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PRINCIPIOS

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UNIDAD 3: LOS PRINCIPIOS DE BENEFICENCIA, AUTONOMÍA Y JUSTICIA

3.1. ¿Qué son los principios?

Luego de haber reflexionado y analizado lo relacionado con la profesión, en la


presente unidad conoceremos los principios de la ética en orden a aplicarlos en el
ámbito profesional y humano. En cuanto a este primer apartado ¿Qué son los
principios? vamos a tomar en cuenta solo las primeras páginas del capítulo 4 del
libro, y más concretamente, desde la página 92 a la 95. El resto de este capítulo
no lo vamos a considerar en nuestra asignatura. Como usted puede ver, hay una
idea clara: la ética profesional debe buscar los criterios que nos permitan discernir
entre las actuaciones aceptables y las que no lo son. Esos criterios prácticos, que
orientan nuestras acciones, proceden de unos criterios superiores o principios que
nos permiten orientarnos acerca de lo que es éticamente bueno o no.

Definición de principios éticos: “aquellos imperativos de tipo general que nos


orientan acerca de qué hay de bueno y realizable en unas acciones y de malo y
evitable en otras” (p. 92). Los principios éticos o morales no prescriben (ordenan,
obligan a realizar) actuaciones concretas de forma directa e inmediata, sino que
indican los temas y metas que hay que considerar a la hora de formular normas o
reglas morales.

De este modo, Augusto Hortal hace una doble distinción:


- Principios éticos: son generales o universales y expresan los grandes temas y
valores a tomar en cuenta en el vivir y en el actuar.
- Normas: aplican los principios a situaciones concretas de la vida o de la
profesión, dicen cómo se debe aplicarse el principio.

Ejemplo de principio ético:

Guía didáctica: Etica


“Todos los seres humanos nacen iguales en dignidad y derechos”. Este es un
principio universal pues expresa el valor de la dignidad que posee todo ser
humano y orienta la acción de toda persona o Estado.

Ejemplo de norma:
Art. 9. Las personas extranjeras que se encuentren en el territorio Colombiano
tendrán los mismos derechos y deberes que los colombianos, de acuerdo con la
Constitución (Constitución de la República).

“los principios de la ética profesional formulan los grandes capítulos y los


principales criterios por los que se guía fundamentalmente la práctica profesional
que quiere ser ética”.

De lo que hemos dicho hasta ahora hay que reconocer que la parte fundamental
de la ética profesional son: los VALORES, pues son aquellos que le dan
fundamento y contenido a los principios éticos y los que le dan la legitimidad a las
normas y reglas, tanto a las de índole moral como también a las jurídicas.

Hablar de valores es hablar de lo que caracteriza a la persona humana, de lo que


la hace valiosa y la perfecciona, es decir, de lo más propio y esencial de la
persona. Para hablar de valores hay que hablar, por tanto, de antropología, de la
concepción de persona humana. Dependiendo de la altura con que se conciba al
ser humano, así de elevado será el concepto de dignidad y de los valores.

Por otro lado, los principios de ética profesional son:


1. El principio de beneficencia.
2. El principio de autonomía.
3. El principio de justicia.

Todos estos principios tienen su origen en una de las éticas aplicadas o


especiales como es la bioética.

Guía didáctica: Etica


Empecemos a estudiar el primer principio, el de beneficencia.

3.2. El principio de beneficencia


Para el estudio de este apartado vayamos al capítulo 5 del libro (pp. 113-128).
Pese a que es conveniente que lea todo este capítulo, vamos a centrarnos solo en
algunas partes y en algunas páginas. Por tanto, querido estudiante, preste
atención a cuáles son estos aspectos porque son los que vamos a considerar
para la evaluación. Con el fin de ayudarle en ello, vamos a reflexionar juntos sobre
los conceptos importantes recordándole puntualmente las páginas a las que nos
estamos refiriendo y que sí son de lectura y estudio obligatorio.

En cuanto a la etimología de la palabra „beneficencia‟, es un término latino que


procede de las palabras „bene’: bueno y ‘facere’: hacer. Si vamos a la página 113
del texto básico veremos varios significados.

Nos quedaremos con los que nos aportan el Diccionario de la RAE: “virtud de
hacer el bien” („active goodness‟) y el Diccionario María Moliner: “beneficiar,
favorecer, hacer el bien o ser bueno para alguien o algo”. Despojémonos del
sentido más común con que solemos usar la palabra beneficencia, y es el que se
asocia a las instituciones de caridad o a actividades de ayuda social.

El sentido como vamos a usar la palabra „beneficencia‟ es el de „hacer el bien‟ a


los demás a través de la propia profesión. Y aquí hay un doble sentido
explicaremos: “hacer bien” nuestra profesión y “hacer el bien” a los demás a través
de nuestra profesión.

3.2.1. La formulación del principio de beneficencia es: “Hacer bien una


actividad y hacer el bien a otros mediante una actividad bien hecha”. En esta clara

Guía didáctica: Etica


explicación del primer principio que debe cumplir toda profesión, destaquemos dos
cosas importantes concatenadas entre sí:

1. Hacer bien la actividad profesional. El primer principio que debe regir toda ética
profesional es hacer bien la actividad profesional.
2. Realizar el bien (fin) de esa profesión. Toda actividad profesional busca
alcanzar y realizar el bien (el fin) al que dicha actividad está constitutivamente
encaminada. Para ejercer bien la profesión primero hay que saber cuál es el fin
propio, legítimo de dicha profesión.

A. Hortal afirma que el fin de cada actividad es el bien al que está ordenada dicha
actividad: el fin/bien del cocinar es hacer comida; el fin/bien de telefonear es
comunicarse con alguien lejano; el fin/bien de un aparato es que funcione
adecuadamente.
Si hablamos de las profesiones de cada uno de ustedes, ¿cuál sería el bien al que
está ordenada o dirigida su actividad profesional?
Pensemos:
El bien que persigue y realiza la actividad del abogado es…
El bien que persigue y realiza la actividad del educador es…
El bien que persigue y realiza la actividad del psicólogo es…
El bien que persigue y realiza la actividad del comunicador es…
El bien que persigue y realiza la actividad del asistente de gerencia y de relaciones
públicas es…
El bien que persigue y realiza la actividad del economista es…
El bien que persigue y realiza la actividad del administrador es…
El bien que persigue y realiza la actividad del contador es…
El bien que persigue y realiza la actividad del gestor ambiental es…
El bien que persigue y realiza la actividad del ingeniero informático es…

Como ejemplo, podríamos contestar que el bien que persigue la actividad del
educador es formar personas; el bien que persigue la actividad del sicólogo es

Guía didáctica: Etica


tratar y curar las enfermedades síquicas de las personas; el bien que persigue la
actividad del administrador es dirigir productivamente una empresa.

Esta es la primera obligación moral de un profesional: realizar bien la actividad


propia de su profesión. Este es también el criterio para juzgar si una cosa está
bien hecha: en la medida en que cumpla ese bien o fin propio. Y también es el
criterio para juzgar a quien lo hace: un buen educador es quien forma bien a las
personas; un buen sicólogo es quien restaura bien la salud síquica de los
pacientes; un buen administrador es quien dirige eficaz y eficientemente una
empresa.

En definitiva, nos dice Augusto Hortal (p. 123) que debemos entender el principio
de beneficencia sobre todo como actuar en beneficio de los destinatarios de los
servicios profesionales realizando bien lo que busca cada práctica profesional, es
decir, el bien constitutivo de cada práctica, no cualquier bien o fin.

3.2.2. Para ser un buen profesional hay que ser una buena persona

Ya hemos visto que cada actividad profesional persigue y realiza un bien, que es
el fin o razón de ser de esa actividad. Pero este bien hace referencia solo a una
dimensión de la vida del hombre: la profesional.

Podría darse el caso de que nos preocupemos de ser buenos en el ámbito


profesional y que no lo seamos tanto en el resto de ámbitos. Caeríamos en la
paradoja de aquellos profesionales que son buenos en su trabajo, pero son malos
esposos o, malos padres, malos ciudadanos. Y a la inversa, que alguien sea un
buen esposo, padre, ciudadano, pero que sea un mal profesional. ¿Es compatible
obrar bien en algunas situaciones y obrar mal en otras? ¿Se puede ser a la vez un
buen profesional y descuidar a la familia? ¿O cuidar de la familia pero ser un mal
profesional?

Guía didáctica: Etica


La respuesta nos la da el filósofo griego Aristóteles afirma que hay una
subordinación entre todos los bienes y fines que el hombre realiza y persigue, de
tal modo, que unos bienes se realizan porque nos llevan a otros superiores. Por
ejemplo, cocinamos para alimentarnos y gozar de una buena salud que nos
permita crecer, trabajar
y vivir felices; hacemos una llamada de teléfono o por skype para interesarnos por
la otra persona y cumplir nuestra labor de madre, padre, esposo o hijo;
gerenciamos una empresa de lácteos para ofrecer alimentos básicos a la
población y también para generar un beneficio, sostener unos puestos de trabajo y
estimular la producción lechera de unas comunidades campesinas; y así
sucesivamente.

Esta concatenación de los bienes y fines que vamos persiguiendo y realizando nos
lleva a la pregunta por el fin o bien último por el que todo se hace y que se
constituye en el fin supremo, pues se quiere por sí mismo y no como medio para
alcanzar un fin superior. A este fin último Aristóteles lo llamaba „eudaimonía‟, que
quiere decir vivir bien y actuar bien. El significado profundo de esa vida buena o de
lo que es el bien es lo que tenemos que descubrir.

En el bien particular (el que se consigue en una determinada actividad


profesional) solo será un bien en la medida en que se integre o forme parte del
bien supremo, de ese fin último que es tener una vida buena, obrar el bien. Como
dice Augusto Hortal, “nada es
Verdaderamente bueno, éticamente bueno, si solo es bueno es un aspecto
restringido, si se absolutiza y aísla del bien supremo, si no se inscribe en un
proyecto de vida buena”. Y ya sabemos que una vida buena es una vida
plenamente realizada.

Dicho de otra manera el criterio último para juzgar una actuación y el bien (fin) que
realiza es en la medida en que contribuye a vivir esa vida buena o vida en plenitud

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no solo cada uno para sí mismo, sino por, con y para los otros. Aquí, tenemos
una clave importantísima para discernir si nuestra actuación profesional es buena:
si nuestra manera de realizar nuestra profesión nos ayuda a alcanzar ese bien o
fin supremo, que es una vida buena y plena. Por ejemplo: para una persona
creyente, sea católica o de otra religión cristiana, una vida buena es el amor a
Dios y al prójimo, con todos los valores y virtudes que ello implica, sobre todo la
misericordia, el perdón, la humildad, la generosidad.

Una buena actuación profesional será aquella en la que la persona, a través de su


profesión, practica estas virtudes en su entorno laboral. Así pues, ya tenemos la
respuesta a la pregunta inicial: ¿Se puede ser a la vez un buen profesional y
descuidar a la familia? Rotundamente NO. Ya hemos dicho que para que un bien
particular sea realmente un bien debe insertarse o contribuir al fin último que es
una vida buena. No dedicar tiempo a la familia, priorizar las cosas del trabajo,
aislarse, no nos conducen a una vida buena ni a nosotros ni a los demás. Por
tanto, esas actuaciones, dedicar excesivas horas al trabajo, vivir solo pensando en
el trabajo, no son buenas. Pueden ser buenas en el aspecto estrictamente laboral,
en cuanto que realizan el fin de la actividad profesional, es decir, esa persona
logra ser muy eficaz en su trabajo porque se entrega ilimitadamente a él y tendrá
muy satisfecho su jefe, pero no son actuaciones éticamente buenas porque no
ayudan a esa persona a ser un buen padre y un buen esposo.

Como dice Augusto Hortal (p. 128): “No es buen médico el que solo es médico; no
es buen profesional el que de tal manera apuesta unilateralmente por su propia
profesión que subordina todos los otros aspectos (económicos, familiares,
espirituales, sociales, etc…) a la propia profesión.” ¿O se puede cuidar de la
familia pero ser un mal profesional? De igual modo hay que decir un NO rotundo.

Por la misma razón: el que es irresponsable, ineficiente y hace mal el trabajo ni


realiza bien lo que debe hacer ni realiza el bien o fin de esa profesión, lo cual no
está de acuerdo con una vida buena y plena.

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En definitiva, nos dice Augusto Hortal que una acción será moralmente buena no
solo tomando en cuenta un ámbito de la vida, sino la totalidad de una vida que
merezca ser vivida y alabada como profundamente humana. Aquí surge, claro
está, la cuestión de definir qué es una vida “profundamente humana”.

3.2.3. ¿Qué es una vida buena y plena?

los distintos modos como se ha entendido la vida buena, al que se encaminan


todos los bienes y fines que el hombre persigue con sus distintos actos. Para unos
consiste en la búsqueda del placer, para otros consiste en la riqueza, para otros la
vida política y sus honores, y para otros es la vida intelectual o contemplativa.
Hortal nos dice que la vida buena es una “vida en plenitud”, pero no llega a definir
qué significa: “En qué consista en general y en concreto este bien supremo es una
cuestión permanentemente abierta”. Justamente, este es el debate central de la
ética, definir qué es la vida buena.

Por tanto, la vida buena y el obrar bien no es algo difuso sino muy concreto: es el
amor divino que se ha encarnado en este mundo en la persona de Cristo. ¿Cuál
es el parámetro de una vida realmente plena, digna y profundamente humana?: la
vida de Cristo, y el humanismo que Él nos enseña.

3.2.4. Bienes intrínsecos y bienes extrínsecos

Hortal nos dice que hay que distinguir actividades (cualquier cosa que hacemos
persiguiendo cualquier fin) de prácticas (actividades cooperativas que persiguen
bienes intrínsecos, aquellos que solo pueden conseguirse mediantes esas
prácticas). Las profesiones son prácticas o pretenden contribuir con algún tipo de
práctica. Dinero, poder, prestigio, status se pueden conseguir de muchas
maneras, mediantes distintas actividades. Construir casas, enseñar, aplicar la

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justicia, curar, que son bienes intrínsecos, solo se puede hacer mediante la
práctica responsable de esas profesiones.

Estas prácticas, por su relevancia, necesitan institucionalizarse y regularizarse, lo


que hace que generen, inevitablemente, una serie de bienes extrínsecos (dinero,
poder, prestigio, status), que en un principio no son malos. El problema es cuando
los bienes extrínsecos corrompen a los intrínsecos, es decir, los sustituyen, los
subordinan, los desplazan.

Este es el riesgo del corporativismo profesional: utilizar o manipular la profesión


para conseguir bienes extrínsecos. Es lo que llama Augusto Hortal “hacer
trampas”. Se ponen por encima los intereses económicos y de prestigio antes que
los bienes propios de la profesión, es decir, los bienes intrínsecos se ponen al
servicio de los extrínsecos.

3.3. El principio de autonomía

el principio de autonomía tiene su origen en los inicios de la modernidad (fines del


siglo XVIII, con la Revolución Francesa de 1789), cuando se terminan los
regímenes políticos absolutistas y totalitarios y se proclama la primera generación
de derechos humanos: los civiles y los políticos (libertad de conciencia y
pensamiento, libertad de prensa, el sufragio universal, la separación de poderes),
y el liberalismo económico. La idea latente en todo ese pensamiento moderno es
que “nada es verdaderamente humano si es impuesto a los hombres por los otros
hombres” y “la fe, la religión y la moral son verdaderas y valiosas si son libremente
elegidas o aceptadas” (p. 132).

Kant es el filósofo que aplica estas ideas al ámbito de la moral (p. 133). Afirma que
la libertad y la razón son propias de todos los seres humanos y fundamento de su
dignidad, por lo cual, la voluntad libre y racional del hombre es la única fuente de

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la ley moral. El hombre es moralmente autónomo, no obedece a ninguna instancia
externa, sino a su propia voluntad racional que le convierte en legislador de sí
mismo y en colegislador junto con los otros hombres.

Por este principio de la autonomía moral, los seres humanos son morales en la
medida en que libremente se determinen a sí mismos mediante la razón. De este
modo, si dos personas se unen para pensar en lo que deben hacer y se atienen a
lo que les dicta la razón, y no sus inclinaciones, deseos, intereses, posición social,
coincidirán plenamente en una ley moral, que, por tanto, no se la imponen el uno
al otro, sino que cada cual la descubre y la acepta con su razón. Cuando las
personas no coinciden es porque alguna de ella se está guiando por esas
preferencias, que no son racionales sino empíricas, es decir, fruto de sus deseos o
necesidades concretas e inmediatas.

el principio de autonomía se aplica para legitimar el pluralismo, es decir, el


conjunto de voluntades que discrepan entre sí pues cada una defiende su propia
arbitrariedad y forma de pensar. Por tanto, la autonomía en la vida real eleva a
canon (norma) la voluntad de cada uno, aunque no sea racional, haciendo que ese
acuerdo racional ideal, del que hablaba Kant, se convierta en que cada uno puede
hacer lo que quiera y aplicar los criterios que quiera en su ámbito de decisión. De
este modo, la autonomía racional deriva en una autonomía empírica que es la no
interferencia en el ámbito de decisión de uno, siempre que no perjudique ni
interfiera en la correspondiente capacidad de los demás.

el principio de autonomía se entiende como una no interferencia de unos en las


vidas, acciones y decisiones de los otros, salvo las interferencias que sean
expresamente deseadas o aceptadas por ellos. Este principio se basa, por tanto,
en un concepto negativo de libertad: ser libre (o estar libre) de las interferencias de
los demás o de lo que quieren los demás. La libertad de cada uno se ve en
contraposición o como amenaza de la libertad de todos los demás.

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Por esta razón, dice Hortal (p. 135), el principio de autonomía debe articularse, no
tanto con el principio de beneficencia, sino con el de no maleficencia, es decir, no
hacer daño a los otros.

La aplicación práctica del principio de autonomía en el ámbito profesional es claro:


implica reconocer que el cliente o usuario de los servicios profesionales es
persona, sujeto de derechos, y sus opiniones, convicciones y derechos deben ser
respetados, informándole y pidiendo su consentimiento para cualquier acción.

De este modo, el principio de autonomía completa al de beneficencia porque “la


vida profesional no es solo hacer cosas buenas y cosas bien hechas, y así hacer
el bien, sino en hacerlo desde la interior implicación (convicción propia,
autonomía) con el bien en sí, con el fin en sí que es la propia persona y la persona
de los demás.”

“Capacidad de realizar actos con conocimiento de causa, sin coacción” García


Agustín & Edmundo Estévez (2002) Introducción a la bioética: Fundamentación y
principios. El sentido del deber es la base de la moral. Laurent Michel Vacher,
Disponible en línea:
http://www.bioetica.org.ec/articulo_bioetica.pdf [consultado: 26/01/2012]
Los autores indican lo siguiente:
“Se lo ha definido como la autodeterminación, vale decir la capacidad de actuar
con conocimiento de causa y sin coacción externa”.
Según Tristan Engelhardt emita la siguiente fórmula: “no hagas a otros lo que
ellos no se harían a sí mismos y haz por ellos lo que te has puesto de acuerdo,
mutuamente en hacer”.

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PUNTO DE REFLEXIÓN
¿Qué planteamientos éticos considera usted fundamentales en la práctica de los
principios éticos y morales?
¿Qué criterios y estrategias considera importantes para mejorar la calidad de su
vida y de su propia profesión?

ACTIVIDADES RECOMENDADAS
1. Haga un relato breve sobre los hechos positivos que le han motivado a realizar
una actividad profesional concreta.

EL PRINCIPIO DE JUSTICIA

El concepto más sencillo de justicia es el de dar a cada uno lo que le corresponde,


Las razones por las que a cada hombre se le debe dar lo que le corresponde son
las siguientes :

a) porque somos hombres necesitados del reconocimiento y ayuda de los demás


para llegar a ser personas plenas. El principal título que podemos tener es el de
ser personas, dotadas de libertad, dignidad y derechos. Aquí se incluyen los otros
tres principios;

b) porque hay un contrato entre el profesional y su cliente, o entre el profesional y


la empresa que provee los servicios; ese contrato implica derechos para el cliente
y deberes para el profesional o empresa;

c) por el mérito contraído en su trabajo;

d) por participación proporcional en las cargas y beneficios;

e) por ley.

Lo justo es una variante de lo bueno, pues lo justo es lo que le conviene y


perfecciona al hombre, lo que corresponde a su dignidad.

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El sentido social que tiene toda profesión, en cuanto que provee unos bienes y
servicios necesarios a la sociedad, promueve el bien público y atiende los grandes
problemas e injusticias sociales; una profesión debe asumir como responsabilidad
brindar una atención desinteresada a los colectivos y personas de escasos
recursos; los profesionales ejercen en dos ámbitos con lógicas diferentes: el
entorno privado y el entorno público, en el que el sentido de justicia adquiere
matices distintos.

Una amenaza en contra de la justicia es el corporativismo (p. 155), la tendencia a


formar grupos cerrados, desligados de las necesidades sociales. Por el contrario,
la justicia implica articular las necesidades e intereses de los distintos grupos y
personas con los recursos disponibles, según criterios de justicia. En definitiva, las
profesiones se entienden desde la función social que cumplen y deben estar
vinculadas al contexto en el que surgen y al que quieren servir.

Hortal (p. 156) también menciona que otro conflicto relacionado con el principio de
justicia es el que se puede dar entre el ethos profesional, es decir, el carácter
moral del profesional, y los legítimos intereses de la empresa u organismo para el
que trabaja. Hay que poder armonizar ambas cosas, sabiendo que no se puede
ceder ante aspectos contrarios a los principios éticos de la profesión. Hortal es
realista y manifiesta que esto no siempre es posible y que hay veces que el
conflicto le puede llevar a alguien hasta a dejar su trabajo, pero el profesional está
respaldado, aunque no siempre sea muy eficaz, en lo que dicen las leyes, en los
códigos deontológicos y en los convenios o contratos colectivos que existen en
algunas empresas.

Atenerse al principio de justicia es situar cada profesión y a cada profesional en un


entorno determinado (social, político, económico, cultural, religioso…), y dentro de
un contexto institucional variable (sector público o privado), detectando las
necesidades de todos y los recursos disponibles en cada caso.

Tomando en cuenta estos factores hay que establecer prioridades, distribuir


recursos y fijar límites: no es lo mismo trabajar en un país desarrollado que en otro

Guía didáctica: Etica


que no lo es; trabajar en la empresa privada que en la pública; ofrecer unos
servicios básicos que ofrecer servicios exclusivos; …. La forma de distribuir los
bienes no siempre coincidirá en todos esos contextos. Es decir, los bienes
intrínsecos de una profesión no cambian, el respeto a las personas y a su
autonomía tampoco, pero las obligaciones de justicia y el compromiso con el bien
público varía.

4.2. El principio de no maleficencia

Sobre el origen de este principio (pp. 163-164), la formulación más conocida es:
“Primum non nocere” (Ante todo, no hacer daño), de Escribonio Largo (s. I d. de
C.). El filósofo Diego Gracia ve un antecedente en el Decálogo (los diez
mandamientos) y en la regla de oro: “no hagas a los demás lo que no quieras que
te hagan a ti”. Santo Tomás la incluye dentro del principio supremo de la ética: “el
bien hay que hacerlo y el mal hay que evitarlo”.

no nos interesa para nuestra materia. Lo que sí nos importa es entender la


importancia de este principio

está claro qué


es malo hacer (o dejar de hacer);

cencia) en determinados casos puede ser


negativo, incurriendo en paternalismo y violando la autonomía de la persona. El
bien se puede hacer de muchas maneras.

Por el contrario, evitar el mal es preceptivo, obligatorio, y no se necesita del


consentimiento ajeno.

o no hacer
algo, considerar el daño que se le puede ocasionar a la sociedad y al bien público.

los otros
principios establecen positivamente.

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usticias, hay
que saber primero qué bienes merecen ser promovidos y no afectados, qué trato
merecen las personas y a qué tienen derecho.

Importante:

Este principio es consecuencia directa de buscar el máximo bien en el otro, actitud


que es una manifestación propia del ser humano que nos engrandece y dignifica.

4.3. Articulación de los principios

En este capítulo 10 del libro, igualmente vamos a recoger las ideas esenciales y
las páginas concretas que nos interesa estudiar.

El objetivo de este apartado es demostrar que en la ética profesional, a la hora de


resolver la infinidad de casos que se nos presentan en nuestra labor, es necesario
considerar los cuatro principios, no solo uno de ellos y sacrificar los demás. ¿Por
qué? Dice Augusto Hortal (p. 174) que para ser un profesional ético hay que serlo
íntegramente, es decir, cumplir con todos los principios en la medida en que cada
situación lo permite. No se puede ser un profesional bueno si no se es justo, si no
se respeta a las personas, si no se es competente y responsable. Los principios
están vinculados entre sí.

PUNTO DE REFLEXION

Desde su criterio: ¿Cuál es la finalidad del principio de beneficencia, autonomía,


justicia, y de no maleficencia?

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¿Frente a un problema difícil, cuáles son las decisiones adecuadas que usted ha
tomado desde los códigos éticos o normas establecidas de su profesión para
resolver cualquier situación?

BIBLIOGRAFIA

Hortal, A. (2004). Ética general de las profesiones. Desclée De Brouwer, S.A., Bilbao.
España

Gatti, G. (2001). Ética de las profesiones formativas. Editorial San Pablo. Santafé
de Bogotá

Barraca, J. (2005). Una antropología educativa fundada en el amor. Editorial CCS.


Alcalá, MADRID

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