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Jesús Sana al Leproso: Fe y Compasión

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TEMA CELULA CASA DEL PADRE

JESUS “SÍ QUIERE LIMPIARTE”

Base bíblica: Mateo 8:1-4 RVC Al descender Jesús del monte, lo seguía mucha gente. Un
leproso se le acercó, se arrodilló ante él y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero. Ya has quedado limpio.» Y al instante su
lepra desapareció. Entonces Jesús le dijo: «Ten cuidado de no decirle nada a nadie. Más bien,
ve y preséntate ante el sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para que
les sirva de testimonio.»

En aquellos tiempos la lepra era considerada socialmente como un castigo del Señor, una
enfermedad-pecado y el portador de lepra era considerado” culpable”, y tanto la ley como la
sociedad lo catalogaban como “impuro” o” contaminado”. La ley judía era muy estricta en
cuanto al tratamiento de las personas contagiadas ya que eran sometidas a un aislamiento y
distanciamiento total del resto de la sociedad, obligados a permanecer en cuevas o
descampados, alejados de todo, excluidos de todo vínculo social hasta que se comprobase una
sanidad absoluta y hubiese realizado el “pago” del pecado según lo que estipulaba la ley, y por
supuesto someterse al ritual de purificación bajo la atenta mirada del sacerdote, quien era el
indicado para “acompañar y evaluar” el proceso que el enfermo vivía. Lev 13:45-46.

Tengamos en cuenta que las leyes con respecto a las personas con afecciones de la piel, fueron
dadas por Dios a Moisés, como medidas preventivas con la intención de resguardar al pueblo de
posibles epidemias mientras se movían de Egipto hacia la tierra prometida (era demasiada gente
conviviendo). La palabra de Dios dice que las personas con una enfermedad en la piel eran
“ceremonialmente impuras” es decir que no podían participar de cultos o reuniones y en los
casos más avanzados debían estar en aislamiento. Al conocer estos detalles hasta parece
exagerada la actitud social, exagerando y distorsionando las actitudes que tomaban algunos.
Nada habla la ley (Lev. 13 y 14) que estas personas debían ser apedreadas, discriminadas,
despreciadas o marginadas, lo cual nos deja ver que las costumbres del momento estaban
cargadas de un sentir discriminatorio, llenas de juicio, y con muy poco amor al prójimo,
probablemente debido a la creencia de que la lepra provenía pura y exclusivamente del pecado;
tal vez por una mala interpretación del término impuro. También podemos decir que este
concepto de enfermedad-pecado se debe al acontecimiento en que Miriam (María), hermana de
Moisés, quedó cubierta de lepra cuando Jehová la confronta por su pecado de murmurar y
desafiar la autoridad de Moisés . (Num.12:1-16.

No todas las manifestaciones de lepra eran necesariamente consecuencia de un pecado y por


otro lado no podemos atribuir a Dios el comportamiento y reacciones de la mente humana ante
determinadas situaciones. (Lider: no te hace pensar en situación COVID)

Tal vez, al hacer una lectura del texto solo veamos una de las tantas sanidades que hizo Jesús.
Pero si la analizamos en profundidad podremos ver que es un anticipo de lo que iba a hacer con
el resto de la humanidad. (arrepentmiento-perdón de pecados-limpieza-vida nueva) y nos revela
una gran clave para que los milagros sucedan.

Dice el versículo base que a Jesús le seguía mucha gente en ese momento; podríamos decir que
este varón afectado por la lepra fue muy osado, y a pesar de tener prohibido acercarse a la ciudad
y sobre todo interactuar con las personas; tomó riegos: pudo haber sido apedreado; él se acercó
a Jesús; tal vez desesperado, atemorizado, agobiado por la presión social, preocupado por la
condición en que estaba su familia (las mujeres no tenían trabajos pagos), o lleno de culpa
buscaba en su interior la razón del “castigo” que estaba viviendo (seguramente,como vos y yo,
encontró algo de qué arrepentirse). Él se determinó y fue por su libertad, no le importó el qué
dirán, no le importaron los riesgos, ya estaba muerto en vida.

Seguro desde la distancia muchas veces observó a Jesús hacer milagros, él necesitaba un
milagro y con una actitud correcta se acercó: se humilló delante de Jesús; dice la palabra que
se arrodilló, se postró delante de Él, reconociendo su condición y luego le dijo a Jesús con toda
humildad y lleno de esperanza: ”Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Reconoció que
necesitaba ser limpiado, porque con la limpieza vendría su sanidad. No pidió sanidad, pidió
limpieza. Este varón proporcionó el ambiente adecuado para que el milagro sucediera, su
corazón contrito y humillado movieron la mano de Jesús. Dice la palabra de Dios en Salmos 51:17
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no
despreciarás tú, oh Dios.

Para su sorpresa, Jesús extendió su mano y lo toco!! Como un gran gesto de amor y compasión, lo
tocó, Y más aún , le respondió : QUIERO!! SÉ LIMPIO. Y en ese instante su lepra desapareció!!!
Que gran momento para un pecador, para un impuro: recibió limpieza y sanidad en Jesús.

Luego Jesús le dijo “no lo digas a nadie, preséntate con el sacerdote y ofrece por tu purificación lo
que Moisés mandó, para que les sirva de testimonio”. El sacerdote era quien debía dictaminar la
sanidad del leproso y hacer el ritual de purificación porque era lo que correspondía en aquel
momento. Fue sano por un milagro sobrenatural.(así como cuando tenemos un diagnóstico
médico y Dios nos sana, debe haber un nuevo diagnóstico que avale la sanidad, en lo natural-
terrenal) y esta sanidad era de testimonio del poder de Dios manifestado en Jesús.

CONCLUSIÓN: La condición del leproso se asemeja a cada uno de nosotros al momento de llegar
a Cristo (impuros-contaminados-desesperados); sumado a las actitudes del entorno, que no
siempre tienden a extendernos una mano para salir adelante sino más bien arrojan alguna que
otra piedra de Juicio, hacen más difícil la decisión de acercarse a Dios; por eso nos es necesario
como hijos de Dios, como iglesia, tener la mirada de Dios, ver con sus ojos, para acompañar los
procesos del prójimo en amor y con compasión,” como leprosos ya sanados “por el amor de Dios,
y no con condenación (por lo general la condición del otro solo nos recuerda de donde Dios nos
sacó y nos confronta un poco)
Analizar nuestro corazón siempre nos mostrará algo para sacar, tal vez nuestra lepra es interna y
nadie la ve (amargura, pensamientos impuros, envidia, celos, etc), es tener una actitud humilde
ante Dios y nos ayudará a desarrollar un corazón compasivo hacia los demás. Jesús es el sumo
sacerdote quien hizo la ofrenda delante de Dios por todos nosotros, hoy es la iglesia quien ejerce
el sacerdocio y a través de ella, cada uno de nosotros es quien acompaña, sostiene, extiende la
mano de quien busca de Dios principalmente haciendo lo que Jesús nos envía a hacer, siempre
dando la Gloria a Dios con un corazón humilde.

Mt 10:8 NTV Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, curen a los leprosos y expulsen
demonios. ¡Den tan gratuitamente como han recibido!

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