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Hoja Autoestima Paciente

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PSICOEDUCACIÓN AUTOESTIMA

¿Cómo explicar a la persona que acude a consulta sus problemas de


autoestima?
Con el objetivo de que el cliente pueda comprender qué es la autoestima y las hipótesis de
origen y de mantenimiento, se ha de emplear un lenguaje más sencillo y ajustado, reduciendo
el uso de tecnicismos. A continuación, se presenta un modelo explicativo general:

“La autoestima es una etiqueta o nombre que se utiliza para referirse al modo en que uno se
valora. Podríamos traducirla, para entendernos mejor, como la forma en que pensamos y nos
describimos a nosotros/as mismos/as. Si un amigo nos comenta que ha hecho un examen que
le ha salido genial, que cree que va a sacar el curso académico sin problemas, tiene una actitud
segura, se relaciona con los demás sin dificultad, tendemos a creer que esa persona tiene una
autoestima ajustada.

Este mismo juicio lo hacemos sobre nosotros/as mismos/as, es decir, tenemos pensamientos
ajustados/útiles o desajustados/poco útiles respecto a lo que hemos hecho o a cómo nos
describimos. En base a estos pensamientos, podemos actuar de determinadas maneras (más
inseguros, evitando relacionarnos con los demás, manteniéndonos callados, etc.). Pero la
manera en la que nos comportamos también acaba influyendo en nuestros pensamientos,
siendo un bucle que se retroalimenta. Por ejemplo, si pienso que voy a hacer el ridículo yendo a
una fiesta, es más probable que eso afecte a que en la fiesta esté más cortado, nervioso y al
final no me relacione de la forma que quiero. Finalmente, se acaba confirmando la idea previa
y generando más pensamientos que generan emociones desagradables (“soy tímido”, “no
tengo habilidades”, “he hecho el ridículo”, “no les caigo bien”). Entonces, desde esta forma de
pensar, ¿cómo se comportará en la siguiente fiesta?

La autoestima es algo que se aprende, ya que no nacemos teniendo una autoestima “alta” o
“baja”. La forma en que nos describimos y valoramos se aprende en función de nuestras
experiencias con nuestro entorno, de la manera que otros nos hacen sentir o de lo que nos
hacen creer.

● Si nos vemos constantemente expuestos a situaciones en las que no obtenemos


comentarios agradables por parte de las personas que nos rodean, e incluso obtenemos
comentarios desagradables, al final puede influir en que nos valoremos de manera
negativa. Por ejemplo, una persona que trabaje en una oficina con unos compañeros y un
jefe que de forma constante comentan los fallos que ha hecho en su trabajo y no realizan
ningún comentario alabando lo que ha hecho correctamente. En este tipo de entorno
laboral, es probable que la persona acabe pensando que no sirve para ese trabajo, que no
es válido, que es un inútil, etc., a pesar de que objetivamente su desempeño sea
adecuado.

● Si esto se da además en varios contextos (trabajo, familia, amistades), es mucho más


probable que nos hablemos, comportemos o sintamos con una “baja” autoestima.
Imaginemos que esa persona, cuando llega a casa también recibe comentarios
desagradables por parte de sus familiares sobre cómo hace la cena, cómo se relaciona con
ellos, etc. Ahora ya no es que “sea inútil en el trabajo” sino que “no sirvo para nada”.

● Si no recibimos comentarios o no tenemos experiencias agradables en el trabajo


sintiéndonos realizados, o en la familia sintiéndonos valorados, es muy difícil que
lleguemos a la conclusión de que somos capaces, competentes y que podemos afrontar
diversas situaciones.

Si tenemos un modo desajustado de pensar sobre nosotros/as mismos/as y nos lo repetimos de


forma constante, al final acabamos creyéndonoslo. Estos pensamientos nos generan emociones
desagradables y pueden dar lugar a comportamientos inseguros. Muchas veces, cuando
nosotros/as nos sentimos así, acabamos transmitiendo esa imagen a los demás, y justo acabo
confirmando mis ideas sobre mí mismo (no lo he hecho bien, se han reído de mí, etc.)

Si la autoestima es algo que se aprende, podemos aprender a pensar, sentir y actuar de una
manera diferente. Podemos aprender a valorarnos de una manera más ajustada a la realidad,
lo cual implica también poder mostrarnos seguros a la hora de actuar y así, los demás, también
percibirán esa imagen de nosotros/as”.

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Por tanto, la autoestima se configura y modifica a lo largo de las experiencias con el entorno
más cercano, es decir, se aprende. La exposición de forma constante a situaciones donde se
reciben comentarios desagradables o punitivos en relación a su actuación puede influir en el
concepto y valoración personal. La Figura proporciona un esquema sobre el aprendizaje de la
autoestima.

Resulta necesario explicitar que no existe una dicotomía respecto al concepto de


autoestima, es decir, no se tiene una “baja” autoestima o una “alta” autoestima. Lo que la
persona emplea son verbalizaciones, más o menos ajustadas, para describirse a sí misma.
Mitos sobre la autoestima
La autoestima se trata de un constructo que forma parte del lenguaje habitual, por lo que
resulta frecuente que las personas presenten una idea inicial sobre la misma. No obstante,
muchos términos y conceptos psicológicos, cuando exceden el ámbito de la psicología
científica, comienzan a utilizarse sin precisión.

A continuación, se presentan diferentes mitos sobre la autoestima y su refutación desde el


punto de vista científico.

● La autoestima es cómo nos describimos objetivamente a nosotros/as mismos/as.


La autoestima incluye la percepción que se tiene sobre sí mismo/a (aspecto cognitivo), que no
tiene por qué ajustarse a la realidad, sino que se trata de una interpretación. También hace
referencia a cómo se siente la persona (aspecto emocional) y cómo se comporta (aspecto
conductual).
Por ejemplo, María puede pensar que es una mala estudiante, que todos sus compañeros
siempre van a sacar mejor nota y que no va a ser capaz de aprobar, sintiéndose frustrada. Sin
embargo, puede que nunca haya suspendido ningún examen y su media de la carrera sea de 8,
por lo que no se trata de una descripción objetiva.

● Para tener una autoestima saludable tenemos que valorarnos positivamente en todos los
aspectos de nuestra vida.
La autoestima es multidimensional, ya que la valoración que hace la persona sobre sí misma
puede ser diferente en los distintos ámbitos y dimensiones de su vida (familiar, escolar, físico,
social, etc.). Es decir, existen variaciones en la autoestima en función de los contextos en los
que se interactúa.
Por ejemplo, Pablo se encuentra satisfecho consigo mismo ya que se considera buen amigo y
cree que tiene una relación de pareja saludable. No obstante, considera que su rendimiento
laboral podría mejorar, ya que siente que se ha acomodado, así como la relación con su madre,
porque discuten con frecuencia.

● Para tener una autoestima adecuada tengo que aceptarme tal y como soy, sin cambiar
nada.
Una autoestima saludable implica que la persona se identifique como es, con sus habilidades y
capacidades y con sus limitaciones. No obstante, la autoaceptación no se trata de una
aprobación incondicional de todas sus facetas, sino que implica asumir sus pensamientos,
sentimientos y conductas, diferenciando cuándo aceptarlos y cuándo intentar cambiarlos. Por
ello, para conseguir una autoestima ajustada, convendría identificar las principales metas e
implementar las conductas necesarias para conseguirlas.
Por ejemplo, Noelia suele responder de manera impulsiva y agresiva a las críticas que los
demás hacen sobre ella, por lo que aprender a aceptar los comentarios ajenos y no
interpretarlos como un ataque, puede ayudarle a sentirse mejor conmigo misma y relacionarse
con los demás de manera más adaptativa.
● La autoestima es un rasgo de personalidad que no cambia a lo largo de la vida.
La autoestima es un constructo que engloba un conjunto de conductas en relación con la
valoración que se hace sobre uno/a mismo/a y se aprende a lo largo de toda la experiencia
vital.
Por ejemplo, durante la adolescencia, los compañeros de instituto de Lucía hacían comentarios
ofensivos sobre su cuerpo, por lo que comenzó a pensar que “estaba gorda” o “no era
suficiente”. No obstante, cuando comenzó la carrera y encontró un nuevo grupo de amigos con
el que se encontraba a gusto y no juzgaba su cuerpo, su percepción sobre sí misma fue
cambiando.

● Factores como los medios de comunicación o los círculos por donde nos movemos no
influyen en el desarrollo de nuestra autoestima.
El entorno, como se ha explicado con anterioridad, influye en los pensamientos, emociones y
acciones, por lo que, del mismo modo, tiene una influencia sobre la autoestima.
Por ejemplo, si el amigo de Paco le dice que es desconsiderado y habla demasiado de mí
mismo, influye en que pueda considerarse una persona egocéntrica o egoísta.

● La manera en la que nos hablamos a nosotros/as mismos/as no influye en nuestra


autoestima.
Cuando los demás hacen comentarios sobre una persona, estos influyen en la valoración que
esta tiene de sí misma. Del mismo modo, cobran relevancia las verbalizaciones que esta
emplea para describir sus propias conductas. Además, cuando dichas palabras se asocian a
reacciones emocionales específicas, puede aumentar su nivel de aversión o agrado hacia las
mismas.
Por ejemplo, si Carmen no hace las tareas domésticas y se dice “soy una vaga”, probablemente
su reacción emocional sea más intensa que si describe “no he podido hacer todo lo que me
gustaría”, debido a la connotación negativa de la propia etiqueta.

● Para que los demás me quieran, tengo que quererme primero.


La valoración que uno/a tiene sobre sí mismo/a influye en cómo los demás pueden valorarle,
pero no lo determina. Muchas veces lo que los demás piensan de la persona y lo que esta
piensa de sí misma no coincide. Los demás pueden identificar en ella aspecto que no percibe y
viceversa.
Por ejemplo, aunque Javier no se quiere a sí mismo, Julia piensa que es una persona valiosa y
quiere tenerle cerca.

● Las personas con buena autoestima son unos narcisistas.


Una buena autoestima consiste en una valoración personal ajustada. En cambio, el
“narcisismo” se trata de un conjunto de conductas que implican una valoración positiva y
desajustada sobre uno/a mismo/a. A este respecto, resulta relevante diferenciarlo de una
mejora de la autoestima, el que la persona aprende a describirse y comportarse de manera
más objetiva y funcional.
Por ejemplo, Lucas cree que es un buen trabajador, ya que cumple con las tareas laborales y
facilita un buen ambiente en el equipo, pero es consciente de que hay aspectos que puede
mejorar, como su puntualidad.

● Sin una buena autoestima no se puede hacer nada bien, lo primero es quererse.
Una persona con “baja” autoestima puede llevar a cabo conductas exitosas para sí misma, pero
no identificarlas, ignorarlas o quitarles importancia.
Por ejemplo, aunque Rebeca “no se quiere demasiado”, es capaz de entregar los informes
laborales en el plazo estipulado, entrena al baloncesto, etc. No necesita sentirse bien para
realizar estas actividades que para ella son importantes.

● Para tener una buena autoestima tengo que ser una persona exitosa, haber conseguido
grandes logros.
El éxito es un término subjetivo que, en función de la persona, implica unos logros u otros. Por
ello, la autoestima no depende de lo que se haya conseguido, sino de cómo se valoran estos
logros.
Por ejemplo, Lorena se siente bien conmigo misma por haber tenido un gesto bonito con su
madre, haber cuidado las plantas, leído poesía y hecho sus tareas.

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