El Kybalión
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EL KYBALION
INTRODUCCIÓN
Mucho placer nos causa el poder presentar este trabajo a la atención de los estudiantes
e investigadores de las Doctrinas Secretas, obra que está basada en las antiquísimas
enseñanzas herméticas. Se ha escrito tan poca cosa sobre este asunto, a pesar de las
innumerables referencias que se han hecho de estas enseñanzas en muchos de los
trabajos sobre ocultismo, que los investigadores de las verdades arcanas habrán, sin
duda, presentido la aparición de este libro.
El propósito de este no es la enunciación de una filosofía o doctrina especial, sino más
bien el de dar al estudiante una exégesis de la verdad, que le sirva para conciliar los
muchos tópicos de los conocimientos ocultos que puede ya haber adquirido, pero que,
aparentemente, son contradictorios y paradojales, lo que a menudo desanima y disgusta
al principiante. Nuestro intento no es el de erigir un nuevo templo de sabiduría, sino el de
colocar en manos del investigador una clave maestra con la cual pueda abrir las
numerosas puertas internas que conducen al Templo del Misterio.
Ningún conocimiento oculto ha sido tan celosamente guardado como los fragmentos de
las enseñanzas herméticas, los que han llegado hasta nosotros a través de las centurias
transcurridas desde los tiempos del Gran Fundador, Hermes Trismegisto, "el elegido de
los dioses", quien murió en el antiguo Egipto, cuando la raza actual estaba en su
infancia. Contemporáneo de Abraham y, si la leyenda no miente, instructor de tan
venerable sabio, Hermes fue y es el Gran Sol Central del Ocultismo, cuyos rayos han
iluminado todos los conocimientos que han sido impartidos desde entonces. Todas las
bases fundamentales de las enseñanzas esotéricas que en cualquier tiempo han sido
impartidas a la raza son originarias, en esencia, de las formuladas por Hermes. Aun las
más antiguas doctrinas de la India han tenido su fuente en las enseñanzas herméticas.
Desde la tierra del Ganges, muchos ocultistas avanzados se dirigieron hacia el Egipto
para postrarse a los pies del Maestro. De él obtuvieron la clave maestra que, al par que
explicaba, reconciliaba sus diferentes puntos de vista, estableciéndose así firmemente la
Doctrina Secreta. De todas partes del globo vinieron discípulos y neófitos que miraban a
Hermes como el Maestro de los Maestros, y su influencia fue tan grande que, a pesar de
las negativas de los centenares de instructores que había en los diferentes países, se
puede fácilmente encontrar en las enseñanzas de estos últimos las bases fundamentales
en las que se asentaban las doctrinas herméticas. El estudiante de religiones
comparadas puede fácilmente percibir la influencia tan grande que las enseñanzas
herméticas han ejercido en todas las religiones, sea cual fuere el nombre con que se les
conozca ahora, bien en las religiones muertas o bien en las actualmente existentes. La
analogía salta a la vista, a pesar de los puntos aparentemente contradictorios, y las
enseñanzas herméticas son como un conciliador de ellas.
La obra de Hermes parece haberse dirigido en el sentido de sembrar la gran verdad-
semilla que se ha desarrollado y germinado en tantas y tan extrañas formas, más bien
que en el de establecer una escuela de filosofía que dominara el pensamiento del
mundo. Sin embargo, la verdad original enseñada por él ha sido guardada intacta, en su
pureza primitiva, por un reducido número de hombres en cada época, los cuales,
rehusando gran número de aficionados y de estudiantes poco desarrollados, siguieron el
proceder hermético y reservaron su conocimiento para los pocos que estaban prontos
para comprenderlo y dominarlo. De los labios a los oídos fue transmitido este
conocimiento entre esos pocos.
Siempre han existido en cada generación y en los diversos países de la tierra algunos
Iniciados que conservaron viva la sagrada llama de las enseñanzas herméticas, y que
siempre han deseado emplear sus lámparas para encender las lámparas menores de los
del mundo profano, cuando la luz de la verdad languidecía y se anublaba por su
negligencia, o cuando su pabilo se ensuciaba con materias extrañas. Han existido
siempre los pocos que cuidaron el altar de la verdad, sobre el cual conservaron siempre
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ardiendo la lámpara perpetua de la Sabiduría. Esos hombres dedicaron su vida a esa
labor de amor que el poeta describiera en estas líneas:
"O, let not the flame die out! Cherished age after age in its dark cavern —in its holy
temples cherished. Fed by pure ministers of love— let not the flame die out!"
"Oh, no dejes extinguirse la llama. Sustentada por generación tras generación en su
oscura caverna –en sus templos sagrados sustentada. Nutrida por puros sacerdotes de
amor- no dejes extinguirse la llama!".
Esos hombres no buscaron nunca ni la aprobación popular ni acaparar gran número de
prosélitos. Son indiferentes a esas cosas, pues saben de sobra cuan pocos hay en cada
generación capaces de recibir la verdad, o de reconocerla si se les presentara. Ellos
"reservan la carne para los hombres", mientras que los demás "dan leche a los niños",
conservan sus perlas de sabiduría para los pocos elegidos capaces de apreciar su valor
y de llevarlas a sus coronas, en vez de echárselas a los cerdos que las mancillarían y
pisotearían en el cieno de sus chiqueros. Mas estos hombres no han olvidado aún los
preceptos de Hermes respecto de la transmisión de estas enseñanzas a los que estén
preparados para recibirlas, acerca de lo cual dice "El Kybalión":
"DONDEQUIERA QUE ESTÉN LAS HUELLAS DEL MAESTRO, ALLÍ LOS OÍDOS DEL
QUE ESTÁ PRONTO PARA RECIBIR SUS ENSEÑANZAS SE ABREN DE PAR EN
PAR". Y además: "CUANDO EL OÍDO ES CAPAZ DE OÍR, ENTONCES VIENEN LOS
LABIOS QUE HAN DE LLENARLOS CON SABIDURÍA". Pero su actitud habitual ha
estado siempre estrictamente de acuerdo con otro aforismo, de "El Kybalión" también,
que dice que "LOS LABIOS DE LA SABIDURÍA PERMANECEN CERRADOS, EXCEPTO
PARA EL OÍDO CAPAZ DE COMPRENDER".
Y esos oídos incapaces de comprender son los que han criticado esta actitud de los
hermetistas y los que se han lamentado públicamente de que aquellos no hayan
expresado nunca claramente el verdadero espíritu de sus enseñanzas, sin reservas ni
reticencias. Pero una mirada retrospectiva en las páginas de la historia demostrará la
sabiduría de los maestros, quienes conocían la locura que era intentar enseñar al mundo
lo que este no deseaba ni estaba preparado a recibir. Los hermetistas nunca han
deseado ser mártires, sino que, por el contrario, han permanecido retirados, silenciosos y
sonrientes ante los esfuerzos de algunos que se imaginaban, en su ardiente entusiasmo,
que podían forzar a una raza de bárbaros a admitir verdades que sólo pueden
comprender los que han avanzado mucho en el Sendero.
El espíritu de persecución no ha muerto aún en la tierra. Hay ciertas enseñanzas
herméticas que, si se divulgaran, atraerían sobre sus divulgadores un griterío de odio y el
desprecio de las multitudes, las que volverían a gritar de nuevo:
¡Crucificadlo!... ¡Crucifícadlo!...
En esta obrita hemos tratado de daros una idea de las enseñanzas fundamentales de "El
Kybalión", indicando todo cuanto se refiere a los principios actuantes, dejándoos el
trabajo de estudiarlos, más bien que el de tratarlos nosotros mismos en detalle. Si sois
verdaderos estudiantes o discípulos, comprenderéis y podréis aplicar estos principios, si
no, debéis desarrollaros, pues de otra manera las enseñanzas herméticas no serán para
vosotros sino "palabras, palabras, palabras".
LOS TRES INICIADOS
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CAPÍTULO I
LA FILOSOFÍA HERMÉTICA
"Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de
comprender".
EL KYBALIÓN
Desde el antiguo Egipto han venido las enseñanzas fundamentales y secretas que tan
fuertemente han influido en los sistemas filosóficos de todas las razas y de todos los
pueblos, durante centurias enteras. El Egipto, la patria de las pirámides y de la Esfinge,
fue la cuna de la Sabiduría Secreta y de las doctrinas místicas. Todas las naciones han
sacado las suyas de sus doctrinas esotéricas. La India, Persia, Caldea, el país de los
medos, China, Japón, Asiria, la antigua Grecia y Roma, y otros no menos importantes
países, se aprovecharon libremente de las doctrinas formuladas por los hierofantes y
Maestros de la tierra de Isis, conocimientos que sólo eran transmitidos a los que estaban
preparados para participar de lo oculto.
Fue también en el antiguo Egipto donde vivieron los tan grandes adeptos y Maestros que
nadie después ha sobrepasado, y que rara vez han sido igualados en las centurias que
han transcurrido desde los tiempos del Gran Hermes. El Egipto fue la residencia de la
Gran Logia de las fraternidades místicas. Por las puertas de su templo entraron todos los
neófitos que, convertidos más tarde en Adeptos, Hierofantes y Maestros, se repartieron
por todas partes, llevando consigo el precioso conocimiento que poseían y deseando
hacer partícipe de él a todo aquel que estuviera preparado para recibirlo. Ningún
estudiante de ocultismo puede dejar de reconocer la gran deuda que tiene contraída con
aquellos venerables Maestros de Egipto.
Pero entre esos grandes adeptos existió uno al que los demás proclamaron "el Maestro
de los Maestros". Este hombre, si es que puede llamarse "hombre" a un ser semejante,
vivió en Egipto en la más remota antigüedad y fue conocido bajo el nombre de Hermes
Trismegisto. Fue el padre de la sabiduría, el fundador de la astrología, el descubridor de
la alquimia. Los detalles de su vida se han perdido para la historia, debido al inmenso
espacio de tiempo transcurrido desde entonces. La fecha de su nacimiento en Egipto, en
su última encarnación en este planeta, no se conoce ahora, pero se ha dicho que fue
contemporáneo de las más antiguas dinastías de Egipto, mucho antes de Moisés. Las
autoridades en la materia lo creen contemporáneo de Abraham, y en algunas de las
tradiciones judías se llega a afirmar que Abraham obtuvo muchos de los conocimientos
que poseía, del mismo Hermes.
Después de haber transcurrido muchos años desde su muerte (la tradición afirma que
vivió trescientos años), los egipcios lo deificaron e hicieron de él uno de sus dioses, bajo
el nombre de Tot. Años después los griegos hicieron también de él otro de sus dioses y
lo llamaron "Hermes, el dios de la sabiduría". Tanto los griegos como los egipcios
reverenciaron su memoria durante centurias enteras, denominándole el "inspirado de los
dioses", y añadiéndole su antiguo nombre "Trismegisto", que significa "tres veces
grande". Todos estos antiguos países lo adoraron, y su nombre era sinónimo de "fuente
de sabiduría".
Aun en nuestros días usamos el término "hermético" en el sentido de "secreto",
"reservado", etc., y esto es debido a que los hermetistas habían siempre observado
rigurosamente el secreto de sus enseñanzas. Si bien entonces no se conocía aquello de
"NO ECHAR PERLAS A LOS CERDOS", ellos siguieron su norma de conducta especial
que les indicaba "DAR LECHE A LOS NIÑOS Y CARNE A LOS HOMBRES", cuyas
máximas son familiares a todos los lectores de las escrituras bíblicas, máximas que, por
otra parte, habían sido ya usadas muchos siglos antes de la Era Cristiana.
Y esta política de diseminar cuidadosamente la verdad ha caracterizado siempre a los
hermetistas, aun en nuestros días. Las enseñanzas herméticas se encuentran en todos
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los países y en todas las religiones, pero nunca identificadas con un país en particular ni
con secta religiosa alguna. Esto es debido a la prédica que los antiguos instructores
hicieron para evitar que la Doctrina Secreta se cristalizara en un credo. La sabiduría de
esta medida salta a la vista de todos los estudiantes de historia. El antiguo ocultismo de
la India y de Persia degeneró y se perdieron sus conocimientos, debido a que los
instructores se habían convertido en sacerdotes y mezclaron la teología con la filosofía,
siendo su inmediata consecuencia que perdieron toda su sabiduría, la que acabó por
transformarse en una cantidad inmensa de supersticiones religiosas, cultos, credos y
dioses. Lo mismo pasó con las enseñanzas herméticas de los gnósticos cristianos,
enseñanzas que se perdieron por el tiempo de Constantino, quien mancilló la filosofía
mezclándola con la teología, y la iglesia cristiana perdió entonces su verdadera esencia y
espíritu, viéndose obligada a andar a ciegas durante varios siglos, sin que hasta ahora
haya encontrado su camino, observándose actualmente que la iglesia cristiana está
luchando nuevamente por aproximarse a sus antiguas enseñanzas místicas.
Pero siempre han existido unas cuantas almas que han conservado viva la llama,
alimentándola cuidadosamente y no permitiendo que se extinguiera su luz. Y gracias a
esos firmes corazones y a esas mentes de extraordinario desarrollo tenemos aún la
verdad con nosotros. Mas no se encuentra en los libros. Ella ha sido transmitida del
Maestro al discípulo, del iniciado al neófito, de los labios a los oídos. Si alguna vez se ha
escrito algo sobre ella, su significado ha sido cuidadosamente velado con términos de
astrología y alquimia, de tal manera que sólo los que poseían la clave podían leerlo
correctamente. Esto se hizo necesario a fin de evitar las persecuciones de los teólogos
de la Edad Media, quienes luchaban contra la Doctrina Secreta, a sangre y fuego. Aun
en nuestros días nos es dable encontrar algunos libros valiosos de Filosofía Hermética,
pero la mayor parte se ha perdido. Sin embargo, la Filosofía Hermética es la única clave
maestra que puede abrir las puertas a todas las enseñanzas ocultas.
En los primeros tiempos existió una compilación de ciertas doctrinas herméticas que eran
las bases fundamentales de toda la Doctrina Secreta, y que habían sido, hasta entonces,
transmitidas del instructor al estudiante, compilación que fue conocida bajo el nombre de
"El Kybalión", cuyo exacto significado se perdió durante centenares de años. Sin
embargo, algunos que han recibido sus máximas de los labios a los oídos las
comprenden y las conocen. Sus preceptos no habían sido escritos nunca hasta ahora.
Son, simplemente, una serie de máximas y axiomas que luego eran explicados y
ampliados por los Iniciados. Estas enseñanzas constituyen realmente los principios
básicos de la "alquimia hermética", la que, contrariamente a lo que se cree, está basada
en el dominio de las fuerzas mentales, más bien que en el de los elementos materiales;
en la transmutación de una clase de vibraciones mentales en otras, más bien que en el
cambio de una clase de metal en otro. La leyenda acerca de la piedra filosofal, que
convertía todos los metales en oro, era una alegoría relativa a la Filosofía Hermética,
alegoría que era perfectamente comprendida por todos los discípulos del verdadero
hermetismo.
En esta obrita invitamos a nuestros estudiantes a examinar las enseñanzas herméticas,
tal como fueron expuestas en "El Kybalión", explicadas y ampliadas por nosotros,
humildes estudiantes de las mismas, que si bien llevamos el título de iniciados somos,
sin embargo, simples discípulos a los pies de Hermes, el Maestro. Transcribimos aquí
muchas de las máximas y preceptos de "El Kybalión", acompañadas por explicaciones y
comentarios que creemos ayudarán a hacer más fácilmente comprensibles esas
enseñanzas por los hombres modernos, especialmente teniendo en cuenta que el texto
original ha sido velado a propósito con términos oscuros y desconcertantes.
Las máximas originales, axiomas y preceptos de "El Kybalión" están impresos con otro
tipo de letra. Esperamos que los lectores de esta obra sacarán tanto provecho del
estudio de sus páginas como lo han sacado otros que han pasado antes por el mismo
sendero que conduce al adepto desde los tiempos de Hermes Trismegisto, el Maestro de
los Maestros, el Tres Veces Grande, hasta ahora.
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Dice "El Kybalión":
"Donde quiera que estén las huellas del Maestro, allí los oídos del que está pronto para
recibir sus enseñanzas se abren de par en par". "Cuando el oído es capaz de oír,
entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría".
De manera que, de acuerdo con lo indicado, este libro sólo atraerá la atención de los que
están preparados para recibirlo. Y recíprocamente, cuando el estudiante esté preparado
para recibir la verdad, entonces este libro llegará a él. El principio hermético de causa y
efecto, en su aspecto de "ley de atracción", llevará los oídos junto a los labios y el libro
junto al discípulo.
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CAPÍTULO II
LOS SIETE PRINCIPIOS HERMÉTICOS
"Los principios de la verdad son siete: el que comprende esto perfectamente posee la
clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par".
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Los siete principios sobre los que se basa toda la Filosofía Hermética son los siguientes:
El Principio del Mentalismo
El Principio de Correspondencia
El Principio de Vibración
El Principio de Polaridad
El Principio del Ritmo
El Principio de Causa y Efecto
El Principio de Generación
1. EL PRINCIPIO DEL MENTALISMO
"El TODO es Mente; el universo es mental".
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Este principio encierra la verdad de que "TODO ES MENTE". Explica que el TODO, que
es la realidad sustancial que se oculta detrás de todas las manifestaciones y apariencias
que conocemos bajo los nombres de "universo material", "fenómenos de la vida",
"materia", "energía", etc., y en una palabra, todo cuanto es sensible a nuestros sentidos
materiales, es espíritu, quien en sí mismo es incognoscible e indefinible, pero que puede
ser considerado como una mente infinita, universal y viviente. Explica también que todo
el mundo fenomenal o universo es una creación mental del TODO en cuya mente
vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Este principio, al establecer la naturaleza
mental del universo, explica fácilmente los varios fenómenos mentales y psíquicos que
tanto han preocupado la atención del público, y que sin tal explicación no son
comprensibles y desafían toda hipótesis científica. La comprensión de este principio
hermético de mentalismo habilita al individuo a realizar y conocer la ley que rige el
universo mental, aplicándola a su bienestar y desarrollo. El estudiante de la Filosofía
Hermética puede emplear conscientemente las grandes leyes mentales, en vez de
usarlas por casualidad o ser usado por ellas. Con la clave maestra en su poder, el
discípulo puede abrir las puertas del Templo del conocimiento mental y psíquico y entrar
en el mismo libre e inteligentemente. Este principio explica la verdadera naturaleza de la
energía, de la fuerza y de la materia, y el cómo y el porqué todas estas están
subordinadas al dominio de la mente. Uno de los antiguos Maestros escribió, largo
tiempo ha:
"EL QUE COMPRENDA LA VERDAD DE QUE EL UNIVERSO ES MENTAL, ESTÁ MUY
AVANZADO EN EL SENDERO DEL ADEPTO".
Y estas palabras son tan verdad hoy en día como lo eran cuando fueron escritas. Sin
esta clave maestra el adeptado es imposible, y el estudiante que no la posea, en vano
llamará a la puerta del Templo.
2. EL PRINCIPIO DE CORRESPONDENCIA
"Como arriba es abajo; como abajo es arriba".
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Este principio encierra la verdad de que hay siempre una cierta correspondencia entre
las leyes y los fenómenos de los varios estados del ser y de la vida, y el antiquísimo
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axioma hermético se refiere precisamente a esto, y afirma: "Como arriba es abajo; como
abajo es arriba", y la comprensión de este principio da una clave para resolver muchos
de los más oscuros problemas y paradojas de los misteriosos secretos de la Naturaleza.
Hay muchos planos que no conocemos, pero cuando aplicamos esa ley de
correspondencia a ellos, mucho de lo que de otra manera nos sería incomprensible se
hace claro a nuestra conciencia. Este principio es de aplicación universal en los diversos
planos, mental, material o espiritual del Kosmos: es una ley universal. Los antiguos
hermetistas consideraban este principio como uno de los más importantes auxiliares de
la mente, por cuyo intermedio se puede descorrer el velo que oculta lo desconocido a
nuestra vista. Su aplicación puede desgarrar un tanto el Velo de Isis, de tal manera que
nos permita ver, aunque más no sea, algunos de los rasgos de la diosa. De igual manera
que el conocer los principios de la geometría habilita al hombre para medir el diámetro,
órbita y movimiento de las más lejanas estrellas, mientras permanece sentado en su
observatorio, así también el conocimiento del principio de correspondencia habilita al
hombre a razonar inteligentemente de lo conocido a lo desconocido; estudiando la
mónada se llega a comprender al arcángel.
3. EL PRINCIPIO DE VIBRACIÓN
"Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra".
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Este principio encierra la verdad de que todo está en movimiento, de que nada
permanece inmóvil, cosas ambas que confirman por su parte la ciencia moderna, y cada
nuevo descubrimiento lo verifica y comprueba. Y, a pesar de todo, este principio
hermético fue enunciado cientos de años ha por los Maestros del antiguo Egipto. Este
principio explica las diferencias entre las diversas manifestaciones de la materia, de la
fuerza, de la mente y aun del mismo espíritu, las que no son sino el resultado de los
varios estados vibratorios. Desde el TODO, que es puro espíritu, hasta la más grosera
forma de materia, todo está en vibración: cuanto más alta es esta, tanto más elevada es
su posición en la escala. La vibración del espíritu es de una intensidad infinita; tanto, que
prácticamente puede considerarse como si estuviera en reposo, de igual manera que
una rueda que gira rapidísimamente parece que está sin movimiento. Y en el otro
extremo de la escala hay formas de materia densísima, cuya vibración es tan débil que
parece también estar en reposo. Entre ambos polos hay millones de millones de grados
de intensidad vibratoria. Desde el corpúsculo y el electrón, desde el átomo y la molécula
hasta el astro y los universos, todo está en vibración. Y esto es igualmente cierto en lo
que respecta a los estados o planos de la energía o fuerza (la que no es más que un
determinado estado vibratorio), y a los planos mentales y espirituales. Una perfecta
comprensión de este principio habilita al estudiante hermético a controlar sus propias
vibraciones mentales, así como las de los demás. Los Maestros también emplean este
principio para conquistar los fenómenos naturales. "EL QUE COMPRENDA EL
PRINCIPIO VIBRATORIO HA ALCANZADO EL CETRO DEL PODER", ha dicho uno de
los más antiguos escritores.
4. EL PRINCIPIO DE POLARIDAD
"Todo es doble; todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los
antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en
grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semi verdades; todas las paradojas
pueden reconciliarse".
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Este principio encierra la verdad de que todo es dual, todo tiene dos polos; todo su par
de opuestos, afirmaciones que son de otros tantos axiomas herméticos. Explica y
dilucida las antiguas paradojas que han dejado perplejos a tantísimos investigadores, y
que literalmente decían: "La tesis y la antítesis son idénticas en naturaleza, difiriendo
sólo en grado"; "los opuestos son idénticos en realidad, diferenciándose en su
gradación"; "los pares de opuestos pueden conciliarse, los extremos se tocan"; "todo es y
no es al mismo tiempo", "toda verdad no es sino media verdad"; "toda verdad es medio
falsa", etc. Este principio explica que en cada cosa hay dos polos, dos aspectos, y que
los "opuestos" no son, en realidad, sino los dos extremos de la misma cosa, consistiendo
la diferencia, simplemente, en diversos grados entre ambos. El calor y el frío, aunque
opuestos, son realmente la misma cosa, consistiendo la diferencia, simplemente, en
diversos grados de aquella. Mirad un termómetro y tratad de averiguar dónde empieza el
calor y dónde termina el frío. No hay nada que sea calor absoluto en realidad, indicando
simplemente ambos términos, frío y calor, diversos grados de la misma cosa, y que esta
se manifiesta en esos opuestos no es más que los polos de eso que se llama calor, o
sea la manifestación del principio de polaridad que nos ocupa. El mismo principio se
manifiesta en la "luz" y la "oscuridad", las que, en resumen, no son sino la misma cosa,
siendo ocasionada la diferencia por la diversidad de grado entre los dos polos del
fenómeno. ¿Dónde termina la oscuridad y dónde empieza la luz? ¿Cuál es la diferencia
entre grande y pequeño? ¿Cuál entre duro y blando? ¿Cuál entre blanco y negro? ¿Cuál
entre alto y bajo? ¿Cuál entre positivo y negativo? El principio de polaridad explica esta
paradoja. El mismo principio opera de idéntica manera en el plano mental. Tomemos, por
ejemplo, el amor y el odio, dos estados mentales completamente distintos
aparentemente, y notaremos que hay muchos grados entre ambos; tantos, que las
palabras que nosotros usamos para designarlos, "agradable" y "desagradable", se
esfuman una en la otra, hasta tal punto que muchas veces somos incapaces de afirmar
si una cosa nos causa placer o disgusto. Todas no son más que gradaciones de una
misma cosa, como lo comprenderéis claramente por poco que meditéis sobre ello. Y aun
más que esto, es posible cambiar o transmutar las vibraciones de odio por vibraciones de
amor, en la propia mente y en la mente de los demás, lo que es considerado como lo
más importante por los hermetistas. Muchos de los que leéis estas páginas habréis
tenido experiencias en vosotros mismos y en los demás de la rápida e involuntaria
transición del amor en odio y recíprocamente. Y ahora comprenderéis la posibilidad de
efectuar esto por medio del poder de la voluntad, de acuerdo con las fórmulas
herméticas. El "Bien" y el "Mal" no son sino los polos de una misma y sola cosa, y el
hermetista comprende y conoce perfectamente el arte de transmutar el mal en el bien
aplicando inteligentemente el principio de polaridad. En una palabra, el "arte de polarizar"
se convierte en una fase de la alquimia mental, conocida y practicada por los antiguos y
modernos Maestros herméticos. La perfecta comprensión de este principio capacita para
cambiar la propia polaridad, así como la de los demás, si uno se toma el tiempo y estudia
lo necesario para dominar este arte.
5. EL PRINCIPIO DEL RITMO
"Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo asciende y
desciende. Todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la
derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda, el ritmo es la
compensación".
EL KYBALION
Este principio encierra la verdad de que todo se manifiesta en un determinado
movimiento de ida y vuelta; un flujo y reflujo, una oscilación de péndulo entre los dos
polos que existen de acuerdo con el principio de polaridad, descripto un momento ha.
Hay siempre una acción y una reacción, un avance y un retroceso, una ascensión y un
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descenso. Y esta ley rige para todo: soles, mundos, animales, mente, energía, materia.
Esta ley lo mismo se manifiesta en la creación como en la destrucción de los mundos, en
el progreso como en la decadencia de las naciones, en la vida, en las cosas todas y,
finalmente, en los estados mentales del hombre, y es con referencia a esto último que
creen los hermetistas que este principio es el más importante. Los hermetistas han
descubierto este principio, encontrándolo de aplicación universal, y han asimismo
descubierto ciertos métodos para escapar a sus efectos, mediante el empleo de las
fórmulas y métodos apropiados. Emplean para ello la ley mental de neutralización. No
pueden anular el principio o impedir que opere, pero han aprendido a eludir sus efectos
hasta un cierto grado, grado que depende del dominio que se tenga de dicho principio.
Saben cómo usarlo, en vez de ser usados por él. En este y en otros parecidos métodos
consiste la ciencia hermética. El Maestro se polariza a sí mismo en el punto donde desea
quedarse, y entonces neutraliza la oscilación rítmica pendular que tendería a arrastrarlo
hacia el otro polo. Todos los que han adquirido cierto grado de dominio sobre sí mismos
ejecutan esto hasta cierto punto, consciente o inconscientemente, pero el Maestro lo
efectúa conscientemente, y por el solo poder de su voluntad alcanza un grado tal de
estabilidad y firmeza mental casi imposible de concebir por esa inmensa muchedumbre
que va y viene en un continuado movimiento ondulatorio, impulsada por ese principio de
ritmo. Este, así como el de la polaridad, han sido cuidadosamente estudiados por los
hermetistas, y los métodos de contrabalancearlos, neutralizarlos y emplearlos, forman
una de las partes más importantes de la alquimia mental hermética.
6. EL PRINCIPIO DE CAUSA Y EFECTO
"Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa: todo sucede de acuerdo con
Ley; el azar no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida; hay muchos
planos de causalidad pero nada escapa a la Ley".
EL KYBALION
Este principio encierra la verdad de que todo efecto tiene su causa, y toda causa su
efecto. Afirma que nada ocurre casualmente y que todo sucede conforme a la Ley. La
suerte es una palabra vana, y si bien existen muchos planos de causas y efectos,
dominando los superiores a los inferiores, aun así ninguno escapa totalmente a la Ley.
Los hermetistas conocen los medios y los métodos por los cuales se puede ascender
más allá del plano ordinario de causas y efectos, hasta cierto grado, y alcanzando
mentalmente el plano superior se convierten en causas en vez de efectos. Las
muchedumbres se dejan llevar, arrastradas por el medio ambiente que las envuelve o
por los deseos y voluntades de los demás, si estos son superiores a las de ellas. La
herencia, las sugestiones y otras múltiples causas externas las empujan como autómatas
en el gran escenario de la vida. Pero los Maestros, habiendo alcanzado el plano superior,
dominan sus modalidades, sus caracteres, sus cualidades y poderes, así como el medio
ambiente que los rodea, convirtiéndose de esta manera en dirigentes, en vez de ser los
dirigidos. Ayudan a las masas y a los individuos a divertirse en el juego de la vida, en vez
de ser ellos los jugadores o los autómatas movidos por ajenas voluntades. Utilizan el
principio, en vez de ser sus instrumentos. Los Maestros obedecen a la causación de los
planos superiores a aquel en que se encuentran, pero prestan su colaboración para
regular y regir en su propio plano. En lo dicho está condensado un valiosísimo
conocimiento hermético: que el que sea capaz de leer entre líneas lo descubra, es
nuestro deseo.
7. EL PRINCIPIO DE GENERACIÓN
"La generación existe por doquier; todo tiene sus principios masculino y femenino; la
generación se manifiesta en todos los planos".
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Este principio encierra la verdad de que la generación se manifiesta en todo, estando
siempre en acción los principios masculino y femenino. Esto es verdad, no solamente en
el plano físico, sino también en el mental y en el espiritual. En el mundo físico, este
principio se manifiesta como "sexo", y en los planos superiores toma formas más
elevadas, pero el principio subsiste siempre el mismo. Ninguna creación física, mental o
espiritual, es posible sin este principio. La comprensión del mismo ilumina muchos de los
problemas que tanto han confundido la mente de los hombres. Este principio creador
obra siempre en el sentido de "generar", "regenerar" y "crear". Cada ser contiene en sí
mismo los dos elementos de este principio. Si deseáis conocer la filosofía de la creación,
generación y regeneración mental y espiritual, debéis estudiar este principio hermético,
pues él contiene la solución de muchos de los misterios de la vida. Os advertimos que
este principio nada tiene que ver con las perniciosas y degradantes teorías, enseñanzas
y prácticas, que se anuncian con llamativos títulos, las que no son más que una
prostitución del gran principio natural de generación. Tales teorías y prácticas no son
más que la resurrección de las antiguas doctrinas fálicas, que sólo pueden producir la
ruina de la mente, del alma y del cuerpo, y la Filosofía Hermética siempre ha alzado su
verbo de protesta contra esas licencias y perversiones de los principios naturales. Si lo
que deseáis son tales enseñanzas, debéis irlas a buscar a otra parte: el hermetismo
nada contiene sobre ellas. Para el puro, todas las cosas son puras; para el ruin todas son
ruines.
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CAPÍTULO III
TRANSMUTACIÓN MENTAL
"La mente, así como todos los metales y demás elementos, pueden ser transmutados,
de estado en estado, de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de
vibración en vibración. La verdadera transmutación hermética es una práctica, un
método, un arte mental".
EL KYBALION
Como indicarnos anteriormente, los hermetistas fueron los verdaderos creadores de la
alquimia, de la astrología y de la psicología, habiendo sido Hermes el fundador de esas
escuelas de pensamiento. De la astrología ha derivado la astronomía moderna; de la
alquimia ha surgido la química y de la psicología mística la psicología moderna. Mas no
debe suponerse que los antiguos fueran unos ignorantes respecto a lo que las escuelas
modernas creen de su exclusiva propiedad. Las inscripciones grabadas en las piedras y
monumentos de Egipto prueban concluyentemente que los antiguos poseían el más
perfecto conocimiento acerca de la astronomía, mostrando la construcción de las mismas
pirámides una relación estrechísima entre sus designios y su conocimiento de la ciencia
astronómica. Tampoco debe suponerse que ignoran la química, pues los fragmentos de
antiguas escrituras descubiertas muestran que estaban muy familiarizados con las
propiedades químicas de los cuerpos. En una palabra, sus teorías respecto a la física
han sido posteriormente verificadas y confirmadas por los últimos descubrimientos de la
ciencia moderna, sobre todo en lo que se refiere a la constitución de la materia. Lejos de
ignorar los llamados modernos descubrimientos psicológicos, los egipcios estaban muy
al corriente de todo ello, especialmente en ciertas ramas que ignoran completamente las
escuelas modernas, y sobre todo en "ciencia psíquica", la que tanto está confundiendo a
los psicólogos de hoy en día, y haciéndoles confesar al fin que, "después de todo, bien
puede haber algo de cierto en ello".
Lo cierto es que, además de la química, astronomía y psicología (esto es, la psicología
en su aspecto de función cerebral), los antiguos poseían un conocimiento trascendental
de la astronomía que se llamó alquimia y de psicología trascendental titulada psicología
mística. Y no solamente poseían este conocimiento interno, sino también el externo,
siendo este último el único que conocen los hombres de ciencia modernos. Entre los
muchos aspectos y tópicos de conocimientos secretos de los hermetistas se encuentra lo
que se conoce como "transmutación mental", de la que vamos a tratar en este capítulo.
"TRANSMUTACIÓN" es el término generalmente empleado para designar el antiguo arte
de transmutar los metales, especialmente los de poco valor, en oro. La palabra
"transmutar" significa "cambiar de naturaleza, de substancia y de forma, convirtiéndose
en otra; transformarse en otra cosa" (Webster). Y de acuerdo con esa definición,
"TRANSMUTACIÓN MENTAL" significa el arte de transformar o cambiar los estados,
cualidades, formas, condiciones mentales, etc., en otros. Así que podéis ver que la
transmutación mental no es otra cosa que una especie de química mental; y si preferís el
término, una forma especial práctica de psicología mística.
Mas esto tiene un significado muchísimo mayor de lo que parece a simple vista. La
transmutación alquímica en el plano mental es tan importante en sus efectos que, de ser
conocida, sería uno de los estudios más importantes para el hombre. Y esto no es más
que el principio. Veamos por qué.
El primero de los siete principios herméticos es el de mentalismo, que afirma que "el
TODO es mente, que el universo es mental", lo que significa que la única realidad que se
oculta tras todo cuanto existe es mente; y el universo en sí mismo es una creación
mental, esto es, existe en la mente del TODO. Consideraremos este principio en las
sucesivas lecciones, pues ahora vamos a estudiar sus efectos, suponiendo que dicho
principio fuera cierto.
Si el universo es de naturaleza mental, entonces la transmutación mental debe ser el arte
de cambiar o transformar las condiciones del universo, trátese de la materia, de la
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energía o de la mente. Así que esa transmutación, no es otra cosa que la magia, de la
que tanto han hablado los escritores antiguos en sus obras místicas, pero acerca de la
cual daban tan pocas instrucciones prácticas. Si todo es mental, entonces la posesión
del medio que permita transmutar las condiciones mentales debe hacer del Maestro el
dirigente y controlador de las condiciones materiales, así como de las operaciones
llamadas mentales.
Es muy cierto que nadie, excepto los alquimistas mentalistas más avanzados, han
alcanzado el grado de poder necesario para dominar las condiciones físicas más densas,
tales como los elementos de la naturaleza, la producción y cesación de las tempestades,
la producción y cesación de terremotos u otros fenómenos físicos de cualquier clase,
pero que tales hombres existieron y que existen es una cosa que no duda ningún
ocultista, sea de la escuela que fuere. Los mejores instructores aseguran a sus
estudiantes que los Maestros existen, habiendo aquellos tenido algunas experiencias
personales que justificaban su creencia. Estos Maestros no hacen exhibición pública de
sus poderes, sino que, por el contrario, permanecen solitarios para poder así actuar y
trabajar mejor en el sendero de la realización. Mencionamos aquí su existencia,
meramente para llamar vuestra atención acerca de que sus poderes son enteramente
mentales y que operan en el sentido de la más elevada transmutación mental, según el
principio del mentalismo de "El Kybalión", que dice: "El Universo es una creación
mental".
Mas los estudiantes y hermetistas de los grados inferiores al de Maestro —los iniciados e
instructores— pueden también actuar y obrar libremente en el plano mental. Todo cuanto
llamamos "fenómenos psíquicos", "influencia mental", "mentalismo", etc., son
transmutación mental, pues existe un principio único, y nada importa el nombre que se
dé a los fenómenos que se produzcan.
El que practica la transmutación mental trabaja en ese plano, transformando condiciones
y estados mentales en otros, de acuerdo con fórmulas más o menos eficaces. Los varios
"tratamientos", "afirmaciones", "autosugestiones", etc., de las escuelas mentalistas no
son más que esas mismas fórmulas (muy a menudo imperfectas y empíricas), del arte
hermético. La mayoría de los que las practican son unos ignorantes comparados con los
antiguos Maestros, porque no poseen el conocimiento fundamental sobre la cual se basa
esa operación.
No solamente los estados mentales de uno mismo pueden ser transmutados según los
métodos herméticos, sino que también puede hacerse esto con la mentalidad de los
demás y, efectivamente, todos sufrimos transformaciones mentales de cualquier índole,
inconscientemente, por lo general, pero a veces conscientemente, cuando
comprendemos algo acerca de las leyes y los principios que los rigen, y sobre todo
cuando los demás ignoran los medios de protegerse a sí mismos. Muchos estudiantes de
mentalismo saben que las condiciones materiales dependen de las mentes de los
demás, y pueden ser transmutadas y cambiadas de acuerdo con los deseos de la
persona que quiere modificar sus condiciones de vida. Se ha hecho esto tan público hoy
en día, que no creemos necesario mencionarlo en detalle, siendo nuestro propósito
únicamente el de mostrar la acción de este principio hermético que se oculta tras todas
esas varias formas de operar, buenas o malas, porque la fuerza puede ser empleada en
ambas direcciones, de acuerdo con el principio hermético de polaridad.
En esta obrita indicaremos los principios básicos en los que se funda la transmutación
mental, de tal manera que todos los que la estudien puedan comprender las leyes a que
obedecen, y poseyendo así la clave maestra sean capaces de abrir las muchas puertas
del principio de polaridad.
Ahora procederemos a considerar el primero de los siete principios herméticos, el de
mentalismo, en el que se explica y desarrolla el axioma de que el TODO es mental, de
que el universo es una creación mental, según las palabras de "El Kybalión".
Ese principio debe estudiarse cuidadosamente, porque él es, en realidad, la base de toda
la Filosofía Hermética y del arte hermético de transmutación mental.
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CAPÍTULO IV
EL TODO
"Más allá del Kosmos, del Tiempo, del Espacio, de todo cuanto se mueve y cambia, se
encuentra la Realidad Sustancial, la Verdad Fundamental".
EL KYBALIÓN
"Substancia" significa lo que yace oculto bajo toda manifestación externa, la realidad
esencial, la cosa en sí misma. "Substancial" significa actualmente existente, el elemento
esencial, el ser real. "Realidad" significa el estado del ser verdadero, real, eterno,
permanente, fijo.
Más allá de toda apariencia externa o manifestación debe haber siempre una realidad
substancial. Esta es la ley. El hombre, al considerar y examinar el universo, del cual es
una unidad, no ve otra cosa que un cambio continuo en la materia, en las fuerzas, en los
estados mentales. Ve que nada es realmente, que todo se transforma y cambia. Nada
permanece: todo nace, crece, muere; tan pronto como una cosa ha adquirido su
máximum de desarrollo empieza a declinar; la ley del ritmo está en constante operación;
no hay realidades, nada es firme, nada duradero, fijo o substancial, nada permanente;
todo es cambio. Todas las cosas surgen y evolucionan de otras cosas. Hay una acción
continua que es seguida siempre de su reacción correspondiente; todo fluye y refluye,
todo se construye y derrumba, todo es creación y destrucción, vida y muerte. Y si el
hombre que tal examen hace y tales cosas ve fuera un pensador, comprendería que
todas esas cosas en perpetuo cambio no pueden ser sino simples apariencias externas o
manifestaciones de algún poder que se oculta tras ellas, de alguna realidad substancial
encerrada en las mismas.
Todos los pensadores, de cualquier país o época, se han visto obligados a afirmar la
existencia de esta realidad substancial. Todas las filosofías, cualquiera que haya sido su
nombre, se han basado en esta idea. Los hombres han dado a esta realidad substancial
muchos nombres: algunos la han denominado "Dios", otros "Divinidad Infinita" y "Eterna
Energía", "Materia", etc., pero todos han reconocido su existencia. Es evidente por sí
misma. No necesita argumentos.
En estas lecciones hemos seguido el ejemplo de algunos de los más grandes
pensadores del mundo, antiguos y modernos —los Maestros Herméticos— y hemos
denominado a ese poder que se oculta tras todas las manifestaciones, a esa realidad
substancial, por su nombre hermético de el TODO, cuyo término nos parece es el más
amplio de los que puede emplear el hombre.
Aceptamos y enseñamos las teorías de los grandes pensadores herméticos, como
también las de esas almas iluminadas que han ascendido a planos superiores de
existencia. Unos y otros afirman que la naturaleza íntima del TODO es incognoscible. Y
esto debe ser así efectivamente, pues nadie, excepto el TODO mismo, puede
comprender su propia naturaleza y su propio ser.
Los hermetistas creen y enseñan que el TODO en sí mismo es y debe ser incognoscible.
Consideran las teorías y especulaciones de los teólogos y metafísicos respecto a la
naturaleza íntima del TODO como esfuerzos infantiles de mentes mortales para
sorprender el secreto del Infinito. Todos esos esfuerzos han fracasado siempre, y
seguirán fracasando, debido a la naturaleza misma de la tarea. El que especula sobre
ello se encuentra perdido en un laberinto de pensamientos sin salida, y si persiste en su
intento acaba por perder toda capacidad para razonar sanamente, hasta llegar a serle
imposible la vida. Se encontraría en una situación parecida a la de la ardilla, que en la
jaula se pone a girar y girar en su rueda, sin moverse del mismo sitio, continuando tan
prisionera como antes de haber comenzado.
Y aun mucho más presuntuosos son esos que tratan de atribuir al TODO la personalidad,
cualidades, propiedades, características y atributos de ellos mismos, como si el TODO
tuviera las emociones, sentimientos y características de los humanos. Y llegan hasta
atribuirle malas cualidades, como los celos, la susceptibilidad a la alabanza y a la
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oración, el deseo de que se le ofrende y se le adore y todas esas otras cosas que nos
han legado como herencia de los primeros días de la infancia de la humanidad. Tales
ideas no le sirven para nada al hombre desarrollado y acaba por dejarlas a un lado.
Creemos deber indicar que hacemos una distinción entre la filosofía y la metafísica.
Religión significa para nosotros la realización intuitiva de la existencia del TODO y de la
relación entre uno mismo y EL, mientras que la teología significa para nosotros el
esfuerzo o los esfuerzos que hace el hombre para atribuirle las propias cualidades,
personalidad, características, etc., así como sus teorías, proyectos, deseos y designios,
asumiendo el papel de intermediario entre el TODO y el pueblo. La filosofía significa para
nosotros la especulación que tiende a comprender las cosas cognoscibles y pensables
(permítasenos la palabra), en tanto que la metafísica indica la tentativa de inquirir entre
las nebulosidades de las regiones de lo incognoscible y de lo impensable, la que, al fin y
al cabo, tiene la misma tendencia que la teología. Consecuentemente, la religión y la
filosofía significan para nosotros cosas que tienen realidad por sí mismas, en tanto que la
teología y la metafísica son algo así como senderos tortuosos y laberínticos, por los que
circula la ignorancia, y forman la base más insegura e inestable sobre la que pueda
apoyarse la mente o el alma del hombre. No insistiremos para que aceptéis estas
definiciones; las mencionamos con el único objeto de deslindar nuestra posición. De
todas maneras, muy poco hablaremos en estas lecciones, de teología y metafísica.
Si bien es cierto que la naturaleza esencial del TODO es incognoscible, hay, sin
embargo, ciertas verdades relacionadas con su existencia, que la mente humana se ve
obligada a aceptar. El examen de estas constituye un asunto apropiado para la
investigación, particularmente por lo que se refiere a lo que el Iluminado nos transmite de
sus impresiones en los más elevados planos de existencia.
Y a esta investigación os invitamos ahora.
"Lo que constituye la Verdad fundamental, la Realidad substancial, está más allá de toda
denominación pero el sabio lo llama el TODO".
EL KYBALION
"En su esencia, el TODO es incognoscible".
EL KYBALION
"Mas el dictamen de la razón debe ser recibido hospitalariamente, y tratado con respeto".
EL KYBALION
La razón humana, cuyo dictamen debemos aceptar tanto como lo juzguemos
conveniente, nos dice respecto del TODO, sin pretender desgarrar el velo de lo
incognoscible:
1. El TODO debe ser todo lo que realmente es. Nada puede existir fuera del TODO, o, de
lo contrario, el TODO no sería tal.
2. El TODO debe ser infinito, porque nada puede existir que defina, limite o ponga
restricciones al TODO. Debe ser infinito en Tiempo, o Eterno, debe haber existido
siempre, continuamente, pues nada puede haberlo creado jamás, y algo no puede nunca
surgir de nada, y si alguna vez no hubiera sido, aunque sólo fuera un instante, no podría
"ser". Debe existir por siempre, porque nada hay que pueda destruirlo, y jamás puede
dejar de ser ni aun por un solo momento, porque algo nunca puede convertirse en nada.
Debe ser infinito en el Espacio, debe encontrarse en todas partes, porque nada existe, ni
hay sitio alguno que esté más allá del TODO. No puede ser de otra manera, sino
continuo y omnipresente en el espacio, sin cesación, separación o interrupción, porque
no hay nada en Él que pueda interrumpirse, separarse o cesar en su absoluta
continuidad, y nada existe tampoco que pueda "llenar las grietas". Debe ser infinito en
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Poder, o Absoluto, porque nada hay que pueda limitarlo, restringirlo, confinarlo u
obstaculizarlo. No está sujeto a ningún poder, porque no hay otro que el Suyo.
3. El TODO debe ser inmutable, esto es, no sujeto a cambio en su naturaleza real,
porque nada existe que pueda obligarlo a cambiar, ni nada de lo que pueda haberse
transformado. No puede ser aumentado ni disminuido, ni ser mayor o menor, bajo ningún
aspecto. Debe haber "sido" siempre, y debe seguir "siendo" siempre también, idéntico a
lo que es ahora: el TODO. Nunca ha habido, ni hay, ni habrá algo en lo que pueda
transformarse o cambiar.
Siendo el TODO Infinito, Absoluto, Eterno, Inmutable, debe deducirse que todo lo que es
finito, mudable, transformable y condicionado, no puede ser el TODO. Y como nada
existe fuera de Él en realidad, todo lo que sea finito debe ser nada realmente. No os
vayáis a sorprender o asustar, porque no tratamos de embarcaros en Ciencia Cristiana,
cubriendo estas enseñanzas bajo el título de Filosofía Hermética. Hay una reconciliación
entre estos aparentemente contradictorios asuntos. Tened paciencia, que a todo
llegaremos a su debido tiempo.
Vemos en torno de nosotros eso que se llama "materia", la que constituye las bases
físicas de todas las formas. ¿Es el TODO materia simplemente? Absolutamente no. La
materia no puede manifestar Vida o Mentalidad, y como la mente está manifestada en el
universo, el TODO no puede ser materia, pues nada asciende más allá de su propia
fuente, nada puede manifestarse en un efecto si no lo está también en la causa, nada
puede evolucionar o emerger como consecuente si no está involucrado o involucionado
como antecedente. Y además, la ciencia moderna nos dice que la materia no existe
realmente, sino que es "energía o fuerza interrumpida", esto es, energía o fuerza en un
grado menor de intensidad vibratoria. Como ha dicho recientemente un escritor, "la
materia se sumerge en el Misterio". Aun la ciencia materialista ha abandonado la teoría
de la materia y ahora descansa sobre la base de la "energía".
¿Es, pues, el TODO mera fuerza o energía? No. La fuerza, tal como la entienden los
materialistas, es una cosa ciega, mecánica, carente de vida o mentalidad. La vida y la
mente no puede nacer de ciega energía, por las razones dadas un momento ha: "NADA
PUEDE SUBIR MÁS ALTO QUE SU PROPIA FUENTE, NADA EVOLUCIONA SI NO HA
INVOLUCIONADO, NADA SE MANIFIESTA EN UN EFECTO SI NO ESTÁ EN LA
CAUSA". Así que el TODO no puede ser mera fuerza o energía, porque si lo fuera no
existiría eso que se llama mente y vida, y ambas sabemos que existen, porque nosotros
estamos vivos y estamos empleando nuestra mente en considerar esta cuestión; y en
iguales condiciones se encuentran los que afirman que la energía es todo.
¿Qué es lo que hay superior a la materia y a la energía, y que sepamos que existe en el
Universo? ¡Vida y mente! ¡Vida y mente en todos sus diversos grados de
desenvolvimiento! Entonces, preguntaréis: ¿Queréis significar que el TODO es vida y
mente? Sí y no, es nuestra respuesta. Si entendéis por vida y mente lo que nosotros,
pobres mortales, conocemos de ellas: ¡No, el Todo no es eso! Mas ¿qué clase de vida y
mentalidad significáis?, preguntaréis.
La contestación es Mente viviente, tan amplia como nosotros podamos concebirla,
puesto que la vida y la mente son muy superiores a la fuerza puramente mecánica o a la
materia. Mente infinita y viviente, si se compara con la vida y la mentalidad finitas.
Queremos indicar eso que quieren significar las almas iluminadas, cuando
reverentemente pronuncian la palabra: ¡Espíritu!
El TODO es Mente viviente e infinita, los iluminados lo llaman Espíritu.
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CAPÍTULO V
EL UNIVERSO MENTAL
"El Universo es una creación mental sostenida en la mente del TODO".
EL KYBALION
El TODO es espíritu. Mas ¿qué es espíritu? Esa pregunta no puede ser contestada,
puesto que definirla sería prácticamente definir al TODO, el cual no puede explicarse. El
espíritu es simplemente el nombre que los hombres dan a la más elevada concepción de
la infinita Mente Viviente; significa la "esencia real", tan superior a todo cuanto
entendemos por mente y vida, como estas últimas a la energía y la materia. El espíritu
está más allá de nuestra comprensión, y usamos dicho término en el mismo sentido y
queriendo significar lo mismo que cuando hablamos del TODO. Para nuestro
entendimiento podemos pensar del espíritu como de una Infinita Mente viviente, teniendo
en cuenta, al mismo tiempo, que no podemos comprenderlo del todo. O hacemos esto, o
nos vemos obligados a dejar de pensar.
Procederemos ahora a estudiar la naturaleza del Universo como un todo, y también en
sus partes. ¿Qué es el Universo? Hemos visto ya que nada puede existir fuera del
TODO; entonces ¿el Universo es el TODO? No, no puede serlo, porque el Universo
parece estar hecho de muchas, de múltiples unidades, y está en continuo cambio; y, de
todas maneras, no está de acuerdo con las ideas que nos hemos visto obligados a
aceptar respecto del TODO, según ya indicamos en nuestra lección anterior. Entonces, si
el Universo no es el TODO debe ser nada; tal es la inevitable consecuencia que se
presenta en la mente aparentemente. Pero esto no satisface la pregunta, porque
nosotros somos sensibles y sentimos la existencia del Universo. Y si el Universo es algo
y no es el TODO, ¿qué puede ser? Examinemos la cuestión.
Si el Universo existe absolutamente, o por lo menos parece que existe, debe proceder en
alguna forma del TODO, ser su creación. Pero como algo no puede venir de nada, ¿de
qué pudo crearlo el TODO? Algunos filósofos han contestado a esta pregunta diciendo
que el TODO creó el Universo de sí mismo, esto es, sacándolo de su propia substancia.
Mas esta respuesta no sirve, puesto que el TODO no puede ser aumentado, ni
disminuido, ni dividido, según hemos ya visto, y aunque así fuera no podría cada
partícula del Universo estar segura de ser el TODO, puesto que este no puede perder el
conocimiento de sí mismo, ni convertirse en un átomo o fuerza ciega o un ser viviente
inferior. Algunos, habiendo realizado que el TODO es todo, y reconociendo que ellos
existían, han llegado a la extraordinaria conclusión de que ellos y el TODO eran
idénticos, y han llenado el aire con sus gritos de "Yo soy Dios", sirviendo de solaz a las
multitudes y de motivo de pena para los sabios. Si el átomo gritara "Yo soy hombre",
todavía sería modesto en comparación.
Pero ¿qué es, en realidad, el Universo, si no es el TODO ni ha sido creado por Él
separándolo de su propia substancia?, ¿qué otra cosa debe ser? o, mejor preguntado:
¿de qué otra cosa puede haberlo hecho? Esta es la gran cuestión. Nos encontramos con
que el principio de correspondencia (véase el capítulo I) viene en nuestra ayuda. El
antiguo axioma hermético "como arriba es abajo" puede ser empleado ahora para
iluminar este punto. Tratemos, pues, de comprender algo de lo que pasa en los planos
superiores, examinando lo que pasa en el nuestro propio. El principio de
correspondencia puede aplicarse a esto, lo mismo que a cualquier otro problema.
Veamos. En su propio plano de existencia, ¿cómo crea el hombre? Primero, puede crear
haciendo o construyendo algo con los materiales que el mundo externo le brinda. Mas
esto no nos sirve, porque fuera del TODO no existen materiales de ninguna clase con los
que El pueda crear. En segundo lugar, el hombre puede crear por medio de la
fecundación, que no es más que su multiplicación, acompañada por la transferencia de
una parte de su propia substancia a la matriz de la madre. Mas esto tampoco nos sirve,
porque el TODO no puede transferir o substraerse a sí mismo una porción, ni puede
reproducirse o multiplicarse a sí mismo. En el primer caso habría una substracción de su
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substancia o adición al TODO, lo que es un absurdo. ¿No existe otro medio por el cual
crea el hombre? Sí, hay otro: la creación mental. Al crear en esta forma, él no emplea
materiales que le aporte el mundo externo, ni se reproduce a sí mismo y, sin embargo,
su espíritu compenetra su creación mental.
Siguiendo el principio de correspondencia, se puede pensar justificadamente que el
TODO crea el Universo mentalmente, de una manera parecida al proceso mediante el
cual el hombre crea sus imágenes mentales. Y he aquí que en esta descripción
coinciden tanto el dictamen dado por la razón como el de las almas iluminadas, según se
puede encontrar en sus escritos o en sus enseñanzas. Tales son las doctrinas de los
sabios. Tales las que enseñó Hermes.
El TODO no puede crear de ninguna manera, excepto mentalmente, sin emplear ni
materiales (pues no hay ninguno), ni reproduciéndose (lo que también es imposible). No
hay escapatoria para esta conclusión de la razón, la que, como hemos ya visto,
concuerda perfectamente con lo que dicen los iluminados. De igual manera que podéis
vosotros crear un universo en vuestra propia mente, así el TODO crea los kosmos en la
suya propia. Mas vuestro universo sería la creación de una mente finita, en tanto que la
del TODO sería la creación de un Infinito. Las dos son iguales en clase, pero difieren
infinitamente en grado. Examinaremos más estrictamente el proceso de la creación y
manifestación conforme vayamos avanzando en nuestro estudio. Mas este es el punto
que debéis fijar por ahora en nuestras mentes: El Universo y todo lo que él contiene es
una creación mental del TODO; todo es mente.
"El TODO crea en su mente infinita, innumerables universos, los que existen durante
eones de tiempo, y asi y todo. para Él, la creación, desarrollo, decadencia y muerte de un
millón de universos no significa mas que el tiempo que se emplea en un abrir y cerrar de
ojos".
EL KYBALION
"La mente infinita del TODO es la matriz del Kosmos".
EL KYBALION
El principio de género o generación (véase el capítulo I y otros que seguirán) se
manifiesta en todos los planos de la vida: material, mental y espiritual. Pero, según ya
hemos indicado anteriormente, el "género" no significa "sexo", pues este último no es
más que la manifestación material del género. "Género" significa "lo relativo" a la
generación o creación. Y dondequiera que algo se genera o se crea, sea en el plano que
fuere, el principio de género se está allí manifestando. Y esto es verdad, aun en lo que
se refiere a la creación de los universos.
Ahora no vayáis a suponer que estamos enseñando que hay un dios creador macho y
otro hembra. Esto no sería más que una mistificación de las antiguas enseñanzas al
respecto. La verdad es que el TODO, en sí mismo, está más allá del género, así como
también está más allá de toda otra ley, incluyendo las del tiempo y del espacio. Él es la
ley de la cual todas las leyes proceden, y, por lo tanto, no puede estar sujeto a estas
últimas. Mas cuando el TODO se manifiesta en el plano de la generación o creación,
entonces actúa de acuerdo con la ley y con el Principio, pues se está moviendo en un
plano inferior de existencia. Y consecuentemente. Él manifiesta el principio de género, en
sus aspectos masculino y femenino, en el plano mental, por supuesto.
Esta idea podría pareceres un tanto chocante, si la oís por primera vez, mas otras veces
la habéis aceptado pasivamente en vuestras concepciones diarlas. Habláis de la
paternidad de Dios y de la maternidad de la Naturaleza, de Dios como padre divino y de
la Naturaleza como madre Universal, y así habréis conocido instintivamente el principio
del Género en el Universo. ¿No es así?
Mas las enseñanzas herméticas no implican una dualidad real —el TODO es UNO—
siendo los dos aspectos simples fases de manifestación. La doctrina es que el principio
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masculino manifestado por el TODO permanece, en cierta manera, aparte de la creación
mental del Universo. Proyecta su Voluntad sobre el principio femenino (que puede ser
llamado naturaleza), siendo en esta donde comienza la obra evolutiva de un Universo,
desde simples "centros de actividad" hasta el hombre, y aun a más elevados planos de
existencia que el humano, todo ello de acuerdo con bien establecidas leyes de la
Naturaleza. Si preferís las antiguas imágenes mentales, podéis concebir el principio
masculino como Dios, el padre, y el principio femenino como Naturaleza, la madre
universal, de cuya matriz todas las cosas nacen. Esto es algo más que una simple figura
poética de lenguaje, es una idea del proceso de la creación de un Universo. Pero
recordad siempre que el TODO es UNO, y que en su mente infinita es donde se crean y
generan y existen los kosmos.
Podría ayudaros a concebir esto propiamente el aplicarle la Ley de correspondencia en
vuestra propia mente. Sabéis que esa parte de vosotros que llamáis "yo", en cierto
sentido, permanece aparte de la creación de vuestras imágenes mentales en el intelecto.
La parte de la mente en la que se efectúa la generación de imágenes puede ser llamada
el "mí", en distinción con el "yo", que permanece Aparte y que examina los
pensamientos, ideas e imágenes del "mí". Como "arriba es abajo", acordaos, y los
fenómenos de un plano pueden emplearse para resolver los enigmas de los planos
superiores e inferiores.
¿Es acaso maravilloso que vosotros, los hijos, sintáis una reverencia instintiva hacia
Padre-Mente? ¿Es maravilloso que cuando consideráis las obras y maravillas de la
Naturaleza os sintáis conmovidos hasta lo más profundo de vuestro ser? Es a vuestra
madre-mente a quien os estáis estrechando, como un niño se estrecha al seno de su
madre.
No vayáis a suponer que el pequeñísimo mundo que os circunda —la Tierra— que no es
más que un grano de arena en el universo, es el universo mismo. Hay millones de
millones de tales mundos, y aun mucho mayores que él. Y aun hay millones de millones
de tales universos que existen en la Mente del Único. Y aun en nuestro sistema solar hay
regiones y planos de vida muy superiores a los nuestros y seres respecto de los cuales
somos como las amebas son respecto del hombre. Hay seres cuyos poderes y atributos
son mucho más elevados que los del hombre, y este jamás ha soñado que pudieran
existir. Mas, a pesar de esto, esos seres fueron en un tiempo lo que nosotros ahora, y
seremos un tiempo como ellos son y aun superiores, porque tal es el destino del hombre,
a juzgar por lo que nos dicen los iluminados.
La muerte no es real, ni aun en sentido relativo: no es sino nacer en una vida nueva, y
ascendemos y seguiremos ascendiendo a planos de vida cada vez más elevados,
durante eones y eones de tiempo. El Universo es nuestra casa, nuestro hogar, y
podemos explorarlo hasta sus más lejanos confines, antes de la consumación de los
tiempos. Estamos en la mente del TODO y nuestras posibilidades y oportunidades son
infinitas, lo mismo en el tiempo que en el espacio. Y al fin del gran ciclo de eones,
cuando el TODO reabsorba sus creaciones en sí mismo, marcharemos alegremente
porque entonces seremos capaces de comprender la verdad toda de ser UNO con el
TODO. Esto es lo que nos afirman los iluminados, esos que han avanzado tanto en el
sendero de realización.
Y, mientras tanto, permanezcamos tranquilos y serenos; estamos seguros y protegidos
por el Poder Infinito del Padre-Madre-Mente.
"En la Mente del Padre-Madre, los hijos están en su hogar".
EL KYBALION
"No hay nadie que no tenga padre o madre en el Universo".
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CAPÍTULO VI
LA PARADOJA DIVINA
"El sabio a medias, reconociendo la irrealidad relativa del Universo, se imagina que
puede desafiar SUS leyes. Ese no es más que un tonto, vano y presuntuoso, que se
estrellará contra las rocas y será aplastado por los elementos en razón de su locura. El
verdadero sabio, conociendo la naturaleza del Universo, emplea la Ley contra las leyes:
las superiores contra las inferiores, y por medio de la Alquimia trasmuta lo que no es
deseable, en lo valioso y de esta manera triunfa. El adeptado consiste, no en sueños
anormales, visiones o imágenes fantasmagóricas, sino en el sabio empleo de las fuerzas
superiores contra las inferiores, escapando así de los dolores de los planos inferiores y
vibrando en los más elevados. La transmutación (no la negación presuntuosa), es el
arma del Maestro".
EL KYBALION
Esa es la paradoja del Universo, la que resulta del principio de polaridad, principio que se
manifiesta cuando el TODO empieza a crear.
Aunque para el TODO infinito el Universo, sus leyes, sus poderes, su vida, sus
fenómenos, son como cosas contempladas en el estado de meditación o ensueño, el
Universo debe ser tratado como real, y la vida, las acciones y los pensamientos deben
estar basados en ello, acordemente, aunque se tenga un claro conocimiento y
realización de la Verdad Superior cada uno respecto a su propio plano y leyes. Si el
TODO hubiera imaginado un Universo real sería desastroso para este, porque entonces
no podría ascenderse de lo inferior a lo superior, el Universo se habría convertido en una
cosa fija, inmóvil, y el progreso resultaría imposible. Y si el hombre, por su parte, debido
a su semisabiduría, actúa y vive y piensa en el Universo como si fuera un sueño
(parecido a sus propios ensueños finitos), así se convertirá efectivamente, para él, y, al
igual que un cadáver que caminase, se encontrará dando vueltas y más vueltas en un
círculo, sin hacer el menor progreso y siendo forzado por último a despertarse y vivir por
las leyes naturales que él hubiera olvidado. Conservad siempre la mente fija en la
Estrella, pero mirad dónde ponéis los pies, no vayáis a hundiros en algún abismo.
Recordad la paradoja divina que afirma que si bien el "Universo no es, sin embargo es".
Recordemos siempre los dos polos de la verdad: lo absoluto y lo relativo. Guardémonos
de las verdades a medias.
Lo que los hermetistas conocen como la "Ley de la Paradoja" es un aspecto del principio
de polaridad. Las escrituras herméticas están llenas de toda clase de referencias
respecto de esa paradoja que se descubre en todos los problemas de la Vida y del Ser.
Los instructores están siempre batallando para impedir que sus estudiantes omitan el
"otro lado" de cualquier cuestión, y sus recomendaciones se dirigen especialmente a los
problemas de lo absoluto y de lo relativo, que tanto confunden a los estudiantes de
filosofía, y que obligan a tantos a obrar y a pensar contrariamente a lo que se conoce
como "sentido común". Recomendamos mucho a nuestros estudiantes el que se
aseguren de haber comprendido bien la paradoja divina de lo absoluto y lo relativo,
evitando ser hipnotizados por el falso miraje de la verdad a medias o semiverdad. Desde
este punto de vista ha sido escrita esta lección. Leedla cuidadosamente.
La primera idea que se le ocurre al pensador que ha comprendido y realizado la verdad
de que el Universo es una creación mental del TODO, es la de que el Universo y todo
cuanto este contiene es una pura ilusión, una irrealidad, contra cuya idea se revuelve
instantáneamente. Pero esto, tal como otras grandes verdades, debe ser considerado
desde los puntos de vista absoluto y relativo. Desde el punto de vista absoluto, el
Universo es, por supuesto, una ilusión, un sueño, una fantasmagoría, si se compara con
el TODO en sí mismo. Esto lo reconocemos nosotros mismos cuando hablamos del
mundo como de un sueño, que va y viene, que nace y muere, desde el momento que
todo lo que es mudable, que cambia, que es finito e insubstancial, debe estar ligado a la
idea de un Universo creado, cuando se compara con el TODO mismo, no importando
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cuál puede ser nuestra creencia respecto de la naturaleza de ambos. Filósofos,
metafísicos, científicos y teólogos, todos están de acuerdo sobre ello, y esta concepción
se encuentra en todos los sistemas filosóficos y religiosos, así como en las respectivas
teorías de las escuelas metafísicas y teológicas.
Las enseñanzas herméticas no predican la insubstancialidad del Universo en términos
más fuertes que los que os son más familiares, aunque la exposición del asunto pueda
pareceres algo más contundente. Todo cuanto tenga un principio y un fin, en cierto
sentido, debe ser irreal e ilusorio, y el Universo se encuentra en este caso, sea cual fuere
el sistema de las escuelas de pensamiento. Desde el punto de vista absoluto nada hay
real excepto el TODO, no importando los términos que empleemos al pensar sobre ello o
al discutirlo. Bien sea que el Universo haya sido creado de materia, o bien se trate de
una creación mental en la mente del TODO, es insubstancial, mudable, sujeto al tiempo,
al espacio, al cambio. Debemos comprender y sentir bien esto antes de pensar y
examinar la concepción hermética de la naturaleza mental del Universo. Examinad
cualesquiera otras concepciones, y ved si existe alguna que no lo admita.
Mas el punto de vista absoluto muestra únicamente un solo lado de la cuestión, siendo el
otro, el aspecto relativo de la misma. Las verdades absolutas han sido definidas "como
las cosas, tal como las conoce y las ve la mente de Dios", mientras que las verdades
relativas son "las cosas tal como la más elevada razón del hombre las comprende". Y de
esta manera, mientras que para el TODO el Universo debe ser ilusorio e irreal, un simple
sueño o resultado de la meditación, sin embargo para las mentes finitas que forman
parte de ese Universo y miran a través de las mortales facultades, el Universo es
ciertamente real, y así debe ser considerado. Al reconocer así el punto de vista absoluto,
no cometeremos el error de ignorar o negar los hechos y fenómenos del Universo, tal
como se nos presentan ante nuestras facultades mortales: no somos el TODO,
recordémoslo.
Para emplear ilustraciones familiares, podemos reconocer el hecho de que la materia
"existe" para nuestros sentidos, y haríamos muy mal si así no lo reconociéramos. Y, a
pesar de ello, nuestra mente finita reconoce la verdad científica de que no hay tal materia
desde el punto de vista de la ciencia, y que lo que llamamos materia no es más que un
agregado de átomos, átomos que, a su vez, no son más que unidades de fuerzas
agrupadas que llamamos "electrones" o "iones", vibrando constantemente con
movimiento circular. Golpeamos una piedra y sentimos el impacto; parece ser real y, a
pesar de ello, sabemos que no es más que lo ya expuesto. Pero recordemos que nuestro
pie, que siente el golpe mediante la intervención del cerebro, es similarmente materia
constituida por electrones, materia de la cual está también hecho nuestro cerebro. Y, por
último, si no fuera por la mente, no sabríamos nada ni del pie ni de la piedra
absolutamente.
Además, el ideal que un artista o un escultor tratan de reproducir en el mármol o en el
lienzo les parece muy real. Igualmente sucede con los personajes que crea la mente de
un autor teatral, quien trata de expresarlos para que los demás puedan reconocerlos. Y
si esto fuera cierto en el caso de nuestras mentes finitas, ¿cuál sería el grado de realidad
de las imágenes mentales creadas en la mente del Infinito? ¡Oh, para los mortales, este
universo de mentalidad es ciertamente muy real! Es el único que jamás podremos
conocer, aunque nos elevemos de plano en plano, cada vez más alto. Para que lo
pudiéramos conocer de otra manera, por experiencia actual, tendríamos que ser el
TODO mismo. Es muy cierto que, cuanto más nos elevamos en la escala, tanto más
cerca nos encontraremos de la mente del Padre y tanto más evidente se hace la
naturaleza ilusoria de las cosas finitas, pero hasta que el TODO no nos absorba
finalmente dentro de El mismo no se desvanecerá la visión.
De manera, pues, que no necesitamos basarnos en esa ilusión. Reconozcamos más
bien la verdadera naturaleza del Universo y tratemos de comprender sus leyes mentales,
esforzándonos en emplearlas en la forma más efectiva para nuestro progreso
ascendente en toda la vida, conforme vamos viajando de un plano a otro del ser. Las
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leyes del Universo no dejan de ser "leyes de hierro" aunque sean de naturaleza mental.
Todos, excepto el TODO, están sujetos a ellas. Lo que está en la infinita mente del
TODO es real, sólo un grado menos que la realidad misma que constituye la naturaleza
del TODO.
No nos sintamos, pues, inseguros o temerosos; sintámonos firmemente sostenidos en la
mente infinita, y nada existirá que pueda dañarnos o causarnos miedo. No hay poder
alguno fuera del TODO que pueda afectarnos. Podernos permanecer tranquilos y
seguros. Y en esta realización, una vez alcanzada, existe una plenitud de seguridad y
calma. Entonces dormiremos serenamente sobre la .firmeza inconcebible de lo Profundo,
y descansaremos seguramente sobre el Océano de la Mente Infinita que constituye al
TODO. En El, ciertamente, vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
La materia no es menos materia para nosotros mientras permanezcamos en ese plano,
aunque sepamos que no es sino un agregado de partículas de fuerza, o electrones, que
vibran rápidamente, girando unas en torno de otras, en la formación de los átomos. Los
átomos, a su vez giran y vibran y forman así las moléculas, y la agrupación de estas
últimas componen las grandes masas de materia. Y no será menos materia por el hecho
de que, cuando avancemos en nuestra investigación, sepamos que la Fuerza, cuyas
unidades son los electrones, no son a su vez más que unidades de manifestación de la
mente del TODO, y que como todo lo demás en el Universo es puramente mental en su
naturaleza. Aunque en el Plano de la Materia tenemos que reconocer sus fenómenos,
podemos dominarla (como lo hacen todos, Maestros, en mayor o menor grado),
aplicándole las fuerzas superiores. Cometeríamos una locura si negáramos la existencia
de la materia en ese aspecto relativo. Podemos, sí, negar su dominio sobre nosotros;
está bien, pero no debemos intentar ignorarla en su aspecto relativo, por lo menos
mientras vivamos en este plano.
Las leyes de la Naturaleza tampoco se hacen menos constantes o efectivas por el hecho
de que las conozcamos y sepamos que son simples creaciones mentales. Obran
plenamente en todos los planos. Y nos libertamos de las leyes inferiores, aplicándoles
las superiores, y sólo podemos conseguirlo de esta manera. Pero no podemos escapar a
la Ley o elevarnos por encima de ella completamente. Nadie, sino el TODO, puede
escapar a la Ley, y esto es debido a que el TODO es la Ley misma, del cual todas las
demás brotan. Los más avanzados Maestros pueden adquirir los poderes que se
atribuyen generalmente a los dioses, y existen muchos grados del ser en la gran
jerarquía de la vida, cuyos poderes trascienden hasta los de los más elevados Maestros,
en un grado inconcebible para los mortales, pero hasta el Maestro más grande y el ser
más elevado deben inclinarse ante la Ley y son como nada ante los ojos del TODO. Así
que si hasta esos elevados seres, cuyos poderes exceden a los atribuidos por el hombre
a sus dioses, están sujetos y sirven a la Ley, imaginad la presunción del mortal de
nuestra raza cuando mira las leyes de la Naturaleza como "irreales", visionarias e
ilusorias, porque ha podido alcanzar a ver que esas leyes son de naturaleza mental, o
simples creaciones del TODO. Esas leyes que el TODO quiere que rijan no pueden ser
desafiadas o transgredidas. Mientras subsista el Universo subsistirán, porque aquel
existe en virtud de esas leyes, las cuales forman la trama o esqueleto en que el Universo
se apoya.
El Principio Hermético del Mentalismo, a la vez que explica la verdadera naturaleza del
Universo sobre la base i de que todo es mental, no cambia las concepciones científicas
del Universo, de la vida o de la evolución. En realidad, la ciencia no hace más que
corroborar las enseñanzas herméticas. Estas últimas enseñan que la naturaleza del
Universo es mental, mientras que la ciencia afirma que es "material"; o, según sus más
recientes noticias, que es "energía" en el último análisis. Las enseñanzas herméticas
tampoco están en pugna con el principio básico de Herbert Spencer, quien postuló la
existencia de una "Energía Infinita y Eterna, de la cual proceden todas las cosas". En
realidad, los hermetistas reconocen en la filosofía de Spencer la más elevada expresión
de la obra de las leyes naturales que jamás se haya promulgado, y creen que Spencer
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era una reencarnación de un antiguo filósofo que vivió en Egipto millares de años ha, y
que más reencarnó como Heráclito, el filósofo griego que vivió en el año 500 a. C. Y
consideran su doctrina de la "energía infinita y eterna" como de acuerdo con las
enseñanzas herméticas siempre con el agregado de que esa energía es la mente del
TODO. Con esta clave maestra de la Filosofía Hermética, puede el estudiante de
Spencer abrir muchas puertas de las concepciones filosóficas internas del gran filósofo
inglés, cuyas obras demuestran los resultados de su preparación en las encarnaciones
anteriores. Sus enseñanzas respecto de la Evolución y el Ritmo están casi de perfecto
acuerdo con la Doctrina Hermética referente al principio del Ritmo.
Así, pues, el estudiante no necesita dejar a un lado los puntos de vista científicos
referentes al Universo. Todo lo que se le pide es que comprenda el principio básico de
que el TODO es mente, de que el Universo es mental, sostenido firmemente en la mente
del TODO. Y encontrará que los otros seis principios concuerdan perfectamente con este
conocimiento científico, y servirán para dilucidar plenamente los puntos oscuros. No hay
que maravillarse de ello, si se considera la influencia que el pensamiento hermético
ejerció en los filósofos primitivos de Grecia, sobre cuyas doctrinas descansan en gran
parte las teorías de la ciencia actual. La aceptación del primer principio hermético
(Mentalismo) es la única gran diferencia entre la ciencia moderna y los estudiantes
herméticos, y la ciencia se va dirigiendo gradualmente hacia ese punto, conforme avanza
a través de la oscuridad y va encontrando su camino en el laberinto en que se ha metido
en busca de la Realidad.
El objeto de esta lección es imprimir en la mente del estudiante el hecho de que el
Universo y sus leyes y sus fenómenos son tan reales, en lo que al hombre concierne,
como lo serían bajo las hipótesis del materialismo y de la energía. Bajo cualquier
hipótesis, el Universo, en su aspecto externo, está siempre cambiando y es transitorio, y,
por consiguiente, está desprovisto de realidad substancial. Pero —y nótese el otro polo
de la verdad—, bajo cualquiera de dichas hipótesis estamos obligados a obrar y a vivir
como si esas cosas fugaces fueran reales y Substanciales. Con esta diferencia siempre:
que, según jas doctrinas, se ignoraba el poder mental como Fuerza Natural, mientras
que ahora vemos que el Mentalismo es la mayor fuerza de esa clase. Y esta sola
diferencia basta para revolucionar la vida de aquellos que comprenden el principio y la
práctica y leyes resultantes.
Por último, una vez que se comprende la ventaja del Mentalismo se aprende a conocer,
emplear y aplicar las leyes resultantes. Pero no se caiga en la tentación que, según
indica el "Kybalión", acecha al semisabio: aquella que lo convierte en un ser hipnotizado
por la aparente irrealidad de las cosas, de modo que camina de un lado para otro, como
soñando, viviendo en un mundo de ensueños, ignorando la vida diaria y su trabajo.
Finalmente, se destrozará contra las rocas y se disolverá en los elementos, en razón de
su locura. Más bien seguid el ejemplo del sabio que la misma autoridad indica: "Úsese la
Ley contra las leyes; lo superior contra lo inferior, y por el arte de la alquimia transmutad
lo que no es deseable en lo estimable, triunfando en esa forma". De acuerdo con esta
doctrina, debe evitarse la semisabiduría, que es locura e ignora la verdad de que: "El
dominio consiste, no en sueños anormales o visiones y fantásticas imaginaciones, sino
en emplear las fuerzas superiores contra las inferiores, escapando así a los dolores de
los planos inferiores, mediante la elevación a los superiores". Recuérdese siempre que la
"transmutación y no la negación presuntuosa es el arma del Maestro". Las citas
antedichas pertenecen al Kybalión, y son muy dignas de tenerlas siempre presentes.
No vivimos en un mundo de sueños, sino en un Universo que, si bien es relativo, es real,
por lo menos en lo que concierne a nuestra vida y obras. Nuestra misión en el Universo
no es negar su existencia, sino vivir, empleando debidamente sus leyes para ascender
de lo inferior a lo superior, viviendo y haciendo lo mejor que podamos dentro de las
circunstancias que surgen cada día, y viviendo, todo lo posible, nuestras más elevadas
ideas e ideales. El verdadero significado de la vida no es conocido por el hombre en este
plano —si es que alguien lo conoce—; pero los más sabios, y nuestras propias
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intuiciones también, nos enseñan que no nos equivocaremos si tratamos de vivir lo mejor
posible y realizar la tendencia universal en el mismo sentido, a pesar de las aparentes
evidencias en contra. Todos estamos en el Camino, y esta vía va siempre ascendiendo,
con frecuentes sitios de reposo.
Léase el mensaje del "Kybalión", y sígase el ejemplo del sabio, evitando el error del
semisabio, quien perece en razón de su locura.
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CAPÍTULO VII
EL TODO EN TODO
"Si bien es cierto que todo está en el TODO, no lo es menos que el TODO está en todas
las cosas. El que comprende esto debidamente, ha adquirido gran conocimiento".
EL KYBALION
¡Cuan a menudo se ha oído a la mayoría repetir la afirmación de que su Deidad era "todo
en todo", y cuan poco ha sospechado el íntimo significado oculto encerrado en esas
palabras emitidas tan sin ton ni son! La expresión comúnmente empleada es lo que ha
quedado de la máxima hermética del epígrafe. Como dice el Kybalión:
"El que comprende esto debidamente, ha adquirido gran conocimiento". Y si esto es así,
tratemos de comprender lo que significa, dada su gran importancia. En esa máxima está
encerrada una de las más grandes verdades filosóficas, científicas y religiosas.
“Ya hemos dado la enseñanza hermética concerniente a la naturaleza mental del
Universo: la verdad de que "el Universo es Mental, sostenido en la mente del TODO".
“Como dice el "Kybalión" en el pasaje citado: "Todas las cosas están en el TODO". Pero
adviértase también la siguiente afirmación correlacionada: "Es igualmente cierto que el
TODO está en todas las cosas". Esta contradicción aparente es conciliable según la Ley
de la Paradoja. Es, además, una afirmación hermética exacta sobre las relaciones que
existen en el TODO y su Universo mental. Ya hemos visto cómo es que todo está en el
TODO:
Examinemos ahora el segundo aspecto del asunto.
La doctrina hermética indica que el TODO es inmanente e inherente al Universo, así
como en toda parte, partícula, unidad o combinación, dentro del Universo. Los maestros
suelen ilustrar este postulado, refiriéndose al Principio de Correspondencia. El Instructor
pide al estudiante que forme una imagen mental de algo, de una persona, una idea o
alguna cosa que tenga forma mental, siendo el ejemplo preferido el de un autor que se
esté formando una idea de los personajes, el de un pintor o escultor que esté creando la
imagen mental de lo que trata de expresar con su arte. En cada caso el estudiante verá
que, aunque la imagen tiene existencia y ser únicamente dentro de su propia mente, sin
embargo, el estudiante mismo, autor, pintor o escultor es, en cierto sentido, inmanente
en dicha imagen. En otras palabras, toda la virtud, vida, espíritu o realidad de la imagen
mental se deriva de la "inmanente mente" del pensador. Medítese esto un instante hasta
que se comprenda bien la idea.
Empleando otro ejemplo, podríamos decir que Otelo, Yago, Hamlet, Lear, Ricardo III,
etc., existieron en la mente de Shakespeare en el momento de su concepción o creación.
Y, sin embargo, Shakespeare existió también dentro de cada uno de esos personajes,
dándoles su vitalidad, su espíritu y su acción.
¿Cuál es el espíritu de los personajes que conocemos como Micawber, Oliverio Twist,
Uriah Heep?... ¿Es Carlos Dickens o tiene cada uno de ellos un espíritu personal,
independiente de su creador? ¿Tienen la Venus de Mediéis, la Madonna Sixtina, el Apolo
de Belvedere, espíritus y realidad propios o representan los poderes mentales y
espirituales de sus creadores? La Ley de la Paradoja explica que ambas proposiciones
son ciertas, consideradas desde los puntos de vista apropiados. Micawber es, a la vez,
Micawber y Dickens. Y mientras puede decirse que Micawber es Dickens, Dickens no es
idéntico a Micawber. El hombre, como Micawber, puede exclamar: "El espíritu de mi
Creador me es inherente, y, sin embargo, yo no soy El". Esto es muy diferente de la
chocante semiverdad que clamorosamente anuncian algunos semisabios, diciendo: "Yo
soy Dios". Imaginad al pobre Micawber o al ratero Uriah Heep exclamando: "Yo soy
Dickens", o a cualquier otro personaje de las obras de Shakespeare anunciando: "Yo soy
Shakespeare". El TODO está en la lombriz, mas la lombriz está muy lejos de ser el
TODO. Pero aunque la lombriz exista meramente como una pequeña cosa, creada y
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teniendo su ser únicamente en la mente del TODO, el TODO es inmanente en ella, así
como en las partículas que la componen. ¿Puede haber algún misterio mayor que el
encerrado en esa proposición: "Todo está en el TODO y el TODO está en todo?"
El estudiante comprenderá, por supuesto, que las ilustraciones enunciadas antes son
necesariamente imperfectas e inadecuadas, porque representan la creación de
imágenes mentales en mentes finitas, mientras que el Universo es la creación de una
mente infinita, y la diferencia entre los dos polos las separa. Y, sin embargo, es sólo
cuestión de grado —el mismo Principio es el que opera— el Principio de
Correspondencia se manifiesta en cada una: "Como arriba es abajo, como abajo es
arriba".
Y en proporción a la realización que obtenga el hombre, de la existencia del Espíritu
Subyacente inmanente en su propio ser, se elevará en la escala de la vida. Esto es lo
que significa el desarrollo espiritual; el reconocimiento, la realización y la manifestación
del Espíritu interno. Recuérdese siempre esta definición (la del desenvolvimiento
espiritual), porque contiene la verdad de toda verdadera Religión.
Existen muchos Planos del Ser, muchos sub planos de vida, muchos grados de
existencia en el Universo. Y todos dependen del adelanto de los seres en la escala, cuyo
punto más bajo es la materia más densa, estando el Ser más elevado separado del
Espíritu del TODO sólo por una sutilísima división. Y por todas partes, a lo largo de esta
escala de la vida, todo está en movimiento. Todos están en el sendero, cuyo fin y meta
es el TODO. Todo progreso es una vuelta al hogar. Todo se mueve hacia arriba,
adelante, a pesar de las aparentes contradicciones. Este es el mensaje del Iluminado.
La doctrina hermética concerniente al proceso de la creación mental del Universo es que,
al principio del ciclo creador, el TODO, en su aspecto de ser, proyecta su voluntad hacia
su aspecto de "Devenir" y el proceso de la creación comienza. Se dice que este proceso
se reduce a una disminución gradual de intensidad vibratoria hasta que se alcanza un
grado muy bajo de energía vibrante, en cuyo punto se manifiesta la forma más densa
posible de materia. Este proceso se llama involución porque el TODO se "envuelve" en
su creación. Y esto tiene su correspondencia en los procesos mentales de un artista,
escritor o inventor, quien se "envuelve" tanto en su creación mental que olvida casi
completamente su propia existencia, pues en esos momentos "vive en su creación". Si
en vez de la palabra "envolverse" empleáramos la de "absorberse", quizá se dará una
idea más clara del significado que se trata de sugerir.
A este estado involucionario de la creación suele también llamársele "Emanación" de la
energía divina, así como el estado evolucionarlo se denomina "Absorción". Al polo más
extremo del proceso creador, se le considera como el más separado del TODO, en tanto
que el principio del estado evolutivo es mirado como un retorno de la oscilación del
péndulo del Ritmo, como una vuelta al hogar.
La enseñanza es que durante la Efusión las vibraciones se van amortiguando
gradualmente hasta que el impulso amortiguador cesa por último, y entonces se produce
el retorno de la oscilación pendular. Pero existe esta diferencia: que mientras en la
efusión se manifiestan las fuerzas creadoras compactamente, como un todo, desde el
comienzo mismo del estado evolutivo o de "reabsorción" se manifiesta la ley de la
individualización; esto es, la tendencia a separarse en unidades de fuerza, de tal manera
que lo que dejó al TODO como no individualizada energía vuelva a su fuente originaria
como innumerables unidades de vida, altamente desarrolladas, que se han ido
levantando cada vez más alto en la escala por medio de la evolución física, mental y
espiritual.
Los antiguos herméticos empleaban la palabra "meditación" para describir el proceso de
la creación mental del Universo en la mente del TODO, habiéndose empleado también
frecuentemente la palabra "contemplación".
Pero la idea que parece sugerir es la del empleo de la Atención Divina. "Atención" es una
palabra derivada de raíz latina, que significa "alcanzar, llegar", y el acto de atención es
realmente un "alcance, una extensión" de la energía mental; de manera, pues, que
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comprenderemos perfectamente el concepto si examinamos el verdadero significado de
la atención.
La doctrina hermética concerniente a la evolución es que el TODO, habiendo meditado
sobre el principio de la creación, y establecido así la base material del Kosmos,
pensándolo en la existencia, gradualmente va despertándose de su meditación, y al
hacerlo produce la manifestación del proceso evolutivo, en los planos material, mental y
espiritual, sucesivamente en orden. Así empieza el movimiento ascendente, y todos los
seres comienzan a dirigirse hacia el Espíritu. La materia se va haciendo menos densa,
las unidades vienen a ser, las combinaciones se inician, la vida aparece y va
manifestándose en formas cada vez más elevadas y la mente se va haciendo más y más
evidente, vibrando todo cada vez más intensamente. En una palabra, el proceso entero
de la evolución, en todas sus fases, comienza y sigue de acuerdo con las leyes del
proceso de "absorción". Todo esto ocupa eones y eones de tiempo, estando compuesto
cada eón por millones de años, pero, según dice el Iluminado, toda la creación,
incluyendo la involución y la evolución de un universo, no es más que un abrir y cerrar de
ojos para el TODO. Al final de innúmeros ciclos de eones de tiempo, el TODO retira su
atención (contemplación) o meditación del Universo, porque la Gran Obra ha terminado,
y todo queda absorbido en El, de quien otrora emergió. Pero el misterio de los misterios
es que el Espíritu de cada alma no queda aniquilado, sino que se expande infinitamente,
sumergiéndose uno en otro, el Creador y el Creado. Esa es la voz de la iluminación.
La ilustración expuesta sobre la meditación y el subsiguiente despertar de ella del TODO
no es, por supuesto, más que un intento de descripción del proceso infinito, mediante un
ejemplo finito. Pero, no obstante: "Como arriba es abajo". La diferencia es sólo de grado.
Y así, como el TODO se despierta de su meditación sobre el Universo, así también el
hombre (a su debido tiempo) cesará de manifestarse sobre el plano material y se irá
retirando cada vez más en el Espíritu Interno que, ciertamente, es el "Ego Divino".
Hay otra cosa más de la que deseamos hablar en esta lección, y esto llega muy cerca
del campo metafísico de especulación, aunque nuestro propósito es simplemente
mostrar la futilidad de tal especulación. Aludimos a la pregunta que inevitablemente se
presenta ante la mente de todos los pensadores que se han aventurado a buscar la
Verdad. La pregunta es: ¿Por qué creó el TODO al Universo? Esta pregunta podrá ser
formulada en diferente forma, pero su esencia es siempre la misma.
Mucho han luchado los hombres para contestársela, pero aun no se posee respuesta
alguna que merezca ese nombre. Algunos se han imaginado que el TODO ganaría algo
con ello, pero eso es absurdo, porque ¿qué es lo que podrá obtener el TODO que ya no
posea? Otros dicen que el TODO desea amar a algo, o que lo había creado para
divertirse, o porque estaba solo, o para manifestar su poder. Pero todas esas respuestas
son pueriles e infantiles y pertenecen a la primera infancia del pensamiento.
Algunos han tratado de explicar el misterio, presumiendo que el TODO se vio
"compelido" a crear, en razón de su "naturaleza interna" o su "instinto creador".
Esta idea, si bien representa un adelanto sobre las otras, tiene un punto débil. Si su
"naturaleza interna o instinto creador" lo impulsara a hacer algo, entonces la naturaleza
interna o instinto creador sería el Absoluto, en vez del TODO, y de ahí que la proposición
falle por su misma base. Sin embargo, el TODO crea y se manifiesta y parece encontrar
cierta satisfacción al hacerlo. Y es muy difícil escapar a la conclusión de que en algún
grado infinito tendría que tener algo que correspondiera a una naturaleza interna o
instinto creador en el hombre, con un Deseo y Voluntad correspondientemente infinito.
No podría obrar si no quisiera hacerlo, y no podría hacerlo a menos que lo deseara, y no
lo desearía si no obtuviera con ello alguna satisfacción. Y todas estas cosas
pertenecerían a una naturaleza interna, y podría postularse su existencia de acuerdo con
la Ley de Correspondencia, tanto interna como externa. Este es el problema que yace en
la raíz misma de la dificultad y la dificultad que se encuentra en la misma raíz del
problema.
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Estrictamente hablando, no puede decirse que haya ninguna "razón" para obrar, porque
una razón implica una causa, y el TODO está por encima de la causa y del efecto, salvo
cuando su voluntad misma se convierta en una causa, en cuyo momento el principio se
pone en movimiento. De manera, pues, que no puede pensarse en el mismo asunto,
porque como el mismo TODO, es incognoscible. Así como nos vemos obligados a decir
simplemente: El TODO ES, así también sólo podemos decir que el TODO OBRA
PORQUE OBRA. Y, en último término, el TODO es la razón en sí misma, y puede
decirse en verdad que El es su propia razón, su propia ley, su propio acto, mejor aún:
Que el TODO, su razón, su acto y su ley, son uno, siendo las palabras diferentes
nombres de la misma cosa. En opinión de los que esto escriben, la respuesta se halla
encerrada en el íntimo ser del TODO, en su ser secreto. La Ley de Correspondencia, en
nuestra opinión, sólo llega al aspecto del TODO que denominamos el aspecto de devenir
o de estado. Tras ese aspecto está el de ser, en el cual todas las leyes se pierden en la
Ley, todos los principios en el Principio y el TODO, el Principio y el Ser, son idénticos,
uno y lo mismo. Por consiguiente, toda especulación metafísica sobre el punto es fútil. Si
nos ocupamos aquí de la cuestión es sólo para mostrar que, si bien reconocemos el
hecho, reconocemos también lo absurdo de las respuestas dadas por metafísicos y
teólogos.
En conclusión, podrá ser de interés para los estudiantes saber que, en tanto que algunos
de los antiguos y modernos instructores herméticos se inclinan más bien a aplicar el
Principio de Correspondencia a la cuestión, que da por resultado la "naturaleza interna",
la leyenda dice que Hermes el Grande, cuando le fue formulada esa pregunta por alguno
de sus más avanzados estudiantes, contestó apretando los labios fuertemente y no
diciendo una palabra, como si indicase que no había respuesta. Pero también puede ser
que quisiera aplicar el axioma de esta filosofía que dice que "los labios de la Sabiduría
permanecen cerrados, excepto para los oídos del entendimiento'", en la creencia de que
aun sus más aventajados discípulos no poseían la comprensión necesaria que dos
calificara para esa enseñanza. De cualquier manera, si Hermes poseyó el Secreto no lo
comunicó, y por lo menos en lo que al mundo concierne, los labios de Hermes están
cerrados al respecto. Y si Hermes el Grande vaciló en hablar, ¿quién sería el osado
mortal que tratara de enseñarlo?
Pero recordémoslo, cualquiera que sea la respuesta de este problema, si es que hay
alguna, la verdad es que:
"Si bien es cierto que todo está en el TODO, no lo es menos que el TODO está en todas
las cosas". La proposición en este punto es enfática. Y, para terminar, repetiremos las
palabras de la cita: "El que comprenda esto debidamente, ha adquirido gran
conocimiento".
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CAPÍTULO VIII
LOS PLANOS DE CORRESPONDENCIA
"Como arriba es abajo; como abajo es arriba".
EL KYBALION
El segundo gran principio hermético encierra la verdad de que existe entre los diversos
planos de manifestación de la vida y del ser una armonía, concordancia y
correspondencia. Esta verdad lo es porque todo cuanto hay en el Universo emanó de la
misma fuente, y las mismas leyes, principios y características se aplican a cada unidad o
combinación de unidades de actividad, conforme cada una manifiesta su propio
fenómeno en su propio plano.
Para facilitar la meditación y el estudio, la Filosofía Hermética considera que el Universo
puede dividirse en tres grandes clases de fenómenos, conocidas como los Tres Grandes
Planos:
1. El Plano Físico
2. El Plano Mental
3. El Plano Espiritual
Estas divisiones son más o menos artificiales y arbitrarias, porque la verdad es que las
tres divisiones no son más que grados ascendentes en la gran escala de la vida, siendo
el punto más bajo la materia indiferenciada, y el más elevado el del Espíritu. Y, además,
los diferentes planos se esfuman unos en otros, de manera que no puede establecerse
una división firme y nítida entre la parte superior del Plano Físico y la inferior del Mental.
En una palabra, los tres grandes planos pueden ser considerados como tres grandes
grupos de grados de vida en manifestación. Y aunque el propósito de este libro no nos
permite entrar en una explicación extensa de los mismos, daremos una descripción
general de ellos.
Para principiar, podemos considerar la pregunta tan a menudo formulada por el neófito,
que desea saber lo que significa realmente la palabra "Plano", término que se usa
liberalmente, y que apenas ha sido explicado, en muchas obras de ocultismo. La
pregunta se formula generalmente así: "¿Un plano es un lugar que tiene dimensiones, o
no es más que una condición o estado?". Y podemos contestar: "No, no es un lugar ni
una dimensión ordinaria del espacio; pero, sin embargo, es más que un estado o
condición". Puede ser considerado como un estado o condición, pero, no obstante, el
estado o condición es un grado dimensional, es una escala, y está Sujeto a medida.
Parecerá esto quizás una paradoja, pero examinemos el punto. Una "dimensión" es una
medida en línea recta, relacionada con una medida base, etc. Las dimensiones
ordinarias del espacio son longitud o largo, latitud o ancho, y grosor o altura. Sin
embargo, existe otra dimensión de las cosas creadas, o medida en línea recta, conocida
por los ocultistas y también por los hombres de ciencia, aunque estos últimos no le
hayan dado todavía el nombre de dimensión. Esta nueva dimensión, que por el momento
es la base de muchas especulaciones bajo el nombre de Cuarta Dimensión, es el tipo
usado para determinar los "grados" o planos.
Esta cuarta dimensión puede ser denominada la de la "Vibración". Es un hecho bien
conocido por la ciencia moderna, así como por los hermetistas, quienes han encerrado
esa verdad en su tercer principio, que "todo está en movimiento, todo vibra, nada está en
reposo"; Desde la más elevada manifestación hasta la más baja, todas las cosas vibran.
Y no solamente vibran con diferente intensidad, sino en diferentes direcciones y de
diferente manera; Los grados de "intensidad" vibratoria constituyen los grados para medir
en la escala de las vibraciones, o sea los grados de la Cuarta Dimensión. Todos estos
grados forman lo que los ocultistas llaman "planos":
cuanto más elevado es el grado de vibración, tanto más elevado es el plano. De manera,
pues, que aunque un plano no es un lugar, ni un estado o condición, posee, sin embargo,
cualidades comunes a ambos. Algo más tendremos que decir sobre las vibraciones en
los próximas capítulos, en los que estudiaremos el principio hermético de Vibración.
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Se recordará, no obstante, que los tres grandes planos no son divisiones actuales y
reales de los fenómenos del Universo, sino simples medios arbitrarios empleados por los
herméticos para ayudar al pensamiento y al estudio de los diversos grados y formas de
la actividad y de la vida universales. El átomo de la materia, la unidad de fuerza, la mente
del hombre y el ser del arcángel, no son más que grados de una sola y misma escala, y
todos son fundamentalmente los mismos, siendo la diferencia sólo cuestión de grado y
de intensidad vibratoria: todos son creaciones del TODO, y tienen su existencia dentro
de su Mente Infinita.
Los herméticos subdividen cada uno de esos tres grandes planos en siete planos
menores, y cada uno de estos en siete subplanos, siendo estas divisiones más o menos
arbitrarias, esfumándose unas en otras, pero han sido adoptadas por conveniencias del
estudio científico.
El Gran Plano Físico y sus siete planos menores es la división que comprende todos los
fenómenos del universo que se refieren a las cosas, fuerzas y manifestaciones físicas.
Incluye todas las formas de lo que conocemos como materia, y todas las formas de lo
que llamamos energía o fuerza. Pero se debe recordar que la Filosofía Hermética no
reconoce la materia como una cosa en sí misma, o como si tuviera una existencia
separada de la mente del TODO. La proposición es que la materia no es más que una
forma de energía, esto es, energía de una intensidad vibratoria inferior de cierta clase. Y
de acuerdo con ello, los herméticos clasifican la materia bajo el título de energía, y le
adjudican tres de los siete planos menores del Gran Plano Físico.
Dichas siete divisiones menores son las siguientes:
1. El Plano de Materia (A)
2. El Plano de Materia (B)
3. El Plano de Materia (C)
4. El Plano de Substancia Etérica
5. El Plano de Energía (A)
6. El Plano de Energía (B)
7. El Plano de Energía (C)
El Plano de Materia A comprende las formas materiales sólidas, líquidas y gases, tal
como lo reconocen generalmente las obras de texto físicas. El Plano de María B
comprende ciertas formas más elevadas y sutiles de la existencia que la ciencia recién
comienza a conocer: los fenómenos de la materia radiante, bajo sus fases de radium,
etc., que pertenecen a la subdivisión más inferior de este plano menor. El Plano de la
Materia C comprende formas de la materia más sutil y tenue, cuya existencia ni siquiera
sospechan los hombres de ciencia actuales. El Plano de la Substancia Etérea
comprende lo que la ciencia denomina "éter", substancia de tenuidad extrema y de
prodigiosa elasticidad, que compenetra todo el Espacio Universal y que obra como
médium para la transmisión de ondas de energía tales como la luz, el calor, la
electricidad, etc. Esta substancia etérica es el eslabón de unión entre la llamada materia
y la energía, participando de la naturaleza de ambas. La doctrina hermética dice que ese
plano tiene siete subdivisiones (como las tienen los demás planos menores) y que, en
realidad, hay siete éteres en vez de uno.
Inmediatamente después viene el Plano de la Energía A, que comprende las formas de
energía que la ciencia conoce corrientemente, siendo sus siete subdivisiones
respectivamente: Calor, Luz, Magnetismo, Electricidad, Atracción (gravitación, cohesión,
afinidad química, etc.) y otras varias formas de fuerza que revelan los experimentos
científicos, pero que aún no han sido denominadas o clasificadas. El Plano de la Energía
B comprende siete subdivisiones de las más elevadas modalidades de energía, que aún
no ha descubierto la ciencia, pero que han sido llamadas "Las Fuerzas Sutiles de la
Naturaleza", cuya manifestación se provoca mediante ciertos fenómenos mentales cuyos
fenómenos son posibles merced a ellas. El Plano de la Energía C comprende siete l|
subdivisiones de energía tan elevadamente organizada que tiene muchas de las
características de la vida, pero no son reconocidas por el hombre en el actual estado de
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desarrollo, siendo utilizables solamente para los seres del Planeta Espiritual. Esa energía
es inconcebible y puede ser considerada casi como "poder divino". Los seres que la
emplean son como dioses, aun comparándolos con el tipo humano más elevado que
conozcamos.
El Gran Plano Mental comprende esas formas de cosas vivientes que conocemos en la
vida ordinaria, así como otras formas no tan bien conocidas, salvo por los ocultistas.
La clasificación de los siete planos mentales menores no es muy satisfactoria sino más
bien arbitraria (salvo que se acompañara por complicadas explicaciones que son ajenas
al propósito de este libro), pero la mencionaremos.
El Plano de la Mente Mineral
El Plano de la Mente Elemental A
El Plano de la Mente Vegetal
El Plano de la Mente Elemental B
El Plano de la Mente Animal
El Plano de la Mente Elemental C
El Plano de la Mente Humana
El Plano de la Mente Mineral comprende los estados o condiciones de las unidades o
entidades, o grupos y combinaciones de las mismas, que animan las formas conocidas
bajo el nombre de minerales, substancias químicas, etc. Estas entidades no deben ser
confundidas con las moléculas, átomos y corpúsculos, siendo estos últimos sólo el
cuerpo material de dichas entidades, así como el cuerpo del hombre no es más que su
forma material y no él mismo. A esas entidades se las puede llamar "almas" en cierto
sentido, y son seres vivientes de escaso grado de desarrollo, vida y mentalidad, apenas
un poco más que las unidades de "energía viviente" que comprenden las subdivisiones
superiores del más elevado plano físico. El hombre corriente no suele atribuir mente,
alma o vida al reino mineral, pero todos los ocultistas reconocen la existencia de la
misma y la ciencia moderna se está encaminando rápidamente hacia este punto de vista.
Las moléculas, átomos y corpúsculos tienen sus "odios y amores", gustos y desagrados,
atracciones y repulsiones, afinidades y desafinidades, etc., y algunos hombres de ciencia
han expresado la opinión de que el deseo y la voluntad, las emociones y sentimientos de
los átomos sólo difieren en grado de los del hombre. No tenemos espacio para discutir el
asunto aquí. Todos los ocultistas saben que es un hecho, y otros se refieren a los
descubrimientos científicos más recientes para que se vea su corroboración. Este plano
tiene las siete subdivisiones habituales.
El plano de la Mente Elemental A comprende el estado o condición y grado de desarrollo
mental y vital de una clase de entidades desconocidas para el hombre corriente, pero
que el ocultista conoce. Son invisibles para los sentidos ordinarios del hombre, pero, no
obstante, existen y desempeñan su papel en el Drama del Universo. Su grado de
inteligencia es intermedio entre las entidades minerales y químicas por una parte y las
entidades del reino animal por la otra. Hay siete subdivisiones en este plano también.
El Plano de la Mente Vegetal y sus siete subdivisiones comprende los estados o
condiciones de las entidades que encierra el mundo vegetal, los fenómenos mentales y
vitales que se conocen corrientemente. Muchas e interesantes obras científicas se han
escrito últimamente sobre la mente y la vida en las plantas. Los vegetales tienen vida,
mente y alma, tanto como los animales, el hombre y el superhombre.
El Plano de la Mente Elemental B y sus siete subdivisiones comprende los estados y
condiciones de una forma de elementales o entidades invisibles, que hacen su obra en el
Universo, cuya mente y vitalidad forma parte de la escala entre el Plano de la Mente
Vegetal y el Plano de la Mente Animal, participando dichas entidades de la naturaleza de
ambos.
El Plano de la Mente Animal y sus siete subdivisiones comprende los estados y
condiciones de las entidades, seres o almas, que animan los cuerpos vivientes de los
animales y que son familiares a todos. No es necesario entrar en detalles concernientes
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a este reino o plano de vida, porque el mundo animal nos es tan familiar como el nuestro
propio.
El Plano de la Mente Elemental C y sus siete subdivisiones comprende las entidades o
seres invisibles, que participan de la naturaleza de la vida animal y humana, en
determinado grado y combinación. Los elementos pertenecientes a este plano y que
están en el grado más elevado del mismo, son semihumanos en inteligencia.
El Plano de la Mente Humana y sus siete subdivisiones comprende las manifestaciones
de la vida y mentalidad que son comunes al hombre en sus varios grados y divisiones.
En este punto debemos indicar el hecho de que el hombre corriente actual ocupa la
cuarta subdivisión del Plano de la Mente Humana, y sólo los más inteligentes han
cruzado los límites de la quinta subdivisión. Millones de años ha empleado la raza para
alcanzar este estadio, y tardará muchos años más en llegar a las subdivisiones sexta y
séptima. Pero debemos recordar que ha habido razas anteriores a la nuestra que han
pasado por esos grados y después más allá de ellos. Nuestra propia raza es la quinta
(con más los rezagados de la cuarta) que huella el Sendero. En ella ha habido unas
cuantas almas avanzadas que han sobrepasado a la masa y han llegado a la sexta y
hasta la séptima subdivisión, y algunos un poco más allá todavía. El hombre de la sexta
subdivisión será el superhombre, y el de la séptima el ultrahombre.
Al considerar los siete planos mentales menores nos hemos referido a los tres planos
elementales en un sentido general. No deseamos entrar en mayores detalles en esta
obra, porque el asunto no pertenece a esta parte de la filosofía y enseñanzas generales.
Pero hemos dicho esto para dar una idea un poco más clara de las relaciones de estos
planos con los que nos son más familiares. Los Planos Elementales guardan la misma
relación en mentalidad y vitalidad con los Planos Mineral, Vegetal, Animal y Humano,
que las teclas negras de un piano con las blancas. Las teclas blancas bastan para
producir música, pero hay ciertas escalas, melodías y armonías en las que las teclas
negras desempeñan su parte, siendo necesaria su presencia. Son también necesarias
como eslabones de unión en las condiciones anímicas, o estados de ser diversos, entre
los demás planos, alcanzándose así ciertas formas de desenvolvimiento. Y este hecho
dará al lector que pueda leer entre líneas, una luz nueva sobre el proceso de la
evolución, una nueva clave para la secreta puerta de la vida que se oculta entre reino y
reino. Todos los ocultistas conocen perfectamente esos grandes reinos de Elementales,
y las obras esotéricas están llenas de alusiones a los mismos.
Los que hayan leído Zanoni, de Bulwer Lytton, y otras leyendas similares, reconocerán a
esas entidades pertenecientes a los mencionados planos de la vida.
Pasando del Gran Plano Mental al Gran Plano Espiritual, ¿qué es lo que podríamos
decir?, ¿cómo podríamos explicar esos elevados estados del ser, de la vida y de la
mentalidad a mentes que son todavía incapaces de comprender las subdivisiones más
elevadas del Plano de la Mente Humana? Esa tarea es imposible. Sólo podemos hablar
en los términos más generales. ¿Cómo podría describirse la luz a un hombre que haya
nacido ciego?, ¿Cómo explicar el azúcar a quien nunca ha probado algo dulce?, ¿Cómo
hablar de armonía a un sordo?
Todo lo que podemos decir es que los siete planos menores del Gran Plano Espiritual
(cada uno de los cuales tiene las usuales siete subdivisiones), comprenden seres tan
superiores al hombre actual como este último es superior al gusano o quizás a formas
aun inferiores. La vida de esos seres trasciende tanto a la nuestra que ni siquiera
podemos pensar en los detalles de las mismas. Su mente es tan elevada que, por ellos,
nosotros apenas si pensamos, y nuestros procesos mentales les parecen puros procesos
materiales. La materia que forma sus cuerpos es del plano más elevado, y algunos se
dice que están envueltos por pura energía. ¿Qué es lo que podría decirse sobre tales
seres?
En los siete planos menores del Gran Plano Espiritual existen seres de quienes
hablamos como Ángeles, Arcángeles, o semidioses. En los planos menores inferiores
viven aquellos a quienes damos el nombre de Maestros y Adeptos. Sobre ellos están las
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grandes jerarquías de huestes angélicas, inconcebibles para el hombre, y sobre ellas
están los que sin irreverencia alguna podrían llamarse dioses, pues su grado de
elevación en la escala es tan alto, tan grande su poder e inteligencia, que sobrepasan
todas las concepciones que el hombre se ha formado sobre la Deidad. Esos hombres
están más allá de todo cuanto se pueda imaginar, siendo la palabra "Divino" la única que
se les podría aplicar. Muchos de esos seres, incluso las huestes angélicas, tienen sumo
interés por las cosas del Universo y desempeñan un papel importantísimo en sus
procesos. Esas invisibles divinidades y auxiliares angélicas ejercen su influencia
libremente y poderosamente en la obra de la evolución y del progreso económico. Su
intervención ocasional y auxilio directo en los asuntos humanos han dado origen a
muchas leyendas, creencias, religiones y tradiciones de las razas pasadas y actuales.
Han superimpuesto su conocimiento y poder sobre el mundo una y otra vez, todo bajo la
Ley del TODO, por supuesto.
Pero sin embargo, aun esos elevadísimos seres existen meramente como creaciones de
la mente del TODO y están sujetos a procesos cósmicos y a las leyes universales. Son
todavía mortales. Podemos llamarlos "dioses" si nos agrada, pero no son más que
nuestros hermanos mayores: las almas avanzadas que han sobrepasado a sus
compañeros y que han renunciado temporalmente al éxtasis de la absorción en el
TODO, para poder ayudar a la raza en su ascendente jornada en el Sendero. Pero
pertenecen al Universo y están sujetos a sus condiciones; son mortales y su plano es
inferior al del Espíritu
Absoluto.
Sólo los herméticos más avanzados son capaces de comprender las enseñanzas
secretas concernientes al estado de existencia y a los poderes manifestados en los
planos espirituales. El fenómeno es tan superior al que se produce en los Planos
Mentales que cualquier intento de descripción sólo serviría para producir una gran
confusión de ideas. Únicamente aquellos cuya mentalidad ha sido cuidadosamente
educada en la Filosofía Hermética durante años enteros, y los que han traído consigo, de
encarnaciones anteriores, el conocimiento adquirido previamente, pueden comprender
adecuadamente lo que significan las enseñanzas referentes a los planos espirituales. Y
muchas de ellas las guardan celosamente los herméticos por considerarlas demasiado
sagradas, importantes y hasta peligrosas, como para divulgarlas públicamente. El
estudiante inteligente comprenderá lo que esto significa si dijéramos que el significado de
la palabra "Espíritu", tal como la usan los herméticos, es sinónimo de "poder viviente", de
fuerza animada, de esencia interna o vital, etc., significación que no debe confundirse
con la que generalmente se atribuye al término en cuestión: "religioso, eclesiástico,
espiritual, etéreo, santo, etc.". El ocultista emplea la palabra Espíritu en el sentido de
"principio animador", lo que lleva consigo la idea de poder, de energía viviente, de fuerza
mística, etc. El ocultismo sabe muy bien que lo que él conoce como poder espiritual
puede ser empleado con fines buenos o malos (de acuerdo con el principio de polaridad),
hecho que ha sido reconocido por la mayoría de las religiones en sus concepciones de
Satanás, Belzebú, el Diablo, Lucifer, Ángeles caídos, etc. Y por esta razón el
conocimiento referente a esos planos ha sido mantenido en el secreto, en el Santuario
de los Santuarios de todas las fraternidades esotéricas y órdenes ocultas. Ha sido
guardado en la más secreta cámara del Templo. Pero, y esto sí podemos decirlo, los que
han alcanzado grandes poderes espirituales y los han empleado mal se han creado un
Destino terrible, y la oscilación del péndulo del Ritmo inevitablemente los llevará al otro
extremo de la existencia material, desde cuyo punto tendrán que volver nuevamente a
hacer el mismo camino a lo largo de las múltiples espirales del Sendero, pero siempre
tendrán como castigo el recuerdo vibrante de las cumbres donde cayeron debido a su
mal obrar. Las leyendas sobre los ángeles caídos tienen una base real, como saben
todos los ocultistas. La lucha interesada por el poder en los planos espirituales
inevitablemente produce que el alma egoísta pierda su equilibrio espiritual y caiga tan
abajo como había ascendido. Pero, aun a estas almas, se les presenta la oportunidad de
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volver sobre sus pasos, y hacen la jornada de vuelta pagando la tremenda penalidad, de
acuerdo con la invariable Ley.
Para concluir, recordaremos que, de acuerdo con el Principio de Correspondencia que
encierra la verdad de que "como arriba es abajo, como abajo es arriba", todos los siete
principios herméticos están en plena operación en los diversos planos, físico, mental y
espiritual. El Principio de la Substancia Mental se aplica, por supuesto, a todos los
planos, porque todos están en la mente del TODO.
El Principio de Correspondencia se manifiesta en todos, porque existe analogía, acuerdo,
correspondencia y concordancia entre los varios planos. El Principio de Vibración se
manifiesta también en todos los planos, pues las diferenciales que los dividen son
consecuencia de la vibración, como ya hemos explicado. El Principio de Polaridad se
manifiesta en cada plano, siendo los extremos o polos aparentemente opuestos y
contradictorios. El Principio del Ritmo se manifiesta en cada plano, con su flujo y reflujo,
ascenso y descenso, ingreso y egreso. El Principio de Causa y Efecto se manifiesta en
cada plano, teniendo todo efecto su causa y toda causa su efecto. El Principio de Género
se manifiesta en cada plano, estando siempre expresada la energía creadora y operando
mediante los aspectos masculino y femenino.
"Como arriba es abajo, como abajo es arriba". Los milenarios axiomas herméticos
encierran los grandes principios de los fenómenos Universales. Conforme vayamos
considerando los restantes principios, veremos cada vez más clara la verdad de la
naturaleza Universal de este gran Principio de Correspondencia.
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CAPÍTULO IX
VIBRACIÓN
"Nada reposa; todo se mueve; todo vibra".
EL KYBALION
El tercer Gran Principio Hermético —el Principio de la Vibración— encierra la verdad de
que el movimiento se manifiesta en todo el Universo. Nada está en reposo, todo se
mueve, vibra y circula. Este principio hermético fue reconocido por algunos de los
primitivos filósofos griegos, quienes lo expusieron en sus sistemas. Pero después,
durante siglos enteros, quedó olvidado, salvo por los perseguidores de las doctrinas
herméticas. En el siglo XIX la ciencia física ha redescubierto esa verdad, y los
descubrimientos científicos del siglo XX han aportado su testimonio en corroboración de
esa verdad sostenida por la antiquísima Filosofía Hermética.
La doctrina hermética no afirma solamente que todo está en movimiento constante, sino
que las diferencias entre las diversas manifestaciones del poder universal se deben por
completo al diferente modo e intensidad vibratoria. Y no sólo esto, sino que aun el TODO
mismo manifiesta una vibración constante de tal infinita intensidad y rapidez, que
prácticamente puede considerarse como si estuviera en reposo. Los instructores llaman
la atención del estudiante sobre el hecho de que aun en el plano físico un objeto que gire
rápidamente, como una rueda, por ejemplo, parece estar inmóvil. El espíritu es uno de
los polos de la vibración, constituyendo el otro polo formas de materia extremadamente
densas. Entre ambos polos hay millones y millones de diferentes intensidades y modos
de vibración.
La ciencia moderna ha comprobado que todo lo que llamamos materia y energía no es
más que "modos" de movimiento vibratorio, y algunos de los más avanzados hombres de
ciencia se están encaminando rápidamente hacia el punto de vista que los ocultistas
tienen sobre los fenómenos de la mente: simples modos de vibración o movimiento.
Veamos ahora lo que la ciencia tiene que decir sobre las vibraciones en la materia y en
la energía.
En primer lugar, la ciencia dice que toda materia manifiesta, en algún grado, la vibración
producida por la temperatura o el calor. Esté un objeto frío o caliente (pues ambos no
son más que grados de la misma cosa), manifiesta ciertas vibraciones calóricas, y en ese
sentido está en vibración. Todas las partículas de materia están siguiendo un movimiento
circular, lo mismo los corpúsculos que los astros. Los planetas giran en torno de un sol, y
muchos de ellos giran también sobre sus propios ejes. Los soles, a su vez, giran en torno
de puntos centrales mayores, y se cree que estos giran también alrededor de otros
todavía más grandes, y así sucesivamente, ad infinitum Las moléculas de que se
compone cualquier clase de materia están en constante vibración, moviéndose unas en
torno de otras, y también unas contra otras. Las moléculas están compuestas por
átomos, los que, como aquellas, también están en constante movimiento y vibración. Los
átomos están compuestos por corpúsculos, llamados también "electrones", "iones", etc.,
los que a su vez están en un estado de rapidísima moción, girando unos en tomo de
otros, con diversas modalidades vibratorias. Y de esta manera toda materia manifiesta
vibración, de acuerdo con el principio hermético correspondiente.
Y así sucede también con las diversas formas de energía. La ciencia dice que la luz, el
calor, el magnetismo y la electricidad no son más que formas de movimiento vibratorio
relacionado de alguna manera con el éter, o probablemente emanado de él. La ciencia
no ha tratado aún de explicar la naturaleza del fenómeno conocido como cohesión, que
es el principio de la atracción molecular, ni de la afinidad química, que es el principio de
la atracción atómica; ni de la gravitación (el mayor misterio de los tres), que es el
principio de atracción por el cual toda partícula o masa de materia se siente atraída hacia
toda otra partícula o masa. Estas tres modalidades de la energía no las comprende aún
la ciencia, si bien los estudiosos se inclinan a pensar que son también manifestaciones
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de alguna forma de energía vibratoria, cosa que los herméticos han enseñado durante
largas edades en el pasado.
El éter universal, cuya existencia postula la ciencia sin comprender claramente su
naturaleza, ya había sido explicado por los herméticos, quienes aseguraban que era una
manifestación superior de lo que erróneamente se llamaba materia; es decir, que el éter
era materia en un grado de vibración superior. El nombre que le daban era el de
Substancia Etérea, y decían que esta substancia era de tenuidad y elasticidad extremas,
llenando el espacio universal, sirviendo como médium de transmisión para las ondas de
energía vibratoria como el calor, la luz, la electricidad, el magnetismo, etc. La substancia
etérea es el eslabón de unión entre la modalidad de energía vibratoria que conocemos
como materia, por un lado, y la que conocemos como energía o fuerza, por el otro,
manifestando además un grado de vibración, en intensidad y modo, completamente
propio.
Los hombres de ciencia proponen como ilustración para ver los efectos del aumento de
vibración una rueda girando con gran rapidez. Supongamos primeramente que la rueda
gira lentamente. Entonces diríamos que es un "objeto". Si el objeto gira lentamente lo
podremos ver fácilmente, pero no sentimos el menor sonido. Aumentándose
gradualmente la velocidad, en pocos momentos se hace esta tan rápida que comienza a
oírse una nota muy baja y grave. Conforme sigue aumentando la velocidad, la nota se va
elevando en la escala musical, y así se van distinguiendo unas tras otras las diversas
notas conforme aumenta la velocidad de rotación. Finalmente, cuando el movimiento ha
llegado a cierto límite se llega a la última nota perceptible por el oído humano, y si la
velocidad aumenta aún, sigue el mayor silencio. Nada se oye ya, pues la intensidad del
movimiento es tan alta que el oído humano no puede registrar sus vibraciones. Entonces
comienzan a percibirse poco a poco sucesivos grados de color. Después de un tiempo,
el ojo empieza a percibir un oscuro color rojo. Este rojo va haciéndose cada vez más
brillante. Si la velocidad sigue aumentando, el rojo se convertirá en anaranjado, el
anaranjado en amarillo. Después seguirán sucesivamente matices verdes, azules y añil,
y finalmente aparecerá el matiz violeta. La velocidad se acrecienta más aún: entonces
desaparece todo color, porque el ojo humano ya no puede registrarlos. Pero ciertas
radiaciones humanas manan del objeto en revolución: los rayos que se usan en la
fotografía y otras radiaciones sutiles de la luz. Después comienzan a manifestarse los
rayos conocidos bajo el nombre de X, y más tarde empiezan a emanarse electricidad y
magnetismo.
Cuando el objeto ha alcanzado cierto grado de vibración, sus moléculas se desintegran,
resolviéndose en sus elementos originales o átomos. Después de los átomos, según el
principio de vibración, se separarían en innumerables corpúsculos o electrones, de los
que están compuestos. Y, finalmente, hasta los corpúsculos desaparecerían y podría
decirse que el objeto estaría compuesto por substancia etérea. La ciencia no se atreve a
llevar la ilustración más allá, pero los herméticos dicen que si las vibraciones continuaran
aumentando, el objeto pasaría sucesivamente por estados de manifestación superiores,
llegando al plano mental y después al espiritual, hasta ser por último absorbido en el
TODO que es el Espíritu Absoluto. El "objeto", sin embargo, habría dejado de ser tal
mucho antes de llegar a la substancia etérea, pero de todas maneras, la ilustración es
correcta en cuanto demuestra los efectos del aumento continuo de la intensidad
vibratoria. Debe recordarse que en la ilustración anterior, con el llegar a los estados en
que el objeto irradia color, luz, etc., no se ha resuelto aún la cuestión en esas formas de
energía (que están en un grado mucho más elevado), sino que simplemente llega a un
grado de vibración en el que esas energías se liberan hasta cierto punto de las
limitadoras influencias de las moléculas, átomos y corpúsculos. En la escala, esas
energías, si bien son muy superiores a la materia, están aprisionadas y confinadas en las
combinaciones materiales, en razón de las fuerzas que se manifiestan a través de ellas;
empleando formas materiales, se confinan en sus creaciones corpóreas, lo que, hasta
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cierto punto, es cierto en toda creación, quedando la fuerza creadora envuelta en su
propia creación.
Pero la doctrina hermética va mucho más allá que la ciencia moderna, y afirma que toda
manifestación de pensamiento, emoción, razón, voluntad, deseo o cualquier otro estado
mental, va acompañada por vibraciones, parte de las cuales se emanan al exterior y
tienden a afectar las mentes de los demás por "inducción". Esta es la causa de la
telepatía, de la influencia mental y de otros efectos del poder de una mente sobre otra, lo
que ya va siendo del dominio público, debido a la gran cantidad de obras de ocultismo
que están publicando discípulos e instructores, sobre estas materias.
Cada pensamiento, emoción o estado mental tiene su correspondiente intensidad y
modalidad vibratoria. Y, mediante un esfuerzo de la voluntad de la persona o de otras,
esos estados mentales pueden ser reproducidos, así como una nota musical puede ser
reproducida haciendo vibrar las cuerdas de un instrumento con la velocidad requerida, o
como se puede reproducir un color cualquiera. Conociendo el Principio de Vibración y
aplicándolo a los fenómenos mentales, uno puede polarizar su mente en el grado que
quiera, obteniendo así un perfecto dominio y contralor sobre sus estados mentales. De la
misma manera, podrá afectar las mentes de los demás, produciendo en ellos los
requeridos estados mentales. En una palabra, podrá producir en el Plano Mental lo que
la ciencia produce en el físico, o sea, las vibraciones a voluntad. Este poder, por
supuesto, puede adquirirse únicamente mediante las instrucciones, ejercicios y prácticas
apropiadas, siendo la ciencia que las enseña, la de la "transmutación mental", una de las
ramas de la Filosofía Hermética.
Un poco de reflexión sobre lo que hemos dicho mostrará que el Principio de Vibración
está oculto tras todos los maravillosos fenómenos de los poderes manifestados por los
Maestros y Adeptos. Ellos, aparentemente, pueden eludir las leyes de la Naturaleza,
pero realmente, lo que hacen no es sino emplear una ley contra otra, un principio contra
otros. Los resultados se producen, al modificar las vibraciones de las cosas materiales o
de las energías, realizando así lo que comúnmente llamamos milagros.
Como dijo una de las más antiguas autoridades herméticas: "Aquel que ha comprendido
el Principio de Vibración, ha alcanzado el cetro del Poder".
Capítulo X
POLARIDAD
"Todo es dual; todo tiene polos: todo su par de opuestos, los semejantes y desemejantes
son los mismos; los opuestos son idénticos en naturaleza, difiriendo sólo en grado; los
extremos se tocan; todas las verdades, son semiverdades todas las paradojas pueden
reconciliarse".
EL KYBALION
El Cuarto Gran Principio Hermético —el Principio de Polaridad— encierra la verdad de
que todas las cosas manifestadas tienen dos lados, dos aspectos, dos polos; un par de
opuestos con innumerables grados entre ambos extremos. Las antiguas paradojas, que
siempre han confundido la mente de los hombres, quedan explicadas si se comprende
este principio. El hombre siempre ha reconocido algo semejante a este principio y ha
tratado de expresarlo con dichos, máximas o aforismos como los siguientes: 'Todo es y
no es al mismo tiempo"; "todas las verdades no son más que semiverdades"; "toda
verdad es medio falsa"; "todas las cosas tienen dos lados"; "siempre hay un reverso para
cada anverso", etcétera.
Las enseñanzas herméticas opinan sobre la diferencia que existe entre cosas
aparentemente opuestas diametralmente, que es sólo cuestión de grado. Y afirma que
todo par de opuestos puede conciliarse y que la tesis y la antítesis son Idénticas en
naturaleza, difiriendo sólo en grado. La conciliación universal de los opuestos se efectúa
reconociendo este Principio de Polaridad. Ejemplos de este principio pueden encontrarse
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en todas partes, después de un examen de la naturaleza real de las cosas. El espíritu y
la materia no son más que polos de las mismas cosas, siendo los planos intermediarios
cuestión de grados vibratorios meramente. El TODO y los muchos son los mismos,
residiendo la diferencia solamente en el grado de manifestación mental. De manera,
pues, que la LEY y las leyes son los dos polos de una sola y misma cosa. E igual sucede
con el PRINCIPIO y los principios, con la MENTE Infinita y la mente finita.
Si pasamos al plano físico encontramos que el Calor y el Frío son de naturaleza idéntica,
siendo la diferencia simple cuestión de grados. El termómetro indica los grados de
temperatura, siendo el polo inferior el llamado "frío" y el superior "calor". Entre ambos
hay muchos grados de calor y frío, pues cualquier nombre que se les dé es correcto. De
dos grados, el superior es siempre más caliente en comparación con el inferior, que es
más frío. No hay absolutamente un tipo fijo: todo es cuestión de grado. No hay ningún
sitio en el termómetro en el que cese el calor y comience el frío absolutamente. Todo se
reduce a vibraciones más o menos elevadas o bajas. Las mismas palabras "elevado" y
"bajo" que nos vemos obligados a usar, no son más que polos de la misma cosa: los
términos son relativos. Así sucede igualmente con el "Este" y el "Oeste". Si viajamos
alrededor del mundo en dirección al oriente, llegaremos a un punto que se llama
occidente, considerándolo desde el punto de partida. Marchemos suficientemente lejos
hacia el Norte y pronto nos encontraremos viajando hacia el Sur y viceversa.
La luz y la oscuridad son polos de la misma cosa, con muchos grados entre ambos. La
escala musical es la misma. Partiendo del si, en adelante llegaremos a encontrar otro si y
así sucesivamente, siendo las diferencias entre los extremos también cuestión de grado.
En la escala del color sucede otro tanto, siendo la intensidad vibratoria la única diferencia
que existe entre el rojo y el violeta. Lo grande y lo pequeño son cosas relativas.
Igualmente lo es el ruido y la quietud, lo duro y lo blando, lo afilado y lo romo. Positivo y
negativo son los dos polos de una misma cosa, con innumerables gradaciones entre
ambos.
Bueno y malo no son cosas absolutas; a un extremo lo llamamos bueno y al otro malo, o
Bien al uno y Mal al otro, de acuerdo con el sentido que queramos darle. Una cosa es
menos buena que la que le es superior en la escala, pero esa cosa menos buena, a su
vez, es mejor comparada con la que tenga el más o el menos regido por la posición que
tenga en la escala.
Igual cosa sucede en el plano mental. El amor y el odio son considerados como
diametralmente opuestos, completamente diferentes e irreconciliables. Pero si aplicamos
el principio de Polaridad, encontraremos que no existe un amor absoluto o un odio
absoluto, diferentes uno de otro. Los dos no son más que términos aplicados a los dos
polos de la misma cosa. Empezando en cualquier punto de la escala, encontramos "más
amor" o "menos odio", si ascendemos por ella, o "menos amor" si por ella descendemos,
y esto es cierto, sin importar nada el punto, alto y bajo, que tomemos como partida. Hay
muchos grados de amor y de odio, y existe también un punto medio donde el agrado y el
desagrado se mezclan en tal forma que es imposible distinguirlos. El valor y el miedo
quedan también bajo la misma regla. Los pares de opuestos existen por doquier. Donde
encontremos una cosa, encontraremos también su opuesta: los dos polos.
Este hecho es el que permite al hermético transmutar un estado mental en otro,
siguiendo las líneas de polarización. Las cosas de diferente clase no pueden
transmutarse unas en otras, pero sí las de igual clase. Así, pues, el Amor no podrá
convertirse en Este u Oeste, o Rojo o Violeta, pero puede tornarse en Odio. e igualmente
el Odio puede tornarse en Amor, cambiando su polaridad. El valor puede transmutarse
en miedo y viceversa. Las cosas duras pueden tornarse blandas, las calientes, frías, y
así sucesivamente, efectuándose siempre la transmutación entre cosas de la misma
clase, pero de grado diferente. Tratándose de un hombre cobarde, si se elevan sus
vibraciones mentales a lo largo de la línea Miedo-Valor, se llenará de valentía y
desprecio por el peligro. E igualmente el perezoso puede hacerse activo y enérgico,
polarizándose simplemente a lo largo de las líneas de la deseada cualidad.
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Los discípulos familiarizados con los procedimientos mediante los cuales las diversas
escuelas de ciencia mental producen cambios en los estados mentales de sus
seguidores, quizás no comprendan fácilmente cuál es el principio que se oculta tras esos
cambios. Pero, no obstante, una vez que se ha entendido el Principio de Polaridad, se ve
inmediatamente que esos cambios mentales son ocasionados por un cambio de
polaridad, por un deslizamiento a lo largo de la misma escala. Este cambio no es de la
naturaleza de transmutar una cosa en otra completamente diferente, sino que se reduce
a un simple cambio de grado de la misma cosa, lo que es una diferencia importantísima.
Por ejemplo, y sacando un ejemplo del Mundo Físico, es imposible cambiar el calor en
agudeza o filosidad, pesadez, elevación, etc., pero puede ser fácilmente transmutado en
frío, con sólo amortiguar la vibración. De la misma manera, el odio y el amor son
recíprocamente transmutables, así como el miedo y el valor. Pero el Miedo no puede
transformarse en Amor, ni el Valor en Odio. Los estados mentales pertenecen a
innumerables clases, cada una de las cuales tiene sus polos opuestos, a lo largo de los
cuales es posible la transmutación.
Se comprenderá fácilmente que, tanto en los estados mentales como en los fenómenos
del plano físico, los dos polos pueden ser clasificados como positivo y negativo,
respectivamente. Así, pues, el amor es positivo respecto del odio; el valor respecto del
miedo; la actividad respecto de la inercia, etc. Y también se notará, aun desconociendo
el principio de vibración, que el polo positivo parece ser de grado superior que el
negativo, pudiendo aquel dominar fácilmente a este. La tendencia de la Naturaleza es en
dirección a la actividad dominante del polo positivo.
Además del cambio de los polos de los propios estados mentales mediante la aplicación
del arte de la polarización, el fenómeno de la influencia mental, en sus múltiples fases,
demuestra que el principio puede extenderse hasta abarcar los fenómenos de la
influencia de una mente sobre otra, de lo que tanto ha sido escrito en los últimos años.
Cuando se comprende que la inducción mental es posible, esto es, que los estados
mentales pueden producirse por inducción de los demás, entonces se verá cómo puede
comunicarse a otra cierta clase de vibración o polaridad, cambiándose así la polarización
de la mente entera. La mayoría de los resultados obtenidos mediante los "tratamientos
mentales" se obtienen según ese principio. Por ejemplo, una persona está triste,
melancólica y temerosa. Un científico de la mente eleva su propia mentalidad al deseado
grado de vibración, mediante su voluntad previamente ejercitada, y de esta manera
obtiene la polarización requerida en su propia mentalidad. Entonces, por inducción,
produce un estado mental análogo en el otro, siendo el resultado que las vibraciones de
este se intensifican y el paciente se polariza hacia el polo positivo de la escala, en vez de
polarizarse hacia el negativo, y sus temores, melancolía, etc., se transforman en valor,
contento y parecidos estados internos. Un poco de meditación sobre el asunto
demostrará que esos cambios mentales se efectúan casi todos a lo largo de las líneas de
polarización, siendo el cambio más bien cuestión de grado que de clase.
El conocimiento de este gran principio hermético permitirá comprender mejor los propios
estados mentales, así como los de los demás. Y se verá que esos estados son
puramente cuestión de grados, y al comprobar el hecho podrá elevar las vibraciones
interiores a voluntad, cambiando su polaridad, haciéndose dueño de sus pensamientos,
en vez de ser su esclavo y servidor. Este conocimiento le permitirá además ayudar a
otros inteligentemente, cambiando, mediante los métodos apropiados, su polaridad. Es
muy conveniente familiarizarse con este principio, porque su comprensión correcta
arrojará muchísima luz sobre problemas difíciles y oscuros.
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CAPÍTULO XI
RITMO
"Todo fluye y refluye, todo asciende y desciende; la oscilación pendular se manifiesta en
todas las cosas; la medida del movimiento hacia la derecha es la misma que el de la
oscilación a la izquierda; el Ritmo es la compensación".
EL KYBALION
El Quinto Gran Principio Hermético —el Principio del Ritmo— encierra la verdad de que
en todo se manifiesta una oscilación medida, movimiento de ida y vuelta, un flujo y
reflujo, un movimiento semejante al del péndulo, una marea con su sube y baja,
manifestándose siempre entre los dos polos los planos físico, mental y espiritual. El
principio del Ritmo está estrechamente relacionado con el principio de polaridad,
descripto en el capítulo anterior. El ritmo se manifiesta entre los dos polos establecidos
por el principio de polaridad. Esto no significa, sin embargo, que la oscilación rítmica
vaya hasta los extremos de cada polo, pues esto sucede rarísimas veces. En realidad, es
muy difícil establecer los opuestos polares extremos, en la mayoría de los casos. Pero la
oscilación es siempre "hacia" un polo primero; y después "hacia" el otro.
Siempre hay una acción y una reacción, un avance y un retroceso, una elevación y una
caída, manifestándose en todas las cosas y fenómenos del universo. Moles, mundos,
hombres, animales, vegetales, minerales, energías, fuerzas, mente y materia, y hasta el
mismo espíritu manifiestan este principio. El principio se manifiesta en la creación y
destrucción de los mundos, en la elevación y caída de las naciones, en la historia de la
vida de todas las cosas, y, finalmente, en los estados mentales del hombre.
Empezando por las manifestaciones del Espíritu—el TODO—se verá que siempre hay
una Emanación, seguida de Absorción, "la respiración y la aspiración de Brahma", según
dicen los brahmines. Los universos se crean, alcanzan el punto más bajo de materialidad
y entonces comienzan la oscilación de vuelta. Los soles nacen, alcanzan la cumbre de
su poder, empieza el progreso de su retrogresión y después de eones sin cuento se
convierten en muertas masas de materia, esperando otro impulso que imparta en ellos
nuevas energías internas y que los lleve a un nuevo ciclo de vida solar. Y así sucede con
todos los mundos: nacen, crecen y mueren, sólo para renacer de nuevo. E igualmente
sucede con todas las cosas de cuerpo o forma: oscilan de la acción a la reacción, del
nacimiento a la muerte, de la actividad a la inactividad, y de nuevo comienza el ciclo. Lo
mismo pasa con todos los grandes movimientos filosóficos, credos de cualquier clase,
gobiernos, naciones, etc.: nacen, crecen, llegan a su madurez, decaen, mueren, sólo
para renacer de nuevo. La oscilación pendular es evidente por doquiera.
La noche sigue al día y el día a la noche. El péndulo oscila del verano al invierno y de
este a aquel. Los corpúsculos, átomos y moléculas y todas las masas de materia, oscilan
en torno del círculo que corresponde a su naturaleza. No hay tal reposo absoluto o
cesación de movimiento. Todo movimiento participa del Ritmo. Este principio es de
aplicación universal. Puede ser aplicado a cualquier cuestión o fenómeno de las muchas
fases de la vida. Puede aplicarse a todas las fases de la humana actividad. Siempre
existe la oscilación rítmica de un polo a otro. El Péndulo Universal está siempre en
movimiento. Las mareas de la vida fluyen y refluyen de acuerdo con la Ley.
La ciencia moderna reconoce el principio del Ritmo, y lo considera de aplicación
universal en cuanto se refiere a las cosas materiales. Pero los herméticos llevan el
principio mucho más allá y saben que sus manifestaciones se extienden a las actividades
mentales del hombre, y que él sólo explica la gran sucesión de sus modalidades,
sentimientos y otros cambios contundentes que notamos en nosotros mismos. Pero los
herméticos, al estudiar la operación de este principio, han descubierto el modo de
sustraerse a las actividades mediante la Transmutación.
Los Maestros Herméticos descubrieron que en tanto el principio del Ritmo era invariable
y evidente en todos los fenómenos mentales, había dos planos de manifestación en lo
que a los fenómenos mentales concernía. Descubrieron que había dos planos generales
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de conciencia, el Inferior y el Superior, y este descubrimiento les permitió elevarse al
plano superior, escapando a la oscilación del péndulo rítmico, que se manifestaba en el
plano inferior. En otras palabras, la oscilación del péndulo se produce en el plano
inconsciente, por lo tanto, la conciencia no queda afectada. A esta ley la llamaron la Ley
de la Neutralización. Su operación consiste en elevar al Ego sobre las vibraciones del
plano inconsciente de la actividad mental, de manera que la oscilación negativa del
péndulo no se manifieste en la conciencia y no quede uno afectado por ella. Es lo mismo
que levantarse por encima de una cosa y dejar que pase esta por debajo de uno. El
instructor o discípulo hermético se polariza a sí mismo en el polo requerido, y por un
procedimiento semejante a "rehusar" el participar en la oscilación retrógrada, o, si se
prefiere, "negando" su influencia sobre él, se mantiene firmemente en su posición
polarizada y permite al péndulo mental oscilar hacia atrás en el plano inconsciente. Todo
hombre que, en mayor o menor grado, ha adquirido cierto dominio de sí mismo, realiza
esto más o menos conscientemente, impidiendo que sus modalidades o estados
mentales negativos lo afecten, mediante la aplicación de la ley de la neutralización. El
maestro, sin embargo, lleva esto hasta un grado muchísimo mayor de eficacia y
proficiencia, y, mediante su voluntad, llega a un grado de equilibrio e inflexibilidad mental
casi imposible de concebir por aquellos que se dejan llevar y traer por el péndulo mental
de sus sentimientos y modalidades.
Todo pensador apreciará debidamente la gran importancia del asunto con sólo
considerar lo esclavos que, en su mayoría, las gentes son de sus propios estados de
ánimo, sentimientos y emociones y el poco dominio de sí mismos que tienen. A poco que
se medite el asunto se comprenderá cuánto nos han afectado en nuestra vida esas
oscilaciones del ritmo; cómo a un período de entusiasmo ha seguido un correspondiente
período de depresión.
Igualmente, tenemos períodos de valor, que son seguidos de períodos de desaliento y
miedo. Y así sucede con todos o con la mayoría por lo menos: mareas de sentimientos y
emociones se elevan y caen, pero nunca sospechan la causa de ese fenómeno. Si se
comprende la operación de este principio, se obtendrá la clave para dominar esas
oscilaciones y uno podrá conocerse a sí mismo mucho mejor, evitando además el
dejarse llevar por esos flujos y reflujos. La voluntad es muy superior a la manifestación
consciente de este principio, por más que el principio mismo nunca puede ser destruido.
Podremos sustraernos a sus efectos, pero, no obstante, el principio obrará. El péndulo
siempre oscila, si bien podemos evitar el ser arrastrados por su oscilación.
Existen, además, otras particularidades en la operación de este Principio del Ritmo, de
las que vamos a hablar ahora. Dentro de su operación entra lo que se conoce como ley
de compensación. Una de las definiciones o significados de la palabra compensación es
"contrabalancear", "equilibrar", y en este sentido se emplea dicho término en la Filosofía
Hermética. A esta ley de compensación se refiere "El Kybalión" cuando dice: "La medida
de la oscilación hacia la derecha es la misma que la de la oscilación a la izquierda; el
Ritmo es la compensación".
La ley de compensación es la que hace que la oscilación en una dirección determine otra
oscilación en sentido contrario, y así se equilibran mutuamente. En el Plano Físico
vemos muchos ejemplos de esta ley. El péndulo de un reloj oscila hasta cierto punto
hacia la derecha y de allí vuelve a oscilar hacia la izquierda otro tanto. Las estaciones se
equilibran unas a otras, de la misma manera. Las mareas obedecen a la misma ley. Y la
misma ley se manifiesta en todos los fenómenos del Ritmo. El péndulo que sólo hace
una oscilación corta hacia la derecha, hace otra oscilación corta hacia la izquierda. Si la
oscilación hacia la derecha es grande, la oscilación hacia la izquierda lo es igualmente.
Un objeto cualquiera arrojado hacia arriba, tiene que recorrer exactamente el mismo
camino de vuelta. La fuerza con que se lanza un proyectil hacia arriba se reproduce
cuando el proyectil vuelve a la tierra. Esta ley es constante en el Plano Físico, como
cualquier referencia a la mejor autoridad científica lo corroborará.
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Pero el hermético la lleva aun más allá. Y afirma que los estados mentales están sujetos
a la misma ley. El hombre capaz de gozar agudamente, es también capaz de sufrir en
igual grado. El que sólo es capaz de escaso dolor, tampoco puede gozar más que
escaso placer. El cerdo sufre mentalmente muy poco; pero, en cambio, tampoco puede
gozar gran cosa: está compensado. Por otra parte, hay animales que gozan
extraordinariamente, pero también su sistema nervioso y temperamento los hacen sufrir
extremos grados de dolor. Igualmente sucede con el hombre. Hay temperamentos que
sólo son capaces de muy poco goce, pero entonces sólo existe, como compensación,
una capacidad para soportar muy poco dolor, en tanto que otros hombres que pueden
gozar intensamente sufren en igual grado. La regla es que la capacidad para el placer y
el dolor en cada individuo está equilibrada. La ley de compensación opera ampliamente
aquí también.
Pero el hermético va más allá aun en esta materia, y afirma que antes de que uno pueda
gozar de cierto grado de placer es necesario que haya oscilado proporcionalmente otro
tanto hacia el otro polo del sentimiento o sensación. El negativo en esta materia precede
al positivo;
es decir que, al experimentar cierto grado de placer, no se seguirá que "haya que
pagarlo" con un correspondiente grado de dolor; por el contrario, el placer es la
oscilación rítmica, de acuerdo con la ley de compensación, originada por un grado de
dolor experimentado previamente, bien en la vida actual o en encarnaciones anteriores.
Y esto arroja una nueva luz sobre el problema del dolor.
Los herméticos consideran la cadena de vidas como continua, como simples partes de
una sola vida del individuo, de suerte que la oscilación rítmica es considerada en esta
forma, mientras que no tendría significado alguno si no se admitiera la doctrina de la
reencarnación.
Pero, además, el hermético sostiene que el maestro o el discípulo avanzado es capaz,
en grado superlativo, de rehuir la oscilación hacia el dolor, realizando el proceso de
neutralización a que aludiéramos anteriormente. Ascendiendo al plano superior del Ego,
se evitan muchas de las experiencias que llegan a los que habitan en planos inferiores.
La ley de compensación desempeña una parte importantísima en las vidas de los
hombres, pues se verá que uno generalmente paga el precio de lo que tiene o le falta. Si
se posee una cosa, falta otra, y así se equilibra la balanza. Nadie puede guardarse su
centavo y tener al mismo tiempo la torta. Todo tiene sus lados agradables y
desagradables. Las cosas que uno obtiene siempre las paga con las que pierde. El rico
posee mucho de lo que al pobre le falta, mientras que el pobre posee cosas que
frecuentemente están fuera del alcance del rico. El millonario que gusta de los festines, y
que tiene la fortuna necesaria para satisfacer sus deseos y asegurarse la satisfacción de
su gula, carece del apetito necesario para gustarlos, y envidia el apetito y la digestión del
obrero a quien le faltan la fortuna y las inclinaciones del millonario, gozando más de su
sencillo alimento que el millonario sin apetito y con el estómago arruinado. Y así sucede
con todo en la vida. La ley de compensación está siempre obrando, equilibrando y
contrabalanceando las cosas continuamente, en la sucesión del tiempo, aunque la
oscilación del ritmo tarde vidas enteras.
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CAPÍTULO XII
CAUSACIÓN
"Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa, todo ocurre de acuerdo con la
ley. Azar no es más que el nombre que se da a una ley desconocida; hay muchos planos
de causación, pero ninguno escapa a la ley".
EL KYBALIÓN
El Sexto Gran Principio Hermético —el Principio de Causa y Efecto— encierra la verdad
de que nada sucede casualmente; que la casualidad es sólo un término que indica la
existencia de una causa no reconocida o percibida; que el fenómeno es continuo, sin
soluciones de continuidad.
El Principio de Causa y Efecto está tras todo pensamiento científico, antiguo o moderno,
y fue enunciado por los Instructores Herméticos de los tiempos primitivos. Y si bien han
surgido muchas discusiones y disputas entre las varias escuelas de pensamiento, esas
disputas han versado especialmente sobre los detalles de la operación del citado
principio, y también sobre el significado de determinadas palabras. El inmanente principio
de Causa y Efecto ha sido aceptado como correcto por todos los pensadores del mundo
que merecen realmente tal calificativo. Pensar de otra manera sería sacar el fenómeno
del universo del dominio de la ley y del orden, relegándolo a ese algo imaginario al que el
hombre ha dado el nombre de casualidad.
Un poco de meditación evidenciará que no existe absolutamente tal casualidad. Webster
define la palabra casualidad diciendo que: "Es un supuesto agente o modo de actividad
diferente de una fuerza, ley o propósito; la operación o actividad de dicho agente; el
efecto supuesto de tal agente; un suceso, una cosa fortuita, una casualidad, etc.". Pero
un poco de meditación demostrará que no puede existir dicho agente casual, en el
sentido de algo externo y fuera de la ley, algo aparte de la causa y del efecto. ¿Cómo
podría existir algo actuando en el universo fenomenal, independiente de las leyes, del
orden y de la continuidad del último? Tal agente sería algo completamente independiente
del tren coordinado del universo y, por consiguiente, sería superior a él. No podemos
imaginar nada fuera del TODO, más allá de la ley, y esto porque el TODO es
precisamente la Ley en sí mismo. No hay sitio en el universo para nada externo o
independiente de la ley. La existencia de algo semejante convertiría a todas las leyes
naturales en inefectivas, y sumergiría al universo todo en el desorden más caótico.
Un examen cuidadoso demostrará que lo que llamamos casualidad es meramente una
expresión concerniente a causas oscuras, causas que no podemos percibir, causas que
no podemos comprender. La palabra causa se deriva de una frase que significa "echar
los dados", siendo la idea encerrada que la caída es meramente una ocurrencia, sin
relación con causa alguna. Y en este sentido suele emplearse la palabra en cuestión.
Pero cuando se examina el asunto detalladamente se verá que no hay tal casualidad
absolutamente en la caída de un dado. Cada vez que cae el dado mostrando cierto
número, obedece a una ley tan infalible como la que gobierna la revolución de los
planetas en torno del Sol. Tras la caída del dado existen causas, o cadenas de causas,
eslabonadas en ininterrumpida sucesión, hasta donde la mente no puede alcanzar. La
posición del dado en el tapete, la suma de energía muscular empleada al arrojarlo, el
estado de la mesa, etc., son otras tantas causas cuyo efecto puede verse. Pero, tras
estas, hay encadenamiento de causas invisibles precedentes, todas las cuales obran
sobre el número que el dado debe mostrar en su cara superior.
Si se arrojan los dados un gran número de veces, se verá que los puntos marcados son
casi iguales, esto es, que habrá igual número de unos, de dos, etc. Arrójese una moneda
al aire, y al caer dará cara o cruz. Pero si se arroja un número de veces suficiente, las
caras y las cruces se igualarán. Todo cae bajo la operación de la Ley de Causa y Efecto,
y si pudiéramos examinar todo el eslabonamiento de causas veríamos claramente que
era sencillamente imposible que el dado cayera en otra forma que en la que cayó, bajo
las mismas circunstancias y al mismo tiempo. Siendo las mismas causas, se produce
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siempre el mismo resultado. Toda ocurrencia tiene su causa y su porqué. Nada ocurre
sin causa, o, mejor dicho, sin una cadena de causas.
Al considerar este principio, muchos se quedan confusos, porque no pueden explicar
cómo una cosa puede ser causa de otra, esto es, ser la primera creadora de la segunda.
En realidad, ninguna cosa puede producir o crear otra. La causa y el efecto residen
meramente en los sucesos. Un suceso o acontecimiento es lo que viene, llega u ocurre
como consecuencia o resultado de un acontecimiento o evento anterior. Ningún
acontecimiento crea otro, sino que no es nada más que el eslabón precedente en la gran
cadena coordenada de sucesos que fluyen de la energía creadora del TODO. Hay una
continuidad de solución entre todos los acontecimientos precedentes, consecuentes y
subsecuentes. Existe siempre una relación entre todo lo que ha pasado y todo lo que
sigue. Una piedra se desprende de la montaña y se aplasta contra el tejado de una
granja situada en el valle vecino. A primera vista parece obra de la casualidad; pero si se
examina la materia se encontrará una gran cadena de causas tras ese acontecimiento.
En primer lugar estaba la lluvia que ablandó la tierra que sostenía a la piedra,
permitiéndole así caer; antes de esa causa estaba la influencia precedente del Sol y de
otras lluvias, las que gradualmente fueron desintegrando la piedra de la roca; antes aún,
estaban las causas que contribuyeron o produjeron la formación de la montana y su
elevación sucesiva por medio de las convulsiones de la Naturaleza, y así ad infinitum
Además podemos revisar las causas de la lluvia, podemos considerar la existencia del
tejado. En una palabra, pronto nos encontraríamos envueltos en un laberinto de causas y
efectos del que pronto tendríamos que luchar para escapamos.
Así como un hombre tiene dos padres y cuatro abuelos y ocho bisabuelos, y dieciséis
tatarabuelos y así sucesivamente, de manera que al cabo de cuarenta generaciones se
calcula el número de antecesores en muchos millones, así también sucede con el
número de causas que subyacen tras el suceso o fenómeno más ínfimo, tal como el
paso de un liviano trocito de carbón llevado por el viento. No es nada fácil seguir la pista
de esa partícula de hollín hasta los primitivos períodos de la historia del mundo, cuando
formaba parte de un macizo tronco que más tarde se convirtió en carbón, y así
sucesivamente, hasta el momento en que pasaba volando ante nosotros en busca de
otras muchas aventuras. Y una poderosísima cadena de acontecimientos, de causas y
efectos, la llevó hasta su actual condición, y este no es más que uno de los tantos
sucesos de la cadena, y que seguirán produciendo más y más eventos durante
centenares y centenares de años a contar desde ahora. Una de las series de
acontecimientos originados por esa partícula de hollín flotante ha sido el escribir estas
líneas, lo que ha obligado a un tipógrafo a realizar cierto trabajo; esto despertará en
vuestras mentes ciertos pensamientos, así como en las de los demás, los que a su vez
afectarán a otros, y así sucesivamente, hasta donde la mente no puede alcanzar, y todo
por el simplísimo vuelito de una partícula de hollín, lo cual muestra la relatividad y
asociación de las cosas y la deducción consiguiente de que nada hay grande ni pequeño
en la mente que todo lo creó.
Meditemos un momento. Si cierto hombre no hubiera encontrado a cierta mujer en la
oscura Edad de Piedra, vosotros, que estáis leyendo estas líneas, no estaríais ahora
aquí. Y si, quizá, la misma pareja no se hubiera encontrado, los que escribimos estas
líneas tampoco estaríamos aquí. Y el mismo hecho de que nosotros, por nuestra parte,
escribamos, y de que vosotros leáis, afectará no solamente nuestras propias vidas, sino
que también tendrá un efecto directo o indirecto sobre muchas otras personas que viven
actualmente o que vivirán en las edades por venir. Todo pensamiento generado en
nuestra mente, todo acto realizado tiene sus resultados directos e indirectos que se
eslabonan coordinadamente en la gran cadena de Causas y Efectos.
No deseamos entrar a discutir, en esta obra, sobre el libre albedrío y el determinismo,
por múltiples razones. Entre otras muchas, la principal es que ningún lado del asunto es
completamente exacto, siendo en realidad ambos parcialmente verdad, de acuerdo con
las enseñanzas herméticas. El Principio de Polaridad demuestra que ambos aspectos
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son semiverdades: los opuestos polos de la Verdad. La verdad es que el hombre puede
ser a la vez libre y limitado por la necesidad, dependiendo todo del significado de los
términos y de la altura de verdad desde la cual se examine el asunto. Los antiguos
escritores expresaban el punto diciendo que: "Cuanto más lejana está la creación del
Centro, tanto más limitada está. Cuanto más próxima está del Centro, tanto más libre
está".
Los hombres en su mayoría, son más o menos esclavos de la herencia, del medio
ambiente, etc., y manifiestan muy poco libre albedrío. Se ven arrastrados por las
opiniones, costumbres y pensamientos del mundo externo, así como también por sus
emociones, sentimientos y modalidades. No manifiestan el menor dominio de sí mismos
que merezca ese nombre. Y con indignación rechazan esa afirmación diciendo: "Yo
puedo obrar ciertamente con plena libertad y hacer lo que se me dé la gana; hago
precisamente lo que quiero hacer". Pero no pueden explicar por qué o de dónde viene el
"necesito" y "me gusta". ¿Qué es lo que les hace "querer" una cosa con preferencia a
otra? ¿Qué es lo que les hace "gustar" una cosa y no otra? ¿No hay ninguna "razón"
para sus "gustos" y "necesidades"? El maestro puede transformar los "agrados" y
"necesidades" en otros en el extremo opuesto de su polo mental. Puede y tiene la
capacidad de "querer querer" en vez de querer porque algún sentimiento, modalidad,
emoción o sugestión del medio ambiente despierte en él una tendencia o deseo de hacer
tal o cual cosa.
La mayoría de los hombres es arrastrada como si fuera una piedra, obedeciendo al
medio ambiente, a las influencias externas y a las modalidades, deseos y emociones
internas, etc., por no hablar de los deseos y voluntades de los demás que son más
fuertes. La herencia, el medio ambiente y las sugestiones los arrastran sin la menor
resistencia por su parte, sin que ejerciten en modo alguno su voluntad. Movidos como las
fichas en el tablero de ajedrez de la vida, desempeñan su parte y se quedan a un lado
después del juego. Pero los Maestros, que conocen las reglas del juego, se elevan por
encima del plano de la vida material, y colocándose en contacto con los poderes
superiores de sus naturalezas dominan sus propias modalidades, caracteres, cualidades
y polaridades, así como el medio ambiente que los rodee, haciéndose en esta forma
directores del juego en vez de meras fichas: Causas en vez de Efectos. Los Maestros no
se libran de la causación en los planos superiores, sino que están bajo el contralor de
esas más elevadas leyes, y haciendo uso de estas se vuelven dueños de las
circunstancias en los planos inferiores. De esta manera forman una parte consciente de
la Ley, en vez de ser sus ciegos instrumentos. Mientras obedecen y sirven en los Planos
Superiores, dominan y son dueños del plano material.
Pero, tanto arriba como abajo, la Ley está siempre en operación. No existe tal casualidad
o azar. La ciega diosa ha sido abolida por la razón. Ahora podemos ver, con ojos
iluminados por el conocimiento, que todo está gobernado por la Ley Universal y que el
infinito número de leyes no es más que manifestaciones de la Única Gran Ley: la LEY
que es el TODO. Es, pues, muy cierto que ni siquiera un gorrión deja de estar presente
en la Mente del TODO, que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados, según
dicen las escrituras. Nada hay fuera de la Ley; nada ocurre en contra de ella. Pero, a
pesar de ello, no se vaya a caer en el error de que el hombre es un autómata ciego, al
contrario. La doctrina hermética dice que el hombre puede emplear la Ley contra las
leyes, que lo superior siempre prevalecerá contra lo inferior, hasta que el hombre haya
alcanzado aquel estado en el que buscará refugio en la LEY misma y podrá evadirse de
todas las leyes fenomenales. ¿Se puede comprender el significado íntimo, interno, de
esto?
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CAPÍTULO XIII
GÉNERO
"El Género está en todo, todo tiene sus principios masculino y femenino; el género se
manifiesta en todos los planes".
EL KYBALION
El Séptimo Gran Principio Hermético —Principio de Género— encierra la verdad de que
el género se manifiesta en todas las cosas, de que los principios masculino y femenino
están siempre presentes y en plena actividad en todos los fenómenos y en cada uno de
los planos de la vida. En este punto es bueno llamar la atención sobre el hecho de que el
Género, en su sentido hermético, y el sexo, en la acepción ordinariamente aceptada del
término, no son lo mismo.
La palabra "género" deriva de la raíz latina que significa "concebir, procrear, generar,
crear, producir". Un momento de consideración sobre el asunto demostrará que esa
palabra tiene un significado mucho más amplio y general que el término "sexo", pues
este se refiere a las distinciones físicas entre los seres machos y hembras. El sexo no es
más que una mera manifestación del Género en cierto plano del Gran Plano Físico: el de
la vida orgánica. Es necesario que esta distinción se imprima en la mente, porque ciertos
escritores que han adquirido algunas nociones de filosofía hermética han tratado de
identificar este séptimo principio con estúpidas y a veces reprensibles teorías y
enseñanzas concernientes al sexo.
El oficio del género es solamente el de crear, producir, generar, etc... y sus
manifestaciones son visibles en todos los planos fenomenales. Es un tanto difícil aportar
pruebas de esto siguiendo las líneas científicas, porque la ciencia no ha reconocido
todavía a este principio como de aplicación universal. Pero, así y todo, van
produciéndose algunas pruebas provenientes de fuentes científicas. En primer lagar,
encontramos una manifestación distinta del Principio de Género entre los corpúsculos,
iones o electrones, que constituyen las bases de la materia como la ciencia lo reconoce
actualmente, y que, al constituir determinadas combinaciones, forman el átomo, que
anteriormente se consideraba como el punto final e indivisible.
La última palabra de la ciencia es que el átomo está compuesto por una multitud de
corpúsculos, electrones o iones (diversos nombres de la misma cosa), que giran unos en
torno de otros y vibran con un elevado grado de intensidad. Pero se postula además que
la formación del átomo se debe realmente a que los corpúsculos negativos se pongan a
girar en torno de uno positivo. Los corpúsculos positivos parecen ejercer cierta influencia
-sobre los negativos, impulsando a estos a constituir ciertas combinaciones que dan
como resultado la "creación" o "generación" de un átomo. Y esto está perfectamente de
acuerdo con las más antiguas enseñanzas herméticas, que han identificado siempre al
principio masculino del género con lo "positivo" y al femenino con lo "negativo" como en
la electricidad, por ejemplo.
Puédese agregar ahora que la mente pública se ha formulado una impresión
completamente errónea sobre las cualidades del llamado "polo negativo" de la materia
electrizada o magnetizada. Los términos positivo y negativo han sido pésimamente
aplicados a este fenómeno.
La palabra "positivo" significa algo real y fuerte en comparación con la irrealidad o
debilidad del "negativo". Pero nada está más lejos de los hechos reales de los
fenómenos eléctricos. El polo negativo de la batería es realmente el polo en y por el cual
se manifiesta la generación o producción de formas y energías nuevas. Nada hay de
"negativo" en él. Los hombres de ciencia de mayor autoridad están empleando
actualmente la palabra "cátodo" en vez de "negativo", derivando cátodo de una raíz
griega que significa "desciende, el recorrido o camino de la generación", etc. Del cátodo
emerge el torbellino de electrones o corpúsculos; del mismo polo surgen esos
maravillosos "rayos" que han revolucionado las concepciones científicas durante la
pasada década. El polo catódico es la madre de todos los extraños fenómenos que han
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convertido en inútiles a los antiguos libros de texto y que han hecho que teorías mucho
tiempo aceptadas hayan sido relegadas al montón de los desechos de las
especulaciones científicas. El cátodo, o polo negativo, es el Principio Madre de los
Fenómenos Eléctricos y de las más sutiles formas de materia que la ciencia conoce
actualmente. De manera, pues, que existen poderosas razones que impulsan a rechazar
el término "negativo", insistiendo en sustituirlo por la palabra "femenino", en vez del
término antiguo. Los hechos nos conducen a esto, sin tener en cuenta para nada la
doctrina hermética, y, por consiguiente, emplearemos la palabra "femenino" en vez de
"negativo" al hablar de dicho polo de actividad.
Las últimas enseñanzas científicas dicen que los corpúsculos o electrones creadores son
femeninos. (La ciencia dice que "están compuestos por electricidad negativa", y nosotros
decimos que están compuestos por energía femenina). Un corpúsculo femenino se
destaca, o mejor dicho, deja a un corpúsculo masculino y comienza una nueva carrera.
Activamente busca una unión con un corpúsculo masculino, animado por el impulso
natural, a crear nuevas formas de materia o energía. Cierto autor va aun más lejos y dice
que "en seguida busca, por su propia voluntad, una unión"... Este desprendimiento y
unificamiento forma la base de la mayor parte de las actividades en el mundo químico.
Cuando un corpúsculo femenino se une a otro masculino, empieza determinado proceso.
Las partículas femeninas vibran más intensamente bajo la influencia de la energía
masculina y giran rápidamente en torno de esta última. El resultado es el nacimiento de
un nuevo átomo. Este nuevo átomo está compuesto realmente por una unión de
electrones masculinos y femeninos, pero cuando la unión se efectúa, el átomo es una
cosa separada, que posee ciertas propiedades, pero que ya no manifiesta más la
propiedad de electricidad en libertad. El proceso del desprendimiento o separación de los
electrones femeninos se llama "ionización". Estos electrones o corpúsculos son los
obreros más activos en el campo de la Naturaleza. De sus uniones o combinaciones
surgen las diversas manifestaciones de la luz, del calor, de la electricidad, del
magnetismo, de la atracción, de la repulsión, de las afinidades químicas y sus contrarios,
así como otros fenómenos de índole similar. Y todo surge de la operación del principio de
género en el plano de la energía.
El papel del principio masculino parece ser el de dirigir a cierta energía inherente hacia el
principio femenino, poniendo así en actividad el proceso creador. El principio femenino
es el único que ejecuta siempre el trabajo activo creador en todos los planos,
absolutamente. Pero, sin embargo, cada principio es incapaz de energía operadora sin la
ayuda del otro. En algunas de las formas de la vida, los dos principios se combinan en un
solo organismo. Por esta razón, todo en el mundo orgánico manifiesta ambos géneros:
siempre está el principio masculino presente en la forma femenina. Las enseñanzas
herméticas comprenden en gran parte la operación de los dos principios del género en la
producción y manifestación de las diversas formas de energía, etc., pero no es necesario
entrar en detalles sobre este punto, pues no es posible endosarlas momentáneamente
con pruebas científicas que aun no existen, debido a que la ciencia no ha progresado
todavía suficientemente. Pero el ejemplo expuesto sobre los fenómenos de los
electrones o corpúsculos demuestra que la ciencia está en el verdadero camino y
también da una idea general sobre los principios subyacentes.
Algunos investigadores científicos han anunciado su creencia de que, en la formación de
los cristales, se encuentra algo que corresponde a una especie de actividad sexual, lo
que es una prueba más de la dirección de donde sopla actualmente el viento sobre el
campo de la ciencia. Y cada año que pasa aportará nuevos hechos que corroborarán la
exactitud del Principio Hermético de Género. Se encontrará que el género está en
operación constante, manifestándose en todo el campo de la materia inorgánica, así
como en el campo de la energía o fuerza. La electricidad se considera actualmente como
"algo" en lo que todas las demás formas de energía se mezclan o disuelven. La Teoría
Eléctrica del Universo es la última doctrina científica emitida, y está adquiriendo
rápidamente gran popularidad y aceptación. Y de esto se deduce que, si hemos podido
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descubrir en el fenómeno de la electricidad, en la misma raíz o fuente de sus
manifestaciones, una evidencia clara e inequívoca de la presencia del género y sus
actividades, se puede afirmar sin miedo que la ciencia llegará, por último, a ofrecer
pruebas de la existencia, en todos los fenómenos del universo, de ese gran principio
hermético: el Principio de Género.
No es necesario perder el tiempo hablando del conocido fenómeno de la "atracción y de
la repulsión" de los átomos, de la afinidad química, de los amores y odios de las
moléculas, de la atracción o cohesión entre las partículas de la materia. Esos hechos son
harto conocidos como para exigir mayores comentarios. Pero ¿se ha pensado alguna
vez en que todas esas cosas no son más que manifestaciones del principio de Género?
¿No se ve claramente que el fenómeno es general, trátese de corpúsculos, moléculas o
electrones? Y todavía más: ¿no es enteramente razonable y lógica la enseñanza
hermética que afirma que la misma ley de la gravitación —esa extraña atracción por la
cual todas las partículas y cuerpos en el universo tienden unos hacia otros— no es sino
otra manera de manifestarse del Principio del Género, que opera en la dirección de
atraer las energías masculinas hacia las femeninas y viceversa? No es posible ofrecer
pruebas científicas por el momento, pero si se examinan los fenómenos a la luz de las
doctrinas herméticas sobre el asunto, se verá que no existe hipótesis alguna mejor que la
actual, que explique los problemas. Sométanse todos los fenómenos físicos a la prueba,
y se verá que el Principio del Género se hace evidente.
Pasemos ahora a considerar la operación de este principio en el plano mental. Muchos
hechos interesantes están esperando nuestro examen.
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CAPÍTULO XIV
GÉNERO MENTAL
Los estudiantes de psicología que han seguido atentamente el tren del pensamiento
moderno en lo que respecta a los fenómenos mentales habrán quedado extrañados de la
rara insistencia de la idea o concepto de la dualidad mental que se ha manifestado tan
fuertemente durante los diez o quince años últimos, y que ha dado origen a gran número
de plausibles teorías concernientes a la naturaleza y constitución de esa "doble mente".
El difunto Thomson J. Hudson alcanzó gran popularidad en 1893, al enunciar su
conocida teoría sobre las "mentes objetiva y subjetiva" que, según sostenía, existían en
cada individuo. Otros autores han llamado igualmente la atención con sus teorías
referentes a las mentes "consciente y subconsciente", mentes voluntaria e involuntaria,
mentes activa y pasiva, etc. Esas teorías podrán diferir según cada autor, pero siempre
queda el principio básico que es el de la dualidad mental.
El estudiante de la Filosofía Hermética se siente tentado por la sonrisa cuando lee y oye
hablar de esas numerosas teorías nuevas, respecto de la dualidad de la mente,
adhiriéndose cada escuela tenazmente a su propia doctrina, proclamando cada una con
empeño que ha sido ella la que ha descubierto la verdad. El estudiante que hojee el libro
de la historia oculta encontrará en su mismo principio referencias a las antiguas
enseñanzas herméticas sobre el principio del género. Y si prosigue su examen,
encontrará que esa antigua filosofía conoció el fenómeno de la dualidad mental y la
explicó mediante la teoría del género en la mente. Este concepto del género mental
puede ser explicado en pocas palabras a los estudiantes que ya se han familiarizado con
las teorías modernas que aluden al mismo. El principio masculino de la mente
corresponde a la llamada mente objetiva, mente consciente, mente voluntaria o activa,
etc., en tanto que el principio femenino corresponde a la llamada mente subjetiva,
subconsciente, involuntaria, pasiva, etc. Por supuesto, la enseñanza hermética no
concuerda con las muchas teorías modernas concernientes a las dos fases de la mente,
ni admite muchos de los hechos proclamados por esas escuelas en apoyo de ese doble
aspecto. Si indicamos la base de la concordancia es para facilitar al estudiante la
asimilación de los conocimientos adquiridos con anterioridad sobre la Filosofía
Hermética. Los estudiantes de Hudson conocerán la proposición que se hace, en el
principio del segundo capítulo de su obra The Law of Psychic Phenomena (La Ley de los
Fenómenos Psíquicos), que dice: "La jerigonza mística de los filósofos herméticos
expresa la misma idea general"... o sea la dualidad de la mente. Si el doctor Hudson se
hubiera tomado el trabajo de descifrar algo más "la jerigonza mística" de la Filosofía
Hermética hubiera recibido mucha luz sobre el punto de la dualidad de la mente: pero
entonces, quizás, su obra más interesante no hubiera sido escrita. Consideremos ahora
las enseñanzas herméticas concernientes al género mental.
Los instructores herméticos imparten enseñanzas concernientes a este punto, pidiendo a
sus discípulos que se atengan al proceso de su propia conciencia, a su propio yo. El
discípulo fija entonces su atención internamente sobre el ego que está en cada uno de
nosotros. Cada estudiante ve que su propia conciencia le da como primer resultante de
la existencia de su yo: "Yo Soy". Esto, al principió, parece ser la palabra final de la
conciencia, pero un examen ulterior desprende el hecho de que esto "yo soy" puede
separarse en dos partes distintas o aspectos que, si bien trabajan al unísono y en
conjunción, sin embargo pueden ser separadas en la conciencia.
Si bien al principio parece que sólo existe un único Yo, un examen más cuidadoso revela
que existe un "yo" y un "mí". Este par mental difiere en características y naturaleza, y el
examen de esta, así como de los fenómenos que surgen de la misma, arrojan gran luz
sobre muchos de los problemas de la influencia mental.
Comencemos considerando el "mí", que generalmente se confunde con el "yo", si no se
profundiza mucho en los recesos de la conciencia. El hombre piensa de sí mismo (en su
aspecto de "mí" o "me") como si estuviera compuesto por ciertos sentimientos, agrados,
gustos y disgustos, hábitos, lazos especiales, características, etc., todo lo cual forma su
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personalidad, o el ser que conoce él mismo y los demás. El hombre sabe que estas
emociones y sentimientos cambian, que nacen y mueren, que están sujetos al principio
del Ritmo y al de Polaridad, cuyos principios lo llevan de un extremo a otro. También
piensa de sí mismo como cierta suma de conocimientos agrupados en su mente, que
forman así una parte de él. Este es el "mí" o "me" del hombre.
Pero quizás hemos procedido demasiado aprisa. El "mí" de muchos hombres está
compuesto en gran parte de la conciencia que tienen de su propio cuerpo y de sus
apetitos físicos, etc. Y, estando su conciencia limitada en alto grado a su naturaleza
corporal, prácticamente "viven allí". Algunos hombres van tan allá en esto que
consideran su apariencia personal como una parte de su "mí", y realmente la consideran
parte de sí mismos. Un escritor dijo con mucho humorismo en una oportunidad que el
hombre se compone de tres partes: "Alma, cuerpo y vestidos". Y esto haría que muchos
perdieran su personalidad si se les despojara de sus vestidos. Pero, aun aquellos que no
están tan estrechamente esclavizados con la idea de su apariencia personal, lo están por
la conciencia de sus cuerpos. No pueden concebirse sin él. Su mente les parece que es
algo "que pertenece" a su cuerpo, lo que, en muchos casos, es realmente cierto.
Pero conforme el hombre adelanta en la escala de la conciencia, va adquiriendo el poder
de desprender a su "mí" de esa idea corporal, y puede pensar de su cuerpo que es algo
"que pertenece a" su propia parte mental. Pero aun entonces es muy capaz de identificar
el "mí" completamente con sus estados mentales, sensaciones, etc., que siente existen
dentro de él. E identificará esos estados consigo mismo, en vez de estimarlos como
simples "cosas" producidas por su mentalidad, existentes en él, dentro de él y
proviniendo de él, pero que, sin embargo, no son él mismo. Puede comprobar también
que esos estados cambian mediante un esfuerzo volitivo, y que es capaz de producir una
sensación o estado de naturaleza completamente opuesta de la misma manera, y, sin
embargo, sigue existiendo siempre el mismo "mí". Después de un tiempo, podrá así dejar
a un lado esos diversos estados mentales, emociones, sentimientos, hábitos, cualidades,
características y otras posesiones personales, considerándolas como una colección de
cualidades, curiosidades o valiosas posesiones del "no mí". Esto exige mucha
concentración mental y poder de análisis. Pero ese trabajo es posible, y hasta los
estudiantes que no están muy adelantados pueden ver, en su imaginación, cómo se
realiza el proceso descripto.
Después de realizado ese ejercicio, el discípulo se encontrará en posesión consciente de
un "Ser" que puede ser considerado bajo su doble aspecto del "yo" y de "mí". El "mí" se
sentirá como algo mental en lo que pueden producirse los pensamientos, ideas,
emociones, sentimientos y otros estados mentales. Puede ser considerado como si fuera
la "matriz mental", según decían los antiguos, capaz de generar mentalmente. Este "mí"
se denuncia a la conciencia, poseyendo poderes de creación y generación latentes, de
todas clases. Su poder de energía creadora es enorme, según puede sentirlo uno
mismo. Pero, a pesar de todo, se tiene la conciencia de que debe recibir alguna forma de
energía, bien del mismo "yo", inseparable compañero, o bien de algún otro "yo", a fin de
que así pueda producir sus creaciones mentales. Esta conciencia aporta consigo una
realización de la enorme capacidad de trabajo mental y de poder creador que encierra.
El estudiante encuentra pronto que no es todo lo que hay en su conciencia íntima, pues
ve que existe un algo mental que puede "querer" que el "mí" obre de acuerdo con cierta
línea creadora y que, sin embargo, permanece aparte, como testigo de esa creación
mental. A esta parte de sí mismo se le da el nombre del "yo". Y puede reposar en su
conciencia a voluntad. Allí se encuentra, no una conciencia de una capacidad de generar
y crear activamente en el sentido del proceso gradual común a las operaciones
mentales, sino más bien la conciencia de una capacidad de proyectar una energía del
"yo" al "mí": "Querer" que la creación mental comience y proceda. También se
experimenta que el "yo" puede permanecer aparte, testigo de las operaciones o
creaciones mentales del "mí". Este doble aspecto existe en la mente de toda persona. El
"yo" representa al Principio Masculino del género mental, y el "mí" al Principio Femenino.
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El "yo" representa el aspecto de Ser, el "mí" el aspecto de "devenir". Se notará que el
principio de correspondencia opera en este plano lo mismo que en el que se realiza la
creación del Universo. Los dos son parecidos, si bien difieren enormemente en grado.
"Como arriba es abajo, como abajo es arriba".
Estos aspectos de la mente —los principios masculino y femenino— el "yo" y el "mí"
considerados en relación con los fenómenos psíquicos y mentales ya conocidos, dan la
clave maestra para dilucidar la operación y manifestación de esas nebulosas regiones de
la mente. El principio del género mental aporta la verdad que se encierra en todo el
campo de los fenómenos de influencia mental.
La tendencia del principio femenino es siempre la de recibir impresiones, mientras que la
tendencia del masculino es a darlas o a expresarlas. El principio femenino tiene un
campo de acción mucho más variado que el masculino. El principio femenino conduce el
trabajo de generar nuevos pensamientos, conceptos, ideas, incluso la obra de la
imaginación. El masculino se contenta con el acto de "querer" en sus varias fases. Sin
embargo, sin la ayuda activa de la voluntad del principio masculino, el femenino puede
contentarse con generar imágenes mentales que son el resultado de impresiones
recibidas del exterior, en vez de producir creaciones mentales originales.
Las personas que pueden prestar continuada atención a un sujeto emplean activamente
ambos principios mentales: el femenino, en el trabajo activo de la generación mental, y el
masculino en estimular y dar energía a la porción creadora de la mente. La mayoría
apenas hace uso del principio masculino, y se contenta con vivir de acuerdo con los
pensamientos e ideas que se filtran en su "mí" y provienen del "yo" de otras
mentalidades. Pero no es nuestro propósito detenemos en esta faz del asunto, cosa que
puede estudiarse en cualquier tratado bueno de psicología, con la clave ya indicada
sobre el género mental.
El estudiante de los fenómenos psíquicos conoce la realidad de los maravillosos
fenómenos clasificados como telepatía, influencia mental, sugestión, hipnotismo, etc.
Muchos han buscado explicación a estas diversas fases de los fenómenos, siguiendo las
teorías de dualidad mental promulgadas por los diferentes instructores. Y, hasta cierto
punto, están en lo cierto, porque, realmente existe una manifestación clara y definida de
dos fases distintas de actividad mental. Pero si esos estudiantes consideraran esa
dualidad a la luz de las enseñanzas herméticas concernientes a la vibración y al género
mental, verían que la clave tan buscada la tienen al alcance de la mano.
En los fenómenos telepáticos se ve que la energía vibratoria del principio masculino se
proyecta hacia el principio femenino de otra persona, y que esta última absorbe ese
pensamiento y le permite desarrollarlo y madurarlo. En la misma forma obran la
sugestión y el hipnotismo. El principio masculino de una persona da la sugestión,
dirigiendo una corriente de energía o poder vibratorio hacia el principio femenino de otra,
y esta, al aceptarla, la hace suya y piensa en consecuencia. Una idea así alojada en la
mente de otra persona crece y se desenvuelve, y a su tiempo es considerada como una
verdadera creación mental del individuo, mientras que en realidad no es más que el
huevo de un cuco puesto en el nido del gorrión, pues aquel pájaro pone sus huevos en
un nido ajeno. El proceso normal es que el principio masculino y el femenino de una
persona obren coordinada y armoniosamente, conjuntamente. Pero, por desdicha, el
principio masculino del hombre corriente es demasiado inerte y perezoso para obrar y el
despliegue de poder volitivo es muy ligero, y, en consecuencia, la mayoría está dirigida
por las mentes y voluntades de los demás a quienes se permite querer y pensar por uno
mismo. ¿Cuántos pensamientos u obras originales hace el hombre corriente? ¿No es la
mayoría de los hombres simple sombra o eco de los que tienen una mente o voluntad
más fuerte que la suya? La perturbación proviene de que el hombre corriente descansa
casi completamente en su conciencia del "mí" y no comprende que, realmente tiene un
"yo". Está polarizado en su principio femenino mental, y su principio masculino, en el que
reside la voluntad, está inactivo e inerte.
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El hombre fuerte del mundo manifiesta invariablemente el principio masculino de
voluntad, y su fuerza depende materialmente de este hecho. Y en vez de vivir en las
impresiones que le producen otras mentalidades, domina su propia mente, mediante su
voluntad, obteniendo así la clase de imágenes mentales que quiere y dominando así
también las mentes ajenas de la misma manera. Contémplese un hombre fuerte y véase
cómo se las arregla para implantar sus gérmenes mentales en la mente de las masas,
obligándolas así a pensar de acuerdo con sus deseos. Este es el porqué las masas son
como rebaños de cameros, que nunca originan una idea propia ni emplean sus propios
poderes y actividades mentales.
La manifestación del género mental puede notarse en todas partes diariamente. Las
personas magnéticas son las que pueden emplear su principio masculino para imprimir
sus ideas sobre los demás. El actor que hace reír o llorar a la concurrencia está haciendo
uso de este principio. Igualmente sucede con el orador, político, predicador o cualquier
otro que atraiga la atención pública. La influencia peculiar que ejerce un hombre sobre
otro es debida a la manifestación del género mental según las líneas vibratorias ya
indicadas. En este principio está el secreto del magnetismo personal, de la fascinación,
etc., así como también de los fenómenos agrupados bajo el nombre de hipnotismo.
El estudiante que se ha familiarizado con los fenómenos generalmente denominados
psíquicos habrá descubierto la importante parte que desempeña en los citados
fenómenos esa fuerza que la ciencia llama "sugestión", por cuyo término se indica el
proceso o método por el cual se transfiere una idea o se imprime sobre la mente de otro,
obligando así a la segunda mentalidad a obrar concordantemente. Una verdadera
comprensión de la sugestión es necesaria para comprender inteligentemente los varios
fenómenos psíquicos a que la sugestión da origen. Pero aun es más necesario el
conocimiento de la vibración y del género mental, porque todo el principio sugestivo
depende de estos.
Los escritores sobre la materia de sugestión dicen que la mente "objetiva o voluntaria" es
la que hace la impresión mental, o sugestión, sobre la mente "subjetiva o involuntaria".
Pero no describen el proceso ni indican alguna analogía mediante la cual sea más fácil
comprender la idea. Si se contempla el asunto a la luz de las enseñanzas herméticas, se
verá que la energización del principio femenino por la energía vibratoria del masculino
está de acuerdo con las leyes universales de la Naturaleza, y el mundo natural ofrece
innumerables analogías que facilitan la comprensión del principio. En realidad, la doctrina
hermética afirma que la misma creación del universo obedece a dicha ley y que en todas
las manifestaciones creadoras sobre los planos espiritual, mental y físico, siempre está
en operación el principio de género: la expresión de los principios masculino y femenino.
"Como arriba es abajo, como abajo es arriba". Y aun más que esto: cuando se
comprende este principio se es capaz de clasificar inteligentemente de inmediato los
variados fenómenos psicológicos, en vez de quedarse confuso ante ellos. El principio
realmente trabaja en la práctica, porque está basado sobre las leyes universales e
Inmutables de la vida.
No entraremos ahora en una dilucidación detallada de los diversos fenómenos
concernientes a la influencia mental o a la actividad psíquica. Hay muchos libros, en su
mayor parte muy buenos, que se han escrito últimamente sobre el asunto. Los hechos
principales señalados en esas obras son exactos, aunque los diversos autores tratan de
explicarlos por las diferentes teorías de su propia cosecha. El estudiante puede
familiarizarse con estas materias, y utilizando la doctrina del género mental podrá
coordinar convenientemente la masa caótica de teorías y enseñanzas en conflicto, y
podrá, además, adueñarse completamente del asunto si a ello se sintiera inclinado. El
objeto de esta obra no es el de dar una explicación extensa de los fenómenos psíquicos,
sino más bien el de indicar sencillamente la clave maestra que abre las muchas puertas
que conducen al Templo del Saber, si se desea explorar su interior. Creemos que al
examinar las enseñanzas encerradas en "El Kybalión" es fácil encontrar la explicación de
muchas dificultades que confunden. De nada sirve entrar en detalles referentes a las
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muchas características de los fenómenos psíquicos y mentales si al estudiante no le son
dados los medios para comprender el asunto que atrae su atención. Con la ayuda de "El
Kybalión" se puede entrar en cualquier biblioteca, pues la antigua luz del Egipto iluminará
las páginas confusas y los problemas oscuros. Este es el verdadero objeto de esta obra.
No venimos a exponer una filosofía nueva, sino a suministrar las bases fundamentales
de la antigua enseñanza universal que esclarece todas las doctrinas, y que servirá para
conciliar todas las teorías, por diferentes u opuestas que parezcan.
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CAPÍTULO XV
AXIOMAS HERMÉTICOS
"La posesión del Conocimiento, si no va acompañada por una manifestación y expresión
en la práctica y en la obra, es lo mismo que el enterrar metales preciosos: una cosa vana
e inútil El Conocimiento, lo mismo que la Fortuna, deben emplearse. La ley del uso es
universal, y el que la viola sufre por haberse puesto en conflicto con las fuerzas
naturales".
EL KYBALION
Las enseñanzas herméticas han sido cuidadosamente mantenidas en secreto, en el
corazón de sus afortunados poseedores, por las razones ya expuestas, pero nunca se
pensó en mantenerlas siempre así. La ley del uso está encerrada en dichas enseñanzas,
como puede verse en el párrafo anterior, tomado de "El Kybalión", que lo afirma
estrictamente. Si no se emplea y expresa, el conocimiento es una cosa vana que no
puede aportar el menor beneficio a su poseedor ni a su raza. Guardémonos de toda
avaricia mental, y expresemos en la acción lo que hayamos aprendido. Estúdiense los
axiomas y aforismos, pero practíqueselos también.
Damos a continuación algunos de los más importantes axiomas herméticos, tomados de
"El Kybalión", con algunos comentarios agregados. Que cada uno los haga suyos y los
practique y emplee, porque nunca serán realmente una posesión propia hasta que se los
haya llevado a la práctica.
"Para cambiar vuestra característica o estado mental, cambiad vuestra vibración".
EL KYBALIÓN
Uno puede cambiar sus vibraciones mentales, mediante un esfuerzo de la voluntad,
fijando la atención deliberadamente sobre el estado deseado. La voluntad es la que
dirige a la atención, y esta es la que cambia la vibración. Cultívese el arte de estar
atento, por medio de la voluntad, y se habrá resuelto el problema de dominar las propias
modalidades y estados de la mente.
"Para destruir un grado de vibración no deseable, póngase en operación el principio de
polaridad y concéntrese la atención en el polo opuesto al que se desea suprimir. Lo no
deseable se mata cambiando su polaridad".
EL KYBALIÓN
Esta es una de las más importantes fórmulas herméticas y está basada sobre
verdaderos principios científicos. Ya se indicó que un estado mental y su opuesto eran
sencillamente dos polos de una misma cosa, y que mediante la trasmutación mental esa
polaridad podía ser invertida. Los modernos psicólogos conocen ese principio y lo
aplican para disolver los hábitos no deseables, aconsejando a sus discípulos la
concentración sobre la opuesta cualidad. Si uno tiene miedo, es inútil que pierda su
tiempo tratando de matar el miedo, sino que debe cultivar el valor, y entonces el miedo
desaparecerá. Algunos autores han expresado esta idea, ilustrándola con el ejemplo de
una habitación oscura. No hay que perder el tiempo tratando de arrojar afuera a la
oscuridad, sino que es muchísimo mejor abrir las ventanas y dejar entrar la luz, y la
oscuridad desaparecerá por sí sola. Para matar una cualidad negativa es necesario
concentrarse sobre el polo positivo de esa misma cualidad, y las vibraciones cambiarán
gradualmente de negativas en positivas, hasta que finalmente se polarizarán en el polo
positivo, en vez de estarlo en el negativo. La inversa es también verdad, porque muchos
han encontrado el Dolor por haberse permitido vibrar demasiado constantemente en el
polo negativo de las cosas. Cambiando la polaridad pueden dominarse las modalidades
y estados mentales, rehaciendo toda la disposición propia y construyendo así el carácter.
Mucha parte del dominio que los herméticos avanzados poseen sobre su mentalidad se
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debe a la inteligente aplicación de la polaridad, que es uno de los más importantes
aspectos de la transmutación mental. Recuérdese el axioma hermético, citado
anteriormente, que dice:
"La mente, así como los metales y los elementos, pueden transmutarse de grado en
grado, de condición, de polo a polo, de vibración en vibración".
EL KYBALION
Dominar la polaridad significa dominar los principios de la transmutación o alquimia
mental; porque, salvo que se adquiera el arte de cambiar la propia polaridad, no se podrá
afectar el ambiente que nos rodea. Si comprendemos ese principio podemos cambiar
nuestra propia polaridad, así como la de los demás, siempre que dediquemos a ello el
tiempo, el cuidado, el estudio y la práctica necesarios para dominar ese arte. El principio
es verdad, pero los resultados que se obtienen dependen de la persistente paciencia y
práctica del estudiante.
"El Ritmo puede neutralizarse mediante el Arte de la Polarización".
EL KYBALION
Como ya explicamos en los capítulos anteriores, los herméticos sostienen que el
Principio del Ritmo se manifiesta en el Plano Mental, así como en el Plano Físico, y que
la encadenada sucesión de modalidades, sentimientos, emociones y otros estados
mentales, son debidos al movimiento oscilante del péndulo mental, que nos arrastra de
un extremo a otro. Los herméticos enseñan además que la ley de la neutralización nos
capacita, en gran extensión, a sobreponernos a la operación del Ritmo en la conciencia.
Como ya hemos explicado, existe un plano de conciencia superior, así como uno inferior,
y el Maestro, elevándose mentalmente al plano superior, hace que la oscilación del
péndulo mental se manifieste en el plano inferior, mientras él permanece en el otro,
librando así a su conciencia de la oscilación contraria. Esta se efectúa polarizándose en
el Yo Superior, elevando así las vibraciones mentales del Ego sobre el plano de
conciencia ordinario. Es lo mismo que levantarse por encima de una cosa y permitir que
esta pase por debajo. El hermético avanzado se polariza en el polo positivo de su ser, el
YO SOY, más bien que en el polo de su personalidad, y, rehusando y negando la
operación del Ritmo, se eleva sobre su plano de conciencia, permaneciendo firme en su
afirmación de ser, y la oscilación pasa en el plano inferior, sin cambiar para nada su
propia polaridad. Esto lo realizan todos los individuos que han alcanzado cualquier grado
de dominio propio, comprendan o no la ley. Esas personas rehusan sencillamente el
dejarse arrastrar por la oscilación, y afirmando resueltamente su superioridad
permanecen polarizados positivamente. El Maestro, por supuesto, alcanza un mayor
grado de perfeccionamiento porque comprende perfectamente la ley que está dominando
con la ayuda de una ley superior, y mediante su voluntad adquiere un grado de equilibrio
y firmeza casi imposible de concebir por los que se dejan llevar de un lado a otro por las
oscilaciones de la emotividad.
Recuérdese siempre, sin embargo, que el principio del Ritmo no puede ser destruido;
porque es indestructible. Sólo es posible sobreponerse a una ley equilibrándola con otra,
manteniéndose así el equilibrio. Las leyes del equilibrio operan tanto en el plano mental
como en el físico, y la comprensión de esas leyes le permiten a uno sobreponerse a
ellas, contrabalanceándolas.
"Nada escapa al principio de causa y efecto, pero hay muchos planos de Causación y
uno puede emplear las leyes del plano superior para dominar a las del inferior".
EL KYBALION
Comprendiendo la práctica de la polarización, el hermético se eleva al plano superior de
causación, equilibrando así las leyes de los planos inferiores. Elevándose sobre el plano
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de las causas ordinarias se convierte uno, hasta cierto punto, en una causa, en vez de
ser un simple efecto. Pudiendo dominar los sentimientos y modalidades propias, y
neutralizando el ritmo, se puede rehuir gran parte de las operaciones de la ley de causa y
efecto en el plano ordinario. Las masas se dejan arrastrar obedeciendo al ambiente que
las rodea, a las voluntades y deseos de algunos hombres más fuertes que ellas, a los
efectos de las tendencias heredadas o a las sugestiones u otras causas exteriores, no
siendo más que simples fichas en el tablero de ajedrez de la vida. Elevándose sobre
esas causas, los herméticos avanzados buscan un plano de acción mental superior, y
dominando sus propias cualidades, se crean un nuevo carácter, cualidades y poderes,
mediante los cuales se sobreponen a su ambiente ordinario, haciéndose así directores
en vez de dirigidos. Esos individuos ayudan a la realización del juego de la vida
conscientemente, en vez de dejarse mover por influencias, poderes o voluntades
externas. Emplean el principio de causa y efecto en vez de dejarse dominar por él. Por
supuesto, aun los seres más elevados están sujetos a este principio según se manifiesta
en los planos superiores, pero en los inferiores son señores y no esclavos. Según dice
"El Kybalión":
"El sabio sirve en lo superior, pero rige en lo inferior. Obedece a las leyes que están por
encima de él, pero en su propio plano y en las que están por debajo de él rige y ordena.
Sin embargo, al hacerlo, forma parte del principio en vez de oponerse al mismo. El sabio
se sumerge en la Ley, y comprendiendo sus movimientos, opera en ella en vez de ser su
ciego esclavo. Semejantemente al buen nadador, va de aquí para allá, según su propia
voluntad, en vez de dejarse arrastrar como el madero que flota en la corriente. Sin
embargo, el nadador y el madero, el sabio y el ignorante, están todos sujetos a la ley.
Aquel que esto comprenda va en el buen camino que conduce al Adoptado".
EL KYBALION
Para concluir, recordaremos nuevamente el axioma hermético que dice que "LA
VERDADERA TRANSMUTACIÓN HERMÉTICA ES UN ARTE MENTAL".
En dicho axioma, el hermético indica que el ambiente externo se influencia mediante el
poder de la mente. El Universo, que es totalmente mental, puede ser solamente
dominado mediante la mentalidad. En esta verdad se encontrará la explicación de todos
los fenómenos y manifestaciones de los diversos poderes mentales que tanto están
atrayendo la atención actualmente, en pleno siglo XX. Tras toda la enseñanza dada por
las diversas escuelas o religiones, yace siempre constantemente el principio de la
substancialidad mental del Universo. Si este es mental, en su naturaleza intrínseca,
fácilmente se deduce que la transmutación mental debe modificar y transformar las
condiciones y los fenómenos del Universo, y que la mente debe ser el mayor poder que
pueda afectar sus fenómenos. Si se comprende esta verdad, todos los llamados milagros
y maravillas dejarán de tener punto alguno oscuro, porque la explicación es por demás
clara y sencilla.
"El TODO es mente, el Universo es mental".
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