Augusta Ada Byron
En el siglo XIX, una mujer, Ada Lovelace desarrolló el primer algoritmo,
lo que marcó el camino de la programación. Ada revolucionó
completamente la informática en unos momentos en qué era poco
convencional que las mujeres se dedicasen a la ciencia o a la
tecnología.
Además de escribir el primer software de la historia, Ada Lovelace, fue
una de las primeras personas en hablar sobre inteligencia artificial; un
tema sobre el que era pesimista, ya que consideraba que “no tendría
poder de anticipar ninguna clase de relación ni de verdad analítica”.
A pesar de que Ada Lovelace rompió los patrones victorianos de la
época, tuvo dificultades para desarrollar sus capacidades. Durante su
adolescencia, pasó por diversas enfermedades que muchos
consideraban que se debía a “su actividad investigadora”, ya que la
creencia de la época decía que “la constitución femenina era demasiado
débil para soportar tanta ‘tensión mental’ a la que Ada se sometía en
sus estudios matemáticos”.
Incluso, uno de sus profesores, Morgan, repudiaba la actitud curiosa y
talentosa de Ada porque consideraba que no era propio de una mujer
que se pensara “como un hombre”. Sin embargo, Ada ignoró las
convicciones sociales e incluso firmaba sus trabajos con las siglas A. A.
L para evitar ser censurada por ser mujer. Así, se convirtió, sin ella
saberlo, en una de las personas más influyentes de la programación
informática.
Charles Babbage, quien estableció los pilares fundamentales de la
computación, fue una pieza clave para Ada, con quien mantuvo una
colaboración a lo largo de su vida y apodaba como “la encantadora de
números”. Uno de los artilugios en los que Babbage estaba trabajando
supuso una gran revelación para Ada. Se trataba de la Máquina
Analítica, un invento que podía realizar cualquier cálculo matemático.
El invento, que había tenido dificultades para hacerse realidad, se
perfeccionó gracias a Ada, quien también estudió las posibilidades de la
máquina. Fruto de la colaboración, Babbage le encargó la traducción de
un artículo sobre la máquina analítica escrito en francés por el ingeniero
italiano, Luigi Menabrea.
“Soy más que nunca la novia de la ciencia. La religión para mí es ciencia y la
ciencia es religión” - ADA LOVELACE