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16 | Jesica Guadalupe Ahumada-Cortez; Mario Enrique Gámez-Medina y Carolina Valdez-Montero · El consumo de alcohol como problema de

salud pública

2) Las coacciones o limitaciones externas (normas claras y consistentes contra el consumo de drogas,
mantenidas o demostradas por personas importantes para el individuo) y,
3) Las habilidades sociales (contar con estrategias de solución para afrontamiento asertivo de
situaciones o tentaciones de consumo, autocontrol o auto eficacia de resistencia para no
involucrarse con el consumo, auto concepto o autoestima, así como satisfacción y proyecto de
vida) actuarían protegiendo al adolescente de su involucramiento con el alcohol y otras drogas.

Estos? factores? protectores? también? han? sido? definidos? como? “los? recursos? personales? o? sociales? que?
atenúan?o?neutralizan?el?impacto?del?riesgo”?Se?ha?encontrado?que? estos?factores?no?siempre?son?los?
opuestos a los factores de riesgo y que su repercusión también varía a lo largo del proceso de desarrollo
(Arthur, Hawkins, Pollard, Catalano & Baglioni, 2002; Hawkins & Weis, 1992; López & Rodríguez-Arias,
2010). Al igual que los factores de riesgo los factores protectores se pueden clasificar en individuales,
familiares, psicológicos, escolares y ambientales/sociales (Mosqueda-Díaz & Carvalho, 2011; Pollar,
Catalano, Hawkins & Arthur, 1997; Randolph, Russell, Harker & Finchman, 2010; Rodríguez, 2012; Ruiz,
Lozano & Polaino, 1994).

- Factores Personales: Adecuado desarrollo y madurez, actitud positiva, proyecto de vida, aptitudes
sociales, habilidad de resolución de conflictos, motivación al logro, habilidades cognitivas,
autonomía, independencia, planificación del tiempo libre.
- Familiares: Ambiente cálido, buena relación con padres y hermanos, comunicación abierta y
asertiva, cohesión o unión familiar, límites claros, apoyo y seguimiento de la educación de los hijos,
manejo eficaz del estrés de los integrantes de la familia, tiempo de calidad, expectativas claras,
promoción de hábitos sanos, compartir intereses y tiempo libre.
- Psicológicos: Adecuada autoestima, autocontrol, empatía, asertividad, capacidad de frustración y
de postergar la satisfacción.
- Escolares: Perseverancia en los estudios, apoyo social, buena comunicación profesor-estudiante,
establecimiento de lazos cordiales, buena relación con los compañeros, conexión entre la casa y
la escuela, fomento de actividades extracurriculares y deportivas, fomento del trabajo en equipo
y de la creatividad.
- Ambientales/sociales: Participación activa en la comunidad, apoyo social de los compañeros,
relación con diversos grupos proactivos, promoción de actividades de ocio y tiempo libre, leyes y
normas desfavorables para el consumo de alcohol, áreas que favorezcan la convivencia.

Consumo de Alcohol en el mundo y en México

A nivel mundial el consumo nocivo de alcohol se encuentra dentro de los principales factores que
contribuyen a una muerte prematura prevenible. La prevalencia anual en el 2012 para este consumo fue
del 42%, tomando en cuenta que este consumo es considerado como legal en la mayoría de los países,
pero al hacer un contraste con los demás tipos de drogas se puede apreciar que esta cifra es ocho veces
mayor a la prevalencia anual de sustancias ilegales (5%) (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y
el Delito [UNODC], 2012). De acuerdo a la Encuesta Nacional de Adicciones, 2011 (ENA) en México el 42.9%
de los adolescentes de 12 a 17 años ha consumido alcohol alguna vez en la vida, el 30% en el último año y
el 14.5% en el último mes. Por género se encontró que el 17.4% de los hombres y el 11.6% de las mujeres
ha consumido alcohol el último mes. Siendo la cerveza la bebida preferida por la población, seguida por
los destilados y los vinos de mesa.

En la población adulta el consumo fue mayor que en los adolescentes, y este consumo aumentó del 2002
al 2011 de 72% al 77.1%. La prevalencia en el último año paso de 51.3% (2002) al 55.7% (2011) y en el
18 | Jesica Guadalupe Ahumada-Cortez; Mario Enrique Gámez-Medina y Carolina Valdez-Montero · El consumo de alcohol como problema de
salud pública

- Trastornos cardiovasculares como la hipertensión arterial, miocardiopatía dilatada, alteraciones


del ritmo cardíaco, cardiopatía isquémica y accidentes cerebrovasculares.
- Trastornos digestivos. Orofaringe (queilitis, boqueras, glositis, gingivitis, caries, hipertrofia de la
glándula parótida, cáncer de labio, lengua o de cavidad orofaríngea), esófago (reflujo
gastroesofágico, esofagitis pépticas, hemorragias digestivas altas o bajas), estómago (gastritis
alcohólica aguda o crónica, úlcera de estómago y cáncer de estómago), páncreas (pancreatitis
aguda, colelitiasis), hígado (hepatopatía, hígado graso, hepatitis alcohólica, cirrosis alcohólica,
hepatomegalia, hepatocarcinoma), intestino delgado (mala absorción intestinal, diarrea,
desnutrición).
- Trastornos hematológicos. Alteraciones de los eritrocitos (macrocitosis, anemia megaloblástica),
alteraciones de los leucocitos y alteraciones de las plaquetas.
- Trastornos osteomusculares. Osteoporosis, alteraciones articulares, miopatías y rabdomiólisis.
- Trastornos metabólicos. Alteraciones de las proteínas, lípidos y vitaminas, cetoacidosis alcohólica,
hipoglucemia alcohólica.
- Trastornos endocrinos. Hipogonadismo hipogonadotrópico, con atrofia testicular e infertilidad,
feminización por aumento de estrógenos plasmáticos, amenorrea, riesgo de aborto espontáneo,
esterilidad, síndrome pseudo Cushing con atrofia muscular.
- Infecciones. Neumonías, tuberculosis, hepatitis virales por virus B y C, meningitis, infecciones
cutáneas y peritonitis, infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).
- Cáncer. Oro faríngeo, esofágico, del tracto respiratorio superior, de recto y cáncer de mama.
- Trastornos neurológicos. Degeneración cerebelosa, demencia alcohólica, síndrome de Wernicke-
Korsakoff, pelagra, beriberi, ambliopía alcohol-tabaco, enfermedad de Marchiafava-Bignami,
mielinólisis pontina central, demencia alcohólica, atrofia cerebral, epilepsia, factor de riesgo de
enfermedad cerebrovascular, polineuropatía y miopatía.

El efecto del consumo de alcohol en los Años de Vida Ajustados por Discapacidad (AVAD) es muy
pronunciada por dos razones: la primera es porque las muertes atribuibles al consumo de alcohol se
producen relativamente en etapas tempranas de la vida lo que resulta en muchos años perdidos por
muerte prematura, y la segunda debido a que los trastornos por consumo de alcohol son a menudo
incapacitantes. En muchos países de ingresos medios, el consumo de alcohol es el principal factor de riesgo
para la carga de la enfermedad. En la Figura 1 se muestran los porcentajes mundiales de AVAD atribuidos
a los factores de riesgo más importantes por grupo de ingreso (ONU, 2011).

Además de los numerosos efectos crónicos y agudos, el consumo de alcohol se asocia con consecuencias
psicosociales generalizadas como la violencia, el abandono, el maltrato y el ausentismo en el lugar de
trabajo, entre otros. Teniendo en cuenta el significado de las consecuencias del consumo de alcohol en
comparación con otros riesgos para la salud, se puede apreciar que al consumo nocivo del alcohol no se le
da la debida atención en las políticas públicas, esto podría explicarse a la baja percepción de riesgo por
parte de los individuos y a la aceptación por parte de la sociedad como una práctica cotidiana (ONU, 2011).

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