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Historia y Funciones de los Cardenales

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Cardenal

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Este aviso fue puesto el 22 de febrero de 2013.

Cardenales con el hábito coral

Para otros usos de este término, véase Cardenal (desambiguación).

La dignidad de cardenal, eclesiástico de alto rango de la Iglesia católica, es el más alto título
honorífico que puede conceder el papa. Quienes lo reciben se convierten en miembros del Colegio
Cardenalicio y son «creados» en una ceremonia especial llamada consistorio público.

La principal misión del Colegio Cardenalicio es elegir al sumo pontífice en caso de fallecimiento o
renuncia del anterior. En circunstancias habituales, el deber fundamental del Colegio Cardenalicio
es aconsejar al papa. Muchos cardenales gobiernan diócesis o archidiócesis importantes, presiden
los organismos de la Curia Romana y participan activamente en la administración de la Santa Sede.

Dado que en sus orígenes los cardenales eran clérigos al servicio de la diócesis de Roma, es
costumbre que a cada cardenal designado por el papa se le asigne un titulus, que puede ser: bien
un obispado sufragáneo (llamado suburbicario —etimológicamente, «inferior en la ciudad»), o un
título presbiterial o la diaconía de un templo de la archidiócesis de Roma.

El término «cardenal» deriva del latín cardo o bisagra, lo cual sugiere el papel de fulcro (punto de
apoyo, gozne) que desempeñan: ellos son las «bisagras» alrededor de las cuales gira todo el
edificio de la Iglesia, en torno al papa como máximo dirigente.

Historia[editar]
Retrato del cardenal Colonna (1532), influyente eclesiástico

en la Italia del siglo xvi. Retrato del cardenal Cisneros,


influyente hombre de Estado en la España del siglo xvi.

Los cardenales eligen al papa, aunque no siempre ha sido así. Originalmente, eran los miembros de
la Iglesia de Roma quienes lo hacían, pero este procedimiento cambió durante la Edad Media,
hasta hacer que solo los cardenales, un grupo especial de clérigos de la diócesis de Roma, tuvieran
derecho a elegir al sucesor del apóstol Pedro. La constitución apostólica In nomine Domini,
promulgada por el papa Nicolás II en 1059 limitó la potestad de elección a los cardenales romanos
que fueran obispos. En 1179, el papa Alejandro III (constitución apostólica Licet de vitanda
discordia) extendió a todos los cardenales este derecho. En 1274 el papa beato Gregorio X fijó que
para la elección del papa eran precisos los dos tercios de los votos de los cardenales reunidos
(constitución apostólica Ubi periculum). Ambas disposiciones siguen vigentes.

En tiempos más modernos, los monarcas ingleses, españoles y franceses nombraron cardenales
como primeros ministros: El cardenal Thomas Wolsey en Inglaterra, el cardenal Alberoni en
España, Richelieu y Mazarino en Francia. Igualmente las más importantes cortes europeas
forzaban el nombramiento de determinados cardenales para que gestionaran en Roma sus
respectivos intereses. Estos hombres eran cardenales no por sus funciones religiosas sino porque
permitían que sus reyes les pagasen con los impuestos eclesiásticos. Roma aceptaba la pérdida de
dichos impuestos para proteger el resto de su propiedad y rentas.

En teoría, el papa puede sustituir al Colegio Cardenalicio por otro cuerpo de electores en cualquier
momento, aunque para ello habría que modificar el Código de Derecho Canónico (capítulo III,
cánones 349 y ss.). Lo habitual es que se modifique el estatuto de elección: para ceñirnos al último
siglo, ya desde tiempos de San Pío X y de manera más profunda durante los pontificados de Pío XII,
de Juan XXIII, de Pablo VI y de Juan Pablo II, se han modificado las reglas y número de miembros
del Colegio Cardenalicio. Una propuesta recurrente ha sido la de que sea el Sínodo de los
obispos la instancia que elija al papa. Sin embargo, este no puede reunirse más que a petición del
papa.

«Un cardenal», estudio al lápiz de Mateo Balasch.

Sea como fuere, la pertenencia al Colegio cardenalicio funciona por cooptación, pues es el papa
quien nombra a los cardenales que, a su vez, nombrarán (o elegirán) al siguiente papa.
Antiguamente se hablaba con ironía incluso de un "giovane collegio" de cardenales, que era el
grupo que un papa nombraba para forzar una mayoría con vistas a la elección de su sucesor. En el
caso de pontificados largos, la cooptación se hace evidente: es importante considerar el caso muy
especial del prolongado pontificado de Juan Pablo II, (lo que no sucedió con Juan XXIII ni con Pablo
VI, cuyos pontificados no fueron lo suficientemente largos para permitir la renovación total del
Colegio) y, en general, de papas que han ocupado el cargo durante más de quince años. De los
cardenales llamados a elegir al sucesor de Juan Pablo II, un total de 115 (en realidad 117, pero dos
no asistieron al cónclave por razones de salud), solo dos no habían sido nombrados por este papa.
Existe la fundada sospecha, pues, que un papa como mínimo "sugiere el camino" a seguir por su
sucesor, valiéndose para ello de la facultad de nombrar cardenales que serán electores entre
clérigos que le son ideológicamente afines. Con todo, acostumbra a saltar la sorpresa: en 2005 el
elegido fue Joseph Ratzinger, precisamente uno de los dos que no habían sido nombrados
cardenales por Juan Pablo II, sino por el antecesor de su antecesor, Pablo VI.

Conviene señalar que, de acuerdo con el "motu proprio" Cum ingravescentem aetatem de 1970 y
las constituciones apostólicas Romano Pontifici Eligendo de 1975 y la más reciente Universi
Dominici Gregis de 1996, todo cardenal pierde su condición de elector si cumple los 80 años de
edad antes de que se declare la Sede vacante.1 De este modo algunos cardenales, especialmente
del orden de los diáconos (a menudo distinguidos con el cardenalato como reconocimiento a una
excelente carrera), que han sido nombrados cuando ya sobrepasaban esa edad, nunca ostentarán
la condición de electores.

A lo largo de la historia, unos pocos cardenales han renunciado voluntariamente a su dignidad.

El Colegio de Cardenales tiene como máximas jerarquías el decano, el vicedecano (véase


"cardenales obispos") y el "camarlengo", oficial mayor de la Santa Sede, al cual compete la
organización de la Sede Vacante y del cónclave. Dispone además de un prelado secretario y de un
tesorero, cargos estos no necesariamente ocupados por cardenales.

El cardenalato[editar]

Escudo de cardenal indicado por


el capelo (sombrero de ala) con quince borlas dispuestas en cinco órdenes a cada lado, todo
de gules (el lema y las armas son propias de cada cardenal, así como el báculo con una o dos
cruces según este sea obispo o arzobispo).

La condición de cardenal es un título honorífico (ajeno al Sacramento del Orden), como lo son las
de patriarca, monseñor, arcipreste, canónigo, decano, archidiácono (o arcediano), deán y otras. En
el pasado, se nombró cardenal a personas que no eran sacerdotes: el último de ellos fue Teodolfo
Mertel, cardenal diácono de S. Eustachio y posteriormente de S. Lorenzo in Damaso y
protodiácono, que fue nombrado en 1858 y murió en 1899 sin haber recibido la ordenación
sacerdotal.

La púrpura cardenalicia (de color púrpura escarlata) es conferida por el romano pontífice en unas
ceremonias llamadas «consistorios», para que los elegidos puedan participar de la elección del
sucesor del papa, actuando colegiadamente en caso de sede vacante o para actuar como asesores
en distintas materias que sean importantes para el papa. Por ello muchos cardenales presiden
secretarías, comités, comisiones, dicasterios y otras oficinas en la Santa Sede, y además muchos de
ellos rigen las diócesis más importantes del mundo.

Según el canon 351.1 del Código de Derecho Canónico de 1983 vigente, los promovidos al
cardenalato deben ser varones libremente elegidos por el sumo pontífice, que hayan recibido el
orden del presbiterado y que se hayan distinguido notablemente en doctrina, costumbres, piedad
y prudencia en la gestión de sus asuntos.

Este canon sin embargo añade que «Los que aún no sean obispos, deben recibir la consagración
episcopal». Compete al papa, no obstante, eximir de esta consagración al candidato a cardenal
cuando existan razones de peso, como en el caso reciente del Rev. Avery Dulles S. J., profesor de
la Universidad de Fordham en Nueva York y uno de los teólogos más prestigiosos del mundo, que
solo era presbítero en el momento de su elevación a cardenal diácono de Ss. Nomi di Gesù e Maria
in via Lata en 2001. El padre Dulles solicitó del papa Juan Pablo II la dispensa de la consagración
episcopal debido a su avanzada edad, pues ya contaba al ser creado cardenal con más de 80 años y
su salud era precaria. En el consistorio del 28 de noviembre de 2020 fue creado cardenal diácono
el predicador pontificio, Raniero Cantalamessa, franciscano capuchino, que solicitó y consiguió del
papa Francisco no ser consagrado obispo. Además, el día en que recibió la asignación de la
diaconía y recibió el solideo y birreta roja, lo hizo vistiendo el hábito marrón de su orden, con el
correspondiente cordón blanco franciscano en lugar del fajín rojo cardenalicio. De esta forma
revivió la no tan lejana costumbre de que los cardenales pertenecientes a órdenes religiosas no
vistieran la sotana roja, sino el hábito del color tradicional de su orden.

En el ámbito civil, los cardenales que residen en Roma gozan automáticamente de la ciudadanía y
del pasaporte del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Órdenes[editar]

De acuerdo con el canon 350.1 del Código de Derecho Canónico, los cardenales se organizan en
tres órdenes:

 El orden episcopal: cardenales obispos.

 El orden presbiteral: cardenales presbíteros o de título.

 El orden diaconal: cardenales diáconos.

Cada cardenal, en el momento de ser nombrado, recibe una sede, un título o


una diaconía sustentados en templos romanos que tradicionalmente disponen de este cargo.
Según el canon 350.5, mediante opción hecha en consistorio y aprobada por el papa, los
cardenales del orden presbiterial pueden pasar de un título a otro (caso del cardenal Carlo Furno,
quien en 2005 recibió el título de S. Cuore di Cristo Re y que al año siguiente lo cambió por el de S.
Onofrio), y los del orden diaconal de una diaconía a otra (caso más infrecuente; el último ha
sido Pietro Palazzini, creado en 1973 cardenal diácono de S. Pier Damiani in Monte S. Paolo y que
al año siguiente optó por la diaconía de S. Girolamo della Carità).

A su vez, los cardenales diáconos que lleven un mínimo de diez años en ese orden, pueden optar al
orden presbiterial. Es el caso del suizo Gilberto Agustoni, creado cardenal diácono de Ss. Urbano e
Lorenzo a Prima Porta en 1994, quien en 2005 optó por el orden presbiterial, siendo su diaconía
elevada a "título" pro illa vice (solo por esta vez).

Para ingresar en el orden episcopal o, dentro de él, para cambiar de sede suburbicaria, se requiere
decisión directa del papa (véase más abajo lo que se indica a propósito del decano y el
vicedecano). La práctica habitual es que el papa escoja a un cardenal del orden presbiterial para
promoverlo al orden episcopal, y no que cree un cardenal obispo ex novo.

Cardenales obispos[editar]

Los cardenales obispos son aquellos de mayor rango en el Colegio de Cardenales. Dado que, como
queda dicho, es norma general que todos los cardenales sean obispos, el título de "cardenal
obispo" solo significa que el cardenal ostenta el episcopado de una de las siete llamadas "diócesis
suburbicarias", las sufragáneas de la diócesis de Roma, o bien es un patriarca de las Iglesias
orientales católicas, en número variable (canon 350.1).

Las sedes episcopales suburbicarias son: Ostia, Velletri-Segni, Frascati, Porto-Santa


Rufina, Albano, Palestrina y Sabina-Poggio Mirteto. El hecho de que ostenten un cardenal como
titular no es óbice para que estas diócesis tengan su propio obispo con potestad ordinaria.

Los patriarcas orientales que pertenecen al orden de cardenales obispos son: el patriarca emérito
de Antioquía de los Maronitas y el patriarca titular de Antioquía de los Maronitas; de ellos,
ninguno tiene condición de elector por tener más de 80 años.

El decano es el cardenal obispo que está a la cabeza del Colegio de Cardenales (como primus inter
pares, primero entre iguales). Es electo por y entre los cardenales obispos. Está ayudado por un
vicedecano y la elección de ambos debe de ser confirmada por el papa (canon 352.2).
Antiguamente, la posición de decano correspondía al cardenal obispo con mayor antigüedad
(significado auténtico de la palabra "decano"), sin embargo esto ya no ocurre normalmente, pues
se espera que el decano cumpla una serie de funciones clave durante el periodo de sede vacante y
para ello debe estar en plenas facultades. En 2002, el cardenal Bernardin Gantin llegó a los ochenta
años de edad por lo que perdía su derecho a ser elector, y aunque nada ni nadie se lo exigía, con
tal motivo dimitió del decanato del Sacro Colegio Cardenalicio y se retiró a su Benín natal.

Como las sedes suburbicarias son siete y los cardenales obispos son solo seis, el decano adopta el
título de cardenal obispo de Ostia además del propio que ya tenía asignado con anterioridad
(canon 350.4). El título de Ostia es intrínseco al de decano del Colegio y entre sus antiguos
privilegios

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