Irazu Juárez Zermeño
Maestría Finanzas
Técnicas Economía
EL CAPITAL, TOMO I KARL MARX
Se puede comenzar a decir que se trata de una obra compuesta por tres tomos, cada uno de
los cuales analiza fases vitales para el Capital, como por ejemplo su producción, la forma de
circular dentro de la sociedad, así como las pulsiones globalizadoras que el Capital guarda en
su naturaleza. Sin embargo, en una vista un poco más detallada de cada uno de los tomos de
esta obra, se encontrará la siguiente:
Tomo I: El proceso de producción del capital
Tomo II: El proceso de circulación del capital
Tomo III: El proceso global de la producción capitalista o el proceso de producción capitalista en su
conjunto
Libro Primero EL PROCESO DE PRODUCCION DEL CAPITAL
Sección Primera MERCANCIA Y DINERO
Capítulo I LA MERCANCIA
El punto de partida es el siguiente: puesto que la sociedad moderna, actual, capitalista, toda la
riqueza aparece en forma de un montón o cúmulo de mercancías, el análisis debe empezar también con
la mercancía. Lo más importante de la mercancía es su carácter dual o doble, su naturaleza bifacética en
cuanto a su cualidad y cantidad.
La Mercancía:
La riqueza en las sociedades capitalistas se manifiesta como un “inmenso arsenal de
mercancías”. La mercancía es un objeto externo que satisface necesidades humanas.
La mercancía es, por una parte, una simple cosa, y por otra parte una cosa que tiene precio. Ser
cosa –o bien, u objeto exterior– es lo mismo que tener “valor de uso”, es decir, consiste en su cualidad o
conjunto de propiedades naturales que se manifiestan en su utilidad, aunque dichas propiedades
“naturales” no dejen de estar determinadas históricamente. Por otra parte, su precio no es sino una forma
de tener “valor de cambio”, algo que presenta una dimensión cuantitativa inmediata, que se puede y debe
medir (aunque esas medidas se desarrollen también de forma históricamente cambiante).
Los dos factores de la mercancía: valor de uso y valor (sustancia y magnitud del valor).
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Los dos factores de la mercancía son:
- Valor de uso: La utilidad de la mercancía. Hecho condicionado por las cualidades
físicas de la mercancía,
- Valor: La materialidad de la mercancía, independiente del trabajo necesario para
producirla.
En el capitalismo, todo se convierte en mercancía, y la fuerza de trabajo también se compra y
vende como tal.
En efecto, cuando se dice que una unidad de la mercancía X equivale a una cantidad a de la mercancía
Y, o a una cantidad b de la mercancía Z, etc., salta a la vista que todos estos valores de cambio no son
sino “formas” de un contenido diferenciable, expresiones de un algo que es común, que es igual, algo de
la misma magnitud presente a la vez en las dos cosas que se comparan en cada caso.
La utilidad de una cosa hace de ella un valor de uso, está condicionada por las propiedades del cuerpo de
la mercancía y no existe al margen de ellas. El cuerpo mismo de la mercancía e un valor de uso o bien.
Dicho valor se efectiviza únicamente en el uso o en el consumo. Los múltiples modos de usar las cosas
constituyen un hecho histórico.
Pero en esta sustancia generadora de valor lo esencial es lo cuantitativo: la magnitud de su valor. Y esta
magnitud viene determinada por la cantidad de trabajo, que a su vez se mide por la duración o tiempo de
trabajo, en las unidades habituales de tiempo (día, hora, año, etc.). Sin embargo, no es cualquier trabajo
lo que se mide, sino el trabajo “de la misma fuerza humana de trabajo”, el trabajo requerido por cada
mercancía como parte del “conjunto de la fuerza de trabajo de la sociedad”, de forma que cada fuerza de
trabajo individual se toma sólo con el carácter de una “fuerza de trabajo social media”, que opera
exclusivamente con “el tiempo de trabajo socialmente necesario” en cada caso.
En la sociedad moderna, capitalista, cuando la evolución de la demanda exige que el organismo social en
su conjunto transfiera trabajo humano desde la labor de tejer a la de sastrería, o a la inversa, ocurre como
en el caso del individuo anteriormente señalado. Por consiguiente, el trabajo resultante es también
trabajo humano en general, o indiferenciado, cierta cantidad del trabajo medio simple que puede realizar
cualquier hombre común y corriente en cuanto actividad normal de la vida. Y es precisamente este
trabajo simple el único cuya cantidad le va a interesar en todo El capital, como él mismo se encarga de
advertir aquí expresamente.
Tras el carácter doble de la mercancía y del trabajo mismo, Marx pasa a una tercera cuestión central de
este capítulo I: la forma de valor, o el valor de cambio, (apéndice al libro I redactada por Marx sobre
la “forma de valor”). Aquí también se muestra el autor orgulloso de su propia aportación, e indica haber
sido él el descubridor de la génesis de la forma dinero a partir del análisis de la forma de valor. Este
análisis consiste precisamente en su desarrollo, que, como dirá más tarde, coincide precisamente con el
propio “desarrollo de la forma mercancía”. En el desarrollo de la forma de valor, Marx escoge cuatro
fases, y por esa razón divide en cuatro apartados el largo epígrafe que dedica a la misma, a saber: las
formas simple, total, general y de dinero.
A. La forma simple o singular de valor contiene, en realidad, todo el secreto. Esta forma es simplemente:
xA=yB (1)
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Las dos mercancías que se igualan así no desempeñan el mismo papel, sino que A tiene un papel activo,
mientras que B interpreta un papel pasivo. Más en particular, la forma de valor tiene dos ingredientes: la
forma relativa (A) y la forma de equivalente (B). Pero estos ingredientes son en realidad extremos
excluyentes y contrapuestos, son dos “polos” de la misma expresión de valor.
La magnitud del valor de una mercancía se mantendría constante si también fuera contante el tiempo de
trabajo requerido para su producción, pero este último varia con todo a la fuerza productiva del trabajo.
Por la cantidad de sustancia generadora de Valor, por la cantidad de trabajo (contenida en su valor de
uso), la cantidad de trabajo misma se mide por su duración y el tiempo de trabajo, a su vez reconoce su
patrón de medida en determinadas fracciones temporales, tales como día y hora etc. La cantidad de
trabajo socialmente necesario o el tiempo de trabajo necesario para la producción de un valor lo que
determina su magnitud de valor por lo tanto, las mercancías que contienen cantidades iguales de trabajo
o que pueden producir en el mismo tiempo de trabajo, tienen la misma cantidad de valor.
La magnitud de valor de una mercancía se mantendrá constante, por consiguiente, si también fuera
constante el tiempo de trabajo requerido para su producción, pero este varia con todo cambio en la
fuerza productiva del trabajo.
En la forma relativa de valor, hay que distinguir su “contenido” de su “carácter cuantitativo”
determinado. El contenido de esta forma de valor es sencillamente A = B, que es el “fundamento” de la
ecuación (1), o ecuación de valor. Esto quiere decir que la dualidad intrínseca, entre el valor de uso y el
valor, se manifiesta ahora como una antítesis externa: la figura del valor de uso A manifiesta su valor por
medio de otra mercancía, la B, que figura aquí sólo como valor, o “espejo de valor”, de A. Ya que no se
trata sólo de la creación de valor por medio del trabajo. Es verdad que el trabajo humano crea valor, pero
no es valor, dice Marx. Para expresar el valor como gelatina de trabajo humano, hay que expresarlo en
cuanto objetividad, es decir, en una cosa distinta. Por tanto, B es, en la relación de valor que representa
A = B, un valor, mientras que fuera de dicha relación, cuando se considera a B por sí misma, esa cosa es
simplemente, como en todas las mercancías, “portadora de valor”.
En la relación de valor, en la “equiparación” de A con B, en su
relación de intercambio, se va más allá de la pura abstracción de
valor. Como hemos dicho, B es valor, y en cuanto valor A es igual a
B, tiene su mismo aspecto, por lo que adopta de esta forma una
forma distinta de su forma natural: su forma de valor. Esta forma
relativa o relacional quiere decir que el cuerpo de B hace de espejo
de valor de A, de la misma forma que Pablo puede ser para Pedro tan sólo la “forma en que se manifiesta
el genus hombre” para él.
Pero, además del contenido, está el “carácter determinado cuantitativo” de la ecuación de valor, pues la
forma de valor no sólo expresa “valor en general” sino una determinada magnitud o cuantía del mismo.
Esto quiere decir que el valor relativo puede variar, aunque su valor (su contenido en trabajo humano)
siga siendo el mismo; o bien lo contrario: que el valor relativo puede mantenerse igual a pesar de
haberse modificado el valor que subyace al valor relativo.
En cuanto a la forma de equivalente, sucede lo contrario: no contiene ninguna determinación cuantitativa
del valor. Para Marx, su función es triple:
1) El valor de uso se convierte en la forma de manifestación de su contrario: el valor. Para entenderlo
mejor, recurre a una nueva analogía: el trozo de hierro que se utiliza como pesa en la “relación ponderal”
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(de peso). Aunque su cuerpo férreo tiene, por sí mismo, peso, y además un cierto peso, en cuanto polo de
la relación ponderal esta pesa de hierro sólo es “figura de la pesantez”, y en toda la relación viene ya
presupuesto que las dos cosas que se comparan tienen peso.
2) El trabajo concreto se convierte en la forma de manifestación de su contrario: el trabajo
abstractamente humano.
3) El trabajo privado se convierte en la forma de manifestación de su contrario: trabajo bajo forma
directamente social.
Y una vez considerados los dos polos de la forma simple o singular de valor (se entenderá luego mejor
por qué liga Marx el adjetivo “simple” a la forma relativa, mientras que “singular” se vincula a la forma
de equivalente), pasa a considerar la forma en su conjunto. Primero, para rendir homenaje al genio de
Aristóteles, que supo ver que en esta forma se contiene la igualdad de las cosas que se comparan, aunque
señalando al mismo tiempo la raíz de la limitación del análisis del griego en este punto. Aristóteles no
pudo llegar a descubrir el contenido del valor a partir de su análisis de la forma de valor porque su
contexto social se lo impedía. Para que este descubrimiento hubiera sido posible, habría hecho falta que
la Grecia clásica conociera algo que sólo se ha conocido en la sociedad capitalista moderna: la
conversión de todos los hombres en “poseedores de mercancía” y su igualación por medio de las leyes
de la mercancía. Hubiera hecho falta, no la desigualdad humana y de las fuerzas de trabajo que existía en
la sociedad esclavista de su época, sino la igualdad humana actual que genera el capitalismo, hasta hacer
de ella una verdad con el carácter de un auténtico “prejuicio popular”.
B. La forma total o desplegada de valor se expresa en una fórmula mercantil modificada:
z A = u B = v C = w D = x E = etc. (2)
Marx llama ahora a la forma relativa (z A) “forma relativa desplegada”, y considera que la forma de
equivalente (el resto de la fórmula) se descompone en tantas “formas particulares de equivalente” como
miembros aparecen en la ecuación, razón por la cual considera que esta forma total es siempre
incompleta y deficiente, y necesita su “inversión” en la forma C que estudiaremos a continuación. Una
particularidad de esta forma B es que, según Marx, hace obvio que es la magnitud de valor la que regula
las relaciones de intercambio, y no al revés, puesto que ahora la pluralidad de valores de cambio de A
aparece todos directamente en esta fórmula. Por consiguiente, si invertimos la B obtendremos la C.
C. La forma general de valor es general sencillamente porque es simple y común (unitaria):
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Cada uno de los miembros de la izquierda son ahora una “forma relativa social general (o unitaria)”, y
todos se expresan en lo que es el “equivalente general” (la mercancía A, cuya forma relativa propia, en
caso de que necesitáramos expresarla, sería la forma B, a diferencia de lo que ocurre con las demás
mercancías). Marx aprovecha aquí para recordar que el desarrollo histórico de la forma de equivalente es
un resultado del desarrollo histórico de la forma relativa de valor, y que en la medida en que ambas se
desarrollan se desarrolla asimismo la antítesis que expresan.
La forma C requiere, por tanto, que la relación social se haga omnilateral, o multilateral, que se convierta
en una “forma socialmente vigente”. Por tanto, sólo cuando la forma equivalente se circunscribe a una
clase específica de mercancía, adquiere esta forma su consistencia objetiva”, su “vigencia social
general”, y se ponen las condiciones para que esta forma se desarrolle, a su vez, en dirección a la
siguiente (la D), y para que la mercancía que hace de equivalente general “devenga mercancía dinero”,
es decir, funcione realmente como dinero.
D. La forma de dinero, cuyo germen existe ya realmente en la forma A, no es sino una modificación de
la anterior:
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Capítulo II El proceso del Cambio
Las mercancías no pueden intercambiarse por sí solas. Debemos, pues, volver la vista a sus guardianes, a
los poseedores de mercancías.
Cada vez que Marx habla de personas o de individuos en el plano teórico, se trata siempre de
personificaciones de las relaciones económicas reales, o máscaras (figuras) de las categorías económicas
propiamente dichas. Así ocurrirá en sucesivas secciones de El capital con el capitalista y el asalariado, y
asimismo sucede con las primeras personas que nos aparecen en el relato: los poseedores de mercancías.
Éstos se definen como personas que han de reconocerse entre sí como propietarios privados que
voluntariamente establecen entre ellos una relación jurídica voluntaria. Pero esta relación presupone una
relación económica según la cual las mercancías que intercambian son para ellos no-valores-de-uso,
mientras que son valores de uso para los no-poseedores (por eso quieren ambas partes cambiarlas de
lugar). Por tanto, las mercancías deben realizarse como valores antes de que puedan realizarse como
valores de uso.
Cada vez que Marx habla de personas o de individuos en el plano teórico, se trata siempre de
personificaciones de las relaciones económicas reales, o máscaras (figuras) de las categorías económicas
propiamente dichas. Así ocurrirá en sucesivas secciones de El capital con el capitalista y el asalariado, y
asimismo sucede con las primeras personas que nos aparecen en el relato: los poseedores de mercancías.
Éstos se definen como personas que han de reconocerse entre sí como propietarios privados que
voluntariamente establecen entre ellos una relación jurídica voluntaria. Pero esta relación presupone una
relación económica según la cual las mercancías que intercambian son para ellos no-valores-de-uso,
mientras que son valores de uso para los no-poseedores (por eso quieren ambas partes cambiarlas de
lugar). Por tanto, las mercancías deben realizarse como valores antes de que puedan realizarse como
valores de uso.
Esto es así porque, históricamente, en la misma medida en que los productos se convierten en
mercancías, se está produciendo la escisión completa, se está completando el desdoblamiento de la
mercancía en mercancía, por una parte, y dinero por otra. Marx señala que existió primero un
intercambio directo de productos, que, más que por la relación M-M, debería representarse como P-P. En
ésta, la fórmula no es todavía x A = y B, sino tan sólo x valor de uso A = y valor de uso B, y la
proporción cuantitativa en que se cambian es fortuita. Sólo cuando la repetición lo convierte en un
proceso social regular, esta proporción pasa a depender de su producción, convirtiéndose así en valor.
Pero el otro paso, el paso de la fórmula M-M a la forma más actual de M-D-M se hace con la
intermediación de M-M-M, en la cual el papel central lo ocupa la mercancía que ya está convirtiéndose
en dinero pero aún no es dinero propiamente dicho, ya sean los artículos de cambio más importantes
provenientes del exterior, ya sean los principales objetos que constituyen la propiedad local enajenable
(nunca la tierra). Poco a poco, ciertas propiedades naturales de algunas mercancías –como la calidad
uniforme y la divisibilidad de los metales preciosos– hacen que el oro se convierta por doquier en esa
mercancía general.
El equivalente general tiene tan poca determinación cuantitativa como cualquier otro equivalente. Como
el valor no lo confiere el intercambio sino la producción, el valor del oro se determina exactamente igual
que en el resto de las mercancías, y sólo puede expresar su magnitud de valor por medio de otras
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mercancías diferentes, como ocurre siempre. Por tanto, el enigma que encierra el “fetiche del dinero” no
es más que el enigma que ya encerraba el “fetiche de la mercancía”.
Capítulo III El Dinero
Abarca los temas relacionados con la función del dinero en la economía capitalista y su
relación con las mercancías. A continuación, se presenta un resumen del contenido de este
capítulo:
1. Medida de los valores
Marx comienza explicando cómo el dinero actúa como una medida de valor. Esto significa
que todas las mercancías expresan su valor en una cantidad de dinero. El valor de una
mercancía está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su
producción. Sin embargo, para poder compararse, los valores de las distintas mercancías
deben expresarse en una forma común, y esa forma es el dinero.
2. Medio de circulación
El dinero también funciona como un medio de circulación. Esto quiere decir que facilita el
intercambio de mercancías al actuar como intermediario. Marx describe el proceso de
intercambio en la forma M-D-M (Mercancía-Dinero-Mercancía), donde una mercancía se
vende por dinero, y ese dinero se utiliza para comprar otra mercancía. Este proceso es
fundamental para la circulación de mercancías en la economía capitalista.
3. Dinero
Marx explora las diferentes funciones del dinero en la economía:
Tesoro: El dinero puede acumularse y almacenarse como tesoro. Este acto de acumulación es
esencialmente la separación de la circulación y puede reflejar la capacidad de ahorro y poder
adquisitivo.
Dinero como medio de pago: En esta función, el dinero no se utiliza inmediatamente para
comprar mercancías, sino que se promete para transacciones futuras. Esto introduce el concepto
de crédito y deuda en la economía.
Dinero mundial: En el comercio internacional, el dinero también actúa como medida de valor y
medio de circulación entre diferentes naciones.
4. Fetichismo del dinero
Marx analiza el fetichismo del dinero, señalando cómo en la economía capitalista, el dinero
parece adquirir un poder autónomo, casi mágico. Las relaciones sociales de producción y el
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trabajo humano se enmascaran detrás del dinero, que parece tener valor en sí mismo,
independientemente de las mercancías.
5. Contradicciones inherentes al dinero
Marx destaca las contradicciones inherentes al dinero. Por ejemplo, el dinero debe estar en
circulación para facilitar el comercio, pero al mismo tiempo, puede ser acumulado y
retirado de la circulación, creando tensiones en la economía.
En resumen, en el capítulo 3 de "El Capital", Tomo I, Marx profundiza en las funciones y
las características del dinero dentro del sistema capitalista, mostrando cómo el dinero
facilita la circulación de mercancías, actúa como medida de valor y se convierte en una
forma fetichista de poder y riqueza, enmascarando las verdaderas relaciones sociales de
producción.
Capítulo IV La transformación del dinero en capital
En este capítulo, Marx investiga el proceso mediante el cual el dinero se convierte en
capital y el papel de la explotación en este proceso. A continuación, se presenta un resumen
detallado del capítulo:
1. Fórmula General del Capital
Marx introduce la fórmula general del capital: D-M-D' (dinero-mercancía-dinero
aumentado). A diferencia de la simple circulación de mercancías (M-D-M), donde el
objetivo es obtener una mercancía para su uso, la fórmula del capital tiene como objetivo
aumentar el valor inicial de dinero (D). Es decir, el capitalista invierte dinero para obtener
más dinero.
2. Contradicción en la Fórmula General
Marx señala una aparente contradicción en la fórmula D-M-D'. Si en el intercambio de
mercancías todo se realiza en igualdad de valores, ¿cómo es posible que se obtenga más
dinero al final del ciclo? La respuesta reside en el proceso de producción.
3. El Papel del Mercado
Para que el dinero se transforme en capital, deben darse ciertas condiciones en el mercado.
Específicamente:
Los dueños de dinero deben encontrar mercancías que puedan comprar y vender con una
ganancia.
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Los dueños de dinero deben encontrar en el mercado a vendedores de fuerza de trabajo
dispuestos a vender su capacidad de trabajo por un salario.
4. Compra y Venta de la Fuerza de Trabajo
Marx introduce el concepto de la fuerza de trabajo como una mercancía especial. A
diferencia de otras mercancías, la fuerza de trabajo tiene la capacidad de crear valor. Los
trabajadores venden su fuerza de trabajo a los capitalistas, quienes la utilizan en el proceso
de producción.
5. Valor de la Fuerza de Trabajo
El valor de la fuerza de trabajo está determinado por el tiempo de trabajo necesario para
producir los medios de subsistencia del trabajador, es decir, lo que el trabajador necesita
para vivir y reproducirse. Este valor es equivalente al salario pagado al trabajador.
6. Proceso de Producción de Plusvalor
Marx explica que, al utilizar la fuerza de trabajo en el proceso de producción, el capitalista
puede generar más valor del que paga en salarios. La diferencia entre el valor producido por
el trabajador y el salario pagado se denomina plusvalor. Este plusvalor es la fuente de la
ganancia capitalista y es lo que transforma el dinero en capital.
7. Dualidad del Proceso de Producción
El proceso de producción tiene una dualidad: es simultáneamente un proceso de trabajo y
un proceso de valorización. El primero se refiere a la creación de bienes y servicios,
mientras que el segundo se refiere a la creación de valor y plusvalor.
8. Explotación del Trabajador
La clave de la transformación del dinero en capital es la explotación del trabajador. El
capitalista paga al trabajador menos valor del que éste produce. Esta explotación es la base
del sistema capitalista y permite la acumulación de capital.
Conclusión
El cuarto capítulo de "El Capital" establece las bases teóricas para entender cómo el dinero
se convierte en capital mediante la explotación de la fuerza de trabajo. Marx demuestra que
la ganancia capitalista no proviene del intercambio de mercancías a su valor justo, sino de
la explotación del trabajador en el proceso de producción. Este análisis sienta las bases para
su crítica al sistema capitalista y su teoría del valor y del plusvalor.