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Primera Comunión

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 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

Efesios 5:1seguir

 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son
hijos de Dios.

Romanos 8:14

 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre,


les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Juan 1:12

Proverbios 22:6

Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

Mateo 19:14

Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales
es el reino de los cielos.
Santa Cena
La noche antes de Su crucifixión, Jesucristo se reunió con Sus Apóstoles e
instituyó la Santa Cena (véase Lucas 22:19–20). Después de Su resurrección, Él
instituyó la Santa Cena entre los nefitas (véase 3 Nefi 18:1–11). En la actualidad,
la Santa Cena es una ordenanza en la que los miembros de la Iglesia participan
del pan y del agua en memoria del sacrificio expiatorio de Jesucristo. Esta
ordenanza es una parte esencial de la adoración y del progreso espiritual. Por
medio de ella, los miembros de la Iglesia renuevan los convenios que hicieron con
Dios al bautizarse.

Cuando instituyó la Santa Cena, Jesucristo dijo: “Esto es mi cuerpo, que por
vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. . . . Esta copa es el nuevo
convenio en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:19–20). La Santa
Cena ofrece a los miembros de la Iglesia la oportunidad de meditar y recordar con
gratitud la vida, el ministerio y la expiación del Hijo de Dios. El pan partido es un
recordatorio de Su cuerpo y Su sufrimiento físico, en particular Su sufrimiento en la
cruz. Es también un recordatorio de que por medio de Su misericordia y gracia,
todas las personas resucitarán y tendrán la oportunidad de vivir eternamente con
Dios.

El agua es un recordatorio de que el Salvador derramó Su sangre debido a un


intenso sufrimiento y angustia espirituales que comenzaron en el Jardín de
Getsemaní y concluyeron en la cruz. En el jardín, Él dijo: “Mi alma está muy triste,
hasta la muerte” (Mateo 26:38). Al someterse a la voluntad del Padre, Él sufrió
más de lo que nos es posible comprender: “La sangre le [brotó] de cada poro, tan
grande [fue] su angustia por la iniquidad y abominaciones de su pueblo” (Mosíah
3:7). Él sufrió por los pecados, los pesares y los dolores de todas las personas,
para hacer posible la remisión de los pecados de los que se arrepientan y vivan el
Evangelio (2 Nefi 9:21–23). Por medio del derramamiento de Su sangre,
Jesucristo salvó a toda la gente de lo que las Escrituras llaman la “transgresión
original” de Adán (Moisés 6:54).

El participar de la Santa Cena es un testimonio ante Dios de que el recuerdo de


Su Hijo se extenderá más allá del corto tiempo que dura esa sagrada ordenanza.
El prometer recordarle siempre y testificar estar dispuesto a tomar sobre uno
mismo el nombre de Jesucristo y guardar Sus mandamientos forman parte de esta
ordenanza. Al participar de la Santa Cena y hacer estos compromisos, los
miembros de la Iglesia renuevan los convenios que hicieron al bautizarse (véase
Mosíah 18:8–10; D. y C. 20:37).

A cambio, el Señor renueva la promesa de redimir los pecados y permitir que los
miembros de la Iglesia “siempre puedan tener su Espíritu consigo“ (D. y C. 20:77).
La compañía constante del Espíritu es uno de los mayores dones de la vida
terrenal.

Ver más

1 Corintios 11:23-26
Reina-Valera 1960
Institución de la Cena del Señor

(Mt. 26.26-29; Mr. 14.22-25; Lc. 22.14-20)

23
Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la
noche que fue entregado, tomó pan; 24
y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo:
Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en
memoria de mí. 25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado,
diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que
la bebiereis, en memoria de mí. 26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan,
y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

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