CONSEJOS DE LOS ABUELOS
Cuando era pequeño vivía cerca de mis abuelos. Los visitaba con
frecuencia. Ellos tenían muchos años. Recuerdo la comida que mi
abuela preparaba. Hummmmmm, ¡qué rica era! Mi abuelo trabajaba en
el campo. Siempre salía muy temprano.
Cuando mi abuelo regresaba a la casa, mi abuela lo recibía con una
taza de café. De un delicioso y aromático café. A su regreso, yo
estaba allí y recibía de él una cariñosa sonrisa. Yo corría a abrazarlo y
él me ofrecía sentarme con él. Yo daba un salto y enseguida me
sentaba en sus piernas. ¡Qué lugar tan tranquilo! Luego, con una
paciencia incomparable, escuchaba
todas las aventuras de mi día. De cuando en cuando, tras una pausa,
él me aconsejaba sabiamente. Aún recuerdo cuando decía:
M’hijo, respetá la vida de los pájaros. Ellos significan mucho
en la vida.
Siempre viví en armonía con tus hermanos. Ellos siempre
estarán contigo.
Trabajá con cuidado y dedicación. El trabajo es importante.
EL COLIBRÍ
Ana era una niña pequeña. Tenía ocho años. Le gustaban las flores.
En el patio de su casa tenía lirios, rosas, claveles y otras flores.
Siempre se levantaba muy temprano. Después de comer, regaba sus
ores.
Un día, un pájaro cayó frente a ella. Era pequeño, muy pequeño, tenía
el pico largo y las plumas de colores. Parecía aturdido. Revoloteaba
confundido entre las flores. Cuando lo observó mejor, se dio cuenta
que era un colibrí. Lo tomó suavemente entre sus manos y notó que
estaba moribundo. Le dejó caer un poco de agua en el pico. Ana
pensó que se moriría. Lo dejó reposar entre sus manos por un rato. Se
quedó observándolo.
De repente, el colibrí reaccionó y voló con fuerza. Ana vio con alegría
como el colibrí se alejaba entre los árboles vecinos.
EL MISTERIO DEL ORO
Faustino era un hombre muy rico, que tenía muchas bolsas de oro. Un
día decidió viajar a un pueblo cercano. Antes de irse dejó
recomendado el oro con un vecino, a quien le tenía mucha confianza.
Al regresar del viaje, Faustino le pidió el oro a su vecino. El vecino le
contó, muy preocupado, que lo había escondido debajo de su casa,
pero que había desaparecido. El vecino le dijo que, al buscarlo, se dio
cuenta que la tierra se había hundido y se había formado un gran
agujero. Cuando se acercó al agujero vio que varios ratones estaban
comiéndose el oro. Faustino se sorprendió con la historia que el vecino
le contó. Luego le dijo: ¡No te preocupes! y se retiró lentamente.
Cuando iba saliendo, vio un hermoso caballo blanco y decidió
llevárselo sin que el vecino se diera cuenta.
Al día siguiente, el vecino no encontró a su caballo. Después de
buscarlo por toda la casa, fue a visitar a Faustino. El vecino le contó
muy triste que su caballo se había perdido. Faustino le dijo: No lo
busques más, vi cuando los murciélagos se lo llevaron.
El vecino sorprendido le dijo: ¿Cómo que se lo llevaron los
murciélagos? ¡Eso es imposible! Faustino le contestó: También es
imposible que los ratones se comieran mi oro.
El vecino sintió mucha vergüenza y le contó a Faustino que se había
gastado el oro. Lo había usado para comprar su caballo. Además, que
el resto del oro lo guardaba en su casa. El vecino devolvió el oro y
pudo recuperar a su caballo.
EL NACIMIENTO DE AGUA
Los nacimientos de agua son muy importantes. También les dicen “ojo
de agua”. Allí nace el agua. El agua brota de la tierra o entre las
piedras, en forma natural. Los hay grandes y pequeños. De uno de
ellos puede originarse un río o una cascada. Algunas veces están
cerca de un volcán y el agua es tibia o caliente. Otras veces, están en
una montaña.
En mi comunidad hay un nacimiento de agua. Lo cuida don Julio Batz.
Él lo protege con todo su corazón. Don Julio tiene una nieta llamada
Manuela.
Un día, Manuela le pregunta a don Julio:
– Abuelo, ¿qué se hace para cuidar el nacimiento de agua?
– Él contesta: El nacimiento necesita árboles. Por eso, debemos
cuidar los árboles que están cerca y sembrar más. También debemos
evitar que se queme la vegetación del lugar y evitar la contaminación.
Si hacemos esto, tendremos agua.
El corazón de Manuela salta al oír a su abuelo. Por eso, don Julio y su
nieta siembran muchos árboles; lo hacen en la montaña y evitan que
las personas tiren basura o provoquen incendios.
El abuelo y su nieta quieren mucho el nacimiento de agua. Ellos saben
que muchas personas beben y necesitan del agua porque es útil para
el planeta Tierra y la vida.
EL ORIGEN DEL SOMBRERO
Hace miles de años, los hombres eran cazadores. Se dedicaban a
cazar pájaros. Los pájaros eran grandes, muy grandes; tan grandes
que parecían zopilotes. Tenían garras muy fuertes.
Los pájaros se lanzaban desde el aire y podían llevar cargas muy
pesadas entre sus garras. Eran tan fuertes que podían atrapar a las
personas y llevárselas. Las agarraban de la cabeza y las sujetaban del
pelo; en aquel tiempo, los hombres también usaban el pelo largo.
Luego, se los llevaban a sus nidos y se los comían. Sí, se los co-mí-
an. Huy, ¡qué miedo! Por eso, ¡Todos querían protegerse!
¿Qué hacemos?, se preguntaron. Primero optaron por ocultarse en
túneles. ¡Mala idea! Allí morían de hambre porque no podían salir.
Luego pensaron: Construiremos muñecos para engañar a los pájaros.
Los muñecos no sirvieron de mucho. ¡Tampoco funcionó! Pasó el
tiempo y ya quedaban muy pocas personas en el lugar.
En cierta ocasión, observaron que la cáscara del chilacayote tenía
forma ovalada. También vieron que podía cubrir completamente la
cabeza de una persona. Se les ocurrió otra idea: Usarían las cáscaras
de chilacayote como cascos. ¡Qué buena idea!, dijeron. Así lo hicieron.
Se sorprendieron mucho cuando vieron que los pájaros no podían
agarrar la cabeza de las personas. La cáscara lisa y fuerte no los
dejaba. Por eso, siempre usaban su casco de chilacayote. Años
después, decidieron cambiar las cáscaras por hojas de palma. Las
trenzaban hasta formar los que ahora conocemos como sombreros.
EL PEQUEÑO PASCUAL
Pascual era un niño que vivía en San Vicente Buenabaj. A él le
gustaba pastorear los fines de semana. Tenía cinco ovejas, un caballo,
una vaca y un perro llamado Peludo, a quien quería mucho. Llevaba
sus animales a Nicajá donde había buen pasto. Una noche, Pascual le
dijo a su mamá: Mañana me quiero ir muy temprano a pastorear. ¿Me
hace el favor de preparar mi desayuno? Su mamá estuvo de acuerdo.
El día siguiente, la mamá se levantó muy temprano y le preparó el
desayuno a Pascual. Luego fue a despertarlo, pero él siguió
durmiendo. De repente Pascual recordó que tenía que pastorear. Saltó
de su cama, se vistió y montó su caballo. Después, salió acompañado
de su perro Peludo. La mamá puso en un matate, el desayuno del niño
y unos tamales para el perro. Pascual se despidió de su mamá y salió
alegremente de su casa con su matate colgado. Iba muy tranquilo,
cuando al llegar al cerro Tená, los envolvió una nube muy espesa de
neblina. En ese momento, Pascual se percató que no llevaba su
desayuno. Cuando llegó a Nicajá se dio cuenta que tampoco le
acompañaba su perro, Peludo. Amarró sus ovejas, su vaca y su
caballo a un árbol. Luego, muy triste, se fue a buscar al perro.
Al regresar por el camino… vio a lo lejos a Peludo que estaba junto al
matate. Él vio cuando se cayó y se quedó cuidándolo. Pascual se
alegró mucho. Peludo, al ver al niño, se levantó y corrió a su
encuentro. El perro movía la cola demostrando su felicidad por
encontrar a Pascual. Luego, Pascual y su perro regresaron al lugar
donde habían dejado a las ovejas, la vaca y el caballo. Después,
tranquilamente, desayunaron debajo del árbol.
EL PÁJARO AJAW
Según cuentan nuestros abuelos, hace mucho tiempo existió un
pueblo a las orillas de un lago. Allí, todos vivían atemorizados por un
pájaro poderoso. El pájaro tenía garras muy fuertes, las que utilizaba
para llevarse a los niños. Los pobladores le llamaban Ajaw, que
significaba poderoso.
Todas las personas escondían a sus hijos en sus casas. Ellos sabían
que cada vez que el pájaro volaba sobre el pueblo se llevaba a un
niño. Un día, a alguien se le ocurrió colocar un cuero de oveja en la
espalda de los niños, para confundir al pájaro. Al hacer esto, cuando el
pájaro quisiera llevarse a un niño, lo que se llevaría sería el cuero.
Tuvieron éxito con esta idea, por muchos años.
Un día, el encargado del pueblo se dio cuenta que los niños seguían
corriendo peligro. Por eso, decidió hacer un tubo largo de bambú, para
soplar el agua del lago y trasladarla a otro lugar. Así lo hizo; sopló,
sopló y sopló hasta trasladar el lago a otro lugar. De esta manera se
formó una laguna a la que llamaron Chikabal. En sus orillas se formó
San Martín Sacatepéquez.
El pájaro Ajaw vio que el lago ya no tenía agua y que la población se
había trasladado a otro lugar, por eso, voló hacia la montaña. Desde
entonces nadie lo ha visto. Algunos cuentan que lo han escuchado en
lo alto de la montaña.
EL REGALO DE MOISÉS
Patulup está en Momostenango; este es un municipio de Totonicapán.
Allí vive un niño llamado Moisés. Él es un niño muy aplicado y, por
eso, le gusta ir a la escuela. Todos los días se levanta temprano y es
el primero en llegar a la clase.
Un día pasó algo muy importante. Era muy temprano, algo llamó la
atención de Moisés. Observó que sus compañeros le llevaban frutas y
regalos al profesor. En ese instante se le ocurrió algo: le llevaría un
obsequio a su maestro.
Al día siguiente, Moisés se levantó más temprano que otros días.
Luego, fue a la escuela. Lo extraño fue que cuando estaba en el aula,
temblaba y tenía ganas de llorar. Se acercó al profesor y le dio una
cáscara de huevo. El profesor se sorprendió y le preguntó: ¿qué es
esto?
Moisés estaba llorando y le contó lo ocurrido. Le dijo que vio a sus
compañeros que le llevaban regalos. Él también quería darle uno. Se
levantó más temprano para recoger el primer huevo de la gallina que
su mamá tenía en la casa. El huevo sería su regalo para el profesor.
Llegó al nido de la gallina y agarró el huevo. Lo escondió en la bolsa
de su pantalón para que su mamá no lo viera. Ah, pero algo
inesperado pasó. Al llegar a la escuela se dio cuenta que el huevo
estaba roto. El profesor lo miró con ternura y lo abrazó. Luego le dijo:
“Hoy he recibido un gran regalo. El mejor regalo, uno muy grande. Es
el mejor porque me lo diste con cariño.” Moisés vio a su profesor y
sonrió. Después, secó sus lágrimas y lo abrazó.
EL SAPO Y EL VENADO
Un día, los animales del bosque decidieron organizar una maratón.
Todos fueron invitados. Muchos ya estaban esperando en la meta de
salida. El sapo y el venado estaban muy cerca uno del otro. El venado
dijo que no quería que el sapo participara. Según él, era un animal
inferior. Cuando el sapo escuchó al venado, infló su buche. Luego, le
dijo: No menosprecies a nadie, pues te podrías llevar una sorpresa.
Los jueces dieron el banderazo de salida y empezó la carrera. Durante
el recorrido los animales observaban el evento. Todos aplaudían al ver
pasar a los competidores. El venado iba muy rápido. Luego, vio hacia
atrás y se dio cuenta que iba en primer lugar. No veía al sapo por
ninguna parte. Iba muy tranquilo sintiéndose el ganador. Cuando
estaba a un metro del final se fijó que el sapo ya estaba cruzando la
meta de llegada. No puede ser, se dijo a sí mismo. ¿Cómo lo hizo? El
venado estaba más que sorprendido. También se sentía muy enojado;
no, estaba furioso.
Caminaba dando vueltas y vueltas, y preguntándose ¿Qué pasó?
¿cómo pasó? ¡No lo podía creer! Se sentía frustrado. Sin embargo, se
calmó y aceptó el triunfo del sapo. Luego, se acercó y le dio un sincero
abrazo de felicitación. El sapo amablemente le respondió: ¡Gracias por
tu ayuda, amigo venado! Tus palabras y tus cuernos me ayudaron a
triunfar. Luego, le guiñó el ojo mientras el venado lo miraba
desconcertado.
EL TRAJE TÍPICO DE SAN PEDRO JOCOPILAS
Los habitantes de San Pedro Jocopilas usan trajes hermosísimos. Son
tan lindos como los de Santa Cruz del Quiché. El traje de las mujeres
es diferente al de los hombres.
El traje de las mujeres tiene dos piezas. La de arriba se llama güipil; es
de color blanco que significa pureza. Usan una faja negra que
representa el respeto hacia las personas mayores. La prenda de abajo
se llama corte. Es de color verde y simboliza a la serpiente
emplumada. Las franjas blancas son una representación de las
riquezas y los principales lugares de la región. Las mujeres usan
collares de color plata o rojo en eventos ceremoniales. Estas se
heredan de madre a hija, de una generación tras otra.
Los hombres utilizan camisa y pantalón de color blanco. Este color
expresa el respeto y el acercamiento al ser supremo. Ellos usan una
faja y un pañuelo de color rojo que representa las virtudes. También
usan un sombrero de palma y caites. Ellos utilizan este traje en las
cofradías y hermandades del pueblo.