Los componentes del Currículo
Saberes básicos
Para el alumnado es imprescindible adquirir y desarrollar competencias, ya sean clave o
específicas de área y materia, y sin duda van asociadas a la adquisición de determinados
contenidos.
Hacer que el aprendizaje de los contenidos sea competencial implica que los estudiantes no
aprendan de manera memorística, sino que sepan resolver situaciones de manera positiva, que
su aprendizaje sea significativo, profundo, basado en la experiencia.
Los contenidos son importantes ya que no se pueden desarrollar las competencias desde la
nada, pero es importante establecer unos buenos criterios que lleven a la correcta selección de
los contenidos, y para ello es preciso tener en cuenta los desafíos que vivimos en multitud de
ámbitos: desigualdades sociales, medio ambiente, salud, conflictos…; así como los múltiples
campos del saber que existen en la actualidad.
El alumnado deberá adquirir unas competencias clave y unas competencias específicas de
área y materia, que, exigen aprender, además, contenidos propios de las disciplinas de
referencia. Cuáles son estos saberes específicos dependerá de los tipos de actuaciones
identificados en las competencias y de las capacidades a las que se asocian.
Asimismo, los alumnos adquirirán los contenidos precisos para lograr el perfil de
salida, cambiando así no la importancia del aprendizaje de contenidos, sino el papel que las
diferentes disciplinas aportan al estudiantado, permitiéndole afrontar los desafíos del siglo
actual de manera eficiente, respetuosa con el medio en el que vive y con las personas con las
que vive.
Situaciones de aprendizaje competencial
Uno de los aspectos más destacados de la LOMLOE es su enfoque competencial, que tiene
como objetivo que los estudiantes sean capaces de actuar de manera eficaz con ayuda de los
profesores o de sus compañeros en situaciones propias de la vida cotidiana. Es importante
tener en cuenta la situación en la que se desarrolla ese aprendizaje; por ejemplo, es más fácil
que un alumno sea capaz de adquirir una competencia si se encuentra relajado y si las
acciones necesarias para lograr dicha competencia parten de sus gustos y motivaciones que si
se le plantea una actividad cerrada con la que no siente ningún vínculo.
Es el docente quien debe desarrollar estas situaciones, ya que conoce a sus alumnos, y el
contexto concreto en el que se produce el aprendizaje; por lo tanto, deben formar parte del
proyecto curricular de los centros; lo que no impide que las distintas autonomías incluyan en
sus currículos pautas para diseñar dichas situaciones.
Una actividad de aprendizaje competencial bien diseñada plantea un motivo que da sentido a
la tarea y motiva a la acción. Además, crea un contexto que ofrece las condiciones para que la
actividad vaya progresando hacia la meta que se persigue.
¿Cómo diseñar una situación de aprendizaje competencial?
Crear actividades que interesen a todos los alumnos de una clase es motivador, por eso es
bueno aprovechar situaciones cotidianas: perder un autobús, olvidarse el bocata, recibir una
visita inesperada, viajar… en casi todo lo que sucede a diario hay una buena oportunidad para
el aprendizaje; pueden servir para generar conocimiento, desarrollar competencias,
habilidades, destrezas, actitudes y valores.
Las situaciones pueden ser reales, pero también pueden simularse, reconstruirse, escenificarse
o bien analizarse a través de un video, nota informativa, registro fotográfico o visita al lugar
de los hechos… Ya tenemos la situación, pero ¿cómo la convertimos en un aprendizaje
que cumpla unos requisitos curriculares?
• Elegir los elementos curriculares: competencias, materias a las que afecta,
aprendizaje esperado, forma de evaluar, etc.
• Definir la estrategia: mapa conceptual, debate, video, representación teatral, estudio
de caso. (Se identifica qué estrategia nos va a ayudar para desarrollar las
competencias).
• Definir el propósito o propósitos de las sesiones: en los propósitos deben
plasmarse los criterios de evaluación.
• Asignar un nombre a la situación de aprendizaje: debe ser atractivo de manera
que despierte el interés de los estudiantes.
• Diseñar la secuencia didáctica:
• En el inicio: activar la atención, dar a conocer el o los propósitos así como los
criterios de evaluación, rescatar y movilizar los conocimientos previos, plantear
el conflicto cognitivo mediante una pregunta o frase retadora.
• En el desarrollo: formar equipos de trabajo, analizar, formular hipótesis,
investigar, experimentar, interactuar con el problema, caso u objeto de
conocimiento.
• En el cierre: resumir los conocimientos y relacionarlos con ideas previas,
demostrar los aprendido, reflexionar, retroalimentar.
Aprendizajes competenciales
El hecho de plantear los currículos desde un enfoque competencial supone focalizar en los
aprendizajes desde un punto de vista práctico, que le permita al alumnado actuar de manera
eficaz y adecuada en diferentes situaciones.
A la hora de identificar y formular de manera clara los aprendizajes es preciso tener en cuenta
los siguientes aspectos:
• Tipo de actuaciones y sus características.
• Contenidos o saberes necesarios para poder adquirir una competencia.
• Características de las diferentes situaciones en las que se ha de poner en práctica determinada
competencia.
El modelo curricular con el que se están elaborando las propuestas curriculares en el marco
de la LOMLOE contempla dos tipos de competencias: las competencias clave y las
competencias específicas de área (en la Educación Infantil y Primaria) y de materia (en la
Educación Secundaria Obligatoria).
Las competencias claveS
Las competencias clave «son aquellas que todas las personas precisan para su realización y
desarrollo personales, su empleabilidad, integración social, estilo de vida sostenible, éxito en
la vida en sociedades pacíficas, modo de vida saludable y ciudadanía activa»
( Recomendación del Consejo de 22 de mayo de 2018 ).
Se trata de competencias que permiten actuar en situaciones muy diversas y que su
adquisición y desarrollo implican la combinación de «conocimientos, capacidades y
actitudes» muy generales y en buena medida transversales.
De acuerdo con el marco de referencia europeo estamos hablando de las siguientes:
competencia en lectoescritura; competencia multilingüe; competencia matemática y
competencia en ciencia, tecnología e ingeniería; competencia digital; competencia personal,
social y de aprender a aprender; competencia ciudadana; competencia emprendedora, y
competencia en conciencia y expresión culturales.
Las competencias específicas
Con este tipo de competencias se hace referencia a entornos más cercanos y relacionados con
las situaciones o actividades en las que para su realización es necesario que el alumnado
tenga unos contenidos básicos del área o materia.
A través de las competencias específicas se definen los aprendizajes esenciales de la
educación básica y son las que permiten conectar los conocimientos, capacidades y actitudes
transversales y generales propios de las competencias clave con los contenidos básicos
(conceptos, habilidades y destrezas, actitudes, valores) propios de los ámbitos de experiencia
y de conocimiento disciplinares.
Perfil de salida del alumnado
El perfil de salida refleja el tipo de persona que con la ayuda de la educación queremos que se
desarrolle en nuestra sociedad, una pequeña contribución hacia la sociedad futura desde la
mirada de la educación.
Por tanto, el perfil de salida trata de dar respuesta al para qué de la educación obligatoria que
se concreta en los aprendizajes esenciales y los contenidos básicos, así como en las
situaciones de aprendizaje y los criterios de evaluación.
Para que el alumnado adquiera el perfil de salida marcado en el currículo, es necesario
relacionar las competencias clave con los desafíos del siglo xxi, marcados en los Objetivos de
Desarrollo Sostenible especificados en la Agenda 2030.
Estos desafíos son cada vez más complejos, y para afrontarlos es necesario adquirir los
conocimientos, capacidades y actitudes que subyacen a las competencias clave. También
haber desarrollado y adquirido las competencias específicas y los contenidos básicos
necesarios para comprender y valorar las situaciones y los fenómenos en los que se
manifiestan.
La meta es enseñar a usar el conocimiento para guiar la acción: para planificar hábitos
saludables personales y de salud pública; proteger el medio ambiente; resolver conflictos de
forma pacífica; usar las tecnologías de manera crítica, ética y responsable; manejar la
ansiedad que genera la incertidumbre… Esta dimensión de uso del conocimiento es la que
conecta los desafíos con el enfoque competencial. Superar con éxito los retos implica
movilizar los conocimientos para solucionar necesidades presentes en la realidad.
Situaciones y criterios de evaluación
Los aprendizajes que han de adquirir los estudiantes vienen marcados por las competencias
específicas, pero también se hace necesario establecer los niveles de logro que se deben
conseguir en los ciclos correspondientes; por ello es imprescindible hablar de criterios de
evaluación.
Los criterios de evaluación son el punto de referencia que muestran las características que
deben tener y las exigencias que deben cumplir las actividades realizadas por el alumnado
encaminadas a lograr las competencias específicas marcadas para cada materia.
No estamos hablando de tareas o de criterios de calificación, sino del hecho de que los
docentes en su práctica profesional deben diseñar actividades que consideren adecuadas para
comprobar que sus alumnos adquieren los niveles de logro de los aprendizajes que ellos
mismos establecen, se trata, en definitiva de diseñar actividades que le sirvan al alumnado
para aprender, y al mismo tiempo el docente pueda enseñar y evaluar a través de ella; por lo
que no es necesario realizar o programar actividades para el aprendizaje y actividades para la
evaluación.
Además, es preciso tener en cuenta que los criterios de evaluación no lo son de calificación.
Una vez que el docente ha identificado, en una situación de aprendizaje concreta, el nivel de
competencia al que el estudiante ha llegado, puede convertir esta información en una nota o
en una valoración, sin ser el papel fundamental de los criterios de evaluación, cuya función es
precisar las intenciones educativas expresadas en las competencias específicas y en los
contenidos básicos.