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Filosofía: Amor a la Sabiduría

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FILOSOFÍA 4˚ año Profa.

Paola Claverie

¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA?

La palabra filosofía está compuesta por dos términos del griego antiguo:
“filo”, que significa aspiración, simpatía, amor; y “sofía”, que significa
“sabiduría”. Así, el término puede interpretarse como “amor a la
sabiduría”.

Según una antigua tradición, la primera persona que empleó esta palabra
fue Pitágoras, un célebre matemático y pensador griego. Pitágoras le dio
este nombre porque creía que la filosofía no consiste en poseer la verdad,
sino en sentirse atraído por ella y en tratar de alcanzarla.

Para aclarar lo que es la filosofía conviene señalar que esta palabra se puede utilizar en dos sentidos
diferentes. Por una parte, la filosofía es una disciplina académica, pero por otra es una actividad de
indagación muy particular.
Como disciplina académica, la filosofía es un cuerpo de conocimientos. Es decir, la filosofía (en
este sentido) incluye las teorías y los sistemas elaborados por diversos pensadores a lo largo del
tiempo. Este es el significado que tiene la palabra cuando decimos que alguien estudia filosofía en la
universidad. Sin embargo, el sentido originario de la palabra filosofía no se refiere a una asignatura o
disciplina, sino más bien a una actitud.
Como actividad, la filosofía consiste en tratar de buscar respuestas racionales para las grandes
preguntas que todos nos hacemos.
Este es el sentido etimológico de la expresión amor a la sabiduría, que recoge el deseo de encontrar
explicaciones últimas para nuestros grandes interrogantes.
Lo importante en la filosofía consiste en plantearse preguntas e intentar contestarlas de manera
racional. A menudo, las respuestas que se han dado han resultado satisfactorias, duraderas o
convincentes. Sin embargo, lo verdaderamente valioso de la filosofía es la actitud de indagación y la
búsqueda racional de respuestas. Por eso la filosofía no puede ofrecernos un catálogo de soluciones,
sino más bien una búsqueda incesante que nos obliga a pensar por nosotros mismos.
La actitud filosófica supone también cuestionarse la validez de lo que solemos dar por sentado de
forma habitual. Gran parte de nuestra vida, incluyendo muchas acciones, opiniones e ideas, está
basada en nuestras costumbres y tradiciones, modeladas por la sociedad.
La filosofía nos invita a pararnos a pensar sobre estas cuestiones ¿Por qué actuamos del modo en
que lo hacemos? ¿Sería posible o deseable comportarse de otra manera? ¿De dónde vienen las ideas
que aceptamos? ¿Tenemos buenos argumentos racionales para defenderlas?
La búsqueda de la sabiduría se diferencia de la posesión de la verdad. La actitud filosófica es de
apertura a lo desconocido, y se desarrolla como camino de búsqueda. Se trata de una actitud que
recoge la insatisfacción que experimenta el hombre al advertir que no sabe algo, a la vez que su anhelo
de abandonar su ignorancia.
. ¿POR QUÉ FILOSOFAR HOY?
¿Para qué sirve la filosofía?

Antes de responder vale la pena que hagamos ciertas reflexiones sobre el punto. Podríamos, por
ejemplo, preguntarnos sobre el sentido posible de la palabra “servir”. ¿Quiere decir ser útil para algún
fin o para alguna persona? Y en ese caso, ¿qué significa hablar de “utilidad”? Se ha repetido a lo largo
de siglos que la Filosofía no sirve para nada y que este es uno de sus méritos.
Por supuesto, no debemos entender la “utilidad” como ligada necesariamente a lo económico o a
alguna tarea práctica en la acepción original del término, es decir, ligada en forma inmediata a la
acción. En el corto plazo la Filosofía no nos hará más rico ni más poderosos, probablemente nos llene
de dudas y de incertidumbres, algunas de ella angustiantes, pero en el largo plazo advertiremos que
nuestro horizonte se ha ampliado considerablemente y que ahora disponemos de una cantidad de
herramientas intelectuales de las que antes carecíamos. Esa nueva mirada y esos nuevos modos de
acceder a la realidad que están estrechamente ligados al quehacer filosófico “valen la pena” y en ese
sentido nos “sirven”, “nos resultan útiles”.
Así como hoy se habla del fin de las ideologías, más de una vez hemos oído habar del fin de la
filosofía, sustituida por la ciencia y/o tecnología. Sin embargo, a medida que avanza la ciencia, lejos
de desaparecer, aumentan los problemas filosóficos y a medida que se desarrolla la historia humana
van surgiendo nuevas preguntas sobre su sentido: la Filosofía, de uno u otro modo, sigue imponiendo
su presencia.
Pero podríamos preguntarnos todavía: “¿Por qué estudiarla como asignatura?”
Un filósofo español contemporáneo dedicado a la enseñanza de la Filosofía, José Luis Rozalén,
nos propone las siguientes razones:

“Para evitar la barbarie del especialista que desprecia cuanto ignora, para desenmascarar
las ideologías esclavizadoras y fundamentalistas, para dejar de tener miedo a la libertad
y llegar a ser hombres y mujeres críticos y autónomos, para superar los relativismos (…)
descomprometidos y superficiales, indiferentes ante las injusticias y crímenes, etc. es
preciso que se aprenda a filosofar. Si queremos interpretar correctamente el progreso
científico-técnico, el mundo consumista sometido al marketing y a la publicidad, la
frivolidad ambiental promovida y alentada por ciertos medios de comunicación de
masas, el olvido de la cultura, el trabajo y el estudio como fundamento de mejora y
progreso, etc., parece necesario conocer y construir la propia filosofía. Si estamos
convencidos de que es preciso no perder de vista el reino de los fines, es decir, no tratar
nunca como un medio a otras personas sino considerarlas en toda su dignidad, sea cual
sea su profesión, sexo, nacionalidad, status social o condición; si pensamos que tenemos
derecho a imaginar un país más creador y solidario, en el que el saber científico-técnico
se armonice con los valores estéticos, la reflexión filosófica debe formar parte del bagaje
de los jóvenes.”

J. L. ROZALÉN
Enseñar la Filosofía, las filosofías y a filosofar
“EL VALOR DE LA FILOSOFÍA”
Habiendo llegado al final de nuestro breve resumen de los problemas de la filosofía, bueno será considerar,
para concluir, cuál es el valor de la filosofía y por qué debe ser estudiada. Es tanto más necesario considerar
esta cuestión, ante el hecho de que muchos, bajo la influencia de la ciencia o de los negocios prácticos, se
inclinan a dudar que la filosofía sea algo más que una ocupación inocente, pero frívola e inútil, con distinciones
que se quiebran de puro sutiles y controversias sobre materias cuyo conocimiento es imposible.

Esta opinión sobre la filosofía parece resultar, en parte, de una falsa concepción de los fines de la vida, y
en parte de una falsa concepción de la especie de bienes que la filosofía se esfuerza en obtener. Las ciencias
físicas, mediante sus invenciones, son útiles a innumerables personas que las ignoran totalmente: así, el estudio
de las ciencias físicas no es sólo o principalmente recomendable por su efecto sobre el que las estudia, sino
más bien por su efecto sobre los hombres en general. Esta utilidad no pertenece a la filosofía. Si el estudio de
la filosofía tiene algún valor para los que no se dedican a ella, es sólo un efecto indirecto, por sus efectos sobre
la vida de los que la estudian. Por consiguiente, en estos efectos hay que buscar primordialmente el valor de la
filosofía, si es que en efecto lo tiene

Pero ante todo, si no queremos fracasar en nuestro empeño, debemos liberar nuestro espíritu de los prejuicios
de lo que se denomina equivocadamente «el hombre práctico». El hombre «práctico», en el uso corriente de la
palabra, es el que sólo reconoce necesidades materiales, que comprende que el hombre necesita el alimento
del cuerpo, pero olvida la necesidad de procurar un alimento al espíritu. Si todos los hombres vivieran bien, si
la pobreza y la enfermedad hubiesen sido reducidas al mínimo posible, quedaría todavía mucho que hacer para
producir una sociedad estimable; y aun en el mundo actual los bienes del espíritu son por lo menos tan
importantes como los del cuerpo. El valor de la filosofía debe hallarse exclusivamente entre los bienes del
espíritu, y sólo los que no son indiferentes a estos bienes pueden llegar a la persuasión de que estudiar filosofía
no es perder el tiempo.

La filosofía, como todos los demás estudios, aspira primordialmente al conocimiento. El conocimiento a
que aspira es aquella clase de conocimiento que nos da la unidad y el sistema del cuerpo de las ciencias, y el
que resulta del examen crítico del fundamento de nuestras convicciones, prejuicios y creencias. Pero no se
puede sostener que la filosofía haya obtenido un éxito realmente grande en su intento de proporcionar una
respuesta concreta a estas cuestiones. Si preguntamos a un matemático, a un mineralogista, a un historiador, o
a cualquier otro hombre de ciencia, qué conjunto de verdades concretas ha sido establecido por su ciencia, su
respuesta durará tanto tiempo como estemos dispuestos a escuchar. Pero si hacemos la misma pregunta a un
filósofo, y éste es sincero, tendrá que confesar que su estudio no ha llegado a resultados positivos comparables
a los de las otras ciencias. Verdad es que esto se explica, en parte, por el hecho de que, desde el momento en
que se hace posible el conocimiento preciso sobre una materia cualquiera, esta materia deja de ser denominada
filosofía y se convierte en una ciencia separada. Todo el estudio del cielo, que pertenece hoy a la astronomía,
antiguamente era incluido en la filosofía; la gran obra de Newton se denomina Principios matemáticos de la
filosofía natural. De un modo análogo, el estudio del espíritu humano, que era, todavía recientemente, una
parte de la filosofía se ha separado actualmente de ella y se ha convertido en la ciencia psicológica (…)

De hecho el valor de la filosofía debe ser buscado en una larga medida en su real incertidumbre. El hombre
que no tiene un barniz de filosofía va por la vida prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común,
de las creencias habituales en su tiempo y en su país, y de las ideas que se han desarrollado en su espíritu sin
la cooperación ni el consentimiento deliberado de la razón. Para este hombre, el mundo tiende a hacerse
preciso, definido, obvio; los objetos habituales no le suscitan problema alguno y las posibilidades no familiares
son desdeñosamente rechazadas. Desde el momento en que empezamos a filosofar hallamos por el contrario,
que aún los objetos más ordinarios conducen a problemas a los cuales sólo podemos dar respuestas muy
incompletas. La filosofía, aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la verdadera respuesta a las dudas
que suscita, es capaz de sugerir diversas posibilidades que amplían nuestro pensamiento y nos liberan de la
tiranía de la costumbre.

Así, al disminuir nuestro sentimiento de certeza sobre lo que las cosas son, aumenta en alto grado
nuestro conocimiento de lo que pueden ser; rechaza el dogmatismo algo arrogante de los que no se han
introducido jamás en la región de la duda liberadora y guarda vivaz nuestro sentido de la admiración,
presentando los objetos familiares en un aspecto no familiar.”

B. RUSSELL
Los problemas de la filosofía

El efecto principal de la filosofía es suscitar el espíritu filosófico, la crítica, la sinceridad de la


posición mental: la completa sinceridad: saber qué es lo que se ignora, saberlo y sentirlo, y hasta
aprender a ignorar, que es más difícil que aprender a saber.
La discusión para triunfar debe ser proscripta de esta aula más que de ninguna, ha de enseñarse a
cambiar ideas para comprender mejor, para ver más aspectos de las cuestiones; si se quiere conservar
el término discutir, ninguna clase se presta como ésta para hacerlo bien, conservando el espíritu
siempre dispuesto y sensible para la comprensión, para el cambio, para la duda.
Carlos Vaz Ferreira
Sobre la enseñanza de la Filosofía

GUÍA DE LECTURA

1- ¿Qué es la filosofía y para qué sirve? Trata de pensar y desarrollar ideas con tus palabras (recuerda pensar
el planteo a partir de al menos uno de los autores leídos en este repartido)
2- a. ¿Cuál es el valor de la filosofía según Russell? ¿Cómo caracteriza al hombre que no tiene ni “un barniz”
de filosofía?
b. Busca el significado de dogmático y/o dogmatismo y trata de explicar por qué dicha actitud puede
considerarse contraria a la filosofía (lo plantea Russell)
3- ¿Por qué crees que Russell llama a la duda liberadora? ¿En qué sentido dudar nos libera?

(Material elaborado a partir de manuales de Filosofía: FIL, Filoosfía; C. Prestel Alfonso


Filosofía, esa búsqueda reflexiva, Frassineti de Gallo y Salatino
Y textos fuentes citados)

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