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Pío XII: Defensor de los judíos en el Holocausto

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DALIN, RABINO DAVID G., El mito del Papa de Hitler. Cómo Pío XII salvó
a los judíos de los nazis (Ciudadela Libros, Madrid 2006) 238p.,
ISBN: 978-84-935173-3-5.

En los últimos años ha aparecido una amplia literatura sobre Pío XII y su papel
en el Holocausto que provocó la muerte de seis millones de judíos. Literatura que debe
ser considerada francamente polémica, en la medida que se vertían graves acusacio-
nes contra Eugenio Pacelli. Entre los casos más relevantes se encontraban las obras
de John Cornwell (El Papa de Hitler. La verdadera historia de Pío XII, Barcelona, Pla-
neta, 2000), Daniel Jonah Goldhagen (La Iglesia Católica el Holocausto, Madrid, Tau-
rus, 2002) y David I. Kertzer (Los papas contra los judíos, Barcelona, Plaza&Janés,
2002). Frente a ellos se situaron el libro de Juan Eduardo Schenk y Vicente Cárcel Ortí
(Pío XII, ¿defensor de los judíos?, Valencia, Comercial Editora de Publicaciones, 2002),
así como el de Renato Moro (La Iglesia y el exterminio de los judíos. Catolicismo, anti-
semitismo, nazismo, Bilbao, Desclee de Brouwer, 2002).
El libro que hoy tenemos en nuestras manos se sitúa en la segunda postura, es
decir, la de defender a Pío XII, pero no lo hace a través de una aportación propia, sino
a través de una síntesis de lo publicado sobre este asunto. Es quizá éste su punto más
interesante y, al mismo tiempo, su punto más débil. En efecto, David G. Dalin —que
no oculta su condición de rabino judío para que el lector sepa de antemano que su
visión no obedece a determinados prejuicios— trabaja, en esencia, con fuentes secun-
darias, fuentes que, por otra parte, domina con una soltura muy notable. También ha
visto fuentes primarias como prensa, pero en ningún caso se ha introducido en los
archivos que dan acceso a la información fundamental. El resultado es lo que po-
dríamos denominar una especie de «libro de combate», donde el autor no hace gala
de una postura radical pero sí de una bastante apasionada y con el objetivo claro y
definido de romper con una imagen (la de Pío XII no haciendo nada ante el extermi-
nio en masa de judíos) que de ninguna manera acepta.
David G. Dalin ha estructurado el libro en siete partes fundamentales. La prime-
ra está dedicada a lo que él denomina «El origen del mito», donde explica de dónde
viene ese falso mito de un Papa supuestamente antijudío. A continuación, expone los
precedentes conocidos de pontífices que han defendido a los judíos, con el fin de rom-
per con otra idea ampliamente difundida, y es la de que la Iglesia Católica ha tenido
mucho que ver en los diferentes «progroms» que se han llevado a cabo contra los judí-
os. Dalin también estudia la trayectoria vital de Eugenio Pacelli previa a su elección
pontificia, una trayectoria marcada por una fulgurante carrera eclesial que había teni-
do como jalones fundamentales la prosecretaría y secretaría (de manera consecutiva)
de la Sagrada Congregación de Asuntos Extraordinarios (1912-1917), la Nunciatura
Apostólica tanto en Baviera como en Berlín (1917-1929), la elevación al cardenalato
(1929) y, finalmente, la Secretaría de Estado (1930-1939), hasta que el 2 de marzo de
1939 se convirtió en Papa.
A partir de aquí, el autor se centra en la actuación de Pío XII durante el Holo-
causto, no dudando en calificarle de «gentil justo». A pesar de ello, y este es un tema
objeto de otro capítulo, ha pesado mucho en la opinión pública lo vertido por los deno-
minados «medios de comunicación progresistas», a lo que él responde recordando

ESTUDIOS ECLESIÁSTICOS, vol. 83 (2008), núm. 326, ISSN 0210-1610 pp. 503-537
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que quienes realmente han llevado a cabo prácticas antisemitas no han sido los cató-
licos, sino los musulmanes. En todo caso, por si todo lo aportado no fuera suficiente,
Dalin decide cerrar el libro recordando la condena que Juan Pablo II (1978-2005) hizo
de las diferentes prácticas antisemitas.
Así, el autor comienza la obra afirmando que la «campaña retórica» contra la con-
ducta papal durante la Segunda Guerra Mundial tiene su punto de inicio en la pro-
paganda comunista posterior a dicha contienda, destacando, en ese sentido, la obra
El vicario, de Rolf Hochhuth (1963). A pesar del tiempo transcurrido, la «tormenta»
ideológica no ha «escampado», pues libros como el de Goldhagen (acusado por Dalin
de comprender e interpretar el antisemitismo de manera «rudimentaria y simplista»)
han seguido dando vida a una visión que dejaba en muy mal lugar al Papa Pacelli.
Frente a ellos contrapone un libro no traducido todavía en España, Hitler, the War and
the Pope, de Ronald J. Rychlak, al que califica de «(…) estudio más completo, más ele-
gante y mejor documentado de cuantos se han hecho hasta la fecha».
Son estos estudios los que permiten a Dalin apoyarse a la hora de realizar afir-
maciones que en ocasiones resultan excesivamente contundentes, aunque bien es ver-
dad que suele argumentarlas y razonarlas. A su juicio, no sólo Pío XII, sino los Papas
en su conjunto, se han expresado muchas veces a lo largo de la Historia en defensa de
los judíos, los han protegido en épocas de persecución religiosa y de progroms, y los
han apoyado cuando estos han exigido su derecho a realizar el culto religioso en las
sinagogas. Desde esa perspectiva, debe señalarse que algunos Papas han tenido médi-
cos judíos, así como también ha habido judíos entre su personal más allegado. Así, el
primer pontífice que realizó una destacada labor a favor de éstos fue, según David G.
Dalin, Gregorio I (590-604), destacando en la época contemporánea los casos tanto
de Pío X como de Benedicto XV. Dalin también analiza con detalle el pontificado de
Pío XI (1922-1939), pontificado que ha sido censurado por el Concordato que este
Papa aceptó firmar con la Alemania de Hitler. A ello responde el autor del libro recor-
dando la importancia de la encíclica Mit brennender Sorge (1937).
Dicha encíclica, como ya hemos señalado anteriormente, fue gestada y publicada
en la época en que el todavía Cardenal Pacelli era «mano derecha» de Pío XI. Un Pace-
lli que nunca llegó a reunirse con Adolf Hitler: ni como Nuncio, ni como Papa, ni con
motivo de la citada negociación que llevó al Concordato de 1933 (Concordato que, por
cierto, Dalin considera que fue firmado por la Santa Sede no con el fin de dar legiti-
midad al régimen nazi, sino con el de proteger los derechos de los católicos alemanes).
De ahí que le parezca realmente infundado el hecho de que alguien, como Cornwell
(quizá al que más duramente critica junto con Goldhagen), se haya atrevido a deno-
minarle «El Papa de Hitler». Así, Dalin relata de manera pormenorizada cómo inte-
lectuales judíos de gran renombre fueron protegidos por Pío XII, así como durante la
invasión de Italia por tropas alemanas (tras la caída de Mussolini en 1943) el Papa Pace-
lli dio instrucciones a las diferentes autoridades católicas para que ayudaran a los judí-
os a refugiarse en conventos, monasterios y demás edificios católicos. En ese sentido,
rescata un testimonio muy interesante del Cardenal Pietro Palazzini, considerado «justo
entre los gentiles» por parte del propio pueblo judío (que le reservó un lugar especial
en el Yad Vashem o Museo de la Memoria): según Palazzini, todo lo que él y otros sacer-
dotes católicos hicieron en aquellos difíciles años, se debió no sólo a su condición de
cristianos, sino, lo más importante, a órdenes directas dadas por el propio Pío XII.

ESTUDIOS ECLESIÁSTICOS, vol. 83 (2008), núm. 326, ISSN 0210-1610 pp. 503-537
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A pesar de ello, sigue todavía propagándose la idea de que Pío XII no hizo nada
o bastante poco por los judíos. En relación con ello, Dalin se muestra especialmen-
te crítico con la película Amén (2002), de Constantin Costa-Gavras, que se inspira en
la ya citada obra teatral de El Vicario (calificada de «infamante» por Dalin) y que
forma parte de lo que el autor denomina «guerra cultural de Hollywood». En ese sen-
tido, el autor se muestra francamente indignado por el hecho de que todo esto haya
tenido lugar en unas décadas caracterizadas por un fuerte antisemitismo protagoni-
zado no por los católicos, sino por los musulmanes. Frente a ellos Dalin destaca la
figura de Juan Pablo II, cuyo pontificado se empeñó en «(…) mantener vivo el recuer-
do de la Shoah en el corazón del mundo católico». Algo que a su juicio no es nove-
doso, pues considera que en el inicio del siglo XXI la Iglesia Católica lo que realmen-
te hace es mantener la misma postura amistosa que en su momento manifestó Eugenio
Pacelli ya fuera como Secretario de Estado o como Papa.—PABLO MARTÍN DE SANTA
OLALLA SALUDES.

LAZCANO, RAFAEL, Historia de la Conferencia Española de Religiosos


(CONFER). Nacional-Regional-Diocesana (1953-2003). La vida reli-
giosa en España (Autor-Editor, Madrid 2007), 836p., ISBN: 978-84-
612-0212-6
A pesar de que las órdenes religiosas constituyen uno de los pilares fundamentales
de la Iglesia Católica, el organismo que las agrupa desde 1953 se encontraba todavía
sin una obra que fuera capaz de hacernos llegar la importancia de su tarea. Esto es pre-
cisamente lo que logra a través de este libro Rafael Lazcano, un destacado historiador
de la Iglesia que, a pesar de contar ya con una importante trayectoria a sus espaldas,
es posible que con esta importantísima monografía alcance el reconocimiento que pro-
bablemente los especialistas en el tema no hemos sido todavía capaces de tributarle.
Porque esta Historia de la CONFER es sencillamente algo abrumador, podría dar lugar
no a una, sino a varias tesis doctorales. Es tal la riqueza de fuentes, la manera en que
lo ha sistematizado y, en definitiva, la proyección que ha sabido dar a la Historia de
este organismo católico, que podemos adelantar ya que, a partir de ahora, se conver-
tirá en una indiscutible e indispensable obra de referencia para todos aquellos que quie-
ran acercarse al mundo de las órdenes religiosas españolas.
Y es que no son pocos los libros que se han escrito sobre las diferentes órdenes
religiosas. Quizás los más numerosas sean los referidas a los jesuitas, pero también
son muy importantes los escritos sobre agustinos, claretianos, carmelitas (ya sean cal-
zados o descalzos), dominicos, franciscanos… Sin embargo, nunca antes habíamos
contado con un estudio tan sistemático, donde por no echarse en falta no se echa
siquiera un completo índice onomástico, que concede al lector la facilidad y comodi-
dad de ir directamente a aquellos protagonistas históricos que más le interesan. Con
razón ha dicho en el prólogo Clemente Serna, Abad de Silos, que «…estamos ante un
reto personal del autor y a sus muchas e intensas horas de búsqueda y ordenación de
tantos valiosos documentos». Así es, para realizar un trabajo tan completo son nece-
sarias muchas horas de estudio, pero resulta evidente que Rafael Lazcano no ha esca-

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