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Historia y Evolución del Notariado

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ORIGEN DEL NOTARIADO

Comprendiendo esa importancia todos los pueblos, desde la antigüedad más remota, han
consagrado esa institución y la han rodeado de diversas e innumerables garantías.

La justicia, no puede cumplirse sin pruebas y sin pruebas luminosas que lleven al
ánimo convicción profunda. El papel de esas pruebas, es pues, fundamental; y la
institución que tiene por fin recogerlas, crearlas, y conservarlas es institución, no sólo
de orden público y de público beneficio, sino institución indispensable para la vida
regular y armónica de los hombres, para la prosperidad y el bienestar de los estados.

No podía institución tan interesante carecer de leyes que la rijan. Por eso desde la
antigüedad romana, (sin hablar de otras antigüedades, cuyas leyes, al menos a este
respecto, nos son desconocidas) la voluntad del pueblo, manifestada por medio del
legislador, ha querido rodear al Notariado de toda clase de respetos y de garantías, y lo
ha provisto de las reglas necesarias para hacerlo una función uniforme y rigurosa.

La importancia del estudio de esas leyes, se mide por el valor de la institución del
notariado. Siendo estas leyes dignas de estudio, merecedoras de que se comenten, y se
pongan al alcance de la generalidad, clasificándose y examinándose detenidamente.
Sabiendo también que el notariado se nutre de doctrinas y principios propios que lo
diferencian de otras ramas del derecho. Pues como manifiesta Luis Carral y de Teresa,
la labor del notario, bien entendida y bien desempeñada, constituye un verdadero
apostolado y puede asegurarse que sin notarios competentes y honorables, muchísimas
personas, pero especialmente de humilde condición serían víctimas diarias del abuso y
del engaño”.

En el mundo moderno, el notariado es una institución indispensable, ya que no se


puede imaginar una sociedad que carezca de ella, o por lo menos para pretender tener
un Estado de civilización avanzada. Un buen sistema de notariado, tiene que contar
con personas capacitadas especialmente, con un alto conocimiento legal y
responsabilidad ética y moral, para poder prestar con mayor garantía y cometido su
función como la de ser Notarios.

Por eso un notario consciente y honesto se convierte en el consejero y en el instructor


de los clientes, que en la mayoría de los casos, ya se han acostumbrado a no decidir
nada que se relacione con sus intereses, sin escuchar y seguir el prudente consejo de su
notario, quien investido del poder de dar fe, reviste de autenticidad y seguridad a las
transacciones.

Radica en ello la importancia de esta breve evolución histórica del notariado en


América Latina.
EVOLUCIÓN E HISTÓRICA DEL NOTARIADO HASTA NUESTRA
ACTUALIDAD

El origen de la institución del notariado, así como el de las ciencias de antigua cuna, en
general, no puede fijarse de una manera exacta y precisa a una época determinada, ni
atribuir su creación a ningún pueblo o localidad especialmente conocida.
Tampoco puede decirse que, a semejanza de otras ciencias, tenga su nacimiento en la
vida de algún personaje ilustre o notable por cualquier concepto en la historia científica,
social o política de alguno de los pueblos de remota existencia, porque los datos
históricos adquiridos a este respecto, son hasta hoy insuficientes para aceptar una opinión
en ese sentido.
Es de creerse que la institución del notariado sea tan antigua como los primeros pueblos
que alcanzaron algún grado de civilización o desarrollo científico en la historia de la
humanidad, aunque tal institución, en aquellos tiempos, no haya tenido ni la importancia
ni las formalidades solemnes de que se fue revistiendo a medida que las sociedades
perfeccionaban su cultura intelectual.
No puede concebirse que en un pueblo organizado medianamente hayan dejado de existir
necesidades que llenar, realizables sólo en virtud de la contratación voluntaria; y la
existencia de personas encargadas de dar forma, mediante ciertos requisitos
preestablecidos, a los convenios originados por aquellas.
Era pues urgente la necesidad de establecer un sistema de contratación conocido,
conforme los pueblos aumentaban sus necesidades, y el deseo, además, de que los actos
públicos y convenciones particulares fueran revestidos de rituales y solemnidades para
darles mayor eficacia y valor legal, debe ser, a no dudarlo, uno de los muchos motivos
que dieron origen a la institución notarial.
El notario en algunas civilizaciones al principio, no tuvo otro carácter que el de simple
escribano o encargado de autorizar las sentencias de los jueces o magistrados, es a quien
se ha convenido en considerar como un notario primitivo, por más que sus funciones no
estuvieran bien definidas o éstas se confundieran muchas veces con las del rey, sacerdote
o magistrado.
El hecho es, que admitida en la antigüedad la existencia de la ley, debemos aceptar así
mismo, como indispensable, la existencia de los notarios, cualesquiera que sean las
denominaciones que en aquellas épocas tuvieron o la importancia de que se encontraron
revestidos.
Podemos deducir, en consecuencia, que el origen del Notariado data del momento en que
se sintió la necesidad de contratar entre los hombres, o que es tan antiguo como la
primera ley escrita ó como la primera aplicación de la ley positiva, no siendo posible
determinar la época de su creación, ni el pueblo o sociedad en que primero fue conocido.

EL NOTARIADO ESPAÑOL ANTIGUO


No se tiene noción de que los primitivos pobladores de España, como fueron los celtas,
vascos é iberos hayan tenido la institución del Notariado entre sus leyes, porque sus usos,
prácticas y costumbres son apenas conocidos.
Tampoco se sabe de qué los griegos, o cartagineses llevaran consigo a tierra ibérica parte
de sus costumbres e instituciones en materia de contratación; aunque en ambos pueblos,
fue muy conocido el Notariado y formaba parte de sus leyes y prácticas políticas.
La dominación romana, sí llevó a todas las tierras conquistadas sus leyes, usos y
costumbres; y en Hispania, como en todo pueblo sujeto a toda dominación, se
implementaron sus instituciones en la misma o parecida forma a la establecida en Roma.
Por consiguiente se deduce que en Hispania, como en Roma, los Notarios tuvieron
iguales denominaciones y llenaron las mismas formalidades que según sus leyes,
prácticas y costumbres estuvieron sujetos los últimos.
Debido a la fuerte organización provincial de sus instituciones, la materia notarial sienta
sus bases en el siglo XI, y en su esencia subsiste hasta la fecha, con pocos cambios.
En la Edad Media, el ejercicio del Notariado fue propio de las congregaciones
conventuales o monásticas y todo acto o contrato era otorgado ante un sacerdote, monje,
o religioso y autorizado en presencia de varios testigos, quienes pertenecían a la clase de
los nobles y era frecuente que estamparan al lado de sus firmas el sello de sus armas o
blasones. Pero el Papa Inocencio III, que no ignoraba que la misión del sacerdocio es
muy distinta que el ejercicio de las profesiones lucrativas, prohibió, por medio de una
Decretal que data del año de 1213, el oficio de Notario a todo el que estuviera ordenando
in sacris.
Desde esa época hasta la promulgación del Fuero Juzgo y Fuero Real, los contratos y
actos notariales se celebraban en presencia de la justicia ordinaria.
“La palabra fuero tiene acepciones distintas, se puede entender como la compilación de
leyes o la formación de Códigos generales de distintas leyes, tales como fueron el fuero
juzgo, el fuero real, y el fuero viejo; representando también los usos y costumbres que
llegaban a adquirir fuerza de ley, no como ley escrita sino como un derivado de esa
persistencia en el uso y en su aplicación.
Durante la dominación goda en España, ya se vislumbraba el Notariado. En el Fuero
Juzgo se encuentran expresamente nombrados los notarios (Ley 9ª, título 5, libro 7). La
Ley 1ª, título 8, libro 1, del Fuero Real (1255), hablaba del oficio de los Escribanos como
público, honrado e comunal para todos.
En las Leyes del Estilo o declaración de las Leyes del Fuero, interpretativas del Fuero
Real, también se habla de los Escribanos públicos. Las Leyes de Partida destacaron con
claridad a la Institución del Notariado a la función notarial.
Los tales Escribanos (Leyes 1ª, y 2ª. título 19ª, partida 3ª.) había de ser sabidores en
escribir, e entendidos en el arte de la Escribanía, lo cual quería decir conocedores del
Derecho Patrio. Estableció dos clases de Escribanos: los palatinos.
(Notarios gubernativos), destinados a escribir los privilegios y cartas del Rey; y los
Escribanos públicos, “que escriben las cartas de las vendidas e de las compras de los
pleitos e las posturas que los omes ponen entre sí en la ciudades e en las villas”.
Según las Leyes de Partida, 3ª, tít. 19ª, pertenecían al Rey los nombramientos de
Escribano.
Mas aquella atribución a la persona del Monarca, de la potestad de nombrar Notarios y
Escribanos públicos sólo fue cierta en parte, porque los pueblos aplicando quizá de por sí
y ante sí la norma de dicha Ley de Partida, de que la potestad de nombrar notarios
correspondía al Rey; hicieron tales nombramientos quizá con excesos por cuanto fue
necesario confirmarles en dicha facultad “si gozaban de tal privilegio o habían estado en
posesión de tal uso durante cuarenta años”, privilegio ratificado y aún mejorado durante
el siglo XV.
El título de Escribanos era general para cuantos tenían la misión de dar fe, y comprendía,
a la vez, todos los oficios desempeñados modernamente por los Secretarios, los Actuarios
y Notarios. Durante el siglo XIV, fueron bien pocos los requisitos establecido para
desempeñar el cargo de Escribano: Ser natural del país, habiéndose contestado
afirmativamente por el Rey a la petición que se hizo en Cortes de Valladolid (1331), de
que los Notarios fuesen naturales de las villas.
de estado regular y omes bonos e cuantiosos (Cortes…, 1345), si bien, en el siglo
siguiente, ya se exigió algo más, o sea el examen del aspirante ante el Consejo y
certificado de aptitud, que deberían de firmar, por lo menos, cuatro individuos de aquél,
elevado en el siglo XVI a unanimidad (año 1554).
Por cierto, que en estos asuntos los Escribanos civiles tuvieron cuestión con los clérigos,
por cuanto los Escribanos nombrados para los asuntos eclesiásticos se inmiscuían en los
del orden civil, propasándose a autorizar toda clase de actos y contratos, lo cual motivó
que dos leyes dadas en el año 1329 les recordaran, de acuerdo con el Derecho Canónico
anterior, Decretal de Inocencio III, la prohibición de ser Alcaldes Abogados y
Escribanos, y de usar entre legos, de su oficio de Escribanos clérigos.
En el siglo XVI (1534) se dispuso que los aspirantes, para ser admitidos a examen ante el
Consejo, deberían llevar una información de idoneidad y fidelidad, practicada ante la
justicia y habiéndoseles exigido posteriormente la edad de veinticinco años.
En el siglo XVII se exigió, además a los aspirantes dos años de servicio en despacho de
Secretario o Escribano de Cámara o audiencias u otros públicos, o Abogados, o
Relatores, o Procuradores. El requisito del examen se hizo indispensable mediante cien
ducados, y abonando igual cantidad por cada año que faltase al aspirante para cumplir los
veinticinco de edad, se le dispensaba de este requisito.
El siglo XVIII se caracteriza en la Historia del Notariado español por la resistencia que
los aspirantes a escribanos oponían al cumplimiento de cuantas disposiciones se habían
dictado referentes al nombramiento de aquéllos y de los requisitos que habían de llenar.
Manifestaciones de tal situación pueden ser: la disposición que limitaba la dispensa de edad
en un año (1711), la dada en garantía de que las prácticas ordenadas serían cumplidas
el antiguo Colegio de la Audiencia de Barcelona, el sistema de reclutamiento notarial,
vigente a la publicación de la Ley Orgánica del Notariado, era el que sigue: El que quería
ingresar en dicho Colegio, que constaba de cuarenta plazas, debía hacer ocho años de
práctica en el despacho de un Notario de dicho Colegio, residiendo durante los ocho años
en casa de su maestro, en vida común con éste y estudiar y tener aprobados en los
exámenes cuatro años de teoría práctica de Notaría en la Escuela Oficial establecida por
Real Pragmática de 1795, cuyos catedráticos eran Notarios del mismo Colegio, pudiendo
los cuatro años de estudios cursarse durante los ocho años de práctica. La enseñanza que
se daba en estas Cátedras consistía en el Derecho Civil romano y catalán especializado,
es decir, aplicado a la redacción de instrumentos públicos.
Preparado así el pretendiente, debía sujetarse, para su entrada en el Colegio, a dos
exámenes, el primero secreto y el segundo público. El examen secreto se verificaba en
una de las salas de Audiencia por cuatro examinadores elegidos por suerte ante el
Colegio convocado ad hoc con sus dos Priores y el Magistrado Protector.
Hasta muy adelantado el siglo XV, el examen se hacía en latín aún respecto a las
fórmulas de escrituras, y en latín se daban las explicaciones en las Cátedras. Poco
después del primer cuarto del mismo siglo, el Colegio acordó que se recitasen las
fórmulas en español, y algún tiempo después, que se hiciere en español el examen y las
explicaciones en las Cátedras.
Era tan temido el examen secreto, que ningún pretendiente se atrevía a sufrirlo sin que
precediese un acto privado que introdujo la costumbre y que recibió el nombre de
tentativa.
Consistía ésta en presentarse el pretendiente a todos los Notarios del Colegio y
sucesivamente, rogándoles que se sirvieran examinarle y manifestarle su parecer acerca
de si se encontraba en suficiente disposición para sufrir el examen ante el Colegio. Había
quien prolongaba esta tentativa por espacio de una y hasta de dos horas, y quien después
de haber interrogado al pretendiente durante mucho tiempo, le prevenía que volviese al
día siguiente a continuar el examen. Si dos o tres de los que le habían examinado en esta
tentativa le manifestaban un concepto desfavorable acerca de su suficiencia, se guardaban
muy bien de presentarse en el examen secreto.
Aprobado el pretendiente en el examen secreto, se señalaba día para el examen público,
casi sin importancia, en el cual cada examinador dirigía dos preguntas al candidato. El
examen público venía a ser más bien una investidura, que se verificaba con mucha pompa
en el salón de la audiencia, para cuyo acto el candidato invitaba a todos sus parientes y
amigos. Los Notarios y el candidato vestían el traje oficial de aquella época, que consistía
en frac negro a la antigua, chaleco y calzón corto, media de seda negra, y zapato con
hebilla de plata, sombrero apuntado guarnecido de pluma negra, y espada con puño y
borlas de acero. (El Colegio Notarial de Barcelona posee colecciones de láminas
representativas de los trajes que usaron los Notarios en la antigüedad).
Al Notariado Aragonés corresponde la gloria de haber establecido y practicado la
separación entre la fe pública judicial y la extrajudicial, siglos antes de que la acordaran
la Ley de Ventosos francesa y la Orgánica Notarial española.
La fe notarial y la judicial son separadas definitivamente por la Ley de Ventoso del 16 de
marzo de 1803, dictada por Napoleón Bonaparte al establecer en su artículo primero el
oficio propiamente notarial por medio de la descripción de la actividad profesional. La
legislación de Bonaparte, implantó en Europa una gran influencia en las colonias
españolas una vez independizadas.
Habían dos clases de Notarios y Colegios: los Reales de San Juan Evangelista, para la
primera, y los del Número y Caja, para la segunda. Para pertenecer al Colegio de Caja se
requería título, un capital de 4,000 escudos, tres años de práctica notarial y dos de la
judicial, y ser examinado por la Junta de los Nueve y después por los asesores del
Ayuntamiento. Los historiadores han establecido que en España, se distinguen seis
periodos en los cuales se da el nacimiento y la evolución del notariado. El notariado
español, se considera el origen más inmediato de lo que se conoce como el “Derecho
Notarial Latino”
ÉPOCA PREHISPÁNICA:
Mesoamérica.
En las sociedades mesoamericanas en general existía una elevada estimación hacia los
escribanos, siendo consideradas personas muy respetadas y admiradas por sus
conocimientos.
México.
En 1492 la América descubierta por Cristóbal Colón estaba compuesta por diversos
pueblos cuyos conocimientos astronómicos,agrícolas, comerciales, arquitectónicos,
entre otras habilidades les permitió desarrollarse culturalmente unos más que a otros. La
escritura que utilizaban era ideográfica debido a que no contaban con un alfabeto
fonético, de este modo hicieron constar varios acontecimientos, tales como simples
noticias, el pago de tributos y las operaciones contractuales. Entre los pueblos que
conformaban la región de la República Mexicana estaban los aztecas, toltecas, mixtecos−
zapotecas, otomíes y mayas.
El pueblo azteca se caracterizó por ser uno de los más conquistadores y por imponer su
sistema de vida a los demás pueblos que eran sometidos por él. Se sabe que este pueblo
se asentó en Tenochtitlán, antes de la conquista española. En esa época no existía la
figura del notario o del escribano. Existía un funcionario que se le compara con el escriba
egipcio, se llamaba Tlacuilo.

El maestro Bernardo Pérez Fernández del Castillo nos explica la función del Tlacuilo,
que era la de redactar y relacionar hechos, así como asesorar a las partes contratantes
cuando se necesitaba realizar una operación, pero no tenían el carácter de notarios formal
y materialmente constituido como tal.
Los aztecas desarrollaron una función notarial rudimentaria, función que era
encomendada al Nahuatlaco y el Tacuilo. Los aztecas no conocieron un sistema de
escritura que les permitiera dejar plasmada en papel una serie de códigos legislativos
como acontece en otras civilizaciones más avanzadas (India, Egipto, Babilonia).
Un aspecto importante en la civilización azteca, es que, aunque de forma primitiva, se
reconocía el registro y clasificación de las propiedades, las que diferenciaban con
banderines de diferentes colores. Se conoció un tipo de documento perteneciente al
Código Precortesiano, conocido comúnmente como Matricula de Tributos, que
comprende una descripción detallada de los tributos que los pueblos sojuzgados debían
pagar a los aztecas, y cuyos términos quedaban autentificados con un documento que es
realizado dentro de la función notarial. Otro acto que forma parte de la actividad notarial
es la de testificar. Esta actividad sí la encontramos en la cultura azteca, en la compra
venta de esclavos.
Imperio incaico
La administración del complejo aparato estatal Inca exigió la creación de una institución
burocrática y de artefactos, como los quipu, que permitieran registrar y almacenar
información. Aunque se sabe que la información contenida en estos artefactos era
propiamente numérica, hoy se sostiene que también se registraban otro tipo de datos,
como nombres de personajes, ciudades y fechas, sobre la base de códigos numéricos.
Antiguos documentos administrativos españoles reproducen las lecturas que los
funcionarios especializados o quipucamayoc, hacían de sus quipu en procesos judiciales
y notariales de la temprana colonia.
ÉPOCA COLONIAL
Los escribanos en la legislación indiana:
En el libro “El escribano Perfecto”, de Manuel de Aliaga Bayod y Salas Guasquí,
publicado en 178819, se dice que escribano es el individuo que tiene autoridad para ejercer
la notaría, y se le define como “una persona de confianza, que así en juicio como fuera de
él, debe dar y da entera fe y crédito a todo lo que actúa y autoriza como tal escribano”.
Con la palabra escribano se designó, en la legislación indiana y en la española por
supuesto, a gran número de funcionarios, en oficios muy diversos en categoría y
obligaciones. Es necesario hacer una enumeración de escribanos según su cargo, así
como una descripción de sus atribuciones, para obtener una idea de este funcionario a la
luz de la legislación indiana.
Primeramente a los inicios del oficio notarial en Indias, no existió toda la gama de cargos
que posteriormente se dieron, y fueron cargos dados en merced a cortesanos españoles,
que luego los cedían a tenientes, que eran quienes los ejercían directamente.

Inicios del oficio notarial en Las Indias


Desde el momento mismo del descubrimiento está presente el escribano. Cristóbal Colón
es acompañado en su primer viaje por un Rodrigo de Torres “escriuano de toda la
armada”21. La venida de este escribano, simboliza el transplante de la institución del
notariado de España a América.
Con el descubrimiento, Castilla, y por ésta España quedó en posesión de un nuevo
Continente. Y con envío de sus hombres, funcionarios e instituciones, no pudo faltar la
presencia del Escribano.
Así, para cada viaje se designaba un escribano, siendo indispensable su presencia en cada
expedición tierra adentro, para dar fe de todo acto del “plan de colonización”23. Se trata
de un funcionario real, cuya presencia es indispensable para dar legalidad a los actos de
cada expedición.
En el mismo nombramiento o designación de Escribano, se le otorgaban algunas atribuciones
entre las que se encontraba que todo debía hacerse en su presencia: “por la presente
nombramos a vos Juan de Guevara, por nuestro escribano, para que por nos y en nuestro
nombre valladees con el dicho Alonso de Ojeda en uno de los dichos navíos, para que ante
vos como nuestro escribano fagan las otras cosas segundo y en la manera que se contiene
en la dicha capitulación e asiento que mandamos tomar con el dicho Alonso Ojeda, al
cual e a todas las personas que fueren en el dicho navío a viaje mandamos que vos vayan
a tengan por nuestro escribano, como dicho es, e no retaten ni ayan cosa alguna sino en
nuestra presencia.”
Conforme la labor de colonización se va realizando, los escribanos van desarrollando sus
funciones, ejerciendo como escribanos públicos, escribanos de cabildo, etc. Luego, cuando
en 1511 se establece en Santo Domingo el Juzgado y Audiencia de Apelación, en la que
además de darle potestad para que sus jueces pudieran despachar las ejecutorias y otras cartas
a nombre de los reyes, se ordena “que en dicha audiencia haya un escribano de ella, que el
Rey mi señor e padre e yo para ello diputaremos e nombraremos; ante el qué, e no ante otro
alguno, pasen todas las cosas, procesos e abtos tocantes al dicho oficio, el qual aya e lleve
los derechos a su oficio pertenecientes por el arancel de estos reynos, cresciendo por cada
maravedi del dicho aranzel cinco maravedis”.

Como se ve todavía no se le titula escribano de cámara, pero es su antecedente inmediato,


y se aplica el arancel de los reinos de Castilla con un aumento.
Conforme iba tomando forma la estructura gubernamental española en Indias, y se
sistematizaba el ámbito y jerarquía de los diversos cargos, forma de nombramiento, etc.,
los escribanos, como otros funcionarios, pasaron por una etapa llamada “formativa”. Así,
por ejemplo, durante el reinado de Carlos V, Juan de Sámano, Secretario del Consejo de
Indias, fue nombrado, en 1525, escribano mayor de la gobernación de la Nueva España,
que ejercía Hernán Cortés, autorizándosele para poner sustitutos de su persona, tenientes
de escribanos, no sólo junto a Cortés, sino en cualquier lugar dentro de la gobernación
donde hubiere o residiere una autoridad, debiendo entender “en todas las cosas que ellos
proveyesen a los pleitos e negocios que ante ellos pasasen ansiciuiles como criminales,
ansi de gobernación e repartimiento como en otra cualquier manera”.
Cuando dos años después se manda establecer la Audiencia de México (siguiendo el
modelo de las de Valladolid y Granada, según se señala en sus ordenanzas; su jurisdicción
abarca el territorio de la Nueva España ya sus atribuciones eran judiciales), se establecía
que, siguiendo los modelos españoles, formarían parte de ella uno o dos escribanos de
cámara. Para proteger sus derechos Sámano solicita al rey, y obtiene, “que los escribanos
que en la dicha obediencia han de residir e residieren para los despachos de los negocios y
pleitos y cosas que en ella hubiere y se despacharen sean vuestros lugares tenientes y las
personas que vos habéis nombrado o nombradas con vuestro poder bastante y no otra persona
ni personas algunas.”
Así en 1531 se encuentra a Jerónimo López como “lugarteniente de Juan de Sámano de la
Secretaria de la Real Audiencia de esta Nueva España”. Posteriormente, quizás temiendo
problemas frente al poder del Virrey Mendoza, vendió su merced al secretario privado del
virrey, Antonio de Turcios, en 1539; quien obtuvo un título real de “escribano mayor”,
sirviendo personalmente durante treinta años en los tres cargos de escribano de
gobernación y de escribano de cámara, tanto civil como criminal. Con el apoyo de su
virreinal patrono sobrevivió la visita de Sandoval y diversos intentos de la corona para
dividir su cargo. Fue un funcionario apto, y supo enriquecerse muriendo gran
terrateniente y ganadero.
Por su parte Juan de Sámano siguió usando su cercanía al rey para ir recibiendo de él la
merced de las escribanías mayores de gobierno de las distintas gobernaciones indianas,
concediéndosele además facultad expresa para renunciar, durante su vida o en su
testamento, la posesión de éstas.
Por los mismos años se encuentran otros casos de escribanos con lo que podría llamarse
“jurisdicción extendida”, que iba más allá del territorio específico de una audiencia. Por
ejemplo, en 1537, un Juan de Ávila, residente de México, recibió título para practicar el
notariado en cualquier audiencia de las Indias, y no siendo notario calificado, el permiso
estaba condicionado a ser examinado por la Audiencia de la Nueva España. Tres años
más tarde se hizo un nombramiento semejante a Gabriel Castellanos, cuyas únicas
aptitudes eran tener dos hijas casadas en México y no contar con indios que los
sostuvieran. Después de 1540 cesaron estas licencias generales.
Fue hasta la década de 1580 que verdaderamente acabaron las mercedes de escribanías, y
todos los cargos fueron vendibles y renunciables. En toda la primera parte del siglo XVI
se fueron estableciendo los diversos y numerosos cargos cuya función ejercía un
escribano, muy pocos son los que tuvieron las atribuciones de los actuales notarios. Más
bien, el término sirvió para referirse a un funcionario que hoy se denominaría secretario o
bien registrador, además por supuesto, del notario propiamente dicho.
Estos cargos sufrieron varias variantes, describiéndose como escribanos públicos, reales y
del número, quienes se asemejan a los actuales notarios.
Normas comunes a los escribanos coloniales:
En el Título VIII del Libro V de la Recopilación de 1680 se recogen una serie de
regulaciones comunes a todos los tipos de escribanos coloniales
No podían ser nombrados por los virreyes, Audiencias ni cualquier otra autoridad
indiana.(ley 1)29.
Ninguno podía actuar como escribano del número si no tenía título para ello; sin
embargo, sí podrían hacerlo aquellos escribanos reales que hubieran ejercido como del
número antes del 15 de octubre de 1623 (ley 2).
Debían ser examinados y aprobados por las Audiencias de sus distritos y tener licencia
para ejercer. Además, debían sacar «fiat y notaría» despachada por el Consejo de Indias
(ley 3). (fiat: nombre que se le dio al pago para conseguir el oficio de notario)
Los que no pudieran desplazarse a la Audiencia por su lejanía se examinarían ante el
Gobernador, con dos letrados, o el teniente letrado más cercano (ley 4).
Todos tendrían libro de los depósitos que se hiciesen ante ellos (ley 15).
Cuando alguno entrase a servir su oficio se le entregaría por inventario los papeles
tocantes al Real Servicio. Asimismo, cuando cesasen deberían dejarlos a su sucesor (ley
17).
Todos los papeles de cualquier escribano pasarían con el oficio a su sucesor, no quedando
en poder de su mujer o herederos (ley 18).
Todos guardarían los aranceles hechos por la Audiencia en la obranza de sus derechos. Y
donde se practicase que fuese menos, se ajustaría al estilo de la provincia (ley 26).
No llevarían derechos de cualquier proceso o escritura tocantes al Patrimonio Real (leyes
30 y 31).
Cuando examinaran testigos les interrogarían mediante las preguntas generales (ley 35).
Harían sus notificaciones o informaciones sin impedimento alguno. Y se ordena a los
virreyes, audiencias, oidores, alcaldes, fiscales, gobernadores, prelados e inquisidores que
no los estorbasen y se dejasen notificar de cualquier auto tocante a sus oficios, dejándolos
entrar donde estuviesen y llevar consigo los testigos que fuesen necesarios (ley 36).
No se admitirían informaciones de mestizos ni mulatos para optar a ser escribanos ni
notarios públicos. (ley 40).
Dos leyes más afectan por igual a todos los escribanos la ley 34, título IX, libro VI que
señala que ningún encomendero pueda ser escribano, dejando libertad al que lo fuese para
escoger entre la encomienda y la escribanía, pudiendo renunciar a esta última conforme a
la ley de la renunciación; y la ley 25, Título XXI, Libro VIII, que ordena que nadie use
oficio de escribano del número o cabildo por renunciación de otro sin tener primero el
título para ello.

Escribanos de Cámara del Consejo Real de las Indias.


Entre los funcionarios del Real y Supremo Consejo de Indias, se incluyó un escribano de
cámara de justicia. Era una persona que ejercía la función de secretario. Tenía, para que
lo ayudara, un oficial mayor que debía ser escribano real.

El escribano de cámara de justicia era un empleado de “tiempo completo”, y había de


permanecer en su escritorio cuando no estuviera en el Consejo. A su cargo estaba la
custodia y organización del archivo y de todos los “papeles antiguos y nuevos”, la
recepción de las solicitudes y su trámite, la ordenación de los despachos de justicia, así
como llevar un libro de “condenaciones” (registro de condenas y sentencias), otro de
juramentos de los miembros del Consejo, y el inventario de los procesos en trámite, con
descripción de su estado. El escribano de cámara debía sujetarse a las leyes de los Reinos
de Castilla, así como a los aranceles fijados por éstas.
Todas las escrituras públicas y auténticas, cuyo orden emanaba del Consejo, debían
hacerse ante el oficial mayor, con prohibición de hacerlo ante otro escribano. También
debía atender “las visitas y residencias, y todos los pleitos y negocios de justicia y
que hagan y refrende los despachos que, conforme el estilo de dicho Consejo le tocaren”.
Escribanos Públicos, Reales y del Número.
Estos eran los verdaderos notarios en el sentido moderno de la palabra. Ejercían su oficio
en una jurisdicción especial; ciudad o villa, único lugar en el cual estaban autorizados
para caratular.
Concretamente las funciones que desarrollaron fueron las siguientes:
Llevar puntualmente los protocolos (libro en que se ordenan cronológicamente todas las
escrituras e instrumentos originales que se realizan ante un notario) y tenerlos cosidos
como libros a fin de cada año.
Aparte de los protocolos, debían llevar otro libro llamado «Minutario». Según Lujan
Muñoz, en él se ponían sólo los aspectos esenciales minutas o borradores de los
instrumentos, según lo manifestaban los contratantes. Estas bases de las escrituras eran
firmadas por las partes, y el escribano debía redactar la escritura sin alterar ni cambiar
ninguna de las condiciones que hubiesen establecido los contratantes en el minutario.
Otra obligación era extender las escrituras sin abreviaturas, «poniendo por extenso, y letra
los nombres, y cantidades»
Función primordial era la de custodiar los protocolos. De ello y de su correcta formación
habían de responder cuando fuesen visitados, o inspeccionados, por el Oidor visitador de
la Audiencia correspondiente.
Otra función de los escribanos del número era tener un libro específico para anotar los
depósitos que se hicieran ante él.
NOTARIOS (ECLESIÁSTICOS).
Durante la época colonial, se llamó con el término notario, a los escribanos que entendían
de los asuntos eclesiásticos. Había dos clases de notarios: mayores y ordinarios. En cada
diócesis había cierto número de notarios mayores y de notarios ordinarios, según la
voluntad de los prelados diocesanos.
Los notarios mayores eran examinados en cada obispado, en presencia del provisor o
vicario general, por los demás notarios mayores, éstos hacían juramento y votaban su
admisión secretamente. Dentro de los dos meses contados desde su nombramiento hecho
por el prelado o persona que le correspondiere tenían que examinarse para escribanos
reales y obtener el fiat correspondiente, bajo pena de quedar vacante su plaza.
Los notarios ordinarios debían de establecerse en los diversos partidos como receptores y
hacer diligencias fuera de la cabeza o capital. Eran escogidos entre los escribanos reales y
examinados por dos notarios mayores.
Tanto los notarios mayores como los ordinarios debían ser mayores de 25 años, tener 4 o
5 de práctica y ser legos, para cumplir su oficio seguía las mismas fórmulas de los
escribanos.
En el ejercicio del cargo estaban circunscritos exclusivamente a los asuntos eclesiásticos
y solo podían recibir escrituras de la iglesia, bajo pena de nulidad y con las consecuencias
de ser desterrados y de perder la mitad de sus bienes.
PAPEL SELLADO.
Según BONO HUERTA citado por HIDALGO NUCHERA, señala que la tasa fiscal
del papel sellado fue creada para Castilla por una pragmática de 1636, y sólo dos años
más tarde —Real Provisión de 28 de diciembre de 1638— fue aplicado en Indias—,
aunque con indicación de que su entrada en vigor sería a partir del 1 de enero de 1640.
Dicha provisión fue recogida en la ley 18, tit. XXIII, Libro VIII de la Recopilación, y en
ella se contienen las siguientes regulaciones:
Todo documento, incluido el notarial, debería obligatoriamente ir expedido en papel
sellado, siendo nulos los que así no lo fuesen.
De los cuatro tipos de sellos establecidos, se usaría el de «Clase 2."» para el primer
pliego de las escrituras, testamentos y contratos otorgados ante escribanos; en cambio,
todas las hojas de los registros y protocolos serían de la «Clase 3."».
Los pliegos sellados se imprimirían cada bienio, con validez para dos años.
La impresión, expedición y recaudación del papel sellado quedaba reservada a la
administración real. Se establecía que cada Audiencia nombraría un Comisario para su
distribución y venta; y que un Tesorero lo recaudaría, con obligación de enviar cada seis
meses lo recaudado a los Oficiales Reales de su distrito.
Por último, los escribanos expedirían cada documento en pliegos separados, aunque en
los protocolos los asientos se extenderían consecutivamente sin dejar blanco alguno
«porque así conviene para mayor legalidad de los registros, y protocolos ».
A partir de la vigencia del Decreto Número 37−92 del Congreso de la República de
Guatemala, (Ley del Impuesto de Timbres Fiscales y de Papel Sellado Especial para
Protocolos), el papel sellado se sustituyó por el papel bond tamaño carta u oficio,
debiéndose habilitar por medio de la adhesión de especies fiscales como lo son los
timbres fiscales, pues la impresión del papel sellado representaba al Estado, una gran
inversión considerando los sellos de seguridad del mismo.
En la actualidad los notarios guatemaltecos, utilizan el papel sellado especial para
protocolos, para documentar y autorizar los actos o contratos en que de conformidad con
la ley sea obligatorio este requisito, quedando únicamente este tipo de papel como reseña
del papel sellado.
FORMACIÓN JURÍDICA DEL ESCRIBANO COLONIAL.
El cargo de escribano fue, durante la dominación española, un oficio de pluma que no
tuvo carácter académico. A este cargo optó una diversidad de personas; desde el abogado
culto y versado en las leyes hasta gente que apenas alcanzaba el saber escribir. El
oficio, entonces, no exigía el ser docto en letras o tener alguna formación universitaria.
Las leyes más antiguas hablan exclusivamente de: “ome que es sabidor de esriur”, “omes de
buen entendimiento”, “cristiano de buena fama”.
Desde luego, este aparentemente limitado saber implicaba, en la época, una cierta cultura
y un general conocimiento sobre el oficio de escribanías.
Las calidades mínimas culturales que se exigían a los escribanos de esa época, eran saber
leer y escribir. Por supuesto, que para el ejercicio del cargo de escribano debía escogerse
de entre la gente de más saber en ese heterogéneo conjunto que fue el mundo de la
conquista.
Conforme se fue estructurando la realidad de la Colonia, los escribanos fueron escogidos
más cuidadosamente. Es probable que en las ciudades importantes los escribanos hayan
tenido alguna formación jurídica, pero ésta no era requisito, ya que solamente se citan
como condiciones el estado seglar, la edad, buena fama, formación moral y el
cumplimiento de ciertos requisitos administrativos y hacendarios. La única instrucción
que se exigía era la obtenida en la práctica como aprendiz o pasante en las escribanías
o en los juzgados. Esta práctica o pasantía duraba cuatro años.
Pese a que los conocimientos y la práctica se exigían como requisitos previos para optar a
la calidad de escribano real, hubo personas que obtenían el fiat (confirmación) de
escribano real mientras estaban haciendo su aprendizaje, o bien iniciaban éste, después de
tener el título. Así, en muchas notarías de número hubo pasantes con el título de
escribanos reales.
En Guatemala nunca existió una institución en la cual se diera, a los futuros escribanos,
una preparación especial. En México, con la fundación del Real Colegio de Escribanos,
establecido por Real Cédula de 29 de junio de 1792, se abrió una academia dependiente
del Colegio, la cual tenía a su cargo la formación de los escribanos. A esta academia
debía asistir el futuro escribano por un período de seis meses.
Durante la dominación española fue corriente que los escribanos tuvieran ciertos
conocimientos de derecho y que, en muchos casos, actuasen como asesores de los
alcaldes mayores, de los corregidores, etc.
La separación entre la educación universitaria y la profesional notarial fue, durante la
dominación española, contra lo que a simple vista podría pensarse, total. Al comparar las
listas de graduados universitarios de la Real Pontificia Universidad de San Carlos y las
matrículas de los alumnos que aparecían inscritos en los libros de la misma Universidad,
con la nómina de escribanos de la ciudad de Guatemala de los cuales existen protocolos
en el Archivo General de Centroamérica encontramos que de todos los escribanos apenas
tres acudieron a la Universidad. Ello nos demuestra que sólo por excepción los
escribanos públicos del número de la ciudad de Guatemala tuvieron alguna educación
universitaria.
La falta de preparación académica debieron suplirla los escribanos con la lectura y el
conocimiento de diversas obras de carácter general en lo que toca al derecho, y de tipo
especial para el arte notarial. Circuló en las Indias relativa variedad de obras sobre la
técnica de escrituras”.
RESEÑA DE LA EVOLUCIÓN DEL NOTARIADO COLONIAL EN ALGUNOS
PAÍSES.
MÉXICO
Hernán Cortés, antes de la conquista del imperio azteca, en Valladolid y luego en Sevilla,
había sido ayudante de un escribano lo que evidentemente despertó en él una gran
práctica en las artes de la escribanía y gusto por esa actividad, tan es así, que ya en
territorio americano, solicitó en Santo Domingo una escribanía del rey, la cual le fue
negada, aunque posteriormente se le otorgó la escribanía del ayuntamiento de Asúa
donde practicó 5 años, más adelante, durante la gubernatura de don Diego Velásquez,
obtuvo una escribanía en recompensa a su valor en el campo de batalla, en la cual
practicó 7 años más.
Hernán Cortés, aquilatando la actividad y el papel primordial del notario, se hizo
acompañar en sus hazañas y empresas de guerra, por un escribano.
Narra Bernal Díaz del Castillo, que cuando Cortés llegó a Tabasco por la desembocadura
del río Grijalva, pidió a don Diego de Godoy, escribano del rey que lo acompañaba, que
requiriese de paz a los aborígenes, los que rechazaron el requerimiento, con lo cual no
lograron más que ser dispersos por su enemigo; siendo el propio Diego de Godoy, quien
diera fe de la fundación de la Villa Rica de la Veracruz el 21 de abril de 151938.
Fue México una de las tierras de la hispanidad que más de prisa y más intensamente
asimiló el espíritu la cultura que llevaron desde España los colonizadores.
Evidentemente las Leyes de Castilla se incorporaron rápidamente a la Nueva España y no
tardaron en agregarse a ellas, las de la práctica notarial, dándose el 9 de agosto de 1525,
la primera escritura pública otorgada en volumen de protocolo, en la Nueva España, un
mandato.
Desde 1573 se empezó a gestar la organización del notariado con la Cofradía de los
cuatro Santos Evangelistas que no fue sino hasta 1592 que se fundó oficialmente; en
dicha Cofradía, se impartían clases teóricas y técnicas para ejercer la escribanía, se
integraba por los escribanos y sus familiares, con la finalidad de auxiliar moral y
económicamente a sus cofrades o miembros, a manera de mutualidad que los apoyaba en
caso de defunción.
Años más tarde, en 1776, un grupo de escribanos de México, inició gestiones ante el rey,
para erigir su Colegio de Escribanos, pero no fue sino hasta el 22 de junio de 1792, en
que el rey Don Felipe V, le participó a la audiencia de México haber concedido a los
escribanos autorización para que pudiesen establecer colegio con el título de real,
autorizado para usar sello con armas reales y gozando de los privilegios reales y el 27 de
diciembre del mismo año, se erige solemnemente el Real Colegio de escribanos de
México, primero en el continente y que ha funcionado desde entonces en forma
ininterrumpida, hasta nuestros días, ahora bajo el nombre de "Colegio de Notarios de la
ciudad de México".
Bajo la vigencia de la Constitución de 1824, en la cual se establece la división de los
Estados, el 7 de diciembre de 1825, surge la primera constitución del Estado de Puebla, y
el 17 de octubre de 1826, el primer esbozo de la Ley del Notariado poblano que
culminara con la primera Ley del Notariado poblano el 29 de marzo de 1890 39.
Bajo régimen centralista, después de la independencia, se organiza el Notariado por
Decreto del 30 de noviembre de 1834 que sigue la orientación del Derecho Español, sin
introducir novedades importantes.
A mediados de 1853, por medio de una ley se reorganiza el Notariado exigiendo a los
aspirantes estudios universitarios, dos años de práctica, examen de aptitud ante el
Tribunal Supremo y colegiación.
Ya en México, la organización política federal, da lugar al nacimiento de leyes en cada
Estado, pero casi todas con características muy similares.
En el Distrito Federal, capital de la federación de Estados, y según la ley del 31 diciembre
de 1945, se establece que el Notario es a la vez funcionario público y profesional del
derecho. El Notario autoriza escrituras, actas, requerimientos, comprobaciones de firmas
y documentos y protocolización de documentos, planos, fotografías, etc. Se forma el
protocolo, el cual debía de ser encuadernado previamente y en él se transcriben los
contratos otorgados.
Se exige a los Notarios título de Abogado y aprobar un examen de oposición que se
celebra ante un Tribunal presidido por un Jefe de Departamentos, en el que interviene el
presidente del Consejo de Notarios y tres Notarios en ejercicio.

ECUADOR.
Las raíces del notario ecuatoriano están en el Derecho Indiano, aquel que se formó en
América luego de su descubrimiento en 1492, compuesto por el Derecho Español, el
Derecho Canónico Ecuménico y aquellas normas que se iban sistematizando a medida en
que las necesidades y circunstancias así lo determinaban en estas nuevas tierras.
Recordando la frase de que la historia del notario va de la mano con el instrumento,
asimismo sucedió con aquel derecho que empezaba a surgir y regir en la América
descubierta por colon.
AB MURRIETA, menciona que en Las Reales Ordenanzas de la Audiencia de Quito
(1563), imparten verdaderas disposiciones legales que van sistematizando en forma
orgánica un incipiente derecho notarial en América y, particularmente, en la Audiencia de
Quito. Así, entre las más importantes (106) se dispone que los escribanos de ésta no
puedan poner tenientes de escribanos de gobernación ni de justicia en las ciudades, villas
y lugares del distrito audiencia; que el oidor visite los registros de los escribanos (111);
que estos tengan en su poder las escrituras originales, poderes y sentencias definitivas y
que entreguen los procesos a los procuradores, y que las hojas de los procesos vayan
numeradas (115); que tengan los registros cosidos y los firmen en fin de cada año (120);
que no escriban por abreviaturas (123); que no entreguen los autos menguados (126); que
lleven los derechos que les pertenece conforme al arancel y asienten en las escrituras los
derechos que percibieren de las partes (130); que comuniquen las sentencias el mismo día
o al siguiente (135); que no reciban cosas de comer ni aves ni otras cosas en satisfacción
de sus derechos (143); que no confíen los procesos ni las escrituras a las partes (162); que
escriban de su mano las sentencias (169); etc. etc. En la actualidad, subsisten muchas de
estas disposiciones

ARGENTINA-URUGUAY.
El Colegio de Buenos Aires reconoce como primer antecedente a la “Hermandad de San
Ginés”, fundada el 19 de agosto de 1788, entidad cuyo objetivo era velar por el prestigio
y cohesión del cuerpo notarial y “propender a la mayor ilustración y respetabilidad del
gremio”.
Los escribanos hispanos que acompañaban a los colonizadores, documentaron las
ceremonias rituales de la toma de posesión de tierras y del establecimiento de las
poblaciones, introdujeron en las orillas del Plata un embrionario notariado que recoge el
linaje español con sus virtudes y defectos.
La provincia de Buenos Aires obtiene en 1927 la primera Ley orgánica, a la que sigue la
de la provincia de Córdoba. En 1943 Buenos Aires, consigue la aprobación de la Ley
Notarial, modernizada en 1959 y con modificaciones no fundamentales, ha sido
reproducida para distintas provincias.
En el caso de Uruguay, desde la fundación de San Felipe y Santiago de Montevideo, en
1729, hasta 1858, vivió el Notariado uruguayo una vida precaria al amparo de las normas
que había establecido España. El primer notario que actuó fue Joseph Esquibel, quién
proveniente de Buenos Aires, autorizó la primera escritura el 1º de diciembre de 1739,
aunque ya en la “Nova Colonia do Sacramento”, fundada por los portugueses en 1680,
existía la función notarial.
COLOMBIA- VENEZUELA
Bajo el régimen español e indiano se desempeñó el notariado en la Gran Colombia y
después en la Nueva Granada durante la época de la colonia y aun después en su
definitiva independencia en 1819.
La Ley del 3 de junio de 1852 que constituyó el primer Estatuto del Notariado
estableciendo el término de Notario en lugar de Escribano de la legislación Española. Y
posteriormente las reformas institucionales y por efecto de la Constitución de 1886 y
mediante la Ley 14 del 3 de febrero de 1887, se dispuso que "Subsistirán en cada
Departamento los Circuitos de la Notaria y Registro.
En el caso de Venezuela, GODOY LÓPEZ expone que aún después de su independencia,
con la doble institución de los Escribanos públicos, equivalentes a los Notarios y el Oficio
de Anotación de Hipotecas, prefiguración del Registro Inmobiliario, proseguía la línea
evolutiva española, truncada con la Ley de 22 de mayo de 1.820 de la Gran Colombia,
exclusivamente dictada con propósitos financieros. Necesitados de aumentar las rentas
nacionales, se incorpora a la Hacienda Pública el Oficio de Anotación de Hipotecas que,
en adelante, tendrá carácter de Registro para anotar o registrar los actos civiles, judiciales
o extrajudiciales, a fin de sujetarlos a un impuesto.
Pero la completa desfiguración del sistema notarial y registral se consuma diez años
después en un segundo episodio representado por la Ley de 24 de mayo de 1.836.
Creando las Oficinas Principales y Subalternas se ordena "tomar razón" o "transcribir" en
los Protocolos, los actos más disímiles, a saber: "nacimientos, muertes y matrimonios, la
publicación de leyes, los contratos, finanzas, testamentos, poderes, protestos,
declaraciones o cualesquiera otros actos extrajudiciales o privados", amén de "los títulos
o despachos de empleados, las patentes de navegación y los privilegios exclusivos.

BRASIL.
El nombramiento en el cargo resultaba de donación, como derecho vitalicio de quien la
recibía, pasando más tarde a ocurrir casos de compra y venta del cargo.
La referencia histórica más antigua en la legislación Portuguesa es de 15 de enero de
1305, cuando D. Denis instituyó el Regimiento de los Escribanos.
La función notarial fue transformada en el decurso de los siglos en moneda de cambio
para beneficiar a los amigos del soberano de la época, lo que solamente fue modificado
en algunos países a partir del siglo XIX, con la llegada de legislaciones estableciendo los
requisitos necesarios para el ejercicio de tan importante función social en el Brasil
Colonial.
La organización notarial en el Brasil es muy joven, en comparación con otros países, que
tienen legislación y tradición secular en esa actividad profesional.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL NOTARIADO EN GUATEMALA.
Se considera el notariado guatemalteco, como el más antiguo de Centro América. En
1543 aparece el escribano don Juan de León cartulando en la ciudad de Santiago de
Guatemala. La etapa formativa del notariado en la ciudad de Guatemala, recoge las
características básicas con que se realizó esa profesión en otras regiones indianas. Los
nombramientos los hace el cabildo o el gobernador de la provincia, siempre sujetándose a
la posterior decisión y aprobación real. Los exámenes de escribanos debían realizarse en
México, en virtud de no existir en Guatemala audiencia.
Después de la independencia hasta la disolución de la República Federal de
Centroamérica continuaron vigentes las leyes españolas y las de Indias referentes al
notariado, entre las que cabe mencionar dos decretos dictados por la Asamblea Nacional
Constituyente de las Provincias del Centro de América.
El primero de dichos decretos dictados el 9 de agosto de 1823, considero que “la aptitud
y virtudes sociales son las únicas cualidades que deben buscarse para el desempeño de
los oficios y destinos públicos y deseando alejar del gobierno aun las apariencias de
venalidad”, prohibió que el Supremo Poder Ejecutivo exigiera servicios pecuniarios
alguno al despachar títulos de escribanos; con lo que desde los albores de la
independencia quedó para siempre erradicado el último vestigio del corrupto sistema de
enajenación de escribanías.
El segundo decreto dictado el 20 de enero de 1825, estableció dos clases de depositarios
de la fe pública: los escribanos nacionales; cuyo nombramiento se haría por el Gobierno
Supremo de la República (Federal); y los escribanos de los Estados, cuyo nombramiento
correspondía a los gobiernos particulares de cada uno.
El mismo decreto disponía que la calificación de las personas que aspiran a ejercer “tan
delicado oficio” debía ser hecha por el gobierno a que correspondiera su nombramiento.
Los escribanos federales o nacionales serían nombrados por la Corte Suprema (Federal)
de Justicia y, mientras no estuviese instalada, por la Corte Suprema del Estado a que
perteneciera el pretendiente, o por aquella a la cual fuera destinado por el Gobierno
Supremo. Los exámenes de los escribanos públicos de los Estados se verificarían por las
Cortes Superiores de Justicia respectivas.
Así mismo, disponía el decreto de 1825, que el Gobierno Federal y los Gobiernos de los
Estados debían comunicarse recíprocamente la noticia de los nombramientos de
escribanos, de su firma y del signo que usarán. Y reservaba a los escribanos nacionales la
facultad de “comprobar” (legalizar) los instrumentos públicos que hubieran de salir del
territorio de la Nación.
Se mantienen desde el nacimiento del Estado guatemalteco, las exigencias más rigurosas
para el ingreso a tan noble y delicada profesión.
El Notario ha sido y es en muchos países (y lo fue largo tiempo entre nosotros) un
individuo cualquiera, sin especiales conocimientos debidamente probados, sin título
profesional tampoco, que se encargaba de recibir y de consignar las declaraciones de las
partes. Oficio, más que profesión; arte, más que ciencia, el Notariado no era sino una
máquina de estereotipar los deseos de otros, sin que la persona llamada a ejercerlo
hubiera necesariamente de estar dotada de aquella alteza de conocimientos que en nuestra
ley hacen de los Escribanos consejeros prudentes de las partes. Más parecían (al modo
de los tabeliones antiguos) simples escribanos investidos por el capricho de la ley con la
facultad de convertir en cierto lo que afirmaban.
El sistema seguido por las leyes de Guatemala fue para el Notariado un verdadero
renacimiento: importó la creación bajo bases científicas de esta institución,
convirtiéndola de oficio aparejado a burlas de novelistas de buen humor y de poetas
satíricos, en profesión respetable y respetada; de arte puramente empírico y aún
pudiéramos decir elemental y rastrero, en cosa noble, como basada únicamente en la
ciencia.
Diferencia grande se observa asimismo entre la naturaleza del Notariado de Guatemala y
el de otros países de civilización avanzada, Chile y la Argentina en América, España en
Europa, por no citar otros.
Nuestra legislación hace del Notariado profesión libre, al alcance de todos los que llenen
ciertos y determinados requisitos; y mientras que establece ilimitada amplitud en el
número posible de Escribanos, las leyes de otros países, sin quitar quizás al Notariado el
carácter profesional, lo restringen, lo circunscriben a personas determinadas electas por el
poder público en formas varias y establecen número preciso de Notarios para cada una de
las jurisdicciones. Así el Notariado, de profesión se convierte en empleo o cargo público;
y de profesión libre como lo es entre nosotros, se convierte en cargo por tal manera
limitado, que sólo puede ejercerse en jurisdicción determinada y cierta.
En nuestro sistema, por oposición al otro, todo lo es el Notario; en los países citados,
todos lo es la Notaría.
Como se ve, son substanciales las diferencias que existen entre los antiguos y los
modernos regímenes: entre el sistema de Guatemala y el de esos otros países.
Es indudable que fue grande el progreso realizado por nuestras leyes al rehacer la
institución notarial, al obligarla a pasar de su faz puramente metafísica y empírica a la faz
científica y positiva que hoy afecta. La buena redacción de los instrumentos, su claridad,
sus condiciones de validez, sus garantías de perfección, son cosas que requieren, no ya
elementales conocimientos, no ya simples nociones del mecanismo notarial, sino
profundos estudios acerca de la legislación entera.
El Derecho Civil, base y fuente de todas las obligaciones, debe ser sabido perfectamente
por el Notario que aspira a redactar bien los contratos, a arreglarlos a la ley, a resolver las
dudas de las partes, a interpretar su voluntad que suele ser confusa y mal expresada. Sin
el estudio del Derecho Mercantil sería imposible para el escribano intervenir en los actos
complicadísimos del comercio.
Sin los Procedimientos Civiles y Criminales no podría servir en una de las funciones que
la ley le encomienda con más encarecimiento: la de recibir y dar fe de los actos de los
tribunales. Sin el Derecho Internacional, se vería atado en los múltiples casos en que los
actos contractuales se encadenan con puntos relativos a los estatutos y a las leyes que
rigen entre los pueblos respecto de las relaciones privadas de los hombres. Y, por último,
sin el Derecho Administrativo, ignoraría el Notario multitud de leyes, de decretos y de
nociones, relacionadas con los impuestos, con la minería, con las cuestiones de tierras,
todo lo cual cae con frecuencia bajo la órbita amplísima de sus funciones.
Hizo, pues, muy bien la ley al exigir al Notario conocimientos sólidos y científicos. Así
acabaron aquellos logogrifos que con el nombre de escrituras se conocían antes no sin
frecuencia. Así se libertó al Notariado del confuso laberinto de fórmulas sacramentales en
que antes vegetaba, para convertirle en ciencia metódica, de principios seguros e
indudables.
Nuestro legislador convierte el Notariado en profesión libre, ejercida por ilimitado
número de individuos, a criterio de otros, se piensa que brinda mayores seguridades y
más amplias garantías el sistema opuesto, ya que se ejerce mejor la vigilancia de la
autoridad sobre los Notarios del número que sobre individuos inestables; que se
conservarían con mayor celo los protocolos en oficinas públicas servidas por funcionarios
ad hoc, que no en poder de un Escribano que viaja por toda la República con su registro y
que más de una vez se ve en peligro de que se le extravíe. Las Notarías del número
ofrecen a las partes la ventaja de tener siempre un lugar cierto donde buscar los actos
matrices, donde consultarlos, donde averiguar si existen.
A principios del siglo XX en Guatemala las leyes notariales distaban muchísimo de
constituir un código ordenado y armónico. Multitud de disposiciones relativas a materia
de tan trascendental importancia, se hallaban diseminadas en el Código Civil, en el
Mercantil y en el de Procedimientos Civiles. La Ley Orgánica y Reglamentaria de los
Tribunales contenía artículos que deberían formar parte de un Código del Notariado.
Gran número de Leyes, de decretos y de acuerdos relativos al Notariado habían sido
expedidos por el Poder Legislativo de la República.
Existe una ley del Notario, que no era sino un incompletísimo esquema, tentativa de
codificación enteramente fracasada.
Las leyes relativas al Notario en sí, se encontraban de tal suerte confundida con otras que
hacían difícil su conocimiento, las disposiciones que el notario debía de tener presente en los
variadísimos caso que no pudieran ofrecérsele, andan dispersas.
Se sentía con urgencia, la necesidad de agruparse todas estas leyes, todas disposiciones, cuyo
conjunto constituye las reglas del Notariado.

A CONTINUACIÓN SE PRESENTA UN CUADRO QUE RECOGE UNA


CRONOLOGÍA DE LA EVOLUCIÓN DEL NOTARIADO EN EL DERECHO
HISTÓRICO GUATEMALTECO:
Época pre- Los primeros datos se obtienen del Pop Wuj (Popol Vuh, manuscrito de
Columbian Chichicastenango, Biblia Quiché o Libro Sagrado). Se cuenta con información de
que en cada pueblo existía un funcionario que se encargaba de registrar a los
pobladores y los repartimientos de comida (similar a los nepojualco entre
los aztecas).

Época colonial 1524: Alonso de Reguera, primer Escribano Real o de Cabildo de la


(1524−1821)
Ciudad de Santiago de los Caballeros. Otros Escribanos de la ciudad fueron Juan
Páez y Rodrigo Díaz.

1528: Jorge de Alvarado nombra a otro escribano público: Antón de Morales.


1529: En la Ciudad existían 3 escribanos públicos, número máximo permitido para
la ciudad. Se mencionan a los españoles Juan Páez y a Rodrigo Díaz.

1542: Real Cédula de nombramiento de Juan de León como escribano del Cabildo.

1544: Se nombra a Juan Méndez de Sorio en ausencia del escribano de cabildo Juan
Vásquez Farinas.

Época 1,821: No existen mayores reformas en los primeros años a los modelos de
Independiente nombramiento y ejercicio del cargo de notariado. Impulso del notariado por la
(1,821−1,871) creación de muchos Ayuntamientos.

1,835: Catedráticos de gramática y abogados obtienen acceso privilegiados al


notariado ante la Corte Suprema de Justicia.

1,846: Aprobación del ejercicio de un examen ante tres escribanos o abogados, por
lo que se da por terminada la compra de cargos.

1,854: El Presidente tiene la facultad de elegir el número de escribanos o notarios


que ejercerían en el territorio nacional. (notariado de número) Se limitó la
competencia territorial al departamento de domicilio del notario, fuera del cual no
podían caratular. Se regula la fianza; así como también se prohibió caratular a los
escribanos que desempeñaren empleo público, bajo pena de nulidad
de los instrumentos y destitución del cargo.

Época Liberal Nueva Ley del Notariado, declarando la importancia de la fe pública,


(1,871−1,944) prohibiendo las
funciones de notariado y
Empleado público concurrentes. Se instituye el sello notarial, en sustitución del
signo del puño. Se crea la carrera universitaria del notario. Por primera vez se les
denomina notarios. Quienes deberían de tener la edad de 21 años.

1,916: Empastado obligatorio del protocolo.

1,917: Auténtica de firmas. 1,929: Se suprime la fianza.

1,931: Nuevo Código del Notariado.

1,940: Se establecen los exámenes de práctica notarial.

Época Actual Código del Notariado, de


Revolucionaria 30 de noviembre de 1946 (Decreto 314 del Congreso de la República). Que entro en
(1,944) vigencia a partir del 1 de enero de 1947.

1,947: Se constituye el Colegio


de Abogados de Guatemala, integrado también por todos los

NOTARIOS DEL PAÍS.


Época actual Se han dado reformas al Código del Notariado: sanciones e inspección de protocolos
(1974), testimonios especiales (84), depósito del protocolo de Notario que
temporalmente sale del país (1986), legalización de fotocopias, fotostáticas y otros
(1987), pago por apertura de Protocolo (1996)

Leyes complementarias tales como:

Decreto 54−77, Ley de Tramitación Notarial de Asuntos de Jurisdicción Voluntaria.

Decreto Ley 125−83, rectificación de área.

Código Procesal Civil y Mercantil: trámite sucesorio intestado y testamentario


extrajudicial, subasta voluntaria y la identificación de tercero.

Decreto 2−89, ejercicio del


notariado en el exterior y los documentos que provienen del

EXTRANJERO.

Ley del Timbre Forense y Notarial, Decreto 82−96.

Proyecto de Ley del Notariado: 2004

En el año 2004, la Corte Suprema de Justicia, presentó para su aprobación, el


Anteproyecto de Ley de Notariado, al Congreso de la República de Guatemala; dicho
proyecto de ley, regula nuevas figuras que hasta la fecha carecían de una normativa,
se considera que con las nuevas disposiciones se pueda tener mejor control, y los
notarios, velen por un transparente y cuidadoso desempeño notarial, atribuyéndole
un grado de responsabilidad más amplio.

Dicha ley, recopila y ordena las normas relativas al notariado, que en la actualidad se
encuentran dispersas en varios cuerpos legales, crea nuevos registros con la finalidad de que
se conozcan, consulten y conserven asuntos que se tramitan ante notario.

El aplazamiento en la aprobación de dicha Ley por parte del Congreso de la


República, despierta incertidumbre en el gremio notarial guatemalteco, se
discute si puede constituirse como una ley que en la práctica haga efectivos dichos
preceptos, considerando además, que para algunos se constituye como una ley muy
casuística, pretendiendo regular y resolver los problemas que la mala práctica
notarial guatemalteca ha demostrado.
CONCLUSIÓN.

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