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Anuario de Historia de la Iglesia

ISSN: 1133-0104
[email protected]
Universidad de Navarra
España

Balaguer, Vicente
La Constitución Dogmática Dei Verbum y los estudios bíblicos en el siglo XX
Anuario de Historia de la Iglesia, núm. 10, 2001, pp. 239-251
Universidad de Navarra
Pamplona, España

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La Constitución Dogmática Dei Verbum
y los estudios bíblicos en el siglo XX

Vicente BALAGUER

1. Introducción

Se puede afirmar sin gran temor a equivocarse que el siglo XX ha supuesto


para Iglesia católica un redescubrimiento de la Sagrada Escritura. La Escritura, es-
pecialmente tras el Concilio Vaticano II, ha ocupado un lugar preferente en la litur-
gia, en la teología, y, en general, en todas las dimensiones de la vida cristiana: la
oración, la catequesis, etc. El siglo XX ha sido el siglo de la Biblia. Pero esta idea
habría que armonizarla con otra no menos verdadera y, en cierto modo, contradic-
toria con ella. Y es que si hubiera que caracterizar de alguna manera el pensamien-
to teológico del siglo que termina, en lo que se refiere a la Sagrada Escritura, sin
duda habría que hablar de tensión entre el carácter humano y el carácter sagrado de
los textos. La investigación no ha dejado de poner de manifiesto el doble carácter
que tienen estos libros: su consideración de libros revelados, y por tanto verdade-
ros, y su consideración como libros que expresan no sólo lo que Dios dice al hombre
sino lo que los hombres han dicho sobre Dios, y, desde este punto de vista, imper-
fectos y pasajeros. Este doble carácter se presenta muchas veces como incompati-
ble, al menos en una primera instancia.
Esta tensión ha revestido varias formas. En la primera parte del siglo —aun-
que el periodo habría que prolongarlo por detrás hasta la encíclica Providentissimus
Deus (1893), y por delante hasta la Dei Verbum (1965)—, la cuestión se centraba
en las dificultades que planteaba la exégesis crítica a la veracidad de los contenidos
de la Sagrada Escritura: lo que estaba en juego era la verdad de la revelación conte-
nida en esos libros. A menudo la investigación proponía para un texto de la Sagrada
Escritura un sentido distinto —y normalmente menos trascendente— del que hasta
entonces se había tenido por correcto y por revelado. A la apologética cristiana, que
tenía al texto por verdadero, se le ofrecían tres caminos para responder a los retos de

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la investigación: en primer lugar, podía prescindir de esa investigación —que, des-


pués de todo, lo único que ofrecía eran hipótesis más o menos probadas— y mante-
nerse en el sentido recibido desde el pasado, rechazando lo novedoso; tenía un se-
gundo camino: si lo que ofrecía la crítica histórica y filológica eran conclusiones
bastante probables, la apologética podía refugiarse en el sentido espiritual de los
textos; finalmente, tenía un tercer camino, más tortuoso, pero que fue el elegido:
aceptar el análisis crítico de los textos, profundizar en las metodologías, y procurar
descubrir el legado de doctrina, el contenido de la revelación, no al margen de lo
que dicen los textos estudiados críticamente, sino en la misma dirección. En defini-
tiva, elegir el estudio del sentido literal de los textos, el pretendido por los autores
humanos, como el único camino para llegar al sentido pretendido por Dios. Esta fue
la solución que adoptó la teología católica y también la que promovió el Magisterio
de la Iglesia1.
Esta orientación encuentra su plasmación más clara en la Constitución Dog-
mática Dei Verbum del Concilio Vaticano II. Se puede decir que después de Dei
Verbum ya no quedan dudas de que éste es el único itinerario que se puede seguir.
Pero la segunda parte del siglo XX conoció la tensión entre los aspectos humanos y
sagrados de la Biblia bajo otro aspecto. En efecto, la primera parte del siglo llegó a
la conclusión de que era irrenunciable la investigación del sentido humano de los
textos sagrados, pero en la práctica no pasó de ahí. Por ello, como se ha repetido en
más de una ocasión, Dei Verbum se entendió de manera un tanto parcial2, como una
simple apertura al uso incondicionado del método histórico-crítico, sin tener en
cuenta que la exégesis en la Iglesia no puede acabar en lo que dice el autor huma-
no, sino que debe prolongar su estudio hasta saber lo que quiso decir Dios: el inves-
tigador cristiano no puede quedarse sólo en el valor de los textos como palabra hu-
mana, sino que debe llegar también a su dimensión significativa como Palabra de
Dios. Esto es lo que, de una u otra manera, se propone el Documento de la Pontifi-
cia Comisión Bíblica de 1993, La interpretación de la Biblia en la Iglesia. El Do-
cumento tiene sus referencias en las dos grandes encíclicas bíblicas a las que con-
memora —ya que Providentissimus Deus es de 1893 y Divino Afflante Spiritu de

1. La afirmación puede parecer maximalista para un lector que tenga presentes muchas respuestas
de la Pontifica Comisión Bíblica de comienzos de siglo, o los decretos de San Pío X a propósito del
modernismo. Si embargo, un examen sereno de los documentos más relevantes, así como un estudio
profundo del contexto en el que se promulgaron esos documentos y del carácter de las respuestas, jus-
tifican la afirmación. Cfr. R.E. BROWN-Th.A. COLLINS, Church Pronouncements, en R. BROWN-J.
FITZMYER-R. MURPHY, New Jerome Biblical Commentary, Prentice Hall, Englewood Cliff 1990, § 72,
pp. 1166-1174.
2. Así en la relación final del Sínodo extraordinario sobre el Concilio Vaticano II, al hablar de las
fuentes de las que vive la Iglesia. Cfr. El Vaticano II, don de Dios: los documentos del Sínodo extraor-
dinario de 1985, Ed. PPC, Madrid 1996.

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1943—, y en Dei Verbum, a la que desarrolla. Por eso, un repaso a los términos en
los que se plantea la investigación en estos cuatro documentos podrá darnos un
perspectiva general sobre el camino de la investigación bíblica en el siglo y de los
caminos abiertos por el Vaticano II.

2. Hasta la Constitución Dogmática «Dei Verbum».


Las encíclicas bíblicas de 1893 y de 1943

En ocasiones se afirma que Divino Afflante Spiritu de Pío XII ha sido como
la carta magna de la apertura de los estudios bíblicos a los investigadores católicos.
La afirmación es verdadera, pero debe completarse con otra: lo que hace esta encí-
clica es desarrollar lo que ya había iniciado León XIII cincuenta años antes con Pro-
videntissimus Deus. Ambas encíclicas son una respuesta a los ataques contra la in-
terpretación católica de la Biblia y una respuesta no meramente defensiva, ya que
las dos acuden al fondo de los problemas planteados.
Como recuerda Juan Pablo II, la encíclica «Providentissimus Deus fue publi-
cada en una época marcada por duras polémicas contra la fe de la Iglesia. La exége-
sis liberal alimentaba en gran medida estas polémicas, porque utilizaba todos los re-
cursos de las ciencias, desde la crítica textual hasta la geología, pasando por la
filosofía, la crítica literaria, la historia de las religiones, la arqueología y otra disci-
plinas más»3. Es conocido que la exégesis liberal cuestionaba la inerrancia de la Sa-
grada Escritura y que la respuesta de la teología católica —el concordismo, la sepa-
ración entre el elemento humano y el elemento divino de la Biblia, etc.— había
sido más bien pobre. León XIII, un papa culto de talante humanista, adoptó una po-
sición muy matizada de la que, sin embargo, emergieron dos principios importantes
respecto de la inspiración del hagiógrafo y respecto de la necesidad de formarse en
un método definido y seguro de investigación. La famosa definición de inspiración
de la encíclica4 se dirige, en el fondo, a evitar todo docetismo: lo dicho por el ha-
giógrafo es lo dicho por Dios. De hecho el famoso pasaje de la encíclica en el que

3. JUAN PABLO II, Discurso De tout coeur (23.4.1993) a los miembros de la Pontificia Comisión Bí-
blica con ocasión del centenario de Providentissimus Deus y el cincuentenario de Divino Afflante Spi-
ritu. En Enchiridion Biblicum. Documenti della Chiesa sulla Sacra Scrittura, Ed. Dehoniane, Bologna
1993, n. 1241. En adelante EB y el número correspondiente.
4. «Por lo cual nada importa que el Espíritu Santo se haya servido de hombres como de instrumen-
tos para escribir, como si a estos escritores inspirados, ya que no el autor principal, se les pudiera haber
deslizado algún error. Porque Él de tal manera los excitó y movió con su influjo sobrenatural para que
escribieran, de tal manera los asistió mientras escribían, que ellos concibieron rectamente todo y sólo
lo que Él quería, y lo quisieron fielmente escribir, y lo expresaron aptamente con verdad infalible; de
otra manera, Él no sería el autor de toda la Escritura» (EB 125).

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quedan solventadas las cuestiones de inerrancia de la Escritura en lo referente a las


ciencias naturales se inspira precisamente en este principio que no separa los aspec-
tos humanos y divinos del texto sagrado5.
Junto a este rechazo de un planteamiento doceta, el pontífice invitaba a la in-
vestigación de los aspectos humanos de la Sagrada Escritura6. Esta invitación es la
que viene más claramente recomendada en Divino Afflante Spiritu, encíclica de Pío
XII que conmemoraba el quincuagésimo aniversario de Providentissimus Deus. Es
verdad que León XIII había animado al estudio de los aspectos humanos de la Sa-
grada Escritura, pero los resultados de esas investigaciones se presentaban no pocas
veces como contrarios a la fe recibida, sobre todo si se cotejaban con las respuestas
de la Pontificia Comisión Bíblica. Por eso se levantaron voces de alarma ante el va-
lor de tal investigación. Frente a esa actitud, reaccionó Pío XII: «La Divino Afflante
Spiritu se publicó poco tiempo después de una polémica suscitada, sobre todo en
Italia, contra el estudio científico de la Biblia. Un opúsculo anónimo muy difundi-
do ponía en guardia contra lo que describía como “un peligro grave para la Iglesia
y las almas: el sistema crítico-científico en el estudio y la interpretación de la Sa-
grada Escritura, sus desviaciones funestas y sus aberraciones”»7. Los principios ge-
nerales señalados por Pío XII son muy semejantes a los de León XIII8, pero la invi-

5. «Los escritores sagrados, o más exactamente, “el Espíritu de Dios que hablaba por medio de
ellos, no quiso enseñar a los hombres estas cosas [a saber, la constitución íntima de los objetos visibles]
que no tienen importancia alguna para la salvación eterna” [S. AGUSTÍN, De Gen. Ad litt, 2,9,20], por lo
que ellos, más que atender a la investigación de la naturaleza, describen a veces objetos y hablan de
ellos […] como lo exigía el lenguaje común de aquella época […]. Dado que en el lenguaje común lo
que se expresa propiamente y en primer lugar es lo que cae bajo los sentidos, así también el escritor sa-
grado [tal como nos advierte el Doctor Angélico] “atiende a lo que aparece ante los sentidos” [S. Th., I,
q. 70, a. 1, ad 3], es decir, a aquello que Dios mismo, hablando a los hombres, expresó de modo huma-
no para hacerse comprender por ellos» (EB 121, subrayado nuestro).
6. El Pontífice anima a seguir la versión de la Vulgata, aunque dice que no deben descuidarse otras
versiones, y que se debe atender también a los manuscritos más antiguos (EB 106); por eso mismo in-
vita al estudio de las lenguas orientales y de la crítica, aunque no deja por eso de advertir los peligros
que se siguen de seguir incondicionadamente lo que se denomina la alta crítica (EB 118). En cuanto a
la interpretación de la Escritura, dice que el exegeta católico no deberá interpretar el texto bíblico con-
tra el sentir de la Iglesia o el consentimiento unánime de los Padres (EB 108), aunque añade que los in-
vestigadores católicos —para ayudar a la Iglesia en la madurez de sus juicios— gozan de libertad en su
estudio de los pasajes difíciles. Deben guiarse, eso sí, por el principio de la analogía de la fe. Desde
nuestra perspectiva esta invitación puede parecer tímida, pero en el horizonte de la investigación debe
tenerse en cuenta que estas notas van unidas a otros actos del Pontífice y de sus sucesores: entre los
más sobresalientes habría que anotar la creación de la Pontificia Comisión Bíblica (30.10.1902), del
Pontificio Istituto Biblico (7.5.1909), etc.
7. JUAN PABLO II, Discurso De tout coeur (23.4.1993), EB 1241.
8. Frente a la recomendación anterior de la Vulgata, Pío XII invita a acudir a los textos originales y
a nuevas traducciones más actualizadas de la Vulgata. Recuerda a este propósito que la autenticidad de
la Vulgata proclamada en Trento lo es en sentido jurídico — indica simplemente que esta versión está

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La Constitución Dogmática «Dei Verbum» y los estudios bíblicos en el siglo XX

tación a buscar el sentido literal, o la sugerencia del tratamiento de los géneros lite-
rarios, como solución a los problemas de la historicidad de muchos textos sagrados,
hacen de este documento una de las referencias clásicas a la hora de hablar de la in-
vestigación de la Sagrada Escritura.
Las dos encíclicas serían pues los hitos importantes antes del Concilio Vati-
cano II. Como señala Juan Pablo II, las dos «coinciden perfectamente en su nivel
más profundo. Ambas rechazan la ruptura entre lo humano y lo divino, entre la in-
vestigación científica y la mirada de la fe, entre el sentido literal y el sentido espiri-
tual. Aparecen, por tanto, plenamente en armonía con el misterio de la Encarna-
ción»9. Y en la historia de la investigación, las dos señalan el estado de los estudios
bíblicos al llegar el Concilio Vaticano II. Han quedado resueltas las cuestiones que
afectan a la relación de la Escritura con los fenómenos estudiados por las ciencias,
ha quedado solucionada la pertinencia de usar los géneros literarios para la investi-
gación del sentido de la Escritura, también queda estimulado el uso de las ciencias
auxiliares, y, sobre todo, queda formulada la tesis de la necesidad de investigar, an-
tes que nada, el sentido literal de la Sagrada Escritura.

3. La Constitución Dogmática «Dei Verbum»

Es sentir común de los comentaristas que Dei Verbum es una constitución


tan importante como poco conocida. También es verdad que la belleza de sus for-
mulaciones está unida a una densidad que hace difícil su lectura10. De la compleji-
dad que tiene la constitución puede dar idea su iter, que recorre casi todo el Conci-
lio, desde las consultas preconciliares de 1959 hasta su aprobación, el 18 de
noviembre de 1965, apenas 20 días antes de la clausura del Concilio11; de su densi-
dad da razón una simple lectura.

libre de error en fe y en moral—, pero no crítico (EB 549). Por eso, urge a abordar los problemas no resuel-
tos (EB 546) y recuerda que son muy pocos los textos cuyo sentido está establecido autoritativemente por
la Iglesia o en el que sean unánimes los Padres (EB 565). En segundo lugar examina las relaciones entre el
sentido literal y el sentido espiritual, tomando partido por el primero. La encíclica invita a preocuparse
principalmente por el sentido literal (EB 550); sólo deberá exponerse el sentido espiritual cuando éste apa-
rezca claramente intentado por Dios (EB 552). Por ello, en tercer lugar, el Papa estimula el estudio de la crí-
tica. Utilizando los instrumentos de la arqueología (EB 558) de los géneros literarios (EB 560), etc., el exe-
geta debe preocuparse por determinar las circunstancias en las que escribió el autor sagrado —carácter,
época, fuentes, formas de expresión, etc.— para descubrir qué quiso decir al componer su escrito (EB 557).
9. EB 1244.
10. Cfr R. LATOURELLE, Comment Dieu se révèle au monde. Lecture commentée de la Constitution
de Vatican II sur la Parole de Dieu, Fides, Québec 1998.
11. Para una sinopsis histórica, cfr. F. GIL HELLÍN, «Dei Verbum»: Constitutio Dogmatica de Divina
Revelatione. Synopsis historica, Ed. Vaticana, Città del Vaticano 1993.

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De esta Constitución se han dicho muchas cosas, y casi siempre en tono de


admiración. Se ha hecho notar la consistencia —por sí mismos y por lo que hace a
otros aspectos, como por ejemplo el ecuménico— que tienen los dos primeros capí-
tulos sobre la Revelación divina y su transmisión, también se han apuntado las
perspectivas que abre el capítulo sexto sobre la Escritura en la Iglesia, etc. Se podrí-
an tratar muchas de estas dimensiones, pero en el horizonte de la investigación bí-
blica en la Iglesia, habría que subrayar las siguientes notas.
Tal vez habría que decir que, junto a otras muchas, la novedad más impor-
tante de Dei Verbum es la Constitución misma12. Dei Verbum supone, antes que
nada, un cambio de paradigma en la concepción de la Escritura. Para ello basta con-
siderar que si bien el documento conciliar dice en el título que va a tratar de la «di-
vina revelación», los títulos de los seis capítulos que la componen13 nos indican que
sobre todo habla de la Sagrada Escritura. Cualquiera que lea detenidamente la
Constitución Dogmática sabe que en este cambio de términos no hay ni engaño, ni
paradoja. Dei Verbum habla de la Sagrada Escritura en el marco general de la Reve-
lación y ésta no se entiende como un conjunto de decretos dados por Dios a los
hombres sino como un desplegarse del amor de Dios a los hombres que se mani-
fiesta en acciones y palabras y que tienen su sentido y su unidad en Jesucristo14. Por
ello, la Sagrada Escritura no aparece sino en el capítulo II, cuando se aborda la
transmisión de la Revelación divina y, desde esa aparición, pasa a ser el tema del
resto de la constitución. Situados en el marco general de la Revelación, la explica-
ción de las nociones relativas a la Sagrada Escritura —inspiración, interpretación,
relación entre los dos testamentos, etc.— recibe su luz de la acción de Dios en la
historia de los hombres, y de la manifestación en Jesucristo.
Este hecho de situar la Escritura en el marco más dinámico de la Revelación
y de su transmisión ofrecía una salida donde las encíclicas bíblicas anteriores habían
embarrancado: en la noción de inspiración entendida en un margen excesivamente
estrecho, reducido a la acción de Dios sobre los hagiógrafos. Pero, además, Dei
Verbum ofrecía también continuidad en lo que se refería a los otros aspectos trata-
dos en las encíclicas: la investigación de la Sagrada Escritura con los métodos his-
tóricos y filológicos y la búsqueda del sentido literal.

12. Cfr R. LATOURELLE, Comment Dieu se révèle au monde. Lecture commentée de la Constitution
de Vatican II sur la Parole de Dieu, p. 93.
13. La Revelación en sí misma, Transmisión de la revelación divina, Inspiración divina de la Sagra-
da Escritura e interpretación, El Antiguo Testamento, El Nuevo Testamento, La Sagrada Escritura en la
vida de la Iglesia.
14. Por eso se ha dicho también que uno de los mayores méritos de Dei Verbum es haber conducido
todo a la unidad: unidad del Revelador y del Revelado, unidad de los dos Testamentos, unidad de la Es-
critura y la Tradición, y unidad del Verbo de Dios en las dos formas en que se nos presenta: la Escritu-
ra y la Eucaristía. Cfr H. DE LUBAC, La révélation divine, Cerf, Paris 31983, p. 174.

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La Constitución Dogmática «Dei Verbum» y los estudios bíblicos en el siglo XX

El ejemplo más claro lo podemos ver en los tres párrafos que la Constitución
dedica a la interpretación de la Sagrada Escritura (n. 12). En ese punto se decía:

«Habiendo, pues, hablado Dios en la Sagrada Escritura por medio de hom-


bres y a la manera humana15, el intérprete de la Sagrada Escritura debe investigar con
atención qué pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios mani-
festar por sus palabras, para comprender lo que El quiso comunicarnos.
Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que aten-
der a “los géneros literarios”, porque la verdad se propone y se expresa de una mane-
ra o de otra en los textos de diverso modo históricos, proféticos, poéticos o en otras
formas de hablar. Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que in-
tentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia, según la condición de
su tiempo y de su cultura, por medio de los géneros literarios usados en su época16.
Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos,
hay que atender cuidadosamente tanto a las acostumbradas formas nativas de pensar,
de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aque-
lla época solían usarse en el trato mutuo de los hombres17.
Y como hay que leer e interpretar la Sagrada Escritura con el mismo Espíritu
con que se escribió18 para descubrir el sentido exacto de los textos sagrados, hay que
atender con no menor diligencia al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escri-
tura, teniendo en cuenta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe.
Toca a los exegetas esforzarse según estas reglas por entender y exponer más a fon-
do el sentido de la Sagrada Escritura, para que, como con un estudio previo, vaya
madurando el juicio de la Iglesia. Porque todo lo que se refiere a la interpretación de
la Sagrada Escritura está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el man-
dato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios19».

En estos párrafos se perciben con claridad los dos motivos que han presidido
la exégesis crítica de las décadas anteriores. En el primer párrafo se afirma que el
único camino para descubrir el sentido de los textos sagrados buscado por Dios, au-
tor principal, es el que tiene presente el sentido intentado por los autores humanos.
Por otra parte, el segundo párrafo dice claramente que para entender el sentido de
los textos hay que acudir a los géneros literarios y a lo que se asimila a ellos.
Esta segunda conclusión es más importante de lo que puede parecer a prime-
ra vista, ya que, a tenor de los contenidos de Dei Verbum, se puede pensar que para

15. S. AGUSTÍN, De civ. Dei, XVII, 6, 2: PL 41, 537; CSEL., XI, 2, 228.
16. S. AGUSTÍN, De doctrina christiana, III, 18, 26: PL 34, 75-76.
17. PÍO XII, l. c.: Denz., 2.294 (3.829-2.830); Enchir. Biblic., 557-562.
18. Cf. BENEDICTO XV, Encícl. Spiritus Paraclitus, del 15 de sept. de 1920: Enchir. Biblic., 469. S.
JERÓNIMO, In Gal. 5, 19-21: PL 26, 417 A.
19. Cf. CONC. VAT. I, Const. dogm. De fide catholica, c. 2 de revelatione: Denz., 1788 (3.007).

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Vicente Balaguer

la investigación del sentido literal de la Sagrada Escritura se recomienda de alguna


manera el método histórico-crítico. Es verdad que esto no está dicho explícitamen-
te en ningún lugar, pero también es verdad que cuando la Constitución explica
cómo se compusieron los evangelios (cfr Dei Verbum, n. 19), y por tanto el sentido
en el que esos textos deben tenerse como históricos, utiliza en su exposición unas
conclusiones que se derivan de la aplicación del método histórico-crítico a los
evangelios20. Si el n. 11 de la Constitución había solventado la cuestión de la vera-
cidad de la Biblia, en el n. 19 nos encontramos, incluso sin quererlo, con un ejem-
plo práctico de cómo se puede verificar esa veracidad en unos textos históricos21.
Pero el texto de Dei Verbum sobre la interpretación de la Sagrada Escritura
tiene un tercer párrafo, muy importante y que en la práctica ha pasado inadvertido
muchas veces. El documento conciliar afirma explícitamente que el «sentido exac-
to» de la Sagrada Escritura no es necesariamente el sentido literal querido por el ha-
giógrafo, sino el que deriva de la intencionalidad del Espíritu con que se escribie-
ron los textos, y que los exegetas tienen que descubrir a partir del sentido literal,
pero teniendo presente la unidad de la Sagrada Escritura, la Tradición y la analogía
de la fe. De hecho en el capítulo VI de la Constitución se vuelve más de una vez a
estas ideas cuando, por ejemplo, en el n. 23 se afirma: «la Iglesia, enseñada por el
Espíritu Santo, se esfuerza en acercarse a una inteligencia cada vez más profunda
de las Sagradas Escrituras, para alimentar continuamente a sus hijos con las divinas
enseñanzas; por lo cual fomenta también convenientemente el estudio de los Santos
Padres, así del Oriente como del Occidente, y de las Sagradas Liturgias. Los exegetas
católicos y demás teólogos deben trabajar, aunando diligentemente sus fuerzas, para
investigar y proponer las Letras divinas con los instrumentos oportunos, bajo la vi-
gilancia del sagrado Magisterio, de tal forma que el mayor número posible de mi-
nistros de la palabra puedan repartir fructuosamente al pueblo de Dios el alimento
de las Escrituras, que ilumine la mente, robustezca las voluntades y encienda los
corazones de los hombres en el amor de Dios22. El sagrado Concilio anima a los hi-
jos de la Iglesia dedicados a los estudios bíblicos, para que, renovando constante-
mente las fuerzas, sigan realizando con todo celo, según el sentir de la Iglesia, la
obra felizmente comenzada23».

20. El Concilio resume, precisándola al mismo tiempo, la Instrucción de la Pontificia Comisión Bí-
blica De historica Evangeliorum veritate del 21.4.1964 (EB 636-643).
21. Un buen estudio de la cuestión en J. DUPONT, Storicità dei Vangeli e metodo storico dei vangeli
nella Costituzione Dogmatica «Dei Verbum», en S. CONSORI y otros, A venti anni dal Concilio. Pros-
pettive teologiche e giuridiche, Ed. OFTeS, Palermo 1984, pp. 51-73.
22. Cf. PÍO XII, Encícl. Divino afflante Spiritu: Enchir. Biblic., 551, 553, 567. Pont. Com. Bíblica,
Instructio de S. Scriptura in Clericorum Seminariis et Religiosorum Collegiis recte docenda, del 13 de
mayo de 1950: AAS 42 (1950) 495-505.
23. Cf. PÍO XII, ibidem, Enchir. Biblic., 569.

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La Constitución Dogmática «Dei Verbum» y los estudios bíblicos en el siglo XX

Por esto es claro que la doctrina del Concilio no debía ser sólo punto de lle-
gada —la confirmación de la necesidad de descubrir el sentido literal, la legitimi-
dad del método histórico-crítico para esta búsqueda, el modo de entender la veraci-
dad de la Escritura, etc.— sino también punto de partida. Los textos de Dei Verbum
no debían entenderse sólo como confirmación de los resultados de un tipo de exé-
gesis, sino como el modo de entender la Escritura en la Iglesia. Esta segunda parte
del horizonte conciliar es la que se dejó de lado. Por ello, en una conocida confe-
rencia, pronunciada hace unos pocos años, el Card. Ratzinger decía que estaba con-
vencido de que una lectura atenta del texto entero de Dei Verbum permitiría encon-
trar los elementos esenciales para una síntesis entre el método histórico y la
hermenéutica teológica; en cambio, la recepción post-conciliar de la citada Consti-
tución la había entendido como una aprobación oficial e incondicionada del méto-
do histórico-crítico24. Veamos algunos puntos del proceso.

4. Desde la Constitución Dogmática «Dei Verbum».


El Documento de la Pontifica Comisión Bíblica de 1993

Para un examen de la recepción de Dei Verbum nada podría ser más útil que
el Balance de la recepción del Concilio que se hizo en el Sínodo extraordinario de
1985. En la relación final, el espacio dedicado a Dei Verbum es escaso, pero signi-
ficativo. En apartado B), «Fuentes de las que vive la Iglesia», parágrafo a) «La pa-
labra de Dios», punto 1) «Escritura, Tradición y Magisterio», se dice de Dei Ver-
bum que «quizá se descuidó demasiado» y que «para esta constitución es necesario
evitar una lectura parcial. Principalmente la exégesis del sentido original de la Sa-
grada Escritura, que está recomendada fuertemente por el Concilio (cfr Dei
Verbum, n. 12) no puede ser separada de la viva tradición de la Iglesia, ni de la in-
terpretación auténtica del Magisterio de la Iglesia»25.
Lo que señala esta relación no dista mucho de la afirmación del Cardenal
Ratzinger que anotábamos antes, o de lo que era sentir común en los volúmenes con-
memorativos del evento conciliar26. El Vaticano II había ofrecido un panorama op-

24. CARD. RATZINGER, J., L’interpretazione biblica in conflitto (problemi del fondamento e orienta-
mento dell’esegesi contemporanea), en L. PACOMIO (ed.), L’esegesi cristiana oggi, Casale Monferrato
1992, p. 99.
25. Cfr supra nota 2.
26. Cfr por ejemplo, I. DE LA POTTERIE, L’interpretazione della Sacra Scrittura nello spirito in cui è
stata scritta (DV 12,3); y U. VANNI, Esegesi e attualizzazione alla luce della «Dei Verbum», en R.
LATOURELLE (ed.), Vaticano II: Bilancio e prospettive venticinque anni dopo (1962-1987), Cittadella,
Assisi 1987, pp. 204-242 y 308-323 respectivamente.

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Vicente Balaguer

timista a la exégesis27, que se tradujo en infinidad de publicaciones en las que la


exégesis católica no tenía nada que envidiar a la que podía provenir de otros ámbi-
tos: el filológico, el histórico, o el que pudiera venir de otras confesiones. Obvia-
mente lo que se buscaba era el sentido literal de la Escritura según los dictados del
método histórico-crítico.
Sin embargo, la teología era consciente de que este proceso se quedaba a mi-
tad camino de lo propuesto por el Concilio y de lo que debía ser la Escritura en la
vida de la Iglesia. De ahí que surgieran nuevas propuestas —como la de incorporar
a la exégesis otros métodos de análisis que subrayaran más los aspectos significati-
vos de los textos bíblicos, o la de atender a las corrientes hermenéuticas que favo-
recían la actualización del texto— con dos motivos comunes: el texto bíblico no
podía quedar como un texto del pasado sino que tenía que prolongarse en su signi-
ficación hasta el presente; además, la exégesis tenía que saber unir su significación
en el pasado con su significación en la Iglesia28.
Estos son los argumentos que están presentes de una u otra manera en el Do-
cumento de la Pontificia Comisión Bíblica de 1993: «La interpretación de la Biblia
en la Iglesia». El Documento como tal es difícil de resumir. Antes hemos señalado
la coincidencia de los comentaristas a la hora de afirmar la capacidad de síntesis de
Dei Verbum, pero cuando se trata de este Documento las opiniones van en sentido
contrario: es un texto largo, con repeticiones, y con unas opciones de organización
discutibles en más de una ocasión29. Sin embargo, los comentaristas también coin-
ciden en afirmar que el Documento proporciona pautas suficientes para hacer explí-
citos los presupuestos de Dei Verbum, de modo que la interpretación de la Biblia no
acabe en el sentido que tiene como palabra humana, sino que se prolongue hasta el
sentido que tiene como palabra de Dios.

27. Cfr también, A.M. ARTOLA, La «Dei Verbum». Aportaciones y repercusiones, en J. ESPONERA
(ed.), La Palabra de Dios y la hermenéutica. A los 25 años de la Constitución «Dei Verbum» del Con-
cilio Vaticano II, Facultad de Teología, Valencia 1991, pp. 15-44.
28. Los lugares serían muchos, pero es de justicia recordar los artículos, tan polémicos como incisi-
vos, de F. DREYFUS, Exégèse en Sorbonne, exégèse en Église, en «Revue Biblique» 82 (1975) 321-359;
L’actualisation à l’interieur de la Bible, en «Revue Biblique» 83 (1976) 161-202; L’actualisation de
l’Écriture, I. Du texte à la vie, en «Revue Biblique» 86 (1979) 5-58; L’actualisation de l’Écriture, II.
L’action de l’Esprit, en «Revue Biblique» 86 (1979) 161-193; L’actualisation de l’Écriture, III. La pla-
ce de la tradition, en «Revue Biblique» 86 (1979) 321-384. Cfr. también J.M. CASCIARO, Exégesis bí-
blica, hermenéutica y teología, Eunsa, Pamplona 1983
29. Los comentarios al Documento han sido bastante numerosos. Puede verse los distintos artículos
publicados con ese motivo en diversas revistas —«Scripta Theologica» 27/1 (1995); «Studia Patavina»
43/1 (1996)— o algunos comentarios: J.A. FITZMYER, The Biblical Commission’s Document «The in-
terpretation of the Bible in the Church». Text and Commentary (Subsidia Biblica 18), Pontifico Istituto
Biblico, Roma 1995; G. GHIBERTI-F. MOSETTO (dirs.), L’interpretazione della Bibbia nella Chiesa. Tes-
to e commento, Elle Di Ci, Leuman (Torino) 1998. En todos estos lugares se puede encontrar más bi-
bliografía sobre el Documento y sus repercusiones.

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La Constitución Dogmática «Dei Verbum» y los estudios bíblicos en el siglo XX

Son muchas las nociones del Documento que se podrían precisar en una va-
loración. Para guardar cierta simetría con lo que hemos hecho a propósito de Dei
Verbum, recurriremos a tres motivos: la organización del Documento, lo que el Do-
cumento propone como tareas de los exegetas, y las conclusiones finales.
a) Organización interna del Documento. Salvadas la introducción y las conclu-
siones, el Documento consta de cuatro grandes capítulos: Métodos y acercamientos en
la interpretación de la Sagrada Escritura, Cuestiones de hermenéutica, Dimensiones
características de la interpretación católica de la Escritura, y, finalmente, Interpreta-
ción de la Biblia en la vida de la Iglesia. En esta sucesión de las diversas cuestiones se
percibe que el esquema del Documento sigue el esquema de Dei Verbum n. 12: la inves-
tigación del sentido literal de la Escritura a través de la metodología histórico-literaria,
y su paso al sentido de la Biblia en la Iglesia. Pero este paso no es un paso de orden fi-
lológico histórico, sino de orden hermenéutico. La colocación de las «Cuestiones de
hermenéutica» entre la interpretación metódica y la interpretación católica es el puen-
te que conduce de una a otra interpretación como dos elaboraciones de sentido no he-
terogéneas. El párrafo que abre la tercera parte del Documento sintetiza de manera
adecuada esta situación: «la exégesis católica no procura distinguirse por un método
científico particular (...). Lo que la caracteriza es que se sitúa conscientemente en la
tradición viva de la Iglesia, cuya preocupación es la fidelidad a la revelación testimo-
niada en la Biblia (...). El exegeta católico aborda los escritos bíblicos con una pre-
comprensión, que une estrechamente la cultura moderna científica y la tradición reli-
giosa proveniente de Israel y de la comunidad cristiana primitiva. Su interpretación se
encuentra así en continuidad con el dinamismo de interpretación que se manifiesta en
el interior mismo de la Biblia, y se prolonga luego en la vida de la Iglesia».
b) La tarea del exegeta. Una peculiar manera de concretar cómo debe proce-
derse en la interpretación de la Biblia es afrontar lo que se propone al exegeta para su
trabajo30. Se le proponen tres notas que deberá preocuparse especialmente de tomar
en consideración en su trabajo de servicio a la Iglesia: el carácter histórico de la reve-
lación bíblica, el alcance cristológico de los textos bíblicos, y la estrecha relación que
existe entre la Biblia y la Iglesia. Si atendemos bien a estos contenidos nos encontra-
mos de nuevo con los motivos que se han ido repitiendo en la exégesis del siglo. La
invitación a considerar el carácter histórico de la revelación apunta al tópico repetido
de buscar el sentido literal expresado por los autores humanos; la necesidad de inten-
tar el alcance cristológico de los textos apunta a un procedimiento hermenéutico que
ve los mismos textos como revelación31. Finalmente, la relación entre Biblia e Iglesia,
apunta al contexto en el que tiene sentido la interpretación de los textos.

30. Parte III (Dimensiones características de la interpretación católica), Apartado C (Tareas del exegeta).
31. Es lo que el Documento llama sentido espiritual de la Sagrada Escritura.

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Vicente Balaguer

c) Las conclusiones. El tercer lugar significativo es el que recoge las conclu-


siones del Documento. Pienso que bastará con reproducir algunas frases para ver el
alcance de las tesis que vamos resumiendo. «De cuando se ha dicho en el curso de
esta larga exposición, (...) la primera conclusión que se sigue es que la exégesis bí-
blica cumple, en la Iglesia y en el mundo, una tarea indispensable. Querer prescin-
dir de ella para comprender la Biblia supondría una ilusión y manifestaría una falta
de respeto por la Escritura inspirada». Con esta conclusión el Documento rechaza
cualquier planteamiento fundamentalista a la hora de interpretar la Sagrada Escritu-
ra. «Una segunda conclusión es que la naturaleza misma de los textos bíblicos exi-
ge que, para interpretarlos, se continúe empleando el método histórico-crítico, al
menos en sus operaciones principales (...). Pero, una vez cumplida esta condición,
los acercamientos sincrónicos son susceptibles de renovar en parte la exégesis y de
aportar una contribución muy útil. El método histórico-crítico, en efecto, no puede
pretender el monopolio. Debe tomar conciencia de sus límites y de los peligros que
lo amenazan. El reciente desarrollo de las hermenéuticas filosóficas, y por otra par-
te, las observaciones que hemos podido hacer sobre la interpretación en la Tradi-
ción bíblica y en la Tradición de la Iglesia, han arrojado luz sobre diversos aspectos
del problema de la interpretación, que el método histórico-crítico tenía tendencia a
ignorar». Con esta segunda conclusión el Documento puntualiza el camino de la
primera. La búsqueda del sentido literal de la Escritura tiene como herramienta más
adecuada el método histórico-crítico, pero no debe tenerse a este método como pa-
nacea. Como afirmaba un lúcido investigador32, lo que está de fondo detrás de la
propuesta de la metodología histórico-crítica no es tanto un método cuanto la racio-
nalidad exegética en un horizonte de fe. Una tercera conclusión que propone el do-
cumento es que «la exégesis católica debe (...) mantener su identidad de disciplina
teológica, cuya finalidad principal es la profundización en la fe. Esto no significa
un menor compromiso en la más rigurosa investigación científica, ni la manipula-
ción de los métodos por preocupaciones apologéticas», pero «en la organización de
la tarea exegética, la orientación hacia el fin principal debe ser siempre efectiva,
evitando pérdidas de energía». El texto se explica a sí mismo, pero especifica de
manera clara cómo se debe pasar de la exégesis a la teología, del sentido literal al
sentido de los textos en la Iglesia.

5. Conclusiones

El examen podría haber seguido otros caminos. El que hemos elegido señala
con cierta nitidez cómo el Documento de la Pontifica Comisión Bíblica, de 1993,

32. Cfr. V. FUSCO, Un secolo di metodo storico nell’esegesi cattolica (1893-1993), en «Studia Pata-
vina» 41 (1994) 340-398.

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La Constitución Dogmática «Dei Verbum» y los estudios bíblicos en el siglo XX

actualiza y pone de manifiesto la doctrina de Dei Verbum en relación con la inves-


tigación y los problemas de la Escritura en el último siglo. Por eso, en una aplica-
ción de las reglas del Documento se podrá encontrar un camino para hacer explí-
cita la relevancia de la Sagrada Escritura en la Iglesia. Antes hemos mencionado
que la estructura del Documento reproduce en cierta manera el esquema del n. 12
de Dei Verbum, pero es también el complemento necesario para entender el n. 23
de esta constitución en el que se habla del papel de la exégesis y de los exegetas en
la Iglesia33.

Vicente Balaguer
Departamento de Sagrada Escritura
Facultad de Teología
Universidad de Navarra
E-31080 Pamplona
[email protected]

33. R. LATOURELLE, Comment Dieu se révèle au monde. Lecture commentée de la Constitution de


Vatican II sur la Parole de Dieu, pp. 78-80.

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