, today. And then, in a second part, the bistoins will
tal como lo conocemos hoy. Y luego, en una se- be displayed in its current operation, with its risks,
gunda parte, se mostrarán los bistoins en su fun- disadvantages and benefits, to finally arrive at
cionamiento actual, con sus riesgos, desventajas y certain conclusions about them.
beneficios, para arribar finalmente a ciertas con-
clusiones sobre ellos.
Palabras llave: bitcoins - dinero privado Keywords: bitcoins - private money
91
Doctor en Derecho y Profesor Titular Consulto, de la UBA, con 15 libros publicados y más de 100 artículos en
variadas revistas. Premio a la Producción científica (UBA, 1994). Dicta clases de grado y posgrados. Conferencista
y Referente de Área Económico Empresarial del Doctorado en Ciencias Jurídicas UMSA
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llamar derecho monetario, que, aún cuando no deja de tener consecuencias en los sectores jurídico –
privados, el tema más bien pertenece al campo del Derecho Público por expresar en términos jurídicos
la política monetaria de un país.
Por tanto, se puede y se debe conceder al dinero un significado más amplio que el resultante
de su consideración de cosa sobre la que versan ciertas obligaciones, al modo de nuestro Código Civil y
la reforma unificadora.
Precisamente, el dinero es la cosa que caracteriza el tráfico patrimonial moderno. El dinero fue
cabalmente en el pasado el instrumento de transformación histórica de la organización económica de
la sociedad que originó la aparición y consolidación de las instituciones jurídicas integradas histórica-
mente en el llamado Derecho Mercantil y que hoy constituyen el derecho patrimonial del tráfico y el
moderno derecho de la empresa.
En suma, el dinero constituye el factor esencial del comercio mediando el mercado, que es el
proceso en el que se determinan los precios de presente gracias a los numerosos intercambios perso-
nales atenidos al cálculo económico. Son las múltiples operaciones de cambio efectuadas en el pasado
las que determinan el precio histórico, que como un dato se ofrece al sujeto actuante a efectos de
practicar el cálculo económico en que se sustenta toda acción humana de dimensión económica.92
La reforma monetaria argentina que consagró la convertibilidad (ley 23.928) importó en gran
medida un retorno a las fuentes no ya constitucionales –como la reasunción del tipo de cambio por el
poder legislativo-, sino a otra más lejanas (históricamente en el tiempo), para la solución de los mo-
dernos problemas planteados con motivo de la –a veces excesiva- emisión de dinero por el Estado, o
mejor dicho, por algunos gobiernos.
Un breve repaso histórico demuestra que entre todas las cuestiones que comprometen la es-
tabilidad, monetaria y de precios, son descollantes la posición y las primitivas funciones de las bancas
centrales, aunque originariamente estaban alejadas de ese objetivo.
Precisamente, con la convertibilidad se intentó algo básicamente parecido, aunque más com-
plejo. Esto es, un sistema de tipo de cambio fijo combinado con otro de patrón-divisa, con garantía
constituida por reservas destinadas a solventarlo, en relación de equivalencia y contrapartida total con
la base monetaria. Todo ello en relación con la moneda nacional.
Esas primeras funciones de las bancas centrales –a las que las descritas se parecen- han estado
vinculadas al dinero y su emisión, dentro del sistema de convertibilidad por metálico, así como a su
resguardo y otros efectos, pero al tiempo de sancionarse la referida ley 23.928 se encontraban bas-
tante distantes de su sentido inicial.
Desde el dinero-mercancía, que implicaba la renuncia al consumo de ciertos bienes para utili-
zarlos como medios de cambio, hasta la posibilidad de emitir un bien de cambio distinto, independien-
temente y no consumible, como deuda no convertible para minimizar ese sacrificio al consumo –con el
dinero fiduciario-, la capacidad de sus productores ha ido evolucionando y han surgido otros proble-
mas.
En sus orígenes el sistema monetario permitía a los bancos comerciales privados producir ese
dinero, y hoy éstos producen otros dineros (en sentido económico, sin curso legal ni forzoso), el “dine-
92
Conf. CUESTA RUTE, José María de la El dinero y la representación de las posiciones acreedoras y deudoras en
el tráfico mercantil, en OLIVENCIA, Manuel Carlos Fernandez-Nóvoa, Rafael Jiménez de Parga (directores) y Gui-
llermo Jiménez Sánchez (coordinador) “Tratado de Derecho Mercantil”, Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Socia-
les, S.A., Madrid- Barcelona 2006, p.23 y ss.
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ro bancario”, como los cheques y las tarjetas de crédito, o el denominado “dinero escritural”, que for-
man parte de las cuestiones monetarias modernas –la masa monetaria, su expansión, la oferta mone-
taria y sus relaciones con la inflación de precios-, e inclusive se estuvo evaluando no hace mucho tiem-
po el retorno a esa facultad originaria para los bancos comerciales.
Precisamente el bitcoin es otro dinero, de carácter privado -análogamente al bancario recién
mencionado- y no público (como lo es el emitido por el Estado).
1.2. Los conglomerados financieros
Desde esta óptica resulta interesante recordar el asunto de las fusiones y los conglomerados
financieros, en la ya explicada acepción amplia, que agrupa a bancos, compañías bursátiles, asegura-
doras y otras. Aludimos acá a la concentración empresarial, que condujo al fenómeno de esos grupos
llamados conglomerados.
Dicho fenómeno comenzó a cobrar nuevo impulso cuando hace pocos años se reformó en los
E.E.U.U. la ley de servicios financieros, conocida por los nombres de dos senadores actuantes durante
la “gran depresión” de los años 30, como ley llamada Glass-Steagall.
Dicha ley imposibilitaba a las sociedades de banca, seguros y valores invadir por completo sus
respectivos territorios y operaciones. Desde que se dejó sin efecto, los bancos volvieron a comprar
seguros y las aseguradoras a comprar bancos, e igualmente comenzaron a participar ambos en las
bolsas de valores, concentrándose aún más el sistema.
Es de hacer notar también que en el otro extremo del camino económico las modernas legisla-
ciones conceden ahora a los consumidores y clientes la oportunidad de comprar en una misma entidad
casi todo tipo de servicios financieros, desde certificados de depósito hasta seguros de vida y negocia-
ciones bursátiles, haciéndolo todo incluso on line.
Todo esto forma parte de la problemática actual. Fue precisamente con la desvinculación en-
tre la oferta monetaria y el metálico, sucedida con aquella gran depresión de los años 30, cuando co-
menzaron a re-generarse esos problemas por distintas latitudes.
1.3. Concepción de Keynes
Para Keynes, (textual y las bastardillas no son del original) “la importancia del dinero surge
esencialmente de que es un eslabón entre el presente y el futuro. Podemos considerar qué distribución
de recursos entre los diferentes usos será compatible con el equilibrio, bajo la influencia de los moti-
vos económicos normales, en un mundo en que nuestras opiniones relativas al futuro son estables y
dignas de confianza por todos conceptos –quizá con una división más entre una economía que no
cambia y otra que está sujeta a variar, pero en la que todas las cosas se prevén desde el principio–. O
podemos pasar de esta propedéutica simplificada a los problemas del mundo real, en el que nuestras
previsiones anteriores pueden quedar fallidas, y las esperanzas relativas al futuro afectar lo que hace-
mos en la actualidad. Solo cuando hayamos realizado esta transición deben entrar en nuestros cálculos
las propiedades peculiares del dinero como un eslabón entre el presente y el futuro. Pero aunque la
teoría del equilibrio móvil debe seguirse necesariamente en términos de una economía monetaria,
sigue siendo una teoría del valor y de la distribución y no una “teoría del dinero” autónoma. El dinero
en sus atributos importantes es, sobre todo, un artificio sutil para ligar el presente con el futuro.”93
93
KEYNES, John Maynard Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, Fondo de Cultura Económica,
México-Buenos Aires, 6ta. edición en español, traducción de Eduardo Hornedo 1963, p.282.
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Justamente, los antes referidos problemas intentaron ser solucionados en nuestro país, con
esa revisión y readaptación de los primitivos mecanismos monetarios y cambiarios, aplicándose la
combinación de la convertibilidad de los años noventa.
Recordémoslo aquí nuevamente: en una concepción jurídica difieren las acepciones del len-
guaje como las aplicaciones de los conceptos y sus efectos. La economía nos explica para qué sirven los
bienes, el dinero y su cambio, mientras que el derecho nos indica qué es lo que se debe entender co-
mo tales.94
1.4. Clases de dinero: primeras consideraciones económicas y jurídicas
Sin perjuicio de mayores precisiones ulteriores, es posible hablar de clases de dinero desde el
punto de vista económico. Porque éste sólo depende de la confianza en la aptitud de un instrumento
para ser cambiado por cualquier otro. En este sentido, toda moneda es fiduciaria en cuanto descansa
en la confianza.
Volviendo a De la Cuesta Rute agregamos que el análisis económico del dinero se dirigirá a es-
tablecer la teoría del dinero y habrá de fijarse tanto en aspectos de macroeconomía como de micro-
economía. A estos efectos, se hablará del dinero propiamente dicho, de sustitutos monetarios y aún
de medios secundarios de intercambio […], por sustitutos monetarios se entiende lo que los economis-
ta denomina dinero crédito, es decir, aquel instrumento de cualquier configuración que da derecho a
cobrar de un deudor sin coste y a la vista una cantidad de lo que se llama dinero mercancía, denomi-
nación que evoca el origen del dinero en cuanto expresa la cosa – generalmente metal- que media en
el intercambio. El más genuino ejemplo del dinero crédito es el billete de banco. […]
El dinero-crédito se acepta como un sustituto monetario por la confianza que inspira el deudor
como cumplidor des su promesa de entregar a requerimiento del acreedor el dinero mercancía. El
deudor, pues ha de contar con las reservas oportunas de este dinero; las promesas de entregarlo que
excedan de las reservas de dinero mercancía son propiamente medios fiduciarios en sentido estricto.
Conviene dejar asentado que en la emisión de los sustitutos monetarios el sujeto principal es
un banco. Conviene también señalar que las reservas que soportan la emisión por el banco de las pro-
mesas de entregar dinero-mercancía provienen de sus propios recursos, bien de los caudales que reci-
be el banco de sus clientes, principalmente a causa de los depósitos de dinero.
Si pasamos desde el punto de vista económico al jurídico, las cosas, son distintas.
La intervención del Estado en la determinación de la moneda implica que sólo produzcan los
efectos jurídicos del dinero aquellos instrumentos a los que el Estado vincula autoritariamente esos
efectos. Se trata de lo que los economistas llaman el dinero fiat, que consiste en la moneda de curso
legal que, pudiendo tener cualquier configuración, muy señaladamente hoy se exterioriza mediante el
papel-moneda de curso forzoso (que ampliaremos seguidamente). Adviértase que en el dinero fiat, el
papel moneda no implica ninguna promesa por parte del Estado de entregar ninguna otra cosa que no
sea otro papel de la misma denominación.
De hecho en la actualidad el abandono del dinero-mercancía o incluso de toda referencia del
dinero a una cosa material (metálico: oro, plata, etc.), significa que el dinero es siempre fiat. Ello es
consecuencia del triunfo de la consideración jurídica del dinero sobre su consideración económica,
pero es el triunfo de la consideración jurídica más reduccionista, caracterizada, […] por la transposición
desde el plano del fin solutorio –o de pago- de una obligación al plano conceptual de lo que puede
cumplir únicamente esa finalidad, sin cuidado de las características objetivas de la cosa o materia a
94
GERSCOVICH. Carlos G. Derecho Económico Monetario. Ed. Depalma. Buenos Aires, 1991, p. 61 y ss.
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que la finalidad puede vincularse y en atención tan sólo a las circunstancias subjetivas de la voluntad
del soberano. […] Nótese que al poder ser rechazados los sustitutos como medio de pago, carecen de
la nota jurídica esencial de la moneda: su irrecusabilidad. Desde el punto de vista jurídico estos “susti-
tutos monetarios” deben ser tratados como subrogados del pago cuando efectivamente se den en
pago de una obligación pecuniaria.
[…] Desde un punto de vista económico y atendidas la experiencia y la ley de los grandes nú-
meros, los citados sustitutos monetarios cumplen de hecho la función del dinero y deben computarse
como tal a los efectos que para la economía tiene la cantidad de dinero en circulación en un momento
determinado.95
1.4.1. Moneda legal y moneda bancaria
Resulta inapropiado hablar de una moneda legal y de monedas no legales. Toda moneda es le-
gal porque sólo es moneda la de curso legal que es la que además puede ser dotada por la ley de curso
forzoso. Mas cumpliendo totalmente su función de ser medio en el cambio, perviven los sustitutos
monetarios que, como se vio antes, consisten en un derecho a percibir dinero por parte del emisor de
esos sustitutos a la vista y sin cargo para el acreedor.
Los emisores no pueden ser más que entidades bancarias y de ahí que se hable entonces de
moneda bancaria. Aun cuando determinados “productos bancarios” puedan operar de hecho, siendo
la función del dinero, de derecho, aquéllos nunca son dinero y por lo tanto deben ser objeto de estu-
dio sistemático en el lugar en el que se analizan las operaciones y contratos bancarios, y en cuanto a
que por virtud de éstos surgen créditos contra el banco que pueden entregarse como medio de pago
de otras obligaciones; el estudio jurídico de este uso deberá practicarse bajo la consideración de la
cesión de créditos y los subrogados del pago. En ningún caso, pues, es este lugar adecuado para abor-
dar los problemas que plantea una supuesta moneda bancaria que propiamente no existe como tal, sin
perjuicio del llamado “multiplicador dinerario” que operan los bancos (al cual nos hemos referido en
otras oportunidades, explicando su función y sentido).
La llamada moneda bancaria podría equipararse económicamente el hecho de recibir parcial-
mente una suma de dinero al entregarse un instrumento que permite disponer de una suma de dine-
ro. Pero esto no es así en el plano jurídico, puesto que no es igual que para los efectos del pago de una
deuda pecuniaria que se entreguen las piezas monetarias expresivas del dinero o se ceda el crédito
que permite disponer de las correspondencias piezas monetarias. En la actualidad, y debido al peculiar
y privilegiado régimen que permite a los bancos disponer de lo que debieran ser fondos de cobertura
del crédito o, mejor, reservar tan solo una fracción de su importe, no puede afirmarse que jurídica-
mente se pueda considerar pagada la deuda de dinero mediante la cesión de un crédito a obtenerlo
del banco. El acreedor no puede tener la completa seguridad de obtener las piezas monetarias de par-
te de este deudor. El acreedor corre el riesgo, por pequeño que sea, de la insolvencia del banco. De ahí
que debemos negar que pueda hablarse de una moneda bancaria desde este punto de vista.96
1.4.2. El dinero electrónico. Directiva de la UE
95
CUESTA RUTE, José María de la, El dinero y la representación de las posiciones acreedoras y deudoras en el
tráfico mercantil, en el “Tratado de Derecho Mercantil” de Manuel Olivencia, Carlos Fernandez-Nóvoa, Rafael
Jiménez de Parga (directores) y Guillermo Jiménez Sánchez (coordinador), Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y
Sociales, S.A., Madrid- Barcelona 2006, p.36 y ss.
96
Conf. de nuevo CUESTA RUTE, José María de la, El dinero y la representación de las posiciones acreedoras y
deudoras en el tráfico mercantil, cit., ps.38/9.
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Gracias a las nuevas tecnologías aplicadas al tráfico o a los intercambios que han dado origen
al e-commerce (“comercio electrónico”) ha surgido el llamado dinero electrónico
El dinero electrónico se define como: “un valor monetario representado por un crédito exigible
a su emisor: (i) almacenado en un soporte electrónico, (ii) emitido al recibir fondos de un importe cuyo
valor no será inferior al valor monetario emitido, y (iii) aceptado como medio de pago por empresas
distintas del emisor”.
Tal es la definición contenida en el artículo 1º 3. b) de la Directiva 200/46/CE del Parlamento
Europeo y del Consejo, de 18 de septiembre de 2000.97
El dinero electrónico se concibe como un instrumento electrónico de pago distinto de los ins-
trumentos de pago a distancia, como las tarjetas, al servicio del aprovechamiento por el comercio
electrónico de las ventajas de la innovación tecnológica. Esta consideración nos advierte que el dinero
electrónico reduce el campo de su función al de los intercambios efectuados en el espacio cibernético.
El hecho de sus encriptamiento en un soporte electrónico excluye la posibilidad de hablar de
moneda representativa del dinero electrónico. En rigor, éste es una forma de representar el dinero
corriente o efectivo. La propia Directiva citada señala en su Considerando 3 que se considera el dinero
electrónico “como un sustitutivo electrónico de las monedas y los billetes de banco”, cosa que se reite-
ra en el Considerando 7. Nótese que aquí se habla de “monedas” como piezas metálicas por contrapo-
sición a los “billetes de banco” que son piezas de papel significando unas y otros los modos en que
actualmente se representa la moneda corriente y, por ende, el dinero de nuestros días.
El dinero electrónico se emite contra fondos entregados al emisor. Naturalmente esos fondos
consistirán en moneda corriente o efectiva, con la que en realidad se compra o, si se quiere, se cambia
la moneda electrónica. Por esa razón, el importe de ésta será igual o inferior al importe de los fondos
recibidos por el emisor expresado en la unidad de cuenta del dinero corriente o efectivo.
Conviene además señalar que la preocupación por establecer una “supervisión cautelar de las
entidades de dinero electrónico en la medida necesaria para garantizar su gestión responsable y pru-
dente así como su integridad financiera”, lleva a que la emisión de dinero electrónico se conciba vincu-
lada al cambio por dinero corriente (Considerando 5 de la Directiva citada). Especialmente la Directiva
pone énfasis en señalar que la emisión de dinero electrónico lleva una cuenta apropiada por debe y
haber en que se anoten la recepción de fondos del cliente y la emisión de dinero electrónico a cambio.
Ahora bien, en todo caso, puesto que el dinero electrónico ha de poder cambiarse por dinero
corriente, ya sea que los fondos se entreguen al emisor para un cambio inmediato a aquel dinero, o se
consideren confiados en depósito o por otro título que los haga reembolsables, se impone que el emi-
sor que disponga de ellos haya de hacerlo de modo prudente y líquido según establece el art. 5º de la
Directiva 200/46/CE, de 18 de septiembre. Y en coherencia con ello, la misma Directiva establece un
régimen para las entidades de dinero electrónico especial respecto del general para todas las entida-
des de crédito que, a tener de la Directiva 2000/12/CE, podrán emitir y gestionar el dinero electrónico.
97
Puede consultarse a VALERO LÓPEZ Francisco J. y otros en La política monetaria en el área del Euro, “Colección
de Economía y Finanzas nº6, Madrid, 2000, ps. 20, 37 passim; y ampliarse en FERNÁNDEZ, Xavier Aspectos jurídi-
cos de la introducción del euro, ed. Tribuna Internacional, Universidad de Barcelona, 2001, p.80 y ss., donde éste
incluso brinda ejemplos sobre las que en Análisis económico del derecho –AED- se denominan “externalidades
negativas” en los contratos, que facilitarían su resolución al introducirse una moneda distinta en la legislación
aplicable.
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98
CUESTA RUTE, José María de la, El dinero y la representación de las posiciones acreedoras y deudoras en el
tráfico mercantil, cit., ps.39 y 40.
99
El principio de la soberanía del Estado en materia monetaria es hoy universalmente admitido, y se ha llegado a
él con el correr de los siglos. Poco a poco el Estado se ha hecho dueño de la moneda, constituyendo a su favor
una importante fuente de ingresos provenientes de la acuñación o de la falsificación. En Francia, por ej., el dere-
cho de la regalía monetaria perteneció durante mucho tiempo a los príncipes y señores, y es solamente en el
momento de la reunión de los grandes feudos a la Corona que el Estado adquirió un poder monetario absoluto.
SCHOO, Alberto Régimen jurídico de las obligaciones monetarias internacionales, edit. Guillermo Kraft Ltda.. S.A.,
Bs.As., 1940, pág. 82, nota 128.
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2ª) carece de respaldo en metálico o en moneda extranjera, o sea que el emisor, que tiene el
monopolio –estatal- de ese dinero a través del Banco Central, lo crea como de curso forzoso y no se
compromete a cambiarlo por ningún otro objeto, y
3ª) no requiere recursos para su producción.
Hoy tenemos entonces lo contrario a la ley 23.928, esto es y en términos nominales estrictos,
una inconvertibilidad monetaria: el curso forzoso de la moneda nacional, dispuesta por la legislación
de la emergencia (ley 25.561, Título III, artículos 3, 4 y concordantes.)100, tal y como la habíamos anti-
cipado en su momento.101
La caracterización aquí expuesta (fiat money) es también susceptible de atribuirse al bitcoin.
1.5.1. Concepción económica
En cuanto al dinero en sí, se puede entender elementalmente por tal algo muy concreto, como
las piezas que lo componen en su materialidad, cuando ella existe: cosas muebles perecederas, en el
sentido del derecho civil.
Su concepto también está abarcado por la acepción económica, que tiene un contenido ins-
trumental, ya referido en otras oportunidades.
La caracterización económica del dinero apunta a sus funciones, generalmente aceptadas:
(1) medio de cambio, al desdoblarse la primitiva operación de trueque o permuta directa de
mercaderías no ya para satisfacer necesidades sino, excediendo a éstas, por la aceptación generalizada
de algunas de aquéllas, utilizadas para facilitar los intercambios. De los ejemplos de esta función deri-
van también algunos significativos vocablos, como la sal (salario), o el ganado (pecus: pecunia, pecu-
niario), y su aptitud para adquirir otra mercancías, midiendo de modo uniforme su valor para el cam-
bio e inclusive para pagar deudas (así ocurrió ulteriormente con otros objetos y los metales, como el
aceite, las pieles, el vino, cobre, hierro, etc.);
(2) unidad de cuenta o de valor, patrón de medida y de contratación, que deriva de la anterior
pero con un significado diverso, al permitir cuantificar y contabilizar deudas y créditos en relación con
su poder adquisitivo y el precio de los bienes y servicios (el concepto del dinero en este sentido es
esencialmente abstracto a igual al del “metro” como unidad de medida)102;
100
Respecto del artículo 3 de la vieja ley 23.928 de convertibilidad, el BCRA podía continuar comprando divisas
con sus propios recursos, o emitiendo los pesos necesarios a tal fin, y venderlas (no “a precios de mercado”,
cuestión importante que ya se aplicaba en las ofertas diarias de intervención cambiaria del Ente Rector, sino
como lo indica el texto actual), con arreglo a la misma LE. Pero lo ideal es que lo hiciera con fondos genuinos, en
lo posible que sean producto de superávit fiscal y no de pura emisión, que es susceptible de generar inflación.
101
Conf. GERSCOVICH, Carlos G. Derecho económico monetario, Depalma, Buenos Aires, 1991, p. p.160, nº59,
donde dijimos que la eventualidad de que vuelva a implantarse el curso forzoso como “hecho del príncipe”, por
cuestiones fiscales, monetarias, etc., no debe dejar de ser considerada y esbozamos allí algunas de sus conse-
cuencias.
102
Enseña OLARRA JIMÉNEZ, El dinero y las estructuras monetarias cit., Aguilar, Buenos Aires, 1967, pág. 32, que
la idea de una unidad de valor surgida de una mercadería-medio de cambio, fue desarrollada por Turgot, Refle-
xions sur la formation et la distribution des reicheses, 1770, quien razona así: supongamos que en un país se usa
como medida la oveja. Los valores de los otros bienes se expresan en términos de ovejas. Por ejemplo, tal canti-
dad de vino o de trigo equivale a una oveja. Con el curso del tiempo la palabra ‘oveja’ termina por disociarse de
la idea de una oveja viviente y pasa a significar un cierto valor. Si súbitamente se apestan las ovejas reales y su
número se reduce mucho, de modo que haya que doblar la cantidad de vino o de trigo por una sola oveja, la
gente dirá que una oveja real vale dos “ovejas”. La “oveja” es ahora la expresión de un valor abstracto.
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(3) Medio de atesoramiento o acumulador de valor, activo monetario que presta diversas utili-
dades (transacción, precaución y especulación), que la doctrina económica-monetaria contemporánea
ha desarrollado con amplitud.103
La desmaterialización de la noción de dinero alcanza su punto culminante con los denomina-
dos dinero bancario y escritural, a los cuales se añade el empresarial, como generador de renta que
afluye a la sociedad, erigiéndose el dinero en la pieza maestra y fundamental de toda la teoría moneta-
ria ...
Más adelante evaluaremos la aplicabilidad de los precedentes conceptos a los bitcoins que
constituyen el objeto de este trabajo.
La teoría monetaria, como todas las teorías, va evolucionando, y desde aquellos economistas
hasta el presente han pasado muchas cosas. Anteriormente no se consideraba que el dinero pudiera
influir en una realidad económica que se movía a impulso de sus propias leyes. En cambio, con la eco-
nomía monetaria, hoy se concede al dinero una importancia fundamental en el desarrollo de los fe-
nómenos económicos, al extremo de haberse colocado a esa teoría en un primer plano en cuanto a la
programación regulatoria –para el corto plazo- de esos fenómenos y sus consecuencias, como es el
caso de las leyes o regulaciones de emergencia.
La razón de esta diametral divergencia de opiniones entre los economistas clásicos y los de
nuestros días, dice Echevarría, radica en que los primeros recluyeron al dinero casi al olvido en un rin-
cón que le habilitaron dentro de la teoría general del valor, por haber presupuesto su inalterabilidad;
en tanto que los segundos descubrieron su inestabilidad y, a partir de ella, el parentesco existente
entre los fenómenos monetarios y la estabilidad económica. Completa esa diferencia el mencionado
autor indicando keynesianamente las causas de la actual aproximación entre el dinero y la estabilidad
económica: se trata del elemento más dinámico en la economía moderna, constitutivo de un fondo de
maniobra que permite actuar sobre el consumo, la inversión, el ahorro y el nivel de empleo, que puede
ser regulado mediante ajustes monetarios que, a su vez, son públicamente controlables.
De modo que respecto al dinero la doctrina económica proporciona respuestas que tienen ma-
yor amplitud: en el mercado se cambian bienes lato sensu, es decir, aquellos que provean utilidad para
satisfacer necesidades. Sean directos o instrumentales, encontrándose entre éstos el dinero y a fortio-
ri la moneda extranjera, como bienes de cambio, e incluyéndose dentro de esta última expresión ope-
raciones y contratos variados (sociedad, locación de cosas y servicios, etc.).
1.5.2. El dinero y la moneda. La idea del dinero
Críticamente expresa Cuesta Rute que “la misión de hacer concreto y material el poder abs-
tracto e inmaterial del dinero la realiza la moneda, que, como se advierte, no es nada funcionalmente
distinto del dinero. Es sólo aquello que lo representa, esto es, lo hace presente en el mundo ineludi-
blemente material y concreto del hombre. No es necesario señalar que la moneda como algo distinto
por su función de una mercadería se unió en sus orígenes a un bien material apreciable por sí mismo
como eran los metales nobles. La moneda fue originalmente un signo del dinero, pero constituido ma-
terialmente sobre una cosa con determinadas cualidades que como tal convivía con la moneda que
sólo representaba un uso de esa cosa, uso que se hacía visible gracias al cuño que determinaba la mo-
neda.”
103
GERSCOVICH, Carlos G. Derecho Económico Monetario, cit., Depalma, Buenos Aires, 1991, pág. 67. ECHEVA-
RRÍA, Juan Teoría del dinero y el comercio internacional, 2ª edición, Madrid, 1985, explica seis funciones distintas
del dinero que entendemos se resumen en las del texto. Conf. Robert Mundell, El hombre y la economía, Buenos
Aires, 1972, pág. 48 y ss.
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104
GERSCOVICH Carlos G., Derecho económico monetario cit., p.67.
105
CUESTA RUTE, José María de la, El dinero y la representación de las posiciones acreedoras y deudoras en el
tráfico mercantil, en OLIVENCIA, Manuel Carlos Fernandez-Nóvoa, Rafael Jiménez de Parga (directores) y Gui-
llermo Jiménez Sánchez (coordinador), “Tratado de Derecho Mercantil” de Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y
Sociales, S.A., Madrid- Barcelona 2006, p.33 y ss., passim.
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La atribución al dinero del carácter de “medio” de pago, solamente, sin la calidad de legal, im-
plica el sentido económico antes indicado, que abarca a los bienes, a las mercancías y, dentro de ellas,
a todas las monedas, nacionales o extranjeras106
Es que para el concepto jurídico, dinero sólo es el nacional, el emitido por el propio país y para
ser utilizado en su interior. No lo es la moneda extranjera, tratada como una cosa o mercancía (como-
dity) en muchas legislaciones, tal y como lo fue en la nuestra hasta el dictado de la ley de convertibili-
dad 23.928 que le asignó un poder cancelatorio equivalente a la nacional.
De aquí que no corresponde considerar jurídicamente como dinero al denominado “escritu-
ral”, no lo son los títulos de crédito, o títulos valores, ni tampoco lo son los documentos cambiarios,
aun cuando tengan por objeto el pago de sumas de dinero, estén concebidos al portador y a la vista,
como pueden serlo los cheques llamados “de pago”. Y no lo son porque no cumplen las condiciones
esenciales indicadas en este punto para el dinero.
Implícito en el concepto, como lo señala la unanimidad de la doctrina, es que el dinero consti-
tuye un atributo que caracteriza la soberanía y la independencia de un Estado, que no perece para
éste y sí para quién lo consume.
Con lo adelantado en las secciones anteriores entendemos además aclarada la diferencia entre
el curso legal y el curso forzoso del dinero, que seguidamente completamos con los datos históricos
nacionales siguientes107
Durante todo el período colonial y hasta 1822 Argentina tuvo en un patrón monetario metálico
que luego fue sustituido por el uso de papel moneda emitidos por el Banco de Descuento que, si bien
no eran de curso legal representaban una obligación de cambio en cabeza del banco emisor (los pape-
les eran convertibles a moneda de curso legal).
En 1881 se dictó la ley que estableció la primera unidad monetaria para todo el país: el peso
oro, y se autorizó la libra acuñación de monedas de oro y otro tanto de monedas de plata. La ley dio
curso legal a las monedas que autorizó a acuñar. Mientras tanto los bancos debían convertir sus obli-
gaciones a la nueva unidad monetaria.
En 1885, tras una corrida de reservas, el Poder Ejecutivo Nacional autorizó la suspensión de la
obligación de convertir en metálico y se estableció el curso forzoso de los billetes, que debían ser reci-
bidos por su valor escrito (es decir, se salió de la convertibilidad para dar lugar a la inconvertibilidad). El
decreto del PEN disponía que las obligaciones “a oro” pendientes al 9 de enero de 1885 se podía can-
106
Conf. NUSSBAUM, Arthur Teoría jurídica del dinero trad. de Luis Sancho Serral, Revista de Derecho Privado,
Serie B, Vol. IX, Librería General de Victoriano Suarez, Madrid, 1929, p. 87. Añade con acierto Echevarría, ob. cit.,
pág. 24 y ss. dos aspectos que contribuyen a la delimitación del concepto. El primero, que no está del todo claro
si una cosa, para ser dinero, ha de cumplir todas las funciones indicadas, o bastará con que cumpla alguna de
ellas, a lo que se responde con las diferenciaciones del texto. El segundo, que si el dinero como unidad de cuenta
es un concepto etéreo y abstracto, no puede significar al mismo tiempo monedas o billetes, que son objetos bien
concretos. La respuesta a esos interrogantes se sitúa en la diferenciación de esto último, particularmente en
razón de su emisor (el Estado, aparte del “dinero” creado por los particulares y las empresas, como el bancario,
merced al conocido “multiplicador” derivado de los efectivos mínimos, encajes fraccionarios, reservas y relacio-
nes técnicas), con la consideración de que la mejor síntesis de todas las funciones del dinero es la de medio legal
de pago, ya que engloba a las económicas y tiene los alcances jurídicos que indico en el texto.
107
Cuyo aporte agradezco a la Dra. María Florencia Crespo, sin perjuicio de que para más detalles puede ampliar-
se con el artículo de TASSARA Federico y Pablo Borio, Banco Central, una institución indispensable para el desa-
rrollo, publicado en “Ensayos Económicos” 61/62, Enero-Junio 2011, BCRA Investigaciones Económicas, p.253 y
ss.
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celar legalmente con billetes a su valor escrito; pero la obligación “a oro” pactada al 10 de enero se
debía pagar a oro o bien en papel por su valor comercial, o sea, según la cotización del oro en la Bolsa
de Comercio. La ley no limitaba en forma alguna el derecho de pactar a Oro después de impuesta la
circulación legal de los billetes inconvertibles (ya no se podían presentar para que fuera entregado el
metálico), y las obligaciones así pactadas debían cumplirse en oro o papel según la correspondiente
cotización. A modo de resumen, cabe decir que las obligaciones existentes en la fecha de la suspen-
sión de la convertibilidad resultaban afectadas por ella; las contraídas después se debían cumplir e la
moneda en que se pactaran.
Este Decreto del PEN vino a definir las consecuencias de lo que es dinero de curso legal. Mien-
tras los billetes emitidos por los bancos no eran dinero de curso legal, el papel moneda del gobierno sí
lo era y servía para cancelar todas las obligaciones públicas y privadas. Asimismo, cualquier obligación
constituida en moneda diferente a la de curso legal podía ser cancelada con esta; excepto en los casos
en que se trate de monedas especiales, que se asimilan a las obligaciones de dar cosas.
En definitiva cabe remarcar que conceptualmente los billetes y monedas nacionales tienen
curso legal, consagrado en la C.O. del BCRA., art. 31, “en todo el territorio de la República Argentina
por el importe expresado en ellos” (sic, ratificando en apariencia el principio nominalista del Código
Civil, art. 619, y de la ley de convertibilidad 23.928, art.7).
Dicho curso legal implica jurídicamente la necesaria obligatoriedad de ser aceptado el dinero,
la moneda o el billete, por el acreedor (principio de irrecusabilidad), tenga o no valor intrínseco, e in-
cluso en caso de que sea él inferior al expresado en la pieza monetaria (moneda fiduciaria).
No se debe confundir ese curso legal con el curso forzoso, (al decir de Nussbaum) congénere
de aquél, que importa adicionar a su calidad de legal la dispensa de reembolso, tradicionalmente por
metálico, oro, plata, etc., para el emisor (inconvertibilidad, tal y como funciona actualmente).
Y frente a estos conceptos cabe volver a preguntarse, nuevamente, ¿cómo queda la moneda
extranjera? Esto es, la que carece de curso legal en nuestro país, pero lo tiene en los territorios de los
países que la emitieron.
Este asunto lo habíamos tratado en ocasión del dictado de la ley 23.928 de convertibilidad108
que modificó los artículos 617 y 619 del Código Civil, los cuales quedaron entonces como sigue:
Art. 617. Si por el acto por el que se ha constituido la obligación, se hubiere estipulado dar mo-
neda que no sea de curso legal en la República, la obligación debe considerarse como de dar sumas de
dinero.
Art. 619. Si la obligación del deudor fuese de entregar una suma de determinada especie o cali-
dad de moneda, cumple la obligación dando la especie designada, el día de su vencimiento.
Estimamos entonces que la cuestión no era clara, porque la primera disposición asimilaba la
moneda extranjera al dinero, sin considerarla tal, y la segunda le asignaba a su entrega -en esa extraña
condición- el efecto de pago.
Así, entre opiniones discordantes como las de Alterini109 y Boggiano110 nos enrolamos en la co-
rriente mayoritaria que no reputaba a la moneda extranjera como dinero 111 puesto que para la norma
108
GERSCOVICH Carlos G., Derecho económico monetario, cit., p.78.
109
ALTERINI, Jorge H. Obligaciones en moneda extranjera y la hipoteca, L.L. 1987-E-p.873: la moneda extranjera
como cosa y dinero a la vez por su ubicación dentro del Código, entre las obligaciones pecuniarias
110
BOGGIANO, Antonio Obligaciones en moneda extranjera, Depalma, Buenos Aires, 1987, p.2, sosteniendo una
derogación tácita del art.617 cit. con apoyo en fallos de la Corte.
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originaria de nuestro Código Civil (artículo 617) era una cosa, una mercancía cuya entrega no liberaba
al deudor sin consentimiento del acreedor.
Para más y aparte de otros fundamentos no se le podía reconocer aptitud dineraria a la mone-
da extranjera en razón de que la ley 1130 impedía su utilización con aptitud cancelatoria dentro del
territorio de la Nación.
En consecuencia, por ser el curso forzoso lo opuesto a la convertibilidad parecía inadmisible
que la moneda extranjera tuviera curso legal.
El análisis normativo confirmaba que carecía de ambos atributos:
1º) no tenía curso forzoso precisamente por ser convertible; y
2º) tampoco tenía curso legal porque ningún acreedor estaba obligado a recibirla (en la misma
irrecusabilidad se centra este concepto), aunque podía aceptarla voluntariamente, por acuerdo inter
partes. No obstante se le acordaba igual poder cancelatorio (en el trascrito art. 619). Ya no era más
una cosa, pero tampoco era dinero, sino “algo” (?) limitadamente asimilable a éste.
Entonces, atento a todo ello, volvemos al interrogante actual, en vistas a la reforma unificado-
ra de los códigos civil y comercial, cuyo artículo 765 según el texto modificado por el Poder Ejecutivo
Nacional dispone lo siguiente:
Art. 765. La obligación es de dar dinero si el deudor debe cierta cantidad de moneda, determi-
nada o determinable, al momento de constitución de la obligación. Si por el acto por el que se ha cons-
tituido la obligación, se estipuló dar moneda que no sea de curso legal en la República, la obligación
deberá considerarse como de dar cantidades de cosas y el deudor podrá liberarse dando el equivalente
en moneda de curso legal, de conformidad con la cotización oficial.
Cabe hacer notar que el texto originario del Anteproyecto mantenía el concepto antes comen-
tado,112 con lo cual vuelve a reproducirse la cuestión que reseñamos en la precedente digresión de lo
ocurrido con la convertibilidad.
En efecto, entre los fundamentos de dicho Anteproyecto puede leerse: Obligaciones de dar di-
nero
Hemos respetado los principios del derecho monetario argentino, así como los grandes linea-
mientos de la doctrina y jurisprudencia. En particular, se mantiene el sistema nominalista, así como la
equiparación entre la moneda nacional y la moneda extranjera. Se trata de la derivación necesaria, en
palabras de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (López, Antonio Manuel c/ Explotación Pesquera
de la Patagonia SA.”, Fallos:315:1209), de “un proceso de estabilización de la economía”.
En este caso, es necesaria una definición de carácter normativo que establezca con claridad y
precisión el alcance de la obligación. Por eso, se dice que es de dar dinero si el deudor debe cierta can-
tidad de moneda, determinada o determinable, al momento de constitución de la obligación. Si, por el
acto por el que se ha constituido la obligación, se hubiera estipulado dar moneda que no sea de curso
legal en la República, la obligación debe considerarse como de dar sumas de dinero. Se dispone que el
111
HIGHTON, Elena I. Hipoteca en moneda extranjera, p.17 y ss., MOSSET ITURRASPE, Jorge y Ricardo Lorenzetti,
Derecho monetario, Rubinzal Culzoni, Santa Fe 1989, ps.115, 160.
112
Puesto que expresaba “Articulo 765. Concepto. La obligación es de dar dinero si el deudor debe cierta canti-
dad de moneda, determinada o determinable, al momento de constitución de la obligación. Si por el acto por el
que se ha constituido la obligación, se estipulo dar moneda que no sea de curso legal en la Republica, la obliga-
ción debe considerarse como de dar sumas de dinero.”
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deudor debe entregar la cantidad correspondiente de la especie designada, tanto si la moneda tiene
curso legal en la República como si no lo tiene.”
Con la modificación hecha por el P.E.N. se retrocede a la noción de la moneda extranjera como
“cosa”, ya superada por la doctrina nacional citada (entre los que se encuentran los ya mencionados
miembros de la Corte, Dres. Highton y Lorenzetti, quienes junto con la Dra. Kemelmajer de Carlucci
fueron los autores y conductores del Anteproyecto preparado con la participación de otros numerosos
juristas).
Además se incorpora a una ley de fondo un concepto que es impropio en ella, porque hace a la
política monetaria, que es sumamente movible y suele ser cambiante. Se supone o se quiere además,
con ello, que el mercado oficial de cambios vaya a perdurar para siempre, en contraste –o no- con otro
mercado libre (lo cual lamentablemente genera el llamado mercado “paralelo”, más modernamente
“blue”, con un tipo de cambio más alto, que el gobierno actual ha querido combatir, junto con la vieja
costumbre de los argentinos de ahorrar en monedas foráneas, especialmente el dólar).
No vemos mucho más para decir y entonces concluimos acá en que la unificación vino así por-
que -desde el oficialismo cesante en diciembre de 2015- se ha querido decididamente pesificar por
completo la economía nacional, los contratos, las empresas y los negocios, desconociéndosele valor y
poder cancelatorio a la moneda extranjera (más precisamente al dólar estadounidense)113
Consecuentemente, si al bitcoin se lo considerase una “moneda extranjera”, carecería de curso
forzoso (irrecusabilidad) y de curso legal (extinción de obligaciones), salvo su aceptación voluntaria
inter partes, aunque con carecería de efectos respecto de terceros, a no ser que estos también acepta-
ran las respectivas operaciones efectuadas.
§ 2. Sistemas monetarios
Según Nussbaum114 “El concepto de la Währung, en el sentido de sistema monetario, es real-
mente de importancia decisiva para la inteligencia de la moneda moderna.
Se entiende por tal un sistema de signos monetarios fundados en una misma unidad ideal o
fundamental.
Estos sistemas sólo pueden ser creados como organizaciones metódicas por el Estado. El desa-
rrollo de sistemas perfectos, como pueden serlo, por ejemplo, los de la libra, el dólar, el franco, la lira,
el marco, etc., pertenecen en lo esencial a los siglos XVIII y XIX, especialmente a este último. Están
caracterizados por la existencia de un gran número de elementos ordenados con arreglo a criterios de
economía monetaria, que hacen posible una cómoda representación de cualquier cantidad, y por regir
exclusivamente en el territorio del Estado.
Desde luego que cuando el magistral autor escribía estos conceptos no existían las modernas
tecnologías que posibilitan la creación de instrumentos transferibles y mucho menos electrónicamen-
te, o informáticamente y esto es aplicable a los bitcoins.
La idea de sistema monetario representa en la historia evolutiva del dinero un elevado grado
de perfeccionamiento técnico; hasta la creación del sistema monetario la unidad ideal no ve asegurada
y completa su liberación de la corporalidad monetaria.
113
Lo expuesto en esta parte es susceptible de ampliarse en GERSCOVICH, Carlos G., Tratado de derecho econó-
mico de los títulos valores en el mercado de capitales, tº2, editorial La Ley, Buenos Aires, 2015, p. 202 y ss., a
donde remitimos para no desviarnos más de nuestro tema en esta parte.
114
NUSSBAUM, Arthur Teoría jurídica del dinero, traducción del alemán y notas por Luis Sancho Seral, librería
general de Victoriano Suárez, Madrid, 1929, p. 89 y ss.
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Para citar algunos ejemplos importantes del extranjero, bastará recordar que en los primeros
decenios del siglo XIX ejerció la libra inglesa en los Estados Unidos funciones monetarias sobre la base
de una determinada relación con el dólar, establecida legalmente.
Lo que da carácter y existencia al sistema monetario es solamente la unidad fundamental
(Grundeinheit) pudiéndose emplear en el mismo sentido la expresión –unidad patrón– (Währungsein-
heit).
Entendemos que el bitcoin tiene –entre otras- esta característica, aunque ella no deriva del
sector estatal, sino del ámbito privado; por esto tampoco es una derivación de la soberanía del Estado,
sino del quehacer de los particulares.
Como lo que importa para la identidad del sistema es solamente la unidad fundamental, en
nada afecta a esa identidad la existencia de particularidades locales en la circulación de los signos mo-
netarios. Tal sucede, por ej., cuando en una comarca fronteriza se da y se toma, de modo general y
permanente, moneda extranjera en una relación con la unidad fundamental del sistema nacional, in-
corporando de este modo la moneda extranjera al sistema propio. El resultado es enteramente igual
cuando la ley misma prevé, en relación con determinados territorios, desviaciones respecto a ciertos
elementos del sistema.
Puesto que todo sistema monetario tiene una existencia limitada en el tiempo, con él llegará
también a su fin la unidad fundamental propia del mismo, para ser reemplazada por otra nueva (en
nuestro país debe haber al respecto un verdadero record, con el “peso moneda nacional”, el “peso
argentino”, el “peso ley 18.188”, el “austral”, el “austral convertible”, el “peso convertible”, el peso
actual, etc.).
De aquí surge, como ha mostrado Knapp, principalmente– uno de los problemas más impor-
tantes y más difíciles de la teoría jurídica del dinero. En realidad este problema ha existido también en
le época anterior al sistema monetario, en cuanto el concepto del dinero se liberó del concepto del
peso, pero no se presenta con claridad completa hasta llegar al cambio de sistema y, por tanto, lo me-
jor será referir la cuestión a este caso, porque será entonces cuando se podría plantear la doble pro-
blemática de:
(i) la operación de cambio vinculada a tal hipótesis, o
(ii) al empleo de los bonos provinciales que circularon por el país en alguna épocas
(como los conocidos “patacones” emitidos por la Provincia de Buenos Aires y sobre los que
se crearon cuentas bancarias, no corrientes, sino “de custodia”, con la posibilidad de girar
pseudo “cheques” contra ellas), y si en tales casos las operaciones de cambio realizadas en
o por entidades no autorizadas, sea con la anterior moneda o con esos bonos, podrían cali-
ficarse como infracciones con relación al RPC (Régimen Penal Cambiario de la Ley 19.359).
2.1. Cambio del sistema monetario
Justamente la doctrina de Knapp afirma que la unidad ideal sólo puede ser definida histórica-
mente y que solo adquiere sentido por referencia (rekurrenter Anschluss) al sistema que le precede.
Esta referencia se realiza, según Knapp, al fijar el Estado una “norma de reducción”, por ej., 1 taler = 3
marcos115 para la cancelación de las obligaciones contraídas en el antiguo sistema.
115
NUSSBAUM, ob. cit., p. 94, III, o un ejemplo legislativo nuestro, análogo: la declarada “convertibilidad del
austral con el dólar de los Estados Unidos de América, a una relación de diez mil australes por cada dólar, para la
venta” en las condiciones establecidas por la ley 23.928, llamada de “Convertibilidad del Austral, artículo 1”.
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de ser averiguar si con la introducción del nuevo nombre se produce a la vez una alteración esencial en
los fundamentos jurídicos del sistema monetario.
Pero en el caso de los bitcoins la misma moderna tecnología a la que ya aludimos está permi-
tiendo no ya la sustitución de un sistema monetario por otro, sino la coexistencia simultánea de ambos
(como ya dijimos, en distintos ámbitos), precisando ahora que debido a las modernas comunicaciones
el dinero que es objeto de este trabajo subsista y circule más allá de los ámbitos territoriales, al trasla-
darse por el ciberespacio.
§ 3. Los Bitcoins: concepto y funciones
3.1. Introducción. Primeras nociones
Consideramos con Chomczyk que previamente al desarrollo del tema es conveniente hacer al-
gunas reflexiones sobre los conceptos que han de utilizarse, toda vez que los mismos no siempre están
claros o bien se trata de un lector que se acerca por primera vez al tema116.
Dice con razón el autor citado que Bitcoin “es una criptomoneda que ha tomado al mundo por
sorpresa quebrando una serie de paradigmas tradicionales en torno a la emisión monetaria. No solo
está revolucionando el mundo financiero como moneda, también lo está haciendo en muchos otros
aspectos a través de la tecnología que hace de base a esta moneda: la blockchain o cadena de blo-
ques.” Y agrega estar observando el surgimiento de una gran cantidad de proyectos destinados a cam-
biar la forma en que entendemos muchas áreas del Derecho que no han sufrido cambios en un perio-
do muy largo. Desde la posibilidad de reunir fondos de manera distribuida mediante la aplicación de la
cadena de bloques al fenómeno del crowdfunding hasta la posibilidad de crear contratos inteligentes
que se autorregulen una vez sean pactados por las partes, la revolución iniciada por los Bitcoins está
recién comenzando. Por ello, es fundamental entender esta primera etapa de un largo camino que aún
está lejos de terminarse.
3.2. Conceptos básicos. Importancia del protocolo
Bitcoin es una moneda digital descentralizada ideada por Satoshi Nakamoto en 2008 . Cuando
hablamos de Bitcoin, podemos referirnos a 3 realidades:
1) el software,
2) el protocolo y
3) la moneda.
El software no deja lugar a demasiadas interpretaciones y tampoco es objeto de este artículo
centrarse en ello; entendemos que se trata de un derecho de autor liberado bajo licencia open source.
El software es fundamental puesto que por medio de éste es posible acceder a la red operada bajo el
protocolo. El software, dependiendo de su configuración y su implementación, puede permitir hacer
operaciones en la red, contribuir con el proceso de minado o bien colaborar con la tarea de auditoria.
El protocolo de Bitcoin es, a criterio de Chomczyk, el mayor aporte que esta nueva tecnología
ha realizado. El protocolo, basado en la tecnología denominada blockchain o cadena de bloques, es el
corazón de Bitcoin y la razón de su éxito. El protocolo actúa como un registro donde queda constancia
de todas las operaciones que se hacen en la red Bitcoin. No solo se indica el origen y destino de las
operaciones, así como su monto sino que además se consigna el momento exacto en que dicha opera-
ción tuvo lugar aplicando un sello de tiempo.
116
Nos referimos al muy buen trabajo precursor, que se encuentra disponible en BIT-
COINS/ABOGADOS%20IN%20HOUSE%20_%20Noticias%20para%20Abogados%20CHOMCZYK.html
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Todo el protocolo se encuentra basado en el concepto de “prueba de trabajo” por medio del
uso de criptografía, de manera distribuida. Los mineros, que son las computadoras encargadas de dar
vida a la cadena de bloques, generan éstos mediante la resolución de problemas matemáticos cripto-
gráficos. Los bloques generados pueden contener tanto los datos de nuevos bitcoins, aquellos genera-
dos por mineros tal como expondremos a continuación, como de bitcoins viejos.
Los bitcoins nuevos serán generados hasta llegar a su límite, fijado en 21 millones de bitcoins,
mientras que los viejos estarán en circulación para siempre, salvo situaciones muy particulares como
su envío a billeteras sin clave privada, por ejemplo.
Cuando un minero resuelve un problema puede agregar un bloque a la cadena. El minero
agrega en ese bloque la información sobre bitcoins nuevos, si ello fuera posible, y sobre las operacio-
nes con bitcoins viejos. Luego comparte ese bloque con el resto de la red y, si el resto de la red está de
acuerdo con la solución matemática obtenida, el bloque pasa a formar parte de la cadena. Una vez
sumado el bloque a la cadena, el mismo es auditado de forma constante por los nodos, quienes revi-
san las operaciones agregadas y guardan una copia de la cadena de bloques para preservar la misma.
Las aplicaciones prácticas de la cadena de bloques son amplísimas y, en particular, en el caso
del Derecho puede dar soluciones revolucionarias en diferentes campos.
3.3. Aplicaciones: desventajas y ventajas
El bitcoin tiene el gran inconveniente de que, al estar ubicados él y sus mencionados elemen-
tos en el ciberespacio, no existe autoridad pública administrativa, legislativa, ni jurisdiccional que ten-
ga potestades para dirimir los conflictos que puedan plantearse, por lo cual mutatis mutandi serían
aplicables a ellos las normas internas de cada país e incluso los convenios internacionales regulados
por la materia específica de ellos (el derecho internacional privado).
Además su uso para la generación de contratos inteligentes, certificación de documentos, re-
gistro de propiedad, entre otros, todavía no ha sido explotado de manera óptima.
El proyecto de los bitcoins prevé emitir sólo 21 millones de unidades (cifra a la que se llegaría
recién en 2027), de las cuales ya hay disponibles 12 millones. Es decir: el circulante en su conjunto (en
cuya emisión no participa ningún Estado nacional) tiene hoy un valor total de alrededor de 12.000
millones de dólares. Semejante crecimiento ha despertado temor entre muchos expertos que conside-
ran muy alto el riesgo de estar ante una burbuja financiera que puede estallar en cualquier momento
(advertencia también hecha por el Banco Central Europeo).
En una audiencia convocada por el Comité de Seguridad Nacional y Asuntos Gubernamentales
del Senado de Estados Unidos, representantes del Departamento de Justicia y la Securities and Ex-
change Commission (SEC, equivalente a nuestra CNV) de ese país aseguraron que el bitcoin es un ins-
trumento financiero legítimo. Sólo el Departamento de Seguridad Nacional cuestionó el carácter anó-
nimo de la moneda y la posibilidad de que ese aspecto sea utilizado "por organizaciones criminales"
para lavar grandes fortunas sin ser detectadas117
La mayor ventaja que aporta la cadena de bloques para estas aplicaciones prácticas radica en
que cada operación de la red, con independencia de su contenido, está firmada digitalmente. Esa firma
digital es certificada no por un ente centralizado sino por toda la red con lo cual se dificultaría la apli-
cación en su redacción en la Ley de Firma Digital. Como vemos, la revolución que implica la descentra-
lización propuesta por Nakamoto aún está lejos de ser comprendida.
117
CRETTAZ, José en LA NACION, 28/11/2013, disponible en: http://www.lanacion. com.ar/1642677-bitcoin-la-
moneda-virtual-ya-cotiza-a-us-1000-y-sorprende-al-mundo
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Por último, Bitcoin puede ser entendido como una moneda, tal como lo hemos adelantado. Es-
te es el centro del análisis. En esta concepción, Bitcoin suele ser definido como una moneda digital de
emisión descentralizada sin curso legal. Esto implica que Bitcoin no tiene una contrapartida física, co-
mo hemos dicho, es generado por cualquier interesado en hacerlo y únicamente resulta obligatoria
para las partes si éstas pactan que así lo sea.
Como juristas, las preguntas que se disparan en torno a esta última realidad de Bitcoin, son
múltiples. La primera es si efectivamente se trata de una moneda en el sentido jurídico del término. La
segunda, y consecuencia directa de la anterior, si no es moneda, ¿Cuál sería la categoría jurídica que le
resulta aplicable?
Para intentar dar respuesta, podemos partir de los esfuerzos que ya se han realizado en otros
países.
3.4. Derecho comparado
3.4.1. Estados Unidos: el primer caso de regulación
Estimamos que Bitcoin es considerado como una moneda privada en diversos países toda vez
que existen numerosas legislaciones que coinciden en determinados puntos.
El concepto de moneda nacional, como hemos anticipado, exige la principal característica de
curso legal. El curso legal dota a la moneda de aceptación obligatoria para la cancelación de obligacio-
nes.
Precisamente se habla de moneda privada porque Bitcoin carece de esa característica, que de-
riva del poder estatal de legislar dictando una norma que atribuya ese efecto. Podríamos sostener que
se trata más bien una moneda de, lo que podríamos denominar, "curso voluntario" (u optativo); solo
las partes que acepten libre y voluntariamente bitcoins como pago darán efecto liberatorio a los com-
promisos o las obligaciones que quieran.
El primer país en adoptar este criterio fue Estados Unidos. La FinCEN (Financial Crimes Enfor-
cement Network), el equivalente a nuestra Unidad de Información Financiera (UIF), dicto el "guideline"
2013-G001 . Esta norma, de carácter interpretativo, indica cómo aplicar la normativa relativa a la pre-
vención de lavado de activos y financiamiento del terrorismo a las monedas virtuales. En su definición,
establece que las monedas virtuales son aquellas que carecen de algunos de los 3 elementos de las
monedas reales: curso legal, circulación o uso como medio de cambio.
El documento emitido por la FinCEN, al ser el primero, ha marcado el camino adoptado en la
discusión jurídica que tiene lugar en Estados Unidos. El uso del concepto de moneda virtual sigue el
criterio sentado por el Grupo de Acción Financiera Internacional; dentro de las monedas virtuales es-
tán las criptomonedas como Bitcoin.
Otro ejemplo de normativa estadounidense destacable es la ley AB-129 del Estado de Califor-
nia que eliminó la sección 107 del Código de Sociedades de dicho Estado la cual establecía que “Nin-
guna sociedad, sociedad con fines sociales, asociación o individuo emitirá o pondrá en circulación,
como dinero, otra cosa que no sea el dinero legítimo de los Estados Unidos”. Si bien la normativa era
sumamente amplia y la consecuencia de su derogación también lo es, permite considerar incluidas
dentro de su texto a las criptomonedas.
3.4.2. España, UE y Reino Unido
Se han preguntado en este país si esta criptomoneda puede entenderse como dinero de curso
legal o bajo otro concepto legal.
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Y se respondió que de acuerdo con el Informe de Monedas Virtuales del Grupo de Acción Fi-
nanciera (GAFI) de junio de 2014, se define moneda virtual como “aquella que tiene una representa-
ción digital de valor que puede ser utilizada como medio de comercio y que funciona como un medio
de intercambio digital, con unidad de cuenta y depósito o reserva de valor, pero que no tiene la condi-
ción de moneda de curso legal en cualquier jurisdicción”.
Por tanto, se puede concluir que Bitcoin no puede ser considerado como una moneda de curso
legal. Tal y como lo hemos fundado previamente.
Bitcoins es, desde el punto de vista legal español encuadrado como bienes muebles, fungibles,
de naturaleza privada, esencialmente divisibles, irrepetibles y no susceptibles de copia.
Sobre si pueden ser considerados como dinero electrónico se ha brindado una respuesta nega-
tiva. Porque ante la falta en el Bitcoin del respaldo de un crédito contra el emisor (o sea una entidad
que respalde la emisión de esa moneda como crédito para pagos), Bitcoin no puede ser considerado
dinero electrónico por el simple hecho de que el emisor de dicho crédito no existe.
No obstante lo anterior, si bien esta moneda virtual no puede ser considerada como una mo-
neda legal o un instrumento financiero de pago, sí puede ser definida como un bien inmaterial elec-
trónico con unidad de cuenta que puede ser utilizado en transacciones de todo tipo como medio de
pago al portador y por tanto podría quedar encuadrada dicha actividad en el siguiente art. 2 de la de la
Ley 10/2010 de PBC: “Las personas que comercien profesionalmente con bienes en los términos esta-
blecidos en el artículo 38“, es decir, respecto de las transacciones en que los cobros o pagos se efec-
túen con los medios de pago a que se refiere el artículo 34.2 de esta Ley y por importe superior a
15.000 euros, ya se realicen en una o en varias operaciones entre las que parezca existir algún tipo de
relación. Según el art. 34.2 LPBC podría encuadrarse en la letra c) “Cualquier otro medio físico, inclui-
dos los electrónicos, concebido para ser utilizado como medio de pago al portador”.
Dado que la moneda digital Bitcoin, se utiliza como un medio electrónico de pago al portador,
podríamos entender que sería de aplicación la LPBC a través del art. 2. Sin embargo, en la consulta
parlamentaria 184/47663 realizada al Gobierno Español el 3 de marzo de 2014 planteada en este sen-
tido, no se ha recibido aclaración alguna sobre si Bitcoin debe considerarse un medio de pago al porta-
dor, pues deja abierta la respuesta estableciendo lo siguiente: “en el caso de que las autoridades mo-
netarias y financieras consideren que el Bitcoin es un medio electrónico concebido para ser utilizado
como medio de pago al portador, le resultarían de aplicación las limitaciones a los pagos en efectivo”.
A este respecto, si bien todavía no existe un pronunciamiento concreto de la Unión Europea
(aunque está siendo objeto de estudio por la Comisión Europea), el Banco Central Europeo (BCE) en su
informe de Febrero de 2015, ha establecido que las monedas virtuales no se encuentran por el mo-
mento reguladas y no pueden considerarse incluidas dentro del ámbito de aplicación de las Directivas
de Servicios de Pagos y de Dinero Electrónico, recomendando a las autoridades nacionales y europeas
que utilicen los marcos legislativos actuales de regulación y supervisión para que sean aplicables a las
monedas virtuales y que si fuere necesario sean modificados.
Por otro lado el máximo órgano regulador de la Unión Europea (UE), la Autoridad Bancaria Eu-
ropea (ABE), recomendó a los bancos comunitarios que no utilicen las monedas virtuales como los
bitcoins.
A través de un comunicado de prensa, la ABE informó que el objetivo de su recomendación es
evitar los riesgos propios de este tipo de monedas, vinculados a la comisión de delitos.
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118
La Unión Europea se pronunció en contra de las monedas virtuales, Abogados.com, 07/ 07/2014 disponible en:
http://www.abogados.com.ar/la-union-europea-se-pronuncio-en-contra-de-las-monedas-virtuales/14794
119
Bitcoin y su naturaleza jurídica en España, en “Oro y Finanzas.com· 30/4/2015 Comentario Disponible en
http://www.oroyfinanzas.com/2015/04/bitcoin-naturaleza-juridica-
espana/?utm_source&utm_medium&utm_campaign
120
Véase LOPRETE, Marcelo en Los Bitcoins y el Derecho Argentino, Abogados.com., 16/12/ 2014, disponible en
http://www.abogados.com.ar/los-bitcoins-y-el-derecho-argentino/15796/1
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Nuestro BCRA emitió una comunicación al público en general donde destaca los riesgos aso-
ciados el uso del Bitcoin121. El comunicado del Ente Rector dice lo siguiente:
"Siendo que en los últimos meses se ha verificado un creciente interés de los medios en las
llamadas "monedas virtuales", se considera oportuno alertar al público en general respecto de los ries-
gos que involucra su uso.
Para ello, se sugiere al público usuario tener en cuenta que las llamadas "monedas virtuales"
no son emitidas por este Banco Central ni por otras autoridades monetarias internacionales, por ende,
no tienen curso legal ni poseen respaldo alguno.
En el ámbito internacional, no obstante aún no hay consenso sobre la naturaleza de estos acti-
vos, diversas autoridades han advertido acerca de su eventual uso en operaciones de lavado de dinero
y diversos tipos de fraude.
Asimismo, no existen mecanismos gubernamentales que garanticen su valor oficial. Las llama-
das monedas virtuales han revelado una gran volatilidad hasta el momento, experimentado veloces y
sustanciales variaciones de precios.
Conforme estas implicancias, los riesgos asociados a las operaciones que involucran la compra
o uso de monedas virtuales como medio de pago, son soportados exclusivamente por sus usuarios."
Finalmente, el BCRA señala que está analizando diversos escenarios para verificar que las ope-
raciones con estos activos no se constituyan en un riesgo para aquellos aspectos cuya vigilancia está
expresamente establecida en su Carta Orgánica.
3.4.4. El Asunto C-264/14 del Tribunal de Justicia de la Unión Europea
El 16 de julio de 2015, la Abogado General de la Unión Europea presentó sus conclusiones en
el Asunto C-264/14, el primer caso donde se planteó al Tribunal de Justicia de la Unión Europea
(“TJUE”) una cuestión prejudicial relativa a Bitcoin, y más en general a las criptomonedas.
Dada las particularidades del derecho comunitario europeo no podemos dejar de considerar a
este precedente como la base para el desarrollo jurídico en el continente europeo.
La base del caso está dada por un procedimiento llevado a cabo ante el Tribunal Supremo Ad-
ministrativo de Suecia. El Sr. Hedqvist se dedica a la compra y venta de monedas virtuales por coronas
suecas. Al efecto de determinar cómo debía tributar IVA, el mencionado solicitó a la Comisión de De-
recho Fiscal sueca un dictamen previo, el cual había concluido que la compraventa de bitcoins consti-
tuía una prestación de servicios a título oneroso, pero que estaría exenta del impuesto porque los bit-
coins son un medio de pago que se utiliza como si fuera un medio de pago legal. Sin embargo, la Ad-
ministración tributaria sueca interpuso un recurso contra dicho dictamen previo. En dicho marco surge
la cuestión prejudicial.
Como parte de toda cuestión prejudicial, el Abogado General responde dos preguntas realiza-
das por el tribunal de origen del asunto. Ellas eran si el servicio de intercambio de moneda fiduciaria
por moneda virtual está gravado con IVA y, en segundo lugar y en caso de ser afirmativa la respuesta
anterior, si es posible subsumir la conducta en alguna de las exenciones comunitarias para el grava-
men.
121
Fuente: Bitcoins: comunicación del Banco Central de Argentina, en Staff ZonaBancos.com, 03/06/2014, dispo-
nible en http://www.zonabancos.com/ar/analisis/blogs/22-educacion-financiera-y-proteccion-del-consumidor-
bancario-19165-bitcoins-comunicacion-del-banco-central-de-argentina.aspx
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Respecto de la primera pregunta, la Abogada General concluyó que "lo que es aplicable a los
medios legales de pago también ha de serlo a los demás medios de pago cuya función se agote en sí
misma (...) Los bitcoins, a los que llama medios de pago puros, cumplen la misma función que los me-
dios legales de pago a efectos del IVA según la Abogada General. Dicho esto, conforme al principio de
neutralidad fiscal (concretado en el principio de igualdad de trato), los medios legales de pago y los
medios de pago puros han de ser tratados igual“.
En base a ello, la Abogada General estimó que en el caso concreto la actividad del Sr. Hedqvist
estaba gravada con IVA pero, como veremos a continuación, exenta del gravamen por el tipo de ope-
ración involucrada. En el artículo 135, apartado 1, letra e) que prescribe la exención del gravamen de
“las operaciones, incluida la negociación, relativas a divisas, los billetes de banco y las monedas que
sean medios legales de pago, con excepción de las monedas y billetes de colección, a saber, las mone-
das de oro, plata u otro metal, así como billetes, que no sean utilizados normalmente para su función
de medio legal de pago o que revistan un interés numismático". El problema con esta disposición es
que al ser incorporada en los diferentes ordenamientos jurídicos locales, el concepto de medios lega-
les de pago fue mutando por las diferencias idiomáticas. Por ello, y para superar el problema, la Abo-
gada General propuso recurrir a la finalidad de la exención.
A su criterio, "la consecuencia de toda exención del IVA es siempre la disminución de los costes
de la prestación. En el presente caso, se trata de la prestación de servicios de cambio relativos a me-
dios de pago puros. El sentido y finalidad de la exención de las operaciones relativas a los medios lega-
les de pago, a mi parecer, es no obstaculizar la convertibilidad de medios de pago puros con la recau-
dación de impuestos sobre el valor añadido. Esto reviste importancia también para el mercado inte-
rior, pues cuando una prestación transfronteriza obliga al interesado a cambiar divisas, la recaudación
del IVA por el servicio de cambio encarecería aún más la adquisición de la prestación transfronteriza
frente a una adquisición interior. Pero la exención no se limita sólo a las divisas de curso legal en la
Unión: todas las divisas del mundo se benefician de la misma. Por lo tanto, procede declarar que el
objetivo del artículo 135, apartado 1, letra e), de la Directiva del IVA es permitir que todas las divisas se
puedan convertir con el menor coste posible, en aras de una fluida circulación de pagos. A este objeti-
vo obedece eximir del impuesto también el cambio de medios legales de pago por medios de pago
puros que no tengan la condición de legales (como sucede aquí con los bitcoins). En efecto, si existen
medios de pago que se utilizan en el tráfico económico porque cumplen la misma función que los me-
dios legales de pago, la recaudación del IVA por el cambio de dichos medios de pago impondría una
carga adicional a la circulación de pagos".
La conclusión a la que arriba la Abogada General es una consecuencia de la aplicación del prin-
cipio de neutralidad fiscal. Si bien los bitcoins no son iguales que las monedas fiduciarias, es cierto que
operan y se comportan como ellas en la práctica. La vista pragmática expuesta debería ser de gran
consideración para lograr una regulación adecuada y proporcional a los bitcoins y otras criptomone-
das.
Cabe mencionar que recientemente el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, ha seguido las
conclusiones de la Abogada General y ha fallado en idéntico sentido a ella. La consecuencia más im-
portante de esta cuestión es el esclarecimiento de la naturaleza jurídica del Bitcoin en una materia tan
sensible como el IVA. Claramente, esta sentencia guiará buena parte de la construcción normativa que
vaya a hacerse sobre las criptomonedas.
3.4.5. Bitcoin como bien: la posición por defecto de los ordenamientos jurídicos
Cuando no encontremos normativa específica sobre la materia, creemos que esta debería ser
la posición por defecto de la mayoría de los sistemas jurídicos. Este criterio considera a los bitcoins
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como bienes. Entendemos que esta podría ser la postura por defecto que todos los Estados podrían
tener hasta tanto no se expidan formalmente al respecto. Un ejemplo de esta postura es el reporte de
la Comisión de Finanzas del Senado francés sobre la materia.
Esta postura considera a los bitcoins como commodities electrónicos, con ciertas particularida-
des. En concreto, el objeto jurídico que nos interesa es la llave privada que permite acceder a una bille-
tera con bitcoins. La tecnología de la cadena de bloques hace uso de un sistema criptográfico de llave
pública y llave privada, lo cual es como las previsiones de la ley de firma digital 25.506 y el decreto
2.628/02, que prevén protocolos de comunicación, seguridad y dichas llaves criptográficas públicas o
privadas para acceder a ese instituto.
Análogamente, cada billetera Bitcoin tiene un balance de bitcoins y, en función de ese balance,
aquel que tiene la llave privada que permite firmar las transacciones originadas en esa billetera es
quien puede moverlos. De allí que la conservación de la llave privada es fundamental, así como tam-
bién es fundamental el balance que la cadena de bloques reconoce que cada llave privada puede dis-
poner. Esa llave privada es un bien en términos legales; según nuestro Código Civil y Comercial de la
Nación en su artículo 15 sería un objeto inmaterial susceptible de valor e integrante del patrimonio de
una persona.
3.5. Aplicaciones teórico-prácticas
Han dicho Maslatón y Ruarte que “entre noviembre de 2013 y abril de 2014 esta moneda no
estatal, de emisión descentralizada y limitada en su expansión, que compite contra las monedas gu-
bernamentales de papel, todavía no comprendida en su esencia por bancos centrales y reguladores de
todos los países, desplegó una corrección completa a la baja que estimamos finalizada el pasado día 11
en los 340 dólares. El efecto de esta idea … es la liberación ascendente de un nuevo ciclo que llevará al
producto a máximos históricos nuevamente.”
“Desde sus comienzos transaccionales hace cuatro años, cuando el Bitcoin se intercambiaba
por apenas unos pocos centavos de dólar hasta finales del año pasado, no sólo este producto subió de
manera espectacular hasta los 1.175 dólares (base mercado Bitstamp) sino que lo hizo mediante un
formato ascendente que técnicamente se tipifica como "impulsivo", o sea desplegándose en cinco
movimientos, ondas o ciclos, cada uno de los cuales se corresponde con una etapa de la psicología del
mercado, donde en la última etapa se verifica extrema euforia que es la que justamente da lugar a
fortísimas caídas posteriores.
La sensación de demandantes y ofertantes en las fases finales ascendentes es que no existen
más productos para comprar, que se extinguen los Bitcoins y que hay que apurarse para adquirir lo
poco que quede circulando. Este sentimiento, en los mercados de cualquier bien, lo que indica en ver-
dad y fuera de la locura del momento es que no quedan en fila nuevas oleadas de compradores que
puedan relevar de sus posiciones compradas a otros tenedores pagándoles al alza en este caso mayor
cantidad de dólares. Los mercados se desploman justamente cuando desaparecen los compradores,
no es que los vendedores vengan a "tomar ganancias" sino que todos quedaron ya comprados y no
pueden ser suplantados para proseguir la escalera al cielo
Recordamos que distintos bancos centrales, comisiones nacionales de valores y agencias tribu-
tarias se han expedido acerca de la naturaleza del Bitcoin.
Las doctrinas acumuladas hasta el momento son muy diferentes entre sí. Tenemos desde paí-
ses cuyos reguladores prohibieron el Bitcoin emitiendo suertes de "bandos militares" aunque no expli-
caron de qué modo lograrían su cometido proscripcionista, como la Federación Rusa, hasta posiciones
atractivas como la de Estados Unidos que le impusieron una regulación tributaria benévola, llegando
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hasta el reino de Dinamarca, que consideró que se trata de un mero juego sobre un bien no real y que
le resulta irrelevante qué haga la gente comprándose y vendiéndose Bitcoins, todo lo cual simboliza
también tendencias psicológicas del mercado que se dibujan en los gráficos y que contribuyen a mar-
car mínimos, máximos y habilitación de ciclos bullish o bearish. Naturalmente, será interesante escu-
char en la Argentina tanto al BCRA como a la CNV y a la AFIP en sus desarrollos doctrinarios y tempe-
ramentos regulatorios si es que efectivamente decidieran expedirse sobre esta revolución monetaria
privada del siglo XXI.” 122
Para otros autores este bien también llamado “moneda local de internet” tiene algunas pecu-
liaridades; pero en general podemos decir que reúne los caracteres propios ya indicados del dinero, y
no todos los de la moneda (véase .
Así, en relación con el concepto expuesto sobre el dinero:
(a) Es un medio de cambio: en la web se realizan transacciones entre compradores y vendedo-
res utilizando sus “billeteras digitales” como origen y destino de los pagos. Se deben abrir en la cibe-
respacio estos reservorios de bitcoins, en los que se guardan y acumulan los que se obtienen “minan-
do” o adquiriéndolos con moneda de curso legal de algún país.
En los hechos, se realiza un intercambio, que es digital, pero intercambio al fin, entre un com-
prador (cuya billetera es el origen de los bienes con los que se realiza la compra) y un vendedor (que es
quien recibe y acepta el pago, adquiriendo estos bienes).
(b) Conforma una unidad de cuenta: desde luego, cuando se realizan transacciones con bit-
coins, los precios se establecen en esta unidad de medida de valor. No tiene relevancia en este análisis,
que los precios se fijen en otras unidades monetarias (dólares, euros, etc.), en la medida que, como
“pago”, se acepte la percepción digital de una cantidad determinada de bitcoins. En caso de estar fija-
do el precio del bien a intercambiar en una moneda, y aceptarse el pago en bitcoins, es también irrele-
vante que la paridad entre bitcoin y moneda fluctúe continuamente, en la medida en que el vendedor
se considere pago, recibiendo en su monedero de criptomoneda, una cantidad determinada de bit-
coins. El acuerdo entre oferente y demandante en la forma en la que se realizará la transacción, legi-
tima al bitcoin en esta función.
(c) Es depósito de valor en el tiempo y en el espacio: también cumple esta función. Quienes
han “minado” con su equipamiento informático para crear sus bitcoins, o han comprado bitcoins en-
tregando moneda nacional de algún país para obtener una cantidad determinada de esta criptomone-
da, pueden postergar su consumo presente y distanciarlo físicamente de un lugar a otro, utilizando
este bien. Ésto significa que, el consumo que permite su tenencia puede realizarse en otro tiempo y
lugar.
Por otra parte, el bitcoin reúne algunas otras características comunes de la moneda: es alta-
mente fraccionable (se pueden contabilizar hasta 8 decimales) y es perfectamente fungible.
Pero este bien, que efectivamente puede ser calificado como “dinero”, no es moneda. Las pri-
meras reflexiones que me llevan a afirmar esto, son las siguientes:
(d) No es emitido por una autoridad central, como las monedas de curso legal. La creación de
bitcoins, es una actividad descentralizada, llevada a cabo por los llamados “mineros”, que son perso-
nas independientes u organizadas en grupos (no necesariamente conocidos entre sí) que disponen de
122
MASLATÓN Carlos y Roberto Ruarte, Ámbito Financiero del 22/04/2014, Secc.3ª, p.13, disponible en
http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=737655
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equipos informáticos (propios o rentados en un lugar físico o en el ciberespacio), mediante los cuales
descifran algoritmos complejos y generan unidades de bitcoins.
(e) Dado que no es emitido, impreso, amonedado o simplemente generado por una autoridad
central, no hay país que tenga control sobre su creación, ni rigen las normativas de los organizamos
monetarios internacionales a su respecto.
(f) No tienen respaldo en bien físico alguno (no existe patrón monetario que condicione su
emisión) ni es dinero fiduciario. Este hecho genera una mayor volatilidad en su cotización.
(g) Su aceptación no depende de la confianza que se tenga en su emisor, sino de la aceptación
generalizada del mismo bien.
(h) Su falsificación es imposible.
(i) La cantidad máxima de bitcoins a emitir hasta 2140, ya está establecida previamente. Será
de 21.000.000 de unidades, conforme la definición que su creador (o “sus creadores”, cuestión que
aún permanece en el misterio), Satoshi Nakamoto, hiciera en 2009. Por tanto, su existencia no tiene
relación alguna con los bienes y servicios que se puedan comerciar con los mismos, y su aceptación
masiva general llevará a su apreciación paulatina.
(j) No hay intermediarios, por lo cual las transacciones son “B to B”.
(k) Las transacciones con bitcoins son absolutamente anónimas. Este hecho facilita su utiliza-
ción con fines ilegales, cuestión preocupante, todavía no resuelta y ni siquiera abordada. Sin embargo,
en los Estados Unidos de Norteamérica el Departamento del Tesoro exige que, cuando se realice una
transacción que implique cambiar bitcoins por moneda o viceversa, las casas de cambio que operen
con este bien, deberán cumplir con las normas anti lavado 123
§ 4. Conclusiones
El bitcoin es una criptomoneda digital. Por tanto es virtual y opera en el ciberespacio. Constitu-
ye un bien no estatal, sino privado; y, a la vez, una red, en la que funciona y actúa.
Es una moneda fiduciaria de pago, de curso optativo o voluntario. Como tal sirve para remune-
rar servicios o actos a título oneroso sobre bienes y cosas (compraventas, etc.). El bitcoin no es como
las monedas fiduciarias previamente vistas, aunque opera y funciona como ellas, sobre la base de la
confianza en su sistema.
Subsiste y se transmite en su referido espacio de aplicación, el ciberespacio; pero no se limita a
éste, como ocurre con el dinero electrónico, sino que es mucho más amplio y abarcador de operacio-
nes económicas y comerciales en general. Constituye también una unidad de cuenta y la más moderna
forma de representar el propio dinero, corriente y efectivo, en su ámbito, por medio de un nuevo fiat
money.
En la medida en que evolucione, aumente su número de unidades y se expanda, puede devenir
susceptible de afectar la soberanía del Estado emisor del dinero común o habitual.
Si se considerase al bitcoin como moneda extranjera, carecería de curso forzoso y de curso le-
gal (como consideramos que sucedió con la moneda extranjera durante la convertibilidad), salvo
cuando sea aceptado voluntariamente por las partes en operaciones o negocios determinados.
123
Conf. LOPRETE, Marcelo en Los Bitcoins y el Derecho Argentino, cit., en Abogados.com., 16/12/ 2014, disponi-
ble en http://www.abogados.com.ar/los-bitcoins-y-el-derecho-argentino/15796/1
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Vender el cuerpo
por Elina IBARRA124
Resumen: Tanto el reconocido artículo de Gary S. Abstract: Both, the recognized article of Gary S.
Becker y Julio J. Elias, Introducing incentives in the Becker and Julio J. Elias, Introducing incentives in
125
market for live and cadaveric , como así tam- the market for live and cadaveric, as well as the
bién el trabajo de Gary Becker con Richard A. work of Gary Becker Richard A. Posner Sale of
126
Posner Venta de órganos exploran la posibili- organs explore the possibility of implementing
dad de la implementación de incentivos moneta- monetary incentives for living donors and cadav-
rios para los donantes de órganos vivos y cadavé- eric organs. Consider implementing a properly
ricos. Consideran que instrumentando un merca- regulated market in organs will be possible to
do de órganos debidamente regulado será posi- meet the demand, thus generating a rapid re-
ble satisfacer la demanda, generando de esa sponse to the urgent need of a transplant. The
manera una respuesta rápida frente a la imperio- aim of this paper is to consider this proposal
sa necesidad de un trasplante. El objetivo de este trying to assess not only the elements related to
escrito es considerar esta propuesta procurando its viability, but also necessary to optimize re-
evaluar no sólo los elementos relacionados con sources and to balance the relationship between
su viabilidad, sino también las condiciones nece- supply and demand conditions. To do so I will
sarias para optimizar los recursos y poder equili- consider only the kidney and some aspects that
brar la relación entre la oferta y la demanda. Para come to mind relevant and which are absent in
ello tendré en cuenta exclusivamente el trasplan- that discussion
te de riñón y algunos aspectos que se me ocurren
relevantes y que están ausentes en la discusión
citada.
Palabras clave: Transplante, riñon, venta de ór- Keywords: Transplantation, kidney, organ sales,
ganos, oferta y demanda, pacientes en espera supply and demand, awaiting patients
Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos)
pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán
hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros ele-
gantes.
En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden esta-
blecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carni-
ceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y ado-
barlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cer-
dos.127
124
Profesora de Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Prof. Adjunta de Etica e Investigadora de la Universidad
Abierta Interamericana, Prof. Adjunta de Teoría del Estado y Teoría General y Filosofía del Derecho en la Facultad
de Derecho de la Universidad de Buenos Aires
125
http://home.uchicago.edu/gbecker/MarketforLiveandCadavericOrganDonations_Becker_Elias.pdf
126
http://enfoquederecho.com/author/becker-posner/ Richard A. Posner, “Venta de órganos”, publicado el 21
de noviembre del 2012.
127
SWIFT Jonathan en Una modesta proposición tiene la idea de resolver los problemas del hambre, de las ma-
sas abandonadas a la medicidad y la delincuencia, a través de un sistema que regule la compra-venta de niños
para ser consumidos como alimento. El desopilante relato muestra la tensión que encierra hablar del cuerpo
humano como mero cuerpo, equiparado al resto de los objetos físicos del mundo.
http://www.ciudadseva.com/textos/otros/modesta.htm
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Tanto el reconocido artículo de Gary S. Becker y Julio J. Elias, Introducing incentives in the mar-
ket for live and cadaveric128, como así también el trabajo de Gary Becker con Richard A. Posner Venta
de órganos 129 exploran la posibilidad de la implementación de incentivos monetarios para los donan-
tes de órganos vivos y cadavéricos. Consideran que instrumentando un mercado de órganos debida-
mente regulado será posible satisfacer la demanda, generando de esa manera una respuesta rápida
frente a la imperiosa necesidad de un trasplante. El objetivo de este escrito es considerar esta pro-
puesta procurando evaluar no sólo los elementos relacionados con su viabilidad, sino también las con-
diciones necesarias para optimizar los recursos y poder equilibrar la relación entre la oferta y la de-
manda. Para ello tendré en cuenta exclusivamente el trasplante de riñón y algunos aspectos que se me
ocurren relevantes y que están ausentes en la discusión citada.
1.
Larga tradición tiene la mística construida en torno a las técnicas de trasplantes. Tanto que su
fama parece haber comenzado alrededor del Siglo XII AC, en la India. Cuenta la leyenda que el dios
hindú Shiva, en muestra de su poder, trasplantó a su hijo la cabeza de un elefante, convirtiéndolo en el
dios de la sabiduría. Desde entonces los mitos se fueron sucediendo cobrando cada vez más realidad,
yendo de Frankenstein a Los expedientes X. Pero lo cierto es que hoy, la técnica de trasplante es una
realidad que salva vidas y progresa disminuyendo cada día las limitaciones tecnológicas y los riesgos al
mínimo. Pero frente a este panorama de evidente progreso en el desplazamiento de los límites del
conocimiento, aún se oponen algunas concepciones en torno de lo humano y de la “sacralidad” de su
cuerpo. Es innegable que si bien los trasplantes han sido aceptados y estimulados por la opinión públi-
ca, aún, la preferencia social se muestra renuente ante la propuesta de un mercado de órganos y ar-
gumenta desde la “repugnancia”130 que le provoca la idea de vender partes del cuerpo.131 Este rechazo
bien puede tener bases irracionales, como por ejemplo, las incumbencias del alma o de la inviolabili-
dad de la persona humana de corte agustiniano o tomista, entre otros. Pero también puedo imaginar
objeciones cuyos fundamentos se encuentren basados en la inalienabilidad de ciertos derechos, como
por ejemplo en este caso, el derecho a la integridad del cuerpo propio.132
Este mismo progreso es el que llevó a que se realizaran gran cantidad de trasplantes y que
también aumentara la cantidad de pacientes en condición de ser receptores de un órgano.133 Por ello,
128
http://home.uchicago.edu/gbecker/MarketforLiveandCadavericOrganDonations_Becker_Elias.pdf
129
http://enfoquederecho.com/author/becker-posner/ Richard A. Posner, “Venta de órganos”, publicado el 21
de noviembre del 2012.
130
http://www.unav.es/cdb/otkassclonacion.html , León R. Kass en “La sabiduría de la repugnancia” analiza este
sentimiento que provoca la posibilidad de la clonación humana, y lo hace extensivo a todo tipo de manipulación
con el cuerpo humano que vulnere su integridad con fines económicos o meramente cognocitivos. Inicia así una
línea de análisis seguida por otros pensadores bioeticistas, dado que les permite argumentar sobre la “dignidad”
humana, sin caer en falacias metafísicas tanto racionales como religiosas.
131
POSNER, W. “La repugnancia que la idea de vender partes de su cuerpo genera en muchas personas, me
parece, no tiene ninguna base racional; la discusión sería distinta si estuviéramos hablando de la venta de los
ojos, el corazón, etc.” Quienes argumentan desde la repugnancia no distinguen partes del cuerpo más o menos
nobles.
132
CALABRESI, Guido y MELAMED, Douglas “Reglas de propiedad, reglas de responsabilidad y de inalienabilidad:
una vista de la catedral”. Los autores realizan un análisis señalando en qué condiciones tales derechos pueden
ser asignados.
133
BECKER y ELIAS, “Since then the number of kidney, liver, heart, and other organ transplants has grown rapidly,
but not nearly as rapidly as the growth in the number of persons with defective organs that desire transplants.
The result has been the development of longer and longer queues to receive organs.”
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el panorama lejos de ser alentador muestra su aspecto más problemático: frente a un aumento noto-
rio de pacientes en lista de espera, es decir, que existe una gran demanda, se opone la falta de donan-
tes, es decir, que es baja la oferta. Este es un problema a nivel global, y la situación está agravada por-
que la escasez de donaciones tiene como consecuencia inmediata el padecimiento por parte de los
pacientes a la siguiente progresión de posibles consecuencias134:
- esperas de hasta 6 años
- mientras tanto se someten a diálisis que los debilita y va quebrantando la salud de todo su or-
ganismo
- pueden padecer otras enfermedades
- su cuadro clínico puede agravarse tanto que imposibilite el trasplante
- muchos mueren sin ser trasplantados
El argumento de la dignitas humana se revela claramente paradójico. Negarse a la regulación
de un mercado de órganos reduce a los pacientes a situaciones del quebrantamiento de su calidad de
vida. Y este argumento también se revela irracional, ante la racionalidad instrumental que nos indica
que debemos administrar de manera eficiente los recursos, minimizando costos y maximizando bene-
ficios. En este caso que analizamos, los recursos –potenciales donantes– son infinitos, pero al no haber
un mercado que los regule eficientemente, no es posible satisfacer la gran demanda existente. El pa-
norama es desolador. Las alternativas para quienes necesitan un trasplante son pobres en utilidades:
la espera que no es sino degradación o bien, diálisis, con un altísimo costo para el sistema de salud
como para su estado general.
La estrategia pensada por los autores antes referidos propone un sistema de incentivos mone-
tarios a los fines de estimular la donación tanto de posibles donantes vivos, como cadavéricos, y así
poder equilibrar la brecha entre la demanda y la oferta. En esto estoy de acuerdo con Becker y Posner
en que, al menos el mercado de riñones debería permitirse, dado que este órgano puede ser extraído
en vida, con bajo riesgo para su salud. Esta opción, examinada livianamente parece indicar que a la luz
de las utilidades que podría brindar tanto a vendedores como compradores, el resultado podría re-
dundar en una elevada utilidad social. Tal sería el caso en que el sistema de incentivos resultara atrac-
tivo y se diera una respuesta masiva de posibles donantes que resolverían la situación de pacientes en
lista de espera. Pero esta posibilidad debe ser analizada más detenidamente. Es necesario primero
evaluar la manera de computar los costos –no sólo monetarios– y la distribución de los riesgos y bene-
ficios ex ante.
2.
Más allá del claro análisis que realizan Becker y Elias, que arroja como resultado un monto de-
terminado como pago, es innegable que el sólo pensamiento de ponerle precio a las partes del cuerpo,
resulta –al menos, en un primer momento– incómodo. No intento aquí hacer una fenomenología del
cuerpo135, y es cierto que convivimos con un sistema legal que valúa monetariamente nuestra condi-
ción física. Ejemplos tales como la gestación subrogada, los seguros por lesiones o por muerte, los
accidentes de trabajo o la mala praxis médica. También es cierto que la sociedad nos pone todo el
tiempo en nombre del bienestar de todos, en situaciones de riesgo, algunas remuneradas, como ir a la
guerra, y otras no, como por ejemplo participar de un protocolo de investigación clínica de Fase IV.
Sería necesario que los órdenes jurídicos trataran de lograr cierta coherencia, que por un lado se resis-
134
http://escuela.med.puc.cl/publ/manualurologia/transplanterenal.html El porcentaje de las listas de quienes
se dializan esperando por un riñón que están en condiciones de ser receptores es del 30%.
135
MERLEAU-PONTY, Maurice Fenomenología de la percepción, Paidós, 2002, Madrid.
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ten a leyes de permisión de aborto, de eutanasia, pero habilitan la ablación de órganos en pacientes
con muerte cerebral, que les ocasiona finalmente la muerte.
En cuanto a la venta del cuerpo, vemos que es una práctica frecuente en nuestros días, y lo ha
sido en la historia también. Desde la esclavitud, la prostitución hasta el trabajo riesgoso, como policía,
limpia-vidrios de rascacielos, la preocupación es que tales circunstancias sean aceptadas de manera
autónoma, con pleno conocimiento de las circunstancias que implican y las consecuencias que de ellas
se siguen. El riesgo, en este caso, es siempre la posibilidad de que personas en situaciones de gran
precariedad y marginalidad vean en este mercado la única posibilidad de recuperación económica en
la exposición física, tal y como sucede con otras prácticas ilegales relacionadas con la delincuencia –
sicarios o mulas– o trabajos en condiciones de explotación, situaciones en las que ponen en riesgo sus
vidas y la integridad de su cuerpo. La pregunta entonces no es sólo ¿cómo resolver la espera lacerante
de los pacientes?, sino también ¿cómo implementar un mercado de órganos que evite caer en una
suerte de carnicería humana, que termine deshumanizándonos?
Posner y Becker señalan que “muchos pobres del mundo considerarían renunciar a un riñón,
como forma de ganar, a bajo costo, un poco de dinero”. Me permito discutir este “a bajo costo”. Puede
ser bajo en relación con la transacción completa, pero no lo es precisamente desde el punto de vista
del vendedor. Los autores no evaluaron seriamente el daño causado por el trauma de este tipo de
intervención quirúrgica136 –con todos los riesgos que esto implica– y además el periodo post-
operatorio.137 En cambio el análisis de Becker y Elias tienen en cuenta este aspecto de los posibles
riesgos de la intervención quirúrgica. Por ello, si bien el precio lo delinea el mercado, para que este
funcione como incentivo para tomar esa decisión, debe ser tal que no quepa duda alguna de la venta,
tanto que valga la pena poner en riesgo su vida en una operación y también el resto de ella, ya que al
carecer de un riñón esto lo convertiría instantáneamente en un ser vulnerable, en cuanto tendrá más
posibilidades de convertirse en un posible receptor de trasplante.
Sólo un precio que no sea tan alto que no pueda ser pagado por nadie, pero tampoco tan bajo
que externalice los riesgos de morir por falta de medios para un trasplante a los vendedores, permitirá
alcanzar niveles de eficiencia. Si el bien lo que está en juego es la calidad de vida y esta está mediada
por criterios monetarios, el precio debe garantizar este equilibrio. El equilibrio sería logrado si es posi-
ble producir un bien sin sacrificar otro bien, hay que evitar trasladar los costos, en este caso, el riesgo
de morir del paciente de diálisis o lista de espera a aquél que vende su riñón. Deberíamos lograr que al
menos una persona esté mejor y ninguna esté peor, así los bienes habrán sido distribuidos de manera
eficiente. El comprador quedará en mejor situación que la inicial, la eficiencia o el óptimo de Pareto se
logrará si el vendedor también logra no empeorar su situación.
Posner y Becker mencionan la propuesta de que tal situación podría ser equilibrada con una
regla que establezca la prioridad de donantes y vendedores en las listas de espera para ser trasplanta-
dos. De esta manera se estaría regulando la eficiencia en sentido del potencial de Pareto o de la com-
136
W. Posner, “La única función de un segundo riñón es como repuesto. Una persona que pierde un riñón no ex-
perimenta una pérdida de la salud como resultado. Lo que es cierto es que uno vende su riñón, se queda sin re-
puesto.”
137
“Sin embargo, la nefrectomía expone al donante —una persona previamente sana— a los riesgos de la opera-
ción sin ningún beneficio físico propio y a una mortalidad reportada de <0,05%. Por otro lado existe el riesgo
potencial de deterioro de la función del riñón remanente en el curso de los años como consecuencia de la hiper-
filtración. Aunque se estima que este riesgo es bajo y que la sobrevida de estos pacientes es equivalente a la de la
población general es indispensable considerar caso a caso y entregar la información necesaria para que el donan-
te exprese su decisión voluntaria.” [la negrita me pertenece]
http://escuela.med.puc.cl/publ/manualurologia/transplanterenal.html
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271
138
BECKER y ELIAS, “A sizeable fraction of Indians (48% of the sample) who were paid for providing a kidney re-
ported bad health experiences afterwards, and so did a considerable fraction (60%) of Iranians. Perhaps as a
result of this, many (79%) asserted that if they could do it over, they would not have sold their kidneys (see Goyal
et al., 2002, and Zargooshi, 2001b). Some critics of buying organs have used this evidence to support their opposi-
tion to paying for organs (see Rothman, 2002).”
139
http://edant.clarin.com/diario/2009/05/24/um/m-01925515.htm
140
CALABRESI y MELAMED, pág. 355
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pecto de la posibilidad de que mayoritariamente los futuros vendedores serán de escasos recursos
económicos y que verán en el “incentivo” una forma de mejorar su situación. Para no caer en otra
forma de explotación, en la que los mejores situados en la escala social pueden aprovecharse de quie-
nes padecen carencias, el Estado debe operar desde razones distributivas, regulando el mercado acti-
vamente.
3.
Debo reconocer que los “incentivos” algo superiores a los propuestos por los autores citados,
Becker y Elias.141 Pero la pregunta es ¿cuánto estaríamos dispuestos a pagar? La respuesta es que
muchos que pudieran hacerlo lo harían. Incluso la sociedad, que está compuesta de potenciales bene-
ficiarios de las utilidades marginales. De hecho, es notablemente significativo como la sociedad se ha
movilizado en muchas ocasiones, organizando colectas e instrumentando todo tipo de evento para
recaudar fondos con fines solidarios, generalmente para realizar operaciones costosas en el exterior a
familias que no podían pagarlo. Y aquí debe entrar en juego otra vez, el elemento más valioso después
del órgano donado en cuestión, la información. Habría que, no sólo identificar grados de deseabilidad
sino también implementar estrategias para redireccionar la preferencia social. Podría adoptarse un
slogan que diga que “Vender un riñón no es salvar una vida, sino dos”. Porque con un buen pago
pondremos también a salvo a aquél que enajenó parte de su cuerpo y resultado de ello es la sobrevida
en años de un paciente.
Quizá sirva una campaña que muestre a los opositores como potenciales beneficiarios y que
sus expectativas de vida se verían reducidas de persistir en esa postura. Es decir, proponerles pensarse
en el contexto de la necesidad de un trasplante, remarcando además, el hecho de tener muy buenos
motivos para vender un riñón. Así, aquel que por su necesidad económica vende parte de su cuerpo,
se convierte en un contribuyente que salva una vida para la que ya no hay otras alternativas, más que
la espera y la diálisis. Y esto debe reflejarse en el precio para que constituya un incentivo válido, de lo
contrario es mera rapiña, o mejor dicho, el costo social será alto.
En este riesgo cae el análisis de Becker y Elías142, quienes en principio utilizan la palabra “incen-
tivo” cuando en realidad se trata de un eufemismo. Es cierto que la instrumentación del pago tendrá la
función de operar como un motivador para lograr la donación efectiva y el blanqueo del mercado ne-
gro de órganos. Pero en el análisis del precio final, el factor “motivación” no está analizado. Se compu-
ta el valor vida en el posible riesgo de perderla en el caso de los donantes vivos, también el de los días
de trabajo perdidos por el post-operatorio y las afecciones a su calidad de vida resultante. En ningún
lugar del análisis de precio está teniéndose en cuenta que el resultado de esta transacción es un au-
mento significativo en la calidad de vida del paciente receptor.
Además cuentan los autores con el presupuesto de que los donantes potenciales son infinitos
y así fundamentan un precio bajo. Y potencialmente lo son, pero efectivamente la disponibilidad está
141
Los autores estiman el pago por un riñón proveniente de donante vivo en un 10% del costo total de los gastos
del trasplante: u$a 17.000- “It converts supply from being completely inelastic to being completely elastic at a
price that is less than 10% above the price.”
142
BECKER y ELIAS en el artículo antes citado, especialmente en el apartado 4.1 The Price of an organ, “The risk
of a donor dying as a result of a kidney transplant seems to be no more than 0.1%. Assuming a value of statisti-
cal life of $5 million, as in Murphy and Topel (2003), this means that a 1/1000 increase in the probability of dying
to a young kidney donor would be valued at $5 million/1000, or at $5,000. In some respects, this is clearly an
overestimate of the supply price of live donors because some donors- such as parents - are not young.”
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273
143
“Al éxito del trasplante contribuye decisivamente la identificación y preparación apropiada del donante. Como
requisito mínimo necesario para trasplantar en el caso de riñón se requiere compatibilidad de grupo sanguíneo
ABO y crossmatch negativo entre receptor y donante.”
http://escuela.med.puc.cl/publ/manualurologia/transplanterenal.html
144
Ver MOORE, Michel “Sicko”. http://www.youtube.com/watch?v=2n1c7Uo-T_Y
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a realizar una acción super-erogatoria. También se podría ocasionar que algunos familiares, frecuentes
donantes naturales por compatibilidad genética y afectiva se vean tentados por el pago y opten por
también querer obtener un beneficio. En este caso el altruismo quedaría relegado, pero a los fines de
lograr el trasplante esperado, sería de igual utilidad. Este relegamiento de la donación altruista, en
post del cobro del “incentivo”, también afectaría a las donaciones de órganos cadavéricos. En este
caso, debería reglamentarse que tal donación se haga efectiva, siempre y cuando se cuente con el
consentimiento previo, para evitar cualquier suspicacia que lleve a una ola de “muertes dudosas” con
el objetivo de satisfacer la demanda.
4.
Una vez abierto el mercado de órganos, la satisfacción de los primeros, que están en alta prio-
ridad tendrá una enorme utilidad, pero esta decrecerá a medida que vayan realizándose operaciones,
esto es agregando unidades de utilidad, que reduzcan la cantidad de pacientes en lista de espera. Del
equilibrio resultante, luego de resolver el estado de emergencia, habrá posibilidad de acumular los
fondos recaudados para tal fin, a los que se agregarían también costos de los tratamientos con diálisis
que serían cada vez más excepcionales. Hay que tener en cuenta que la sobrevida de un trasplantado,
una vez que ha aceptado el órgano –y esto se da en un 60%– es de un promedio de 1 a 5 años y en
pacientes más jóvenes de 10 a 20 años.145 A mayor edad del paciente, menor posibilidad de sobrevida.
El costo de la transacción debe justificar la utilidad obtenida. Pero para los casos de re-trasplantados
ya podrían ser utilizadas las donaciones cadavéricas, que se convertirían en un reservorio permanente.
Y la reducción de los costos de los tratamientos de diálisis podría utilizarse para pagar el precio de la
transacción –por lo que el costo marginal estaría amortizado por este ahorro.
En cuanto a la instrumentación de un mercado mundial de órganos, considero que sería de uso
excepcional, porque las mayores compatibilidades se dan endogámicamente e implicaría una pérdida
de utilidades el transportar un órgano –o bien, un paciente– que puede ser hallado, con mayor fre-
cuencia, en la proximidad familiar y/o étnica. Debería estar regulado por cada Estado, porque en la
administración de este bien no cabría posibilidad de exclusión de un comprador-receptor por carecer
de recursos; tampoco podría darse la instancia competitiva de mercado que negocie los precios de los
órganos, estos deben estar estandarizados, garantizando la calidad de los cuidados; podrían incluso
diseñar un organismo supranacional que opere como un banco de datos de posibles donantes; ade-
más, el Estado ya cuenta con la infraestructura de comunicación, de administración sanitaria y de
traslado de órganos.
Una vez alcanzado el óptimo de Pareto y niveles de equilibrio (que haya tantos órganos a dis-
posición como receptores), se debe diseñar una campaña que informe y eduque sobre la manera co-
rrecta de alimentarse para evitar afecciones que requieran luego de un trasplante. Aquí habría que
evaluar los costos de prevención en relación con los costos de compra-venta-donación de órganos,
seguramente si fuera exitosa la campaña informativa, las utilidades en las que redundarían los cambios
en la dieta y en los cuidados de higiene, por su bajo costo, la ganancia social sería altísima. La informa-
ción en este sentido tiende al Bien Público, pero dado que es improbable que sea el mismo mercado el
que la provea deberá ser implementada desde organismos no gubernamentales o bien desde el Esta-
do.
145
“En el anuario 2006 se registra una sobrevida actuarial del injerto a 1 y 5 años de 85 y 77% para receptores de
donante cadavérico y de 92 y 84% para receptores de riñón provenientes de donante vivo. […] Presenta una exce-
lente sobrevida del injerto al largo plazo, lo que puede superar los 20 años. También muy deseable en niños y
pacientes jóvenes.” http://escuela.med.puc.cl/publ/manualurologia/transplanterenal.html
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Se debe pensar en una solución pronto, porque el desequilibrio persiste y las preferencias en
juego tienen una demostrada permanencia: calidad de vida, ganancia monetaria y bienestar. Tanto
vendedor como comprador, como los sistemas de salud, buscarán maximizar sus utilidades. Un mer-
cado de órganos así regulado lo lograría.
Sumario: 1. Introducción. 2. Contrato de trabajo eventual. 2.1. Definición. 2.2. Contrato de trabajo even-
tual y contrato de trabajo de temporada. 2.3. Características del contrato de trabajo eventual. 2.4. Dife-
rencias entre el contrato de trabajo eventual y el de plazo fijo. 3. Empresas de servicios eventuales. 4.
Operatoria de las empresas de servicios eventuales. 5. Planteamiento de observaciones respecto de la
legislación del trabajo eventual. 6. Marco legal. Análisis. Observaciones. 6.1. Ley de Contrato de Trabajo
y trabajo eventual. 6.2. Ley Nacional de Empleo y trabajo eventual. 6.3. Decreto Reglamentario
1694/2006 y trabajo eventual. 6.4. Decreto 762/2014 y trabajo eventual. 7. Requisitos para el funciona-
miento de las empresas de servicios eventuales. 8. Circunstancias en las que se requieren los servicios
de una empresa de servicios eventuales. 9. Derechos y obligaciones de las partes en el contrato de tra-
bajo eventual. 10. Posible configuración de fraude laboral a través de las empresas de servicios eventua-
les. 11. Jurisprudencia. 12. Conclusiones y propuestas. 13. Consideración final. 14. Bibliografía
Resumen: Las disposiciones legales que regulan el Abstract: The rules governing “casual work” are
trabajo eventual se encuentran en la Ley de Con- on the Labor Contract Act, the National Employ-
trato de Trabajo, en la Ley Nacional de Empleo y ment Act and the Regulatory Decree 1694/2006.
en el Decreto Reglamentario 1694/ 2006. El obje- The objective of this presentation is to highlight
tivo de esta presentación es el de poner de mani- what I consider discrepancies in these laws, and
fiesto lo que considero discrepancias en dichas including with regard to the substantive law gov-
disposiciones legales, y entre ellas, respecto de la erning the employment contract in general. Under
legislación de fondo que regula el contrato de the existence of these discrepancies, situations
trabajo en general. En virtud de la existencia de that may impair the worker may occur. Therefore,
esas discrepancias, pueden producirse situaciones the underlying question is: can a state of emer-
que perjudiquen al trabajador. Por lo tanto, la gency, such as temporary work contract, have
pregunta subyacente es: ¿puede un régimen de laws that oppose the labor law background?
excepción, como es el contrato de trabajo even-
tual, tener disposiciones legales que se contra-
pongan con la legislación laboral de fondo?
Palabras llave: trabajo eventual - Contrato de Keywords: “casual work” - Labor Contract Act –
Trabajo - régimen de excepción emergency laws
1. Introduccion
En el Derecho Individual del Trabajo existen, teniendo en cuenta su duración y modalidad, dos
clases de contratos:
146
Abogado (UBA) Magister en Derecho del Trabajo y Relaciones Laborales Internacionales. Doctor en Ciencias
Jurídicas y Sociales (UMSA). Miembro y docente del Instituto de Derecho del Trabajo del Colegio Público de Abo-
gados de la Capital Federal. Miembro y Coordinador Académico del Instituto de Derecho del Trabajo del Colegio
de Abogados de San Isidro. Docente de la materia Derecho del Trabajo en la Universidad del Museo Social Argen-
tino
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Del texto de este artículo surge con claridad que no importa la denominación que las partes le
den al contrato de trabajo que entre ambas celebren. Por el contrario, cuando se observe que la tarea
del trabajador es para la realización de “servicios extraordinarios determinados de antemano o exi-
gencias extraordinarias y transitorias de la empresa, explotación o establecimiento”, se entenderá
que existe un contrato de trabajo eventual. La prueba respecto de la existencia de ese contrato de
trabajo eventual, está a cargo del empleador. Si es que el mismo no pudiera probar tal extremo, se
considerará que existe contrato de trabajo por tiempo indeterminado.
1.- El Dr. Julio Armando Grisolía,147establece: “El contrato de trabajo eventual está dirigido,
básicamente, a cubrir un lugar de trabajo en circunstancias excepcionales y apunta a la obtención de
resultados concretos y temporales. Lo que caracteriza al contrato eventual es la ausencia de un plazo
predeterminado de duración: se sabe cuándo comienza, pero no se sabe con certeza cuándo finaliza.
El plazo se determina por el desarrollo y duración de la obra, ya que empieza y termina con la obra
para la cual se contrató al trabajador. Ninguna de las partes debe conocer el plazo de finalización exac-
to. De lo contrario, el empleador debería recurrir al contrato a plazo fijo. Lo que caracteriza al contrato
eventual propiamente dicho no es la causa, sino la falta de certeza del plazo de terminación”.
También, sostiene el mencionado autor, resulta aconsejable que al contrato de trabajo even-
tual se lo celebre por escrito.
Al respecto, el art. 69 de la LNE, establece: “Para el caso que el contrato de trabajo eventual
tuviera por objeto sustituir transitoriamente trabajadores permanentes de la empresa que gozaran de
licencias legales o convencionales o que tuvieran derecho a reserva del puesto por un plazo incierto, en
el contrato deberá indicarse el nombre del trabajador reemplazado”. Esto indica claramente que debe
celebrarse por escrito.
Con relación al mismo tema de la celebración por escrito, el art. 72 de la LNE, establece: “En
los casos que el contrato tenga por objeto atender exigencias extraordinarias del mercado, deberá
estarse a lo siguiente: a) En el contrato se consignará con precisión y claridad la causa que lo justifi-
que”. Nuevamente se efectúa una inequívoca referencia a que el contrato de trabajo eventual se ce-
lebre por escrito.
El Dr. Juan Carlos Fernández Madrid148, establece: “El contrato de trabajo eventual debe ser
celebrado por escrito y puede ser definido como aquel contrato, en principio transitorio y determinado
por una tarea extraordinaria, propia, o no, del giro normal de la empresa, y que termina con la realiza-
ción de la obra, la ejecución del acto o la prestación del servicio para el que fue contratado el trabaja-
dor. Es decir que, por su extraordinariedad, no tiene perspectiva de continuar”.
El Dr. Ricardo Guibourg149 (D.T. 1975, página 525), distingue el contrato de trabajo eventual de
la locación de obra. Sostiene que “la satisfacción de resultados concretos no debe crear confusión al-
guna al respecto, porque el trabajador eventual no se obliga a un resultado, sino a la prestación de un
servicio. Pero este servicio se presta sólo en procura de determinado resultado, susceptible de agota-
miento razonablemente rápido, y durante el tiempo necesario para obtenerlo por cuenta y riesgo del
empleador”.
147
Grisolìa, Julio Armando: Tratado de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social- Abeledo Perrot- Buenos Aires
2008- pàg. 465
148
Fernàndez Madrid, Juan Carlos: Tratado Pràctico de Derecho del Trabajo- Tomo I.- pàg 845.
149
Guibourg, Ricardo: D.T.. 1975, página 525.
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El Dr. De la Fuente150, en su Tratado de Derecho del Trabajo, Editorial La Ley, T III, página 548,
sostiene que “el contrato de trabajo eventual se configurará cuando el vínculo comienza y termina con
la realización de la obra, la ejecución del acto o la prestación del servicio para el que fue contratado el
trabajador”.
El Dr. Miguel Angel Sardegna151, en su Ley de Contrato de Trabajo, Editorial Universidad, pá-
gina 267, establece: “Existe contrato de trabajo eventual cuando se trata de satisfacer resultados con-
cretos según servicios extraordinarios determinados previamente o exigencias extraordinarias o transi-
torias. El comienzo y la conclusión del vínculo coinciden con la realización de la obra, la ejecución del
acto o la prestación del servicio. Se trata de una tarea circunstancial y destinada a agotarse que no
admite expectativa de su continuidad o permanencia. El contrato concluye cuando termina la obra que
significó su objeto”.
En cuanto a la prueba de este tipo de contratos, el Dr. Sardegna establece: “El empleador que
invoca la existencia de este contrato deberá probar la extraordinariedad o transitoriedad de la labor
que motivó el comienzo y justifica el fin de la relación, y, para ello, debe basarse en hechos incontrover-
tibles, pues no basta la denominación que las partes hubiesen asignado al contrato. Empero, somos de
opinión de que la prueba escrita es conveniente y se hace necesaria frecuentemente, atento a conside-
rar también que los recaudos exigidos por el art. 90 son concurrentes y no independientes. Pero, más
correcto hubiera sido indicar que la carga se halla dirigida a quien invoque esta modalidad laboral”.
La jurisprudencia, al respecto, ha dicho:
“El carácter eventual de un contrato de trabajo, cuya prueba está a cargo de quien lo invoca,
no depende de la denominación que le den las partes sino de su relación con exigencias extraordinarias
y transitorias del establecimiento o servicios extraordinarios determinados de antemano”152.
“Para afirmar la existencia de un contrato de trabajo eventual, debe demostrarse que el traba-
jador ha sido contratado únicamente para la satisfacción de ciertos resultados concretos, ya sean ser-
vicios extraordinarios determinados de antemano, que por su naturaleza, se encuentran fuera de la
actividad específica del empleador, o exigencias extraordinarias y transitorias, que, por cantidad o es-
pecificidad, obedezcan a factores transitorios y ajenos al desarrollo habitual de la actividad empresa-
ria”153.
2.2. Contrato de trabajo eventual y contrato de trabajo de temporada
El contrato de trabajo eventual, tomando en consideración su duración, es un contrato de tra-
bajo “temporario”: tiene una fecha cierta de inicio, y una fecha incierta de finalización. Esta fecha
incierta de finalización es lo que caracteriza al contrato de trabajo eventual, además de ser el que se
brinda por, como fue mencionado, “servicios extraordinarios determinados de antemano o exigencias
extraordinarias y transitorias de la empresa, explotación o establecimiento”.
El Diccionario de la Real Academia Española, en su vigésima primera edición, Editorial Espasa
Calpe S.A., 1995, brinda la siguiente definición de la palabra “temporario”: “temporal: que dura algún
tiempo”.
150
De la Fuente: Tratado de Derecho del Trabajo, editorial La Ley, T III, página 548.
151
Sardegna, Miguel Angel: Ley de Contrato de Trabajo, Editorial Universidad, página 267.
152
CNAT, Sala X, 17/05/05, “Ciochi, Jorge R. c/ Proyecto Profesional Recursos Humanos S.A. y otro”.
153
CNAT., Sala I, 09/12/86, “López, Carmelo, Mónica Silvia c. Compañía General de Comercio e Industria S.A. y
otro”, D.T., 1987-A681.
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Hierrezuelo, Ricardo – Núñez, Pedro: “Responsabilidad Solidaria en el Contrato de Trabajo”, editorial Hammu-
rabi, segunda edición actualizada y ampliada, 2008.
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Este es uno de los temas centrales del presente trabajo: no dejar de lado, a lo largo de todo
su desarrollo, el concepto de “eventual” para calificar y entender el servicio que prestan estas em-
presas.
Definición de eventual según el Diccionario de la Real Academia Española155: “Sujeto a cual-
quier evento o contingencia. Dícese del trabajador que no pertenece a la planta de una empresa y pres-
ta sus servicios de manera provisional”.
4. Operatoria de las empresas de servicios eventuales
Las Empresas de Servicios Eventuales efectúan dos tipos se contrataciones laborales:
1) Contratan a trabajadores que prestarán servicios en sus propias oficinas. Los mismos se
desempeñarán en tareas regulares determinadas por ellas. El contrato es por tiempo indeterminado,
de acuerdo a lo establecido por la LCT.
2) Contratan también a trabajadores que prestarán servicios en otras empresas, las “usuarias”
de las ESE, que requieran de los mismos. Estos trabajadores también están vinculados con la Empresa
de Servicios Eventuales por un contrato de trabajo por tiempo indeterminado. Lo que constituye el
elemento tipificante de su actividad, es que prestarán servicios en otras empresas que los requieran,
solamente, tal como dice el ordenamiento legal, ante “necesidades eventuales” de las mismas.
Respecto de ambas clases de trabajadores mencionados en estos dos puntos, la Empresa de
Servicios Eventuales es la que se encarga de seleccionarlos, les paga el sueldo, es responsable de los
mismos ante los organismos de la Seguridad Social y de cuantas actividades le son requeridas a un
empleador para con su personal.
Lo único que va a diferenciar a los trabajadores es que, como fue explicado, unos prestarán
servicios para la propia Empresa de Servicios Eventuales y otros para las que los requieran para traba-
jos “eventuales”, es decir, para los “usuarios” de este tipo de personal.
Las Empresas de Servicios Eventuales les cobran a sus empresas clientes, por el trabajo que las
mismas desarrollan a favor de ellas, un determinado importe (generalmente un porcentaje del sueldo)
por cada trabajador que éstas solicitan para desempeñar trabajos “eventuales”.
Ante distintas consultas efectuadas en empresas de este tipo, se me informó que, en general,
se aplica un “coeficiente de dos”. Es decir que, si un trabajador es derivado por la ESE a una empresa
usuaria y tiene un sueldo de $ 5000 brutos, la usuaria le deberá abonar a la ESE un total de $ 10.000
por ese trabajador.
También la regla general es que las ESE no brindan este servicio a particulares, sino que, como
fue expresado, lo hacen exclusivamente a empresas.
Cuál es la razón por la que a las empresas “usuarias” de trabajadores les conviene contratar a
Empresas de Servicios Eventuales que se los proporcionen y no contratarlos ellas mismas en forma
directa?.
Esto se debe a una cuestión puramente presupuestaria, por un lado, y práctica, por el otro.
A las empresas internacionales, desde sus casas matrices, les asignan un determinado presu-
puesto para el pago de los salarios del personal. Para su trabajo local habitual, necesitan más presu-
puesto destinado a pagar personal que el que les es asignado. En virtud de no poder gastar más que lo
155
Diccionario de la Real Academia Española, vigésima primera edición, Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1992.
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que se les estipula en “el presupuesto”, recurren a pagar a los empleados eventuales a través de otro
concepto “diferente” a la “cuenta sueldos”.
En este punto hay que establecer claramente el siguiente concepto:
Cuando una empresa usuaria contrata a una Empresa de Servicios Eventuales para que le pro-
vea un trabajador para realizar actividades “eventuales”, la que le paga el salario es esta última, que, a
su vez, recupera el importe de la usuaria.
Supongamos que el salario del trabajador, por todo concepto, es de $ 5.000.
La empresa usuaria le paga a la de Servicios Eventuales ese importe más un “plus”, como fue
dicho, normalmente un porcentaje del salario, que constituye el honorario que la mencionada en últi-
mo término percibe por la prestación de sus servicios.
De esta manera, la usuaria no tiene, ante una necesidad determinada, que destinar tiempo a
seleccionar empleados para afrontar la misma y, además, puede pedirle a la Empresa de Servicios
Eventuales que contrató al trabajador que lo reemplace si es que considera que su desempeño no es
satisfactorio.
5. Planteamiento de observaciones respecto de la legislación del trabajo eventual
Se plantean las siguientes:
1.- Existen disposiciones legales que rigen el funcionamiento del trabajo eventual, que se con-
traponen conceptualmente entre sí, creando situaciones que afectan los principios generales del Dere-
cho del Trabajo, fundamentalmente, el principio más importante, que es el de proteger a los trabaja-
dores.
2.- En esa legislación se presentan situaciones que debieran aclararse y reglamentarse para
brindar una mayor claridad a los diversos temas.
3.- Los trabajadores contratados por Empresas de Servicios Eventuales para ser provistos a
empresas usuarias son destinados por estas últimas, en muy numerosas ocasiones, para realizar tareas
que no son eventuales, desempeñándose en las mismas por un tiempo mayor al establecido por la
legislación vigente para el trabajo eventual. También, en muchas oportunidades, son obligados a re-
nunciar a su trabajo para acceder a desempeñarse en otras empresas, razón por la que pierden los
beneficios obtenidos.
4.- Esos trabajadores tienen un régimen diferencial respecto de los que se desempeñan como
“efectivos”: estos tienen un Convenio Colectivo de Trabajo distinto, generalmente con mejores bene-
ficios, cobran premios, presentismo, productividad y otros que serán detallados en esta presentación.
5.- Los controles que realiza la Autoridad de Aplicación, que es el Ministerio de Trabajo, Em-
pleo y Seguridad Social, no son lo suficientemente eficientes como para evitar las irregularidades se-
ñaladas.
6.- No se constituyó, a la fecha de finalización de este trabajo, el Observatorio de Buenas Prác-
ticas que establece el art. 26 del decreto reglamentario 1694/2006.
6. Marco legal. Analisis. Observaciones
6.1.- Ley de Contrato de Trabajo y trabajo eventual
Artículo 29: “Los trabajadores que, habiendo sido contratados por terceros con vista a propor-
cionarlos a las empresas, serán considerados empleados directos de quien utilice su prestación.
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En tal supuesto, y cualquiera que sea el acto o estipulación que al efecto concierten, los terce-
ros contratantes y la empresa para la cual los trabajadores presten o hayan prestado servicios, respon-
derán solidariamente de todas las obligaciones emergentes de la relación laboral y de las que se deri-
ven del régimen de la seguridad social.
Los trabajadores contratados por empresas de servicios eventuales habilitadas por la autoridad
competente para desempeñarse en los términos de los arts. 99 de la presente y 77 a 80 de la Ley Na-
cional de Empleo, serán considerados en relación de dependencia, con carácter permanente, continuo o
discontinuo, con dichas empresas”.
Con respecto al primer párrafo de este artículo, entiendo que, de su texto literal, no podemos
advertir si, cuando se refiere al término “terceros” alude a Agencias de Empleo Privadas, a Consulto-
ras, a Empresas de Servicios Eventuales o a cualquiera de ellas.
En virtud de lo expresado por el artículo en el tercer párrafo, que alude particularmente a las
Empresas de Servicios Eventuales, pareciera ser, entonces, que la alusión del primer párrafo refiere
solamente a Agencias de Empleo o a Consultoras.
Las Agencias de Empleo Privadas son las que procuran un empleo para los trabajadores. Las
Consultoras son aquellas que, contrariamente, se encargan de seleccionar a trabajadores que se
desempeñarán en otras empresas, a las que esas Consultoras les cobrarán un honorario por el trabajo
desempeñado. Ambas son ajenas a la relación laboral entre trabajador y empleador. Consiguiente-
mente, no cabe ningún lugar a dudas que, tanto en el caso de la Agencia de Empleo Privada como en
el de la Consultora, los trabajadores serán empleados directos de quien utilice su prestación, esto es,
la empresa en la que presten servicios.
Distinto es el caso de las Empresas de Servicios Eventuales.
Las mismas también seleccionan a un trabajador que puede ser enviado a trabajar en una em-
presa usuaria. Sin embargo, el empleador de ese trabajador es la Empresa de Servicios Eventuales, de
acuerdo a lo que establece el artículo 4 del decreto reglamentario 1694/2006.
Entonces, como conclusión para el análisis de este primer párrafo del artículo 29, reitero
que, tal como surge de su redacción, pareciera comprender a las Agencias de Empleo Privadas y a las
Consultoras. La diferencia entre las mismas y las Empresas de Servicios Eventuales es que, respecto
de las dos primeras, el empleador es, efectivamente, quien se sirva del trabajo de la persona. En
tanto, en la Empresa de Servicios Eventuales, es ésta misma la empleadora.
Con relación al tercer párrafo de este artículo, el comentario que entiendo pertinente formular
se refiere a los términos “permanente”, “continuo” o “discontinuo” con dichas empresas (las de Ser-
vicios Eventuales).
En primer lugar, los conceptos de “permanente” y “continuo” son equivalentes. No podemos
entender que una relación laboral que es permanente no sea continua. A su vez, si esa relación es con-
tinua en el tiempo, pareciera difícil entender que no es permanente.
El criterio que considero que debiera prevalecer es que el trabajador lo es, respecto de la Em-
presa de Servicios Eventuales, por un contrato de trabajo por tiempo indeterminado respecto de esa
empresa. Respecto de la usuaria, hay un contrato de trabajo, efectivamente, “discontinuo”, ya que
puede desempeñarse en cualquier usuaria, de acuerdo al destino que le proporcione su empleador,
que es la Empresa de Servicios Eventuales.
Por lo tanto, no puede haber, en mi criterio, una relación de dependencia “continua” o “dis-
continua” a la vez, como plantea el art. 29 de la LCT, con la ESE.
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Los argumentos jurídicos que entiendo avalan esta posición son los siguientes:
a) No existe ninguna disposición legal que sostenga que el contrato de trabajo entre la empre-
sa usuaria y el trabajador sea “discontinuo”. Siempre que se alude a esa calidad es con respecto a la
ESE. Por lo tanto, desde lo formal, entendiendo por tal el hecho de estar contemplado en la legisla-
ción, no existe el contrato de trabajo “discontinuo” entre la Empresa de Servicios Eventuales y el tra-
bajador.
b) LCT, artículo 21: “Habrá contrato de trabajo, cualquiera sea su forma o denominación,
siempre que una persona física se obligue a realizar actos, ejecutar obras o prestar servicios a favor
de la otra y bajo la dependencia de ésta, durante un período determinado o indeterminado de tiem-
po, mediante el pago de una remuneración. Sus cláusulas, en cuanto a la forma y condiciones de la
prestación, quedan sometidas a las disposiciones de orden público, los estatutos, las convenciones
colectivas o los laudos con fuerza de tales y los usos y costumbres”.
Cuando este artículo menciona la expresión “ejecutar obras o prestar servicios a favor de la
otra y bajo la dependencia de ésta”, no hay lugar a dudas que es la situación que se plantea en el con-
trato de trabajo entre la ESE y el trabajador.
El fundamento de la afirmación que sostiene que el trabajador se encuentra bajo relación de
dependencia “permanente” con la ESE, y no “discontinua”, lo constituye el inciso f) del artículo 5 del
Decreto Reglamentario 1694/2006: “Transcurrido el plazo máximo fijado en el inciso a) sin que la Em-
presa de Servicios Eventuales hubiera asignado al trabajador nuevo destino, éste podrá denunciar el
contrato de trabajo, previa intimación en forma fehaciente por un plazo de veinticuatro horas, hacién-
dose acreedor de las indemnizaciones que correspondan por despido sin causa y por falta de preaviso”.
Es categórica la afirmación, a través de este inciso f), de que existe relación de dependencia
entre la ESE y el trabajador: de lo contrario, no debiera pagarle la primera indemnización alguna a la
finalización del contrato y no debiera ser esa empresa la que le haya tenido que asignarle un nuevo
destino.
Acreditada, desde el punto de vista legal, la relación de dependencia, no hay dudas de que la
misma es, entre la ESE y el trabajador, “permanente” o “continua”.
La indemnización que esa empresa debe abonar comprende todo el período desde que el tra-
bajador fue contratado por la ESE.
Para abonar este ejemplo, supongamos lo siguiente: un trabajador hace tres años que fue con-
tratado por una ESE. En forma constante fue enviado a prestar tareas a distintas usuarias. En un de-
terminado momento, se superó el plazo de cuarenta y cinco días corridos o noventa alternados por los
que, de acuerdo con el art. 5 del Decreto Reglamentario, el trabajador puede no prestar tareas en la
ESE, y decidió denunciar el contrato. La ESE, tal como lo establece el inciso f) del art. 5, deberá pagarle
la indemnización. Resulta obvio que esa indemnización comprenderá desde el momento en que, en el
ejemplo en cuestión, hace tres años lo contrató.
En virtud de esto, no podemos decir, desde el punto de vista jurídico, que haya existido un
contrato “discontinuo” entre la ESE y el trabajador. El contrato fue “continuo”, a la luz de la indemni-
zación que, por todo el período en que estuvo bajo su dependencia, la ESE debe pagarle. Si el contrato
fuera “discontinuo”, la indemnización debieran pagársela parte la usuaria y parte la ESE, lo que no está
previsto en ningún punto del ordenamiento legal.
c) Artículo 4, LCT.: “Constituye trabajo, a los fines de esta ley, toda actividad lícita que se pres-
te a favor de quien tiene la facultad de dirigirla, mediante una remuneración”.
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Las ESE tienen la facultad de destinar al trabajador, durante todo el tiempo que dure el contra-
to, a distintas empresas usuarias. Esto constituye una aplicación directa del “ius variandi”, que está
contemplada en los artículos 64 a 69 de la LCT.
En todos esos artículos, invariablemente, quien puede hacer los cambios, sin excepciones es
“el empleador”. Por lo tanto, no caben dudas, también en este artículo, que el “empleador” es la ESE y
no la usuaria. Es la ESE la que le indica al trabajador a qué otra empresa debe ir a prestar servicios, la
que lo notifica de tal circunstancia, la que debe estar notificada de cualquier cambio de domicilio del
trabajador para poder, a su vez, notificarle el próximo destino.
Además, después de, supongamos, dos años de contrato entre el trabajador y la ESE, es esta
misma empresa la que le debe seguir indicando al trabajador a qué empresa usuaria deberá ir a pres-
tar servicios. Por lo tanto, el vínculo entre las partes se ha mantenido en el tiempo. Si ese vínculo fuera
“discontinuo” no podría ser la ESE la que debiera seguir dándole las instrucciones al trabajador.
Como un fundamento absolutamente sustancial de que existe un contrato de trabajo por
tiempo indeterminado con la ESE, se apunta que es ésta la que debe cumplir con la principal obligación
de todo empleador respecto del trabajador: pagarle la remuneración.
La manera de graficar esta circunstancia, se da, por ejemplo, cuando una ESE, contrató a un
trabajador un día primero de mes.
Al día quince, lo envió a desempeñarse en una empresa usuaria.
El día treinta, debe pagarle el sueldo.
Qué sueldo habrá de pagarle?: obviamente, los treinta días del mes: es decir: los quince en los
que no prestó servicios más los quince en que sí lo hizo.
Esto demuestra, acabadamente, que el contrato de trabajo para la ESE respecto de un trabaja-
dor asignado a una usuaria, es “permanente” y no “discontinuo”, tal como lo establece el art. 29 de la
LCT. Si así lo fuera, en el caso mencionado, debiera pagarle la mitad del sueldo la ESE y la mitad la
usuaria.
d) Artículo 90 LCT.: “El contrato de trabajo se entenderá celebrado por tiempo indeterminado,
salvo que su término resulte de las siguientes circunstancias:
a) Que se haya fijado en forma expresa y por escrito el tiempo de su duración.
b) Que, de las modalidades de las tareas o de la actividad, razonablemente apreciadas, así los
justifiquen.
La formalización de contratos por plazo determinado en forma sucesiva, que exceda de las exi-
gencias previstas en el apartado b) de este artículo, convierte al contrato en uno por tiempo indetermi-
nado”.
Para no perder de vista el planteamiento, reitero que estoy tratando de demostrar, desde el
punto de vista eminentemente legal, a través de los mismos artículos de la LCT, que el contrato de
trabajo entre una ESE y un trabajador es “permanente continuo”, y que no es “discontinuo”, tal como
lo plantea el art. 29 de la LCT.
Ninguna de las dos excepciones que establece el art. 90 de la LCT para entender que un con-
trato de trabajo puede no ser por tiempo indeterminado, a mi entender, son aplicables a las ESE.
La razón la brinda el mismo art. 90 cuando, en el inciso a), manifiesta “que se haya fijado en
forma expresa y por escrito el tiempo de su duración”.
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La fijación en forma expresa y por escrito del tiempo de duración de un contrato de trabajo
eventual se realiza respecto de la empresa usuaria, pero no de la ESE. De lo contrario, recurriendo
nuevamente al artículo 5, inciso f) del decreto reglamentario, no debiera ésta tener que pagarle la
indemnización cuando el trabajador denuncia el contrato.
En cuanto al segundo inciso del artículo 90, “las modalidades de las tareas o de la actividad,
razonablemente apreciadas, así los justifiquen”, se refiere a la modalidad de las tareas que el trabaja-
dor realice en la empresa usuaria, y no en la ESE.
Por lo tanto, desde el punto de vista legal, entiendo que el contrato del trabajador con la ESE
es “permanente continuo”, por tiempo indeterminado, y no “continuo” o “discontinuo” como lo plan-
tea el art. 29 de la LCT.
Respecto de la empresa usuaria el contrato de trabajo es “discontinuo”, porque, evidente-
mente, el trabajador, de acuerdo a la modalidad eventual, presta servicios en la misma por un tiempo
que, de acuerdo a la modalidad eventual, se sabe cuándo comienza pero no cuándo termina.
Por otra parte, no caben dudas respecto de que, en relación a los trabajadores que se desem-
peñan en las propias oficinas de la ESE, están regidos por un contrato de trabajo por tiempo indeter-
minado.
Artículo 29 bis “El empleador que ocupe trabajadores a través de una empresa de servicios
eventuales habilitada por la autoridad competente, será solidariamente responsable con aquella por
todas las obligaciones laborales y deberá retener de los pagos que efectúe a la empresa de servicios
eventuales los aportes y contribuciones respectivos para los organismos de la seguridad social y deposi-
tarlos en término.
El trabajador contratado a través de una empresa de servicios eventuales estará regido por la
convención colectiva, será representado por el sindicato y beneficiado por la obra social de la actividad
o categoría en la que efectivamente preste servicios en la empresa usuaria”.
El primer párrafo de este artículo 29 bis, abona aún más la afirmación de que el contrato de
trabajo entre el trabajador y la ESE es permanente continuo, y no “continuo” o “discontinuo” respec-
to de la misma, como lo establece el art. 29 de la LCT. El art. 29 bis establece que “el empleador que
ocupe trabajadores a través de una ESE será solidariamente responsable con aquella por todas las
obligaciones laborales”. Es decir: la usuaria es solidariamente responsable, pero el sueldo al trabaja-
dor se lo debe abonar íntegramente la ESE.
El segundo párrafo de este artículo me sugiere la realización de varios comentarios al respecto.
La primera apreciación, es que no existe reglamentación al respecto de determinados temas
cuando, a mi criterio, en virtud de lo que se explicará, resulta necesario que exista.
Supongamos que hay un trabajador, suministrado por una ESE a una empresa usuaria moline-
ra, para que se desempeñe como empleado administrativo en la misma. El Convenio Colectivo de Tra-
bajo aplicable, obviamente, es el de la industria molinera. De acuerdo al mismo, la categoría laboral
que le corresponde es la “A”, con una remuneración de, supongamos, $ 6000 mensuales.
Finalizado el período de trabajo en la empresa usuaria molinera, la ESE vuelve a destinarlo, es-
ta vez a un supermercado, para realizar la misma tarea administrativa. Le corresponde, en esta opor-
tunidad, el Convenio Colectivo de Trabajo de Comercio. De acuerdo con el mismo, a ese trabajador se
le asigna una categoría laboral inferior a la que tenía, para la misma tarea, en la industria molinera,
consecuentemente, con una remuneración inferior, de $ 5.000, es decir, mil pesos menos que en el
trabajo anterior.
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La pregunta que me surge es la siguiente: ¿no atenta esto contra la “intangibilidad de la re-
muneración”, de la que todo trabajador debe gozar?. ¿Podría considerarse el trabajador, respecto
de su empleador, que es la ESE, injuriado por la disminución de su remuneración y despedido por
exclusiva culpa de este último?. ¿Podría algún juez hacer lugar a esta petición?.
La remuneración del trabajador es inalterable e intangible, tal como lo señala el Dr. Grisolía156:
“El empleador no puede disminuir la remuneración unilateralmente porque violaría una condición
esencial del contrato. Tampoco puede reducirse en términos reales durante el vínculo laboral y no debe
ser inferior al salario mínimo, vital y móvil, no al mínimo de la escala salarial del convenio colectivo ni
al básico de convenio”.
Si la remuneración no puede reducirse, podría hacerlo una ESE en el caso supra planteado?.
Porque quien le paga la remuneración al trabajador, como no podría ser de otra manera, es la ESE,
porque no caben dudas de que es su verdadero empleador.
Podría ampararse la ESE en que, como el trabajador se desempeña haciendo el mismo trabajo
que en la empresa anterior, en otra empresa que tiene un convenio distinto, y consecuentemente, una
remuneración menor, podría ampararse, reitero, en esa circunstancia, como para abonarle una remu-
neración menor que la que tenía el trabajador en la empresa anterior?.
Puede el trabajador considerar que, como su empleador es la ESE, le bajó el sueldo de un mes
al otro, como consecuencia del cambio de trabajo?. Podría el trabajador considerarse despedido?.
Esto está íntimamente relacionado con el denominado “ius variandi”: la facultad que tiene el
empleador de efectuar determinados cambios, necesarios y funcionales para el trabajo, sin que se
modifiquen los elementos que son considerados esenciales en el contrato de trabajo: la remunera-
ción, el tiempo de trabajo y la categoría laboral.
No olvidemos que, en el caso señalado, el trabajador percibe menos salario porque se desem-
peña, en la misma tarea administrativa, en dos lugares distintos y, en el segundo, ese trabajo tiene
otra categoría laboral y, consecuentemente, otra remuneración. Por lo tanto, el empleador, o sea, la
ESE, al pagarle menos al trabajador, podría estar doblemente infringiendo los elementos esenciales del
contrato de trabajo: la remuneración y la categoría laboral.
Este tipo de dudas se plantean, a mi criterio, en virtud de que no está reglamentado este tema.
Desde el punto de vista legal, entiendo que tendría sustento el reclamo del trabajador para
que se le conserven la categoría laboral y la remuneración. Para él es indiferente cuál es la empresa
usuaria. Su empleador directo es la ESE.
Podríamos, en este punto, pensar que puede ser aplicable para el trabajador la “teoría de los
actos propios”, en virtud de los cuales acepta ser enviado a distintas empresas?.
La Dra. Amanda Caubet157, establece: “Dada la imperatividad del principio protectorio, en el
derecho del trabajo, existe un margen muy escaso para la pretensión de aplicar en contra del trabaja-
dor la conocida teoría de los “actos propios”. En cambio, su vigencia es plena respecto a los actos y
conductas del empleador, pues es éste quien fija las pautas del contrato y de la relación de trabajo”.
Destaca la Dra. Caubet que “la menor amplitud respecto a las actitudes del trabajador respon-
de a que debe atenderse a su hiposuficiencia, ya que ésta puede llevarlo a incurrir en actos que puedan
caer bajo lo normado por el art. 954 del Código Civil”. De allí que, expresamente, concluya que “no
156
Grisolía, Julio Armando, op. cit., pág. 665
157
Caubet, Amanda: “La doctrina de los actos propios y el principio protectorio”. DEL, T XII, pág. 853
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deben caer bajo la doctrina de los actos propios aquellas conductas impuestas por el empleador al ce-
lebrar el contrato o durante su vigencia en la medida que revelen que han sido producto de la hiposufi-
ciencia del trabajador”.
Otro tema a considerar es la situación de un trabajador que se desempeñó en una empresa en
la que se abonaban gratificaciones a fin de año.
Supongamos que el trabajador laboró desde el mes de Enero hasta el mes de Junio, y está pre-
visto que, a fin de año, esa empresa, en la que el trabajador ya no estará en la segunda mitad del año,
abone una gratificación. El trabajador, ¿tendría derecho a reclamarle a su empleador, la ESE, la per-
cepción de esa gratificación?. O también ¿podría solicitársela a la empresa usuaria?.
Otra consecuencia que podría tener el hecho de que el trabajador se desempeñe en distintas
empresas con distintas remuneraciones, tiene que ver con el momento en que la ESE, como emplea-
dor, decide despedir al trabajador. ¿Cuál habrá de ser la remuneración que debe ser tenida en cuen-
ta?. ¿La mayor que percibió en los distintos lugares en los que se desempeñó o un promedio de ellas?.
¿Qué habrá de pasar con las distintas gratificaciones que pudo tener derecho a percibir en alguno de
los trabajos en las empresas usuarias?.
Un tema interesante a consignar es el de las licencias.
Pensemos en un trabajador, empleado de una ESE, que se desempeñó en distintas empresas
usuarias, con distintos convenios que, en este caso, otorgan licencias también distintas. En una de
ellas, supongamos, la primera de las empresas, la licencia es más larga que en la segunda en la que se
desempeñó. Al encontrarse trabajando en esta última, el trabajador pide una licencia determinada: la
ESE, ¿le dirá que le corresponde aquella relativa a la empresa en la que actualmente se desempeña, o
podría exigir el trabajador la que le resulte más beneficiosa?.
Con respecto al tema del sindicato, se presenta otro interrogante.
Después de haberse desempeñado el trabajador eventual en dos entidades con sindicatos dis-
tintos, durante el período de 45 días corridos o noventa alternados en los que no trabaja, de acuerdo
al régimen de trabajo eventual, ¿cuál es el que representa al trabajador?. ¿A quién de ellos le debe
abonar la cuota mensual por la afiliación?. ¿Al sindicato correspondiente a la última empresa en la que
se desempeñó?. ¿La debe seguir abonando después de no trabajar más en la empresa usuaria?. En ese
caso, qué pasará con los beneficios que pudiera obtener a través del sindicato?. ¿No los percibirá
más?. ¿o los mantendrá hasta que comience a trabajar en la nueva empresa?.
Supongamos otro ejemplo: un trabajador es contratado para desempeñarse en un call center
durante seis horas diarias. Terminado el período correspondiente a la empresa usuaria, la ESE lo desti-
na a otra entidad en la que debe trabajar nueve horas diarias. ¿No tiene el trabajador derecho a efec-
tuar ningún reclamo al respecto?. ¿Qué ocurre si el ejemplo es al revés: trabajaba en una empresa
nueve horas por día, cobrando un sueldo determinado, y luego es destinado a otra, en la que trabaja
menos horas y cobra menos?. ¿Cuál sería la solución en este caso?. ¿Le puede reclamar a la ESE, que
es su empleadora, por trabajar más horas que antes y percibir, quizás, menos sueldo?.
Se presenta otro interrogante respecto de las Obras Sociales.
¿Cuál es la Obra Social que cubre al trabajador durante el período de 45 días corridos o 90 al-
ternados en los que, de acuerdo con el decreto reglamentario, puede no prestar servicios en el trabajo
eventual?. ¿Le corresponde la Obra Social del último trabajo que realizó en una empresa usuaria o
puede elegir entre esa última y otras que, dentro de la modalidad de contrato eventual, haya tenido?.
¿Podría tener a la que corresponde a la ESE para sus propios empleados?.
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Por otra parte, dada la brevedad de los plazos en los que un trabajador de una ESE se desem-
peña en una empresa usuaria, habría que preguntarse si, en ese plazo, puede llegar a completar todos
los trámites, para él y para su grupo familiar, que se requieren para el alta en la Obra Social que co-
rresponda según la empresa en la que trabaje. Cuando termina el plazo de tareas en una usuaria de-
terminada, también hay que realizar una cantidad de trámites administrativos para obtener la baja de
una Obra Social y luego, nuevamente, el alta en la que corresponde a la siguiente empresa en la que
continúe trabajando.
Otro tema que, en mi criterio, debiera estar reglamentado, se refiere a que, durante el período
de cuarenta y cinco o noventa días en los que puede no prestar servicios, no tenemos respuesta res-
pecto de si el trabajador debe, o no, efectuar aportes a alguna Obra Social. Entiendo que se dificulta
aún más la cuestión cuando el trabajador se encuentra en el período de los noventa días alternados en
los que puede no prestar tareas en el contrato de trabajo eventual: ¿dónde debe realizar los aportes?.
La Obra Social, en caso que la persona efectúe los aportes correspondientes por un breve período,
¿igual lo cubrirá ante una necesidad?.
Nuevamente con relación al período de cuarenta y cinco o noventa días en los que el trabaja-
dor puede no prestar servicios en el régimen de contrato de trabajo eventual, y en los que permanece
a disposición de la ESE, en esos períodos, ¿debería efectuar aportes a la Obra Social de la actividad de
la ESE?.
No es un dato menor recalcar que, en la práctica, el trabajador, durante el tiempo en el que no
presta servicios, no recibe el beneficio de ninguna Obra Social.
Tampoco tenemos una solución, a la luz de la actual legislación, respecto de este tema del con-
trato de trabajo eventual, con relación a los aportes previsionales. ¿Es justo para el trabajador no te-
ner aportes previsionales, por determinados períodos, por desempeñarse como dependiente de una
ESE y, consecuentemente, no percibir remuneración durante los mismos?.
En este punto entiendo fundamental realizar una muy importante aclaración: sin dudas que
el trabajo eventual constituye un régimen de excepción en relación con el contrato de trabajo por
tiempo indeterminado. Esto, indudablemente, es así.
Sin perjuicio de ello, me pregunto: ¿cómo se armoniza un régimen laboral de excepción, co-
mo lo es el trabajo eventual, con los principios del Derecho del Trabajo, que son de orden público?.
¿Puede un régimen de excepción como éste ir en desmedro de aquellos?.
Artículos 64 a 68: Estos artículos son los referidos al “ius variandi”, es decir, la facultad de or-
ganización y disciplinaria que tiene el empleador respecto del trabajador.
Con relación al cambio de horario de tareas, entiendo que también debiera reglamentarse
cuando se trate de un trabajo eventual.
Si un trabajador se desempeñó en una empresa usuaria de nueve a seis de la tarde, puede,
posteriormente, hacerlo en otra de catorce a veintidos horas?.
El empleador, o sea, la ESE, seguramente sostendrá que se trata de una actividad en una em-
presa distinta de la anterior. Es esta respuesta aplicable al trabajador o es un uso indebido del “ius
variandi”?.
Artículo 99: “Cualquiera sea su denominación, se considerará que media contrato de trabajo
eventual cuando la actividad del trabajador se ejerce bajo la dependencia de un empleador para la
satisfacción de resultados concretos, tenido en vista por éste, en relación a servicios extraordinarios
determinados de antemano o exigencias extraordinarias y transitorias de la empresa, explotación o
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establecimiento, toda vez que no puede preverse un plazo cierto para la finalización del contrato. Se
entenderá además que media tal tipo de relación cuando el vínculo comienza y termina con la realiza-
ción de la obra, la ejecución del acto o la prestación del servicio para el que fue contratado el trabaja-
dor. El empleador que pretenda que el contrato inviste esa modalidad, tendrá a su cargo la prueba de
su aseveración”.
La primera apreciación que entiendo necesario efectuar respecto de este artículo es que, tal
como surge de su texto literal, está definiendo, sin dudas, al contrato de trabajo eventual, y no al con-
trato de trabajo eventual a través de las empresas de servicios eventuales.
Cuando menciona que “la actividad del trabajador se ejerce bajo la dependencia de un em-
pleador”, alude, aunque no lo menciona, a que ese empleador puede ser una persona física o jurídica y
no una empresa de servicios eventuales.
Esta aclaración no es menor, en virtud de que, si el “empleador” es una persona física o jurí-
dica que contrata al trabajador, y no una ESE, puede resultar distinto este concepto de “empleador”
que cuando la contratación se realiza a través de una ESE.
En efecto: si un trabajador es contratado para realizar un trabajo eventual por un particular o
por una empresa, el empleador será aquel que lo contrató.
Distinta es la situación cuando ha intervenido una ESE, porque, en este caso, la pregunta es:
quién es el “empleador” al que se refiere el art. 99 de la LCT?: la empresa usuaria o la ESE?.
Esta pregunta la aclara el tercer párrafo del art. 29 de la LCT: “Los trabajadores contratados
por empresas de servicios eventuales habilitadas por la autoridad competente para desempeñarse en
los términos de los arts. 99 de la presente y 77 a 80 de la Ley Nacional de Empleo, serán considerados
en relación de dependencia, con carácter permanente, continuo o discontinuo, con dichas empresas”.
Se reitera, en este punto, lo expresado “supra” en relación en relación a los términos “perma-
nente”, “continuo” o “discontinuo”.
En cuanto a la prueba, sea que el empleador resulte una persona física o jurídica, el contrato
de trabajo eventual debe realizarse por escrito en virtud de lo establecido por este artículo 99: “El
empleador que pretenda que el contrato inviste esa modalidad, tendrá a su cargo la prueba de su ase-
veración”. Y la mejor manera de probarlo es mediante un contrato escrito, siendo que, además, auto-
res señalados supra, como el Dr. Julio Armando Grisolía, así lo indican.
El Dr. Miguel Angel Sardegna158, enseña: “Prueba: el empleador que invoca la existencia de es-
te contrato deberá probar la extraordinariedad o transitoriedad de la labor que motivó el comienzo y
justifica el fin de la relación y, para ello, debe basarse en hechos incontrovertibles, pues no basta la
denominación que las partes hubiesen asignado al contrato. Empero, somos de opinión de que la prue-
ba escrita es conveniente y se hace necesaria frecuentemente, atento a considerar también que los
recaudos exigidos por el art. 90 son concurrentes y no independientes. Pero más correcto hubiera sido
indicar que la carga se halla dirigida a quien invoque esta modalidad laboral. Como en el contrato a
plazo y aún a pesar del art. 92 y su imposición unilateral.
Con relación al párrafo del art. 99 de la LCT que dice: “Se entenderá además que media tal tipo
de relación cuando el vínculo comienza y termina con la realización de la obra, la ejecución del acto o la
prestación del servicio para el que fue contratado el trabajador”, el Dr. Julio Armando Grisolía159, es-
tablece: “El trabajo eventual está dirigido, básicamente, a cubrir un lugar de trabajo en circunstancias
158
Sardegna, Miguel Angel, op. cit., pág. 99
159
Grisolía, Julio Armando, op. cit., pág. 465
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291
160
Fernández Madrid, Juan Carlos, op. cit., pág. 847
161
(C.N.A.T., Sala V, 28/04/2006, “Kiernan, María L. v. Proyecto Profesional de Recursos Humanos S.A y otro
s/despido”, expediente: 10.662/03.
162
Guibourg, Ricardo, op. cit., pág. 525
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cio” que una “exigencia”, y tampoco tengo en claro porqué este artículo los menciona por separados,
como dos cosas distintas.
Cuando el artículo se refiere a que “el vínculo comienza y termina con la realización de la
obra”, nuevamente estamos en presencia de una manifestación en la que se entiende que el emplea-
dor es una persona física o jurídica, con prescindencia de una ESE.
Si la contratación se realizó a través de una ESE, el vínculo del trabajador no finaliza, porque
está dado con la misma ESE, y no con la empresa usuaria en la que prestó servicios.
Lo que configura al contrato de trabajo eventual es el “servicio extraordinario” o “exigencia
extraordinaria”, y no el tiempo que el servicio o la exigencia duran, salvo que se exceda de los plazos
establecidos para ser considerado como eventual. Y digo que no lo caracteriza el tiempo de duración
porque, justamente, ese tiempo se desconoce. Esa es la nota principal del contrato de trabajo even-
tual: no se sabe cuándo habrá de terminar. Por lo tanto, no puede tipificar a un contrato un elemento
que se desconoce, como es, en este caso, el tiempo de duración del mismo. Esta circunstancia distin-
gue al contrato de trabajo eventual respecto del contrato de trabajo a plazo fijo en el que, indepen-
dientemente de que se trate del cumplimiento por parte del trabajador de un servicio o exigencia ex-
traordinaria, lo que lo configura es el plazo por el cual se realiza: tiene fecha cierta de vencimiento. Y
también lo distingue, como fue apuntado, del contrato de locación de obra porque, en este último, no
existe relación laboral entre quien presta el servicio y el que lo recibe.
Artículo 100: “Aplicación de la ley. Condiciones. Los beneficios provenientes de esta ley se apli-
carán a los trabajadores eventuales, en tanto resulten compatibles con la índole de la relación y reúnan
los requisitos a los que se condiciona la adquisición del derecho a los mismos”.
Resulta, en mi criterio, confuso el texto citado cuando dice que “se aplicarán a los trabajadores
los beneficios de la LCT en tanto resulten compatibles con la índole de la relación y reúnan los requisitos
a los que se condiciona la adquisición del derecho a los mismos”.
¿Qué significa la expresión “en tanto resulten compatibles con la índole de la relación”?. En-
tiendo que los “beneficios” de la LCT son los que deben ser “compatibles” con la índole de la relación,
pero no se llega a entender compatibles en qué debieran ser esos beneficios, o a qué llama la LCT
“compatibles”, o en materia de qué debieran serlo.
Por tratarse de un contrato laboral, resulta obvio que se aplicarán los beneficios de la LCT y,
entonces, no haría falta que este artículo dijera “en tanto resulten compatibles”.
Por su parte, “la índole de la relación” tampoco establece de qué relación se trata, si la de la
ESE con el trabajador o si la de la empresa usuaria con el trabajador o si de la relación del empleador,
persona física o jurídica, que contrató al trabajador eventual.
Qué significa la expresión “reúnan los requisitos a los que se condiciona la adquisición del de-
recho a los mismos”?. A qué requisitos se refiere?. Cómo y porqué es que se condiciona la adquisición
de los derechos establecidos en la LCT?.
Por último, cuando este artículo establece que “los beneficios de esta ley se aplicarán a los
trabajadores eventuales”, entiendo que se trata de una obviedad. La razón de esto es que, al ser el
eventual un contrato de trabajo, como fue dicho en este mismo punto, no puede menos que encua-
drarse dentro de los beneficios que al mismo otorga la LCT.
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El Dr. Juan Carlos Fernández Madrid163, en el comentario a este artículo 100 de la LCT, refiere:
“Puede decirse que a los trabajadores eventuales nunca les corresponden los beneficios vinculados con
la estabilidad en el empleo (indemnizaciones por antigüedad……) y siempre les corresponden los sala-
rios por enfermedad hasta la finalización del evento”.
Dice este autor que “a los trabajadores eventuales nunca les corresponden los beneficios vincu-
lados con la estabilidad en el empleo”. No obstante ello, el art. 29 de la LCT establece que: “Los traba-
jadores contratados por empresas de servicios eventuales habilitadas por la autoridad competente
para desempeñarse en los términos de los arts. 99 de la presente y 77 a 80 de la Ley Nacional de Em-
pleo, serán considerados en relación de dependencia, con carácter permanente continuo o discontinuo,
con dichas empresas”.
Por lo tanto, si se trata de trabajadores considerados en relación de dependencia, tal como es-
tablece el art. 29 de la LCT, es difícil entender que no les correspondan los beneficios vinculados con la
estabilidad en el empleo.
Si es la misma LCT la que manifiesta que existe entre el trabajador y la ESE una relación de de-
pendencia, resulta contrario a la ley pensar que, a la fecha en la que el empleador de la ESE decide
despedir al trabajador eventual, no le abone la correspondiente indemnización.
Artículo 103 bis: Con relación a los beneficios sociales del art. 103 bis de la LCT, cuál de los
aplicables a empresas usuarias en los que se haya desempeñado el trabajador serán tenidos en cuen-
ta?. La adquisición de determinados beneficios, le da derecho al trabajador para exigir continuar con
los mismos a pesar de cambiar de empresa usuaria?. Qué ocurre en caso de que los beneficios que
tenga en la empresa usuaria sean mejores que los que tenga en la ESE, o al revés?.
Artículos 106 y 113 Con respecto a los viáticos: el art. 106 de la LCT establece que “serán con-
siderados como remuneración, excepto en la parte efectivamente gastada y acreditada por medio de
comprobantes, salvo lo que en particular dispongan los estatutos profesionales y las convenciones co-
lectivas de trabajo”.
Teniendo en cuenta este artículo: si un trabajador eventual, en una empresa usuaria, acos-
tumbraba cobrar viáticos, podrá exigírselos a su empleador, o sea, a la ESE, para que se los siga pagan-
do, en virtud del principio de irrenunciabilidad de los derechos del trabajador?. Qué viáticos serán
aplicables cuando cambie de empresa y, consecuentemente, de estatuto o convención colectiva?. Qué
viáticos serán aplicables durante los períodos en los que no trabaje?. No cobrar viáticos en esos perío-
dos no es renunciar a su derecho?.
Lo mismo ocurre con el tema de las propinas: un trabajador eventual es enviado por una ESE
para desempeñarse como mozo en un establecimiento, en el que cobra propinas, y, por lo tanto, de
acuerdo al art. 113 de la LCT, éstas son consideradas como parte de la remuneración. Vencido el plazo,
se lo destina a otro establecimiento, también gastronómico, pero como empleado administrativo, sin
percibir propinas, razón por la que su salario se verá reducido. En virtud del principio de la “intangibili-
dad de las remuneraciones”, puede el trabajador pretender el cobro de esas propinas por parte de la
ESE?.
En el caso de los adelantos de sueldo, el trabajador puede desempeñarse en una entidad en la
que éstos sean habituales entre los empleados. ¿Podrá reclamarle también adelantos a la ESE en vir-
tud de esta circunstancia?.
163
Fernández Madrid, Juan Carlos: Leyes Fundamentales del Trabajo, Editorial La Ley, décima edición, del año
2008, página 71
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Artículos 208, 225 y 256: Otro tema que entiendo debiera reglamentarse es el correspondien-
te al art. 208 de la LCT.
En el caso de una enfermedad inculpable, ¿con qué salarios la ESE le deberá abonar al trabaja-
dor los períodos establecidos en este artículo mencionado?. Si se desempeñó, en los últimos meses en
una usuaria en la que tenía un sueldo menor que en una empresa anterior, ¿debe pagarle lo corres-
pondiente al art. 208 de la LCT, de acuerdo al sueldo más alto?. ¿Cuál sería la solución si los beneficios
del trabajador, en este tema, surgen de distintos convenios que otorgan distintos beneficios?.
Con respecto al art. 225 de la LCT “de la transferencia del contrato de trabajo”: un trabajador
es contratado para desempeñarse, en calidad de eventual, en una empresa usuaria, por seis meses. En
el mes dos, esa usuaria efectúa una transferencia del establecimiento a otra empresa y esto compren-
de, por supuesto, al trabajador contratado como eventual. La pregunta es: el contrato de trabajo even-
tual, comienza nuevamente con la segunda empresa, o continúa el contrato celebrado con la prime-
ra?.
En relación con la prescripción de las acciones relativas a créditos provenientes de las relacio-
nes individuales de trabajo, el art. 256 de la LCT establece que se producirá a los dos años. En el caso
que un trabajador eventual haya estado durante cuarenta y cinco días sin trabajar, de acuerdo a lo que
establece el art. 5 del decreto 1694/06, a partir de cuándo se computa el plazo de la prescripción?:
desde que dejó de trabajar en la empresa usuaria o a partir del momento en que transcurrieron cua-
renta y cinco días sin que se le asignara un nuevo trabajo?. O, en realidad, no comenzó a correr el pla-
zo de prescripción, en virtud de que continúa siendo empleado de la ESE?. O el plazo de prescripción
para reclamar sus créditos laborales corre a partir del momento en que el trabajador se consideró
despedido?.
6.2.- Ley Nacional de Empleo 24013 y trabajo eventual
Artículo 68 Fue explicado en el punto relativo al art. 99 LCT.
Artículo 69 “Para el caso que el contrato de trabajo eventual tuviera por objeto sustituir transi-
toriamente trabajadores permanentes de la empresa que gozaran de licencias legales o convenciona-
les, o que tuvieran derecho a reserva del puesto por un plazo incierto, en el contrato deberá indicarse el
nombre del trabajador reemplazado.
Si al reincorporarse el trabajador reemplazado, el trabajador contratado bajo esta modalidad
continuare prestando servicios, el contrato se convertirá en uno por tiempo indeterminado. Igual con-
secuencia tendrá la continuación de prestación de servicios una vez vencido el plazo de licencia o de
reserva del puesto del trabajador reemplazado”.
Con relación a este artículo, coincido plenamente con lo manifestado por el Dr. De la Fuen-
te164, cuando establece: “Para definir al contrato de trabajo eventual no es necesario acudir al concep-
to de servicios extraordinarios o de necesidades extraordinarias y transitorias de la empresa, que son
meros ejemplos de trabajo eventual. El contrato de trabajo eventual se configurará cuando el vínculo
comienza y termina con la realización de la obra, la ejecución del acto o la prestación del servicio para
el que fue contratado el trabajador. Y, por aplicación de los principios generales que rigen estas rela-
ciones de duración limitada, la necesidad de contratar a término debe estar objetivamente justificada,
de modo que esta clase de contrato sólo producirá los efectos que le son propios cuando las modalida-
des de las tareas o de la actividad, razonablemente apreciadas, así lo justifiquen”.
164
De la Fuente, op. cit., T III, pág. 548
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Por lo tanto, aplicando lo manifestado por el Dr. De la Fuente, entiendo que no es lo más rele-
vante determinar si el trabajador eventual habrá de cumplir en la empresa usuaria un servicio o exi-
gencia extraordinarios, o si habrá de reemplazar a un trabajador por una licencia legal o convencional:
lo más importante es que el trabajo eventual es el que habrá de cumplir con el objetivo que le fue
encomendado, hasta la finalización del mismo.
Sigue diciendo el Dr. De la Fuente: “De acuerdo con lo expuesto, el contrato será eventual
cuando el servicio prometido por el trabajador sea único y determinado, sin posibilidades de prolon-
garse en el tiempo o de repetirse, o sea, intrínsecamente transitorio. Mientras que será permanente
en el caso contrario, esto es, cuando las partes acordaron la prestación de servicios que son suscepti-
bles de repetirse indefinidamente, lo cual confiere a la relación vocación de perdurabilidad. Es decir
que, con otras palabras, a trabajo transitorio, corresponde contrato de trabajo eventual, y a trabajo
permanente corresponde contrato de duración indefinida, al margen de si, a través de los servicios
pactados, se satisfacen necesidades transitorias o permanentes de la empresa”.
Cuando este artículo 69 de la LNE manifiesta que “en el contrato deberá indicarse el nombre
del trabajador reemplazado”, claramente, está aludiendo a que el contrato deberá ser escrito.
Me pregunto si resultaría afectada la validez de ese contrato si no se cumpliera con esa forma-
lidad.
Al respecto, la jurisprudencia165 ha dicho: “En principio, para que se pueda invocar contrato de
trabajo eventual para la realización de tareas normales, debe darse una situación extraordinaria, que
haga necesario un brusco aumento de producción en un lapso breve.
En principio, la prolongación en el tiempo, de la vinculación que se pretende caracterizar como
eventual, no parece compatible con una exigencia transitoria o accidental que es siempre, de por sí,
momentánea.
Cuando no se ha acreditado la justificación del carácter eventual de la prestación en relación
con la empresa usuaria de la misma, cabe considerarla como empleadora directa del trabajador, sin
perjuicio de que la solidaridad de la empresa de servicios eventuales participe en un acto de fraude.
La falta de contrato escrito, unida al hecho de que la relación que se pretende caracterizar co-
mo eventual se haya prolongado por más de un año, hacen que no pueda considerarse que la agencia
de servicios eventuales ignorara de buena fe que la tarea que desempeñaba el trabajador no era tem-
poraria, sino permanente”.
Con respecto al segundo párrafo de este artículo 69 de la LNE, se lo reitera: “Si al reincorporar-
se el trabajador reemplazado, el trabajador contratado bajo esta modalidad continuare prestando
servicios, el contrato se convertirá en uno por tiempo indeterminado. Igual consecuencia tendrá la con-
tinuación de prestación de servicios una vez vencido el plazo de licencia o de reserva del puesto del
trabajador reemplazado”.
De acuerdo a lo que hemos visto en el artículo 29 de la LCT, “los trabajadores contratados por
empresas de servicios eventuales habilitadas por la autoridad competente para desempeñarse en los
términos del art. 99 de la presente y 77 a 80 de la LNE, serán considerados en relación de dependencia,
con carácter permanente, continuo o discontinuo, con dichas empresas”.
Está claro que la relación del trabajador con la ESE es permanente, ya que se trata de un con-
trato de trabajo por tiempo indeterminado.
165
C.N.A.T., Sala III, 24/02/92, “Munier, Ricardo Abel c/ S.E.P.A. S.R.L.”
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Como consecuencia de ello, surge la siguiente inquietud: si el contrato del trabajador eventual
que se desempeña en una empresa usuaria, vencido el plazo del trabajo eventual, o reincorporado el
trabajador al que está reemplazando, o finalizado el servicio excepcional que lo requirió, pasa a con-
vertirse en un contrato por tiempo indeterminado, entiendo que primero debería renunciar a la ESE,
que es la verdadera empleadora, que, como tal, le estaba pagando el sueldo. Sería lógico, en este caso,
que el trabajador preavisara a la ESE, de acuerdo al art. 231 de la LCT?
Artículo 72 “En los casos que el contrato tenga por objeto atender exigencias extraordinarias
del mercado, deberá estarse a lo siguiente:
a) En el contrato se consignará con precisión y claridad la causa que lo justifique.
b) La duración de la causa que diera origen a estos contratos no podrá exceder de seis (6) me-
ses por año y hasta un máximo de un (1) año en un período de tres años.
Como ya fue mencionado, en el primer párrafo de este artículo se advierte con claridad, una
vez más, que el mismo deberá realizarse por escrito.
Entiendo que ese contrato escrito debe estar suscripto por la ESE, que es la verdadera em-
pleadora, por el trabajador que haya de prestar los servicios y por la empresa usuaria, que es quien
habrá de recibirlos.
Con relación al segundo párrafo, entiendo que debió aclararse que esos períodos mencionados
deben ser en una misma empresa usuaria.
Es decir: si un trabajador fue contratado por una usuaria durante seis meses el primer año, du-
rante otros cinco meses en el segundo año y durante otros tres meses en el tercer año, esto totaliza
catorce meses desempeñándose para la misma usuaria. De acuerdo con el segundo párrafo del art. 72
de la LNE bajo estudio, se estará en presencia de un contrato por tiempo indeterminado entre el tra-
bajador y la empresa usuaria, porque excedió del máximo previsto en el mismo.
Por el contrario, a falta de estipulación legal, si un trabajador eventual, se reitera, empleado
directo de la ESE, durante, por ejemplo, cinco años, es destinado por ésta a cubrir distintos puestos
por períodos inferiores a los establecidos en el segundo párrafo del art. 72, no habrá, en ningún caso,
contrato por tiempo indeterminado con las usuarias en las que se haya desempeñado. El vínculo de
permanencia es con la ESE.
Artículo 73 “El empleador no tiene el deber de preavisar la finalización del contrato.”
Nuevamente se presenta, respecto de este artículo, dilucidar quién es “el empleador” al que el
mismo se refiere.
Si se entiende que “el empleador” es la empresa usuaria, lógicamente que no tiene el deber
de preavisar, en virtud de que ésta tiene una relación comercial con la ESE, que es quien ha provisto al
trabajador, que es la verdadera empleadora, y es a ella a quien debe avisarle la finalización del contra-
to con el empleado en cuestión para que le asigne un nuevo destino.
Por otro lado, si ese trabajador, vencido el plazo en la usuaria, regresa a la ESE y ésta decide
despedirlo, no se advierte cuál sería el motivo por el que no debiera cumplir la ESE con el artículo 231
de la LCT y con lo establecido en el inc. f) del artículo 5 del decreto reglamentario 1694/200, que esta-
blece: “…..haciéndose acreedor de las indemnizaciones que correspondan por despido sin justa causa y
por falta de preaviso”.
Estamos en presencia, por lo tanto, de una clara discrepancia de conceptos entre lo que es-
tablece el art. 231 de la LCT y el art. 73 de la LNE.
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Tampoco aclara este artículo 73 de la LNE a qué contrato se refiere: si al contrato del trabaja-
dor con la empresa usuaria o al contrato del trabajador con la ESE.
Artículo 74 “No procederá indemnización alguna cuando la relación laboral se extinga con mo-
tivo de la finalización de la obra o tarea asignada, o del cese de la causa que le diera origen. En cual-
quier otro supuesto, se estará a lo dispuesto en la ley de contrato de trabajo (t.o.1976)”.
Nuevamente, nos encontramos en este artículo ante la pregunta: quién es que no debe pagar
indemnización con motivo de la finalización de la obra o tarea asignada?: la empresa usuaria o la ESE?.
Es necesario recurrir otra vez al inciso f) del artículo 5 del decreto reglamentario 1694/2006,
que establece: “Transcurrido el plazo máximo fijado en el inciso a) sin que la empresa de servicios
eventuales hubiera asignado al trabajador nuevo destino, éste podrá denunciar el contrato de trabajo,
previa intimación en forma fehaciente por un plazo de veinticuatro (24) horas, haciéndose acreedor de
las indemnizaciones que correspondan por despido sin justa causa y por falta de preaviso”.
Nuevamente, observamos con claridad la discrepancia conceptual entre lo preceptuado por el
art. 74 de la LNE y el art. 5, inc. f) del decreto reglamentario 1694/2006.
Del texto del decreto reglamentario transcripto, surge con toda claridad que es la ESE la que
debe pagar la indemnización al trabajador en caso de no destinarlo a otra empresa usuaria.
No podría ser de otra manera, ya que el trabajador tiene relación de dependencia con la mis-
ma, de acuerdo al tercer párrafo del art. 29 de la LCT.
Distinto es el caso del fraude laboral: el Dr. Julio Armando Grisolía166, enseña: “Mientras las
ESE cumplan su cometido en los términos de la ley, ninguna responsabilidad puede caber a la usuaria,
ya que ambos sujetos de derecho están actuando una norma jurídica que las habilita para llevar a cabo
el negocio expuesto. Pero, si no se cumpliera con alguno de esos requisitos, como, por ejemplo, que las
tareas no fueran eventuales, entonces cae todo el andamiaje y se produce un verdadero fraude a la ley,
porque se ha utilizado el art. 29, LCT, como norma de cobertura, generando una tensión entre ella y el
orden público laboral. Se produce un vicio en la causa fin del negocio jurídico y la normativa pretendida
pasa a ser automáticamente reemplazada por la que corresponde en su conjunto. De tal manera, la
usuaria deja de ser tal y pasa a ser empleadora y la ESE la acompaña en la solidaridad que, en este
caso, el legislador ha impuesto con fuente legal, como sanción”.
Por lo tanto, surge claramente que, en caso de fraude, es la empresa usuaria que, al ser con-
siderada como empleadora, es la que le debe abonar la indemnización al trabajador que contrató
fraudulentamente a través de una ESE.
Entiendo que la misma solución debe aplicarse cuando una empresa cualquiera, o un particu-
lar, contratan a un trabajador en forma independiente en carácter de eventual: cumplido el cometido
para el que fue contratado, si no continúa desempeñándose en esa empresa, debe ser indemnizado
por la misma.
Artículo 75 Derógase el último párrafo del artículo 29 de la Ley de Contrato de Trabajo (t.o.
1976), el que se sustituye por el siguiente: "Los trabajadores contratados por empresas de servicios
eventuales habilitadas por la autoridad competente para desempeñarse en los términos de los artículos
99 de la presente y 77 a 80 de la Ley Nacional de Empleo, serán considerados en relación de dependen-
cia, con carácter permanente continuo o discontinuo, con dichas empresas."
166
C.N.A.T. Sala VII, 25/03/04, “Blanco, Carmen v. Novartis Argentina S.A. y otro s/despido”. Grisolìa, Julio Ar-
mando, op. cit., T I, pàg. 488.
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Reitero, en este punto, lo expresado en oportunidad del análisis del art. 29 LCT: la relación en-
tre la Empresa de Servicios Eventuales y el trabajador, es permanente, en virtud de resultar ella la que
lo contrata y lo deriva a otras empresas para cumplir diversas tareas.
El vínculo del trabajador con la usuaria, efectivamente, es discontinuo, en virtud de que puede
desempeñarse en distintas usuarias.
Artículo 77 “Las empresas de servicios eventuales deberán estar constituidas exclusivamente
como personas jurídicas y con objeto único. Sólo podrán mediar en la contratación de trabajadores
bajo la modalidad de trabajo eventual”.
En las presentaciones que efectúan las ESE en sus páginas en internet, se observa que, en su
gran mayoría, incumplen con lo preceptuado por este artículo, en virtud de ofrecer al mercado una
gran cantidad de servicios relacionados con el personal a ser suministrado a empresas usuarias.
También brindan otros servicios vinculados con el área de Recursos Humanos, lo que lleva,
inevitablemente, a que no cumplan con lo establecido por el art. 77 de la LNE, en cuanto a la obliga-
ción de tener objeto único.
6.3.Decreto Reglamentario 1694/2006 y trabajo eventual
Artículo 1 “Quedan sujetas a las normas de la presente reglamentación las empresas dedica-
das a la prestación de servicios eventuales, de acuerdo con lo establecido en la Ley de Contrato de Tra-
bajo, nro. 20744, (t.o. 1976) y sus modificaciones y la Ley de Empleo nro. 24013 y sus modificaciones”.
Se refiere este primer artículo del decreto reglamentario a los artículos 99 y 100 de la LCT, que
es el que se refiere a las ESE, que fueron tratados en los puntos 1.4 y 1.5 de esta presentación.
Artículo 2 “Se considera Empresa de Servicios Eventuales a la entidad que, constituida como
persona jurídica, tenga por objeto exclusivo poner a disposición de terceras personas, en adelante em-
presas usuarias, a personal industrial, administrativo, técnico, comercial o profesional, para cumplir, en
forma temporaria, servicios extraordinarios determinados de antemano o exigencias extraordinarias y
transitorias de la empresa, explotación o establecimiento, toda vez que no pueda preverse un plazo
cierto para la finalización del contrato”.
El artículo 2 del decreto reglamentario deja en claro que los trabajadores eventuales son pues-
tos a disposición de “terceras personas, en adelante empresas usuarias”. Vale decir que, en principio,
no contempla la posibilidad de poner a disposición de particulares a trabajadores de esta naturaleza.
En empresas consultadas en forma personal, se me confirmó esta característica: fui informado
por las ESE que no brindan servicios a particulares.
Esta situación no impide que particulares contraten a trabajadores para desarrollar tareas
eventuales. Al menos no existe legislación en la que se mencione que un particular esté impedido de
contratar a trabajadores para desempeñarse en una tarea eventual.
Técnicamente, el artículo 2 del decreto reglamentario es reiterativo de los conceptos de “em-
presa”, “explotación” y “establecimiento”. En realidad, los dos últimos mencionados forman parte de
la “empresa” como organización de los factores de la producción.
Artículo 3 “En toda documentación, especialmente laboral, perteneciente a las empresas de
servicios eventuales, en sus folletos, tarjetas, contratos con las empresas usuarias, carteles que las
anuncien y cuando se las promociones, publicite o se las dé a conocer por cualquier medio, deberán
colocar en forma destacada la leyenda “Empresa de Servicios Eventuales y su número de habilitación”.
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La gran mayoría de las ESE autorizadas por el Ministerio de Trabajo no cumplen con este re-
quisito a través de sus presentaciones por medio de sus páginas web.
Artículo 4 “Los trabajadores que la empresa de servicios eventuales contrate para prestar ser-
vicios en su sede, filiales, agencias u oficinas, serán considerados vinculados por un contrato de trabajo
permanente continuo, pudiéndose utilizar también las modalidades previstas en el Título III de la LCT,
nro. 20744 (t.o.) 1976, y sus modificaciones, cuando circunstancias excepcionales así lo justifiquen.
Los trabajadores que la empresa de servicios eventuales contrate para prestar servicios bajo la
modalidad de trabajo eventual, serán considerados vinculados a la empresa de servicios eventuales por
un contrato de trabajo permanente discontinuo.
A todos los trabajadores dependientes de la empresa de servicios eventuales, ya sea que pres-
ten servicios continuos o discontinuos, les serán de aplicación toda disposición legal, estatutaria, con-
vencional, laboral y de la seguridad social vigente.
Los aportes y contribuciones a la seguridad social respecto de los trabajadores permanentes
discontinuos se efectuarán de acuerdo a la legislación aplicable en la empresa usuaria”.
Este artículo fue ya analizado en el presente trabajo.
Sin perjuicio de ello, entiendo necesario apuntar que la clasificación que efectúa el mismo del
trabajo en relación de dependencia entre “continuo” y “discontinuo” no está presente en ninguna
otra figura laboral más que en esta.
Fue aclarado en este trabajo, como tema preponderante, que el trabajador eventual tiene una
relación de dependencia por tiempo indeterminado con la ESE, que es su verdadero empleador. En
todo caso, el trabajador efectúa prestaciones discontinuas en las empresas usuarias.
En realidad, entiendo que el término “discontinuo” tampoco es aplicable a este tipo de traba-
jadores eventuales en las usuarias.
En efecto, puede que una ESE esté proveyendo al mismo trabajador en forma constante a dis-
tintas empresas. De acuerdo a este tipo de trabajo, el trabajador realizará, si bien en distintas empre-
sas, trabajos limitados en el tiempo, que no serán “discontinuos”. Entiendo que la acepción de “dis-
continuo” hace alusión a algo que se interrumpe y que luego prosigue. En todo caso, creo que debiera
decirse que el trabajador eventual en las empresas usuarias presta servicios “limitados en el tiempo,
de acuerdo a los plazos legales previstos” en cada una de ellas.
Artículo 5 “Cuando la relación de trabajo entre la empresa de servicios eventuales y el trabaja-
dor fuere permanente y discontinua, la prestación de servicios deberá sujetarse a las siguientes condi-
ciones:
a) El período de suspensión entre las asignaciones para prestar servicios bajo la modalidad
eventual en las empresas usuarias, no podrá superar los cuarenta y cinco días corridos o los noventa
días alternados en un año aniversario.
b) El nuevo destino de trabajo que otorgue la empresa de servicios eventuales podrá compren-
der otra actividad o convenio colectivo, sin menoscabo de los derechos correspondientes del trabaja-
dor.
c) El nuevo destino de trabajo que otorgue la empresa de servicios eventuales podrá modificar
el régimen horario, pero el trabajador no estará obligado a aceptar un trabajo nocturno o insalubre, o
a tiempo total o parcial cuando no lo haya aceptado anteriormente.
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d) El lugar de prestación de tareas deberá estar comprendido dentro de un radio de treinta ki-
lómetros del domicilio del trabajador.
e) Durante el período de suspensión, previsto en el inciso a), la empresa de servicios eventuales
deberá notificar al trabajador, por telegrama colacionado o carta documento, su nuevo destino labo-
ral, informándole nombre y domicilio de la empresa usuaria donde deberá presentarse a prestar servi-
cios, categoría laboral, régimen de remuneraciones y horario de trabajo.
f) Transcurrido el plazo máximo fijado en el inciso a) sin que la empresa de servicios eventuales
hubiera asignado al trabajador nuevo destino, éste podrá denunciar el contrato de trabajo, previa in-
timación en forma fehaciente, por un plazo de veinticuatro horas, haciéndose acreedor de las indemni-
zaciones que correspondan por despido sin justa causa y por falta de preaviso.
g) En el caso de que la empresa de servicios eventuales hubiese asignado al trabajador nuevo
destino laboral en forma fehaciente, y el mismo no retome sus tareas en el término de cuarenta y ocho
horas, la empresa de servicios eventuales podrá denunciar el contrato de trabajo en los términos y
condiciones previstos en el artículo 244 de la LCT, nro. 20744 (t.o. 1976) y sus modificaciones”.
Me parece interesante detenerse en el inciso c) del artículo 5, que establece: “El nuevo destino
de trabajo que otorgue la empresa de servicios eventuales podrá modificar el régimen horario, pero el
trabajador no estará obligado a aceptar un trabajo nocturno o insalubre, o a tiempo total o parcial
cuando no lo haya aceptado anteriormente”.
Lo mismo ocurre en el caso del inciso b): “El nuevo destino de trabajo que otorgue la empresa
de servicios eventuales podrá comprender otra actividad o convenio colectivo sin menoscabo de los
derechos correspondientes del trabajador”.
Queda ínsito en el texto de los incisos b) y c) transcriptos, el principio protectorio respecto del
trabajador, en cuanto a no verse obligado a aceptar condiciones de trabajo inferiores o perjudiciales
respecto a las que ya tenía en un trabajo anterior para el que fuera destinado por su empleadora, que
es la ESE. Tampoco resulta admisible, según el inciso b), que sean menoscabados los derechos corres-
pondientes al trabajador.
Cabe entonces una conclusión: si tan claros son estos incisos respecto de la protección que
debe tener el trabajador en cuanto a no aceptar condiciones inferiores a las que tenía o a no aceptar
menoscabos en su derecho, la pregunta que surge es: puede éste ser obligado, al mismo tiempo, por el
inciso a) del mismo artículo 5 del Decreto Reglamentario, a aceptar no trabajar durante cuarenta y
cinco días corridos o noventa alternados y que no se le pague remuneración?.
“Quien puede lo más, puede lo menos”, es una regla de derecho.
Parafraseando a la misma, podríamos decir: “Quien no puede, por el decreto reglamentario,
aceptar un daño menor, como es no trabajar de noche o no aceptar menoscabos a sus derechos, tam-
poco puede aceptar un daño mayor, como sería, en el caso del inciso a), estar a disposición del em-
pleador y no cobrar remuneración, que es la principal obligación del empleador y elemento esencial del
contrato de trabajo”.
Es importante reiterar en este punto que no existe norma alguna, tanto en la Ley de Contrato
de Trabajo, en la Ley Nacional de Empleo y en el decreto reglamentario 1694/2006, que exprese que,
durante los plazos del art. 5, inc. a) del decreto reglamentario, no deba pagársele remuneración al
trabajador. Es claro: ni el propio decreto establece que, en los plazos de cuarenta y cinco días corridos
o noventa alternados en los que el trabajador eventual puede no prestar servicios, no habrá de pagár-
sele remuneración.
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301
167
Etala, Carlos Alberto: L.T. XXX, página 564
168
Grisolía, Julio Armando: op. cit., T I, pág. 661
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diente a favor del empleador. Desde tal óptica, pueden ser considerados conceptos remuneratorios
las vacaciones, los feriados, las enfermedades y determinadas licencias, cuando se trata de períodos
en los que el trabajador no presta servicios”.
Y agrega el Dr. Grisolía: “La remuneración puede conceptualizarse como la contraprestación
por la disponibilidad”.
Por lo tanto: es indudable que el trabajador eventual se encuentra a disposición de la ESE,
por lo expuesto de la brevedad del plazo establecido en el inciso g) del art. 5 del Decreto Reglamenta-
rio, por el cual el trabajador debe, en cuarenta y ocho horas de ser notificado, ir a trabajar a la empre-
sa usuaria que le indique la ESE.
Siendo esto indudablemente así, me pregunto cómo armonizar el principio de la irrenunciabili-
dad de los derechos del trabajador y el hecho de que no cobre remuneración durante los mencionados
períodos en los que no trabaja.
Al respecto, el artículo 103 de la LCT, establece: “El empleador debe al trabajador la remunera-
ción, aunque éste no preste servicios, por la mera circunstancia de haber puesto su fuerza de trabajo a
disposición de aquel”.
No existe, en mi criterio, otra solución, en este caso, que aplicar el principio “in dubio, pro ope-
rario” y el principio de la irrenunciabilidad de los derechos del trabajador.
Es decir: a) tratándose nada menos que de la remuneración, principal obligación del emplea-
dor, si en ningún texto legal está dicho que, durante los cuarenta y cinco días corridos o noventa alter-
nados en los que puede no prestar tareas, que menciona el art. 5 del decreto reglamentario
1694/2006, el trabajador no habrá de percibir remuneración, y b) por otro lado, de acuerdo al texto
del art. 103 de la LCT, que indica que hay que pagar remuneración por estar a disposición, entiendo,
entonces, que, en esos plazos, se le debe pagar el salario al trabajador.
Nuevamente, nos hallamos en presencia de una manifiesta discordancia entre normas de
nuestro ordenamiento legal, como es, en este caso, el art. 5 del Decreto Reglamentario 1694/2006, y
el art. 103 de la LCT.
Fue supra mencionado que, de acuerdo a lo establecido por el inciso f) del artículo 5 del decre-
to reglamentario, “si la ESE, transcurrido los plazos legales mencionados, no asigna un nuevo destino al
trabajador, éste podrá denunciar el contrato de trabajo, haciéndose acreedor de las indemnizaciones
que correspondan por despido sin causa y por falta de preaviso”.
Esto implica, como ya fue expresado, que existe un contrato de trabajo por tiempo indetermi-
nado entre la ESE y el trabajador. Por lo tanto, éste percibe una remuneración que tiene la caracterís-
tica de ser “continua”, ya que el contrato de trabajo es de tracto sucesivo, y, consecuentemente, se la
debe abonar durante todo el transcurso de la relación laboral.
Además de lo mencionado, resulta palmariamente claro que el trabajador no es socio del em-
pleador: no comparte con éste el riesgo empresario. Existe, desde el inicio de la relación, una dispari-
dad de posición negocial entre las partes, que es la que da lugar al principio protectorio del derecho
del trabajo.
Queda claro que, en los casos de los 45 o 90 días, no se trata de un despido, pero sí de una
“disminución de trabajo no imputable al empleador”. Peor aún, podría ser que el empleador, teniendo
la posibilidad de brindar trabajo, no lo hiciera arbitrariamente respecto de un determinado trabajador.
Por lo tanto, el hecho de no abonar el empleador remuneración porque al trabajador no se le asignan
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303
169
De Ferrari, Francisco: “Derecho del Trabajo”, Editorial Depalma, Buenos Aires, 1969, segunda edición, página
140
170
Fernández Gianotti: “La indemnización por incapacidad absoluta frente a la Constitución Nacional”, revista La
Ley, 5/10/82
171
Fernández Madrid, Juan Carlos, op. cit., pág. 277.
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por un hecho imputable al trabajador. De ahí que también este principio encuentra proyección en el
plano procesal”.
Conclusión respecto del artículo 5, inciso a) del decreto reglamentario 1694/2006
a) El trabajador no es socio del empleador (que es la ESE).
b) Si esta empresa lo quisiera despedir, le debería pagar la mitad de lo establecido por el art.
245 de la LCT, en el caso de que se configuren los supuestos mencionados de falta o disminución de
trabajo no imputable al empleador.
c) El hecho de que el trabajador sea destinado a una empresa usuaria es una convención de
partes, dado que no existe disposición legal alguna que obligue al trabajador a prestar tareas en otra
empresa que no sea la ESE, que es su verdadera empleadora, salvo que haya sido notificado fehacien-
temente de tal circunstancia, y haya prestado su conformidad al respecto.
d) De no ser así, esa convención de partes, de acuerdo al art. 12 de la LCT, es perjudicial para el
trabajador y, consecuentemente, nula.
e) El empleador le debe pagar al trabajador la remuneración por el solo hecho de estar “a su
disposición”, de acuerdo al art. 103 de la LCT.
f) No existe disposición legal alguna que establezca que, en los períodos de cuarenta y cinco o
noventa días en los que el trabajador eventual puede no prestar tareas, no se le deba abonar remune-
ración.
Por estas razones mencionadas, entiendo que, en los períodos mencionados en el inc. a) del
artículo 5 del Decreto Reglamentario 1694/2006, el empleador debe seguir pagándole la remunera-
ción al trabajador.
Artículo 6 “La empresa de servicios eventuales sólo podrá asignar trabajadores a las empresas
usuarias, cuando los requerimientos de las segundas tengan por causa exclusiva alguna de las siguien-
tes circunstancias:
a) Ante la ausencia de un trabajador permanente, durante ese período.
b) En caso de licencias o suspensiones legales o convencionales, durante el período en que se
extiendan, excepto cuando la suspensión sea producto de una huelga o por fuerza mayor, falta o dis-
minución de trabajo.
c) Cuando se tratase de un incremento en la actividad de la empresa usuaria que requiera, en
forma ocasional y extraordinaria, un mayor número de trabajadores.
d) Cuando deba organizar o participar en congresos, conferencias, ferias, exposiciones o pro-
gramaciones.
e) Cuando se requiera la ejecución inaplazable de un trabajo para prevenir accidentes, por me-
didas de seguridad urgentes o para reparar equipos del establecimiento, instalaciones o edificios que
hagan peligrar a los trabajadores o a terceos, siempre que las tareas no puedan ser realizadas por per-
sonal regular de la empresa usuaria.
f) En general, cuando por necesidades extraordinarias o transitorias deban cumplirse tareas
ajenas al giro normal y habitual de la empresa usuaria.
La inobservancia a estas previsiones, dará lugar a la aplicación del artículo 25 del presente de-
creto y a las sanciones previstas en el artículo 20, inciso b), de este decreto, sin perjuicio de los derechos
que pudieran corresponderles a los trabajadores involucrados.
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Nuevamente, a través del texto de este artículo, vemos que se contempla solamente la posibi-
lidad de que trabajadores que sean utilizados por empresas usuarias para trabajos eventuales proven-
gan de ESE. Es decir que no se contempla la alternativa de que un particular pueda contratar a este
tipo de trabajadores, ni tampoco que las ESE puedan brindar este servicio a particulares.
La observación que me permito formular respecto del inciso d) de este artículo es que los con-
gresos, conferencias, ferias o exposiciones son eventos que tienen una fecha exacta de comienzo y de
finalización. La pregunta es si no correspondería, en virtud de la naturaleza de esa circunstancia, cubrir
esas actividades a través de un contrato a plazo fijo que, justamente, tiene una fecha de comienzo y de
finalización, y no a través de un contrato de trabajo eventual, que, por definición, se sabe cuándo em-
pieza, pero no cuándo termina.
Artículo 7 “Los requerimientos a que se refiere el artículo precedente, deberán respetar una
proporción razonable y justificada de trabajadores eventuales en relación con el número de trabajado-
res permanentes de la empresa usuaria, como así también una extensión temporal adecuada con los
servicios eventuales a brindar.
Mediante negociación colectiva se establecerán las pautas que permitan determinar los límites
mencionados para cada actividad o sector.
La violación a dichos límites dará lugar a la intervención del Observatorio de Buenás Prácticas
en materia de servicios eventuales creado por este decreto y, en su caso, a la aplicación del artículo 25
de la presente medida, sin perjuicio de los derechos que pudieren corresponderles a los trabajadores
involucrados”.
En numerosas visitas al Ministerio de Trabajo, se me informó que el único sindicato que de-
terminó orgánicamente el número de trabajadores eventuales que puede haber en la actividad es el
de camioneros.
También fui informado que el Observatorio de Buenas Prácticas nunca se constituyó.
Artículo 8 “Cuando el empleador requiera de trabajadores para destinarlos a prestar servicios
en eventos temporarios de exhibición, promoción o venta de sus productos, ya sea en ferias, congresos,
conferencias, exposiciones o programaciones, deberá optar por:
a) Contratarlos y registrarlos como trabajadores propios con las modalidades permitidas en la
Ley de Contrato de Trabajo nro. 20744 y sus modificaciones.
b) Contratar sus servicios a través de una empresa de servicios eventuales, adecuando esta
contratación a las normas que regula esta última actividad, o
c) Subcontratar el evento a terceras empresas, cuya actividad sea de publicidad o promoción.
De acuerdo con el texto de este artículo, se excluye la posibilidad de que una empresa contra-
te, por sí misma, a un trabajador para desempeñarse en tareas eventuales. Se entiende que, cuando el
inciso a) establece que “deberá contratarlos como trabajadores propios” no se contempla la posibili-
dad de que sea contratado como trabajador eventual.
Por otra parte, tampoco está contemplado que sea un particular el que contrate a un trabaja-
dor para que se desempeñe en tareas eventuales.
En diversas consultas realizadas en ESE, como ya fue mencionado, se me informó que las mis-
mas no brindan servicios a particulares.
Vuelvo a plantear, respecto del primer párrafo de este artículo, que, para los casos que el
mismo menciona, se deberían contratar trabajadores a plazo fijo y no trabajadores eventuales.
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Artículo 9 Establece que, “bimestralmente, las ESE deberán proveer al Ministerio de Trabajo
un resumen de su actividad en el que constará el detalle de la nómina completa de los trabajadores
contratados para prestar servicios bajo la modalidad de contrato eventual, con la individualización de
los datos correspondientes a los mismos”.
En la consulta pertinente formulada al Ministerio de Trabajo, se me informó que, tal como lo
establece este artículo, ese resumen es provisto por las ESE a través de mails o en CD.
En cuanto a mi pregunta respecto de las fiscalizaciones que realiza ese Ministerio en relación a
este tipo de empresas, fui informado que las mismas recién comenzaron en el mes de Agosto de 2010.
Artículo 10 Establece que “los montos que, en concepto de sueldos y jornales abonen las ESE a
los trabajadores que hayan sido destinados a las empresas usuarias, no podrán ser inferiores a los que
correspondan por el CCT correspondiente a la categoría laboral que el trabajador tenga ni, tampoco,
inferiores a los que se abonen en la empresa usuaria”.
Me pregunto, al respecto, si pueden coexistir trabajadores, dependientes de ESE, que tengan
salarios distintos, sea que se desempeñen en las ESE, en sus propias oficinas o en empresas usuarias.
Siendo, como quedó dicho, la ESE, el empleador, no existiría un cierto tipo de discriminación,
al haber diferencias de sueldos entre empleados del mismo empleador?.
Si el trabajador que se desempeña internamente en la ESE tiene un salario menor que el que lo
hace en una usuaria, podría reclamar válidamente ser equiparado en cuanto a montos a cobrar?.
Artículo 11 Las Empresas de Servicios Eventuales, obviamente, deben emitirles una factura a
las usuarias cumpliendo todas las normas establecidas por la AFIP.
En esa factura deberá constar cuál es el precio del servicio de intermediación que ellas han
efectuado a favor de la usuaria, juntamente con el importe de los gastos que tal tarea hubiese ocasio-
nado.
Juntamente con la factura, deberán incorporar la cantidad de trabajadores que prestaron ser-
vicios en la usuaria por el período por el que se emite esa factura.
También deberán las ESE adjuntar a la factura un documento que discrimine el importe total
de los rubros remuneratorios y no remuneratorios correspondientes a cada uno de los trabajadores
que se desempeñan en las usuarias a través de las ESE por el período en que se emite la factura, indi-
cándose el número de la misma de la que este documento es anexo. La factura y el anexo deben con-
servarse en archivo.
La penalidad que está previsto que se aplique, en caso de incumplimiento, es la establecida
por la ley 11683, t.o. de 1998 y sus modificaciones.
Artículo 12 Establece que las empresas usuarias que ocupen trabajadores a través de las ESE,
que se encuentren habilitadas por autoridad competente, deben retener, respecto de los trabajadores
mencionados, los importes correspondientes a las obligaciones derivadas de los regímenes de la Segu-
ridad Social.
Las ESE, por su parte, deberán efectuar a los trabajadores que sean destinados a las usuarias,
las retenciones correspondientes a las cuotas sindicales y los aportes empresariales que resulten del
CCT que sea aplicable a la empresa usuaria.
Artículo 13 Tanto las ESE como las usuarias deberán llevar, respecto del libro especial del ar-
tículo 52 de la LCT, una sección particular en la que la empresa usuaria individualizará quiénes son los
trabajadores que se encuentren trabajando en ellas y que hayan sido derivados de ESE, cuál es la fecha
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de ingreso y de egreso de los mismos, cuál es la ESE de la que los trabajadores provienen, su número
de CUIT y domicilio, cuál es la remuneración denunciada por esa empresa y el importe de la factura-
ción de la misma respecto de ese trabajador.
Por su parte, la ESE deberá individualizar a los trabajadores que hayan sido enviados a las
usuarias, registrando cuál es la categoría profesional de cada uno, su remuneración y el nombre, domi-
cilio y número de CUIT de la empresa usuaria a la que el trabajador fuera enviado.
Artículo 14 Establece que las ESE deberán gestionar su habilitación ante el Ministerio de Tra-
bajo para, de esa manera, obtener su inscripción en el pertinente Registro.
A tal efecto, los requisitos que debe cumplir, son los siguientes:
a) Debe tener, como mínimo, un capital social inicial equivalente a cien sueldos básicos men-
suales del personal administrativo, categoría A, del CCT 130/75 para empleados de comercio, o el que
lo reemplace, que se encuentre vigente en la CABA.
b) Presentar todos los documentos mediante los cuales se haya constituido la sociedad, indi-
cando quiénes son sus administradores, directores, gerentes o responsables legales, según el tipo so-
cietario de que se trate.
Es de notar que el decreto reglamentario no establece cuál habrá de ser el tipo societario
que se requiere para constituir una ESE. La pregunta que surge es, si, consecuentemente, podría una
sociedad de hecho brindar servicios de personal eventual.
c) Detallará cuáles son las áreas geográficas en las que se encuentran ubicadas las empresas
usuarias a las que habrá de prestarles servicios.
d) Denunciar cuál será el domicilio de la sede central, locales, oficinas o sucursales en las que
opere.
e) Acreditar las inscripciones impositivas y de la seguridad social.
f) Acreditar la contratación del seguro de vida obligatorio: no se detalla respecto de quién se-
rá este seguro de vida obligatorio.
g) Constituir las garantías establecidas en el art. 78 de la LNE.
Este artículo, a su vez, remite a “la reglamentación”.
Efectivamente, en el artículo 15 de este decreto bajo estudio se encuentran detalladas.
f) Constituir domicilio en la sede de su administración, el que surtirá efectos para todas las par-
tes involucradas en la operatoria laboral.
En caso de efectuarse cambios en los requisitos supra mencionados, o si se abrieran nuevas
oficinas o cualquier modificación que se produzca en las mismas, deberán comunicarlos con una anti-
cipación de diez días a la Autoridad de Aplicación, en este caso, el Ministerio de Trabajo.
Artículo 15 En el momento en el que las ESE soliciten la inscripción como tales en el registro
especial correspondiente, deberán constituir, a favor del Ministerio de Trabajo, dos tipos de garantías:
una principal y una accesoria.
1) Garantía principal: deberán depositar en caución dinero en efectivo, valores o títulos públi-
cos nacionales equivalentes a lo establecido en el artículo 14 de este mismo decreto.
Se observa, entonces, que esta garantía principal habrá de ser igual al capital social que se les
exige a este tipo de empresas en el artículo 14 del presente decreto reglamentario.
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2) Garantía accesoria: que es equivalente al triple del monto mencionado en el apartado an-
terior.
Esta garantía deberá efectuarse en cualquiera de estas modalidades: dinero en efectivo, valo-
res o títulos públicos nacionales, aval bancario o póliza de seguro de caución emitida por entidad auto-
rizada, constitución de un derecho real de hipoteca sobre un inmueble propio de la ESE cuyo valor sea
igual o superior al importe que garantice, que no tenga ningún gravamen.
Reajuste de las garantías mencionadas: se realizará mediante un denominado “coeficiente de
garantía” que surgirá de sumar todas las remuneraciones brutas de cada mes abonadas durante el año
inmediatamente anterior. Al monto obtenido se lo dividirá por el sueldo básico del personal adminis-
trativo, categoría “A”, del CCT 130/75, o el que lo reemplace, vigente en la Ciudad Autónoma de Bue-
nos Aires. Se sumará el resultado obtenido en cada uno de los meses y se lo dividirá por trece. El nú-
mero resultante será el “coeficiente de garantía”, que será el que se aplicará para el reajuste de las
garantías mencionadas en este artículo.
Garantía accesoria: Además del depósito en caución, las empresas de servicios eventuales de-
berán otorgar, a favor del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, una garantía
por una suma equivalente al triple de la que surja del apartado 1) del presente artículo.
Artículo 16 Con anterioridad al 31 de Marzo de cada año las ESE deberán presentar una decla-
ración jurada, certificada por contador, que, a su vez, tenga la firma legalizada por el Consejo Profe-
sional de Ciencias Económicas, en la que se actualizarán los datos establecidos en el artículo 14 de
este decreto.
Deberá constar en esa declaración jurada el total de las remuneraciones brutas abonadas por
la ESE a sus dependientes durante el año inmediato anterior, la cantidad real de trabajadores ocupa-
dos en el último año mencionado y la explicación detallada de cómo se llegó al “coeficiente de garan-
tía” para la actualización de las mismas.
La observación que efectúo respecto de esta parte del artículo 16 del decreto reglamentario es
que se refiere a declaración jurada “del total de las remuneraciones brutas abonadas por la ESE a sus
dependientes”. En realidad, tal como es planteado en este trabajo, entiendo que cuando se refiere a
“dependientes” incluye tanto a los trabajadores que se desempeñan en sus propias oficinas como a los
que lo hacen en las empresas usuarias.
Artículo 17 Si, como consecuencia de la aplicación del coeficiente mencionado resultare un ex-
cedente de la cotización al momento del reajuste en los valores o títulos, el mismo será de libre dispo-
nibilidad para las ESE.
Artículo 18 En caso que la ESE solicite la restitución de los valores o títulos públicos deposita-
dos en caución, deberá pedir la baja de la habilitación.
Para ello, deberá presentar una declaración jurada en la que se establezca la fecha de cese de
actividades, la nómina del personal ocupado (vuelvo con la misma observación: no se dice si es el
personal de las propias oficinas o el de las empresas usuarias), haber abonado la totalidad de las re-
muneraciones, todo certificado por contador.
Deberá, además, acompañar certificado de libre deuda en relación con sus obligaciones para
con la Seguridad Social, no tener juicios laborales en trámite, no tener embargos o cualquier otra me-
dida cautelar y no haber sido sancionada con la cancelación de la habilitación para funcionar.
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Artículo 19 Una vez cumplidos todos los pasos mencionados en el artículo anterior, se autori-
zará la restitución de los valores y la liberación o cancelación de los avales o garantías otorgadas en
caución en el plazo de treinta días.
Artículo 20 Las personas físicas o jurídicas que no cumplieren con lo establecido en este decre-
to reglamentario y la ley 24013, independientemente de las sanciones que correspondan por aplica-
ción del Anexo II del Pacto Federal del Trabajo, ratificado por ley 25212, serán sancionadas con clau-
sura de sus oficinas, secuestro de la documentación existente y multa de cien sueldos básicos del per-
sonal administrativo, categoría “A” del CCT 130/75.
Cuando fueren ESE que no cumplieren con lo estipulado, serán pasibles de una multa que osci-
lará entre el uno y el cuatro por ciento de las garantías que debieran tener constituidas.
Si las ESE percibieran del trabajador alguna suma por inscripción o contratación, serán sancio-
nadas con el retiro de la habilitación administrativa y cancelación de la inscripción en el Registro Ofi-
cial.
Artículo 21 Para que proceda la asignación del remanente de la caución al Fondo Nacional de
Empleo, cuando la ESE haya sido sancionada con la cancelación, deberán haber transcurrido, a tal
efecto, cinco años desde que la cancelación de la habilitación se encuentre firme.
Una vez vencido dicho plazo, se oficiará a los tribunales laborales para que informen si la em-
presa en cuestión tiene juicios pendientes.
Artículo 22 En caso de que la autorización para funcionar de la ESE hubiere sido cancelada, se
extinguirán de pleno derecho los contratos de trabajo que la misma hubiese celebrado para prestar
servicios bajo la modalidad eventual, debiendo abonar las correspondientes indemnizaciones. Esto
alcanzará también a los trabajadores que se desempeñen en sus propias oficinas.
Artículo 23 Si una ESE no habilitada prestare servicios a una usuaria, se aplicarán las disposi-
ciones del art. 29, párrafos primero y segundo, de la LCT. La usuaria será solidariamente responsable
con la ESE de la multa establecida en el artículo 20, inciso a) del presente decreto.
Artículo 24 El Ministerio de Trabajo será la autoridad exclusiva y excluyente para la habilita-
ción, cancelación y fiscalización de las empresas de servicios eventuales.
Artículo 25 Cuando la empresa usuaria o la ESE no cumplan con lo establecido en el presente
decreto, el Ministerio de Trabajo efectuará las pertinentes intimaciones y aplicará las sanciones esta-
blecidas por la ley 25212.
Artículo 26 El Ministerio de Trabajo constituirá un Observatorio de Buenas Prácticas en mate-
ria de servicios eventuales para una mejor aplicación de las disposiciones de este decreto.
Tal como fue informado supra, a la fecha de elaboración de este trabajo, a la fecha de finaliza-
ción de este trabajo, en los últimos días de Febrero de 2015, el Observatorio no fue constituido.
Artículo 27 Ante toda iniciación de un expediente administrativo o judicial donde se denuncie
la actuación de una empresa de servicios eventuales no habilitada, la autoridad a cargo deberá cursar
una notificación al Ministerio de Trabajo.
Artículo 28 Las empresas que se encuentren inscriptas deberán adecuarse a las normas regla-
mentarias establecidas por el presente decreto dentro de los sesenta días a contar desde su vigencia.
Transcurrido dicho plazo, caducará automáticamente la inscripción de la ESE en el registro especial.
Artículo 29 Facúltase al Ministerio de Trabajo para dictar las normas complementarias de este
decreto.
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El art. 78 de la Ley Nacional de Empleos obliga a las Empresas de Servicios Eventuales a cau-
cionar una suma de dinero, o valores, además de una fianza o garantía real. Los montos y condiciones
de ambas, serán determinados por la reglamentación.
El monto de la garantía principal consistirá en un depósito en caución de dinero en efectivo,
valores o títulos públicos nacionales, equivalentes a cien sueldos básicos mensuales del personal ad-
ministrativo, categoría A, del CCT 130/75 para empleados de comercio, o el que lo reemplace, vigente
en CABA por la jornada legal o convencional, excluida la antigüedad.
Además del mencionado depósito, las Empresas de Servicios Eventuales deberán otorgar, a
favor del Ministerio de Trabajo, una garantía por una suma equivalente al triple de la establecida en el
párrafo anterior.
El art. 20 del decreto 1694/06 también prevé sanciones para las personas físicas que “preten-
diesen actuar o actuaren como Empresas de Servicios Eventuales”, como la clausura de sus oficinas y
secuestro de toda la documentación existente.
Para las empresas bajo estudio que no cumplieren con las obligaciones establecidas en el de-
creto mencionado, se aplicará una multa en pesos que se graduará entre un uno y un cuatro por ciento
de las garantías que debieran tener constituidas al momento de la aplicación de la sanción. La sanción
puede llegar hasta la cancelación de la habilitación para funcionar. En ese caso, se producirá la extin-
ción de los contratos de trabajo que la empresa hubiera celebrado para prestar servicios bajo la moda-
lidad de eventual, y deberá pagarle a los trabajadores las correspondientes indemnizaciones por des-
pido injustificado.
8. Circunstancias en las que se requieren los servicios de una empresa de servicios eventua-
les
El art. 6 del decreto reglamentario 1694/2006, establece taxativamente cuáles son los motivos
por los que una Empresa de Servicios Eventuales puede proveer trabajadores a una empresa usuaria.
Son los siguientes:
a) Cuando un trabajador permanente de la empresa usuaria se ausenta, durante el tiempo que
dure dicha ausencia.
b) En caso de licencias o suspensiones legales o convencionales, durante el período en que se
extiendan, excepto cuando la suspensión sea producto de una huelga o por fuerza mayor, falta o dis-
minución de trabajo. Ejemplo: si un trabajador de la empresa usuaria se encuentra haciendo uso de
una licencia por enfermedad o durante el período de reserva del puesto.
Jurisprudencialmente, se ha negado la posibilidad de contratar personal eventual ante las va-
caciones anuales de un trabajador de una empresa usuaria.
c) En caso de un incremento de la actividad normal de la empresa, siempre que el mismo no
sea estacional, en cuyo caso estaremos en presencia de trabajdores de temporada para cubrir esos
lugares.
d) Para la organización de congresos, conferencias, ferias, exposiciones o programaciones.
Reitero mi posición en cuanto a entender que, en el caso del inciso d), no es aplicable la con-
tratación de un trabajador eventual, ya que los congresos, conferencias, ferias, exposiciones o pro-
gramaciones tienen una fecha determinada de inicio y finalización. Por lo tanto, creo que se trata de
un error legislativo. Esas actividades deberían ser cubiertas con trabajadores a plazo fijo.
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e) Cuando un trabajo requiera ser realizado de una manera ineludible para prevenir acciden-
tes, o por medidas de seguridad urgentes o para reparar equipos del establecimiento, instalaciones o
edificios, siempre que las tareas no puedan ser prestadas por los trabajadores de las empresas usua-
rias.
f) Cuando, en virtud de necesidades extraordinarias o transitorias, hayan de cumplirse tareas
ajenas al giro normal y habitual de la empresa usuaria.
9. Derechos y obligaciones de las partes en el contrato de trabajo eventual
En el servicio que prestan las Empresas de Servicios Eventuales, los vínculos que se generan
son los siguientes:
1) Entre la Empresa de Servicios Eventuales y la empresa usuaria de sus servicios.
2) Entre la Empresa de Servicios Eventuales y los trabajadores, ya sea que:
2.a) Trabajen en ellas o
2.b) Que sean proporcionados a las usuarias.
3) Entre la empresa usuaria y los trabajadores proporcionados por las Empresas de Servicios
Eventuales.
1.- Relación entre la Empresa de Servicios Eventuales y la empresa usuaria.
Existe, entre estas dos entidades, un contrato comercial, celebrado por escrito, en virtud del
cual las primeras les proporcionan a las segundas los trabajadores que estas necesitan.
En ese contrato se establecen, fundamentalmente, las condiciones de contratación entre am-
bas y el honorario que le va a cobrar la Empresa de Servicios Eventuales a la usuaria.
Por supuesto que la ESE está obligada a facturarle a su cliente por los servicios que le presta.
Al respecto, el art. 11 del decreto 1694/06, establece lo siguiente: 1) “La factura o documento
equivalente que emita la Empresa de Servicios Eventuales a la empresa usuaria del servicio deberá
contener en forma discriminada, entre otros, los siguientes datos: a) Precio del servicio de intermedia-
ción. b) Conceptos e importes de los gastos relacionados con los rubros a que se refiere el inciso prece-
dente. Deberá incorporarse en la factura como elemento informativo la cantidad de trabajadores que
prestaron servicio en la empresa usuaria y el importe total de los conceptos asentados en el Anexo
regulado en el ap. 2 del artículo”.
2) “Formará parte integrante de dicha factura o documento equivalente, al solo efecto de la
exigibilidad de su cobro y acreditación de pago, un anexo que deberá contener la leyenda “Anexo de-
creto número….” y cumplir con las formalidades para su confección y registración que, a tal efecto,
determine el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, en el que, como mínimo, se deberá
especificar:
a) Importe total de los rubros remuneratorios y no remuneratorios, que correspondan a los sa-
larios de los trabajadores que prestaron el servicio en la empresa usuaria.
b) Detalle e importes de las contribuciones con destino a la Seguridad Social, originadas por las
remuneraciones aludidas en el inciso precedente, indicando las que deben ser retenidas por la empre-
sa usuaria.
c) El número de la factura de la que es anexo.
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Dicho anexo deberá conservarse en archivo junto con la respectiva factura o documento equi-
valente, por el mismo plazo establecido para estos últimos, conforme a las normas específicas a tal
efecto”.
3) La falta de cumplimiento a lo dispuesto en los apartados precedentes, estará sujeta a la
aplicación de las sanciones previstas en la ley nro. 11683, texto ordenado en 1998 y sus modificacio-
nes.
El art. 14 de la Resolución 1225/07 establece los recaudos con el que deben contar las empre-
sas usuarias que contraten con Empresas de Servicios Eventuales.
2.- Relación entre la Empresa de Servicios Eventuales y los trabajadores
Estas empresas contratan dos tipos de trabajadores:
2.a) Los que prestan servicios en las propias oficinas de las ESE. Están vinculados por un con-
trato de trabajo por tiempo indeterminado, con todas las características del mismo.
El decreto reglamentario 1694/2006, en su artículo 4, establece: “Los trabajadores que la em-
presa de servicios eventuales contrate para prestar servicios en su sede, filiales, agencias u oficinas,
serán considerados vinculados por un contrato de trabajo permanente continuo….”
Por otro lado, resulta absolutamente lógico que, a sus propios trabajadores, este tipo de em-
presas los vinculen por un contrato de trabajo por tiempo indeterminado, pese a que el decreto utiliza
el término de “continuo”.
2.b) Trabajadores contratados por la ESE para desempeñarse en las empresas usuarias. El art.
4, segundo párrafo del decreto reglamentario 1694/2006, establece: “Los trabajadores que la empresa
de servicios eventuales contrate para prestar servicios bajo la modalidad de trabajo eventual, serán
considerados vinculados a la empresa de servicios eventuales por un contrato de trabajo permanente
discontinuo”.
He formulado ya en este trabajo mi objeción a esta redacción del segundo párrafo del artículo
4 en cuestión.
No existe la menor duda, desde el punto de vista de nuestro ordenamiento legal, que el con-
trato de trabajo entre la Empresa de Servicios Eventuales y el trabajador, aún cuando éste sea pro-
porcionado a otra empresa, es permanente, por tiempo indeterminado, no pudiéndose hacer, desde
el punto de vista técnico, semejante diferenciación al utilizar el término de “discontinuo”.
El trabajador proporcionado por la Empresa de Servicios Eventuales a una usuaria siempre
tiene vínculo laboral con la primera. El vínculo es permanente, por tiempo indeterminado con la Em-
presa de Servicios Eventuales.
Hay autores que consideran que la discontinua es la prestación en la empresa usuaria, ello en
virtud de que el trabajador, de acuerdo al mismo decreto, puede estar cuarenta y cinco días corridos o
noventa alternados en un año aniversario sin trabajar.
Entiendo que a esta circunstancia tampoco se la puede calificar de “discontinua”. En todo ca-
so, la prestación del trabajador en la empresa usuaria es “por tiempo limitado”.
En primer lugar, porque, como quedó dicho, el vínculo del trabajador con la Empresa de Servi-
cios Eventuales, trabaje o no en la usuaria, es permanente, por tiempo indeterminado.
Para autores como Etala, durante el período en el que el trabajador no presta servicios para la
usuaria, no debe cobrar remuneración.
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Hierrezuelo, Ricardo – Núñez, Pedro, op. cit., pág. 196
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convocarlo nuevamente durante ese plazo, le podría dar previsibilidad al respecto como para tener
otra actividad en ese tiempo. Pero la Empresa de Servicios Eventuales lo puede llamar al día cinco, al
díez o a los veinte días de estar el trabajador sin prestar tareas para la Empresa de Servicios Eventua-
les. Esta circunstancia hace que el mismo no pueda emprender otra actividad. Por lo tanto, indiscuti-
blemente, se encuentra a disposición de la Empresa de Servicios Eventuales. Es por esta razón que,
de acuerdo al art. 103 de la Ley de Contrato de Trabajo, debe abonársele remuneración.
Por supuesto que los períodos en los que el trabajador no presta servicios, deben igualmente
ser considerados al efecto de la antigüedad del mismo.
3.- Relación entre la empresa usuaria y los trabajadores proporcionados por la empresa de
servicios eventuales.
La empresa usuaria es la que emplea a los trabajadores de las Empresas de Servicios Eventua-
les, pero no existe, entre la usuaria y el trabajador, vínculo laboral alguno, porque, como fue explicado,
el contrato de trabajo se celebra entre el trabajador y la Empresa de Servicios Eventuales.
El art. 29 bis de la LCT, agregado por la ley 24013, establece: “El empleador que ocupe trabaja-
dores a través de una Empresa de Servicios Eventuales habilitada por la autoridad competente, será
solidariamente responsable con aquella por todas las obligaciones laborales y deberá retener de los
pagos que efectúe a la Empresa de Servicios Eventuales los aportes y contribuciones respectivos para
los organismos de la seguridad social y depositarlos en término. El trabajador contratado a través de
una Empresa de Servicios Eventuales estará regido por la convención colectiva, será representado por
el sindicato y beneficiado por la obra social de la actividad o categoría en la que efectivamente preste
servicios en la empresa usuaria”.
Por lo tanto, las obligaciones que menciona este artículo, están claramente establecidas: la
Empresa de Servicios Eventuales, verdadera empleadora, es la que debe pagarle el sueldo al traba-
jador, pagar las cuotas sindicales, los aportes empresariales y las retenciones que resulten del con-
venio colectivo que corresponda a la actividad de la usuaria.
Por su parte, esta última, es la que resulta responsable solidariamente por las obligaciones la-
borales y la que, además, es agente de retención de los aportes a la seguridad social.
El artículo 13 del decreto 1694/2006, establece: “Las empresas usuarias y de Servicios Eventua-
les deberán llevar una sección particular del libro especial del artículo 52 de la Ley de Contrato de Tra-
bajo Nº 20.744 (t.o. 1976) y sus modificaciones, que contendrá:
1. Empresas usuarias
a) Individualización del trabajador que preste servicios a través de una empresa de servicios
eventuales.
b) Categoría profesional y tareas a desarrollar.
c) Fecha de ingreso y egreso.
d) Remuneración denunciada por la empresa de servicios eventuales o el importe total de la
facturación.
e) Nombre, denominación o razón social, número de C.U.I.T., número de habilitación y domicilio
de la empresa de servicios eventuales a través de la cual fue contratado el trabajador.
2. Empresas de Servicios Eventuales
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a) Individualización del trabajador que preste servicios bajo la modalidad de contrato de traba-
jo eventual.
b) Categoría profesional y tarea a desarrollar.
c) Fecha de ingreso y egreso en cada destino.
d) Remuneración.
e) Nombre, denominación o razón social, número de C.U.I.T. y domicilio de las empresas usua-
rias donde fuera destinado el trabajador.
Las registraciones que se realicen de conformidad con las exigencias de este artículo, además
de las que efectúe la Empresa de Servicios Eventuales de conformidad con lo dispuesto en el artículo 7º
de la Ley nroº 24.013 y sus modificaciones, respecto de los trabajadores que prestan servicios en las
empresas usuarias, en todos los casos surtirán plenos efectos, respecto de estas últimas, en lo que hace
a la obligación de registración”.
10. Posible configuración del fraude laboral a través de las ESE.
Definición de fraude173: “son aquellos actos cuya celebración considerada aisladamente, resul-
ta conforme a la normativa jurídica, pero que, a la luz de todo el ordenamiento jurídico integral, produ-
ce un resultado contrario a él. Es que esta forma de actos oculta la realización de un comportamiento
que persigue infringir el ordenamiento establecido, con una apariencia de cumplimiento adecuado a la
norma vigente”.
“Existe fraude a la ley cuando, al amparo de una norma jurídica, y dentro de la máxima legali-
dad, se obtiene un resultado prohibido por otra norma jurídica. La intencionalidad no debe probarse.
Basta acreditar un resultado violatorio de la normativa imperativa aplicable. El acto será fraudulento
simplemente porque viola el orden público laboral. La intencionalidad es intrascendente. Lo que intere-
sa es el resultado, sin admitirse eximentes ni pruebas en contrario”.
“El fraude a la ley frustra la finalidad de la norma, aunque el negocio es real e indirecto y tiende
a buscar un resultado similar al que la norma prohíbe.
Se produce cuando, amparado en una disposición legal, se obtiene un resultado prohibido por
otra norma jurídica. Por ejemplo, el fraude por interposición de persona, cuyo objeto es eludir delibera-
da y maliciosamente las obligaciones impuestas por el contrato de trabajo, y la interposición sucesiva
de renuncias, a fin de fragmentar la antigüedad del trabajador”174.
“El fraude no requiere la prueba de la intencionalidad, bastando con acreditar el resultado vio-
latorio de la normativa imperativa aplicable, siendo fraudulento por el sólo hecho de violentar el orden
público laboral”.
“La legislación laboral reacciona frente a las maniobras evasivas y las conductas simuladas o
fraudulentas, de tres formas:
a) Declara la nulidad de todo contrato cuando las partes actuaron con simulación y fraude y
aplicando la disposición laboral (art. 14 LCT).
b) Establece la relación de dependencia directa con quien se beneficia o aprovecha el trabajo
(art. 29, LCT).
173
Hierrezuelo, Ricardo – Núñez, Pedro: op. cit., pág. 94.
174
Grisolía, Julio Armando, op. cit., T I, pág. 312.
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c) Fija la solidaridad entre los sujetos que intervienen en el negocio (arts. 30 y 31, LCT).”
“El hecho de que una empresa que invoca como actividad la prestación de servicios tempora-
rios alegue que el actor fue contratado para realizar tareas eventuales, es insuficiente si no se acredita
que las condiciones establecidas en el art. 99 de la LCT se han cumplido en la realidad respecto de la
usuaria de la prestación. Asimismo, cuando se invoca la existencia de un contrato a plazo fijo ha de
acreditarse el cumplimiento de los requisitos impuestos por el inc. b) del art. 90 de la LCT, es decir, que
las modalidades de las tareas o la actividad, razonablemente apreciadas, justifiquen esa modalidad de
contratación. De lo contrario, se incurriría en fraude a la ley”.
“El orden público laboral, al ser vulnerado, reacciona por la simple y expeditiva vía de reempla-
zar la cláusula nula por la cláusula válida y de desplazar el contrato simulado para dar lugar al contrato
de trabajo”175.
El artículo 14 de la Ley de Contrato de Trabajo, establece: “Será nulo todo contrato por el cual
las partes hayan procedido con simulación o fraude a la ley laboral, sea aparentando normas contrac-
tuales no laborales, interposición de personas o de cualquier otro medio. En tal caso, la relación queda-
rá regida por esta ley”.
El empleador incurre en conductas fraudulentas cuando trata, mediante diversos artilugios, de
evitar sus responsabilidades, que le son impuestas legalmente por disposiciones legales denominadas
“de Orden Público”.
El Orden Público Laboral está constituido por aquellos principios que constituyen “el piso” de
los derechos de los trabajadores. En consecuencia, el empleador no puede, mediante los artilugios
mencionados, establecer condiciones de trabajo por debajo de las que establece la ley laboral. Si lo
hace, incurre en “fraude laboral”. Es allí, entonces, cuando se aplica el mencionado artículo 14 de la
Ley de Contrato de Trabajo, que fulmina con la nulidad la actuación del empleador que adopte tales
conductas.
¿Cuándo incurre el empleador en “fraude laboral”?.
En el tema que nos ocupa, las Empresas de Servicios Eventuales, el empleador incurre en
“fraude laboral” cuando obtiene un resultado prohibido por la legislación vigente.
Este resultado se da, por ejemplo, cuando una empresa usuaria de un determinado personal,
contrata con otra, de Servicios Eventuales, a un trabajador, suministrado por esta última, pero no para
cumplir con “necesidades extraordinarias” o por “circunstancias extraordinarias” de la primera, sino
para realizar actividades normales y habituales.
El mejor ejemplo que brinda el mercado en la actualidad es el de los “call-centers” de los ban-
cos.
Estos contratan a personal reclutado por las Empresas de Servicios Eventuales para desempe-
ñarse en esos “call-centers”. De ninguna manera podría decirse que esa actividad resulta extraordina-
ria, o de naturaleza excepcional para la empresa usuaria. El trabajador está registrado por la Empresa
de Servicios Eventuales, pero presta servicios habituales y por tiempo indeterminado, en las usuarias.
Es allí donde se produce la figura del fraude laboral.
Los casos de jurisprudencia que se transcriben, lo explican con toda claridad: “El actor prestó
servicios para la demandada por un lapso de nueve años, mediante la suscripción de contratos even-
tuales. La demandada modificó la relación basándose en el decreto 92/1995 del PEN (art. 3), y la trans-
175
Fernández Madrid, Juan Carlos, op. cit., pág. 600.
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formó en una locación de servicios. Es necesario expresar que la modalidad de contrato eventual tiene
carácter excepcional, su utilización impone que el contrato no se mantenga por una cantidad de tiempo
que desvirtúe el objeto. En consecuencia, la proyección indefinida por un extenso período de la “exigen-
cia extraordinaria y transitoria de la empresa” no permite mantener la vigencia de la modalidad con-
tractual (art. 72, ley 24013), transformándose el contrato en uno por tiempo indeterminado. Por su
parte, el decreto 92/1995 del PEN no modifica las relaciones “existentes”, art. 3, C.Civ.), sino que fija
pautas respecto de las futuras contrataciones de personal, y si la tarea que desempeñó el actor fue
siempre la misma, no existe justificación para transformarla en locación de servicios”176.
Según el art. 29 bis de la LCT, tanto la empresa de servicios eventuales habilitada por la autori-
dad competente como el empleador que ocupe trabajadores a través de ellas, serán solidariamente
responsables por todas las obligaciones laborales frente al dependiente. Lo único que podría discutir-
se, sería la titularidad de la relación, pero no la solidaridad de ambas empresas frente al trabajador, lo
cual, por los motivos expuestos, debe ser mantenida.177
En este punto debemos reparar que lo que caracteriza al contrato de trabajo eventual es que
se sabe en qué momento comienza, pero, por la naturaleza “eventual” del mismo, no se tiene certeza
respecto de cuándo habrá de finalizar. El contrato de trabajo eventual comienza y termina con la acti-
vidad que le ha sido asignada al trabajador.
La empresa usuaria y la eventual, en el caso de los “call-centers” “acuerdan” que se realice el
contrato de trabajo bajo la modalidad eventual, cuando, definitivamente, no lo es.
La empresa usuaria, en caso de conflicto, trata de desligarse de su responsabilidad laboral,
trasladándosela a la de Servicios Eventuales. Y esto, juntamente con destinar a un trabajador a realizar
un trabajo permanente bajo la apariencia de eventual, es lo que la ley entiende que resulta un proce-
der fraudulento. En virtud del mismo, establece que ambas resultan solidariamente responsables por
la defectuosa registración del trabajador.
Por otra parte, los trabajadores, en la empresa usuaria, normalmente sufren distintos tipos de
discriminaciones respecto de quienes están “efectivizados” en las mismas.
Una de ellas, es tener su recibo de sueldo otorgado por la Empresa de Servicios Eventuales,
cuando, como fue mencionado, su verdadero empleador, es la usuaria.
Hay que efectuar, en este punto, una aclaración, para que no se confunda con lo que vine ex-
poniendo a lo largo de este trabajo.
En el trabajo eventual, el verdadero empleador es la Empresa de Servicios Eventuales.
El trabajo que se realiza, por ejemplo, en los call centers, en los que se destina a trabajadores a
realizar una tarea por meses y años, sin tener en cuenta los plazos legales respecto del trabajo even-
tual, es, sin ningún lugar a dudas, un contrato de trabajo por tiempo indeterminado. Consecuentemen-
te, el empleador es la empresa usuaria, que es la que se aprovecha de la actividad del trabajador.
Esto conlleva diversos problemas.
Por ejemplo, en el caso de los bancos mencionados, el trabajador, que tiene un recibo de suel-
do de la Empresa de Servicios Eventuales, en caso de querer obtener un crédito, trabajando para un
176
C.N.A.T., Sala VII, 29/04/2004, “Godoy, Martín v. Instituto Nacional de Reaseguros SE en liquidación”.
177
C.N.A.T., Sala X, 28/11/2005, “Zaremba, Gustavo Adolfo v. Cosméticos Avon S.A. y otro”.
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banco multinacional, no puede, a tal efecto, exhibir ese recibo de sueldo, porque el mismo está con-
feccionado por la Empresa de Servicios Eventuales y no por el banco que efectivamente lo ocupa.
Existen otras diferencias entre quienes están trabajando como “efectivos” en la usuaria y los
trabajadores que provienen de Empresas de Servicios Eventuales: otorgamiento de préstamos, pre-
mios, cochera, horarios, etc.
Entonces, la finalidad de este proceder, en el que se encuentran involucrados la Empresa de
Servicios Eventuales, la usuaria y, contra su voluntad, el trabajador, es la de ocultar una relación o
acto verdadero, como es que el trabajador se desempeña, efectivamente y a tiempo completo, para la
empresa usuaria, bajo la apariencia de otro acto, que es el de aparentar que ese trabajador, en reali-
dad, se desempeña bajo la dependencia de la Empresa de Servicios Eventuales, dentro de los plazos
establecidos para el trabajo eventual.
Las consecuencias de este actuar fraudulento, desde el punto de vista legal, son tres:
a) Como fue dicho al principio, la ley laboral, art. 14, LCT, declara nulo el contrato cuando las
partes actuaron con simulación.
b) El primer párrafo del art. 29 de la misma LCT determina que hay una relación de dependen-
cia directa con quien, en realidad, es titular de la relación laboral, en este caso, la empresa usuaria,
porque, el trabajador es obligado a desempeñarse en actividades que no tienen nada que ver con el
carácter de “eventual” que establece la ley.
c) Por el segundo párrafo del art. 29 de la LCT, la Empresa de Servicios Eventuales se trans-
forma en responsable solidario de todas las obligaciones emergentes de la relación laboral.
El art. 14 de la LCT otorga preponderancia a lo que en realidad ha sucedido entre las partes, a
lo que ellas han acordado, por sobre lo que éstas quisieron hacer ver ante terceros y ante el mismo
trabajador. Es decir que predomina el principio de la “primacía de la realidad”. La ley laboral otorga
preponderancia a lo dispuesto por el Orden Público Laboral, o sea, las condiciones mínimas con las
que las partes deben regirse, para no perjudicar al trabajador.
En síntesis, podemos concluir que:
1. El principio general está establecido por el primer párrafo del art. 29 de la LCT, en cuanto
dispone que los trabajadores contratados por terceros con vista a proporcionarlos a las empresas,
serán considerados empleados directos de quien utilice sus servicios, siendo el proveedor deudor soli-
dario de las obligaciones que se generen por el vínculo.
2. La actividad de las Empresas de Servicios Eventuales como intermediarias en la provisión de
personal constituye una excepción legal, consagrada por el tercer párrafo del art. 29 de la LCT: ello
implica que el obligado principal en la relación laboral con el trabajador será la Empresa de Servicios
Eventuales, constituyéndose la usuaria en garante de las obligaciones laborales y previsionales emer-
gentes de la misma.
3. Para que la empresa usuaria pueda gozar de esa excepción legal, resulta imprescindible que
contrate el personal eventual a través de una Empresa de Servicios Eventuales inscripta en el registro
del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación y que el mismo sea destinado a
desarrollar tareas eventuales, conforme las características y duración que establece el Dto.
1694/2006. En caso en que no se cumpla alguno de estos requisitos, por imperio del art. 14 de la LCT,
la relación laboral deberá encuadrarse en el primer párrafo del art. 29 de la LCT.
11. Jurisprudencia
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tuando como un mero intermediario o como interpósita persona en la relación, según el artículo 29,
primer párrafo, de la ley 20744. Con esta visión, voto por la negativa”.
d) Voto del Dr. Miguel Angel Maza, que no adhirió al fallo: “En definitiva, opino que, cuando
el trabajador ha sido, en el marco de un único contrato, registrado en los libros pertinentes y denuncia-
do ante los organismos de la seguridad social, no ha sufrido clandestinidad. Así como que las normas
de los artículos 8, 9, 10 y 15 sancionan la clandestinización total del contrato o el cercenamiento del
reconocimiento de la antigüedad y/o retribución del trabajador inscripto y no la mera falta administra-
tiva de no asumir el rol legalmente correspondiente de empleador, que fuera dejado en cabeza de un
tercero impuesto al régimen del art. 29, LCT. Voto, pues, por la negativa”.
12. Conclusiones y propuestas
A) Aspectos mejorables en la legislación que regula la actividad de las ESE
La legislación que regula el trabajo eventual contiene, en mi criterio, algunos términos impre-
cisos, que dan lugar a interpretaciones que pueden no ser correctas en determinados artículos que
rigen la modalidad contractual del trabajo eventual.
Consecuencia de ello, se producen situaciones que van en desmedro del principio protectorio
que rige todo contrato laboral.
Los mismos fueron explicados en detalle al referirme a las Empresas de Servicios Eventuales
en la Ley de Contrato de Trabajo, a las Empresas de Servicios Eventuales en la Ley Nacional de Em-
pleo y al Decreto Reglamentario 1694/2006.
Sin perjuicio de las explicaciones que han sido expuestas en cada uno de los temas menciona-
dos, me permito formular una serie de conclusiones y propuestas respecto de los mismos.
1.- LCT, art. 29, párrafo primero: “Los trabajadores que, habiendo sido contratados por terce-
ros con vista a proporcionarlos a las empresas, serán considerados empleados directos de quien utilice
su prestación”.
Entiendo que es necesario efectuar una aclaración en esta parte del artículo, de manera que
quede claramente establecido que, en el caso de que el trabajador haya sido contratado por una Em-
presa de Servicios Eventuales, será empleado directo de la misma. Por lo tanto, habría que incluir en
el texto de este artículo, a las agencias de empleo privadas y a las consultoras, para diferenciarlas,
justamente, de las Empresas de Servicios Eventuales.
El párrafo del artículo transcripto no aclara quiénes los “terceros” que pueden contratar tra-
bajadores. Es por esta razón que resulta necesaria la aclaración.
El texto sugerido es: “Los trabajadores que hayan sido contratados por Empresas de Servicios
Eventuales serán considerados empleados directos de las mismas. En caso de haber sido contratados
por agencias de empleo privadas o consultoras para ser cedidos a otras empresas, serán considerados
empleados directos de quien utilice su prestación”.
2.- LCT, art. 29, párrafo segundo: “En tal supuesto, y cualquiera que sea el acto o estipulación
que al efecto concierten, los terceros contratantes y la empresa para la cual los trabajadores presten o
hayan prestado servicios, responderán solidariamente de todas las obligaciones emergentes de la rela-
ción laboral y de las que se deriven del régimen de la seguridad social”.
Nuevamente, este párrafo no aclara quiénes son “los terceros contratantes” ni “la empresa
para la cual los trabajadores presten o hayan prestado servicios”.
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Es necesario resaltar, nuevamente, el diferente carácter que tienen las agencias de empleo y
las consultoras, por un lado, y las Empresas de Servicios Eventuales, por otro.
Las agencias de empleo gestionan un trabajo para un trabajador.
Las consultoras, seleccionan trabajadores para las empresas.
Ambas, cumplido su cometido, no vuelven a tener relación con el trabajador. Por lo tanto, no
son, como dice el párrafo en cuestión, “solidariamente responsables” respecto de los trabajadores.
Distinto es el caso de las Empresas de Servicios Eventuales, las que, como ya fue reiterada-
mente mencionado en este trabajo, son las empleadoras directas de los trabajadores, tanto de los que
se desempeñan para las mismas, como de los que son enviados a trabajar a otras empresas.
Por lo tanto, en mi criterio, el texto del segundo párrafo del art. 29 de la LCT, debiera ser: …”la
empresa usuaria que utilice los servicios del trabajador contratado por una Empresa de Servicios Even-
tuales, responderá solidariamente de todas las obligaciones emergentes de la relación laboral y de las
que se deriven del régimen de la seguridad social”.
3.- LCT, art. 29, párrafo tercero: “Los trabajadores contratados por Empresas de Servicios
Eventuales, habilitados por autoridad competente para desempeñarse en los términos de los arts. 99
de la presente y 77 a 80 de la LNE, serán considerados en relación de dependencia, con carácter per-
manente, continuo o discontinuo, con dichas empresas”.
Es necesario aclarar al respecto que, según mi opinión, el trabajador contratado por una Em-
presa de Servicios Eventuales, tiene carácter permanente o continuo respecto de esa empresa, pero
carácter discontinuo respecto de aquellas en las que vaya a prestar servicios, en virtud, justamente, de
la modalidad particular de la prestación de tareas que constituye el trabajo eventual.
Por lo tanto, el texto de este artículo, que aclararía la situación, debiera ser: “Los trabajadores
contratados por Empresas de Servicios Eventuales, habilitados por autoridad competente para desem-
peñarse en los términos de los arts. 99 de la presente y 77 a 80 de la LNE, serán considerados en rela-
ción de dependencia, por tiempo indeterminado respecto de las mismas, y con carácter discontinuo
respecto de las empresas usuarias hacia las que sean enviados por las primeras”.
4.- LCT, art. 29 bis: segundo párrafo: se remite al acápite “Aspectos del trabajo eventual que
debieran reglamentarse”, punto g) “Obras Sociales”.
5.- LCT, arts. 64 a 68: Estos artículos se refieren al “ius variandi”, como la posibilidad del em-
pleador de dirigir el trabajo de acuerdo a las necesidades de la empresa, con un criterio de razonabili-
dad.
Este tema está íntimamente relacionado con el art. 5, inciso c), Decreto Reglamentario
1694/2006: “El nuevo destino de trabajo que otorgue la Empresa de Servicios Eventuales podrá modifi-
car el régimen horario, pero el trabajador no estará obligado a aceptar un trabajo nocturno o insalu-
bre, o a tiempo total o parcial cuando no lo haya aceptado anteriormente”.
Al respecto, puede surgir la siguiente situación: un trabajador fue contratado por una Empresa
de Servicios Eventuales para ser destinado a distintas empresas usuarias. En una de ellas se desempe-
ña de seis de la mañana a dos de la tarde.
Posteriormente, su empleador, es decir, la Empresa de Servicios Eventuales, lo destina a otra
empresa usuaria, en la que debe cumplir un horario desde la una de la tarde hasta las nueve de la no-
che.
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Evidentemente, se cumple con la disposición del art. 5, inciso c) del Decreto Reglamentario,
en cuanto a que el empleador “podrá modificar el régimen horario, pero el trabajador no estará obli-
gado a aceptar un trabajo nocturno o insalubre”.
No obstante, la pregunta surge con claridad: si un trabajador tiene diagramados sus horarios
en base al trabajo que tenía en la primera empresa usuaria, esto es, de seis a catorce horas, es lógico
exigirle que, en la nueva empresa usuaria a la que sea destinado, se desempeñe de una de la tarde a
nueve de la noche?. O que, en una tercera empresa usuaria a la que sea destinado, se desempeñe
desde las doce del mediodía hasta las ocho de la noche?.
Por lo tanto, entiendo que, en estos artículos de la LCT relacionados con el ius variandi, debie-
ra establecerse una disposición que aclarara que “al trabajador de una Empresa de Servicios Eventua-
les se le asignará un horario en el que deba cumplir tareas, que deberá mantenerse, cualquiera sea la
empresa usuaria a la que sea destinado”.
Igual texto debiera incluirse en el art. 5, inciso c) del Decreto Reglamentario 1694/2006.
6.- LCT, art. 99: “Cualquiera sea su denominación, se considerará que media contrato de traba-
jo eventual cuando la actividad del trabajador se ejerce bajo la dependencia de un empleador para la
satisfacción de resultados concretos, tenidos en vista por éste, en relación a servicios extraordinarios
determinados de antemano o exigencias extraordinarias y transitorias de la empresa, explotación o
establecimiento, toda vez que no pueda preverse un plazo cierto para la finalización del contrato. Se
entenderá además que media tal tipo de relación cuando el vínculo comienza y termina con la realiza-
ción de la obra, la ejecución del acto o la prestación del servicio para el que fue contratado el trabaja-
dor. El empleador que pretenda que el contrato inviste esta modalidad, tendrá a su cargo la prueba de
su aseveración”.
Cuando este artículo establece que “se considerará que media contrato de trabajo eventual
cuando la actividad del trabajador se ejerce bajo la dependencia de un empleador”, no aclara quién es
ese empleador, que puede ser la empresa usuaria, o la Empresa de Servicios Eventuales, sin perjuicio
de que, en el resto de la redacción, se refiere, inequívocamente, al contrato de trabajo eventual.
Además, no contempla este artículo el caso de que el trabajador sea contratado por una per-
sona física para realizar tareas eventuales.
Como fue dicho en el trabajo, las Empresas de Servicios Eventuales consultadas, en su totali-
dad, manifestaron que solamente contratan trabajadores para derivar a otras empresas, y no a perso-
nas físicas.
No existe en la legislación vigente disposición alguna que prohíba a una persona física contra-
tar a un trabajador para realizar tareas eventuales. En virtud de ello, está permitido.
Por otro lado, considero importante que, en el texto del artículo, se incluya la disposición que
establezca, de acuerdo con lo que opina destacada doctrina, que el contrato de trabajo eventual debe
celebrarse por escrito.
En consecuencia, entiendo que el texto debiera ser: “Cualquiera sea su denominación, se con-
siderará que media contrato de trabajo eventual cuando la actividad del trabajador ……se ejerce bajo
la dependencia de una persona física o entidad usuaria de los servicios de una Empresa de Servicios
Eventuales”….. “el contrato de trabajo eventual deberá realizarse siempre por escrito, con todas las
aclaraciones correspondientes a los datos personales del trabajador, el horario que habrá de cumplir
en las empresas usuarias a las que sea asignado, la categoría laboral que le será asignada, el sindicato
correspondiente y la remuneración que habrá de percibir”.
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7.- LCT, art. 100: “Los beneficios provenientes de esta ley se aplicarán a los trabajadores
eventuales, en tanto resulten compatibles con la índole de la relación y reúnan los requisitos a que
se condiciona la adquisición del derecho a los mismos”.
Considero que el concepto “en tanto resulten compatibles con la índole de la relación y reú-
nan los requisitos a que se condiciona la adquisición del derecho a los mismos” no resulta necesario,
porque se entiende que es obvio que los beneficios de una ley se aplican a todos los que son destina-
tarios de la misma. En caso que hubiera algún beneficio en particular, debiera establecerse por una
reglamentación especial.
8.- LCT, art. 103 bis: se remite al acápite “Aspectos del trabajo eventual que debieran regla-
mentarse”, punto “a”.
9.- LCT, art. 106: se remite al acápite “Aspectos del trabajo eventual que debieran reglamen-
tarse”, punto “b”.
10.- LCT, art. 113: se remite al acápite “Aspectos del trabajo eventual que debieran reglamen-
tarse”, punto “c”.
11.- LCT, art. 208: se remite al acápite “Aspectos del trabajo eventual que debieran reglamen-
tarse”, punto “d”.
12.- LCT, art. 225: se remite al acápite “Aspectos del trabajo eventual que debieran reglamen-
tarse”, punto “e”.
13.- LCT, art. 256: se remite al acápite “Aspectos del trabajo eventual que debieran reglamen-
tarse”, punto “f”.
14.- LNE 24013, art. 68: fue explicitado en oportunidad del análisis y conclusión respecto del
art. 99 LCT.
15.- LNE 24013, art. 69: fue explicitado en la conclusión del art. 99 LCT (punto 4).
16.- LNE 24013, art. 72: el párrafo b) de este artículo, establece: “La duración de la causa que
diera origen a estos contratos no podrá exceder de seis meses por año y hasta un máximo de un año
en un período de tres años”.
Entiendo que debiera agregarse, inmediatamente a continuación:……”en la misma empresa
usuaria”.
17.- LNE 24013, art. 73: “El empleador no tiene el deber de preavisar la finalización del con-
trato”.
Ya ha sido explicado, en oportunidad de analizar este artículo, que colisiona con lo establecido
por la LCT, en cuanto a la obligación que tiene el empleador, en este caso, la Empresa de Servicios
Eventuales, de abonar el preaviso. No se advierte, en la legislación laboral vigente, razón alguna para
que un empleador que no sea una Empresa de Servicios Eventuales deba cumplir con la obligación de
preavisar, y que ésta no deba hacerlo.
También fue apuntado que este artículo no define quién es el empleador, si la Empresa de
Servicios Eventuales o la usuaria hacia la que es destinado por la primera.
Por lo tanto, el texto que considero debiera ser el apropiado es el siguiente: “La Empresa de
Servicios Eventuales debe preavisar la finalización del contrato, en virtud de ser la empleadora directa
del trabajador. Caso contrario, deberá abonar el importe correspondiente, de acuerdo a lo establecido
por la Ley de Contrato de Trabajo”.
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18.- LNE, art. 74: “No procederá indemnización alguna cuando la relación laboral se extinga
con motivo de finalización de la obra o tarea asignada, o del cese de la causa que le diera origen. En
cualquier otro supuesto, se estará a lo dispuesto en la Ley de Contrato de Trabajo” (t.o. 1976).
Este artículo no establece respecto de quién se extingue la relación laboral con motivo de la fi-
nalización de la obra o tarea asignada, o cuando hubiere un cese de la causa que le diere origen.
Tampoco explica a qué se refiere cuando habla de “en cualquier otro supuesto”.
Como fue mencionado en esta presentación, es lógico que la empresa usuaria no deba pagar
indemnización alguna al trabajador al finalizar la obra o tarea asignada, ya que quien debe pagar por
dicho concepto es la Empresa de Servicios Eventuales.
Por lo tanto, considero que no es necesaria la existencia de este artículo, en virtud de estar
comprendida la situación en el art. 245 de la LCT.
Pero, en caso de tener una redacción, el texto propuesto es el siguiente: “La Empresa de Servi-
cios Eventuales, en su calidad de empleadora, es quien debe abonar, a la finalización del contrato de
trabajo, la indemnización al trabajador, de acuerdo a lo establecida en el art. 245 de la LCT”.
19.- LNE, art. 75: Derógase el último párrafo del artículo 29 de la Ley de Contrato de Trabajo
(t.o. 1976), el que se sustituye por el siguiente:
"Los trabajadores contratados por Empresas de Servicios Eventuales habilitadas por la autori-
dad competente para desempeñarse en los términos de los artículos 99 de la presente y 77 a 80 de la
Ley Nacional de Empleo, serán considerados en relación de dependencia, con carácter permanente
continuo o discontinuo, con dichas empresas."
Se reitera aquí lo ya mencionado: el trabajador lo es de la Empresa de Servicios Eventuales
por tiempo indeterminado.
Como fue expresado en el desarrollo de este tema, no se advierte cuál sería la razón por la que
los trabajadores contratados por una Empresa de Servicios Eventuales no tengan una relación laboral
con las mismas por tiempo indeterminado.
Por lo tanto, el texto de este artículo debiera ser: "Los trabajadores contratados por Empresas
de Servicios Eventuales habilitadas por la autoridad competente para desempeñarse en los términos
de los artículos 99 de la presente y 77 a 80 de la Ley Nacional de Empleo, serán considerados en rela-
ción de dependencia, por tiempo indeterminado con dichas empresas."
20.- LNE 24013, art. 76: el análisis fue efectuado al referirme al art. 29 bis, LCT.
21.- LNE 24013, art. 77: en virtud de no cumplir muchas de las Empresas de Servicios Eventua-
les con el “objeto único” establecido en la legislación vigente, se propone agregar a este artículo el
siguiente texto: “Las empresas, constituidas como de Servicios Eventuales, que no tengan objeto único,
no podrán funcionar como tales. Al efecto, el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la
Nación, no concederá la autorización para funcionar si es que no se cumpliere con tal extremo”.
22.- Decreto Reglamentario 1694/2006, artículo 3: “En toda documentación, especialmente
laboral, perteneciente a las Empresas de Servicios Eventuales, en sus folletos, tarjetas, contratos con
las empresas usuarias, carteles que las anuncien y cuando se las promocione, publicite o se las dé a
conocer por cualquier medio, deberán colocar en forma destacada la leyenda "EMPRESA DE SERVICIOS
EVENTUALES" y su número de habilitación”.
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A través del relevamiento de las presentaciones que efectúan las Empresas de Servicios Even-
tuales en internet, se puede observar con toda claridad que las mismas no cumplen con la disposición
transcripta en este artículo.
El texto que entiendo se le debiera agregar a este artículo, inmediatamente a continuación del
actual, es el siguiente: ….”caso contrario, el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la
Nación, no autorizará la habilitación correspondiente para el funcionamiento de las mismas”.
23.- Decreto Reglamentario 1694/2006, art. 4: “Los trabajadores que la Empresa de Servicios
Eventuales contrate para prestar servicios en su sede, filiales, agencias u oficinas, serán considerados
vinculados por un contrato de trabajo permanente continuo, pudiéndose utilizar también las modali-
dades previstas en el Título III de la Ley de Contrato de Trabajo Nº 20.744 (t.o. 1976) y sus modificacio-
nes, cuando circunstancias excepcionales así lo justifiquen.
Los trabajadores que la Empresa de Servicios Eventuales contrate para prestar servicios bajo la
modalidad de trabajo eventual, serán considerados vinculados a la empresa de servicios eventuales por
un contrato de trabajo permanente discontinuo.
A todos los trabajadores dependientes de la Empresa de Servicios Eventuales, ya sea que pres-
ten servicios continuos o discontinuos, les serán de aplicación toda disposición legal, estatutaria, con-
vencional, laboral y de la seguridad social vigente.
Los aportes y contribuciones a la seguridad social respecto de los trabajadores permanentes
discontinuos se efectuarán de acuerdo a la legislación aplicable en la empresa usuaria”.
Fue señalado en reiteradas oportunidades que el trabajador es empleado directo de la Empre-
sa de Servicios Eventuales. Por lo tanto, no puede tener con ésta un “contrato de trabajo permanente
discontinuo”, sino un contrato de trabajo por tiempo indeterminado.
Entiendo que la redacción del artículo, entraña un contrasentido en sí mismo.
Por una parte, establece que “Los trabajadores que la Empresa de Servicios Eventuales contra-
te para prestar servicios en su sede, filiales, agencias u oficinas, serán considerados vinculados por un
contrato de trabajo permanente continuo”.
No se advierte cuál es la necesidad de esta aclaración, ya que al contrato de trabajo, como re-
gla general, la ley laboral lo presume realizado por tiempo indeterminado.
Como segundo punto, tampoco resulta claro que el artículo establezca que “se podrán utilizar
las modalidades del Título III de la Ley de Contrato de Trabajo”, en razón de que no es necesaria una
disposición legal para que esto ocurra.
La Empresa de Servicios Eventuales puede contratar a trabajadores, con la modalidad, por
ejemplo, de plazo fijo para que se desempeñen en sus oficinas, como cualquier otro empleador. No
hace falta una disposición legal expresa que así lo establezca.
No queda claro, en cambio, si la Empresa de Servicios Eventuales puede contratar a trabaja-
dores de temporada: no se advierte cuál sería la funcionalidad de dicho tipo de contrataciones en este
tipo de empresas.
Por lo tanto, que el artículo 4 del Decreto Reglamentario 1694/2006 haga alusión a que “se
podrán utilizar las modalidades del Título III de la Ley de Contrato de Trabajo”, en mi criterio, introduce
una confusión conceptual innecesaria.
Por otra parte, este artículo, como ya fue mencionado, establece: “Los trabajadores que la
Empresa de Servicios Eventuales contrate para prestar servicios bajo la modalidad de trabajo eventual,
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serán considerados vinculados a la empresa de servicios eventuales por un contrato de trabajo perma-
nente discontinuo”.
No se advierte, bajo ningún punto de vista, cuál es el fundamento legal por el que habría de
producirse semejante diferencia: a los trabajadores que contrate para prestar servicios en sus oficinas,
los contrata, según su texto, con la modalidad “permanente continua”. En cambio, a los que contrate
para derivarlos a terceros, con la modalidad “permanente discontinua”, más allá de que el concepto de
“permanente discontinua” es contradictorio en sí mismo: o es “permanente”, o es “discontinuo”.
Es evidente que nos encontramos ante una falla conceptual de redacción de este artículo.
En virtud de tal circunstancia, entiendo que la redacción del art. 4 del Decreto Reglamentario
1694/2006 debiera ser: “Los trabajadores que la Empresa de Servicios Eventuales contrate para pres-
tar servicios en su sede, filiales, agencias u oficinas, como los que contrate para ser derivados a empre-
sas usuarias, tendrán, respecto de la Empresa de Servicios Eventuales, un contrato de trabajo por
tiempo indeterminado. El vínculo de los mismos con las empresas usuarias será por tiempo limitado, de
acuerdo a los plazos establecidos para el trabajo eventual”.
Esta última frase propuesta debe, en mi criterio, ser así, ya que, evidentemente, el trabajador
eventual destinado a cumplir funciones en distintas empresas usuarias, debe hacerlo cumpliendo el
plazo establecido por el artículo 72 de la LNE, que establece: “La duración de la causa que diera origen
a estos contratos no podrá exceder de seis meses por año y hasta un máximo de un año en un período
de tres años”.
24.- Decreto Reglamentario 1694/2006, art. 5:
El primer párrafo de este artículo establece: “Cuando la relación de trabajo entre la empresa
de servicios eventuales y el trabajador fuere permanente y discontinua”…
Ya fue explicado con anterioridad que no existe una relación de trabajo que, al mismo tiempo,
sea “permanente” y “discontinua”. Por esta razón, es que sugiero eliminar esta expresión del art. 5 del
Decreto Reglamentario.
En virtud de lo también explicado supra, se estableció que resulta contrario al ordenamiento
legal que el trabajador de una Empresa de Servicios Eventuales no perciba remuneración durante los
cuarenta y cinco días corridos o noventa alternados en los que no preste servicios, como ocurre en la
actualidad. Por lo tanto, entiendo que, en este artículo, se debiera agregar: “Durante los tiempos en los
que la Empresa de Servicios Eventuales no asigne tareas al trabajador, éste tendrá derecho al cobro
total de su remuneración, en virtud de encontrarse a disposición de la misma, de acuerdo a lo estable-
cido por el art. 103 de la Ley de Contrato de Trabajo”.
Como fue explicado anteriormente, esta disposición está en absoluta consonancia con lo esta-
blecido en el art. 103 de la LCT.
El inciso b) del artículo 5 del Decreto Reglamentario 1694/06 establece: “El nuevo destino de
trabajo que otorgue la Empresa de Servicios Eventuales podrá comprender otra actividad o convenio
colectivo, sin menoscabo de los derechos correspondientes al trabajador”.
Como ya fue explicado, la redacción de este artículo es un contrasentido en sí misma.
Por un lado, establece que el trabajador puede ser destinado a una actividad distinta de la que
tenía en la anterior empresa usuaria en la que prestaba servicios. Por consiguiente, el Convenio Colec-
tivo en la nueva actividad, será distinto que el que tenía en la anterior.
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La pregunta, ya formulada, es: ¿qué ocurre si ese CCT le otorga al trabajador menores benefi-
cios que el anterior?. ¿Quién suple esa diferencia para cumplir con el precepto de que esto debe ser
sin menoscabo de los derechos correspondientes al trabajador?.
No hay que olvidar que la cuestión de fondo que se trata de plantear en esta tesis es, por un
lado reconocer que el contrato de trabajo eventual es una legislación de excepción con respecto a la
legislación laboral en general.
Por otro lado, el tema planteado es si una legislación de excepción puede vulnerar principios
generales del Derecho del Trabajo, como, por ejemplo, la intangibilidad de la remuneración del tra-
bajador.
Por lo tanto, para no violentar el principio del Derecho Laboral que establece que la remune-
ración es un elemento estructural del contrato de trabajo, entiendo que es la misma Empresa de
Servicios Eventuales la que debiera hacerse cargo de las diferencias salariales si un trabajador es des-
tinado a distintas empresas en las que se le abonan distintos salarios.
Ejemplo: si un trabajador eventual es destinado a un banco, en el que el sueldo es de $ 10.000,
y, posteriormente, es destinado, por la misma Empresa de Servicios Eventuales a un supermercado,
en el que el sueldo es de $ 7.000, será la Empresa de Servicios Eventuales la que deberá abonarle al
trabajador la diferencia entre los diez mil anteriores y los siete mil de la empresa a la que actualmente
ha sido derivado.
Por lo tanto, la redacción de este inciso b) del artículo 5 del Decreto Reglamentario, a mi en-
tender, debiera ser: “La Empresa de Servicios Eventuales compensará las diferencias de remuneración
al trabajador por las variaciones que se produzcan en las distintas empresas a las que sea derivado por
la Empresa de Servicios Eventuales, respecto de quien tiene relación de dependencia. Lo mismo ocurri-
rá respecto del Convenio Colectivo de Trabajo y los diferentes beneficios que se le puedan otorgar al
trabajador ”
Esta solución, en mi criterio, está sustentada jurídicamente por los siguientes fundamentos:
a) La remuneración del trabajador, como fue dicho, es inalterable e intangible. Además, tiene
carácter alimentario. Nunca puede ser modificada en su perjuicio. Hacerlo, implicaría la directa viola-
ción del principio protectorio y del principio de irrenunciabilidad del Derecho del Trabajo.
b) La Empresa de Servicios Eventuales, que es la empleadora directa del trabajador, es la que
determina a qué empresa puede el mismo ser derivado. El trabajador no participa de esa decisión. No
es consultado al respecto.
Por lo tanto, las consecuencias de esa decisión no pueden, de ninguna manera, ser asumidas
por el trabajador. La Empresa de Servicios Eventuales es la que determinó a qué empresa habrá de ir
el dependiente a prestar servicios. Por lo tanto, es ella quien debe hacerse cargo de tal decisión. Y
debe hacerse cargo de esa decisión porque, en la elección de la empresa a la que el trabajador habrá
de ser destinado, existe un cálculo especulativo por parte de la Empresa de Servicios Eventuales res-
pecto del beneficio que tendrá con tal actividad.
A este cálculo especulativo lo considero correcto, ya que la Empresa de Servicios Eventuales
es una empresa comercial, que tiene como objetivo la obtención de lucro.
Por otra parte, como ya fue expresado en esta presentación, el trabajador no es socio de la
Empresa de Servicios Eventuales. No puede estar sometido al álea, que no es tal, ya que el que decide
es el empleador, de ser enviado a distintas empresas usuarias con diferentes niveles de remuneración.
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Fue explicado en su oportunidad que el elemento central que caracteriza al contrato de traba-
jo eventual es que se sabe cuándo comienza, pero no cuándo finaliza.
En virtud de tal circunstancia, considero que no es oportuna la inclusión en el artículo trans-
cripto del concepto que establece que se podrán asignar trabajadores a las empresas usuarias “en caso
de licencias (salvo que se trate por enfermedad) o suspensiones legales o convencionales, durante el
período en que se extiendan” (párrafo b), o “cuando se deba organizar o participar en congresos, con-
ferencias, ferias, exposiciones o programaciones” (inc. d).
En todos estos casos mencionados, las actividades tienen una fecha de inicio y una de finali-
zación, razón por la que se hace inaplicable el trabajo eventual.
Por tal razón, entiendo que los párrafos b) y d) de este artículo, debieran eliminarse.
26.- Decreto Reglamentario 1694/2006, artículo 7: El tercer párrafo del mismo establece que
“se dará lugar a la intervención del Observatorio de Buenas Prácticas en materia de servicios eventua-
les creado por este decreto”.
Hasta el día 06 de Mazo de 2015, según información recabada en el Ministerio de Trabajo, di-
cho Observatorio no se había constituido. No es menor indicar que el Decreto es del año 2006. Es de-
cir, en el transcurso de nueve años, no fue creado. Tal circunstancia nos demuestra, nuevamente, que
la autoridad de aplicación, como es el Ministerio de Trabajo, debiera impulsar las medidas pertinentes
para que dicho Observatorio fuera puesto en funciones.
27.- Decreto Reglamentario 1694/2006, artículo 8: “Cuando el empleador requiera de traba-
jadores para destinarlos a prestar servicios en eventos temporarios de exhibición, promoción o venta
de sus productos, ya sea en ferias, congresos, conferencias, exposiciones o programaciones, deberá
optar por:
a) Contratarlos y registrarlos como trabajadores propios con las modalidades permitidas en la
Ley de Contrato de Trabajo Nº 20.744 (t.o. 1976) y sus modificaciones; o
b) Contratar sus servicios a través de una empresa de servicios eventuales, adecuando esta
contratación a las normas que regula esta última actividad; o
c) Subcontratar el evento a terceras empresas, cuya actividad sea de publicidad y promoción.
En este caso la contratante deberá, además de cumplir con los recaudos del artículo, 30 segundo párra-
fo, de la Ley de Contrato de Trabajo Nº 20.744 (t.o. 1976), retener las contribuciones con destino a la
Seguridad Social que deban efectuarse por los trabajadores destinados a la promoción, exhibición y
venta de sus productos, conforme a la normativa que a tal efecto dicte la ADMINISTRACION FEDERAL
DE INGRESOS PUBLICOS (A.F.I.P.), entidad autárquica en el ámbito del MINISTERIO DE ECONOMIA Y
PRODUCCION”.
Debieran eliminarse de este artículo, por lo precedentemente explicado, los términos “ferias,
congresos, conferencias, exposiciones o programaciones”.
B) Aspectos del trabajo eventual que debieran reglamentarse
Entiendo que existen temas que debieran reglamentarse en relación al trabajo eventual.
A continuación se mencionan los mismos con el artículo correspondiente a ellos en la LCT.
a) Beneficios Sociales (art. 103 bis, LCT). Cuando un trabajador de una Empresa de Servicios
Eventuales es destinado, por la naturaleza misma de la actividad, a distintas empresas usuarias, puede
que, en ellas, los beneficios sociales varíen. En el cambio de empresas usuarias a las que el trabajador
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sea destinado, puede verse perjudicado por obtener menores beneficios sociales que en la empresa en
la que se desempeñaba anteriormente.
En virtud de tal circunstancia, entiendo que debiera reglamentarse este aspecto, brindándole
al trabajador eventual beneficios sociales que perduren a través de todo el tiempo en el que sea traba-
jador de la Empresa de Servicios Eventuales. En caso que existan diferencias en los beneficios sociales
entre las empresas usuarias a las que sea destinado que lo perjudiquen, debe ser la Empresa de Servi-
cios Eventuales, como empleador principal, la que debiera hacerse cargo de cubrir la diferencia.
b) Viáticos (art. 106, LCT). Idéntica situación se plantea con los viáticos.
Puede ocurrir que, en una empresa usuaria el viático, por ejemplo, por traslado, sea de un
monto determinado, y que, en otra, resulte menor, o inexistente, en perjuicio del trabajador.
Por lo tanto, entiendo que la solución es que la Empresa de Servicios Eventuales cubra las di-
ferencias que pudieran ocasionarse en perjuicio del trabajador.
c) Propinas (art. 113, LCT) Como ya fue mencionado anteriormente, puede el trabajador ser
destinado a desempeñarse a un restaurante como mozo, percibiendo una determinada cantidad de
dinero en calidad de propinas. El mismo trabajador puede luego, en virtud de la naturaleza del trabajo
eventual, ser destinado a otro restaurante, pero, esta vez, en calidad de empleado administrativo, sin
percepción de propinas. Esta situación resultará en un perjuicio para el trabajador.
Es por esta razón que se propuso en este trabajo que la Empresa de Servicios Eventuales debe
adoptar las medidas pertinentes para que no se produzcan estas situaciones que perjudican económi-
camente al trabajador.
Por lo tanto, desde el inicio de la relación laboral, la misma le debe asignar una determinada
categoría laboral, un determinado CCT y determinados beneficios sociales, de manera tal que, mien-
tras se desempeñe para la Empresa de Servicios Eventuales, prestando servicios en otras empresas
usuarias, su situación patrimonial no varíe en su perjuicio.
d) Licencias por enfermedad inculpable (art. 208, LCT). Respecto de este artículo, debiera re-
glamentarse que los plazos establecidos en los mismos, en el caso del trabajo eventual, deben ser te-
nidos en cuenta respecto de la antigüedad del trabajador en la Empresa de Servicios Eventuales,
independientemente de su actividad en las empresas usuarias.
e) Transferencia del contrato de trabajo (art. 225, LCT). “En caso de transferencia por cual-
quier título del establecimiento, pasarán al sucesor o adquirente todas las obligaciones emergentes del
contrato de trabajo que el transmitente tuviera con el trabajador al tiempo de la transferencia, aun
aquéllas que se originen con motivo de la misma. El contrato de trabajo, en tales casos, continuará con
el sucesor o adquirente, y el trabajador conservará la antigüedad adquirida con el transmitente y los
derechos que de ella se deriven”.
Es necesario reglamentar este artículo de la LCT en el sentido de establecer que siempre las
transferencias de establecimiento estarán relacionadas con el trabajador eventual en caso de que las
mismas se produzcan en las Empresas de Servicios Eventuales.
Es decir: solamente si se produce una transferencia de establecimiento de una Empresa de
Servicios Eventuales a otra, será operativo el art. 225 de la LCT.
Es irrelevante, en cambio, la transferencia de establecimiento, respecto del trabajador, cuando
se realice entre empresas usuarias en las que el mismo se encuentre prestando tareas, ya que el mis-
mo es empleado solamente de la Empresa de Servicios Eventuales.
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f) Prescripción y caducidad (art. 256, LCT). Debe entenderse que la prescripción y caducidad
de las acciones del trabajador operan desde el momento en que sus créditos son exigibles respecto de
quien es su empleador, que es la Empresa de Servicios Eventuales.
g) Obras Sociales: Igual que ocurre respecto de los beneficios sociales, puede ocurrir que al
trabajador, en actividades que brinde en distintas usuarias, le correspondan distintas Obras Sociales
que le brinden coberturas más o menos beneficiosas. Para que no resulte perjuicio para el trabajador,
debiera reglamentarse que la Empresa de Servicios Eventuales le otorgue, desde el inicio del contrato
de trabajo, una determinada Obra Social que conserve durante todo el tiempo por el que el mismo se
encuentre vigente. Si fuera destinado a una empresa usuaria en la que la Obra Social otorga mayores
beneficios que la que le asignó la Empresa de Servicios Eventuales, será ésta la que deba hacerse car-
go de cubrir las diferencias.
Tal circunstancia evitaría, además, los engorrosos trámites que significa para el trabajador dar-
se de baja de una Obra Social de una empresa usuaria a la que haya sido destinado, y darse de alta en
la nueva a la que deba ir a prestar servicios.
h) Accidente y enfermedades profesionales: debiera reglamentarse que, en caso que el traba-
jador sufra un accidente o enfermedad profesional, la Empresa de Servicios Eventuales deberá hacer-
se cargo de los mismos, en cuanto le corresponda, en virtud de la legislación vigente.
Esto debiera ser así aunque la empresa usuaria no haya cumplido con las medidas necesarias
para que no se produzcan, en virtud de que la Empresa de Servicios Eventuales, al ser la verdadera
empleadora del trabajador, debió cumplir con su deber de inspeccionar a la usuaria para cerciorarse
de las condiciones en las que un trabajador, en relación de dependencia con la primera, habría de
desempeñarse.
i) Régimen de licencias especiales: debería reglamentarse que la Empresa de Servicios Even-
tuales podrá otorgar al trabajador licencias especiales en mejores condiciones que las establecidas por
el art. 158 de la LCT. Si la usuaria a la que sea destinado otorgare licencias menores, siempre se estará
a lo establecido entre el trabajador y la Empresa de Servicios Eventuales. Si la usuaria concediere li-
cencias más beneficiosas que la Empresa de Servicios Eventuales, el trabajador gozará de las primeras.
Lo mismo ocurrirá con las vacaciones y licencias por exámenes.
C) Conclusiones respecto de las irregularidades en el accionar de las Empresas de Servicios
Eventuales
Como quedó expuesto a través del presente trabajo, pese a la existencia de regulaciones que
tienden a evitarlo, la actividad de las Empresas de Servicios Eventuales posibilita la comisión de con-
ductas fraudulentas en detrimento de los trabajadores contratados por ellas para prestar servicios
eventuales en las empresas usuarias.
Estas irregularidades consisten principalmente en:
1.- En muchas oportunidades los trabajadores eventuales son destinados a prestar tareas que,
por sus características, carecen de la extraordinariedad o excepcionalidad que la ley impone como
requisito tipificante del trabajo eventual.
En efecto, empleados de call centers o repositores de supermercados, por ejemplo, son desti-
nados a desempeñar tareas normales y habituales de las empresas usuarias.
2.- Se excede el tiempo máximo previsto por el art. 72 de la LNE, que preceptúa que la dura-
ción de la causa que diera origen a estos contratos no podrá exceder de seis meses por año y hasta un
máximo de un año en un período de tres años.
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3.- Los trabajadores eventuales solo perciben el salario y tienen la categoría laboral que fija el
CCT de la actividad de la usuaria, en tanto los trabajadores propios de la usuaria perciben adicionales
salariales de empresa ligados con la puntualidad, el presentismo, la productividad, la especialidad, etc.,
existiendo sustanciales diferencias entre los salarios brutos que perciben unos y otros. Además, los
eventuales no gozan de otros beneficios como otorgamiento de préstamos, premios, cochera, hora-
rios, etc.
4.- En ocasiones, al personal eventual se le aplica un CCT cuyas remuneraciones son inferiores
a las del Convenio que aplica la usuaria a su personal.
5.- Muchas veces las ESE obligan a sus dependientes a renunciar, cuando finaliza el vínculo con
una usuaria, como condición para asignarlos a otra empresa.
6.- En sus presentaciones en internet, la gran mayoría de las ESE formulan anuncios que no se
compadecen con la exigencia legal de tener un objeto único, dado la gran cantidad de servicios que
ofrecen.
7.- La denominación de “Federación Argentina de Empresas de Trabajo Temporario” debiera
ser “Federación Argentina de Empresas de Servicios Eventuales”. De esta manera, sería mucho más
precisa la denominación en relación al tipo de empresas que agrupa.
Las irregularidades señaladas se ven favorecidas por la ausencia de controles suficientes, efi-
cientes y eficaces sobre la actividad de tales empresas por parte de la autoridad de aplicación, que es
el Ministerio de Trabajo, y la falta de implementación de mecanismos previstos en la normativa vigen-
te, como las negociaciones colectivas para delimitar la proporción razonable de trabajadores eventua-
les respecto de los permanentes y el Observatorio de Buenas Práctica.
Con respecto al mismo, está previsto en el artículo 26 de decreto reglamentario 1694/2006,
pero, a la fecha de finalización de este trabajo, el 06 de Marzo de 2015, no se ha llevado a cabo aún su
constitución.
Resulta necesario que el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, ins-
trumente medidas se instrumenten a fin de poder detectar y sancionar el fraude de forma sistemática
y no sólo ante una pequeña cantidad de casos individuales, que son aquellos en los cuales los trabaja-
dores damnificados acuden a la justicia.
Por otra parte, también el Ministerio de Trabajo, en su calidad de Autoridad de Aplicación, es
quien debe velar para que se cumplan, en su totalidad, las disposiciones legales que rigen el contrato
de trabajo eventual.
13. Consideración final
Como ya fue expresado, nos encontramos con que el trabajo eventual es una modalidad del
contrato de trabajo, especialmente así considerada en la Ley de Contrato de Trabajo.
Como tal, tiene características y circunstancias que lo hacen propio.
La pregunta que básicamente he querido formular a lo largo de esta presentación, es si esta
modalidad puede considerarse como un régimen de excepción a nuestro ordenamiento laboral. La
consecuencia de considerar al trabajo eventual como un régimen de excepción, sería la de admitir que
tiene reglas que le son propias, independientes del ordenamiento laboral general.
Y, si así fuera, ese régimen de excepción, ¿podría, como tal, en alguna de sus normativas, ir en
contra de lo preceptuado por la Ley de Contrato de Trabajo, como fue expuesto a lo largo de esta
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presentación?. ¿Pueden esas normativas ir en contra de los principios generales del Derecho del Tra-
bajo?.
Como respuesta general, debiéramos concluir que ello no es posible, basados en el Orden Pú-
blico Laboral, considerado éste como el conjunto de condiciones mínimas de contratación de un tra-
bajador, por debajo de las cuales nada se puede estipular, bajo pena de nulidad, expresamente esta-
blecida por la Ley de Contrato de Trabajo, en su artículo 12, que establece: “Será nula y sin valor toda
convención de partes que suprima o reduzca los derechos previstos en esta Ley, los estatutos profesio-
nales, las convenciones colectivas, ya sea al tiempo de su celebración o de su ejecución o del ejercicio
de derechos provenientes de su extinción”.
Por otra parte, el art. 13 de la LCT establece: “Las cláusulas del contrato de trabajo que modifi-
quen en perjuicio del trabajador normas imperativas consagradas por leyes o convenciones colectivas
de trabajo, serán nulas y se considerarán sustitiudas de pleno derecho por éstas”.
Entiendo que tal disposición debe aplicarse cuando puede existir, como en los casos expues-
tos, colisión entre normas laborales.
Consecuentemente, éste es el fundamento por el que considero que resultan aplicables las
“Conclusiones y Propuestas” que han sido desarrolladas en esta presentación.
14. Bibliografia
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Resumen La pregunta sobre el Hombre tiene Abstract The question on the Man has perma-
vigencia permanente. Su respuesta resulta vital nent force. The answer is vital in a bioethical
en un contexto bioético ya que gran parte de los context since much of bioethical dilemmas move
dilemas bioéticos giran en torno a esta pregunta. around this question. Traditional conceptions of
Las concepciones tradicionales sobre el hombre man (classical, Judaeo -Christian and scientific)
(clásica, judeo-cristiana y científica) serán insufi- are insufficient. Philosophy makes the distinction
cientes. La filosofía acudirá a la distinción entre between essence and existence. Bioethics eluci-
esencia y existencia. Serán elucidados los concep- date concepts as human being, individual, per-
tos de ser humano, individuo, persona, conceptos son, all of them closely related. Argentine law
que están íntimamente relacionados. El derecho only refers to the term person, but the term is
utilizará sólo el término persona pero con fuertes used with strong biological connotations; the law
connotaciones biológicas; insistirá en el término insists on the term conception without defining it
concepción sin definirlo y dejando entonces una and making, at the time, a semantic and juridical
laguna semántica y jurídica que intentamos elu- lagoon that we try to elucidate
cidar.
Palabras clave Persona – Ser Humano – Esencia- Key words Person- Human Being– Essentialism -
lismo – Existencialismo – Derecho Existentialism - Law
1. Introducción
Entre las preguntas que se ha formulado el hombre a lo largo de la historia hay una muy espe-
cial, permanente, muy cercana y plenamente actual a pesar del tiempo transcurrido: es la pregunta
por el ser del hombre, por sí mismo qué es el ser humano, qué es ser una persona. Pero la respuesta es
difícil por varias razones, sobre todo porque nos hallamos comprometidos en la respuesta. Nuestra
respuesta siempre será subjetiva e interesada. No es posible tomar distancia, como intentamos hacer-
lo cuando reflexionamos sobre otros entes. No nos posicionamos frente a algo ajeno o extraño sino
ante nosotros mismos.
Sin embargo, la reflexión en busca de alguna respuesta, siempre provisoria, no puede eludirse
pues hoy la medicina y la genética nos ubican en un contexto de creciente conflictividad bioética don-
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Médica (Universidad de Buenos Aires) - Licenciada en Filosofía (Universidad de Buenos Aires) Doctora en Me-
dicina (Universidad de Buenos Aires) Profesora Regular de Bioética y de Medicina Interna. Facultad de Medicina
(Universidad de Buenos Aires) Ex-Directora del Departamento de Humanidades Médicas. Facultad de Medicina
(Universidad de Buenos Aires) Coordinadora de la Unidad Académica de Bioética. Facultad de Medicina (Univer-
sidad de Buenos Aires) Directora del Instituto de Bioética. Facultad de Medicina (Universidad de Buenos Aires)
Profesora en la Maestría en Bioética de la Universidad del Museo Social Argentino. Coordinadora del Programa
de Bioética. Ministerio de Salud. Jefe de Departamento de Consultorios. Hospital Piñero. Ministerio de Salud.
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Correo electrónico: [email protected]
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OUTOMURO Delia. Sida y discriminación: un enfoque filosófico. Tesis de Licenciatura en Filosofía. Facultad de
Filosofía y Letras. UBA. 1996
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No todos los esencialistas coinciden en cuál es el criterio de humanidad. Algunos acuden en res-
puesta al plano biológico y dicen que, a pesar de las diferencias fenotípicas (sexo, raza, estatura, peso,
etc.), los seres humanos son iguales en virtud de su cariotipo de 46 cromosomas. Son evidentes las dificul-
tades que ofrece este criterio: cómo caracterizar a las personas con cuarenta y cinco o cuarenta y siete
cromosomas (síndromes de Down, de Turner, de Klinenfelter, etc.). Además, se trata de un criterio reduc-
cionista y el hombre no puede reducirse a una dimensión exclusivamente biológica ya que él es tanto
naturaleza como cultura. La cultura es lo que lo diferencia de los animales. En consecuencia, cabría pensar
que es precisamente allí, en la cultura, donde ha de buscarse la propiedad que define al hombre.
Desde el plano cultural, una concepción teológica sostiene que la esencia y la igualdad tienen que
ver con que cada hombre ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza. Pero esta respuesta no satis-
fará a quienes no compartan una determinada creencia religiosa. Por lo tanto, para lograr mayor acepta-
ción, la respuesta tendría que estar basada en argumentos racionales, aceptables para todo el mundo,
tanto por quienes profesan una religión como por quienes no lo hacen, de tal modo que quien negara la
igualdad humana atentaría contra su propia racionalidad en el mismo acto de proferir esa sentencia.
Ya en el plano racional, el iusnaturalismo propone que hay algunos derechos que son indepen-
dientes de la voluntad del legislador por estar estrechamente relacionados con la naturaleza humana. La
conciencia moral debería reconocer como naturales ciertos derechos del hombre los que, a su vez, debe-
rían ser reconocidos y garantizados por las leyes nacionales e internacionales. Tales derechos básicos con-
cebidos como derechos morales, no sólo son considerados como algo anterior al sistema jurídico y como
su criterio de justicia, sino que, además, no pueden estar sujetos al juego de las mayorías. Estos derechos
son universales, absolutos (incondicionales) e inalienables. Desde la perspectiva iusnaturalista, en efecto,
el pertenecer a la especie humana es la única propiedad relevante para definir la humanidad. Este "perte-
necer a la especie humana" es una propiedad no sólo relevante sino también del tipo "todo o nada".
La posición iusnaturalista padece de algunos problemas. Uno de ellos, señalado por el positivismo,
es el del estatuto ontológico de la "naturaleza humana". Cuando el iusnaturalismo hace referencia a "es-
pecie humana" no entiende este concepto desde una óptica biologicista que, como se ha visto, no está
exenta de dificultades, sino que se caracteriza el concepto de hombre sobre la base de una propiedad tal
como la racionalidad y/o la capacidad de proponerse fines. Como estas propiedades no son del tipo todo o
nada, se incurriría en una contradicción.
Otros esencialistas acuden a otros criterios. Por ejemplo, Voltaire en su Diccionario Filosófico en-
tiende que tener humanidad es sentir lo común en lo diferente, aceptar lo distinto sin ceder a la repulsión
de lo extraño.181 Esta caracterización de lo humano no deja de ser ambigua, pues "lo común" puede ser
entendido de diversas maneras. Asimismo, esta forma de aprehender la humanidad ("sentir") posee una
fuerte connotación intuicionista, posición filosófica no exenta de crítica.
También se ha identificado la humanidad con la piedad. Muestra humanidad quien compadece al
doliente, quien se apiada frente al sufrimiento o el esfuerzo ajeno, procurando remediarlos o, al menos,
181.
VALCÁRCEL, A. “Sobre la herencia de la igualdad”, en Thiedbaut, . C. ED. La Herencia de la Ilustración, Crítica,
Barcelona, 1991, 170.
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no agravarlos. En este sentido, Schopenhauer denuncia la crueldad en tanto complacencia en causar dolor
como la antítesis de la humanidad.
Para Hannah Arendt182, en cambio, la humanidad no es la compasión ni la fraternidad sino la filía,
la amistad. Ella busca compañeros de excelencia y no pacientes de beneficencia, no prescinde del auxilio
ni menosprecia la solidaridad, pero la amistad no se define por ellos sino por la vocación de encontrar
alegría en el otro y por los otros.
Max Scheler sostiene que cada persona es un ser individual, singular, diferente de los demás. Los
dos principios componentes de la persona, la vida y el espíritu, se encuentran en una relación dinámica y
causal, no sustancial; es decir, conforman al individuo, único en su ser, no como las partes con respecto al
todo sino porque condicionan y determinan a una persona.
Unamuno, siguiendo a Kant, considera que la persona no es un medio sino un fin en sí mismo, pe-
ro a diferencia de Kant, no sitúa la dignidad en la autonomía sino en el anhelo de ser eterno. Si el morir
fuese nuestro destino, entonces no seríamos fines sino tan sólo medios para que otros vivan: los hijos, la
sociedad, etc. El anhelo universal de no morir totalmente es la garantía de nuestro valor absoluto. De no
trascender la muerte, de no poder buscar y hallar la felicidad después de la muerte, no tendría sentido
alguno hablar de dignidad. El fundamento de la dignidad del hombre radica en su derecho a vivir para
siempre. Es este anhelo de ser y de divinizarse lo que nos hace merecedores de un trato especial. Este
querer vivir es lo universal, aquello por lo cual todos somos iguales.
Como puede verse, las posibilidades acerca de cómo entender la "naturaleza humana" son varia-
das, no existiendo consenso entre los distintos filósofos y no siendo ninguna totalmente satisfactoria.
Parece entonces que tendríamos que renunciar a la aventura de obtener una definición de humanidad o
esencia humana y acogernos al dictamen nietzscheano de que "lo que tiene historia no puede tener defi-
nición". Por este camino transitamos hacia el existencialismo.
El existencialismo se opone a todo tipo de objetivación del ser y proclama la insuficiencia de la
razón. La razón apunta a lo universal, descuida lo individual en su singularidad irrepetible, considera la
vida y la muerte y el destino del hombre en general, no la vida, la muerte o el destino de cada hombre
en particular, no mi vida, mi muerte, mi destino tal como corresponde a esta existencia singular que
soy yo y no otro. En rigor, el hombre no es ningún ente porque es más bien un existente. El ser del
hombre es constituirse a sí mismo. Para Kierkegaard (como para casi todos los existencialistas) la exis-
tencia designa al individuo concreto y único, no como algo acabado sino como una tarea a realizar.
Jaspers afirma el carácter paradojal - ya presente en Kierkegaard- de la existencia humana como
indisoluble unión de necesidad y libertad. La originalidad del ser se revela en su propia creación, en crear-
se a uno mismo, en el carácter incondicionado del “yo quiero”. No es el querer el que depende del ser, por
el contrario, el ser depende del querer. Es necesario entonces que haya una decisión: yo decido y enton-
182.
Cf. SAVATER. F. “La humanidad en cuestión”, en Thiebaut, C. ED. La Herencia de la Ilustración, Crítica, Barcelona,
1991, 98.
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ces tengo mi propia existencia o bien son otros los que deciden por mí y entonces quedo reducido a un
material en manos de otros, quedo privado de existencia.183
Heidegger sostiene que el rasgo fundamental del hombre es su ser abierto, el hombre es aper-
tura. El hombre no entra en relación con el mundo, es esa relación. El hombre es ser-en-el-mundo (in-
der-Welt-sein). El hombre es un ser arrojado (Geworfenheit); al nacer es arrojado a un mundo que lo
precede, en un tiempo y lugar que no elige, en un mundo que de algún modo lo marca y condiciona.
Sin embargo, el hombre también vive en un mar de posibilidades que lo hacen irremediablemente
libre.
El hombre no tiene naturaleza, no tiene esencia, comienza por ser nada. Nace siendo nada, lo
único que tiene es la existencia y debe lograr su esencia a lo largo de su vida. En otras palabras, la exis-
tencia precede a la esencia. El hombre debe inventarse a sí mismo. Su único carácter es el de la liber-
tad. Como contrapartida, y por ser libre, el hombre es también el único responsable de lo que haga
con su vida. Esta conciencia de libertad y de la obligación de hacerse a cada paso genera en el hombre
el sentimiento de angustia. Es la conciencia del desamparo, del vacío, de la responsabilidad de tener
que decidir qué hombre queremos ser. Ya no hay destino que nos libere de tomar decisiones, ni de
responsabilidades. Cada hombre se da su propia esencia.
Sartre plantea, como un reclamo al menos implícito en toda antropología, el saber cuál sea el ser
de la realidad humana. Pero esta cuestión carece de respuesta. No hay algo así como una "esencia huma-
na". La diversidad sincrónica de los grupos y su evolución diacrónica impiden la existencia de un "conjunto
fijo de determinaciones" que caractericen a algo así como una "naturaleza humana".184 Las determinacio-
nes de la persona sólo aparecen en el contexto socio-histórico al que ella pertenece. Cada cultura asigna a
cada uno de sus miembros un trabajo, una relación con el producto de su trabajo y ciertas relaciones de
producción con los otros miembros. Estas determinaciones son sostenidas, interiorizadas y vividas, en la
aceptación o el rechazo, por cada proyecto personal.185 Si hay que buscar algo constante en la humanidad,
ello ha de encontrarse en las "relaciones humanas", cualesquiera sea su contenido. Las relaciones huma-
nas anteceden a los individuos y, en este sentido, Sartre se ubica en la línea de pensamiento marxiano y
en oposición al individualismo a priori de la burguesía liberal; pero, por otro lado, se rechaza el determi-
nismo del materialismo histórico al reivindicarse la libertad humana: "el hombre hace la Historia en la
exacta medida en que ella lo hace"186.
La igualdad humana viene íntimamente articulada en Sartre con la libertad. Así, el otro es como yo
porque es libre y, a la vez, el otro es libre porque es como yo. En otras palabras, el otro es igual a mí como
libertad. Pero la libertad del otro puede interferir con mi libertad. En cierto modo, como en el liberalismo,
la libertad sólo está limitada por la libertad, pero en tanto y en cuanto es un límite ontológicamente activo
y existencial que yo me hago respecto del otro quien, a su vez, debe proceder del mismo modo.
183
LAMANNA, E.P. Historia de la Filosofía VI. La Filosofía del siglo XX, Edicial, Buenos Aires, 1998, 516. Lo desta-
cado es del autor.
184.
SARTRE, J. P. Crítica de la Razón Dialéctica, Losada, Buenos Aires, 1995, tomo I, 133.
185.
Cf. SARTRE, . J.P op. cit., 132-133.
186.
SARTRE, J.P. op. cit., 229.
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Para Merleua-Ponty, el hombre se inserta en el mundo a través del cuerpo; actualiza su existencia
abriéndose al mundo, trascendiendo a cada instante los límites de su propia finitud. El hombre se abre al
mundo en la medida en que hace que el mundo entre en su campo de percepción. Al abrirse al mundo se
encuentra también con otros hombres. Entonces, dice Merleua-Ponty, si mi conciencia tiene un cuerpo,
los cuerpos que percibo han de tener también una conciencia. Y afirma: “Yo soy mi cuerpo”, es decir, soy
conciencia encarnada, pero no como objeto físico sino como problema de ni inserción en el mundo, como
posibilidad de comportamiento. El cuerpo del otro no es un objeto como tampoco mi cuerpo lo es para el
otro, ambos somos “comportamientos” y no objetos.
En esta línea, Marcel distingue entre ser y tener. Lo primero con lo cual me siento unido de modo
indisoluble es mi cuerpo. Antes de sentir otra cosa, e incluso para poder sentirla, siento mi cuerpo; por
ello, al igual que Merleua-Ponty, Marcel dice que no tengo un cuerpo sino que más bien “soy un cuerpo”,
soy en tanto me encarno en este cuerpo, mi existencia es encarnación de este cuerpo que soy yo. Mi
cuerpo no es instrumento de mi sentir sino que es mi sentir mismo. Mi sentir las cosas es mi participar en
el mundo, es la participación del sujeto en un ambiente. La relación con el mundo no puede separarse del
cuerpo.
Presentadas sucintamente las dos posturas de la filosofía, esto es, el esencialismo y el existen-
cialismo, cabe ahora la siguiente reflexión. Las posturas tradicionales buscan una respuesta a la pre-
gunta formulada por Kant: ¿Qué es el hombre? Pero gran parte del problema radica en el modo de
preguntar. La pregunta por el qué exige como respuesta una cosa, es una pregunta cosificadora, sus-
tancialista, esencialista. Para los existencialistas, el modo apropiado preguntar es ¿quién es el hombre?
y responder a la pregunta por un quién es contar una historia, es una narración. Ya no se busca una
definición sino una identificación. Identificar a alguien es responder a la pregunta: ¿quién ha realizado
tal acción? La respuesta en deíctico, un señalamiento, aquel, un nombre propio, una individualidad. Y
para ello contamos una historia, narramos lo que será el recorrido de esa flecha disparada, el trayecto
que se desplegó en su que-hacer. El quién, tiene como contenido en su respuesta: la identidad.
Suele responderse a esta pregunta nombrado a alguien, es decir, designándolo a través de un
nombre propio. Pero ¿cuál es el soporte de la permanencia del nombre propio? ¿Qué es lo que hace
que el designado por el mismo nombre, sea el mismo a lo largo del tiempo? La identidad está dada por
la narración. Cada hombre, en su poder hacer, saber hacer, querer hacer, deber hacer, despliega inevi-
tablemente una historia, historia que en su ser narrada conformará la unidad de aquél que la vive. He
ahí la llave que abrirá la puerta al reencuentro de nuestro hombre fragmentado y disperso en el tiem-
po. El que para reconocerse deberá ir construyéndose con las imágenes que él y que los otros tienen
de su yo, tejiéndolas una a una en una trama narrativa.
4. La respuesta desde la bioética
Previamente hemos de elucidar los conceptos de ser humano, individuo y persona. Ser hu-
mano expresa una unidad entre instancias interiores y exteriores, fisico-biológicas y supra-psíquicas.
No obstante, hace referencia principalmente a la pertenencia a una especie. Señala lo que tenemos en
común, lo que nos hace iguales como especie y nos distingue de otras especies animales, casi siempre
referido a propiedades observables.
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La palabra individuo tiene origen latino (individuum) y equivale al término griego átomon; de-
signa algo a la vez in-diviso e in-divisible. Para Porfirio, el individuo es una entidad singular e irrepeti-
ble, concepción que tuvo gran influencia en muchos autores medievales. En general, la filosofía mo-
derna tiende a considerar el individuo como algo singular. Wolff afirma la plena identificación entre
individualidad y singularidad cuando concibe al individuo como ente que se halla completamente de-
terminado. En la filosofía contemporánea, la cuestión se vuelve más compleja. Para Zubiri, por ejem-
plo, la individualidad estricta significa la constitución real íntegra de una cosa con todas sus notas, sean
estas diferentes de las de otros individuos, sean estas comunes total o parcialmente con otros indivi-
duos. Zubiri distingue entre singularidad (singuli) e individualidad (stricto sensu), siendo el hombre
individualidad pero no singularidad.
El término persona proviene del latín y significa “máscara de teatro”, al igual que la voz griega
de la que deriva. Hace alusión a la máscara que el actor de teatro usaba, especialmente en la tragedia.
Persona es el “personaje”. El concepto de persona no es el mismo en la Grecia clásica que en el Me-
dioevo cristiano o en la Modernidad. En el pensamiento contemporáneo, también los autores difieren
en su caracterización.
El hombre, en tanto hombre o ser humano es miembro de la especie, participa del ámbito natural;
pero en tanto persona, participa del ámbito cultural. El concepto de persona hace referencia a la di-
mensión biográfica del hombre, sin olvidar la dimensión biológica pero poniendo el acento en la pri-
mera y en el contexto histórico-social en el que se desenvuelve.
En el campo ya de la bioética, Tristram Engelhardt y Peter Singer postulan otros criterios para
saber qué cosa es o no es una persona. Para el primero, hay una clara distinción entre ser humanos y
persona; asimismo, no hay una necesaria coincidencia entre ambos: no todas las personas deben ser
seres humanos y no todos los seres humanos son personas. Define a las como personas son seres au-
torreflexivos, racionales y con un sentido moral: “[…] Por otra parte, no todos los seres humanos son
personas, no todos son autorreflexivos, racionales o capaces de formarse un concepto de la posibilidad
de culpar o alabar. Los fetos, las criaturas, los retrasados mentales profundos y los que se encuentran
en coma profundo son ejemplos de seres humanos que no son personas.” 187Continúa sosteniendo que
sólo las personas son agentes morales y, por lo tanto, sólo ellas tienen derechos y obligaciones. Esto
no implica que los seres humanos que no son personas deban ser tratados igual que el resto de los
entes, por cierto tienen algunos derechos pero no todos los derechos y prerrogativas de las personas.
Peter Singer explica que la palabra persona fue introducida por Epicteto en el discurso filosófi-
co para referirse al papel que uno está llamado a interpretar en la vida. La expresión también fue utili-
zada por los primeros cristianos para resolver el enigma de la Trinidad. Así, el concilio de Nicea en el
año 325 consideró el enigma resuelto al afirmar que se trataba de una única sustancia y de tres perso-
nas distintas (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Estas tres personas, dice Singer, no son seres humanos.
Singer va más allá al sostener que ciertos animales son más persona que ciertos seres humanos:
“Hay otras persona en este planeta. La prueba de que son personas es
hoy día más concluyente para los monos superiores, pero con el tiempo se podrá
187
ENGELHARDT, Tristram H. Los fundamentos de la bioética, Paidós, Barcelona, 1995, 155.
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demostrar que el ballenas, los delfines, los elefantes, los perros, los cerdos y
otros animales también son conscientes de su propia existencia en el tiempo y
pueden razonar. Por tanto también se los tendrá que considerar personas. […]
¿Por qué deberíamos considerar sacrosanta la vida de un niño anencefálico y
creemos con libertad para matar gibones par utilizar sus órganos? ¿Por qué de-
beríamos encerrar a los chimpancés en jaulas en los laboratorios e infectarlos
con enfermedades humanas mortales si nos horroriza la idea de realizar experi-
mentos en seres humanos mentalmente discapacitados cuyo nivel intelectual es
similar al de los chimpancés? […] si establecemos el nivel [requerido para tener
derecho a la vida] por encima de la simple posición de vida en sí, algunos seres
humanos no conseguirán satisfacer ese nivel. Entonces será muy difícil seguir de-
fendiendo que esos humanos tienen derecho a la vida mientras al mismo tiempo
le negamos el mismo derecho a animales con características o capacidades igua-
les o superiores.” 188
El planeamiento de Singer es que el ser humano, no la persona, no tiene valor simplemente en
virtud de pertenecer a la especie Homo Sapiens; en otras palabras, la simple pertenencia a la especie
no es suficiente y un ser humano, para ser considerado persona, debe poseer ciertas cualidades. En
primer lugar, la capacidad de experimentar algo, ya sea dolor o cualquier clase de sentimientos. Esta
cualidad básica es compartida con un enorme rango de animales. Los animales, al tener también la
capacidad de sentir dolor y sufrir, tienen un interés en no sufrir. En segundo lugar, han de tener otra
cualidad, compartida por chimpancés y orangutanes, que es la capacidad de verse a sí mismos como
existentes a lo largo del tiempo.
5. La respuesta desde nuestro ordenamiento jurídico
El Código Civil y Comercial de la Nación establece en el artículo 19 que “la existencia de la per-
sona humana comienza con la concepción”. A primera vista parece darnos una respuesta contundente
y clara. Analicemos un poco más qué es lo que nos dice.
En primer lugar, nos habla de persona humana, es decir que no todas las personas son huma-
nas. Esto es congruente con el artículo 141 que define a las personas jurídicas como “entes a los cuales
el ordenamiento jurídico les confiere aptitud para adquirir derechos y contraer obligaciones para el
cumplimiento de su objeto y los fines de su creación”. Luego, en el artículo 142 nos habla del comienzo
de la existencia de la persona jurídica. Nótese que al referirse a la persona humana, por el contrario,
no la define sino que directamente señala desde cuando existe.
Por su parte, el Código de Vélez presentaba una estructura más lógica pues comenzaba defi-
niendo persona como ente susceptible de adquirir derechos y contraer obligaciones, luego aclaraba
que las personas podían ser de existencia física o jurídicas; finalmente definía las primeras como aque-
llas con rasgos de humanidad (tal vez fuera esto, “rasgos de humanidad”, la parte más débil de la de-
finición, pero debemos ubicarnos en el siglo XIX).
188
SINGER, P. Repensar la vida y la muerte, Paidós, Barcelona, 1997, 181-182.
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189
http://www.oas.org/dil/esp/tratados_B-32_Convencion_Americana_sobre_Derechos_Humanos.pdf
190
http://www.ohchr.org/SP/ProfessionalInterest/Pages/CRC.aspx
191
http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/anexos/0-4999/804/norma.htm
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"En las condiciones de su vigencia", ¿cómo debe interpretarse? La Corte Interamericana de De-
rechos Humanos, en el caso Almonacid vs Chile en 2005 dijo:
"124. (…) [C]cuando un Estado ha ratificado un tratado internacional como la Convención
Americana, sus jueces, como parte del aparato del Estado, también están sometidos a ella, lo que les
obliga a velar porque los efectos de las disposiciones de la Convención no se vean mermadas por la
aplicación de leyes contrarias a su objeto y fin, y que desde un inicio carecen de efectos jurídicos. En
otras palabras, el Poder Judicial debe ejercer una especie de “control de convencionalidad” entre las
normas jurídicas internas que aplican en los casos concretos y la Convención Americana sobre Dere-
chos Humanos. En esta tarea, el Poder Judicial debe tener en cuenta no solamente el tratado, sino
también la interpretación que del mismo ha hecho la Corte Interamericana, intérprete última de la
Convención Americana."192
Esta necesidad de control de convencionalidad, y de realizar ese control teniendo en cuenta la
forma en que los organismos internacionales aplican e interpretan los tratados de derechos humanos,
fue reiteradon en el caso Furlan vs Estado Nacional Argentino.
Tambien en los casos Barrios Altos y Velásquez Rodríguez” la Corte Interamericana de Dere-
chos Humanos dijo que debe interpretarse que los tratados de derechos humanos mantienen toda la
vigencia y vigor que internacionalmente tienen; su vigencia y vigor provienen de la interpretación que
la autoridad de aplicación que esos tratados haga sobre sus convenciones.
Por su parte, en consonancia, nuestra CSJN ha establecido en el caso Giroldi193 que para inter-
pretar las normas del Derecho Internacional de los Derechos Humanos (DIDH), deben aplicarse los
criterios adoptados por los órganos de aplicación en el ámbito internacional y que ello resulta obliga-
torio para los tribunales locales.
Todo esto significa que quien interpreta un tratado no es un tribunal local sino el órgano inter-
nacional que, según ese tratado, es la autoridad de aplicación del convenio. Así, por ejemplo, para Pac-
to de San José de Costa Rica es la Corte Interamericana y para el Estatuto de Roma el Comité Penal
Internacional. Por eso, conforme al ius cogens, los tratados se aplican en las condiciones vigentes tal
como rigen en el derecho internacional, tal como son efectivamente interpretados y aplicados en
aquel ordenamiento, tal como funcionan en el ordenamiento internacional teniendo en cuenta la ju-
risprudencia internacional y las normas de derecho internacional consuetudinario y los principio gene-
rales del derecho.
Entonces, ¿cómo han entendido los órganos de aplicación del DIDH aquella expresión? La Cor-
te Interamericana de Derechos Humanos en el caso Artavia Murillo vs. Costa Rica, dijo de manera clara
y contundente que “el embrión no implantado no es persona, no obstante, cada estado deberá prever
192
http://www.corteidh.or.cr/cf/jurisprudencia/ficha.cfm?nId_Ficha=335&lang=es (lo destacado es bastardillas
es nuestro)
193
Fallos: 318:514
193
http://www.corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/Seriec_75_esp.pdf
193
http://www.corteidh.or.cr/cf/jurisprudencia/ficha.cfm?nId_Ficha=189&lang=es
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su protección”.194 En virtud del control de convencionalidad al que debe ser sometida toda norma del
ordenamiento jurídico interno, el Código Civil y Comercial de la Nación no puede interpretarse contra-
rio sensu a lo dicho por la Corte Interamericana. Por consiguiente, no cabe otra cosa que decir que la
existencia de la persona humana comienza con la implantación del embrión, y por ende, el embrión no
implantado no es persona humana, lo cual por cierto no implica que no merezca protección.
En consonancia, el artículo 21 del Código Civil y Comercial reza: “Los derechos y obligaciones
del concebido o implantado en la mujer quedan irrevocablemente adquiridos si nace con vida. Si no
nace con vida, se considera que la persona nunca existió. El nacimiento con vida se presume.” Es decir,
nuevamente concebido e implantado aparecen equiparados y se atribuye la categoría de persona al
embrión desde ese momento.
6. Reflexiones finales
Llegados a este punto podemos enunciar las siguientes conclusiones preliminares:
• El concepto de persona no es unívoco
• Desde la filosofía esencialista se pregunta ¿Qué es x? en busca de una defini-
ción universal
• Desde el existencialismo se plantea ¿Quién es x? La respuesta nunca es una de-
finición
• Desde la bioética algunos diferencian persona de ser humano
• Desde el derecho se establecen criterios de demarcación convencionales. Hoy
por hoy esos criterios apuntan a entender a la persona humana como aquél ente que comien-
za a existir con la implantación en el útero materno. Esta caracterización se aproxima a una
perspectiva esencialista basada en la biología.
Hemos intentado mostrar la divergencia de pensamiento en lo que hace al concepto de perso-
na. Como siempre, nadie puede proclamarse dueño de la verdad, mucho menos imponer su posición.
Sin embargo, cuando se polemiza sobre estas cuestiones, los interlocutores deberían cumplir, al me-
nos, con dos exigencias: definir los términos que están utilizando y mantener la coherencia argumen-
tativa. De este modo se ahorrarían muchos malos entendidos y se evitarían las contradicciones que tan
frecuentemente se observan a la hora de legislar sobre fertilidad asistida, investigación con embriones,
eutanasia, trasplante de órganos, etc.
Como hemos dicho en otros escritos, la cuestión permanece abierta. Tal vez nunca alcancemos
un consenso en las categorías que hemos intentado elucidar. Tal vez, incluso, el consenso no sea
deseable. Lo único a lo que podemos y debemos aspirar es a construir un espacio de diálogo en el que
todas las posturas estén representadas en pie de igualdad y puedan ser oídas.195
194
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reproductiva-personas-antecedente-judicial-cuestionable-luz-reciente-sentencia-corte-interamericana-derechos-
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REVISTA DEL DOCTORADO EN CIENCIAS JURÍDICAS
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EDITORIAL UMSA – AVDA. CORRIENTES 1723 – C.A.B.A.
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