Derecho Ambiental y Desarrollo Sustentable
UNIDAD 2. El Derecho Humano al Medio Ambiente Sano
Introducción
El ambiente es nuestro entorno y su bienestar es vital para conservar la calidad de vida,
por lo que en la comunidad internacional ha crecido significativamente la preocupación
por el tema de la protección al ambiente y el desarrollo sustentable, lo que ha sido objeto
de estudio y protección por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y los sistemas
regionales como la Unión Europea y la Organización de las Estados Americanos (OEA). Los
Tratados internacionales como el Protocolo de Kioto sobre el Cambio Climático,
la Convención sobre la Diversidad Biológica y el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad
de la Biotecnología, son muestra de la actividad internacional a efecto de solventar la
situación.
Los tratados internacionales respecto de la protección de los derechos humanos, en
materia de protección del medio ambiente, de los que México es parte, han sentado las
bases de las políticas de desarrollo sustentable de nuestra legislación ambiental y han
motivado la adopción de su contenido en nuestra Constitución, así como la expedición
de nuevas leyes para su protección.
Objetivo particular
El alumnado ponderará al Derecho de todo ser humano y de los pueblos en que se
integran a vivir en un medio ambiente sano, como parte de los Derechos Humanos de
tercera generación.
Temario
Unidad 2. El Derecho Humano al Medio Ambiente Sano
1. La tutela efectiva del Derecho Humano a un ambiente sano
2. Mecanismo de protección constitucional
3. Disposiciones de la Ley de Amparo para tutelar derechos difusos de incidencia
colectiva
Creando conciencia
El medio ambiente saludable es un derecho humano
El 28 de julio de 2022 los Estados miembro de la Asamblea General declararon que el
medio ambiente saludable es un derecho humano. Afirmaron que el cambio climático y la
degradación ambiental son amenazas urgentes para los seres humanos, por ello la
resolución constituye un paso importante ya que con ella queda claro que “Nadie puede
quitarnos la naturaleza, ni el aire limpio ni el agua limpia, ni privarnos de un clima estable.
Al menos no sin luchar por ello” (Andersen, Directora Ejecutiva del Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente).
La resolución se plantea en un momento en que el planeta enfrenta una triple crisis
planetaria que de no atenderse traerá consecuencias desastrosas para las personas de
todo el mundo. Si bien, estas resoluciones pueden parecer abstractas, queda claro que las
personas podemos y debemos luchar por el derecho a un aire limpio, al acceso a agua
potable y suficiente, a alimentos y ecosistemas sanos donde se pueda vivir, trabajar,
estudiar y jugar.
La tutela efectiva del derecho humano a un ambiente sano
Clasificación de los derechos humanos
El reconocimiento de los derechos humanos en leyes nacionales e internacionales ha
significado un importante cambio de paradigma en las relaciones de poder entre actores
sociales y Estado; su conquista es el producto de la integración a la norma del conflicto
social ocurrido en el tiempo; por lo que, significa una garantía legal para asegurar la plena
inclusión social, política y cultural de todos los hombres y mujeres a la dinámica cotidiana
de una sociedad (González, 2010: 4).
Por la forma en que se han desarrollado y como consecuencia del periodo social en el que
surgieron, así como lo relativo a su reconocimiento por la comunidad internacional, e
incluso para fines académicos, los derechos humanos se clasificaron en (Vasak, 1984: 15):
Derechos Humanos de Primera Generación o Derechos Civiles y Políticos
Surgieron con la Revolución Francesa como coto al poder y contra el absolutismo del
monarca; por los derechos civiles se impone al Estado respetar derechos tales como
vida, igualdad, integridad física, propiedad, honor, libertad de conciencia, pensamiento
y expresión, así como seguridad jurídica del individuo; en tanto, por los derechos
políticos la posibilidad de elegir y ser electo para algún cargo de representación o
gobierno, como una forma de posibilitar la democracia.
Derechos Humanos de Segunda Generación o Derechos Económicos, Sociales y
Culturales
Si bien se plantearon como derechos sociales, por vez primera en la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos en 1917, a efecto de reducir la asimetría económico-social, es decir, las
diferencias existentes entre las diversas clases sociales. Así, se vincularon con la naturaleza
económica, social y cultural, en áreas como educación, agraria, laboral, donde el Estado
protegiera a los integrantes de esas clases que se encontraban en un plano de desigualdad; con lo
cual se modificó el contenido de los numerales 3, para educación, 27 respecto a la propiedad y
123 en cuanto a trabajo y seguridad social.
Con base en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, sustentada por la UNESCO
(Órgano Educativo Científico y Cultural de las Naciones Unidas), y aprobada por la Asamblea
General de las Naciones Unidas, se estableció el desarrollo vital del individuo que forma parte de
un colectivo; con lo cual además se ha considerado el inicio del derecho al desarrollo y de los
derechos sociales dentro de la comunidad internacional.
Derechos Humanos de Tercera Generación o Derechos de los Pueblos o de
Solidaridad
También conocidos como derechos programáticos o intereses difusos, conceptualizados como
“derechos sociales que se manifiestan en el contexto de la colectividad o de la propia humanidad
en su conjunto, en cuanto a su superviviencia, sanidad y disfrute de la vida sobre la tierra”
(Gómez, 1990: 267-288), surgen como una respuesta a la necesidad de cooperación entre
naciones, así como de los distintos grupos que lo integran.
Observables en declaraciones universales y regionales, así como en pactos internacionales
y convenciones regionales, pese a que su principal característica consiste en la
imposibilidad de ser detentados por persona alguna, se han implementado distintos
mecanismos por los cuales materializarlo, así advertimos se conforman por protección
ambiental, a la paz, al desarrollo y la solidaridad o correspondencia mutua, al uso de los
avances de las ciencias y la tecnología, a contribuir al progreso que garantice la vida
digna y la seguridad humana (Olivos, 2007: 23, 24).
Algunos teóricos han referido una diferencia entre los programáticos y los difusos,
entendiendo los segundos, como aquellos relativos a los grupos conocidos como
vulnerables, es decir, aquellos que requieren especial atención y protección,
como ancianos, migrantes, indígenas, LGBTQ+, con capacidades diferentes, entre otros;
entendiendo su principal diferencia respecto aquellos en los que se pretendió alcanzar la
equidad entre clases, respecto de un colectivo vulnerable (Quintana, 1998: 19).
Por otra parte, el desarrollo de nuevas tecnologías, modificó sustancialmente los sistemas
económico y social; puesto que, la producción, procesamiento y distribución de
conocimiento e información, se convirtieron como una fuente fundamental de
productividad, bienestar y poder (Cfr.,Ortega, 2004).
Así, de la denominada Sociedad de la información se reconocieron otros
derechos derivados de las tecnologías de la información y comunicación, tales
como acceso a la información y a la transmisión de datos, informática y comunicaciones,
así como todo lo relacionado al conocimiento tecnológico, cuyo uso y aprovechamiento se
consideró indispensable para la satisfacción de necesidades; con los cuales se conformó la
cuarta generación.
Adicionalmente comenzó a gestarse la incorporación de quinta y sexta generación de
derechos humanos, la primera respecto cualquier tipo de software inteligente, en tanto
la sexta para la identidad genética-cognitiva-informacional alterada por una
modificación nano-robo-tecnológica; sin embargo, dada la constitución del paradigma de
regularidades convencional y constitucional, aunado a las características de
interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos, se estima que tal desarrollo
académico de agruparlos en generaciones eventualmente caerá en desuso (Rodríguez,
2015: 129, 130).
Como se mencionó, el derecho al medio ambiente sano se ideó como parte de la tercera
generación, en cuanto a los intereses difusos al no especificarse un propietario particular
de ese derecho, sino que afecta por igual a grupos, sectores, países, regiones e incluso en
una escala mundial (Vidal, 2003: 126-128).
Su vigencia depende en gran medida del fortalecimiento del sistema de protección de
ese derecho, lo que se logra por la vía del reconocimiento normativo, por mecanismos
internos de difusión y educación, y en el ámbito internacional por medio de convenios
internacionales de forma bilateral o multilateral.
Relación entre Ambiente y Derechos Humanos
La degradación ambiental afecta la dignidad humana y, en consecuencia, los derechos
de la persona, al contaminar los suelos, aire, alimentos, dañar la salud, vulnerar el acceso
y aprovechamiento equitativo del agua, reducir los recursos que pueden ser aprovechados
y comprometer aquellos necesarios para el sostenimiento de la vida, impidiendo con ello
un desarrollo de la persona en todas sus capacidades, que le permita vivir en bienestar.
El derecho a la vida de acuerdo con la Declaración Universal de Derecho Humanos en su
artículo 3.º , está redactado como “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a
la seguridad de su persona”.
Esto aunado a la conceptualización del ambiente como un bien jurídico, definido por
diferentes campos disciplinarios existentes; un concepto ambivalente, que por un lado
integra un bien jurídico fundamental, y por el otro, una materia objeto de competencia
(Carmona, 2010: 11).
Derivado de la resolución 48/13 del Consejo de Derechos Humanos, del 8 de octubre de
2021, titulada “El derecho humano a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible”,
la Asamblea General de las Naciones Unidas el 28 de julio de 2022 reconoció el derecho a
un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible, en su diversa resolución
76/300, refiriendo que éste consiste en:
Que la promoción de ese derecho se realizará mediante la plena aplicación de los
acuerdos multilaterales relativos al medio ambiente con arreglo a los principios del
derecho ambiental internacional.
Se mencionó además que el desarrollo sostenible, en sus tres dimensiones: social,
económica y ambiental, así como la protección del medio ambiente, incluidos los
ecosistemas, apoyan y promueven el bienestar humano y el pleno disfrute de todos los
derechos humanos por las generaciones presentes y futuras.
Finalmente, se reconoció la degradación del medio ambiente, el cambio climático, la
pérdida de diversidad biológica, la desertificación y el desarrollo insostenible como
amenazas graves para la capacidad de las generaciones presentes y futuras de disfrutar
plenamente de todos los derechos.
Así, el derecho a la vida que en un principio se conceptualizó como aquel por el cual se
garantizaba que una persona no fuera arbitrariamente sentenciada a ser ejecutada; hoy, en día, se
considera desde la dignidad, lo que implica una serie de circunstancias y condiciones en las
cuales la persona pueda desarrollarse; en ese ámbito el ambiente resulta indispensable y, por
tanto, se ordena su protección como un bien jurídico fundamental, con la finalidad de asegurar
condiciones adecuadas para los sistemas de sostenimiento de la vida.
Con lo cual queda patente la interdependencia característica de los derechos humanos, respecto
de la cual es indispensable el ejercicio de todos los derechos para su existencia; puesto que la
supervivencia del ser humano requiere mantener todos aquellos recursos que provee el
ambiente, para la continuación de la especie en condiciones similares, independientemente del
momento en que se desarrolle su vida.
Si bien es cierto la Declaración Universal de Derecho Humanos emitida por la ONU, no incluyó el
derecho a disfrutar de un medio ambiente sano, a partir de su relación con los demás derechos,
éste se incorporó a los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales, pacto que fuera
signado en 1966.
Esos derechos a diferencia de los diversos civiles y políticos y el compromiso de los Estados, se
encuentra sujeto a la disponibilidad de recursos con que cuentan; derivado de lo cual, su plena
efectividad se logrará de manera progresiva, contando únicamente con un mecanismo de
supervisión; y, a partir de 2008, además con el protocolo facultativo para investigar sobre
violaciones a tales derechos (Naciones Unidas, 1976).
En 1972, se realizó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano o
Declaración de Estocolmo, donde se adoptaron la Declaración y el Plan de acción de Estocolmo
para el medio humano, así como principios para la gestión racional del medio ambiente, en la
cual además se consideró el impacto que se generaba en el medio, observable en la
contaminación de aire y agua, lo que afectaba el bienestar de las personas.
Además, se creó el Programa de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA), cuya
labor es generar la cooperación entre los Estados miembros por la cual resolver los problemas
de contaminación; y, en la Declaración de Mar de la Plata de 1977, se reconoció el derecho de
acceso al agua potable en cantidad suficiente, a partir de lo cual se desarrollaron normas
relacionadas.
Asimismo, en la Resolución 38/161 de la Asamblea General se creó la Comisión Mundial sobre el
Medio Ambiente y Desarrollo, derivado de lo cual se realizó el documento parteaguas hasta ese
momento “Nuestro futuro común”, conocido como Informe Brundtland, por ser ella quien lo
dirigió.
Adicionalmente, la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos (Carta Banjul), firmada
en Nairobi en 1981, en su artículo veinticuatro, considera el derecho a un entorno general
satisfactorio favorable para el desarrollo de los pueblos, lo cual permite incluir en su
interpretación desde condiciones óptimas en cuanto a sus recursos naturales, tales
como alimentación, acceso al agua potable, un adecuado manejo de residuos, así como las
relativas a la paz, la erradicación de la pobreza, una adecuada salud tanto física como mental, e
incluso cuestiones de equidad y justicia entre otras.
Fue en 1988, que se incorporó a la Convención Americana de Derechos Humanos, el Protocolo
de San Salvador, cuyo artículo 11 refiere el “derecho a vivir en un medio ambiente sano y contar
con servicios públicos básicos”; así como la obligación de los Estados Parte de promover “la
protección, preservación y mejoramiento del medio ambiente”.
Aunado a ello, en 1992 se celebró la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente
y el Desarrollo, también conocida como Cumbre de la Tierra, donde se adoptaron:
En 1997, se signó el Protocolo de Kyoto, a efecto de disminuir las emisiones de fluidos
contaminantes.
Derivado de la Cumbre de la Tierra, se realizaron:
Esa Declaración del Milenio, considera una responsabilidad colectiva por la cual
defender la dignidad humana, los derechos humanos, la igualdad y la cooperación
internacional, con la finalidad, de resolver los problemas internacionales en los ámbitos
económico, social y cultural, instituyendo para ello ocho objetivos (Naciones Unidas,
2000):
Erradicar la pobreza extrema y el hambre.
Lograr la enseñanza básica universal.
Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer.
Reducir la mortalidad de los niños menores de 5 años.
Mejorar la salud materna.
Combatir el VIH/SIDA, el paludismo, la malaria y otras enfermedades.
Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.
En 2009 se realizó el Cuarto Programa de Montevideo de Desarrollo y Examen Periódico del
Derecho Ambiental, para el decenio hasta 2020
Finalmente, en el documento "Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo
Sostenible" de 2015, se adoptaron los Objetivos del Desarrollo Sustentable, ampliando los
Objetivos del Milenio a diecisiete objetivos:
1. Erradicar la pobreza en todas sus formas, en todo el mundo.
2. Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición, así como
promover la agricultura sostenible.
3. Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos, en todas las edades.
4. Asegurar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, así como promover
oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos.
5. Lograr la igualdad entre los géneros, empoderar a mujeres y niñas.
6. Garantizar la disponibilidad de agua, su gestión sostenible y el saneamiento para todos.
7. Asegurar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos.
8. Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, así como el
empleo pleno y productivo, con un trabajo decente para todos.
9. Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible,
además de fomentar la innovación.
10. Reducir la desigualdad en y entre los países.
11. Lograr que las ciudades y los asentamientos
humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.
12. Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles.
13. Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos,
14. Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, mares y recursos marinos para el
desarrollo sustentable.
15. Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres,
gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e
invertir la degradación de las tierras y frenar la pérdida de la diversidad biológica.
16. Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el
acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a
todos los niveles.
17. Fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo
Sostenible.
Lo anterior comprendido a la luz de la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto
de San José de Costa Rica, permite extender esas obligaciones de los Estados Parte a la materia
ambiental, siendo las más importantes las contenidas en los numerales 1, 2, 26 y 29.
Dado que los dos primeros arábigos hacen alusión a la obligación de respetar los derechos a todas
las personas, independientemente de características, condiciones o circunstancias, así como la
de adoptar las disposiciones de derecho internos con la finalidad de garantizar y hacer efectivos
los derechos y libertades contenidos en los diversos convenios y tratados que, en caso de
nuestro país, son suscritos y ratificados.
Por su parte, el precepto 29, prohíbe que la interpretación de la norma limite "el goce y ejercicio
de cualquier derecho o libertad que pueda estar reconocido de acuerdo con las leyes de
cualquiera de los Estados partes".
Aunado a ello, el deber de adoptar providencias, por las cuales se logre “progresivamente la plena
efectividad de los derechos que se derivan de las normas económicas, sociales y sobre educación,
ciencia y cultura, contenidas en la Carta de la Organización de los Estados Americanos, reformada
por el Protocolo de Buenos Aires, en la medida de recursos disponibles, por vía legislativa u otro
medios apropiados" (Pacto de San José, art. 26).
Así las cosas, aun cuando no se encuentra explícitamente establecido como obligación, al
concatenarse el contenido de estos numerales con el mencionado protocolo, se afirma la
responsabilidad de cumplimentarlo de forma progresiva, es decir, en la medida que los recursos
lo permitan, ya sea mediante normatividad adecuada, políticas públicas e incluso cooperación
internacional, como sería el caso del cumplimiento de los Objetivos del Desarrollo Sustentable.
Esto, en atención a que las obligaciones que el Estado asume al suscribirse a un Tratado son,
tendentes a armonizar el sistema jurídico doméstico con el internacional, las cuales consisten en
(Carbonell, 2014: 138):
En ese sentido, el Derecho Internacional refiere que el menoscabo de un derecho de la
persona, con motivo de la acción u omisión de la autoridad es atribuible al Estado que
“compromete su responsabilidad en los términos previstos por la misma Convención”;
siendo que además se estableció la obligación de ese Estado de “tomar todas las medidas
necesarias para remover los obstáculos que puedan existir para el disfrute de esos
derechos” (CIDH, 1990: 34).
Así, en el caso Villagrán Morales y otros (de los Niños de la Calle) vs Guatemala, la Corte
Interamericana resolvió “el esclarecimiento de si un estado ha violado o no sus
obligaciones internacionales por virtud de las actuaciones de sus órganos judiciales, puede
conducir a que el Tribunal deba ocuparse de examinar los respectivos procesos internos”
(CIDH, s. C-63: 34).
Asimismo en el diverso Olmedo Bustos vs Chile, refirió la responsabilidad internacional
del Estado implica tanto actos u omisiones “de cualquier poder u órgano de éste,
independientemente de su jerarquía, que violen la Convención Americana” (CIDH, s. C-
73: 72), así como la aquiescencia de éste, es decir la tolerancia a esas violaciones entre
particulares, como se observa en los Caso Blake contra Guatemala y de los 19
comerciantes contra el Estado Colombiano.
Por cuanto, hace a la materia ambiental, la Corte Europea de Derechos Humanos
determinó “cuando la contaminación y degradación del medio ambiente constituyen una
amenaza persistente a la vida y salud del ser humano, se comprometen dichos
derechos, y pueden dar lugar a la obligación del Estado de tomar medidas
razonables para evitar dicho riesgo, o las necesarias cuando las personas han sido
lesionadas" (Comisión IDH, 1997).
Sostuvo la contaminación por parte de la empresa química Enichem AgriColtura
establecida cerca del pueblo Manfredonia, constituía una obligación del Estado, puesto
que aun cuando no había inferido directamente en la violación al derecho, debía adoptar
medidas efectivas de protección, siendo que no se contaba con regulación; en ese sentido,
aun cuando la vulneración no se haya efectuado por el Estado, sí es susceptible de
responsabilidad “por la falta de la debida diligencia para prevenir la violación o para
tratarla en los términos requeridos por la Convención” (CIDH, s. C-4: 172).
Con esas resoluciones se advierte, la consideración del Estado como garante de los
derechos, entre los que se considera el del ambiente sano, por lo que tampoco deberá
tolerar las violaciones entre particulares, puesto que esa responsabilidad resultaría de un
no hacer, es decir, una carencia de normatividad, difusión, políticas públicas, capacitación,
entre otras.
Con lo cual, además se conformaron las obligaciones de prevenir, investigar, sancionar y
reparar; esta última fundamental en materia ambiental, dado el compromiso del Estado a
resarcir el daño causado, la cual puede consistir en (CIDH, s. C-34):
Resulta de relevancia que por cuanto hace a la garantía de no repetición, el Estado se
obliga a adoptar las medidas necesarias para asegurar que esas violaciones no se
produzcan nuevamente; lo cual abona a los derechos relativos a esta asignatura, como el
caso del ambiente sano, acceso al agua, al desarrollo sustentable, entre otros.
Mecanismos de protección constitucional
Si bien es cierto, en nuestro país la Constitución ha sido instaurada como nuestra norma
suprema de conformidad con su artículo 133, por lo que toda normatividad deberá
sujetarse a la misma, también lo es, que se rige bajo los siguientes principios base (SCJN,
2009: 61, 62):
Sin embargo, no basta con contar con una Constitución, además deben establecerse
diversos mecanismos por los cuales ser eficaz. Así, dado que los derechos humanos se
encuentran contenidos en ese texto, constituirán parámetros de articulación respecto de
las demás normas, así como el marco de referencia por el cual se deben regir las
actuaciones de la autoridad.
Aunado a ello, el Estado deberá implementar mecanismos por los cuales cumplimentar
esos derechos, así como medios por los cuales hacerlos exigibles; derivado de lo cual, se
han desarrollado tanto el control constitucional como el convencional, labor que realiza
el juez como operador jurídico, dado que, a través de esas resoluciones se preserva el
orden constitucional, con lo cual se evita la violación de los derechos humanos
incorporados a su contenido axiológico, ya sea mediante ese texto fundamental o en los
tratados internacionales de los que México es parte.
Convirtiéndose la defensa de la Constitución, por medio de la institución del control de la
regularidad constitucional, en un medio civilizado y racional para la instauración de la paz
y la eliminación de la violencia descentralizada, que caracteriza a las situaciones sociales
donde la legitimidad y la creencia en la validez del derecho se ha deteriorado o destruido.
Así, con el advenimiento del constitucionalismo se pretende que los problemas de poder
se disuelvan en una norma jurídica y se resuelvan a través del derecho.
En ese sentido, la defensa constitucional comprende dos aspectos: la normalidad
constitucional, integrada por aquellos instrumentos por los cuales funciona el sistema
establecido en la Constitución; y, los instrumentos predominantemente de carácter
procesal, que permiten la operatividad de las normas fundamentales, tratándose de
violaciones a esas normas (Cossío, 2000: 43-50).
Cuyo objeto, en caso del primero, consiste en lograr el adecuado funcionamiento de los
órganos del poder; mientras que en el segundo, refiere la efectividad de las normas
fundamentales ya sea por incertidumbre, conflicto o violación de éstas, a través de la
incorporación de los instrumentos jurídicos denominados como garantías (Fix-Zamudio,
1968: 149).
Con motivo de la incorporación del paradigma de regularidad constitucional y
convencional, derivado de la reforma a la Carta Magna de 2011, se han considerado
dos tipos de fuentes de normas:
Interno, denominado derecho procesal constitucional, contenido en el texto fundamental.
Externo, el cual refiere aquella normativa internacional en materia de derechos
humanos que ha sido suscrita y ratificada por el Estado mexicano, así como las
resoluciones derivadas de la actividad jurisdiccional de las Cortes a las que se les ha
reconocido jurisdicción.
Así es posible considerar que se trata de un sistema monista, en el que tanto el derecho
internacional como el doméstico, integran un sistema jurídico; o, el dualista el cual reconoce dos
órdenes jurídicos distintos, con una relación entre sí.
En nuestro caso mexicano se cuenta con dos integrantes fundamentales, derivados
del reconocimiento a la normativa internacional que realiza el artículo 1.º de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos, lo que aunado a la interpretación realizada por la
Suprema Corte de Justicia de la Nación, derivado del control difuso convencional y concentrado
constitucional, implica incorporar como propias algunas cuestiones del derecho externo (“Sistema
de Control Constitucional en el Orden Jurídico Mexicano” [Tesis aislada] P. LXX/2011 (9.ª)).
Así advertimos como mecanismos de control externos:
Internacional de protección de derechos humanos
Consiste en el “conjunto de normas contenidas en uno o varios instrumentos internacionales de
carácter convencional, que definen y enumeran los derechos y libertades fundamentales que
todo ser humano debe disfrutar. A su vez, determinan las obligaciones asumidas por los Estados
para hacer efectivo su compromiso” (Carvajal, 2016: 395).
Con base en la Carta de las Naciones Unidas de 1945, cuenta con la Asamblea General, el Consejo
de Seguridad, el Consejo Económico y Social, el Consejo de Derechos Humanos, entre otros.
Así como el Tribunal Penal Internacional, con competencia para conocer de los crímenes más
graves de trascendencia internacional, el cual no juzga a un Estado sino a personas que hayan
cometido esos delitos, por lo que, la responsabilidad determinada es individual.
Regionales
Derivados de la asociación voluntaria de Estados con motivo de intereses colectivos, en la que se
ha pactado además lo relativo a órganos permanentes, propios e independientes, por la cual
conformar una organización distinta a las partes; entre lo que se observan al menos europeo,
africano y americano.
Siendo relevante en el tema a estudio, el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, el cual
cuenta con la Organización de Estados Americanos (OEA), de lo que se derivó la Convención de
Derechos Humanos en el Continente Americano, y se incorporaron las Corte y Comisión
Interamericanas de Derechos Humanos, cuyos objetivos son la salvaguarda, protección e
interpretación de los derechos humanos contenidos en esa convención, así como en el
mencionado Protocolo; siendo que sus criterios tendrán el carácter de vinculantes
independientemente de si México es parte o no, según lo resuelto por la Suprema Corte de Justicia
de la Nación.
Por cuanto hace a los mecanismos de control internos, debe decirse, su objetivo es preservar el
contenido de la Carta Magna, así como de la remisión a los textos internacionales; mismos que
independientemente de su carácter jurisdiccional o administrativo, deberán estar considerados
por la propia Constitución; de los cuales se advierten los siguientes:
Juicio de Amparo
Regulado en los artículos 103 y 107 constitucionales, así como en su Ley Reglamentaria, es
de competencia federal, y considerado el medio de defensa por excelencia de los
derechos humanos con que cuentan las personas, contra normas generales, actos u
omisiones de autoridad, que vulneren algún derecho humano; siendo que con motivo de
los preceptos 14 y 16 de la Constitución, lo relativo a la legalidad de las actuaciones
judiciales se convierte en una cuestión de constitucionalidad.
Controversia Constitucional
Incorporado a la fracción I del numeral 105, es un medio de defensa tratándose de
conflictos entre entes, poderes, u órdenes de gobierno, incluidos los órganos
constitucionales autónomos, en los tres órdenes de gobierno, con motivo de la invasión
de su esfera de competencia o atribuciones consideradas en la propia Constitución
Federal, ya sea por normas generales, actos u omisiones, salvo que se trate de materia
electoral (“Controversia Constitucional. Existe interés legítimo para la procedencia de la
acción cuando se actualiza una afectación a la esfera de atribuciones de las entidades,
poderes u órganos legitimados, a su esfera jurídica, o solamente un principio de
afectación” [Tesis aislada], 2a. XVI/2008).
Acción de Inconstitucionalidad
Contenido en la siguiente fracción del arábigo 105, permite plantear la posible contradicción de
una norma de carácter general, incluidos los tratados internacionales, con la Constitución; si
bien para declarar la invalidez de la norma se requiere una votación a favor por mayoría calificada,
es decir, por ocho ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, conserva la supremacía
de la Constitución; puesto que las personas designadas por la Carta Magna para promoverla
únicamente tutelan la prevalencia de su contenido sin requerirse que en sí mismas resientan un
agravio, por lo que constituye un control abstracto.
Asimismo, es la única vía que permite plantear la no constitucionalidad de una norma en materia
electoral.
Juicio para la protección de los derechos político-electorales del ciudadano
Contenido en el artículo 99 y de competencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de
la Federación, resuelve lo relativo en esa materia.
Juicio político y declaración de procedencia en materia penal
Relatados en los numerales 109 a 111, sustanciado ante el Congreso de la Unión, en el
primero de los casos permite que ese órgano resuelva si alguno de los funcionarios
señalados en el primero de los preceptos incurrió en responsabilidad política, por actos
u omisiones contrarios a los intereses públicos fundamentales o de su buen despacho,
dado que implican una responsabilidad, civil, administrativa o penal, y, por ende, una
sanción. Por cuanto hace al segundo de los mencionados, refiere la pérdida de la
prerrogativa constitucional conocida como fuero, a efecto de que se dirima si existe la
responsabilidad penal imputada ante las instancias correspondientes, ello sin prejuzgar
sobre su culpabilidad; derivado, de que esta decisión es política, en caso de no favorecerse
la declaración de procedencia, el ilícito no prescribe durante el encargo del servidor
público.
Protección de los derechos humanos
De conformidad con lo establecido en el arábigo 102, apartado B, los organismos protectores de
derechos humanos no judiciales, federales o locales, cuentan con la facultad de investigar quejas
presentadas con motivo de la violación a los derechos humanos, así como de violaciones graves;
por lo que, si bien sus resoluciones no son vinculantes, es decir, no existe una sanción por no
acatarlas, la responsabilidad pública estriba en que deberá explicarse el porqué de la negativa.
Tratándose del orden federal ese organismo es la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
En tales condiciones, esta construcción del derecho procesal constitucional permite conocer las
acciones o recursos que es posible interponer, quienes están legitimados para hacerlo, los plazos
para ello; y, en qué sentido puede emitirse la resolución correspondiente.
Es importante mencionar que en nuestro orden jurídico no existe procedimiento por el
cual combatir una reforma o adición a la Constitución Federal (“Procedimiento de
Reformas y Adiciones a la Constitución Federal. No es susceptible de control
Jurisdiccional” [Tesis jurisprudencial], P./J. 39/2002).
Asimismo, es indispensable considerar con la reforma de 2011 en materia de derechos
humanos, se estableció el bloque de constitucionalidad, mediante el cual el catálogo de
derechos contenido en la Carta Magna, se amplía a las disposiciones contenidas en
normas internacionales suscritas y ratificadas por el Estado Mexicano, bloque de
regularidad al que se incorpora la interpretación realizada por la autoridad, si bien la
Suprema Corte de Justicia de la Nación ha referido una serie de pautas para realizar los
controles convencionales y constitucionales a que están obligados los juzgadores; en
principio con la resolución Varios 912/2010, que después fuera complementado por
diversas sentencias como en el caso de la Contradicción de Tesis 293/2011 (“Control de
Constitucionalidad y de Convencionalidad (reforma constitucional de 10 de junio de 2011),
[Tesis Jurisprudencial], 1a./J. 18/2012 (10a.)).
Así las cosas, en un primer momento deberá realizar una armonización respecto de todo
el cuerpo normativo en atención a la interpretación conforme; y de no ser esto posible
deberá resolver entre expulsar la norma, declararla inválida o desaplicarla, atendiendo al
principio pro persona, consistente en observar lo más favorable a la persona.
En esas condiciones, el control de la constitucionalidad otorga fuerza obligatoria a las
normas constitucionales al evitar que el ejercicio de los derechos humanos, quede en el
arbitrio del Estado, cuyo objeto es la legislación secundaria y los actos de autoridad.
En México, quien funge como tribunal constitucional, es la Suprema Corte de Justicia de
la Nación; sin embargo, por lo ya mencionado, también revisa cuestiones de legalidad; al
igual que los diversos órganos jurisdiccionales parte del Poder Judicial de la Federación, en
materia de amparo.
Fue precisamente a partir de la resolución del mencionado expediente Varios 912/2010,
que se superó el criterio de control concentrado que tradicionalmente operaba en
nuestro sistema jurídico; ampliándolo a los distintos órganos jurisdiccionales ya sea
mediante control concentrado constitucional o difusos de éste y del convencional;
derivado de lo cual, el juzgador deberá considerar en el ejercicio de sus atribuciones:
Derivado de ello, se conformó el control de regularidad constitucional difuso,
estableciéndose su carácter obligatorio para todos los organismos jurisdiccionales,
quienes libremente podrán elegir inaplicar la norma o armonizarla con el entramado
jurídico; para lo cual a partir del contenido de la norma fundamental, mediante la
interpretación conforme en estricto o amplio sentido se realice ese control, eligiendo la
interpretación que más se ajuste a los contenidos de la Constitución y los tratados
internacionales, así como lo más favorable a la persona.
En el caso de las demás autoridades del país, es decir, las que no realizan el ejercicio
jurisdiccional, deberán aplicar las normas correspondientes, en el ámbito de sus
atribuciones, atendiendo a ese principio pro persona, sin tener la posibilidad de inaplicar
o declarar la incompatibilidad de éstas.
Posteriormente, con el ejercicio de tales controles, se derivaron otros criterios, entre los
cuales se señaló el control de regularidad constitucional difuso o ex officio, que se
realizará con motivo de la función jurisdiccional y en el ámbito de su competencia, sin
necesidad de que se efectúe a petición de parte (“Control de regularidad constitucional ex
officio. Los tribunales colegiados de circuito deben ejercerlo sólo en el ámbito de su
competencia”. [Tesis aislada] P. IX/2015 (10a.), “Control de regularidad constitucional ex
officio. Los tribunales colegiados de circuito no están facultados para ejercerlo respecto de
normas que rigen el juicio de origen” [Tesis aislada]. P. X/2015 (10a.), “Control difuso de
constitucionalidad y convencionalidad. Su ejercicio no limita ni condiciona el del control
concentrado”, [Tesis aislada], CCXC/2015 (10a.)).
En tales condiciones, el control concentrado de constitucionalidad y convencionalidad de
las normas generales por vía de acción corresponde únicamente a los órganos del Poder
Judicial de la Federación, esto es, decidir la invalidez o expulsar del orden jurídico aquellas
normas que se estimen violatorias de derechos humanos; por lo que, decidirán si una
disposición es o no contraria a la Constitución Federal y a los tratados internacionales en
materia de derechos humanos (“Control de Convencionalidad ex officio en un modelo de
control difuso de Constitucionalidad” [Tesis aislada constitucional] P. LXVII/2011(9a.)).
Para ese control, deberán verificar que:
a) la norma se haya producido por quien legalmente tiene competencia para ello;
b) bajo el procedimiento previamente previsto en el orden jurídico vigente;
c) esa norma se encuentre sujeta a un ámbito material de regulación; y,
d) sea conforme a la Constitución, los tratados internacionales, y la legislación secundaria,
observando en todo momento la jerarquía que corresponda.
En tanto, para el control difuso, los órganos jurisdiccionales, solamente dejarán de aplicar la
normativa secundaria, en el ámbito de sus competencias. Es importante mencionar, que es
presupuesto para aplicar ese proceso estimar las normas como “sospechosas”, dado que “las
normas no pierden su presunción de constitucionalidad sino hasta que el resultado del control así
lo refleje”, máxime que mediante la interpretación conforme pueden integrarse al orden
constitucional (“Control de constitucionalidad y convencionalidad ex officio. Condiciones generales
para su ejercicio”, [Tesis jurisprudencial], 1a./J. 4/2016 (10a.)).
Por tanto, “el control de convencionalidad es un control de constitucionalidad desde el punto de
vista sustantivo, dada la interpretación material que se hace del artículo 1o. constitucional”,
consecuencia además de la obligación referida en la Convención Americana de adoptar las
medidas necesarias para el cumplimiento de los tratados internacionales que se suscriben
(“Parámetro de regularidad constitucional. Se extiende a la interpretación de la norma nacional o
internacional”. [Tesis aislada], 1a. CCCXLIV/2015 (10ª.)).
Aunado al hecho de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación negó ser competente para
cuestionar su validez, analizar, revisar, calificar o decidir si una sentencia dictada por la Corte
Interamericana de Derechos Humanos es correcta, o si se excede en relación a las normas que
rigen su materia y proceso; limitándose a su cumplimiento en el ámbito de sus competencias
(SCJN, 2010).
Finalmente, se ha establecido que lo resuelto por la Corte Interamericana de Derechos Humanos
es vinculante para los juzgadores, ya sea porque el Estado Mexicano fue parte, o porque resulta
más favorable a la persona, ello en colaboración con la jurisprudencia nacional; y, siempre y
cuando no se advierta una restricción expresa en la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos.
Ahora bien, por cuanto hace a la interpretación conforme se ha referido, constituye un método
que permite armonizar la normativa secundaria respecto las constitucionales y
convencionales; por lo que refiere la “técnica hermenéutica por la cual los derechos y libertades
constitucionales son armonizados con los valores, principios y normas contenidas, en los tratados
internacionales sobre derechos humanos signados por los Estados, así como por la jurisprudencia
de los tribunales internacionales (y en ocasiones otras resoluciones y fuentes internacionales),
para lograr su mayor eficacia y protección” (Ferrer Mac-Gregor, 2014:358).
En ese sentido, por cuanto hace al derecho al medio ambiente sano, deberá considerarse lo
establecido por la Constitución en su numeral 4:
Nuestra Constitución establece…
Artículo 4. […]
Toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar. El Estado
garantizará el respeto a este derecho. El daño y deterioro ambiental generará responsabilidad
para quien lo provoque en términos de lo dispuesto por la ley.
[…]
Derecho que si bien ya se ha reseñado su interdependencia con otros y señalado su
titularidad colectiva, debe decirse además el juzgador deberá valorar el significante sano,
a efecto de otorgarle un significado.
Numeral respecto del cual se deriva la normatividad secundaria en materia ambiental,
entre las que se observan:
La Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente
Ley Federal de Responsabilidad Ambiental
Ley de Desarrollo Rural Sustentable
Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos
Ley General del Cambio Climático
Ley de Transición Energética
Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable, entre otras
Las cuales precisamente se estiman dentro de sus objetivos, consideran la preservación del
ambiente o de los ecosistemas, así como identificar problemas en él y restaurarlo.
Máxime que no es indispensable que se señale la protección del ambiente literalmente, sino que
refiere alguno de sus ámbitos como ocurre con la Ley General de Aguas, Ley General de Vida
Silvestre, Ley de Hidrocarburos, Ley de Promoción y Desarrollo de los Bioenergéticos, etcétera.
Por cuanto hace a la utilización de derechos contenidos en tratados internacionales, el medio
ambiente incorpora aquellos derechos que son indispensable para la efectiva protección al
ambiente, con mayor énfasis en los procesales; sin embargo, también se requiere un ambiente
adecuado a efecto de que pueda gozarse de esos derechos, es decir, la vida, la salud, la
alimentación, entre otros (Nava, 2016: 308).
En ese sentido, y toda vez que se han reseñado los documentos que consideran lo relativo a este
derecho, dependerá de la intención del juzgador respecto de las características y límites que
estime deberán reconocerse para el derecho humano al medio ambiente, con lo cual podrá
construirse éste a través de las distintas resoluciones tanto en las fuentes internacionales como en
la nacional, en aras desde luego, de sostener ese bienestar antropocéntrico.
Disposiciones de la ley de amparo para tutelar derechos difusos de
incidencia colectiva
Por cuanto hace a la protección de los derechos colectivos y con motivo de la reforma en
materia de derechos humanos de 2011, se instauraron las acciones colectivas, a efecto de
materializar el contenido de los derechos económicos, sociales y culturales, dada su
característica progresiva y su complejidad en cuanto a titulares indeterminados o
colectivos, para el Estado y sus autoridades, dado que su contenido suele no estar
definido y ser circunstancial.
Si bien, previamente en 1988 la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Medio
Ambiente implementó la figura procesal denominada denuncia popular, la cual permitía
que cualquier persona, grupo social, asociaciones y sociedades, pudieran hacer del
conocimiento de la autoridad hechos, actos u omisiones que produjeran un desequilibrio
ecológico o dañaran el medio ambiente.
Posteriormente, en 1992, la Ley Federal de Protección al Consumidor consideró las
acciones de grupo, por las cuales la Procuraduría Federal del Consumidor demandaba por
la vía judicial, la reparación del daño a consumidores afectados (Lugo, 2010: 72).
Sin embargo su inclusión al texto constitucional se hará hasta el 29 de enero de 2016, con
la reforma al artículo 17 de la Constitución Política de los Estados Unidos, la cual
incorpora lo relativo a las acciones colectivas en los siguientes términos:
Nuestra Constitución establece…
Artículo 17. […]
El Congreso de la Unión expedirá las leyes que regulen las acciones colectivas. Tales leyes
determinarán las materias de aplicación, los procedimientos judiciales y los mecanismos
de reparación del daño. Los jueces federales conocerán de forma exclusiva sobre estos
procedimientos y mecanismos. […]
En principio, los derechos difusos proceden de la intención del legislador de establecer
mecanismos e instrumentos procesales por los cuales hacer efectivos esos derechos
colectivos, como una medida para acceder a la justicia, si bien existieron modificaciones
en distintas normas, la más relevante se observa en el Código Federal de Procedimientos
Civiles, en sus artículos 1 y 24, adicionándose los numerales 578 al 626, el cual incluso
resulta de aplicación supletoria, tratándose del juicio de amparo, la controversia
constitucional y la acción de inconstitucionalidad (Cámara de Senadores, 2009).
Sin embargo, se modificaron además, el Código Civil Federal, agregando el numeral 1934
bis, la Ley Federal de Competencia Económica, en el precepto 12, fracción XXVIII, la Ley
Federal de Protección al Consumidor, en su arábigo 26, la Ley Orgánica del Poder Judicial
de la Federación, respecto de sus artículos 58 y 59, la Ley General de Equilibrio Ecológico
y la Protección al Ambiente, en el numeral 202; y, la Ley de Protección y Defensa al
Usuario del Servicio Financiero, relativo a sus preceptos 11 y 92.
Esto, toda vez que “con la protección de los intereses difusos y colectivos se persigue la
defensa y el mejoramiento de la calidad de vida de la comunidad o del grupo”, por la cual
lograr su defensa, derechos que corresponden a una “comunidad amorfa, fluida y flexible”
(Carpizo, 2012: 1104), de la cual se puede advertir su identidad social, pero sin
personalidad jurídica.
Para lo cual se instauraron las acciones colectivas a efecto de garantizar el acceso a la
justicia y brindar seguridad a la sociedad mediante el trámite de una acción que englobe
las pretensiones de una colectividad afectada, por las cuales, el juzgador permita
procedimientos ágiles, sencillos y flexibles (“Acciones colectivas. Obligación de los
juzgadores al interpretar las normas que rigen el procedimiento colectivo”, [Tesis Aislada],
1a. LXXXIV/2014 (10a.)).
Así, les corresponde la tutela de las pretensiones cuya titularidad concierna a una
colectividad de personas, o incluso individuales, siempre y cuando se trate de miembros
de un grupo de personas determinadas, será competencia de los Tribunales de la
Federación, únicamente en materia de relaciones de consumo de bienes o servicios,
públicos o privados y medio ambiente, de conformidad con el apartado correspondiente
en el Código Federal de Procedimientos Civiles, por los jueces civiles, salvo que se trate
de acciones colectivas mercantiles, cuya competencia será del ámbito mercantil.
Esto, en los siguientes términos (CFPC, art. 580):
La Ley establece…
Artículo 580. En particular, las acciones colectivas son procedentes para tutelar:
I. Derechos e intereses difusos y colectivos, entendidos como aquéllos de naturaleza
indivisible cuya titularidad corresponde a una colectividad de personas,
indeterminada o determinable, relacionadas por circunstancias de hecho o de
derecho comunes.
II. Derechos e intereses individuales de incidencia colectiva, entendidos como aquéllos
de naturaleza divisible cuya titularidad corresponde a los individuos integrantes de
una colectividad de personas, determinable, relacionadas por circunstancias de
derecho.
Asimismo, el código adjetivo en comento, ha clasificado las acciones colectivas en (CFPC,
art. 581):
Acción difusa
De naturaleza indivisible, se ejerce para tutelar los derechos e intereses difusos, por lo
que su titular es una colectividad indeterminada, cuyo objeto consiste en reclamar
judicialmente del demandado la reparación del daño causado a esa colectividad; por lo
que se restituirán las cosas al estado que guardaren antes de la afectación, y de no ser
posible, se considerará el cumplimiento sustituto. Para ello, no se requiere vínculo
jurídico entre dicha colectividad y el demandado.
Acción colectiva en sentido estricto: También de naturaleza indivisible, se ejerce para
tutelar los derechos e intereses colectivos, cuyo titular es una colectividad determinada o
determinable con base en circunstancias comunes, cuyo objeto consiste además de
reclamar judicialmente del demandado, la reparación del daño causado (con un hacer o
una abstención), así como a cubrir los daños en forma individual a los miembros del
grupo, por lo que se deriva de un vínculo jurídico común existente por mandato de ley
entre la colectividad y el demandado.
Acción individual homogénea: Refiere a una naturaleza divisible, que se ejerce para tutelar
derechos e intereses individuales de incidencia colectiva; por lo que, sus titulares son
individuos agrupados con base en circunstancias comunes, cuyo objeto es reclamar
judicialmente de un tercero el cumplimiento forzoso de un contrato o su rescisión con sus
consecuencias y efectos según la legislación aplicable.
En esas condiciones, las pretensiones podrán realizarse declarativas, constitutivas o de
condena, siendo obligación del juzgador aplicar el principio pro persona y ejercer la
interpretación conforme, para la protección del interés general y los derechos e intereses
colectivos; en tanto que, el código sustantivo ha establecido la obligación de indemnizar
conforme lo refiere el capítulo de acciones colectivas en comento (CFPC, arts. 582-583).
Asimismo, debe señalarse que el Código Federal de Procedimientos Civiles ha
considerado la prescripción de las acciones colectivas a los tres años seis meses
contados a partir del día en que se haya causado el daño, salvo que el daño sea de
naturaleza continua, en cuyo caso, el plazo se computará a partir del último día en que se
haya generado éste (CFPC, art. 584).
Se les reconoce legitimación activa conforme al numeral 585 del referido Código Federal
de Procedimientos Civiles, a:
La Ley establece…
Artículo 585. Tienen legitimación activa para ejercitar las acciones colectivas:
I. La Procuraduría Federal de Protección al Consumidor, la Procuraduría Federal de
Protección al Ambiente, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios
de Servicios Financieros y la Comisión Federal de Competencia;
II. El representante común de la colectividad conformada por al menos treinta miembros;
III. Las asociaciones civiles sin fines de lucro legalmente constituidas al menos un año
previo al momento de presentar la acción, cuyo objeto social incluya la promoción o
defensa de los derechos e intereses de la materia de que se trate y que cumplan con los
requisitos establecidos en este Código, y
IV. El Fiscal General de la República.
Legitimidad, que es reconocida por las Leyes Federales de Competencia Económica, de
Protección al Consumidor, de Protección y Defensa al Usuario del Servicio Financiero y la
diversa Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, así como a
cualquier legitimado; en los términos de los arábigos correspondientes a las leyes
específicas ya citadas.
La cual deberá realizarse de forma adecuada, es decir:
Que la actuación se realice con diligencia, pericia y buena fe.
No se actualice algún conflicto de interés.
No promover o haber promovido de manera reiterada acciones difusas, colectivas o
individuales homogéneas frívolas o temerarias, ni con fines de lucro, electorales,
proselitistas, de competencia desleal o especulativas.
No haberse conducido con impericia, mala fe o negligencia en acciones colectivas
previas.
Puesto que la representación de la colectividad en el juicio se considera de interés
público, el juez deberá vigilar su desempeño en la substanciación del proceso; por lo que
de resultar responsable se dará lugar a la remoción y sanciones que correspondan, lo que
será registrado por el Consejo de la Judicatura Federal; sin que sea óbice de la
responsabilidad del representante frente a la colectividad por el ejercicio de su gestión
(CFPC, art. 586).
Es importante mencionar que tratándose de estos procedimientos, los miembros de una
colectividad afectada podrán adherirse, tratándose de las acciones colectivas en sentido
estricto e individuales homogéneas, por cada individuo que tenga una afectación a
través de una comunicación expresa por cualquier medio dirigida al representante; esto,
durante la substanciación del proceso y hasta dieciocho meses posteriores a que la
sentencia haya causado estado o, en su caso, el convenio judicial adquiera la calidad de
cosa juzgada (CFPC, art. 594).
Asimismo, durante el procedimiento, el juzgador podrá valerse de cualquier persona,
documento o cosa, a petición de parte o de oficio, siempre que tengan relación
inmediata con los hechos, para mejor proveer; lo que de igual forma ocurre, para
resolver el litigio o para ejecutar la sentencia respectiva, puesto que podrá solicitar a una
de las partes la presentación de información o medios probatorios que estime necesarios,
así como valerse de medios probatorios estadísticos, actuariales o cualquier otro derivado
del avance de la ciencia (CFPC, arts. 598-600).
Finalmente, ese código adjetivo considera la conformación de un Fondo con los recursos
provenientes de las sentencias que deriven de las acciones colectivas difusas, el cual será
administrado por el Consejo de la Judicatura Federal, con la finalidad de utilizarse
exclusivamente para el pago de los gastos derivados de los procedimientos colectivos, así
como para el pago de los honorarios de los representantes de la parte actora; así como
para el fomento de la investigación y difusión relacionadas con las acciones y derechos
colectivos (CFPC, arts. 624-625).
Por su parte, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ha identificado los intereses
difusos “con aquellas situaciones jurídicas no referidas a un individuo, sino
que pertenecen a una pluralidad de sujetos más o menos determinada o
indeterminable, que están vinculados únicamente por circunstancias de hecho en una
situación específica que los hace unificarse para acceder a un derecho que les es común”
(“Intereses difusos o colectivos. Su tutela mediante el juicio de amparo indirecto”, [Tesis
Jurisprudencial], XI.1o.A.T. J/10 (10a.)).
Mientras que los colectivos “corresponden a grupos limitados y circunscritos de personas
relacionadas entre sí debido a una relación jurídica, con una conexión de bienes
afectados debido a una necesidad común y a la existencia de elementos de identificación
que permiten delimitar la identidad de la propia colectividad” (“Intereses difusos o
colectivos. Su tutela mediante el juicio de amparo indirecto”, [Tesis Jurisprudencial],
XI.1o.A.T. J/10 (10a.).
Asimismo, ha reconocido la dificultad de tutelarlos mediante el amparo, con motivo de
la legitimación ad causam, puesto que se aparta del principio de agravio personal y
directo, así como con el diverso de la relatividad de las sentencias.
Máxime que aun cuando se incorporaron las acciones colectivas al numeral 17 del texto
constitucional y se ordenó la creación de leyes y procedimientos para implementar nuevos
mecanismos de tutela jurisdiccional para la defensa de los intereses colectivos, a la fecha
no se ha expedido el ordenamiento que reglamente las acciones relativas.
Derivado de ello, se ha determinado tratándose de los miembros de un grupo cuentan
“con interés legítimo para promover el juicio de amparo indirecto, en tanto que se hace
valer un interés común y la decisión del conflicto se traducirá en un beneficio o, en su
caso, en un perjuicio para todos y no sólo para quienes impugnaron el acto” (“Intereses
difusos o colectivos. Su tutela mediante el juicio de amparo indirecto”, [Tesis
Jurisprudencial], XI.1o.A.T. J/10 (10a.)).
Entendido como interés legítimo, el que se determina en virtud de la especial situación
de la persona frente al orden jurídico; interés que pese a no tener individualmente la
titularidad del derecho, es posible acreditarlo interés con la existencia de un vínculo entre
quien alega ser titular de ese derecho ambiental y de los servicios ambientales que presta
el ecosistema presuntamente vulnerado.
Así, será potestad del juez determinar si en principio se genera el vínculo a que se hace
referencia, considerando a partir de si el lugar respecto del cual se está protegiendo el
derecho es habitado incluso utilizado por la persona quejosa; lo anterior entendido a
partir, de que cada ecosistema cuenta con diversas áreas de influencia dependiendo de la
naturaleza de los servicios ambientales que presta, a partir de lo cual podrá determinarse
si la parte quejosa es beneficiario de sus servicios ambientales; y, por ende, se acredita el
interés legítimo (“Juicio de amparo en materia ambiental. Uso del ‘entorno adyacente’
como criterio de identificación del interés legítimo para promoverlo por personas físicas.”
[Tesis Jurisprudencial], 1a./J. 8/2022 (11a.)).
Se ha mencionado como crítica la tendencia de los titulares del Poder Legislativo,
para restringir el acceso a la justicia a los derechos difusos, en lugar de propiciar la
progresividad en su tutela, limitando con ello su disfrute (Anglés, 2015: 924).
Lo que reitera la siguiente tesis:
Interpretación de la Ley
Tesis aislada
“Responsabilidad ambiental. El legislador, al no justificar el trato diferenciado entre la
acción prevista en el artículo 28, párrafos primero, fracción II, y segundo, de la Ley
Federal Relativa, y la colectiva en la materia a que se refiere el Código Federal de
Procedimientos Civiles, moduló injustificadamente el núcleo esencial del derecho
fundamental de acceso a la justicia. El artículo 17 de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos permite al legislador regular los plazos y términos en los que
debe garantizarse el derecho fundamental de acceso a la justicia; sin embargo, ello no
implica que pueda establecer libremente requisitos que inhiban el ejercicio del derecho o
alterar su núcleo esencial. Ahora bien, respecto al ejercicio de la acción en materia
ambiental, el legislador estableció, por una parte, las acciones colectivas en el Código
Federal de Procedimientos Civiles como mecanismo para asegurar el acceso a la tutela
judicial para defender derechos colectivos o difusos, como lo es el medio ambiente y, por
otra, la acción prevista en la Ley Federal de Responsabilidad Ambiental, conforme a la cual
es factible demandar judicialmente la responsabilidad ambiental, la reparación y la
compensación de los daños ocasionados al ambiente y el pago de la sanción económica.
Sin embargo, por lo que toca a esta última, el artículo 28, párrafos primero, fracción II, y
segundo, de la ley citada, establece que las personas morales privadas mexicanas, sin fines
de lucro, deben actuar en representación de algún habitante de las comunidades
adyacentes al daño ocasionado al ambiente y acreditar que fueron legalmente
constituidas por lo menos tres años antes de la presentación de la demanda; en cambio,
en las acciones colectivas previstas en el código aludido, no se imponen dichos requisitos.
De ahí que, atento a la razonabilidad que debe tener la actividad legislativa al modular
los plazos y términos para un adecuado acceso a la justicia, se concluye que el legislador,
al no justificar el trato diferenciado previsto en dos acciones que protegen bienes
jurídicos similares, moduló injustificadamente el núcleo esencial del derecho
fundamental de acceso a la justicia.”
Sin embargo, pese a que se requiere de mayor regulación que posibilite la ampliación del
ejercicio de los derechos difusos y colectivos, no puede soslayarse, que a partir de la
reforma constitucional en materia de derechos humanos de 2011, se han sentado bases
por las cuales se han desarrollado nuevos mecanismos que permitan materializar los
derechos cuya titularidad aun cuando resulta indeterminable, su violación sí genera
afectaciones, tanto al colectivo como a los individuos que lo conforman.