CIUDAD DE MUERTOS
Lenin Paladines Paredes
Hay muchas más cosas que nuestros sentidos pueden percibir, además de las que ya
conocemos. Hay otros mundos. Otras realidades. Lo sé porque lo he visto. He estado
ahí. Las alucinaciones son ejercicios que la mente practica para mostrarnos que hay otro
mundo que nuestros ojos no pueden distinguir a simple vista. La mayoría de las veces
no nos damos cuenta, pero mucho de lo que pensamos que es real, es solo un truco de
nuestra imaginación. Si se quiere ver, de esta manera, se puede decir que pretendo
contar algo sobre esto, que ocurrió, o que sucederá en algún momento. Me ocurrirá a
mí. Ahora que lo pienso, no sé quién trajo la idea; hay cosas que no se quedan
guardadas en la mente, que aparecen como recuerdos volátiles y que a la final se
desechan. Hay muchas más cosas, aunque no las podamos recordar. En todo caso, ahora
no importa. Éramos tan jóvenes en ese tiempo y no nos dimos cuenta de que no
teníamos idea de lo que significaba vivir. Acercarnos a los otros mundos parecía la
forma más real de sentir la realidad. Haber vivido en un mundo que se conecta con otros
y no experimentarlo era un desperdicio. Pero no sabíamos hasta dónde tendríamos que
ir. Hay situaciones que simplemente no se pueden explicar, y que nadie entiende.
Creíamos hacerlo mientras nos duró la emoción, pero, nada tiene sentido. Discutíamos
largamente sobre VALIS y la oportunidad de entablar conversación con el Sistema de
Vasta Inteligencia Viva'. Sabíamos que había algo más, a lo que no podíamos
acercarnos a través de los sentidos, pero que nos susurraba dentro de la mente justo el
momento en que nuestro cerebro se empezaba a desconectar. ¿Alguna vez han sentido
que se caen en el momento exacto en el que se empiezan a dormir? Es el instante de
VALIS intentando entablar contacto con ustedes. No estamos conscientes de que
nuestro cerebro está soñando. Asimilamos la realidad tal y como se nos presenta. Pero
hay una instrucción que falla. El cerebro se desconecta y caemos. Otras veces, escuché
voces. No podía distinguir nada y los sonidos eran ininteligibles, pero en el fondo sabía
que conocía perfectamente la voz que me hablaba. Un segundo después, ¡puf!,
despertaba en la oscuridad de mi cuarto, con el corazón latiendo a cien y viendo
desesperadamente las paredes negras, intentando forzar la vista hasta más allá de los
cuerpos sólidos y sintiendo la decepción de haber perdido el contacto una vez más.
Conversábamos mucho de eso. No conocíamos a nadie más que hubiera experimentado
casos similares. Alguna vez lo buscamos en una página de Internet y encontramos una
explicación: alucinación hipnagógica, algo así como un truco del cerebro para hacerle
creer al cuerpo que está despierto justo antes de perder la conciencia por el sueño.
Honestamente, nuestra explicación nos seguía pareciendo más interesante: era VALIS
tratando de comunicarse por las noches. Había un mundo más allá de este, que podía ser
más interesante, que tenía más secretos, más res-puestas, otros caminos. Sonará incauto,
pero en ese tiempo todavía creíamos en algo que no conocíamos, una imaginación más,
una menos, y a dormir. Los sueños se convirtieron en la forma de aislarnos del planeta.
En los sueños, las reglas que rigen el comportamiento de todo lo que normalmente nos
rodea, no funcionan. Hay muchos caminos e innumerables formas de recorrerlos. Nos
encontramos en los cruces. Saltamos realidades. Pusimos nombres a las ilusiones,
dejábamos caer bóvedas estrelladas sobre nuestros ojos. En los sueños nada es como
parece, nada funciona bien. En un momento dado, no sabes si estás o no todavía en el
sueño. La realidad no alcanza a describir el proceso de ruptura de lo tangible.
Reinventábamos soluciones, hacíamos sobrevivir a personajes, destruíamos imperios y
alzábamos otros, desconocidos. Yo, poco a poco fui perdiéndole el gusto. A. B. siempre
lo hizo mejor que yo. Siempre tuvo las mejores ideas. Sus alucinaciones siempre fueron
más fuertes. Quizá hasta entabló contacto con VALIS. No sé por qué digo todo esto. A.
B. me mostró la manera. Encontramos la forma de escaparnos del mundo por un rato, de
encontrarle sentido a lo hipnagógico, de interpretar símbolos, de imaginar realidades, de
andar en saltos por los mundos. Nos adentramos en el mundo onírico de una forma en la
que nadie más lo pudo hacer, porque nadie puede volver. Una vez que entras en el
sueño, no alcanzas a distinguir la realidad. Todos tenemos la capacidad de soñar. Todos
podemos encontrar nuevos sentidos a nuestras percepciones. Debemos aprender a leer la
realidad. Imagínense que se quedan en un cuarto oscuro donde no hay ninguna fuente de
luz, ni la más mínima. Pueden hacerlo ahora, si no me creen. Cierren o tapen las
ventanas, no puede haber nada que irradie luz, ni siquiera el puntito del televisor.
Inténtenlo. Quédense completamente a oscuras durante todo el tiempo que les sea
posible: media hora, una hora, doce horas. Entre más tiempo aguanten, más fácil será.
Recuerden, no puede haber ninguna fuente de luz. Si lo hicieron bien, en poco tiempo
empezarán a ver cosas: formas, líneas, círculos, pequeños objetos que pasan por delante
de sus ojos como en un desfile de luces, aparecerán poco a poco, a medida que sus ojos
se vayan acostumbrando a las nuevas frecuencias. Entre más tiempo lo hagan, será
mejor. Después de las formas vendrán las figuras, principalmente caras de todo tipo.
Caras haciendo muecas, caras gritando, caras llorando. En este punto, la mayoría de la
gente se asusta, porque no puede interpretar correctamente lo que ve, porque relaciona
los símbolos con lo que ha visto en la televisión, con las películas de terror y esas
idioteces. Aquí es importante aguantar. Si pasas los rostros, empezarás a ver lugares,
que conoces, lugares nuevos, lugares a los que solo tu mente puede acceder. Si soportas
más, te encontrarás con gente, habrás llegado a un universo en el que cada elemento se
comporta de manera individual. Tu propio universo en la palma de tu mente. Es fácil
alucinar. Lo complicado es volver al mundo real. A. B. y yo llegamos hasta donde nadie
que conozcamos lo había hecho. Ni los libros, ni los videos, ni las películas, ni nadie te
dirá cuál es el límite, hasta dónde se puede llegar. Como dije, lo complicado es regresar.
Ahora mismo, no sé dónde está A. B. No ha vuelto a escribir. Estoy buscando entre sus
cartas algo que me ayude a encontrarle. No es fácil salir del sueño. Una idea
equivocada, un camino mal tomado, podrían convertirse en el final de todo. Eso lo
sabíamos, pero nos reíamos de ello. Sé que A. B. tendrá las respuestas. Como dije antes,
siempre pudo hacerlo mejor que yo. Sabe más que yo. Vio más cosas. Ojalá encuentre
pronto a A. B.