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Cuento sobre la Comida y Amistad

Es la narración de una experiencia solidaria y bien común.

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Luis Francisco
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Taller: LA COMIDA.

Apreciados compañeros. A agradecer a Dios por la vida, recordar que hay un alimento por compartir, genera el
memorial de la amistad, asumir que no es la cantidad de alimento que des ni tampoco lo más fino sino la calidad con
que lo compartes, y haces que otros se sientan satisfechos con lo que das desde la reciprocidad. El compartir entorno
a la comida es hacer presente la obra creadora que nos ha llegado por este paraíso llamado Universo. Te invito a dar
gracias por el pan que se pone en la mesa en nuestras casas, y a la vez pensar por aquellos que no tienen qué comer
mientras otros lo tienen en abundancia, y a pesar de esta desproporción de la comida también está la posibilidad de
compartir y hacer participar de nuestro alimento para crear la amistad.

Recordar, que una palabra un gesto, un saludo y hasta un simple guiño es la posibilidad de alimentar el espíritu de
aquellos que están a nuestro alrededor. Saber que entorno a la comida surgió lo más importante que tiene el ser
humano la amistad y de esta nace el lenguaje, se desarrolló la ciencia, la tecnología y las sociedades. Por eso, una
comida es el pretexto para hacer historia, iniciar o continuar un camino inacabado y generar vida colectividad donde
todo aquello que se da se devuelve en alimento o veneno.

Un cuento:

LA COMIDA
Autor: Luis Francisco Melo Rosero.
En cierta ocasión a todos se les ocurrió irse de paseo, cada uno debía llevar su comida de acuerdo a sus
gustos, necesidades y dietas. Después de varias horas de camino llegan a un lugar cualquiera, se inicia el encuentro
y empiezan a dialogar.
Cualesquiera tenía mucha sed y ninguno se atrevía bebe algún refresco. Continúa el encuentro, y con ello,
la charla de costumbre, surge la intervención, palabra va, palabra viene, todos hablan: bla-bla-bla, y las horas marchan
a prisa. Muchos con sueño, otros muy atentos, el encuentro a flor de piel, y así, han hablado durante varias horas, las
ilusiones van pasando y la rutina asechando. Aparecen los impuestos, la injusticia y el desempleo, discusiones y
bagatelas que no pueden faltar; que si allá no llueve acá no escampa, que la corrupción, el deporte y hasta los
conflictos de poderes a las mentes pone a delirar.
Alguien solicita la palabra y saca a relucir un pasaje bíblico sobre el hambre, la comida de unos panes y unos
peces que sus padres le había contado, y qué, este alguien, empieza a reproducir. A medida que va narrando, la
imaginación de todos asecha y al oír con las entrañas, las tripas empiezan a responder, y se desata la primera huelga
estomacal, se hace imparable, y todos no sabían qué hacer.
Eran las tres de la tarde, el sol calienta las cabezas descampadas, el bochorno en los cuerpos empieza a
devorar y sus poros se vuelven grandes fuentes de agua que cualquiera quisiera beber pero todos saben que tomarse
el sudor no se ve bien pero qué agradable sería si se pudiera beber.
Ya aparecen las quejas, en medio del calor, los insurrectos empiezan a emanar, que el agua, un jugo o una
gaseosa no caen mal; pero también un suculento sancocho, o -por qué no una hamburguesa, papas fritas o cocidas,
pollo, carne, yuca, ajicito de maní y hasta la comida que quedó en casa sale a relucir.
- Muchos empiezan a mirarse las caras sin saber qué hacer, delirando por comer y los ruidos empiezan a estremecer.
De pronto, una voz exclama:
- ¡Miren qué tenemos aquí! Vengan todos.
Echa un vistazo a sus mochilas y dentro de allí a su portacomida - ¡Claro que están llenas! -se las mira muy
apetitosas, pero nadie se atreve a comer:
- unos por vergüenza de compartir lo poco que han llevado,
- otros por no compartir, porque los de siempre que nunca llevan nada, empiezan a pedir;
- y el resto por no ser criticados se abstienen de ir...

Así muchos prejuicios se empiezan a cocinar en sus cabezas, mientras el desespero los invade por doquier y las
gargantas se refrescan con la poca saliva que se regresa como salmón en contravía de ese hambriento devenir. En
fin, todos tenían comida, y la comida estaba allí, y como siempre el hambre rondaba en todos pero nadie se atrevía
tomar la iniciativa y calmar esos demonios frenéticos que estaban atormentando la paciencia de sus cuerpos.

De esas cosas curiosas que suelen suceder, el más pequeño de todos, de quién nadie se imagina: mira su
alrededor asombrado al ver tantas bocas bostezando. Vuelve la mirada a todos de arriba y abajo, al frente y atrás, y
sin pronunciar palabra, se levanta silencioso, camina anverso y con sus alcances hambrientos, no resiste más... corre
donde están las mochilas, y a medida que se acerca se va acordando de lo último que su abuela había embutido en
la maleta, lo saca presuroso y con un grito, exclama: ah, ¡allí estas!, justo a tiempo. – Se lanza desesperado hacia
donde está su mochila sin importar el murmullo de las gentes, que lo invitan a hacer silencio, -sutilmente se levanta,
toma su mochila, saca de ella un paquete crocante con una variedad de sonidos que nadie y todos se dan cuentan, y
poniendo su mirada en Él se hacen los indiferentes. Mientras tanto, el niño abre la mochila, y con el deseo ansioso
revela lo que tenía: había un gran pedazo de pan de la abuela poblado de uvas pasas y pedazos de frutas minúsculas
y abundantes, suficiente para llenar a un solo comensal y junto al pan una botella de agua fría.

-Todos lo miran, y sus bocas rápidamente se inundan de la deliciosa saliva que nadie ha probado con sabor a pan de
la abuela e inundada de agua fría, válido para empezar el gran festín. Todos vuelven a mirar y ninguno se atreve a
decir palabra, el recinto queda en silencio, algunos se miran pero no se atreven a dar el paso... el sentimiento abruma,
la conferencia se vuelve eterna y desesperante, en tanto que los cuerpos allí presentes siguen con sus ojos aquel
pequeño que con cara de mochila emana comida y bebida.

Mientras tanto, el pequeño, coge el pan, lo lleva a la mesa, mira a su alrededor, cuenta mentalmente a todos los
presentes mientras sus manos hacen rápidamente los ciento un mil pedazos, los ubica en un plato; con voz baja les
invita a comer, y se manda la primera bocarada.
-Todos quedan estupefactos, y por un momento, incómodos y agotados. Reaccionan, y les llega a la mente
el retrato del alimento que tienen en sus mochilas, empiezan a inventariar la cantidad que han llevado hasta pensar si
está dulce, amargo, agrio, si les iba a gustar o no. Lo más seguro era que estaba listo para comer, que todo estaba
en su punto.

Nadie se atreve, todos susurran y las murmuraciones no tardan, pero luego, el muchacho vuelve a gritar para que
cada uno de los presente haga lo mismo. Sonrojados, se van levantando, uno por uno, y van depositando en la mesa
la comida que han llevado de diferentes sabores y colores en distintas cantidades.

La algarabía se apodera del lugar, unos se convierten en chef, otros en comensales y muchos más en meseros;
probadita va, probadita viene. Palabras y letras se vuelven comida; los rostros expresan que han vuelto a nacer; las
sonrisas emergen y como la más bella canción en el crujir de sus bocas que entonan la mejor melodía, mientras meten
la comida para que los cuerpos vuelvan a retoñar, mostrando en los rostros que aquel día se ha salvado.

Por primera vez en esta jornada se han congregado y a pesar de que antes estaban juntos, ahora, ¡sí que era de
verdad que una mesa de reconciliación se ha hecho realidad! Con este acontecimiento, la convivencia apenas se
iniciaba y el encuentro empezaba a tener sentido. Ha, por cierto, el conferencista que en un comienzo era el centro
sonoro de todos, ahora se ha involucrado y es uno más, que al ver la abundancia de comida en la mesa hasta rebosar,
también quiere dar tareas pero ellas ya están repartidas solo queda meterse en el nuevo cuento del arte del buen
comer para el buen vivir del mismo plato. Los dedos se han vuelto tenedores y las palmas de las manos servilletas.
¡Ummm qué rico, qué sabroso está…!

Todos comieron de todo y de todos, nadie y ninguno se quedó sin comer, todos probaron lo mismo y si alguno en un
momento se olvidó, al final también comió, para todos alcanzó, sobró y todo se repartió un milagro que nunca se
olvidó.
_____________________________________________________________.
Tarea: valorar el alimento que nos ofrecen para aprender a compartir desde la simplicidad.
Una misión grupal: la comunión y la participación.
Un videoclip: la cadena de favores. - Historia de un canalla. https://www.youtube.com/watch?v=VFser63a5Mw

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