IntroFinal FINAL
IntroFinal FINAL
Grupo : 37
FECHA : 03/07/2024
COCHABAMBA – BOLIVIA
INDICE
BIOGRAFÍA 3
Educación y Formación 3
Carrera Académica 4
Filosofía del Derecho 4
Obras Principales 4
Influencia y Legado 4
ALGUNOS PUNTOS CLAVE SOBRE LA PERSPECTIVA DE DWORKIN 4
Las teorías teleológicas 5
Las teorías deontológicas 5
Las teorías basadas en derechos 5
La interpretación del derecho 6
DERECHOS FUNDAMENTALES SEGUNJ DWORKIN 7
DERECHOS RIVALES 9
Los derechos en serio 10
LIBERTAD E IGUALDAD SEGÚN RONALD DWORKIN 12
CONCLUSIONES 13
BIBLIOGRAFIA 14
WEBGRAFIA 14
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Ronald Myles Dworkin
Nacimiento 11 de diciembre de 1931 Worcester, Estados Unidos
Fallecimiento 14 de febrero de 2013, 81 años, Londres, Reino Unido
Causa de muerte Leucemia
Educación
Educación catedrático
Educado en Universidad de Harvard
Información profesional
Ocupación ABOGADO, FILÓSOFO, PROFESOR, AUTOR
Empleador Universidad de Oxford
Universidad de Nueva York
University College de Londres
Movimiento Filosofía analítica
Miembro de Academia Nacional de los Linces
Academia Británica
Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias
Academia de Ciencias de Baviera
Distinciones Doctor Honoris Causa por la Universidad de Buenos
Aires
Premio Holberg en 2007
Premio Balzan en 2012
BIOGRAFIA:
Ronald Myles Dworkin (1931-2013) fue un destacado filósofo del derecho y jurista
estadounidense, conocido por sus profundas contribuciones a la teoría del derecho y la
filosofía política. Su obra ha sido fundamental en la comprensión contemporánea del
derecho, especialmente en el contexto de la interpretación constitucional y los derechos
individuales.
Educación y Formación
Carrera Académica
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1998. También fue profesor de derecho en la Universidad de Nueva York y en el
University College de Londres.
Dworkin es conocido por su teoría del derecho como integridad, que propone que el
derecho debe ser interpretado de manera coherente con los principios de justicia, equidad
y moralidad. Esta teoría se opone al positivismo jurídico, que sostiene que el derecho es
un conjunto de reglas separadas de las consideraciones morales.
En "Tomarse los derechos en serio" (1977), Dworkin argumenta que los derechos
individuales son fundamentales y no deben ser sacrificados por el bien común o por
consideraciones utilitarias. Propuso que los jueces deben interpretar las leyes no solo
según su texto literal, sino también en función de principios morales que subyacen en la
ley.
Obras Principales
Influencia y Legado
Dworkin ha sido una figura influyente en la filosofía del derecho y ha sido objeto de
muchos debates académicos. Su insistencia en la importancia de los principios morales
en la interpretación del derecho ha tenido un impacto duradero en la teoría jurídica y la
práctica judicial.
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decir, en determinar qué es lo correcto y justo, en lugar de definir un bien o fin
teleológico a maximizar.
Dworkin critica las teorías teleológicas por subordinar la justicia a una concepción
previa de lo bueno. Él propone una teoría que define primero los principios de
justicia, para luego derivar de ellos las consecuencias prácticas.
Teorías teleológicas
Teorías deontológicas
Teorías basadas en derechos
El criterio de esta teoría sobre la justicia está basada en objetivos, es decir, situaciones o
en estados de cosas que podrían alcanzarse o preservarse mediante políticas y
decisiones normativas de la autoridad pública, en este punto Dworkin critica fuertemente
al utilitarismo, considerándolo una teoría moralmente aborrecible. Para Dworkin, el
utilitarismo exige dar una consideración imparcial a todos los deseos e ideales, incluyendo
los de personas inmorales como los nazis. Además, el utilitarismo sacrifica los intereses
de unos pocos si con ello se maximiza la felicidad de la mayoría, lo cual Dworkin
considera injusto.
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Las teorías basadas en derechos las cuales no son objetivos o no son referentes en
deberes, por lo mismo es la adecuada para formular una concepción de la justicia. Pero
con la expresión “derechos” Dworkin no se refiere a los derechos subjetivos corrientes de
las personas, es decir, a aquellos que resultan de actos que estas celebran o de
posiciones jurídicas que adoptan, sino a los derechos básicos, a los derechos
fundamentales que ningún Estado puede violar o lesionar ni aun en el caso de que con
ello pudiera producir algún beneficio de tipo general.
(La CPE de Bolivia en los artículos: 15, 16, 17, 18, 19 y 20)
Para Dworkin el derecho es una práctica social que se compone tanto a un conjunto de
reglas, como también de una serie de valores que dichas reglas pretenden desarrollar. En
aquellas sociedades en las que se haya desarrollado la actitud interpretativa frente a la
práctica del derecho (y solo en ellas), el fenómeno jurídico puede analizarse en opinión de
Dworkin a partir del paso por tres etapas interpretativas.
La segunda etapa en la que Dworkin denomina que es el punto donde nos encontramos
con una de las características fundamentales de la teoría de Dworkin, no pretende ser una
teoría general del derecho con alcance general, sino únicamente una teoría que, de
cuenta de los derechos de una particular cultura jurídica, más concretamente de aquellos
derechos que puedan generar la actitud interpretativa, para lo cual las practicas jurídicas
deben estar moralmente justificadas.
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Para Dworkin, la ética individual y la moralidad política giran en torno a la dignidad. En el
marco de la ética individual, Dworkin formula su concepto interpretativo de dignidad a
partir de dos principios: autorrespeto y autenticidad. Para la moralidad política formula dos
principios equivalentes de dignidad: autorrespeto y responsabilidad. La moralidad
política exige que el colectivo de la comunidad política se respete a sí mismo y que como
individuos exijan al Estado el derecho político de igual consideración e igual respeto,
Dworkin dice que la justicia empieza por comprender que el Estado, atendiendo a los
principios de la dignidad, tiene la responsabilidad política de tratar con igual grado de
importancia el destino de cada uno de sus sujetos, y el deber de velar por el respeto de
los derechos humanos. Considera que la justicia se deriva de la dignidad y apunta a la
dignidad. Por su parte, los individuos deben asumir la responsabilidad privada de vivir
bien como exigencia propia de su dignidad. La dignidad exige respeto y funda el derecho
del individuo a ser tratado como ser humano, lo cual, en palabras de Dworkin, constituye
un derecho humano básico.
Al referirnos de modo general a las dos dimensiones de dignidad que Dworkin propone,
una política y otra individual, veremos que se sostienen en tres principios éticos
fundamentales: el respeto propio, la responsabilidad y la autenticidad. Dworkin mira al
individuo como alguien moralmente autónomo, con una capacidad que le permite
plantearse un ideal de vida buena y tomar decisiones libres que le conduzcan a ese ideal.
La dimensión individual de la dignidad exige fundamentalmente autenticidad. Esa
autenticidad, en la propuesta de Dworkin, se manifiesta como la otra cara del respeto
propio, que anida en el individuo que se toma en serio y busca vivir bien como una forma
de autoafirmación de su existencia. La dimensión política de la dignidad persigue la
independencia ética: estipula las demandas de nuestra propia dignidad en nuestras
relaciones con los demás. Pero el fin ético de vivir bien que eleva la dignidad, según
Dworkin, en ocasiones desaprueba la autoabnegación y niega el bien de otros, como es el
caso del aborto.
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particular de algún legislador, sino en convicciones, prácticas, intuiciones profesionales y
populares entendidas en sentido amplio. Y además los principios tienen una peculiaridad:
"son proposiciones que describen derechos": Los derechos se imponen en particular a las
"directrices políticas" (policies) definidas en términos utilitaristas. Un derecho es algo que
debe ser respetado y satisfecho, aun cuando su respeto y satisfacción vayan contra la
directriz política a favor del interés general. Los derechos, que son descritos a través de
los principios pertenecen en parte, no al sistema normativo jurídico, sino a la vida y la
cultura: es decir, a la moralidad de una determinada comunidad. El iusnaturalismo
moderado de Ronald Dworkin, por tanto, trata de recuperar la idea de la existencia de
unos derechos morales, naturales, previos al Estado y que, en todo caso, sirven de
módulo justificador para su operatividad y eficacia práctica, creando una protección de los
ciudadanos frente al Gobierno. Estos principios morales son vividos por una determinada
comunidad y a ellos puede acudir un juez para decidir ante los casos difíciles.
Cualquiera que declare que se toma los derechos en serio y que elogie a nuestro
gobierno por respetarlos debe tener alguna idea de qué es ese algo. Debe aceptar como
mínimo una o dos ideas importantes. La primera es la idea, vaga pero poderosa, de la
dignidad humana. Esta idea asociada con Kant, pero que defienden filósofos de diferentes
escuelas supone que hay maneras de tratar a un hombre que son incongruentes con el
hecho de reconocerlo cabalmente como miembro de la comunidad humana y sostiene
que un tratamiento tal es profundamente injusto. La segunda es la idea, más familiar, de
la igualdad política, que supone que los miembros más débiles de una comunidad política
tienen derecho, por parte del Gobierno, a la misma consideración y el mismo respecto que
se han asegurado para sí los miembros más poderosos, de manera que si algunos
hombres tienen libertad de decisión, sea cual fuere el efecto de la misma sobre el bien
general entonces todos los hombres tienen que tener la misma libertad.
El positivismo jurídico considera que los únicos derechos existentes son los reconocidos
positivamente por un determinado sistema jurídico. En oposición a esta concepción
positivista simplista y reduccionista Dworkin mantiene que junto a los derechos legales
existen derechos morales. Los derechos jurídicos y los derechos morales no pertenecen a
órdenes conceptuales distintos, en caso de conflicto entre derechos morales y derechos
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jurídicos, éstos últimos no triunfan necesariamente sobre aquellos. Según Dworkin el
problema de los derechos no se resuelve mediante la positivación o el mero
reconocimiento legal porque la frontera o demarcación entre los derechos morales y
jurídicos es una frontera difusa, movediza y permeable. Una demarcación no demasiado
explícita y clara entre moral y Derecho, derechos humanos y derechos positivos. En este
sentido, nos advierte que "la garantía de los derechos individuales es la función más
importante del sistema jurídico".
Estos derechos funcionarán como cartas de triunfo al ser invocadas por los ciudadanos;
permitirán a los individuos resistirse a decisiones particulares a pesar de que esas
decisiones hayan sido alcanzadas por medio del funcionamiento normal de instituciones
generales, las cuales no son en sí mismas desafiadas por esta resistencia".
DERECHOS RIVALES
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permitía unificar la diversidad de escuelas positivistas. Una concepción del derecho que
niegue la separación absoluta entre el derecho y la moral, y que no acuda a principios de
justicia material preestablecidos como hacía el viejo iusnaturalismo- es una doctrina
peligrosa. Y es peligrosa porque Dworkin demuestra que en la práctica jurídica de los
tribunales, la distinción entre el derecho y la moral no es tan clara como sostienen los
positivistas. Acudir al derecho que se aplica y obedece para demostrar que la moral
interviene en el derecho, es muy peligroso para la doctrina positivista porque pone de
manifiesto la debilidad de su enfoque. La crítica del presupuesto de la distinción rígida
entre el derecho y la moral es el objetivo fundamental de su «ataque al positivismo».
Dworkin toma como punto de referencia la teoría de Hart porque considera que es la
versión más depurada del positivismo jurídico entre normas directrices y principios. Según
Dworkin el modelo positivista sólo tiene en cuenta las normas que tienen la particularidad
de aplicarse en todo o no aplicarse.
Mientras las normas se aplican o no se aplican, los principios dan razones para decidir en
un sentido determinado, pero, a diferencia de las normas, su enunciado no determina las
condiciones de su aplicación. El contenido material del principio su peso específico es el
que determina cuándo se debe aplicar en una situación determinada. Los principios
además informan las normas jurídicas concretas de tal forma que la literalidad de la
norma puede ser desatendidas por el juez cuando viola un principio que en ese caso
específico se considera importante. Para dar fuerza a su argumento Dworkin da una serie
de ejemplos de: Las doctrinas positivistas más desarrolladas han utilizado como criterio
de identificación del sistema jurídico una norma clave. Tal es el caso de la norma
fundamental de Kelsen o la regla de reconocimiento de Hart. La regla de reconocimiento
de Hart consiste en una práctica social que establece que las normas que satisfacen
ciertas condiciones son válidas. Cada sistema normativo tiene su propia regla de
reconocimiento y su contenido varía y es una cuestión empírica. Hay sistemas normativos
que reconocen como fuente del derecho un libro sagrado, o la ley, o las costumbres, o
varias fuentes a la vez. La regla de reconocimiento es el criterio que utiliza Hart para
identificar un sistema jurídico y fundamenta la validez de todas las normas derivadas de
ella.
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LOS DERECHOS EN SERIO problemas difíciles resueltos por la Corte Constitucional
americana y demuestra el papel que de hecho juegan los principios. Los positivistas ante
la crítica de Dworkin han reaccionado de modos muy diversos. Algunos, como Carrió, han
sostenido que el ataque de Dworkin al positivismo es más aparente que real y que se
mueve todavía en el ámbito del positivismo. Otros han señalado que una modificación de
la regla de reconocimiento sería suficiente para invalidar la crítica. Mientras que desde
otras perspectivas se ha afirmado que Dworkin representa un nuevo renacimiento del
iusnaturalismo. La regla de reconocimiento La distinción entre normas y principios es el
instrumento que se utiliza para rechazar la regla de reconocimiento como criterio para la
identificación del derecho. Genaro Carrió sostiene que esta crítica no da en el blanco
porque la regla de reconocimiento no sólo permite identificar normas sino también
principios. Carrió pone el siguiente ejemplo: «Imaginemos un país que carece de
Constitución escrita. Imaginemos además que en aquella comunidad los jueces y
funcionarios rechazan sistemáticamente como normas válidas ... las que son contrarias a
los preceptos del Corán. Este criterio no haría referencia exclusivamente al modo de
origen o pedigree de la norma porque tendría en cuenta el contenido».Otros autores más
cercanos a Dworkin, mantienen la tesis de que «es posible encontrar un criterio complejo
por medio del cual se puede determinar que ciertos principios y directrices forman parte
del derecho de la misma forma que las normas y los precedentes judiciales». Este
objetivo se puede conseguir ampliando un poco el contenido de la regla de
reconocimiento. Estos autores tratan de integrar la distinción entre normas y principios en
la tradición positivista mediante una modificación de la regla de reconomiento. Una
postura distinta mantiene Raz. Este autor discípulo de Hart ha puesto de manifiesto las
debilidades de la regla de reconocimiento como criterio de identificación del sistema
jurídico. Pero, de la insuficiencia de la regla de reconocimiento no se puede inferir como
hace Dworkin.
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Unidos (su teoría no es conceptual sino descriptiva como observa Soper y ha puesto de
manifiesto la fusión entre los principios morales y jurídicos. Con esta descripción ha
pretendido demostrar que el modelo positivista es incapaz de describir correctamente el
derecho. Sobre este punto Carrió ha señalado que «la descripción de Dworkin de las
actitudes de los jueces americanos es correcta pero no puede ser invocada como
contraejemplo del positivismo ... La Constitución americana ha incorporado algunos
standards morales como criterios de validez jurídica y los jueces americanos aplican estos
standards como criterios últimos de validez. A causa de esta circunstancia, la conexión
existente en aquel país entre el derecho y la moral, aunque sea importante y estrecha, no
es una conexión necesaria o conceptual sino fáctica».
En su ensayo “La justicia y los derechos” Ronald Dworkin realiza una crítica analítica y
detallada de la “Teoría de justicia” propuesta por John Rawls. Como resultado Dworkin
propone una teoría política propia basada en derechos, en la cual el derecho fundamental
es la igualdad de consideración y respeto. Para Dworkin este derecho es fundamental, e
incluso axiomático y está en la base de su teoría de justicia.
Dworkin deduce que únicamente hay dos derechos que podrían servir de fundamento
adecuado a la teoría de justicia presentada por Rawls: el derecho a la libertad y el
derecho a la igualdad. Sobre el primero, este autor dice que puede parecer ser un buen
candidato porque los dos principios de justicia de Rawls le dan mucha importancia a la
libertad, pero que es imposible que este derecho sea el fundamental, ya que, una libertad
general pone en peligro los intereses generales de los hombres en la posición original.
Estos hombres saben que pueden tener otros intereses, aparte de la libertad general, que
sólo podrían ser protegidos mediante restricciones políticas a los actos de otros. De esto
se puede concluir que las personas en la posición original van a elegir proteger ciertas
libertades particulares que se corresponden con los bienes que más valoran, pero siendo
esto así, es evidente que el derecho a esas libertades determinadas es un resultado del
contrato social y no la base del mismo. Por esta razón, Dworkin concluye que el derecho a
la libertad no es el derecho fundamental que él busca.
El derecho a la igualdad, presenta una mejor opción, ya que, las personas en la posición
original van a ser tratadas por igual por el simple hecho de que, tras el velo de ignorancia,
no hay factores para discriminar. Dworkin señala que dentro del derecho a la igualdad
están contenidos dos derechos diferentes. “El primero es el derecho a igual tratamiento,
es decir a la misma distribución de bienes y oportunidades que tenga cualquier otro. El
segundo es el derecho a ser tratado por igual. Sobre el segundo tipo de igualdad, dice
Dworkin que las personas tienen igual derecho a que se les tome en cuenta y
consideración al momento de crear, estructurar y administrar las instituciones políticas
que van a ejercer poder sobre ellas estas pueden llevar diversas opiniones sobre lo que
verdaderamente representa ya que nadie tiene suficiente conciencia de sí como para
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reconocer sus intereses personales e intentar favorecerlos. Viéndose así el derecho a la
igualdad de trato y respeto no es el resultado del contrato social, sino que es una
condición de la posición original.
Sobre la dignidad humana, Dworkin dice que existen ciertas formas de tratar a una
persona que no son coherentes con el hecho de reconocerla cabalmente como miembro
de la comunidad humana. Sobre la igualdad política, dice Dworkin, que todos los
miembros de una comunidad política, sin importar cuanto poder tengan, tienen el derecho
a la misma consideración y respeto en la toma de decisiones.
CONCLUSIONES
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BIBLIOGRAFIA
Texto base (Dr. Oswaldo Raúl Arellano Soto)
WEBGRAFIA
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43872015000100010#:~:text=En%20su%20famosa%20obra%20Taking,o%20abusiva%20del
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241940.pdf
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142404.pdf
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5042676.pdf
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89422017000200356#:~:text=Dworkin%20dice%20que%20la%20justicia,respeto
%20de%20los%20derechos%20humanos
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