COM EXP CRISTOCÉNTRICO Jonás - Miqueas - Nahum - Habacuc
COM EXP CRISTOCÉNTRICO Jonás - Miqueas - Nahum - Habacuc
EXALTACIÓN DE JESÚS EN
JONÁS, MIQUEAS, NAHÚM Y HABACUC
Eric C. Redmond, Bill Curtis y Ken Fentress
Editores de la serie
David Platt, Daniel L. Akin y Tony Merida
Edición en español por
Todos los derechos reservados. Puede usar citas breves de este recurso en presentaciones, artículos
y libros. Para otros usos, escriba a Editorial Tesoro Bíblico para obtener permiso:
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Dedicado a Adrian Rogers y John Piper. Ellos nos han enseñado a amar el evangelio de
Jesucristo, a predicar la Biblia como la Palabra inerrante de Dios, a pastorear la iglesia por
la que murió nuestro Salvador y a tener pasión por ver a todas las naciones adorar
gustosas al Cordero.
—David Platt, Tony Merida y Danny Akin
Marzo de 2013
Para Pamela, mi otoño, con quien nunca ha habido un invierno y a Elliot E. Johnson, un
hombre cuya amistad, mentoría y erudición tienen un gran significado para mi, y a los
miembros de la iglesia Reformation Alive Baptist Church, Temple Hills, MD y de la iglesia
New Canaan Baptist Church, Washington, D. C., con quienes atravesamos las aguas de
Jonás, agradecidos por ustedes
—Eric C. Redmond
Para Linda, mí amada esposa por 30 años, Proverbios 31:29
—Ken Fentress
Para Cherie y Cassie, quienes me inspiraron a actuar con justicia, a amar la fidelidad y a
caminar humildemente con mi Dios
—Bill Curtis
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN DE LA SERIE 6
ABREVIATURAS 8
Jonás 10
1. UN REBELDE Y EL DIOS DE LAS TORMENTAS JONÁS 1:1–6 11
2. LOS ECHA SUERTES Y EL DIOS QUE DESTRUYE LOS ÍDOLOS JONÁS 1:7–17 20
3. UN HOMBRE AGRADECIDO Y EL DIOS QUE SALVA A LOS PECES JONÁS 2:1–10 28
4. EL PREDICADOR DE LA FATALIDAD Y EL DIOS MISERICORDIOSO JONÁS 3:1–10 37
5. EL ENFURECIDO AMANTE DE LA SOMBRAS Y EL DIOS SALVADOR DEL REBAÑO
JONÁS 4:1–11 47
• APÉNDICE 1: LA ESTRUCTURA DE LA ORACIÓN DE JONÁS COMO SALMO DE ACCIÓN DE
GRACIAS EN JONÁS 2 57
• APÉNDICE 2: LA ESTRUCTURA DE LA ORACIÓN DE JONÁS COMO RECUERDO DE SU
PRUEBA 59
• APÉNDICE 3: ORACIÓN DE JONÁS REORDENADA CRONOLÓGICAMENTE 60
Miqueas 61
1. REBELIÓN EN EL REINO PRIMERA PARTE MIQUEAS 1:1–16 62
2. REBELIÓN EN EL REINO SEGUNDA PARTE MIQUEAS 2:1–13 70
3. REBELIÓN EN EL REINO TERCERA PARTE MIQUEAS 3:1–12 78
4. RENACIMIENTO EN EL REINO MIQUEAS 4:1–13 86
5. ASCENSO DEL REY MIQUEAS 5:1–15 93
6. RESPUESTA AL REY MIQUEAS 6:1–16 101
7. EL RETORNO DEL REY MIQUEAS 7:1–20 109
Nahúm 116
1. INTRODUCCIÓN AL PROFETA NAHÚM NAHÚM 1:1 117
2. UN ORÁCULO DE TRANQUILIDAD DIVINA PARA JUDÁ NAHÚM 1:2–15 123
3. ORÁCULO DEL CASTIGO DIVINO PARA ASIRIA NAHÚM 2:1–13 131
4. UN ORÁCULO DE AJUSTE DE CUENTAS PARA NÍNIVE NAHÚM 3:1–19 138
Habacuc 145
1. INTRODUCCIÓN AL PROFETA HABACUC HABACUC 1:1 146
2. LAS PERPLEJIDADES DEL PROFETA HABACUC HABACUC 1:2–2:20 149
3. LA PIEDAD DEL PROFETA HABACUC HABACUC 3:1–19 165
Agustín dijo: “Donde habla la Escritura, habla Dios”. Los editores de la serie Comentario
Expositivo Cristocéntrico creen que, donde Dios habla, el pastor debe hablar. Dios habla a
través de su Palabra escrita. Nosotros debemos hablar a partir de esa Palabra. Creemos que
la Biblia es inspirada por Dios, autorizada, inerrante, suficiente, comprensible, necesaria y
atemporal. También afirmamos que la Biblia es un libro centrado en Cristo; es decir,
contiene un relato unificado de la historia redentora del que Jesús es el héroe. Debido a
esta trayectoria centrada en Cristo, que va desde el Génesis 1 hasta el Apocalipsis 22,
creemos que la Biblia tiene el correspondiente impulso misionero global. Desde el principio
hasta el final, vemos que la misión de Dios es hacer adoradores de Cristo de todas las tribus
y lenguas a través de este drama redentor de las Escrituras. Para ello, debemos predicar la
Palabra.
Además de estas convicciones distintas, la serie de Comentario Expositivo Cristocéntrico
tiene algunas características distintivas. En primer lugar, esta serie busca mostrar precisión
exegética. Lo que dice la Biblia es lo que queremos decir. Aunque no todos los volúmenes
de la serie serán comentarios versículo por versículo, deseamos tratar el texto con cuidado
y explicarlo correctamente. Los que enseñan y predican tienen la gran responsabilidad de
decir lo que Dios ha dicho en su Palabra y declarar lo que Dios ha hecho en Cristo. Deseamos
manejar la Palabra de Dios con fidelidad, sabiendo que debemos dar cuenta de cómo hemos
cumplido con este santo llamamiento (Stg 3:1).
En segundo lugar, la serie Comentario Expositivo Cristocéntrico tiene como objetivo a
los pastores. Aunque esperamos que otras personas lean esta serie, como padres,
maestros, líderes de grupos pequeños y ministros estudiantiles, deseamos proporcionar un
comentario que los pastores ocupados utilicen para la preparación semanal de sermones
bíblicamente fieles y saturados de evangelio. Esta serie no es de naturaleza académica.
Nuestro objetivo es presentar un estilo de comentario legible y pastoral. Creemos que este
objetivo servirá a la iglesia del Señor Jesucristo.
En tercer lugar, queremos que la serie Comentario Expositivo Cristocéntrico sea
conocida por la inclusión de ilustraciones útiles y aplicaciones teológicamente dirigidas.
Muchos comentarios no ofrecen ninguna ayuda en ilustraciones, y pocos ofrecen algún tipo
de ayuda en la aplicación. A menudo, los que sí ofrecen material ilustrativo y de aplicación,
lamentablemente prestan poca atención seria al texto. Aunque nos dedicamos
principalmente a la explicación, también esperamos servir a los lectores proporcionando
ilustraciones inspiradoras e iluminadoras junto con una aplicación oportuna y atemporal.
Por último, como su nombre indica, los editores tratan de exaltar a Jesús desde todos
los libros de la Biblia. Al decir esto, no estamos recomendando la alegoría salvaje o la
tipología extravagante. Ciertamente, creemos que debemos ceñirnos al significado que
quiso dar el propio Autor divino, el Espíritu Santo de Dios. Sin embargo, también creemos
que la Biblia tiene un enfoque mesiánico, y nuestra esperanza es que los autores
individuales exalten a Cristo a partir de textos particulares. Lucas 24:25–27, 44–47 y Juan
5:39, 46 declaran tanto nuestra hermenéutica como nuestra homilética. No todos los
autores lo harán de la misma manera ni tendrán el mismo grado de énfasis centrado en
Cristo. Eso nos parece bien. Creemos que la exposición fiel centrada en Cristo no es
monolítica. Sin embargo, sabemos que debemos leer toda la Biblia como Escritura cristiana.
Por lo tanto, nuestro objetivo es tanto honrar la particularidad histórica de cada pasaje
bíblico como destacar su conexión intrínseca con el Redentor.
Los editores están en deuda con los colaboradores de cada volumen. El lector detectará
un estilo único de cada escritor, y nosotros celebramos estos dones y rasgos partículares.
Aunque sus enfoques son distintos, los autores comparten una característica común: son
teólogos pastorales. Aman a la Iglesia y predican y enseñan regularmente la Palabra de Dios
al pueblo de Dios. Además, muchos de estos colaboradores son voces jóvenes. Creemos
que estas voces nuevas y frescas pueden servir bien a la iglesia, especialmente entre una
generación emergente que tiene la tarea de proclamar la Palabra de Cristo y el Cristo de la
Palabra al mundo perdido.
Esperamos y oramos para que esta serie sirva al cuerpo de Cristo a lo dicho hasta que
nuestro Salvador regrese en la gloria. Si así sucede, habremos tenido éxito en nuestra tarea.
David Platt
Daniel L. Akin
Tony Mérida
Editores de la serie
Febrero de 2013
ABREVIATURAS
Libros de la Biblia
Antiguo Testamento
Génesis Gn
Éxodo Éx
Levítico Lv
Números Nm
Deuteronomio Dt
Josué Jos
Jueces Jue
Rut Rt
1Samuel 1Sa
2 Samuel 2Sa
1 Reyes 1Re
2 Reyes 2Re
1 Crónicas 1Cr
2 Crónicas 2Cr
Esdras Esd
Nehemías Neh
Ester Est
Job Job
Salmos Sal
Proverbios Pr
Eclesiastés Ec
Cantares Cnt
Isaías Is
Jeremías Jer
Lamentaciones Lm
Ezequiel Ez
Daniel Da
Oseas Os
Joel Jl
Amós Am
Abdías Abd
Jonás Jon
Miqueas Mi
Nahúm Nah
Habacuc Hab
Sofonías Sof
Hageo Hag
Zacarías Zac
Malaquías Mal
Nuevo Testamento
Mateo Mt
Marcos Mr
Lucas Lc
Juan Jn
Hechos Hch
Romanos Ro
1 Corintios 1Co
2 Corintios 2Co
Gálatas Gá
Efesios Ef
Filipenses Fil
Colosenses Col
1 Tesalonicenses 1Ts
2 Tesalonicenses 2Ts
1 Timoteo 1Ti
2 Timoteo 2Ti
Tito Tit
Filemón Flm
Hebreos Heb
Santiago Stg
1 Pedro 1Pe
2 Pedro 2Pe
1 Juan 1Jn
2 Juan 2Jn
3 Juan 3Jn
Judas Jud
Apocalipsis Ap
Jonás
UN REBELDE Y EL DIOS DE LAS TORMENTAS
JONÁS 1:1–6
Idea principal: La simple desobediencia de Jonás a la palabra del Señor de ir a Nínive se
convierte en una cómoda indiferencia a pesar de la amenaza de la ira de Dios contra los
marineros adoradores de ídolos que viajaban con él.
I. Una reveladora historia cultural de Jonás
A. Jonás es una historia conocida
B. Jonás también es objeto de debate sobre su realidad histórica
C. Jonás también es una pieza importante de la cultura eclesiástica estadounidense
II La rebelión lleva al rechazo total de Dios (1:1–2)
III. La rebelión invita a la ira de Dios (1:4–5)
IV. La rebelión niega a los pecadores la esperanza de Dios (1:6)
V. Aplicación
Hay muchas razones por las que el creyente promedio no comparte consistentemente su
fe con personas no salvas dentro de su esfera de influencia:
• Trabajamos en entornos hostiles en los que pensamos que compartir nuestra fe
podría perjudicar nuestro compañerismo o nuestros ascensos;
• Nuestros familiares o compañeros de clase nos ridiculizarían por ser demasiado
santos para la sensibilidad moderna;
• No estamos seguros de tener respuestas a las preguntas planteadas por un no
cristiano (aunque en realidad podríamos tener algunas respuestas, pero no sabemos
qué preguntarán si nunca intentamos hablarles de Jesús); o simplemente estamos
asustados.
Por lo general, esta última excusa es la más probable, ya que adopta la forma de “No
tengo tiempo ahora mismo”, o “No pasará nada si dejo un folleto y no digo nada”, o “Si
oyen mi música cristiana, quizá me pregunten por la iglesia”. Pero el miedo con otro nombre
sigue siendo simplemente miedo, y no es más que otra excusa.
Sin embargo, hay una razón realmente buena para que cada creyente comparta el
evangelio con los perdidos de manera regular, consistente, ávida y sin miedo: El Señor nos
ha ordenado a ti y a mí proclamar el evangelio a los perdidos. Rebelarse contra este
mandato, como cualquier otro mandato del Señor, es perjudicial para nuestro crecimiento
cristiano, y nos exponemos a las consecuencias del Dios todopoderoso y santo. Esto es lo
que aprendemos de la vida de Jonás al ver a un rebelde y al Dios creador de tormentas.
Fue a través de la predicación de Jonás que Jeroboam II arregló la frontera de Israel que
se había debilitado durante los primeros conflictos con Asiria. Esto evitó que fuera borrado
como pueblo.
Así, para Jonás 1, el profeta ha tenido algún éxito ministerial con el Señor y ha caminado
con Él durante una buena parte de su vida. Ya conoce la bondad del Señor; ya conoce su
poder para salvar, consolar, sanar y juzgar. Ya entiende que el Señor es el protector y la
torre fuerte de Israel, su Rey de la Gloria que es digno de ser alabado. por eso, cuando la
palabra del Señor llega a Jonás, se parece menos a alguien que no quiere responder al
llamado para ponerse detrás del púlpito y más a alguien que no quiere hablar a la gente de
esta generación malvada sobre la bondad de nuestro Dios. No es el pastor con el que solo
unos pocos pueden identificarse; es la persona que ha experimentado la gracia de Dios pero
que no se lo cuenta a los demás. Todos nosotros podemos —y debemos— relacionarnos
con Él. Es un rebelde contra la palabra del Señor, que llama a todos a hablar a los demás de
un Rey grande y amoroso. De este rebelde aprendemos tres cosas sobre nosotros mismos.
En su ira por el pecado de Jonás, el Señor lanza un gran viento sobre el mar. Esta no es
una tormenta menor. Estos experimentados marineros temen por sus vidas. Empiezan a
orar como nunca antes lo habían hecho, invocando a cualquier dios que pueda calmar las
fuerzas caóticas del mar. Si son los típicos marineros, algunos de ellos son tan duros y
salados que probablemente nunca han orado con tanto ahínco —si es que lo han hecho—
hasta que Dios desató esta tormenta sobre ellos.
Ellos están arrojando la carga al mar mientras Dios está levantando un fuerte viento. (Es
bastante obvio quién va a ganar la batalla). Tales acciones evasivas son ridículas cuando se
trata del Señor. Él no quiere su carga; ¡Él quiere la obediencia de su hijo! Ellos no saben esto
todavía, así que con miedo a la muerte, siguen arrojando cosas al mar.
Sin embargo, si alguien debe tener miedo, es Jonás, porque conoce el poder de Dios,
que nada puede detenerlo. En un momento, Él tiene el poder de agitar los mares tranquilos;
asi mismo, puede tomar los mares más agitados y calmarlos en un instante con las palabras:
“¡Silencio!, ¡Quédate quieto!” (Mr 4:39).
Como creyentes, si pensamos que estamos a salvo del juicio de Dios por la gracia que
tenemos en Cristo, recordemos que el Señor disciplina a los suyos, como dice el escritor a
los hebreos (Heb 12:6). En la iglesia de Corinto, el Señor puso a sus hijos en el lecho de
enfermedad y en el lecho de muerte por profanar la Cena del Señor, personas que tenían la
misma gracia en Cristo que todos los creyentes (1Co 11:30). Dios puede enviar una tormenta
sobre nuestros ingresos; puede lanzar un viento sobre nuestra salud; puede aplastar
nuestras calificaciones, becas y sueños en la escuela. Cuando nos rebelamos, puede hacer
lo que sea necesario para que regresemos a Él o para sacarnos de esta vida presente en
nuestra desobediencia.
Cuando nos rebelamos contra la clara instrucción y el propósito de Dios para nosotros,
Él puede traer una verdadera tormenta a nuestras vidas. La disciplina que trae a menudo
no será un sutil empujón, sino más bien una vorágine de problemas que no solo nos afecta
a nosotros, sino que también trae peligro y daño a los que nos rodean. Y así como Jonás
bajó a Jope, descendió a la nave y se acostó prácticamente inconsciente, el camino de la
rebelión nunca nos llevará a las alturas del valor, la virtud y la actividad. Rechazar el
propósito de Dios es rechazar lo mejor. Quien asi lo hace, se encuentra sin propósito y torpe
o luchando en vano con motivaciones encontradas para con Dios, ninguno de los cuales
conduce a una vida plena y entusiasta.
El Señor no tiene que ponernos en un accidente; simplemente puede poner la vida en
neutral hasta que decidamos que vamos a proclamar el evangelio sin importar el tamaño y
el poder de los Nínive que enfrentemos. Rebelarse es invitar a su ira.
Jonás está negando a los hombres que perecen una oportunidad para la esperanza de
la salvación del Señor. Siente que no puede hablarles de la misericordia porque tampoco
quiere hablarle de ella a Nínive. A su alrededor hay gente que quiere una solución para
escapar de la muerte, ¡pero Jonás está tratando de huir de la presencia de la Solución!
Recientemente, en un sermón, ofrecí estas palabras a los incrédulos sentados entre
nuestra congregación:
Más tarde, al final del servicio de hoy, como al final de casi todos los servicios, vamos a dar
la oportunidad de responder al mensaje. Para ustedes los que no son creyentes entre
nosotros los no salvos, ustedes no aman a Jesús con todo su corazón, aunque reconozcan la
existencia real de Dios (pues saber que existe no es suficiente para la salvación), les
invitamos a tomar una decisión sobre la puesta de su confianza en Cristo, el Hijo de Dios,
contra quien nos hemos rebelado desde el principio de los tiempos. Invitamos a otros a dar
a conocer la necesidad del bautismo, a considerar la comunidad, o a rededicar sus vidas al
Señor o ser restaurados del pecado no arrepentido. Pero a usted, el perdido, le ofrecemos
la oportunidad de profesar que cree en el Hijo de Dios, Jesucristo, que murió para pagar la
deuda por nuestros pecados y resucitó para ofrecer vida después de la muerte. ¿Por qué
hacemos esto? Lo hacemos porque tenemos esperanza, y queremos que usted tenga la
misma esperanza de salvación.
Sin embargo, queremos que la gente tenga el mensaje de esperanza más que solo un
día a la semana que vienen a un servicio de adoración. Queremos que tengan esta
esperanza a diario. Nos importan y queremos que compartan nuestra esperanza. Así que,
en lugar de rebelarnos, ofrecemos el mensaje de salvación de buena gana, con entusiasmo,
con valentía, con humildad y con celo.
V. APLICACIÓN
¿Cómo aplicamos un mensaje como éste para asegurarnos de que no nos estamos
rebelando, rechazando y ganando la ira, sino que estamos ofreciendo fielmente la
esperanza del evangelio a los que nos rodean? Considere cuatro cosas:
1. Pase a la ofensiva los lunes por la mañana. Cuando llegue al trabajo después del fin
de semana, puede que alguien le pregunte: “¿Qué tal el fin de semana?”. Responda con una
frase que abra una oportunidad para el evangelio: “El domingo escuché un gran sermón en
la iglesia que explicaba cómo abrazar la muerte y resurrección de Jesús, esto puede
transformar la perspectiva de la propia vocación” (o algo similar). Comparta una sinopsis de
30 a 60 segundos del punto principal del mensaje en relación con Cristo y su obra. Cuando
termine, diga: “Me encantaría compartir más del mensaje con ustedes más tarde”. Busque
esa oportunidad y otras similares semanalmente.
2. Tenga claro el evangelio y su significado. Jonás no parecía comprender el significado
de su llamado a los ninivitas. Su mensaje era la única esperanza para estos adoradores de
ídolos en la tormenta del juicio de Dios. Del mismo modo, como pecadores ante el Dios
Santo, las personas son merecedoras de su ira más profunda y eterna. Nuestro mensaje
sobre la obra sustitutiva de Cristo como propiciación de Dios por el pecado y como el único
que vence a la muerte es el único mensaje de esperanza para las personas perdidas.
3. Ore para que se le presenten oportunidades de compartir el evangelio con claridad,
valentía y humildad. Si alguien da oídos al mensaje de Cristo que salva vidas, dependerá de
la actuación del poder de Dios. Como pidió Pablo a las iglesias:
Y también orad por mí, para que al abrir la boca me sean conferidas palabras para dar a
conocer con confianza el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; a fin
de que por ello yo hable con valentía, como debo hablar. (Ef 6:19–20, RVA)
Y otra vez:
orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la
palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para
que lo manifieste como debo hablar. (Col 4:3–4, RV60)
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Cuáles son algunas de las razones típicas por las que los creyentes no
comparten el evangelio con los perdidos con regularidad? ¿Qué razón(es)
caracteriza(n) mayormente la indecisión que ha mostrado al compartir las
buenas nuevas con los incrédulos que conoce?
2. ¿Cuál es la razón principal por la que los creyentes deben compartir el evangelio
con celo? ¿Por qué cree que el mandato del Señor de proclamar el evangelio es
más fácil de ignorar que otros mandatos de las Escrituras?
3. ¿Cómo se puede estar seguro de la historicidad de Jonás? ¿Qué puntos de
conexión existen entre Jonás y nuestra alfabetización cultural que podrían
permitirnos utilizar a Jonás para entrar en discusiones con el mundo sobre
Cristo?
4. Antes del llamado para ir a Nínive, ¿qué experiencia había tenido Jonás con el
Señor que debería haberle dado la voluntad y la confianza para ir a Nínive
inmediatamente por orden del Señor? ¿Qué experiencias ha tenido en la vida en
las que el Señor le ha mostrado su poder? ¿Cómo podrían estas experiencias
alimentar una mayor valentía para compartir el evangelio con el incrédulo más
opuesto en sus círculos de vida?
5. ¿Cuándo ha reprendido a un compañero creyente por su evidente rebeldía a la
palabra de Dios? ¿Cómo se sentiría si un amigo creyente le regañara por perder
oportunidades de compartir su fe con los no creyentes?
6. ¿Cuál es el significado de la frase “de la presencia del SEÑOR”? En contraste con
su vacilación a la hora de hablar de Cristo a los demás, ¿cuál es su actitud en la
oración y en su práctica cristiana cuando quiere sentir la “presencia del Señor”
para que le consuele o le sane?
7. ¿Cuáles son algunos versos de canciones que conoce —contemporáneas y
clásicas—que se centran en la predicación del Evangelio a los perdidos? ¿Cuáles
son una o dos de estas canciones que puede cantar con regularidad para
recordarse a si mismo, con una canción, el mandato del Señor de ir a los
perdidos?
8. En el Nuevo Testamento, ¿cuáles son algunos ejemplos en los que Dios responde
ferozmente a la desobediencia de sus hijos? Desde el punto de vista teológico,
¿cómo se debe pensar entonces en las características de amor, misericordia,
gracia y paciencia de Dios?
9. ¿Qué significado tiene para los marineros el hecho de que Jonás durmiera —su
indiferencia— durante la tormenta? ¿Qué significado puede tener una actitud
despreocupada a la hora de hablar a un pariente no cristiano sobre el amor de
Dios en Cristo?
10. ¿Cuál es una decisión inmediata que puede tomar que le ayudará a estar mejor
preparado para compartir el evangelio cuando surja la próxima oportunidad de
compartir?
LOS ECHA SUERTES Y EL DIOS QUE DESTRUYE LOS ÍDOLOS
JONÁS 1:7–17
Idea principal: La amenaza de Dios de muerte y juicio en la creciente tormenta hace que los
marineros abandonen sus esfuerzos de salvación y se conviertan realmente, pero Dios envía
misericordiosamente un pez para rescatar a Jonás, mientras éste revela al Dios de Israel
como Creador y Juez.
I. La realidad de nuestra propia idolatría
A. Algunos aprendieron a permanecer fuera de la vista a una edad temprana
B. A otros se les dijo constantemente que son la causa de todos sus problemas
C. Todos tenemos ídolos antes de venir a Cristo
II. Una revisión de la rebelión del profeta
III. Apocalipsis: Aprenderemos que tenemos problemas reales (1:7–10)
IV. El arrepentimiento: Ahora podemos experimentar una conversión real (1:11–16)
A. Se dan cuenta de su propia incapacidad para salvarse
B. Reconocen que serán responsables de la sangre del profeta
C. Ven que deben hacer las cosas de manera que agraden a Dios
V. Rescate: Entonces veremos al verdadero Salvador (1:17).
Por “ídolos” me refiero a las obras a las que corremos en lugar de correr solo hacia Dios:
obras que nos cansan y no cambian la situación en la que nos encontramos, pero que a
menudo nos hacen sentir que estamos sobreviviendo o que tenemos el control. Nos
sentimos así porque nos esforzamos demasiado. Estas obras también nos dan una falsa
sensación de poder controlar la severidad de Dios haciéndole feliz con nosotros.
Así que erigimos nuestros ídolos: nos esforzamos en exceso, tratamos de ser el marido
o la esposa perfectos, o el padre o el hijo perfectos. Intentamos hacer más por Dios, añadir
algunos días sagrados de obligación, enviar a un hijo más regalos para compensar los
errores del pasado, o ser el empleado que nunca muestra frustración.
Mientras erijamos ídolos, nos encontraremos en gran desacuerdo con Dios. Porque el
Señor no nos busca para que le ayudemos a rescatarnos de nuestros apuros. Más bien, Dios
quiere hacer con nosotros lo que hizo con los adoradores de ídolos que estaban en el barco
con Jonás: quiere derribar nuestros ídolos y enseñarnos a confiar únicamente en la gracia
de Dios en Cristo.
Además, Daniel Timmer añade la importante observación: “En ninguna parte de este
capítulo, ni en ninguna otra parte de Jonás, se nos dice que se haya arrepentido de su
desobediencia” (A Gracious and Compassionate God, 71).
Como los marineros se preocupan más por Jonás que por ellos, intentan remar. Están
remando en una tormenta que les obliga a arrojar su carga sobre el barco; sus acciones son
inútiles. Sin embargo, en sus mentes debe haber otra solución, a pesar de que Jonás les
proclamó claramente la identidad del Creador. Quieren una solución sin reconocer al Señor.
El Señor, sin embargo, no va a permitirlo. El mar se vuelve más y más feroz contra ellos.
Los marineros finalmente se dan cuenta de que no pueden vencer a la tormenta, no pueden
vencer al Señor. Así que deciden que van a hacer lo que Jonás dice. Ahora mira lo que
sucede.
C. Ven que deben hacer las cosas de manera que agraden a Dios
“Has hecho lo que has querido” (Jon 1:14). Lo que Dios quiere que hagan es que dejen de
invocar a falsos dioses, que dejen de buscar una solución con suertes, que dejen de remar
y que arrojen a Jonás al mar. Cuando hacen esto, ¡la tormenta cesa en un instante! En un
instante la ira del Señor deja de estar sobre ellos: en el momento en que dejan de esforzarse
y en cambio confían en la solución de Dios. Esta es la diferencia entre las obras y la fe. Estos
hombres experimentan una verdadera conversión. Su testimonio es el mismo que el de los
tesalonicenses: “y cómo se apartaron de los ídolos y se volvieron al Dios vivo y verdadero,
para servirlo, y esperar de los cielos a Jesús, su Hijo, a quien Dios resucitó de los muertos, y
que es quien nos libra de la ira venidera”. (1Ts 1:9–10, RVC).
Una lectura menos cuidadosa de Jonás podría permitirnos sugerir que la historia de
Jonás apoya conceptos universalistas o pluralistas de la salvación. Es decir, podría parecer
que los marineros y los ninivitas experimentan la salvación al margen de la revelación del
Dios de Israel como único Salvador. O podría parecer que estos gentiles se salvaron sin
invocar el nombre del Señor. Sin embargo, todo lo contrario, la narración demuestra una
posición exclusivista, mostrando que la salvación fuera del Señor es imposible tanto para
los marineros como para los ninivitas. Ningún otro dios viene a rescatarlos, y tampoco su
esperanza de salvación permanece en sus dioses una vez que Jonás habla.
En lugar de una opción pluralista para la salvación, los marineros reciben la revelación
de que el Señor es el gobernante absoluto, y que su ira está sobre el barco en la tormenta.
Escuchan que necesitan un sustituto que muera —en su caso, Jonás— para no tener que
morir por su idolatría del esfuerzo propio. Confían en la palabra del profeta y claman al
Señor para que se apiade de su culpa por matar al profeta. Ponen su fe en la muerte del
profeta para detener la ira de Dios, y su fe produce las correspondientes acciones de temor.
Esta es la verdadera conversión. Si el Señor no aplastara los ídolos de sus propios esfuerzos,
no habrían visto la única solución verdadera y no habrían experimentado la conversión.
Todo lo que parece conversión no es conversión. La verdadera conversión significa que
cuando alguien oye que se necesita un sustituto, clama al Señor por la salvación por medio
del sustituto de Dios, y luego realiza obras que demuestran la conversión después de la
confesión. El sacrificio de Isaac por parte de Abraham en Génesis 22 atestigua que confió
en la promesa de Dios en Génesis 15 (Stg 2:21–24). Del mismo modo, la “creencia” de Simón
el Mago en Hechos 8 no fue una conversión, aunque se presentó con los samaritanos que
depositaron su fe en Cristo.
La verdadera conversión no termina con el día de la creencia. Si alguien invoca al Señor
en la salvación, no puede volver atrás, posteriormente, y agarrar sus ídolos de autoayuda
cuando está en problemas o la vida se vuelve difícil. No puede entonces intentar apaciguar
a Dios con una asistencia más fiel a la iglesia, una mayor obediencia a los padres, una lectura
más frecuente de la Biblia o un mayor sacrificio de su tiempo y dinero. En el momento en
que usted piensa que hacer tales cosas hace que Dios se mueva a su favor, está agarrando
un ídolo, puliéndolo, sosteniéndolo ante el Señor, y diciendo: “Mira Dios, mírame. Lo estoy
haciendo todo bien. Vas a actuar ahora para detener mi tormenta, ¿verdad?”. Sin embargo,
si crees que Dios se conmueve por tales esfuerzos, no estás hablando con el Dios por el que
“de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia” (Jn 1:16). Estás hablando con tu
concepto de dios fabricado por un ídolo. La verdadera conversión comienza con la gracia y
sabe que la gracia nos llevará a casa. Esta gracia viene solo de Jesucristo.
Además de la tipología de Bruckner sobre Jonás y Jesús, propongo que hay otra
comparación entre la historia de Jonás y la obra de Cristo: la solución al dilema de los
marineros se encuentra en la muerte del profeta. El Señor derrama su ira sobre el profeta
cuando éste muere por y para los marineros, pero se descubre que está vivo por y para
Dios.
Usted no necesita trabajar para librarse de la ira de Dios o de su disciplina. Si trata de
confiar en el trabajo, lo único que hará es morir en las aguas de la tormenta que le rodea.
Su única esperanza reside en una fuente: una que está “llena de sangre extraída de las venas
de Emanuel”. (Cowper, “There Is a Fountain Filled with Blood”). Los pecadores se arrojan a
esa sangre para perder todas sus manchas de culpa.
Los pecadores convertidos no se detienen allí; no comienzan a esforzarse por complacer
a Dios o por alejar la mano bondadosa de la disciplina de Dios. Por el contrario, continúan
en la gracia con la que comenzaron, diciendo en efecto: “Querido Cordero moribundo, tu
preciosa sangre nunca perderá su poder hasta que toda la iglesia rescatada de Dios sea
salvada, para no pecar más” (Cowper, “There Is a Fountain Filled with Blood”). Será
entonces cuando nos encontremos cara a cara con nuestro Dios destructor de ídolos.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Cuáles son algunas de las cosas que ocurren en la infancia y que, erróneamente,
nos llevan a creer que debemos convertirnos en los dueños de nuestros propios
destinos o que debemos salvarnos a nosotros mismos?
2. ¿Cuáles son algunas de las experiencias tempranas —familiares, sociales,
educativas, religiosas— que han dado forma a sus ambiciones e impulsos, y
cómo afectan su caminar con Cristo?
3. ¿En qué sentido algunas de sus experiencias pueden haber creado “ídolos”, tal
como los definimos anteriormente? ¿Qué podría ganar en sus relaciones —
padre-hijo, trabajo, hermano(a) y compañeros de escuela—, si cambiara los
ídolos del esfuerzo propio, la autoprotección y/o la autoconservación por la
confianza en la misericordia de Dios?
4. ¿Cómo revela Dios su control soberano de todas las vidas en el barco a través de
las suertes? ¿Cómo podría una mejor comprensión de la soberanía de Dios en
todas las cosas alimentar una gran pasión por ser obedientes a lo que parecen
ser sus verdades más difíciles de seguir?
5. Cuando Jonás revela que adora al Señor, ¿cómo está siendo a la vez sincero e
hipócrita? En términos de lo que los cristianos creen y practican con respecto a
la Gran Comisión, ¿cómo podría ser posible que un creyente o una congregación
sea a la vez sincera e hipócrita en el seguimiento del Señor?
6. ¿Cómo demuestra este episodio que ser tolerante con las creencias religiosas de
los demás no significa que los creyentes deban aceptar caminos religiosos
plurales para la salvación?
7. ¿Qué actos de la historia demuestran un proceso de conversión real por parte
de los marineros? ¿No es razonable que las iglesias esperen que los creyentes
den pruebas de conversión? ¿Cree que la experiencia de los marineros
concuerda con lo que enseña el Nuevo Testamento sobre la conversión?
8. ¿En qué se basa la lectura del relato de Jonás para creer el relato milagroso del
pez que se tragó a Jonás? ¿Por qué es importante este relato milagroso para el
relato evangélico?
9. ¿En qué se parece el relato de Jonás al de Cristo? ¿Qué puede decir esta similitud
sobre el plan de Dios para toda la humanidad? ¿Qué puede decir esta similitud
sobre el carácter de las Escrituras?
10. A la luz del corazón de Dios por estos marineros politeístas y por los incontables
miles de millones de personas perdidas en el mundo, y a la luz de la misericordia
de Dios hacia Jonás y hacia nosotros, ¿qué acciones deberían caracterizar el
corazón de un creyente o de una iglesia por los perdidos? ¿Cree que su
planificación financiera, su horario de ocio y su vida de oración reflejan más el
corazón de Jonás o el del Señor?
UN HOMBRE AGRADECIDO Y EL DIOS QUE SALVA A LOS
PECES
JONÁS 2:1–10
Idea principal: El reconocimiento desesperado de Jonás de su necesidad de ayuda por parte
del Señor ante la muerte provoca su liberación, lo que le lleva a declarar que la salvación
proviene del Señor y a comprometerse con un sacrificio de acción de gracias.
I. Agradecimiento y juicios de valor
II. El agradecimiento y la estructura de la oración de Jonás
III. El agradecimiento nos ayuda a darnos cuenta de nuestra depravación (2:1–7)
IV. El agradecimiento nos ayuda a hacer compromisos (2:8)
V. El agradecimiento nos ayuda a vivir vidas sacrificiales (2:9a)
VI. El agradecimiento nos ayuda a proclamar el mensaje de salvación (2:9b)
Hay un juicio de valor en cada decisión, detrás de todo lo simple o lo grande. Las
controversias que tenemos en los tribunales y en la sociedad sobre algunas de las
cuestiones más viscerales que parecen tratarse solo de acciones y elecciones —desde la
legalización de la marihuana, hasta la anulación de la Ley de Defensa del Matrimonio,
pasando por la apertura o el cierre de las fronteras a más inmigrantes— tienen que ver en
realidad con juicios de valor.
Hacemos juicios de valor cuando compramos un teléfono móvil con respecto a los
tamaños de sus paquetes de memoria y datos. Hacemos juicios de valor en el tipo de
educación que proporcionamos a nuestros hijos, ya sea pública o privada, en la cantidad
que estamos dispuestos a gastar por ese tipo de educación y en la distancia que estamos
dispuestos a conducir para educar a nuestros hijos. La forma en que pasamos la mayor parte
de nuestro tiempo libre muestra lo que es más valioso para nosotros. Hacemos juicios de
valor en todo momento.
Incluso hacemos juicios de valor en la forma en que tratamos a nuestros padres
ancianos. ¿Qué valor tienen mamá y papá para nosotros? Desgraciadamente, para algunas
personas mamá y papá no son lo suficientemente valiosos como para hacer sacrificios en
nuestros horarios y estilos de vida personales, pero sí lo son para colocarlos en un hogar a
costa de hipotecar la casa de esos padres.
Los creyentes muestran cómo valoramos nuestra gran salvación por las decisiones que
tomamos durante la semana cuando tenemos la oportunidad de hablar de nuestra
liberación. Valoramos mucho la salvación cuando hablamos de Cristo y su evangelio con
celo, audacia y valor.
También vemos juicios de valor en la forma en que hablamos de nuestra salvación. En
particular, como retrata Jonás 2, nuestro agradecimiento ante el Señor mide cómo
valoramos nuestra salvación.
Jonás no está teniendo una gran vida, imaginando con John Lennon “toda la gente
viviendo la vida en paz” (“Imagine”). Y luego añadiendo la salvación como una ventaja. Por
el contrario, antes de que el Señor lo rescate del agua, la vida de Jonás está en una gran
angustia y el profeta comprende que va a descender profundamente a la tumba. “Iba a la
tumba para siempre, Dios, y tú me escuchaste. Comprendo que mi situación era muy
grave”.
Jonás comprende que algo está ocurriendo en su interior. El término que utiliza para
referirse a los peces en 1:17 es un término masculino, pero utiliza términos femeninos
asociados a la reproducción de los peces cuando está dentro de ellos (Bruckner, Jonah, 69–
70). Jonás lo expresa eficazmente cuando se encontraba en una gran angustia: “tú, Señor,
me llevaste al vientre del pez, del vientre del Seol, y lo hiciste para que pudiera volver a
nacer porque no había esperanza para mí”. El estudioso del Antiguo Testamento, Bryan
Estelle, señala que “el Seol se refiere a un lugar de castigo divino, una maldición que se suele
desear a los impíos” (Salvation through Judgment and Mercy, 82).
Jonás comprende que no tiene esperanza si Dios no actúa para que pueda nacer de
nuevo. El Señor lo saca del vientre de la tumba cuando trae el pez. En lugar de permitir que
Jonás se ahogue, Dios lo recoge. “Está como muerto, pero puede renacer” (Bruckner, Jonah,
70). El pez es un acto de la gran misericordia de Dios hacia Jonás.
Jonás continúa en su oración diciendo: “Me arrojaste a las profundidades, al corazón de
los mares, y la corriente me venció. Todas tus rompientes y tus olas me arrastraron” (2:3).
Comprende que no se encuentra en esta situación porque los hombres le hayan arrojado
por la borda del barco. Los hombres fueron agentes; el Hacedor del mar y de la tierra seca
lo arrojó a las profundidades. La mano soberana de Dios recogió al rebelde y lo arrojó,
diciendo efectivamente: “Bien, querías correr al agua. ¡Aquí está!. Ahora, ¿qué vas a
hacer?”.
El Señor persigue a Jonás con su ira. El profeta está angustiado y en el vientre del Seol
porque Dios le hizo esto. Estas son las olas del Creador que pasan sobre Jonás. Dios puso su
ira sobre Jonás e hizo que su situación fuera desesperada porque Jonás es pecador. Jonás
reconoce que ¡el está bajo la misma ira de Dios! A menudo nos resulta difícil visualizar a
nuestro amoroso, bueno y bondadoso Señor como alguien lleno de tanta furia. Sin
embargo, este siervo rebelde experimenta la disciplina amorosa de un Padre que no desea
que sus hijos se equivoquen o se desvíen (Heb 12:5–11; cf. Pr 3:11–12; véase también 1Pe
4:17–18).
Jonás comprende que Dios viene tras él. Sin embargo, Jonás es capaz de decir: “He sido
desterrado de tu vista”. Está desesperado, pero comprende que podrá volver a mirar el
templo de Dios. ¿Cómo llega Jonás a pensar algo así?
Los templos no pueden contener al Dios soberano, como proclamó Pablo a los
atenienses politeístas (Hch 17:24). A menos que el Señor condescienda a dejarse contener
—como lo hizo al habitar en el tabernáculo y el templo, en la Encarnación de Cristo y en la
morada del Espíritu Santo en los creyentes—, la posibilidad de que un templo contenga a
Dios sería menor que la probabilidad de meter un elefante en una microjeringa. No hay
templo que pueda contener a Aquel que es infinito.
Finalmente, Salomón construyó el templo de Dios, ya que el Señor, por amor a su
pueblo, se acercó a el. Cuando Salomón dedicó el templo, dijo palabras como: “Dios, si tu
pueblo se aleja de ti y se va a una tierra extranjera en sus pecados, si vuelve a tu templo y
clama por ti, por favor escúchalos desde tu templo y rescátalos de dondequiera que estén”.
Recibir misericordia tras el arrepentimiento es parte de la estructura de la presencia de Dios
entre su pueblo.
Jonás comprende perfectamente que se encuentra en una situación muy grave, pero
también sabe que tiene un Dios fiel, que cumple su pacto. Si alguien se vuelve de sus
pecados a Dios, Él lo escuchará, aunque esa persona se esté ahogando en el mar. Jonás da
muchas gracias porque entiende que se está hundiendo y que está bajo la ira de Dios y es
expulsado de la vista de Dios. Pero cuando Jonás se arrepiente, sabe que Dios lo escuchará
en su templo. Por eso Jonás hace esta gran oración de agradecimiento.
En los versículos 5–6 Jonás vuelve a referirse a lo que ocurría en el agua: “Las aguas me
envolvieron hasta el cuello, las profundidades acuáticas me sobrepasaron, las algas se
enredaron en mi cabeza. Me hundí hasta los cimientos de los montes, la tierra con sus
barrotes de prisión se cerró tras de mí para siempre”. El pez no aparece tan pronto como
Jonás cae al agua. En las versiones de dibujos animados de esta escena, un enorme pez abre
la boca y Jonás salta directamente al agua con la precisión de un buzo olímpico. Esto no se
corresponde con lo que ocurre aquí. En cambio, Jonás cae al agua y el Señor le permite
hundirse un rato para que pueda comprender la gravedad de las consecuencias de sus
decisiones.
Cuando escuchas las historias de cómo los santos llegaron a conocer a Cristo como
Salvador, parece que muchas personas estaban cerca del fondo de sus vidas cuando
clamaron al Señor. Alguien me preguntó una vez por qué esto es así. Es porque antes de
tocar fondo, pensamos que podemos soportar ser arrojados al mar. Una vez que realmente
tocamos las aguas turbulentas y comenzamos a ahogarnos —una vez que todas las cosas
que enmascaraban lo malo de la vida desaparecen— entonces estamos en un lugar donde
debemos clamar a Dios o perecer. Dios nos hace esto para que dejemos de mentirnos a
nosotros mismos sobre lo que ocurre en nuestras vidas.
Jonás va a un lugar donde el agua se cierra sobre él para quitarle la vida. “El abismo me
rodeó; la cizaña me envolvió en las raíces de los montes”. Dice que, “descendió a la tierra
cuyos barrotes se cerraron tras de mí para siempre”. Él está bajando hasta donde puede
llegar.
El concepto antiguo del Seol era que cuando bajabas a la tumba no podías escapar
porque las barras se cerraban sobre ti. De hecho, aquí hay un juego de palabras porque
“bar” en hebreo tiene un doble significado, al igual que en español. Tanto en hebreo como
en español puede referirse a las barras que se cierran sobre uno, y puede referirse a los
bancos de arena en el fondo del mar. Jonás da las gracias porque comprende que su muerte
es segura y que no tiene escapatoria.
Antes de que el Señor viniera a liberarnos, nuestra muerte era segura. Estábamos en
apuros y nos ahogábamos sin esperanza. A veces comenzamos a pensar que, aunque nos
estuviéramos ahogando terriblemente, podríamos haber hecho un esfuerzo suficiente para
salir de esa situación de ahogo. Jonás deja muy claro que no es así. Nos estábamos
ahogando con certeza e íbamos a morir para siempre. No había manera de salir porque Dios
estaba lanzando todo esto sobre nosotros. La muerte se iba a cerrar sobre nosotros y nos
iba a quitar la vida para siempre. Ese es el cuadro de nuestras vidas. No había forma de salir
nadando de esa posición. Lo único en lo que podía descansar Jonás era decir: “Dios, estaba
seguro de que iba a morir”.
“¡Pero tú has sacado mi vida de la fosa, Señor, mi Dios! Cuando mi vida se desvanecía,
me acordé de Jehová. Mi oración llegó a ti, a tu santo templo” (2:6–7). Aquí está el templo,
de nuevo en el centro. Antes de que Jonás cuente que sabía que iba a ir al templo, ora esta
oración. Cuando está en el fondo y al borde de la muerte, el Señor escucha su oración y
envía el pez para liberarlo.
Hay mucho de la soberanía y la misericordia de Dios mezclado en esta oración. Está claro
en Jonás 1:17 que Dios designa un pez antes de que Jonás toque el agua. Dios, en su
soberanía, decreta que algunas cosas se cumplan de acuerdo con la oración. Aquí Dios envía
el pez. Dios también gobierna completamente que Jonás ora por lo que Dios ya ha
designado y enviado. Jonás no está a cargo de su salvación. En cambio, el Señor ya ha
actuado en su favor.
“Cuando mi vida se desvanecía, me acordé de Jehová. Mi oración llegó a ti, a tu santo
templo”. Puede haber sido el último aliento que tomó o simplemente algo en su mente, sin
embargo, de alguna manera Jonás oró: “Dios, sé que puedes escucharme en el templo”.
Esto realmente puede hacernos sentir agradecidos por nuestra salvación.
Este pasaje plantea la cuestión de si podemos ser tan depravados, tan rebeldes y tan
alejados de Dios que Él no pueda salvarnos. ¿Hay alguien demasiado pecador para Dios?
¿Hasta dónde llega la misericordia de Dios? La misericordia de Dios llegará hasta los bancos
de arena del océano por un profeta rebelde que merecía morir.
Dios dirá: “Escucho esa oración de misericordia, y conseguiré algo ahí abajo y te
salvaré”. ¡Nadie está más allá de eso! Nunca es demasiado tarde para arrepentirse y
volverse al Señor. Usted tiene la oportunidad dondequiera que esté. No diga: “¡No
entiendes lo que he hecho en mi vida!”. Podría haber huido de Dios, haber pagado el pasaje
para subirse a un barco que va en dirección contraria a la que Él le ha enviado, haberse
dormido mientras Dios lanzaba una tormenta, haber sido apático ante la gente que perece,
haber dicho: “Tírame por la borda”, y haberse arriesgado entre la muerte y Dios. Si ha hecho
algo así, está en la línea con Jonás.
Dios le escuchará aunque haya hecho cosas mucho peores. Todos nosotros hemos
pecado. Hemos estado muy lejos de la gloria de Dios, el estándar que Él establece para su
justicia. Y Dios nos mira a todos y dice que no hay ninguno de nosotros que sea justo a sus
ojos. Todos nosotros merecemos la muerte eterna. Dios dice que si usted cree en Su Hijo
que murió en la cruz por sus pecados y fue resucitado, Él escuchará por la obra de Cristo
por nosotros. ¡El Señor le rescatará para siempre!
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Según el uso que hace de su tiempo libre, ¿qué valora en la vida? ¿Qué valor
tienen para usted las disciplinas espirituales y el servicio dentro de su
congregación?
2. Considere de nuevo la estructura de las dos oraciones de Jonás dentro de Jonás
2, ¿Cuál es la relación entre la oración en las profundidades y la oración dentro
del pez? ¿Cómo contribuye cada una a la otra?
3. Keller dice: “Un ídolo es cualquier cosa que mire y diga, en el fondo de su
corazón, ‘Si tengo eso, entonces sentiré que mi vida tiene sentido, entonces
sabré que tengo valor, entonces me sentiré significativo y seguro’ ” (Counterfeit
Gods, xviii). ¿Cuáles son algunas de las cosas en su vida de las que podría estar
extrayendo una cantidad desmesurada de autoestima, valor personal o incluso
una sensación de seguridad?
4. ¿Cuáles son algunas de las formas en que las personas pueden enmascarar vidas
totalmente depravadas y engañarse a sí mismas sobre su propia capacidad para
manejar la vida sin la ayuda de Dios? ¿Cuáles son algunas de las cosas terribles
que el Señor utiliza para despertar a la gente a la verdad sobre la desesperación
de sus situaciones y su necesidad de Él?
5. “A menudo nos resulta difícil visualizar a nuestro amoroso, bueno y bondadoso
Señor como alguien lleno de tanta furia. Sin embargo, este siervo rebelde
experimenta la disciplina amorosa de un Padre que no desea que sus hijos se
equivoquen o se desvíen”. ¿Cómo se compara esta afirmación con la visión de
su Padre celestial? Comparta una ocasión en la que haya visto una dificultad en
la vida como un acto soberano de disciplina amorosa y paternal.
6. ¿Por qué Jonás puede esperar ver al Señor en su templo después de una
desobediencia tan grande? ¿Cómo revela esto la majestad de Dios y la gloria de
Cristo?
7. ¿Cómo se compara Jonás con Cristo en este capítulo? ¿Qué puede revelar esta
comparación sobre cómo debemos leer la historia de las Escrituras?
8. ¿De qué manera su propia acción de gracias por la salvación le ha llevado a una
mayor proclamación del Evangelio a los no creyentes? ¿Qué puede decir esto
sobre el valor que le da a ser rescatado del pecado? ¿Qué podría revelar esto
también sobre su comprensión de la verdadera situación antes de su salvación?
9. Hay mucha gente en el mundo que adora a falsos dioses, incluso erigiendo
objetos físicos como ídolos de adoración. ¿Qué podría estar diciendo Jonás 2
sobre cómo debemos proclamar el Evangelio a esas personas? ¿Cuál es el
mensaje que debemos recomendar, y cuáles son los mensajes que debemos
decirles que rechacen?
10. ¿Cree que es correcto que el mensaje del Evangelio sea tan exclusivo? A la luz
de la obra de Cristo, ¿qué hace que la exclusividad —“La salvación viene del
Señor”— sea justa y santa? ¿Cómo explica Romanos la justicia de Dios en la
salvación de las personas (Ro 3:21–26)?
EL PREDICADOR DE LA FATALIDAD Y EL DIOS
MISERICORDIOSO
JONÁS 3:1–10
Idea principal: El anuncio obediente de Jonás sobre la destrucción de Nínive resulta en
misericordia para los ninivitas, ya que el Señor se aparta de destruirlos al ver que creen en
su Palabra.
I. El desprecio de la infancia por la predicación de la fatalidad
II. Debemos predicar el mensaje de la perdición en obediencia al mandato de predicar el
Evangelio de Dios (3:1–3)
III. Debemos predicar el mensaje de la perdición, para que los impíos se arrepientan hacia
Dios (3:3–5)
IV. Debemos predicar el mensaje de la perdición, porque podría llevar a los poderosos a
un lugar de humildad ante Dios (3:6–10)
V. Exhortación final sobre la predicación de la fatalidad
Tal vez haya tenido un incidente como este en su casa o cuando estaba creciendo: usted
y/o su hermano(a) estaban jugando de forma desenfrenada en la casa. Había un objeto
valioso que su madre o padre le habían dicho: “Si sigues jugando, lo vas a tumbar y lo vas a
romper”. Sabía que era mejor no golpearlo y romperlo.
Como cuando al jugar entre hermanos, un día estaban haciendo justo lo que mamá y
papá decían que no debian hacer —jugar—, pasarlo bien y Oops… Se cayó esa cosa: se
rompió ese marco de fotos; se fue la copa de cristal favorita de mamá; desapareció esa
bonita (e insustituible) pieza de la mesa de centro.
Todos se miran entre sí. Oh… Ahora hay una pregunta: ¿Quién se lo va a decir a mamá?
¿Quién va a llevar eso que rompieron —y todos en la casa escucharon el vidrio romperse—
frente a mamá o a papá y decirles: “Sí, estábamos jugando y lo rompimos”?
Probablemente, los hermanos mayores se escaparon amenazando a los demás, por lo
que el más joven fue reclutado. Si no funcionaba así, alguien tenía que ser el que fuera a
mirar a mamá o a papá a los ojos y arriesgarse a que mamá o papá descargaran la primera
parte de la ira en el mensajero; ¡esperabas que no eligieran primero la disciplina y la
interrogación después!
A nadie le gusta ser portador de malas noticias. Lo aprendimos de niños y se nos queda
grabado cuando nos hacemos adultos. La primera vez que consigue un puesto directivo y
alguien por encima de usted le dice: “Tienes que despedir a Bill”, usted dice: “Yo nunca he
despedido a nadie”. “¿Estás seguro de que tengo que ser yo quien lo diga?”. “Sí, eso es parte
de tu trabajo”. No nos gusta ese trabajo.
Igualmente, no nos gusta ser portadores de malas noticias cuando se trata del evangelio.
El evangelio tiene un lado de malas noticias. Ese es el lado del que no nos gusta hablar. Nos
encanta hablar del amor de Dios y de la maravillosa relación que Él quiere tener con la
gente. Pero antes de que alguien tenga una razón para escuchar esa parte del mensaje, hay
algunas malas noticias que tú y yo tenemos que decirles: Si no entregan su vida a Dios, están
condenados para toda la eternidad.
Si nunca decimos a las personas que conocemos el lado malo de las buenas noticias, lo
más probable es que nunca tengan la oportunidad de recibir la misericordia de Dios. No hay
salvación sin escuchar las malas noticias. Ese es el predicamento en el que encontramos a
Jonás: Jonás tiene que ser el que lleve a Nínive las malas noticias para que puedan tener la
oportunidad de escuchar una noticia realmente buena. Sin embargo, es al recibir esta mala
noticia que los ninivitas se convertirán en objetos de la gloriosa misericordia de Dios.
Puede que dudemos en sacar el tema del evangelio porque la otra cara de la buena
noticia es la mala, y no queremos tener que contarle a la gente las malas noticias. A Jonás,
en cambio, no le gusta la tarea de predicar a los ninivitas porque la otra cara de la mala
noticia es la buena. Si le dice a esta gente extremadamente malvada las malas noticias, Dios
podría tener la oportunidad de tener misericordia de ellos y perdonarlos de todos sus
pecados. No tendrán que dar cuenta en esta vida de todos los actos de maldad que han
cometido hacia el pueblo de Jonás, Israel. Un pensamiento equivalente sería el de las
organizaciones terroristas que se salen con la suya en los ataques a suelo americano o a
instalaciones militares americanas sin un Gitmo. Los ninivitas serán perdonados de toda
maldad, y serán bienvenidos ante Dios al igual que el pueblo de Israel.
En lugar de llevar la misericordia de Dios a ellos, dice: “Voy a ir en dirección
completamente opuesta, a Tarsis”. Sin embargo, el Señor —que ama la misericordia y
disfruta dándola a los pecadores mucho más de lo que cualquier filántropo o gobierno
disfruta dando dinero a los necesitados— quiere dar misericordia a Nínive, tanto que deja
caer al mar al rebelde Jonás. Aunque Jonás no quiere dar misericordia a nadie más, la quiere
para sí mismo, que es donde estamos la mayoría de nosotros: Nos encanta tener
misericordia para nosotros mismos. Por misericordia, a través de un pez, el Señor rescata al
profeta rebelde y lo pone en tierra firme de Nínive. Tiene otra oportunidad de decir lo que
Dios quiere que diga.
Por estos pecados y otros más, estamos en peligro ante un Dios santo. Esto nos lleva a
las malas noticias: Tenemos que decirle a la gente que nos presentaremos ante Dios para
ser juzgados bajo su ira eterna porque hemos roto su ley.
No es fácil proclamar esta otra cara del evangelio. Es como ser el médico que tiene que
compartir la mala noticia de una enfermedad terminal con un paciente. Tú y yo queremos
ser el médico que dice: “¡Es un niño!” o “¡Tu presión arterial se ve bien!”. Pero tenemos que
proclamar el mensaje que Dios nos ha dado, y ese mensaje contiene algunas feas verdades
Con palabras aún más alentadoras para compartir el evangelio, Whitney también
escribe: “Solo el puro arrebato de estar perdido en la adoración de Dios es tan estimulante
y embriagador como hablarle a alguien de Jesucristo” (Spiritual Disciplines, 119). Esta
emoción será nuestra cuando proclamemos el evangelio con valentía y dejemos los
resultados en manos del Todopoderoso.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Donald Whitney dice: “Creo que la seriedad del evangelismo es la principal razón
por la que nos asusta. Nos damos cuenta de que al hablar con alguien sobre
Cristo, el cielo y el infierno están en juego. El destino eterno de la persona se
cierne ante nosotros. E incluso cuando creemos con razón que los resultados de
este encuentro están en manos de Dios y que no somos responsables de la
respuesta de la persona al evangelio, seguimos sintiendo el solemne deber de
comunicar el mensaje con fidelidad, así como el santo temor de decir o hacer
cualquier cosa que pueda suponer un tropiezo para la salvación de esta persona”
(Whitney, Spiritual Disciplines, 123). Explique las razones por las que cree que
alguien puede sentir preocupación por ser una piedra de tropiezo, incluso
cuando entiende que el Señor debe proporcionar el poder para una respuesta
salvadora al evangelio.
2. Piense en la última vez que no respondio fielmente a una oportunidad o a un
estímulo para compartir el evangelio con un incrédulo. ¿Qué necesita hacer para
estar preparado para compartir inmediatamente la próxima vez que se presente
una situación similar?
3. El mensaje de Jonás era sencillo; tenía cinco palabras en el texto hebreo. ¿Cuál
es la forma más sencilla de compartir el mensaje del Evangelio sin omitir sus
aspectos necesarios?
4. Piense en el último sermón evangelístico que escuchó y que incluía un llamado
al arrepentimiento del pecado. ¿Cómo respondió la audiencia? ¿Cuál esperaba
que fuera la respuesta de la gente y por qué? ¿Qué le dice esto sobre cómo se
siente al predicar la necesidad de arrepentimiento?
5. Basándose en Jonás 1–3, ¿qué tipo de actitud cree que debería haber tenido
Jonás tanto hacia Dios como hacia los ninivitas cuando el Señor le dio la orden
por segunda vez? ¿Por qué cree que debería haber tenido esa actitud? ¿Qué
emociones cree que debería sentir y por qué?
6. La predicación del mensaje del Señor por parte de Jonás pone en contraste a dos
reyes: el rey de Nínive y Cristo Rey. ¿De qué manera la predicación de Jonás y la
respuesta del rey exaltan a Cristo como el verdadero Rey? Compare y contraste
la postura de los dos reyes en respuesta a la predicación de Jonás. ¿Qué le puede
decir esto sobre cómo se glorifica a Dios a través de nuestra proclamación del
Evangelio?
7. En lugar de proclamar verbalmente y con valentía el evangelio de Cristo, es
común que los creyentes modernos lleven a un amigo incrédulo a la iglesia para
que escuche el evangelio, esperando que el sermón haga el trabajo de
evangelización en su lugar. Basándose en tu lectura de Jonás 3, ¿en qué sentido
esta idea es ligeramente errónea? Por el contrario, ¿qué podría decir un
comportamiento típico de una iglesia sobre su preparación y planificación de sus
servicios de culto?
8. En un entorno moderno, ¿cómo podría un grupo de iglesias evangélicas
proclamar el evangelio a todos los residentes de una ciudad? ¿Cómo podría un
grupo de creyentes contribuir a un esfuerzo para ver el evangelio proclamado a
los líderes de su ciudad y estado? ¿Qué podrían significar estos esfuerzos para la
programación ministerial tradicional y el presupuesto anual de cualquier iglesia?
9. Considere los siguientes pasajes: Hch 2:36–41; 4:13–22; 5:27–42; 7:51–58;
13:42–46; 17:32–34. ¿Qué tipo de respuestas da la gente a la predicación de
Cristo por parte de los apóstoles? ¿Qué le puede decir estas variadas respuestas
sobre el tipo de respuesta que dio Nínive a la predicación de Jonás? ¿Qué le
puede decir sobre el tipo de respuesta que puede recibir si se acostumbra a
compartir su fe con los incrédulos con regularidad, valentía, celo y audacia?
10. ¿Qué confianza obtiene al saber que el Señor es inmutable? ¿De qué manera su
inmutabilidad fortalece su esperanza por la salvación de sus amigos y parientes
perdidos? ¿Cómo puede afectar esta verdad a su forma de pensar para
compartir el evangelio sin vergüenza ni miedo?
EL ENFURECIDO AMANTE DE LA SOMBRAS Y EL DIOS
SALVADOR DEL REBAÑO
JONÁS 4:1–11
Idea principal: La desesperación airada de Jonás por la misericordia del Señor hacia los
ninivitas revela el carácter misericordioso de Dios en la salvación tanto hacia Jonás como
hacia los ninivitas.
I. La ira: Justos e injustos
II. La ira injusta puede hacerle pensar que la vida con Dios no vale la pena vivirla (4:1–4)
A. Jonás esperaba la coherencia de Dios
B. Jonás tenía problemas con el carácter de Dios
C. Jonás estaba enojado con la libertad de Dios de ser Dios
III. La ira injusta puede hacerle esperar el juicio de Dios sobre otros que usted no querría
para sí mismo (4:5–8)
IV. La ira injusta puede hacerle perder oportunidades de ser misericordioso como lo es
Dios (4:9–11)
A. Jonás y el cuidado y la autoridad de la planta
B. Jonás y la existencia limitada de la planta
C. Jonás y el apoyo de la planta al amor de Dios por Nínive
II. LA IRA INJUSTA PUEDE HACERLE PENSAR QUE LA VIDA CON DIOS NO VALE LA
PENA VIVIRLA
JONÁS 4:1–4
“Pero Jonás se disgustó mucho y se puso furioso”. Tal vez pueda imaginar cómo se siente
esto. Si pudiera pisotear, lo haría; si pudiera golpear su puño, lo haría. Puede gritarle a Dios,
y lo hace: “¿No es esto lo que dije cuando estaba en mi país? ¡Sabía que ibas a hacer esto!,
¡Sabía que esto pasaría si te obedecía!, ¡Sabía que no podía confiar en ti para que las cosas
salieran a mi manera! Sabía que no eras justo”. Esta es la depravación en su máxima
expresión. La criatura acusa al Creador de pecado e injusticia en lugar de mirar hacia dentro
y decir: “Dios siempre es justo; mi ira debe significar que algo está mal en mí”.
Baldwin escribe: “La reacción [de Jonás] nos detiene. La fortísima expresión indica que
la ira de Jonás brotó de lo más profundo de su ser, como la de un niño que hace un
berrinche. Esa ira es totalmente irracional y, sin embargo, debe tener una explicación”
(“Jonah”, 583).
Jonás parece estar enojado por tres razones.
Jonás está decepcionado con el carácter de Dios. “Jonás ve el aplazamiento del juicio
sobre Nínive como una debilidad por parte de Dios y desaprueba fuertemente que se
comparta la compasión del Señor con los que no son amables” (Baldwin, “Jonah”, 583–84).
Jonás se enfada con la cuádruple bondad de la naturaleza de Dios.
Jonás tiene un problema con que Dios muestre su gracia, con que Dios de su favor a la
gente. Sin embargo, como reconoce Timmer, “la gracia de Dios en sí misma no es onerosa
para Jonás: simplemente odia la gracia mostrada a quienes cree que no la merecen,
especialmente a los no israelitas” (A Gracious and Compassionate God, 122).
Jonás se opone a que Dios sea misericordioso, alguien que cuida de la gente con ternura
y compasión, como una madre cuidaría de un niño (el concepto hebreo detrás de las
palabras). Que Dios sea alguien que mire a la gente malvada y violenta —¡a sus enemigos,
nada menos!— y se incline sobre ellos como una buena madre se inclina sobre la cuna de
un bebé, sosteniéndolo y acariciándolo con ternura, es un problema para Jonás. Sobre la
misericordia de Dios, John Feinberg señala:
Hay una diferencia significativa entre la gracia y la misericordia. Ambas implican un favor
inmerecido, pero la diferencia es que, mientras que la gracia puede ser dada a aquellos que
son miserables y necesitan desesperadamente ayuda, también puede ser dada a aquellos
que no tienen ninguna necesidad particular. Por otro lado, la misericordia se da
específicamente a aquellos cuya condición es miserable y de gran necesidad… Con respecto
a nuestra necesidad de pagar por los pecados y ser perdonados, la raza humana está en
gran necesidad. Lo que Dios hizo por nosotros en Cristo en el Calvario es un acto de gran
misericordia. (No One like Him, 159)
Jonás se desespera de que Dios sea lento para la ira. Jonás reprende a Dios por ser
extremadamente paciente, por no aplicar el juicio merecido inmediatamente a los
pecadores, sino por dar a las personas que no lo merecen una oportunidad tras otra para
que se aparten del pecado y la destrucción y se vuelvan hacia Dios y su santidad. ¿Realmente
quiere Jonás que nuestro Dios sea rápido para la ira?
Jonás se angustia con Dios abundando en el amor fiel, que cumple el pacto, a pesar de
la acción de su pueblo rebelde. El término hebreo es Ḥeseḏ. La complejidad y profundidad
de este atributo divino se ve en sus diversas traducciones al español de las siguientes Biblias:
“amor fiel” (HCSB), “amor firme” (ESV), “bondad” (KJV), “bondad amorosa” (NASB) y “amor”
(NIV). Los conceptos de amor, fidelidad y bondad están unidos en una “rica” abundancia.
Bruckner propone que el “amor implacable” de Dios es la mejor traducción del término,
“que es el compromiso del pacto de Dios con su pueblo. Con este amor implacable se
vincula a sus promesas con ellos”. Brucker sugiere además: “La palabra equivalente más
cercana en el Nuevo Testamento es agape¯, traducida como ‘amor incondicional’ ”
(Bruckner, Jonah, 111). Jonás se lamenta que Dios dirija su amor hacia Nínive.
Conociendo la situación y la actitud de Jonás, se podría entender su angustia con los
caminos del Señor. Sería característico de Dios ser misericordioso con el pueblo de su pacto.
Pero ahora Dios dirige su amor de pacto a personas que están fuera del pacto — ente
malvada que odia a Israel— y en efecto los ha puesto bajo el pacto de misericordia.
III. LA IRA INJUSTA PUEDE HACERLE ESPERAR EL JUICIO DE DIOS SOBRE OTROS
QUE NO QUERRÍA USTED PARA SÍ MISMO
JONÁS 4:5–8
Jonás sale de la ciudad y construye un refugio de ramas para hacer un lugar con sombra
mientras espera que la vida sea diferente. Aparentemente, se ha hecho un asiento en
primera fila con cacahuetes, nachos y cerveza mientras espera que Dios cambie de opinión
de nuevo y haga llover fuego sobre Nínive. Está tan enfadado que, mientras construye la
tienda, no piensa en ella como un recordatorio de los refugios en los que vivieron los
israelitas después de que Dios los liberara de Egipto y los dejara caer en la tierra prometida.
Todo lo que puede hacer es poner mala cara.
Las ideas de John Piper sobre la ira y la amargura parecen apropiadas para este
momento de la historia:
Lo que da tanta fuerza al impulso de la ira en estos casos es la abrumadora sensación de
que el ofensor no merece el perdón. Es decir, el agravio es tan profundo y tan justificable
que no solo la autojustificación refuerza nuestra indignación, sino que también lo hace un
legítimo sentimiento de indignación moral. Es el profundo sentido de legitimidad lo que da
a nuestra amargura su compulsión inflexible. Sentimos que se cometería un gran crimen si
se dejara de lado la magnitud del mal que hemos vivido y dejáramos el pasado en el olvido.
Estamos divididos: nuestro sentido moral dice que este mal no puede ser ignorado, y la
Palabra de Dios dice que debemos perdonar. (Future Grace, 265)
Dios tiene algo para los pucheros de Jonás. Hace mucho calor donde se sienta Jonás, —
tanto que la tienda improvisada no puede dar suficiente sombra. Así que el Señor designa
una planta de grandes hojas para que crezca sobre Jonás y le dé más sombra—, nada menos
que en un día (lo que en sí mismo es misericordia). El relato revela que el Señor da esta
provisión para salvarle de su malestar, o literalmente, para “rescatarle” de su “maldad”.
Cuando el pasaje habla de que el Señor designó (o proveyó) la vid, el gusano y el viento
abrasador, se refiere a la providencia de Dios: las obras de Dios que son “completamente
santas, sabias y poderosas, que preservan y gobiernan toda criatura y toda acción”, como
afirma el Catecismo Menor de Westminster (Meade, Training Hearts, 40). Al igual que el
Señor designó la tormenta y los peces en Jonás 1 —porque controla absolutamente los
vientos, las olas y las tormentas, y todos los animales—, ahora decreta que una planta
crezca en un día corto para dar sombra a Jonás. En el hebreo se crea un juego de términos
ambiguos en el que Dios designa la planta para rescatar a Jonás de su malvado corazón y no
solo para darle sombra del sol. A Jonás le gusta la sombra de la planta. Se regocija mucho
en la sombra designada por Dios.
Al día siguiente, sin embargo, las cosas no salen como le gusta a Jonás. Porque la misma
providencia de Dios que trajo la sombra ahora trae una “oruga muy hambrienta”, por así
decirlo, para arrancar la planta, quitándole la sombra. A esto le sigue la Providencia
enviando un viento abrasador que lleva a Jonás a un lugar de insolación. Destrozado, y de
nuevo desesperado por la vida, ahora Jonás comienza de nuevo ese mantra de “desearía
estar muerto” (4:8).
Cuando la Providencia determinó darle sombra, Jonás se alegró. Cuando la Providencia
determina darle un tiempo de desmayo, Jonás se resiste. A Jonás le gusta la misericordia.
Pero a Jonás no le gusta ver lo precaria y desesperada que es la vida sin ella: lo que sentiría
si recibiera lo que desea para Nínive. Sobre esto, James M. Boice dijo de Jonás:
Jonás debería haber perecido miserablemente dentro del gran pez. Había renunciado a
Dios. Lo correcto hubiera sido que Dios renunciara a él. Sin embargo, Dios le mostró una
gran misericordia, primero al llevarle al arrepentimiento y luego al salvarle y encomendarle
de nuevo la predicación en Nínive. Ciertamente, Jonás había experimentado la misericordia
de la mano de Dios. Pero había un largo viaje por el desierto, y la memoria del hombre es
corta. Jonás había olvidado la misericordia de Dios y, por lo tanto, estaba mal preparado
para apreciarla cuando Dios mostró la misma misericordia a otros. (Minor Prophets, 206)
En lugar de esperar la destrucción de otro, tenemos que pensar en lo mucho que nos
gusta la misericordia y en lo empobrecidos que estaríamos sin ella. Nos encanta que Dios
nos haya dado un trabajo o nos haya mantenido durante períodos de desempleo. Nos
alegramos de que el Señor vele por nuestros hijos y nietos o de que nos mantenga en paz
cuando un hijo deja trágicamente este mundo. Nos alegramos de que nuestro Salvador nos
haya visto pasar por problemas de salud importantes o nos haya dado la gracia para vivir
con ellos mientras seguimos disfrutando de la vida.
Piense ahora, en cambio, en lo que sería su experiencia de vida si el Señor no hubiera
designado puertas abiertas para buenos trabajos, o designado ángeles para vigilar a sus
hijos (Mt 18:10; Heb 1:14), o designado atención médica y personas de oración en su vida.
Estaríamos lisiados, debilitados, acorralados por el dolor, viviendo como mendigos.
Recientemente, un hombre que me había hecho mucho daño perdió a su esposa por
una muerte trágica. Al escuchar la noticia, inmediatamente experimenté la tentación de
decir: “Está recibiendo su merecido”. Sin embargo, en un momento de gracia, el Espíritu de
Dios me llevó a orar por este hermano en el Señor en lugar de regodearme en su dolor.
Pensé que no querría que mi esposa muriera de esa manera; tampoco querría que otros se
regocijaran mientras yo me afligía por perderla. Querría misericordia, y he experimentado
una gran misericordia en la obra expiatoria de Cristo por mis pecados.
Por lo tanto, deseaba que el Señor derramara esa misma gran misericordia sobre mi
ofensor. Hacer lo contrario sería una negación miope y egoísta de mi propia necesidad de
la misericordia del Señor.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Por qué cosas se ha enfadado mucho y luego ha descubierto que se equivocaba
al ver que no se cometía una injusticia contra usted? ¿Qué motivó su perspectiva
original sobre la situación? ¿Qué información posterior le ayudó a pensar de
forma diferente?
2. ¿Cuándo se ha enfadado con el Señor por sueños no cumplidos o por
expectativas incumplidas? ¿Cuál era su esperanza original que no se cumplió?
¿Por qué esa expectativa era tan significativa para usted en ese período de su
vida?
3. ¿Cuándo no ha expresado una ira justa —una indignación moral o un grito de
justicia— por un problema laboral, familiar, comunitario o eclesiástico, dándose
cuenta en retrospectiva de que debería haber hecho oír su voz? ¿Por qué a veces
es difícil expresar una ira justa cuando ha habido un error social, pero es fácil
expresar una ira injusta por molestias leves? ¿Qué verdades sobre Cristo
debemos adoptar para crecer en la expresión correcta de la ira?
4. Nombre una experiencia reciente en la que se haya alegrado de la gracia, la
misericordia o la paciencia del Señor hacia usted. ¿Por qué necesito esa gracia,
misericordia o paciencia? ¿Cómo se sintio con el Señor cuando tuvo esta
experiencia?
5. Casi todos los países soberanos tienen otra nación de personas que se identifican
como enemigos. Piense en un enemigo de su país. ¿Qué siente hacia la gente de
esa nación en su conjunto? ¿Qué opina de que un miembro de esa nación se
mude a su casa, se case con su hijo o se convierta en funcionario de su
municipio? ¿Qué le enseña Jonás sobre cómo debe ver la tolerancia hacia esas
naciones y pueblos como seguidor de Cristo?
6. ¿Cuál ha sido su respuesta a las personas de su congregación que han
experimentado una desesperación prolongada o incluso pensamientos suicidas?
¿Qué tipo de actos prácticos, fieles y compasivos podrían sacarlos de su
desesperación? ¿Qué actos de amigos cristianos han sido más útiles en sus
momentos de mayor desesperación?
7. Considere los siguientes versículos de Jonás: 1:17; 4:6–8. Estos versículos
revelan que el Señor “designó” un evento cuatro veces. ¿Qué atributos de Dios
revelan tales eventos? ¿En qué ámbitos del orden creado revela Dios estos
atributos en Jonás?
8. Considere de nuevo Jonás 4:6–8. ¿Es normal que el Señor designe
acontecimientos y causas del “mal” natural, como el lanzamiento del viento
violento (1:4), el viento abrasador y la devastación de la planta? ¿Cómo se deben
considerar los acontecimientos del mal natural dentro de la voluntad del
Creador? (Véase también Jb 5:9–10; 28:26; Is 45:7; 50:2; Nah 1:3–5; Mr 4:39–
41).
APÉNDICE 1: LA ESTRUCTURA DE LA ORACIÓN DE JONÁS
COMO SALMO DE ACCIÓN DE GRACIAS EN JONÁS 2
La oración de Jonás refleja el diseño literario de un Salmo de Acción de Gracias (Sal 18; 30;
32; 92; 118; 138). Bruckner escribe:
Este salmo contiene los elementos tradicionales de la alabanza narrativa de un individuo a
Dios por la liberación… Este tipo de acción de gracias iba acompañado de un sacrificio (una
ofrenda de agradecimiento, un tipo de ofrenda de paz) a Jehová que se esperaba cuando
alguien era rescatado de la muerte… Los salmos narrativos de todah suelen contener los
siguientes elementos: (1) una introducción, que incluye una invitación a alabar a Jehová y
un resumen del tema; (2) un llamado a la congregación para que alabe a Jehová; (3) un
relato narrativo, que incluye la crisis en retrospectiva y el rescate, utilizando a menudo
“grité”, “oíste” e “interveniste”; y (4) un voto de alabanza. (Jonah, 78; véase también Allen,
Joel, 215)
Los arreglos visuales de estos apéndices pueden servir de apoyo para ayudar al público
a comprender el significado y la importancia de Jonás 2. El lector hará bien en tener en
cuenta que todo el registro de Jonás 2, así como el de todo el libro, se hizo fuera del pez
después de que Jonás fuera liberado. Las imágenes de un fuego como el de Pinocho en el
interior del pez en el que Jonás pudo grabar sus pensamientos deben desvincularse de este
capítulo y del análisis.
Jonás 2 reestructurado como salmo de
acción de gracias
Resumen dentro del pez, continuado, de su7 Cuando mi alma desfallecía dentro de mí me
relato en el agua como base de su oración de acordé del SEÑOR;
agradecimiento, incluyendo su relato de suy mi oración llegó hasta ti,
recuerdo del Señor mientras estaba en el agua y a tu santo templo.
la respuesta del Señor a Jonás desde el templo 9 Pero yo te ofreceré sacrificio
(5–7) con voz de alabanza.
Decisiones evangélicas dentro del pez basadasLo que prometí haciendo votos
en el agradecimiento: (1) proclamación de lalo cumpliré.¡La salvación pertenece al
unicidad del Señor en la salvación (2:8, 9b), (2)SEÑOR!
promesa de dar gracias (2:9), y (3) promesa de (RVA)
cumplir un voto de sacrificio con su acción de
gracias como expresión de agradecimiento (2:9)
APÉNDICE 3: ORACIÓN DE JONÁS REORDENADA
CRONOLÓGICAMENTE
Esta disposición de Jonás 2 refleja un orden propuesto para la oración de Jonás dentro del
pez.
1 Y desde el vientre del pez oró Jonás al SEÑOR su Dios.
2 Y dijo:
“Desde mi angustia invoqué al SEÑOR y él me respondió.
Clamé desde el vientre del Seol
y tú escuchaste mi voz.
7 (a) Cuando mi alma desfallecía dentro de mí me acordé del SEÑOR;
3 Me arrojaste a lo profundo,
en el corazón de los mares
y me rodeó la corriente:
Todas tus ondas y tus olas
han pasado sobre mí.
5 Las aguas me envolvieron hasta el cuello;
las profundidades acuáticas me sobrepasaron;
las algas se enredaron en mi cabeza.
6 (a) Descendí a la base de las montañas. La tierra echó sus cerrojos
tras de mí para siempre.
4 Yo dije: Expulsado soy
de delante de tus ojos;
pero aún he de ver tu santo templo.
(7b) y mi oración llegó hasta ti,
a tu santo templo.
(6b) Pero tú hiciste subir mi vida
de la fosa, ¡oh SEÑOR Dios mío!
Hay pocas cosas más destructivas en la vida que la rebeldía. Todos podemos identificarnos
con esta afirmación porque todos hemos sido rebeldes. La rebelión aparece en nuestras
vidas como un huésped no invitado, pero pronto se instala en nuestros corazones. En mi
caso, comenzó a aparecer en los primeros años de mi adolescencia —quizá a usted le
ocurrió lo mismo—. Un día estaba feliz de hacer todo lo que mis padres me decían; al
siguiente, empecé a cuestionar cada decisión que tomaban. ¿Qué causó este cambio en mi
forma de pensar? La rebeldía. En pocas palabras, la rebelión es un desafío a la autoridad.
Comienza con la rebelión contra nuestros padres, maestros y entrenadores. Si no se
controla, se convierte en una rebelión contra los empleadores, las fuerzas del orden y el
gobierno. En última instancia, sin embargo, la rebelión es siempre contra Dios porque Dios
instituye todas las formas de autoridad.
Pasé tres años como oficial de policía en Chattanooga, Tennessee, antes de que Dios
dirigiera mis pasos hacia el ministerio de la iglesia local. Vi de primera mano los efectos
dañinos de la rebelión. Localicé a niños que se escapaban de casa para huir de la autoridad
de sus padres, y arresté a ciudadanos que se negaban a someterse a las leyes de la ciudad
de Chattanooga y del estado de Tennessee. En todos los casos, la rebelión era la causa
principal. Nadie iba a decirles a estas personas lo que tenían que hacer. Lamentablemente,
la rebelión es un enemigo constante para todos. Esto era ciertamente cierto para las
naciones de Israel y Judá cuando Miqueas comenzó su ministerio profético. De hecho,
Miqueas pasará los tres primeros capítulos de su libro demostrando cómo la rebelión había
corrompido al pueblo de Dios.
I. EL MINISTERIO DE MIQUEAS
En Miqueas 1:1 leemos estas palabras: “La palabra del Señor que vino a Miqueas el
Moresita: lo que vio respecto a Samaria y Jerusalén en los días de Jotam, Acaz y Ezequías,
reyes de Judá”. Este versículo nos proporciona cierta información importante sobre
Miqueas. Era un profeta de Moreset, una pequeña ciudad de la región sur de Judá. Al igual
que su contemporáneo Amós, que se describía a sí mismo como un “recogedor de higos”,
era un chico de campo. Miqueas y Amós eran la prueba viviente de que Dios llama a la gente
a servirle desde los orígenes más improbables. A Él siempre le importa más el corazón de
una persona que su herencia.
A pesar de sus raíces sureñas, Miqueas probablemente pasó más tiempo en la extensa
metrópolis de Jerusalén que en cualquier otro lugar. El nombre de Miqueas significa
“¿Quién es como Jehová?” y sus profecías responderán a esa pregunta.
Este versículo revela que Miqueas sirvió a Dios como profeta durante los reinados de
tres reyes de Judea. Las fechas de estos reyes proporcionan la cronología de su ministerio.
Jotam era el rey en el trono de Judá cuando Miqueas comenzó su ministerio. Reinó en Judá
del 749 al 733 a.C. Jotam era un rey que temía a Dios, como su padre Uzías antes que él. Sin
embargo, no sucumbió al orgullo que destruyó a su padre (2Cr 26:16–23). A pesar de la
obediencia personal de Jotam a Dios, el pueblo continuó con sus prácticas pecaminosas de
idolatría mientras él era rey.
Acaz, hijo de Jotam, fue el segundo rey bajo el que sirvió Miqueas. Reinó del 733 al 713
a.C. A diferencia de su padre, Acaz fue un rey malvado e idólatra. Erigió ídolos en Judá,
ofreció a sus hijos como sacrificios quemados a dioses paganos, ¡e incluso cerró el templo!
Sus acciones fueron un modelo de idolatría para el pueblo, que continuó siguiendo a su rey
en este camino de desobediencia. En consecuencia, Dios utilizó a los sirios, a la tribu del
norte de Israel y a los asirios para humillarlo y juzgar a la nación de Judá (2Cr 28).
Ezequías, hijo de Acaz, fue el tercer rey bajo el que sirvió Miqueas. Reinó del 713 al 684
a.C. Sorprendentemente, Ezequías rechazó la idolatría de su padre y abrazó la fe de su
abuelo Jotam. En el primer año que fue rey, reabrió el templo, restableció el culto a Jehová
y desafió al pueblo a derribar los lugares de idolatría en Judá, lo que hicieron (2Cr 29:1–
31:21). Ezequías estaba lejos de ser perfecto, pero amaba a Dios y procuraba obedecerlo, y
Dios lo bendijo por ello (2Cr 31:20–21).
Por último, vemos en este versículo que Miqueas profetizó tanto al reino del sur de Judá,
cuya capital era Jerusalén, como al reino del norte de Israel, cuya capital era Samaria. Al
observar este rango de fechas, una fecha en particular salta a nuestros pensamientos: 722
a.C. Como se recordará, fue entonces cuando el reino del norte de Israel fue derrotado por
la nación de Asiria. El colapso del reino del norte fue rápido y permanente; nunca se
restableció. Miqueas todavía estaba sirviendo a Dios como profeta cuando ocurrió este
evento. Por lo tanto, lo veremos dirigirse tanto a Israel como a Judá al escribir su libro.
Es interesante considerar la longitud de los diferentes libros proféticos. Otro de los
contemporáneos de Miqueas, Isaías, escribió un libro que tiene 66 capítulos. El libro de
Miqueas tiene solo siete. Esto parece extraño si tenemos en cuenta que fue profeta durante
más de 30 años. Su libro es uno de los Profetas Menores, aunque esta etiqueta no implica
que los mensajes de estos libros no sean importantes. Más bien, la designación se deriva
del hecho de que los libros de los Profetas Menores son mucho más cortos que los libros de
los Profetas Mayores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel). Como la mayoría de los otros
libros de los Profetas Menores, Miqueas simplemente proporciona la esencia del mensaje
que predicó a lo largo de su ministerio. Nos proporciona una comprensión muy clara de los
pecados del pueblo, el llamado de Dios al arrepentimiento y su promesa de juicio si
continúan desobedeciéndole. Aunque tenía su base en Jerusalén, estoy seguro de que
Miqueas viajó por toda la tierra proclamando el mensaje que Dios le había dado.
II. EL MENSAJE DE MIQUEAS
Al volver nuestra atención al capítulo 1, vemos en los versículos 2–4 que Miqueas no perdió
tiempo en llegar al corazón del problema. A la mayoría de los escritores les gusta utilizar
una introducción atractiva para atraer al lector a una conversación sobre el tema. No es el
caso de Miqueas. En lugar de comenzar con algunas sutilezas, Miqueas sorprende al lector
con sus palabras. Su significado es claro: Dios es testigo contra ti por tu pecado. Se está
preparando para dejar su sala del trono en el cielo para bajar a la tierra, y cuando llegue
aquí, no va a ser bonito. Miqueas utilizó un lenguaje apocalíptico en estos versículos. Por
definición, este tipo de lenguaje se reserva para los acontecimientos más devastadores. La
caída de Israel en el 722 a.C. y la posterior caída de Judá en el 586 a.C. cumplen este criterio.
Miqueas proporcionó la razón de este juicio inminente de Dios.
En primer lugar, el juicio de Dios venía como resultado de los pecados de Jacob (v. 5).
Primera de Reyes 11 nos enseña que Salomón se apartó de Dios en su vejez para adorar a
los ídolos. En consecuencia, todos los pecados idolátricos de Israel y Judá tienen su origen
en Salomón. Mientras que Dios libró a Salomón del juicio por causa de David, los hijos de
Salomón no fueron tan afortunados. Roboam, que se convirtió en el rey de Judá, siguio por
los caminos de Salomón. Fue un rey malvado que llevó al pueblo a convertirse en idólatra.
Y como fue responsable de la división del reino de Salomón en dos reinos separados, fue
indirectamente responsable de todos los pecados que ocurrieron en el reino del norte bajo
el rey Jeroboam. Estas raíces de la idolatría habían florecido durante la época de Miqueas,
y Dios se estaba preparando para traer el juicio contra Israel y Judá a causa de ello.
En segundo lugar, el juicio de Dios venía por los pecados de Israel (v. 5). Israel había sido
creado como resultado del orgullo pecaminoso de Roboam, pero ellos debían soportar las
consecuencias de su propia e incesante idolatría. Como se recuerda, Jeroboam llegó a crear
un sistema falso de adoración que incluía la adoración de dos becerros de oro situados en
Dan y Betel. Aunque afirmaba adorar a Jehová, su práctica religiosa idolátrica abandonaba
todos los aspectos de la auténtica adoración del pacto. Como resultado, el pueblo de Israel
mantuvo una práctica consistente de idolatría.
Tanto Judá como Israel se prostituyeron espiritualmente con dioses extranjeros en
desobediencia directa a la verdad revelada por Dios a través de la ley (vv. 6–7).
A. El pacto iniciado
Al estudiar el capítulo 1, encontramos la primera de las tres formas específicas en que Judá
e Israel habían rechazado a Dios como su Rey: habían rechazado el pacto del Rey. Sin
embargo, debemos entender el concepto básico de pacto para comprender plenamente
cómo Israel y Judá lo habían rechazado. Un pacto, en sus términos más simples, es un
acuerdo vinculante entre dos grupos o individuos. Hoy en día es más probable que
utilicemos el término contrato. Cuando se financia un coche, por ejemplo, se firma un
contrato con un banco. En esencia, el contrato define las responsabilidades de ambas
partes. El banco proporciona el dinero y los plazos necesarios para devolverlo. El comprador
es responsable de pagar al banco el dinero que debe por el coche, más los intereses. Este
contrato es totalmente vinculante. El banco no puede cambiar sus condiciones a mitad del
plazo del préstamo. Del mismo modo, el comprador debe realizar los pagos requeridos
durante toda la vida del préstamo. Si el comprador no paga lo que debe, el banco embargará
el coche para intentar recuperar parte de su dinero.
Dios había iniciado un pacto con Israel en el Sinaí, e Israel había aceptado entrar en el
pacto bajo los términos de Dios. Como parte de este pacto, tanto Dios como Israel tenían
obligaciones específicas. Por su parte, Dios le prometió a Israel que le cubriría sus
necesidades físicas y espirituales y lo protegería de sus enemigos. Este era un gran
compromiso de Dios. Se responsabilizaba del bienestar de su pueblo a todos los niveles.
Prometía darles tierras, casas, granjas, ciudades y toda forma de provisión financiera, así
como proteger todos esos bienes para su pueblo. Por su parte, el pueblo prometía obedecer
a Dios y ser leal solo a Él. La raíz de este pacto de lealtad y obediencia se encuentra en los
Diez Mandamientos. Los primeros cuatro mandamientos revelan los requisitos de la lealtad:
adorar solo a Dios, no hacer ídolos, no profanar el nombre de Dios con palabras ociosas y
honrar el día sagrado de Dios centrándose en Él. Lamentablemente, a lo largo de la mayor
parte de su historia, Israel y Judá habían violado todos los aspectos de su pacto de lealtad.
Los últimos seis mandamientos revelan los requisitos de la obediencia: honrar a tus padres,
honrar la vida, honrar el matrimonio, honrar la integridad, honrar la verdad y honrar al
prójimo. Estos son los bloques de construcción de una sociedad piadosa. Dios exigía la
obediencia a su ley porque aseguraría la lealtad del pueblo a Él y crearía una cultura de
relaciones interpersonales que reflejara su carácter. Sin embargo, tanto Israel como Judá
violaron todos los aspectos de su pacto de obediencia.
Antes de ser demasiado duros con el pueblo de Dios, deberíamos detenernos a
considerar que somos propensos a los mismos desafíos en nuestro propio viaje espiritual.
Aunque ya no estamos sujetos al pacto del Antiguo Testamento, los principios de la Palabra
de Dios siguen siendo vinculantes en nuestras vidas. Por ejemplo, los Diez Mandamientos
siguen proporcionando una verdad espiritual fundamental para nuestras vidas, y cuando
los leemos debemos hacer un inventario personal. ¿Vivimos como residentes leales del
reino? ¿Está Dios solo sentado en el trono de nuestros corazones, o hemos creado algunos
ídolos para competir con nuestra lealtad a Él? ¿Estamos siguiendo a Dios con todo nuestro
corazón, o está Él compartiendo el tiempo con nuestras propias agendas personales?
Debemos hacer el mismo tipo de preguntas sobre nuestra obediencia. ¿Hasta qué punto
nuestras relaciones interpersonales honran a Dios? ¿Honramos a nuestros padres?
¿Acogemos la verdad? ¿Vivimos con un espíritu de satisfacción? No tardamos en darnos
cuenta de que luchamos con los mismos tipos de pecados que la gente que vivía en Israel y
Judá. Vivir para la gloria de Dios a través de la lealtad y la obediencia es una tarea desafiante
en cualquier época. Afortunadamente, Jesús nos proporcionó el modelo para realizar esta
tarea (Mt 5–7).
Jesús se encontró con un fariseo casi al final de su ministerio (Mt 22:34–40). La
conversación fue así:
“Maestro, ¿qué mandamiento de la ley es el más importante?”
Le dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
Este es el mandamiento más grande e importante. El segundo es similar: Ama a tu prójimo
como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas dependen de estos dos mandatos”.
En este breve diálogo, Jesús identificó los dos requisitos clave para honrar el pacto. El
requisito de la lealtad al pacto es amar a Dios. Aquí, Jesús afirmó la enseñanza central de
Deuteronomio 6:4–5. Este texto clásico del Antiguo Testamento enseña que Jehová es un
solo Dios, a diferencia de los panteones de dioses adoptados por las religiones paganas. El
pueblo de Israel debía tener un enfoque singular en su Dios, amándolo con todo su corazón,
alma y mente. El segundo ingrediente es el amor al prójimo. Aquí Jesús escogió Levítico
19:18 y proporcionó el requisito para la obediencia del pacto: Ama a tu prójimo como a ti
mismo. A continuación, Jesús hizo una afirmación asombrosa: “Toda la Ley y los Profetas
dependen de estos dos mandamientos”. En otras palabras, estos dos mandamientos son el
fundamento sobre el que se basa todo el pacto. Como señalamos anteriormente, los Diez
Mandamientos también siguen este concepto, los cuatro primeros enfatizan el amor a Dios
y los seis últimos el amor al prójimo. En última instancia, pues, el fracaso de Israel y Judá en
el cumplimiento de su parte del pacto fue el resultado de no haber amado a Dios y al
prójimo con un abandono desinteresado.
Mientras examinamos este concepto con más detalle, quiero que considere el siguiente
cuadro. Se ampliará en el próximo capítulo.
Esta tabla demuestra la forma en que Dios quería que su pueblo se relacionara con Él y
entre sí. Como puede ver, el “Amor” ha sido listado como la fuente de la lealtad del pacto
porque Jesús dijo que el amor es el motivo detrás de cada acto de lealtad y obediencia a
Dios (por ahora, enfóquese en el lado derecho de esta tabla). La lealtad requiere dos cosas
distintas: obediencia a la ley de Dios y entrega a su propósito. En respuesta a su lealtad,
Dios los bendeciría, proveyendo libertad de sus enemigos y provisión para sus vidas.
Observe de nuevo el lado derecho de este gráfico. Como puede ver, Israel y Judá habían
sustituido el amor a Jehová, el único Dios verdadero de Israel, por el amor a los ídolos. El
pueblo de Israel descubrió que se volvió leal a las cosas que adoraba. Tal vez consideraron
que la obediencia a las leyes de Dios era demasiado opresiva, y por eso buscaron la promesa
de libertad que ofrecía la idolatría pagana: libertad para vivir como quisieran y para
encontrar placer en los ritos del culto a los ídolos. Pero simplemente estaban comprando el
mito de la serpiente en el Edén. La esclavitud, no la libertad, es siempre el resultado de la
elección de un estilo de vida pecaminoso. Así sucedió con Israel y Judá. Su amor por los
ídolos los llevó a ser leales a sus ídolos en lugar de a Dios, y el resultado fue la esclavitud.
Estaban atrapados en su pecado, y experimentaron una esclavitud literal cuando tanto
Israel como Judá fueron derrotados por potencias extranjeras.
Miqueas continuó el capítulo 1 enfatizando este juicio venidero de Dios. Él planeaba
bajar de su lugar alto para supervisar este juicio (vv. 2–7), y Miqueas solo podía llorar por
las inevitables consecuencias (vv. 8–9). Aunque el pueblo, los gobernantes y los sacerdotes
“esperan ansiosamente algo bueno, el desastre ha llegado de parte del SEÑOR a la puerta
de Jerusalén” (v. 12). Al final, jóvenes y ancianos serían llevados al exilio (v. 16).
Cuando leemos los Profetas, a menudo nos sorprende su tono. Parecen duros y bruscos
en sus enseñanzas y profecías. Hay una sencilla razón para ello: intentaban captar la
atención de un pueblo distraído. La gente que vivía en Israel y Judá había escuchado a los
profetas proclamando esta verdad durante años, y nunca había pasado nada. Entonces,
¿por qué los profetas no podían dejarlos en paz? Oh, claro, había alguna que otra guerra o
recesión, pero seguían en pie. Después de todo, los profetas congraciados con los reyes les
decían que estarían bien. Eran el pueblo de Dios, y Él nunca dejaría que les pasara nada
malo. ¡Tenían un pacto con Él!
Sinceramente, esta era la raíz de su problema. Las naciones de Israel y Judá estaban
seguras de su posición como hijos de Abraham. Es cierto que tenían diferentes identidades
nacionales, hasta su estilo de adoración, pero tenían la misma idea del significado del pacto.
A pesar de que habían abandonado totalmente su papel de lealtad y obediencia al pacto,
tenían una confianza absoluta en que Dios nunca rompería su promesa de protegerlos y
proveerlos, independientemente de cómo vivieran.
Con el tiempo comenzaron a confiar más en su identidad nacional que en Dios. Creían
que Dios los proveería y protegería porque eran hijos de Abraham, no porque fueran
obedientes y leales al pacto. Creían que podían vivir como quisieran, incluso como idólatras,
y que Dios los bendeciría. No debe sorprendernos que Israel y Judá cayeran en esta
mentalidad. Esta es la esclavitud que les llegó a través de la idolatría: una vez que ponemos
nuestra esperanza en alguien o en algo aparte de Dios, nos hacemos vulnerables a la
falsedad. En última instancia, el pueblo creyó la mentira de que su nacionalidad era
suficiente.
Hagamos una pausa aquí para permitirnos explorar cómo crece esta tentación en
nuestras propias vidas. Dios quiere que, como Israel, le amemos con todo nuestro corazón,
alma y mente. Cuando lo hagamos, elegiremos ser leales a Dios obedeciendo su palabra.
Dios nos bendecirá en libertad como resultado de estas elecciones. Sin embargo, al igual
que Israel, también somos propensos a erigir ídolos. Por lo general, no tenemos santuarios
en nuestras casas que contengan figuras de piedra o de madera, por lo que no pensamos
que seamos capaces de idolatría. En el mundo occidental, sin embargo, erigimos diferentes
tipos de ídolos. Nuestros ídolos son igual de reales, aunque tienen un aspecto diferente.
Algunos tienen forma de billetes de dólar, mientras que otros adoptan la forma de casas,
coches, ropa, deportes, medios de comunicación, aficiones, drogas, alcohol, sexo, fama o
carrera. Adoramos a Dios el domingo, y luego nos retiramos rápidamente a los templos de
nuestros “otros” dioses. Pronto nos volvemos más leales a ellos que a Dios mismo, y en
poco tiempo nuestros ídolos nos han atrapado en la esclavitud. Todo el tiempo nos
convencemos de que Dios está bien con la existencia de estos ídolos en nuestras vidas, y
que Él continuará bendiciéndonos a pesar de todo. Después de todo, ¿no es Él un Dios de
amor y gracia? ¿No ha prometido bendecirnos?
Israel y Judá estaban en problemas durante el ministerio de Miqueas precisamente por
estas razones. Su esperanza estaba en su identidad nacional como hijos de Abraham, no en
su obediencia y lealtad a Dios a través del pacto. Esperaban que sus reyes y sus ejércitos los
protegieran, y confiaban en sus propias labores para su provisión personal. El tiempo reveló
que ninguna de estas cosas fue suficiente para frenar la disciplina de Dios sobre sus naciones
o sus vidas. Incluso hoy, los cristianos, independientemente de su identidad nacional,
pueden ser culpables de esta misma esperanza equivocada. Nuestra esperanza como
seguidores de Cristo nunca debe residir en nuestras naciones, nuestros militares o nuestros
líderes políticos. Solo hay una persona que ofrece esperanza para el mundo, ¡y su nombre
es Jesús! Jesús es el Mesías prometido de Israel (Miqueas 5:2), y es el Salvador de la iglesia.
Solo Él proporciona la esperanza de salvación y significado para cada persona en la tierra, y
solo Él es digno de nuestra obediencia y lealtad. Cuando le seguimos con todo nuestro
corazón, somos receptores de su favor, y solo en Jesucristo encontramos esperanza.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Explore el desarrollo de la idolatría en Israel:
• Mandamientos: Éxodo 20:1–11, especialmente vv. 3–4; Levítico 26:1
• Becerro de oro: Éxodo 32:1–35
• La rebelión de Coré: Números 16:1–35
• El pecado de Israel: Jueces 2:1–5, 11–15
• El pecado de Dan: Jueces 17–18
• El pecado de Salomón:1 Reyes 11
2. Comenzando con Israel en el desierto, intente identificar la forma única de
idolatría en cada pasaje (personal, tribal, nacional).
3. ¿Cómo y por qué se extendió la idolatría en Israel?
4. ¿Cuál fue el resultado final de la idolatría en Israel y Judá?
5. ¿Qué advertencias nos ofrecen estos relatos?
6. En Deuteronomio 6:5 Dios dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con
toda tu alma y con todas tus fuerzas”. El amor de Israel por Dios fue sustituido
por el amor a los ídolos. Esta es la acusación que Miqueas lanzó contra Israel y
Judá en el capítulo 1. Israel y Judá rompieron su compromiso de pacto con Dios
mediante la idolatría y la deslealtad. Nosotros estamos tentados a erigir ídolos
en nuestros propios corazones. ¿Cuál de los cuadros siguientes define mejor tu
vida actual?
7. ¿De qué manera la lealtad a Dios conduce a la libertad en nuestras vidas? Piense
en un acontecimiento de su vida en el que haya comprobado que esto es cierto.
8. ¿De qué manera la lealtad a los ídolos conduce a la esclavitud en nuestras vidas?
Piense en un acontecimiento de su vida en el que haya comprobado que esto es
cierto.
9. Enumere algunos ídolos específicos que se sienta tentado a erigir en su propia
vida.
10. Israel intentó adorar a Dios y también a los ídolos paganos. ¿Es posible amar a
Dios y a un ídolo al mismo tiempo? ¿Qué diría Dios basándose en lo que dijo a
Israel y en lo que Jesús dijo a sus seguidores (Mt 6:24)?
REBELIÓN EN EL REINO SEGUNDA PARTE
MIQUEAS 2:1–13
Idea principal: Israel y Judá rechazaron los mandatos del Rey y en su lugar eligieron el
engaño, la codicia, el robo y la mentira.
I. Su amor sustituido por el deber
II. Su obediencia sustituida por el rechazo
A. Eligieron el engaño en lugar de la verdad
B. Eligieron la codicia en lugar de la satisfacción
C. Eligieron robar en lugar de ganar
D. Eligieron la mentira en lugar de la honestidad
III. La paciencia de Dios sustituida por la disciplina
IV. Su amor sustituido por el autoservicio
V. La bendición de Dios sustituida por el desastre
La rebelión siempre se dirige contra las figuras de autoridad. En casi todos los casos, la
gente se rebela en respuesta a una orden. Obviamente, no tengo nada contra lo que
rebelarme hasta que alguien me da una orden. Sin embargo, cuando recibo una orden, me
enfrento a una elección: puedo someterme y obedecer, o puedo rebelarme y desobedecer.
En última instancia, mi decisión se basará en mi percepción de la pretensión de verdad que
hay detrás de la orden.
Hace poco visité el Gran Cañón. Cuando estuve allí, vi varios carteles que me advertían
que me mantuviera alejado del borde del cañón. Estos carteles me sirvieron de mandato:
“¡No te acerques al borde!”. Acepté la verdad de esta orden por varias razones: (a) no había
barandillas; (b) soplaba un fuerte viento; (c) había rocas sueltas cerca del borde; (d) el suelo
del cañón estaba al menos 457.2 metros por debajo del borde. Por lo tanto, era una orden
fácil de obedecer para mí. Aparentemente no es una orden tan fácil de seguir para otros.
Todos los años hay personas que caen al vacío desde los acantilados del Gran Cañón.
Esas personas rechazan las afirmaciones de la verdad que hay detrás de los mandatos y
optan por rebelarse contra ellos. En última instancia, sin embargo, la rebelión contra la
afirmación de la verdad de alguien con autoridad es la causa principal.
Hoy vivimos en una cultura que se rebela contra la verdad de Dios en proporciones
épicas. Como cristianos, ¿cómo debemos responder a esto? Esta es una pregunta
importante que debemos hacernos en este mundo loco, y es la pregunta que Miqueas le
hacía al pueblo de Israel y Judá en el siglo VII antes de Cristo. Está claro que la cultura puede
cambiar, pero el corazón humano sigue siendo el mismo en cada generación. En el capítulo
2 de Miqueas vamos a ver la respuesta del pueblo a esta pregunta.
I. SU AMOR SUSTITUIDO POR EL DEBER
En el capítulo anterior se nos recordó un acontecimiento de la vida de Jesús cuando los
fariseos se enfrentaron a él. En ese intercambio, Jesús dijo que el amor a Dios y al prójimo
era el fundamento sobre el que descansaban toda la Ley y los Profetas. Como resultado,
entendemos que lo necesario para que las personas permanezcan en una relación de pacto
con Dios es un auténtico amor a Dios y al prójimo. Sin embargo, el pueblo de Israel y Judá
había perdido de vista esta verdad. Y como la gente es propensa a hacerlo, reemplazaron el
amor con el deber como el motivo detrás de sus responsabilidades del pacto.
Deber es una palabra interesante. En su acepción más simple, el deber es una obligación
moral o legal. Cuando usamos la palabra deber, a menudo nos referimos a la necesidad de
seguir un curso de acción por un sentido de obligación más que por un deseo personal. No
soy de los que descartan el deber como un aspecto importante de la integridad personal.
No necesariamente disfrutamos haciendo todo lo que hay que hacer en nuestras vidas. Por
ejemplo, todo el mundo disfruta más de ciertos aspectos de su trabajo que de otros, pero
todas las tareas deben realizarse, aunque el motivo sea el deber. Lo mismo ocurre en el
matrimonio. Cuando entré en una relación matrimonial de pacto con mi esposa, me obligué
a ciertas responsabilidades. Aunque me esfuerzo por cumplirlas sobre la base del amor, al
final del día, el deber sigue exigiendo que las cumpla. Esta es la naturaleza de un pacto
matrimonial, o de cualquier pacto.
Israel y Judá descubrieron con el tiempo que el deber por sí solo es un motivo
insuficiente para la lealtad y la obediencia. El deber por sí solo no era lo suficientemente
fuerte como para mantenerlos conectados a Dios en el pacto. Después de un tiempo,
empezaron a cansarse de las exigencias que Dios les había impuesto como nación. Puedo
escuchar al pueblo de Judá ahora: “¿Puedes creer que tengo que volver a subir a Jerusalén
y dar otro sacrificio? ¿Cuántas veces tiene que hacer esto alguien? Y tengo que dar mi
MEJOR BECERRO! Mi vecino filisteo no tiene que hacer todo esto para adorar a su dios.
¡Caramba! Obedecer a Dios es un dolor”. No tardó mucho en desaparecer la lealtad al pacto
y la obediencia. Del mismo modo, el pueblo pronto descubrió que el deber por sí solo no es
una motivación lo suficientemente fuerte como para llevar una vida ética; solo el auténtico
amor a Dios y al prójimo puede proporcionar la motivación adecuada para llevar a cabo esta
tarea.
Eso es lo que entendió Jesús. El amor es lo único que puede motivarnos en todo
momento a hacer las cosas que Dios quiere hacer. Observe de nuevo el siguiente diagrama:
Este es el paradigma que Dios nos ha dado para amar a Dios y al prójimo. El amor es el
motivo. En el lado derecho de la tabla, como vimos en el capítulo 1, el deseo de Dios es que
lo amemos con todo nuestro corazón, lo que nos hará ser leales y obedientes a su voluntad,
lo que a su vez conduce a la libertad en nuestras vidas. La libertad, no la esclavitud, es el
resultado de caminar en obediencia a los mandatos de Dios. Es un mecanismo de protección
que nos posiciona para tener el favor de Dios en nuestras vidas.
El lado izquierdo del diagrama representa la segunda cosa que Jesús mencionó: el amor
al prójimo. Cuando amamos a nuestro prójimo de una manera que agrada a Dios, el
resultado será el afecto y la hospitalidad. Cuando tenemos afecto por nuestro prójimo, nos
preocupamos por ellos y por lo que sucede en sus vidas: sus luchas, sus éxitos y sus fracasos.
Esto es afecto. El amor es lo que produce la capacidad y el deseo de preocuparse por el
prójimo. Cuando practicamos la hospitalidad, estamos demostrando que nos preocupamos
por nuestro prójimo. En el mundo actual, prácticamente hablando, hemos limitado el
significado de la palabra hospitalidad para referirse al acto de invitar a alguien a nuestra
casa. La verdad es que, incluso usando esta definición, puede que haya pasado mucho
tiempo desde que recibimos a alguien en nuestras casas y practicamos la hospitalidad, a
menos que seamos miembros de un grupo pequeño. Lamentablemente, muchos de
nosotros hemos dejado de preocuparnos por los demás.
Pero la verdadera hospitalidad es mucho más que invitar a alguien a nuestra casa. La
hospitalidad es cualquier acción que realizamos en favor de otra persona para cuidarla de
alguna manera. Puede ser proporcionar comida, ropa, refugio o alguna otra necesidad
tangible. También podemos atender a las personas emocional y espiritualmente. De hecho,
demostramos que nos preocupamos por nuestro prójimo y nos ocupamos de él cada vez
que utilizamos nuestros dones en el ministerio a través de la iglesia, siempre que nos motive
el amor y no solo el deber.
Recuerde, Jesús dijo que solo el amor proporcionará la motivación a largo plazo para
cuidar y atender a nuestro prójimo.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos del deber? ¿Cuándo es el deber
una bendición para nuestra fe, y cuándo puede ser una carga?
2. Samuel le dijo a Saúl que la obediencia es más importante que el deber (1Sa
15:22). ¿Por qué es así?
3. La Biblia enseña que la rebelión es similar al pecado de brujería (1Sa 15:33). ¿Qué
tienen en común la rebelión y la brujería?
4. La rebelión contra los mandatos de Dios comienza con el rechazo de la verdad
de Dios (1Sa 15:23). ¿Por qué es tan difícil simplemente obedecer la verdad de
Dios tal como nos la ha revelado?
5. ¿Por qué la obediencia da lugar al favor de Dios (Sal 84:11)?
6. ¿Cuál es la relación entre el amor al prójimo y el afecto y la hospitalidad?
7. ¿Qué pasos prácticos puede dar en su vida para empezar a preocuparse y
ocuparse de las personas que le rodean por el bien del Evangelio?
8. ¿Cuál es la relación entre el amor a uno mismo y la autoconservación y el
autoservicio?
9. El yo es nuestro mayor enemigo cuando se trata de amar al prójimo. Después de
todo, servir a los demás rara vez es conveniente y a menudo es costoso. ¿Qué
medidas prácticas puede tomar para ser más proactivo en el amor al prójimo?
10. Reflexione sobre la influencia de la cultura en su ética personal. La gente de la
época de Miqueas se había vuelto descuidada al codiciar, robar y mentir. ¿Han
encontrado estas cosas un lugar en su corazón de alguna manera específica?
REBELIÓN EN EL REINO TERCERA PARTE
MIQUEAS 3:1–12
Idea principal: Israel y Judá rechazaron el consejo del Rey abusando de la justicia,
abandonando la misericordia, abrazando el orgullo y motivados por la popularidad y la
codicia.
I. Ignorancia autoinfligida
A. Abusaron de la justicia en lugar de abrazarla
B. Abandonaron la misericordia en lugar de encarnarla
C. Abrazaron el orgullo en lugar de rechazarlo
II. Liderazgo interesado
A. Estaban motivados por la popularidad más que por los principios
B. Estaban motivados por la codicia y no por la gracia
III. El coraje impulsado por el Espíritu
A. Miqueas de Moreset
B. Jesús de Nazaret
B. Jesús de Nazaret
Cuando leo este texto de Miqueas, no puedo evitar pensar en unos versículos similares
escritos por Isaías, uno de los contemporáneos de Miqueas. Lea Isaías 61:1–3:
El Espíritu del Señor DIOS está sobre mí, Porque me ha ungido el SEÑOR Para traer buenas
nuevas a los afligidos. Me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, Para
proclamar libertad a los cautivos Y liberación a los prisioneros; Para proclamar el año
favorable del SEÑOR, Y el día de venganza de nuestro Dios; Para consolar a todos los que
lloran, Para conceder que a los que lloran en Sión Se les dé diadema en vez de ceniza, Aceite
de alegría en vez de luto, Manto de alabanza en vez de espíritu abatido; Para que sean
llamados robles de justicia, Plantío del SEÑOR, para que Él sea glorificado. (NBLA)
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Miqueas afirma lo que leemos en Oseas 4:6: “Mi pueblo es destruido por falta
de conocimiento”. En pocas palabras, el pueblo no era enseñable. ¿Por qué es
importante ser enseñable hoy, y cuáles son los peligros de rechazar la verdad de
Dios?
2. El pueblo de Israel y de Judá cayeron descuidadamente en la falsa doctrina y en
las malas prácticas. No tenían discernimiento cuando se trataba de seguir la
verdad de Dios. Lea los siguientes versículos: 1 Timoteo 6:3–5; Gálatas 1:6–10;
Judas 1–25. ¿Cuáles son los peligros de abrazar a los falsos maestros?
3. A veces, al igual que la gente de Miqueas 3, damos por sentada la gracia de Dios
en nuestras vidas. Romanos 6:1 dice: “¿Qué debemos decir entonces?
¿Debemos continuar en el pecado para que la gracia se multiplique? De ninguna
manera. ¿Cómo podemos seguir viviendo en el pecado los que hemos muerto a
él?”. ¿Cuáles son los peligros de presumir de la gracia de Dios?
4. La rebelión a veces se manifiesta a través de la desobediencia abierta a los
mandatos directos. Otras veces, sin embargo, se revela a través del rechazo de
un consejo sabio. Lea Proverbios 24. Haga una lista de los beneficios de abrazar
la sabiduría y las consecuencias de rebelarse contra ella.
5. Segunda de Pedro 1:3–11 revela que Dios nos ha dado “todo lo necesario para
la vida y la piedad”. Lea este texto y enumere todos los beneficios que se derivan
de recibir la sabiduría de Dios con un espíritu enseñable.
6. A veces, como vemos en Miqueas 3:4, 7, el silencio de Dios es parte de la
sentencia de Dios en nuestras vidas. Piense en un momento en el que el silencio
de Dios fue un subproducto de las elecciones de un estilo de vida pecaminoso.
¿Qué sintio al experimentar el silencio de la inactividad de Dios en su vida?
Reflexione sobre lo que ocurrió para que cambiara su comunión con Dios.
7. Los líderes políticos y religiosos de la época de Miqueas habían abandonado la
búsqueda de la justicia. ¿Cómo y por qué la justicia es un subproducto de la
atención al consejo de Dios?
8. Primera de Timoteo 3:1–7 y Tito 1:5–16 enfatizan la importancia de la integridad
de un pastor. ¿Por qué es tan importante la integridad de un líder para la salud
de la iglesia?
9. Lamentablemente, muchos líderes religiosos han vendido el evangelio en busca
de dinero y popularidad. En última instancia, ¿qué nos enseña Miqueas 3 sobre
la sabiduría de esta elección?
RENACIMIENTO EN EL REINO
MIQUEAS 4:1–13
Idea principal: Israel y Judá estarán unidos cuando el Mesías reine en la tierra.
I. El Mesías gobernará a Israel según las leyes de Dios (4:1–3)
II. El Mesías gobernará a Israel como líder de Dios (4:4–7)
III. El Mesías gobernará a Israel mediante la disciplina de Dios (4:8–10)
IV. El Mesías gobernará a Israel con el poder de Dios (4:11–13)
V. El Mesías traerá esperanza a una vida sin esperanza
La esperanza es esencial para la vida y, sin embargo, cuando viajo por el mundo, me
encuentro con innumerables personas que viven sin esperanza. He visto la desesperanza en
los rostros de personas de Filipinas, Rumanía, Hungría, Brasil, Belice, Puerto Rico, Jamaica,
Santo Tomás, Omán, Turquía y Cuba. Muchos de ellos están desesperados por su situación
personal. La vida es una lucha diaria y no tienen esperanza de que sus vidas mejoren.
Muchos de ellos están desesperados por su herencia religiosa. Muchos se dedican a la
actividad religiosa, pero no tienen esperanza de perdón ni de vida eterna. Muchos se ven
obligados a dedicarse a actividades delictivas o a la prostitución solo para sobrevivir, y
muchos otros simplemente sucumben a la influencia adormecedora de las adicciones. Viven
un día tras otro sin esperanza.
Estados Unidos también está lleno de desesperanza, solo que la disimulamos mejor.
Tenemos la posibilidad de vivir en un lugar decente, conducir un coche decente y tener ropa
bonita y un teléfono increíble. Podemos asistir a fiestas divertidas, a eventos deportivos y a
un montón de otras actividades, pero en el fondo podemos estar tan desesperados como
el tipo de Cuba. Enmascaramos nuestra desesperanza con alcohol, drogas o entusiasmo,
pero está ahí. Solo hay un grupo de personas en el planeta que tiene el potencial de
experimentar una esperanza real y auténtica: los cristianos. En todos esos lugares sin
esperanza alrededor del mundo, y aquí mismo en los Estados Unidos, las únicas personas
que conozco con verdadera esperanza son los seguidores de Cristo. ¡Han llegado a conocer
el amor y el perdón de Dios, y han encontrado esperanza y alegría en Él!
En Miqueas 4 se produce un giro dramático en el tono del libro. Como hemos visto,
Miqueas 1–3 es bastante desalentador. Miqueas dijo al pueblo de Israel y de Judá que Dios
se preparaba para bajar del cielo para juzgarlos porque habían rechazado su pacto, sus
mandatos y sus consejos. A pesar de ello, el pueblo se contentaba con mantener el status
quo, sin querer volver a Dios mediante el arrepentimiento y la confesión. Ahora bien, estoy
seguro de que había temerosos legítimos de Dios entre el pueblo, aquellos que eran fieles
a Dios, incluso cuando la cultura se derrumbaba a su alrededor. Eran los pocos que se
esforzaban por vivir en la lealtad del pacto y la obediencia a Dios. Pero iban a sufrir a causa
de las elecciones pecaminosas de la gente que los rodeaba. Estoy seguro de que lucharon
con la desesperanza mientras escuchaban el mensaje de Miqueas.
Al comenzar a leer el capítulo 4, recibimos esta asombrosa palabra de esperanza: Israel
será restaurado cuando el Mesías reine en la tierra y cumpla finalmente las promesas del
pacto hechas a Abraham y David. En el capítulo 4, Miqueas proporcionó al remanente judío
creyente cuatro promesas específicas diseñadas para darles esperanza en el mundo
problemático en el que vivían.
Piense en este sorprendente texto. A pesar de que tenía 100 años, ¡no flaqueó en su fe!
¡Esto es fenomenal! Noticia de última hora: los hombres de 100 años no engendran hijos.
No flaqueó en su fe cuando recordó que Sara tampoco era una jovencita: ¡tenía 90 años!
¿Cuál fue la respuesta de Abraham? “No vaciló en la incredulidad ante la promesa de Dios”.
Nunca dudó de Dios.
Cuando nuestra esperanza en Dios empieza a flaquear, es porque nos cuestionamos si
podemos confiar en Dios con nuestras circunstancias, especialmente cuando parecen
imposibles de superar. Abraham no veía la forma de tener un hijo en su vejez, pero se aferró
a su esperanza y confianza en Dios. ¿Cómo pudo lograrlo? Fíjese en la siguiente frase: “Se
fortaleció en su fe y dio gloria a Dios, porque estaba plenamente convencido de que lo que
había prometido también lo podía cumplir”. Fue su esperanza la que fortaleció su fe. Estaba
“plenamente convencido” de que Dios cumpliría sus promesas.
¿Y usted? ¿Está plenamente convencido de que Dios puede hacer su voluntad en el área
de su vida que está amenazando su esperanza? Quiero que tenga en cuenta estas cosas.
Dios es soberano sobre los acontecimientos de su vida, y ha prometido dirigir sus pasos (Sal
37:23). Dios hará que todas las cosas sean buenas en su vida mientras cumple su propósito
en usted (Ro 8:28). ¿Se sientes decepcionado por las oportunidades perdidas? No hay tal
cosa como una oportunidad perdida para un Dios Soberano. Dios tiene un propósito para
su vida, y Él le guiará a las oportunidades exactas que Él quiere que persiga. ¿Se siente
abatido por una pérdida en su vida? Recuerde que Dios es la vida. Aunque siempre es difícil
perder a los que amamos, debemos perseguir el propósito de Dios y vivir para su gloria
mientras aún tenemos vida. ¿Está deprimido por algún fracaso en su vida? Dios es el
maestro en convertir el fracaso en victoria. Tenga en cuenta que nuestros mayores logros
son a menudo subproductos de nuestras mayores dificultades. ¿Está desilusionado por las
promesas incumplidas de alguien? Dios es la verdad, y siempre puede confiar en Él. “Es
imposible que Dios mienta” (Heb 6:18). Reclame sus promesas y viva en la esperanza que
le proporcionan. ¿Se sientes derrotado por algún pecado en su vida? Dios promete la
victoria y la transformación cuando le entregamos nuestras vidas y le seguimos por fe.
En última instancia, nuestra fuente de esperanza se encuentra en Jesús. Si está leyendo
esto y nunca ha puesto su fe en Jesús, quiero animarle a entregar su vida a Él. Confiese su
pecado a Dios y vuélvase a Cristo por fe. Reciba a Jesús como su Señor y Salvador. Si tiene
una relación personal con Jesús, quiero recordarle que no hay lugar para la falta de
esperanza en la vida de un cristiano. No hay lugar para la falta de fe en Dios. Podemos tener
confianza en Dios, en su Palabra y en sus promesas. Por lo tanto, debemos escuchar la
verdad, creer la verdad, esperar en la verdad y esperar que la verdad guíe nuestras vidas.
Así es como vivimos en la realidad de la esperanza de Dios en Cristo cada día.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Lea Proverbios 13:12. ¿Por qué la esperanza es tan necesaria para la vida?
2. Lea Romanos 15:4. En este versículo vemos que la esperanza se deriva de dos
cosas específicas. ¿Cuáles son y cómo se relacionan entre sí?
3. Miqueas refuerza una verdad fundamental que se encuentra en Jeremías 29:11:
Dios tiene buenos planes para su pueblo. ¿Cómo aclara Miqueas 4:1–2 la
esperanza a la que se refiere Jeremías?
4. Miqueas tiene mucho que decir sobre el propósito de la disciplina de Dios. Lea
Hebreos 12:7–11. ¿Qué dice la disciplina de Dios sobre Él y sobre nuestra
relación con Él?
5. ¿Ha experimentado alguna vez la disciplina de Dios en su vida? ¿Cómo la usó
Dios para bien en su vida?
6. Dios también utiliza las pruebas para edificar nuestra fe. Lea Santiago 1:2–12.
¿Qué dice Santiago sobre las pruebas y el propósito de Dios para ellas en
nuestras vidas?
7. ¿Le ha llevado Dios alguna vez a una prueba difícil? ¿Cómo la usó Dios para bien
en su vida?
8. ¿Cuál es la diferencia entre el uso que Dios hace de la disciplina y las pruebas en
nuestras vidas?
9. Dios fue fiel a su pueblo a pesar de su pecado. Lea Lamentaciones 3:22–23. ¿De
qué manera la fidelidad de Dios hacia Israel debería animarnos en nuestro
propio camino espiritual?
10. En última instancia, como Abraham, reclamamos las promesas de Dios por la fe.
Lea Hebreos 11:17–19. ¿Cómo demuestran estos versículos el crecimiento de la
fe y la esperanza de Abraham?
ASCENSO DEL REY
MIQUEAS 5:1–15
Idea principal: Cuando el Mesías reine en la tierra, Israel será restaurado y sanado.
I. Israel será restaurado cuando el Mesías reine en la Tierra (5:1–9)
II. Israel será limpio cuando el Mesías reine en la Tierra (5:10–15)
A. Israel será limpiado de su falso sentido de seguridad (5:10–11)
B. Israel será limpiado de sus falsas fuentes de consejo (5:12)
C. Israel será limpiado de sus falsos símbolos de adoración (5:13–14)
D. Israel será limpiado de sus enemigos (5:15)
¿Se ha encontrado alguna vez en una situación en la que ha necesitado ser rescatado?
Cuando era niño, estaba pasando tiempo con mi padre en un bosque cercano a nuestra
casa. Era invierno en Pensilvania y una espesa nieve cubría el bosque. Empecé a explorar y
pronto perdí de vista a mi padre. Mientras caminaba, el suelo cedió debajo de mí y caí en
un gran agujero que en su día estaba lleno de las raíces de un poderoso árbol. Aterricé de
espaldas, pero debido al estrechamiento del agujero en el fondo, mis brazos quedaron
inmovilizados contra mis costados. No podía moverme en absoluto. Desde donde estaba
podía mirar hacia arriba, hacia los árboles del bosque. Los copos de nieve caían lentamente
sobre mí mientras estaba indefenso. Sin embargo, extrañamente, no tenía miedo. ¿Por
qué? Tenía esperanza. Sabía que mi padre estaba en algún lugar del bosque y que vendría
a buscarme. Sentí una gran alegría cuando vi su cara sonriente mirándome desde el agujero.
Bajó la mano y me sacó. Rescatado y restaurado, mi padre y yo continuamos nuestro viaje
por los árboles.
Miqueas comenzó su libro con profecías funestas sobre el inminente juicio de Dios sobre
las naciones de Israel y Judá. Al estudiar los capítulos 1 a 3, vimos que Dios se preparaba
para juzgarlos por tres fallas específicas: (1) habían rechazado su pacto, (2) habían
rechazado sus mandatos, y (3) habían rechazado su consejo. Sin embargo, a pesar de las
advertencias de Miqueas, el pueblo continuó con su rebelión, alentado por los mensajes
llenos de esperanza de los falsos profetas que los rodeaban.
En el capítulo 4 el libro de Miqueas dio un giro repentino. Miqueas animó al remanente
justo, tanto en Israel como en Judá, a mantener la esperanza porque Dios tiene un plan
futuro para rescatarlos y restaurarlos. Un día el Mesías reinará en la tierra, e Israel recibirá
el cumplimiento completo de las promesas del pacto de Abraham. Miqueas continúa
desarrollando este importante tema, que produce esperanza, en el capítulo 5.
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de
nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos
descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el
pecado de todos nosotros.
Por eso le daré a los muchos como parte, y recibirá a los poderosos como botín, porque se
sometió a la muerte y fue contado entre los rebeldes; sin embargo, llevó el pecado de
muchos e intercedió por los rebeldes. (RV60)
Esta es una imagen del Mesías como Siervo Sufriente, el que vino a pagar la pena por el
pecado ofreciendo su propia vida como sacrificio sustitutivo. Jesús, el Mesías de Dios, vino
la primera vez para expiar los pecados del mundo. Resucitó de entre los muertos para
demostrar que el Padre había aceptado su sacrificio por el pecado, y ascendió al cielo donde
intercede por nosotros a la derecha de Dios como nuestro gran sumo sacerdote (Heb 7:25;
10:19–23). Él es el Salvador.
Luego viene la gran brecha en el tiempo. Su segunda venida aún no ha ocurrido. Pero
cuando Él venga, cumplirá todas las promesas comunicadas por Miqueas y los otros
profetas. Entonces, y solo entonces, todo en este planeta estará bajo el control y liderazgo
del Rey Jesús. Isaías tenía más que decir sobre esto:
Pues nos ha nacido un niño, un hijo se nos ha dado; el gobierno descansará sobre sus
hombros, y será llamado: Consejero Maravilloso, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de
Paz. Su gobierno y la paz nunca tendrán fin. Reinará con imparcialidad y justicia desde el
trono de su antepasado David por toda la eternidad. ¡El ferviente compromiso del Señor de
los Ejércitos Celestiales hará que esto suceda!. (Isaías 9:6–7, NTV)
En estos versículos vemos que se mencionan las dos “cimas de la montaña” al mismo
tiempo. La primera, la encarnación de Jesús en Belén, se menciona en el versículo 6: “Nos
nacerá un niño, se nos dará un hijo”. No será un niño cualquiera. El hijo dado no será otro
que el Hijo de Dios. Este es el inicio del ministerio del siervo sufriente. Pero vemos que
también se hace referencia al segundo pico, más lejano. “Reinará en el trono de David y
sobre su reino, para establecerlo y sostenerlo con justicia y rectitud desde ahora y para
siempre. El celo del SEÑOR de los Ejércitos lo logrará”. Aquí, Isaías hace referencia a la
segunda venida de Jesús, cuando ocupará su legítimo lugar en el trono de David como Rey
conquistador y reinará para siempre.
En los primeros versículos de Miqueas 5, tenemos esta imagen tan clara del primer
advenimiento del Mesías. El Hijo de Dios, el Verbo, el segundo miembro de la Trinidad, se
vestirá de carne humana y nacerá en Belén. Vemos también una imagen muy clara sobre el
segundo advenimiento del Mesías. Jesús regresará para unir y reinar sobre Israel como su
Rey conquistador para siempre. El versículo clave que divide estos dos advenimientos es el
versículo 3, “Por tanto, Él los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar
a luz. Entonces el resto de sus hermanos volverá a los israelitas”. El versículo 2 nos dice que
el Mesías nacerá en Belén durante su primer advenimiento. El versículo 4 revela que
regresará en el futuro para ser el Rey conquistador de Israel. En medio, como revela el
versículo 3, habrá una temporada de abandono que será precursora de un gran avivamiento
dentro de la nación. Esto preparará el camino para el regreso del Rey Jesús.
CONCLUSIÓN
Cuando consideramos las influencias en su cultura y el significado de sus elecciones
relacionadas con la cultura, se hace evidente que podemos elegir actuar de la misma
manera en nuestras propias vidas. Al igual que Israel y Judá, tenemos la tentación de adorar
a los ídolos a expensas del único Dios verdadero. Por supuesto, no nos llamaríamos a
nosotros mismos idólatras, ni creeríamos que nuestras actividades llegan a ese nivel. Sin
embargo, somos tan propensos a adorar ídolos como ellos. Cuando dejamos que las
personas, las actividades, las posesiones, los pasatiempos o el dinero compitan con nuestra
lealtad a Dios, estamos creando un ídolo en nuestros corazones. Si amamos algo más que a
Dios, es un ídolo. Y a menos que derribemos ese ídolo nosotros mismos, Dios lo derribará
por nosotros, tal como lo hizo con Israel y Judá (Éx 20:5).
También somos propensos a dejar que la codicia se apodere de nuestros corazones. Los
empresarios y los líderes políticos y religiosos pasaron gran parte de su tiempo maquinando
formas de ganar más dinero. Estaban dispuestos a recurrir al robo para multiplicar sus
recursos financieros. También nosotros podemos dejar que la codicia se apodere de
nuestros corazones. Podemos tener la tentación de robar a un empleador. Podemos tener
la tentación de hacer trampa en nuestros impuestos.
Podemos estar tentados a aprovecharnos de alguien financieramente, solo porque
estamos en posición de hacerlo. Podemos robarle a Dios su diezmo porque queremos gastar
el dinero en nosotros mismos. Entonces no solo el reino de Dios sufre por la falta de
recursos, sino que también perdemos la promesa del favor financiero de Dios en nuestras
propias vidas. De todas estas maneras, la avaricia puede convertirse en un pecado acosador.
Cuando eso sucede, el dolor es seguro (1Ti 6:6–10).
Por último, podemos caer en la tentación de buscar un puesto para obtener un beneficio
personal y no para el bienestar de los demás. Muchas personas quieren ser políticos por los
beneficios que pueden acompañar al cargo. Están más interesados en la autopreservación
y el autoservicio que en el amor al prójimo. Cada decisión depende, en última instancia, del
beneficio percibido que pueda proporcionarles. Pero esto no se limita a la política. También
puede ser cierto en el mundo de los negocios, donde la promoción conduce a beneficios.
Del mismo modo, puede ocurrir en la iglesia, cuando los pastores dirigen para beneficiarse
del trabajo de otros. Por eso los ancianos deben cumplir los criterios y la ética establecidos
por los apóstoles (1Ti 3:1–7; 1Pe 5:1–7).
Cada uno de nosotros debe tomar una decisión sobre dónde encontraremos nuestra
identidad: en Cristo o en la cultura. No podemos encontrar nuestra identidad en ambos;
debemos elegir. La cultura dice: “Consiéntete, sírvete y sálvate a ti mismo”. Jesús dice:
“Niégate a ti mismo, toma tu cruz cada día y sígueme. Porque el que quiera salvar su vida la
perderá, pero el que pierda su vida por mí, la salvará” (Lc 9:23–24). Debemos elegir entre
estas dos identidades. La mayoría del pueblo de Israel y de Judá tomó la decisión
equivocada, y experimentaron la disciplina de Dios en sus vidas. Sin embargo, podemos
evitar ese destino cuando vivimos en la realidad de la verdad de que la esperanza se
encuentra en nuestra identidad en Cristo, no a través de una identidad informada por la
cultura.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Israel siempre ha luchado por aceptar el concepto del Mesías como Salvador. Las
Escrituras revelan que Jesús el Mesías vino primero como el Siervo Sufriente. Lea
Isaías 53 e identifique los paralelismos con la crucifixión de Jesús, tal y como se
registra en Mateo 26–27.
2. Israel siempre ha aceptado el concepto del Mesías como Rey conquistador. Lea
Isaías 9; Mateo 24–25; y Apocalipsis 19 e identifique la misión de Jesús cuando
regrese a la tierra en la segunda venida.
3. Pablo describe el evangelio como un misterio. Lea Efesios 3. ¿Por qué decidió
Dios mantener en secreto la muerte y resurrección de Jesús el Mesías?
4. Miqueas 5:1–9 contiene una profecía de doble cumplimiento. Lea Salmos 2:7–
12; 22; Jeremías 31:31–34; y Joel 2:28–32. ¿Cómo revela el Nuevo Testamento
que estas son profecías de doble cumplimiento?
5. Los judíos luchan por conciliar la crucifixión de Jesús con la afirmación de que es
el Mesías. Lea Deuteronomio 21:22–23 y 1 Corintios 1:18–25. ¿De qué manera
estos versículos añaden claridad a nuestra comprensión de Jesús el Mesías como
el Siervo Sufriente?
6. Miqueas 5:3 se refiere a un tiempo durante el cual los judíos serían abandonados
por Dios a causa de su incredulidad. Lea Romanos 11. ¿Qué revela este tiempo
de abandono y cuándo llegará a su fin?
7. Cuando el Rey Jesús regrese, Israel será limpiado de su tentación de poner su fe
en falsas fuentes de seguridad. Lea el Salmo 20:7. ¿Cómo has sido tentado de
manera similar, y cuál es la solución en su propia vida?
8. Cuando el Rey Jesús regrese, Israel será limpiado de su tentación de poner su fe
en falsas fuentes de consejo. Lea Proverbios 3:5–6. ¿Cómo somos tentados de
manera similar, y cuál es la solución en nuestra propia vida?
9. Cuando el Rey Jesús regrese, Israel será limpiado de su tentación de poner su fe
en falsos símbolos de adoración. Lea Éxodo 32–33. ¿Cómo somos tentados de
manera similar, y cuál es la cura en nuestra propia vida?
10. Israel luchaba continuamente por encontrar su identidad dentro de su relación
con Dios. A menudo nosotros luchamos con lo mismo. Lea Gálatas 2:20. ¿Qué
revela este versículo sobre nuestra identidad como cristianos?
RESPUESTA AL REY
MIQUEAS 6:1–16
Idea principal: En una escena de tribunal, Dios juzga a Israel y a Judá por su pecado y les
pide justicia, misericordia y humildad.
I. Dios se enfrenta a Israel y a Judá por su pecado (6:1–5)
II. Israel y Judá hacen su defensa ante Dios (6:6–7)
III. Dios responde a Israel y a Judá (6:8–12)
A. Actuar con justicia
B. Amar la misericordia
C. Caminar humildemente con Dios
IV. Dios declara el veredicto contra Israel y Judá (6:13–16)
Hay pocas cosas más ofensivas para Dios que la injusticia. La injusticia es un azote de la
humanidad, el subproducto de nuestra depravación. Afecta a personas de todas las razas,
culturas y países. Lo que hace que la injusticia sea tan atroz es que siempre implica que los
fuertes se aprovechen de los débiles. La injusticia se produce cuando las personas con
autoridad utilizan su posición para beneficiarse a sí mismas o a sus iguales, dejando a
menudo que la gente y la verdad sufran las consecuencias.
Miqueas pintó un cuadro desesperado de Israel y Judá en los tres primeros capítulos de
su libro. El pueblo había rechazado el pacto, los mandatos y los consejos de Dios. Sin
embargo, les gustaba presumir de que eran judíos, descendientes de Abraham, el pueblo
elegido por Dios, los destinatarios de su ley. Así, al igual que muchas personas hoy en día,
el pueblo de Israel y Judá se había vuelto muy hábil para profesar lo que creía. Simplemente
habían abandonado cualquier intento de practicarlo. Estoy seguro de que muchos de ellos
se dedicaban a las actividades piadosas, pero seguían adorando a los ídolos en los templos
paganos e ignorando la verdad de Dios en su vida diaria. Consecuentemente, estaban
viviendo exactamente como los paganos a su alrededor. Debido a esto, se enfrentaban a la
disciplina de Dios, una disciplina que sería más trágica que cualquier cosa que pudieran
imaginar. No obstante, a pesar de la predicación de profetas como Miqueas, se negaron a
escuchar las advertencias de Dios.
En los capítulos 4 y 5 Miqueas cambió tanto el mensaje como su tono. En estos capítulos
extendió al pueblo judío una palabra de esperanza. A pesar de sus fallos, Dios no iba a
abandonarlos. De hecho, un día iba a enviar al Mesías, que sería el cumplimiento de las
profecías de Dios a Abraham y David. En su papel de Salvador, todas las naciones de la tierra
serían bendecidas. Y en su papel de Rey, Israel sería finalmente liberado de sus enemigos y
posicionado como la nación más grande de la tierra.
Cuando Miqueas escribió el material del capítulo 6, su mensaje cambió una vez más.
Volvió al tema del juicio que caracterizaba los tres primeros capítulos, y proporcionó la
razón de Dios para su inminente disciplina sobre el pueblo. Este capítulo es la cumbre del
libro de Miqueas. Comienza con una escena de tribunal. Me imagino en esta escena a Dios
Padre sentado detrás del banquillo como juez, y a Dios Hijo, el Mesías preexistente, de pie
en la mesa del fiscal. Las naciones de Israel y Judá están sentadas en la mesa del acusado.
El juicio está listo para comenzar, y Dios comienza a presentar Su caso contra Israel y Judá.
Dios hará sus reclamos contra su pueblo y les permitirá hacer una defensa de sus acciones.
Al leer Miqueas 6, también seremos desafiados en nuestras propias vidas. Si fuéramos
nosotros los que estuviéramos en el estrado, y Dios hiciera preguntas sobre nuestras vidas,
¿cuáles serían nuestras respuestas?
B. Amar la misericordia
En segundo lugar, Dios dijo a su pueblo que “amara la fidelidad”. En muchas traducciones
esta última palabra se traduce como “misericordia”. Este mandato también tenía sentido
porque el pueblo había abandonado la voluntad de mostrar misericordia en su vida personal
y en su nación. Es la palabra hebrea chesed. Esta es otra palabra significativa del Antiguo
Testamento. Aparece casi 250 veces en las Escrituras. Cuando se hace referencia al papel
de Dios en el pacto con Israel en el Antiguo Testamento, la palabra chesed se utiliza a
menudo para describirlo. Es difícil de traducir al español, pero la mejor definición es “amor
leal que contiene misericordia”. Esto, también, es un rasgo del carácter de Dios. El amor de
Dios se revela a través de su inquebrantable voluntad de mostrar misericordia a las
personas pecadoras. El amor de Dios se demostró a través de los sacrificios sustitutivos en
el centro del culto de Israel, así como el amor de Dios se demostró a través del sacrificio
sustitutivo de su Hijo, Jesús, en la cruz (Ro 5:8). El perdón resultante es una expresión de la
bondad amorosa y misericordiosa de Dios hacia su pueblo.
Cuando pensamos en esta palabra en su aplicación personal, significa “mostrar bondad
a los demás de buena gana”. Cuando pensamos en esta definición, nos vienen a la mente
otros tres términos similares: amor, gracia y perdón. Podemos saber que amamos la
fidelidad cuando empezamos a ver el mundo como lo hace Dios. Nos permite ver que la
gente que nos rodea necesita a Jesús y que tenemos el privilegio único de ministrar y vivir
el evangelio ante ellos de tal manera que lleguen a conocer a Jesús como Salvador. Eso
puede suceder cuando mostramos amor auténtico, practicamos la gracia y extendemos el
perdón cuando somos agraviados todas las cosas que Dios hizo por nosotros cuando nos
salvó y que continúa haciendo por nosotros diariamente. Piensa en lo raro que es encontrar
a alguien que se preocupe lo suficiente por los demás como para molestarse, satisfacer una
necesidad o estar disponible para prestar ayuda en un momento de dificultad. A menudo la
gente en nuestra cultura está tan involucrada en la auto-preservación y el auto-servicio que
nunca se dan cuenta de las necesidades de las personas que les rodean. Cuando abrazamos
el mandato de amar la fidelidad, de repente las personas que nos rodean importan, y
buscaremos oportunidades para invertir en sus vidas.
Al continuar observando el drama de la corte en el capítulo 6, Dios vuelve a castigar a
Israel y a Judá por no haber actuado con justicia ni haber amado la fidelidad (vv. 9–12). Dios
puso en evidencia las elecciones de estilo de vida del pueblo. Sus casas estaban llenas de
“tesoros de maldad”, porque robaban a compatriotas y a extraños. Los hombres de
negocios engrosaban sus cuentas bancarias utilizando “medidas cortas” y “balanzas
perversas” para aprovecharse de los clientes desprevenidos. Dios describió a los ricos como
“llenos de violencia”. Como señaló 2:1, idearon planes perversos, y luego los llevaron a
cabo. Robaron la herencia de los pobres y luego mintieron al respecto. Y practicaron el
engaño en cada oportunidad. Al leer esto, no podemos evitar preguntarnos si Miqueas
estaba hablando de su época o de la nuestra. Nuestras culturas pueden ser diferentes, pero
la condición de nuestros corazones es exactamente la misma. Lo que Dios estaba diciendo
a su pueblo era esto: “No quiero que mis hijos se parezcan a esto; quiero que se parezcan a
mí. Quiero que actúen con justicia y amen la fidelidad amando a sus vecinos, no
saqueándolos. Quiero gente de negocios que sea honesta y valore el trabajo duro y los
recursos de los demás. Quiero personas ricas que busquen cuidar a los pobres, no
victimizarlos. Quiero ciudadanos que sean honestos y confiesen su propio daño. Quiero
políticos que sirvan a los demás, no que se llenen los bolsillos con sobornos. Quiero que mi
pueblo ame la misericordia porque yo lo hago y que muestre misericordia hacia los demás
porque eso es lo que yo he mostrado hacia ellos”. Sin embargo, si queremos que estos
rasgos formen parte de nuestras propias vidas, debemos entender el último mandato que
Dios dio a su pueblo.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Lea los siguientes versículos y determine cómo se relacionan con la
demostración de la justicia: Deuteronomio 19:14, 15–21; 23:19, 21–23, 24–25.
¿Por qué estableció Dios estas leyes, y cómo demuestran la justicia por parte de
quienes las obedecen?
2. Lea los siguientes versículos y determine cómo se relacionan con la
demostración de la misericordia: Deuteronomio 22:1–4, 6–7, 8, 10; 23:15–16;
24:6–7; 24:10–13, 14–15. ¿Por qué estableció Dios estas leyes y cómo
demuestran misericordia por parte de quienes las obedecen?
3. Lea estos versículos y contemple la importancia que Dios da a la humildad:
Proverbios 3:34; 16:19; 29:23; Santiago 4:6; 1 Pedro 5:5–10.
4. Jesús fue un modelo de humildad, a pesar de ser Dios en forma humana. Lea
Filipenses 2:5–11. ¿Qué podemos aprender de su ejemplo?
5. Miqueas 6:8 no es un plan para lograr la salvación a través de las obras. Más
bien, es la evidencia de que el verdadero perdón y la fe están actuando en un
individuo. Santiago tiene mucho que decir al respecto. Lea Santiago 2:14–18.
¿Qué revela la presencia o ausencia de obras sobre la autenticidad de la fe?
6. En la época de Jesús, los fariseos se esforzaban por cumplir la ley, pero no habían
entendido el sentido de Miqueas. Lea Mateo 23:23. ¿Qué revela sobre la
importancia de la fe auténtica modelada a través de las obras?
7. ¿Es posible profesar los principios de justicia, misericordia y humildad mientras
se practica algo totalmente diferente? ¿Cómo podemos ser culpables de esto?
8. Cuando el pueblo de Israel y Judá fue confrontado con su pecado,
inmediatamente cambiaron de tema. ¿Por qué es tan difícil a veces recibir la
reprimenda y la instrucción de las Escrituras en nuestras vidas?
9. Israel y Judá no entendieron la diferencia entre hacer cosas “religiosas” y estar
en una auténtica relación con Dios. Dios está mucho más interesado en la
condición de nuestros corazones que en nuestra actividad religiosa. ¿Por qué la
condición de nuestros corazones debe ser lo más importante para nosotros, y
cómo afecta a nuestras obras?
10. Las Escrituras están llenas de ejemplos de personas que, con humildad, actuaron
con justicia y amaron la fidelidad. ¿Quiénes son y qué lograron para Dios como
resultado?
EL RETORNO DEL REY
MIQUEAS 7:1–20
Idea principal: Miqueas proporciona esperanza al prometer que el mundo será restaurado
a su perfección creada cuando el Mesías, el Rey Jesús, regrese.
I. El retorno del Rey Jesús será precedido por una apostasía global (7:1–7)
A. Habrá una epidemia mundial de maldad (7:1–4)
B. Habrá una epidemia mundial de rebelión (7:5–6)
C. Habrá una epidemia mundial de persecución
II. El retorno del Rey Jesús devolverá a Israel su gloria prometida (7:8–17)
A. Jerusalén será reconstruida (7:11a)
B. El territorio de Israel abarcará toda la tierra prometida a Abraham (7:11b)
C. El Rey Jesús reinará en la tierra en Jerusalén (7:12–17)
III. El retorno del Rey Jesús será anticipado por un remanente justo (7:18–20)
A. Dios perdonará los pecados de su pueblo (7:18)
B. Dios salvará a su pueblo de sus pecados (7:19)
C. Dios colocará a su pueblo fuera del alcance del pecado (7:20)
IV. El retorno del Rey Jesús nos da esperanza para hoy (7:7)
A. La esperanza resulta de mantener nuestros ojos en el Señor
B. La esperanza resulta de la confianza en la promesa de provisión de Dios
C. La esperanza resulta de saber que Dios escucha nuestras oraciones
Todos nosotros anhelamos la paz y la esperanza en este mundo agitado. En cambio, nos
encontramos con días cada vez más difíciles. Toda nuestra vida ha cambiado y se ha visto
afectada por la amenaza y las consecuencias del terrorismo. La explosión de aviones, los
terroristas suicidas, las bombas y el terror de todo tipo son amenazas cada vez mayores
para nuestras vidas. Plagas de proporciones bíblicas, que antes parecían imposibles en
nuestro mundo tecnológicamente avanzado, ahora amenazan con invadir nuestros recursos
científicos. La delincuencia, alimentada por la codicia, las armas, las drogas y las bandas,
está desbordando nuestro sistema legal y nuestro sentido de la decencia humana. Atrás
quedaron los días en que los soldados con espadas y pistolas libraban guerras en los campos
de batalla; ahora los drones libran guerras a distancia con armas capaces de destruir la
propia Tierra. Y la promesa de que la tecnología erradicaría la pobreza suena ahora tan vacía
como la de que el dinero cura todos los males. Son días desalentadores en la Tierra.
Por eso me encanta el libro de Miqueas; ofrece la promesa de esperanza en un mundo
caótico. El capítulo 7 continúa ese mensaje. Aquí Miqueas nos recuerda que el mundo tal
como es no representa el mundo tal como será un día. Un día nuestro Mesías, el Rey Jesús,
regresará, y todo será como Dios quería que fuera antes de que el pecado estropeara su
perfecta creación. Miqueas concluye su libro con varias verdades importantes.
I. EL RETORNO DEL REY JESÚS SERÁ PRECEDIDO POR UNA APOSTASÍA GLOBAL
MIQUEAS 7:1–7
Miqueas comenzó esta sección con estas palabras: “¡Ay de mí!”. Aquí no estaba hablando
de la gente; estaba hablando de sí mismo. Tenga en cuenta que profetas como Miqueas,
Isaías, Jeremías y otros hablaron de la verdad de Dios a generaciones de personas que no
tenían interés en su mensaje. A pesar de sus mejores esfuerzos para llamar al pueblo a una
auténtica relación de pacto con Dios, tuvieron poco éxito. Para un profeta, no hay peor
sensación.
Miqueas continuó lamentando el juicio de Dios que se avecinaba. Dijo que su corazón
se sentía vacío como los campos después de la cosecha. Quería disfrutar de los exuberantes
frutos del verano, pero no quedaban más que vides cansadas. Su espíritu estaba
desanimado por la falta de vitalidad espiritual en su pueblo. Entonces hizo esta triste y
trágica declaración: “Ha desaparecido el bondadoso de la tierra, y no hay ninguno recto
entre los hombres” (v. 2a). Es una reminiscencia de la conversación de Elías con Dios,
cuando sugirió que él era el único hombre en Israel que no se había inclinado para adorar a
Baal (1Re 19:10–18). Dios le recordó a Elías que no estaba solo, y estoy seguro de que
Miqueas tampoco estaba solo, solo que lo sentía así. Entonces, Miqueas explicó la razón de
sus sentimientos: “Todos acechan para derramar sangre” (v. 2b). En otras palabras, la gran
mayoría de la gente estaba totalmente absorta en sí misma, persiguiendo sus propias
agendas, sin importar lo corruptos que tuvieran que ser para hacerlo. Entonces, de repente,
de su desesperanza surgió una palabra de esperanza. A pesar de toda la angustia que le
rodeaba, se acercaba un día de alegría. Escribió: “Me sacará a la luz; y yo veré su justicia”
(v. 9). Miqueas sabía que un día vería cumplidas las promesas de Dios para su pueblo y para
él mismo.
III. EL RETORNO DEL REY JESÚS SERÁ ANTICIPADO POR UN REMANENTE JUSTO
MIQUEAS 7:18–20
Pero eso aún está por venir. Mientras tanto, esperamos al Rey Jesús. Miqueas terminó su
libro con esta verdad: El regreso del Rey Jesús será anticipado por un remanente justo. La
oración del Nuevo Testamento es: “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22:20). Los auténticos
creyentes, que luchan en los últimos días de la tribulación, anhelarán su regreso.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Miqueas no era la única persona en Israel que se sentía sola como uno de los
siervos del pacto de Dios. Lea 1 Reyes 18–19. ¿Qué similitudes ve entre Elías y
Miqueas?
2. Cuando lee Miqueas 7:2b–6, ¿qué similitudes ve entre la época de Miqueas y la
nuestra?
3. Apostasía significa abandonar o renunciar a las propias creencias religiosas.
Cuando el término se utiliza en la Biblia, se refiere a aquellos que se han
“alejado” de su fe por apatía o han “abandonado” su fe por rebeldía. En las
Escrituras, la apostasía es siempre una señal de un incrédulo. Los auténticos
seguidores de Cristo practican la perseverancia ante la adversidad o la
persecución. Aunque a veces luchan con cuestiones de fe, no se apartan de la fe.
¿Cuáles son algunas de las formas en las que puede protegerse de la influencia
de la apostasía en su propia vida? Revise los siguientes pasajes de las Escrituras
para obtener algunas ideas: 2 Timoteo 3:12–17; Hebreos 3:13–19; Hechos
20:28–31; Hebreos 10:23–25; Efesios 6:10–18.
4. Miqueas e Isaías fueron contemporáneos. Lea Miqueas 7:8–10 e Isaías 6. ¿Qué
podemos aprender sobre la confesión a partir de estos dos textos?
5. En el Nuevo Testamento aprendemos que la confesión es esencial tanto para la
salvación como para la limpieza diaria. Lea Miqueas 7:18–19; Efesios 1:7–10;
Colosenses 2:13–15; 1 Juan 1:9. ¿Qué aprendemos de estos textos sobre el
alcance y el propósito del perdón de Dios en nuestras vidas?
6. Miqueas comprendió que algunas de las promesas de Dios llegan después del
largo paso del tiempo (7:7). Por ello, estaba preparado para esperar las
respuestas a sus oraciones. Dios no siempre responde a nuestras oraciones de
la manera o en el tiempo que deseamos. A veces permanece en silencio durante
un largo período de tiempo. Esto puede causar ansiedad e incertidumbre en
nuestras vidas. Sin embargo, no debemos ceder a estas emociones. Un seguidor
de Cristo es alguien que entiende que Dios es soberano sobre toda la vida. Estos
tiempos de silencio prolongado pueden hacer que nos desenfoquemos
espiritualmente o que tomemos malas decisiones en la vida. Lea el Salmo 27.
¿Cómo quiere Dios que respondamos cuando estamos esperando que Él
responda a nuestras oraciones?
7. Antes de depositar nuestra fe en Cristo, éramos pecadores que vivían en un
mundo pecador. Pero cuando pusimos nuestra fe en Cristo, fuimos redimidos
para marcar la diferencia para Dios en nuestras comunidades y en todo el
mundo. ¿Cómo cambia nuestro papel en el mundo al convertirnos en seguidores
de Cristo? Lea Juan 15. ¿Qué revela este texto sobre nuestro propósito como
seguidores de Cristo?
8. Miqueas escribió un libro de esperanza en tiempos de gran desesperación
espiritual. ¿De qué manera las promesas de Dios nos dan fuerza para
permanecer fieles en nuestras propias vidas?
9. Lea Apocalipsis 19–22. Dedique tiempo a regocijarse en la promesa del regreso
del Rey Jesús.
Nahúm
INTRODUCCIÓN AL PROFETA NAHÚM
NAHÚM 1:1
Idea principal: En un momento crítico, Nahúm trajo una palabra profética de Dios contra
Nínive para animar a Judá a confiar solo en Dios.
I. El ministerio profético durante un período peligroso
II. La predicación profética proclamada poéticamente
A. La naturaleza del mensaje profético
B. El nombre del mensajero profético
El ministerio profético de Nahúm tuvo lugar a mediados del siglo VII a.C. Las referencias
internas de su profecía indican que estuvo activo entre los años 663 y 612 a.C. En el 663 la
gran ciudad egipcia de Tebas cayó en manos de los asirios, y en el 612 Nínive, la capital de
los asirios, fue conquistada por los babilonios. Por lo tanto, podemos reducir el período de
tiempo en que Nahum emitió sus oráculos desde los últimos años del reinado de Manasés,
rey de Judá, hasta el reinado de Josías, rey de Judá.
La antigua ciudad de Nínive estaba situada en la orilla del río Tigris, en el noreste de
Mesopotamia, en la zona de lo que hoy es la moderna Mosul, en Irak. Génesis 10:8–12
atribuye la fundación de Nínive a Nimrod, el gran guerrero-cazador. Al parecer, Nínive se
había convertido en una gran ciudad incluso en la remota antigüedad, ya que en la época
de Jonás se dice que tenía una población de 120 000 habitantes (Jonás 4:11). Nínive es bien
conocida como una de las capitales del Imperio Asirio durante su período de dominio del
Antiguo Cercano Oriente, desde el año 900 hasta el 612 a.C. aproximadamente. En su
apogeo, la ciudad poseía una enorme muralla que la rodeaba, grandes complejos palaciegos
y una serie de comodidades de primer orden, como parques, jardines y similares (Brand and
England, Holman Illustrated, 1192–93; Kaiser y Garrett, NIV, 1497).
Este periodo histórico se caracteriza por la transición política y la inestabilidad. El largo
reinado de Manasés se acercaba a su fin, y el Imperio Neoasirio mostraba signos de grave
debilidad (2Cr 33:10–20). Tras la muerte del rey Ezequías de Judá hacia el año 697 a.C., su
hijo Manasés le sucedió y gobernó Judá desde el año 697 hasta el 642 a.C. (2Re 21:1–18;
2Cr 33:1–20). Manasés fue un contrarreformista que intentó sistemáticamente deshacer las
reformas de su padre Ezequías (McCarter, Divided Monarchy, 184). A diferencia de su padre,
Manasés no fue fiel a la Palabra del Señor. Segunda de Reyes 21:2 dice: “Él hizo lo malo ante
los ojos del SEÑOR, conforme a las prácticas abominables de las naciones que el SEÑOR
había echado de delante de los hijos de Israel”. (RVA 2015)
Manasés fue vasallo de tres reyes asirios: Senaquerib (704–681 a.C.), Esarhaddón (681–
669 a.C.) y Asurbanipal (669–627 a.C.). Tras la muerte de Senaquerib, Esarhaddón intentó
ampliar el control asirio sobre Egipto, pero fue un costoso error de cálculo, ya que
sobrecargó las fuerzas militares asirias y restó recursos a una amenaza más importante al
este de su imperio. Asurbanipal consiguió deshacer algunos de los problemas causados por
la política de su predecesor, pero la situación seguiría acosando al rey asirio (García-Treto,
“The book of Nahum”, 439). Estos problemas resultarían ser el principio del fin de la
dominación asiria. Babilonia se convertiría finalmente en el agresor superior que acabaría
con el Imperio neoasirio saqueando Nínive en el 612 a.C. y eliminando finalmente a Asiria
en el 609 a.C. Toda la profecía de Nahúm trataba de la caída del imperio y de su capital,
Nínive.
Mientras tanto, a Manasés le sucedió su hijo Amón, que fue asesinado tras dos años en
el trono (2Re 21:19–24; 2Cr 33:24–25). El hijo de Amón, de ocho años de edad, Josías, fue
colocado en el trono por “la gente común” (2Re 21:24; 2Cr 33:25). Josías revertiría la política
religiosa de su padre Amón y de su abuelo Manasés y volvería a la fidelidad de su bisabuelo
Ezequías y de su antepasado el rey David. Segunda de Reyes 22:2 dice: “Hizo lo que era
recto a los ojos del SEÑOR y anduvo en todos los caminos de su antepasado David; no se
desvió ni a derecha ni a izquierda”. Josías condujo a Judá de vuelta al Señor en la fidelidad
del pacto, instituyendo algunas de las reformas religiosas más profundas en la historia de la
nación. En los días del rey Jeroboam I, un profeta había profetizado que Josías sería un gran
reformador para la nación (1Re 13:2). Sin embargo, a pesar de la fidelidad del rey Josías y
de todos sus esfuerzos por reformar Judá, después de su muerte el pueblo de Dios recayó
rápidamente en la infidelidad y sufrió una serie de consecuencias que condujeron a la
destrucción final de Jerusalén y a la deportación del pueblo por parte de Babilonia en el año
586 a.C. (2Re 23:24–25:21).
El ministerio profético de Nahum tuvo lugar en un período crítico de la historia, entre el
saqueo de Tebas en el 663 a.C. y la destrucción de Nínive en el 612 a.C.. Este período
peligroso estaba preparado para la poderosa predicación de un profeta que se atrevió a
proclamar el evangelio del juicio soberano de Dios contra el Imperio Neoasirio y la salvación
del pueblo de Dios, Judá.
La Palabra de Dios, que había sido escrita originalmente por Moisés, había sobrevivido
a generaciones de apostasía y ahora se leía a una nueva generación representada por el rey
Josías. La reforma de Judá por parte de Josías fue el resultado directo del descubrimiento
del libro de la Palabra de Dios. Solo la recuperación de la Palabra de Dios puede traer la
verdadera reforma espiritual. Esto es cierto para el individuo, para el pueblo de Dios y para
la sociedad.
La importancia de la Biblia como Palabra de Dios divinamente inspirada (también
conocida como Escritura) no puede ser exagerada para los cristianos. En 2 Timoteo 3:16 el
apóstol Pablo declara: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñar, para
reprender, para corregir, para instruir en la justicia”. La referencia de Pablo aquí es al
Antiguo Testamento. Así que el libro del profeta Nahúm formaba parte de la “Escritura” a
la que Pablo se refiere. Los elementos de enseñanza, reprensión, corrección y formación en
la justicia para el pueblo de Dios están todos contenidos en el oráculo de Nahúm sobre
Nínive. El libro de la Palabra de Dios es el libro más importante para el pueblo de Dios.
El libro de Nahúm se conoce como el “libro de la visión de Nahúm”. El término hebreo
traducido como “visión” se encuentra en otra parte del Antiguo Testamento en Proverbios
29:18 donde la HCSB traduce la palabra “revelación”. Dice: “Sin revelación la gente se
desboca, pero el que escucha la instrucción será feliz”. La ESV dice: “Donde no hay visión
profética la gente desecha toda restricción, pero bendito es el que guarda la ley”. El término
hebreo traducido como “visión” deriva de un verbo que significa “ver” (Roberts, Nahum,41).
Habacuc 1:1 se refiere al oráculo que el profeta “vio”. En Isaías 1:1 se utilizan ambas formas,
sustantiva y verbal, para referirse a los mensajes del profeta Isaías. La visión se refiere a la
comunicación de la palabra de Dios al profeta y a través del profeta. Esto queda claro por
el uso de esta palabra en Proverbios 29:18. La palabra hebrea traducida como “visión” se
emplea en toda la literatura profética de la Biblia. Por ejemplo, 1 Samuel 3:1 informa que
las visiones eran raras en aquellos días. Esto significa que durante los días de la primera
infancia de Samuel, bajo la tutela del sacerdote Elí, hubo poca revelación de Dios. Fue un
período espiritualmente seco en la historia de Israel.
A Nahúm se le ha dado una revelación divina para que la comunique en relación con el
destino de Nínive y el futuro del pueblo de Dios. Cuando predicamos la Palabra de Dios hoy,
estamos comunicando la visión divina de Dios para su pueblo y su mundo. Sin la predicación
de la visión divina, la gente permanecerá sin esperanza y sin Dios (Ef 2:12). La predicación
de la verdad bíblica es un acto de gracia divina que frena la pecaminosidad humana. La
proclamación de la verdad bíblica en el mensaje profético facilita la gracia salvadora y la
gracia común. Facilita la gracia salvadora porque solo el poder de la Palabra de Dios
pronunciada a través de la predicación es capaz de salvar a las almas del juicio divino y del
castigo eterno. Pero si las personas son convencidas por la predicación profética de la
Palabra de Dios para arrepentirse e invocar al Señor para la salvación, entonces Dios las
escuchará y las salvará de sus pecados. Romanos 10:13–15 nos recuerda estas verdades:
Pues “todo el que invoque el nombre del Señor será salvo”. ¿Pero cómo pueden ellos
invocarlo para que los salve si no creen en él? ¿Y cómo pueden creer en él si nunca han oído
de él? ¿Y cómo pueden oír de él a menos que alguien se lo diga? ¿Y cómo irá alguien a
contarles sin ser enviado? Por eso, las Escrituras dicen: “¡Qué hermosos son los pies de los
mensajeros que traen buenas noticias!”.(NTV)
El apóstol Pablo comienza y termina esta declaración con dos citas del Antiguo
Testamento —Joel 2:32 y Nahúm 1:15— que se refieren al poderoso efecto de la
predicación profética de la Palabra de Dios en el evangelio. La necesidad de la predicación
de la visión divina de la Palabra de Dios es clara. No podemos ceder porque la necesidad es
muy grande. La visión de Nahúm de la Palabra de Dios necesita ser escuchada en cada
generación. ¿Dónde está hoy la visión profética de la Palabra de Dios? ¿Dónde está la voz
profética que llama a la gente al arrepentimiento y a la fe en el siglo XXI?
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Qué aprendemos de Nahúm sobre la guerra? ¿Qué papel tiene Dios en la
guerra?
2. ¿Quién es responsable de las atrocidades que ocurren en la guerra?
3. ¿Qué papel tiene Dios en los asuntos internacionales?
4. ¿Cómo se hizo evidente la mano de Dios en las situaciones políticas del mundo
antiguo? ¿Cuáles fueron algunas situaciones en las que es difícil entender cuáles
eran sus planes?
5. ¿Cómo respondió Dios a la larga a la pecaminosidad de los reyes Manasés y
Amón de Judá? ¿Por qué fracasaron finalmente las reformas de Josías?
6. Cuando Dios habla en contra de los enemigos, ¿cómo puede ser eso tanto un
estímulo como una advertencia? ¿Hay algún país en nuestros días que sea
claramente malvado y que también nos sirva de advertencia?
7. ¿Tiene algún poema favorito? ¿Por qué la poesía puede ser un medio eficaz para
comunicar un mensaje profético?
8. ¿Dónde encuentra esperanza y consuelo en la Palabra de Dios? ¿Cómo puede
expresar esa esperanza y consuelo a los que no la han escuchado?
9. El nombre Nahúm significa “consuelo” o “compasión”. ¿Cómo se aplica esto al
libro de Nahúm?
UN ORÁCULO DE TRANQUILIDAD DIVINA PARA JUDÁ
NAHÚM 1:2–15
Idea principal: Dios destruyó al enemigo de Judá y proclamó la libertad y la paz a su pueblo.
I. Un retrato del castigo divino (1:2–6)
II. Una proclamación de paz divina (1:7–15)
¡Dios no está contento! El profeta comienza su oráculo en un tono que podría sorprender
al público promedio del siglo XXI. La mayoría de las veces estamos acostumbrados a
mensajes que comienzan con una historia interesante o un poco de humor. Pero el profeta
no pierde el tiempo y entra en el meollo de la cuestión: El descontento de Dios. Nahúm no
es el único profeta bíblico que comienza sus oráculos con una nota de desagrado divino. La
principal acusación de Dios contra su pueblo en Isaías 1:2 es: “He criado hijos y los he
educado, pero se han rebelado contra mí”. Esta no es precisamente una introducción cálida
y entrañable a los sermones y oráculos del profeta. Sin embargo, es la palabra de Dios al
pueblo sobre su necesidad de arrepentimiento y redención.
El mensaje de Nahúm se dirige a Nínive, el centro de las operaciones imperiales del
Imperio neoasirio. Nínive merece un juicio por sus crímenes contra el pueblo de Dios, Judá.
“El SEÑOR es un Dios celoso y vengador; el SEÑOR se venga y es feroz en la ira. El SEÑOR se
venga de sus enemigos, se enfurece con ellos” (v. 2). Aunque no es evidente en la traducción
al español, la profecía comienza con un acróstico parcial que indica la intencionalidad
profética y la coherencia literaria del oráculo de Nahúm. El acróstico es una disposición
poética en la que cada nueva línea o sección del texto comienza con una letra sucesiva del
alfabeto hebreo. En el caso de Nahúm, el acróstico abarca solo una parte del alfabeto
hebreo. El profeta elaboró hábilmente su mensaje profético de manera que impactara a su
audiencia.
La primera declaración es que Dios es “celoso”. Para el lector moderno, los celos pueden
no ser el primer atributo de Dios que le venga a la mente. Nos encanta recitar que Dios es
paciente, bondadoso, lleno de gracia, cariñoso, cuidadoso y mucho más. Los celos
probablemente no son uno de los atributos de Dios en los que la gente piensa hoy. Pero
Dios es un Dios celoso (Dt 4:24; 5:9).
Longman comenta que el celo de Dios:
No implica que Dios esté sujeto a pequeñas sospechas, sino que exige la lealtad exclusiva
de su pueblo en la línea del primer y segundo mandamiento. De hecho, ambas versiones del
segundo mandamiento (Éx 20:5; Dt. 5:9) contienen la auto-afirmación divina de los celos.
La exclusividad de la adoración es la motivación explícita de que Dios describa su nombre
como “Celoso” a Moisés (Éx 34:14). (Longman, “Nahum”, 788)
En las prohibiciones divinas de la idolatría en Éxodo 20:5, el Señor dice: “No debes
inclinarte ante ellos ni adorarlos, porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy un Dios celoso”. En Éxodo
34:14 el Señor dice: “Nunca te inclinarás ante otro dios porque Jehová, es un Dios celoso”.
Para ser claros, Dios no está celoso de su pueblo, sino que está celoso (celo santo) por su
pueblo. El atributo de celos de Dios proviene del concepto de lealtad al pacto. La relación
de Dios con su pueblo es una de lealtad de pacto y fidelidad mutua. Él no puede tolerar la
deslealtad. Solo Él será adorado y nadie más. Dios está celoso si su pueblo viola su lealtad
al pacto con Él, y también está celoso si otros atacan a su pueblo del pacto. El celo del Señor
se refiere a su celo por proteger y defender el honor de su relación de pacto con su pueblo
(Dt 6:13–15). Esta verdad sobre el celo del Señor para defender Su honor se expresa en las
palabras del profeta Jeremías, contemporáneo de Nahúm.
“¿Te has dado cuenta de lo que ha hecho la caprichosa Israel? Como una esposa que comete
adulterio, Israel ha rendido culto a otros dioses en cada colina y debajo de todo árbol
frondoso. Yo pensaba: “Después de haber hecho todo esto regresará a mí”; pero no lo hizo,
y su desleal hermana Judá lo observó. Vio que me divorcié de la infiel Israel debido a su
adulterio; pero Judá, esa hermana traicionera, no tuvo temor, y ahora ella también me ha
dejado y se ha entregado a la prostitución. Israel no lo tomó en serio y no le parece nada
fuera de lo común cometer adulterio al rendir culto a ídolos hechos de madera y de piedra.
Así que ahora la tierra se ha corrompido. Sin embargo, a pesar de esto, su infiel hermana
Judá nunca ha vuelto a mí de corazón, solo fingió estar apenada. ¡Yo, el Señor, he hablado!”.
Jeremías articula los caminos idolátricos tanto de Israel como de Judá, pues así es como el
Señor es provocado a los celos y a la ira con respecto a su pueblo. Prostituirse con las
potencias extranjeras (y sus ídolos) para obtener protección política y progreso fue un acto
de deslealtad al pacto con el Señor, y condujo a su brutal sometimiento a esas naciones. A
Dios le disgusta que el pueblo de Dios se prostituya y que las potencias extranjeras abusen
de él. Por lo tanto, los celos del Señor conducen a su venganza no solo contra los que violan
su pacto, sino también contra los que violan a su pueblo del pacto.(Jer 3:6–10, NTV)
El Señor es un “Dios vengador”. El término hebreo para “venganza” se emplea tres veces
solo en el versículo 2. A Dios no le agrada lo que los asirios han hecho a Judá. “Venganza”
afirma que Dios es un Dios de justicia. No permitirá que el mal quede impune para siempre.
Es paciente con los pecadores para darles la oportunidad de arrepentirse, pero ciertamente
los hará responsables de todo el mal que hayan hecho contra su pueblo. En Deuteronomio
32:35 el Señor dice respecto a Israel: “La venganza me pertenece; yo pagaré”.
La paciencia de Dios hacia Asiria se reflejó en el ministerio del profeta Jonás, que predicó
a regañadientes el mensaje del inminente juicio divino sobre Nínive en el siglo VIII a.C.
Nahúm reconoce la paciencia del Señor en el versículo 3 cuando dice: “El SEÑOR es lento
para la ira pero grande en poder; el SEÑOR nunca dejará impune al culpable”. El hecho de
que el Señor sea lento para la ira se menciona en varios pasajes de las Escrituras. Por
ejemplo, Éxodo 34:6 recoge las palabras del Señor a Moisés en el monte Sinaí: “Jehová es
un Dios compasivo y misericordioso, lento para la ira y rico en amor fiel y verdad”. Esto
indica que el Señor no quiere que la gente perezca en el juicio divino, por lo que es
compasivo y bondadoso al ser lento para la ira. Él ejerce la paciencia divina durante mucho
tiempo antes de ejecutar el juicio divino sobre las personas. En Números 14:18 Moisés habla
de la paciencia divina del Señor en su intercesión a favor de Israel citando las palabras del
Señor en el Monte Sinaí registradas en Éxodo 34:6. La “lentitud de la ira” es un acto de la
gracia divina hacia los pecadores.
Dios sigue siendo lento para la ira. A menudo permite que las personas vivan mucho
tiempo antes de juzgarlas por sus pecados. El apóstol Pedro escribe en 2 Pedro 3:8–9:
Sin embargo, queridos amigos, hay algo que no deben olvidar: para el Señor, un día es como
mil años y mil años son como un día. En realidad, no es que el Señor sea lento para cumplir
su promesa, como algunos piensan. Al contrario, es paciente por amor a ustedes. No quiere
que nadie sea destruido; quiere que todos se arrepientan (NTV)
Parte de la buena noticia es que Dios tarda en ejecutar el juicio divino contra los
pecadores para que se arrepientan de sus pecados. Que nadie confunda la paciencia de Dios
con distanciamiento o debilidad. Dios no es distante y no es débil.
De hecho, el Señor no solo es “lento para la ira”, sino que también es “grande en poder”.
Dios hará que los culpables rindan cuentas. Nadie se librará del pecado y la injusticia, ni los
individuos ni las naciones. Ahora es siempre el momento apropiado para responder a la
amable paciencia de Dios con arrepentimiento y fe. Aquellos que demoran en volverse al
Señor en arrepentimiento y fe solo están acumulando el juicio divino para sí mismos. No
seas como Nínive, para quien ya era demasiado tarde.
Si alguien duda de que el Señor es grande y asombroso en poder, el profeta describe su
poder en el elocuente lenguaje de la teofanía divina en los versículos 3b–6. Esta es una de
las ilustraciones verbales más vívidas del poder cósmico de Dios, que creó y controla todos
los elementos mencionados y que tiene el poder de revertir la creación y convertirla en caos
para cumplir su propósito (Baker, Nahum, 28). El Salmo 89:11 afirma esto al declarar: “Tuyos
son los cielos; tuya es también la tierra. El mundo y todo lo que hay en él: tú los fundaste”.
Nahúm procede desde las elevaciones más altas hasta las más bajas en su descripción de la
teofanía divina. Dios controla el “torbellino”, la “tormenta” y las “nubes”. Los asirios pueden
controlar gran parte del antiguo Cercano Oriente, pero el Señor controla el viento y el agua.
El poder de Dios no puede ser igualado. Los asirios deben temer el juicio divino que se
avecina porque el Señor es todopoderoso. Las imágenes del “camino” y de los “pies” se
refieren a la forma en que Dios aplica la justicia divina a sus enemigos. Se trata de un
lenguaje antropomórfico que pretende comunicar los atributos de los impresionantes y
terribles juicios de Dios. Dios puede tomar los elementos y convertirlos en caos contra Sus
enemigos. En Proverbios 1:27 se advierte a los necios que la calamidad vendrá sobre ellos
como un “torbellino”. Las herramientas a disposición de Dios son ilimitadas, por lo que Él
puede emplear los fenómenos meteorológicos para llevar a cabo Sus juicios sobre los
pecadores.
Él controla el agua por su capacidad de secar el mar y los ríos. Basán y el Carmelo y las
“flores del Líbano” son referencias al hecho de que el juicio divino de Dios afecta a todo, en
todas partes. Una cosa es cierta: Cuando Dios viene en juicio divino, todo el mundo lo sabe.
En el futuro, el Señor vendrá en juicio divino sobre toda la tierra, según Apocalipsis 1:7:
“¡Mira! Viene con las nubes, y todo ojo lo verá, incluso los que lo traspasaron. Y todas las
familias de la tierra se lamentarán por Él”.
El juicio es seguro para los malvados. La salvación es segura para los justos. Así como los
elementos del clima indican cuándo vendrán las tormentas y otros fenómenos relacionados,
también es cierto que Dios puede usar esos mismos elementos para indicar la llegada de su
juicio divino. “Los montes tiemblan delante de él, y las colinas se derriten; la tierra se
estremece ante su presencia: el mundo y todos los que viven en él” (Nah 1:5). No solo la
atmósfera y la hidrosfera están a su disposición divina, sino también la tierra. Los
terremotos y los temblores son ejemplos del impresionante poder del Señor.
El mensaje del inminente juicio divino evoca dos preguntas retóricas en el versículo 6:
“¿Quién podrá resistir su indignación? ¿Quién podrá soportar su ardiente cólera?”. La
respuesta es obvia: ¡nadie! Cuando afirmamos la soberanía de Dios, estamos afirmando
estas y muchas más verdades sobre los atributos de Dios. Este es el tipo de lenguaje
profético que habrían entendido los antiguos reinos como Asiria porque su sed de dominio
internacional era insaciable. Solo Dios, con su impresionante poder, podía detenerlos en su
búsqueda de la supremacía imperial en la región. No importa lo poderosa que pueda llegar
a ser una nación, Dios sigue ejerciendo la soberanía final sobre ella. Él es mucho más
poderoso que las naciones humanas. Cuando las naciones desagradan a Dios, su ira puede
derribarlas como el fuego volcánico y la lava fundida. Por eso el Salmo 2:10–12 advierte a
los reyes que tengan cuidado de no desagradar al Señor:
Ahora bien, ustedes reyes, ¡actúen con sabiduría! ¡Quedan advertidos, ustedes gobernantes
de la tierra! Sirvan al Señor con temor reverente y alégrense con temblor. Sométanse al hijo
de Dios, no sea que se enoje y sean destruidos en plena actividad, porque su ira se enciende
en un instante. ¡Pero qué alegría para todos los que se refugian en él! (NTV)
El destino de Asiria es una profecía de perdición para todos los que se oponen al pueblo
de Dios, incluso para aquellos que el Señor utiliza como instrumento de castigo divino sobre
su pueblo. El Señor ama a su pueblo lo suficiente como para disciplinarnos cuando
desobedecemos su Palabra. Y Él puede usar cualquier medio que elija para disciplinar a Su
pueblo. El escritor de Hebreos, citando Proverbios 3:11–12, dice: “Hijo mío, no tomes a la
ligera la disciplina del SEÑOR ni desmayes cuando seas reprendido por él, porque El SEÑOR
disciplina al que ama y castiga a todo hijo que recibe” (Heb 12:5–6). Dios es el mismo ayer,
hoy y siempre (Heb 13:8). Sigue disciplinando a sus hijos. Hay lecciones redentoras que
aprender de las experiencias del antiguo pueblo de Dios, Judá.
El mensaje del juicio divino se reduce del imperio al que lo gobierna, el rey de Asiria (v.
14). Lo más probable es que se trate de Asurbanipal, que fue el último monarca importante
del imperio neoasirio. Dios no solo responsabiliza a las naciones por sus actos, sino que
también responsabiliza a los líderes. Dios ha dado una orden: el fin ha llegado para la
monarquía asiria. El decreto es irreversible y seguramente se cumplirá.
El imperio se vería sumido en el caos de la guerra civil tras la muerte del rey Asurbanipal
en el año 627 a.C. Aunque el imperio estaba en la cúspide de su fuerza, las cosas se
desmoronaron rápidamente. En algún momento del caos, el hijo de Asurbanipal le sucedió,
pero ya era demasiado tarde para revertir el inevitable colapso del imperio. Dios no solo dio
muerte a Asurbanipal, sino que también destruyó el imperio neoasirio, lo que allanó el
camino para que los babilonios comenzaran su ascenso a la supremacía en la región.
El anuncio de la llegada de un mensajero con “buenas noticias” podría esperarse
normalmente al principio de un oráculo, pero aquí, en el versículo 15, el anuncio del
mensajero se da al final del primer oráculo de Nahúm, aparentemente como un clímax. El
mensajero emite la declaración de buenas noticias para el pueblo de Dios. La larga y amarga
experiencia de la tiranía asiria está terminando. Dios ha enviado un mensajero, un
anunciador, un predicador para proclamarlo. El mensaje de las buenas noticias se proclama
desde “los montes”, que sirven de plataforma desde la que el mensajero puede llevar el
mensaje de las buenas noticias a lo largo y ancho de la tierra. El versículo 15a dice
literalmente: “He aquí, sobre los montes, los pies de un mensajero que anuncia la paz”. La
imagen de la llegada de un mensajero que proclama buenas noticias se encuentra también
en Isaías 52:7 “Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la
paz, que trae buenas noticias, que anuncia la salvación, que dice a Sión: Tu Dios reina”.
“Además, citando a Nahúm 1:15 e Isaías 52:7, el apóstol Pablo en Romanos 10:15 escribe:
“¿Y cómo pueden predicar si no son enviados? Como está escrito: ¡Qué hermosos son los
pies de los que traen buenas noticia!”.
El mensajero viene con el mensaje de paz. No solo indica el cese de las hostilidades entre
los seres humanos, sino que, lo que es más importante, afirma la paz con Dios. Dios está en
paz con su pueblo, y ahora su pueblo puede estar en paz con él. Cuando el pueblo de Dios
ve y oye las buenas noticias procedentes del mensajero, es el momento de alegrarse. De
hecho, esto es parte del mensaje del mensajero al pueblo. El pueblo de Dios puede
“celebrar” sus fiestas de adoración ante el Señor ahora que el dominio de su opresor está
siendo eliminado. J. J. M. Roberts comenta:
Debido a esta buena noticia, Judá debe celebrar sus fiestas en honor a Jehová y cumplir los
votos que le hizo. La implicación parece ser que Judá no podía celebrar sus fiestas
adecuadamente mientras estuviera bajo el pulso de la opresión asiria. No es casualidad que
uno de los actos más importantes de la reforma política y religiosa de Josías tras la pérdida
de control de Asiria en el oeste fuera la celebración pública de la fiesta de la Pascua (2Re
23:21–25). (Nahum, 54)
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Qué opina del celo santo de Dios? ¿Cómo se relaciona el celo de Dios con el
pacto con su pueblo?
2. ¿Hay algún aspecto de la envidia o el celo que sea admirable en el ser humano?
3. ¿Cómo explicaría la venganza de Dios a una clase de estudio bíblico de quinto
grado?
4. ¿Cómo ha actuado la paciencia de Dios en su vida? ¿Ha experimentado alguna
vez el desagrado del Señor?
5. ¿Cómo presume la gente de la paciencia de Dios?
6. ¿Cómo se relacionan la ira de Dios y la justa justicia de Dios? ¿Has visto ejemplos
del juicio de Dios contra personas o naciones? ¿Cómo ayuda la contemplación
de la ira y la justicia de Dios a comprender y apreciar la gracia de Dios?
7. ¿Cómo ayuda la contemplación de la soberanía de Dios a comprender la justicia
y la gracia de Dios?
8. ¿En qué sentido es alentador ver que Dios protegió a Judá destruyendo a sus
enemigos? ¿Qué enemigos amenazan a los cristianos hoy en día?
9. ¿Cómo ha visto la protección de Dios cuando se ha enfrentado a enemigos físicos
o espirituales?
10. ¿Recuerda todavía el alivio que sintio cuando Dios le liberó de la esclavitud del
pecado? ¿Cómo puede mantener fresco ese recuerdo?
ORÁCULO DEL CASTIGO DIVINO PARA ASIRIA
NAHÚM 2:1–13
Idea principal: Debido al mal comportamiento de Asiria en el pasado, el profeta anuncia su
inminente destrucción.
I. El castigo divino ejecutado (2:1–10)
II. Retribución divina justificada (2:11–13)
El pueblo de Dios cometió una traición espiritual contra Él, y fue castigado por ello al
tener que sufrir la invasión y la deportación bajo los asirios. Moisés había profetizado en la
historia israelita anterior que si el pueblo de Dios cometía idolatría sería ciertamente
invadido y exiliado por naciones enemigas (Dt 4:27; 28:36–37, 64).
Ahora Asiria está a punto de ser aterrorizada y dispersada como un acto de retribución
divina por sus pecados, de la misma manera que había invadido y deportado a Israel y a
otras naciones. ¡El dispersor está a punto de ser dispersado!
“Aquel que dispersa” es quizás una referencia a Dios, que también está detrás de un
reino terrenal que viene a hacer la guerra a Asiria, es decir, una coalición formada por los
babilonios junto con los medos. Están decididos a librarse del yugo asirio para siempre. Esta
palabra se utiliza sobre todo para describir la dispersión de la gente. Aquí describe a alguien
que se levantará para destruir Nínive. Como resultado, los habitantes serán dispersados
fuera de la ciudad. El horizonte inmediato parece ominoso para Nínive. Un enemigo se
acerca rápidamente para atacar la capital de Asiria. Se emiten una serie de imperativos para
alertar a todos para que se preparen para el próximo asedio a Nínive: “¡Atentos a las
fortificaciones!, ¡Vigilen el camino!; ¡Prepárense! Reúne todas tus fuerzas” (Nah 2:1). El
lenguaje indica que el asedio avanza rápidamente hacia la capital. El ambiente es tenso. El
estrés aumenta. Los corazones laten con fuerza. El valor está al borde del colapso. Se
convoca a todos para que asuman posiciones preparadas en defensa de la ciudad.
La retribución de Dios contra Asiria es paralela a su restauración de Judá. Así como
derriba a Nínive, levantará a Jerusalén. Pero el versículo 2 parece sugerir una realidad más
significativa de restauración para el pueblo de Dios más allá de la reversión inmediata de
las circunstancias para Judá. Dios restaurará toda la nación de Israel después de haber
conquistado a sus enemigos. La “majestad” de Israel volverá a pesar de los estragos del
pasado. Algunos comentaristas han considerado este versículo como una interrupción en el
flujo del oráculo de Nahúm, pero funciona como una justificación más de la inminente
perdición de Asiria. Dios castigará a los enemigos de su pueblo, y al hacerlo restaurará la
fortuna de su pueblo. Dios nunca olvida a su pueblo, no importa lo que haya hecho mal. Su
amor eterno por su pueblo no puede ser quebrantado. De hecho, Dios muestra su amor por
Judá castigandolo por sus pecados y, después, restaurandolo. Aunque el pueblo de Dios
había fracasado por sus pecados, su fracaso no sería definitivo. La fidelidad de Dios siempre
supera nuestros fracasos. Segunda de Timoteo 2:13 dice: “Si somos infieles, Él permanece
fiel, porque no puede negarse a sí mismo”. Dios les daría fielmente la vuelta a las cosas
porque es fiel y porque no se puede negar su gracia y su amor por su pueblo. También es
cierto que Dios es fiel a su pueblo debido a sus promesas a los patriarcas Abraham, Isaac y
Jacob (Éx 3:6). Dios es fiel a la palabra de su promesa a su pueblo. Podemos estar seguros
de la fidelidad de Dios a su palabra. Él no cambia (Mal 3:6). Hebreos 13:8 dice: “Jesucristo
es el mismo ayer, hoy y siempre”.
En los versículos 3–4 el profeta hace una descripción de los invasores que se acercan
acompañando al que se dispersa y su asalto a Nínive. Se trata de una fuerza formidable que
avanza sobre Nínive. James Montgomery Boice califica la descripción de los
acontecimientos de Nahúm como “una obra maestra de la literatura antigua, insuperable
por su descripción gráfica de un asalto militar” (Minor Prophets, 376). El profeta está
describiendo un acontecimiento que aún no había tenido lugar con detalles gráficos que se
asemejan a las escenas que uno encontraría en las salas de cine de hoy. Al leer los versículos
3–4, se podría tener la impresión de que los invasores ya han entrado en Nínive, pero están
en las afueras de la ciudad avanzando hacia la muralla.
No se trata de “una colección de reclutas involuntarios” (Roberts, Nahum, 65). Están
bien equipados, entrenados, organizados y preparados con un plan estratégico de ataque
contra la ciudad. Disponen de un equipo de calidad: escudos rojos, trajes de batalla
escarlata, carros de primera clase y lanzas. Están listos para la conquista. Están preparados
para derrotar a Nínive. La escena es aterradora. La escena comienza en las afueras de
Nínive, pero avanza rápidamente hacia la muralla de la ciudad. Los guerreros no pierden
tiempo y se lanzan al ataque contra la ciudad. Infligen un caos intencionado a los habitantes
y al entorno. Se especializan en la miseria y la locura para tomar la ciudad. El derramamiento
de sangre está en sus ojos. “Los carros corren como locos por las calles; se precipitan por
las plazas” es una vívida descripción de la rapidez con que se desarrolla el ataque cuando
este ejército de conquistadores inflige bajas masivas en Nínive. Saben exactamente lo que
hacen, mientras los habitantes de Nínive están confundidos y aplastados. Infunden miedo
y terror a todos. O. Palmer Robertson comenta esta escena:
Han reclamado todo el territorio inmediatamente fuera de las murallas de la ciudad. Las
carreteras suburbanas y las intersecciones que se cruzan en el camino hacia las distintas
puertas de la ciudad están ya totalmente ocupadas. La última resistencia se ha retirado tras
la seguridad de las murallas de la ciudad, y los temibles carros del enemigo se apresuran a
asegurar todas las rutas de escape posibles. (Nahum, 89)
Dios no será burlado. Nínive está experimentando una dosis letal de su propio veneno.
Naciones como Asiria serán llevadas a la justicia divina por el Señor. Los pecadores no
pueden pisotear impunemente al pueblo de Dios. El Señor defenderá a su pueblo. La
velocidad y rapidez con la que se produce el asalto a Nínive es impresionante. La invasión
es rápida como un rayo. El juicio puede parecer que tarda en llegar; pero cuando llega, llega
rápidamente, especialmente para Asiria.
En primer lugar, el asalto comienza en las afueras de Nínive, pero los invasores pronto
avanzan sobre la propia ciudad (v. 5). Se concentran en la muralla de Nínive y comienzan a
establecer obras de asedio inmediatamente. Los soldados casi se hieren a sí mismos al
apresurarse a romper el muro de la ciudad. No tardan en lograr un avance. La ciudad no es
tan fuerte como se percibe a la luz de la rapidez de este asalto militar. Por muy fuerte e
impenetrable que pareciera Nínive, el Señor ha dejado al descubierto su debilidad. Los
invasores logran atravesar la muralla de la ciudad en un tiempo récord.
Nínive se muestra débil en un área de defensa en la que se pensaba que era más fuerte
(v. 6). Roberts comenta: “La mención de las compuertas se debe probablemente al famoso
sistema de presas y compuertas de Nínive que controlaban el flujo de agua hacia Nínive”
(Nahum, 66–67). Los invasores toman el control del sistema de aguas de la ciudad y lo
vuelven contra ella. Como resultado, la ciudad se inundará de agua, pero también de
invasores que entrarán en la ciudad como si fueran aguas de inundación. Esto lleva al
colapso de la voluntad de defender la ciudad. La erosión del palacio es una poderosa imagen
que comunica la profunda sensación de miedo y temor que experimentan todos los
habitantes de Nínive y sus jurisdicciones circundantes. El palacio, que representa el
gobierno central de Nínive, se debilita y se desmorona ante la embestida de los invasores.
Nínive se ve abrumada por la llegada del juicio divino por sus pecados contra Jehová.
La erosión del palacio es también metafórica en el sentido de que los reyes de Asiria ya
no tendrán un lugar donde residir. La monarquía asiria está acabada, y su brutal reinado
sobre los reinos del Antiguo Oriente Próximo ha llegado a su fin. Hay una lección importante
para nosotros hoy: por muy poderosos que lleguen a ser los monarcas, al final llegarán a su
fin. En otras palabras, nadie reina para siempre excepto el Señor.
En los versículos 7–8 el profeta Nahúm caracteriza la ciudad de dos maneras
interesantes. Primero, Nínive es una princesa en luto. En segundo lugar, Nínive es como un
estanque que se vacía rápidamente. La princesa Nínive es despojada de toda su belleza y
opulencia. La ciudad se ve humillada por la destrucción devastadora de unas fuerzas que
ella ya no puede derrotar. Las consecuencias del asalto militar a Nínive son devastadoras.
Se escucha el sonido del luto de las mujeres que quedaron atrás. Las hermosas sirvientas
de Nínive gimen y gimen en las calles. Los golpes de pecho son una señal de lamento y luto
por una gran pérdida (véase Is 38:14; Ez 7:16). Todo está perdido para Nínive, y nadie puede
ayudar. También se dice que la ciudad es como un estanque que se está vaciando. Todos
los que pueden escapar están saliendo de la ciudad y huyendo por sus vidas. La plenitud de
la ciudad se ha convertido en un vacío con todos sus habitantes huyendo de ella ahora que
ha caído en manos de un dispersor (v. 1). “¡Deténganse! ¡Deténganse!”, gritan, pero nadie
se vuelve atrás”. La gente huye de Nínive sin intención de detenerse ni de volverse. La
ciudad que habían llenado está ahora vacía. Cada persona está desesperada por salvarse
del colapso total del régimen. La caída de Nínive representa la caída del Imperio Neoasirio.
Dios ha vuelto a ejercer su soberanía divina sobre un imperio. No será la última vez que lo
haga. Dios sabe cómo reunir la confluencia exacta de factores para que los imperios se
levanten y caigan. Asiria no volvería a levantarse. Nahúm ha hecho que el mensaje sea lo
más claro y convincente posible a través de sus representaciones gráficas de la inminente
caída de Nínive.
Nínive era conocida por su riqueza y opulencia. Nínive exigía tributo a innumerables
reyes y reinos de todo el Antiguo Oriente Próximo. No es de extrañar que la ciudad posea
los mayores tesoros (v. 9). Puede que Nínive fuera rica en tesoros terrenales, pero era pobre
en verdaderas riquezas. Puede que el pueblo de Dios no siempre posea las mayores riquezas
terrenales, pero se nos ha dado la mayor riqueza en las verdaderas riquezas. El pueblo de
Dios posee riquezas que no pueden ser compradas con la riqueza del mundo. Las riquezas
de este mundo pueden ser arrebatadas por otros, pero las verdaderas riquezas no pueden
ser saqueadas por nadie. Dios había dado a Nínive una oportunidad de poseer verdaderas
riquezas en el tiempo de Jonás. Nínive se arrepintió, pero su piedad no duró mucho (véase
Jon 3:5–10). Ahora Nínive cargaría con todo el peso de sus muchos pecados ante Dios. Los
pecadores y las naciones pecadoras serán juzgados por Dios. Así como Nínive no pudo
escapar del juicio, los pecadores no podrán escapar del juicio divino. La gente puede huir
de Dios, pero nunca escapará. Las naciones pueden negar a Dios, pero ciertamente
enfrentarán su juicio.
Nahúm llega a un crescendo en su apasionante descripción de la caída de Nínive en el
versículo 10. ¿Qué mejor manera de articular el impacto sobre la ciudad que emplear un
poderoso juego de palabras que resume el estado de la situación tras el juicio divino?
“¡Desolación, diezmación, devastación!” conforman “una exclamación de horror ante la
escena de la ciudad en ruinas” (Longman, “Nahum”, 807).
Los dos primeros términos provienen de la misma raíz, que significa “vaciar”. El tercer
término significa “destruir”. Estos tres términos ilustran la totalidad de la destrucción
causada por los invasores. Las secuelas no son una escena atractiva, porque la ciudad ha
sido arrasada y sus habitantes se encuentran sin hogar y en la más absoluta indigencia. Los
efectos de la escena se describen en términos fisiológicos: “Los corazones se derriten, las
rodillas tiemblan, los lomos se estremecen, todos los rostros palidecen”. La devastación es
tan desgarradora que provoca una reacción fisiológica nefasta en quienes la presencian. Las
convulsiones interiores se experimentan a través de reacciones físicas adversas. Se ha
perdido todo el valor.
El profeta Joel describe de manera similar la reacción de las naciones ante la llegada del
Día del Señor cuando dice: “Las naciones se retuercen de horror ante ellas; todos los rostros
palidecen” (Jl 2:6). El profeta Isaías ofreció esta descripción cuando profetizó sobre el juicio
que vendría sobre el reino de Babilonia:
Griten de terror, porque ha llegado el día del Señor, el momento para que el Todopoderoso
destruya. Todos los brazos están paralizados de temor; cada corazón se derrite y todos se
aterran. Les sobrevendrán punzadas de angustia, como las de una mujer que está de parto.
Se miran unos a otros sin poder hacer nada, con el rostro encendido de miedo. (Is 13:6–9)
Está claro que Isaías no solo estaba describiendo la eventual perdición de Babilonia, sino
también la del mundo entero. Dios juzgará al mundo entero, no solo a los reinos
individuales, y la reacción será tal como la describe el profeta. Los pecadores ciertamente
se enfrentarán a un Dios enojado que los llamó a arrepentirse, pero ellos se negaron, para
su propio detrimento eterno.
¿Cómo es que tal devastación es una buena noticia para Judá, el pueblo de Dios? Para
el lector moderno esto podría parecer cruel y frío, pero cuando uno se da cuenta de que
Asiria está recibiendo la justicia divina por su cruel trato a innumerables pueblos en todo el
antiguo Cercano Oriente, entonces queda claro que Dios es un Dios de justicia, y no dejará
impune a los culpables (Nah 1:3). Dios es tan justo como amoroso. Todo ser humano posee
un cierto sentido de la justicia, aunque haya sido distorsionado por el pecado. Cuando
declaramos que Dios es justo, afirmamos que tiene el derecho eterno de ejercer la justicia
sobre los humanos de acuerdo con su propio carácter y norma, ya que no hay mayor norma
de justicia que Dios mismo. El Señor declara a Moisés en Éxodo 20:5 que castigará los
pecados de los padres hasta la tercera y cuarta generación de los que le odian. Aunque
Asiria se ha burlado de Dios, sin embargo es Dios quien determina el destino de Asiria y sus
aliados. Dios pagará a los pueblos por sus pecados. Dios pedirá cuentas a las naciones por
sus políticas y sus prácticas. Dios juzgará a los gobernantes por cómo gobiernan y cómo se
comportan mientras están en sus puestos de poder.
¿Dónde están ahora? Se han ido. La guarida de los leones está vacía. ¡El rey asirio se ha
ido! ¡Su palacio está vacío! No quedará nada del rey y sus secuaces.
Una cosa es tener enemigos humanos, pero cuando el Señor está contra ti, no hay
esperanza de supervivencia. El Señor declara su oposición con las palabras: “Estoy contra
ti” (v. 13). Esta frase es una característica común de la literatura profética. El profeta
Jeremías emplea esta frase en sus oráculos. Por ejemplo, en 21:13 el Señor dice: “¡Cuidado!
Estoy contra ti” (véase también Jer 50:31; 52:25). El Señor pronuncia repetidamente estas
palabras a través del profeta Ezequiel. En 5:8 el Señor declara a los dirigentes de Jerusalén:
“Por tanto, esto es lo que dice el Señor DIOS: Mira, estoy contra ti, Jerusalén”. En Ezequiel
13:8 el Señor se enfrenta a los profetas mentirosos cuando dice: “Estoy contra ti porque has
hablado en falso y has tenido visiones mentirosas”. El Señor no solo declara su oposición a
su propio pueblo en ocasiones, sino que también se enfrenta a las naciones que rodean a
su pueblo (véase Ez 21:3; 26:3–8; 29:3). El Señor está en contra de los que hacen el mal (Sal
34:16).
En Nahúm 2:13 el Señor promete destruir el equipo militar asirio (“carros”), los oficiales
del rey (“leones jóvenes”) y los suministros para el sustento (“cortaré tu presa”). Se trata
de un completo derrocamiento del monarca asirio y de su maquinaria militar real. Además,
los mensajeros serán eliminados para siempre (“nunca más se escuchará a tus
mensajeros”). Estas son buenas noticias para Judá —el pueblo de Dios— y para muchos
otros pueblos que habían sido subyugados a la brutal hegemonía asiria. Este enemigo del
pueblo de Dios será derrotado para siempre.
Aunque Asiria será reemplazada por la hegemonía babilónica, al menos por un corto
tiempo el pueblo de Dios tendrá descanso. Tendrán un descanso permanente de sus
enemigos si tan solo se volvieran al Señor en arrepentimiento y fe en el pacto (cf. Jer 25:1–
14). No hay enemigo que no pueda ser vencido si el pueblo de Dios permanece fiel a su
Palabra. La obediencia a la Palabra del Señor es el camino hacia la bendición y la paz (Dt 28).
Esta verdad es la misma hoy que en los días del profeta Nahúm.
En cada época, el Señor dice que si “mi pueblo llamado por mi nombre se humilla, ora y
busca mi rostro, y se convierte de sus malos caminos, entonces yo oiré desde el cielo,
perdonaré su pecado y sanaré su tierra” (2Cr 7:14). Dios bendecirá a su pueblo cuando lo
honremos con verdadero arrepentimiento, fe y santidad.
REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. ¿Cuándo ha visto que personas pecadoras reciban un trato hiriente con
resultados desastrosos? ¿De qué manera la Regla de Oro (Mt 7:12) ofrece un
código de conducta más ventajoso?
2. Dios hizo caer el poderoso Imperio Asirio de forma repentina. ¿Qué regímenes
han caído en la historia reciente? ¿Ha visto la mano de Dios en esos
acontecimientos?
3. ¿Qué pruebas hay de que algunas personas sustituyen el patriotismo por la
religión? ¿De qué manera los cristianos de su país están tentados a hacer lo
mismo?
4. ¿Las personas que le rodean persiguen la riqueza mundana o la verdadera
riqueza de una relación con Dios? Enumere las formas en que las verdaderas
riquezas son mejores.
5. ¿El Día del Señor será una buena o mala noticia para la mayoría de la gente de
su país? ¿Qué puede hacer por su parte para mejorar sus perspectivas?
6. ¿Por qué es difícil pensar en la justicia de Dios cuando la gente está sufriendo,
incluso si la gente ha sido malvada en el pasado? ¿Cómo puede la gente evitar
la justicia de Dios y recibir en cambio la misericordia de Dios?
7. ¿Qué tipo de emociones siente al leer este capítulo de Nahúm?
8. La antigua Nínive se encuentra en la actual Mosul (Irak). ¿Qué importancia tiene
esto para los acontecimientos internacionales actuales?
UN ORÁCULO DE AJUSTE DE CUENTAS PARA NÍNIVE
NAHÚM 3:1–19
Idea principal: El profeta Nahúm se lamenta por Nínive, ya que ha desaparecido.
I. La conquista de Nínive (3:1–7)
II. La comparación con Tebas (3:8–10)
III. El colapso de Nínive (3:11–19)
Ha llegado el momento de que Nínive se enfrente al juicio divino por su maldad ante el
Dios del universo. Los asirios deben enfrentar la realidad del Dios que ignoraron y negaron
cuando subyugaron y maltrataron al pueblo de Dios, Judá. La política de Nínive hacia las
naciones, especialmente hacia Israel y Judá, vuelve ahora para atormentarla. En este
oráculo, el profeta Nahúm pronunciará una lamentación sobre Nínive.
I. LA CONQUISTA DE NÍNIVE
NAHÚM 3:1–7
La lamentación profética sobre Nínive comienza con lo que se denomina un “oráculo de ay”.
El término hebreo precede habitualmente a los oráculos que implican lamentación o
pronunciamiento de juicio. En el versículo 1 se mencionan cuatro elementos que describen
el carácter de Nínive. La muerte, el engaño, el saqueo y la presa se encontraban en
abundancia en Nínive y la cultura se caracterizaba por una profunda corrupción humana.
Sangre es el primer término que caracteriza la capital asiria y su cultura. El término es
una metáfora de la cultura de la muerte que reinaba en Nínive y en todo el imperio. Los
asirios llevaron la muerte a muchas naciones y pueblos de todo el Antiguo Oriente Próximo.
Las ambiciones imperiales de los reyes de Nínive sometieron a innumerables vidas a la
muerte y la destrucción mientras la expansión militar asiria continuaba extendiéndose cada
vez más. No solo llevaron la muerte a muchos, sino que también reinaba una cultura de la
muerte en la propia capital asiria. Nahúm expone a Nínive por sus corrupciones internas,
así como por sus ambiciones imperiales externas. Nínive era conocida como una ciudad
malvada al menos desde la época de Jonás, en el siglo VIII a.C. Jonás 1:1 dice que la palabra
del Señor vino a Jonás: “Ve a la gran ciudad de Nínive y predica contra ella, porque su
maldad se ha enfrentado a mí”. Dios había declarado el juicio divino sobre la ciudad más de
un siglo antes de los oráculos de Nahúm contra ella (Jon 3:4–10). Pero el arrepentimiento
de Nínive durante la época del profeta Jonás retrasó el juicio final sobre la ciudad hasta la
época de Nahúm. Se derramará sangre en una ciudad de sangre. La muerte llegará a una
cultura de la muerte.
Nínive no solo se caracteriza por una cultura de derramamiento de sangre, sino que
también es una cultura “totalmente engañosa”. Nínive tenía una política de engañar a sus
vasallos y enriquecerse a costa de ellos. Puede haber prometido prosperidad, pero solo
produjo miseria y opresión para todos los que estaban bajo su hegemonía. Un ejemplo de
las promesas vacías de Nínive puede verse en el asedio de Jerusalén por parte de
Senaquerib en el 701 a.C. Después de que el rey de Judá, Ezequías, mostrara signos de
independencia de Asiria, el rey Senaquerib de Asiria respondió invadiendo los territorios de
Judá y sitiando la propia Jerusalén (2Re 18:13–18). Durante el asedio a Jerusalén, el general
de campo de Senaquerib se enfrentó a los funcionarios de Ezequías con una oferta de falsa
paz. He aquí una parte de su declaración:
No dejen que Ezequías los haga confiar en el Señor, aunque les asegure que el Señor los
salvará, y que esta ciudad no será entregada en mis manos. No le hagan caso”. “Así dice el
rey de Asiria: ‘Hagan las paces conmigo, y salgan a mi encuentro. Coma cada uno de ustedes
sus uvas y sus higos; beba cada uno de ustedes el agua de su pozo, hasta que yo venga y los
lleve a una tierra como la de ustedes, donde hay trigo y vino, pan y viñas, olivas, aceite y
miel. Así no morirán, sino que seguirán con vida. No le hagan caso a Ezequías, que los engaña
cuando les dice que el Señor los librará. ¿Acaso alguno de los dioses de las otras naciones ha
librado a su tierra de mis manos?’ ” (2Re 18:30–33, RVC)
Esto explica la razón de ser del mensaje profético de Nahúm sobre Nínive, la capital del
Imperio Neoasirio. Dios no será burlado por individuos o naciones. Dios juzgará a todas las
naciones según su justicia, y su Palabra tendrá la última palabra en todos los asuntos de la
humanidad.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Qué constituye una “cultura de la muerte”? ¿Hay alguna forma en la que el país
en el que vive se parezca a Nínive?
2. ¿Cómo se reconoce el engaño en un líder nacional de su propio país o de un
enemigo? ¿Tiene un cristiano alguna ventaja en hacerlo?
3. ¿Por qué Nahúm llamó prostituta a Nínive? ¿Qué constituye la prostitución
espiritual o política hoy en día?
4. ¿Por qué condenó Dios la brujería? ¿Cuáles son algunas formas sutiles de
brujería que se practican hoy en día?
5. ¿Le parece invencible el país en el que vive hoy? ¿Por qué los cristianos no
deberían poner su esperanza en las naciones, los estados y los líderes?
6. Nínive estaba madura para el juicio; Nahúm comparó a Asiria con los higos. ¿Qué
hace que las metáforas y las parábolas sean eficaces para expresar la verdad?
¿Qué metáfora podría utilizar con sus amigos para hablar de la inminencia del
juicio?
7. ¿Por qué no se aplica el “demasiado grande para quebrar” cuando Dios juzga a
una institución o a un país?
8. ¿Qué atributos de Dios aprendemos al leer el libro de Nahúm?
9. ¿Dónde está el evangelio en el libro de Nahúm? ¿Cuáles son las malas noticias y
las buenas noticias en el libro de Nahúm?
10. ¿Cómo se puede aplicar el libro de Nahúm a los acontecimientos internacionales
actuales?
Habacuc
INTRODUCCIÓN AL PROFETA HABACUC
HABACUC 1:1
Idea principal: El profeta relató un diálogo que tuvo con Dios sobre la soberanía de Dios y
la maldad de los acontecimientos en la tierra.
I. El profeta Habacuc
II. El ministerio del profeta Habacuc
III. La visión del profeta Habacuc
IV. Antecedentes históricos
La frase inicial del libro del profeta Habacuc contiene una ligera similitud con las palabras
iniciales del libro anterior del profeta Nahúm. Ambos profetas emplean dos palabras que
constituyen un vocabulario estándar en la literatura profética. Las palabras traducidas como
“oráculo” y “visión” son ambas de uso común en los profetas del Antiguo Testamento.
Aunque tanto Habacuc como Nahúm utilizan la forma sustantiva de la palabra traducida
como “oráculo”, el uso de Habacuc de la palabra para “visión” difiere del de Nahúm en que
Habacuc emplea la forma verbal, que se traduce como “visión” (Hab 1:1). Nahúm utiliza la
forma sustantiva, que se traduce como “visión” (Nah 1:1). Habacuc 1:1 se traduce
literalmente en la HCSB y la ESV: “El oráculo que vio el profeta Habacuc”.
El término oráculo indica el tipo de género literario que cabe esperar de la profecía de
Habacuc. El lector esperaría que su mensaje consistiera en una serie de pronunciamientos
oraculares. Sin embargo, la profecía de Habacuc consiste en realidad en algo más que una
simple serie de declaraciones oraculares. La profecía de Habacuc es una serie de diálogos
oraculares con Dios. Estos diálogos entre Habacuc y Dios son todo menos simples. De hecho,
se encuentran entre los diálogos más complejos que se encuentran en el Antiguo
Testamento. “Oráculo” traduce la palabra hebrea derivada de un verbo que significa
“levantar”. El término oráculo se utiliza en la literatura profética para describir el mensaje
del Señor traído por los profetas (véase Andersen, Habacuc, 87). El mensaje de Habacuc se
lleva a cabo a través de un intenso diálogo con el Señor, en el que el profeta trata de
conciliar su comprensión de la soberanía de Dios con lo que él ve como acciones
incongruentes de Dios. Este diálogo lleva al lector a una reflexión más profunda sobre los
medios y métodos de Dios.
I. EL PROFETA HABACUC
El nombre Habacuc podría estar relacionado con una raíz verbal hebrea que significa
“abrazar” o “doblar las manos (en la ociosidad)” (Pr 6:10) (Koehler y Baumgartner, Hebrew
and Aramaic, 287). También podría ser el nombre de una planta de jardín, Cassia tora. La
etimología del nombre no aporta ninguna información útil y su significado sigue siendo
incierto. No parece haber ningún significado entre el nombre y el contenido de los oráculos
proféticos de Habacuc.
Habacuc tuvo una visión del Señor en la que a él (Habacuc) se le permitió dialogar con
el Señor sobre sus luchas y perplejidades. Aunque el profeta sabe que el Señor es soberano,
su experiencia diaria parece reflejar algo muy diferente. Se esfuerza por interpretar
correctamente sus realidades cotidianas. La profecía de Habacuc es un testamento
profundamente personal de la batalla de un creyente contra la desobediencia de los
pecadores y las dudas del alma (Andersen, Habacuc, 88).
Las palabras oír y ver son el lenguaje de la revelación divina, y reflejan el concepto de
comprensión. Lo que el profeta oyó y vio y entendió es el mensaje de la revelación divina.
Habiendo estado en la presencia del Señor, el profeta tiene un mensaje para el pueblo de
Dios. El profeta Isaías estuvo en la presencia del Señor y recibió la llamada para ir al pueblo
de Dios y proclamar el mensaje profético de inspiración divina (Is 6). Lo que el profeta
Habacuc vio lo comunicó al pueblo de Dios.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Qué es un oráculo profético? ¿Representa el “oráculo” lo que hay en el libro de
Habacuc?
2. ¿Cuánto se sabe sobre el profeta Habacuc? ¿Afecta eso al significado o a la
autoridad del libro?
3. ¿Puedes nombrar a otros profetas bíblicos que profetizaron como
contemporáneos de Habacuc?
4. ¿Qué es un profeta? ¿Hay personas que cumplen ese papel hoy en día?
5. ¿Qué nación extranjera está representada en la profecía de Habacuc? ¿Qué
principios y normas ilustra esa nación? ¿Algunos de esos principios y normas
aparecen en tu nación?
LAS PERPLEJIDADES DEL PROFETA HABACUC
HABACUC 1:2–2:20
Idea principal: El profeta Habacuc está profundamente perturbado por el estado espiritual
y social de la nación de Judá. Expresa su frustración al ser testigo de la corrupción y
depravación humanas en toda la sociedad judaica, y apela a Dios para que haga algo al
respecto. La respuesta del Señor al clamor de Habacuc es completamente inesperada.
I. “¿Qué hay de malo en este cuadro?” (1:2–11)
A. La agonía del profeta (1:2–4)
B. La respuesta divina (1:5–11)
II. “¿Qué sigue fallando en este cuadro?” (1:12–2:20)
A. La respuesta del profeta (1:12–2:1)
B. La réplica divina (2:2–20)
El libro de Habacuc comienza con una gran sensación de tensión porque las cosas no son
como deberían ser y el profeta Habacuc está profundamente preocupado por la situación.
Su profecía comienza con lo que es esencialmente la pregunta: “¿Qué hay de malo en este
cuadro?”.
Dios ha utilizado a las naciones enemigas para castigar y disciplinar al pueblo de Dios
cuando han actuado infielmente hacia su pacto. Esto afirma que Dios juzgará el pecado y
hará responsables a los pecadores por su desobediencia. Esto es un reflejo del carácter
constante de Dios, que ama la justicia y aborrece la maldad. En su oración, el profeta se
enfrenta a serios desafíos teológicos a su fe. Su lucha es honesta, franca y cruda. A veces,
los cristianos más fuertes y maduros pueden encontrarse luchando con Dios como Habacuc
cuando se trata de misterios teológicos de esta magnitud.
Versículos 14–16. El profeta entra ahora en una extensa metáfora que ilustra el vasto
poder político y militar que Dios ha permitido que los babilonios posean en la tierra. Esta
extensa metáfora proviene del ámbito de la pesca en alta mar. El versículo 14 utiliza un símil
para describir la abundante población humana que Dios ha creado. Las personas son como
los peces y otras criaturas marinas muy pobladas y fáciles de capturar. Esto subraya algo de
la magnitud de la amenaza que supone Babilonia no solo para Judá, sino para todo el mundo
de aquella época. Suponen una crisis global para las naciones por lo que el profeta observó
sobre ellos ya en los versículos 8 y 10: “Sus jinetes vienen de tierras lejanas… Se burlan de
los reyes, y los gobernantes son una broma para ellos”. Han aterrorizado a la tierra, no solo
a Judá. Por eso Habacuc está tan profundamente perturbado y perplejo de que Dios haya
tomado una acción semejante. La acción de Dios desafía la simple perspectiva teológica del
profeta. Dios creó a los babilonios igual que creó a todos (y a todo). Él siempre está
justificado para usar su creación de cualquier manera que logre su propósito sin necesidad
de dar explicaciones a nadie. De hecho, Dios tuvo la gracia de revelar a Habacuc tanto como
lo hizo.
Continuando con la metáfora de la pesca en el versículo 15, los babilonios son
pescadores que recogen en su red enormes capturas de naciones. Los verbos son vívidos:
“tirar hacia arriba”, “atrapar” y “recoger”. Esto ilustra el proceso de asegurar una carga de
peces. Lo hacen con un gigantesco “anzuelo”, “red de arrastre”, “red de pesca”. Poseen
todas las herramientas necesarias para arrastrar a las naciones como a los peces, y los
babilonios son conocidos por hacerlo. Esto simboliza la fuerza y la habilidad babilónica para
dominar a las naciones y ejercer el control sobre los reinos. Babilonia es el nuevo matón
global que impone su voluntad a la comunidad de naciones del Antiguo Oriente Próximo.
Sus víctimas no son rivales para sus proezas. Pero Babilonia no es rival para el Dios soberano
que reina sobre las naciones buenas y malas.
Su éxito en la captura de muchas naciones les produce alegría. Les encanta la dulce
experiencia de subyugar a todos los demás, y por eso se alegran, según el profeta. No solo
se regocijan, sino que ésta es la ocasión para adorar sus redes (v. 16). Adoran su propio
éxito. Su dios es su “red de arrastre” y su “red de pesca”. La razón es que estas herramientas
ayudaron a hacerlos ricos. Babilonia se había convertido en una nación de inmensa riqueza
bajo el liderazgo de Nabucodonosor II. Él reconstruyó y expandió la ciudad, y se decía que
superaba el esplendor de cualquier otra ciudad durante este tiempo en el mundo antiguo
(Brand e England, Holman Illustrated, 159).
En el mundo actual no faltan personas que adoran el trabajo de sus propias manos. Su
éxito es su dios. Al igual que los babilonios, han cambiado la verdad de Dios por una mentira,
y adoran y sirven a las cosas creadas en lugar de al Creador, que es alabado por siempre (Ro
1:25). Las personas fueron creadas para adorar solo a Dios, pero si se niegan a adorarlo,
ciertamente adorarán a algo o a alguien.
Versículo 17. La siguiente pregunta que plantea Habacuc es si se permitirá a los
malvados babilonios continuar su brutal reinado de dominio sobre el mundo. ¿Seguirá Dios
viendo cómo Babilonia invade una nación tras otra, y especialmente al pueblo de Dios, sin
intervenir? El profeta está lidiando con el aparente silencio de Dios respecto a su brutalidad.
La pregunta del versículo 17 es retórica. ¿Seguirá Dios permitiendo que su maldad quede
impune mientras castiga a todos los demás, incluido Judá? Está claro que el profeta tiene
dificultades para conciliar estas realidades en su mente y su corazón. Habacuc está siendo
probado hasta la médula en todo lo que ha creído sobre Dios. Está luchando por afirmar
que el día de la rendición de cuentas y el ajuste de cuentas de Babilonia no es una cuestión
de si, sino solo una cuestión de cuándo. Esto nos remite a la primera pregunta del versículo
2, en la que Habacuc gritó: “¿Hasta cuándo?”. Dios tratará con los pecados de Babilonia,
pero solo después de que haya tratado con los pecados de su pueblo, Judá. ¿Cómo puede
la maldad de Babilonia provocar la justicia de Dios? Esta es la principal preocupación de
Habacuc.
Capítulo 2, versículo 1. El profeta concluye su respuesta a la revelación del Señor
declarando: “Me mantendré en mi puesto de guardia y me situaré en la torre de vigilancia.
Vigilaré para ver qué me dice y qué debo responder sobre mi queja”. Este pasaje es de
naturaleza autobiográfica (Andersen, Habacuc, 191). Habacuc resuelve esperar una
respuesta del Señor. Es como si se sentara con los brazos cruzados esperando la respuesta
de Dios. Expresa una cierta confianza en que el Señor le responderá. No está claro qué tipo
de respuesta espera el profeta. Tiene que esperar en el Señor porque no puede producir
una respuesta del Señor por sí mismo. Esperar en el Señor requiere fe en el Señor y en la
Palabra de su promesa.
El lugar donde Habacuc espera la respuesta del Señor es la “torre de vigilancia”. Este es
un lugar instructivo porque es el lugar donde se colocan los guardias para vigilar por motivos
de seguridad. Parece que el profeta Habacuc, al igual que Ezequiel, puede haber sido un
vigilante literal o figurado (Ez 3:27). Es simbólico y significativo que el profeta esté en la
torre de vigilancia esperando que el Señor vuelva a acudir a él. La torre era un lugar de
vigilancia y espera. En Ezequiel 3:17 el Señor le dice al profeta Ezequiel: “Hijo de hombre,
te he puesto de centinela sobre la casa de Israel. Cuando oigas una palabra de mi boca,
adviérteles de mi parte”. Así que la responsabilidad del centinela era advertir al pueblo de
Dios cada vez que el Señor le advirtiera.
¿Qué es lo que Habacuc espera recibir del Señor cuando le responda? ¿Qué cree que va
a decir Dios? Hasta ahora la palabra del Señor ha sido todo menos predecible para el
profeta. “El silencio de Dios le molestaba y le afligía, pero sabía que no podía hacer nada al
respecto. O más bien, lo único que podía hacer era seguir orando, seguir esperando, seguir
vigilando” (Andersen, Habacuc, 196). Esto es una especie de problema de sabiduría para
Habacuc. Seguramente Dios tenía un propósito mayor en todos estos acontecimientos, pero
Habacuc aún no lo ha averiguado. Se necesita la sabiduría divina para comprender la acción
divina. Habacuc está luchando por la falta de sabiduría y comprensión de los caminos de
Dios. ¿Qué está haciendo Dios? Solo Dios puede revelarlo al profeta.
Este escenario también plantea la pregunta: ¿Qué debemos pensar cuando Dios hace
algo que va más allá de la comprensión? La sabiduría de Proverbios 3:5–6 es instructiva en
estos casos: “Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio
entendimiento; piensa en él en todos tus caminos, y él te guiará por las sendas correctas”.
La fe precede al entendimiento, y no al revés. Debemos confiar en el Señor incluso cuando
no lo entendemos todo. El Señor está probando la confianza de Habacuc en Él. De hecho, el
Señor le respondió, como veremos en los próximos versículos.
En otras palabras, no hay salvación en la ley. Solo hay salvación por la fe. En relación con
el contexto original de Habacuc, los justos perseveran en su fe en Dios, en contraste con los
babilonios que solo confiaban en sí mismos. En la época de Pablo, los justos vivirían por la
fe, en contraste con los que confían en su propia justicia en la ley.
En el pasaje de Hebreos 10:37–38 el escritor incorpora elementos de Isaías 26:21 y
Habacuc 2:3–4. El contexto inmediato de Hebreos 10:37–38 se acerca más al contexto
original de Habacuc 2:3–4 en el sentido de que el escritor de Hebreos aborda el tema de la
resistencia paciente a través del sufrimiento. La principal diferencia entre Habacuc 2:3–4 y
Hebreos 10:37–38 es que en Habacuc el pueblo de Dios iba a sufrir por su infidelidad al
Señor, mientras que en Hebreos el pueblo de Dios sufría por su fidelidad al Señor. J. J. M.
Roberts ha comentado:
Hebreos 10:38, en particular, se mantiene muy cerca de la intención original del pasaje de
Habacuc, cuando el autor de Hebreos cita a Habacuc para animar a los cristianos
desesperados, para asegurarles que la intervención prometida de Dios llegará seguramente
en su momento apropiado. (Nahum, 111)
Versículo 5. Los babilonios se han embriagado con su propio orgullo, su presunción, sus
ambiciones imperiales y su insaciable apetito de más poder. El “vino”, además del ego
inflado mencionado en el versículo 4, ha traicionado al líder babilónico haciéndole creer
que Babilonia es invencible. Cuanto más toma, más quiere. Su apetito nunca está satisfecho.
Babilonia es comparada con el “Seol”. Proverbios 30:15b–16 dice: “Tres cosas nunca se
sacian; cuatro nunca dicen: “¡Suficiente! El Seol; un vientre sin hijos; la tierra, que nunca
está satisfecha con el agua; y el fuego, que nunca dice: ‘¡Suficiente! “Seol” es un término
del Antiguo Testamento para la tumba y es sinónimo de muerte. Los babilonios no tienen
autocontrol, ni tampoco su líder Nabucodonosor II. Nunca dejarán de devorar todo a su
paso. Devorarán a Judá por sus pecados, pero Dios los detendrá en su momento.
Mientras que el profeta Habacuc ha recibido malas noticias de un juicio inminente sobre
Judá por los muchos pecados de los que el profeta se quejó en 1:2–4, también habrá juicio
para los babilonios. Estos juicios están escritos en forma de cinco oráculos de ay en los
versículos 6–20. “El conjunto de los cinco ‘oráculos del ay’ constituye el discurso que
pronunciará ‘el recitador’ a partir de la visión escrita en las tablas” (Andersen, Habacuc,
225). Los cinco oráculos comparten el tema común del juicio divino sobre Babilonia por
todos sus actos. Habacuc puede estar seguro de que Dios hará responsables a los babilonios
de todos sus pecados como nación. En el primer oráculo del ay (vv. 6–8) Babilonia será
saqueada por los que había saqueado; en el segundo oráculo del ay (vv. 9–11) su seguridad
quedará insegura; en el tercer oráculo del ay (vv. 12–14) su civilización será reemplazada
por la devastación; en el cuarto oráculo del ay (vv. 15–17) su gloria se convertirá en
vergüenza; y en el quinto oráculo del ay (vv. 18–20) sus ídolos son expuestos como sin valor
a la luz del Señor que es el único Dios verdadero.
El saqueador será saqueado (vv. 6–8). El versículo 6a da paso a una pregunta retórica
que pretende establecer el ay en este oráculo. La pregunta retórica contiene tres palabras
que preparan al lector para el contenido de los cinco oráculos. Todas las naciones que
habían sido confiscadas por las ambiciones imperiales de Babilonia tendrán su opinión
contra la nación. Se “burlarán” de Babilonia con “burlas y acertijos”. La palabra burla se
utiliza en Miqueas 2:4 para referirse a las burlas que se hacen contra los destinatarios del
juicio divino. En el Salmo 44:14 Israel se queja a Dios de que su calamidad se ha convertido
en una burla o un chiste entre las naciones. La burla está relacionada con el verbo
“despreciar” (Brown, Driver y Briggs, Hebrew and English, 539). Los acertijos se refieren a
dichos enigmáticos o desconcertantes y, junto con las burlas y el escarnio, forman la idea
de que Babilonia se ha convertido en el chiste o el sintagma de las naciones a las que una
vez aterrorizó (ibid, 295). O. Palmer Robertson ha comentado:
El propio Israel había sido advertido de que, si no guardaba los mandamientos de Dios, se
convertiría en objeto de burlas entre todas las naciones de la tierra (Dt. 28:37; 1Re 9:7).
Ahora el Señor declara que llegará el día en que todas esas naciones a las que los caldeos
han amedrentado se burlarán de su conquistador. (Nahum, 185)
Los versículos 6b–8 contienen el primer oráculo de aflicción contra Babilonia. Los
babilonios se han apoderado despiadadamente de las riquezas que no les pertenecían por
derecho. Como resultado, llegará el día en que las naciones que queden vendrán a cobrar
lo que les pertenece por derecho. Como los acreedores que vienen a cobrar sus bienes,
saquearán a los saqueadores babilónicos. Lo que el imperio neobabilónico ha hecho a las
naciones que conquistó, se lo harán a él. Dios no olvida el mal que hacen los hombres. Ni
los individuos ni las naciones se libran de hacer el mal. Él impondrá el castigo apropiado en
el momento señalado (v. 3). Estas prácticas babilónicas son inquietantemente similares a
muchas prácticas utilizadas en las sociedades modernas, en las que los prestamistas utilizan
pagos de intereses excesivos y prácticas de préstamo explotadoras para paralizar y
aprovecharse de los que son financieramente vulnerables. En nuestra sociedad no faltan las
instituciones de préstamo que utilizan prácticas de marketing engañosas para atraer a los
clientes involuntarios con el fin de ganar tanto dinero como sea posible y tomar todo lo que
puedan de la gente honesta y trabajadora. Proverbios 14:31 dice: “El que oprime al pobre
insulta a su Hacedor, pero el que es bondadoso con el necesitado le honra”.
Los seguros se volverán inseguros (vv. 9–11). El segundo oráculo del ay acusa a Babilonia
de utilizar las riquezas mal habidas para construir la seguridad contra la amenaza del
desastre. El tema de las riquezas mal habidas en este segundo oráculo se basa en el primer
oráculo, que trataba de que Babilonia había tomado lo que no le pertenecía por derecho
(6b). Los babilonios no solo emplearon la fuerza sino también el fraude para enriquecerse.
Practicaron la imposición explotadora de tributos paralizantes a las naciones conquistadas
(Andersen, Habacuc, 240). El éxito y la seguridad que pretenden alcanzar no se producirán.
Toda su seguridad quedará insegura cuando lo que han hecho a otras naciones se lo hagan
a ellos. El desastre les alcanzará con toda seguridad. Quien vive de la ganancia mal habida
será avergonzado. El verso 10 es similar a Proverbios 1:18–19: “Pero ellos ponen una
emboscada para matarse a sí mismos; atacan sus propias vidas. Tales son los caminos de
todos los que obtienen ganancias deshonestas; se cobra la vida de los que las reciben”. Los
babilonios han pecado contra sí mismos en el sentido de que la ganancia deshonesta es
autodestructiva.
El versículo 11 recuerda a la frase “Si las paredes pudieran hablar”. “Aquí la viga no está
respondiendo a la piedra; se está uniendo, haciendo una antífona. La madera y la piedra
dan un testimonio unido contra el tirano” (Andersen, Habacuc, 241). La riqueza robada con
la que Babilonia construyó su imperio gritará contra ella. Roberts comenta acertadamente:
Dos testigos siguen clamando contra la opresión del babilonio, incluso después de que éste
haya eliminado a muchos pueblos. La ciudad construida sobre la opresión no estará segura,
pues aunque se reprima la voz acusadora de los pueblos oprimidos, las mismas piedras y
vigas de las que está construida la ciudad retomarán su grito, y la implicación es que Dios
no ignorará indefinidamente un grito tan continuo (cf. Gn 18:20–21). (Roberts, Nahum, 122)
Este grito de justicia de las piedras inanimadas y las vigas recuerda al de Génesis 4:10,
donde, tras el asesinato de Caín a su hermano Abel, Dios dijo: “¿Qué has hecho? La sangre
de tu hermano clama a mí desde la tierra”. Dios escucha el grito de justicia, y defenderá la
justicia castigando la injusticia.
Su civilización será reemplazada por la devastación (vv. 12–14). El derramamiento de
sangre y la injusticia fueron los cimientos del imperio neobabilónico. Cuando una civilización
se construye sobre una base de violencia e injusticia, ya ha sembrado las semillas de su
propia destrucción final.
Proverbios 14:34 dice: “La justicia engrandece a la nación, pero el pecado es la deshonra
de cualquier pueblo”. Los tiranos construyen sus reinos sobre la base de la violencia, la
opresión, el engaño, el abuso, el miedo, la intimidación, la confusión, la incertidumbre, la
venganza, el amiguismo, la corrupción y cosas similares. Dios hará que el trabajo forzado de
los oprimidos se convierta en el combustible de un fuego que quemará la civilización. Todo
el trabajo duro gastado para construir la civilización corrupta no la salvará en el día del juicio
divino. Todo el esfuerzo y el trabajo se habrán desperdiciado.
Habacuc en el versículo 14 dice: “Porque la tierra se llenará del conocimiento de la gloria
del Señor, como las aguas cubren el mar”. Este ha sido un verso difícil de entender para
muchos estudiosos en relación con los versículos 12–13. Tal vez la gloria del Señor se verá
en el juicio que el Señor traerá sobre el Imperio neobabilónico al usar a Ciro y al Imperio
Persa para conquistarlos. La gloria de Dios se mostrará cuando derribe al tirano
Nabucodonosor y a los babilonios. “Solo cuando se resuelva el problema de los impíos, la
gloria de Dios llenará la tierra. Solo cuando el justo juicio recompense a los impíos de
acuerdo con sus merecimientos, el verdadero conocimiento de la santidad de Dios brillará
en todo su esplendor” (Robertson, Nahum, 198).
Su gloria se convertirá en vergüenza (vv. 15–17). Babilonia, en sus ambiciones
imperiales, hizo que las naciones bebieran de la copa metafórica de su ira. La metáfora de
la embriaguez es poderosa porque ilustra la horrible naturaleza de la agresión imperial
babilónica. El opresor buscaba embriagar y luego violar, violar y despojar sistemáticamente
de todo lo valioso a las naciones que conquistaba. El propósito de Babilonia era sacar a la
luz todas las riquezas de las naciones para poder arrebatarlas. Los babilonios eran una
nación de depredadores que siempre buscaban presas; tenían un apetito insaciable de
saqueo (cf. Nah 3:1). Inducir a las naciones a la embriaguez las hacía débiles y vulnerables
al ataque. La metáfora de la desnudez indica la vergüenza, la humillación y la indigencia
provocadas por el ataque babilónico. Pero Dios convertirá la gloria de los babilonios en
vergüenza. Lo que los babilonios aspiran y esperan será invertido de forma escandalosa. Se
emborracharán y quedarán expuestos de la misma manera que lo han hecho con otros por
la copa de la ira del Señor. Serán abrumados por la violencia con la que abrumaron a otras
naciones. Esta es una inversión impresionante de las expectativas para Babilonia y su rey.
Babilonia recibirá su merecido porque Dios es justo. No se puede evitar ver las implicaciones
escatológicas del juicio divino contra Babilonia. En el futuro, Babilonia será juzgada en
última instancia por el Señor, según el anuncio angélico de Apocalipsis 18:2–3:
Dio un fuerte grito:¡Ha caído Babilonia, cayó esa gran ciudad! Se ha convertido en una casa
para los demonios. Es una guarida para todo espíritu inmundo, un nido para todo buitre
repugnante y una cueva para todo animal sucio y espantoso. En la época de Habacuc, el
Imperio neobabilónico sería juzgado por el Señor por su brutal intento de dominación
mundial. El profeta puede estar tranquilo sabiendo que, aunque Dios emplearía a los
babilonios como herramienta de disciplina contra Judá, era solo con el propósito redentor
de purgar el mal de entre su pueblo y no para destruirlo en última instancia. En el futuro, sin
embargo, Dios destruirá finalmente a Babilonia. (NTV)
Sus ídolos no tienen valor ante el Señor (vv. 18–20). Los babilonios eran conocidos por
su culto al dios Marduk, la deidad principal del panteón babilónico. Pero Habacuc expone
la realidad de los ídolos y su adoración. Estos incluyendo a Marduk, eran solo una creación
de la depravada imaginación humana. Los ídolos representan dioses que no existen. El
profeta comienza el oráculo del ay final con una pregunta retórica, cuya respuesta es
negativa (Roberts, Nahum, 126). ¿De qué sirve una imagen cuando el artesano ha
terminado de fabricarla? Absolutamente para nada. El ídolo no puede hablar. No puede
moverse. No tiene aliento. No puede salvar. Entonces, ¿qué sentido tiene? El que creó el
ídolo confía en él, así que todo está en la mente y el corazón del adorador. Los humanos
han imaginado que los ídolos son reales desde tiempos inmemoriales. Pero esto no hace
que los ídolos sean verdaderos. Habacuc llama al ídolo “un maestro de la mentira”. Las
mentiras están en la mente del creyente idólatra. El profeta Isaías tiene una de las
descripciones más vívidas de la locura de la idolatría:
Todos los que se dedican a hacer imágenes talladas no valen nada. Aun lo más valioso de
ellos no sirve para nada. Y para confusión suya, ellos mismos son testigos de que esos ídolos
no ven ni entienden. ¿Quién dio forma a un dios? ¿O quién fundió una imagen que para nada
sirve? ¡Miren! Todos los compañeros de esos artífices serán avergonzados, porque ellos
mismos son hombres. Todos ellos se reunirán, y juntos se presentarán, se asustarán, y
quedarán avergonzados. El herrero toma las tenazas y trabaja con las ascuas; a golpe de
martillo, y con la fuerza de su brazo, le va dando forma; pero luego tiene hambre, y le faltan
fuerzas; no bebe agua, y se desmaya. El carpintero tiende la regla, hace trazos con lápiz rojo,
pule la madera con la garlopa y hace dibujos con el compás y le da forma de hombre, de un
hombre hermoso, para tenerlo en su casa. Tala cedros y toma madera de ciprés y de encino,
que son árboles que crecen en el bosque; y planta pinos, que la lluvia hace crecer. De estos
árboles se sirve el hombre para quemarlos y entrar en calor; con ellos enciende también el
horno para cocer panes; además, con esa madera se hace un dios, y lo adora; ¡fabrica un
ídolo, y se arrodilla ante él! Parte de la leña la quema en el fuego; con parte de esa leña
prepara un asado y come carne, y queda satisfecho; luego se calienta y dice: “¡Ah, al ver el
fuego entré en calor!”. Con la madera sobrante se hace un dios, un ídolo propio, y se postra
delante de él y lo adora, y entre ruegos le dice: “Ponme a salvo, porque tú eres mi dios”. Esa
gente no sabe ni entiende. ¡Tienen cerrados los ojos, para no ver! ¡Cierran su corazón, para
no entender! No se pone a pensar. No es capaz de razonar ni de entender, para decir: “Si
parte de esta leña la quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y me la comí,
¿con el resto de esa leña voy a hacer algo abominable? ¿Voy a arrodillarme delante de un
tronco de árbol?” Esa gente se alimenta con cenizas; su engañado corazón la lleva a
extraviarse, a no poner a salvo su vida, ni a decir: “¿Acaso no es pura mentira lo que tengo
en mi mano derecha?”. (Is 44:9–20, RVC)
Isaías da una de las exposiciones más claras de la locura de la idolatría en la Biblia. Por
eso Habacuc dice en el versículo 19: “¡Ay del que diga a la madera: ‘Despierta’! o a la piedra
muda: ¡Vive!”. El adorador de ídolos no puede ni siquiera darse cuenta de que su ídolo no
es más que una fantasía. Babilonia estaba cegada por su propia idolatría, y a su debido
tiempo incurriría en las consecuencias divinas de confiar en sus falsos dioses.
Versículo 20. El profeta contrasta la vanidad de los ídolos con la imponente presencia
del único Dios verdadero. “Pero el SEÑOR está en su santo templo; que todo el mundo en
la tierra guarde silencio ante su presencia”. ¡Qué doxología tan apropiada para el diálogo
entre el Señor y el profeta! El Señor no es mudo, ni mudo, ni sordo, ni impotente como los
dioses ídolos. Está entronizado en su templo. Reina sobre el universo que ha creado. Él es
soberano en todas las cosas. Dios tiene el control incluso cuando todo y todos parecen estar
fuera de control. El mundo entero debería estar en silenciosa reverencia ante su santa
presencia. La presencia del Señor en su templo significa que no ha abandonado a su pueblo.
Su aparente silencio no debe confundirse con el abandono de Judá (1:2). Él actuará para
cumplir su propósito en el momento señalado (2:3).
Habacuc comenzó su diálogo con el Señor en forma de queja frustrada sobre el estado
de las cosas en Judá y el aparente silencio de Dios al respecto. Ahora el profeta se calla en
un temor reverencial ante el Señor en su templo (Robertson, Nahum, 211). Cuando nos
encontramos en presencia del Señor en la adoración, puede transformar profundamente
nuestra perspectiva sobre todas las cosas de este mundo. Cuando nos molestamos por la
pecaminosidad de la sociedad, los cristianos debemos ir a la casa del Señor y adorarle para
obtener la fuerza, la sabiduría y la perspicacia que necesitamos para entender
correctamente el mundo por el que pasamos como forasteros.
Estos cinco oráculos de ayes forman la visión que Habacuc recibió la orden de escribir
como respuesta para resolver las preguntas de su mente perpleja.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Cuál era el estado emocional de Habacuc cuando le preguntó a Dios: “Hasta
cuándo”? ¿Alguna vez le ha preguntado a Dios: “Hasta cuándo”? ¿Cuál fue el
problema para usted?
2. ¿Alguna vez se ha sentido frustrado con el tiempo de Dios? Lea 2 Pedro 3:9.
¿Cómo se relacionan el tiempo de Dios y su paciencia?
3. ¿Por qué estaba Habacuc tan molesto con la primera respuesta de Dios en 1:5–
11?
4. ¿Ha recibido alguna vez una respuesta de Dios que no le ha gustado? ¿Ha leído
en la Biblia enseñanzas claras con las que no está de acuerdo? ¿Cómo resolvio la
cuestión?
5. ¿Cuál es la diferencia entre dudar de Dios y esperar a entender los propósitos de
Dios? ¿Puede dar un ejemplo de cada uno en la Biblia? ¿De si mismo o de
personas que conoce?
6. Habacuc 2:4b dice: “El justo vivirá por su fe”. ¿Qué significa esto?
7. ¿Ha visto alguna vez a personas “probar su propia medicina” o “caer en sus
propias trampas”? ¿Cómo le hizo sentir eso? ¿Lo ha tomado como una
advertencia para si mismo?
8. ¿Qué ídolos adora la gente hoy en día? ¿De qué manera son impotentes e
insensatos en comparación con Dios?
9. ¿Qué nos enseña Habacuc sobre el evangelio en los capítulos 1 y 2?
10. ¿Qué le revela Dios a Habacuc (y a nosotros) sobre Él mismo en los capítulos 1 y
2?
LA PIEDAD DEL PROFETA HABACUC
HABACUC 3:1–19
Idea principal: El profeta Habacuc ofrece una oración en la que se resuelve a confiar en la
soberanía de los misteriosos caminos de Dios para tratar el predicamento humano.
I. La convocatoria sacerdotal (3:1–2)
II. El salmo de exaltación (3:3–15)
III. La consolación profética (3:16–19)
I. LA CONVOCATORIA SACERDOTAL
HABACUC 3:1–2
Habacuc 3 comienza con un título que indica que se trata de una oración del profeta. El
título incluye el término musical Shigionoth, que probablemente se refiere a un tipo de
canción. Se encuentra una vez en el libro de los Salmos, en 7:1, aunque se desconoce el
significado del término. Es apropiado que el profundo diálogo de Habacuc con Dios en los
capítulos 1–2 se eleve ahora a la oración y la adoración, especialmente después de 2:20, en
el que el Señor está entronizado en su santo templo. La oración es la respuesta adecuada
del profeta a todo lo que ha aprendido del Señor. Después de estar asombrado por los
planes del Señor, ¿qué más debe hacer el profeta, excepto someterse al Señor en oración?
Deberíamos aprender de Habacuc cuando nos encontramos con realidades
desconcertantes.
El versículo 2 inicia la oración, que probablemente tiene forma de canción. El profeta
confiesa que ha oído el informe sobre el Señor, pero ahora se queda admirado de las obras
del Señor. Es como si dijera: “¡He oído, pero ahora veo!”. En términos de comprensión, una
cosa es oír y otra muy distinta es ver. Su desafiante diálogo con Dios le ha proporcionado
un conocimiento y una comprensión más profundos de los caminos de Dios. Ha salido de
esta experiencia habiendo sido cambiado por su encuentro con el Señor. Esto recuerda la
confesión de Job al Señor en Job 42:5–6, donde dice: “Había oído rumores sobre ti, pero
ahora mis ojos te han visto. Por eso me retracto de mis palabras y me arrepiento en polvo
y ceniza”. Habacuc ha crecido en madurez en la fe. Lo que ha aprendido de Dios le deja
asombrado. El profeta ha comenzado su oración reconociendo la impresionante naturaleza
de Dios.
A continuación, emite una triple petición ante el Señor que culmina con el llamamiento
a la misericordia en favor del pueblo de Dios. Le pide al Señor que reviva su obra, la revele
a su pueblo y se acuerde de la misericordia a través de todo ello. Habacuc pide al Señor que
reanude su obra. Al parecer, la obra de Dios se olvidó rápidamente después de las reformas
del rey Josías de Judá. Mientras que antes Habacuc estaba angustiado cuando escuchó por
primera vez el plan de Dios para lidiar con la pecaminosidad de la sociedad de Judea, ahora
implora al Señor que haga lo que ha revelado que haría con Judá. Esto es un cambio
completo con respecto a las aprehensiones anteriores de Habacuc. Solo pide que el Señor
se acuerde de ser misericordioso en medio de la ejecución de su legítima ira contra los
pecadores de Judá. La ira es ese atributo de Dios en el que ejerce con razón el castigo divino
por el pecado. El profeta intercede por la misericordia porque su corazón ha sido iluminado
a la necesidad de la justicia divina de Dios en Judá. ¡Qué oración tan profunda! En la ira
acuérdate de la misericordia! Sin misericordia, la ira de Dios destruiría completamente al
pueblo de Dios. Sin misericordia, no habría oportunidad para que los pecadores recibieran
la gracia. La misericordia templa la justicia. La oración por la misericordia es apropiada para
que los cristianos oren hoy por la iglesia y por el mundo.
CONCLUSIÓN
La profecía de Habacuc es uno de los libros más desafiantes y atractivos de la Biblia. Los
temas que trata Habacuc son profundos y complejos. No hay respuestas fáciles en el libro
de Habacuc. Exige una oración seria, una reflexión detenida y una lectura persistente una y
otra vez para intentar comprender las verdades que contiene esta profecía. Sin embargo,
para el cristiano que se atreve a aceptar el reto, las recompensas espirituales pueden ser
inmensas. La profecía de Habacuc contiene profundas verdades del evangelio que pocos
cristianos se aventuran a comprender. Dentro de sus oráculos está el evangelio según los
profetas del Antiguo Testamento. Aunque al principio Habacuc luchó por entender los
caminos de Dios, llegaría a un punto de entrega total tras recibir la palabra de Dios en una
visión. El viaje de Habacuc es el viaje de todo creyente que busca algo más que un mero
conocimiento simplista de Dios y una fe superficial en Dios.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Es Habacuc 3 una oración, una canción, o ambas cosas? ¿Conoce alguna
canción que también sea una oración?
2. ¿Dónde estaban situados geográficamente Temán y el monte Parán? ¿Cuál es el
significado de que Dios venga desde esa dirección?
3. ¿Cómo enseñaría sobre la ira de Dios en su grupo pequeño?
4. ¿Cómo enseñaría sobre la misericordia de Dios en su grupo pequeño?
5. ¿Cómo ora por sus enemigos, por la ira o por la misericordia?
6. ¿Cómo nos reconfortan y animan las imágenes de Dios como guerrero divino
victorioso? ¿Cómo se relaciona esa imagen con la de Cristo como León y Cordero
en el Apocalipsis?
7. ¿Cuál fue la decisión de Habacuc? ¿Qué hace para mantener su fe fuerte
mientras espera una respuesta de Dios?
8. ¿Qué tipo de respuesta tuvo Habacuc al pensar en los juicios venideros? ¿Qué
ha leído en las Escrituras que le afecte más profundamente?
9. ¿Por qué se alegraría Habacuc a pesar de las malas noticias para el pueblo de
Dios?
10. ¿Cómo ha cambiado la actitud de Habacuc desde los capítulos 1 y 2? ¿Qué es lo
que le ha hecho cambiar: más información o un cambio de corazón?
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