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Derecho Ambiental y Desarrollo Sustentable

UNIDAD 3. Cambio Climático y la Resiliencia Ecológica


Introducción

Es indispensable entender que la calidad de vida y el desarrollo de la sociedad está


íntimamente ligado con el estado que guardan sus recursos naturales. Desde el inicio de
la civilización hasta nuestros días, el ser humano ha aprovechado los recursos naturales de
todo tipo para satisfacer sus necesidades e impulsar su desarrollo, tanto cultural como
económico; en un inicio, la actividad humana no rebasó la capacidad de carga de los
ecosistemas, sin embargo, a partir de la Primera Revolución Industrial que tuvo lugar a
finales del s. XVIII, la explotación desmedida de los recursos naturales provocó un
desequilibrio ecológico que ha sido creciente hasta nuestros días. Por ello, en la
actualidad enfrentamos el reto de lograr el desarrollo sustentable, lo que implica
la integración de las dimensiones social, ambiental y económica en un mismo plano en
la toma de decisiones de orden público y la reestructuración de las formas de
producción en el sector privado; de lo contrario, se comprometen el desarrollo y la
calidad, disponibilidad y preservación de los recursos naturales.

Objetivo particular

El alumnado comprenderá la transformación de la relación del ser humano con el


ambiente y el impacto que ha sufrido este último a causa del primero.

Temario

Unidad 3. Cambio Climático y la Resiliencia Ecológica

 1. Intervención humana en los ciclos naturales


 2. Riesgos climáticos
 3. Beneficios económicos de la acción climática
 4. Precios del carbono y divulgación de riesgos financieros
 5. Transición a la energía limpia
 6. El sector público y privado y su compromiso con la política climática
 7. Protección de paisajes sostenibles y resilientes
Creando conciencia

Geoingeniería
¿Ha escuchado hablar de la Geoingeniería? ¿Sabe en qué consiste?

A continuación lea un fragmento del artículo Geoingeniería: Los peligros de jugar a ser
Dios que habla del tema:
En su libro La salud que viene: Nuevas enfermedades y el marketing del
miedo, Jara (2022) expone que…

…durante los últimos lustros han surgido entidades que, financiadas por el sector petrolero y
químico, han intentado crear confusión en torno a la existencia del cambio climático para retrasar
la adopción de medidas destinadas a combatirlo, dado que estas no pueden beneficiarles. Con el
paso del tiempo el deterioro ambiental es tan evidente que hoy en día no se duda tanto de la
acción del hombre y su sociedad de consumo sobre el clima, sino que se insiste en la “mitigación”
y “adaptación” de nuestro sistema al cambio climático. Eso quiere hacerse mediante un nuevo
mercado que es el que proporciona la geoingeniería: regular la temperatura del planeta a niveles
confortables para la vida por medio de complicadísimos y costosísimos proyectos tecnológicos; es
decir, no tocar el sistema económico que nos ha conducido a esta situación y además hacer
negocios nuevos con las tecnologías de combate del cambio climático.

Al respecto le invitamos a reflexionar en lo siguiente:

¿Cuáles considera serían las ventajas y desventajas de la geoingeniería en nuestro país?

Comparta su respuesta con la persona que lo asesora y sus compañeros (as) dentro
del Foro general de la asignatura.

Intervención humana en los ciclos naturales

La materia circula desde los componentes abióticos que conforman los sistemas naturales
hacia los organismos vivos que se habitan en el ecosistema y de regreso; esa circulación
constituye los ciclos biogeoquímicos, estos son procesos naturales que reciclan
elementos en diferentes formas químicas desde el medio ambiente hacia los
organismos, y luego a la inversa (González, 2007).

El planeta tierra es un sistema cerrado, lo que significa que permite el ingreso y salida de
energía, sin embargo, la materia contenida dentro de este sistema no se ve afectada por
otros agentes físicos externos (Planas, 2021), es decir, que no permite un intercambio de
materiales. Por lo anterior, la materia utilizada por los organismos casi siempre se
reutiliza y a menudo circula varias veces, tanto dentro de los ecosistemas como fuera de
ellos (González, 2007). Entre los ciclos biogeoquímicos más importantes que conectan los
componentes vivos y no vivos de la Tierra se encuentran el del agua, carbono, oxígeno,
nitrógeno y fósforo entre otros elementos.

La aceleración del cambio climático como consecuencia de actividades antrópicas; el


impacto en el equilibrio dinámico del efecto invernadero aunado a la alteración de los
ciclos biogeoquímicos (carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y fósforo) por actividades
intensivas del tipo agrícola y ganadero, la contaminación y pérdida de suelo mediante
procesos de erosión, deforestación y desertificación, además de la pérdida de diversidad
biológica y ecosistémica (Azqueta, 2007: 2-9) son consideradas las principales
problemáticas ambientales que impactan en los sistemas naturales e impiden su
conservación.

Estudios recientes han demostrado que la heterogeneidad estructural de los ecosistemas


varía significativamente en relación con las condiciones ambientales (Romero, 2019), es
decir, se ha comprobado que existen cambios significativos en la estructura de las
poblaciones bióticas en función de las diferencias o variaciones locales en el ambiente
dentro de una misma región. La estructura de la biodiversidad (riqueza y dominancia de
las especies) que definen los atributos ecológicos de una comunidad, puede cambiar en
relación con la variación de las condiciones ambientales (Romero, 2019).

Entre los efectos de mayor relevancia en relación con el desequilibrio de los ciclos
biogeoquímicos provocado por las actividades antropocéntricas, se encuentran los
siguientes (González, 2007):

Ciclo del Carbono


A través de las actividades humanas se liberan grandes cantidades de carbono a la
atmósfera a un ritmo mayor de aquel con que los productores y el océano pueden
absorberlo, aumentando las concentraciones de CO2 en la atmósfera, entre otros gases
que capturan la radiación solar, lo que provoca el efecto invernadero.

Ciclo del Agua


Las acciones humanas pueden agotar el suministro del agua subterránea, causando una
escasez de ésta y el consecuente hundimiento de la tierra al ser extraído el líquido, como
ocurre en la Ciudad de México. Al remover la vegetación, el agua fluye sobre el suelo
más rápidamente de modo que tiene menos tiempo para absorberse en la superficie, es
por esta razón que la deforestación es uno de los principales factores que provocan la
desertificación y el desabasto de agua.
Riesgos climáticos

El cambio climático es un concepto que relaciona el contexto científico y el social, pues


requiere del reconocimiento de determinados derechos que son más propensos a ser
afectados por este fenómeno en distintos niveles, ya sea por efectos directos o indirectos
que produce el cambio climático que transgreden o limitan el disfrute de los derechos
humanos. En consecuencia, los riesgos climáticos promueven el acercamiento de dos
marcos teóricos distintos, el cambio climático y los derechos humanos, que deben
entenderse para abordar integralmente el problema y asegurar que cualquier política de
adaptación y mitigación del cambio climático sea planteada y ejecutada con un enfoque
que tenga en cuenta sus particularidades, pues afirma que determinados derechos (como
los derechos a la vida, la salud, el agua, la alimentación, la vivienda, el desarrollo y la libre
determinación) merecen algún nivel de justicia climática (Consejo de Derechos Humanos,
2016).

Durante las últimas décadas se han observado una gran cantidad de fenómenos en
respuesta al cambio climático, tales como:
Usualmente existen muchos pronunciamientos e investigaciones que evidencian los
efectos del cambio climático en comunidades específicas, llamando la atención sobre el
impacto diferenciado de estos grupos en distintas situaciones de vulnerabilidad y espacios
territoriales (PNUD, [Link]
Cambio climático y calentamiento global
Este problema ambiental se conoce como efecto invernadero, es un fenómeno
caracterizado por la retención en la atmósfera de una cantidad de calor (proveniente de
la luz solar) superior a la que se propaga debido a la presencia de gases de efecto
invernadero (GEI) en abundancia, entre los que destacan el bióxido de carbono,
los fluoro carbonos, los clorofluorocarbonos y el metano, que tienen precisamente la
capacidad de retención de energía calorífica. Al no esparcirse el calor en el espacio, las
capas superiores de aire se estratifican alterando la dinámica natural de los vientos, los
climas y las corrientes oceánicas produciendo el sobrecalentamiento terrestre que, con
el transcurso del tiempo, causa el descongelamiento de los hielos perpetuos y los
glaciares, provocando el incremento en el nivel del mar e inunde las zonas
costeras donde reside un gran porcentaje de la población humana.
Adelgazamiento de la capa de Ozono
Este problema ambiental ha sido causado por la presencia en la atmósfera de fluoro
carbonos generados por la actividad industrial, los cuales destruyen la capa de ozono,
que dota de protección natural contra los rayos ultravioleta de onda corta; éstos al llegar
directamente a la biósfera, afectan toda forma de vida produciendo mutaciones entre
otras enfermedades a causa de la radiación.
Lluvia ácida
De acuerdo con la definición proporcionada por Cisneros (2020), este fenómeno químico
que se produce en la atmósfera deriva de la combinación de vapor de agua con
sustancias provenientes de la incineración de combustibles fósiles, los cuales contienen
elementos sulfurosos y nitrosos que producen ácido sulfúrico y ácido nítrico al
reaccionar con el agua. Al caer a la tierra en forma de precipitación, contaminan campos
y corrientes de agua restándoles aptitud natural para la vida vegetal, animal y el
consumo humano; además, los contaminantes son llevados por los vientos a través de la
atmosfera a grandes distancias del lugar en que se originan, trasladando el problema hacia
otras latitudes.

Beneficios económicos de la acción climática

Tras considerar y valorar los beneficios ecosistémicos en términos económicos, el


manejo del capital natural puede complementarse mediante el establecimiento de un
sistema de pago por servicios ambientales, sobre todo para la conservación de áreas
críticas; ésta herramienta se consolida a través de acuerdos voluntarios en virtud de los
cuales un actor económico recibe un pago conveniente y satisfactorio destinado a
conservar el área que proporciona el servicio ambiental. Este mecanismo es sumamente
eficiente si se cuenta con los instrumentos jurídicos de carácter impositivo necesarios para
asegurar el control y vigilancia de las áreas en cuestión (German, 2012).

Existe una necesidad real de trasladar la valuación de los bienes y servicios ambientales
hacia un esquema monetario que supere los métodos crematísticos;
este procedimiento es de suma relevancia dentro de la logística de la planeación
ambiental, pues, si bien no representa el total del valor ni mucho menos el precio del
patrimonio natural, podría habilitar esquemas de conservación, además de delimitar el
periodo de intervención, destinados a la protección de aquellos bienes y servicios que ya
se encuentran dentro de un régimen de aprovechamiento, pues no es prudente descartar
que en sí mismos, los esfuerzos de la ecología por alcanzar la sustentabilidad responden,
en principio, a los intereses antropocéntricos, pues de ello depende la calidad de vida
del ser humano e incluso su supervivencia.

En este sentido, sería prudente desarrollar sistemas de valor que sean capaces de
expresar los beneficios de los bienes y servicios ambientales en términos monetarios, en
virtud de que la inadecuada valoración económica de los bienes y servicios dentro del
comercio favorece su explotación desmedida a bajo costo además de que el reparto
equitativo de los beneficios es virtualmente imposible cuando los precios no reflejan los
costos ambientales y sociales para facultar su distribución.

A merced de una definición más amplia, según el Center for International Foresty
Research, el concepto de pago por servicios ambientales debe considerarse:

Definamos...
Pago por servicios ambientales
Como aquellas “transacciones voluntarias mediante las cuales un servicio ambiental bien
definido [o un uso de la tierra que promueva la provisión de ese servicio] es adquirido por
[al menos] un comprador o [al menos] un proveedor si y solo si el proveedor asegura la
provisión continua [condicionalidad] del servicio” (CIFOR, 2005).

De esta manera, al considerar la conservación de la tierra como un uso rentable sobre


ésta, los poseedores recibirán un incentivo directo para garantizar la conservación y
preservación de los ecosistemas, por parte de aquellos que se benefician directamente de
estos servicios.

Gracias al beneficio económico condicionado que proporciona este sistema, se les facilita
a los poseedores la posibilidad de cubrir los costos operativos y de mantenimiento
necesarios para la conservación del sistema ambiental, en lugar de destinar los recursos
a costosos procesos de descontaminación (Wunder, 2007: 40).
Un esquema genuino de pago por servicios ambientales debe contemplar los siguientes
criterios (Wunder, 2007: 41):

Para la integración de una estrategia de pago por servicios ambientales dentro de un


sistema económico se precisa la existencia de un mercado. La valoración de los servicios
ambientales se guía innegablemente por el curso del pensamiento económico, es por
ello por lo que su valor es expresado bajo la concepción de un paradigma utilitario siendo
éste el que habrá de determinar los aspectos asociados de la demanda, mientras que el
valor ecológico establecerá las condiciones de la oferta de servicios ambientales para
hacer frente a la problemática ambiental (Penna, 2008: 6). El cruce de ambos paradigmas
implanta las siguientes consideraciones de valoración para los servicios ambientales (ONU,
2003):
Oportunamente podemos concluir que, en relación con su valor, los servicios ambientales
pueden clasificarse en cuatro tipos dependiendo de su naturaleza sin que estos sean
necesariamente excluyentes entre sí (ONU, 2003):
Independientemente de la existencia de un mercado, el buen aprovechamiento de los
servicios a la luz de las propuestas desarrolladas por la economía de los recursos
naturales arroja instrumentos efectivos que permiten el uso racional y la correcta
gestión de los servicios ambientales. Como apéndice, cabe mencionar un conjunto de
causas que conllevan a la infravaloración de los recursos (Gómez, 2003: 601):

 No comercialización de los servicios que provee la naturaleza.


 Consideración incorrecta de estos servicios como un bien público.
 Su introducción a una economía de libre mercado.
 Encontrarse sujetos a un régimen de propiedad.
La problemática de asignar un valor económico a un recurso natural se centra en un
debate ético que debe superar oportunamente las consideraciones arriba señaladas para
que, tras su correcta valoración, la implementación de estrategias de pago por servicios
ambientales resulte un mecanismo eficiente para impulsar el desarrollo dentro de
comunidades rurales marginadas, que facilite la comprensión sobre los sistemas
económicos complejos y su integración a ellos sin complicaciones ni intermediarios. Este
proceso podría beneficiar al entorno natural de las comunidades indígenas al establecer
una metodología para la restauración ecológica que impulse su economía y a su
sociedad en aras de alcanzar su autonomía (Torres, 2006: 190-191).

En el ámbito nacional, como parte de los esfuerzos gubernamentales por lograr los
objetivos orientados a la protección del medio ambiente, se han creado una serie
de medidas financieras y fiscales desde el Derecho Ambiental Internacional. En este
sentido, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, en
adelante LGEEPA, dispone en su artículo 21 que:

La Ley establece…
Artículo 21. La Federación y las entidades federativas, en el ámbito de sus respectivas
competencias, diseñarán, desarrollarán y aplicarán instrumentos económicos que
incentiven el cumplimiento de los objetivos de la política ambiental […]

Esta ley refiere como instrumentos económicos a los mecanismos normativos y


administrativos de carácter fiscal, financiero o de mercado, mediante los cuales las
personas asumen los beneficios y costos ambientales que generen sus actividades
económicas, incentivándoles a realizar acciones que favorezcan el ambiente.

Respecto a los instrumentos financieros, la Ley General de Cambio Climático, en


adelante LGCC, en su artículo 80, facultó a la Federación para crear y regular el Fondo
para el Cambio Climático (FCC) y a las entidades federativas para gestionar y administrar
fondos locales para apoyar e implementar acciones en la materia. El FCC fue constituido el
30 de noviembre de 2012, con objeto de captar y canalizar recursos financieros públicos,
privados, nacionales e internacionales para apoyar la implementación de acciones para
enfrentar el cambio climático. El destino de los recursos del fondo, que se ejercen
mediante convocatorias públicas, debe ser congruente con los siguientes rubros
establecidos en el artículo 82 de la LGCC:

 Acciones para la adaptación, que beneficien a personas ubicadas en las zonas más
vulnerables del país.
 Proyectos que contribuyan simultáneamente a la mitigación y adaptación.
 Desarrollo y ejecución de acciones de mitigación de emisiones particularmente en
proyectos relacionados con eficiencia energética, desarrollo de energías renovables y
bioenergéticos de segunda generación y eliminación o aprovechamiento de
emisiones fugitivas de metano y gas asociado a la explotación de los yacimientos
minerales de carbón, así como de desarrollo de sistemas de transporte sustentable.
 Programas de educación, sensibilización y concientización y para transitar hacia una
economía de bajas emisiones de carbono.
 Estudios y evaluaciones que requiera el Sistema Nacional de Cambio Climático.
 Proyectos de investigación, de innovación, de desarrollo tecnológico y de
transferencia de tecnología en la materia.
 Compra de reducciones certificadas de emisiones de proyectos inscritos en el
Registro, o bien, cualquier otro aprobado por acuerdos internacionales suscritos por
México.

Precios del carbono y divulgación de riesgos financieros

El cambio climático de origen antrópico hace referencia a aquellas variaciones inducidas


por los seres humanos debido a las crecientes concentraciones de gases de efecto
invernadero que alteran la composición natural de la atmósfera, lo que está provocando
alteraciones en el clima del planeta Tierra. En relación con esta definición se habla de
un derecho del cambio climático o régimen climático, el cual se constituye como uno de
los diversos regímenes internacionales de protección al ambiente, considerándolo como
una rama del derecho internacional ambiental cuyo objeto de estudio y regulación es el
cambio climático inducido por los seres humanos (Nava, 2018: 733). El sustento
normativo vinculante de dicho régimen lo componen fundamentalmente cuatro
tratados:
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)
Tiene por objetivo lograr la estabilización de las concentraciones de gases de efecto
invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas
en el sistema climático, haciendo especial énfasis en que estos niveles deberían lograrse
en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al
cambio climático (Naciones Unidas, 1992).
Protocolo de Kioto de la CMNUCC
Aunque ya no se encuentra vigente, se trata del primer esfuerzo por integrar obligaciones
vinculantes para los países incluidos en su anexo I, con miras a reducir el total de las emisiones
de los gases de efecto invernadero enumerados en el anexo A (dióxido de carbono, metano, óxido
nitroso, hidrofluorocarbonos, perfluorocarbonos y hexafluoruro de azufre) a un nivel inferior en
no menos del 5% al de 1990 en el periodo de compromiso comprendido entre el año 2008 y 2012
(Naciones Unidas, 1998).

Adicionalmente estableció tres mecanismos flexibles para lograr el cumplimiento de


compromisos asumidos por las partes contratantes:

 Aplicación conjunta: Permite que un país del anexo B con compromisos de


reducción o limitación de emisiones obtenga Unidades de Reducción de Emisiones
(ERU por sus siglas en inglés) de un proyecto de eliminación de emisiones en otra
Parte del anexo B, cada uno equivalente a una tonelada de CO2 (United Nations
Climate Change, Joint implementation).
 Mecanismos de Desarrollo Limpio: Permite que un país del anexo A con
compromisos de reducción o limitación de emisiones implemente un proyecto de
reducción de emisiones en países en desarrollo; dichos proyectos pueden obtener
créditos vendibles de Reducciones Certificadas de las Emisiones (CER por sus
siglas en inglés), cada uno equivalente a una tonelada de CO 2, que pueden
contabilizarse para cumplir los objetivos de Kioto (United Nations Climate Change,
The Clean Development Mechanism).
 Comercio de Emisiones: Los países del anexo B han aceptado objetivos para
limitar o reducir sus emisiones. Estos objetivos se expresan en Cantidades
Atribuidas (AAU por sus siglas en inglés). El comercio de emisiones permite a los
países que tienen unidades de emisión permitidas, pero no utilizadas, vender este
exceso de capacidad a países que están por encima de sus objetivos (United
Nations Climate Change, Emissions Trading).

Enmienda de Doha al Protocolo de Kioto


Integra obligaciones vinculantes para los países incluidos en su anexo I, con miras a
reducir el total de las emisiones de los gases de efecto invernadero enumerados en el
anexo A (dióxido de carbono, metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbonos,
perfluorocarbonos y hexafluoruro de azufre) a un nivel inferior en no menos del 18% al de
1990 en el periodo de compromiso comprendido entre el año 2013 y 2020 (Naciones
Unidas, 2012).
Acuerdo de París
Establece las denominadas contribuciones determinadas a nivel nacional para mejorar la
aplicación de la CMNUCC, con el objetivo principal de mantener el aumento de la
temperatura media mundial por debajo de 2°C y proseguir los esfuerzos para limitar ese
aumento de la temperatura a 1.5°C con respecto a los niveles preindustriales (Naciones
Unidas, 2015).

El Protocolo de Kioto establece la estructura del mercado de carbono a través de


objetivos cuantificados de reducción de emisiones: permite que proyectos de inversión
elaborados en países en vías de desarrollo obtengan ingresos económicos adicionales a
través de la venta de créditos de carbono, al mitigar emisiones de GEI o secuestrando
dióxido de carbono de la atmósfera, este esquema es conocido como Mecanismo de
Desarrollo Limpio (Eguren, 2004: 7-8).

Definamos...
Mercados de carbono
Los mercados de carbono son sistemas comerciales en los que se venden y compran créditos de
carbono, un crédito de carbono equivale a una tonelada de dióxido de carbono, o el equivalente
de un gas de efecto invernadero que ha sido reducido, secuestrado o evitado. Existen dos tipos de
mercados de carbono: los mercados de cumplimiento regulado se crean como resultado de
cualquier política o requisito normativo nacional, regional y/o internacional y los mercados
voluntarios (PNUD, [Link]

Se estima que el valor del mercado voluntario en el 2021 fue de alrededor de 2 mil
millones de dólares equivalentes a 500 millones de créditos de carbono, cuyo precio a
nivel mundial incrementó en un 60% en relación con el ejercicio anterior (Plataforma
Mexicana de Carbono, [Link] América Latina se ha convertido en la
región de países en desarrollo más activa en este mercado emergente con la generación
de 210,6 millones de dólares en créditos de carbono (Eguren, 2004: 8).

Un gran porcentaje de la oferta actual de créditos de carbono voluntarios proviene del


desarrollo de proyectos de carbono generados por entidades privadas o de
gobiernos que desarrollan programas certificados por estándares de carbono que generan
reducciones o disminuyen el volumen de emisiones (PNUD, [Link]
Los principales estándares de certificación de carbono son: Gold Standard, Plan Vivo,
Estándares CCB (Clima, Comunidad y Biodiversidad) y Verified Carbon
Standard (Plataforma Mexicana de Carbono, [Link]

La demanda proviene de particulares que quieren compensar su huella de carbono,


corporaciones con objetivos de sostenibilidad corporativa y otros actores que buscan
generar ganancias a través de la especulación (PNUD, [Link] En este
contexto, proyectos pequeños de carácter social no podían competir con grandes
proyectos que comercian grandes cantidades de emisiones a precios bajos, debido a que
los beneficios para las comunidades locales serían pocos (The
conversation, [Link] además, los costos de certificación suelen ser
exorbitantes, por lo que el margen de ingreso que los actores privados destinan como
inversión directa en las comunidades disminuye aún más.

Un mercado de carbono regional o local es un mercado voluntario de carbono donde las


compensaciones y la compra de créditos son realizadas por actores regionales, es
decir, los créditos comprados provienen de proyectos de compensación realizados en el
mismo territorio que la entidad emisora (The conversation, [Link] por
lo que un mercado con estas características puede significar una herramienta útil
para promover el desarrollo sostenible de la región (Eguren, 2004: 8). Aunque los
mercados voluntarios de carbono supongan un volumen muy pequeño del comercio de
emisiones en comparación con los mercados regulados, lo compensan con su flexibilidad
ya que aportan un valor socioambiental adicional a la lucha contra el cambio climático,
pues carecen de la estricta regulación a la que están sujetos los mercados de obligado
cumplimiento (The conversation, [Link]

La divulgación de riesgos financieros implica proporcionar la información adecuada a los


sujetos interesados, que en este caso pueden ser a gobiernos, inversionistas, empresas,
aseguradoras, entre otros, sobre los efectos del cambio climático y los mecanismos que
se están desarrollando para transitar hacia un modelo de producción de bajas emisiones
de carbono.

Un riesgo fiscal relacionado con el cambio climático sería la manera en que las
inversiones en capital productivo se adaptan a reducir las emisiones de gases de efecto
invernadero; al establecer impuestos a las emisiones las empresas podrían no poder
adaptarse a un esquema de finanzas sostenibles y quebrar, produciendo desempleo, baja
recaudación, y efectos adversos a la economía. Por otro parte, el gasto público para
enfrentar los daños ocasionados por el cambio climático aumenta, lo que vulnera
financieramente a los sujetos y a los Estados. Entre los principales riesgos financieros para
las empresas relacionados con el cambio climático (SSF, 2019: 5), se encuentran los
siguientes:
Transición a la energía limpia

Si bien la variabilidad climática en distintos periodos de tiempo implica un fenómeno


natural, su contingencia en lapsos muy cortos es atribuida a la actividad humana, a
causa del aumento acelerado en la concentración de Gases de Efecto Invernadero
(GEI) contenidos en la atmósfera, modificando los patrones climáticos regionales, hecho
que contribuye a los fenómenos meteorológicos extremos. El 68% de las emisiones
globales de GEI provienen de tan solo 10 países, porcentaje del cuál México contribuye
con el 1.68%, poniendo en riesgo la salud, la seguridad alimentaria y energética y la
disponibilidad de agua de millones de mexicanos (Fondo Mundial para la
Naturaleza, [Link]

El II Grupo de Trabajo del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC,


2018) reportó recientemente la necesidad de limitar el aumento de la temperatura
global en un máximo de 1.5° C; esta medida requiere instaurar modelos de transición
acelerados y de gran alcance, sobre todo en cuanto a la producción de energía. Es
inminente la necesidad de disminuir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) a la
atmósfera producidas por la actividad humana, como se tiene previsto, en un 45%
partiendo de los niveles preindustriales durante la próxima década, con el propósito de
lograr un balance natural de CO2 en la atmósfera terrestre.

En este contexto, el 12 de agosto de 2013, por iniciativa del Ejecutivo Federal, fue
sometida a consideración del Congreso de la Unión la propuesta de reforma a los
artículos 27 y 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM).
Esta iniciativa, que culminó con el desarrollo de la Reforma Energética, incentivó a la
industria de los combustibles fósiles sobre todo por lo que hace a la explotación y
extracción de petróleo y gas natural, bajo la tutela del estado, autorizando también a los
particulares a las actividades petroquímicas y de refinación (Gobierno Federal, 2013).

Hay que resaltar que la Ley de Transición Energética entró en vigor durante el mismo año
en el que México se suscribió al Acuerdo de París. Mediante la firma de este tratado, el
Estado mexicano se compromete a disminuir el porcentaje de emisiones de GEI a la
atmósfera, sobre todo mediante la independencia en el uso de combustibles fósiles y la
transición a las energías limpias y renovables.

De acuerdo con los compromisos establecidos, en diciembre de 2012 se inició


una reforma tan contundente como controversial en el sector energético en nuestro país.
En amplia perspectiva, dentro de las principales determinaciones dispuestas en este
acuerdo se encuentran la mejora de la economía familiar, a través de la disminución de
los costos de producción de energía; incentivar la inversión y aumentar la producción de
empleos, este último estimado en 2 millones y medio para 2025, mediante la intervención
del sector privado; y el fortalecimiento de Petróleos Mexicanos (PEMEX) y la Comisión
Federal de Electricidad (CFE), transformándolas en empresas productivas del Estado
dotadas de mejor tecnología para mejorar su producción (s. a., s. f.). Todo esto dentro de
un marco jurídico y social que respete la ideología que dio impulso a la expropiación:

El Ejecutivo […] ha expresado su punto de vista de que la exclusión de los particulares del
régimen de concesiones que el artículo 27 fija para la explotación de los recursos naturales del
dominio público, no implica que la Nación abandone la posibilidad de admitir la colaboración de
la iniciativa privada… el Estado se reserva una función casi exclusivamente reguladora y de
policía; función ésta enteramente insuficiente en materia de petróleo después de que el Estado
por el Decreto de 18 de marzo de 1938 decidió la expropiación de los bienes de las principales
empresas petroleras. (Cámara de Diputados, 1939).

Mediante iniciativa de reforma presentada el 31 de julio de 2013 ante la Comisión


Permanente del Congreso de la Unión, fueron propuestas modificaciones sustantivas a
los artículos 25, 27 y 28 constitucionales. Su eje principal, en respuesta a nuevas
condiciones políticas y económicas, determina la abrogación del párrafo sexto relativo al
artículo vigésimo séptimo constitucional, que prohíbe expresamente las concesiones a
los particulares, entre otras restricciones en virtud de la competencia del Estado.

Sostiene que la inversión privada no implica la privatización ni la pérdida del dominio


sobre los bienes propiedad de la nación, por lo que permite contratar en favor de la
explotación del petróleo y los carburos de hidrógeno en estado sólido, líquido y gaseoso,
aunque mantiene la restricción respecto de los minerales radiactivos y la energía
nuclear. Propone la creación del Fondo Mexicano del Petróleo con el objetivo de
eliminar la dependencia mayoritaria de los recursos petroleros para su incorporación en
la Ley de Ingresos de la Federación en los próximos 10 años y la instauración de la
Comisión Nacional de Hidrocarburos y la Comisión Reguladora de Energía como
organismos autónomos (Ramos, 2013).

Resulta indispensable comprender la relación entre los recursos susceptibles de


explotación y el desarrollo del consumo energético en el contexto nacional
para poder generar una proyección con base en un modelo sustentable de desarrollo.
Por esta razón es necesario definir las necesidades de consumo para comprender si los
procesos productivos de los que se tiene disposición responden a un escenario de
suficiencia energética congruente con la protección del ambiente.

Contexto Histórico
A lo largo de la historia la producción de energía en nuestro país ha dependido
fehacientemente de la explotación de combustibles fósiles, lo que explica la disparidad
entre la generación de energía a partir de hidrocarburos comparada con las energías
limpias o renovables. Si bien los resultados muestran una disminución de la productividad
por lo que hace al petróleo crudo, condensados y gas natural, esta tendencia no debe ser
atribuida a la suficiencia energética a partir de energías limpias, sino una disminución en el
rendimiento de la industria de los hidrocarburos.
Este déficit se comprueba al analizar los valores de importación de hidrocarburos en el
2017, ciclo en el que PEMEX inventarió sus niveles de producción más bajos desde 2012
con un total de 1,948 barriles de gasolina y 5,06 millones de pies cúbicos de gas natural
producidos diariamente. El aumento en la importación de gasolinas fue de 12.96% con
relación al 2016, su mayor cifra desde 2006 (s. a., 2018).

Los indicadores petroleros señalan que durante el año pasado el 71.58% de la gasolina fue
importada, alcanzando los 570.6 miles de barriles diarios; de la venta total de 2,623
millones de pies cúbicos diarios de gas natural, 1,766 provienen del exterior, lo que
representa el 67% de este hidrocarburo; así mismo, 237,500 de los 317,600 barriles de
diésel que demanda nuestro país diariamente, o sea el 74.77%, fue producido en otro
país (PEMEX, [Link]

La estadísticas muestran que entre 2010 y 2016, además del déficit de producción de
energía mediante el aprovechamiento de hidrocarburos, se ha incrementado la demanda
de carbón en un 5.3%, el desarrollo de la energía nuclear se ha elevado 71.9 puntos
porcentuales y la explotación de la biomasa ha incrementado en un 3.8%; aun así,
reparando en la depreciación del uso de energías consideradas renovables, mismo que
alcanza el -12.4%, detrimento sustancial en comparación al crecimiento de las anteriores
(SENER, 2012; 2017).

Hay que destacar que ambas fuentes de energía son consideradas amigables con el
ambiente, la diferencia se centra en que las energías renovables son aquellas que nos
brinda la naturaleza mediante ciclos constantes de forma prácticamente inagotable (s.
a., 2017), como el viento, la radiación solar y el calor de los yacimientos geotérmicos;
mientras que la Ley de la Industria Eléctrica considera como limpia aquellas fuentes de
energía y procesos de generación de electricidad cuyas emisiones o residuos, cuando los
haya, no rebasen los umbrales establecidos (Art. 3.°, Fracc. XXII), es decir, tecnología de
generación de electricidad que emita no más de 100 kg de dióxido de carbono (CO 2) por
cada MWh (s. a., 2017), incluyendo los esquilmos agrícolas o residuos sólidos urbanos
incluso la nucleoeléctrica, por mencionar algunos.

En este contexto, la Secretaría de Energía, en el artículo tercero transitorio de la Ley de


Transición Energética, estableció una serie de metas de corto y mediano plazo para la
generación eléctrica con una participación mínima de energías limpias en la generación de
energía eléctrica del 25% para el año 2018, del 30% para 2021 y del 35% para 2024.

La generación total de energía que fue producida para consumo nacional asciende a
329,162 GWh en 2017, de los cuales 69,396.16 GWh, es decir el 21.08% se generó a partir
de fuentes limpias. En números, destaca el crecimiento sin precedentes de la energía
fotovoltaica con 1,149.6 GWh, lo que significa 934.81 GWh más que en 2016 y la
generación de energía eólica, que solo incrementó en un 1.5%. Del 100% de la energía
eléctrica producida en nuestro país, 329,162 GWh, el 78.92% = 259,765.73 proviene de
combustibles fósiles, en tanto que el 15.66% = 51,542.18 proviene de fuentes renovables y
únicamente el 5.42% = 17,853.98 proviene de fuentes limpias de generación de energía
(Secretaría de Energía, 2017: 13).

México cuenta con más de 11 mil kilómetros de litorales susceptibles de explotación de


energía oceánica, además de contar con una importante actividad geotérmica, que ha
logrado colocar a la CFE entre las primeras empresas productoras de energía de este tipo
a nivel mundial (López, 2017). Al asumir compromisos internacionales, el Estado
Mexicano adoptó, en junio de 2012, la Ley General de Cambio Climático, y por este
conducto establece:

A. Regular las emisiones de gases y compuestos de efecto […] a un nivel que impida interferencias
antropógenas peligrosas en el sistema climático considerando, en su caso, lo previsto por el
artículo 2.° de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y demás
disposiciones derivadas de la misma.

Para consolidar esta labor, nuestra legislación también cuenta con las Contribuciones
Previstas y Determinadas a Nivel Nacional (INDC, por sus siglas en inglés), las cuales
fueron negociadas en la Conferencia de las Partes (COP 21), previa al Acuerdo de París
(INECC, 2016).

B. Establecer las bases para que México contribuya al cumplimiento del Acuerdo de París, que
tiene entre sus objetivos mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2
°C, con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir con los esfuerzos para limitar ese
aumento de la temperatura a 1.5 °C […]

Es en virtud de las INDC que nuestro país ha logrado constituir una preparación
oportuna y bien informada, que funcione como punto de partida para incrementar las
acciones que contribuyan a reducir las emisiones (INECC, 2016).

El sector público y privado y su compromiso con la política


climática

Tomar acciones para solucionar los problemas ambientales que afectan al país requiere
del conocimiento sobre las causas que los originan, por lo que la investigación y
educación ambiental resultan indispensables para la toma de decisiones
gubernamentales y el involucramiento de la sociedad en su ejecución.

En ese tenor, la Declaración de Estocolmo, en su principio 19, hizo énfasis en lo


indispensable de la labor de educación en cuestiones ambientales para ensanchar las
bases de una opinión pública bien informada y de una conducta de los individuos, de las
empresas y de las colectividades inspirada en el sentido de su responsabilidad en cuanto
a la protección y mejoramiento del medio ambiente en toda su dimensión humana. Por lo
que su principio 20 resaltó la importancia de la investigación y el desarrollo
científico referente a los problemas ambientales, tanto nacionales como multinacionales.

En este sentido, la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente


(LGEEPA) dedica la sección VIII del capítulo IV a este rubro, a efecto de requerir a las
autoridades competentes de los tres órdenes de gobierno, promover la incorporación de
contenidos ecológicos, desarrollo sustentable, mitigación, adaptación y reducción de la
vulnerabilidad ante el cambio climático, protección del ambiente, conocimientos,
valores y competencias, en los diversos ciclos educativos (CEPAL, 2018), especialmente
en el nivel básico, así como en la formación cultural de la niñez y la juventud (artículos 39
y 41). Asimismo, busca propiciar la participación comprometida de los medios de
comunicación masiva en el fortalecimiento de la conciencia ecológica y la socialización de
proyectos de desarrollo sustentable.

Como parte de los esquemas de política ambiental destacan los sistemas de


autorregulación, acerca de los cuales el artículo 38 de la LGEEPA señala lo siguiente:

La Ley establece…
Artículo 38. Los productores, empresas u organizaciones empresariales podrán desarrollar
procesos voluntarios de autorregulación ambiental, a través de los cuales mejoren su desempeño
ambiental, respetando la legislación y normatividad vigente en la materia y se comprometan a
superar o cumplir mayores niveles, metas o beneficios en materia de protección ambiental.

Al ser la auditoría ambiental un instrumento de autorregulación, la empresa decide en


qué momento obtener un certificado ambiental, una vez que sus instalaciones operen en
óptimas condiciones. Cabe señalar que en el ámbito federal la autoridad competente
para otorgar la certificación y dar el seguimiento correspondiente es la SEMARNAT, a
través de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) y la Agencia
Nacional de Seguridad Industrial y Protección al Medio Ambiente del Sector de
Hidrocarburos (ASEA), tratándose únicamente del sector hidrocarburos. Para ello, el
Reglamento de la LGEEPA en materia de autorregulación y auditorías ambientales
Reglamento de la LGEEPA en Materia de Autorregulación y Auditorías Ambientales
(RLGEEPA-AAA) establece las disposiciones que definen el proceso de la certificación y la
ruta para obtenerla. También son aplicables al proceso de certificación las normas
mexicanas siguientes (Gobierno de México, [Link]

 NMX-AA-162-SCFI-2012:
Auditoría ambiental - metodología para realizar auditorías y diagnósticos ambientales y
verificaciones de cumplimiento del plan de acción, determinación del nivel de
desempeño ambiental de una empresa, evaluación del desempeño de auditores
ambientales.
 NMX-AA-163-SCFI-2012:
Auditoría ambiental - procedimiento y requisitos para elaborar un reporte de desempeño
ambiental de las empresas.

Estas normas definen dos niveles de desempeño ambiental, bajo los cuales una empresa
puede obtener un certificado:

Nivel de desempeño ambiental 1


Reconoce el esfuerzo de las empresas por cumplir, además de sus obligaciones
ambientales, con acciones de autorregulación.

Nivel de desempeño ambiental 2


Es el máximo nivel de desempeño que puede alcanzar una empresa y que reconoce, de
manera adicional al anterior, el compromiso con la mejora continua y sistematizada, para
mantener o mejorar su nivel de desempeño ambiental.

A partir de dicha normatividad, el auditor elabora un informe que incluye objetivos, alcances,
desarrollo, conclusiones y recomendaciones sobre acciones preventivas y correctivas, a partir de
lo cual se propone un plan de acción. Este refiere plazos, responsabilidades y costos para la
solución de los problemas detectados y mediante el mismo, la empresa se compromete a
remediar las irregulares identificadas. El plan de acción es autorizado por la PROFEPA/ASEA,
según sea el caso, y una vez cumplido, se entrega la certificación correspondiente, que tiene una
vigencia de dos años.

El Reglamento (RLGEEPA-AAA) refiere en su artículo 28, tres modalidades de certificación:

1. Industria limpia: para obras y actividades del sector industrial.


2. Calidad ambiental turística: para actividades y servicios del sector turístico.
3. Calidad ambiental: para aquellas actividades no contempladas en los dos supuestos
anteriores.

Además, la empresa que cuente con un certificado vigente que acredite el máximo nivel
de desempeño ambiental y que demuestre realizar acciones sobresalientes en el cuidado
del medio ambiente puede recibir, por parte de las autoridades referidas, según sea el
caso, el reconocimiento de excelencia ambiental (RLGEEPA-AAA, art. 31).

Las acciones de protección en materia de responsabilidad hídrica es un asunto de todos,


por lo tanto, las personas físicas como morales y las dependencias, organismos y
entidades de los tres órdenes de gobierno que exploten, usen o aprovechen aguas
nacionales en cualquier uso o actividad serán responsables de, con base en el artículo
85 de la Ley de Aguas Nacionales (LAN):

1. Realizar las medidas necesarias para prevenir su contaminación y, en su caso,


para reintegrar las aguas referidas en condiciones adecuadas, a fin de permitir su
explotación, uso o aprovechamiento posteriores.
2. Mantener el equilibrio de los ecosistemas vitales.

Lo anterior implica acciones de conservación, preservación, protección y restauración del


agua en cantidad y calidad ya que, de acuerdo con los principios de la política hídrica
nacional establecidos en el artículo 14 bis 5 de la misma ley:

La Ley establece…
Artículo 14 bis 5.

[…]

XVII. Las personas físicas o morales que contaminen los recursos hídricos son responsables de
restaurar su calidad, y se aplicará el principio de que “quien contamina, paga”, conforme a las
Leyes en la materia.

[…]

Además, los asignatarios están obligados a asumir los costos económicos y ambientales de la
contaminación que provocan sus descargas (artículo 29 bis, LAN), así como los derivados de las
responsabilidades por el daño ambiental causado. De manera expresa, la Ley de Aguas
Nacionales refiere que la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) intervendrá́ para que se
cumpla con la reparación del daño ambiental, incluyendo aquellos daños que comprometan a
ecosistemas vitales (LAN, art. 96 bis).

A su vez, corresponde a las autoridades locales la inspección y vigilancia sobre las descargas de
aguas residuales por uso doméstico y público urbano que carezcan o no formen parte de un
sistema de alcantarillado y saneamiento (LAN, art. 91 bis), y que se realizan en la jurisdicción
municipal.

Protección de paisajes sostenibles y resilientes

Definamos...

Paisajes

El concepto de paisaje hace referencia a la simbiosis de valores y elementos de distintas


cualidades en un espacio geográfico determinado (Secaira, 2012: 7).
De acuerdo con la literatura, la planeación y proyección del paisaje en relación con el
desarrollo sustentable debe observar como criterios fundamentales los supuestos
siguientes (Secaira, 2012: 2):

 La necesidad de que los ecosistemas naturales se mantengan interconectados, con el


fin de permitir la continuidad de los procesos ecológicos, como el intercambio
genético, la evolución, la migración, y repoblación.
 Que el patrimonio cultural tangible e intangible se valorice y fortalezca su aporte al
desarrollo comunitario, así como a la provisión de bienes y servicios ambientales y
oportunidades de desarrollo sostenible para las comunidades de la región.

La segunda mitad del siglo XVIII fue testigo del nacimiento de la Primera Revolución
Industrial, proceso que significó una transformación radical para la sociedad, su economía
y el desarrollo tecnológico. Esta modificación a la vida cotidiana que ha sido descrita
provocó una disrupción en el equilibrio hasta entonces logrado entre el ser humano y la
naturaleza.

El retorno de los sistemas rurales a su estado silvestre debido a su abandono derivó en la


pérdida de una gran variedad de prácticas de aprovechamiento sostenible de múltiples
localidades que anteriormente habían logrado gran reconocimiento por su valor
patrimonial con motivo de las diversas actividades y productos tradicionales que ofrecían;
mientras que el desarrollo urbano representó un enorme riesgo para la pérdida de la
biodiversidad y el deterioro del paisaje natural en consecuencia de la sobreexplotación
del suelo, provocando su simplificación (Secaira, 2012: 1).

El concepto al que se ha hecho referencia alude a las relaciones multidimensionales y


complejas entre la diversidad cultural, biológica y arqueológica compuesta por el
patrimonio tangible e intangible, o con mayor precisión, concentradas dentro de una
unidad geográfica establecidas con una estructura y dinámica semejantes, tanto en el
aspecto biológico como el social. Por su parte, México considera como principales
objetivos para la protección del paisaje la conservación y restauración de los ecosistemas
y de sus especias, además de la interconexión territorial con el propósito de fomentar el
turismo sustentable, impulsar el comercio local e incentivar el rescate de las prácticas
tradicionales.

El II Grupo de Trabajo del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC,


2018) reportó recientemente la necesidad de limitar el aumento de la temperatura
global en un máximo de 1.5° C; esta medida contribuiría a que el aumento del nivel del
mar fuese 10 centímetros menor comparado con un límite de 2°C, así como una pérdida
de los arrecifes de coral entre el 70 y 90% y no mayor a este último en consecuencia del
escenario previsto con antelación, además de otros múltiples beneficios durante el
transcurso del presente siglo.

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