0% encontró este documento útil (0 votos)
30 vistas6 páginas

Sociologia 2

Cargado por

Yamil Soza
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
30 vistas6 páginas

Sociologia 2

Cargado por

Yamil Soza
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

PRESENTACIÓN

Ingeniería y sociedad digital

Juan Carlos Toscano y José Antonio López Cerezo *

Un tema central de nuestro tiempo es el avance de la cuarta revolución industrial y la 123


consolidación de la llamada “sociedad digital”. Es difícil exagerar el extraordinario
impacto que la microelectrónica y las telecomunicaciones están teniendo en la
transformación del sistema productivo, la gobernanza democrática y los modos de
vida. Hacer frente a los desafíos sociales y políticos que hoy plantea la irrupción de
la industria 4.0 requiere repensar los objetivos y contenidos de la educación de
técnicos e ingenieros, así como los valores que definen las relaciones entre
tecnología y sociedad.

¿Qué debe saber un ingeniero para ser un buen ingeniero? No es fácil responder
directamente a esta pregunta. ¿Cuál es la función social de los productos
tecnológicos? ¿Qué características debe reunir, por ejemplo, una carretera para ser
una buena carretera? Debe tener un pavimento adecuado, en composición y espesor,
para el volumen y el tipo de tráfico previsto, debe tener vías de aceleración y
desaceleración, debe minimizar las curvas cerradas y los accidentes geográficos,
debe evitar áreas urbanas o zonas congestionadas, etc. Pero tan importantes como
las consideraciones técnicas son los elementos de juicio de tipo económico, relativos
a costos, y especialmente los de tipo político y social. Ser una buena carretera no sólo
depende de sus rasgos físicos sino también de qué une y qué separa.

* Coordinador y director, respectivamente, de la Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad


(CTS). Correo electrónico: [email protected] y [email protected].

Revista CTS, nº 41, vol. 14, Junio de 2019 (pág. 123-128)


Juan Carlos Toscano y José Antonio López Cerezo

Las carreteras, como las vías férreas y otras obras públicas, pueden tener impactos
secundarios, terciarios y de sucesivos órdenes, previstos o imprevistos, que pueden
responder a propósitos políticos o generar resistencia social. Como los bulevares
(parkways) construidos en los años 20 y 30 por Robert Moses en la rica Long Island
de la época: carreteras cruzadas en muchos puntos por puentes de baja elevación
para impedir el paso del transporte público y hacer imposible su uso por parte de la
población pobre de Manhattan, que no tenía más remedio que desplazarse en
autobús. O como la Villa 31 en Buenos Aires, a 200 metros de la zona más cara de
la ciudad y asépticamente aislada mediante la autopista Illia (AV1 Norte) y las vías del
ferrocarril. Al contrario de lo que parece haber ocurrido con las costaneras de
Asunción y Encarnación en Paraguay, que además de facilitar las entradas y salidas
de los núcleos urbanos, están contribuyendo a erradicar los barrios degradados y
ofrecen nuevas oportunidades de ocio a sus habitantes. Los artefactos y sistemas
tecnológicos, como una carretera, no sólo están hechos de metal, asfalto o ladrillo;
también integran valores y responden a intereses. Son realidades a las que no puede
hacer caso omiso un ingeniero.

Un buen ingeniero debe tener conocimientos sobre resistencia de materiales,


fuerzas de torsión, mecánica de fluidos o automatización de procesos. Pero también
debe ser consciente de que, por ejemplo, la robotización de una fábrica no solamente
concierne al posible aumento de la productividad, sino que redefine el significado de
“trabajo” en ese contexto laboral. ¿Qué más debe saber un buen ingeniero? Para
responder a esta pregunta debemos prestar atención a los puestos que puede ocupar
o funciones que puede desempeñar en su vida profesional. En función de esos
124
considerandos, un buen ingeniero, además de los conocimientos técnicos, debería
saber comunicar, negociar, argumentar, redactar, persuadir, identificar valores y ser
sensible a otros puntos de vista. Es decir, debería ser capaz de apreciar la
complejidad y las dimensiones sociales de asuntos técnicos como construir una
carretera, robotizar una fábrica o diseñar planes urbanos, y ser también competente
para manejar ese tipo de asuntos como un buen comunicador y un buen gestor.

La mejora del currículum del ingeniero es entonces cuestión de reunir la diversidad


de competencias que necesitará en su vida profesional. Y algunas de esas
competencias clave se concretan en contenidos no técnicos relacionados con la
comunicación, aspectos éticos y legales, sostenibilidad e igualdad de género, y otros
elementos del conocido como “enfoque CTS”.

El enfoque CTS (ciencia, tecnología y sociedad) en educación trata de modificar


contenidos curriculares y estrategias de enseñanza-aprendizaje, de modo que a la
transmisión de contenidos científico-técnicos acompañe una reflexión práctica sobre
el contexto social en que se enmarcan dichos contenidos, relevando aspectos éticos,
económicos, de género, medioambientales y culturales que capaciten al ingeniero o
el técnico para comprender su papel en un mundo complejo y global, así como
tratando de generar vocaciones por las carreras de ciencias e ingenierías entre los
jóvenes.

Pero la profesión no debería ser el único criterio al pensar en la educación. Formar


un buen ingeniero no sólo consiste en capacitarlo mejor para su vida profesional, sino

Revista CTS, nº 41, vol. 14, Junio de 2019 (pág. 123-128)


Juan Carlos Toscano y José Antonio López Cerezo

también en proporcionarle los recursos para una formación integral que lo enriquezca
intelectualmente, mediante conocimientos de ciencias sociales y humanidades como
la filosofía, la historia o la sociología de la tecnología.

De hecho, en la formación del ingeniero, más importantes que los conocimientos


para el desarrollo y adquisición de esas competencias sociales y humanísticas, son
las actitudes. Mediante la implantación de un enfoque CTS en el currículum del
ingeniero se trata de combatir el “efecto túnel” que tiene con frecuencia una formación
que omite y desprecia los elementos no técnicos. Se trata de transmitir valoraciones
que, asentadas sobre la familiaridad con esa realidad poliédrica de la ingeniería,
generen inclinación a hacer las cosas de cierta manera.

Como decía el físico neozelandés John Ziman, un científico o ingeniero estaría


mejor preparado para su vida profesional si le enseñáramos un poco menos (sólo un
poco menos) de ciencia y un poco más sobre la ciencia. Ese “poco” que se pierde no
es siquiera significativo. Un buen ingeniero, como cualquier buen especialista en
cualquier campo, tiene que seguir actualizando su conocimiento técnico a lo largo de
toda su vida profesional en activo. Sin embargo, si en sus pocos años de formación,
cuando es más maleable, no cultivamos en él o ella esa conciencia y actitudes
sociales, difícilmente las adquirirá posteriormente como profesional, tendiendo más
bien a despreciarlas.

Ciertamente, de las distintas profesiones relacionadas con la ciencia y la


tecnología, la de ingeniero es la que tiene una mayor potencialidad para modificar las
125
condiciones del entorno y construir interfases entre el ser humano y el medio. En este
rol articulador, el ingeniero moderno debe interactuar en un mundo interdisciplinario
dentro de dimensiones políticas, económicas, sociológicas, medioambientales,
psicológicas y éticas, ubicado con frecuencia en puestos de trabajo donde se le
requieren destrezas que no han tenido presencia en su programa formativo. Se trata
entonces de hacer uso del enfoque CTS para generar avances curriculares y recursos
didácticos que mejoren la enseñanza universitaria de la ingeniería y la formación
técnico-profesional, superando el “efecto túnel” que produce la ultraespecialización y
la omisión de contenidos de las ciencias sociales y las humanidades.

El propósito último es cultivar una actitud crítica y abierta en los estudiantes,


sensible a los elementos contextuales que modulan el avance tecnológico, que
ofrezca a los ingenieros mejores condiciones para enfrentar los complejos problemas
que tendrán que abordar como profesionales. Complementariamente, la inclusión de
un enfoque CTS en la enseñanza de la ingeniería y materias técnicas podría
contribuir a combatir la fuerte asimetría de género que sigue caracterizando a estas
carreras.

Este es el tema central de la cátedra “Ingeniería y sociedad digital", que tuvo su


arranque formal en el Foro Iberoamericano que se celebró en abril de 2018 en Avilés
y Oviedo, España, precedido de varias reuniones virtuales y presenciales con
representantes de universidades, entidades educativas públicas y grupos de
investigación de Iberoamérica. Ingenieros, filósofos, matemáticos, sociólogos y
educadores, entre otros profesionales de varios países iberoamericanos, crearon

Revista CTS, nº 41, vol. 14, Junio de 2019 (pág. 123-128)


Juan Carlos Toscano y José Antonio López Cerezo

durante tres días un estimulante espacio de intercambio de ideas acerca de los


desafíos para la ingeniería y su enseñanza en el marco de la sociedad digital. Otras
temáticas abordadas fueron los retos específicos que plantea la formación técnico-
profesional, la brecha digital que afecta a las personas mayores y el déficit en
formación cívica de los usuarios más jóvenes de los medios digitales.

Este monográfico es uno de los frutos del Foro, y recoge contribuciones


pertenecientes al primero de los ejes de la discusión en Asturias: ingeniería y
sociedad digital. Todos los artículos corresponden a investigadores que estuvieron
presentes en el evento. Son muchas las ideas y experiencias que se debatieron y se
recogen parcialmente en esta monografía. Una de las ideas que se enfatizaron, y que
deseamos destacar, es que las tecnologías son creadas por ingenieros que trabajan
para organismos y empresas cuyo objetivo no siempre es el desarrollo social. Dotar
a los ingenieros de una formación CTS es importante para estimular actitudes críticas
y fomentar conciencia social, contribuyendo a evitar que esas tecnologías creen
extrañamiento y vínculos de dependencia al servicio únicamente de la lógica del
mercado; una formación CTS es relevante para promover “tecnologías entrañables”
que respondan a necesidades reales y propicien una domesticación que nos
enriquezca como seres humanos.

El dossier comienza con un artículo de la ingeniera e investigadora uruguaya Judith


Sutz. El artículo se titula “Ingeniería y preocupación social: hacia nuevas prácticas” y
parte de la pregunta: ¿ser o no ser deterministas tecnológicos? Sutz fundamenta sus
propuestas en tres temas muy relevantes: la digitalización de la sociedad desde la
126
informática, la importancia de respetar la sustentabilidad ambiental y la necesidad de
acrecentar la igualdad social sobre la base del trabajo del colectivo de los ingenieros.
En su elocuente formulación del lema central de esa agenda social de los ingenieros:
“Lo que ellos no hagan no será hecho”.

“Ingenierías, sociedades digitales e infoesfera. Una interpretación de la filosofía y la


ética de la información de Luciano Floridi” es el título del segundo artículo, cuya
autoría corresponde a Lola. S. Almendros y Javier Echeverría. Floridi es un filósofo
italiano que ha centrado su trabajo en la filosofía de la información y la ética
informacional. Los autores argumentan convincentemente la relevancia de este
filósofo para el diseño del currículum formativo de los ingenieros del siglo XXI. En este
sentido, enfatizan que “las acciones tecnológicas tienen sus propios valores y
objetivos, pero algunas de ellas presentan riesgos importantes, que hay que analizar
y tener en cuenta en la formación de los ingenieros”.

Walter Bazzo y Luiz Teixeira, del NEPET de la Universidad Federal de Santa


Catarina, Brasil, son co-firmantes del artículo “Rompendo paradigmas na educação
em engenharia”. El NEPET quizás sea el espacio con mayor experiencia en Brasil en
la enseñanza de la ingeniería con una mirada CTS. Son cerca de 40 años trabajando
y siendo referentes en la formación de ingenieros. Pese a lo anterior se siguen
considerando un “cuerpo extraño” entre los formadores de ingenieros. En esta
contribución se puede ilustrar la evolución de la formación de ingenieros en Brasil y
la importancia actual que tiene la responsabilidad social en la formación de los
ingenieros.

Revista CTS, nº 41, vol. 14, Junio de 2019 (pág. 123-128)


Juan Carlos Toscano y José Antonio López Cerezo

José Manuel de Cózar, de la Universidad de La Laguna, España, firma la siguiente


contribución: “Ingenieros del Antropoceno digital: la enseñanza de las ingenierías en
una época incierta”. El término “Antropoceno” designa una nueva época geológica, en
la que el ser humano se ha convertido en una fuerza a escala planetaria, provocando
un cambio ambiental sin precedentes. La reflexión sobre el significado del
Antropoceno nos obliga a reconsiderar las relaciones entre los seres humanos, la
tecnología y la naturaleza. ¿Cómo se concreta la idea de que los seres humanos se
han convertido en un agente de cambio similar o incluso más poderoso que cualquier
otra fuerza de la naturaleza? ¿Cómo plantear el Antropoceno digital? Estas
preguntas, argumenta de Cózar, no pueden ser ajenas a los estudiantes de
ingeniería. La formación de una conciencia ecológica debería ser uno de los objetivos
formativos de las carreras de ingeniería y el autor nos presenta en este artículo
algunas propuestas.

Desde hace años grupos de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de la


Argentina vienen promoviendo la mirada CTS en la formación de los ingenieros. En
este número, Milena Ramallo, Elida Clara Repetto, María Celia Gayoso y Rosa
Giacomino presentan el artículo “Ingeniería y Sociedad: aportes de los estudios CTS
en la formación de los ingenieros”, en el que las relaciones ciencia-tecnología-
ingeniería-industria son el foco del estudio. La asignatura “Ingeniería y Sociedad” se
imparte en el primer año de la carrera y busca dotar de responsabilidad social y
ecológica en la futura acción profesional de los ingenieros. En esta contribución
describen el reto y la experiencia.
127
Carlos E. Gómez, en una nueva contribución con su artículo “Estudios críticos
sobre algoritmos: ¿Un punto de encuentro entre la Ingeniería y las Ciencias
Sociales?”, afirma que nos encontramos en una era en la que el dominio de los
algoritmos ha generado una “algocracia”. Existe un alto consenso en afirmar que la
eficacia de la ingeniería de datos es muy alta y nos vemos muy influidos por ella. Otro
tema diferente es su legitimidad. Nos encontramos ante unos gigantes de la industria
digital que nos ofrecen “gratis” muchos servicios a cambio de un valor muy
importante: nuestros datos. Estas cuestiones deberían ser parte de los temas de
debate en la enseñanza de la ingeniería.

El artículo de Raúl Carbajal López y Cipriano Barrio, en su investigación “Del ágora


pública a las redes sociales: Por una ciencia y una democracia sin exclusión”,
reflexiona sobre la participación pública en los temas de ciencia y tecnología en
relación con el bienestar de la ciudadanía. Tiene su inicio con una posible definición
de la ciudadanía y la medida del bienestar en Iberoamérica. El trabajo deriva su
enfoque del pensamiento del expresidente de Uruguay José Mujica y resalta la
situación de una región que por todos es considerada la menos equitativa del mundo,
expuesta además a un avance tecnológico global que tiende a acrecentar brechas
más que a cerrarlas.

Raquel Villafrades Torres, de la Universidad Pontificia Bolivariana de Colombia, nos


presenta un trabajo centrado en una experiencia con alumnos de química en
ingeniería sobre la huella ecológica: “Cuidando la casa común: experiencias de aula
con estudiantes de primer semestre de ingenierías”. Llama nuestra atención sobre los

Revista CTS, nº 41, vol. 14, Junio de 2019 (pág. 123-128)


Juan Carlos Toscano y José Antonio López Cerezo

residuos que producen los aparatos electrónicos, así como sobre las acciones de
divulgación realizadas en colectivos sociales para promover la conciencia ecológica.
Hay un nuevo tipo de residuos a los que se enfrenta nuestra sociedad, y que están
estrechamente vinculados a la sociedad digital, sobre los que es necesaria una
política pública tanto de reaprovechamiento como de tratamiento selectivo y
especializado para que no se produzcan nuevas contaminaciones muy peligrosas
para la vida natural.

Un dossier dedicado a la ingeniería y la sociedad digital no puede evitar el tema de


la industria 4.0, el reflejo productivo de la nueva era, y en ese ámbito la Fundación
Tecnalia es un referente en Iberoamérica. Raúl Tabares, investigador de dicha
Fundación, aborda el movimiento maker y la fabricación abierta en su artículo “La
fabricación abierta: ¿un camino alternativo a la industria 4.0?”. El autor señala los
peligros que la industria 4.0 podría causar al bienestar social y propone la fabricación
abierta como alternativa.

El dossier concluye con el extenso trabajo del profesor emérito de ingeniería Javier
Aracil: “El latente debate sobre la ingeniería y la ciencia”. Resulta muy adecuado
cerrar este número con una contribución que clarifica la diferencia entre tecnología y
ciencia aplicada, mostrando claramente el papel del ingeniero en la sociedad. Algunas
de las tecnologías que nos envuelven representan soluciones a problemas sociales o
ciudadanos, pero hay muchas que han venido para servir intereses empresariales
que hemos terminado asumiendo como demandas sociales.
128
Los estudios CTS siempre han promovido una mirada social de la ciencia y la
tecnología. Se trata de un fenómeno que se ha producido a una enorme velocidad:
Internet no era prácticamente usado en 1994 y, 25 años después, ha configurado una
nueva sociedad en la que las tecnologías de la comunicación han pasado a configurar
nuevos hábitos personales, nuevas profesiones, nuevas empresas y nuevos espacios
de relación. En resumen, un cambio económico y social intra-generacional que
requiere la mirada pausada de la academia desde la filosofía, la sociología, la
psicología, la educación y otras ciencias sociales, en colaboración con la propia
ingeniería, para combatir nuevas brechas y amenazas, y para encaminarnos hacia
una sociedad más humana e inclusiva. Esperamos que este monográfico sea un
aporte en este debate.

Revista CTS, nº 41, vol. 14, Junio de 2019 (pág. 123-128)

También podría gustarte