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Bienvenidos Al Andersceno - Jacob Blumenfeld

Por: Jacob Blumenfeld Publicado originalmente en: The Brooklyn Rail. Traducido por Luz y Vida, corregido por Colapso y Desvío. Prólogo: Por Colapso y Desvío

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Por: Jacob Blumenfeld Publicado originalmente en: The Brooklyn Rail. Traducido por Luz y Vida, corregido por Colapso y Desvío. Prólogo: Por Colapso y Desvío

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Bienvenidos al Andersceno

Por: Jacob Blumenfeld


Publicado originalmente en The Brooklyn Rail.
Traducido por Luz y Vida, corregido por Colapso y Desvío.

Prólogo por Colapso y Desvío.

Tu primer pensamiento al despertar será: “Átomo”. Porque no debes empezar el día


con la ilusión de que lo que te rodea es un mundo estable. Ya mañana puede ser “algo
que sólo ha sido”: porque nosotros, tú y yo y nuestros semejantes somos “más
mortales” y “más temporales” que todos los que, hasta ayer, habían sido considerados
mortales. “Más mortales” porque nuestra temporalidad significa no sólo que somos
mortales, no sólo que somos “matables”. Esa “costumbre” siempre ha existido. Pero
que nosotros, como humanidad, somos “matables”. Y “humanidad" no significa sólo
la humanidad de hoy, no sólo la humanidad extendida por las provincias de nuestro
globo; sino también la humanidad extendida por las provincias del tiempo. Porque si
la humanidad de hoy es asesinada, entonces la que ha sido, muere con ella; y la
humanidad por venir también. La humanidad que ha sido porque, donde no hay nadie
que recuerde, no quedará nada que recordar; y la humanidad por venir, porque donde
no hay un hoy, ningún mañana puede convertirse en un hoy. La puerta que tenemos
delante lleva la inscripción: "Nada habrá sido"; y por dentro: "El tiempo fue un
episodio". Pero no, como esperaban nuestros antepasados, un episodio entre dos
eternidades, sino entre dos nada es; entre la nada de lo que, recordado por nadie, habrá
sido como si nunca hubiera sido, y la nada de lo que nunca será. Y como no habrá
nadie que distinga una nada de la otra, se fundirán en una sola nada. Esta es, pues, la
temporalidad completamente nueva, apocalíptica, nuestra temporalidad, frente a la
cual todo lo que habíamos llamado "temporal" se ha convertido en una bagatela. Por
lo tanto su primer pensamiento después de despertar sea: “Átomo”.

— Günther Anders, Commandments in the Atomic Age, 1957

Günther Anders (Stern) —primer marido de Hannah Arendt; primo segundo de Walter
Benjamin; alumno de Husserl y Heidegger; compañero de piso de Marcuse; amigo de Brecht;
rival de Adorno; asistente a las conferencias de Kojève en París; cotraductor con Levinas;
novelista antifascista; activista contra la bomba atómica; filósofo de la tecnología, del
apocalipsis, de lo anticuado del ser humano; compositor, guionista, diseñador de vestuario,
judío que dimitió de la comunidad judía, miembro del Tribunal Internacional de Crímenes de
Guerra de 1967 (junto a Jean-Paul Sartre y Stokely Carmichael) que condenó la guerra de
Vietnam como genocidio, murió sin dinero en Viena, junto al despacho de Freud, en 1992.
Vivió 90 años en un mundo que se precipitaba de catástrofe en catástrofe, sobreviviendo a un
siglo a caballo entre el abismo insalvable abierto por el singular acontecimiento del 6 de
agosto de 1945, cuando la bomba cayó sobre Hiroshima y la humanidad demostró su
novedosa capacidad de aniquilación total. Ese día, según Anders, rompió la historia en dos
periodos cualitativamente distintos, el tiempo del antes y el tiempo del fin. Sólo ahora,
después de que la humanidad haya demostrado su capacidad de destrucción, vivimos
realmente en el fin de los tiempos. Pero vivir en el fin de los tiempos no significa
experimentar el fin. Debemos luchar, súplica Anders, para que el final de los tiempos sea
inacabable. No hay vuelta atrás a un tiempo en el que la posibilidad de destrucción haya sido
borrada, olvidada, desmantelada. Porque aunque se desactivarán todas las bombas atómicas
del mundo, los planos para fabricarlas no se olvidarán. Son, como las Ideas de Platón,
eternas. Todo lo que podemos hacer ahora es retrasar infinitamente, retener permanentemente
lo que siempre es posible, lo que siempre puede desencadenarse. Evitar la guerra nuclear,
detener el asesinato de la humanidad, es una tarea diaria que debe realizarse de nuevo desde
ahora hasta la eternidad. Es como si nuestro asesino estuviera de pie sobre nosotros, arma en
mano, esperando en silencio,- para siempre. Bienvenidos a Andesceno.

Günther Anders fue un escritor prolífico, con docenas de libros, cientos de artículos y muchos
discursos, diarios y relatos, y sin embargo su pensamiento apenas ha rozado la superficie de
la conciencia pública. Ya se trate de las ramificaciones filosóficas de la tecnología moderna o
de las consecuencias morales de la bomba atómica, de la publicación de los diarios de sus
viajes a Hiroshima, Nagasaki y Auschwitz o de sus diálogos con Hannah Arendt, de su
correspondencia con Claude Eatherly, uno de los pilotos que voló la bomba sobre Hiroshima,
o escribiendo una crítica exhaustiva de Heidegger, Anders todavía tiene que unirse al panteón
de pensadores judíos alemanes del siglo XX, ahora respetables, como Benjamin, Adorno,
Marcuse, Arendt, Strauss, Bloch, etcétera. Como escribió el superviviente de Auschwitz y
filósofo de la tortura Jean Améry en un artículo de 1972 titulado Looking Back on the
Apocalypse (Una mirada retrospectiva al Apocalipsis): Günther Anders fue y sigue siendo el
crítico más lúcido del mundo tecnológico, cuyo crepúsculo de los ídolos ve en el resplandor
de la bomba atómica."1 Ahora, en una época en la que el desarrollo tecnológico ha llegado a
ser tan avanzado que su dirección es funcionalmente autónoma de los fines humanos, tan
dominante y omnipresente en el funcionamiento básico de la sociedad que ha desplazado el
juicio humano sobre muchos asuntos morales, intelectuales y biológicos; ahora, cuando los
avatares de la tecnología nos venden los medios para protegernos de sus propias armas de
alienación masiva, ahora podría ser el momento de volver a leer a Anders.

Cerca de Anders, Adorno parece un optimista. Mientras que para Adorno lo negativo está
plagado de atisbos de utopía, para Anders lo más que podemos esperar es miedo - racional,
motivador, que guíe la acción y nos oriente en el presente frente a la cancelación del futuro.
"Ten el valor de tener miedo", nos dice. "Oblígate a producir esa cantidad de miedo que
corresponde a la magnitud del peligro apocalíptico. Porque también el miedo, el miedo sobre
todo, pertenece a aquellos sentimientos que no podemos o no queremos realizar" 2. O mejor
dicho: "no temas al miedo, ten el valor de asustarte y de asustar también a los demás. Asusta
a tu prójimo como a ti mismo".3 Mientras Adorno lidiaba con la herida irreparable de
Auschwitz, y Arendt trataba de pensar la condición humana en la era atómica, Anders unió
Auschwitz e Hiroshima en un único marco de catástrofe que marcó una nueva época en la
historia humana, definida por la impotencia de nuestra omnipotencia. Omnipotente porque
algunos humanos tienen ahora la capacidad todopoderosa de destruir el mundo con medios
tecnológicos, e impotente porque la mayoría de los humanos no tienen poder para hacer nada
al respecto. Es dentro de este escenario de lo que Anders llama la "incapacidad de actuar"
donde uno debe actuar. ¿Cómo se puede actuar en estas condiciones? Actuar sin actuar, ya
que la procedencia de la acción se ha trasladado a las cosas que hacemos y no a quienes las
hacen, sólo puede significar una huelga, ya que una huelga es el acto más poderoso de no-
1Jean Améry, "Rückblick auf die Apokalypse", Die Zeit, 1972, https://www.zeit.de/1972/27/rueckblick-auf-die-
apokalypse.
2 Günther Anders, "Mandamientos en la era atómica", 14, en: La conciencia en llamas: The case of the
Hiroshima pilot, Claude Eatherly, told in his letters to Gunther Anders, with a postscript for American readers
by Anders, Monthly Review, 1962, 11-20.
3 Günther Anders, "Tesis para la era atómica", The Massachusetts Review, 3(3), 1962, 493-505, §13
acción que tenemos. ¿Puede haber una huelga productiva contra cosas tan destructivas, un
gran rechazo contra la fabricación de aquello que puede deshacernos? Esa era la apuesta de
Anders. Sabía, sin embargo, que era "posible que nuestros esfuerzos no progresen en
absoluto". Pero ni siquiera este fracaso debe intimidarnos; la frustración repetida no refuta la
necesidad de repetir el esfuerzo".4

Quiero intentarlo, y leer a Anders en un nuevo contexto, no la guerra atómica, sino el


peligroso cambio climático o, lo que se ha dado en llamar -incorrectamente- el Antropoceno.
¿Qué ocurre si cambiamos la palabra "átomo" por "clima" en sus textos? ¿Cómo se ve el "fin
de los tiempos o tiempo del fin" cuando no es (sólo) la bomba, sino las pandemias, la escasez
de agua, la deforestación y el calentamiento global lo que plantea las principales amenazas
para una civilización humana floreciente? ¿Cómo debemos leer La obsolescencia del hombre
hoy, casi setenta años después del primer volumen, en que los avances tecnológicos actuales
han eclipsado lo que Anders ya pensaba entonces que era un signo de dominación total?
¿Seguimos experimentando la vergüenza prometeica, o ahora nos hemos vuelto
desvergonzados? La reflexión de Anders sobre la inauguración atómica de una verdadera era
apocalíptica, la que dejaba a la humanidad perpetuamente al borde de la extinción, estaba
ligada a un contexto específico de Guerra Fría en el que la destrucción mutua asegurada
mantenía el apocalipsis permanentemente a las puertas. La amenaza atómica no ha
desaparecido en absoluto -quizá esté más cerca que nunca lo estuvo, dado el número de
Estados nucleares en guerra-, pero ahora estamos tan acostumbrados a ella que no se percibe
realmente como una preocupación en la conciencia cotidiana. Lo que ha cambiado desde los
tiempos de Anders no es sólo el aumento de la cantidad de amenazas planetarias, sino
también la nueva calidad de las mismas. Vivimos no en un mundo postapocalíptico, sino en
uno poliapocalíptico, en el que la catástrofe ya no adopta la forma de un acontecimiento
singular en el tiempo, sino la del propio desarrollo del tiempo. El lento avance del calor, de la
sequía, de la pérdida de especies, de las plagas, de las tormentas, de las inundaciones, de la
contaminación atmosférica y de la degradación del suelo se ve salpicado periódicamente por
interrupciones extremas que nos recuerdan la pendiente descendente en la que nos
encontramos. Veamos si Anders puede ayudarnos a navegar por esta pista de desesperación.

Año Cero, 1945


Como la datación del Antropoceno para muchos, 1945 es la espiga dorada de Anders que
demarca una nueva época histórica para la humanidad. Pero el Andersceno no es una era
geológica marcada por el impacto de la humanidad sobre el planeta como una fuerza natural,
sino que nombra el comienzo de una época en la que los humanos pueden acabar con el
mundo. Los precursores del apocalipsis antes de 1945 eran en realidad mentirosos, adivinos o
estafadores. El mundo antes de 1945 era incapaz de ofrecer la redención en forma de
revelación apocalíptica. Sólo desde el 6 de agosto de 1945 el apocalipsis se ha convertido en
una opción real para la humanidad, pero se trata de un apocalipsis sin reino 5, es decir, sin
ninguna cualidad redentora. No hay utopía al final de éste, es simplemente el fin. Esto es lo
4 "Tesis para la era atómica", §14.
5 https://www.e-flux.com/journal/97/251199/apocalypse-without-kingdom/
que la bomba anunció al mundo en 1945, no sólo muerte y tormenta infernal llovidas desde lo
alto, sino una nueva escala temporal de la humanidad: "Ese día nos convertimos, al menos
'modo negativo', en omnipotentes; pero como, por otra parte, podemos ser aniquilados en
cualquier momento, también nos convertimos en totalmente impotentes" 6. Mientras que los
científicos del clima ven el período de posguerra como la Gran Aceleración (que marca un
aumento espectacular de la actividad humana en muchos indicadores sociales y ecológicos),
desde una perspectiva andersiana, debemos entender este periodo como la Brecha
Prometeica, definida por nuestra incapacidad fundamental para comprender la escala de
nuestras acciones.

La brecha prometeica.
La brecha prometeica (o desfase, discrepancia, pendiente) consiste en la separación entre
nuestra praxis y nuestra capacidad de representarla o comprenderla7. Es, en definitiva:

el efecto de la brecha cada vez mayor entre nuestras dos facultades; entre nuestra
acción y nuestra imaginación; del hecho de que somos incapaces de concebir lo que
podemos construir; de reproducir mentalmente lo que podemos producir; de realizar
la realidad que podemos hacer realidad. En el transcurso de la era técnica, la relación
clásica entre imaginación y acción se ha invertido8.

Lo que hace que el cambio climático sea tan inquietante es que "somos incapaces de
imaginarnos la inmensidad de una catástrofe semejante", ya que "lo que tenemos que
visualizar hoy no es el no-ser de algo particular dentro de un marco, cuya existencia puede
darse por sentada, sino la inexistencia de este marco mismo " 9. Para Anders, éste era el marco
conceptual de la acción humana, que no puede dar sentido a un acto que hace que la propia
actividad carezca de significado. Para nosotros, este sería el marco del Holoceno, el periodo
de estabilidad climática general en el que evolucionó la civilización. Para imaginar la
inmensidad de nuestra catástrofe no hace falta imaginar un holocausto nuclear, sino
comprender qué aspecto tendrá exactamente el mundo en el futuro. Lo único que creíamos
constante estos últimos milenios entre las variables de los asuntos humanos se ha convertido
ahora en lo más caótico de todo, desbaratando las coordenadas sobre las que puede
planificarse un futuro.

Utopistas invertidos
Para Anders, la brecha no está entre nuestras grandiosas visiones de lo que queremos hacer y
nuestras míseras capacidades para llevarlas a cabo, sino más bien al contrario. "Somos más
pequeños que nosotros mismos", escribe, "incapaces de realizar mentalmente las realidades

6 Anders, “Tesis para la era Atomica”, §1.


7 Prometeo viene de Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses y se lo dio a la humanidad. Este fuego
representa, sobre todo, el poder tecnológico, utilizado para someter la tierra y crear la civilización. Las
consecuencias morales de este poder, según Anders, están ahora más allá de nuestra propia comprensión, por lo
que exige repensar el marco básico que subyace a la propia acción humana.
8Anders, "Mandamientos en la era atómica", 12.
9 Anders, “Tesis para la era Atómica”, §18.
que nosotros mismos hemos producido. Por eso podríamos llamarnos 'utopistas invertidos':
mientras que los utopistas ordinarios son incapaces de producir realmente lo que son capaces
de visualizar, nosotros somos incapaces de visualizar lo que realmente estamos
produciendo".10 Este utopismo invertido del presente "define la situación moral del hombre
actual. El dualismo al que estamos condenados es... el de nuestra capacidad de producir frente
a nuestro poder de imaginar "11. Es realmente difícil para nosotros darnos cuenta de lo que
hemos hecho y estamos haciendo a la vida en este planeta, incluso a nosotros mismos y a las
generaciones futuras. Nuestros modelos morales y mentales no pueden calcular esta escala de
la acción humana. La brecha prometeica está entre nosotros y lo que hemos hecho, el retraso
prometeico está entre lo que estamos haciendo y lo que creemos que estamos haciendo. Es
decir: tardamos en comprender no lo que haremos, sino lo que hemos hecho. En el presente,
la inmensidad del cambio climático antropogénico capta a la perfección este dilema, en el que
luchamos por asumir lo que ya se ha producido; para Anders, sin embargo, fue la tecnología
moderna la que planteó este problema, ante el que sólo cabe sentir vergüenza, vergüenza
prometeica, de no ser tan perfectos como ella.

Vergüenza prometeica
La brecha entre nuestras acciones y nuestra imaginación produce un sentimiento de
vergüenza cuando se trata de nuestros productos. Es la vergüenza de no estar fabricados
como nuestros productos, la vergüenza de haber nacido, no de estar hechos; de ser mortales,
únicos, individuales; la vergüenza de no ser inmortales a través de la producción del mismo
producto; la vergüenza de no estar a la altura de las máquinas, de no estar tan reificados como
ellas, de no estar tan alienados como ellas; de haber creado un mundo que no entendemos,
con el que no nos identificamos, que no controlamos, que no reconocemos y al que, sin
embargo, queremos unirnos desesperadamente12. Este es un mundo de productos en serie y
aparatos técnicos que nos vigilan, no con gracia amorosa, sino con lástima por no ser como
ellos. La vergüenza prometeica para Anders es nuestra sensación ante los productos de que
nuestros cuerpos no son tan fuertes, ni tan bellos, ni tan reparables como ellos; vergüenza
ante nuestras mentes por no ser tan inteligentes como ellos, vergüenza ante nuestras palabras
por ser confusas, vergüenza ante nuestros pensamientos por ser imprecisos, vergüenza ante
nuestros torsos, piernas, brazos y muslos por envejecer, debilitarse, necesitar constantemente
cuidados, sustento, reparación. Nuestros productos son más perfectos de lo que nunca
seremos y, al mismo tiempo, más peligrosos de lo que podemos imaginar. Es una doble
vergüenza: vergüenza de no ser nuestros propios productos, y vergüenza de sentir vergüenza
ante ellos.

Iconomania

10 Anders, "Tesis para la era atómica", §9.


11 Anders, "Tesis para la era atómica", §10.
12 Véase el capítulo "Über Prometheische Scham", en Günther Anders, Die Antiquerheit des Menschen, Bd. 1
(Beck, 2018 [1956)) traducido como "Sobre la vergüenza prometeica" en Christopher John Müller,
Prometheanism (Rowan and Littlefield, 2016), 23-95.
Un mecanismo de afrontamiento para nuestra vergüenza prometeica de haber nacido y no
haber sido creados puede verse en nuestra adicción a las imágenes, lo que Anders llama
iconomanía.13 La adicción de vernos a nosotros mismos y a otros, de ver a estrellas de
Hollywood, por siempre jóvenes, en la misma imagen, una y otra vez, no es simplemente un
medio de identificación con la representación sobre la realidad, sino que es un proceso ritual
de superación de la mortalidad en sí misma. Mirar imágenes de nosotros mismos, ya en los
años 50 para Anders, era una forma de inmortalizarnos, de escapar de nuestros defectos
individuales y vivir en el momento estático de la vida eterna capturada en la imagen que
teníamos delante. Mientras que para André Bazin las fotografías son momificaciones, para
Anders significan vida eterna: y sin embargo es una vida de nosotros mismos como ya
muertos, como los productos que pretendemos imitar. No es exagerado decir que la
iconomanía actual ha superado la imaginación más salvaje de Anders, convirtiéndose no sólo
en un mecanismo para hacer frente a la vergüenza prometeica, sino en nuestro modo básico
de relacionarnos con el mundo. La imagen ya no nos concede un refugio temporal del plano
mortal, sino que nos aferra al suelo de la realidad preajustando nuestro comportamiento a su
posible captura.

Reificación insuficiente
El problema no es que la división del trabajo en la sociedad capitalista nos reifique,
haciéndonos semejantes a las cosas. Más bien, es lo contrario, somos insuficientemente
semejantes a las cosas:

No se puede interpretar adecuadamente el fenómeno dándole la etiqueta marxiana de


"reificación", ya que este término designa exclusivamente el hecho de que el hombre
se reduce a una cosa-función. Lo que subrayamos, sin embargo, es el hecho de que las
cualidades y funciones arrebatadas al hombre por su cosificación se convierten ahora
en cualidades y funciones de los propios productos, que se transforman en
pseudopersonas, ya que, por su mera existencia, actúan.14

Oponerse a la ingeniería de nuestros cuerpos para que se parezcan más a nuestros productos
no significa naturalizar algún estado "sin arreglar15" del ser humano. Se trata más bien del
intento muy moderno de escapar a nuestra vulnerable interdependencia mutua, de evitar la
fragilidad de la búsqueda de reconocimiento de nosotros mismos sellando los poros de la
identidad ante cualquier disturbio. La vergüenza prometeica en tiempos de cambio climático
tiene una función similar: la vergüenza no por lo que "nosotros" hemos hecho -porque no lo
hemos hecho en absoluto- sino por el hecho de que no podemos hacer nada al respecto, de
que somos tan poderosos en la destrucción y, sin embargo, tan débiles en la creación. Nos
avergonzamos ante el planeta por no ser capaces de actuar a su escala; nos avergonzamos
ante el futuro por no estar a la altura de sus exigencias. Por eso la geoingeniería es
lógicamente inevitable: es el único intento de estar a la altura del desastre superándolo, el

13 Consulta la sección 9 de Anders “On Promethean Shame”, en Müller, Prometheanism.


14 Anders, "Tesis para la era atómica", §20.
15 El inglés original en esta parte dice “unfixed”, que puede referirse tanto a sin arreglar, como sin fijar.
intento prometeico de volver a poner el clima en su lugar como bajo nuestro control, de
demostrarle que somos dueños de nuestro destino. El hecho de que la geoingeniería sea en sí
misma imprevisible y peligrosa será irrelevante para la sensación de actuar. Porque "en el
mismo momento en que nos hemos hecho capaces de la acción más monstruosa, la
destrucción del mundo, las 'acciones' parecen haber desaparecido". 16 La vergüenza
prometeica ante nuestras acciones monstruosas y productos perfectos converge en la acción
suprahumana de geoingeniería del clima para prevenir el aumento de la temperatura global
mientras mantenemos nuestro modo de vida basado en los combustibles fósiles. Al igual que
el principio de las armas atómicas para Anders, el principio de la geoingeniería es puro
nihilismo: "Destruyamos lo que destruyamos, todo nos da igual". 17 Contra este nihilismo de la
imaginación, que no puede prever una alternativa al presente más allá de una aceleración de
lo mismo, Anders nos implora que cerremos la brecha prometeica ampliando nuestra fantasía:

Tu tarea consiste en salvar el abismo que existe entre tus dos facultades: tu facultad de
hacer cosas y tu facultad de imaginar cosas; en nivelar la pendiente que separa a
ambas: en otras palabras: tienes que ensanchar violentamente la estrecha capacidad de
tu imaginación (y la aún más estrecha de tus sentimientos) hasta que la imaginación y
el sentimiento sean capaces de captar y darse cuenta de la enormidad de tus actos;
hasta que seas capaz de captarlos y concebirlos, de aceptarlos o rechazarlos; en
resumen: tu tarea es: ensanchar tu fantasía moral.18

Antiapocalíticos
Anders cree que, por primera vez en el mundo, el anti-apocalipticismo es posible: "Puesto
que creemos en la posibilidad del Fin de los Tiempos, somos apocalípticos, pero como
luchamos contra este Apocalipsis creado por el hombre, somos —y esto nunca había existido
antes— 'anti-apocalípticos'"19. ¿Cuál es el desastre creado por el hombre contra el que
luchamos ahora? Es el calentamiento global del planeta, junto con la cascada social y
ecológica de crisis entrelazadas provocadas por determinados seres humanos con fines
particulares, que continúan hasta nuestros días. Mientras que los movimientos milenaristas
del pasado trataron de acelerar el apocalipsis, en vano, ahora es realmente posible, y de
hecho, el curso normal de las cosas si los movimientos no se levantan para detenerlo.
Mientras que para Anders "las acciones y los acontecimientos políticos tienen lugar dentro de
la situación atómica", para nosotros es la situación climática en la que tienen lugar las
acciones políticas.20 "Lo que combatimos no es tal o cual enemigo", proclama, "sino la
situación atómica como tal", o, diríamos, la situación climática como tal. 21 En esta situación,
"las distancias son abolidas... todo el mundo está al alcance mortal de todos los demás". 22
Estar a la altura de las nuevas condiciones espaciales de nuestra vulnerabilidad colectiva

16 Anders, "Tesis para la era atómica", §19.


17 Anders, "Tesis para la era atómica", §21.
18 Anders, "Tesis para la era atómica", §13
19 Anders, "Tesis para la era atómica", §2.
20 Anders, "Tesis para la era atómica", §3.
21 Anders, "Tesis para la era atómica", §4.
22 Anders, "Tesis para la era atómica", §6.
significa remodelar nuestros límites morales de quién está incluido en nuestra comunidad de
intereses:
Si no queremos quedarnos a la zaga de los efectos de nuestros productos -hacerlo
sería no sólo una vergüenza mortal, sino una muerte vergonzosa-, tenemos que
intentar ampliar nuestro horizonte de responsabilidad hasta igualarlo a ese horizonte
dentro del cual podemos destruir a todo el mundo y ser destruidos por todo el mundo;
en resumen, hasta hacerlo global. Cualquier distinción entre cercanos y lejanos,
vecinos y extranjeros, ha perdido validez; hoy todos somos "proximi "23.

No sólo están siendo abolidas las fronteras espaciales, sino también las temporales. Para
Anders, la presencia de la bomba aniquila la distinción entre generaciones presentes y
futuras, "ya que los actos cometidos hoy (las explosiones de prueba, por ejemplo) afectan a
las generaciones futuras de forma tan perniciosa como a la nuestra". Esto significa que "el
futuro ya ha comenzado", ya que "al prender fuego a nuestra casa, no podemos evitar que las
llamas salten a las ciudades del futuro, y las casas aún no construidas de las generaciones que
aún no han nacido se reducirán a cenizas junto con nuestra casa". 24 Para Anders, este fuego
era nuclear, artificial, provocado al pulsar una serie de botones; mientras que para nosotros,
es salvaje, "natural", un síntoma de una atmósfera sobrecargada de carbono bombeado
durante generaciones por el trabajo de la industria y el desarrollo de la tierra. Salvaguardar el
futuro para Anders significaba prevenir un acto; salvaguardar el futuro para nosotros significa
actuar para prevenir. Puesto que la acción ha escapado al control humano y ha pasado a
manos de las cosas, ya no existe una máxima universal de la voluntad. Más bien, sólo hay una
máxima universal de las cosas: “ten y usa sólo aquellas cosas, cuyas máximas inherentes
podrían convertirse en tus propias máximas y, por lo tanto, en las máximas de una ley
general”.25 Este principio de Anders va dirigido contra las armas nucleares, pero podemos
extenderlo a lo que Marx llama las fuerzas destructivas de la maquinaria y el dinero, aquello
que ya no tiene ninguna función progresiva en el desarrollo de las necesidades humanas.

Ceguera apocalíptica
Ante la realidad de la amenaza, ¿qué hacen los políticos y los burócratas? Lo envían a
comisión, creando un campo especial en el que se puede resolver la cuestión de "ser o no
ser". Para Anders, esto es una "prueba fatal de ceguera moral", ya que enfrentarse a la
realidad de nuestra condición es tarea de todos, no de los especialistas en el campo de los
riesgos planetarios y las policrisis.26 Evitar esta ceguera no significa sucumbir a la parálisis, el
doomerismo o el fatalismo, sino tener la integridad moral para enfrentarse a la crisis con lo
que ésta requiere: transformación social.

Morituri del mundo, uníos

23 Anders, "Tesis para la era atómica", §6.


24 Anders, "Tesis para la era atómica", §7.
25 Anders, "Tesis para la era atómica", §21.
26 Anders, "Tesis para la era atómica", §17.
Para Anders, el llamamiento de Marx a la unidad de los trabajadores del mundo no tiene el
mismo valor en tiempos de catástrofe universal, puesto que lo que nos define ahora ya no son
nuestras capacidades productivas comunes, sino nuestra condición común de vulnerabilidad.
Sin embargo, nuestra condición de estar siempre "a punto de morir", morituri, tampoco
conduce a ninguna unidad social o política. 27 Por eso Anders llama a una "huelga de
producto", una huelga contra la producción de un producto concreto -armas nucleares-, en
línea con lo que hicieron los trabajadores alemanes en 1917-18 cuando se negaron a producir
armamento para la guerra. ¿Es posible unir a los trabajadores morituri en torno a la no
producción de algo? Tal vez para algunos, pero el verdadero reto no es sólo cerrar un tipo de
producto destructivo, sino la remodelación de la sociedad en torno a nuevas relaciones
energéticas, lo que requerirá crear nuevos modos de producción y planificación, y no sólo
detener los antiguos.

Esto sólo ha sido un breve esbozo del pensamiento de Anders, y espero que más gente retome
donde él lo dejó y continúe su pensamiento en nuestro contexto actual. Anders es uno de esos
filósofos especiales que esperamos que se equivoquen. Él también lo sabía: "He publicado
aquelas palabras para prevenirlos de que se vuelva verdad…. No hay nada más espantoso que
tener razón "28. Quizá se equivocó sobre la bomba atómica, pero puede que siga teniendo
razón sobre los desastres que se avecinan. ¿Cómo afrontar este reto? En una autoentrevista
realizada en 1986, Anders explicó por qué no era pacifista:

Para mí la paz no es un medio, sino un fin; y no es un medio porque la paz es el fin.


No soporto sentarme aquí y ver cómo nosotros, amenazados de muerte por los
violentos, nosotros y nuestros descendientes, nos cruzamos de brazos y no nos
atrevemos a usar la violencia contra la violencia con la que nos amenazan. Puesto que
las palabras de Hölderlin, que tanto gustan citar los predicadores dominicales, en el
sentido de que allí donde se cierne el peligro no puede estar lejos la salvación, son
sencillamente falsas (ya que todo el mundo sabe que en Auschwitz e Hiroshima no
vino nada a salvarlos), nuestra tarea es intervenir para la salvación: aniquilar el
peligro poniendo en peligro a los aniquiladores.29

Esto es lo que significa luchar en el Andersceno.

27 Véase Günther Anders, Die atomare Drohung. Radikale Überlegungen zum atomaren Zeitalter (Beck, 2003
[1972].
28 Anders, "Tesis para la era atómica", 505.
29 "Estado de excepción y autodefensa: una entrevista imaginaria con Gunther Anders", 1986.
https://libcom.org/article/state-emergency-and-self-defense-imaginary-interview-gunther-anders.

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