35501018 (1)
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ISSN: 1133-0104
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Universidad de Navarra
España
Balaguer, Vicente
La Constitución Dogmática Dei Verbum y los estudios bíblicos en el siglo XX
Anuario de Historia de la Iglesia, núm. 10, 2001, pp. 239-251
Universidad de Navarra
Pamplona, España
Vicente BALAGUER
1. Introducción
1. La afirmación puede parecer maximalista para un lector que tenga presentes muchas respuestas
de la Pontifica Comisión Bíblica de comienzos de siglo, o los decretos de San Pío X a propósito del
modernismo. Si embargo, un examen sereno de los documentos más relevantes, así como un estudio
profundo del contexto en el que se promulgaron esos documentos y del carácter de las respuestas, jus-
tifican la afirmación. Cfr. R.E. BROWN-Th.A. COLLINS, Church Pronouncements, en R. BROWN-J.
FITZMYER-R. MURPHY, New Jerome Biblical Commentary, Prentice Hall, Englewood Cliff 1990, § 72,
pp. 1166-1174.
2. Así en la relación final del Sínodo extraordinario sobre el Concilio Vaticano II, al hablar de las
fuentes de las que vive la Iglesia. Cfr. El Vaticano II, don de Dios: los documentos del Sínodo extraor-
dinario de 1985, Ed. PPC, Madrid 1996.
1943—, y en Dei Verbum, a la que desarrolla. Por eso, un repaso a los términos en
los que se plantea la investigación en estos cuatro documentos podrá darnos un
perspectiva general sobre el camino de la investigación bíblica en el siglo y de los
caminos abiertos por el Vaticano II.
En ocasiones se afirma que Divino Afflante Spiritu de Pío XII ha sido como
la carta magna de la apertura de los estudios bíblicos a los investigadores católicos.
La afirmación es verdadera, pero debe completarse con otra: lo que hace esta encí-
clica es desarrollar lo que ya había iniciado León XIII cincuenta años antes con Pro-
videntissimus Deus. Ambas encíclicas son una respuesta a los ataques contra la in-
terpretación católica de la Biblia y una respuesta no meramente defensiva, ya que
las dos acuden al fondo de los problemas planteados.
Como recuerda Juan Pablo II, la encíclica «Providentissimus Deus fue publi-
cada en una época marcada por duras polémicas contra la fe de la Iglesia. La exége-
sis liberal alimentaba en gran medida estas polémicas, porque utilizaba todos los re-
cursos de las ciencias, desde la crítica textual hasta la geología, pasando por la
filosofía, la crítica literaria, la historia de las religiones, la arqueología y otra disci-
plinas más»3. Es conocido que la exégesis liberal cuestionaba la inerrancia de la Sa-
grada Escritura y que la respuesta de la teología católica —el concordismo, la sepa-
ración entre el elemento humano y el elemento divino de la Biblia, etc.— había
sido más bien pobre. León XIII, un papa culto de talante humanista, adoptó una po-
sición muy matizada de la que, sin embargo, emergieron dos principios importantes
respecto de la inspiración del hagiógrafo y respecto de la necesidad de formarse en
un método definido y seguro de investigación. La famosa definición de inspiración
de la encíclica4 se dirige, en el fondo, a evitar todo docetismo: lo dicho por el ha-
giógrafo es lo dicho por Dios. De hecho el famoso pasaje de la encíclica en el que
3. JUAN PABLO II, Discurso De tout coeur (23.4.1993) a los miembros de la Pontificia Comisión Bí-
blica con ocasión del centenario de Providentissimus Deus y el cincuentenario de Divino Afflante Spi-
ritu. En Enchiridion Biblicum. Documenti della Chiesa sulla Sacra Scrittura, Ed. Dehoniane, Bologna
1993, n. 1241. En adelante EB y el número correspondiente.
4. «Por lo cual nada importa que el Espíritu Santo se haya servido de hombres como de instrumen-
tos para escribir, como si a estos escritores inspirados, ya que no el autor principal, se les pudiera haber
deslizado algún error. Porque Él de tal manera los excitó y movió con su influjo sobrenatural para que
escribieran, de tal manera los asistió mientras escribían, que ellos concibieron rectamente todo y sólo
lo que Él quería, y lo quisieron fielmente escribir, y lo expresaron aptamente con verdad infalible; de
otra manera, Él no sería el autor de toda la Escritura» (EB 125).
5. «Los escritores sagrados, o más exactamente, “el Espíritu de Dios que hablaba por medio de
ellos, no quiso enseñar a los hombres estas cosas [a saber, la constitución íntima de los objetos visibles]
que no tienen importancia alguna para la salvación eterna” [S. AGUSTÍN, De Gen. Ad litt, 2,9,20], por lo
que ellos, más que atender a la investigación de la naturaleza, describen a veces objetos y hablan de
ellos […] como lo exigía el lenguaje común de aquella época […]. Dado que en el lenguaje común lo
que se expresa propiamente y en primer lugar es lo que cae bajo los sentidos, así también el escritor sa-
grado [tal como nos advierte el Doctor Angélico] “atiende a lo que aparece ante los sentidos” [S. Th., I,
q. 70, a. 1, ad 3], es decir, a aquello que Dios mismo, hablando a los hombres, expresó de modo huma-
no para hacerse comprender por ellos» (EB 121, subrayado nuestro).
6. El Pontífice anima a seguir la versión de la Vulgata, aunque dice que no deben descuidarse otras
versiones, y que se debe atender también a los manuscritos más antiguos (EB 106); por eso mismo in-
vita al estudio de las lenguas orientales y de la crítica, aunque no deja por eso de advertir los peligros
que se siguen de seguir incondicionadamente lo que se denomina la alta crítica (EB 118). En cuanto a
la interpretación de la Escritura, dice que el exegeta católico no deberá interpretar el texto bíblico con-
tra el sentir de la Iglesia o el consentimiento unánime de los Padres (EB 108), aunque añade que los in-
vestigadores católicos —para ayudar a la Iglesia en la madurez de sus juicios— gozan de libertad en su
estudio de los pasajes difíciles. Deben guiarse, eso sí, por el principio de la analogía de la fe. Desde
nuestra perspectiva esta invitación puede parecer tímida, pero en el horizonte de la investigación debe
tenerse en cuenta que estas notas van unidas a otros actos del Pontífice y de sus sucesores: entre los
más sobresalientes habría que anotar la creación de la Pontificia Comisión Bíblica (30.10.1902), del
Pontificio Istituto Biblico (7.5.1909), etc.
7. JUAN PABLO II, Discurso De tout coeur (23.4.1993), EB 1241.
8. Frente a la recomendación anterior de la Vulgata, Pío XII invita a acudir a los textos originales y
a nuevas traducciones más actualizadas de la Vulgata. Recuerda a este propósito que la autenticidad de
la Vulgata proclamada en Trento lo es en sentido jurídico — indica simplemente que esta versión está
tación a buscar el sentido literal, o la sugerencia del tratamiento de los géneros lite-
rarios, como solución a los problemas de la historicidad de muchos textos sagrados,
hacen de este documento una de las referencias clásicas a la hora de hablar de la in-
vestigación de la Sagrada Escritura.
Las dos encíclicas serían pues los hitos importantes antes del Concilio Vati-
cano II. Como señala Juan Pablo II, las dos «coinciden perfectamente en su nivel
más profundo. Ambas rechazan la ruptura entre lo humano y lo divino, entre la in-
vestigación científica y la mirada de la fe, entre el sentido literal y el sentido espiri-
tual. Aparecen, por tanto, plenamente en armonía con el misterio de la Encarna-
ción»9. Y en la historia de la investigación, las dos señalan el estado de los estudios
bíblicos al llegar el Concilio Vaticano II. Han quedado resueltas las cuestiones que
afectan a la relación de la Escritura con los fenómenos estudiados por las ciencias,
ha quedado solucionada la pertinencia de usar los géneros literarios para la investi-
gación del sentido de la Escritura, también queda estimulado el uso de las ciencias
auxiliares, y, sobre todo, queda formulada la tesis de la necesidad de investigar, an-
tes que nada, el sentido literal de la Sagrada Escritura.
libre de error en fe y en moral—, pero no crítico (EB 549). Por eso, urge a abordar los problemas no resuel-
tos (EB 546) y recuerda que son muy pocos los textos cuyo sentido está establecido autoritativemente por
la Iglesia o en el que sean unánimes los Padres (EB 565). En segundo lugar examina las relaciones entre el
sentido literal y el sentido espiritual, tomando partido por el primero. La encíclica invita a preocuparse
principalmente por el sentido literal (EB 550); sólo deberá exponerse el sentido espiritual cuando éste apa-
rezca claramente intentado por Dios (EB 552). Por ello, en tercer lugar, el Papa estimula el estudio de la crí-
tica. Utilizando los instrumentos de la arqueología (EB 558) de los géneros literarios (EB 560), etc., el exe-
geta debe preocuparse por determinar las circunstancias en las que escribió el autor sagrado —carácter,
época, fuentes, formas de expresión, etc.— para descubrir qué quiso decir al componer su escrito (EB 557).
9. EB 1244.
10. Cfr R. LATOURELLE, Comment Dieu se révèle au monde. Lecture commentée de la Constitution
de Vatican II sur la Parole de Dieu, Fides, Québec 1998.
11. Para una sinopsis histórica, cfr. F. GIL HELLÍN, «Dei Verbum»: Constitutio Dogmatica de Divina
Revelatione. Synopsis historica, Ed. Vaticana, Città del Vaticano 1993.
12. Cfr R. LATOURELLE, Comment Dieu se révèle au monde. Lecture commentée de la Constitution
de Vatican II sur la Parole de Dieu, p. 93.
13. La Revelación en sí misma, Transmisión de la revelación divina, Inspiración divina de la Sagra-
da Escritura e interpretación, El Antiguo Testamento, El Nuevo Testamento, La Sagrada Escritura en la
vida de la Iglesia.
14. Por eso se ha dicho también que uno de los mayores méritos de Dei Verbum es haber conducido
todo a la unidad: unidad del Revelador y del Revelado, unidad de los dos Testamentos, unidad de la Es-
critura y la Tradición, y unidad del Verbo de Dios en las dos formas en que se nos presenta: la Escritu-
ra y la Eucaristía. Cfr H. DE LUBAC, La révélation divine, Cerf, Paris 31983, p. 174.
El ejemplo más claro lo podemos ver en los tres párrafos que la Constitución
dedica a la interpretación de la Sagrada Escritura (n. 12). En ese punto se decía:
En estos párrafos se perciben con claridad los dos motivos que han presidido
la exégesis crítica de las décadas anteriores. En el primer párrafo se afirma que el
único camino para descubrir el sentido de los textos sagrados buscado por Dios, au-
tor principal, es el que tiene presente el sentido intentado por los autores humanos.
Por otra parte, el segundo párrafo dice claramente que para entender el sentido de
los textos hay que acudir a los géneros literarios y a lo que se asimila a ellos.
Esta segunda conclusión es más importante de lo que puede parecer a prime-
ra vista, ya que, a tenor de los contenidos de Dei Verbum, se puede pensar que para
15. S. AGUSTÍN, De civ. Dei, XVII, 6, 2: PL 41, 537; CSEL., XI, 2, 228.
16. S. AGUSTÍN, De doctrina christiana, III, 18, 26: PL 34, 75-76.
17. PÍO XII, l. c.: Denz., 2.294 (3.829-2.830); Enchir. Biblic., 557-562.
18. Cf. BENEDICTO XV, Encícl. Spiritus Paraclitus, del 15 de sept. de 1920: Enchir. Biblic., 469. S.
JERÓNIMO, In Gal. 5, 19-21: PL 26, 417 A.
19. Cf. CONC. VAT. I, Const. dogm. De fide catholica, c. 2 de revelatione: Denz., 1788 (3.007).
20. El Concilio resume, precisándola al mismo tiempo, la Instrucción de la Pontificia Comisión Bí-
blica De historica Evangeliorum veritate del 21.4.1964 (EB 636-643).
21. Un buen estudio de la cuestión en J. DUPONT, Storicità dei Vangeli e metodo storico dei vangeli
nella Costituzione Dogmatica «Dei Verbum», en S. CONSORI y otros, A venti anni dal Concilio. Pros-
pettive teologiche e giuridiche, Ed. OFTeS, Palermo 1984, pp. 51-73.
22. Cf. PÍO XII, Encícl. Divino afflante Spiritu: Enchir. Biblic., 551, 553, 567. Pont. Com. Bíblica,
Instructio de S. Scriptura in Clericorum Seminariis et Religiosorum Collegiis recte docenda, del 13 de
mayo de 1950: AAS 42 (1950) 495-505.
23. Cf. PÍO XII, ibidem, Enchir. Biblic., 569.
Por esto es claro que la doctrina del Concilio no debía ser sólo punto de lle-
gada —la confirmación de la necesidad de descubrir el sentido literal, la legitimi-
dad del método histórico-crítico para esta búsqueda, el modo de entender la veraci-
dad de la Escritura, etc.— sino también punto de partida. Los textos de Dei Verbum
no debían entenderse sólo como confirmación de los resultados de un tipo de exé-
gesis, sino como el modo de entender la Escritura en la Iglesia. Esta segunda parte
del horizonte conciliar es la que se dejó de lado. Por ello, en una conocida confe-
rencia, pronunciada hace unos pocos años, el Card. Ratzinger decía que estaba con-
vencido de que una lectura atenta del texto entero de Dei Verbum permitiría encon-
trar los elementos esenciales para una síntesis entre el método histórico y la
hermenéutica teológica; en cambio, la recepción post-conciliar de la citada Consti-
tución la había entendido como una aprobación oficial e incondicionada del méto-
do histórico-crítico24. Veamos algunos puntos del proceso.
Para un examen de la recepción de Dei Verbum nada podría ser más útil que
el Balance de la recepción del Concilio que se hizo en el Sínodo extraordinario de
1985. En la relación final, el espacio dedicado a Dei Verbum es escaso, pero signi-
ficativo. En apartado B), «Fuentes de las que vive la Iglesia», parágrafo a) «La pa-
labra de Dios», punto 1) «Escritura, Tradición y Magisterio», se dice de Dei Ver-
bum que «quizá se descuidó demasiado» y que «para esta constitución es necesario
evitar una lectura parcial. Principalmente la exégesis del sentido original de la Sa-
grada Escritura, que está recomendada fuertemente por el Concilio (cfr Dei
Verbum, n. 12) no puede ser separada de la viva tradición de la Iglesia, ni de la in-
terpretación auténtica del Magisterio de la Iglesia»25.
Lo que señala esta relación no dista mucho de la afirmación del Cardenal
Ratzinger que anotábamos antes, o de lo que era sentir común en los volúmenes con-
memorativos del evento conciliar26. El Vaticano II había ofrecido un panorama op-
24. CARD. RATZINGER, J., L’interpretazione biblica in conflitto (problemi del fondamento e orienta-
mento dell’esegesi contemporanea), en L. PACOMIO (ed.), L’esegesi cristiana oggi, Casale Monferrato
1992, p. 99.
25. Cfr supra nota 2.
26. Cfr por ejemplo, I. DE LA POTTERIE, L’interpretazione della Sacra Scrittura nello spirito in cui è
stata scritta (DV 12,3); y U. VANNI, Esegesi e attualizzazione alla luce della «Dei Verbum», en R.
LATOURELLE (ed.), Vaticano II: Bilancio e prospettive venticinque anni dopo (1962-1987), Cittadella,
Assisi 1987, pp. 204-242 y 308-323 respectivamente.
27. Cfr también, A.M. ARTOLA, La «Dei Verbum». Aportaciones y repercusiones, en J. ESPONERA
(ed.), La Palabra de Dios y la hermenéutica. A los 25 años de la Constitución «Dei Verbum» del Con-
cilio Vaticano II, Facultad de Teología, Valencia 1991, pp. 15-44.
28. Los lugares serían muchos, pero es de justicia recordar los artículos, tan polémicos como incisi-
vos, de F. DREYFUS, Exégèse en Sorbonne, exégèse en Église, en «Revue Biblique» 82 (1975) 321-359;
L’actualisation à l’interieur de la Bible, en «Revue Biblique» 83 (1976) 161-202; L’actualisation de
l’Écriture, I. Du texte à la vie, en «Revue Biblique» 86 (1979) 5-58; L’actualisation de l’Écriture, II.
L’action de l’Esprit, en «Revue Biblique» 86 (1979) 161-193; L’actualisation de l’Écriture, III. La pla-
ce de la tradition, en «Revue Biblique» 86 (1979) 321-384. Cfr. también J.M. CASCIARO, Exégesis bí-
blica, hermenéutica y teología, Eunsa, Pamplona 1983
29. Los comentarios al Documento han sido bastante numerosos. Puede verse los distintos artículos
publicados con ese motivo en diversas revistas —«Scripta Theologica» 27/1 (1995); «Studia Patavina»
43/1 (1996)— o algunos comentarios: J.A. FITZMYER, The Biblical Commission’s Document «The in-
terpretation of the Bible in the Church». Text and Commentary (Subsidia Biblica 18), Pontifico Istituto
Biblico, Roma 1995; G. GHIBERTI-F. MOSETTO (dirs.), L’interpretazione della Bibbia nella Chiesa. Tes-
to e commento, Elle Di Ci, Leuman (Torino) 1998. En todos estos lugares se puede encontrar más bi-
bliografía sobre el Documento y sus repercusiones.
Son muchas las nociones del Documento que se podrían precisar en una va-
loración. Para guardar cierta simetría con lo que hemos hecho a propósito de Dei
Verbum, recurriremos a tres motivos: la organización del Documento, lo que el Do-
cumento propone como tareas de los exegetas, y las conclusiones finales.
a) Organización interna del Documento. Salvadas la introducción y las conclu-
siones, el Documento consta de cuatro grandes capítulos: Métodos y acercamientos en
la interpretación de la Sagrada Escritura, Cuestiones de hermenéutica, Dimensiones
características de la interpretación católica de la Escritura, y, finalmente, Interpreta-
ción de la Biblia en la vida de la Iglesia. En esta sucesión de las diversas cuestiones se
percibe que el esquema del Documento sigue el esquema de Dei Verbum n. 12: la inves-
tigación del sentido literal de la Escritura a través de la metodología histórico-literaria,
y su paso al sentido de la Biblia en la Iglesia. Pero este paso no es un paso de orden fi-
lológico histórico, sino de orden hermenéutico. La colocación de las «Cuestiones de
hermenéutica» entre la interpretación metódica y la interpretación católica es el puen-
te que conduce de una a otra interpretación como dos elaboraciones de sentido no he-
terogéneas. El párrafo que abre la tercera parte del Documento sintetiza de manera
adecuada esta situación: «la exégesis católica no procura distinguirse por un método
científico particular (...). Lo que la caracteriza es que se sitúa conscientemente en la
tradición viva de la Iglesia, cuya preocupación es la fidelidad a la revelación testimo-
niada en la Biblia (...). El exegeta católico aborda los escritos bíblicos con una pre-
comprensión, que une estrechamente la cultura moderna científica y la tradición reli-
giosa proveniente de Israel y de la comunidad cristiana primitiva. Su interpretación se
encuentra así en continuidad con el dinamismo de interpretación que se manifiesta en
el interior mismo de la Biblia, y se prolonga luego en la vida de la Iglesia».
b) La tarea del exegeta. Una peculiar manera de concretar cómo debe proce-
derse en la interpretación de la Biblia es afrontar lo que se propone al exegeta para su
trabajo30. Se le proponen tres notas que deberá preocuparse especialmente de tomar
en consideración en su trabajo de servicio a la Iglesia: el carácter histórico de la reve-
lación bíblica, el alcance cristológico de los textos bíblicos, y la estrecha relación que
existe entre la Biblia y la Iglesia. Si atendemos bien a estos contenidos nos encontra-
mos de nuevo con los motivos que se han ido repitiendo en la exégesis del siglo. La
invitación a considerar el carácter histórico de la revelación apunta al tópico repetido
de buscar el sentido literal expresado por los autores humanos; la necesidad de inten-
tar el alcance cristológico de los textos apunta a un procedimiento hermenéutico que
ve los mismos textos como revelación31. Finalmente, la relación entre Biblia e Iglesia,
apunta al contexto en el que tiene sentido la interpretación de los textos.
30. Parte III (Dimensiones características de la interpretación católica), Apartado C (Tareas del exegeta).
31. Es lo que el Documento llama sentido espiritual de la Sagrada Escritura.
5. Conclusiones
El examen podría haber seguido otros caminos. El que hemos elegido señala
con cierta nitidez cómo el Documento de la Pontifica Comisión Bíblica, de 1993,
32. Cfr. V. FUSCO, Un secolo di metodo storico nell’esegesi cattolica (1893-1993), en «Studia Pata-
vina» 41 (1994) 340-398.
Vicente Balaguer
Departamento de Sagrada Escritura
Facultad de Teología
Universidad de Navarra
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