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RETARDO MENTAL

Dr. Emilio MAJLUF

Dr. Francisco VÁSQUEZ PALOMINO

INTRODUCCIÓN

El retraso mental, llamado también retardo mental o discapacidad intelectual, abarca un amplio
grupo de pacientes cuyas limitaciones en la personalidad se deben, esencialmente, a que su
capacidad intelectual no se desarrolla lo suficiente para hacer frente a las necesidades del
ambiente y poder, así, establecer una existencia social independiente.

Fundamentalmente es un compromiso con el desarrollo del cerebro, de una enfermedad o de


una lesión cerebral que se produce durante o inmediatamente después del nacimiento, o es la
consecuencia de un déficit en la maduración debido a que los estímulos ambientales
provenientes de fuentes familiares, sociales o culturales han sido insuficientes para estimularla.
Se muestra como una incapacidad o limitación, tanto psíquica como social, y generalmente es
descubierta en la infancia.

El retraso mental puede acompañarse de cualquier otro trastorno somático o mental. De hecho,
los pacientes afectados de un retardo mental pueden padecer todo el espectro de trastornos
mentales, siendo la prevalencia de éstos al menos tres o cuatro veces mayor que en la
población general. Es importante remarcar, además, que los retrasados mentales tienen mayor
riesgo de sufrir explotación o abuso físico y sexual.

DEFINICIÓN

El término discapacidad intelectual o retraso mental significa "un funcionamiento intelectual por
debajo del promedio, que se presenta junto con deficiencias de adaptación y se manifiesta
durante el período de desarrollo (antes de los 18 años)". Esta definición, tomada de la
Asociación Americana de Deficiencia Mental, nos proporciona una visión dinámica del trastorno.

ETIOLOGÍA

Los modelos adaptativos, biomédico y sociocultural, representan las dos aproximaciones


principales a la definición conceptual del retraso mental. Los seguidores del primer modelo
insisten en las alteraciones básicas en el cerebro como condición primordial para su diagnóstico.
Los que proponen la segunda aproximación dan más importancia al funcionamiento social y a la
adaptación general a normas aceptadas (Freedman, 1977).

La etiología del retraso mental se considera mayoritariamente multifactorial, y la combinación


de los diversos factores etiológicos condiciona la gran variedad de manifestaciones clínicas. Se
acepta que aproximadamente en el 30-40% de estos casos examinados a nivel de consulta
externa, no se puede determinar una etiología clara a pesar de haberlos sometido a complejas
evaluaciones. En el resto de los casos, los principales factores causales se distribuyen de la
siguiente forma: aproximadamente en un 50% se detectan factores hereditarios; en un 30%,
alteraciones tempranas del desarrollo embrionario; en un 50%, trastornos somáticos de la
niñez; mientras que las influencias del entorno y los trastornos mentales, se registran entre el
15-20% de los casos. Estos factores no se excluyen entre sí.
Siguiendo la clasificación de Freedman (1980), las causas y los síndromes asociados al retraso
mental pueden dividirse en:

1. Factores prenatales:

1.1 Trastorno del metabolismo de los aminoácidos.

1.2 Trastornos del metabolismo de las grasas. Los más frecuentes:

1.3 Trastornos del metabolismo de los hidratos de Carbono.

1.4 Trastornos metabólicos diversos.

1.5 Aberraciones cromosómicas.

1.6 Infecciones maternas durante el embarazo.

1.7 Complicaciones del embarazo

2. Factores perinatales: Prematuridad, retraso del crecimiento intrauterino, lesiones durante


el nacimiento, lesiones traumáticas cerebrales, factores anóxicos, querníctero.

3. Factores Post-natales: Meningitis purulenta, meningoencefalitis vírica, meningoencefalitis


aséptica, intoxicación por plomo, traumas, trastornos convulsivos, espasmos infantiles,
convulsiones febriles, parálisis cerebral, enfermedad de Heller, malnutrición.

4. Factores socioculturales: Problemas médicos, problemas sociales y emocionales,


deprivación ambiental, retraso mental familiar.

GRADOS DE RETARDO MENTAL

El déficit en la función intelectual es considerado como su principal característica. Se toma en


cuenta el cociente intelectual (C.I.) para clasificar los grados de retardo. Aquél debe
determinarse mediante la aplicación individual de pruebas de inteligencia estandarizadas y
adaptadas a la cultura de la población de la cual es miembro el sujeto. Las escalas de madurez
social y de adaptación aportan una información complementaria, siempre y cuando estén
adaptadas al medio cultural del paciente, debiendo completarse con entrevistas a los padres o a
las personas que cuidan al enfermo y que conocen su discapacidad para la actividad cotidiana.
Sin la aplicación de métodos estandarizados, el diagnóstico del retardo mental debe ser
considerado como provisional. El carácter pluridimensional de éste se refleja también en los
diversos enfoques utilizados para clasificar esta enfermedad. Esencialmente, todos ellos se
refieren a las características del desarrollo del paciente, a su potencial de educación y
entrenamiento, y a su adecuación social y vocacional. Los grados o niveles de retraso son
clasificados por la CIE-10 de la forma siguiente:

F70 Retraso mental leve (50 a 69 de C.I.)

F71 Retraso mental moderado (del 35 a 49 de C.I.)

F72 Retraso mental grave (del 20 a 34 de C.I.)

F73 Retraso mental profundo (menos de 20 de C.I.)


F78 Otro retraso mental

F79 Retraso mental sin especificación

F70 Retraso Mental leve: Llamado también debilidad mental, subnormalidad mental leve,
oligofrenia leve, morón. Se considera que un cociente intelectual (C.I) de 50 a 69 corresponde a
un retraso mental leve.

Son pacientes que adquieren tarde el lenguaje, aunque son capaces de mantener una
conversación y, por lo tanto, de expresarse en la vida cotidiana. Una gran parte llega a alcanzar
una independencia para el cuidado de su persona (comer, lavarse, vestirse y controlar los
esfínteres). Las mayores dificultades se presentan en las actividades escolares, sobre todo en la
lectura y la escritura. Pueden desempeñarse en labores prácticas, más frecuentemente en
trabajos manuales semicualificados.

Cuando el retraso va acompañado de una falta de madurez emocional o social destacadas,


pueden presentarse dificultades para hacer frente a las demandas del matrimonio o la educación
de los hijos, así como en la adaptación a la cultura.

En sólo una minoría de los adultos afectados puede reconocerse una etiología orgánica.

F71 Retraso Mental Moderado: Llamado también imbecilidad( el término es peyorativo y se


encuentra en desuso), subnormalidad mental moderada u oligofrenia moderada. Los pacientes
con retraso mental moderado muestran una lentitud en el desarrollo de la comprensión y el uso
del lenguaje, teniendo en esta área un dominio limitado. Los avances escolares son limitados, y
aprenden sólo lo elemental para la lectura escritura y cálculo. Tienen dificultad para su cuidado
personal. Sus funciones motrices son pobres, y necesitan de una supervisión permanente. Se
considera que un cociente intelectual (C.I.) comprendido entre 35 y 49, corresponde al retraso
mental moderado. En el trabajo desarrollan labores prácticas y sencillas, siempre y cuando
estén detalladamente estructuradas y se les supervise de modo adecuado. De adultos es difícil
que desarrollen una vida social completamente independiente; sin embargo, muchos de ellos
son físicamente activos, con total capacidad de movimientos. El nivel de desarrollo del lenguaje
varía, desde la capacidad para tomar parte en una conversación sencilla, hasta la adquisición de
un lenguaje sólo para lo cotidiano. Existen pacientes que nunca aprenden a hacer uso del
lenguaje y utilizan la gesticulación manual para compensar la carencia verbal. En la mayoría se
detecta una etiología orgánica. Son frecuentes el autismo, o trastornos del desarrollo, así como
también la epilepsia, los déficit neurológicos y las alteraciones somáticas.

En la literatura psiquiátrica se consignan no pocos casos de retardo mental con memoria


prodigiosa, sobre todo con los números. Es el caso de Inaudi, que a los 6 años causaba
admiración por sus cálculos mentales y, a los 12, fue estudiado por Broca, cuando aún no había
aprendido a leer; podía repetir fácilmente al revés y al derecho 30 números con sólo verlos una
vez, habiendo llegado en una ocasión a repetir 400 números. Por otra parte, Maudsley refiere el
caso de un retardado mental que después de leer el periódico cerraba los ojos y lo repetía
íntegro. Asimismo, Bleuler nos relata el caso de un retardado mental que después de oír un
sermón lo repetía textualmente, pero sin comprender su sentido.

F72 Retraso Mental Grave: Llamado también subnormalidad mental grave u oligofrenia
grave. Se considera que un cociente intelectual (C.I.) entre 20 y 34, corresponde a retraso
mental grave.

El paciente con retraso mental grave presenta un cuadro clínico mucho más severo que el
anterior; básicamente, su etiología es orgánica, asociada a otros trastornos con escaso o nulo
nivel del desarrollo del lenguaje, necesitándose, generalmente, de una anamnesis indirecta. La
gran mayoría de los pacientes presenta marcado déficit motor, o la presencia de otras carencias
que dan evidencia clínica de un daño o anormalidad del desarrollo del Sistema Nervioso Central.

F73 Retraso Mental Profundo: Llamado también idiotez, subanormalidad profunda u


oligofrenia profunda. Se considera que el C.I., es inferior a 20.

Los pacientes de este grupo poseen muy limitada capacidad para cuidar sus necesidades
básicas, y requieren ayuda y supervisión permanente. No muestran capacidad para comprender
instrucciones o reconocerlas y actuar de acuerdo a ellas. Su comunicación no verbal es muy
rudimentaria; muestran una movilidad muy restringida o totalmente inexistente, no controlan
esfínteres. La etiología es generalmente orgánica. Suelen estar acompañados de trastornos
somáticos y neurológicos graves que afectan la motricidad, así como de epilepsia o de
alteraciones visuales y auditivas. Es frecuente el autismo atípico, sobre todo en aquellos que son
capaces de caminar, así como la presencia de trastornos generalizados del desarrollo en sus
formas más graves.

DIAGNÓSTICO CLÍNICO

El diagnóstico de retardo, cualquiera sea su grado, debe hacerse muy cuidadosamente y por un
profesional experimentado. Un diagnóstico equivocado puede causar daños irreparables para el
futuro del niño, así como prejuicios familiares y sociales. Debe utilizarse los siguientes
procedimientos:

1. Historia Clínica

Anamnesis individual y familiar. La historia del embarazo y del parto, la consanguinidad de los
padres y la presencia de trastornos hereditarios en la familia.

2. Examen Físico

Debe incluir una minuciosa observación del nivel de actividad del niño y de la cantidad de
interacción con los padres, con otras personas y con objetos inanimados. El examen físico debe
ser prolijo y objetivo.

3. Examen Neurológico

La incidencia y gravedad de los trastornos neurológicos, generalmente, se acrecienta en


proporción inversa al grado de retraso; pero, muchos niños con retraso grave no tienen
anomalías neurológicas graves. Inversamente, alrededor del 25% de todos los niños con
parálisis cerebral tienen inteligencia normal. En el examen debe explorarse áreas motoras,
sensoriales y síndromes neurológicos.

4. Pruebas de Laboratorio

Exámenes bioquímicos, serológicos, citogenéticos, así como radiografías de cráneo, tomografía


axial computarizada y resonancia magnética.

5. Examen Psiquiátrico

Exploración psiquiátrica que abarca la entrevista, la historia psiquiátrica y el examen del estado
mental, pruebas de inteligencia y personalidad.
Es frecuente encontrar alteraciones en la conducta tales como hiperactividad, irritabilidad,
evitación y agresividad.

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

Diversas condiciones médicas pueden simular el retraso mental. Los niños que proceden de
hogares que proporcionan una insuficiente estimulación, pueden presentar retrasos motores y
mentales que son reversibles, si se les proporciona un entorno enriquecido y estimulante en la
primera etapa de la niñez. Diversas incapacidades, sobre todo la sordera y la ceguera (así por
ejemplo Helen Keller, la ciega y sordomuda famosa por su inteligencia y voluntad), pueden
simular un retraso mental. Sin embargo, es necesario establecer el diagnóstico diferencial con:

1. Los trastornos específicos del desarrollo

El atraso en éste caso es en un área específica y no global.

2. Los trastornos generalizados del desarrollo

Aparece una alteración cualitativa en el desarrollo de la interacción social, de las habilidades de


comunicación, tanto verbales como no verbales, y de la imaginación.

3. Capacidad intelectual limítrofe

Generalmente, se establece dentro del rango de C.I. de 71 a 84, que requiere de una detenida y
prolija evaluación de todas las fuentes de información psicobiosociales.

PROGRAMA DE TRATAMIENTO

La medicina no posee los medios para curar a un retardado, una vez que el cuadro se ha
instalado. El éxito terapéutico reside, en realidad, en el diagnóstico precoz. Se debe prevenir y
diseñar un programa terapéutico integral que trate de frenar los diversos factores que en cada
caso estén en juego. Sin embargo, se puede programar:

1. Tratamiento biológico: psicofarmacología.

2. Terapia psicológica: técnicas conductuales: individual y grupal.

3. Terapéutica recreativa: ludoterapia, deporte, actividades artísticas.

4. Pedagogía terapéutica: durante el período escolar.

5. Formación técnica: talleres protegidos.

6. Programas educativos a la familia y la sociedad.

7. Organización de servicios especializados.

El abordaje terapéutico debe ser multidimensional.


PREVENCIÓN E IMPORTANCIA FAMILIAR Y SOCIAL

Todos los conocimientos expuestos en este capítulo tienden a reforzar el criterio de lograr
máxima prevención posible del retardo mental. Se considera que en un 30% de los casos se
puede prevenir un retardo mental. En general, la profilaxis del retraso mental debe tener en
cuenta:

1. Información; cuando una pareja ha concebido un hijo con retraso mental, netamente
hereditario y de transmisión conocida, la probabilidad de tener otro hijo anormal es mayor que
la media de la población general.

2. Prevención de infecciones e intoxicaciones en la gestación; rubeola, sífilis, reducción


del consumo de alcohol.

3. Reducción de Contaminación ambiental; plomo y radiaciones.

4. Dieta adecuada

5. Investigaciones de las incompatibilidades sanguíneas fetomaternas.

6. Examen especiales

7. Prevención de los traumatismos obstétricos: anoxia neonatal.

8. Mejoría de la nutrición, agua, desagüe y vivienda.

Si hay algo que los niños y adultos con retardo mental comparten con mucha angustia, es que
son diferentes; éstas circunstancias hacen que socialmente sean considerados como
"excepcionales". Muchas veces las familias sobreprotegen a estos niños y no les brindan la
oportunidad de experimentar y resolver sus propias necesidades, generando una imagen
desdibujada de compasión y pena e impidiéndoles que crezcan y maduren, merced al ensayo y
error en la experiencia de vivir por sí mismo. No se les prepara para la frustración positiva que
conduce al crecimiento, desprendimiento y madurez, actitud familiar que debe corregirse

En suma, según Freedman "el retraso mental puede ser considerado como un problema médico,
psicológico o educacional, aunque en último análisis es, fundamentalmente, un problema
social".

LECTURAS RECOMENDADAS

1. VALLEJO RUILOBA, J., Introducción a la Psicopatología y Psiquiatría, Tercera edición.


Barcelona, Salvat, 1991.

2. VIDAL, G., Y ALARCÓN, R., Psiquiatría, Buenos Aires, Editorial Panamerica, 1986.

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