CENTRO DE DOCUMENTACIÓN CIDAP
Fuente: El Mercurio
Fecha: Viernes 11 de agosto de 2017
Página: 4C
Año: 92
Edición: 35.169
Descriptor: ARTE RELIGIOSO ECUATORIANO – INTERCULTURALIDAD – ESCUELA
QUITEÑA
La interculturalidad en el arte religioso ecuatoriano
Entre las figuras del arte ecuatoriano descuellan nombres como de
los de Manuel Chilli (¨Caspicara¨), Bernardo de Legarda, Miguel de
Santiago, José Olmos (¨Pampite¨) entre otros, además de tantos
anónimos, muchos de ellos indígenas, exponentes del arte religioso
en la pintura y escultura del continente y que, vale decirlo, aún
siglos después de su obra, son referentes de la interculturalidad,
lograda con la conocida como la ¨Escuela Quiteña¨
Apenas fundada la ciudad de Quito, en 1535, dos sabios religiosos,
los frailes Jost de Rick y Pierre Gosseal, (Fray Jodoco Ricke y Pedro
Gosseal para el castellano de nuestro medio), llegaron de Malinas,
la actual Bélgica, y fundaron talleres o verdaderas escuelas para
enseñar el arte de pintar, de esculpir en madera y hasta de cantar;
y muchos de sus discípulos fueron indígenas y luego mestizos que
imitaban con maestría, e incluso sobre mármol, pinturas de
consagrados artistas como Rubens.
En principio, las obras nacidas en este tiempo fueron para dotar del
mobiliario y objetos necesarios para celebrar los ritos de la iglesia
católica, en los templos recién en construcción; luego, para
embellecer las iglesias, con magníficos altares y retablos,
bellamente tallados en madera dorada, como bruñido de oro.
No podían faltar expresivas imágenes religiosas en cuya decoración
adquirieron fama Diego de Robles, es uno de estos artistas de esta
época, (finales del siglo XVI), quizás mas conocido por ser el autor
de la escultura de la Virgen del Cisne que por otras como la de
Jesús del Gran Poder, que preside tantas procesiones.
Fray Agustín Moreno, coautor de la obra, ¨Quito Eterno, Quito
Moderno¨, destaca que entre los sucesores que aprendieron de las
escuelas de maestros dejadas por Fray Jodoco resalta Manuel Chilli,
¨el indio escultor, sin paralelo, por el dominio de la anatomía, del
movimiento y de la expresión¨, escribe.
Las obras de Caspicara, nombre que en quichua , fiel a su oficio,
significa ¨corteza de madera¨, se hallan en templos y museos,
especialmente quiteños.
De arte cristiano, entre las obras de Caspicara que destaca y
comenta Agustín Moreno están un crucifijo, de unos 60 centímetros,
de finales del siglo XVIII que se caracteriza por su perfección en la
representación de la anatomía y serenidad lograda en el rostro.
Igualmente, una imagen de la Virgen del Carmen, con el Niño Jesús,
a cuyo pie están figuras masculinas y femeninas de almas que, en
medio del fuego de tormento, purgan sus penas.
Destaca la tonalidad lograda para representar la piel de los
personajes y policromado de los vestidos.
En la misma técnica destaca una imagen de San José con el Niño
Jesús y en los vestidos del Santo con una decoración vegetal muy
lograda, detallista al extremo.
Según el autor, los artistas del tiempo colonial tallaban en principio
un modelo pequeño antes que lanzarse a una obra mayor, fruto de
ello es una imagen de San Francisco de Asís, esta vez en marfil
policromado, de solo 11 centímetros, y que incluye un crucifijo casi
diminuto de solo 2 centímetros.
Caspicara como su antecesor, Bernardo de Legarda, rara vez
firmaban sus obras, la autoría viene de la tradición y se deduce
también del estilo de la obra.
La iglesia de San Francisco de Quito, guarda algunos de estos
preciados bienes patrimoniales, al que la reseña de arte sacro
agrega una ¨Asunción de María¨, la Virgen sube al cielo y la
acompaña la Santa Trinidad y bajo ellos un coro angelical que
sostiene al mundo; una obra de madera y espejo de 32 centímetros,
tallada, obras que, como todas las anteriores, se hallan en la
magistral iglesia de San Francisco de Quito.
Pero más de ellas están en Santo Domingo , donde destacan las
figuras de un nacimiento: San José, la Virgen, el Niño, al igual que
un San Juan de Dios, con todas las características escultóricas de
Manuel Chilli, hoy en día admirado, pero en vida, ¨el humilde indio
soportó acaso más de un desdén y una amargura ...¨
¨Caspicara trae la fuerza telúrica enriquecida por el soplo de la fe y
de la influencia español. Da a los rostros, a las manos, a los pies un
verismo sorprendente, una brillantez de porcelana. Esculpe
cabelleras con la delicadeza de un peinador. Levanta y recuesta sus
imágenes como quien tiene en sus manos la vida y la muerte. Les
infunde sonrisas, suspiros y lágrimas, y les da un hálito de quietud
y eternidad que únicamente se encuentra en la escultura griega y
en la clásica de todos los tiempos¨, dice Moreno.
Una Virgen María Doliente, con dos mujeres, junto a Cristo, muerto,
bajado de la cruz, y que reposan en la catedral de Quito, cierran lo
consignado de Caspicara. Él y la ¨Escuela Quiteña¨ fueron fruto del
germen sembrado por Fray Jodoco y que durante los siguientes dos
siglos fueron tan prolíficos …
Bedón, el primer pintor
Del que puede considerarse el primer pintor ecuatoriano se consigna
en ¨Quito eterno..¨ a Fray Pedro Bedón. De su obra se colige que al
estilo de los mojes copistas medievales que, antes de la aparición
de la imprenta, hacían e iluminaban los (códices) libros a mano, a
base de tintas, para producir verdaderas obras de arte, también
entre las montañas andinas los hubo y en el propio Quito. Este fue
Pedro Bedón, autor de un magnífico libro de música de más de un
metro de alto. También pintó la ¨Virgen de la escalera¨ o la ¨Virgen
de la leche¨, una figura femenina mestiza que amamanta al Niño
Jesús.
(INTERCULTURAL)
Ángel Vera Bravo