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COM EXP CRISTOCÉNTRICO Jonás - Miqueas - Nahum - Habacuc

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COMENTARIO EXPOSITIVO CRISTOCÉNTRICO

EXALTACIÓN DE JESÚS EN
JONÁS, MIQUEAS, NAHÚM Y HABACUC
Eric C. Redmond, Bill Curtis y Ken Fentress

Editores de la serie
David Platt, Daniel L. Akin y Tony Merida
Edición en español por

Comentario Expositivo Cristocéntrico: Exaltación de Jesús en Jonás, Miqueas, Nahúm y Habacuc


Copyright © 2016 B&H Publishing Group para la versión en inglés
Copyright © 2023 Tesoro Bíblico para la versión en español

Serie: Comentario Expositivo Cristocéntrico

Todos los derechos reservados. Puede usar citas breves de este recurso en presentaciones, artículos
y libros. Para otros usos, escriba a Editorial Tesoro Bíblico para obtener permiso:
[email protected].

Las citas bíblicas marcadas BTX han sido tomadas de la Santa Biblia: La Biblia Textual, Copyright
©1999 por Sociedad Bíblica Iberoamericana. Usada con permiso.

Las citas bíblicas marcadas NBLA han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas™ NBLA™.
Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usada con permiso.
Las citas bíblicas marcadas NTV han sido tomadas de La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente.
Copyright © 2010 por Tyndale House Foundation. Todos los derechos reservados. Usada con
permiso.

Las citas bíblicas marcadas RV60 han sido tomadas de la Santa Biblia Reina-Valera Revisada.
Copyright © 1960 por Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado en 1988. Sociedades
Bíblicas Unidas. Usada con permiso.

Las citas bíblicas marcadas RVA han sido tomadas de la Biblia Reina-Valera Actualizada. Copyright
© 2015 por Editorial Mundo Hispano. Usada con permiso.

Las citas bíblicas marcadas RVC han sido tomadas de la Biblia Reina Valera Contemporánea ®,
Copyright © 2009, 2011 por Sociedades Bíblicas Unidas. Usada con permiso.

Traducción, edición: Equipo de traductores de Faithlife.

Editorial Tesoro Bíblico


DEDICATORIA DE LA SERIE

Dedicado a Adrian Rogers y John Piper. Ellos nos han enseñado a amar el evangelio de
Jesucristo, a predicar la Biblia como la Palabra inerrante de Dios, a pastorear la iglesia por
la que murió nuestro Salvador y a tener pasión por ver a todas las naciones adorar
gustosas al Cordero.
—David Platt, Tony Merida y Danny Akin
Marzo de 2013

DEDICATORIA DE LOS AUTORES

Para Pamela, mi otoño, con quien nunca ha habido un invierno y a Elliot E. Johnson, un
hombre cuya amistad, mentoría y erudición tienen un gran significado para mi, y a los
miembros de la iglesia Reformation Alive Baptist Church, Temple Hills, MD y de la iglesia
New Canaan Baptist Church, Washington, D. C., con quienes atravesamos las aguas de
Jonás, agradecidos por ustedes
—Eric C. Redmond
Para Linda, mí amada esposa por 30 años, Proverbios 31:29
—Ken Fentress
Para Cherie y Cassie, quienes me inspiraron a actuar con justicia, a amar la fidelidad y a
caminar humildemente con mi Dios
—Bill Curtis
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN DE LA SERIE 6
ABREVIATURAS 8

Jonás 10
1. UN REBELDE Y EL DIOS DE LAS TORMENTAS JONÁS 1:1–6 11
2. LOS ECHA SUERTES Y EL DIOS QUE DESTRUYE LOS ÍDOLOS JONÁS 1:7–17 20
3. UN HOMBRE AGRADECIDO Y EL DIOS QUE SALVA A LOS PECES JONÁS 2:1–10 28
4. EL PREDICADOR DE LA FATALIDAD Y EL DIOS MISERICORDIOSO JONÁS 3:1–10 37
5. EL ENFURECIDO AMANTE DE LA SOMBRAS Y EL DIOS SALVADOR DEL REBAÑO
JONÁS 4:1–11 47
• APÉNDICE 1: LA ESTRUCTURA DE LA ORACIÓN DE JONÁS COMO SALMO DE ACCIÓN DE
GRACIAS EN JONÁS 2 57
• APÉNDICE 2: LA ESTRUCTURA DE LA ORACIÓN DE JONÁS COMO RECUERDO DE SU
PRUEBA 59
• APÉNDICE 3: ORACIÓN DE JONÁS REORDENADA CRONOLÓGICAMENTE 60

Miqueas 61
1. REBELIÓN EN EL REINO PRIMERA PARTE MIQUEAS 1:1–16 62
2. REBELIÓN EN EL REINO SEGUNDA PARTE MIQUEAS 2:1–13 70
3. REBELIÓN EN EL REINO TERCERA PARTE MIQUEAS 3:1–12 78
4. RENACIMIENTO EN EL REINO MIQUEAS 4:1–13 86
5. ASCENSO DEL REY MIQUEAS 5:1–15 93
6. RESPUESTA AL REY MIQUEAS 6:1–16 101
7. EL RETORNO DEL REY MIQUEAS 7:1–20 109

Nahúm 116
1. INTRODUCCIÓN AL PROFETA NAHÚM NAHÚM 1:1 117
2. UN ORÁCULO DE TRANQUILIDAD DIVINA PARA JUDÁ NAHÚM 1:2–15 123
3. ORÁCULO DEL CASTIGO DIVINO PARA ASIRIA NAHÚM 2:1–13 131
4. UN ORÁCULO DE AJUSTE DE CUENTAS PARA NÍNIVE NAHÚM 3:1–19 138

Habacuc 145
1. INTRODUCCIÓN AL PROFETA HABACUC HABACUC 1:1 146
2. LAS PERPLEJIDADES DEL PROFETA HABACUC HABACUC 1:2–2:20 149
3. LA PIEDAD DEL PROFETA HABACUC HABACUC 3:1–19 165

OBRAS CITADAS 170


INTRODUCCIÓN DE LA SERIE

Agustín dijo: “Donde habla la Escritura, habla Dios”. Los editores de la serie Comentario
Expositivo Cristocéntrico creen que, donde Dios habla, el pastor debe hablar. Dios habla a
través de su Palabra escrita. Nosotros debemos hablar a partir de esa Palabra. Creemos que
la Biblia es inspirada por Dios, autorizada, inerrante, suficiente, comprensible, necesaria y
atemporal. También afirmamos que la Biblia es un libro centrado en Cristo; es decir,
contiene un relato unificado de la historia redentora del que Jesús es el héroe. Debido a
esta trayectoria centrada en Cristo, que va desde el Génesis 1 hasta el Apocalipsis 22,
creemos que la Biblia tiene el correspondiente impulso misionero global. Desde el principio
hasta el final, vemos que la misión de Dios es hacer adoradores de Cristo de todas las tribus
y lenguas a través de este drama redentor de las Escrituras. Para ello, debemos predicar la
Palabra.
Además de estas convicciones distintas, la serie de Comentario Expositivo Cristocéntrico
tiene algunas características distintivas. En primer lugar, esta serie busca mostrar precisión
exegética. Lo que dice la Biblia es lo que queremos decir. Aunque no todos los volúmenes
de la serie serán comentarios versículo por versículo, deseamos tratar el texto con cuidado
y explicarlo correctamente. Los que enseñan y predican tienen la gran responsabilidad de
decir lo que Dios ha dicho en su Palabra y declarar lo que Dios ha hecho en Cristo. Deseamos
manejar la Palabra de Dios con fidelidad, sabiendo que debemos dar cuenta de cómo hemos
cumplido con este santo llamamiento (Stg 3:1).
En segundo lugar, la serie Comentario Expositivo Cristocéntrico tiene como objetivo a
los pastores. Aunque esperamos que otras personas lean esta serie, como padres,
maestros, líderes de grupos pequeños y ministros estudiantiles, deseamos proporcionar un
comentario que los pastores ocupados utilicen para la preparación semanal de sermones
bíblicamente fieles y saturados de evangelio. Esta serie no es de naturaleza académica.
Nuestro objetivo es presentar un estilo de comentario legible y pastoral. Creemos que este
objetivo servirá a la iglesia del Señor Jesucristo.
En tercer lugar, queremos que la serie Comentario Expositivo Cristocéntrico sea
conocida por la inclusión de ilustraciones útiles y aplicaciones teológicamente dirigidas.
Muchos comentarios no ofrecen ninguna ayuda en ilustraciones, y pocos ofrecen algún tipo
de ayuda en la aplicación. A menudo, los que sí ofrecen material ilustrativo y de aplicación,
lamentablemente prestan poca atención seria al texto. Aunque nos dedicamos
principalmente a la explicación, también esperamos servir a los lectores proporcionando
ilustraciones inspiradoras e iluminadoras junto con una aplicación oportuna y atemporal.
Por último, como su nombre indica, los editores tratan de exaltar a Jesús desde todos
los libros de la Biblia. Al decir esto, no estamos recomendando la alegoría salvaje o la
tipología extravagante. Ciertamente, creemos que debemos ceñirnos al significado que
quiso dar el propio Autor divino, el Espíritu Santo de Dios. Sin embargo, también creemos
que la Biblia tiene un enfoque mesiánico, y nuestra esperanza es que los autores
individuales exalten a Cristo a partir de textos particulares. Lucas 24:25–27, 44–47 y Juan
5:39, 46 declaran tanto nuestra hermenéutica como nuestra homilética. No todos los
autores lo harán de la misma manera ni tendrán el mismo grado de énfasis centrado en
Cristo. Eso nos parece bien. Creemos que la exposición fiel centrada en Cristo no es
monolítica. Sin embargo, sabemos que debemos leer toda la Biblia como Escritura cristiana.
Por lo tanto, nuestro objetivo es tanto honrar la particularidad histórica de cada pasaje
bíblico como destacar su conexión intrínseca con el Redentor.
Los editores están en deuda con los colaboradores de cada volumen. El lector detectará
un estilo único de cada escritor, y nosotros celebramos estos dones y rasgos partículares.
Aunque sus enfoques son distintos, los autores comparten una característica común: son
teólogos pastorales. Aman a la Iglesia y predican y enseñan regularmente la Palabra de Dios
al pueblo de Dios. Además, muchos de estos colaboradores son voces jóvenes. Creemos
que estas voces nuevas y frescas pueden servir bien a la iglesia, especialmente entre una
generación emergente que tiene la tarea de proclamar la Palabra de Cristo y el Cristo de la
Palabra al mundo perdido.
Esperamos y oramos para que esta serie sirva al cuerpo de Cristo a lo dicho hasta que
nuestro Salvador regrese en la gloria. Si así sucede, habremos tenido éxito en nuestra tarea.
David Platt
Daniel L. Akin
Tony Mérida
Editores de la serie
Febrero de 2013
ABREVIATURAS

Libros de la Biblia
Antiguo Testamento
Génesis Gn
Éxodo Éx
Levítico Lv
Números Nm
Deuteronomio Dt
Josué Jos
Jueces Jue
Rut Rt
1Samuel 1Sa
2 Samuel 2Sa
1 Reyes 1Re
2 Reyes 2Re
1 Crónicas 1Cr
2 Crónicas 2Cr
Esdras Esd
Nehemías Neh
Ester Est
Job Job
Salmos Sal
Proverbios Pr
Eclesiastés Ec
Cantares Cnt
Isaías Is
Jeremías Jer
Lamentaciones Lm
Ezequiel Ez
Daniel Da
Oseas Os
Joel Jl
Amós Am
Abdías Abd
Jonás Jon
Miqueas Mi
Nahúm Nah
Habacuc Hab
Sofonías Sof
Hageo Hag
Zacarías Zac
Malaquías Mal
Nuevo Testamento
Mateo Mt
Marcos Mr
Lucas Lc
Juan Jn
Hechos Hch
Romanos Ro
1 Corintios 1Co
2 Corintios 2Co
Gálatas Gá
Efesios Ef
Filipenses Fil
Colosenses Col
1 Tesalonicenses 1Ts
2 Tesalonicenses 2Ts
1 Timoteo 1Ti
2 Timoteo 2Ti
Tito Tit
Filemón Flm
Hebreos Heb
Santiago Stg
1 Pedro 1Pe
2 Pedro 2Pe
1 Juan 1Jn
2 Juan 2Jn
3 Juan 3Jn
Judas Jud
Apocalipsis Ap
Jonás
UN REBELDE Y EL DIOS DE LAS TORMENTAS
JONÁS 1:1–6
Idea principal: La simple desobediencia de Jonás a la palabra del Señor de ir a Nínive se
convierte en una cómoda indiferencia a pesar de la amenaza de la ira de Dios contra los
marineros adoradores de ídolos que viajaban con él.
I. Una reveladora historia cultural de Jonás
A. Jonás es una historia conocida
B. Jonás también es objeto de debate sobre su realidad histórica
C. Jonás también es una pieza importante de la cultura eclesiástica estadounidense
II La rebelión lleva al rechazo total de Dios (1:1–2)
III. La rebelión invita a la ira de Dios (1:4–5)
IV. La rebelión niega a los pecadores la esperanza de Dios (1:6)
V. Aplicación

Hay muchas razones por las que el creyente promedio no comparte consistentemente su
fe con personas no salvas dentro de su esfera de influencia:
• Trabajamos en entornos hostiles en los que pensamos que compartir nuestra fe
podría perjudicar nuestro compañerismo o nuestros ascensos;
• Nuestros familiares o compañeros de clase nos ridiculizarían por ser demasiado
santos para la sensibilidad moderna;
• No estamos seguros de tener respuestas a las preguntas planteadas por un no
cristiano (aunque en realidad podríamos tener algunas respuestas, pero no sabemos
qué preguntarán si nunca intentamos hablarles de Jesús); o simplemente estamos
asustados.
Por lo general, esta última excusa es la más probable, ya que adopta la forma de “No
tengo tiempo ahora mismo”, o “No pasará nada si dejo un folleto y no digo nada”, o “Si
oyen mi música cristiana, quizá me pregunten por la iglesia”. Pero el miedo con otro nombre
sigue siendo simplemente miedo, y no es más que otra excusa.
Sin embargo, hay una razón realmente buena para que cada creyente comparta el
evangelio con los perdidos de manera regular, consistente, ávida y sin miedo: El Señor nos
ha ordenado a ti y a mí proclamar el evangelio a los perdidos. Rebelarse contra este
mandato, como cualquier otro mandato del Señor, es perjudicial para nuestro crecimiento
cristiano, y nos exponemos a las consecuencias del Dios todopoderoso y santo. Esto es lo
que aprendemos de la vida de Jonás al ver a un rebelde y al Dios creador de tormentas.

I. UNA REVELADORA HISTORIA CULTURAL DE JONÁS


A. Jonás es una historia conocida
A los niños les encanta escuchar la historia de las pruebas de este profeta que huye. El tema
del viaje y el milagro más grandioso pueden mantener la atención de cualquiera justo antes
de la hora de dormir.

B. Jonás también es objeto de debate sobre su realidad histórica


Al menos esto es cierto entre los eruditos que no se someten a las Escrituras como las
propias palabras de Dios. Estos estudiosos consideran imposible que un pez se trague a un
hombre y que un hombre sobreviva dentro de un pez durante tres días y tres noches. Para
estos estudiosos, el relato de Jonás es un mito, un “cuento” o un “material legendario”
(Kugel, How to Read the Bible, 630). Para ellos, “Jonás y la ballena” se clasifica con otras
fábulas que implican la interacción con animales, como “El niño que gritó ‘¡lobo!’ ” o “La
serpiente y el viajero”. De hecho, Jonás se considera menos moral e interesante que la
mayoría de los personajes de dibujos animados para niños.
Sin embargo, Jesús no creía que la historia de Jonás fuera mítica. Dijo: “Porque como
Jonás estuvo en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así el Hijo del Hombre estará
en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mt 12:40). Jesús no podría haber dicho
“como Jonás” si Jonás no fuera real. Si hubiera utilizado un Jonás mítico en su analogía, su
audiencia podría haber pensado que la predicción de su propia muerte y resurrección
también sería un mito en lugar de un hecho histórico.

C. Jonás también es una pieza importante de la cultura eclesiástica


estadounidense
Jonás tiende a ser un punto de referencia cuando parece que alguien ha estado huyendo de
un llamado a predicar. Es decir, cuando un joven empieza a mostrar un gran crecimiento en
la oración y adquiere una habilidad para manejar la Palabra de Dios en la escuela dominical
ligeramente mejor que el promedio de los laicos, algunos empiezan a sospechar que el
Señor está tratando de hacer algo especial en esa vida. Sin embargo, el joven nunca parece
llegar a expresar un llamado al ministerio. De hecho, en algunos casos podemos observar
como la persona empieza a alejarse de la iglesia y a dedicarse a todo menos al ministerio, a
veces durante muchos años.
Entonces, un día, agotado de correr y acorralado por Dios, el celoso laico finalmente
cede y expresa un llamado a predicar el evangelio. En consecuencia, los que tienen un poco
de discernimiento y se alegran por la persona que aparentemente ha dejado de huir de Dios
le animan diciendo: “Hijo, vimos esa llamada en ti cuando eras un niño, solo esperábamos
que te dieras cuenta y dejaras de huir como Jonás”.
Así pues, Jonás nos resulta familiar al ver cómo la gente huye de servir al Señor y luego
deja de huir, pero si dejamos a Jonás como una historia solo para aspirantes a predicadores,
nos perderemos algo poderoso que el Señor está tratando de decirnos a cada uno de
nosotros, tanto a los predicadores como a los laicos. Contrariamente a nuestra imagen
cultural de Jonás, el profeta se parece más a cada uno de nosotros que un predicador que
huye del ministerio del púlpito.
En el momento de este relato, Jonás ya ha respondido al llamado profético; ya está
predicando en Israel. La narración de 2 Reyes 14 muestra que Jonás predicó la palabra del
Señor a Jeroboam, un rey malvado de Israel:
El año quince de Amasías hijo de Joás rey de Judá, comenzó a reinar Jeroboam hijo de Joás
sobre Israel en Samaria; y reinó cuarenta y un años. E hizo lo malo ante los ojos de Jehová,
y no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. Él
restauró los límites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arabá, conforme a
la palabra de Jehová Dios de Israel, la cual él había hablado por su siervo Jonás hijo de
Amitai, profeta que fue de Gat-hefer. (2Re 14:23–25 RV60)

Fue a través de la predicación de Jonás que Jeroboam II arregló la frontera de Israel que
se había debilitado durante los primeros conflictos con Asiria. Esto evitó que fuera borrado
como pueblo.
Así, para Jonás 1, el profeta ha tenido algún éxito ministerial con el Señor y ha caminado
con Él durante una buena parte de su vida. Ya conoce la bondad del Señor; ya conoce su
poder para salvar, consolar, sanar y juzgar. Ya entiende que el Señor es el protector y la
torre fuerte de Israel, su Rey de la Gloria que es digno de ser alabado. por eso, cuando la
palabra del Señor llega a Jonás, se parece menos a alguien que no quiere responder al
llamado para ponerse detrás del púlpito y más a alguien que no quiere hablar a la gente de
esta generación malvada sobre la bondad de nuestro Dios. No es el pastor con el que solo
unos pocos pueden identificarse; es la persona que ha experimentado la gracia de Dios pero
que no se lo cuenta a los demás. Todos nosotros podemos —y debemos— relacionarnos
con Él. Es un rebelde contra la palabra del Señor, que llama a todos a hablar a los demás de
un Rey grande y amoroso. De este rebelde aprendemos tres cosas sobre nosotros mismos.

II. LA REBELIÓN LLEVA AL RECHAZO TOTAL DE DIOS


JONÁS 1:1–2
La orden de Dios a Jonás parece sencilla: ve a Nínive y haz lo mismo que hiciste en Israel en
la corte del rey Amasías: predica las palabras que Dios te dé. Sin embargo, en esta misión
Jonás no predicaría a personas familiarizadas con Dios y su ley. Estaría predicando a los
gentiles, a los no judíos. Estaría predicando a la nación más poderosa del mundo conocido,
una nación que también había sido un enemigo y una amenaza para Israel durante muchos
años. Nínive era la capital del Imperio Asirio.
El profeta predicaría directamente a los ninivitas. No tendría, como Isaías, el privilegio
de denunciar a los enemigos de Israel desde dentro de sus fronteras. Las denuncias de Isaías
se parecían a la postura de los niños pequeños, que se jactaban de haber dado una patada
a un matón mientras estaban de pie en sus propios patios con sus hermanos y primos a su
alrededor. Jonás, en cambio, está llamado a ir directamente al patio del matón, a predicar
su “maldad”(1:2) él solo. Sin embargo, esto no debería haber sido demasiado para Jonás ya
que, en el episodio de Amasías, ya había visto lo que el Señor podía hacer con un solo
hombre para salvar a Israel mediante su simple disponibilidad y obediencia.
Sin embargo, Jonás huye a Jope, dirigiéndose a Tarsis y no a Nínive, por razones que se
aclaran en el resto del libro. Dos veces en el versículo 3 dice que está tratando de irse “de
la presencia del SEÑOR”. Ahora no solo se está rebelando. Está tratando activamente de
abandonar al Señor. Jonás entiende que la única manera posible de escapar de la
obediencia al mandato del Señor sería escapar del Señor por completo.
La frase “lejos de la presencia del SEÑOR” es un modismo hebreo que indica que Jonás
está en plena rebelión contra el Señor. Jonás está tratando de hacer algo más que escapar
de ir a Nínive. Jonás está tratando de rechazar los coros del templo, los sacrificios y las
ofrendas, el santo de los santos, el arca del pacto, la ley, los sacerdotes, Dios mismo y todo
lo relacionado con Dios. Todo esto comenzó, sin embargo, con la desobediencia a la palabra
del Señor de ir a predicar a la malvada y gentil Nínive.
El Señor nos dice a los creyentes que hagamos algo muy parecido al darnos la Gran
Comisión: “Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado.
Y recordad que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28:19–20;
véase también Lc 24:26–49; Hch 1:8, RVR60). Este es un mandato a los discípulos para que
hagan discípulos, y no un mandato solo para los llamados al ministerio del púlpito. A
diferencia del llamado específico y geográfico de Jonás a un pueblo gentil —los ninivitas—,
la iglesia debe ir a todas las naciones, o mejor, a todos los pueblos. Como dice un himno
conocido:
Hemos escuchado el sonido alegre: ¡Jesús salva! Jesús salva!
Difunde la noticia por todas partes: ¡Jesús salva! Jesús salva!
Lleva la noticia a todas las tierras, Sube las montañas, cruza las olas;
¡Adelante! Es la orden de nuestro Señor; ¡Jesús salva! Jesús salva! (Owens y Kirkpatrick,
“Jesus saves!”)

La palabra traducida como “naciones” es ethnos, de la que obtenemos palabras como


etnocéntrico y étnico. En sentido estricto significa grupos de personas fuera de Israel, que
traducimos como “gentiles”. En sentido amplio, se refiere a todos los no creyentes de todos
los orígenes étnicos, no solo a los occidentales: desde sus compañeros de trabajo de Oriente
Medio y panafricanos hasta sus compañeros de colegio antillanos o anglosajones, y los
vecinos latinos y del sudeste asiático a los que sigue saludando en la parada de autobús de
su hijo o su nieto. Todas las personas son a las que debemos ir con la historia del sacrificio
expiatorio de Jesucristo, que cambia la vida.
Sin embargo, cuando tardamos en hablar a la gente de Jesús o no lo hacemos, estamos
haciendo lo mismo que hizo Jonás. Nos estamos rebelando contra una gran comisión. Si
seguimos haciendo eso sin control, pronto podríamos encontrarnos alejados de la presencia
del Señor. Porque rechazar cualquier mandato del Señor, no importa lo difícil que parezca
la aplicación del mandato, es rechazar la voluntad de Dios y por lo tanto rechazar al Señor
mismo.
Cada vez que me detengo en mi tienda local y hablo despreocupadamente con el mismo
empleado de la tienda que he visto durante años pero no menciono a Jesús, todas las veces
que llevo mi coche al mismo mecánico y nunca le menciono el poder de Cristo para salvar,
y cada vez que veo a la misma trabajadora de la tintorería y ni una sola vez comparto el
evangelio, estoy yendo por un camino hacia el rechazo de Dios. Nunca me muevo con tanta
lentitud, vacilación o cautela cuando quiero que el Señor sane un dolor en mi cuerpo, tenga
misericordia de mis hijos o me saque de un apuro. En esos momentos mi actitud hacia los
mandatos del Señor es: “Di la palabra, Señor, y ¡obedeceré!”. Es esa misma respuesta de
“di la palabra” la que debemos tener para hablar de Cristo a los perdidos, o nuestra rebeldía
podría convertirse en rechazo.

III. LA REBELIÓN INVITA A LA IRA DE DIOS


JONÁS 1:4–5
Si alguna vez pensamos que el Señor simplemente pasa por alto la rebelión a Su Palabra,
estamos equivocados. Si pensamos que es un asunto ligero ignorar el mandato de Dios en
la Gran Comisión e ignorar el ejemplo de los creyentes que comparten el evangelio a lo largo
del libro de los Hechos, nos estamos engañando. Que Dios nos sirva de aviso a todos
nosotros: Él está preparado para romper este barco, ahogar a Jonás, y dejar que todos estos
marineros adoradores de ídolos perezcan, todo en respuesta a las acciones rebeldes de
Jonás. El Señor hará que una tormenta cause estragos y arruine nuestros planes cuando
desestimemos fácilmente la obediencia a su mandato.
Dios responde tan ferozmente porque la rebelión es grave. El pecado, en cualquier
forma, es algo que nuestro Dios odia. Cuando alguien desprecia la exhortación del Espíritu
Santo de hablarle a una persona sobre Jesús, eventualmente esa persona podría limpiar su
conciencia continuando con sus asuntos rutinarios. Pero el Señor no desprecia el pecado. El
pecado es una afrenta a la santidad absoluta de Dios Nuestro “Y éste es el mensaje que
hemos oído de Él y que les anunciamos: Dios es Luz, y en Él no hay ninguna tiniebla” (1Jn
1:5, NBLA). Santiago dice que Dios no puede ser tentado por el mal (Stg 1:14). Los ojos de
Dios son demasiado puros para mirar el mal (Hab 1:13). Si Él permitiera el pecado de Jonás
(o el nuestro) y el pecado quedara sin castigo, entonces Él no sería santo, y podríamos
rebelarnos contra cualquier cosa y todo lo que Él dice sin preocuparnos por las
consecuencias. Los mandatos se convertirían en un buen consejo de una deidad
bienintencionada y simpática, más que en directivas absolutas de un Creador justo y
todopoderoso al que uno desobedece por su cuenta y riesgo. Comenta William L. Banks:
La rebelión nunca escapa a la atención de Dios, y es una tontería que los hombres piensen
que pueden resistirse impunemente a la voluntad de Dios… El Señor puede dejar que un
hombre llegue hasta cierto punto antes de intervenir, pero cuando se mueve, lo hace sin
incertidumbre. (Jonah, 2)

En su ira por el pecado de Jonás, el Señor lanza un gran viento sobre el mar. Esta no es
una tormenta menor. Estos experimentados marineros temen por sus vidas. Empiezan a
orar como nunca antes lo habían hecho, invocando a cualquier dios que pueda calmar las
fuerzas caóticas del mar. Si son los típicos marineros, algunos de ellos son tan duros y
salados que probablemente nunca han orado con tanto ahínco —si es que lo han hecho—
hasta que Dios desató esta tormenta sobre ellos.
Ellos están arrojando la carga al mar mientras Dios está levantando un fuerte viento. (Es
bastante obvio quién va a ganar la batalla). Tales acciones evasivas son ridículas cuando se
trata del Señor. Él no quiere su carga; ¡Él quiere la obediencia de su hijo! Ellos no saben esto
todavía, así que con miedo a la muerte, siguen arrojando cosas al mar.
Sin embargo, si alguien debe tener miedo, es Jonás, porque conoce el poder de Dios,
que nada puede detenerlo. En un momento, Él tiene el poder de agitar los mares tranquilos;
asi mismo, puede tomar los mares más agitados y calmarlos en un instante con las palabras:
“¡Silencio!, ¡Quédate quieto!” (Mr 4:39).
Como creyentes, si pensamos que estamos a salvo del juicio de Dios por la gracia que
tenemos en Cristo, recordemos que el Señor disciplina a los suyos, como dice el escritor a
los hebreos (Heb 12:6). En la iglesia de Corinto, el Señor puso a sus hijos en el lecho de
enfermedad y en el lecho de muerte por profanar la Cena del Señor, personas que tenían la
misma gracia en Cristo que todos los creyentes (1Co 11:30). Dios puede enviar una tormenta
sobre nuestros ingresos; puede lanzar un viento sobre nuestra salud; puede aplastar
nuestras calificaciones, becas y sueños en la escuela. Cuando nos rebelamos, puede hacer
lo que sea necesario para que regresemos a Él o para sacarnos de esta vida presente en
nuestra desobediencia.
Cuando nos rebelamos contra la clara instrucción y el propósito de Dios para nosotros,
Él puede traer una verdadera tormenta a nuestras vidas. La disciplina que trae a menudo
no será un sutil empujón, sino más bien una vorágine de problemas que no solo nos afecta
a nosotros, sino que también trae peligro y daño a los que nos rodean. Y así como Jonás
bajó a Jope, descendió a la nave y se acostó prácticamente inconsciente, el camino de la
rebelión nunca nos llevará a las alturas del valor, la virtud y la actividad. Rechazar el
propósito de Dios es rechazar lo mejor. Quien asi lo hace, se encuentra sin propósito y torpe
o luchando en vano con motivaciones encontradas para con Dios, ninguno de los cuales
conduce a una vida plena y entusiasta.
El Señor no tiene que ponernos en un accidente; simplemente puede poner la vida en
neutral hasta que decidamos que vamos a proclamar el evangelio sin importar el tamaño y
el poder de los Nínive que enfrentemos. Rebelarse es invitar a su ira.

IV. LA REBELIÓN NIEGA A LOS PECADORES LA ESPERANZA DE DIOS


JONÁS 1:6
Curiosamente, todos en el barco se han ido a orar ¡pero Jonás está dormido! Duerme tan
profundamente que el capitán debe despertarlo.
Más triste que la siesta de Jonás es que estos hombres quieren escapar de la muerte, y
el único que tiene medios para escapar está durmiendo. Con cada ronquido, los marineros
y Jonás se acercan a su fin. Los marineros creen que invocar a uno de sus dioses y deshacerse
de la carga les ayudará. El capitán quiere que Jonás se despierte e invoque a su “dios”. Nada
funciona.
A diferencia de los marineros politeístas, Jonás conoce al Señor. Por eso, el que se quede
dormido es asegurar que los marineros perezcan para siempre. “Qué gran oportunidad
misionera para Jonás”, escribe Anthony Selvaggio:
“Tuvo la oportunidad de aliviar el miedo de los marineros compartiendo con ellos el
conocimiento del Dios verdadero, pero en lugar de ello eligió bajar a cubierta y dormirse…
Obviamente, Jonás no tenía ningún deseo de extender la gracia de Dios a estos marineros
paganos” (Prophets, 71).

Jonás está negando a los hombres que perecen una oportunidad para la esperanza de
la salvación del Señor. Siente que no puede hablarles de la misericordia porque tampoco
quiere hablarle de ella a Nínive. A su alrededor hay gente que quiere una solución para
escapar de la muerte, ¡pero Jonás está tratando de huir de la presencia de la Solución!
Recientemente, en un sermón, ofrecí estas palabras a los incrédulos sentados entre
nuestra congregación:
Más tarde, al final del servicio de hoy, como al final de casi todos los servicios, vamos a dar
la oportunidad de responder al mensaje. Para ustedes los que no son creyentes entre
nosotros los no salvos, ustedes no aman a Jesús con todo su corazón, aunque reconozcan la
existencia real de Dios (pues saber que existe no es suficiente para la salvación), les
invitamos a tomar una decisión sobre la puesta de su confianza en Cristo, el Hijo de Dios,
contra quien nos hemos rebelado desde el principio de los tiempos. Invitamos a otros a dar
a conocer la necesidad del bautismo, a considerar la comunidad, o a rededicar sus vidas al
Señor o ser restaurados del pecado no arrepentido. Pero a usted, el perdido, le ofrecemos
la oportunidad de profesar que cree en el Hijo de Dios, Jesucristo, que murió para pagar la
deuda por nuestros pecados y resucitó para ofrecer vida después de la muerte. ¿Por qué
hacemos esto? Lo hacemos porque tenemos esperanza, y queremos que usted tenga la
misma esperanza de salvación.

Sin embargo, queremos que la gente tenga el mensaje de esperanza más que solo un
día a la semana que vienen a un servicio de adoración. Queremos que tengan esta
esperanza a diario. Nos importan y queremos que compartan nuestra esperanza. Así que,
en lugar de rebelarnos, ofrecemos el mensaje de salvación de buena gana, con entusiasmo,
con valentía, con humildad y con celo.

V. APLICACIÓN
¿Cómo aplicamos un mensaje como éste para asegurarnos de que no nos estamos
rebelando, rechazando y ganando la ira, sino que estamos ofreciendo fielmente la
esperanza del evangelio a los que nos rodean? Considere cuatro cosas:
1. Pase a la ofensiva los lunes por la mañana. Cuando llegue al trabajo después del fin
de semana, puede que alguien le pregunte: “¿Qué tal el fin de semana?”. Responda con una
frase que abra una oportunidad para el evangelio: “El domingo escuché un gran sermón en
la iglesia que explicaba cómo abrazar la muerte y resurrección de Jesús, esto puede
transformar la perspectiva de la propia vocación” (o algo similar). Comparta una sinopsis de
30 a 60 segundos del punto principal del mensaje en relación con Cristo y su obra. Cuando
termine, diga: “Me encantaría compartir más del mensaje con ustedes más tarde”. Busque
esa oportunidad y otras similares semanalmente.
2. Tenga claro el evangelio y su significado. Jonás no parecía comprender el significado
de su llamado a los ninivitas. Su mensaje era la única esperanza para estos adoradores de
ídolos en la tormenta del juicio de Dios. Del mismo modo, como pecadores ante el Dios
Santo, las personas son merecedoras de su ira más profunda y eterna. Nuestro mensaje
sobre la obra sustitutiva de Cristo como propiciación de Dios por el pecado y como el único
que vence a la muerte es el único mensaje de esperanza para las personas perdidas.
3. Ore para que se le presenten oportunidades de compartir el evangelio con claridad,
valentía y humildad. Si alguien da oídos al mensaje de Cristo que salva vidas, dependerá de
la actuación del poder de Dios. Como pidió Pablo a las iglesias:
Y también orad por mí, para que al abrir la boca me sean conferidas palabras para dar a
conocer con confianza el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; a fin
de que por ello yo hable con valentía, como debo hablar. (Ef 6:19–20, RVA)

Y otra vez:
orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la
palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para
que lo manifieste como debo hablar. (Col 4:3–4, RV60)

4. Invite activa y regularmente a las personas dentro de su esfera de influencia a los


servicios de adoración dominicales. El evangelio debe ser leído, predicado, cantado, orado
y mostrado (en las ordenanzas) cada domingo en su iglesia. Por lo tanto, traer a los no
creyentes al culto con nosotros es un medio posible para presentarles el mensaje de Cristo.
Utilice las invitaciones en papel, los medios sociales, el correo electrónico, los mensajes de
texto y todos los medios posibles para ofrecerles la oportunidad de sentarse en un banco
con usted. Pero no permita que estas invitaciones sustituyan la proclamación verbal del
evangelio. Debemos abrir la boca y compartir; debemos hablar, usando nuestras palabras
para explicar cuidadosamente el evangelio.
Debemos hablar de las buenas noticias porque nuestro Señor Jesús, cuando bajó del
cielo a un lugar de gran maldad —la tierra— vino usando sus palabras:
• Su primer sermón registrado en los Evangelios es: “Arrepentíos y creed en la buena
noticia” (Mr 1:15, RVR60).
• Se detuvo en un pozo de Samaria y le dijo a una mujer: “Yo soy”, el Mesías que ella
buscaba (Jn 4:26).
• Dijo a Nicodemo: “El que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Jn 3:3).
• Dijo a las multitudes: “Yo soy el pan de vida” (Jn 6:35), “¡Yo soy la luz del mundo!”
(Jn 8:12).
Este Jesús, por el gozo puesto ante Él, fue a la cruz, se convirtió en la propiciación de
mis pecados, se hizo pecado por mí, llevó mis pecados en su cuerpo sobre el madero, murió
por mis pecados según las Escrituras, fue enterrado, y resucitó después de tres días, y en el
camino me salvó a través de la predicación del evangelio. Debería ser un pequeño detalle
para mí decirle a otra persona cómo Él puede salvarla.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Cuáles son algunas de las razones típicas por las que los creyentes no
comparten el evangelio con los perdidos con regularidad? ¿Qué razón(es)
caracteriza(n) mayormente la indecisión que ha mostrado al compartir las
buenas nuevas con los incrédulos que conoce?
2. ¿Cuál es la razón principal por la que los creyentes deben compartir el evangelio
con celo? ¿Por qué cree que el mandato del Señor de proclamar el evangelio es
más fácil de ignorar que otros mandatos de las Escrituras?
3. ¿Cómo se puede estar seguro de la historicidad de Jonás? ¿Qué puntos de
conexión existen entre Jonás y nuestra alfabetización cultural que podrían
permitirnos utilizar a Jonás para entrar en discusiones con el mundo sobre
Cristo?
4. Antes del llamado para ir a Nínive, ¿qué experiencia había tenido Jonás con el
Señor que debería haberle dado la voluntad y la confianza para ir a Nínive
inmediatamente por orden del Señor? ¿Qué experiencias ha tenido en la vida en
las que el Señor le ha mostrado su poder? ¿Cómo podrían estas experiencias
alimentar una mayor valentía para compartir el evangelio con el incrédulo más
opuesto en sus círculos de vida?
5. ¿Cuándo ha reprendido a un compañero creyente por su evidente rebeldía a la
palabra de Dios? ¿Cómo se sentiría si un amigo creyente le regañara por perder
oportunidades de compartir su fe con los no creyentes?
6. ¿Cuál es el significado de la frase “de la presencia del SEÑOR”? En contraste con
su vacilación a la hora de hablar de Cristo a los demás, ¿cuál es su actitud en la
oración y en su práctica cristiana cuando quiere sentir la “presencia del Señor”
para que le consuele o le sane?
7. ¿Cuáles son algunos versos de canciones que conoce —contemporáneas y
clásicas—que se centran en la predicación del Evangelio a los perdidos? ¿Cuáles
son una o dos de estas canciones que puede cantar con regularidad para
recordarse a si mismo, con una canción, el mandato del Señor de ir a los
perdidos?
8. En el Nuevo Testamento, ¿cuáles son algunos ejemplos en los que Dios responde
ferozmente a la desobediencia de sus hijos? Desde el punto de vista teológico,
¿cómo se debe pensar entonces en las características de amor, misericordia,
gracia y paciencia de Dios?
9. ¿Qué significado tiene para los marineros el hecho de que Jonás durmiera —su
indiferencia— durante la tormenta? ¿Qué significado puede tener una actitud
despreocupada a la hora de hablar a un pariente no cristiano sobre el amor de
Dios en Cristo?
10. ¿Cuál es una decisión inmediata que puede tomar que le ayudará a estar mejor
preparado para compartir el evangelio cuando surja la próxima oportunidad de
compartir?
LOS ECHA SUERTES Y EL DIOS QUE DESTRUYE LOS ÍDOLOS
JONÁS 1:7–17
Idea principal: La amenaza de Dios de muerte y juicio en la creciente tormenta hace que los
marineros abandonen sus esfuerzos de salvación y se conviertan realmente, pero Dios envía
misericordiosamente un pez para rescatar a Jonás, mientras éste revela al Dios de Israel
como Creador y Juez.
I. La realidad de nuestra propia idolatría
A. Algunos aprendieron a permanecer fuera de la vista a una edad temprana
B. A otros se les dijo constantemente que son la causa de todos sus problemas
C. Todos tenemos ídolos antes de venir a Cristo
II. Una revisión de la rebelión del profeta
III. Apocalipsis: Aprenderemos que tenemos problemas reales (1:7–10)
IV. El arrepentimiento: Ahora podemos experimentar una conversión real (1:11–16)
A. Se dan cuenta de su propia incapacidad para salvarse
B. Reconocen que serán responsables de la sangre del profeta
C. Ven que deben hacer las cosas de manera que agraden a Dios
V. Rescate: Entonces veremos al verdadero Salvador (1:17).

I. LA REALIDAD DE NUESTRA PROPIA IDOLATRÍA


A. Algunos aprendieron a permanecer fuera de la vista a una edad temprana
Mantenerte fuera de la vista cuando un padre estaba borracho o enfadado te mantenía a
salvo de cualquier daño. Así que te esforzabas por evitar alterar el equilibrio en el hogar.
Pensabas que hacías lo necesario para que el Señor diera paz a tu hogar.

B. A otros se les dijo constantemente que son la causa de todos sus


problemas
No importa que vivamos en un mundo asolado y cautivo por el pecado. Todo lo que ha
escuchado es que usted era la razón por la que su salud falló, usted es la razón por la que
alguien se alejó de una persona agradable como usted, usted es la razón por la que no está
casado, usted es la razón por la que no puede salir adelante en sus finanzas, y usted es la
razón por la que tiene un hijo igual a usted. Le han dicho: “Si oraras más, si fuera a la iglesia,
o si leyera su Biblia, fuera más amable con la gente, y se bautizara de nuevo (y esta vez lo
tomara en serio), las cosas cambiarían para usted”. Así que entra en la defensa de la
prevención, en el modo de arreglar las cosas, en el modo de esforzarse más en todo —desde
mantener su habitación limpia hasta escuchar la emisora de radio correcta en el coche—
para que pueda sacar esta mala suerte, esta serie de desgracias o la ira de Dios de su vida.
Cuando la respuesta a la situación de su vida es algo así, revela que está adorando a un
ídolo.

C. Todos tenemos ídolos antes de venir a Cristo


Algunos de nosotros nos aferramos a ellos después de venir a Cristo. Como dijo Juan
Calvino:
La naturaleza del hombre, por así decirlo, es una fábrica perpetua de ídolos. Después del
Diluvio hubo una especie de renacimiento del mundo, pero no pasaron muchos años antes
de que los hombres estuvieran fabricando dioses a su gusto. (Institutes, 1:11.8)

Por “ídolos” me refiero a las obras a las que corremos en lugar de correr solo hacia Dios:
obras que nos cansan y no cambian la situación en la que nos encontramos, pero que a
menudo nos hacen sentir que estamos sobreviviendo o que tenemos el control. Nos
sentimos así porque nos esforzamos demasiado. Estas obras también nos dan una falsa
sensación de poder controlar la severidad de Dios haciéndole feliz con nosotros.
Así que erigimos nuestros ídolos: nos esforzamos en exceso, tratamos de ser el marido
o la esposa perfectos, o el padre o el hijo perfectos. Intentamos hacer más por Dios, añadir
algunos días sagrados de obligación, enviar a un hijo más regalos para compensar los
errores del pasado, o ser el empleado que nunca muestra frustración.
Mientras erijamos ídolos, nos encontraremos en gran desacuerdo con Dios. Porque el
Señor no nos busca para que le ayudemos a rescatarnos de nuestros apuros. Más bien, Dios
quiere hacer con nosotros lo que hizo con los adoradores de ídolos que estaban en el barco
con Jonás: quiere derribar nuestros ídolos y enseñarnos a confiar únicamente en la gracia
de Dios en Cristo.

II. UNA REVISIÓN DE LA REBELIÓN DE UN PROFETA


En el capítulo anterior examinamos el enorme problema de la rebelión de Jonás contra el
mandato de Dios. El Señor le ordenó a Jonás que fuera a Nínive de la misma manera que
nos ha dado la Gran Comisión. Por su rebelión, Jonás se ha creado un problema con Dios, y
también ha creado un problema para todos los marineros del barco que se dirigía a Tarsis.
Jonás descubrió por las malas que Dios destrozará nuestros barcos y se llevará todas las
vidas que nos rodean para conseguir que le obedezcamos. Jonás estaba empezando a
aprender que Dios es el Señor —gobernante soberano— de nuestras vidas y que no somos
nosotros los que determinamos de forma autónoma el curso de nuestras vidas.
El pasaje se dirige ahora a los marineros. Han estado clamando a sus falsos dioses y
lanzando cargas para intentar salvarse de esta intensa tempestad. Como la tormenta no se
detiene con sus oraciones, el Señor ha destruido todas las esperanzas en sus ídolos y ha
demostrado que sus dioses son inútiles. Todavía no ha terminado, pues los marineros
seguirán erigiendo otros ídolos, otros intentos de esfuerzo propio para encontrar su propia
salvación.
Dios se empeñará en destrozar sus ídolos, al igual que se empeña en demoler los
nuestros. En su gran misericordia intensificará esta tormenta y llevará a los marineros al
borde de la muerte para que ocurran tres cosas para ellos y para nosotros.

III. APOCALIPSIS: APRENDEREMOS QUE TENEMOS PROBLEMAS REALES


JONÁS 1:7–10
Los marineros han estado invocando a falsos dioses. Ahora se van a volver hacia Jonás
porque va a caer una suerte sobre él. Según podemos entender históricamente, echar la
suerte consistía en lanzar piedras de varios colores (Baldwin, “Jonah”, 2:559). Si un
determinado color caía hacia alguien o si todos los colores menos uno caían hacia todos los
demás, decían: “¡Ah! Esa es la persona que los dioses (o Dios) han elegido para lo que
estamos pidiendo”.
Así se sabe que Dios tiene el control absoluto de esta situación. El escritor dijo
previamente que Dios lanzó la tormenta sobre el mar (v. 4). El final del episodio mostrará
que Dios designó (Hb manah) un pez para atrapar a Jonás (v. 17). Cuando lanzan sus
piedrecitas, estas podrían girar y caer sobre cualquiera en este barco, y sin embargo van a
parar al que está durmiendo bajo cubierta. Eso no es casualidad; es el Señor manifestando
su voluntad y mostrando su gobierno soberano sobre todas las cosas: sobre la vida de Jonás,
las vidas de los marineros, la tormenta, el mar, el barco, las suertes y todo lo demás.
Cuando la suerte cae sobre Jonás, le dicen: “¿Puedes, por favor?”, (hay que imaginar a
los marineros gritando por encima de los vientos de tormenta mientras el barco se tambalea
como un borracho). “Dinos qué está pasando aquí?, ¿Qué diablos han hecho para ponernos
en esta situación?”. Los marineros siguen esperando una respuesta dentro de un ámbito
que puedan controlar, una que les permita invocar al ídolo localizado del país correcto, o a
la deidad sobre la ocupación correcta, o al dios correcto de otro pueblo.
Sin embargo, Jonás les revela al Señor. Literalmente, dice: “Temo a Yahvé, el Dios de los
cielos, que hizo el mar y la tierra seca” (Estelle, Salvation through Judgment and Mercy, 50).
Jonás no quería ir a Nínive y decirles: “El Señor tiene una palabra para ustedes”. Sin
embargo, ahora que Dios lo ha destrozado todo, viniendo tras Jonás en el mar con vientos
como de tifón, Jonás tiene una palabra para estos marineros. Están tan en peligro ante Dios
como el pueblo de Nínive. No es que el pueblo de Nínive esté en peligro porque sea más
malo. Están en peligro porque no conocen al Dios de Israel y son pecadores ante Él.
Estos marineros, que invocan un panteón de dioses, no conocen al único Dios
verdadero, como tampoco lo conocen los ninivitas. Jonás les revela que tienen problemas
con el Dios que gobierna todo el cielo y todo lo que hay en la tierra, y toda la tierra y todo
el mar. Tienen verdaderos problemas.
Uno de mis buenos amigos tuvo la oportunidad de hablar sobre la cuestión del
matrimonio entre personas del mismo sexo en una reunión de pastores de su ciudad. En su
discurso se refirió a Romanos 1:32, señalando que en él se enseña que quienes tienen un
comportamiento homosexual “merecen la muerte”. Sorprendentemente, esto suscitó una
gran controversia, pues los que le escuchaban pensaron que estaba utilizando palabras que
podían incitar a la violencia contra los homosexuales. Sin embargo, pasaron por alto dos
hechos sencillos sobre la enseñanza del primer capítulo de Romanos. Primero, Romanos
1:32 hace a los homosexuales merecedores de la muerte de la mano de Dios, ya que el
pecado es lo que hace a uno merecedor de la muerte ante el Dios Santo. Segundo, Romanos
1:18–32 hace a todos dignos de muerte ante Dios, ¡no solo a los que practican la
homosexualidad! Los chismosos, los arrogantes y los desobedientes a los padres también
son dignos de muerte ante Dios (Ro 1:29–31). Los marineros, al enterarse de la gravedad de
que el Señor de todo venga tras ellos, preguntan: “¿Qué es lo que has hecho?”. ¡Todos,
como los marineros, tenemos verdaderos problemas ante el único Dios verdadero!

IV. EL ARREPENTIMIENTO: AHORA PODEMOS EXPERIMENTAR UNA CONVERSIÓN


REAL
JONÁS 1:11–16
Los marineros necesitan una gran solución. Conocen el problema: sus ídolos no funcionan
y la tormenta empeora por momentos. Le sorprenderá, ¡por qué no invocan al Señor
inmediatamente! D
Puede que usted conozca a personas que, cuando todo se derrumba a su alrededor, se
niegan a invocar al Señor para su salvación. Le dicen: “No necesito ir a la iglesia” o “No
puedes decir que tu vida es mejor que la mía por tu Jesús”. Entonces se dan al vino, trabajan
más para evitar ir a casa cada noche, o continuamente apartan a la gente de sus vidas para
poder tener una falsa sensación de paz creada por la ausencia de relaciones reales. Lo que
estas personas necesitan hacer es dejar de intentar encontrar sus propias soluciones débiles
y en su lugar clamar al Señor por su ayuda.
Jonás les dice a los marineros cómo detener la tormenta. Lo único que tienen que hacer
es arrojarlo por la borda, ya que él es el culpable. Por parte de Jonás, esto sigue revelando
una negativa a arrepentirse. Podría haber confesado a Dios: “Señor, he desobedecido tu
orden de ir a Nínive. Perdóname y, por favor, perdona la vida de estos hombres”. Sin
embargo, estando ya en rebeldía con Dios, Jonás no considera nada que demuestre un
cambio de corazón. Sobre esto, Bruckner escribe:
Jonás no parece ser capaz de un simple arrepentimiento. Podría haber buscado el perdón
durante la tormenta (como hacen después los ninivitas) y comprometerse a ir a Nínive. Pero
tal vez cree que ya ha pasado demasiada “agua bajo su barco”. Tal vez no está seguro de
que su arrepentimiento le traiga el perdón. Prefiere creer (¿quiere creer?) en un Dios que
solo juzga y no perdona. Prefiere morir en el mar antes que sugerir a los marineros que den
la vuelta y le devuelvan a Jope para completar la llamada de Yahvé a Nínive. (Jonah, 47)

Además, Daniel Timmer añade la importante observación: “En ninguna parte de este
capítulo, ni en ninguna otra parte de Jonás, se nos dice que se haya arrepentido de su
desobediencia” (A Gracious and Compassionate God, 71).
Como los marineros se preocupan más por Jonás que por ellos, intentan remar. Están
remando en una tormenta que les obliga a arrojar su carga sobre el barco; sus acciones son
inútiles. Sin embargo, en sus mentes debe haber otra solución, a pesar de que Jonás les
proclamó claramente la identidad del Creador. Quieren una solución sin reconocer al Señor.
El Señor, sin embargo, no va a permitirlo. El mar se vuelve más y más feroz contra ellos.
Los marineros finalmente se dan cuenta de que no pueden vencer a la tormenta, no pueden
vencer al Señor. Así que deciden que van a hacer lo que Jonás dice. Ahora mira lo que
sucede.

A. Se dan cuenta de su propia incapacidad para salvarse


Entienden que están bajo el feroz juicio de Dios y por eso dicen: “Por favor, Yahvé”. Ya no
invocan a sus dioses. Ahora invocan al Dios que Jonás ha revelado: “¡Por favor, Yahvé, no
dejes que perezcamos por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros sangre
inocente! Porque tú, Yahvé, has hecho lo que has querido” (1:14).

B. Reconocen que serán responsables de la sangre del profeta


Y quieren que Dios los libere de esa culpa. Reconocen que “[el Señor] juzga las acciones
humanas mediante la retribución de las malas acciones y que se puede apelar a él en busca
de justicia” (Baldwin, “Jonah”, 2:562). Esta es la prerrogativa y la responsabilidad de Dios
como gobernante soberano sobre los corazones de todas las personas. Él llevará a todas las
almas a juicio por sus pecados. Incluso cuando Pablo exhorta a Timoteo a predicar fielmente
la palabra de Dios, le recuerda que Dios, “va a juzgar a los vivos y a los muertos” (2Ti 4:1).

C. Ven que deben hacer las cosas de manera que agraden a Dios
“Has hecho lo que has querido” (Jon 1:14). Lo que Dios quiere que hagan es que dejen de
invocar a falsos dioses, que dejen de buscar una solución con suertes, que dejen de remar
y que arrojen a Jonás al mar. Cuando hacen esto, ¡la tormenta cesa en un instante! En un
instante la ira del Señor deja de estar sobre ellos: en el momento en que dejan de esforzarse
y en cambio confían en la solución de Dios. Esta es la diferencia entre las obras y la fe. Estos
hombres experimentan una verdadera conversión. Su testimonio es el mismo que el de los
tesalonicenses: “y cómo se apartaron de los ídolos y se volvieron al Dios vivo y verdadero,
para servirlo, y esperar de los cielos a Jesús, su Hijo, a quien Dios resucitó de los muertos, y
que es quien nos libra de la ira venidera”. (1Ts 1:9–10, RVC).
Una lectura menos cuidadosa de Jonás podría permitirnos sugerir que la historia de
Jonás apoya conceptos universalistas o pluralistas de la salvación. Es decir, podría parecer
que los marineros y los ninivitas experimentan la salvación al margen de la revelación del
Dios de Israel como único Salvador. O podría parecer que estos gentiles se salvaron sin
invocar el nombre del Señor. Sin embargo, todo lo contrario, la narración demuestra una
posición exclusivista, mostrando que la salvación fuera del Señor es imposible tanto para
los marineros como para los ninivitas. Ningún otro dios viene a rescatarlos, y tampoco su
esperanza de salvación permanece en sus dioses una vez que Jonás habla.
En lugar de una opción pluralista para la salvación, los marineros reciben la revelación
de que el Señor es el gobernante absoluto, y que su ira está sobre el barco en la tormenta.
Escuchan que necesitan un sustituto que muera —en su caso, Jonás— para no tener que
morir por su idolatría del esfuerzo propio. Confían en la palabra del profeta y claman al
Señor para que se apiade de su culpa por matar al profeta. Ponen su fe en la muerte del
profeta para detener la ira de Dios, y su fe produce las correspondientes acciones de temor.
Esta es la verdadera conversión. Si el Señor no aplastara los ídolos de sus propios esfuerzos,
no habrían visto la única solución verdadera y no habrían experimentado la conversión.
Todo lo que parece conversión no es conversión. La verdadera conversión significa que
cuando alguien oye que se necesita un sustituto, clama al Señor por la salvación por medio
del sustituto de Dios, y luego realiza obras que demuestran la conversión después de la
confesión. El sacrificio de Isaac por parte de Abraham en Génesis 22 atestigua que confió
en la promesa de Dios en Génesis 15 (Stg 2:21–24). Del mismo modo, la “creencia” de Simón
el Mago en Hechos 8 no fue una conversión, aunque se presentó con los samaritanos que
depositaron su fe en Cristo.
La verdadera conversión no termina con el día de la creencia. Si alguien invoca al Señor
en la salvación, no puede volver atrás, posteriormente, y agarrar sus ídolos de autoayuda
cuando está en problemas o la vida se vuelve difícil. No puede entonces intentar apaciguar
a Dios con una asistencia más fiel a la iglesia, una mayor obediencia a los padres, una lectura
más frecuente de la Biblia o un mayor sacrificio de su tiempo y dinero. En el momento en
que usted piensa que hacer tales cosas hace que Dios se mueva a su favor, está agarrando
un ídolo, puliéndolo, sosteniéndolo ante el Señor, y diciendo: “Mira Dios, mírame. Lo estoy
haciendo todo bien. Vas a actuar ahora para detener mi tormenta, ¿verdad?”. Sin embargo,
si crees que Dios se conmueve por tales esfuerzos, no estás hablando con el Dios por el que
“de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia” (Jn 1:16). Estás hablando con tu
concepto de dios fabricado por un ídolo. La verdadera conversión comienza con la gracia y
sabe que la gracia nos llevará a casa. Esta gracia viene solo de Jesucristo.

V. RESCATE: ENTONCES VEREMOS AL VERDADERO SALVADOR


JONÁS 1:17
Este versículo es problemático para algunas personas. ¿Cómo es posible que un pez se
trague a un hombre y que ese hombre permanezca en el vientre del pez tres días y tres
noches? Bien, permítanme dejar muy claro que la cuestión no es el pez o la improbabilidad
de este relato. En la era científica nos hemos desviado del punto de esta historia y hemos
empezado a decir: “Algo milagroso como esto no es posible”. Por supuesto que no es
posible: ¡es un milagro! Los milagros, por definición, están fuera del curso normal de la
naturaleza.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que podría haber existido una ballena, ya extinta,
capaz de tragarse a un hombre. En una época precientífica, una ballena no habría sido
identificada como un mamífero. Los que la vieran podrían haberla identificado como un pez,
aunque fuera en realidad una ballena.
“Pero nadie podría sobrevivir en el vientre del pez durante tres días y tres noches. Eso
es científicamente imposible, así que no podemos creerlo”, podría decir alguien. Sin
embargo, hay que tener en cuenta lo que ocurre en esta historia. Si Jonás tiene razón sobre
el Señor —que es el Creador de los cielos y de los mares, y de la tierra seca, y por lo tanto
Gobernante sobre todo— ciertamente el Señor podría hablar a cualquier criatura que
quiera y asignarle que se trague a Jonás. El pasaje en realidad indica que el Señor ya “había
designado”, a un pez para que viniera a buscar a Jonás antes de que los marineros arrojaran
a Jonás del barco. Debido a que el Señor es soberano, Él sabía exactamente cuándo y dónde
Jonás caería en el agua.
Al tener el conocimiento y el poder absoluto en el universo, el Señor podía designar o
levantar o crear cualquier criatura marina que quisiera para tragarse a Jonás. Podía crear
un animal que permitiera que una persona permaneciera viva dentro de él. O podía
mantener a una persona viva dentro de un animal existente. Si la historia hubiera dicho que
el Señor envió un camarón para tragarse a Jonás, lo creería. Podrías argumentar conmigo
repetidamente que no hay manera de que un camarón pueda comerse a un hombre o que
un hombre pueda permanecer dentro de un camarón durante tres días. Si la Escritura
hubiera dicho: “El Señor levantó un camarón y éste se tragó a Jonás”, sería cierto. Dios es
el Creador soberano. Él podría crear un camarón mucho más grande que el “jumbo” que
podría tragarse a un hombre entero.
Sin embargo, la cuestión no es si el milagro pudo ocurrir; la cuestión es: “¿Qué pasa con
los peces y los tres días y las tres noches?”. En los Evangelios Jesús dijo estas palabras:
“Porque como Jonás estuvo en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así el Hijo del
Hombre estará en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mt 12:40), y “No se dará
ninguna señal a [una generación mala y adúltera] sino la señal de Jonás” (Mt 16:4). Así que
la pregunta debe ser: “¿Cómo, de hecho, es Jonás una ‘señal’? ¿Qué significa?”
Bruckner señala que “Jonás y Jesús pueden compararse favorablemente en muchos
aspectos”. Dice:
Jesús hizo perfectamente lo que Jonás también cumplió (aunque temporalmente): ambos
eran de Galilea; Jonás luchó con su llamada a predicar, Jesús luchó por hacer la voluntad del
Padre (en el desierto, en Getsemaní); ambos predicaron el mensaje de Dios de juicio y
reconciliación a los marginados y a los pecadores; ambos eligieron la muerte abandonada
por otros; ambos soportaron y eliminaron las consecuencias del pecado de otros; ambos
hicieron cesar la tormenta después de haber dormido en ella (Jonás por el arrepentimiento,
Jesús por su divinidad); Jonás entró en las fauces del pez, Jesús entró en las fauces de la
tumba; ambos fueron retenidos durante tres días; ambos fueron resucitados por el Padre;
la obediencia de Jonás en la predicación llevó a la conversión de una gran ciudad, y la
obediencia de Jesús llevó a la conversión de muchas culturas del mundo. (Jonah, 63)

Además de la tipología de Bruckner sobre Jonás y Jesús, propongo que hay otra
comparación entre la historia de Jonás y la obra de Cristo: la solución al dilema de los
marineros se encuentra en la muerte del profeta. El Señor derrama su ira sobre el profeta
cuando éste muere por y para los marineros, pero se descubre que está vivo por y para
Dios.
Usted no necesita trabajar para librarse de la ira de Dios o de su disciplina. Si trata de
confiar en el trabajo, lo único que hará es morir en las aguas de la tormenta que le rodea.
Su única esperanza reside en una fuente: una que está “llena de sangre extraída de las venas
de Emanuel”. (Cowper, “There Is a Fountain Filled with Blood”). Los pecadores se arrojan a
esa sangre para perder todas sus manchas de culpa.
Los pecadores convertidos no se detienen allí; no comienzan a esforzarse por complacer
a Dios o por alejar la mano bondadosa de la disciplina de Dios. Por el contrario, continúan
en la gracia con la que comenzaron, diciendo en efecto: “Querido Cordero moribundo, tu
preciosa sangre nunca perderá su poder hasta que toda la iglesia rescatada de Dios sea
salvada, para no pecar más” (Cowper, “There Is a Fountain Filled with Blood”). Será
entonces cuando nos encontremos cara a cara con nuestro Dios destructor de ídolos.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Cuáles son algunas de las cosas que ocurren en la infancia y que, erróneamente,
nos llevan a creer que debemos convertirnos en los dueños de nuestros propios
destinos o que debemos salvarnos a nosotros mismos?
2. ¿Cuáles son algunas de las experiencias tempranas —familiares, sociales,
educativas, religiosas— que han dado forma a sus ambiciones e impulsos, y
cómo afectan su caminar con Cristo?
3. ¿En qué sentido algunas de sus experiencias pueden haber creado “ídolos”, tal
como los definimos anteriormente? ¿Qué podría ganar en sus relaciones —
padre-hijo, trabajo, hermano(a) y compañeros de escuela—, si cambiara los
ídolos del esfuerzo propio, la autoprotección y/o la autoconservación por la
confianza en la misericordia de Dios?
4. ¿Cómo revela Dios su control soberano de todas las vidas en el barco a través de
las suertes? ¿Cómo podría una mejor comprensión de la soberanía de Dios en
todas las cosas alimentar una gran pasión por ser obedientes a lo que parecen
ser sus verdades más difíciles de seguir?
5. Cuando Jonás revela que adora al Señor, ¿cómo está siendo a la vez sincero e
hipócrita? En términos de lo que los cristianos creen y practican con respecto a
la Gran Comisión, ¿cómo podría ser posible que un creyente o una congregación
sea a la vez sincera e hipócrita en el seguimiento del Señor?
6. ¿Cómo demuestra este episodio que ser tolerante con las creencias religiosas de
los demás no significa que los creyentes deban aceptar caminos religiosos
plurales para la salvación?
7. ¿Qué actos de la historia demuestran un proceso de conversión real por parte
de los marineros? ¿No es razonable que las iglesias esperen que los creyentes
den pruebas de conversión? ¿Cree que la experiencia de los marineros
concuerda con lo que enseña el Nuevo Testamento sobre la conversión?
8. ¿En qué se basa la lectura del relato de Jonás para creer el relato milagroso del
pez que se tragó a Jonás? ¿Por qué es importante este relato milagroso para el
relato evangélico?
9. ¿En qué se parece el relato de Jonás al de Cristo? ¿Qué puede decir esta similitud
sobre el plan de Dios para toda la humanidad? ¿Qué puede decir esta similitud
sobre el carácter de las Escrituras?
10. A la luz del corazón de Dios por estos marineros politeístas y por los incontables
miles de millones de personas perdidas en el mundo, y a la luz de la misericordia
de Dios hacia Jonás y hacia nosotros, ¿qué acciones deberían caracterizar el
corazón de un creyente o de una iglesia por los perdidos? ¿Cree que su
planificación financiera, su horario de ocio y su vida de oración reflejan más el
corazón de Jonás o el del Señor?
UN HOMBRE AGRADECIDO Y EL DIOS QUE SALVA A LOS
PECES
JONÁS 2:1–10
Idea principal: El reconocimiento desesperado de Jonás de su necesidad de ayuda por parte
del Señor ante la muerte provoca su liberación, lo que le lleva a declarar que la salvación
proviene del Señor y a comprometerse con un sacrificio de acción de gracias.
I. Agradecimiento y juicios de valor
II. El agradecimiento y la estructura de la oración de Jonás
III. El agradecimiento nos ayuda a darnos cuenta de nuestra depravación (2:1–7)
IV. El agradecimiento nos ayuda a hacer compromisos (2:8)
V. El agradecimiento nos ayuda a vivir vidas sacrificiales (2:9a)
VI. El agradecimiento nos ayuda a proclamar el mensaje de salvación (2:9b)

I. AGRADECIMIENTO Y JUICIOS DE VALOR

Hay un juicio de valor en cada decisión, detrás de todo lo simple o lo grande. Las
controversias que tenemos en los tribunales y en la sociedad sobre algunas de las
cuestiones más viscerales que parecen tratarse solo de acciones y elecciones —desde la
legalización de la marihuana, hasta la anulación de la Ley de Defensa del Matrimonio,
pasando por la apertura o el cierre de las fronteras a más inmigrantes— tienen que ver en
realidad con juicios de valor.
Hacemos juicios de valor cuando compramos un teléfono móvil con respecto a los
tamaños de sus paquetes de memoria y datos. Hacemos juicios de valor en el tipo de
educación que proporcionamos a nuestros hijos, ya sea pública o privada, en la cantidad
que estamos dispuestos a gastar por ese tipo de educación y en la distancia que estamos
dispuestos a conducir para educar a nuestros hijos. La forma en que pasamos la mayor parte
de nuestro tiempo libre muestra lo que es más valioso para nosotros. Hacemos juicios de
valor en todo momento.
Incluso hacemos juicios de valor en la forma en que tratamos a nuestros padres
ancianos. ¿Qué valor tienen mamá y papá para nosotros? Desgraciadamente, para algunas
personas mamá y papá no son lo suficientemente valiosos como para hacer sacrificios en
nuestros horarios y estilos de vida personales, pero sí lo son para colocarlos en un hogar a
costa de hipotecar la casa de esos padres.
Los creyentes muestran cómo valoramos nuestra gran salvación por las decisiones que
tomamos durante la semana cuando tenemos la oportunidad de hablar de nuestra
liberación. Valoramos mucho la salvación cuando hablamos de Cristo y su evangelio con
celo, audacia y valor.
También vemos juicios de valor en la forma en que hablamos de nuestra salvación. En
particular, como retrata Jonás 2, nuestro agradecimiento ante el Señor mide cómo
valoramos nuestra salvación.

II. EL AGRADECIMIENTO Y LA ESTRUCTURA DE LA ORACIÓN DE JONÁS


El episodio comienza con Jonás dentro del vientre del pez. Hace una oración de
agradecimiento por haber sido salvado y liberado del agua. Jonás da gracias por haberse
salvado de la destrucción.
Antes de examinar la oración, hay que tener en cuenta el orden y el tiempo de lo
ocurrido. Al principio del capítulo se dice que Jonás “oró al Señor, su Dios, desde el interior
del pez”. Inmediatamente después, Jonás comienza a relatar que ha orado al Señor en
tiempo pasado.8 Sin embargo, más adelante en la oración, habla del contenido de su oración
como algo que ha tenido lugar en el pasado. Entonces, ¿qué es lo que realmente ocurre en
esta oración? Repasemos.
Jonás decidió que obedecer al Señor no era suficiente para él, así que se arriesgó con
Dios y la tormenta. Sin embargo, dijo a los marineros paganos que Dios es “Yahvé, el Dios
de los cielos, que hizo el mar y la tierra seca”. Sabe que Dios puede llegar hasta él en el mar.
En lugar de arrepentirse de su rebeldía, dice: “Levántenme y arrójenme al mar” (1:12).
Parece que Jonás estaba preparado para morir.
Esta oración, sin embargo, revela que cuando los marineros arrojan a Jonás al agua, el
profeta se da cuenta de que realmente no quiere morir. Le conviene que lo arrojen. Sin
embargo, cuando cae al agua, reconoce que está en serios problemas. Jonás se encuentra
en medio del Mediterráneo, y está a merced expresa de Dios.
En las profundidades, cuando ora al Señor según las promesas del pacto, Dios se apiada
de él y lo rescata por medio del pez (cf. 1Re 8:30–31, 38, 42 y Dt 30:20). En esta oración
Jonás relatará su agradecimiento a Dios por haber respondido ya a la oración que pronunció
en el fondo del mar. en esta oración Jonás revela los juicios de valor realizados al agradecer
la salvación.

III. EL AGRADECIMIENTO NOS AYUDA A DARNOS CUENTA DE NUESTRA


DEPRAVACIÓN
JONÁS 2:1–7
La oración de Jonás sirve como ejemplo de una oración de agradecimiento de alguien que
reconoce que estaba muriendo desesperadamente en sus pecados. Desde el vientre del
pez, dice:
En mi angustia clamé al SEÑOR, Y Él me respondió. Desde el seno del Seol pedí auxilio, Y Tú
escuchaste mi voz; Pues me habías echado a lo profundo, En el corazón de los mares, Y la
corriente me envolvió. (vv. 2–3, NBLA)

Jonás no está teniendo una gran vida, imaginando con John Lennon “toda la gente
viviendo la vida en paz” (“Imagine”). Y luego añadiendo la salvación como una ventaja. Por
el contrario, antes de que el Señor lo rescate del agua, la vida de Jonás está en una gran
angustia y el profeta comprende que va a descender profundamente a la tumba. “Iba a la
tumba para siempre, Dios, y tú me escuchaste. Comprendo que mi situación era muy
grave”.
Jonás comprende que algo está ocurriendo en su interior. El término que utiliza para
referirse a los peces en 1:17 es un término masculino, pero utiliza términos femeninos
asociados a la reproducción de los peces cuando está dentro de ellos (Bruckner, Jonah, 69–
70). Jonás lo expresa eficazmente cuando se encontraba en una gran angustia: “tú, Señor,
me llevaste al vientre del pez, del vientre del Seol, y lo hiciste para que pudiera volver a
nacer porque no había esperanza para mí”. El estudioso del Antiguo Testamento, Bryan
Estelle, señala que “el Seol se refiere a un lugar de castigo divino, una maldición que se suele
desear a los impíos” (Salvation through Judgment and Mercy, 82).
Jonás comprende que no tiene esperanza si Dios no actúa para que pueda nacer de
nuevo. El Señor lo saca del vientre de la tumba cuando trae el pez. En lugar de permitir que
Jonás se ahogue, Dios lo recoge. “Está como muerto, pero puede renacer” (Bruckner, Jonah,
70). El pez es un acto de la gran misericordia de Dios hacia Jonás.
Jonás continúa en su oración diciendo: “Me arrojaste a las profundidades, al corazón de
los mares, y la corriente me venció. Todas tus rompientes y tus olas me arrastraron” (2:3).
Comprende que no se encuentra en esta situación porque los hombres le hayan arrojado
por la borda del barco. Los hombres fueron agentes; el Hacedor del mar y de la tierra seca
lo arrojó a las profundidades. La mano soberana de Dios recogió al rebelde y lo arrojó,
diciendo efectivamente: “Bien, querías correr al agua. ¡Aquí está!. Ahora, ¿qué vas a
hacer?”.
El Señor persigue a Jonás con su ira. El profeta está angustiado y en el vientre del Seol
porque Dios le hizo esto. Estas son las olas del Creador que pasan sobre Jonás. Dios puso su
ira sobre Jonás e hizo que su situación fuera desesperada porque Jonás es pecador. Jonás
reconoce que ¡el está bajo la misma ira de Dios! A menudo nos resulta difícil visualizar a
nuestro amoroso, bueno y bondadoso Señor como alguien lleno de tanta furia. Sin
embargo, este siervo rebelde experimenta la disciplina amorosa de un Padre que no desea
que sus hijos se equivoquen o se desvíen (Heb 12:5–11; cf. Pr 3:11–12; véase también 1Pe
4:17–18).
Jonás comprende que Dios viene tras él. Sin embargo, Jonás es capaz de decir: “He sido
desterrado de tu vista”. Está desesperado, pero comprende que podrá volver a mirar el
templo de Dios. ¿Cómo llega Jonás a pensar algo así?
Los templos no pueden contener al Dios soberano, como proclamó Pablo a los
atenienses politeístas (Hch 17:24). A menos que el Señor condescienda a dejarse contener
—como lo hizo al habitar en el tabernáculo y el templo, en la Encarnación de Cristo y en la
morada del Espíritu Santo en los creyentes—, la posibilidad de que un templo contenga a
Dios sería menor que la probabilidad de meter un elefante en una microjeringa. No hay
templo que pueda contener a Aquel que es infinito.
Finalmente, Salomón construyó el templo de Dios, ya que el Señor, por amor a su
pueblo, se acercó a el. Cuando Salomón dedicó el templo, dijo palabras como: “Dios, si tu
pueblo se aleja de ti y se va a una tierra extranjera en sus pecados, si vuelve a tu templo y
clama por ti, por favor escúchalos desde tu templo y rescátalos de dondequiera que estén”.
Recibir misericordia tras el arrepentimiento es parte de la estructura de la presencia de Dios
entre su pueblo.
Jonás comprende perfectamente que se encuentra en una situación muy grave, pero
también sabe que tiene un Dios fiel, que cumple su pacto. Si alguien se vuelve de sus
pecados a Dios, Él lo escuchará, aunque esa persona se esté ahogando en el mar. Jonás da
muchas gracias porque entiende que se está hundiendo y que está bajo la ira de Dios y es
expulsado de la vista de Dios. Pero cuando Jonás se arrepiente, sabe que Dios lo escuchará
en su templo. Por eso Jonás hace esta gran oración de agradecimiento.
En los versículos 5–6 Jonás vuelve a referirse a lo que ocurría en el agua: “Las aguas me
envolvieron hasta el cuello, las profundidades acuáticas me sobrepasaron, las algas se
enredaron en mi cabeza. Me hundí hasta los cimientos de los montes, la tierra con sus
barrotes de prisión se cerró tras de mí para siempre”. El pez no aparece tan pronto como
Jonás cae al agua. En las versiones de dibujos animados de esta escena, un enorme pez abre
la boca y Jonás salta directamente al agua con la precisión de un buzo olímpico. Esto no se
corresponde con lo que ocurre aquí. En cambio, Jonás cae al agua y el Señor le permite
hundirse un rato para que pueda comprender la gravedad de las consecuencias de sus
decisiones.
Cuando escuchas las historias de cómo los santos llegaron a conocer a Cristo como
Salvador, parece que muchas personas estaban cerca del fondo de sus vidas cuando
clamaron al Señor. Alguien me preguntó una vez por qué esto es así. Es porque antes de
tocar fondo, pensamos que podemos soportar ser arrojados al mar. Una vez que realmente
tocamos las aguas turbulentas y comenzamos a ahogarnos —una vez que todas las cosas
que enmascaraban lo malo de la vida desaparecen— entonces estamos en un lugar donde
debemos clamar a Dios o perecer. Dios nos hace esto para que dejemos de mentirnos a
nosotros mismos sobre lo que ocurre en nuestras vidas.
Jonás va a un lugar donde el agua se cierra sobre él para quitarle la vida. “El abismo me
rodeó; la cizaña me envolvió en las raíces de los montes”. Dice que, “descendió a la tierra
cuyos barrotes se cerraron tras de mí para siempre”. Él está bajando hasta donde puede
llegar.
El concepto antiguo del Seol era que cuando bajabas a la tumba no podías escapar
porque las barras se cerraban sobre ti. De hecho, aquí hay un juego de palabras porque
“bar” en hebreo tiene un doble significado, al igual que en español. Tanto en hebreo como
en español puede referirse a las barras que se cierran sobre uno, y puede referirse a los
bancos de arena en el fondo del mar. Jonás da las gracias porque comprende que su muerte
es segura y que no tiene escapatoria.
Antes de que el Señor viniera a liberarnos, nuestra muerte era segura. Estábamos en
apuros y nos ahogábamos sin esperanza. A veces comenzamos a pensar que, aunque nos
estuviéramos ahogando terriblemente, podríamos haber hecho un esfuerzo suficiente para
salir de esa situación de ahogo. Jonás deja muy claro que no es así. Nos estábamos
ahogando con certeza e íbamos a morir para siempre. No había manera de salir porque Dios
estaba lanzando todo esto sobre nosotros. La muerte se iba a cerrar sobre nosotros y nos
iba a quitar la vida para siempre. Ese es el cuadro de nuestras vidas. No había forma de salir
nadando de esa posición. Lo único en lo que podía descansar Jonás era decir: “Dios, estaba
seguro de que iba a morir”.
“¡Pero tú has sacado mi vida de la fosa, Señor, mi Dios! Cuando mi vida se desvanecía,
me acordé de Jehová. Mi oración llegó a ti, a tu santo templo” (2:6–7). Aquí está el templo,
de nuevo en el centro. Antes de que Jonás cuente que sabía que iba a ir al templo, ora esta
oración. Cuando está en el fondo y al borde de la muerte, el Señor escucha su oración y
envía el pez para liberarlo.
Hay mucho de la soberanía y la misericordia de Dios mezclado en esta oración. Está claro
en Jonás 1:17 que Dios designa un pez antes de que Jonás toque el agua. Dios, en su
soberanía, decreta que algunas cosas se cumplan de acuerdo con la oración. Aquí Dios envía
el pez. Dios también gobierna completamente que Jonás ora por lo que Dios ya ha
designado y enviado. Jonás no está a cargo de su salvación. En cambio, el Señor ya ha
actuado en su favor.
“Cuando mi vida se desvanecía, me acordé de Jehová. Mi oración llegó a ti, a tu santo
templo”. Puede haber sido el último aliento que tomó o simplemente algo en su mente, sin
embargo, de alguna manera Jonás oró: “Dios, sé que puedes escucharme en el templo”.
Esto realmente puede hacernos sentir agradecidos por nuestra salvación.
Este pasaje plantea la cuestión de si podemos ser tan depravados, tan rebeldes y tan
alejados de Dios que Él no pueda salvarnos. ¿Hay alguien demasiado pecador para Dios?
¿Hasta dónde llega la misericordia de Dios? La misericordia de Dios llegará hasta los bancos
de arena del océano por un profeta rebelde que merecía morir.
Dios dirá: “Escucho esa oración de misericordia, y conseguiré algo ahí abajo y te
salvaré”. ¡Nadie está más allá de eso! Nunca es demasiado tarde para arrepentirse y
volverse al Señor. Usted tiene la oportunidad dondequiera que esté. No diga: “¡No
entiendes lo que he hecho en mi vida!”. Podría haber huido de Dios, haber pagado el pasaje
para subirse a un barco que va en dirección contraria a la que Él le ha enviado, haberse
dormido mientras Dios lanzaba una tormenta, haber sido apático ante la gente que perece,
haber dicho: “Tírame por la borda”, y haberse arriesgado entre la muerte y Dios. Si ha hecho
algo así, está en la línea con Jonás.
Dios le escuchará aunque haya hecho cosas mucho peores. Todos nosotros hemos
pecado. Hemos estado muy lejos de la gloria de Dios, el estándar que Él establece para su
justicia. Y Dios nos mira a todos y dice que no hay ninguno de nosotros que sea justo a sus
ojos. Todos nosotros merecemos la muerte eterna. Dios dice que si usted cree en Su Hijo
que murió en la cruz por sus pecados y fue resucitado, Él escuchará por la obra de Cristo
por nosotros. ¡El Señor le rescatará para siempre!

IV. EL AGRADECIMIENTO NOS AYUDA A HACER COMPROMISOS


JONÁS 2:8
El agradecimiento de Jonás le hace comprometerse con el Señor. Sin embargo, Jonás no
puede hacer esto hasta que comprenda lo malo que es. Si se hubiera quedado en el barco,
no habría pensado en hacerlo. Pero después de hundirse hasta el fondo y darse cuenta de
que casi le quitan la vida, Jonás comprende que su situación es grave. Responde con
compromiso con Dios.
En primer lugar, Jonás dice que los ídolos no salvan. Hay dos afirmaciones importantes
que sirven de apoyo. Jonás dice: “Los que se aferran a ídolos sin valor abandonan el amor
fiel” (v. 8). Luego dice: “¡La salvación viene del Señor!” (v. 9). ¿A quién se dirige Jonás con
estas afirmaciones?
Jonás ha estado en un barco con marineros que oran a falsos dioses, por lo que podría
haber estado hablando con ellos. Pero ellos no le habrían escuchado desde el vientre del
pez. En cambio, Jonás probablemente hace estas declaraciones para los que más tarde
leerían o escucharían esta proclamación. Parece ser una declaración para el pueblo de Dios,
los israelitas.
Desde el éxodo de Egipto hasta el siglo VIII a.C. El pecado más frecuente de Israel fue la
idolatría. Jonás le está diciendo a Israel: “Permítanme dejar algo muy claro a todos los que
me escuchan. Cuando yo estaba en los mares, no había nada que pudiera hacer la madera,
la piedra, el oro o la plata. Todas las cosas que tallamos de los árboles o calentamos en ollas
sobre un gran fuego, y luego nos inclinamos para adorarlas —todos los falsos dioses con los
que nos prostituimos— no tenían ningún significado para mí cuando me acercaba al final
de mi vida en el fondo de los mares. Lo único que importaba en mi calvario era el Señor,
que es conocido por ser misericordioso”.
Cuando la vida es despojada de todo puntal y fachada que proyecta nuestro sentido de
felicidad y de toda sombra que oscurece nuestra capacidad de reconocer nuestra necesidad
de obedecer al Señor, entonces vemos que el Señor es lo más importante en la vida. Todo
lo demás que la gente busca —esos vanos ídolos que persiguen— no vale nada.
El Nuevo Testamento identifica la avaricia y la codicia como idolatría, y hay otros tipos
de ídolos (Col 3:5). Tratar de conseguir el cuerpo perfecto, criar al mejor hijo académico,
deshacerse del estrés mediante el abuso de sustancias, o cualquier otra cosa a la que le
dedique todos sus esfuerzos —sin importar la calidad de vida que le dé y sin importar si Dios
está complacido con usted— son todos ídolos y no rescatarán su vida a la hora de la verdad.
Como dice Tim Keller, “Un ídolo es cualquier cosa que mire y diga, en el fondo de su corazón,
‘Si tengo eso, entonces sentiré que mi vida tiene sentido, entonces sabré que tengo valor,
entonces me sentiré significativo y seguro’ ” (Counterfeit Gods, xviii). Jonás dice que si erige
ídolos como sus salvadores, abandona cualquier esperanza de amor fiel.
En algunas de las otras traducciones el término para “amor fiel” se lee “misericordia” o
“amor firme”. La palabra hebrea es chesed. Este es el amor leal del pacto de Dios y su
misericordia fiel por la que rescata a las personas. Su misericordia viene de acuerdo con la
promesa del pacto que dio a Abraham, Isaac y Jacob. Y Su misericordia viene a pesar de las
acciones de su pueblo. Jonás dice que si va tras los ídolos cuando necesita misericordia, ha
abandonado el chesed. No hay manera de obtener misericordia hasta el fondo de su vida
desesperada si invoca a los ídolos. No hay misericordia en los ídolos. Hay gran misericordia
en Dios porque “la salvación viene del SEÑOR”.

V. EL AGRADECIMIENTO NOS AYUDA A VIVIR VIDAS SACRIFICIALES


JONÁS 2:9A
Jonás se compromete a sacrificar en el templo como expresión de agradecimiento: “Pero
en cuanto a mí, te sacrificaré con voz de agradecimiento. Cumpliré lo que he prometido”.
Tendría que conseguir el animal perfecto —bueno y sin mancha— de un rebaño, y tendría
que sacrificarlo a Dios para perder algo que es de gran valor para él. Expresa su
agradecimiento a Dios por haberle salvado la vida dándole de su generosidad.
No ofrecemos sacrificios de animales porque no hay un templo al que acudir; Cristo ha
cumplido la ley de los sacrificios (Mt 5:17; Ro 10:4; Heb 10:14–19). Somos sacrificios vivos
(Ro 12:1–2). En respuesta a nuestra salvación producimos buenas obras que a menudo nos
hacen sacrificar nuestro tiempo, energía, dinero, posibles promociones y aprobación
mundana. Cuando comprendemos lo desesperados que estábamos antes de que el Señor
nos rescatara de la perdición, hacer un sacrificio para expresar acción de gracias no es gran
cosa. (Simplemente me alegro de poder moverme. Podría haber estado en las
profundidades de la tumba con los barrotes de la muerte eterna cerrados sobre mí).
Así que si soy tan agradecido como Jonás, voy a correr al templo, encontrar algo para
sacrificar, y agradecer al Señor por su misericordia en presencia de todos. Proclamaré lo
grande que es Él. Les diré a todos que estoy agradecido al Señor Dios por haberme salvado,
porque seguramente iba a morir sin esperanza. Llevaré mi sacrificio porque me alegro de
estar vivo para poder ofrecer algo al Señor. Jonás hace un sacrificio que nace de su
comprensión de la profundidad de su ahogamiento y de la gran misericordia que Dios le
muestra en su rebeldía.

VI. EL AGRADECIMIENTO NOS AYUDA A PROCLAMAR EL MENSAJE DE SALVACIÓN


JONÁS 2:9B
A partir del agradecimiento de su corazón, Jonás lanza una última exclamación: “¡La
salvación viene del Señor!”. Con esa única afirmación, Jonás proclama el Evangelio, lo
mismo que no quería hacer cuando Dios le llamó a ir a Nínive (1:1). Sin embargo, no hay
salvación en nadie más.
Cuando tenga la oportunidad de proclamar la salvación, comprenderá lo desesperada
que era su situación y que la cizaña le arrastraba a una segunda muerte, que los barrotes
iban a cerrarse sobre usted y a destruirle, que estaba justamente bajo la ira de Dios; y que
solo Él le rescató al margen de sus méritos. Con este entendimiento, cuando haya una
oportunidad de hablar sobre lo que salva, sin vergüenza dirá: “¡La salvación viene del
Señor!”.
Solo después de la proclamación de salvación de Jonás se dice: “Entonces el SEÑOR
ordenó al pez” (v. 10). Dios le habla al pez y el pez obedece; él no se rebela como Jonás.
Esto es parte de la ironía de la historia. Dios le habla al pez y él hace lo que el Señor dice,
vomitando a Jonás en tierra firme. La gente tiene problemas con la rebelión. Sin embargo,
el pez obedece inmediata y completamente. El Señor dice: “Ve a recoger a Jonás”, y el pez
coge a Jonás. Dice: “Escupe a Jonás”, y el pez escupe al profeta. Es así de simple.
Jesús dice: todos los que queréis una señal que demuestre mi autoridad divina, solo
tengo una. Es la señal de Jonás: “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres
días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres
noches”. (Mt 12:40, RV60). ¿Qué ocurrió durante los tres días y las tres noches? Jonás está
bajo la ira de Dios. La merece porque es un rebelde. Cristo estuvo bajo la gran ira de Dios
en la cruz porque somos rebeldes.
Jonás desciende a las profundidades del vientre del Seol, bajando a la tumba para
siempre bajo la ira de Dios. El Señor lo metió allí. Dios arroja el mar sobre él. De la misma
manera, Dios puso a su propio Hijo en la cruz, y Dios lo mató. Isaías 53:10 dice: “Pero al
Señor le pareció bien quebrantarlo y hacerlo padecer”. Cristo ciertamente experimentó
toda la ira de Dios: la ira que debería ser tuya y mía, y la ira que pertenecerá a cualquiera
que no ponga su confianza solo en Cristo para la salvación.
Jonás esta hundiendose en el fondo del mar, y mientras desciende clama al Señor desde
la tumba. Tres días después, en acción de gracias, Jonás es sacado del agua. Cristo va a la
tumba, o como dice el antiguo catecismo, “descendió a los infiernos”. En realidad no
descendió físicamente a los infiernos, pero los catecismos intentan decir que Él tomó toda
la ira de Dios por nosotros. Después de tres días en el sepulcro, con voces de
agradecimiento, Dios resucitó a Cristo de entre los muertos porque el sepulcro no podía
retenerlo. Sobre esta base, el Señor es capaz de ofrecer misericordia a todos nosotros. La
misericordia de Dios es tan grande que arrojaría a Cristo a las profundidades del Seol como
un abandonado para que nosotros, que estamos justamente abandonados en nuestra
rebelión, podamos ser salvados.
La segunda oportunidad que Dios ofrece no es solo para Jonás. Dios busca salvar a más
personas, más que solo a un hombre que se ahoga y al que envió un pez. Dios busca salvar
a las personas que se ahogan en el pecado enviando a su Hijo, Jesús. Cualquiera que confíe
en Jesús recibirá misericordia como Jonás. Seremos levantados de la angustia, naceremos
de nuevo y se nos dará una nueva vida. Esto es lo que Dios provee en Cristo, y esto es lo
que debería hacernos tan agradecidos por la salvación.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Según el uso que hace de su tiempo libre, ¿qué valora en la vida? ¿Qué valor
tienen para usted las disciplinas espirituales y el servicio dentro de su
congregación?
2. Considere de nuevo la estructura de las dos oraciones de Jonás dentro de Jonás
2, ¿Cuál es la relación entre la oración en las profundidades y la oración dentro
del pez? ¿Cómo contribuye cada una a la otra?
3. Keller dice: “Un ídolo es cualquier cosa que mire y diga, en el fondo de su
corazón, ‘Si tengo eso, entonces sentiré que mi vida tiene sentido, entonces
sabré que tengo valor, entonces me sentiré significativo y seguro’ ” (Counterfeit
Gods, xviii). ¿Cuáles son algunas de las cosas en su vida de las que podría estar
extrayendo una cantidad desmesurada de autoestima, valor personal o incluso
una sensación de seguridad?
4. ¿Cuáles son algunas de las formas en que las personas pueden enmascarar vidas
totalmente depravadas y engañarse a sí mismas sobre su propia capacidad para
manejar la vida sin la ayuda de Dios? ¿Cuáles son algunas de las cosas terribles
que el Señor utiliza para despertar a la gente a la verdad sobre la desesperación
de sus situaciones y su necesidad de Él?
5. “A menudo nos resulta difícil visualizar a nuestro amoroso, bueno y bondadoso
Señor como alguien lleno de tanta furia. Sin embargo, este siervo rebelde
experimenta la disciplina amorosa de un Padre que no desea que sus hijos se
equivoquen o se desvíen”. ¿Cómo se compara esta afirmación con la visión de
su Padre celestial? Comparta una ocasión en la que haya visto una dificultad en
la vida como un acto soberano de disciplina amorosa y paternal.
6. ¿Por qué Jonás puede esperar ver al Señor en su templo después de una
desobediencia tan grande? ¿Cómo revela esto la majestad de Dios y la gloria de
Cristo?
7. ¿Cómo se compara Jonás con Cristo en este capítulo? ¿Qué puede revelar esta
comparación sobre cómo debemos leer la historia de las Escrituras?
8. ¿De qué manera su propia acción de gracias por la salvación le ha llevado a una
mayor proclamación del Evangelio a los no creyentes? ¿Qué puede decir esto
sobre el valor que le da a ser rescatado del pecado? ¿Qué podría revelar esto
también sobre su comprensión de la verdadera situación antes de su salvación?
9. Hay mucha gente en el mundo que adora a falsos dioses, incluso erigiendo
objetos físicos como ídolos de adoración. ¿Qué podría estar diciendo Jonás 2
sobre cómo debemos proclamar el Evangelio a esas personas? ¿Cuál es el
mensaje que debemos recomendar, y cuáles son los mensajes que debemos
decirles que rechacen?
10. ¿Cree que es correcto que el mensaje del Evangelio sea tan exclusivo? A la luz
de la obra de Cristo, ¿qué hace que la exclusividad —“La salvación viene del
Señor”— sea justa y santa? ¿Cómo explica Romanos la justicia de Dios en la
salvación de las personas (Ro 3:21–26)?
EL PREDICADOR DE LA FATALIDAD Y EL DIOS
MISERICORDIOSO
JONÁS 3:1–10
Idea principal: El anuncio obediente de Jonás sobre la destrucción de Nínive resulta en
misericordia para los ninivitas, ya que el Señor se aparta de destruirlos al ver que creen en
su Palabra.
I. El desprecio de la infancia por la predicación de la fatalidad
II. Debemos predicar el mensaje de la perdición en obediencia al mandato de predicar el
Evangelio de Dios (3:1–3)
III. Debemos predicar el mensaje de la perdición, para que los impíos se arrepientan hacia
Dios (3:3–5)
IV. Debemos predicar el mensaje de la perdición, porque podría llevar a los poderosos a
un lugar de humildad ante Dios (3:6–10)
V. Exhortación final sobre la predicación de la fatalidad

I. EL DESPRECIO DE LA INFANCIA POR LA PREDICACIÓN DE LA FATALIDAD

Tal vez haya tenido un incidente como este en su casa o cuando estaba creciendo: usted
y/o su hermano(a) estaban jugando de forma desenfrenada en la casa. Había un objeto
valioso que su madre o padre le habían dicho: “Si sigues jugando, lo vas a tumbar y lo vas a
romper”. Sabía que era mejor no golpearlo y romperlo.
Como cuando al jugar entre hermanos, un día estaban haciendo justo lo que mamá y
papá decían que no debian hacer —jugar—, pasarlo bien y Oops… Se cayó esa cosa: se
rompió ese marco de fotos; se fue la copa de cristal favorita de mamá; desapareció esa
bonita (e insustituible) pieza de la mesa de centro.
Todos se miran entre sí. Oh… Ahora hay una pregunta: ¿Quién se lo va a decir a mamá?
¿Quién va a llevar eso que rompieron —y todos en la casa escucharon el vidrio romperse—
frente a mamá o a papá y decirles: “Sí, estábamos jugando y lo rompimos”?
Probablemente, los hermanos mayores se escaparon amenazando a los demás, por lo
que el más joven fue reclutado. Si no funcionaba así, alguien tenía que ser el que fuera a
mirar a mamá o a papá a los ojos y arriesgarse a que mamá o papá descargaran la primera
parte de la ira en el mensajero; ¡esperabas que no eligieran primero la disciplina y la
interrogación después!
A nadie le gusta ser portador de malas noticias. Lo aprendimos de niños y se nos queda
grabado cuando nos hacemos adultos. La primera vez que consigue un puesto directivo y
alguien por encima de usted le dice: “Tienes que despedir a Bill”, usted dice: “Yo nunca he
despedido a nadie”. “¿Estás seguro de que tengo que ser yo quien lo diga?”. “Sí, eso es parte
de tu trabajo”. No nos gusta ese trabajo.
Igualmente, no nos gusta ser portadores de malas noticias cuando se trata del evangelio.
El evangelio tiene un lado de malas noticias. Ese es el lado del que no nos gusta hablar. Nos
encanta hablar del amor de Dios y de la maravillosa relación que Él quiere tener con la
gente. Pero antes de que alguien tenga una razón para escuchar esa parte del mensaje, hay
algunas malas noticias que tú y yo tenemos que decirles: Si no entregan su vida a Dios, están
condenados para toda la eternidad.
Si nunca decimos a las personas que conocemos el lado malo de las buenas noticias, lo
más probable es que nunca tengan la oportunidad de recibir la misericordia de Dios. No hay
salvación sin escuchar las malas noticias. Ese es el predicamento en el que encontramos a
Jonás: Jonás tiene que ser el que lleve a Nínive las malas noticias para que puedan tener la
oportunidad de escuchar una noticia realmente buena. Sin embargo, es al recibir esta mala
noticia que los ninivitas se convertirán en objetos de la gloriosa misericordia de Dios.
Puede que dudemos en sacar el tema del evangelio porque la otra cara de la buena
noticia es la mala, y no queremos tener que contarle a la gente las malas noticias. A Jonás,
en cambio, no le gusta la tarea de predicar a los ninivitas porque la otra cara de la mala
noticia es la buena. Si le dice a esta gente extremadamente malvada las malas noticias, Dios
podría tener la oportunidad de tener misericordia de ellos y perdonarlos de todos sus
pecados. No tendrán que dar cuenta en esta vida de todos los actos de maldad que han
cometido hacia el pueblo de Jonás, Israel. Un pensamiento equivalente sería el de las
organizaciones terroristas que se salen con la suya en los ataques a suelo americano o a
instalaciones militares americanas sin un Gitmo. Los ninivitas serán perdonados de toda
maldad, y serán bienvenidos ante Dios al igual que el pueblo de Israel.
En lugar de llevar la misericordia de Dios a ellos, dice: “Voy a ir en dirección
completamente opuesta, a Tarsis”. Sin embargo, el Señor —que ama la misericordia y
disfruta dándola a los pecadores mucho más de lo que cualquier filántropo o gobierno
disfruta dando dinero a los necesitados— quiere dar misericordia a Nínive, tanto que deja
caer al mar al rebelde Jonás. Aunque Jonás no quiere dar misericordia a nadie más, la quiere
para sí mismo, que es donde estamos la mayoría de nosotros: Nos encanta tener
misericordia para nosotros mismos. Por misericordia, a través de un pez, el Señor rescata al
profeta rebelde y lo pone en tierra firme de Nínive. Tiene otra oportunidad de decir lo que
Dios quiere que diga.

II. DEBEMOS PREDICAR EL MENSAJE DE LA PERDICIÓN EN OBEDIENCIA AL


MANDATO DE PREDICAR EL EVANGELIO DE DIOS
JONÁS 3:1–3
“Entonces la palabra del SEÑOR vino a Jonás por segunda vez: ‘¡Levántate! Ve a la gran
ciudad de Nínive y predica el mensaje que te digo’. Entonces Jonás se levantó y fue a Nínive
según la orden del Señor”. Esta segunda vez Jonás va a Nínive en obediencia en lugar de
intentar ir a Tarsis. Las palabras de 3:1–3 reflejan las de 1:1–3, excepto que en lugar de
decir: “Ve a la gran ciudad de Nínive y predica contra ella, porque su maldad se ha
enfrentado a mí”, dice: “predica el mensaje que te digo”. Al igual que un Ebenezer Scrooge
despierto, Jonás está dispuesto a hacer lo correcto. No quiere que su vida vuelva a estar
patas arriba.
Al igual que Jonás, tú y yo estamos encargados de ir por todo el mundo para proclamar
la buena noticia de la muerte de Jesús por el pecado de la gente y de su resurrección de
entre los muertos para ofrecer la vida. Cada persona que nombra el nombre de Cristo tiene
un llamado de Dios para proclamar a todos los hombres que solo Cristo ha vencido a la
muerte para que nadie tenga que temerla. Cristo ha mostrado que tiene vida después de la
muerte y tiene más poder después de ella. La iglesia debe equipar y animar a cada creyente
para que comparta su fe, y levantar y llamar a personas que “dejen ir los bienes y la
parentela, también esta vida mortal” (Lutero, “A Mighty Fortress”) para llevar el evangelio
a lugares donde Cristo aún no ha sido proclamado. Como afirma el apóstol Pablo: “Mi
objetivo es evangelizar allí donde Cristo no ha sido nombrado” (Ro 15:20).
¿Por qué murió Jesús? Murió para pagar la pena por nuestros pecados. Al hacerlo, Él es
el único que asumió la ira de Dios que nos corresponde por nuestro pecado. Nadie tiene
que asumir esa pena por sí mismo. Nadie tiene que morir por sí mismo por los pecados
porque Dios ha enviado a Su Hijo, Jesús, para hacer eso. Tenemos que decírselo a la gente.
Hay algunas otras cosas que debemos decir para hablar con la gente sobre lo que el
Señor ha hecho. La gente debe entender que la voluntad de Dios es que la gente lo siga,
que esto ha sido así desde la creación, y que ninguno de nosotros ha seguido la voluntad de
Dios. Hemos quebrantado la ley de Dios. Hemos fallado desesperadamente en seguir a Dios.
Si quisiéramos hacer un esquema de los Diez Mandamientos, podríamos mostrar dónde las
personas han roto todos y cada uno de los mandamientos de Dios también. La mayoría de
la gente confesaría haber usado el nombre del Señor en vano, haber roto el sábado, haber
cometido inmoralidad sexual y haber codiciado. Si somos honestos, estaríamos de acuerdo
con Shakespeare:
El pecado del amor propio posee todo mi ojo
Y toda mi alma, y cada parte de mi;
Y para este pecado no hay remedio,
Está tan arraigado en mi corazón. (Soneto LXII)

Por estos pecados y otros más, estamos en peligro ante un Dios santo. Esto nos lleva a
las malas noticias: Tenemos que decirle a la gente que nos presentaremos ante Dios para
ser juzgados bajo su ira eterna porque hemos roto su ley.
No es fácil proclamar esta otra cara del evangelio. Es como ser el médico que tiene que
compartir la mala noticia de una enfermedad terminal con un paciente. Tú y yo queremos
ser el médico que dice: “¡Es un niño!” o “¡Tu presión arterial se ve bien!”. Pero tenemos que
proclamar el mensaje que Dios nos ha dado, y ese mensaje contiene algunas feas verdades

III. DEBEMOS PREDICAR EL MENSAJE DE LA PERDICIÓN, PARA QUE LOS IMPÍOS SE


ARREPIENTAN HACIA DIOS
JONÁS 3:3–5
Jonás toma ese mensaje, y va en obediencia a predicar la palabra del Señor: “Ahora bien,
Nínive era una ciudad extremadamente grande, de tres días de camino” (3:3). Aquí viene
un hombre a predicar a decenas de miles en esta gran ciudad.
A veces los traductores describen a Nínive como “una ciudad sumamente grande”. Lo
que esta designación significa es que se presenta ante Dios como una ciudad muy grande,
tal vez incluso una ciudad muy próspera. Nínive era muy conocida en todo el mundo
antiguo, y tenía mucha gente. De hecho, la frase de que era un paseo de tres días en aquella
época indica que Nínive era una ciudad de unos 12 km de largo, una ciudad enorme para
los tiempos antiguos. Jonás es un profeta que se enfrenta a decenas de personas malvadas.
No tiene ninguna seguridad de que acepten o rechacen su mensaje. Sin embargo, está
preocupado porque sabe que Dios hará algo.
Jonás entra en la ciudad, a un día de camino, diciendo solo estas palabras: “¡Dentro de
40 días Nínive será destruida!” (3:4). De alguna manera, en un paréntesis, nota a pie de
página o procesos de razonamiento lógico no registrados, los ninivitas también escucharon
estas palabras: “Y será de la mano de Dios. Dios es el que me ha enviado aquí y el que os va
a destruir”. Jonás predica su mensaje, y “los hombres de Nínive creyeron en Dios” (v. 5).
¡Esto es asombroso! El sermón de Jonás tiene solo cinco palabras en el texto hebreo
(Estelle, Salvation through Judgment and Mercy, 108). Tomando prestadas las palabras del
estudioso de Ellison, Adam Bradley, las palabras de Jonás eran “amebianas en forma,
jurásicas en tamaño” (Bradley, Ralph Ellison, 9). O, como dijo Teodoro de Beza de la
predicación de Juan Calvino, “Cada palabra pesaba una libra” (citado en Beeke, Living, 279).
¿Cómo es que Jonás obtiene esta respuesta de tal manera que todos en la ciudad entera
creen en Dios, se arrepienten y se visten de cilicio en señal de duelo? Obtiene esta respuesta
porque el evangelio es poder de Dios para salvación (ver Ro 1:16). Obtiene estos resultados
porque el Padre entrega a estas personas en salvación a su Hijo (Jn 6:37, 39–65). El mensaje
tiene el poder porque viene de Dios! Como dijo Jonás en su oración: “La salvación viene del
SEÑOR” (2:9).
Jonás no presentó todos los argumentos de la existencia de Dios. Tampoco defendió al
Señor como el verdadero Dios en oposición a los ídolos de Nínive. No iba con un traje, ni
tampoco iba vestido de forma informal para no ofender a nadie. Habiendo saltado de un
pez, probablemente no tenía un aspecto presentable para nadie. Los resultados aquí
muestran que el esfuerzo humano no es lo que cambia los corazones de los ninivitas ni de
nadie. En cambio, demuestran que los creyentes, como administradores del evangelio,
deben ser fieles a decir lo que Dios dice y dejar los resultados a Dios. Como dice Sinclair
Ferguson sobre el poder del evangelio:
Este poder arrasa con sus enemigos. Pero sus enemigos no son naciones extranjeras, sino
el pecado y la muerte y Satanás y el infierno. Y este poder en el evangelio … tiene una
enorme eficiencia. Pero su eficiencia es salvar a los hombres y mujeres para toda la
eternidad. (“Saving Power of God”)

En respuesta al mensaje, el texto dice simplemente: “Los hombres de Nínive creyeron


en Dios”. Un pueblo grande y malvado debería haberse reído de Jonás, diciéndole: “Llévate
tu palabrería con olor a pescado a Jerusalén”. En cambio, ¡creyeron en su mensaje! Incluso
la gente de gran estatus social creyó, pues el mensaje fue recibido “desde el más grande de
ellos hasta el más pequeño”.
Si espera el momento perfecto para decirle a un incrédulo que está condenado al
infierno ante un Dios todopoderoso, nunca va a decir nada porque no hay momento
perfecto. El momento perfecto para decirlo es cuando tenga la oportunidad de hablar
libremente: “Necesito hablar contigo de lo más importante para mí, y va a ser lo más
importante para ti. Avísame cuando podamos sentarnos a hacerlo. Quisiera hablar de tu
relación con Dios”.
“No quiero oír hablar de eso”.
“Bueno, tienes que saber que todos somos pecadores y que cualquiera sin Dios va a ser
juzgado para siempre ante Él”.
Sobre las oportunidades de compartir el evangelio, el teólogo Donald Whitney escribe:
No ocurrirán sin más. Tendrás que disciplinarte para preguntar a tus vecinos cómo puedes
orar por ellos o cuándo puedes compartir una comida con ellos. Tendrás que disciplinarte
para reunirte con tus compañeros de trabajo durante las horas libres. Muchas de estas
oportunidades de evangelización nunca tendrán lugar si esperas a que ocurran
espontáneamente. El mundo, la carne y el diablo harán todo lo posible para que así sea. Tú,
sin embargo, respaldado por el invencible poder del Espíritu Santo, puedes asegurarte de
que estos enemigos del evangelio no ganen. (Spiritual Disciplines, 131–32)

Con palabras aún más alentadoras para compartir el evangelio, Whitney también
escribe: “Solo el puro arrebato de estar perdido en la adoración de Dios es tan estimulante
y embriagador como hablarle a alguien de Jesucristo” (Spiritual Disciplines, 119). Esta
emoción será nuestra cuando proclamemos el evangelio con valentía y dejemos los
resultados en manos del Todopoderoso.

IV. DEBEMOS PREDICAR EL MENSAJE DE LA PERDICIÓN, PORQUE PODRÍA LLEVAR


A LOS PODEROSOS A UN LUGAR DE HUMILDAD ANTE DIOS
JONÁS 3:6–10
Así que Jonás predica el mensaje que el Señor le dice que predique, y ese mensaje llega al
rey de Nínive. Hay un hermoso cuadro aquí cuando el rey recibe el mensaje. Dice: “Se
levantó de su trono, se quitó su manto real” —se quitó su gran cobertura real— y “se vistió
de cilicio”. Luego no vuelve a sentarse en el trono, sino que “se sentó en cenizas”.
Este gran rey de esta gran ciudad que se sienta en un gran trono y que lleva grandes
ropajes reales, en un minuto parece un insignificante don nadie que está de luto y al otro
minuto esta sentado en cenizas. El mensaje del Señor ha hecho que este gran estadista, que
forma parte de un imperio que está gobernando el mundo, entienda que incluso él debe
humillarse ante Dios.
El rey entonces hace este gran edicto: “Mira, no hay que comer; no hay que beber. No
quiero a nadie sin cilicio, ni siquiera a los animales”. Por supuesto que los animales no
pueden recibir la salvación. Sin embargo, en el Antiguo Cercano Oriente la gente incluso
metía a sus bestias en el ayuno. Sacrificaban sus bestias cuando los animales empezaban a
morir por falta de comida y agua.
Así que las palabras del rey habrían comunicado: “Si perdemos todo nuestro negocio y
perdemos toda nuestra comida aquí, no importa porque estamos en problemas ante Dios.
Dejemos todo eso de lado ahora mismo. Que nadie haga nada, sino que clame a Dios y se
aparte del mal camino de sus manos”. El rey da esa proclama mientras está sentado en un
montón de ceniza, humillado ante Dios.
Este mundo actual es testigo de decenas de personas poderosas —líderes mundiales—
que necesitan oír hablar del Señor. Dirigen superpotencias con fuerzas militares que repelen
a los manifestantes y a los posibles rebeldes por miles. A menudo son inaccesibles para el
ciudadano común, más bien intocables. Sin embargo, alguien tiene que hablar a personas
como Mahmoud Ahmadinejad sobre el Señor y a Kim Jong Il sobre la misericordia de Dios
en Cristo, para que no perezcan. Tenemos que hablar a nuestros propios líderes de la
ciudad, del pueblo, del estado y del país sobre la ira de Dios.
¿Cómo podemos llegar a gente tan poderosa? Tenemos que seguir predicando y orando
fielmente, esperando que el Señor se complazca en rescatar a toda una ciudad de clase
mundial a través de un avivamiento provocado por el Espíritu, y esperando entonces que
toda una nación se aleje de sus malos caminos y se vuelva a Dios con temor. Si quiere ver a
su nación hacer cambios en sus puntos de vista sobre el control de armas, la
homosexualidad, el aborto, y su tratamiento de los pobres, y si desea ver que la violencia
de las pandillas y la delincuencia abandonan su vecindario —si quiere que nuestras ciudades
y la nación dejen de lado el mal que tienen en sus manos— no comience con protestas,
grupos de presión, y más programas para jóvenes en riesgo; son secundarios. Comience con
el poder de Dios cambiando los corazones a medida que la gente llega a temer la ira de Dios
a través de la creencia en el mensaje del evangelio.
Así que este mensaje de fatalidad hace caer al rey. Cuando el rey se siente humillado
por el mensaje del Señor, hace un edicto a toda la nación, diciéndoles efectivamente: “Si
hacemos esto, tal vez Dios se apiade de nosotros y nos libre de este desastre para que no
perezcamos” (porque eso es lo que hace la gente sin Dios; perecer).
El versículo 10 concluye el episodio, diciendo: “Entonces Dios vio sus acciones — que se
habían convertido de sus malos caminos—, así que Dios cedió [su traducción podría decir
que Dios “se arrepintió”] del desastre que había amenazado con hacerles. Y no lo hizo”.
¿Qué? En cuarenta días Nínive debía ser derrocada. El pueblo entra en arrepentimiento,
coincidiendo con el razonamiento del rey: “Tal vez Dios nos escuche y no perezcamos”. Dios
ve sus acciones —que creen en la palabra que envió a través de su profeta— y se aparta del
desastre.
Antes he mencionado el Cuento de Navidad de Charles Dickens, una historia que
muchos vuelven a ver cada año cerca de la Navidad a través de muchos medios de
comunicación, incluidos los impresos, las películas antiguas y las más recientes, y las
producciones teatrales en vivo. Cuando se menciona el título de este clásico,
inmediatamente vienen a la mente imágenes de un avaro y tacaño cascarrabias que es
guiado a través de la historia de su vida por los fantasmas de las Navidades pasadas,
presentes y futuras. Una de las imágenes más vívidas podría ser la del aterrorizado Scrooge,
habiendo visto el panorama de toda su vida, hablando con el Fantasma de la Navidad Futura
mientras está de pie cerca de su propia tumba, diciendo: “Los cursos de los hombres
presagian ciertos fines, a los que, si se persevera en ellos, deben conducir. Pero si los cursos
se desvían, los fines cambiarán. Digamos que es así con lo que me muestras” (Dickens, Un
cuento de Navidad, 96). Dickens, a través del personaje de Scrooge, reconoce que la gente
necesita cambiar —necesita arrepentirse— para evitar la destrucción. Dios, en cambio, es
“un espíritu, cuyo ser, sabiduría, poder, santidad, justicia, bondad y verdad son infinitos,
eternos e inmutables” (Kelly, Rollinson y Marsh, Westminster Shorter Catechism, 5).
Algunas personas piensan que Dios cambió de opinión. Dios no puede cambiar de
opinión porque Dios no puede cambiar. Parece que Dios dijo una cosa y luego dijo otra. Sin
embargo, las Escrituras enseñan que servimos a un Dios que es inmutable. Él no puede
cambiar.
Cualquier carácter que Dios tenga ahora, lo ha tenido desde la eternidad pasada, y lo
tendrá para siempre. Cualquier poder que Dios tiene, lo ha tenido desde la eternidad pasada
y nunca ha perdido nada de eso. Siempre lo tendrá. El no esta aumentando su poder.
Cualquier conocimiento que tiene, lo ha tenido desde siempre y lo tendrá por toda la
eternidad. Dios no aprende; Él no va a la escuela, así que no puede aumentar en
conocimiento. Dios no se resfría, por lo que no necesita sanar. Él no se golpea el dedo del
pie ni hace nada que pueda implicar una necesidad de cambio.
Así que Dios nunca cambia. Si pudiera cambiar, no querríamos servirle. Si pudiera
cambiar, podría cambiar en fidelidad, bondad, misericordia o veracidad. Si pudiera cambiar
en su misericordia, en el año 10001 podría decir: “Ya es suficiente; es hora de que te vayas
al infierno”.
Dios no cambia. Dios es quien fue y quien es, y quien siempre será. Incluso su mente no
cambia, porque no es como si no supiera lo que los ninivitas iban a hacer. Dios ha enviado
una palabra a través del profeta de amenaza de juicio. Una amenaza siempre tiene dos
resultados previstos, según la opción que elija el receptor.
Cada vez que un padre hace una amenaza como “vas a tener problemas por no limpiar
tu habitación”, el niño entiende que si limpia su habitación, no tendrá problemas. La
capacidad de evitar el desastre es inherente a la palabra de juicio. O si alguien ve un cartel
en una valla que dice: “Peligro: valla eléctrica, alto voltaje; recibirá una descarga”, esa
persona entiende que si no toca la valla, no recibirá una descarga. Sin embargo, si usted
fuera un niño que tiene que probarlo todo, quizá no entienda del todo la naturaleza de las
medidas de seguridad dentro de las advertencias.
Tanto recibir el juicio como evitarlo están contenidos en las palabras de la señal de
advertencia. Del mismo modo, cuando Dios dice: “Dentro de 40 días Nínive será destruida”,
amenaza con un juicio como Dios lento para la ira y abundante en misericordia. Jonás lo
sabe porque luego dice que sabía que eso es lo que haría el Señor (4:2). Jonás comprendió
que la misericordia cabalgaba con el juicio cuando llevó el mensaje del Señor a Nínive. El
viaje conjunto del juicio y la misericordia siempre es el camino del Señor, porque el Señor
no solo lanza la ira y el juicio en un esfuerzo por condenar y destruir a la gente; Dios también
busca salvar a la gente de su ira.
Por lo tanto, Dios no cambia de opinión. Inherente a Su mensaje de condenación y juicio
está esto: “Pero si cambias de camino, si te arrepientes y te sometes a mí, si te inclinas ante
mi Hijo y crees en él, te perdonaré”. Sabemos que las Escrituras enseñan: “Dios no es un
hombre que mienta, ni un hijo de hombre que cambie de opinión. ¿Acaso habla y no actúa,
o promete y no cumple?” (Nm 23:19). El profeta Samuel dice: “El Eterno de Israel no miente
ni cambia de opinión, pues no es hombre que cambie de parecer” (1Sa 15:29). También
Santiago enseña: “Todo acto generoso y toda dádiva perfecta vienen de lo alto, descienden
del Padre de las luces; con Él no hay variación ni sombra que se desvíe” (Stg 1:17). Para Dios,
no hay cambio de opinión ni de esencia. Él ha sido y es como siempre será. Siempre ha sido,
es y será un Dios misericordioso. Siempre ha sido un Dios que es lento para la ira y
abundante en misericordia. Él ama dar su amor y misericordia a cualquiera que crea en su
mensaje de juicio y misericordia. Él simplemente le invita a llevar ese mensaje a la gente
para que puedan tener una segunda oportunidad en la vida.

V. EXHORTACIÓN FINAL SOBRE LA PREDICACIÓN DE LA FATALIDAD


Cuando me estaba graduando de la universidad, a punto de casarme, solicité un trabajo en
una agencia federal alrededor de febrero de ese año. Me ofrecieron el trabajo a tiempo
completo hacia finales de marzo, y aunque en ese momento solo tenía un trabajo a tiempo
parcial, lo rechacé porque estaba esperando un trabajo en el que pudiera utilizar mi título
de estudios bíblicos: un trabajo ministerial.
El mes de abril llegó y se fue sin ningún resultado de mis otras solicitudes de empleo.
Mayo desapareció sin ninguna señal de trabajo. Ahora la presión para conseguir trabajo
aumentaba porque me iba a casar en julio. Los padres de mi mujer querían saber si estaba
a punto de casarse con el vago Bob, con lo que posiblemente ella tendría que mantener
nuestra casa, y eso no lo iban a aprobar. El mes de junio llegó y se fue sin que me llamaran
para un trabajo.
Entonces, un día, muy cerca del primero de julio, recibí una llamada. Era de la
mencionada agencia federal. Un supervisor de una oficina quería saber cuándo podía
empezar a trabajar. Le pregunté: “¿Cómo ha llegado a llamarme para este trabajo?”. Me
dijo que estaba a punto de dejar este trabajo por otro, pero que estaba terminando los
cabos sueltos y tenía mi solicitud sobre su mesa, la que Recursos Humanos le había enviado
en febrero. Dijo que la llamada era tardía, pero que si todavía quería el trabajo, era mío.
“¡Sí, lo acepto!”. Dije en ese momento porque sabía que con esa llamada, solo podía ser el
Señor dándome una segunda oportunidad en esta oferta de trabajo.
Hay ocasiones en las que Dios nos da segundas oportunidades, terceras oportunidades
y quinientas oportunidades para hacer algo bien. Cometemos muchos errores durante la
crianza de nuestros hijos. No hay que preocuparse; Él nos permite volver a intentarlo con
los nietos. Desaparecemos de la escuela por poco esfuerzo. Más tarde en la vida, en
misericordia, Él nos proporciona entrenamiento de habilidades o una oportunidad para
completar la escuela como un adulto. Despilfarramos nuestras finanzas; cuando nos
convertimos en mayordomos fieles, Él limpia una cuenta de crédito o se deshace de
nuestras deudas. Sobre todo, cuando vivimos en pecado, rechazando su llamado a la
salvación, adorando a otros dioses creados por nosotros, viviendo la vida a nuestra manera,
el Señor tiene una segunda oportunidad para eso también: nos ofrece la vida eterna a través
de Jesucristo, que murió en la cruz como nuestro sustituto y resucitó para justificarnos ante
el Señor.
Muchos otros, también, tendrán segundas oportunidades para arrepentirse y creer en
el evangelio, si les predicamos el mensaje de la perdición tal como se nos predicó a
nosotros.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Donald Whitney dice: “Creo que la seriedad del evangelismo es la principal razón
por la que nos asusta. Nos damos cuenta de que al hablar con alguien sobre
Cristo, el cielo y el infierno están en juego. El destino eterno de la persona se
cierne ante nosotros. E incluso cuando creemos con razón que los resultados de
este encuentro están en manos de Dios y que no somos responsables de la
respuesta de la persona al evangelio, seguimos sintiendo el solemne deber de
comunicar el mensaje con fidelidad, así como el santo temor de decir o hacer
cualquier cosa que pueda suponer un tropiezo para la salvación de esta persona”
(Whitney, Spiritual Disciplines, 123). Explique las razones por las que cree que
alguien puede sentir preocupación por ser una piedra de tropiezo, incluso
cuando entiende que el Señor debe proporcionar el poder para una respuesta
salvadora al evangelio.
2. Piense en la última vez que no respondio fielmente a una oportunidad o a un
estímulo para compartir el evangelio con un incrédulo. ¿Qué necesita hacer para
estar preparado para compartir inmediatamente la próxima vez que se presente
una situación similar?
3. El mensaje de Jonás era sencillo; tenía cinco palabras en el texto hebreo. ¿Cuál
es la forma más sencilla de compartir el mensaje del Evangelio sin omitir sus
aspectos necesarios?
4. Piense en el último sermón evangelístico que escuchó y que incluía un llamado
al arrepentimiento del pecado. ¿Cómo respondió la audiencia? ¿Cuál esperaba
que fuera la respuesta de la gente y por qué? ¿Qué le dice esto sobre cómo se
siente al predicar la necesidad de arrepentimiento?
5. Basándose en Jonás 1–3, ¿qué tipo de actitud cree que debería haber tenido
Jonás tanto hacia Dios como hacia los ninivitas cuando el Señor le dio la orden
por segunda vez? ¿Por qué cree que debería haber tenido esa actitud? ¿Qué
emociones cree que debería sentir y por qué?
6. La predicación del mensaje del Señor por parte de Jonás pone en contraste a dos
reyes: el rey de Nínive y Cristo Rey. ¿De qué manera la predicación de Jonás y la
respuesta del rey exaltan a Cristo como el verdadero Rey? Compare y contraste
la postura de los dos reyes en respuesta a la predicación de Jonás. ¿Qué le puede
decir esto sobre cómo se glorifica a Dios a través de nuestra proclamación del
Evangelio?
7. En lugar de proclamar verbalmente y con valentía el evangelio de Cristo, es
común que los creyentes modernos lleven a un amigo incrédulo a la iglesia para
que escuche el evangelio, esperando que el sermón haga el trabajo de
evangelización en su lugar. Basándose en tu lectura de Jonás 3, ¿en qué sentido
esta idea es ligeramente errónea? Por el contrario, ¿qué podría decir un
comportamiento típico de una iglesia sobre su preparación y planificación de sus
servicios de culto?
8. En un entorno moderno, ¿cómo podría un grupo de iglesias evangélicas
proclamar el evangelio a todos los residentes de una ciudad? ¿Cómo podría un
grupo de creyentes contribuir a un esfuerzo para ver el evangelio proclamado a
los líderes de su ciudad y estado? ¿Qué podrían significar estos esfuerzos para la
programación ministerial tradicional y el presupuesto anual de cualquier iglesia?
9. Considere los siguientes pasajes: Hch 2:36–41; 4:13–22; 5:27–42; 7:51–58;
13:42–46; 17:32–34. ¿Qué tipo de respuestas da la gente a la predicación de
Cristo por parte de los apóstoles? ¿Qué le puede decir estas variadas respuestas
sobre el tipo de respuesta que dio Nínive a la predicación de Jonás? ¿Qué le
puede decir sobre el tipo de respuesta que puede recibir si se acostumbra a
compartir su fe con los incrédulos con regularidad, valentía, celo y audacia?
10. ¿Qué confianza obtiene al saber que el Señor es inmutable? ¿De qué manera su
inmutabilidad fortalece su esperanza por la salvación de sus amigos y parientes
perdidos? ¿Cómo puede afectar esta verdad a su forma de pensar para
compartir el evangelio sin vergüenza ni miedo?
EL ENFURECIDO AMANTE DE LA SOMBRAS Y EL DIOS
SALVADOR DEL REBAÑO
JONÁS 4:1–11
Idea principal: La desesperación airada de Jonás por la misericordia del Señor hacia los
ninivitas revela el carácter misericordioso de Dios en la salvación tanto hacia Jonás como
hacia los ninivitas.
I. La ira: Justos e injustos
II. La ira injusta puede hacerle pensar que la vida con Dios no vale la pena vivirla (4:1–4)
A. Jonás esperaba la coherencia de Dios
B. Jonás tenía problemas con el carácter de Dios
C. Jonás estaba enojado con la libertad de Dios de ser Dios
III. La ira injusta puede hacerle esperar el juicio de Dios sobre otros que usted no querría
para sí mismo (4:5–8)
IV. La ira injusta puede hacerle perder oportunidades de ser misericordioso como lo es
Dios (4:9–11)
A. Jonás y el cuidado y la autoridad de la planta
B. Jonás y la existencia limitada de la planta
C. Jonás y el apoyo de la planta al amor de Dios por Nínive

I. LA IRA: JUSTOS E INJUSTOS

La ira. Es la emoción que siente cuando no se cumplen sus expectativas de justicia.


Es lo que siente cuando un niño no sigue las instrucciones que le dio antes de salir de
casa, o cuando ese niño no demuestra el respeto que usted cree que debería tener como
padre. La ira es lo que se agita en usted cuando ve una noticia sobre un pederasta en serie
que ha sido identificado por víctimas adultas por crímenes que cometió hace años y que
luego ha escapado de la justicia gracias a un vacío legal. La ira es lo que se apodera de usted
cuando se ha cansado de repetirle a su cónyuge la necesidad de más respeto, mayor
sensibilidad, sexo más frecuente, más atención, menos tiempo con la suegra, una disciplina
más estricta de los hijos o más tiempo en el horario para respirar.
La ira también es lo que puede invadirle cuando recibe la mala evaluación laboral que
se ha ganado, pero siente que no la merece. Es la emoción que experimenta cuando no se
cumplen sus expectativas de justicia. Es una emoción de gran preocupación interior, no una
simple emoción de pasar cosas. Cuando siente ira, tiene una gran preocupación.
La ira alimenta casi todo lo feo, como las maldiciones, la envidia, la venganza y el
aislamiento; desde la violencia doméstica hasta el terrorismo doméstico; desde dejar de ser
miembro de la iglesia por el camino equivocado hasta crear cultos que te permitan expresar
tu sentir sin reservas.
Tanto el odio característico de los grupos supremacistas racistas como las protestas por
los tiroteos de Trayvon Martin y Michael Brown están alimentados por la ira. Como señala
un comentario grabado por un periodista durante las protestas por la muerte a tiros de
Michael Brown a manos de la policía en Ferguson, Missouri, “la ira duradera en Ferguson
está alimentada por el enigma de la identidad del oficial y la posibilidad percibida de que, si
el departamento no presenta cargos contra él, su nombre nunca se conozca” (Cobb, “What
I Saw”). En otras palabras, los disturbios y las protestas, ya sean pacíficos, violentos, civiles
o incívicos, estaban alimentados por una sensación de maltrato o injusticia. La ira es una
respuesta emocional a una sensación de justicia fallida o de falta de rectitud.
La ira es poderosa, y en algún momento nos atrapa a todos en sus garras. La ira justa
puede ser un buen poder cuando se controla, como cuando nuestro Señor limpió el templo
porque no era correcto que la gente hiciera un mercado en los patios del templo (Mt 21:12–
13; Jn 2:14–17).
Sin embargo, la ira injusta es peligrosa. Lamentablemente, por numerosas razones,
muchas personas luchan con sentimientos de ira injusta. Viven con una sensación de
injusticia dentro de sus rutinas diarias, o la experimentan como parte de un pasado
persistente y/o un maltrato continuo.
La expectativa de justicia de Jonás no se cumplió. Como nos ocurre a menudo, ha llegado
un momento en que las circunstancias de su vida —circunstancias orquestadas por Dios—
le han hecho enfadarse con Dios. Para Jonás, Dios no ha satisfecho sus expectativas de
justicia. El sentimiento evocado por su falta de expectativas de justicia dominará a Jonás,
nublando sus pensamientos sobre Dios, los ninivitas y él mismo. Sin embargo, Jonás pronto
aprenderá que su ira injusta lo puso en desacuerdo con la misericordia de Dios.
A través de las interacciones de Jonás con el Señor, podemos aprender a someter
nuestra ira a Dios para que podamos poner la energía emocional seria en lo que le agrada
a Dios. Mientras Jonás se sienta a la sombra de su planta, nos enseña tres cosas acerca de
ser gobernados por la ira injusta.
La ira injusta puede hacerle pensar que la vida con Dios no vale la pena vivirla

II. LA IRA INJUSTA PUEDE HACERLE PENSAR QUE LA VIDA CON DIOS NO VALE LA
PENA VIVIRLA
JONÁS 4:1–4
“Pero Jonás se disgustó mucho y se puso furioso”. Tal vez pueda imaginar cómo se siente
esto. Si pudiera pisotear, lo haría; si pudiera golpear su puño, lo haría. Puede gritarle a Dios,
y lo hace: “¿No es esto lo que dije cuando estaba en mi país? ¡Sabía que ibas a hacer esto!,
¡Sabía que esto pasaría si te obedecía!, ¡Sabía que no podía confiar en ti para que las cosas
salieran a mi manera! Sabía que no eras justo”. Esta es la depravación en su máxima
expresión. La criatura acusa al Creador de pecado e injusticia en lugar de mirar hacia dentro
y decir: “Dios siempre es justo; mi ira debe significar que algo está mal en mí”.
Baldwin escribe: “La reacción [de Jonás] nos detiene. La fortísima expresión indica que
la ira de Jonás brotó de lo más profundo de su ser, como la de un niño que hace un
berrinche. Esa ira es totalmente irracional y, sin embargo, debe tener una explicación”
(“Jonah”, 583).
Jonás parece estar enojado por tres razones.

A. Jonás esperaba la coherencia de Dios


Esperaba coherencia, y esperaba que ésta adoptara una forma determinada. En la mente
de Jonás, Dios debería haber juzgado al enemigo con ira, no con misericordia, porque así es
como Jonás piensa que es Dios y lo que él cree que Él debería hacer con otros pecadores.
Jonás está enojado porque Dios ha dado misericordia a los pecadores arrepentidos en
Nínive en lugar de seguir con la destrucción que el predicaba. Las propias falsas expectativas
de Jonás contribuyen a su ira.

B. Jonás tenía problemas con el carácter de Dios


Jonás cita a Dios esa gran afirmación sobre la identidad de Dios que se repite en diversas
formas nueve veces en el Antiguo Testamento: “Jehová es un Dios compasivo y
misericordioso, lento a la cólera y rico en amor fiel y verdad, que mantiene el amor fiel hasta
mil generaciones, que perdona la maldad, la rebelión y el pecado” (Éx 34:6–7; véase
también 14:18; 2Cr 30:9; Neh 9:17; Sal 86:15; 103:8; 111:4; 112:4; 116:5; 145:8; y Jl 2:13).
Baldwin comenta:
Se trataba de un credo diferente, porque fue dado por Dios y porque se dio en un momento
de grave peligro, cuando la nación de Israel, profundamente implicada en la idolatría en el
momento en que el Señor revelaba su voluntad a Moisés, podría haber sido aniquilada (Éx
32:10). Por lo tanto, formaba parte de la historia de Israel, guardada de forma preciosa
porque era importante para una relación continua entre Israel y el Señor. ¿Cómo podían
entonces compartirse estos maravillosos atributos del Dios de Israel con una ciudad como
Nínive? (“Jonah”, 583)

Jonás está decepcionado con el carácter de Dios. “Jonás ve el aplazamiento del juicio
sobre Nínive como una debilidad por parte de Dios y desaprueba fuertemente que se
comparta la compasión del Señor con los que no son amables” (Baldwin, “Jonah”, 583–84).
Jonás se enfada con la cuádruple bondad de la naturaleza de Dios.
Jonás tiene un problema con que Dios muestre su gracia, con que Dios de su favor a la
gente. Sin embargo, como reconoce Timmer, “la gracia de Dios en sí misma no es onerosa
para Jonás: simplemente odia la gracia mostrada a quienes cree que no la merecen,
especialmente a los no israelitas” (A Gracious and Compassionate God, 122).
Jonás se opone a que Dios sea misericordioso, alguien que cuida de la gente con ternura
y compasión, como una madre cuidaría de un niño (el concepto hebreo detrás de las
palabras). Que Dios sea alguien que mire a la gente malvada y violenta —¡a sus enemigos,
nada menos!— y se incline sobre ellos como una buena madre se inclina sobre la cuna de
un bebé, sosteniéndolo y acariciándolo con ternura, es un problema para Jonás. Sobre la
misericordia de Dios, John Feinberg señala:
Hay una diferencia significativa entre la gracia y la misericordia. Ambas implican un favor
inmerecido, pero la diferencia es que, mientras que la gracia puede ser dada a aquellos que
son miserables y necesitan desesperadamente ayuda, también puede ser dada a aquellos
que no tienen ninguna necesidad particular. Por otro lado, la misericordia se da
específicamente a aquellos cuya condición es miserable y de gran necesidad… Con respecto
a nuestra necesidad de pagar por los pecados y ser perdonados, la raza humana está en
gran necesidad. Lo que Dios hizo por nosotros en Cristo en el Calvario es un acto de gran
misericordia. (No One like Him, 159)

Jonás se desespera de que Dios sea lento para la ira. Jonás reprende a Dios por ser
extremadamente paciente, por no aplicar el juicio merecido inmediatamente a los
pecadores, sino por dar a las personas que no lo merecen una oportunidad tras otra para
que se aparten del pecado y la destrucción y se vuelvan hacia Dios y su santidad. ¿Realmente
quiere Jonás que nuestro Dios sea rápido para la ira?
Jonás se angustia con Dios abundando en el amor fiel, que cumple el pacto, a pesar de
la acción de su pueblo rebelde. El término hebreo es Ḥeseḏ. La complejidad y profundidad
de este atributo divino se ve en sus diversas traducciones al español de las siguientes Biblias:
“amor fiel” (HCSB), “amor firme” (ESV), “bondad” (KJV), “bondad amorosa” (NASB) y “amor”
(NIV). Los conceptos de amor, fidelidad y bondad están unidos en una “rica” abundancia.
Bruckner propone que el “amor implacable” de Dios es la mejor traducción del término,
“que es el compromiso del pacto de Dios con su pueblo. Con este amor implacable se
vincula a sus promesas con ellos”. Brucker sugiere además: “La palabra equivalente más
cercana en el Nuevo Testamento es agape¯, traducida como ‘amor incondicional’ ”
(Bruckner, Jonah, 111). Jonás se lamenta que Dios dirija su amor hacia Nínive.
Conociendo la situación y la actitud de Jonás, se podría entender su angustia con los
caminos del Señor. Sería característico de Dios ser misericordioso con el pueblo de su pacto.
Pero ahora Dios dirige su amor de pacto a personas que están fuera del pacto — ente
malvada que odia a Israel— y en efecto los ha puesto bajo el pacto de misericordia.

C. Jonás estaba enojado con la libertad de Dios de ser Dios


Este problema se deriva de los dos primeros. Proverbios 19:3 dice: “La propia insensatez del
hombre lo extravía, pero su corazón se enfurece contra el SEÑOR”. Esto es lo que le ocurrió
a Jonás. Los pensamientos erróneos y las esperanzas equivocadas de Jonás hicieron que su
situación fuera así. Pero su corazón se enfurecía contra Dios. Como observa el pastor
William L. Banks, “la rebelión de Jonás al principio fue el resultado de su celo equivocado y
voluntarioso, su ira en esta etapa fue causada por la frustración de su propia voluntad”
(Jonah, 106).
Cuando nos enojamos y no es un enojo justo —el enojo justo es el enojo cuando la
justicia no se cumple— nuestro enojo realmente se dirige a Dios por ser Dios. Él no tiene
que cambiar a los padres, al hijo o al cónyuge inmediatamente porque es lento para la ira.
Dios no tiene que juzgar duramente a los ladrones, a los tramposos, a los mentirosos o a las
personas crueles porque Dios es misericordioso y bondadoso. El Señor, ya que gobierna
sobre todo, es libre de no moverse en el corazón de alguien para mostrarnos favor,
conceder el perdón u ofrecer una disculpa en nuestro horario. Dios no está en deuda con
nosotros para hacer nada (cf. Ro 11:33–36). El Señor no puede ser domado con la correa de
nuestras expectativas.
Aun así, Jonás debe saber por las experiencias con el llamado a ir y la tormenta, que no
puede controlar a Dios ni siquiera por su desobediencia porque Dios siempre será Dios: Él
siempre tendrá el control absoluto de todas las cosas, obrando todas las cosas según el
consejo de su propia voluntad, ¡y eso para nuestro bien! Sin embargo, los propios hijos de
Dios tienen un problema con la libertad soberana de Dios. Cuando las cosas no resultan
como deseamos, entonces nos encontramos, en verdad, enojados con la voluntad de Dios
para nuestras vidas. Es entonces cuando, como Jonás, recorremos toda la gama de
sentimientos, desde una simple autocompasion “¡Ay de mí!”, hasta la depresión, en la que
ni siquiera tenemos ganas de levantarnos la mayoría de los días; de ahí nos deslizamos al
abatimiento, en el que nos retiramos mental y emocionalmente de una relación; y luego a
la desesperación, en la que no podemos ver nada bueno en absoluto. Finalmente, si no
reconocemos el ciclo emocional descendente, podemos aterrizar en el deseo de muerte de
Jonás porque no vemos ninguna forma de hacer la vida justa: “Dios, sería mejor que
estuviera muerto”.
La verdad es que Jonás, y nosotros, no queremos que Dios sea otra cosa que Dios. Si el
Hacedor de los mares fuera otro, Jonás habría sido comida para los peces. Si el Señor no
fuera tan misericordioso con nosotros como lo es con nuestros enemigos, todos
pereceríamos y no tendríamos una oración airada para gritarle. La libertad divina que dan
a un niño unos padres sobreprotectores es la misma misericordia que los padres nos dan a
cualquiera de nosotros. La misericordia que aleja a un matrimonio de la inmoralidad es la
misma misericordia que es paciente cuando tu cónyuge necesita una gran mejora a tus ojos.
La paciencia que te da una casa en absoluto es la misma paciencia que aliviará tus
problemas financieros cuando Dios esté dispuesto a liquidarlos.
Por lo tanto, los creyentes deben buscar a Dios tal como se revela en la verdad de las
Escrituras. Las actitudes que desesperan de la misteriosa y soberana libertad del Señor,
detrás de su gracia, misericordia, paciencia y fidelidad al pacto, deben volver humildemente
a la cruz y a la tumba vacía para obtener una perspectiva limpia por la sangre de Cristo y
vigorizada por el poder de la resurrección. Deje que Dios sea Dios y escuche sus palabras:
“¿Está bien que se enfade?”

III. LA IRA INJUSTA PUEDE HACERLE ESPERAR EL JUICIO DE DIOS SOBRE OTROS
QUE NO QUERRÍA USTED PARA SÍ MISMO
JONÁS 4:5–8
Jonás sale de la ciudad y construye un refugio de ramas para hacer un lugar con sombra
mientras espera que la vida sea diferente. Aparentemente, se ha hecho un asiento en
primera fila con cacahuetes, nachos y cerveza mientras espera que Dios cambie de opinión
de nuevo y haga llover fuego sobre Nínive. Está tan enfadado que, mientras construye la
tienda, no piensa en ella como un recordatorio de los refugios en los que vivieron los
israelitas después de que Dios los liberara de Egipto y los dejara caer en la tierra prometida.
Todo lo que puede hacer es poner mala cara.
Las ideas de John Piper sobre la ira y la amargura parecen apropiadas para este
momento de la historia:
Lo que da tanta fuerza al impulso de la ira en estos casos es la abrumadora sensación de
que el ofensor no merece el perdón. Es decir, el agravio es tan profundo y tan justificable
que no solo la autojustificación refuerza nuestra indignación, sino que también lo hace un
legítimo sentimiento de indignación moral. Es el profundo sentido de legitimidad lo que da
a nuestra amargura su compulsión inflexible. Sentimos que se cometería un gran crimen si
se dejara de lado la magnitud del mal que hemos vivido y dejáramos el pasado en el olvido.
Estamos divididos: nuestro sentido moral dice que este mal no puede ser ignorado, y la
Palabra de Dios dice que debemos perdonar. (Future Grace, 265)

Dios tiene algo para los pucheros de Jonás. Hace mucho calor donde se sienta Jonás, —
tanto que la tienda improvisada no puede dar suficiente sombra. Así que el Señor designa
una planta de grandes hojas para que crezca sobre Jonás y le dé más sombra—, nada menos
que en un día (lo que en sí mismo es misericordia). El relato revela que el Señor da esta
provisión para salvarle de su malestar, o literalmente, para “rescatarle” de su “maldad”.
Cuando el pasaje habla de que el Señor designó (o proveyó) la vid, el gusano y el viento
abrasador, se refiere a la providencia de Dios: las obras de Dios que son “completamente
santas, sabias y poderosas, que preservan y gobiernan toda criatura y toda acción”, como
afirma el Catecismo Menor de Westminster (Meade, Training Hearts, 40). Al igual que el
Señor designó la tormenta y los peces en Jonás 1 —porque controla absolutamente los
vientos, las olas y las tormentas, y todos los animales—, ahora decreta que una planta
crezca en un día corto para dar sombra a Jonás. En el hebreo se crea un juego de términos
ambiguos en el que Dios designa la planta para rescatar a Jonás de su malvado corazón y no
solo para darle sombra del sol. A Jonás le gusta la sombra de la planta. Se regocija mucho
en la sombra designada por Dios.
Al día siguiente, sin embargo, las cosas no salen como le gusta a Jonás. Porque la misma
providencia de Dios que trajo la sombra ahora trae una “oruga muy hambrienta”, por así
decirlo, para arrancar la planta, quitándole la sombra. A esto le sigue la Providencia
enviando un viento abrasador que lleva a Jonás a un lugar de insolación. Destrozado, y de
nuevo desesperado por la vida, ahora Jonás comienza de nuevo ese mantra de “desearía
estar muerto” (4:8).
Cuando la Providencia determinó darle sombra, Jonás se alegró. Cuando la Providencia
determina darle un tiempo de desmayo, Jonás se resiste. A Jonás le gusta la misericordia.
Pero a Jonás no le gusta ver lo precaria y desesperada que es la vida sin ella: lo que sentiría
si recibiera lo que desea para Nínive. Sobre esto, James M. Boice dijo de Jonás:
Jonás debería haber perecido miserablemente dentro del gran pez. Había renunciado a
Dios. Lo correcto hubiera sido que Dios renunciara a él. Sin embargo, Dios le mostró una
gran misericordia, primero al llevarle al arrepentimiento y luego al salvarle y encomendarle
de nuevo la predicación en Nínive. Ciertamente, Jonás había experimentado la misericordia
de la mano de Dios. Pero había un largo viaje por el desierto, y la memoria del hombre es
corta. Jonás había olvidado la misericordia de Dios y, por lo tanto, estaba mal preparado
para apreciarla cuando Dios mostró la misma misericordia a otros. (Minor Prophets, 206)

En lugar de esperar la destrucción de otro, tenemos que pensar en lo mucho que nos
gusta la misericordia y en lo empobrecidos que estaríamos sin ella. Nos encanta que Dios
nos haya dado un trabajo o nos haya mantenido durante períodos de desempleo. Nos
alegramos de que el Señor vele por nuestros hijos y nietos o de que nos mantenga en paz
cuando un hijo deja trágicamente este mundo. Nos alegramos de que nuestro Salvador nos
haya visto pasar por problemas de salud importantes o nos haya dado la gracia para vivir
con ellos mientras seguimos disfrutando de la vida.
Piense ahora, en cambio, en lo que sería su experiencia de vida si el Señor no hubiera
designado puertas abiertas para buenos trabajos, o designado ángeles para vigilar a sus
hijos (Mt 18:10; Heb 1:14), o designado atención médica y personas de oración en su vida.
Estaríamos lisiados, debilitados, acorralados por el dolor, viviendo como mendigos.
Recientemente, un hombre que me había hecho mucho daño perdió a su esposa por
una muerte trágica. Al escuchar la noticia, inmediatamente experimenté la tentación de
decir: “Está recibiendo su merecido”. Sin embargo, en un momento de gracia, el Espíritu de
Dios me llevó a orar por este hermano en el Señor en lugar de regodearme en su dolor.
Pensé que no querría que mi esposa muriera de esa manera; tampoco querría que otros se
regocijaran mientras yo me afligía por perderla. Querría misericordia, y he experimentado
una gran misericordia en la obra expiatoria de Cristo por mis pecados.
Por lo tanto, deseaba que el Señor derramara esa misma gran misericordia sobre mi
ofensor. Hacer lo contrario sería una negación miope y egoísta de mi propia necesidad de
la misericordia del Señor.

IV. LA IRA INJUSTA PUEDE HACERLE PERDER OPORTUNIDADES DE SER


MISERICORDIOSO COMO LO ES DIOS
JONÁS 4:9–11
Todavía enfurecido, Jonás se siente justificado cuando el Señor le pregunta sobre su
derecho a enfadarse por la viña: “Está bien. Estoy tan enfadado como para morir”.
Literalmente, “se inflamó” (Bruckner, Jonah, 109). Como conjetura Bruckner dice: “la cólera
de Jonás es un reflejo de la cólera de Jehová (4:9) por la maldad de Nínive. Pero la ira de
Jonás también contrasta con la de Jehová, pues no cree que su maldad deba ser perdonada”
(ibid). Por primera vez Jonás admite su cólera ante el Señor (ibid, 116).
Jonás está preocupado por una planta. El Señor está preocupado por los pecadores de
Nínive. Jonás desea misericordia para algo temporal y no humano: “¡Dios, por favor, salva
la planta!”. Dios determina dar misericordia a la gente miserable y malvada.
Normalmente, la gente, incluso los creyentes, tienden a expresar más pasión por la
rotura de un disco duro que por las almas de las personas que están en peligro de la ira de
Dios. Cuando alguien reflexiona: “¿Por qué ha tenido que romperse hoy la pantalla de mi
móvil?”, en realidad está preguntando: “Señor, ¿por qué no has sido misericordioso con mi
móvil hoy?”. Con paroxismos similares de emoción en otros trastornos de la vida gritamos:
“¡Señor, necesito mi coche!”. “¡No puedo permitirme un horno nuevo!”. “¿Por qué has
dejado que hoy se me estropee el traje?”. “¡Necesito este trabajo!”. “¡Señor, no quiero
perder mi casa!”.
Cuando nos enfadamos por la pérdida de esos objetos transitorios, agotamos la energía
emocional que debería alimentar una preocupación urgente por las personas que no han
experimentado el perdón de Cristo. Al estar ensimismados en las preocupaciones
mundanas, podemos perder de vista el mandato del Señor de alcanzar a los perdidos con
las buenas noticias de la muerte y resurrección de Cristo. El ex misionero y presidente del
seminario J. Robertson McQuilkin plantea:
Un mundo, por muy perdido que esté, no me moverá a la acción mientras esté sumido en
el amor propio. En cambio, una vez que me he liberado para tomar decisiones basadas en
la compasión por los demás, la necesidad de los hombres y mujeres perdidos se vuelve
realmente imperiosa. ¿Y qué necesidad más apremiante hay que los miles de millones de
personas que hoy se enfrentan a una eternidad sin Cristo? La aterradora pérdida que
envuelve a la mayoría en este mundo, presionándolos con inexorable aceleración hacia la
negrura del infierno: si esto no nos mueve a la acción, ¿qué lo hará? (The Great Omission,
20–21)

El interrogatorio del Señor a Jonás pretende revelar el egocentrismo, la mundanidad y


la falta de amor de Jonás, su superficialidad, así como la escasa comprensión de la majestad
de Dios.
En primer lugar, Jonás no tiene ninguna relación real con la planta, ni en el cuidado ni
en la autoridad. No le proporcionó nutrientes, agua, tierra o poda. Su único cuidado es lo
que la planta le ofrece y no lo que él podría ofrecer a la planta.
En segundo lugar, la planta por la que Jonás muestra preocupación tenía una existencia
limitada. En un instante la planta surgió, y en un abrir y cerrar de ojos dejó de existir. La
cantidad de celo que Jonás expresa hacia la vid es muy desproporcionada con respecto a su
duración de vida. Basado en las acciones extremas que Jonás desea, uno podría pensar que
Jonás experimentó la muerte de un hijo o de un cónyuge, o la pérdida de los ahorros de
toda su vida, de la granja de la familia de cinco generaciones, o de su posición en una
empresa a la que había servido durante tres décadas.
En tercer lugar, el amor de Jonás por la planta argumenta a favor del amor de Dios por
Nínive. El Señor tiene una relación real con el pueblo de Nínive como creador. Se preocupa
por aquellos “que no pueden distinguir entre su derecha y su izquierda” (4:11). Los ninivitas
son “ignorantes de Dios en su cultura de la violencia” (Bruckner, Jonah, 109), pero
responsables moralmente de sus actos. El Dios clemente y misericordioso les responde
como Salvador, mostrando misericordia incluso con su ganado. “Aunque a Jonás no le
importen las personas, tal vez, sugiere Dios, pueda tener alguna compasión por su ganado”,
dice Alexander (“Jonah”, 131).
La preocupación del Señor por la gente de la gran ciudad de Nínive es profunda. Su
“cuidado” es un término que indica que tiene lágrimas en sus ojos por Nínive (Estelle,
Salvation through Judgment and Mercy, 133). El tribalismo, la ira y la esperanza de Jonás
por la destrucción de Nínive intentarían privar al Salvador de llorar por la gente a la que
busca salvar. Al igual que Norman Maclean, autor de A River Runs Through It, que describe
la libertad de Dios para elegir nombrar por misericordia a quien Él quiera como un río, las
acciones de Jonás dicen: “Me persiguen estas aguas” (Maclean, River, 104). Sin embargo,
para tener un corazón para el mundo, incluso para los propios enemigos, tal como lo hace
el Señor en Cristo (Ro 5:6–11), hay que aceptar la libertad del Señor para mostrar
misericordia con gente tan malvada como la antigua Nínive. Como escribe Calvino:
Por lo tanto, ya que Dios se atribuye el derecho de gobernar el mundo, derecho que
nosotros desconocemos, sea nuestra ley de modestia y sobriedad aceptar su suprema
autoridad en lo que respecta a su voluntad como nuestra única regla de justicia, y la causa
más perfecta de todas las cosas,… esa Providencia dominante universal de la que no fluye
nada que no sea correcto, aunque se oculten las razones de ello. (Instituts, 1.17.2)

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Por qué cosas se ha enfadado mucho y luego ha descubierto que se equivocaba
al ver que no se cometía una injusticia contra usted? ¿Qué motivó su perspectiva
original sobre la situación? ¿Qué información posterior le ayudó a pensar de
forma diferente?
2. ¿Cuándo se ha enfadado con el Señor por sueños no cumplidos o por
expectativas incumplidas? ¿Cuál era su esperanza original que no se cumplió?
¿Por qué esa expectativa era tan significativa para usted en ese período de su
vida?
3. ¿Cuándo no ha expresado una ira justa —una indignación moral o un grito de
justicia— por un problema laboral, familiar, comunitario o eclesiástico, dándose
cuenta en retrospectiva de que debería haber hecho oír su voz? ¿Por qué a veces
es difícil expresar una ira justa cuando ha habido un error social, pero es fácil
expresar una ira injusta por molestias leves? ¿Qué verdades sobre Cristo
debemos adoptar para crecer en la expresión correcta de la ira?
4. Nombre una experiencia reciente en la que se haya alegrado de la gracia, la
misericordia o la paciencia del Señor hacia usted. ¿Por qué necesito esa gracia,
misericordia o paciencia? ¿Cómo se sintio con el Señor cuando tuvo esta
experiencia?
5. Casi todos los países soberanos tienen otra nación de personas que se identifican
como enemigos. Piense en un enemigo de su país. ¿Qué siente hacia la gente de
esa nación en su conjunto? ¿Qué opina de que un miembro de esa nación se
mude a su casa, se case con su hijo o se convierta en funcionario de su
municipio? ¿Qué le enseña Jonás sobre cómo debe ver la tolerancia hacia esas
naciones y pueblos como seguidor de Cristo?
6. ¿Cuál ha sido su respuesta a las personas de su congregación que han
experimentado una desesperación prolongada o incluso pensamientos suicidas?
¿Qué tipo de actos prácticos, fieles y compasivos podrían sacarlos de su
desesperación? ¿Qué actos de amigos cristianos han sido más útiles en sus
momentos de mayor desesperación?
7. Considere los siguientes versículos de Jonás: 1:17; 4:6–8. Estos versículos
revelan que el Señor “designó” un evento cuatro veces. ¿Qué atributos de Dios
revelan tales eventos? ¿En qué ámbitos del orden creado revela Dios estos
atributos en Jonás?
8. Considere de nuevo Jonás 4:6–8. ¿Es normal que el Señor designe
acontecimientos y causas del “mal” natural, como el lanzamiento del viento
violento (1:4), el viento abrasador y la devastación de la planta? ¿Cómo se deben
considerar los acontecimientos del mal natural dentro de la voluntad del
Creador? (Véase también Jb 5:9–10; 28:26; Is 45:7; 50:2; Nah 1:3–5; Mr 4:39–
41).
APÉNDICE 1: LA ESTRUCTURA DE LA ORACIÓN DE JONÁS
COMO SALMO DE ACCIÓN DE GRACIAS EN JONÁS 2

La oración de Jonás refleja el diseño literario de un Salmo de Acción de Gracias (Sal 18; 30;
32; 92; 118; 138). Bruckner escribe:
Este salmo contiene los elementos tradicionales de la alabanza narrativa de un individuo a
Dios por la liberación… Este tipo de acción de gracias iba acompañado de un sacrificio (una
ofrenda de agradecimiento, un tipo de ofrenda de paz) a Jehová que se esperaba cuando
alguien era rescatado de la muerte… Los salmos narrativos de todah suelen contener los
siguientes elementos: (1) una introducción, que incluye una invitación a alabar a Jehová y
un resumen del tema; (2) un llamado a la congregación para que alabe a Jehová; (3) un
relato narrativo, que incluye la crisis en retrospectiva y el rescate, utilizando a menudo
“grité”, “oíste” e “interveniste”; y (4) un voto de alabanza. (Jonah, 78; véase también Allen,
Joel, 215)

Los arreglos visuales de estos apéndices pueden servir de apoyo para ayudar al público
a comprender el significado y la importancia de Jonás 2. El lector hará bien en tener en
cuenta que todo el registro de Jonás 2, así como el de todo el libro, se hizo fuera del pez
después de que Jonás fuera liberado. Las imágenes de un fuego como el de Pinocho en el
interior del pez en el que Jonás pudo grabar sus pensamientos deben desvincularse de este
capítulo y del análisis.
Jonás 2 reestructurado como salmo de
acción de gracias

8 Los que veneran las vanidades ilusorias[a]


abandonan su lealtad.
9 Pero yo te ofreceré sacrificio
con voz de alabanza.
Lo que prometí haciendo votos
lo cumpliré.
9b ¡La salvación pertenece al SEÑOR!”
2 Y dijo: “Desde mi angustia invoqué al SEÑOR y
él me respondió.
Clamé desde el vientre del Seol
y tú escuchaste mi voz.

Estructura del Salmo de Acción de Gracias 3 Me arrojaste a lo profundo,


Introducción y voto de alabanza (8–9a) en el corazón de los mares
Invitación a alabar a Jehová (9b) y me rodeó la corriente:
Relato narrativo (2–7) Todas tus ondas y tus olas
Voto de alabanza (9a) han pasado sobre mí.
4 Yo dije: Expulsado soy
de delante de tus ojos;
pero aún he de ver tu santo templo.
5 Las aguas me han envuelto
hasta la garganta;
me rodeó el abismo.
Las algas se enredaron en mi cabeza.
6 Descendí a la base de las montañas. La tierra
echó sus cerrojos
tras de mí para siempre.
Pero tú hiciste subir mi vida
de la fosa, ¡oh SEÑOR Dios mío!
7 Cuando mi alma desfallecía dentro de mí me
acordé del SEÑOR;
y mi oración llegó hasta ti,
a tu santo templo.
(El versículo 9a repite un voto de alabanza,
posiblemente como estribillo).
(RVA)
APÉNDICE 2: LA ESTRUCTURA DE LA ORACIÓN DE JONÁS
COMO RECUERDO DE SU PRUEBA
La estructura de la oración de Jonás no es secuencial. Este esquema ayuda a discernir la
secuencia y la ubicación de las oraciones.
1 Y desde el vientre del pez oró Jonás al SEÑOR
su Dios.
2 Y dijo: “Desde mi angustia invoqué al SEÑOR y
él me respondió.
Clamé desde el vientre del Seol
y tú escuchaste mi voz.

Introducción al Salmo de Acción de Gracias: La 3 Me arrojaste a lo profundo,


oración de Jonás en el pez (2:1) en el corazón de los mares
Resumen-introducción del Salmo de Acción de y me rodeó la corriente:
Gracias desde el interior del pez con elTodas tus ondas y tus olas
reconocimiento de que el Señor escuchó suhan pasado sobre mí.
oración en las aguas (2–4a) Contenido parcial de4 Yo dije: Expulsado soy
los pensamientos de Jonás para orar hacia Diosde delante de tus ojos;
en el agua: confía en que el Señor le escuche enpero aún he de ver tu santo templo.
el templo (4)

5 Las aguas me han envuelto


hasta la garganta;
me rodeó el abismo.
Las algas se enredaron en mi cabeza.
6 Descendí a la base de las montañas. La tierra
echó sus cerrojos
tras de mí para siempre.
Pero tú hiciste subir mi vida
de la fosa, ¡oh SEÑOR Dios mío!

Resumen dentro del pez, continuado, de su7 Cuando mi alma desfallecía dentro de mí me
relato en el agua como base de su oración de acordé del SEÑOR;
agradecimiento, incluyendo su relato de suy mi oración llegó hasta ti,
recuerdo del Señor mientras estaba en el agua y a tu santo templo.
la respuesta del Señor a Jonás desde el templo 9 Pero yo te ofreceré sacrificio
(5–7) con voz de alabanza.
Decisiones evangélicas dentro del pez basadasLo que prometí haciendo votos
en el agradecimiento: (1) proclamación de lalo cumpliré.¡La salvación pertenece al
unicidad del Señor en la salvación (2:8, 9b), (2)SEÑOR!
promesa de dar gracias (2:9), y (3) promesa de (RVA)
cumplir un voto de sacrificio con su acción de
gracias como expresión de agradecimiento (2:9)
APÉNDICE 3: ORACIÓN DE JONÁS REORDENADA
CRONOLÓGICAMENTE

Esta disposición de Jonás 2 refleja un orden propuesto para la oración de Jonás dentro del
pez.
1 Y desde el vientre del pez oró Jonás al SEÑOR su Dios.

2 Y dijo:
“Desde mi angustia invoqué al SEÑOR y él me respondió.
Clamé desde el vientre del Seol
y tú escuchaste mi voz.
7 (a) Cuando mi alma desfallecía dentro de mí me acordé del SEÑOR;

3 Me arrojaste a lo profundo,
en el corazón de los mares
y me rodeó la corriente:
Todas tus ondas y tus olas
han pasado sobre mí.
5 Las aguas me envolvieron hasta el cuello;
las profundidades acuáticas me sobrepasaron;
las algas se enredaron en mi cabeza.
6 (a) Descendí a la base de las montañas. La tierra echó sus cerrojos
tras de mí para siempre.
4 Yo dije: Expulsado soy
de delante de tus ojos;
pero aún he de ver tu santo templo.
(7b) y mi oración llegó hasta ti,
a tu santo templo.
(6b) Pero tú hiciste subir mi vida
de la fosa, ¡oh SEÑOR Dios mío!

8 Los que veneran las vanidades ilusorias


abandonan su lealtad.
9 Pero yo te ofreceré sacrificio
con voz de alabanza.
Lo que prometí haciendo votos
lo cumpliré.
¡La salvación pertenece al SEÑOR!”.
(RVA)
Miqueas
REBELIÓN EN EL REINO PRIMERA PARTE
MIQUEAS 1:1–16
Idea principal: Israel y Judá rechazaron el pacto del Rey al abrazar la idolatría y poner su fe
en las naciones paganas.
I. El ministerio de Miqueas
II. El mensaje de Miqueas
A. El pacto iniciado
B. La ruptura del pacto

Hay pocas cosas más destructivas en la vida que la rebeldía. Todos podemos identificarnos
con esta afirmación porque todos hemos sido rebeldes. La rebelión aparece en nuestras
vidas como un huésped no invitado, pero pronto se instala en nuestros corazones. En mi
caso, comenzó a aparecer en los primeros años de mi adolescencia —quizá a usted le
ocurrió lo mismo—. Un día estaba feliz de hacer todo lo que mis padres me decían; al
siguiente, empecé a cuestionar cada decisión que tomaban. ¿Qué causó este cambio en mi
forma de pensar? La rebeldía. En pocas palabras, la rebelión es un desafío a la autoridad.
Comienza con la rebelión contra nuestros padres, maestros y entrenadores. Si no se
controla, se convierte en una rebelión contra los empleadores, las fuerzas del orden y el
gobierno. En última instancia, sin embargo, la rebelión es siempre contra Dios porque Dios
instituye todas las formas de autoridad.
Pasé tres años como oficial de policía en Chattanooga, Tennessee, antes de que Dios
dirigiera mis pasos hacia el ministerio de la iglesia local. Vi de primera mano los efectos
dañinos de la rebelión. Localicé a niños que se escapaban de casa para huir de la autoridad
de sus padres, y arresté a ciudadanos que se negaban a someterse a las leyes de la ciudad
de Chattanooga y del estado de Tennessee. En todos los casos, la rebelión era la causa
principal. Nadie iba a decirles a estas personas lo que tenían que hacer. Lamentablemente,
la rebelión es un enemigo constante para todos. Esto era ciertamente cierto para las
naciones de Israel y Judá cuando Miqueas comenzó su ministerio profético. De hecho,
Miqueas pasará los tres primeros capítulos de su libro demostrando cómo la rebelión había
corrompido al pueblo de Dios.

I. EL MINISTERIO DE MIQUEAS
En Miqueas 1:1 leemos estas palabras: “La palabra del Señor que vino a Miqueas el
Moresita: lo que vio respecto a Samaria y Jerusalén en los días de Jotam, Acaz y Ezequías,
reyes de Judá”. Este versículo nos proporciona cierta información importante sobre
Miqueas. Era un profeta de Moreset, una pequeña ciudad de la región sur de Judá. Al igual
que su contemporáneo Amós, que se describía a sí mismo como un “recogedor de higos”,
era un chico de campo. Miqueas y Amós eran la prueba viviente de que Dios llama a la gente
a servirle desde los orígenes más improbables. A Él siempre le importa más el corazón de
una persona que su herencia.
A pesar de sus raíces sureñas, Miqueas probablemente pasó más tiempo en la extensa
metrópolis de Jerusalén que en cualquier otro lugar. El nombre de Miqueas significa
“¿Quién es como Jehová?” y sus profecías responderán a esa pregunta.
Este versículo revela que Miqueas sirvió a Dios como profeta durante los reinados de
tres reyes de Judea. Las fechas de estos reyes proporcionan la cronología de su ministerio.
Jotam era el rey en el trono de Judá cuando Miqueas comenzó su ministerio. Reinó en Judá
del 749 al 733 a.C. Jotam era un rey que temía a Dios, como su padre Uzías antes que él. Sin
embargo, no sucumbió al orgullo que destruyó a su padre (2Cr 26:16–23). A pesar de la
obediencia personal de Jotam a Dios, el pueblo continuó con sus prácticas pecaminosas de
idolatría mientras él era rey.
Acaz, hijo de Jotam, fue el segundo rey bajo el que sirvió Miqueas. Reinó del 733 al 713
a.C. A diferencia de su padre, Acaz fue un rey malvado e idólatra. Erigió ídolos en Judá,
ofreció a sus hijos como sacrificios quemados a dioses paganos, ¡e incluso cerró el templo!
Sus acciones fueron un modelo de idolatría para el pueblo, que continuó siguiendo a su rey
en este camino de desobediencia. En consecuencia, Dios utilizó a los sirios, a la tribu del
norte de Israel y a los asirios para humillarlo y juzgar a la nación de Judá (2Cr 28).
Ezequías, hijo de Acaz, fue el tercer rey bajo el que sirvió Miqueas. Reinó del 713 al 684
a.C. Sorprendentemente, Ezequías rechazó la idolatría de su padre y abrazó la fe de su
abuelo Jotam. En el primer año que fue rey, reabrió el templo, restableció el culto a Jehová
y desafió al pueblo a derribar los lugares de idolatría en Judá, lo que hicieron (2Cr 29:1–
31:21). Ezequías estaba lejos de ser perfecto, pero amaba a Dios y procuraba obedecerlo, y
Dios lo bendijo por ello (2Cr 31:20–21).
Por último, vemos en este versículo que Miqueas profetizó tanto al reino del sur de Judá,
cuya capital era Jerusalén, como al reino del norte de Israel, cuya capital era Samaria. Al
observar este rango de fechas, una fecha en particular salta a nuestros pensamientos: 722
a.C. Como se recordará, fue entonces cuando el reino del norte de Israel fue derrotado por
la nación de Asiria. El colapso del reino del norte fue rápido y permanente; nunca se
restableció. Miqueas todavía estaba sirviendo a Dios como profeta cuando ocurrió este
evento. Por lo tanto, lo veremos dirigirse tanto a Israel como a Judá al escribir su libro.
Es interesante considerar la longitud de los diferentes libros proféticos. Otro de los
contemporáneos de Miqueas, Isaías, escribió un libro que tiene 66 capítulos. El libro de
Miqueas tiene solo siete. Esto parece extraño si tenemos en cuenta que fue profeta durante
más de 30 años. Su libro es uno de los Profetas Menores, aunque esta etiqueta no implica
que los mensajes de estos libros no sean importantes. Más bien, la designación se deriva
del hecho de que los libros de los Profetas Menores son mucho más cortos que los libros de
los Profetas Mayores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel). Como la mayoría de los otros
libros de los Profetas Menores, Miqueas simplemente proporciona la esencia del mensaje
que predicó a lo largo de su ministerio. Nos proporciona una comprensión muy clara de los
pecados del pueblo, el llamado de Dios al arrepentimiento y su promesa de juicio si
continúan desobedeciéndole. Aunque tenía su base en Jerusalén, estoy seguro de que
Miqueas viajó por toda la tierra proclamando el mensaje que Dios le había dado.
II. EL MENSAJE DE MIQUEAS
Al volver nuestra atención al capítulo 1, vemos en los versículos 2–4 que Miqueas no perdió
tiempo en llegar al corazón del problema. A la mayoría de los escritores les gusta utilizar
una introducción atractiva para atraer al lector a una conversación sobre el tema. No es el
caso de Miqueas. En lugar de comenzar con algunas sutilezas, Miqueas sorprende al lector
con sus palabras. Su significado es claro: Dios es testigo contra ti por tu pecado. Se está
preparando para dejar su sala del trono en el cielo para bajar a la tierra, y cuando llegue
aquí, no va a ser bonito. Miqueas utilizó un lenguaje apocalíptico en estos versículos. Por
definición, este tipo de lenguaje se reserva para los acontecimientos más devastadores. La
caída de Israel en el 722 a.C. y la posterior caída de Judá en el 586 a.C. cumplen este criterio.
Miqueas proporcionó la razón de este juicio inminente de Dios.
En primer lugar, el juicio de Dios venía como resultado de los pecados de Jacob (v. 5).
Primera de Reyes 11 nos enseña que Salomón se apartó de Dios en su vejez para adorar a
los ídolos. En consecuencia, todos los pecados idolátricos de Israel y Judá tienen su origen
en Salomón. Mientras que Dios libró a Salomón del juicio por causa de David, los hijos de
Salomón no fueron tan afortunados. Roboam, que se convirtió en el rey de Judá, siguio por
los caminos de Salomón. Fue un rey malvado que llevó al pueblo a convertirse en idólatra.
Y como fue responsable de la división del reino de Salomón en dos reinos separados, fue
indirectamente responsable de todos los pecados que ocurrieron en el reino del norte bajo
el rey Jeroboam. Estas raíces de la idolatría habían florecido durante la época de Miqueas,
y Dios se estaba preparando para traer el juicio contra Israel y Judá a causa de ello.
En segundo lugar, el juicio de Dios venía por los pecados de Israel (v. 5). Israel había sido
creado como resultado del orgullo pecaminoso de Roboam, pero ellos debían soportar las
consecuencias de su propia e incesante idolatría. Como se recuerda, Jeroboam llegó a crear
un sistema falso de adoración que incluía la adoración de dos becerros de oro situados en
Dan y Betel. Aunque afirmaba adorar a Jehová, su práctica religiosa idolátrica abandonaba
todos los aspectos de la auténtica adoración del pacto. Como resultado, el pueblo de Israel
mantuvo una práctica consistente de idolatría.
Tanto Judá como Israel se prostituyeron espiritualmente con dioses extranjeros en
desobediencia directa a la verdad revelada por Dios a través de la ley (vv. 6–7).

A. El pacto iniciado
Al estudiar el capítulo 1, encontramos la primera de las tres formas específicas en que Judá
e Israel habían rechazado a Dios como su Rey: habían rechazado el pacto del Rey. Sin
embargo, debemos entender el concepto básico de pacto para comprender plenamente
cómo Israel y Judá lo habían rechazado. Un pacto, en sus términos más simples, es un
acuerdo vinculante entre dos grupos o individuos. Hoy en día es más probable que
utilicemos el término contrato. Cuando se financia un coche, por ejemplo, se firma un
contrato con un banco. En esencia, el contrato define las responsabilidades de ambas
partes. El banco proporciona el dinero y los plazos necesarios para devolverlo. El comprador
es responsable de pagar al banco el dinero que debe por el coche, más los intereses. Este
contrato es totalmente vinculante. El banco no puede cambiar sus condiciones a mitad del
plazo del préstamo. Del mismo modo, el comprador debe realizar los pagos requeridos
durante toda la vida del préstamo. Si el comprador no paga lo que debe, el banco embargará
el coche para intentar recuperar parte de su dinero.
Dios había iniciado un pacto con Israel en el Sinaí, e Israel había aceptado entrar en el
pacto bajo los términos de Dios. Como parte de este pacto, tanto Dios como Israel tenían
obligaciones específicas. Por su parte, Dios le prometió a Israel que le cubriría sus
necesidades físicas y espirituales y lo protegería de sus enemigos. Este era un gran
compromiso de Dios. Se responsabilizaba del bienestar de su pueblo a todos los niveles.
Prometía darles tierras, casas, granjas, ciudades y toda forma de provisión financiera, así
como proteger todos esos bienes para su pueblo. Por su parte, el pueblo prometía obedecer
a Dios y ser leal solo a Él. La raíz de este pacto de lealtad y obediencia se encuentra en los
Diez Mandamientos. Los primeros cuatro mandamientos revelan los requisitos de la lealtad:
adorar solo a Dios, no hacer ídolos, no profanar el nombre de Dios con palabras ociosas y
honrar el día sagrado de Dios centrándose en Él. Lamentablemente, a lo largo de la mayor
parte de su historia, Israel y Judá habían violado todos los aspectos de su pacto de lealtad.
Los últimos seis mandamientos revelan los requisitos de la obediencia: honrar a tus padres,
honrar la vida, honrar el matrimonio, honrar la integridad, honrar la verdad y honrar al
prójimo. Estos son los bloques de construcción de una sociedad piadosa. Dios exigía la
obediencia a su ley porque aseguraría la lealtad del pueblo a Él y crearía una cultura de
relaciones interpersonales que reflejara su carácter. Sin embargo, tanto Israel como Judá
violaron todos los aspectos de su pacto de obediencia.
Antes de ser demasiado duros con el pueblo de Dios, deberíamos detenernos a
considerar que somos propensos a los mismos desafíos en nuestro propio viaje espiritual.
Aunque ya no estamos sujetos al pacto del Antiguo Testamento, los principios de la Palabra
de Dios siguen siendo vinculantes en nuestras vidas. Por ejemplo, los Diez Mandamientos
siguen proporcionando una verdad espiritual fundamental para nuestras vidas, y cuando
los leemos debemos hacer un inventario personal. ¿Vivimos como residentes leales del
reino? ¿Está Dios solo sentado en el trono de nuestros corazones, o hemos creado algunos
ídolos para competir con nuestra lealtad a Él? ¿Estamos siguiendo a Dios con todo nuestro
corazón, o está Él compartiendo el tiempo con nuestras propias agendas personales?
Debemos hacer el mismo tipo de preguntas sobre nuestra obediencia. ¿Hasta qué punto
nuestras relaciones interpersonales honran a Dios? ¿Honramos a nuestros padres?
¿Acogemos la verdad? ¿Vivimos con un espíritu de satisfacción? No tardamos en darnos
cuenta de que luchamos con los mismos tipos de pecados que la gente que vivía en Israel y
Judá. Vivir para la gloria de Dios a través de la lealtad y la obediencia es una tarea desafiante
en cualquier época. Afortunadamente, Jesús nos proporcionó el modelo para realizar esta
tarea (Mt 5–7).
Jesús se encontró con un fariseo casi al final de su ministerio (Mt 22:34–40). La
conversación fue así:
“Maestro, ¿qué mandamiento de la ley es el más importante?”
Le dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
Este es el mandamiento más grande e importante. El segundo es similar: Ama a tu prójimo
como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas dependen de estos dos mandatos”.
En este breve diálogo, Jesús identificó los dos requisitos clave para honrar el pacto. El
requisito de la lealtad al pacto es amar a Dios. Aquí, Jesús afirmó la enseñanza central de
Deuteronomio 6:4–5. Este texto clásico del Antiguo Testamento enseña que Jehová es un
solo Dios, a diferencia de los panteones de dioses adoptados por las religiones paganas. El
pueblo de Israel debía tener un enfoque singular en su Dios, amándolo con todo su corazón,
alma y mente. El segundo ingrediente es el amor al prójimo. Aquí Jesús escogió Levítico
19:18 y proporcionó el requisito para la obediencia del pacto: Ama a tu prójimo como a ti
mismo. A continuación, Jesús hizo una afirmación asombrosa: “Toda la Ley y los Profetas
dependen de estos dos mandamientos”. En otras palabras, estos dos mandamientos son el
fundamento sobre el que se basa todo el pacto. Como señalamos anteriormente, los Diez
Mandamientos también siguen este concepto, los cuatro primeros enfatizan el amor a Dios
y los seis últimos el amor al prójimo. En última instancia, pues, el fracaso de Israel y Judá en
el cumplimiento de su parte del pacto fue el resultado de no haber amado a Dios y al
prójimo con un abandono desinteresado.

Mientras examinamos este concepto con más detalle, quiero que considere el siguiente
cuadro. Se ampliará en el próximo capítulo.
Esta tabla demuestra la forma en que Dios quería que su pueblo se relacionara con Él y
entre sí. Como puede ver, el “Amor” ha sido listado como la fuente de la lealtad del pacto
porque Jesús dijo que el amor es el motivo detrás de cada acto de lealtad y obediencia a
Dios (por ahora, enfóquese en el lado derecho de esta tabla). La lealtad requiere dos cosas
distintas: obediencia a la ley de Dios y entrega a su propósito. En respuesta a su lealtad,
Dios los bendeciría, proveyendo libertad de sus enemigos y provisión para sus vidas.

B. La ruptura del pacto


Sin embargo, mientras Miqueas continuó enseñando en el capítulo 1, vemos que Israel violó
el pacto repetidamente al desobedecer a Dios en dos áreas. En primer lugar, abrazaron la
idolatría, que violaba las primeras cuatro leyes de los Diez Mandamientos. En los versículos
5–7, Miqueas presentó una severa acusación contra la idolatría desenfrenada tanto en
Israel como en Judá.
Miqueas también identificó un segundo problema de maldad en este capítulo. Israel y
Judá habían abandonado su lealtad a Dios a través de la idolatría, por lo que era fácil para
ellos dar el siguiente paso y mirar a las naciones paganas en busca de protección y provisión.
En los versículos 13–14 ofrece una explicación críptica de esto. Miqueas hizo referencia a
dos ciudades históricas que tenían un gran significado para Israel y Judá. Las ciudades de
Laquis y Moreshet-gat estaban situadas en la carretera principal entre Jerusalén y la ciudad
costera mediterránea de Gaza. Estratégicamente situadas a mitad de camino entre las dos
ciudades prominentes, Laquis y Moreshet-gat eran ciudades amorreas que Israel había
derrotado y capturado bajo Josué (Jos 10). La tierra fue entregada a la tribu de Judá y
continuó siendo parte del reino del sur durante la época de Miqueas. Roboam, cuyo orgullo
llevó a la división de Israel en dos naciones distintas, reconstruyó y fortificó varias ciudades,
entre ellas Laquis y Moreshet-gat (2Cr 11:5–12). Roboam continuó con la idolatría de su
padre Salomón, y su influencia pecaminosa se extendió por todo Judá. Miqueas afirma aquí
que Laquis fue la primera ciudad que adoptó su práctica idolátrica, y que ésta se hizo
sistemática en todo el reino del sur.
Estas ciudades se convirtieron en estratégicas para Judá porque los enemigos se
acercaban a menudo desde el mar. En consecuencia, Laquis y Moréth-gat eran
fundamentales para la defensa de Jerusalén, la capital de Judá. Estaban situadas en un paso
de montaña: para atacar Jerusalén había que derrotar a Laquis. Esto es exactamente lo que
Senaquerib logró durante el reinado de Ezequías mientras Miqueas era profeta en Judá (2Cr
32). Y fue en Laquis donde Ezequías cometió uno de sus errores más críticos. En lugar de
permanecer fiel a Dios y depositar su confianza en Él, Ezequías envió emisarios a Laquis y
pidió la paz (2Re 18:13–15). Ezequías fracasó en este esfuerzo, y Senaquerib prometió sitiar
Jerusalén y destruir a Judá. Dios utilizó a Isaías, contemporáneo de Miqueas, para que
transmitiera el mensaje de esperanza a Ezequías (2Re 19:20–34), y Dios destruyó el ejército
de Senaquerib por él (2Re 19:35–37).
Para Miqueas, Laquis y Moreshet-gat representaban todo lo que estaba mal en Israel y
Judá. Eran ciudades que representaban el fracaso del pueblo en honrar su obligación del
pacto con Dios. Como resultado, el siguiente cuadro revela las condiciones que realmente
existían en Israel y Judá durante el ministerio de Miqueas:

Observe de nuevo el lado derecho de este gráfico. Como puede ver, Israel y Judá habían
sustituido el amor a Jehová, el único Dios verdadero de Israel, por el amor a los ídolos. El
pueblo de Israel descubrió que se volvió leal a las cosas que adoraba. Tal vez consideraron
que la obediencia a las leyes de Dios era demasiado opresiva, y por eso buscaron la promesa
de libertad que ofrecía la idolatría pagana: libertad para vivir como quisieran y para
encontrar placer en los ritos del culto a los ídolos. Pero simplemente estaban comprando el
mito de la serpiente en el Edén. La esclavitud, no la libertad, es siempre el resultado de la
elección de un estilo de vida pecaminoso. Así sucedió con Israel y Judá. Su amor por los
ídolos los llevó a ser leales a sus ídolos en lugar de a Dios, y el resultado fue la esclavitud.
Estaban atrapados en su pecado, y experimentaron una esclavitud literal cuando tanto
Israel como Judá fueron derrotados por potencias extranjeras.
Miqueas continuó el capítulo 1 enfatizando este juicio venidero de Dios. Él planeaba
bajar de su lugar alto para supervisar este juicio (vv. 2–7), y Miqueas solo podía llorar por
las inevitables consecuencias (vv. 8–9). Aunque el pueblo, los gobernantes y los sacerdotes
“esperan ansiosamente algo bueno, el desastre ha llegado de parte del SEÑOR a la puerta
de Jerusalén” (v. 12). Al final, jóvenes y ancianos serían llevados al exilio (v. 16).
Cuando leemos los Profetas, a menudo nos sorprende su tono. Parecen duros y bruscos
en sus enseñanzas y profecías. Hay una sencilla razón para ello: intentaban captar la
atención de un pueblo distraído. La gente que vivía en Israel y Judá había escuchado a los
profetas proclamando esta verdad durante años, y nunca había pasado nada. Entonces,
¿por qué los profetas no podían dejarlos en paz? Oh, claro, había alguna que otra guerra o
recesión, pero seguían en pie. Después de todo, los profetas congraciados con los reyes les
decían que estarían bien. Eran el pueblo de Dios, y Él nunca dejaría que les pasara nada
malo. ¡Tenían un pacto con Él!
Sinceramente, esta era la raíz de su problema. Las naciones de Israel y Judá estaban
seguras de su posición como hijos de Abraham. Es cierto que tenían diferentes identidades
nacionales, hasta su estilo de adoración, pero tenían la misma idea del significado del pacto.
A pesar de que habían abandonado totalmente su papel de lealtad y obediencia al pacto,
tenían una confianza absoluta en que Dios nunca rompería su promesa de protegerlos y
proveerlos, independientemente de cómo vivieran.
Con el tiempo comenzaron a confiar más en su identidad nacional que en Dios. Creían
que Dios los proveería y protegería porque eran hijos de Abraham, no porque fueran
obedientes y leales al pacto. Creían que podían vivir como quisieran, incluso como idólatras,
y que Dios los bendeciría. No debe sorprendernos que Israel y Judá cayeran en esta
mentalidad. Esta es la esclavitud que les llegó a través de la idolatría: una vez que ponemos
nuestra esperanza en alguien o en algo aparte de Dios, nos hacemos vulnerables a la
falsedad. En última instancia, el pueblo creyó la mentira de que su nacionalidad era
suficiente.
Hagamos una pausa aquí para permitirnos explorar cómo crece esta tentación en
nuestras propias vidas. Dios quiere que, como Israel, le amemos con todo nuestro corazón,
alma y mente. Cuando lo hagamos, elegiremos ser leales a Dios obedeciendo su palabra.
Dios nos bendecirá en libertad como resultado de estas elecciones. Sin embargo, al igual
que Israel, también somos propensos a erigir ídolos. Por lo general, no tenemos santuarios
en nuestras casas que contengan figuras de piedra o de madera, por lo que no pensamos
que seamos capaces de idolatría. En el mundo occidental, sin embargo, erigimos diferentes
tipos de ídolos. Nuestros ídolos son igual de reales, aunque tienen un aspecto diferente.
Algunos tienen forma de billetes de dólar, mientras que otros adoptan la forma de casas,
coches, ropa, deportes, medios de comunicación, aficiones, drogas, alcohol, sexo, fama o
carrera. Adoramos a Dios el domingo, y luego nos retiramos rápidamente a los templos de
nuestros “otros” dioses. Pronto nos volvemos más leales a ellos que a Dios mismo, y en
poco tiempo nuestros ídolos nos han atrapado en la esclavitud. Todo el tiempo nos
convencemos de que Dios está bien con la existencia de estos ídolos en nuestras vidas, y
que Él continuará bendiciéndonos a pesar de todo. Después de todo, ¿no es Él un Dios de
amor y gracia? ¿No ha prometido bendecirnos?
Israel y Judá estaban en problemas durante el ministerio de Miqueas precisamente por
estas razones. Su esperanza estaba en su identidad nacional como hijos de Abraham, no en
su obediencia y lealtad a Dios a través del pacto. Esperaban que sus reyes y sus ejércitos los
protegieran, y confiaban en sus propias labores para su provisión personal. El tiempo reveló
que ninguna de estas cosas fue suficiente para frenar la disciplina de Dios sobre sus naciones
o sus vidas. Incluso hoy, los cristianos, independientemente de su identidad nacional,
pueden ser culpables de esta misma esperanza equivocada. Nuestra esperanza como
seguidores de Cristo nunca debe residir en nuestras naciones, nuestros militares o nuestros
líderes políticos. Solo hay una persona que ofrece esperanza para el mundo, ¡y su nombre
es Jesús! Jesús es el Mesías prometido de Israel (Miqueas 5:2), y es el Salvador de la iglesia.
Solo Él proporciona la esperanza de salvación y significado para cada persona en la tierra, y
solo Él es digno de nuestra obediencia y lealtad. Cuando le seguimos con todo nuestro
corazón, somos receptores de su favor, y solo en Jesucristo encontramos esperanza.
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Explore el desarrollo de la idolatría en Israel:
• Mandamientos: Éxodo 20:1–11, especialmente vv. 3–4; Levítico 26:1
• Becerro de oro: Éxodo 32:1–35
• La rebelión de Coré: Números 16:1–35
• El pecado de Israel: Jueces 2:1–5, 11–15
• El pecado de Dan: Jueces 17–18
• El pecado de Salomón:1 Reyes 11
2. Comenzando con Israel en el desierto, intente identificar la forma única de
idolatría en cada pasaje (personal, tribal, nacional).
3. ¿Cómo y por qué se extendió la idolatría en Israel?
4. ¿Cuál fue el resultado final de la idolatría en Israel y Judá?
5. ¿Qué advertencias nos ofrecen estos relatos?
6. En Deuteronomio 6:5 Dios dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con
toda tu alma y con todas tus fuerzas”. El amor de Israel por Dios fue sustituido
por el amor a los ídolos. Esta es la acusación que Miqueas lanzó contra Israel y
Judá en el capítulo 1. Israel y Judá rompieron su compromiso de pacto con Dios
mediante la idolatría y la deslealtad. Nosotros estamos tentados a erigir ídolos
en nuestros propios corazones. ¿Cuál de los cuadros siguientes define mejor tu
vida actual?

7. ¿De qué manera la lealtad a Dios conduce a la libertad en nuestras vidas? Piense
en un acontecimiento de su vida en el que haya comprobado que esto es cierto.
8. ¿De qué manera la lealtad a los ídolos conduce a la esclavitud en nuestras vidas?
Piense en un acontecimiento de su vida en el que haya comprobado que esto es
cierto.
9. Enumere algunos ídolos específicos que se sienta tentado a erigir en su propia
vida.
10. Israel intentó adorar a Dios y también a los ídolos paganos. ¿Es posible amar a
Dios y a un ídolo al mismo tiempo? ¿Qué diría Dios basándose en lo que dijo a
Israel y en lo que Jesús dijo a sus seguidores (Mt 6:24)?
REBELIÓN EN EL REINO SEGUNDA PARTE
MIQUEAS 2:1–13
Idea principal: Israel y Judá rechazaron los mandatos del Rey y en su lugar eligieron el
engaño, la codicia, el robo y la mentira.
I. Su amor sustituido por el deber
II. Su obediencia sustituida por el rechazo
A. Eligieron el engaño en lugar de la verdad
B. Eligieron la codicia en lugar de la satisfacción
C. Eligieron robar en lugar de ganar
D. Eligieron la mentira en lugar de la honestidad
III. La paciencia de Dios sustituida por la disciplina
IV. Su amor sustituido por el autoservicio
V. La bendición de Dios sustituida por el desastre

La rebelión siempre se dirige contra las figuras de autoridad. En casi todos los casos, la
gente se rebela en respuesta a una orden. Obviamente, no tengo nada contra lo que
rebelarme hasta que alguien me da una orden. Sin embargo, cuando recibo una orden, me
enfrento a una elección: puedo someterme y obedecer, o puedo rebelarme y desobedecer.
En última instancia, mi decisión se basará en mi percepción de la pretensión de verdad que
hay detrás de la orden.
Hace poco visité el Gran Cañón. Cuando estuve allí, vi varios carteles que me advertían
que me mantuviera alejado del borde del cañón. Estos carteles me sirvieron de mandato:
“¡No te acerques al borde!”. Acepté la verdad de esta orden por varias razones: (a) no había
barandillas; (b) soplaba un fuerte viento; (c) había rocas sueltas cerca del borde; (d) el suelo
del cañón estaba al menos 457.2 metros por debajo del borde. Por lo tanto, era una orden
fácil de obedecer para mí. Aparentemente no es una orden tan fácil de seguir para otros.
Todos los años hay personas que caen al vacío desde los acantilados del Gran Cañón.
Esas personas rechazan las afirmaciones de la verdad que hay detrás de los mandatos y
optan por rebelarse contra ellos. En última instancia, sin embargo, la rebelión contra la
afirmación de la verdad de alguien con autoridad es la causa principal.
Hoy vivimos en una cultura que se rebela contra la verdad de Dios en proporciones
épicas. Como cristianos, ¿cómo debemos responder a esto? Esta es una pregunta
importante que debemos hacernos en este mundo loco, y es la pregunta que Miqueas le
hacía al pueblo de Israel y Judá en el siglo VII antes de Cristo. Está claro que la cultura puede
cambiar, pero el corazón humano sigue siendo el mismo en cada generación. En el capítulo
2 de Miqueas vamos a ver la respuesta del pueblo a esta pregunta.
I. SU AMOR SUSTITUIDO POR EL DEBER
En el capítulo anterior se nos recordó un acontecimiento de la vida de Jesús cuando los
fariseos se enfrentaron a él. En ese intercambio, Jesús dijo que el amor a Dios y al prójimo
era el fundamento sobre el que descansaban toda la Ley y los Profetas. Como resultado,
entendemos que lo necesario para que las personas permanezcan en una relación de pacto
con Dios es un auténtico amor a Dios y al prójimo. Sin embargo, el pueblo de Israel y Judá
había perdido de vista esta verdad. Y como la gente es propensa a hacerlo, reemplazaron el
amor con el deber como el motivo detrás de sus responsabilidades del pacto.
Deber es una palabra interesante. En su acepción más simple, el deber es una obligación
moral o legal. Cuando usamos la palabra deber, a menudo nos referimos a la necesidad de
seguir un curso de acción por un sentido de obligación más que por un deseo personal. No
soy de los que descartan el deber como un aspecto importante de la integridad personal.
No necesariamente disfrutamos haciendo todo lo que hay que hacer en nuestras vidas. Por
ejemplo, todo el mundo disfruta más de ciertos aspectos de su trabajo que de otros, pero
todas las tareas deben realizarse, aunque el motivo sea el deber. Lo mismo ocurre en el
matrimonio. Cuando entré en una relación matrimonial de pacto con mi esposa, me obligué
a ciertas responsabilidades. Aunque me esfuerzo por cumplirlas sobre la base del amor, al
final del día, el deber sigue exigiendo que las cumpla. Esta es la naturaleza de un pacto
matrimonial, o de cualquier pacto.
Israel y Judá descubrieron con el tiempo que el deber por sí solo es un motivo
insuficiente para la lealtad y la obediencia. El deber por sí solo no era lo suficientemente
fuerte como para mantenerlos conectados a Dios en el pacto. Después de un tiempo,
empezaron a cansarse de las exigencias que Dios les había impuesto como nación. Puedo
escuchar al pueblo de Judá ahora: “¿Puedes creer que tengo que volver a subir a Jerusalén
y dar otro sacrificio? ¿Cuántas veces tiene que hacer esto alguien? Y tengo que dar mi
MEJOR BECERRO! Mi vecino filisteo no tiene que hacer todo esto para adorar a su dios.
¡Caramba! Obedecer a Dios es un dolor”. No tardó mucho en desaparecer la lealtad al pacto
y la obediencia. Del mismo modo, el pueblo pronto descubrió que el deber por sí solo no es
una motivación lo suficientemente fuerte como para llevar una vida ética; solo el auténtico
amor a Dios y al prójimo puede proporcionar la motivación adecuada para llevar a cabo esta
tarea.
Eso es lo que entendió Jesús. El amor es lo único que puede motivarnos en todo
momento a hacer las cosas que Dios quiere hacer. Observe de nuevo el siguiente diagrama:
Este es el paradigma que Dios nos ha dado para amar a Dios y al prójimo. El amor es el
motivo. En el lado derecho de la tabla, como vimos en el capítulo 1, el deseo de Dios es que
lo amemos con todo nuestro corazón, lo que nos hará ser leales y obedientes a su voluntad,
lo que a su vez conduce a la libertad en nuestras vidas. La libertad, no la esclavitud, es el
resultado de caminar en obediencia a los mandatos de Dios. Es un mecanismo de protección
que nos posiciona para tener el favor de Dios en nuestras vidas.
El lado izquierdo del diagrama representa la segunda cosa que Jesús mencionó: el amor
al prójimo. Cuando amamos a nuestro prójimo de una manera que agrada a Dios, el
resultado será el afecto y la hospitalidad. Cuando tenemos afecto por nuestro prójimo, nos
preocupamos por ellos y por lo que sucede en sus vidas: sus luchas, sus éxitos y sus fracasos.
Esto es afecto. El amor es lo que produce la capacidad y el deseo de preocuparse por el
prójimo. Cuando practicamos la hospitalidad, estamos demostrando que nos preocupamos
por nuestro prójimo. En el mundo actual, prácticamente hablando, hemos limitado el
significado de la palabra hospitalidad para referirse al acto de invitar a alguien a nuestra
casa. La verdad es que, incluso usando esta definición, puede que haya pasado mucho
tiempo desde que recibimos a alguien en nuestras casas y practicamos la hospitalidad, a
menos que seamos miembros de un grupo pequeño. Lamentablemente, muchos de
nosotros hemos dejado de preocuparnos por los demás.
Pero la verdadera hospitalidad es mucho más que invitar a alguien a nuestra casa. La
hospitalidad es cualquier acción que realizamos en favor de otra persona para cuidarla de
alguna manera. Puede ser proporcionar comida, ropa, refugio o alguna otra necesidad
tangible. También podemos atender a las personas emocional y espiritualmente. De hecho,
demostramos que nos preocupamos por nuestro prójimo y nos ocupamos de él cada vez
que utilizamos nuestros dones en el ministerio a través de la iglesia, siempre que nos motive
el amor y no solo el deber.
Recuerde, Jesús dijo que solo el amor proporcionará la motivación a largo plazo para
cuidar y atender a nuestro prójimo.

II. SU OBEDIENCIA SUSTITUIDA POR EL RECHAZO


Cuando volvemos nuestra atención a Miqueas 2, encontramos que la cultura había
cambiado en Israel y Judá. El modelo de Dios, como acabo de explicar, no estaba siendo
utilizado en ninguna de las dos naciones. Como resultado, Dios estaba a punto de juzgar a
Israel y a Judá. En Miqueas 1, Miqueas demostró que el pueblo había rechazado el pacto de
Dios. En el capítulo 2 demostrará que han rechazado los mandatos de Dios. Esto tiene
mucho sentido cuando se piensa en ello. Si rechazamos los primeros cuatro mandamientos
y sustituimos a Dios por ídolos, entonces los otros seis mandamientos, que definen cómo
cuidamos de nuestro prójimo, se vuelven innecesarios. En la cultura de Israel y Judá, los
mandamientos de Dios se habían convertido en algo secundario.

A. Eligieron el engaño en lugar de la verdad


Lo primero que hay que notar sobre el pueblo es la condición de sus corazones: eran
engañosos (v. 1). El pueblo había cedido al engaño. Si no permito que Dios moldee mi
corazón, “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, Incurable, ¿quién lo conocerá?”.
(Jer 17:9, BTX). Somos capaces de todo tipo de pecado a menos que permitamos que Dios
actúe en nuestras vidas.
Los líderes de Israel y Judá —los líderes políticos, los líderes religiosos y los líderes
empresariales— no estaban modelando el amor a Dios y al prójimo. Más bien, pasaban el
tiempo tratando de averiguar a quién podrían explotar después. Miqueas los imaginó
acostados en sus camas preguntando: “¿A quién puedo robar hoy?”. ¿Por qué podían hacer
esto? Porque “el poder está en sus manos” (Mi 2:1). Se trataba de personas influyentes que
tenían medios y oportunidades para llevar a cabo sus malvados planes. Los líderes estaban
guiando al pueblo lejos de Dios y de sus propósitos. No les frenaba ni el temor a Dios ni la
consideración de la justicia. Habían abandonado el amor al prójimo. Nosotros mismos
vivimos en una cultura en la que nos enfrentamos a los mismos desafíos. Miramos a
nuestros líderes, que deberían inspirarnos a la bondad, la justicia y la verdad, pero parece
que solo se preocupan por ellos mismos. En lugar de preocuparse por las necesidades de la
gente, se centran en sus propias circunstancias y su éxito. Tal es la tentación y el peligro de
un corazón que rechaza los mandatos de Dios.

B. Eligieron la codicia en lugar de la satisfacción


Esta práctica de planear el mal había creado otras numerosas formas de desobedecer a
Dios. Los líderes habían desarrollado corazones codiciosos. Aquí, en el versículo 2, vemos
que se viola el décimo mandamiento: “No codicies… nada que pertenezca a tu prójimo” (Éx
20:17). En 2:8 Miqueas escribió: “Pero últimamente mi pueblo se ha levantado como un
enemigo”. Dios estaba diciendo que su pueblo estaba actuando como sus enemigos porque
habían rechazado su pacto y sus mandatos. ¿Cómo estaban haciendo esto? Miqueas
continuó: “Despojas del espléndido manto a los que pasan confiados, como los que
regresan de la guerra”. Los extranjeros estaban viajando a través de Israel y Judá, y la gente
se estaba aprovechando de ellos. No se trataba de ejércitos extranjeros ni de grupos de
asalto; eran personas comunes y corrientes. Sin embargo, el pueblo de Dios buscaba la
manera de separarlos de sus posesiones. ¿Quién sabe cuán creativos se habían vuelto? Me
imagino a alguien deteniendo a un viajero frente a su casa con estas palabras: “Oye, ¿a
dónde crees que vas? No puedes viajar por esta carretera: es de peaje. Pero te dejaré pasar
si me das esa elegante chaqueta que llevas”. Los visitantes viajaban a menudo por la tierra
de Israel y Judá, y confiaban en el pueblo de Dios. Sin embargo, los líderes del pueblo
buscaban robarles porque codiciaban sus posesiones.

C. Eligieron robar en lugar de ganar


Está claro que el pueblo se había acomodado a robar. Esto es una violación del octavo
mandamiento, “No robarás” (Éx 20:15). Robar se había convertido en una forma de vida
para ellos, ya que se había abandonado el amor al prójimo. Según el versículo 9, los líderes
de Israel se habían vuelto descarados en su codicia y robo. Incluso estaban dispuestos a
obligar a las viudas a abandonar sus casas, robándoles la herencia a sus hijos. ¿Qué
profundidad de maldad es esta? Pero, de nuevo, una vez que el amor a Dios y al prójimo ha
sido desechado, cualquier otro mandamiento será abandonado también. Una cultura que
abraza el robo siempre puede justificar sus acciones. La gente dice a sus vecinos: “De todos
modos, tienes demasiado. Ni siquiera lo echarás de menos si te lo robo. Además, ¿por qué
deberías tener tú algo que yo no tengo?”. Tristemente, esto se había convertido en el
proceso de pensamiento en Israel y Judá. Ahora, yo esperaría esto si Miqueas estuviera
hablando de los filisteos, moabitas, amonitas, o cualquier otro grupo de personas no
regeneradas mencionadas en el Antiguo Testamento. Pero Miqueas no les estaba
escribiendo a ellos; les estaba escribiendo a los judíos, gente que tiene el pacto y la ley y
que sabe más.

D. Eligieron la mentira en lugar de la honestidad


Miqueas continuó revelando la profundidad de su pecado en 2:11. El pueblo se había
contentado con mentir, violando el noveno mandamiento: “No des falso testimonio contra
tu prójimo” (Éx 20:16). Los mentirosos los guiaban, y por eso el pueblo seguía su ejemplo.
Miqueas dijo que incluso los líderes religiosos eran mentirosos. Se contentaban con
compartir un mensaje que era simplemente una mentira. Estoy seguro de que sonaban
como muchos de los falsos maestros de nuestros días: “Lo estás haciendo bien no tienes
que preocuparte por cómo vives. Solo sé positivo, piensa en cosas felices, ¡y todo irá bien
en tu vida! Imagina cómo quieres que sea tu vida, y luego dilo por fe. No tienes que
preocuparte por el pecado. No existen las consecuencias. ¡Dios te ama! Él es bondadoso.
Todo saldrá bien al final”. Tales son las mentiras de todos los falsos profetas, tanto en la
época de Miqueas como en la nuestra. Una dieta constante de estas mentiras hizo que la
gente se convirtiera fácilmente en expertos mentirosos. Ahora era parte de su ADN
religioso. El pueblo de Dios había abrazado el engaño, la codicia, el robo y la mentira, y estos
pecados definían ahora su vida y su cultura.
Sin embargo, en el centro de todos estos pecados había una decisión fatídica: habían
rechazado la verdad de Dios. Dios les había dicho lo que requería. Los había llamado a ser
leales y obedientes, pero ellos se habían negado y rebelado. No se puede amar al prójimo
y tratarlo con engaño; no se puede amar al prójimo y codiciar y robar sus posesiones; no se
puede amar al prójimo y mentirle, mientras se convence de que todo está bien simplemente
porque la cultura lo dice.
Como puede imaginar, la gente odiaba el mensaje de Miqueas. Francamente, querían
que se quedara callado: “ ‘Ustedes ordenan a los profetas que no profeticen, y dicen que
no tendrán de qué avergonzarse’ ” (2:6, RVC). Casi puedo oír a la gente despotricar contra
Miqueas: “¡Ya está bien de predicar con mano dura! Todo está bien; al menos, eso es lo que
dicen todos los demás profetas. Somos los hijos de Abraham, vamos a estar bien. Ya basta”.
No eran fans de Miqueas.

III. LA PACIENCIA DE DIOS SUSTITUIDA POR LA DISCIPLINA


En Miqueas 2:7 vemos la respuesta de Dios. Dios apenas puede creer lo que está
escuchando. Mientras el pueblo vivía en la negación, creyendo que todo estaría bien debido
a su identidad nacional, el juicio estaba a la vuelta de la esquina. Dios había sido más que
paciente con su pueblo, instándolo a través de los profetas a arrepentirse de su pecado y a
renovar su lealtad y obediencia al pacto. Sin embargo, seguían sin cesar en su pecado.
Finalmente, Dios hizo una pregunta sorprendente: “¿No hacen bien mis palabras al que
camina rectamente?”. Dios le estaba recordando a su pueblo que la bendición del pacto
resulta de la lealtad y la obediencia del pacto. Dios dijo: “Mi palabra es un regalo para ti, y
la estás rechazando. Es la clave de mi favor y bendición en sus vidas”. Esta es la importante
verdad que Dios quería que entendieran: Su palabra siempre trae el bien al corazón y a la
vida de quien la recibe. Lamentablemente, su pueblo la ignoraba en el mejor de los casos,
o la rechazaba en el peor.
Lo mismo ocurre con nosotros hoy en día. El problema nunca es con la Palabra de Dios.
La Biblia siempre cumple con el trabajo ordenado por Dios. El problema está siempre en
nuestros propios corazones. Si no amamos la Palabra de Dios, es porque no amamos a Dios.
Este texto debería condenarnos y hacernos reflexionar cuando pensamos en nuestros
propios corazones y en nuestra propensión a ser engañosos y codiciosos, propensos a robar
y a mentir. Al igual que Israel y Judá, vivimos en una cultura que afirma tácitamente todas
estas actividades. Si no tenemos cuidado, podemos dejarnos arrastrar por las sutiles
mentiras de la cultura. Como la hoja que serpentea lentamente río abajo, podemos ser
arrastrados lentamente hasta que un día nos despertamos y nos encontramos río abajo,
con el mismo aspecto que la cultura que nos rodea. Y Dios, que es nuestro Padre, debe
ahora disciplinarnos porque no estamos permitiendo que Su Palabra moldee nuestras vidas.
Como pastor, soy tan susceptible a esto como cualquiera en el reino de Dios. Reconozco
que este es un mensaje difícil de escuchar. Entiendo la atracción de los predicadores que te
dicen que puedes nombrar y reclamar tu camino hacia el éxito y la prosperidad, pero eso
no te va a ayudar a largo plazo. La verdad de Dios nos ayuda, y está en desacuerdo con una
cultura como la de Miqueas y la nuestra.

IV. SU AMOR SUSTITUIDO POR EL AUTOSERVICIO


Anteriormente en este capítulo vimos el paradigma que Dios creó para su pueblo.
Representaba Su voluntad para ellos cuando lo amaban con todo su corazón y amaban a su
prójimo como a sí mismos. El siguiente cuadro demuestra lo que el pueblo eligió en su lugar.
En el lado derecho del gráfico, vemos lo que ocurrió cuando el pueblo sustituyó a Dios
por ídolos, les juró lealtad y se encontró en la esclavitud. Cuando lo miramos, recordamos
que si elegimos este enfoque de la vida, experimentaremos el mismo resultado. Sí, Dios está
dispuesto a perdonarnos si confesamos nuestros pecados, pero no somos libres de
determinar las consecuencias que los acompañarán.
El lado izquierdo del gráfico revela las decisiones que tomaron con respecto al amor al
prójimo. Se habían convertido en una cultura totalmente ensimismada. Suena como
nuestra propia cultura, ¿verdad? Todo giraba en torno a su felicidad y éxito. Todos los que
los rodeaban eran solo un accesorio en sus propios dramas personales, que existían
únicamente para mejorar sus vidas. En lugar de amar a sus vecinos con afecto y
hospitalidad, el pueblo de Israel y Judá eligió amarse a sí mismo. Al hacerlo, descubrieron
una sencilla verdad: cuando nos amamos a nosotros mismos, nos centramos en dos cosas
muy egoístas.
En primer lugar, nos preocupamos por nuestra autopreservación. Usted se preocupará
por si mismo y por lo que tiene que hacer para que su mundo sea como usted quiere. Si
tiene que codiciar para conseguir lo que quiere, que así sea. Si tiene que robar lo que quiere,
también está bien. ¿Recuerda a Bernie Madoff, el ex presidente no ejecutivo de NASDAQ?
Dirigió un esquema Ponzi que, según algunos, es el mayor de su clase en la historia. Estafó
a miles de personas, miles de millones de dólares. ¿Cómo ocurre eso? Sucede cuando no
hay amor por el prójimo y el propósito principal de la vida se convierte en la auto-
preservación. Si uno debe codiciar, robar y mentir para preservar el tipo de vida que quiere,
entonces así tiene que ser. Madoff quería ser multimillonario, poseer propiedades
increíbles, viajar a lugares exóticos y desenvolverse en los círculos de la élite. Estoy seguro
de que pensó: “¿Cuál es el problema? Tengo un estilo de vida que mantener. Supéralo y
deja de ser tan crítico”. Su condena a 150 años de cárcel evidencia la insensatez de sus
decisiones.
En segundo lugar, el subproducto de la autopreservación es el autoservicio. Si no se
controla, el yo dominará totalmente su vida. Esa era la condición tanto de Israel como de
Judá cuando Miqueas predicó estos sermones.
Es fácil ver por qué no les gustaron. Si usted abraza el amor propio por encima del amor
al prójimo, comenzará a tomar cada decisión en base a su valor personal. ¿Cómo beneficiará
esta decisión a su vida? ¿Cómo le hará más exitoso? ¿Cómo puede hacer su vida más
agradable? Como resultado, evitará cualquier tipo de actividad que sea inconveniente o
impida su propia agenda personal.

V. LA BENDICIÓN DE DIOS SUSTITUIDA POR EL DESASTRE


Debido a que el pueblo había adoptado un estilo de vida de autoconservación y
autoservicio, Dios se estaba preparando para tomar medidas drásticas contra ellos (2:3–5).
La palabra clave aquí es “desastre”. Ya hemos visto esa palabra en 1:12. La palabra hebrea
puede significar “malo”, “malvado” o “perverso”, pero se entiende la idea. Dios no estaba
hablando de un parpadeo en la pantalla del radar de sus vidas; estaba hablando de la
destrucción épica de sus naciones. Se estaba preparando para poner un yugo en el cuello
de su pueblo, y era un yugo que el pueblo no podría quitar. Dios dijo: “Mi disciplina va a ser
tan severa que no solo los voy a sacar de la tierra, sino que voy a entregar su tierra a los
extranjeros”. Dios había estado llamando al pueblo a volver a Él durante años, pero había
llegado el momento del juicio. Sin embargo, el pueblo seguía ignorándolo. Estaban tan
enamorados de la cultura que los rodeaba, que ya no podían escuchar la voz de Dios. Así
que simplemente dijeron: “…no profeticen…no tendrán de qué avergonzarse” (2:6).
Cuando leo esto, no puedo evitar recordar los propósitos de Dios para nuestras vidas.
Dios nos salvó para vivir para su gloria, no para sucumbir a la filosofía de nuestra cultura
secular. Dios quiere que le amemos a Él, no a los ídolos que somos tan propensos a erigir
en nuestros corazones. Quiere que amemos a nuestro prójimo, no que nos consuman
pensamientos de autoconservación y autoservicio. Dios nos salvó para liberarnos de esas
cosas. Quiere que nos preocupemos por las personas que encontramos en nuestra vida:
nuestra familia, amigos, conocidos e incluso desconocidos. Y porque nos preocupamos por
ellos, nos ocuparemos de ellos, buscando oportunidades para mostrar el amor de Dios
satisfaciendo sus necesidades.
Cuando Dios nos habla de cosas que quiere cambiar en nuestras vidas, tenemos dos
opciones. Podemos ignorarlo, como hicieron Israel y Judá, o podemos escucharlo. Dios
quiere que escuchemos al Espíritu Santo, confesemos nuestros pecados y sigamos a Cristo.
Cuando lo hagamos, experimentaremos la bendición de Dios. Pero si elegimos ignorar a
Dios, entonces Él debe tomar medidas para salvarnos de nosotros mismos. Dios es un Padre
amoroso; su disciplina, aunque dolorosa por un tiempo, producirá finalmente “fruto de paz
y justicia” (Heb 12:11). Santiago nos da una solución sencilla: “Sed hacedores de la palabra
y no solo oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Stg 1:22, RV60). Dios quiere que le
amemos a Él y a nuestro prójimo, motivados por la verdad, para que nuestras vidas den
gloria a Dios.
Lamentablemente, muchas personas han depositado su esperanza en la cultura.
Permiten que la cultura defina su autoconcepto, sus prioridades personales y su
comprensión del éxito. Esperan sortear los desafíos de la vida con sus propias habilidades,
cediendo a todos los pecados imaginables al abrazar una filosofía de autoconservación y
autoservicio. Sin embargo, Miqueas nos recuerda dónde se encuentra la verdadera
esperanza.
La esperanza nunca se puede encontrar en los dictados de la cultura pecadora. La
esperanza solo puede encontrarse en Jesús. El amor a Dios y al prójimo nos libera para
experimentar la bendición de Dios y para compartir esa bendición con los demás. Cuando
vivamos con nuestra esperanza centrada en Cristo, y nuestras vidas demuestren el amor a
Dios y al prójimo, la diferencia será tan obvia que señalará a la gente hacia Jesús para que
también puedan encontrar esperanza.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos del deber? ¿Cuándo es el deber
una bendición para nuestra fe, y cuándo puede ser una carga?
2. Samuel le dijo a Saúl que la obediencia es más importante que el deber (1Sa
15:22). ¿Por qué es así?
3. La Biblia enseña que la rebelión es similar al pecado de brujería (1Sa 15:33). ¿Qué
tienen en común la rebelión y la brujería?
4. La rebelión contra los mandatos de Dios comienza con el rechazo de la verdad
de Dios (1Sa 15:23). ¿Por qué es tan difícil simplemente obedecer la verdad de
Dios tal como nos la ha revelado?
5. ¿Por qué la obediencia da lugar al favor de Dios (Sal 84:11)?
6. ¿Cuál es la relación entre el amor al prójimo y el afecto y la hospitalidad?
7. ¿Qué pasos prácticos puede dar en su vida para empezar a preocuparse y
ocuparse de las personas que le rodean por el bien del Evangelio?
8. ¿Cuál es la relación entre el amor a uno mismo y la autoconservación y el
autoservicio?
9. El yo es nuestro mayor enemigo cuando se trata de amar al prójimo. Después de
todo, servir a los demás rara vez es conveniente y a menudo es costoso. ¿Qué
medidas prácticas puede tomar para ser más proactivo en el amor al prójimo?
10. Reflexione sobre la influencia de la cultura en su ética personal. La gente de la
época de Miqueas se había vuelto descuidada al codiciar, robar y mentir. ¿Han
encontrado estas cosas un lugar en su corazón de alguna manera específica?
REBELIÓN EN EL REINO TERCERA PARTE
MIQUEAS 3:1–12
Idea principal: Israel y Judá rechazaron el consejo del Rey abusando de la justicia,
abandonando la misericordia, abrazando el orgullo y motivados por la popularidad y la
codicia.
I. Ignorancia autoinfligida
A. Abusaron de la justicia en lugar de abrazarla
B. Abandonaron la misericordia en lugar de encarnarla
C. Abrazaron el orgullo en lugar de rechazarlo
II. Liderazgo interesado
A. Estaban motivados por la popularidad más que por los principios
B. Estaban motivados por la codicia y no por la gracia
III. El coraje impulsado por el Espíritu
A. Miqueas de Moreset
B. Jesús de Nazaret

La rebelión es un enemigo peligroso. En el capítulo 2 observamos que se manifiesta con


mayor frecuencia en respuesta a las órdenes de las figuras de autoridad. Al estudiar
Miqueas 3, descubriremos otro tipo de rebelión: la rebelión contra el consejo sabio. Cuando
era oficial de policía, me encontraba regularmente con este tipo de rebelión. Una noche
recibí una llamada sobre una disputa doméstica en una residencia. Cuando llegué, me
encontré con un marido y una mujer separados en una acalorada discusión. Después de
calmar la situación, acompañé al marido fuera, hacia su coche. Le puse la mano en el
hombro y le dije: “Escucha, sé que estás pasando por un momento difícil, pero es difícil
resolver un conflicto en mitad de la noche. Los dos están cansados y disgustados.
Permítanme darles un consejo gratuito. Vete a casa, descansa un poco y habla con tu mujer
mañana. Tal vez ambos vean las cosas un poco más claras durante el día”. Me dio las gracias,
dijo que sí y se fue en su coche.
Treinta minutos más tarde recibí una llamada a esa misma casa. Cuando llegué, el
hombre estaba gritando, maldiciendo y tirando los muebles del porche. Como pueden
imaginar, su mujer estaba aterrorizada. Esta vez mi enfoque fue diferente. Le arresté por
alteración del orden público, le metí en la parte trasera de mi coche patrulla y le llevé a la
cárcel. Mientras íbamos a la cárcel, descargó su ira contra mí. “¿Por qué me haces esto? Esa
es mi casa. Esos son mis muebles. Esa es mi mujer. Puedo hacer lo que quiera”.
Cuando por fin se calmó un poco, le contesté: “Hombre, te di un buen consejo sobre no
volver hasta mañana. Tú eres el que eligió no seguirlo. Tú te has metido en este coche, no
yo”. La rebelión contra un consejo sabio es la forma más elevada de ignorancia, y siempre
conduce a circunstancias difíciles.
I. IGNORANCIA AUTOINFLIGIDA
La ignorancia es la falta de conocimiento. Por supuesto, la gente lleva años diciendo que la
ignorancia es una bendición. Sinceramente, la ignorancia es uno de nuestros mayores
enemigos. Dios mismo dice que puede convertirse en un gran obstáculo en nuestras vidas.
En Oseas, por ejemplo, Dios hizo esta declaración: “Mi pueblo es destruido por falta de
conocimiento” (4:6). Piénselo por un momento. Al igual que Miqueas, Oseas proclamaba
un mensaje de juicio. Pronto, el juicio de Dios se derramaría sobre su pueblo. Y de todas las
cosas que Dios podría haber elegido para identificar la causa del problema, nombró la
ignorancia. “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento”. Luego Dios añadió esta
frase: “Porque han rechazado el conocimiento” (v. 6). Esta frase enfatiza el papel que la
rebelión puede jugar en nuestra ignorancia. En pocas palabras, es un acto de rebelión
rechazar la verdad de Dios.
Hay dos tipos de personas ignorantes. La primera categoría incluye a las personas que
carecen de conocimientos debido a las circunstancias de su vida. Es posible que hayan
crecido en un entorno en el que la búsqueda del conocimiento no se valoraba ni se
fomentaba. O han crecido en un contexto en el que la búsqueda del conocimiento ni
siquiera era una opción. En muchos lugares del mundo, la gente vive en la ignorancia porque
no tiene la oportunidad de seguir una educación. Nunca me he enfrentado a este tipo de
ignorancia porque es un subproducto de las circunstancias que escapan al control de la
persona. Está claro que la gente de este grupo puede seguir siendo destruida por la falta de
conocimiento. Por ejemplo, la incapacidad de entender la electricidad puede ser mortal
para alguien que ignora su poder. También lo es la ignorancia de los peligros de beber agua
contaminada. Pero este tipo de ignorancia es más fácil de excusar cuando la gente no ha
recibido ninguna instrucción sobre esas cosas.
La segunda categoría de ignorancia, sin embargo, implica a un tipo de persona
totalmente diferente. Este grupo incluye a las personas que han sido expuestas a la verdad.
Tienen una base de conocimiento, pero eligen ignorar ese conocimiento y abrazar la
ignorancia en su lugar. No hay nada peor que la ignorancia autoinfligida. Siempre tiene
consecuencias devastadoras. Esto es exactamente lo que Dios estaba diciendo a su pueblo
en Israel y Judá: “Están siendo destruidos por su falta de conocimiento porque han
rechazado el conocimiento”. El pueblo había abandonado el pacto de Dios y sus mandatos.
En Miqueas 3 vamos a ver que el pueblo también había rechazado el consejo de Dios.
Al estudiar este capítulo, vamos a ser testigos de una trágica decisión de los líderes y el
pueblo de Israel y Judá. Se les había dado el conocimiento: ¡estaba en sus manos! ¿Pero
saben lo que hicieron con él? Lo rechazaron, y el juicio se precipitó hacia ellos. ¿Recuerda
los primeros versículos del capítulo 1? Dios se estaba preparando para dejar su trono en el
cielo, bajar a su pueblo y traer el juicio con él.
Vamos a recordar algo muy importante en este texto. Todo seguidor de Jesús ha sido
expuesto a la verdad de la Palabra de Dios. Contiene “todo lo que se requiere para la fe y la
piedad” (2Pe 1:3). Pero debemos tener cuidado; podemos poner nuestra esperanza en los
lugares equivocados. Como Israel y Judá, podemos abrazar a los ídolos y rechazar los
mandatos de Dios para nuestras vidas. Si hacemos esto, también rechazaremos el consejo
y la sabiduría de Dios. Una vez que lleguemos a ese lugar peligroso, tenemos el potencial
de ser destruidos por nuestras propias elecciones pecaminosas, elecciones que resultan de
rechazar el consejo de Dios para nuestras vidas.

A. Abusaron de la justicia en lugar de abrazarla


Miqueas comenzó este capítulo desafiando a los líderes políticos de las naciones. Primero
hizo una pregunta retórica a los líderes: “¿No se supone que ustedes entienden la justicia?”.
Por supuesto, la respuesta debería haber sido un simple “Sí”. Después de todo, Miqueas se
dirigía al rey, al gabinete, a los príncipes, a los consejeros, a los alcaldes y demás. Ellos tenían
la mejor educación, trabajos y oportunidades. Habían estado expuestos al conocimiento de
la verdad y el consejo de Dios. Como resultado, Dios esperaba que supieran lo que es la
justicia y tuvieran algún interés en su búsqueda. En cambio, Miqueas los describió en los
versículos 2–3 y 9–11. Leemos esto y nos sorprende el horror de esta descripción. Las
mismas personas que Dios, en su providencia, había colocado en posiciones de autoridad
en Israel y Judá, habían abandonado su responsabilidad ante Él. Debido a que eran líderes,
tenían un nivel más alto de responsabilidad y rendición de cuentas ante Dios. Él les había
dado la verdad, pero ellos despreciaron su consejo.
¿Cuál fue el consejo de Dios a los líderes políticos de Israel? Fíjese en Éxodo 23:6–8. Es
solo un ejemplo que podemos encontrar en las Escrituras que habla de este tema. Dice:
No pervertirás el derecho de tu hermano menesteroso en su pleito. “Aléjate de acusación
falsa, y no mates al inocente ni al justo, porque Yo no absolveré al culpable. “No aceptarás
soborno, porque el soborno ciega aun al de vista clara y pervierte las palabras del justo.

Es relativamente fácil entender exactamente lo que Dios estaba enseñando a su pueblo


en este texto. La justicia se pervierte cuando un hombre pobre no tiene ninguna posibilidad
de enfrentarse a un hombre rico en un tribunal. El hombre pobre no puede pagar abogados
de alto poder, y ciertamente no tiene el dinero para sobornar al juez. Dios no quería que su
pueblo fuera acusado falsamente y asesinado por líderes inescrupulosos e injustos. Le
importaba tanto a Dios que dijo: “No justificaré al culpable”. El significado de la frase es
obvio: Dios no da un pase a la maldad. No la pasará por alto ni la ignorará. Siempre castigará
el pecado. Por eso la muerte y resurrección de Jesús son el centro del plan redentor de Dios
para su mundo. Como pecadores, no podemos hacer nada para alterar nuestra condición.
Estamos bajo la ira de Dios a causa del pecado. Pero en la cruz, Jesús tomó nuestro lugar y
cargó con nuestro pecado. Fue castigado por nuestro pecado para que Dios pueda “ser justo
y declarar justo al que tiene fe en Jesús” (Ro 3:26). Jesús tuvo que morir por nuestro pecado
para que fuéramos perdonados porque Dios no absolverá al culpable.
Dios fue muy claro con sus instrucciones a los líderes de Israel y Judá. No iba a tolerar la
injusticia. No aceptaría líderes y jueces que tomaran decisiones sobre la base de sobornos
por debajo de la mesa, porque eso “desviaría el curso de la justicia” (Pr 17:23). Dios había
sido paciente con su pueblo, llamándolo continuamente al arrepentimiento, para que
pudiera experimentar las bendiciones de la relación del pacto. Miqueas siguió advirtiendo
a los líderes políticos con este mensaje: la paciencia de Dios se estaba agotando.
Al volver a Miqueas 3, encontramos que habían abandonado este consejo de la ley de
varias maneras. Como acabamos de ver, abusaron de la justicia en lugar de abrazarla. En
2:1 vimos que los líderes políticos hacían planes continuamente para defraudar a otros.
Estaban dispuestos a desalojar a las viudas y a los huérfanos para poder quedarse con las
casas. Planeaban influir en los resultados de los juicios en función de la cuantía de los
sobornos que les ofrecían. El abuso de la justicia era rampante en Israel y Judá.

B. Abandonaron la misericordia en lugar de encarnarla


El abuso descrito en 3:2–3 es asombroso. Miqueas utiliza el siguiente lenguaje: “le arrancan
al pueblo la piel de encima y la carne de sobre sus huesos; ustedes que comen la carne de
mi pueblo, les quitan su piel, quiebran sus huesos, y los hacen pedazos como para la olla,
como carne dentro de la caldera”. Al leer estas palabras, pienso en una técnica de barbacoa
en Carolina del Sur, llamada “picado de cerdo”. Cocinamos el cerdo entero y luego lo
picamos y lo comemos directamente de la parrilla. Del mismo modo, los líderes estaban
intentando despojar de todo lo que tenía valor al pueblo, al mismo pueblo que se suponía
que debían amar como prójimo. Aquí no hay piedad; solo se preocupaban por ellos mismos.

C. Abrazaron el orgullo en lugar de rechazarlo


Mira el 3:11: “Y se apoyan en el SEÑOR, diciendo: ‘¿No está el SEÑOR en medio de nosotros?
Ningún desastre nos alcanzará’ ”. ¡Quieren hablar de arrogancia! Los líderes políticos a los
que se dirigía Miqueas en el capítulo 3 eran los mismos a los que desafiaría en el versículo
más famoso de este libro: “Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que
demanda el Señor de ti, sino solo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar
humildemente con tu Dios?” (6:8). Estos líderes eran la antítesis de esta verdad. Abusaban
de la justicia, abandonaban la misericordia y estaban llenos de orgullo.
La respuesta de Dios en los versículos 4 y 12 es aleccionadora. Dios dijo en efecto, “Estoy
a punto de abandonarte en el desastre que viene. No me llames. No te escucharé ni te
responderé. Ustedes son la fuente de la destrucción que vendrá a través de Mi juicio a causa
de vuestras malas acciones”. Sin embargo, el pueblo seguía contento con su pecado. Sin
embargo, Dios se mantuvo firme. “Mi juicio viene. Vas a pedir ayuda, pero cuando lo hagas,
no voy a estar allí. No absolveré a los culpables. Serás destruido por falta de conocimiento,
pero no es porque no te haya amado lo suficiente como para darte el conocimiento. Es
porque elegiste rechazar y rebelarte contra ese conocimiento en favor de tu propia
agenda”.

II. LIDERAZGO INTERESADO


Miqueas reprende a un segundo grupo de líderes en el capítulo 3: los líderes religiosos.
Escribió sobre ellos en los versículos 5–7 y 11. Miqueas estaba escribiendo esto a las
personas responsables de dirigir al pueblo en la adoración. Ellos tenían la tarea de enseñar
al pueblo a abrazar la lealtad al pacto, obedecer los mandatos de Dios y aplicar el consejo
de Dios. Sin embargo, Miqueas describió justo lo contrario. Se habían vuelto motivados por
la codicia. Malaquías sugirió una posible razón pragmática para este comportamiento. En
Malaquías 3 reprendió al pueblo por su desobediencia en el diezmo. El pueblo había
abandonado ese mandamiento junto con todos los demás. Esto, a su vez, supuso una
pesada carga para los levitas. Ellos eran la única tribu sin herencia, necesitaban que el
pueblo fuera obediente con sus diezmos para poder tener los recursos necesarios para la
vida. Al desaparecer los diezmos por la desobediencia, los levitas luchaban por sobrevivir.
Aparentemente, en lugar de confiar en Dios, comenzaron a tratar de resolver el problema
por sí mismos cobrando al pueblo por sus servicios.

A. Estaban motivados por la popularidad más que los principios


Miqueas identificó dos problemas de motivación de los líderes religiosos. Primero, estaban
motivados por la popularidad. Recuerde que Miqueas predicaba un mensaje impopular. Los
falsos profetas de la época de Miqueas querían ser queridos por la gente, así que predicaban
un mensaje que atraía a la gente. Que fuera cierto o no era irrelevante. Adoptaron un estilo
de predicación que se centraba en un mensaje positivo en lugar de uno veraz. Decían a la
gente que estaban bien. Dios los amaba y estaban seguros porque eran hijos de Abraham.
Sin embargo, al hacer esto, Miqueas dice que descarriaron al pueblo de Dios (v. 5a).

B. Estaban motivados por la codicia y no por la gracia


En segundo lugar, los líderes religiosos estaban motivados por la codicia. Miqueas dijo que
estaban preparados para dar un sermón positivo a los que les dieran dinero, pero estaban
dispuestos a maldecir a cualquiera que se negara (v. 5b). Estaban siguiendo los pasos del
profeta Balaam, a quien lo único que le importaba era ganar dinero (Nm 22). No les
importaba en absoluto el pueblo. La descripción de Miqueas en el versículo 11 era brutal:
“Sus sacerdotes enseñan por precio, sus profetas adivinan por dinero”. No eran más que
adivinos y estafadores glorificados. Este era el grupo al que Dios había encomendado la
tarea de guiar al pueblo hacia un estilo de vida de lealtad y obediencia al pacto, un estilo de
vida motivado por el amor a Dios y al prójimo. ¿No es de extrañar que las naciones de Israel
y Judá estuvieran en tan mal estado?
Podemos mirar a nuestro alrededor en nuestro propio contexto y encontrar personas
que funcionan de la misma manera. Hoy en día hay muchos líderes religiosos para los que
el dinero es la única motivación de su ministerio. Dios prometió la misma consecuencia para
los líderes religiosos que para los líderes políticos. Cuando pidieran ayuda en el día de la
angustia, Dios iba a abandonarlos. Sin embargo, si es posible, los líderes religiosos tienen
un destino peor que los líderes políticos. Dios les dijo que en la hora en que más necesitaban
oírle, el silencio sería ensordecedor (vv. 6–7). Los líderes religiosos tenían el potencial de
escuchar una palabra verdadera de Dios. Pero Dios los estaba consignando a una existencia
de oscuridad espiritual. Nunca más escucharían una palabra de Dios.

III. EL CORAJE IMPULSADO POR EL ESPÍRITU


A. Miqueas de Moreset
A continuación, se vislumbra el corazón de Miqueas. Se presenta como un hombre de la
verdad en una tierra de falsedad y pecado. Frente a la oposición y el peligro, se mantuvo
firme en la verdad de Dios. En una cultura que había abandonado la lealtad al pacto y la
obediencia, Miqueas vivió como un hombre de Dios. ¿Cómo fue posible? El propio Miqueas
respondió a la pregunta en el versículo 8: “Yo, en cambio, estoy lleno de poder, del Espíritu
del Señor, y de juicio y de valor, para dar a conocer a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado”.
En este versículo demostró en qué se diferenciaba de los falsos profetas que le rodeaban.
Miqueas estaba lleno del poder de Dios. ¿De dónde vino ese poder? Vino de Dios el
Espíritu Santo. Recuerde, el Espíritu Santo no habitaba en todas las personas antes de su
aparición en Pentecostés (Hch 2). Antes de Pentecostés, el Espíritu Santo dio poder a
algunas personas para cumplir los propósitos únicos y soberanos de Dios. Miqueas dijo:
“Estoy lleno de poder, y gracias a ese poder, puedo enseñar con justicia y valor el mensaje
de juicio que Dios me ha dado”.

B. Jesús de Nazaret
Cuando leo este texto de Miqueas, no puedo evitar pensar en unos versículos similares
escritos por Isaías, uno de los contemporáneos de Miqueas. Lea Isaías 61:1–3:
El Espíritu del Señor DIOS está sobre mí, Porque me ha ungido el SEÑOR Para traer buenas
nuevas a los afligidos. Me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, Para
proclamar libertad a los cautivos Y liberación a los prisioneros; Para proclamar el año
favorable del SEÑOR, Y el día de venganza de nuestro Dios; Para consolar a todos los que
lloran, Para conceder que a los que lloran en Sión Se les dé diadema en vez de ceniza, Aceite
de alegría en vez de luto, Manto de alabanza en vez de espíritu abatido; Para que sean
llamados robles de justicia, Plantío del SEÑOR, para que Él sea glorificado. (NBLA)

Observe que la descripción de Isaías de su ministerio era muy similar a la de Miqueas.


Ambos eran conscientes de que el Espíritu Santo los había designado para una obra
profética especial, y estaban comprometidos a cumplirla. Lo más interesante del texto de
Isaías es que Jesús lo citó 700 años después para describir su propio ministerio profético (Lc
4:16–30). La gente que escuchó a Jesús pronunciar estas palabras en la sinagoga se asombró
de su discurso lleno de gracia. Entonces Jesús los miró con el espíritu de Miqueas e Isaías y
les dijo que sus corazones eran tan duros que no podía hacer ningún milagro por su falta de
fe. De repente, la gente pasó de estar asombrada a enfurecerse, y lo arrastraron fuera de la
ciudad para tirarlo por un acantilado. Milagrosamente, pudo escapar.
La gente en la sinagoga ese día solo estaba tratando de hacer lo que Israel y Judá habían
hecho durante siglos, lo mismo que los líderes políticos y religiosos de Israel hicieron varios
años después cuando colaboraron para que Jesús fuera condenado a muerte: matar al
mensajero. Solo que esta vez, el mensajero había venido a morir. Hombres malvados y
egoístas coordinaron la muerte de Jesús el Mesías, pero un Dios soberano la orquestó. Y a
través de su muerte y resurrección, Jesús proporcionaría un sacrificio único por los pecados
del mundo.
La gente de la época de Miqueas había perdido de vista la promesa del Mesías. En
cambio, estaban poniendo su esperanza en otras cosas. En el capítulo 1 Miqueas dijo que
estaban poniendo su esperanza en su gobierno en lugar de en Dios para protegerlos. En el
capítulo 2, Miqueas dijo que estaban esperando en la cultura, creyendo que las normas
culturales definían su ética, incluso si esas normas violaban la verdad de Dios. Y aquí, en el
capítulo 3, Miqueas dijo que estaban rechazando el consejo de Dios en favor de su propia
sabiduría arrogante. El pueblo se aferraba a una idea clave que estaba en la raíz de todos
estos problemas: Iban a estar bien, sin importar cómo vivieran, sin importar lo que hicieran,
porque eran descendientes de Abraham, y así era. En última instancia, la gente estaba
poniendo su esperanza en su derecho de nacimiento religioso. Sin embargo, a través de
Miqueas, Dios estaba diciendo: “Solo a través del sacrificio se perdonan tus pecados, y solo
a través de la lealtad al pacto y la obediencia recibirás mi favor”. Sin embargo, el pueblo lo
rechazó.
Esto suena extrañamente similar a nuestra propia cultura. Innumerables personas
asisten a una iglesia el domingo de Navidad o de Pascua, marcan la casilla “iglesia” en su
lista de “cosas por hacer”, y se van sin cambios. Adoptan la misma filosofía que Israel y Judá.
En esencia, se dicen a sí mismos: “Todo está bien. Dios me ama, me comprende y no le
preocupan mis elecciones de estilo de vida”. Lamentablemente, su esperanza equivocada
en la actividad religiosa los enviará directamente al infierno si no cambian.
Jesús vino a nuestro mundo por una razón: para explotar el mito de la religión. No vino
para que la gente pudiera saber más sobre Dios; vino para que la gente pudiera conocer a
Dios. Pero la gente no puede venir a Dios con un corazón arrogante; debe venir por fe, con
humildad, confiando en el Hijo de Dios como su Salvador y Señor. Cuando Jesús fue colgado
en la cruz, y Dios puso nuestro pecado sobre Él, proporciono un sacrificio perfecto por
nuestro pecado. Cuando Dios lo resucitó de entre los muertos, fue para demostrar que el
sacrificio había sido aceptado y que el perdón estaba ahora disponible. Sin embargo, el
hecho de que el perdón esté disponible no significa que sea automático. Cada persona debe
tomar una decisión sobre Jesús. Muchos lo ignorarán; otros lo negarán; unos pocos
confiarán en Él.
¡Estos son los que descubrirán que Jesús es la única fuente verdadera de esperanza en
la vida!
Los que hemos aceptado a Jesucristo como nuestro Salvador nos enfrentamos a un
peligro común. Si no tenemos cuidado, podemos sustituir la actividad religiosa por una
relación creciente con Dios. Miqueas nos advierte que podemos llegar a ser como los líderes
políticos y religiosos de su época. Sin embargo, Dios continúa desafiándonos a buscar la
verdad y a vivir la verdad para su gloria. Ese es su propósito final para nuestras vidas, y lo
lograremos si aceptamos y aplicamos su consejo a nuestras vidas diariamente.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Miqueas afirma lo que leemos en Oseas 4:6: “Mi pueblo es destruido por falta
de conocimiento”. En pocas palabras, el pueblo no era enseñable. ¿Por qué es
importante ser enseñable hoy, y cuáles son los peligros de rechazar la verdad de
Dios?
2. El pueblo de Israel y de Judá cayeron descuidadamente en la falsa doctrina y en
las malas prácticas. No tenían discernimiento cuando se trataba de seguir la
verdad de Dios. Lea los siguientes versículos: 1 Timoteo 6:3–5; Gálatas 1:6–10;
Judas 1–25. ¿Cuáles son los peligros de abrazar a los falsos maestros?
3. A veces, al igual que la gente de Miqueas 3, damos por sentada la gracia de Dios
en nuestras vidas. Romanos 6:1 dice: “¿Qué debemos decir entonces?
¿Debemos continuar en el pecado para que la gracia se multiplique? De ninguna
manera. ¿Cómo podemos seguir viviendo en el pecado los que hemos muerto a
él?”. ¿Cuáles son los peligros de presumir de la gracia de Dios?
4. La rebelión a veces se manifiesta a través de la desobediencia abierta a los
mandatos directos. Otras veces, sin embargo, se revela a través del rechazo de
un consejo sabio. Lea Proverbios 24. Haga una lista de los beneficios de abrazar
la sabiduría y las consecuencias de rebelarse contra ella.
5. Segunda de Pedro 1:3–11 revela que Dios nos ha dado “todo lo necesario para
la vida y la piedad”. Lea este texto y enumere todos los beneficios que se derivan
de recibir la sabiduría de Dios con un espíritu enseñable.
6. A veces, como vemos en Miqueas 3:4, 7, el silencio de Dios es parte de la
sentencia de Dios en nuestras vidas. Piense en un momento en el que el silencio
de Dios fue un subproducto de las elecciones de un estilo de vida pecaminoso.
¿Qué sintio al experimentar el silencio de la inactividad de Dios en su vida?
Reflexione sobre lo que ocurrió para que cambiara su comunión con Dios.
7. Los líderes políticos y religiosos de la época de Miqueas habían abandonado la
búsqueda de la justicia. ¿Cómo y por qué la justicia es un subproducto de la
atención al consejo de Dios?
8. Primera de Timoteo 3:1–7 y Tito 1:5–16 enfatizan la importancia de la integridad
de un pastor. ¿Por qué es tan importante la integridad de un líder para la salud
de la iglesia?
9. Lamentablemente, muchos líderes religiosos han vendido el evangelio en busca
de dinero y popularidad. En última instancia, ¿qué nos enseña Miqueas 3 sobre
la sabiduría de esta elección?
RENACIMIENTO EN EL REINO
MIQUEAS 4:1–13
Idea principal: Israel y Judá estarán unidos cuando el Mesías reine en la tierra.
I. El Mesías gobernará a Israel según las leyes de Dios (4:1–3)
II. El Mesías gobernará a Israel como líder de Dios (4:4–7)
III. El Mesías gobernará a Israel mediante la disciplina de Dios (4:8–10)
IV. El Mesías gobernará a Israel con el poder de Dios (4:11–13)
V. El Mesías traerá esperanza a una vida sin esperanza

La esperanza es esencial para la vida y, sin embargo, cuando viajo por el mundo, me
encuentro con innumerables personas que viven sin esperanza. He visto la desesperanza en
los rostros de personas de Filipinas, Rumanía, Hungría, Brasil, Belice, Puerto Rico, Jamaica,
Santo Tomás, Omán, Turquía y Cuba. Muchos de ellos están desesperados por su situación
personal. La vida es una lucha diaria y no tienen esperanza de que sus vidas mejoren.
Muchos de ellos están desesperados por su herencia religiosa. Muchos se dedican a la
actividad religiosa, pero no tienen esperanza de perdón ni de vida eterna. Muchos se ven
obligados a dedicarse a actividades delictivas o a la prostitución solo para sobrevivir, y
muchos otros simplemente sucumben a la influencia adormecedora de las adicciones. Viven
un día tras otro sin esperanza.
Estados Unidos también está lleno de desesperanza, solo que la disimulamos mejor.
Tenemos la posibilidad de vivir en un lugar decente, conducir un coche decente y tener ropa
bonita y un teléfono increíble. Podemos asistir a fiestas divertidas, a eventos deportivos y a
un montón de otras actividades, pero en el fondo podemos estar tan desesperados como
el tipo de Cuba. Enmascaramos nuestra desesperanza con alcohol, drogas o entusiasmo,
pero está ahí. Solo hay un grupo de personas en el planeta que tiene el potencial de
experimentar una esperanza real y auténtica: los cristianos. En todos esos lugares sin
esperanza alrededor del mundo, y aquí mismo en los Estados Unidos, las únicas personas
que conozco con verdadera esperanza son los seguidores de Cristo. ¡Han llegado a conocer
el amor y el perdón de Dios, y han encontrado esperanza y alegría en Él!
En Miqueas 4 se produce un giro dramático en el tono del libro. Como hemos visto,
Miqueas 1–3 es bastante desalentador. Miqueas dijo al pueblo de Israel y de Judá que Dios
se preparaba para bajar del cielo para juzgarlos porque habían rechazado su pacto, sus
mandatos y sus consejos. A pesar de ello, el pueblo se contentaba con mantener el status
quo, sin querer volver a Dios mediante el arrepentimiento y la confesión. Ahora bien, estoy
seguro de que había temerosos legítimos de Dios entre el pueblo, aquellos que eran fieles
a Dios, incluso cuando la cultura se derrumbaba a su alrededor. Eran los pocos que se
esforzaban por vivir en la lealtad del pacto y la obediencia a Dios. Pero iban a sufrir a causa
de las elecciones pecaminosas de la gente que los rodeaba. Estoy seguro de que lucharon
con la desesperanza mientras escuchaban el mensaje de Miqueas.
Al comenzar a leer el capítulo 4, recibimos esta asombrosa palabra de esperanza: Israel
será restaurado cuando el Mesías reine en la tierra y cumpla finalmente las promesas del
pacto hechas a Abraham y David. En el capítulo 4, Miqueas proporcionó al remanente judío
creyente cuatro promesas específicas diseñadas para darles esperanza en el mundo
problemático en el que vivían.

I. EL MESÍAS GOBERNARÁ A ISRAEL SEGÚN LAS LEYES DE DIOS


MIQUEAS 4:1–3
Miqueas prometió al pueblo que llegaría un día en que la ley de Dios los gobernaría por
completo. Por supuesto, Dios ya les había dado su ley, y ellos habían decidido ignorarla.
Para el remanente justo, sin embargo, esta era una palabra de esperanza: “¡La ley de Dios
gobernará un día a nuestro pueblo y cubrirá este planeta con justicia!”
En estos versículos Miqueas reveló varios aspectos clave de esta promesa. Primero, la
ley de Dios cubrirá la tierra “en los últimos días”, cuando el Mesías reine en la tierra. Los
estudiosos han interpretado esta frase de diferentes maneras, pero yo creo que se refiere
al reinado literal de mil años de Jesús el Mesías en la tierra durante el milenio. En segundo
lugar, Miqueas señaló que el Mesías reinaría en Jerusalén, que será exaltada por encima de
cualquier otra capital de la tierra. Será el principal lugar de influencia en la tierra, el lugar
donde el Mesías reinará y proclamará la verdad de Dios. En tercer lugar, señala que el
reinado del Mesías será supremo. Ninguna otra nación tendrá la necesidad o capacidad de
mantener ejércitos o armas. Todas las armas serán rehechas en otros artículos más
necesarios.
Esta es una promesa asombrosa también para los que vivimos en el siglo XXI. Cuando
miro alrededor de nuestra nación y del mundo, veo ejemplos de injusticia por todas partes.
Vivimos en una época en la que las leyes favorecen a los ricos y a los que tienen contactos,
igual que en la época de Miqueas. Veo un mundo en el que el poderío militar de una nación
le permite oprimir a las mismas personas que debería proteger. En este texto Dios nos
recuerda que Él es justo. Por eso, cuando el Mesías reine en este planeta, la verdadera
justicia prevalecerá. ¡Qué día tan asombroso será cuando la ley de Dios haya triunfado en
la tierra!

II. EL MESÍAS GOBERNARÁ A ISRAEL COMO LÍDER DE DIOS


MIQUEAS 4:4–7
Miqueas miró alrededor de su nación y del mundo y vio a un sinnúmero de personas que
perseguían dioses falsos. Miqueas dijo que cuando aparezca el Mesías, “caminaremos en el
nombre de Jehová, nuestro Dios, por los siglos de los siglos”. Nunca más el pueblo de Dios
adorará a los ídolos de los falsos dioses. Habrá un Rey que dirigirá al pueblo y será adorado
por Israel. ¿Quién es? Miqueas da la respuesta: “El SEÑOR los gobernará en el monte Sión
desde ahora y para siempre”. Es el Mesías —el Ungido— quien reinará sobre Israel. Esta es
la promesa del Mesías. Encontramos referencias al Mesías en todo el Antiguo Testamento,
especialmente en los profetas. Es el prometido en el pacto davídico, el que reinará en el
trono de David por los siglos de los siglos. Es el Rey Jesús. Miqueas tratará esto con más
detalle en el capítulo 5.
Pero aquí se refirió a varias funciones específicas del Mesías. En primer lugar,
garantizará la seguridad de Israel. Cada uno de los miembros del pueblo de Dios habitará
con seguridad sin “nadie que lo atemorice”. Israel y Judá estaban a punto de pasar por
tiempos muy aterradores. Sus descendientes han experimentado el miedo a lo largo de su
historia. Incluso hoy, numerosos enemigos amenazan a Israel con la destrucción. Pero en
ese día futuro, cuando el Mesías reine en la tierra, nadie volverá a hacer temer a su pueblo.
Estarán totalmente seguros en Él, glorificados en su presencia para siempre. En segundo
lugar, el Mesías recompensará a los fieles de su pueblo. En ese día, todos aquellos que
fueron considerados insignificantes o que habían sido dispersados por la providencia de
Dios serán reunidos en una poderosa nación ante el Mesías. En tercer lugar, el Mesías
reinará para siempre. Los profetas hablaron a menudo del reinado interminable del Mesías
(Ap 11:15). Miqueas también enfatizó esta verdad.
Cuando pensamos en la historia de nuestro mundo, comprendemos que las naciones
han estado en guerra contra las naciones durante milenios. Hoy, las superpotencias de
nuestro mundo compiten entre sí por la preeminencia económica y militar. Los países más
pequeños luchan por las armas de poder que les prometen un mayor control sobre sus
propios destinos. La amenaza de una guerra mundial es una realidad siempre presente. Por
eso, depositar la esperanza en la identidad nacional es un disparate. En cualquier momento,
todo nuestro modo de vida puede desaparecer, ya sea por la influencia externa de otra
nación poderosa o por el control interno de un gobierno que adopte el totalitarismo. En
cualquier caso, nuestra esperanza nunca está en nuestra identidad nacional: nuestra
esperanza está en Dios. Un día, el Mesías de Dios reinará en la tierra, y encontraremos la
verdadera “justicia para todos”.

III. EL MESÍAS GOBERNARÁ A ISRAEL MEDIANTE LA DISCIPLINA DE DIOS


MIQUEAS 4:8–10
En estos versiculos Miqueas volvió a la actualidad. Mientras que el Mesías prometido
reinará en el futuro, por ahora el pueblo de Israel y Judá pronto será capturado por
potencias extranjeras. No tendrán rey que los dirija ni consejeros que les proporcionen
sabiduría. ¿Cuál era la razón última de Dios para esta disciplina? La usaba para atraer a su
pueblo hacia una lealtad y obediencia del pacto motivada por el amor a Dios y al prójimo.
Este texto también contiene una profecía de “doble cumplimiento”. Una profecía de
doble cumplimiento es aquella que tiene una aplicación actual para el autor y una aplicación
futura para los santos. En los días de Miqueas, Dios se preparaba para enviar a Israel a Asiria
y a Judá a Babilonia. Miqueas dijo que después de un tiempo determinado, Dios rescataría
a su pueblo de los babilonios. Como sabemos, el pueblo de Judá estuvo cautivo en Babilonia
durante 70 años antes de que Esdras y Nehemías comenzaran a conducir al pueblo de vuelta
a Jerusalén durante el reinado de Ciro de Persia. Dios cumplió esta promesa para el pueblo.
Pero hay una aplicación futura de esta promesa que se cumplirá durante el reinado del
Mesías. Miqueas escribió: “El SEÑOR te redimirá del poder de tus enemigos” (v. 10). Aunque
Dios liberó a su pueblo de los babilonios, siguió siendo acosado por potencias extranjeras,
primero por Grecia y luego por Roma. Entre Nehemías y la época de Jesús, Israel desarrolló
cierta autonomía en Palestina, pero nunca en la medida en que la tuvo bajo David y
Salomón, o incluso en los reinos divididos. Cuando Tito conquistó Jerusalén en el año 70,
Israel dejó de existir como nación en Palestina durante casi 2.000 años. Incluso hoy ocupa
una fracción de la tierra que Dios prometió a Abraham. El cumplimiento de la segunda parte
de esta profecía está todavía en el futuro, cuando el Mesías reclame su trono para siempre
en Jerusalén.
Sin embargo, de aquí a entonces, Israel seguirá siendo la nación más oprimida de la
tierra. Despreciada por sus enemigos y ayudada a regañadientes por sus amigos, Israel
mantiene una posición precaria en nuestro mundo. Pero se acerca un día en el que Israel
abrazará al Mesías en masa (Ap 7:1–8). Sin embargo, hasta ese día, Dios no abandonará a
su pueblo del pacto.

IV. EL MESÍAS GOBERNARÁ A ISRAEL CON EL PODER DE DIOS


MIQUEAS 4:11–13
Las naciones que rodeaban a Israel y Judá en la época de Miqueas querían destruirlos. Y
para todos los espectadores, debió parecer que Asiria y Babilonia habían logrado esa
hazaña. Las naciones paganas no entendían que Dios había orquestado estos eventos como
un acto de disciplina. Dios dijo que redimiría a su pueblo, y eso es exactamente lo que hizo
cuando el pueblo de Judá regresó a Palestina bajo el liderazgo de Nehemías.
Hoy en día, a las naciones de nuestro mundo les encantaría destruir a Israel,
especialmente a las naciones que la rodean inmediatamente. Dios no permitirá que esto
suceda. Las naciones paganas nunca han entendido los propósitos de Dios para su pueblo,
ni pueden hacerlo. ¿Cómo ha sobrevivido Israel a toda esta oposición? Dios sigue
protegiéndolos con su poder. Él nunca ha dejado de honrar Su pacto con Su pueblo. Hasta
la última promesa se cumplirá a través del Mesías.
Estas palabras fueron una fuente de esperanza para el pueblo de Israel en la época de
Miqueas, y lo siguen siendo para los judíos. En el futuro, el mayor asalto a Israel de la
historia tendrá lugar en un lugar llamado Armagedón (Ap 19:11–21). Dios reunirá a los
ejércitos del mundo “como gavillas a la era” (Mi 4:12). Allí, el Rey Jesús, el Mesías de Israel
y el Salvador de la Iglesia, derrotará a los enemigos de Israel de una vez por todas en la
batalla culminante de la historia. Israel sobrevivirá victorioso y Dios lo convertirá en una
nación invencible (v. 13). El Mesías reinará, la ley de Dios abarcará la tierra, y la rectitud y
la justicia prevalecerán sobre toda la creación.

V. EL MESÍAS TRAERÁ ESPERANZA A UNA VIDA SIN ESPERANZA


Al leer estos antiguos versículos, podemos sentirnos tentados a preguntarnos si realmente
tienen algún significado para nuestras vidas actuales. Seamos sinceros: incluso como
seguidores de Jesús podemos luchar por encontrar esperanza en nuestra vida diaria. Por
ejemplo, mientras lee esto hoy, puede que esté luchando por superar una circunstancia
difícil en su vida. Sus acciones pueden haber contribuido a esas circunstancias, o la situación
puede estar totalmente fuera de su control. Tal vez haya perdido la esperanza porque no
aprovecho una gran oportunidad. Vive arrepentido porque cree que esa oportunidad
perdida ha descarrilado su futuro. Tal vez se sienta abatido porque ha sufrido una pérdida
en su vida. Tal vez haya perdido a un ser querido: un cónyuge, un hijo o un amigo. Tal vez
haya perdido un trabajo y los desafíos financieros han sido difíciles en su vida. Tal vez se
pregunte si alguna vez tendrá otra oportunidad de tener una buena carrera.
Quizá esté luchando contra la depresión en su vida. La depresión suele producirse
cuando experimentamos algún tipo de fracaso. Empezamos a preguntarnos si alguna vez
tendremos éxito, y pronto nos vemos atrapados en una espiral descendente de desánimo.
La depresión es peligrosa porque en muchos sentidos es una manifestación de la ausencia
de esperanza. ¿Por qué tantos millones de personas recurren a los narcóticos? A menudo
es para intentar curar la desesperanza. Tal vez esté luchando bajo el peso de la desilusión.
No hay que vivir mucho tiempo para descubrir que la gente le decepciona. A menudo, las
personas están desilusionadas porque han sido víctimas de promesas incumplidas. La
desilusión produce una falta de confianza, y eso lleva a la desesperanza. Puede hacerle
sentir que está solo en el mundo. Por último, puede sentirse derrotado por el pecado. Tal
vez tiene un obstáculo en su vida, y está cansado de luchar contra él. Tal vez es un
comportamiento adictivo que le está controlando. Tal vez la ira, la frustración, la amargura
o la lujuria le están consumiendo, y se siente desesperado por superarlo.
En última instancia, Miqueas nos está recordando que no importa qué tipo de situación
difícil enfrentemos, ya sea un ejército invasor o un pecado invasivo, solo hay una fuente de
esperanza: ¡su nombre es Jesús!; Jesús es la única fuente de esperanza en la vida, y punto.
Cuando la gente se siente sin esperanza, un nuevo trabajo no lo arreglará; una nueva esposa
no lo arreglará; conducir un nuevo coche no lo arreglará; mudarse a un nuevo estado no lo
arreglará; ahogarse en alcohol o drogas cada noche no lo arreglará. Estas cosas son solo
distracciones temporales de la desesperanza. Solo Jesús puede traer esperanza a una vida
sin esperanza.
Consideremos a Abraham, el padre del pueblo judío. Estaba casado con una mujer
llamada Sara. Eran una pareja feliz, pero no podían tener hijos. Cuando Dios llamó a
Abraham, le prometió que tendría una descendencia como las estrellas del cielo (Gn 12:1–
3). Pasaron los años y Abraham seguía sin tener hijos con Sara. Me parece que la fe de
Abraham debería haber disminuido con los años. Después de todo, “la esperanza tardía
enferma el corazón” (Pr 13:12). El libro de Romanos nos dice algo especial sobre Abraham:
Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme
a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su
cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz
de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en
fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer
todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia. (Ro 4:18–
22, RV60)

Piense en este sorprendente texto. A pesar de que tenía 100 años, ¡no flaqueó en su fe!
¡Esto es fenomenal! Noticia de última hora: los hombres de 100 años no engendran hijos.
No flaqueó en su fe cuando recordó que Sara tampoco era una jovencita: ¡tenía 90 años!
¿Cuál fue la respuesta de Abraham? “No vaciló en la incredulidad ante la promesa de Dios”.
Nunca dudó de Dios.
Cuando nuestra esperanza en Dios empieza a flaquear, es porque nos cuestionamos si
podemos confiar en Dios con nuestras circunstancias, especialmente cuando parecen
imposibles de superar. Abraham no veía la forma de tener un hijo en su vejez, pero se aferró
a su esperanza y confianza en Dios. ¿Cómo pudo lograrlo? Fíjese en la siguiente frase: “Se
fortaleció en su fe y dio gloria a Dios, porque estaba plenamente convencido de que lo que
había prometido también lo podía cumplir”. Fue su esperanza la que fortaleció su fe. Estaba
“plenamente convencido” de que Dios cumpliría sus promesas.
¿Y usted? ¿Está plenamente convencido de que Dios puede hacer su voluntad en el área
de su vida que está amenazando su esperanza? Quiero que tenga en cuenta estas cosas.
Dios es soberano sobre los acontecimientos de su vida, y ha prometido dirigir sus pasos (Sal
37:23). Dios hará que todas las cosas sean buenas en su vida mientras cumple su propósito
en usted (Ro 8:28). ¿Se sientes decepcionado por las oportunidades perdidas? No hay tal
cosa como una oportunidad perdida para un Dios Soberano. Dios tiene un propósito para
su vida, y Él le guiará a las oportunidades exactas que Él quiere que persiga. ¿Se siente
abatido por una pérdida en su vida? Recuerde que Dios es la vida. Aunque siempre es difícil
perder a los que amamos, debemos perseguir el propósito de Dios y vivir para su gloria
mientras aún tenemos vida. ¿Está deprimido por algún fracaso en su vida? Dios es el
maestro en convertir el fracaso en victoria. Tenga en cuenta que nuestros mayores logros
son a menudo subproductos de nuestras mayores dificultades. ¿Está desilusionado por las
promesas incumplidas de alguien? Dios es la verdad, y siempre puede confiar en Él. “Es
imposible que Dios mienta” (Heb 6:18). Reclame sus promesas y viva en la esperanza que
le proporcionan. ¿Se sientes derrotado por algún pecado en su vida? Dios promete la
victoria y la transformación cuando le entregamos nuestras vidas y le seguimos por fe.
En última instancia, nuestra fuente de esperanza se encuentra en Jesús. Si está leyendo
esto y nunca ha puesto su fe en Jesús, quiero animarle a entregar su vida a Él. Confiese su
pecado a Dios y vuélvase a Cristo por fe. Reciba a Jesús como su Señor y Salvador. Si tiene
una relación personal con Jesús, quiero recordarle que no hay lugar para la falta de
esperanza en la vida de un cristiano. No hay lugar para la falta de fe en Dios. Podemos tener
confianza en Dios, en su Palabra y en sus promesas. Por lo tanto, debemos escuchar la
verdad, creer la verdad, esperar en la verdad y esperar que la verdad guíe nuestras vidas.
Así es como vivimos en la realidad de la esperanza de Dios en Cristo cada día.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Lea Proverbios 13:12. ¿Por qué la esperanza es tan necesaria para la vida?
2. Lea Romanos 15:4. En este versículo vemos que la esperanza se deriva de dos
cosas específicas. ¿Cuáles son y cómo se relacionan entre sí?
3. Miqueas refuerza una verdad fundamental que se encuentra en Jeremías 29:11:
Dios tiene buenos planes para su pueblo. ¿Cómo aclara Miqueas 4:1–2 la
esperanza a la que se refiere Jeremías?
4. Miqueas tiene mucho que decir sobre el propósito de la disciplina de Dios. Lea
Hebreos 12:7–11. ¿Qué dice la disciplina de Dios sobre Él y sobre nuestra
relación con Él?
5. ¿Ha experimentado alguna vez la disciplina de Dios en su vida? ¿Cómo la usó
Dios para bien en su vida?
6. Dios también utiliza las pruebas para edificar nuestra fe. Lea Santiago 1:2–12.
¿Qué dice Santiago sobre las pruebas y el propósito de Dios para ellas en
nuestras vidas?
7. ¿Le ha llevado Dios alguna vez a una prueba difícil? ¿Cómo la usó Dios para bien
en su vida?
8. ¿Cuál es la diferencia entre el uso que Dios hace de la disciplina y las pruebas en
nuestras vidas?
9. Dios fue fiel a su pueblo a pesar de su pecado. Lea Lamentaciones 3:22–23. ¿De
qué manera la fidelidad de Dios hacia Israel debería animarnos en nuestro
propio camino espiritual?
10. En última instancia, como Abraham, reclamamos las promesas de Dios por la fe.
Lea Hebreos 11:17–19. ¿Cómo demuestran estos versículos el crecimiento de la
fe y la esperanza de Abraham?
ASCENSO DEL REY
MIQUEAS 5:1–15
Idea principal: Cuando el Mesías reine en la tierra, Israel será restaurado y sanado.
I. Israel será restaurado cuando el Mesías reine en la Tierra (5:1–9)
II. Israel será limpio cuando el Mesías reine en la Tierra (5:10–15)
A. Israel será limpiado de su falso sentido de seguridad (5:10–11)
B. Israel será limpiado de sus falsas fuentes de consejo (5:12)
C. Israel será limpiado de sus falsos símbolos de adoración (5:13–14)
D. Israel será limpiado de sus enemigos (5:15)

¿Se ha encontrado alguna vez en una situación en la que ha necesitado ser rescatado?
Cuando era niño, estaba pasando tiempo con mi padre en un bosque cercano a nuestra
casa. Era invierno en Pensilvania y una espesa nieve cubría el bosque. Empecé a explorar y
pronto perdí de vista a mi padre. Mientras caminaba, el suelo cedió debajo de mí y caí en
un gran agujero que en su día estaba lleno de las raíces de un poderoso árbol. Aterricé de
espaldas, pero debido al estrechamiento del agujero en el fondo, mis brazos quedaron
inmovilizados contra mis costados. No podía moverme en absoluto. Desde donde estaba
podía mirar hacia arriba, hacia los árboles del bosque. Los copos de nieve caían lentamente
sobre mí mientras estaba indefenso. Sin embargo, extrañamente, no tenía miedo. ¿Por
qué? Tenía esperanza. Sabía que mi padre estaba en algún lugar del bosque y que vendría
a buscarme. Sentí una gran alegría cuando vi su cara sonriente mirándome desde el agujero.
Bajó la mano y me sacó. Rescatado y restaurado, mi padre y yo continuamos nuestro viaje
por los árboles.
Miqueas comenzó su libro con profecías funestas sobre el inminente juicio de Dios sobre
las naciones de Israel y Judá. Al estudiar los capítulos 1 a 3, vimos que Dios se preparaba
para juzgarlos por tres fallas específicas: (1) habían rechazado su pacto, (2) habían
rechazado sus mandatos, y (3) habían rechazado su consejo. Sin embargo, a pesar de las
advertencias de Miqueas, el pueblo continuó con su rebelión, alentado por los mensajes
llenos de esperanza de los falsos profetas que los rodeaban.
En el capítulo 4 el libro de Miqueas dio un giro repentino. Miqueas animó al remanente
justo, tanto en Israel como en Judá, a mantener la esperanza porque Dios tiene un plan
futuro para rescatarlos y restaurarlos. Un día el Mesías reinará en la tierra, e Israel recibirá
el cumplimiento completo de las promesas del pacto de Abraham. Miqueas continúa
desarrollando este importante tema, que produce esperanza, en el capítulo 5.

I. ISRAEL SERÁ RESTAURADO CUANDO EL MESÍAS REINE EN LA TIERRA


MIQUEAS 5:1–9
En este capítulo encontramos una hermosa imagen del ascenso del prometido Rey Mesías.
Es una ampliación de 4:7, que dice: “Entonces el SEÑOR reinará sobre ellos en el monte Sión
desde ahora y para siempre”. ¡El Rey prometido de Israel será Dios mismo! En este capítulo
Miqueas reveló una verdad adicional sobre el futuro Rey de Israel. Primero, en los versículos
1–9 reveló que Israel será restaurado cuando el Rey aparezca al final de la era.
Este pasaje contiene uno de los versículos más famosos de todo el Antiguo Testamento,
incluso de toda la Biblia. Es un versículo que solemos leer durante nuestras celebraciones
navideñas (v. 2). Es importante porque Miqueas estaba aclarando la identidad del Rey
venidero que había sido prometido a Israel. Esto es significativo porque el Antiguo
Testamento identifica varios criterios que el futuro Mesías debe cumplir. Uno de ellos es
que debe ser descendiente del rey David. En el pacto davídico, Dios prometió a David que
tendría un heredero que se sentaría en su trono para siempre. David era de Belén, y
Miqueas reveló que su futuro heredero, el Rey eterno prometido, también nacería allí.
Miqueas describió a Belén como “pequeña entre los clanes de Judá”. En otras palabras, es
una comunidad insignificante. Cuando nombraron las principales ciudades de Israel en el
Antiguo Testamento, Belén no estaba en la lista. Sin embargo, de este insignificante lugar
saldría la persona más importante que jamás haya nacido en la tierra, ¡el Mesías de Israel!
Será el que venga en nombre de Dios para ser “gobernante de Israel”. Sin embargo, no
será un gobernante cualquiera, porque su “origen es desde la antigüedad, desde la
eternidad”. Cuando llegamos a los versículos 4–5 vemos esta hermosa imagen de la forma
en que el Mesías gobernará sobre un Israel unido: “Estará de pie y los pastoreará con la
fuerza de Jehová, en el majestuoso nombre de Jehová su Dios. Vivirán seguros, porque
entonces su grandeza se extenderá hasta los confines de la tierra. Él será su paz”. Esta es
una promesa asombrosa, que continúa la enseñanza que observamos en 4:6–8, 13. Pero
cuando leemos estos versículos en el capítulo 5, comprendemos que esta profecía aún no
se ha cumplido. Todavía se vislumbra en el futuro, a la espera de la segunda venida del Rey
Jesús.
Debido a que tenemos el beneficio de la revelación del Nuevo Testamento y de la
retrospectiva histórica, comprendemos que en el misterio del plan redentor de Dios para el
mundo se esconde un plan para enviar al Mesías en dos advenimientos distintos. El Mesías
vendría la primera vez para ser el Salvador del mundo y la segunda vez para ser el Rey del
mundo. Sin embargo, es posible que el profeta Miqueas no fuera consciente de esta verdad
cuando escribió su libro. Este fue un tema con el que lucharon muchos profetas al revelar
las profecías de Dios. Recuerde que, según Pablo, el advenimiento del Mesías como
Salvador estaba oculto a los profetas (Ef 3:1–13). Como resultado, cuando los profetas
vieron atisbos del Mesías venidero, pueden haber anticipado que Él establecería Su reino
en Su primera aparición.
Es fácil entender por qué los profetas luchaban con esto. Dios les permitía vislumbrar el
futuro, pero para ellos era como mirar una cordillera en la distancia. Podemos identificarnos
con ellos en esto. Desde kilómetros de distancia, los picos de las montañas parecen estar
muy cerca unos de otros. Sin embargo, si se sitúa en uno de esos picos, se dará cuenta de
que los separan profundos cañones o vastos valles; en realidad, no están nada juntos.
Cuando los profetas veían los acontecimientos en el futuro, no tenían forma de conocer los
intervalos de tiempo entre ellos. Y en el caso del Mesías, Dios ocultó a los profetas el
conocimiento de que iba a enviar al Mesías no una, sino dos veces, y que habría un largo
período de tiempo entre ambas.
Esta es la razón por la que muchos judíos de hoy siguen rechazando a Jesús como el
Mesías de Israel. Él no se ajusta a su modelo de Mesías por dos razones específicas. En
primer lugar, leen las promesas del Antiguo Testamento sobre un gran rey que derrotará a
los enemigos de Israel y reinará en Jerusalén, y Jesús no hizo eso. En segundo lugar, luchan
con el hecho de que Jesús murió por crucifixión. El Antiguo Testamento dice que toda
persona que cuelga de un árbol es maldita (Dt 21:23), así que lo rechazan. Por eso Pablo
dice que la muerte de Jesús por crucifixión es una “piedra de tropiezo” para los judíos (1Co
1:23). Todas estas objeciones tienen su origen, en última instancia, en la creencia errónea
de que el Mesías solo vendrá una vez, y cuando lo haga, será como un Rey conquistador.
Y sin embargo, la venida del Mesías como siervo doliente es una de las profecías más
detalladas del Antiguo Testamento. Como compartí anteriormente, es el gran misterio de
la Biblia. El misterio del evangelio es este: solo la muerte del Hijo de Dios podía expiar
plenamente nuestro pecado. Porque somos pecadores, no podemos experimentar el
perdón de Dios sin un sacrificio por nuestro pecado. En la ley del Antiguo Testamento, el
sacrificio sustitutivo estaba en el centro del culto. El pueblo tenía que traer sacrificios para
ser perdonado porque “sin derramamiento de sangre no hay perdón” (Heb 9:22). Cada año,
en el Día de la Expiación, el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo para hacer un
sacrificio por los pecados del pueblo (Lv 16). Sin embargo, este sacrificio era incompleto.
Dios mismo declaró: “Es imposible que la sangre de toros y machos cabríos quite los
pecados” (Heb 10:4). Para que pudiéramos experimentar un perdón de una vez por todas,
necesitábamos que alguien nos proporcionara un sacrificio de una vez por todas. Eso es
exactamente lo que hizo Jesús por nosotros (Heb 10:5–18). Se convirtió en el sustituto-
sacrificio perfecto por nuestro pecado.
Uno de los contemporáneos de Miqueas fue un profeta llamado Isaías. En su libro
encontramos ejemplos tanto del Siervo Doliente como del Rey conquistador. En Isaías 53
encontramos la imagen del Siervo Doliente. Me sigue sorprendiendo que alguien pueda leer
este texto y no ver una descripción profética de la muerte de Jesús. Fíjate en los versículos
3–6, 12:
Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto;
y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente
llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado,
por herido de Dios y abatido.

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de
nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos
descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el
pecado de todos nosotros.

Por eso le daré a los muchos como parte, y recibirá a los poderosos como botín, porque se
sometió a la muerte y fue contado entre los rebeldes; sin embargo, llevó el pecado de
muchos e intercedió por los rebeldes. (RV60)
Esta es una imagen del Mesías como Siervo Sufriente, el que vino a pagar la pena por el
pecado ofreciendo su propia vida como sacrificio sustitutivo. Jesús, el Mesías de Dios, vino
la primera vez para expiar los pecados del mundo. Resucitó de entre los muertos para
demostrar que el Padre había aceptado su sacrificio por el pecado, y ascendió al cielo donde
intercede por nosotros a la derecha de Dios como nuestro gran sumo sacerdote (Heb 7:25;
10:19–23). Él es el Salvador.
Luego viene la gran brecha en el tiempo. Su segunda venida aún no ha ocurrido. Pero
cuando Él venga, cumplirá todas las promesas comunicadas por Miqueas y los otros
profetas. Entonces, y solo entonces, todo en este planeta estará bajo el control y liderazgo
del Rey Jesús. Isaías tenía más que decir sobre esto:
Pues nos ha nacido un niño, un hijo se nos ha dado; el gobierno descansará sobre sus
hombros, y será llamado: Consejero Maravilloso, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de
Paz. Su gobierno y la paz nunca tendrán fin. Reinará con imparcialidad y justicia desde el
trono de su antepasado David por toda la eternidad. ¡El ferviente compromiso del Señor de
los Ejércitos Celestiales hará que esto suceda!. (Isaías 9:6–7, NTV)

En estos versículos vemos que se mencionan las dos “cimas de la montaña” al mismo
tiempo. La primera, la encarnación de Jesús en Belén, se menciona en el versículo 6: “Nos
nacerá un niño, se nos dará un hijo”. No será un niño cualquiera. El hijo dado no será otro
que el Hijo de Dios. Este es el inicio del ministerio del siervo sufriente. Pero vemos que
también se hace referencia al segundo pico, más lejano. “Reinará en el trono de David y
sobre su reino, para establecerlo y sostenerlo con justicia y rectitud desde ahora y para
siempre. El celo del SEÑOR de los Ejércitos lo logrará”. Aquí, Isaías hace referencia a la
segunda venida de Jesús, cuando ocupará su legítimo lugar en el trono de David como Rey
conquistador y reinará para siempre.
En los primeros versículos de Miqueas 5, tenemos esta imagen tan clara del primer
advenimiento del Mesías. El Hijo de Dios, el Verbo, el segundo miembro de la Trinidad, se
vestirá de carne humana y nacerá en Belén. Vemos también una imagen muy clara sobre el
segundo advenimiento del Mesías. Jesús regresará para unir y reinar sobre Israel como su
Rey conquistador para siempre. El versículo clave que divide estos dos advenimientos es el
versículo 3, “Por tanto, Él los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar
a luz. Entonces el resto de sus hermanos volverá a los israelitas”. El versículo 2 nos dice que
el Mesías nacerá en Belén durante su primer advenimiento. El versículo 4 revela que
regresará en el futuro para ser el Rey conquistador de Israel. En medio, como revela el
versículo 3, habrá una temporada de abandono que será precursora de un gran avivamiento
dentro de la nación. Esto preparará el camino para el regreso del Rey Jesús.

II. ISRAEL SERÁ LIMPIO CUANDO EL MESÍAS REINE EN LA TIERRA


MIQUEAS 5:10–15
Al continuar leyendo en el capítulo 5, notamos una segunda verdad sobre la obra del Mesías
en la Segunda Venida: Israel será limpio cuando el Rey aparezca al final de la era. Miqueas
comenzó con las palabras “En aquel día”. ¿Qué día es ese? Es el día en que el Rey Jesús reine
en la tierra, cuando se cumplan todas las promesas de Dios a Israel (5:7–9). Se refería a la
segunda venida de Jesús y a su posterior reinado en la tierra. Cuando ese acontecimiento
ocurra, Israel y la iglesia estarán unidos como la novia de Cristo. La perfección de esta unión
curará para siempre la rebelión de Israel contra el pacto de Dios. En los versículos 10–15
Miqueas identificó cuatro formas en que esto sucederá.

A. Israel será limpiado de su falso sentido de seguridad (5:10–11)


Durante años, Israel y Judá habían confiado en sus reyes, ejércitos, ciudades fortificadas y
alianzas políticas. Lamentablemente, confiaron en su propio poderío militar y no en Dios,
que había prometido a través del pacto protegerlos. En el Armagedón, Israel estará
completamente indefenso. Solo el regreso del Rey Jesús salvará al remanente judío de la
aniquilación. Cuando Jesús reine como Rey en la tierra, su pueblo ya no necesitará ejércitos
para defenderse. De hecho, convertirán sus armas en utensilios de labranza (4:3). El Rey
Jesús destruirá todas las cosas que tentaron a Israel a confiar en sí mismo.

B. Israel será limpiado de sus falsas fuentes de consejo (5:12)


Dios dijo: “Exterminaré las hechicerías de tu mano, y no tendrás más adivinos”. Hacía
tiempo que Israel y Judá habían dejado de confiar en el consejo de la Palabra de Dios.
Estaban dispuestos a buscar consejo en los lugares más inverosímiles, incluyendo los
oráculos de los falsos dioses y el consejo de los demonios. Qué ironía que el pueblo que
tenía una relación de pacto con el único Dios verdadero lo abandonara por las mentiras. ¿Te
imaginas cómo se sintió Dios? Cuando el Rey Jesús reine, todos esos falsos consejos serán
destruidos de la tierra.

C. Israel será limpiado de sus falsos símbolos de adoración (5:13–14)


Miqueas le dijo al pueblo que llegaría un día en que Dios destruiría toda forma de culto falso
de la tierra. Israel y Judá habían luchado contra la idolatría desde los últimos días del reinado
del rey Salomón. No enfrentarán esa amenaza durante el reinado del Rey Jesús. Israel nunca
más será tentado a adorar a nadie más que al único Dios verdadero; todos los dioses falsos
serán destruidos de la tierra.

D. Israel será limpiado de sus enemigos (5:15)


Dios dijo: “Y con ira y furor tomaré venganza de las naciones que no obedecieron”. Dios
habla en serio sobre lo que hará por Israel al final de la era. Hoy en día Israel sigue luchando
contra sus enemigos, a pesar de su deseo de coexistencia pacífica con las naciones
circundantes. Pero cuando el Rey Jesús regrese a la tierra, todas las naciones de la tierra se
inclinarán ante su gobierno, y el pueblo de Dios finalmente disfrutará de la paz de Dios.
El pueblo de Israel y Judá había puesto su esperanza en numerosas cosas además de
Dios: su gobierno, su cultura, su religión y su identidad nacional. A pesar de que Miqueas
hablaba en términos de consecuencias nacionales, en realidad, esas consecuencias
nacionales eran un subproducto de las elecciones individuales. Cuando leemos Miqueas 5,
se nos recuerda que la mayoría de los judíos individuales de Israel y Judá habían encontrado
su identidad personal en un estilo de vida que rechazaba el pacto, los mandatos y el consejo
de Dios. Como resultado, no encontraron su identidad en su posición como temerosos de
Dios; encontraron su identidad en su participación con la cultura secular.
Del mismo modo, muchas personas encontraron su identidad en un estilo de vida de
idolatría. Abrazaron dioses extranjeros y los rituales de adoración carnal que los
acompañaban. Otros vendieron sus almas en busca de beneficios económicos. Defraudaron
y robaron propiedades a numerosas víctimas que no tenían recursos para luchar contra
ellos. Otros encontraron su importancia en su posición, ya fuera política o religiosa. Se
apresuraron a utilizar esas posiciones de influencia para mejorar su propia afluencia.
Aceptaron sobornos y se apresuraron a falsear la verdad en su propio beneficio. En
resumen, encontraron sus identidades en grupos y actividades que eran anti-Dios. Estas
elecciones individuales condujeron a un juicio personal y nacional.

CONCLUSIÓN
Cuando consideramos las influencias en su cultura y el significado de sus elecciones
relacionadas con la cultura, se hace evidente que podemos elegir actuar de la misma
manera en nuestras propias vidas. Al igual que Israel y Judá, tenemos la tentación de adorar
a los ídolos a expensas del único Dios verdadero. Por supuesto, no nos llamaríamos a
nosotros mismos idólatras, ni creeríamos que nuestras actividades llegan a ese nivel. Sin
embargo, somos tan propensos a adorar ídolos como ellos. Cuando dejamos que las
personas, las actividades, las posesiones, los pasatiempos o el dinero compitan con nuestra
lealtad a Dios, estamos creando un ídolo en nuestros corazones. Si amamos algo más que a
Dios, es un ídolo. Y a menos que derribemos ese ídolo nosotros mismos, Dios lo derribará
por nosotros, tal como lo hizo con Israel y Judá (Éx 20:5).
También somos propensos a dejar que la codicia se apodere de nuestros corazones. Los
empresarios y los líderes políticos y religiosos pasaron gran parte de su tiempo maquinando
formas de ganar más dinero. Estaban dispuestos a recurrir al robo para multiplicar sus
recursos financieros. También nosotros podemos dejar que la codicia se apodere de
nuestros corazones. Podemos tener la tentación de robar a un empleador. Podemos tener
la tentación de hacer trampa en nuestros impuestos.
Podemos estar tentados a aprovecharnos de alguien financieramente, solo porque
estamos en posición de hacerlo. Podemos robarle a Dios su diezmo porque queremos gastar
el dinero en nosotros mismos. Entonces no solo el reino de Dios sufre por la falta de
recursos, sino que también perdemos la promesa del favor financiero de Dios en nuestras
propias vidas. De todas estas maneras, la avaricia puede convertirse en un pecado acosador.
Cuando eso sucede, el dolor es seguro (1Ti 6:6–10).
Por último, podemos caer en la tentación de buscar un puesto para obtener un beneficio
personal y no para el bienestar de los demás. Muchas personas quieren ser políticos por los
beneficios que pueden acompañar al cargo. Están más interesados en la autopreservación
y el autoservicio que en el amor al prójimo. Cada decisión depende, en última instancia, del
beneficio percibido que pueda proporcionarles. Pero esto no se limita a la política. También
puede ser cierto en el mundo de los negocios, donde la promoción conduce a beneficios.
Del mismo modo, puede ocurrir en la iglesia, cuando los pastores dirigen para beneficiarse
del trabajo de otros. Por eso los ancianos deben cumplir los criterios y la ética establecidos
por los apóstoles (1Ti 3:1–7; 1Pe 5:1–7).
Cada uno de nosotros debe tomar una decisión sobre dónde encontraremos nuestra
identidad: en Cristo o en la cultura. No podemos encontrar nuestra identidad en ambos;
debemos elegir. La cultura dice: “Consiéntete, sírvete y sálvate a ti mismo”. Jesús dice:
“Niégate a ti mismo, toma tu cruz cada día y sígueme. Porque el que quiera salvar su vida la
perderá, pero el que pierda su vida por mí, la salvará” (Lc 9:23–24). Debemos elegir entre
estas dos identidades. La mayoría del pueblo de Israel y de Judá tomó la decisión
equivocada, y experimentaron la disciplina de Dios en sus vidas. Sin embargo, podemos
evitar ese destino cuando vivimos en la realidad de la verdad de que la esperanza se
encuentra en nuestra identidad en Cristo, no a través de una identidad informada por la
cultura.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Israel siempre ha luchado por aceptar el concepto del Mesías como Salvador. Las
Escrituras revelan que Jesús el Mesías vino primero como el Siervo Sufriente. Lea
Isaías 53 e identifique los paralelismos con la crucifixión de Jesús, tal y como se
registra en Mateo 26–27.
2. Israel siempre ha aceptado el concepto del Mesías como Rey conquistador. Lea
Isaías 9; Mateo 24–25; y Apocalipsis 19 e identifique la misión de Jesús cuando
regrese a la tierra en la segunda venida.
3. Pablo describe el evangelio como un misterio. Lea Efesios 3. ¿Por qué decidió
Dios mantener en secreto la muerte y resurrección de Jesús el Mesías?
4. Miqueas 5:1–9 contiene una profecía de doble cumplimiento. Lea Salmos 2:7–
12; 22; Jeremías 31:31–34; y Joel 2:28–32. ¿Cómo revela el Nuevo Testamento
que estas son profecías de doble cumplimiento?
5. Los judíos luchan por conciliar la crucifixión de Jesús con la afirmación de que es
el Mesías. Lea Deuteronomio 21:22–23 y 1 Corintios 1:18–25. ¿De qué manera
estos versículos añaden claridad a nuestra comprensión de Jesús el Mesías como
el Siervo Sufriente?
6. Miqueas 5:3 se refiere a un tiempo durante el cual los judíos serían abandonados
por Dios a causa de su incredulidad. Lea Romanos 11. ¿Qué revela este tiempo
de abandono y cuándo llegará a su fin?
7. Cuando el Rey Jesús regrese, Israel será limpiado de su tentación de poner su fe
en falsas fuentes de seguridad. Lea el Salmo 20:7. ¿Cómo has sido tentado de
manera similar, y cuál es la solución en su propia vida?
8. Cuando el Rey Jesús regrese, Israel será limpiado de su tentación de poner su fe
en falsas fuentes de consejo. Lea Proverbios 3:5–6. ¿Cómo somos tentados de
manera similar, y cuál es la solución en nuestra propia vida?
9. Cuando el Rey Jesús regrese, Israel será limpiado de su tentación de poner su fe
en falsos símbolos de adoración. Lea Éxodo 32–33. ¿Cómo somos tentados de
manera similar, y cuál es la cura en nuestra propia vida?
10. Israel luchaba continuamente por encontrar su identidad dentro de su relación
con Dios. A menudo nosotros luchamos con lo mismo. Lea Gálatas 2:20. ¿Qué
revela este versículo sobre nuestra identidad como cristianos?
RESPUESTA AL REY
MIQUEAS 6:1–16
Idea principal: En una escena de tribunal, Dios juzga a Israel y a Judá por su pecado y les
pide justicia, misericordia y humildad.
I. Dios se enfrenta a Israel y a Judá por su pecado (6:1–5)
II. Israel y Judá hacen su defensa ante Dios (6:6–7)
III. Dios responde a Israel y a Judá (6:8–12)
A. Actuar con justicia
B. Amar la misericordia
C. Caminar humildemente con Dios
IV. Dios declara el veredicto contra Israel y Judá (6:13–16)

Hay pocas cosas más ofensivas para Dios que la injusticia. La injusticia es un azote de la
humanidad, el subproducto de nuestra depravación. Afecta a personas de todas las razas,
culturas y países. Lo que hace que la injusticia sea tan atroz es que siempre implica que los
fuertes se aprovechen de los débiles. La injusticia se produce cuando las personas con
autoridad utilizan su posición para beneficiarse a sí mismas o a sus iguales, dejando a
menudo que la gente y la verdad sufran las consecuencias.
Miqueas pintó un cuadro desesperado de Israel y Judá en los tres primeros capítulos de
su libro. El pueblo había rechazado el pacto, los mandatos y los consejos de Dios. Sin
embargo, les gustaba presumir de que eran judíos, descendientes de Abraham, el pueblo
elegido por Dios, los destinatarios de su ley. Así, al igual que muchas personas hoy en día,
el pueblo de Israel y Judá se había vuelto muy hábil para profesar lo que creía. Simplemente
habían abandonado cualquier intento de practicarlo. Estoy seguro de que muchos de ellos
se dedicaban a las actividades piadosas, pero seguían adorando a los ídolos en los templos
paganos e ignorando la verdad de Dios en su vida diaria. Consecuentemente, estaban
viviendo exactamente como los paganos a su alrededor. Debido a esto, se enfrentaban a la
disciplina de Dios, una disciplina que sería más trágica que cualquier cosa que pudieran
imaginar. No obstante, a pesar de la predicación de profetas como Miqueas, se negaron a
escuchar las advertencias de Dios.
En los capítulos 4 y 5 Miqueas cambió tanto el mensaje como su tono. En estos capítulos
extendió al pueblo judío una palabra de esperanza. A pesar de sus fallos, Dios no iba a
abandonarlos. De hecho, un día iba a enviar al Mesías, que sería el cumplimiento de las
profecías de Dios a Abraham y David. En su papel de Salvador, todas las naciones de la tierra
serían bendecidas. Y en su papel de Rey, Israel sería finalmente liberado de sus enemigos y
posicionado como la nación más grande de la tierra.
Cuando Miqueas escribió el material del capítulo 6, su mensaje cambió una vez más.
Volvió al tema del juicio que caracterizaba los tres primeros capítulos, y proporcionó la
razón de Dios para su inminente disciplina sobre el pueblo. Este capítulo es la cumbre del
libro de Miqueas. Comienza con una escena de tribunal. Me imagino en esta escena a Dios
Padre sentado detrás del banquillo como juez, y a Dios Hijo, el Mesías preexistente, de pie
en la mesa del fiscal. Las naciones de Israel y Judá están sentadas en la mesa del acusado.
El juicio está listo para comenzar, y Dios comienza a presentar Su caso contra Israel y Judá.
Dios hará sus reclamos contra su pueblo y les permitirá hacer una defensa de sus acciones.
Al leer Miqueas 6, también seremos desafiados en nuestras propias vidas. Si fuéramos
nosotros los que estuviéramos en el estrado, y Dios hiciera preguntas sobre nuestras vidas,
¿cuáles serían nuestras respuestas?

I. DIOS SE ENFRENTA A ISRAEL Y A JUDÁ POR SU PECADO


MIQUEAS 6:1–5
Miqueas 6 comienza con un lenguaje jurídico en los dos primeros versículos. Dios dice:
“Tengo una acusación contra ti por tus acciones. Las montañas están aquí para ser mis
testigos. Estuvieron presentes cuando hicimos nuestro pacto en el Sinaí, así que están aquí
por invitación mía”.
Luego vino la declaración de la acusación en los versículos 3–5. Cuando leemos estos
versículos, podemos escuchar la tristeza en la voz de Dios mientras le hablaba a su pueblo.
“¿Qué no he hecho por ustedes, más que bendecirlos? ¿Por qué merezco que me traten
así? ¿Por qué abandonaron nuestra relación para elegir la compañía de gente pagana y sus
dioses?”
Dios comenzó su interrogatorio mencionando solo algunas de las muchas maneras en
que había mantenido su parte de la relación del pacto. Mencionó el evento más significativo
de su historia: el éxodo de Egipto. Él hizo maravillas en Egipto para engrandecer su nombre.
Redimió a su pueblo y lo sacó de Egipto, rescatándolo en el Mar Rojo y estableciendo su ley
y pacto con él en el Sinaí. Les proporcionó líderes para guiarlos a la tierra prometida: Moisés,
el pastor, que fue utilizado por Dios para revelar la ley a su pueblo; Aarón, el sumo
sacerdote, que fue utilizado por Dios para enseñarles los principios de un sistema de
adoración construido sobre el sacrificio sustitutivo; Maria, la cantante, que fue utilizada por
Dios para escribir canciones de adoración para Israel. Sin embargo, lo habían rechazado.
Entonces Dios mencionó al profeta Balaam. Balaam fue contratado por Balac, rey de
Moab, y se le encargó que maldijera a la nación de Israel. Pero Dios lo interceptó en su viaje
y le exigió que bendijera a Israel. A pesar de la rebelión del pueblo en Cades-barnea, Dios
satisfizo todas sus necesidades durante los años del desierto. Les proporcionó comida y
agua, y nunca dejó que sus ropas o sandalias se desgastaran. Luego, levantó a Josué para
que los guiara en la conquista de la tierra prometida. ¿Por qué hizo Dios todas estas cosas?
Para que el pueblo “reconociera los actos justos del SEÑOR” (v. 5), y al hacerlo, abrazara la
lealtad y la obediencia del pacto.

II. ISRAEL Y JUDÁ HACEN SU DEFENSA ANTE DIOS


MIQUEAS 6:6–7
A continuación, le toca hablar al acusado. Pero, de manera típicamente humana, Israel y
Judá se negaron a responder a la pregunta de Dios. En su lugar, formularon su propia
pregunta como respuesta. Por supuesto, entendemos por qué no quisieron responder a la
pregunta: porque hacerlo sería autoinculpatorio. La respuesta correcta a la pregunta de
Dios es sencilla: “Dios, nunca nos has hecho nada más que bendecirnos”. Sin embargo, el
pueblo sabía que si respondía honestamente a esa pregunta, tendría que admitir su
culpabilidad. Así que, en su lugar, hicieron su propia pregunta a Dios en los versículos 6–7.
Esta es mi interpretación de su pregunta: “¿Qué te hará feliz, Dios? Lo digo en serio. ¿Qué
se necesita para quitarte de encima? Solo dinos lo que tenemos que hacer y lo haremos”.
¿No es esa una gran respuesta?
Pero la cosa empeora. La gente se limita a recitar una lista de actividades religiosas que
podrían librarles de las “agotadoras” exigencias de Dios. Su respuesta fue algo así:
“Entonces, Dios, ¿estarías contento si trajéramos más sacrificios al templo? ¿Qué tal un
ternero de un año, sería suficiente para ti? Mejor aún, ¿qué tal si traemos miles de carneros,
eso te satisfacería? ¿Dejarías de molestarnos? ¡Dinos! ¿Realmente te complacería si te
sacrificáramos nuestros hijos primogénitos? ¿Sería eso suficiente para comprar nuestro
perdón? ¿Nos dejarías en paz si hiciéramos eso?”. Estas preguntas destilan arrogancia y
orgullo. La gente pensó que estaba siendo muy inteligente aquí porque hay una clara
ascensión de valor en la lista. Comenzaron con algo relativamente barato, un ternero, y
terminaron con lo que más valoraban, sus hijos.

III. DIOS RESPONDE A ISRAEL Y A JUDÁ


MIQUEAS 6:8–12
Luego leemos el versículo 8. Este es uno de los versículos más significativos y profundos de
toda la Biblia. Aquí Dios condensó el espíritu de toda la ley del Antiguo Testamento en tres
simples principios. Dios desafió al pueblo a abandonar toda su actividad religiosa y a
comprometerse con Él con sus corazones. Dios quería una relación con Israel y Judá, al igual
que quiere una relación con nosotros, y una relación con Dios se obtiene siempre sobre la
base de la fe. Israel había entrado en el pacto con Dios por la fe; había abrazado la ley por
la fe; había ofrecido sacrificios por la fe. La ley, con su sistema de sacrificios, nunca se basó
en las obras; siempre se basó en la fe. Lo mismo ocurre con nosotros. No podemos obtener
una relación con Dios sobre la base de las obras. Podemos enumerar nuestros propios
logros espirituales, pero esas cosas no pueden llevarnos al cielo. Solo la fe en el Cristo
resucitado nos llevará al perdón, a la salvación y a una relación para siempre con Dios. La
salvación siempre se basa en la fe.
Sin embargo, una vez que hemos entrado en una relación de fe con Dios, Él nos llama a
caminar con Él a través de la obediencia. Este era también el objetivo de Dios para Israel y
Judá. Él esperaba que abrazaran la lealtad al pacto y la obediencia. Santiago afirmaría esta
verdad en el Nuevo Testamento: “La fe, si no tiene obras, está muerta” (Stg 2:17). Podemos
pensar en ello en estos términos: una relación con Dios comienza por la fe, pero crece a
través de la obediencia.
Dios respondió a la pregunta del pueblo con una simple declaración: “Actúa con justicia,
ama la fidelidad y camina humildemente” conmigo. Sin embargo, no les dio esta respuesta
para proporcionarles una lista de control. No se trataba de cosas adicionales que la gente
pudiera añadir a su lista de actividades religiosas. No se trataba de una solución rápida para
evitar el inminente juicio de Dios.
Miqueas 6:8 era Dios diciéndole a su pueblo: “No busco personas que simplemente
practiquen actividades religiosas; quiero personas que profesen una fe auténtica en Mí. No
quiero gente que juegue a la religión, quiero gente que me ame, y porque me ama, quiere
ser como Yo. Porque entonces sus vidas, sus familias y su nación me reflejarán al mundo”.

A. Actuar con justicia


Cuando miramos este asombroso versículo, notamos tres mandatos distintos. Primero, Dios
les dijo que “actuaran con justicia”. Este mandato tenía sentido porque el pueblo había
abandonado la justicia de muchas maneras, tanto a nivel personal como nacional. También
es el concepto que está en el centro de la escena del juicio que observamos en el capítulo
6. Es la palabra hebrea mishpat, y aparece más de 400 veces en el Antiguo Testamento. Es
un concepto basado en el carácter de Dios. Dios es justo, por lo que quiere que su pueblo
sea justo. Puede utilizarse tanto en contextos civiles como religiosos.
A nivel personal, llega al corazón de la ética de cada uno. Como demuestra claramente
Miqueas 2, la mayoría del pueblo de Israel y Judá había rechazado el mandato de Dios de
actuar con justicia en su trato con los demás. Cuando leemos este versículo, nosotros
también afirmamos el concepto de justicia. Queremos vivir en un mundo justo, y queremos
ser los destinatarios de la justicia de los demás. Sin embargo, eso no es lo que Dios está
diciendo aquí. Si eres un seguidor de Jesucristo, ya has sido el receptor de la justicia de Dios,
que fue satisfecha por la muerte sustitutiva y expiatoria de Jesús. Has sido declarado
inocente por tu pecado, y has recibido la imputación de la justicia de Cristo. En un mundo
injusto, Dios nos manda ser dispensadores de justicia a los que nos rodean.
Cuando pensamos en el concepto de justicia, debemos tener en mente otras tres ideas:
integridad, honestidad y preocupación por los débiles. Estas son el corazón de la justicia. La
integridad, en su esencia, es la aplicación coherente del propio código moral. Para los
creyentes, este código moral es la verdad de Dios contenida en la Biblia. La honestidad, o el
compromiso con la verdad, es una manifestación de la integridad. Las personas íntegras
abrazan la verdad con coherencia, especialmente la verdad de Dios. Cuandoesto ocurre,
aceptan los mandatos de Dios de mostrar justicia a los débiles, a los desheredados y a las
personas que no pueden buscar la justicia por sí mismas. Así es como se “actúa con justicia”
para la gloria de Dios. Si no nos apasionan las cosas que apasionan a Dios, entonces toda
nuestra “actividad religiosa” no significa nada. ¿Significa esto que nunca lucharemos por
modelar la justicia de Dios? Por supuesto que no. Pero sí significa que debemos esforzarnos
cada día por tratar a las personas con justicia para la gloria de Dios.

B. Amar la misericordia
En segundo lugar, Dios dijo a su pueblo que “amara la fidelidad”. En muchas traducciones
esta última palabra se traduce como “misericordia”. Este mandato también tenía sentido
porque el pueblo había abandonado la voluntad de mostrar misericordia en su vida personal
y en su nación. Es la palabra hebrea chesed. Esta es otra palabra significativa del Antiguo
Testamento. Aparece casi 250 veces en las Escrituras. Cuando se hace referencia al papel
de Dios en el pacto con Israel en el Antiguo Testamento, la palabra chesed se utiliza a
menudo para describirlo. Es difícil de traducir al español, pero la mejor definición es “amor
leal que contiene misericordia”. Esto, también, es un rasgo del carácter de Dios. El amor de
Dios se revela a través de su inquebrantable voluntad de mostrar misericordia a las
personas pecadoras. El amor de Dios se demostró a través de los sacrificios sustitutivos en
el centro del culto de Israel, así como el amor de Dios se demostró a través del sacrificio
sustitutivo de su Hijo, Jesús, en la cruz (Ro 5:8). El perdón resultante es una expresión de la
bondad amorosa y misericordiosa de Dios hacia su pueblo.
Cuando pensamos en esta palabra en su aplicación personal, significa “mostrar bondad
a los demás de buena gana”. Cuando pensamos en esta definición, nos vienen a la mente
otros tres términos similares: amor, gracia y perdón. Podemos saber que amamos la
fidelidad cuando empezamos a ver el mundo como lo hace Dios. Nos permite ver que la
gente que nos rodea necesita a Jesús y que tenemos el privilegio único de ministrar y vivir
el evangelio ante ellos de tal manera que lleguen a conocer a Jesús como Salvador. Eso
puede suceder cuando mostramos amor auténtico, practicamos la gracia y extendemos el
perdón cuando somos agraviados todas las cosas que Dios hizo por nosotros cuando nos
salvó y que continúa haciendo por nosotros diariamente. Piensa en lo raro que es encontrar
a alguien que se preocupe lo suficiente por los demás como para molestarse, satisfacer una
necesidad o estar disponible para prestar ayuda en un momento de dificultad. A menudo la
gente en nuestra cultura está tan involucrada en la auto-preservación y el auto-servicio que
nunca se dan cuenta de las necesidades de las personas que les rodean. Cuando abrazamos
el mandato de amar la fidelidad, de repente las personas que nos rodean importan, y
buscaremos oportunidades para invertir en sus vidas.
Al continuar observando el drama de la corte en el capítulo 6, Dios vuelve a castigar a
Israel y a Judá por no haber actuado con justicia ni haber amado la fidelidad (vv. 9–12). Dios
puso en evidencia las elecciones de estilo de vida del pueblo. Sus casas estaban llenas de
“tesoros de maldad”, porque robaban a compatriotas y a extraños. Los hombres de
negocios engrosaban sus cuentas bancarias utilizando “medidas cortas” y “balanzas
perversas” para aprovecharse de los clientes desprevenidos. Dios describió a los ricos como
“llenos de violencia”. Como señaló 2:1, idearon planes perversos, y luego los llevaron a
cabo. Robaron la herencia de los pobres y luego mintieron al respecto. Y practicaron el
engaño en cada oportunidad. Al leer esto, no podemos evitar preguntarnos si Miqueas
estaba hablando de su época o de la nuestra. Nuestras culturas pueden ser diferentes, pero
la condición de nuestros corazones es exactamente la misma. Lo que Dios estaba diciendo
a su pueblo era esto: “No quiero que mis hijos se parezcan a esto; quiero que se parezcan a
mí. Quiero que actúen con justicia y amen la fidelidad amando a sus vecinos, no
saqueándolos. Quiero gente de negocios que sea honesta y valore el trabajo duro y los
recursos de los demás. Quiero personas ricas que busquen cuidar a los pobres, no
victimizarlos. Quiero ciudadanos que sean honestos y confiesen su propio daño. Quiero
políticos que sirvan a los demás, no que se llenen los bolsillos con sobornos. Quiero que mi
pueblo ame la misericordia porque yo lo hago y que muestre misericordia hacia los demás
porque eso es lo que yo he mostrado hacia ellos”. Sin embargo, si queremos que estos
rasgos formen parte de nuestras propias vidas, debemos entender el último mandato que
Dios dio a su pueblo.

C. Caminar humildemente con Dios


En tercer lugar, Dios les dijo que “caminaran humildemente” con Él. Este mandamiento
hablaba del motivo del corazón del pueblo. La palabra traducida como “humildemente” en
este texto es una palabra interesante, y se usa solo aquí en todo el Antiguo Testamento. Es
la palabra hebrea tsana. Al igual que chesed, es difícil de traducir al español. La mejor
definición de esta palabra es “humilde”. Escuchamos la palabra humilde, e inmediatamente
tenemos una respuesta negativa. Pensamos en alguien débil, sin éxito o insignificante. En
realidad, es una palabra que describe la auténtica humildad.
Cuando pensamos en esta palabra en su aplicación personal, entendemos que es lo
opuesto al orgullo pecaminoso y egoísta. La humildad es el rasgo de carácter que motivará
a las personas a obedecer a Dios y ser leales a Él. Cuando pensamos en caminar
humildemente con Dios, nos vienen a la mente dos palabras: fe y obediencia. Debemos
aceptar esta simple verdad: Nunca actuaremos con justicia o amaremos la fidelidad si no
caminamos humildemente con Dios. El orgullo dice: “La vida gira en torno a mí, y la gente
que me rodea está simplemente para mejorar mi vida”. El pueblo de Israel y Judá se había
llenado de orgullo, y como resultado habían reducido su relación de pacto con Dios a una
lista espiritual de “cosas por hacer”, de la que francamente habrían prescindido. Esa es la
imagen de la arrogancia.
La humildad, sin embargo, dice esto: “Creo a Dios, y por eso obedezco a Dios”. Eso es lo
que significa caminar humildemente con Dios. Jesús, que es Dios en forma humana, modeló
la humildad para nosotros cuando vino a la tierra. Se humilló a la voluntad de su Padre
haciéndose obediente hasta la muerte, incluso en una cruz (Fil 2:5–11). Se puso bajo la
autoridad de Dios Padre para ofrecer un sacrificio sustitutivo que produjera una expiación
perfecta por nuestro pecado. En consecuencia, nos llama a hacer lo mismo: a ponernos bajo
la autoridad de Dios nuestro Padre, a vivir para su gloria y a tener un corazón que refleje el
corazón de su Padre. La persona con un corazón humilde actuará con justicia y amará la
fidelidad. Sin embargo, para que esto suceda, debemos creer y obedecer a Dios.
El pueblo de Israel y Judá no creyó en la verdad de Dios, y por eso se negó a obedecerla.
Abrazaron falsos dioses, falsos profetas y falsa ética. Nosotros somos capaces de tomar las
mismas malas decisiones. Me he convencido de que cada vez que elegimos voluntariamente
desobedecer a Dios, lo que realmente hemos dicho es: “No creemos en Dios”. Si somos
deshonestos, es porque no creemos lo que Dios dijo sobre la honestidad: que la verdad es
la mejor opción para nosotros. Si nos enojamos con alguien o con algo, es porque no
creemos lo que Dios dijo sobre el enojo injusto: que es un pecado y debe ser evitado. Si
adornamos nuestro discurso con blasfemias, es porque no creemos que la comunicación
malsana es una maldad que Dios quiere expulsar de nuestros corazones. Si no usamos
nuestros dones espirituales para la misión del reino, es porque no creemos que Dios nos
dio dones o quiere que los usemos para su gloria. Si no compartimos el evangelio con
nuestros amigos no regenerados, es porque no creemos que Dios nos dio la Gran Comisión.
Si no damos nuestros diezmos a la iglesia de Dios, es porque no creemos que Dios tiene
algún derecho sobre nuestras finanzas.
En cada uno de estos ejemplos, y en otros cientos como ellos, la raíz de nuestro pecado
es un corazón orgulloso, uno que se niega a creer y obedecer a Dios. El pecado es siempre
el resultado de una falta de fe en algún área de nuestras vidas.
Como puede ver, nunca nos humillaremos ante Dios hasta que creamos que Él “resiste
a los soberbios, pero da gracia a los humildes” (Stg 4:6) y que cumplimos mejor el propósito
de nuestra vida cuando vivimos bajo el señorío de Cristo. Cuando caminamos con esta
mentalidad, la justicia y la fidelidad nos importarán. Sin embargo, el pueblo de Israel y Judá
rechazó totalmente esta verdad, por lo que la justicia, la fidelidad y la humildad eran
conceptos extraños para ellos.

IV. DIOS DECLARA EL VEREDICTO CONTRA ISRAEL Y JUDÁ


MIQUEAS 6:13–16
A medida que Miqueas 6 se acerca al final, es el momento del fallo del juez. Se han
compartido todas las pruebas y se ha montado la defensa. Sin embargo, Dios no llama a las
montañas para que sirvan de jurado. En su lugar, hace un juicio simple y sumario:
“¡Culpable!”. Luego, en la silenciosa sala del tribunal, pronuncia la sentencia en los
versículos 13–16. La gente pensó que su pecado les traería un beneficio, pero Dios devoraría
sus ganancias mal habidas. La comida no los satisfaría. Podrían adquirir riquezas por medios
deshonestos, pero no serían capaces de conservarlas. Cultivarían muchos productos, pero
otros se los comerían. El pueblo de Israel y de Judá había abrazado los pecados de Acab
(1Re 16:29–34), y ahora pagarían por sus insensatas decisiones. Irían al cautiverio mientras
sufrían el duro juicio de Dios. Dios ordenó la vara (v. 9), y estaba a punto de golpearlos
severamente. ¿Por qué? Porque aunque estaban muy dispuestos a profesar su fe, no
querían practicarla.
¿Por qué nos importa esto hoy? Importa porque el mayor obstáculo para el evangelio
es la vida de la persona que profesa ser cristiana pero no vive una vida que refleje a Cristo.
Le da a los no regenerados el derecho de cuestionar la autenticidad de nuestra fe y del
evangelio. ¿Por qué? No hay justicia ni misericordia a la vista. Este es el reto de Miqueas 6.
Dios quiere más de nosotros que una actuación religiosa ocasional. Una verdadera relación
requiere más. Quiere que nuestros corazones latan con los latidos de su corazón. Cuando
pecamos, quiere que lo reconozcamos, lo confesemos y continuemos nuestra búsqueda de
Él. Quiere que vivamos para su gloria en nuestra vida personal, en el matrimonio, en la
crianza de los hijos, en el trabajo, en los pasatiempos y en la comunidad. Dios quiere que
nuestros corazones estén llenos de justicia, fidelidad y humildad porque Él nunca se ha
preocupado por el rendimiento religioso, siempre se ha preocupado por nuestros corazones
(1Sa 15:22).
Miqueas 6 es un capítulo increíble, y el versículo 8 es un versículo increíble. Pero seamos
sinceros: duele. Es duro para nosotros porque desafía nuestros motivos. Nos obliga a
responder a la pregunta: “¿Por qué hacemos lo que hacemos por Dios?”. ¿Le seguimos sin
entusiasmo solo para intentar ganar su favor o entrar en el cielo? ¿Realizamos actividades
religiosas con un corazón orgulloso y lleno de pecado? ¿Preferiríamos que Dios nos dejara
vivir como quisiéramos, sin mandatos ni limitaciones?
Estas eran las actitudes que dominaban al pueblo de Israel y Judá durante el ministerio
de Miqueas. A pesar de su idolatría y rechazo del pacto de Dios, ponían su esperanza en el
hecho de que mantenían algún nivel de actividad religiosa como pueblo de Dios. Estaban
convencidos de que Miqueas se equivocaba en su mensaje de juicio. Sin embargo, el tiempo
demostraría la veracidad de su mensaje. Hoy tenemos que tomar las mismas decisiones.
Podemos vivir como los fariseos modernos, o podemos vivir con un corazón que actúa con
justicia, ama la fidelidad y camina humildemente con Dios.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Lea los siguientes versículos y determine cómo se relacionan con la
demostración de la justicia: Deuteronomio 19:14, 15–21; 23:19, 21–23, 24–25.
¿Por qué estableció Dios estas leyes, y cómo demuestran la justicia por parte de
quienes las obedecen?
2. Lea los siguientes versículos y determine cómo se relacionan con la
demostración de la misericordia: Deuteronomio 22:1–4, 6–7, 8, 10; 23:15–16;
24:6–7; 24:10–13, 14–15. ¿Por qué estableció Dios estas leyes y cómo
demuestran misericordia por parte de quienes las obedecen?
3. Lea estos versículos y contemple la importancia que Dios da a la humildad:
Proverbios 3:34; 16:19; 29:23; Santiago 4:6; 1 Pedro 5:5–10.
4. Jesús fue un modelo de humildad, a pesar de ser Dios en forma humana. Lea
Filipenses 2:5–11. ¿Qué podemos aprender de su ejemplo?
5. Miqueas 6:8 no es un plan para lograr la salvación a través de las obras. Más
bien, es la evidencia de que el verdadero perdón y la fe están actuando en un
individuo. Santiago tiene mucho que decir al respecto. Lea Santiago 2:14–18.
¿Qué revela la presencia o ausencia de obras sobre la autenticidad de la fe?
6. En la época de Jesús, los fariseos se esforzaban por cumplir la ley, pero no habían
entendido el sentido de Miqueas. Lea Mateo 23:23. ¿Qué revela sobre la
importancia de la fe auténtica modelada a través de las obras?
7. ¿Es posible profesar los principios de justicia, misericordia y humildad mientras
se practica algo totalmente diferente? ¿Cómo podemos ser culpables de esto?
8. Cuando el pueblo de Israel y Judá fue confrontado con su pecado,
inmediatamente cambiaron de tema. ¿Por qué es tan difícil a veces recibir la
reprimenda y la instrucción de las Escrituras en nuestras vidas?
9. Israel y Judá no entendieron la diferencia entre hacer cosas “religiosas” y estar
en una auténtica relación con Dios. Dios está mucho más interesado en la
condición de nuestros corazones que en nuestra actividad religiosa. ¿Por qué la
condición de nuestros corazones debe ser lo más importante para nosotros, y
cómo afecta a nuestras obras?
10. Las Escrituras están llenas de ejemplos de personas que, con humildad, actuaron
con justicia y amaron la fidelidad. ¿Quiénes son y qué lograron para Dios como
resultado?
EL RETORNO DEL REY
MIQUEAS 7:1–20
Idea principal: Miqueas proporciona esperanza al prometer que el mundo será restaurado
a su perfección creada cuando el Mesías, el Rey Jesús, regrese.
I. El retorno del Rey Jesús será precedido por una apostasía global (7:1–7)
A. Habrá una epidemia mundial de maldad (7:1–4)
B. Habrá una epidemia mundial de rebelión (7:5–6)
C. Habrá una epidemia mundial de persecución
II. El retorno del Rey Jesús devolverá a Israel su gloria prometida (7:8–17)
A. Jerusalén será reconstruida (7:11a)
B. El territorio de Israel abarcará toda la tierra prometida a Abraham (7:11b)
C. El Rey Jesús reinará en la tierra en Jerusalén (7:12–17)
III. El retorno del Rey Jesús será anticipado por un remanente justo (7:18–20)
A. Dios perdonará los pecados de su pueblo (7:18)
B. Dios salvará a su pueblo de sus pecados (7:19)
C. Dios colocará a su pueblo fuera del alcance del pecado (7:20)
IV. El retorno del Rey Jesús nos da esperanza para hoy (7:7)
A. La esperanza resulta de mantener nuestros ojos en el Señor
B. La esperanza resulta de la confianza en la promesa de provisión de Dios
C. La esperanza resulta de saber que Dios escucha nuestras oraciones

Todos nosotros anhelamos la paz y la esperanza en este mundo agitado. En cambio, nos
encontramos con días cada vez más difíciles. Toda nuestra vida ha cambiado y se ha visto
afectada por la amenaza y las consecuencias del terrorismo. La explosión de aviones, los
terroristas suicidas, las bombas y el terror de todo tipo son amenazas cada vez mayores
para nuestras vidas. Plagas de proporciones bíblicas, que antes parecían imposibles en
nuestro mundo tecnológicamente avanzado, ahora amenazan con invadir nuestros recursos
científicos. La delincuencia, alimentada por la codicia, las armas, las drogas y las bandas,
está desbordando nuestro sistema legal y nuestro sentido de la decencia humana. Atrás
quedaron los días en que los soldados con espadas y pistolas libraban guerras en los campos
de batalla; ahora los drones libran guerras a distancia con armas capaces de destruir la
propia Tierra. Y la promesa de que la tecnología erradicaría la pobreza suena ahora tan vacía
como la de que el dinero cura todos los males. Son días desalentadores en la Tierra.
Por eso me encanta el libro de Miqueas; ofrece la promesa de esperanza en un mundo
caótico. El capítulo 7 continúa ese mensaje. Aquí Miqueas nos recuerda que el mundo tal
como es no representa el mundo tal como será un día. Un día nuestro Mesías, el Rey Jesús,
regresará, y todo será como Dios quería que fuera antes de que el pecado estropeara su
perfecta creación. Miqueas concluye su libro con varias verdades importantes.
I. EL RETORNO DEL REY JESÚS SERÁ PRECEDIDO POR UNA APOSTASÍA GLOBAL
MIQUEAS 7:1–7
Miqueas comenzó esta sección con estas palabras: “¡Ay de mí!”. Aquí no estaba hablando
de la gente; estaba hablando de sí mismo. Tenga en cuenta que profetas como Miqueas,
Isaías, Jeremías y otros hablaron de la verdad de Dios a generaciones de personas que no
tenían interés en su mensaje. A pesar de sus mejores esfuerzos para llamar al pueblo a una
auténtica relación de pacto con Dios, tuvieron poco éxito. Para un profeta, no hay peor
sensación.
Miqueas continuó lamentando el juicio de Dios que se avecinaba. Dijo que su corazón
se sentía vacío como los campos después de la cosecha. Quería disfrutar de los exuberantes
frutos del verano, pero no quedaban más que vides cansadas. Su espíritu estaba
desanimado por la falta de vitalidad espiritual en su pueblo. Entonces hizo esta triste y
trágica declaración: “Ha desaparecido el bondadoso de la tierra, y no hay ninguno recto
entre los hombres” (v. 2a). Es una reminiscencia de la conversación de Elías con Dios,
cuando sugirió que él era el único hombre en Israel que no se había inclinado para adorar a
Baal (1Re 19:10–18). Dios le recordó a Elías que no estaba solo, y estoy seguro de que
Miqueas tampoco estaba solo, solo que lo sentía así. Entonces, Miqueas explicó la razón de
sus sentimientos: “Todos acechan para derramar sangre” (v. 2b). En otras palabras, la gran
mayoría de la gente estaba totalmente absorta en sí misma, persiguiendo sus propias
agendas, sin importar lo corruptos que tuvieran que ser para hacerlo. Entonces, de repente,
de su desesperanza surgió una palabra de esperanza. A pesar de toda la angustia que le
rodeaba, se acercaba un día de alegría. Escribió: “Me sacará a la luz; y yo veré su justicia”
(v. 9). Miqueas sabía que un día vería cumplidas las promesas de Dios para su pueblo y para
él mismo.

A. Habrá una epidemia mundial de maldad (7:1–4)


Miqueas describió varias cosas que llevaron a este momento trágico en Israel y Judá. Son
las mismas cosas que llevarán al momento del juicio cuando el Rey Jesús regrese a la tierra
para establecer su reino al final de la tribulación. En primer lugar, Miqueas observó el
aumento de la maldad. Había príncipes, sacerdotes, gobernantes y jueces que mostraban
su favor solo a los que se llenaban los bolsillos con sobornos o pagos. Solo los ricos
prosperaban porque tenían la capacidad de manipular las circunstancias en su propio
beneficio. Eran los más responsables ante Dios porque tenían la tarea de guiar al pueblo
hacia la justicia. Sin embargo, la gente común tampoco era inmune a estos pecados. Como
habían sido guiados, así vivían. Ellos también eran responsables de sus elecciones
pecaminosas.

B. Habrá una epidemia mundial de rebelión (7:5–6)


En segundo lugar, observó un aumento de la rebelión. Había vecinos que se enfrentaban
entre sí, amigos enemistados y familiares en los que no se podía confiar. Los hijos se
burlaban de sus padres y las hijas se oponían a sus madres. Un espíritu de rebelión definía
a ambas naciones.
C. Habrá una epidemia mundial de persecución
En tercer lugar, observó un aumento de la persecución de los justos. Los justos viven en un
mundo caído, y a menudo sufren a causa de las decisiones pecaminosas de otros. Los justos
que vivían en la época de Miqueas sufrirían el mismo destino. Cuando consideramos todas
las malas decisiones tomadas por el pueblo de Israel y Judá, es fácil entender cómo Miqueas
podría haberse preguntado si los piadosos realmente habían “desaparecido de la tierra”. A
pesar de ello, dijo al remanente justo que no perdiera la esperanza ante la oscuridad.

II. EL RETORNO DEL REY JESÚS DEVOLVERÁ A ISRAEL SU GLORIA PROMETIDA


MIQUEAS 7:8–17
Es por esta verdad que inspira esperanza que Miqueas pudo alentar tal esperanza. En 7:8–
10 Miqueas admitió que se encontraba en una época de problemas y oscuridad.
Comprendía que los pecados de su pueblo eran la fuente del inminente juicio de Dios, pero
afrontaba esa triste verdad con esperanza. Confiaba en que Dios lo llevaría a la luz; vería la
salvación de Dios. Es evidente que se refería a un acontecimiento futuro: el regreso del Rey
Jesús para devolver a Israel su gloria prometida.

A. Jerusalén será reconstruida (11a)


En los versículos 11–17 Miqueas nos proporcionó alguna información importante sobre el
reinado milenario del Rey Jesús. Primero, Jerusalén será reconstruida. Durante la
tribulación, la ciudad de Jerusalén sufrirá grandes daños. Cuando Jesús reine, la gran ciudad
de Dios será reconstruida en un lugar de belleza incomparable. Será la sede del poder
global; y las naciones restantes, cuyas tierras han sido destruidas como resultado del
pecado global, vendrán a Jerusalén en busca de ayuda y guía.

B. El territorio de Israel abarcará toda la tierra prometida a Abraham (11b)


En segundo lugar, el territorio de Israel se ampliará para incluir todos los territorios
prometidos a Abraham (Gn 15:18). Por fin se cumplirá el pacto.

C. El Rey Jesús reinará en la Tierra en Jerusalén (12–17)


Tercero, el Rey Jesús reinará en la tierra. Durante este tiempo, el mundo entero vivirá bajo
su poder soberano y su gloria. Él guiará a su pueblo como un pastor amoroso, proveyendo
sus necesidades con lo mejor de todo lo que tiene para ofrecer. Su pueblo experimentará
paz y favor en abundancia. Y serán testigos y disfrutarán de las obras milagrosas de Dios en
su favor. Habiendo soportado el sufrimiento a manos de los malhechores, el pueblo de Dios
disfrutará de un descanso para siempre bajo el amoroso reinado del Rey Jesús. Sin embargo,
Él será un tipo diferente de líder para los no regenerados que sobrevivan a la tribulación.
Seguirán llevando la marca de la bestia, y sus corazones seguirán abrazando una rebelión
absoluta contra el Mesías conquistador, el Rey Jesús. Como Gollum, el hobbit torturado en
El Señor de los Anillos de Tolkien, la gente ha sido poseída por el espíritu y la marca del
anticristo, y están condenados. Se rebelarán contra el Rey Jesús y solo se inclinarán ante él
por la fuerza (vv. 16–17). A estos los gobernará con vara de hierro (Sal 2).
Dios ha puesto dentro de cada corazón humano el deseo de la belleza, el descanso y la
paz definitivos que el Rey Jesús proporcionará a su regreso. Sin embargo, solo aquellos que
poseen una relación personal con el Rey Jesús lo experimentarán de la manera que Dios
promete. Israel será la joya de la corona de la tierra durante su reinado milenario, y los
santos de todas las épocas experimentarán y disfrutarán de esta era de paz sin igual.

III. EL RETORNO DEL REY JESÚS SERÁ ANTICIPADO POR UN REMANENTE JUSTO
MIQUEAS 7:18–20
Pero eso aún está por venir. Mientras tanto, esperamos al Rey Jesús. Miqueas terminó su
libro con esta verdad: El regreso del Rey Jesús será anticipado por un remanente justo. La
oración del Nuevo Testamento es: “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22:20). Los auténticos
creyentes, que luchan en los últimos días de la tribulación, anhelarán su regreso.

A. Dios perdonará los pecados de su pueblo (7:18)


Los versículos finales de Miqueas son sorprendentes. Miqueas compartió algunas verdades
maravillosas sobre la continua fidelidad de Dios hacia sus hijos. Primero, Dios perdonará sus
pecados. A pesar de todo su pecado, maldad y rebelión, Dios todavía extendía su oferta de
misericordia. Él ofreció este perdón al “remanente de su herencia”. Él estaba
proporcionando el perdón a todos aquellos en Israel y Judá que perseguían una relación de
pacto con Él basada en la lealtad y la obediencia. Seguía bendiciendo a los que amaban a
Dios y al prójimo.

B. Dios salvará a su pueblo de sus pecados (7:19)


En segundo lugar, Dios los salvará de su pecado. No se trata de una carta blanca, un perdón
universal que se extiende a las personas que rechazan a Dios y sus caminos mientras eligen
un estilo de vida de rebelión contra Él. Este perdón y la salvación son para aquellos que los
reciben por fe. Nosotros también recibimos la misericordia y el perdón de Dios por gracia
sobre la base de la fe en el Hijo de Dios, el Rey Jesús. Él es quien murió en la cruz para pagar
la pena por nuestros pecados y fue resucitado para demostrar la eficacia de su sacrificio
sustitutivo por nosotros. Él es quien ha hecho posible nuestra reconciliación con Dios Padre,
permitiéndonos ser perdonados, sellados y adoptados en la familia eterna de Dios. Todos
los que ponen su fe en Jesús reciben el perdón de Dios. Él vence nuestros pecados y los
arroja a las profundidades del mar. Recuerda, Dios no mira más allá de nuestro pecado o
sobre nuestro pecado; Él borra nuestros pecados. Dios nos ha justificado, y esto significa
que nos ve como si nunca hubiéramos pecado y como si siempre hubiéramos obedecido
perfectamente; esta es una esperanza real que cambia la vida. Somos totalmente
perdonados por Dios, y nuestra relación con Él está totalmente asegurada por su poder y
promesa eterna.

C. Dios pondrá a su pueblo fuera del alcance del pecado (7:20)


En tercer lugar, Dios situará a su pueblo fuera del alcance del pecado. En el versículo final
de este libro, Miqueas terminó con la promesa más asombrosa: “Otorgarás a Jacob la
verdad y a Abraham la misericordia, las cuales juraste a nuestros padres desde los días de
antaño”. Miqueas encontró esperanza en la promesa de Dios de una relación eterna. Sabía
que llegaría un día en el que la lealtad del pacto de Dios con su pueblo de todas las épocas,
tanto judío como gentil, se realizaría plenamente. En ese día su pueblo sería completamente
liberado de las garras del pecado.

IV. EL RETORNO DEL REY JESÚS NOS DA ESPERANZA PARA HOY


MIQUEAS 7:7
Nosotros también vivimos en la realidad de esa promesa. Como seguidores del Rey Jesús,
estamos entre las familias que Dios prometió bendecir a través de Abraham. Sin embargo,
luchamos con muchos de los mismos desafíos que enfrentaron los pueblos de Israel y Judá.
Mientras nos esforzamos por ser un pueblo que hace justicia, que ama la fidelidad y que
camina humildemente con Dios, todavía cargamos con los efectos residuales de nuestra
vieja naturaleza (Ro 7:7–25). Habrá días en los que nos enfrentaremos a tentaciones, y la
atracción de este mundo será fuerte en nuestras vidas. ¿Qué haremos si sucumbimos en
ese momento? Escucharemos a Dios decir: “Quiero que vuelvas, confieses tu pecado,
experimentes mi perdón y continúes persiguiéndome con tu vida”. Este es el proceso de
restauración al que se refería Miqueas. Comienza en esta vida, y se realizará plenamente
en la presencia de Dios en la siguiente. Dios perdona, salva y restaura a las personas a la
comunión con Él, y esa es la fuente de nuestra esperanza. No hay nada que podamos hacer
que nos deje fuera del alcance de la gracia de Dios.

A. La esperanza resulta de mantener nuestros ojos en el Señor


Hay una última palabra de esperanza que Miqueas nos proporcionó en este capítulo. La
encontramos en el versículo 7: “Pero yo pondré mis ojos en el Señor, esperaré en el Dios de
mi salvación. Mi Dios me oirá”. ¿Qué hacemos entre el aquí y el más allá? Esa es la pregunta
apremiante. ¿Qué significa seguir al Rey Jesús en un mundo cada vez más hostil al
cristianismo? Empezamos por mantener los ojos en el Señor. Ese es el remedio para toda
tentación. Esa es la solución al problema de nuestra fuerte atracción por el mundo y sus
falsas promesas de esperanza. Es el medio por el que abrazamos la esperanza. Si miramos
nuestras circunstancias, nos veremos tentados a dudar. Como Miqueas, podemos empezar
a preguntarnos si somos la última generación que jurará lealtad al Rey Jesús. Miqueas dijo
en efecto, “Todo a mi alrededor puede estar girando fuera de control, pero voy a mantener
mis ojos en el Señor. Voy a seguirle pase lo que pase”.

B. La esperanza resulta de la confianza en la promesa de provisión de Dios


Entonces, confiamos en la provisión prometida por Dios en nuestras vidas. Miqueas dijo:
“Esperaré en el Dios de mi salvación”. Él sabía que Dios tenía un plan, y que iba a cumplir
ese plan a pesar de los obstáculos que parecían estar en su camino. Debemos vivir con esa
misma confianza en el Señor. Dios está trabajando en nosotros y a nuestro alrededor, y
podemos tener la esperanza de que sus propósitos para nuestras vidas se cumplirán.

C. La esperanza resulta de saber que Dios escucha nuestras oraciones


Finalmente, debemos recordar que tenemos esta esperanza porque sabemos que “Mi Dios
me oirá”. Él escucha y responde a nuestras oraciones mientras hace su voluntad en nuestras
vidas. A diferencia del pueblo de Israel y de Judá, que pusieron su esperanza en todos los
lugares equivocados, nuestra esperanza debe estar puesta en Dios. El Rey Jesús volverá.
Mientras tanto, no hay nada mejor que vivir con la expectativa confiada de que Dios
cumplirá sus promesas al seguirlo, tanto en esta vida como en la vida futura.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Miqueas no era la única persona en Israel que se sentía sola como uno de los
siervos del pacto de Dios. Lea 1 Reyes 18–19. ¿Qué similitudes ve entre Elías y
Miqueas?
2. Cuando lee Miqueas 7:2b–6, ¿qué similitudes ve entre la época de Miqueas y la
nuestra?
3. Apostasía significa abandonar o renunciar a las propias creencias religiosas.
Cuando el término se utiliza en la Biblia, se refiere a aquellos que se han
“alejado” de su fe por apatía o han “abandonado” su fe por rebeldía. En las
Escrituras, la apostasía es siempre una señal de un incrédulo. Los auténticos
seguidores de Cristo practican la perseverancia ante la adversidad o la
persecución. Aunque a veces luchan con cuestiones de fe, no se apartan de la fe.
¿Cuáles son algunas de las formas en las que puede protegerse de la influencia
de la apostasía en su propia vida? Revise los siguientes pasajes de las Escrituras
para obtener algunas ideas: 2 Timoteo 3:12–17; Hebreos 3:13–19; Hechos
20:28–31; Hebreos 10:23–25; Efesios 6:10–18.
4. Miqueas e Isaías fueron contemporáneos. Lea Miqueas 7:8–10 e Isaías 6. ¿Qué
podemos aprender sobre la confesión a partir de estos dos textos?
5. En el Nuevo Testamento aprendemos que la confesión es esencial tanto para la
salvación como para la limpieza diaria. Lea Miqueas 7:18–19; Efesios 1:7–10;
Colosenses 2:13–15; 1 Juan 1:9. ¿Qué aprendemos de estos textos sobre el
alcance y el propósito del perdón de Dios en nuestras vidas?
6. Miqueas comprendió que algunas de las promesas de Dios llegan después del
largo paso del tiempo (7:7). Por ello, estaba preparado para esperar las
respuestas a sus oraciones. Dios no siempre responde a nuestras oraciones de
la manera o en el tiempo que deseamos. A veces permanece en silencio durante
un largo período de tiempo. Esto puede causar ansiedad e incertidumbre en
nuestras vidas. Sin embargo, no debemos ceder a estas emociones. Un seguidor
de Cristo es alguien que entiende que Dios es soberano sobre toda la vida. Estos
tiempos de silencio prolongado pueden hacer que nos desenfoquemos
espiritualmente o que tomemos malas decisiones en la vida. Lea el Salmo 27.
¿Cómo quiere Dios que respondamos cuando estamos esperando que Él
responda a nuestras oraciones?
7. Antes de depositar nuestra fe en Cristo, éramos pecadores que vivían en un
mundo pecador. Pero cuando pusimos nuestra fe en Cristo, fuimos redimidos
para marcar la diferencia para Dios en nuestras comunidades y en todo el
mundo. ¿Cómo cambia nuestro papel en el mundo al convertirnos en seguidores
de Cristo? Lea Juan 15. ¿Qué revela este texto sobre nuestro propósito como
seguidores de Cristo?
8. Miqueas escribió un libro de esperanza en tiempos de gran desesperación
espiritual. ¿De qué manera las promesas de Dios nos dan fuerza para
permanecer fieles en nuestras propias vidas?
9. Lea Apocalipsis 19–22. Dedique tiempo a regocijarse en la promesa del regreso
del Rey Jesús.
Nahúm
INTRODUCCIÓN AL PROFETA NAHÚM
NAHÚM 1:1
Idea principal: En un momento crítico, Nahúm trajo una palabra profética de Dios contra
Nínive para animar a Judá a confiar solo en Dios.
I. El ministerio profético durante un período peligroso
II. La predicación profética proclamada poéticamente
A. La naturaleza del mensaje profético
B. El nombre del mensajero profético

I. EL MINISTERIO PROFÉTICO DURANTE UN PERÍODO PELIGROSO

El ministerio profético de Nahúm tuvo lugar a mediados del siglo VII a.C. Las referencias
internas de su profecía indican que estuvo activo entre los años 663 y 612 a.C. En el 663 la
gran ciudad egipcia de Tebas cayó en manos de los asirios, y en el 612 Nínive, la capital de
los asirios, fue conquistada por los babilonios. Por lo tanto, podemos reducir el período de
tiempo en que Nahum emitió sus oráculos desde los últimos años del reinado de Manasés,
rey de Judá, hasta el reinado de Josías, rey de Judá.
La antigua ciudad de Nínive estaba situada en la orilla del río Tigris, en el noreste de
Mesopotamia, en la zona de lo que hoy es la moderna Mosul, en Irak. Génesis 10:8–12
atribuye la fundación de Nínive a Nimrod, el gran guerrero-cazador. Al parecer, Nínive se
había convertido en una gran ciudad incluso en la remota antigüedad, ya que en la época
de Jonás se dice que tenía una población de 120 000 habitantes (Jonás 4:11). Nínive es bien
conocida como una de las capitales del Imperio Asirio durante su período de dominio del
Antiguo Cercano Oriente, desde el año 900 hasta el 612 a.C. aproximadamente. En su
apogeo, la ciudad poseía una enorme muralla que la rodeaba, grandes complejos palaciegos
y una serie de comodidades de primer orden, como parques, jardines y similares (Brand and
England, Holman Illustrated, 1192–93; Kaiser y Garrett, NIV, 1497).
Este periodo histórico se caracteriza por la transición política y la inestabilidad. El largo
reinado de Manasés se acercaba a su fin, y el Imperio Neoasirio mostraba signos de grave
debilidad (2Cr 33:10–20). Tras la muerte del rey Ezequías de Judá hacia el año 697 a.C., su
hijo Manasés le sucedió y gobernó Judá desde el año 697 hasta el 642 a.C. (2Re 21:1–18;
2Cr 33:1–20). Manasés fue un contrarreformista que intentó sistemáticamente deshacer las
reformas de su padre Ezequías (McCarter, Divided Monarchy, 184). A diferencia de su padre,
Manasés no fue fiel a la Palabra del Señor. Segunda de Reyes 21:2 dice: “Él hizo lo malo ante
los ojos del SEÑOR, conforme a las prácticas abominables de las naciones que el SEÑOR
había echado de delante de los hijos de Israel”. (RVA 2015)
Manasés fue vasallo de tres reyes asirios: Senaquerib (704–681 a.C.), Esarhaddón (681–
669 a.C.) y Asurbanipal (669–627 a.C.). Tras la muerte de Senaquerib, Esarhaddón intentó
ampliar el control asirio sobre Egipto, pero fue un costoso error de cálculo, ya que
sobrecargó las fuerzas militares asirias y restó recursos a una amenaza más importante al
este de su imperio. Asurbanipal consiguió deshacer algunos de los problemas causados por
la política de su predecesor, pero la situación seguiría acosando al rey asirio (García-Treto,
“The book of Nahum”, 439). Estos problemas resultarían ser el principio del fin de la
dominación asiria. Babilonia se convertiría finalmente en el agresor superior que acabaría
con el Imperio neoasirio saqueando Nínive en el 612 a.C. y eliminando finalmente a Asiria
en el 609 a.C. Toda la profecía de Nahúm trataba de la caída del imperio y de su capital,
Nínive.
Mientras tanto, a Manasés le sucedió su hijo Amón, que fue asesinado tras dos años en
el trono (2Re 21:19–24; 2Cr 33:24–25). El hijo de Amón, de ocho años de edad, Josías, fue
colocado en el trono por “la gente común” (2Re 21:24; 2Cr 33:25). Josías revertiría la política
religiosa de su padre Amón y de su abuelo Manasés y volvería a la fidelidad de su bisabuelo
Ezequías y de su antepasado el rey David. Segunda de Reyes 22:2 dice: “Hizo lo que era
recto a los ojos del SEÑOR y anduvo en todos los caminos de su antepasado David; no se
desvió ni a derecha ni a izquierda”. Josías condujo a Judá de vuelta al Señor en la fidelidad
del pacto, instituyendo algunas de las reformas religiosas más profundas en la historia de la
nación. En los días del rey Jeroboam I, un profeta había profetizado que Josías sería un gran
reformador para la nación (1Re 13:2). Sin embargo, a pesar de la fidelidad del rey Josías y
de todos sus esfuerzos por reformar Judá, después de su muerte el pueblo de Dios recayó
rápidamente en la infidelidad y sufrió una serie de consecuencias que condujeron a la
destrucción final de Jerusalén y a la deportación del pueblo por parte de Babilonia en el año
586 a.C. (2Re 23:24–25:21).
El ministerio profético de Nahum tuvo lugar en un período crítico de la historia, entre el
saqueo de Tebas en el 663 a.C. y la destrucción de Nínive en el 612 a.C.. Este período
peligroso estaba preparado para la poderosa predicación de un profeta que se atrevió a
proclamar el evangelio del juicio soberano de Dios contra el Imperio Neoasirio y la salvación
del pueblo de Dios, Judá.

II. LA PREDICACIÓN PROFÉTICA PROCLAMADA POÉTICAMENTE


A. La naturaleza del mensaje profético
Se nos presenta al profeta en Nahúm 1:1 con las siguientes palabras: “Oráculo sobre Nínive.
Libro de la visión de Nahúm de Elcos”. El género oracular de la profecía de Nahum se indica
inmediatamente en esta superinscripción. Los escritos proféticos bíblicos están llenos de
literatura oracular que se escribe a menudo en forma de poesía y que es un medio familiar
a través del cual los profetas del Antiguo Testamento comunican las vívidas imágenes de la
revelación divina. Todos los oráculos proféticos del Antiguo Testamento contienen poesía.
Así, el libro de Nahum contiene sus oráculos proféticos sobre el tema del imperio neoasirio
representado por su capital Nínive. La palabra traducida como “oráculo” es una palabra
hebrea con el significado básico de “llevar”, “carga” o “pronunciamiento” (Koehler y
Baumgartner, Hebrew and Aramaic, 1:639). Algunas traducciones, como las de la versión
King James y la Nueva Versión King James, emplean el término “carga”, quizá para
transmitir el peso de la tarea profética de entregar oráculos que incluyen el juicio divino
(Robertson, Nahum, 55). Una definición de este término es: “Un oráculo es cualquier
pronunciamiento divino a través de un profeta que dirige la acción humana en el presente
o predice acontecimientos futuros” (Kaiser y Garrett, NIV, 1507). Los oráculos de los
profetas bíblicos poseen las siguientes características importantes:
• Se originan en Dios (Zac 9:1; Mal 1:1)
• Se dirigen principalmente a naciones o individuos concretos (Is 13:1; Ez 12:10)
• Están destinadas a animar o corregir al pueblo de Dios (2Re 9:25)
• Enfatizan la soberanía de Dios (Zac12:1)
Isaías emplea la palabra oráculo en varios de sus oráculos contra las naciones (por
ejemplo, Isaías 13:1; 14:28; 15:1; 17:1; 19:1; 21:1; 21:11; 21:13; 22:1; 23:1). Los oráculos de
Isaías piden cuentas a las naciones por sus pecados contra el pueblo de Dios. Nahúm se
enfrentará a los pecados del imperio neoasirio contra el pueblo de Dios, Judá, y contra el
antiguo reino del norte de Israel. Los oráculos de Nahúm se dirigen contra Nínive, la capital
del imperio neoasirio. Nínive representa todo lo que estaba mal en el imperio neoasirio. Los
asirios eran imperialistas en sus ambiciones y brutales en la ejecución de sus objetivos.
La profecía de Nahúm encaja en la categoría literaria conocida como “oráculos
proféticos contra las naciones”. Además de Isaías 13–23, este tipo de expresiones proféticas
se encuentran en Jeremías 46–51; Ezequiel 25–31; Amós 1–2; Joel 3; Sofonías 2:4–15;
Zacarías 9:1–8; y los libros de Abdías y Nahúm. Este, al igual que otros profetas que
escribieron oráculos contra las naciones, dirigió su mensaje contra Asiria, pero lo destinó al
pueblo de Dios en Judá. Así que su oráculo cumple un doble propósito. Dirigido contra el
imperio neoasirio, este oráculo es un mensaje aleccionador de juicio divino que proclama
la soberanía de Dios sobre toda la tierra. El oráculo de Nahúm es también un mensaje
aleccionador para Judá en relación con su falta de confianza leal en el Señor para la
seguridad nacional. Bajo el mando del rey Manasés, Judá había sido un estado vasallo leal
que confiaba en el brutal señor asirio para su protección, en lugar de confiar en el único y
verdadero Dios del universo. Aunque el imperio parecía ser fuerte, no pasaría mucho
tiempo antes de que el Señor lo derribara. Esto sería una buena noticia para el pueblo de
Dios en Judá, que tenía que sufrir las brutales indignidades que le imponía Asiria. Así que el
oráculo de Nahúm es un mensaje negativo para Asiria, pero es un mensaje mayormente
positivo para Judá.
El hecho de que se llame “el libro” indica que se trata de oráculos escritos. Los oráculos
pueden haber sido originalmente hablados, pero ahora están codificados en forma escrita
para el pueblo de Dios como un registro de Su revelación divina a través del profeta Nahúm.
El libro contiene la palabra de Dios al profeta, y está destinado a que el pueblo de Dios
conozca la verdad sobre el propósito de Dios en su situación. No se puede exagerar la
importancia de que la palabra de Dios se conserve en forma de libro. La palabra de Dios no
solo es hablada, sino también escrita. La forma escrita (la Palabra) de la revelación divina
preserva la palabra hablada de Dios no solo para la generación que estaba presente, sino
también para las generaciones venideras. Moisés trató de preservar la enseñanza de la
palabra de Dios escribiendo cada palabra de la ley de Moisés. En Deuteronomio 31:24–26
se describen las instrucciones de Moisés sobre la Palabra de Dios:
Cuando Moisés terminó de escribir todo el conjunto de instrucciones en un libro, les dio la
siguiente orden a los levitas que llevaban el arca del pacto del Señor:Tomen este libro de
instrucción y pónganlo al lado del arca del pacto del Señor su Dios, para que quede allí como
testigo contra ustedes, los israelitas.(NTV)

Moisés sabía que el pueblo de Dios necesitaría la palabra de Dios escrita en un


pergamino para recordar todo lo que el Señor había revelado durante las décadas
anteriores. Sin el libro (pergamino) que registraba la ley —la Palabra de Dios— el pueblo
olvidaría y desobedecería al Señor. En Deuteronomio 31:27 Moisés dijo a los levitas:
“Porque conozco su rebelión y su obstinación; si estando yo hoy todavía vivo con ustedes,
han sido rebeldes contra el SEÑOR; ¿cuánto más lo serán después de mi muerte?”. (NBLA)
También hay que señalar que Nahúm profetizó durante el reinado del rey Josías de Judá
(640–609 a.C.). El rey Josías instituyó importantes reformas en las prácticas religiosas de
Judá porque, siendo un joven de dieciséis años, empezó a buscar al Señor y a rechazar las
prácticas de adoración de ídolos establecidas desde hacía tiempo por su padre Amón y su
abuelo Manasés (2Cr 34:3–7). Según 2 Reyes 22:3–13, fue durante el decimoctavo año del
reinado de Josías cuando se descubrió la ley de Moisés en el templo. Cuando se informó al
rey de este descubrimiento, este se sintió profundamente convencido por las palabras del
libro de la ley del Señor.
Segunda de Reyes 22:10–11 registra:
Asimismo el escriba Safán declaró al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me ha dado un libro.
Y lo leyó Safán delante del rey. Y cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la ley,
rasgó sus vestidos.(RV60)

La Palabra de Dios, que había sido escrita originalmente por Moisés, había sobrevivido
a generaciones de apostasía y ahora se leía a una nueva generación representada por el rey
Josías. La reforma de Judá por parte de Josías fue el resultado directo del descubrimiento
del libro de la Palabra de Dios. Solo la recuperación de la Palabra de Dios puede traer la
verdadera reforma espiritual. Esto es cierto para el individuo, para el pueblo de Dios y para
la sociedad.
La importancia de la Biblia como Palabra de Dios divinamente inspirada (también
conocida como Escritura) no puede ser exagerada para los cristianos. En 2 Timoteo 3:16 el
apóstol Pablo declara: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñar, para
reprender, para corregir, para instruir en la justicia”. La referencia de Pablo aquí es al
Antiguo Testamento. Así que el libro del profeta Nahúm formaba parte de la “Escritura” a
la que Pablo se refiere. Los elementos de enseñanza, reprensión, corrección y formación en
la justicia para el pueblo de Dios están todos contenidos en el oráculo de Nahúm sobre
Nínive. El libro de la Palabra de Dios es el libro más importante para el pueblo de Dios.
El libro de Nahúm se conoce como el “libro de la visión de Nahúm”. El término hebreo
traducido como “visión” se encuentra en otra parte del Antiguo Testamento en Proverbios
29:18 donde la HCSB traduce la palabra “revelación”. Dice: “Sin revelación la gente se
desboca, pero el que escucha la instrucción será feliz”. La ESV dice: “Donde no hay visión
profética la gente desecha toda restricción, pero bendito es el que guarda la ley”. El término
hebreo traducido como “visión” deriva de un verbo que significa “ver” (Roberts, Nahum,41).
Habacuc 1:1 se refiere al oráculo que el profeta “vio”. En Isaías 1:1 se utilizan ambas formas,
sustantiva y verbal, para referirse a los mensajes del profeta Isaías. La visión se refiere a la
comunicación de la palabra de Dios al profeta y a través del profeta. Esto queda claro por
el uso de esta palabra en Proverbios 29:18. La palabra hebrea traducida como “visión” se
emplea en toda la literatura profética de la Biblia. Por ejemplo, 1 Samuel 3:1 informa que
las visiones eran raras en aquellos días. Esto significa que durante los días de la primera
infancia de Samuel, bajo la tutela del sacerdote Elí, hubo poca revelación de Dios. Fue un
período espiritualmente seco en la historia de Israel.
A Nahúm se le ha dado una revelación divina para que la comunique en relación con el
destino de Nínive y el futuro del pueblo de Dios. Cuando predicamos la Palabra de Dios hoy,
estamos comunicando la visión divina de Dios para su pueblo y su mundo. Sin la predicación
de la visión divina, la gente permanecerá sin esperanza y sin Dios (Ef 2:12). La predicación
de la verdad bíblica es un acto de gracia divina que frena la pecaminosidad humana. La
proclamación de la verdad bíblica en el mensaje profético facilita la gracia salvadora y la
gracia común. Facilita la gracia salvadora porque solo el poder de la Palabra de Dios
pronunciada a través de la predicación es capaz de salvar a las almas del juicio divino y del
castigo eterno. Pero si las personas son convencidas por la predicación profética de la
Palabra de Dios para arrepentirse e invocar al Señor para la salvación, entonces Dios las
escuchará y las salvará de sus pecados. Romanos 10:13–15 nos recuerda estas verdades:
Pues “todo el que invoque el nombre del Señor será salvo”. ¿Pero cómo pueden ellos
invocarlo para que los salve si no creen en él? ¿Y cómo pueden creer en él si nunca han oído
de él? ¿Y cómo pueden oír de él a menos que alguien se lo diga? ¿Y cómo irá alguien a
contarles sin ser enviado? Por eso, las Escrituras dicen: “¡Qué hermosos son los pies de los
mensajeros que traen buenas noticias!”.(NTV)

El apóstol Pablo comienza y termina esta declaración con dos citas del Antiguo
Testamento —Joel 2:32 y Nahúm 1:15— que se refieren al poderoso efecto de la
predicación profética de la Palabra de Dios en el evangelio. La necesidad de la predicación
de la visión divina de la Palabra de Dios es clara. No podemos ceder porque la necesidad es
muy grande. La visión de Nahúm de la Palabra de Dios necesita ser escuchada en cada
generación. ¿Dónde está hoy la visión profética de la Palabra de Dios? ¿Dónde está la voz
profética que llama a la gente al arrepentimiento y a la fe en el siglo XXI?

B. El nombre del mensajero profético


El nombre “Nahúm” procede de una raíz hebrea que se encuentra en varios otros nombres
de la Biblia, como Nehemías, Nahamani (Neh 7:7), Tanhumeth (Jer 40:8) y Menahem (2Re
15:16). El significado de la raíz del nombre es “consuelo”. Mientras que el nombre de
Nahúm conlleva un mensaje de consuelo para Judá, el mensaje de Nahúm es todo menos
un consuelo para Asiria. “De Elcos” indica probablemente el clan o lugar de nacimiento de
Nahúm. No tenemos información arqueológica que confirme el paradero de este clan o la
ubicación de este pueblo en la antigüedad. No tenemos más información biográfica sobre
el hombre Nahúm. Así pues, sabemos muy poco sobre este profeta, salvo que fue una
persona real cuyo nombre parece haber tenido un significado providencial para su
ministerio profético.
Nahúm tiene un mensaje profético para hoy que es relevante para las realidades que
enfrentamos en el siglo XXI. Dios es soberano sobre los asuntos de las naciones tanto como
lo es sobre los asuntos de las personas. Él reina sobre todos los acontecimientos políticos,
las políticas y las personas de este mundo. Él es fiel para cuidar de su pueblo que confía en
Él para la salvación.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Qué aprendemos de Nahúm sobre la guerra? ¿Qué papel tiene Dios en la
guerra?
2. ¿Quién es responsable de las atrocidades que ocurren en la guerra?
3. ¿Qué papel tiene Dios en los asuntos internacionales?
4. ¿Cómo se hizo evidente la mano de Dios en las situaciones políticas del mundo
antiguo? ¿Cuáles fueron algunas situaciones en las que es difícil entender cuáles
eran sus planes?
5. ¿Cómo respondió Dios a la larga a la pecaminosidad de los reyes Manasés y
Amón de Judá? ¿Por qué fracasaron finalmente las reformas de Josías?
6. Cuando Dios habla en contra de los enemigos, ¿cómo puede ser eso tanto un
estímulo como una advertencia? ¿Hay algún país en nuestros días que sea
claramente malvado y que también nos sirva de advertencia?
7. ¿Tiene algún poema favorito? ¿Por qué la poesía puede ser un medio eficaz para
comunicar un mensaje profético?
8. ¿Dónde encuentra esperanza y consuelo en la Palabra de Dios? ¿Cómo puede
expresar esa esperanza y consuelo a los que no la han escuchado?
9. El nombre Nahúm significa “consuelo” o “compasión”. ¿Cómo se aplica esto al
libro de Nahúm?
UN ORÁCULO DE TRANQUILIDAD DIVINA PARA JUDÁ
NAHÚM 1:2–15
Idea principal: Dios destruyó al enemigo de Judá y proclamó la libertad y la paz a su pueblo.
I. Un retrato del castigo divino (1:2–6)
II. Una proclamación de paz divina (1:7–15)

I. UN RETRATO DEL CASTIGO DIVINO


NAHÚM 1:2–6

¡Dios no está contento! El profeta comienza su oráculo en un tono que podría sorprender
al público promedio del siglo XXI. La mayoría de las veces estamos acostumbrados a
mensajes que comienzan con una historia interesante o un poco de humor. Pero el profeta
no pierde el tiempo y entra en el meollo de la cuestión: El descontento de Dios. Nahúm no
es el único profeta bíblico que comienza sus oráculos con una nota de desagrado divino. La
principal acusación de Dios contra su pueblo en Isaías 1:2 es: “He criado hijos y los he
educado, pero se han rebelado contra mí”. Esta no es precisamente una introducción cálida
y entrañable a los sermones y oráculos del profeta. Sin embargo, es la palabra de Dios al
pueblo sobre su necesidad de arrepentimiento y redención.
El mensaje de Nahúm se dirige a Nínive, el centro de las operaciones imperiales del
Imperio neoasirio. Nínive merece un juicio por sus crímenes contra el pueblo de Dios, Judá.
“El SEÑOR es un Dios celoso y vengador; el SEÑOR se venga y es feroz en la ira. El SEÑOR se
venga de sus enemigos, se enfurece con ellos” (v. 2). Aunque no es evidente en la traducción
al español, la profecía comienza con un acróstico parcial que indica la intencionalidad
profética y la coherencia literaria del oráculo de Nahúm. El acróstico es una disposición
poética en la que cada nueva línea o sección del texto comienza con una letra sucesiva del
alfabeto hebreo. En el caso de Nahúm, el acróstico abarca solo una parte del alfabeto
hebreo. El profeta elaboró hábilmente su mensaje profético de manera que impactara a su
audiencia.
La primera declaración es que Dios es “celoso”. Para el lector moderno, los celos pueden
no ser el primer atributo de Dios que le venga a la mente. Nos encanta recitar que Dios es
paciente, bondadoso, lleno de gracia, cariñoso, cuidadoso y mucho más. Los celos
probablemente no son uno de los atributos de Dios en los que la gente piensa hoy. Pero
Dios es un Dios celoso (Dt 4:24; 5:9).
Longman comenta que el celo de Dios:
No implica que Dios esté sujeto a pequeñas sospechas, sino que exige la lealtad exclusiva
de su pueblo en la línea del primer y segundo mandamiento. De hecho, ambas versiones del
segundo mandamiento (Éx 20:5; Dt. 5:9) contienen la auto-afirmación divina de los celos.
La exclusividad de la adoración es la motivación explícita de que Dios describa su nombre
como “Celoso” a Moisés (Éx 34:14). (Longman, “Nahum”, 788)
En las prohibiciones divinas de la idolatría en Éxodo 20:5, el Señor dice: “No debes
inclinarte ante ellos ni adorarlos, porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy un Dios celoso”. En Éxodo
34:14 el Señor dice: “Nunca te inclinarás ante otro dios porque Jehová, es un Dios celoso”.
Para ser claros, Dios no está celoso de su pueblo, sino que está celoso (celo santo) por su
pueblo. El atributo de celos de Dios proviene del concepto de lealtad al pacto. La relación
de Dios con su pueblo es una de lealtad de pacto y fidelidad mutua. Él no puede tolerar la
deslealtad. Solo Él será adorado y nadie más. Dios está celoso si su pueblo viola su lealtad
al pacto con Él, y también está celoso si otros atacan a su pueblo del pacto. El celo del Señor
se refiere a su celo por proteger y defender el honor de su relación de pacto con su pueblo
(Dt 6:13–15). Esta verdad sobre el celo del Señor para defender Su honor se expresa en las
palabras del profeta Jeremías, contemporáneo de Nahúm.
“¿Te has dado cuenta de lo que ha hecho la caprichosa Israel? Como una esposa que comete
adulterio, Israel ha rendido culto a otros dioses en cada colina y debajo de todo árbol
frondoso. Yo pensaba: “Después de haber hecho todo esto regresará a mí”; pero no lo hizo,
y su desleal hermana Judá lo observó. Vio que me divorcié de la infiel Israel debido a su
adulterio; pero Judá, esa hermana traicionera, no tuvo temor, y ahora ella también me ha
dejado y se ha entregado a la prostitución. Israel no lo tomó en serio y no le parece nada
fuera de lo común cometer adulterio al rendir culto a ídolos hechos de madera y de piedra.
Así que ahora la tierra se ha corrompido. Sin embargo, a pesar de esto, su infiel hermana
Judá nunca ha vuelto a mí de corazón, solo fingió estar apenada. ¡Yo, el Señor, he hablado!”.
Jeremías articula los caminos idolátricos tanto de Israel como de Judá, pues así es como el
Señor es provocado a los celos y a la ira con respecto a su pueblo. Prostituirse con las
potencias extranjeras (y sus ídolos) para obtener protección política y progreso fue un acto
de deslealtad al pacto con el Señor, y condujo a su brutal sometimiento a esas naciones. A
Dios le disgusta que el pueblo de Dios se prostituya y que las potencias extranjeras abusen
de él. Por lo tanto, los celos del Señor conducen a su venganza no solo contra los que violan
su pacto, sino también contra los que violan a su pueblo del pacto.(Jer 3:6–10, NTV)

El Señor es un “Dios vengador”. El término hebreo para “venganza” se emplea tres veces
solo en el versículo 2. A Dios no le agrada lo que los asirios han hecho a Judá. “Venganza”
afirma que Dios es un Dios de justicia. No permitirá que el mal quede impune para siempre.
Es paciente con los pecadores para darles la oportunidad de arrepentirse, pero ciertamente
los hará responsables de todo el mal que hayan hecho contra su pueblo. En Deuteronomio
32:35 el Señor dice respecto a Israel: “La venganza me pertenece; yo pagaré”.
La paciencia de Dios hacia Asiria se reflejó en el ministerio del profeta Jonás, que predicó
a regañadientes el mensaje del inminente juicio divino sobre Nínive en el siglo VIII a.C.
Nahúm reconoce la paciencia del Señor en el versículo 3 cuando dice: “El SEÑOR es lento
para la ira pero grande en poder; el SEÑOR nunca dejará impune al culpable”. El hecho de
que el Señor sea lento para la ira se menciona en varios pasajes de las Escrituras. Por
ejemplo, Éxodo 34:6 recoge las palabras del Señor a Moisés en el monte Sinaí: “Jehová es
un Dios compasivo y misericordioso, lento para la ira y rico en amor fiel y verdad”. Esto
indica que el Señor no quiere que la gente perezca en el juicio divino, por lo que es
compasivo y bondadoso al ser lento para la ira. Él ejerce la paciencia divina durante mucho
tiempo antes de ejecutar el juicio divino sobre las personas. En Números 14:18 Moisés habla
de la paciencia divina del Señor en su intercesión a favor de Israel citando las palabras del
Señor en el Monte Sinaí registradas en Éxodo 34:6. La “lentitud de la ira” es un acto de la
gracia divina hacia los pecadores.
Dios sigue siendo lento para la ira. A menudo permite que las personas vivan mucho
tiempo antes de juzgarlas por sus pecados. El apóstol Pedro escribe en 2 Pedro 3:8–9:
Sin embargo, queridos amigos, hay algo que no deben olvidar: para el Señor, un día es como
mil años y mil años son como un día. En realidad, no es que el Señor sea lento para cumplir
su promesa, como algunos piensan. Al contrario, es paciente por amor a ustedes. No quiere
que nadie sea destruido; quiere que todos se arrepientan (NTV)

Parte de la buena noticia es que Dios tarda en ejecutar el juicio divino contra los
pecadores para que se arrepientan de sus pecados. Que nadie confunda la paciencia de Dios
con distanciamiento o debilidad. Dios no es distante y no es débil.
De hecho, el Señor no solo es “lento para la ira”, sino que también es “grande en poder”.
Dios hará que los culpables rindan cuentas. Nadie se librará del pecado y la injusticia, ni los
individuos ni las naciones. Ahora es siempre el momento apropiado para responder a la
amable paciencia de Dios con arrepentimiento y fe. Aquellos que demoran en volverse al
Señor en arrepentimiento y fe solo están acumulando el juicio divino para sí mismos. No
seas como Nínive, para quien ya era demasiado tarde.
Si alguien duda de que el Señor es grande y asombroso en poder, el profeta describe su
poder en el elocuente lenguaje de la teofanía divina en los versículos 3b–6. Esta es una de
las ilustraciones verbales más vívidas del poder cósmico de Dios, que creó y controla todos
los elementos mencionados y que tiene el poder de revertir la creación y convertirla en caos
para cumplir su propósito (Baker, Nahum, 28). El Salmo 89:11 afirma esto al declarar: “Tuyos
son los cielos; tuya es también la tierra. El mundo y todo lo que hay en él: tú los fundaste”.
Nahúm procede desde las elevaciones más altas hasta las más bajas en su descripción de la
teofanía divina. Dios controla el “torbellino”, la “tormenta” y las “nubes”. Los asirios pueden
controlar gran parte del antiguo Cercano Oriente, pero el Señor controla el viento y el agua.
El poder de Dios no puede ser igualado. Los asirios deben temer el juicio divino que se
avecina porque el Señor es todopoderoso. Las imágenes del “camino” y de los “pies” se
refieren a la forma en que Dios aplica la justicia divina a sus enemigos. Se trata de un
lenguaje antropomórfico que pretende comunicar los atributos de los impresionantes y
terribles juicios de Dios. Dios puede tomar los elementos y convertirlos en caos contra Sus
enemigos. En Proverbios 1:27 se advierte a los necios que la calamidad vendrá sobre ellos
como un “torbellino”. Las herramientas a disposición de Dios son ilimitadas, por lo que Él
puede emplear los fenómenos meteorológicos para llevar a cabo Sus juicios sobre los
pecadores.
Él controla el agua por su capacidad de secar el mar y los ríos. Basán y el Carmelo y las
“flores del Líbano” son referencias al hecho de que el juicio divino de Dios afecta a todo, en
todas partes. Una cosa es cierta: Cuando Dios viene en juicio divino, todo el mundo lo sabe.
En el futuro, el Señor vendrá en juicio divino sobre toda la tierra, según Apocalipsis 1:7:
“¡Mira! Viene con las nubes, y todo ojo lo verá, incluso los que lo traspasaron. Y todas las
familias de la tierra se lamentarán por Él”.
El juicio es seguro para los malvados. La salvación es segura para los justos. Así como los
elementos del clima indican cuándo vendrán las tormentas y otros fenómenos relacionados,
también es cierto que Dios puede usar esos mismos elementos para indicar la llegada de su
juicio divino. “Los montes tiemblan delante de él, y las colinas se derriten; la tierra se
estremece ante su presencia: el mundo y todos los que viven en él” (Nah 1:5). No solo la
atmósfera y la hidrosfera están a su disposición divina, sino también la tierra. Los
terremotos y los temblores son ejemplos del impresionante poder del Señor.
El mensaje del inminente juicio divino evoca dos preguntas retóricas en el versículo 6:
“¿Quién podrá resistir su indignación? ¿Quién podrá soportar su ardiente cólera?”. La
respuesta es obvia: ¡nadie! Cuando afirmamos la soberanía de Dios, estamos afirmando
estas y muchas más verdades sobre los atributos de Dios. Este es el tipo de lenguaje
profético que habrían entendido los antiguos reinos como Asiria porque su sed de dominio
internacional era insaciable. Solo Dios, con su impresionante poder, podía detenerlos en su
búsqueda de la supremacía imperial en la región. No importa lo poderosa que pueda llegar
a ser una nación, Dios sigue ejerciendo la soberanía final sobre ella. Él es mucho más
poderoso que las naciones humanas. Cuando las naciones desagradan a Dios, su ira puede
derribarlas como el fuego volcánico y la lava fundida. Por eso el Salmo 2:10–12 advierte a
los reyes que tengan cuidado de no desagradar al Señor:
Ahora bien, ustedes reyes, ¡actúen con sabiduría! ¡Quedan advertidos, ustedes gobernantes
de la tierra! Sirvan al Señor con temor reverente y alégrense con temblor. Sométanse al hijo
de Dios, no sea que se enoje y sean destruidos en plena actividad, porque su ira se enciende
en un instante. ¡Pero qué alegría para todos los que se refugian en él! (NTV)

II. UNA PROCLAMACIÓN DE PAZ DIVINA


NAHÚM 1:7–15
El mensaje del juicio divino sobre Asiria era una mala noticia para Nínive. Sin embargo, era
una buena noticia para Judá, que había soportado la opresión del Imperio Asirio y sus
ambiciones imperiales. Después de todos los problemas que el pueblo de Dios había
soportado bajo sus señores asirios, Judá finalmente recibiría buenas noticias en la forma del
mensaje de juicio contra Nínive. Dios se ocuparía de Asiria, y el pueblo de Dios sería
redimido. Nahúm continúa su oráculo con estas palabras: “El SEÑOR es bueno, una fortaleza
en el día de la angustia; cuida de los que se refugian en él” (v. 7). Dios no es malo. Dios es
bueno. Él no se ha olvidado de su pueblo. Dios nunca se olvida de su pueblo. El Salmo 73:1
dice: “Dios es ciertamente bueno con Israel, con los puros de corazón”. En el salmo de
acción de gracias del rey David en 1 Crónicas 16:34, dice: “Dad gracias al SEÑOR, porque es
bueno”. La bondad de Dios está clara desde el principio de las Escrituras. En la creación,
todo lo que Dios creó fue declarado “bueno” (Gn 1:4, 10, 12, 18, 21, 25, 31).
La buena noticia para el pueblo de Dios es que, en su bondad, Él es un baluarte en
tiempos de angustia. El Salmo 2:12 dice: “Todos los que se refugian en Él son felices”. El
Salmo 9:9 dice: “El SEÑOR es un refugio para los oprimidos, un refugio en tiempos de
angustia”. El Señor es fiel para cuidar de su pueblo en toda situación de crisis. El pueblo de
Dios puede correr hacia Él para refugiarse de sus opresores. El Señor quiere que acudamos
a Él en busca de refugio. Él es nuestra fortaleza. Siempre que nos encontremos rodeados
de dificultades y angustias, debemos acudir al Señor en confianza y oración y buscar refugio
en Él.
Mientras que el Señor cuidará completamente de su pueblo, destruirá completamente
a Nínive (v. 8) tal como ésta subyugó y destruyó a otras naciones para cumplir con sus
ambiciones imperialistas. No será una destrucción parcial de Nínive, sino una destrucción
total de Nínive y su imperio. Los enemigos del pueblo de Dios son vistos como enemigos de
Dios, y Él se asegurará de que nunca regresen persiguiéndolos “a las tinieblas”.
El versículo 9 pone fin al acróstico parcial con el que comenzó este oráculo. No está claro
exactamente por qué el acróstico termina en este punto, pero lo que sí está claro hasta
ahora es el mensaje de Nahúm sobre el juicio divino contra Nínive y la gracia divina para la
nación de Judá. Este mensaje llega en algún momento durante los reinados del rey asirio
Asurbanipal y de los reyes judaítas Manasés y/o Josías. Es significativo porque no habría
parecido posible dado el tamaño y el poderío militar del imperio. La predicción profética de
Nahúm dice que la inminente perdición de Nínive llegaría más pronto que tarde. La
acusación profética de conspirar contra el Señor es poderosa. Cualesquiera que fueran las
ambiciones imperiales de los asirios para con Judá, en realidad estaban conspirando contra
Dios, no solo contra su pueblo. Puede que los asirios no se vieran a sí mismos conspirando
contra el Señor, pero eso era en realidad lo que suponía su subyugación del pueblo de Dios.
El Salmo 2:1–2 plantea la siguiente pregunta: “¿Por qué se rebelan las naciones y los
pueblos conspiran en vano? Los reyes de la tierra se ponen en pie, y los gobernantes
conspiran juntos contra el SEÑOR y su Ungido”. Los reyes de este mundo nunca tendrán
éxito contra el Señor y su pueblo. Aunque Judá es pequeño comparado con el Imperio Neo-
Asirio, la protección de Dios a Judá —Su pueblo— prevalecerá sobre la superpotencia de
Nínive. Cualquiera que se oponga al pueblo de Dios se opone a Dios mismo. El Señor
defenderá a su pueblo de los ataques de los que se oponen a él.
Como cristianos, tenemos la misma seguridad de que Dios nos protegerá de los ataques
de los que se oponen al Señor. El Salmo 12:7 dice: “Tú, SEÑOR, nos guardarás; nos
protegerás de esta generación para siempre”. Dios es fiel en cada generación para proteger
y defender a su pueblo. Por eso no debemos temer a los humanos. La protección del Señor
está con nosotros. Dios se encargará de que los enemigos de su pueblo no vuelvan a
levantarse. El imperio neoasirio se desmoronaría en el año 612 a.C., para no volver a
levantarse.
El Señor afirma además la promesa de su protección a su pueblo en los versículos 12–
13. Esta sección del oráculo profético comienza con palabras que introducen el discurso
divino del propio Señor. “Esto es lo que dice el SEÑOR” es una característica común de la
literatura profética en el Antiguo Testamento. Se denomina “fórmula del mensajero” y
siempre va seguida del discurso divino de Jehová el Señor. Esta es la única vez que el profeta
Nahúm emplea la fórmula del mensajero en su oráculo. La gran fuerza de Asiria no será rival
para Dios, que la cortará como la hierba segada. No te dejes engañar por la grandeza de los
asirios, porque el Señor los aniquilará a todos, y eso ocurrirá antes de lo imaginable. Justo
cuando pensamos que los problemas o los opresores son demasiado grandes para ser
superados, Dios puede derribarlos en un momento.
El Señor no es ajeno al sufrimiento que trajo a su pueblo por su pecaminosidad. Dice:
“Aunque te he afligido, no te afligiré más”. Al pueblo de Dios se le asegura que, aunque ha
sido debidamente castigado por sus pecados contra el Señor, Él ya no permitirá que el juicio
de la opresión asiria lo aflija. El Señor romperá el yugo asirio y arrancará los grilletes de
Judá. Después de que el Señor haya disciplinado suficientemente a su pueblo,
Deuteronomio 32:36 dice: “El SEÑOR ciertamente vindicará a su pueblo y se compadecerá
de sus siervos cuando vea que su fuerza se ha agotado y no queda nadie, ni esclavo ni libre”.
El pueblo de Dios estaba oprimido bajo la esclavitud de su señor asirio, pero el Señor lo
liberaría.
No hay libertad más dulce que la libertad de los grilletes de la esclavitud y la opresión.
No hay libertad más grande que la libertad de la esclavitud del pecado y la injusticia. Este
es el lenguaje de la redención. El Señor es el Redentor de su pueblo. Él nos redimió de la
carga aplastante y de las consecuencias eternas del pecado.
La promesa del fin de la aflicción asiria sobre el pueblo de Dios no significaba que nunca
más serían castigados por la desobediencia al Señor. De hecho, pocos años después de la
profecía de Nahúm, los babilonios saquearían la ciudad de Jerusalén en 587/586 a.C. y
exiliarían al pueblo de Dios. Sin embargo, debemos considerar un propósito teológico más
significativo de esta promesa. O. Palmer Robertson comenta:
Es posible que el profeta vea a Nínive como una representación típica del archienemigo de
Israel, y su destrucción como símbolo del acto final de juicio de Dios. Quienquiera que
resulte ser el archienemigo del pueblo de Dios en las generaciones futuras puede estar
seguro, por la experiencia de Nínive, de que Dios lo destruirá y liberará a su pueblo. Dios
sigue preocupándose vitalmente por su pueblo en todas sus aflicciones. Cuando llegue el
momento adecuado para su liberación, los liberará de toda opresión. (Robertson, Nahum,
78)

El destino de Asiria es una profecía de perdición para todos los que se oponen al pueblo
de Dios, incluso para aquellos que el Señor utiliza como instrumento de castigo divino sobre
su pueblo. El Señor ama a su pueblo lo suficiente como para disciplinarnos cuando
desobedecemos su Palabra. Y Él puede usar cualquier medio que elija para disciplinar a Su
pueblo. El escritor de Hebreos, citando Proverbios 3:11–12, dice: “Hijo mío, no tomes a la
ligera la disciplina del SEÑOR ni desmayes cuando seas reprendido por él, porque El SEÑOR
disciplina al que ama y castiga a todo hijo que recibe” (Heb 12:5–6). Dios es el mismo ayer,
hoy y siempre (Heb 13:8). Sigue disciplinando a sus hijos. Hay lecciones redentoras que
aprender de las experiencias del antiguo pueblo de Dios, Judá.
El mensaje del juicio divino se reduce del imperio al que lo gobierna, el rey de Asiria (v.
14). Lo más probable es que se trate de Asurbanipal, que fue el último monarca importante
del imperio neoasirio. Dios no solo responsabiliza a las naciones por sus actos, sino que
también responsabiliza a los líderes. Dios ha dado una orden: el fin ha llegado para la
monarquía asiria. El decreto es irreversible y seguramente se cumplirá.
El imperio se vería sumido en el caos de la guerra civil tras la muerte del rey Asurbanipal
en el año 627 a.C. Aunque el imperio estaba en la cúspide de su fuerza, las cosas se
desmoronaron rápidamente. En algún momento del caos, el hijo de Asurbanipal le sucedió,
pero ya era demasiado tarde para revertir el inevitable colapso del imperio. Dios no solo dio
muerte a Asurbanipal, sino que también destruyó el imperio neoasirio, lo que allanó el
camino para que los babilonios comenzaran su ascenso a la supremacía en la región.
El anuncio de la llegada de un mensajero con “buenas noticias” podría esperarse
normalmente al principio de un oráculo, pero aquí, en el versículo 15, el anuncio del
mensajero se da al final del primer oráculo de Nahúm, aparentemente como un clímax. El
mensajero emite la declaración de buenas noticias para el pueblo de Dios. La larga y amarga
experiencia de la tiranía asiria está terminando. Dios ha enviado un mensajero, un
anunciador, un predicador para proclamarlo. El mensaje de las buenas noticias se proclama
desde “los montes”, que sirven de plataforma desde la que el mensajero puede llevar el
mensaje de las buenas noticias a lo largo y ancho de la tierra. El versículo 15a dice
literalmente: “He aquí, sobre los montes, los pies de un mensajero que anuncia la paz”. La
imagen de la llegada de un mensajero que proclama buenas noticias se encuentra también
en Isaías 52:7 “Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la
paz, que trae buenas noticias, que anuncia la salvación, que dice a Sión: Tu Dios reina”.
“Además, citando a Nahúm 1:15 e Isaías 52:7, el apóstol Pablo en Romanos 10:15 escribe:
“¿Y cómo pueden predicar si no son enviados? Como está escrito: ¡Qué hermosos son los
pies de los que traen buenas noticia!”.
El mensajero viene con el mensaje de paz. No solo indica el cese de las hostilidades entre
los seres humanos, sino que, lo que es más importante, afirma la paz con Dios. Dios está en
paz con su pueblo, y ahora su pueblo puede estar en paz con él. Cuando el pueblo de Dios
ve y oye las buenas noticias procedentes del mensajero, es el momento de alegrarse. De
hecho, esto es parte del mensaje del mensajero al pueblo. El pueblo de Dios puede
“celebrar” sus fiestas de adoración ante el Señor ahora que el dominio de su opresor está
siendo eliminado. J. J. M. Roberts comenta:
Debido a esta buena noticia, Judá debe celebrar sus fiestas en honor a Jehová y cumplir los
votos que le hizo. La implicación parece ser que Judá no podía celebrar sus fiestas
adecuadamente mientras estuviera bajo el pulso de la opresión asiria. No es casualidad que
uno de los actos más importantes de la reforma política y religiosa de Josías tras la pérdida
de control de Asiria en el oeste fuera la celebración pública de la fiesta de la Pascua (2Re
23:21–25). (Nahum, 54)

Tras el descubrimiento de la ley del Señor en el templo, la desaparición de la hegemonía


asiria fue un factor adicional crucial para sentar las bases de las reformas de Josías en Judá.
El heraldo de Nahúm insta a celebrar las fiestas del Señor para cumplir los votos y volver a
la fidelidad al Señor. El pueblo de Dios había experimentado el castigo que merecía por la
desobediencia al pacto del Señor. Ahora se alegrará porque se ha salvado del poder de
Asiria.
¿Qué relación existe entre las buenas noticias de Nahúm y las buenas noticias cristianas?
El mensaje de buenas noticias de Nahúm proclama la salvación del pueblo de Dios de la
opresión de una brutal nación enemiga y el retorno al Señor. Las buenas noticias cristianas
son el mensaje de que el mismo Dios proporciona la salvación de la brutal opresión del
pecado mediante el sufrimiento y el sacrificio de Cristo, nuestro Salvador, en la cruz. El
evangelio de Nahúm y el evangelio cristiano se basan en la misma premisa: Dios salva a los
pecadores. La buena noticia de Nahúm anticipa la buena noticia definitiva del evangelio
cristiano. La buena noticia cristiana lleva la buena noticia de Nahúm a su conclusión final.
Cuando los predicadores proclaman las buenas noticias del evangelio, el pueblo de Dios
tiene ocasión de alegrarse por la buena noticia de que Dios salva a los pecadores.
El antiguo pueblo de Dios nunca más tendría que preocuparse de que Asiria los
oprimiera. “Porque el malvado nunca más marchará a través de vosotros; será enteramente
aniquilado” (v. 15b). El aviso del mensajero no solo contiene el mensaje de paz, sino
también la promesa de seguridad. Esto no significa que los ejércitos extranjeros no volverán
a invadir Judá, sino que los asirios no volverán a invadirlos. Los cristianos tenemos la
seguridad de que hemos sido redimidos del pecado para no volver a ser esclavos de él (Ro
6:6, 14). Las palabras del heraldo de Nahúm se cumplen en última instancia en la redención
del evangelio cristiano, pues el opresor llamado pecado será eliminado por completo.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Qué opina del celo santo de Dios? ¿Cómo se relaciona el celo de Dios con el
pacto con su pueblo?
2. ¿Hay algún aspecto de la envidia o el celo que sea admirable en el ser humano?
3. ¿Cómo explicaría la venganza de Dios a una clase de estudio bíblico de quinto
grado?
4. ¿Cómo ha actuado la paciencia de Dios en su vida? ¿Ha experimentado alguna
vez el desagrado del Señor?
5. ¿Cómo presume la gente de la paciencia de Dios?
6. ¿Cómo se relacionan la ira de Dios y la justa justicia de Dios? ¿Has visto ejemplos
del juicio de Dios contra personas o naciones? ¿Cómo ayuda la contemplación
de la ira y la justicia de Dios a comprender y apreciar la gracia de Dios?
7. ¿Cómo ayuda la contemplación de la soberanía de Dios a comprender la justicia
y la gracia de Dios?
8. ¿En qué sentido es alentador ver que Dios protegió a Judá destruyendo a sus
enemigos? ¿Qué enemigos amenazan a los cristianos hoy en día?
9. ¿Cómo ha visto la protección de Dios cuando se ha enfrentado a enemigos físicos
o espirituales?
10. ¿Recuerda todavía el alivio que sintio cuando Dios le liberó de la esclavitud del
pecado? ¿Cómo puede mantener fresco ese recuerdo?
ORÁCULO DEL CASTIGO DIVINO PARA ASIRIA
NAHÚM 2:1–13
Idea principal: Debido al mal comportamiento de Asiria en el pasado, el profeta anuncia su
inminente destrucción.
I. El castigo divino ejecutado (2:1–10)
II. Retribución divina justificada (2:11–13)

El segundo oráculo de Nahúm es un mensaje de castigo divino para Asiria a causa de su


política brutal y opresiva hacia Judá, el pueblo de Dios. El profeta hace una descripción
detallada de lo que le ocurrirá a la capital asiria de Nínive. Se trata de una desgarradora
ilustración del juicio divino a través del deterioro de un imperio y del inminente ataque a su
capital. Asiria se desmorona política, militar y socialmente. El caos que impuso a muchos
reinos más pequeños, incluido el de Judá, se derrumbará ahora sobre ella. Nahúm no tiene
interés en atribuir la desintegración política, militar y social de Asiria a nadie ni a nada más
que al decreto divino de Jehová, el Dios de toda la tierra. Aunque la desaparición de Asiria
podría atribuirse a muchos factores, el más importante es la justicia divina del Señor.
Nahúm 1:3 dice: “El SEÑOR nunca dejará impune al culpable”. Ahora el profeta ofrece un
retrato de cuerpo entero del castigo de Nínive.

I. EL CASTIGO DIVINO EJECUTADO


NAHÚM 2:1–10
Mientras Judá celebra las buenas noticias en las montañas, se vislumbran malas noticias
para Nínive, la capital del Imperio Neoasirio. Durante muchos años, Asiria ha sido una mala
noticia para otros reinos al dispersarlos por el Antiguo Cercano Oriente como parte de la
política de deportación asiria. Los asirios eran conocidos por dispersar a las poblaciones
conquistadas a otros lugares. Segunda de Reyes 17 registra la caída de Samaria, la capital
del reino del norte de Israel. Oseas, el último rey de Israel en Samaria, tomó la calculada
decisión de rebelarse contra su señor asirio. Oseas fue arrestado, Samaria fue asediada y
capturada por los asirios, el pueblo fue deportado y se trajo a gente de otras tierras para
reemplazarlo (2Re 17:1–6, 24). La justificación bíblica para el derrocamiento de Israel se
expone sucintamente en 2 Reyes 17:7:
Esto sucedió porque los israelitas habían pecado contra el SEÑOR su Dios, que los había
sacado de la tierra de Egipto de bajo la mano de Faraón, rey de Egipto, y habían reverenciado
a otros dioses. (NBLA)

El pueblo de Dios cometió una traición espiritual contra Él, y fue castigado por ello al
tener que sufrir la invasión y la deportación bajo los asirios. Moisés había profetizado en la
historia israelita anterior que si el pueblo de Dios cometía idolatría sería ciertamente
invadido y exiliado por naciones enemigas (Dt 4:27; 28:36–37, 64).
Ahora Asiria está a punto de ser aterrorizada y dispersada como un acto de retribución
divina por sus pecados, de la misma manera que había invadido y deportado a Israel y a
otras naciones. ¡El dispersor está a punto de ser dispersado!
“Aquel que dispersa” es quizás una referencia a Dios, que también está detrás de un
reino terrenal que viene a hacer la guerra a Asiria, es decir, una coalición formada por los
babilonios junto con los medos. Están decididos a librarse del yugo asirio para siempre. Esta
palabra se utiliza sobre todo para describir la dispersión de la gente. Aquí describe a alguien
que se levantará para destruir Nínive. Como resultado, los habitantes serán dispersados
fuera de la ciudad. El horizonte inmediato parece ominoso para Nínive. Un enemigo se
acerca rápidamente para atacar la capital de Asiria. Se emiten una serie de imperativos para
alertar a todos para que se preparen para el próximo asedio a Nínive: “¡Atentos a las
fortificaciones!, ¡Vigilen el camino!; ¡Prepárense! Reúne todas tus fuerzas” (Nah 2:1). El
lenguaje indica que el asedio avanza rápidamente hacia la capital. El ambiente es tenso. El
estrés aumenta. Los corazones laten con fuerza. El valor está al borde del colapso. Se
convoca a todos para que asuman posiciones preparadas en defensa de la ciudad.
La retribución de Dios contra Asiria es paralela a su restauración de Judá. Así como
derriba a Nínive, levantará a Jerusalén. Pero el versículo 2 parece sugerir una realidad más
significativa de restauración para el pueblo de Dios más allá de la reversión inmediata de
las circunstancias para Judá. Dios restaurará toda la nación de Israel después de haber
conquistado a sus enemigos. La “majestad” de Israel volverá a pesar de los estragos del
pasado. Algunos comentaristas han considerado este versículo como una interrupción en el
flujo del oráculo de Nahúm, pero funciona como una justificación más de la inminente
perdición de Asiria. Dios castigará a los enemigos de su pueblo, y al hacerlo restaurará la
fortuna de su pueblo. Dios nunca olvida a su pueblo, no importa lo que haya hecho mal. Su
amor eterno por su pueblo no puede ser quebrantado. De hecho, Dios muestra su amor por
Judá castigandolo por sus pecados y, después, restaurandolo. Aunque el pueblo de Dios
había fracasado por sus pecados, su fracaso no sería definitivo. La fidelidad de Dios siempre
supera nuestros fracasos. Segunda de Timoteo 2:13 dice: “Si somos infieles, Él permanece
fiel, porque no puede negarse a sí mismo”. Dios les daría fielmente la vuelta a las cosas
porque es fiel y porque no se puede negar su gracia y su amor por su pueblo. También es
cierto que Dios es fiel a su pueblo debido a sus promesas a los patriarcas Abraham, Isaac y
Jacob (Éx 3:6). Dios es fiel a la palabra de su promesa a su pueblo. Podemos estar seguros
de la fidelidad de Dios a su palabra. Él no cambia (Mal 3:6). Hebreos 13:8 dice: “Jesucristo
es el mismo ayer, hoy y siempre”.
En los versículos 3–4 el profeta hace una descripción de los invasores que se acercan
acompañando al que se dispersa y su asalto a Nínive. Se trata de una fuerza formidable que
avanza sobre Nínive. James Montgomery Boice califica la descripción de los
acontecimientos de Nahúm como “una obra maestra de la literatura antigua, insuperable
por su descripción gráfica de un asalto militar” (Minor Prophets, 376). El profeta está
describiendo un acontecimiento que aún no había tenido lugar con detalles gráficos que se
asemejan a las escenas que uno encontraría en las salas de cine de hoy. Al leer los versículos
3–4, se podría tener la impresión de que los invasores ya han entrado en Nínive, pero están
en las afueras de la ciudad avanzando hacia la muralla.
No se trata de “una colección de reclutas involuntarios” (Roberts, Nahum, 65). Están
bien equipados, entrenados, organizados y preparados con un plan estratégico de ataque
contra la ciudad. Disponen de un equipo de calidad: escudos rojos, trajes de batalla
escarlata, carros de primera clase y lanzas. Están listos para la conquista. Están preparados
para derrotar a Nínive. La escena es aterradora. La escena comienza en las afueras de
Nínive, pero avanza rápidamente hacia la muralla de la ciudad. Los guerreros no pierden
tiempo y se lanzan al ataque contra la ciudad. Infligen un caos intencionado a los habitantes
y al entorno. Se especializan en la miseria y la locura para tomar la ciudad. El derramamiento
de sangre está en sus ojos. “Los carros corren como locos por las calles; se precipitan por
las plazas” es una vívida descripción de la rapidez con que se desarrolla el ataque cuando
este ejército de conquistadores inflige bajas masivas en Nínive. Saben exactamente lo que
hacen, mientras los habitantes de Nínive están confundidos y aplastados. Infunden miedo
y terror a todos. O. Palmer Robertson comenta esta escena:
Han reclamado todo el territorio inmediatamente fuera de las murallas de la ciudad. Las
carreteras suburbanas y las intersecciones que se cruzan en el camino hacia las distintas
puertas de la ciudad están ya totalmente ocupadas. La última resistencia se ha retirado tras
la seguridad de las murallas de la ciudad, y los temibles carros del enemigo se apresuran a
asegurar todas las rutas de escape posibles. (Nahum, 89)

Dios no será burlado. Nínive está experimentando una dosis letal de su propio veneno.
Naciones como Asiria serán llevadas a la justicia divina por el Señor. Los pecadores no
pueden pisotear impunemente al pueblo de Dios. El Señor defenderá a su pueblo. La
velocidad y rapidez con la que se produce el asalto a Nínive es impresionante. La invasión
es rápida como un rayo. El juicio puede parecer que tarda en llegar; pero cuando llega, llega
rápidamente, especialmente para Asiria.
En primer lugar, el asalto comienza en las afueras de Nínive, pero los invasores pronto
avanzan sobre la propia ciudad (v. 5). Se concentran en la muralla de Nínive y comienzan a
establecer obras de asedio inmediatamente. Los soldados casi se hieren a sí mismos al
apresurarse a romper el muro de la ciudad. No tardan en lograr un avance. La ciudad no es
tan fuerte como se percibe a la luz de la rapidez de este asalto militar. Por muy fuerte e
impenetrable que pareciera Nínive, el Señor ha dejado al descubierto su debilidad. Los
invasores logran atravesar la muralla de la ciudad en un tiempo récord.
Nínive se muestra débil en un área de defensa en la que se pensaba que era más fuerte
(v. 6). Roberts comenta: “La mención de las compuertas se debe probablemente al famoso
sistema de presas y compuertas de Nínive que controlaban el flujo de agua hacia Nínive”
(Nahum, 66–67). Los invasores toman el control del sistema de aguas de la ciudad y lo
vuelven contra ella. Como resultado, la ciudad se inundará de agua, pero también de
invasores que entrarán en la ciudad como si fueran aguas de inundación. Esto lleva al
colapso de la voluntad de defender la ciudad. La erosión del palacio es una poderosa imagen
que comunica la profunda sensación de miedo y temor que experimentan todos los
habitantes de Nínive y sus jurisdicciones circundantes. El palacio, que representa el
gobierno central de Nínive, se debilita y se desmorona ante la embestida de los invasores.
Nínive se ve abrumada por la llegada del juicio divino por sus pecados contra Jehová.
La erosión del palacio es también metafórica en el sentido de que los reyes de Asiria ya
no tendrán un lugar donde residir. La monarquía asiria está acabada, y su brutal reinado
sobre los reinos del Antiguo Oriente Próximo ha llegado a su fin. Hay una lección importante
para nosotros hoy: por muy poderosos que lleguen a ser los monarcas, al final llegarán a su
fin. En otras palabras, nadie reina para siempre excepto el Señor.
En los versículos 7–8 el profeta Nahúm caracteriza la ciudad de dos maneras
interesantes. Primero, Nínive es una princesa en luto. En segundo lugar, Nínive es como un
estanque que se vacía rápidamente. La princesa Nínive es despojada de toda su belleza y
opulencia. La ciudad se ve humillada por la destrucción devastadora de unas fuerzas que
ella ya no puede derrotar. Las consecuencias del asalto militar a Nínive son devastadoras.
Se escucha el sonido del luto de las mujeres que quedaron atrás. Las hermosas sirvientas
de Nínive gimen y gimen en las calles. Los golpes de pecho son una señal de lamento y luto
por una gran pérdida (véase Is 38:14; Ez 7:16). Todo está perdido para Nínive, y nadie puede
ayudar. También se dice que la ciudad es como un estanque que se está vaciando. Todos
los que pueden escapar están saliendo de la ciudad y huyendo por sus vidas. La plenitud de
la ciudad se ha convertido en un vacío con todos sus habitantes huyendo de ella ahora que
ha caído en manos de un dispersor (v. 1). “¡Deténganse! ¡Deténganse!”, gritan, pero nadie
se vuelve atrás”. La gente huye de Nínive sin intención de detenerse ni de volverse. La
ciudad que habían llenado está ahora vacía. Cada persona está desesperada por salvarse
del colapso total del régimen. La caída de Nínive representa la caída del Imperio Neoasirio.
Dios ha vuelto a ejercer su soberanía divina sobre un imperio. No será la última vez que lo
haga. Dios sabe cómo reunir la confluencia exacta de factores para que los imperios se
levanten y caigan. Asiria no volvería a levantarse. Nahúm ha hecho que el mensaje sea lo
más claro y convincente posible a través de sus representaciones gráficas de la inminente
caída de Nínive.
Nínive era conocida por su riqueza y opulencia. Nínive exigía tributo a innumerables
reyes y reinos de todo el Antiguo Oriente Próximo. No es de extrañar que la ciudad posea
los mayores tesoros (v. 9). Puede que Nínive fuera rica en tesoros terrenales, pero era pobre
en verdaderas riquezas. Puede que el pueblo de Dios no siempre posea las mayores riquezas
terrenales, pero se nos ha dado la mayor riqueza en las verdaderas riquezas. El pueblo de
Dios posee riquezas que no pueden ser compradas con la riqueza del mundo. Las riquezas
de este mundo pueden ser arrebatadas por otros, pero las verdaderas riquezas no pueden
ser saqueadas por nadie. Dios había dado a Nínive una oportunidad de poseer verdaderas
riquezas en el tiempo de Jonás. Nínive se arrepintió, pero su piedad no duró mucho (véase
Jon 3:5–10). Ahora Nínive cargaría con todo el peso de sus muchos pecados ante Dios. Los
pecadores y las naciones pecadoras serán juzgados por Dios. Así como Nínive no pudo
escapar del juicio, los pecadores no podrán escapar del juicio divino. La gente puede huir
de Dios, pero nunca escapará. Las naciones pueden negar a Dios, pero ciertamente
enfrentarán su juicio.
Nahúm llega a un crescendo en su apasionante descripción de la caída de Nínive en el
versículo 10. ¿Qué mejor manera de articular el impacto sobre la ciudad que emplear un
poderoso juego de palabras que resume el estado de la situación tras el juicio divino?
“¡Desolación, diezmación, devastación!” conforman “una exclamación de horror ante la
escena de la ciudad en ruinas” (Longman, “Nahum”, 807).
Los dos primeros términos provienen de la misma raíz, que significa “vaciar”. El tercer
término significa “destruir”. Estos tres términos ilustran la totalidad de la destrucción
causada por los invasores. Las secuelas no son una escena atractiva, porque la ciudad ha
sido arrasada y sus habitantes se encuentran sin hogar y en la más absoluta indigencia. Los
efectos de la escena se describen en términos fisiológicos: “Los corazones se derriten, las
rodillas tiemblan, los lomos se estremecen, todos los rostros palidecen”. La devastación es
tan desgarradora que provoca una reacción fisiológica nefasta en quienes la presencian. Las
convulsiones interiores se experimentan a través de reacciones físicas adversas. Se ha
perdido todo el valor.
El profeta Joel describe de manera similar la reacción de las naciones ante la llegada del
Día del Señor cuando dice: “Las naciones se retuercen de horror ante ellas; todos los rostros
palidecen” (Jl 2:6). El profeta Isaías ofreció esta descripción cuando profetizó sobre el juicio
que vendría sobre el reino de Babilonia:
Griten de terror, porque ha llegado el día del Señor, el momento para que el Todopoderoso
destruya. Todos los brazos están paralizados de temor; cada corazón se derrite y todos se
aterran. Les sobrevendrán punzadas de angustia, como las de una mujer que está de parto.
Se miran unos a otros sin poder hacer nada, con el rostro encendido de miedo. (Is 13:6–9)

Está claro que Isaías no solo estaba describiendo la eventual perdición de Babilonia, sino
también la del mundo entero. Dios juzgará al mundo entero, no solo a los reinos
individuales, y la reacción será tal como la describe el profeta. Los pecadores ciertamente
se enfrentarán a un Dios enojado que los llamó a arrepentirse, pero ellos se negaron, para
su propio detrimento eterno.
¿Cómo es que tal devastación es una buena noticia para Judá, el pueblo de Dios? Para
el lector moderno esto podría parecer cruel y frío, pero cuando uno se da cuenta de que
Asiria está recibiendo la justicia divina por su cruel trato a innumerables pueblos en todo el
antiguo Cercano Oriente, entonces queda claro que Dios es un Dios de justicia, y no dejará
impune a los culpables (Nah 1:3). Dios es tan justo como amoroso. Todo ser humano posee
un cierto sentido de la justicia, aunque haya sido distorsionado por el pecado. Cuando
declaramos que Dios es justo, afirmamos que tiene el derecho eterno de ejercer la justicia
sobre los humanos de acuerdo con su propio carácter y norma, ya que no hay mayor norma
de justicia que Dios mismo. El Señor declara a Moisés en Éxodo 20:5 que castigará los
pecados de los padres hasta la tercera y cuarta generación de los que le odian. Aunque
Asiria se ha burlado de Dios, sin embargo es Dios quien determina el destino de Asiria y sus
aliados. Dios pagará a los pueblos por sus pecados. Dios pedirá cuentas a las naciones por
sus políticas y sus prácticas. Dios juzgará a los gobernantes por cómo gobiernan y cómo se
comportan mientras están en sus puestos de poder.

II. RETRIBUCIÓN DIVINA JUSTIFICADA


NAHÚM 2:11–13
Nínive era como un gran árbol hueco. Puede mantenerse en pie, pero puede también puede
ser cortado fácilmente. El imperio neoasirio parecía fuerte desde el exterior, pero bajo la
superficie era débil y se estaba deteriorando. En los versículos 11–12 el profeta Nahúm
lanza una burla profética a Nínive. La imagen del león, poderoso e intrépido, ha
desaparecido. Nahum utiliza la imagen del león con un propósito bien definido. Roberts
comenta:
El león es un símbolo tradicional de la realeza en todo el Cercano Oriente, pero es posible
que Nahúm haya elegido la imagen del león para esta burla precisamente porque el león
figura de forma tan prominente en los relieves asirios y porque a los reyes asirios les gustaba
compararse con los leones. (Nahum, 67)

¿Dónde están ahora? Se han ido. La guarida de los leones está vacía. ¡El rey asirio se ha
ido! ¡Su palacio está vacío! No quedará nada del rey y sus secuaces.
Una cosa es tener enemigos humanos, pero cuando el Señor está contra ti, no hay
esperanza de supervivencia. El Señor declara su oposición con las palabras: “Estoy contra
ti” (v. 13). Esta frase es una característica común de la literatura profética. El profeta
Jeremías emplea esta frase en sus oráculos. Por ejemplo, en 21:13 el Señor dice: “¡Cuidado!
Estoy contra ti” (véase también Jer 50:31; 52:25). El Señor pronuncia repetidamente estas
palabras a través del profeta Ezequiel. En 5:8 el Señor declara a los dirigentes de Jerusalén:
“Por tanto, esto es lo que dice el Señor DIOS: Mira, estoy contra ti, Jerusalén”. En Ezequiel
13:8 el Señor se enfrenta a los profetas mentirosos cuando dice: “Estoy contra ti porque has
hablado en falso y has tenido visiones mentirosas”. El Señor no solo declara su oposición a
su propio pueblo en ocasiones, sino que también se enfrenta a las naciones que rodean a
su pueblo (véase Ez 21:3; 26:3–8; 29:3). El Señor está en contra de los que hacen el mal (Sal
34:16).
En Nahúm 2:13 el Señor promete destruir el equipo militar asirio (“carros”), los oficiales
del rey (“leones jóvenes”) y los suministros para el sustento (“cortaré tu presa”). Se trata
de un completo derrocamiento del monarca asirio y de su maquinaria militar real. Además,
los mensajeros serán eliminados para siempre (“nunca más se escuchará a tus
mensajeros”). Estas son buenas noticias para Judá —el pueblo de Dios— y para muchos
otros pueblos que habían sido subyugados a la brutal hegemonía asiria. Este enemigo del
pueblo de Dios será derrotado para siempre.
Aunque Asiria será reemplazada por la hegemonía babilónica, al menos por un corto
tiempo el pueblo de Dios tendrá descanso. Tendrán un descanso permanente de sus
enemigos si tan solo se volvieran al Señor en arrepentimiento y fe en el pacto (cf. Jer 25:1–
14). No hay enemigo que no pueda ser vencido si el pueblo de Dios permanece fiel a su
Palabra. La obediencia a la Palabra del Señor es el camino hacia la bendición y la paz (Dt 28).
Esta verdad es la misma hoy que en los días del profeta Nahúm.
En cada época, el Señor dice que si “mi pueblo llamado por mi nombre se humilla, ora y
busca mi rostro, y se convierte de sus malos caminos, entonces yo oiré desde el cielo,
perdonaré su pecado y sanaré su tierra” (2Cr 7:14). Dios bendecirá a su pueblo cuando lo
honremos con verdadero arrepentimiento, fe y santidad.
REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. ¿Cuándo ha visto que personas pecadoras reciban un trato hiriente con
resultados desastrosos? ¿De qué manera la Regla de Oro (Mt 7:12) ofrece un
código de conducta más ventajoso?
2. Dios hizo caer el poderoso Imperio Asirio de forma repentina. ¿Qué regímenes
han caído en la historia reciente? ¿Ha visto la mano de Dios en esos
acontecimientos?
3. ¿Qué pruebas hay de que algunas personas sustituyen el patriotismo por la
religión? ¿De qué manera los cristianos de su país están tentados a hacer lo
mismo?
4. ¿Las personas que le rodean persiguen la riqueza mundana o la verdadera
riqueza de una relación con Dios? Enumere las formas en que las verdaderas
riquezas son mejores.
5. ¿El Día del Señor será una buena o mala noticia para la mayoría de la gente de
su país? ¿Qué puede hacer por su parte para mejorar sus perspectivas?
6. ¿Por qué es difícil pensar en la justicia de Dios cuando la gente está sufriendo,
incluso si la gente ha sido malvada en el pasado? ¿Cómo puede la gente evitar
la justicia de Dios y recibir en cambio la misericordia de Dios?
7. ¿Qué tipo de emociones siente al leer este capítulo de Nahúm?
8. La antigua Nínive se encuentra en la actual Mosul (Irak). ¿Qué importancia tiene
esto para los acontecimientos internacionales actuales?
UN ORÁCULO DE AJUSTE DE CUENTAS PARA NÍNIVE
NAHÚM 3:1–19
Idea principal: El profeta Nahúm se lamenta por Nínive, ya que ha desaparecido.
I. La conquista de Nínive (3:1–7)
II. La comparación con Tebas (3:8–10)
III. El colapso de Nínive (3:11–19)

Ha llegado el momento de que Nínive se enfrente al juicio divino por su maldad ante el
Dios del universo. Los asirios deben enfrentar la realidad del Dios que ignoraron y negaron
cuando subyugaron y maltrataron al pueblo de Dios, Judá. La política de Nínive hacia las
naciones, especialmente hacia Israel y Judá, vuelve ahora para atormentarla. En este
oráculo, el profeta Nahúm pronunciará una lamentación sobre Nínive.

I. LA CONQUISTA DE NÍNIVE
NAHÚM 3:1–7
La lamentación profética sobre Nínive comienza con lo que se denomina un “oráculo de ay”.
El término hebreo precede habitualmente a los oráculos que implican lamentación o
pronunciamiento de juicio. En el versículo 1 se mencionan cuatro elementos que describen
el carácter de Nínive. La muerte, el engaño, el saqueo y la presa se encontraban en
abundancia en Nínive y la cultura se caracterizaba por una profunda corrupción humana.
Sangre es el primer término que caracteriza la capital asiria y su cultura. El término es
una metáfora de la cultura de la muerte que reinaba en Nínive y en todo el imperio. Los
asirios llevaron la muerte a muchas naciones y pueblos de todo el Antiguo Oriente Próximo.
Las ambiciones imperiales de los reyes de Nínive sometieron a innumerables vidas a la
muerte y la destrucción mientras la expansión militar asiria continuaba extendiéndose cada
vez más. No solo llevaron la muerte a muchos, sino que también reinaba una cultura de la
muerte en la propia capital asiria. Nahúm expone a Nínive por sus corrupciones internas,
así como por sus ambiciones imperiales externas. Nínive era conocida como una ciudad
malvada al menos desde la época de Jonás, en el siglo VIII a.C. Jonás 1:1 dice que la palabra
del Señor vino a Jonás: “Ve a la gran ciudad de Nínive y predica contra ella, porque su
maldad se ha enfrentado a mí”. Dios había declarado el juicio divino sobre la ciudad más de
un siglo antes de los oráculos de Nahúm contra ella (Jon 3:4–10). Pero el arrepentimiento
de Nínive durante la época del profeta Jonás retrasó el juicio final sobre la ciudad hasta la
época de Nahúm. Se derramará sangre en una ciudad de sangre. La muerte llegará a una
cultura de la muerte.
Nínive no solo se caracteriza por una cultura de derramamiento de sangre, sino que
también es una cultura “totalmente engañosa”. Nínive tenía una política de engañar a sus
vasallos y enriquecerse a costa de ellos. Puede haber prometido prosperidad, pero solo
produjo miseria y opresión para todos los que estaban bajo su hegemonía. Un ejemplo de
las promesas vacías de Nínive puede verse en el asedio de Jerusalén por parte de
Senaquerib en el 701 a.C. Después de que el rey de Judá, Ezequías, mostrara signos de
independencia de Asiria, el rey Senaquerib de Asiria respondió invadiendo los territorios de
Judá y sitiando la propia Jerusalén (2Re 18:13–18). Durante el asedio a Jerusalén, el general
de campo de Senaquerib se enfrentó a los funcionarios de Ezequías con una oferta de falsa
paz. He aquí una parte de su declaración:
No dejen que Ezequías los haga confiar en el Señor, aunque les asegure que el Señor los
salvará, y que esta ciudad no será entregada en mis manos. No le hagan caso”. “Así dice el
rey de Asiria: ‘Hagan las paces conmigo, y salgan a mi encuentro. Coma cada uno de ustedes
sus uvas y sus higos; beba cada uno de ustedes el agua de su pozo, hasta que yo venga y los
lleve a una tierra como la de ustedes, donde hay trigo y vino, pan y viñas, olivas, aceite y
miel. Así no morirán, sino que seguirán con vida. No le hagan caso a Ezequías, que los engaña
cuando les dice que el Señor los librará. ¿Acaso alguno de los dioses de las otras naciones ha
librado a su tierra de mis manos?’ ” (2Re 18:30–33, RVC)

Esta es una declaración llena de mentiras y distorsiones con la intención de engañar a


los habitantes de Jerusalén para que se rindan a Asiria. El funcionario asirio negó la
soberanía del Señor sobre su pueblo Judá. Trató de socavar la fe del pueblo en la palabra
del Señor, así como de minar su confianza en el liderazgo del rey Ezequías. Hizo promesas
que nunca se pretendieron cumplir. Los habitantes de Judá no experimentarían
prosperidad. Solo experimentarían una opresión sistemática si se rendían. Este es un
ejemplo de la máquina de propaganda que el Imperio Asirio había perfeccionado. Estaba
llena de engaños. Seguramente el Señor haría responsable a Asiria de sus políticas y
acciones contra Judá, el pueblo de Dios. El mensaje de Nahúm confirma que el día del juicio
final está llegando a Nínive. Dios no será burlado por ningún gobernante terrenal.
Nínive también estaba “llena de saqueos y muchas victimas” porque saqueó y asoló con
éxito a muchas otras naciones mientras las sometía a la derrota y la deportación. Asiria
devoraba todo lo que encontraba a su paso, aprovechando las oportunidades para
enriquecerse a costa de los pueblos conquistados.
Los versículos 2–3 contienen imágenes poderosas, poéticas y punzantes, en las que
Nahúm evoca las imágenes, los sonidos y el miedo de la invasión que se avecina. Es como si
el profeta pudiera oír los sonidos y las imágenes de la invasión en curso: el látigo, la rueda,
el caballo, el carro, el jinete, la espada, la lanza. Estas eran las realidades comunes de la
guerra y de los combates. El asalto se visualiza con la velocidad del rayo y con el uso de
caballos y carros. La espada y la lanza resaltan la letalidad del asalto. Muchos muertos y
muchos cadáveres indican el resultado del asalto a Nínive. Como Asiria derramó mucha
sangre en todo el Antiguo Cercano Oriente, habría mucho derramamiento de sangre en él
cuando llegara el día del juicio final. El profeta prevé para Nínive una horrible y espantosa
escena de carnicería humana y catástrofe. El número de cadáveres será mayor de lo que se
puede contar. La gente tropezará con los muertos porque habrá muchos muertos.
Cuando el juicio divino y la justicia de Dios se llevan a cabo, nadie puede resistirlo. No
hay defensas contra su juicio divino. No hay manera de escapar de Su juicio divino. La gente
pagará por sus pecados, ya sean individuos o naciones. La ira de Dios no puede ser aplacada
por la gente. Dios castigará a los pecadores. La única manera de evitar el castigo divino es a
través del arrepentimiento y la fe en la Palabra divina de Dios: Jesús. Así como Asiria en toda
su grandeza no escapó del juicio de Dios, tampoco la gente escapará del juicio divino de
Dios hoy si no se arrepiente. Jesús advirtió a un grupo de personas en Lucas 13:3: “Si no se
arrepienten, todos morirán”.
Nahúm compara a Nínive con una prostituta y una hechicera en el versículo 4. Este no
es el único lugar en el que se citan la prostitución y la hechicería como justificación del juicio
divino (véanse Lv 19:26; 20:5–6; 2Re 9:22–24; 2Cr 21:12–15; Jer 3; Ez 16:23; Mi 5:10–15).
Nínive había sido una prostituta que vendía su prostitución durante mucho tiempo, y seguía
haciéndolo. Sus prostituciones y hechicerías eran “continuas”. En otras palabras, Nínive
practicaba habitualmente la prostitución espiritual y la hechicería como una cuestión de
política internacional en sus relaciones con otras naciones.
La metáfora de la prostitución se aplica a Israel y Judá en relación con su ruptura del
pacto espiritual con Jehová. Pero en el caso de Nínive, la prostitución era más bien una
metáfora política, además de literal. Asiria dejó de lado cualquier apariencia de moralidad
y practicó la prostitución política vendiendo su ayuda militar por dinero, seduciendo a las
naciones más pobres y débiles para que se aliaran con ellos. También practicaban la
prostitución sagrada en sus rituales religiosos para la diosa Ishtar. Utilizaban una forma de
hechicería política para atraer aliados, pero también se apoyaban en la hechicería y la
superstición para orientarse.
Nahúm afirma que fue a causa de las muchas prostituciones de la ramera, hermosa y
graciosa, “señora de las hechicerías”, que Nínive sería juzgada. Dios no se complace en la
prostitución literal, espiritual, moral o política de las naciones o los individuos. Él caracteriza
a Asiria como una atractiva prostituta y hechicera que es encantadora y persuasiva en su
atractivo. La prostitución y la brujería de Nínive engañaron a naciones y tribus de pueblos
de todo el Antiguo Cercano Oriente.
El Señor declara que está en contra de Nínive y expondrá la vergüenza de la prostituta
(vv. 5–6). El Señor promete exponer la vergüenza de Nínive a las demás naciones como
quien expone la desnudez de una prostituta. Esta descripción metafórica del tratamiento
de Dios a Nínive demuestra gráficamente la gravedad de los pecados de Asiria y la severidad
del castigo divino.
La reacción de las naciones que presencien el severo castigo del Señor a Nínive será
predecible, según el versículo 7. Los espectadores solo podrán afirmar lo obvio: “Nínive está
devastada”. Nínive pasará del dominio a la devastación cuando el Señor termine de castigar
sus pecados. No habrá simpatía por Nínive, ni compasión, ni quien la consuele. Nadie vendrá
a su rescate en el día del juicio divino. No quedará nada por lo que llorar. El versículo 7
termina con dos preguntas retóricas: “¿Quién se compadecerá de ella? ¿Dónde puedo
encontrar a alguien que la consuele?”. La respuesta obvia es nadie, en ninguna parte; nadie
tendría compasión hacia los asirios cuando se derrumbaran.
Recordemos que la razón por la que la desaparición de Nínive es una buena noticia para
el pueblo de Dios es porque significa el fin de un reino brutal de opresión que ha durado en
diversas formas durante más de dos siglos. Asiria experimentaría su propia brutalidad.
Probaría el fruto amargo de sus propias políticas hacia otras naciones. Conocerá el miedo,
el dolor y la miseria que ha infligido a muchos otros. El pueblo de Dios llegaría a ver cómo
el Señor ejecutaba la justicia en su favor. Dios es el Juez de las naciones. Los gobernantes
no se salen con la suya para siempre. Dios conoce cada acto, y tratará con los malhechores
de acuerdo con su norma de rectitud y justicia. Al poner fin a Asiria, el Señor estaba
mostrando al mismo tiempo compasión a su pueblo, que había sufrido mucho bajo la
política de Nínive.

II. LA COMPARACIÓN CON TEBAS


NAHÚM 3:8–10
El profeta continúa con otra pregunta retórica en el versículo 8. La respuesta está implícita
en la pregunta. Si Tebas tenía tanta protección y sin embargo fracasó, entonces Nínive
espera el mismo destino. Tebas, situada a unas 450 millas al sur del actual El Cairo, fue la
capital del Reino Superior de Egipto durante gran parte de su historia (Brand y England,
Holman Illustrated, 1579). Tebas contaba con barreras naturales debidas a su situación
geográfica que hacían que atacar la ciudad fuera especialmente difícil. Estaba en la orilla
oriental del río Nilo y era el centro de culto del dios egipcio Amón. La ciudad estaba situada
entre un sistema de ríos y canales en y alrededor de ella que eran abastecidos por el Nilo
(Roberts, Nahum, 70n8).
Además, Tebas contaba con una red de aliados a su alrededor que hacía aún más
improbable un ataque a la ciudad (v. 9). “Cus” también se conoce como la antigua Nubia, la
antigua Etiopía18 y el moderno Sudán. Se trata del territorio inmediatamente al sur de
Egipto en el río Nilo. Durante la Vigésima Quinta Dinastía (ca. 780–656 a.C.), Egipto fue
gobernado por reyes de etnia nubia. Probablemente por eso Nahum empareja a Cus y a
Egipto para mostrar la fuerza reforzada de su pacto. Lo más probable es que “Put” sea una
parte de Libia, vecina de Egipto al oeste, aunque su identificación exacta es incierta. Estos
aliados formaban lo que parecía ser una barrera invencible de protección para Tebas.
A pesar de esta protección, Tebas fue saqueada en el año 663 a.C. por el rey asirio
Asurbanipal (v. 10). Al hacer esta comparación con Tebas, Nahúm emplea una versión
especialmente aguda de la ironía profética, precisamente porque fue Nínive quien derrocó
a Tebas. Si la invencible Tebas pudo ser derrocada, Asiria nunca debería pensar que no
podría ser derrocada también, sobre todo porque la propia Asiria fue la nación que lo
consiguió. No hay naciones invencibles ante Dios. El Señor siempre puede levantar una
nación más grande en el futuro para conquistar las naciones más poderosas de hoy. Dios
gobierna soberanamente la tierra que creó. Él establece los tiempos y lugares para todos
los pueblos y naciones. Todos se levantan y caen de acuerdo con su propósito y plan divino.
El Salmo 33:12 dice: “Dichosa la nación cuyo Dios es el SEÑOR”. La nación o pueblo que
confía en el Señor será bendecida por el Señor. Las naciones que no confían en el Señor
como su Dios sufrirán la ruina total para siempre.
El destino de Tebas fue terrible según Nahúm. Los más jóvenes y vulnerables fueron
destruidos por los asirios. Este es un ejemplo de la práctica común de no perdonar ni
siquiera las vidas más jóvenes por la espada. Para mucha gente en el mundo postmoderno
estas atrocidades son impensables, pero aún hoy siguen ocurriendo en la guerra. Los asirios
no solo mataron brutalmente a innumerables niños, sino que los nobles tebanos fueron
humillados como prisioneros de guerra. Los asirios se jugaron y encarcelaron a los líderes
tebanos mientras devastaron la tierra.
Nahúm procede a aplicar la lección de la caída de Tebas a los asirios (v. 11). La metáfora
de la embriaguez como parte del juicio divino también se encuentra en Isaías 19:14 en
relación con Egipto: “Los jefes han hecho que Egipto se tambalee en todo lo que hace, como
un borracho se tambalea en su vómito”. En Lamentaciones 4:21 se declara el juicio sobre
Edom con palabras similares: “También a ti te pasará la copa; te emborracharás y te
expondrás”. Nahúm declara que los líderes de Nínive estarán sujetos a la misma
intoxicación del juicio divino. Tratarán de protegerse de la embestida escondiéndose, pero
nada de lo que hagan salvará a Asiria. Sus facultades estarán tan deterioradas que será
como si estuvieran borrachos. Roberts comenta: “La metáfora de la mujer ebria…
probablemente debería leerse como una indicación de que las defensas de Nínive han sido
violadas y que está desnuda y abierta al abuso de sus conquistadores. Por eso debe buscar
un lugar de refugio” (Nahum, 74–75). Los pecadores sufren un grave deterioro de la razón
porque no confían en el Señor. Se apoyan en sus propios pensamientos irredentos y se
vuelven como los borrachos cuando se trata de sus elecciones. En el día del juicio final divino
solo pueden correr e intentar esconderse. Pero Dios es el único refugio en el día de la
angustia y el juicio.
Nínive está madura para el juicio inminente del Señor. En el versículo 12 Nahúm utiliza
la higuera como símil para exponer la madurez de Nínive. Las defensas de Asiria ya no son
capaces de protegerla del desastre. Sus fortalezas son como higos maduros listos para ser
comidos. Sus defensas están listas para ser superadas con poca o ninguna resistencia. El
Imperio Asirio se ha debilitado hasta el punto de que ya no podrá resistir a los ejércitos que
vengan contra él. Históricamente, una de las razones del declive de la fuerza de Asiria tuvo
que ver con el hecho de que el imperio estaba gravemente sobreextendido y había
comenzado a desmoronarse por su propio peso. Isaías 28:4 utiliza la metáfora de los higos
maduros para ilustrar la madurez de Samaria para el juicio divino durante la mitad del siglo
VIII a.C. antes de su caída a manos de Asiria. Los líderes de Samaria “serán como un higo
maduro antes de la cosecha de verano. Quien lo vea se lo tragará mientras esté en su
mano”. En Marcos 13:28–29 Jesús dio una parábola sobre la madurez de la higuera que
indica la inminente venida del Señor en juicio:
De la higuera deben aprender esta parábola: Cuando sus ramas se ponen tiernas, y le brotan
las hojas, ustedes saben que el verano ya está cerca. De la misma manera, cuando ustedes
vean que todo esto sucede, sepan que la hora ya está cerca, y que está a la puerta. (RVC)

Si la primera maduración de la higuera es una indicación de la proximidad de la venida


del Señor, cuánto más cuando los higos han madurado pronto. Nínive está más que madura
para la ruina. Tal será el fin de todas las naciones y reinos que no honren al Señor como Dios
soberano sobre toda la tierra. Asiria será devorada viva. De la misma manera, los pecadores
están maduros (y no están preparados) para el juicio venidero.
El mensaje de Nahúm sobre el juicio de Nínive es una buena noticia para el pueblo de
Dios y una mala noticia para Asiria. El evangelio debe entenderse como la buena noticia
frente a la mala. La mala noticia es que el juicio divino viene para todos los que no confían
en la salvación del Señor. La buena noticia es que Dios juzgará a los pecadores y salvará a
los justos. El que invoque el nombre del Señor se salvará (Jl 2:32; Hch 2:21).

III. EL COLAPSO DE NÍNIVE


NAHÚM 3:11–19
Nahúm completa su mensaje profético contra Nínive llamando la atención sobre las
debilidades de la maquinaria militar asiria (v. 13). Su referencia a que las tropas son “como
mujeres” no pretende ser un insulto a las mujeres. Es un símil cultural que describe la falta
de valor de los miembros del ejército asirio. Debido a la debilidad del ejército, las defensas
de la ciudad son vulnerables a los ataques. No hay capacidad para resistir a los invasores.
Nahúm predice que el fuego destruirá la puerta de la ciudad. La puerta de la ciudad era uno
de los lugares más importantes para la defensa.
Nahúm continúa burlándose de Nínive en el versículo 14. Este lenguaje burlón es similar
a la burla de Nahúm en 2:1: “¡Atentos a las fortificaciones!, ¡Vigilen el camino! ¡Prepárate!
Reúne tus fuerzas”. En 3:14 emplea cinco imperativos para ironizar sobre el hecho de que,
por mucho que Nínive se prepare, su desaparición es inevitable. Nahúm revela aspectos del
proceso de preparación para un ataque militar inminente. El profeta insta retóricamente a
almacenar y utilizar agua y a fabricar ladrillos de barro para construir muros y barreras que
refuercen sus fortalezas.
Los versículos 15–17 conforman una sección cuyo tema gira en torno a un extenso símil
sobre el fuego, la espada y las langostas. A pesar de sus más valientes esfuerzos, Nahúm
declara que el fuego y la espada consumirán a Nínive como las langostas que consumen
grandes campos de comida. No parece sugerir que las langostas devorarán Nínive, pero sí
parece que Nahúm está diciendo que el fuego tendrá el mismo nivel de fuerza destructiva
que las langostas. En un giro en el uso del símil, en el verso 15b Nahúm se burla de Nínive
para que se multiplique como las langostas porque sabe que eso no ayudará a Asiria a
defenderse. Los versículos 16–17 continúan el extenso símil, comparando el tamaño del
régimen asirio con una nube de langostas. “La multitud de tropas, comerciantes y
funcionarios de Asiria debe haber hecho muy difícil que la audiencia judaica de Nahúm
creyera su proclamación de la inminente caída de Nínive” (Roberts, Nahum, 75). Nínive
puede multiplicar todas las tropas que quiera, pero será en vano. Dios ha decretado el
colapso de Nínive y de su imperio.
Las palabras finales de Nahúm se dirigen al rey de Asiria, aunque Judá —el pueblo de
Dios— es el destinatario inmediato (vv. 18–19). Si el rey de Asiria llegó a conocer la profecía
de Nahúm sobre él, no importa en última instancia, porque recibirá su merecido. Los
consejeros y diputados del rey no son de fiar. La referencia al “sueño” y a la “duermevela”
probablemente tenga que ver con el hecho de que sus funcionarios no tienen ni idea. “El
rey de Asiria puede ser ajeno a lo que ocurre en todo su reino, pero pronto conocerá los
efectos de la negligencia y la disipación por parte de sus dirigentes” (Robertson, Nahum,
127). La referencia a que el pueblo asirio está “disperso” recuerda al “que dispersa”
mencionado por Nahúm en 2:1. El daño al rey de Nínive, a su pueblo y al Imperio neoasirio
será intratable e incurable.
Judá y todas las demás naciones se alegrarán de la muerte de Asiria porque significará
el fin de las largas y amargas experiencias de su cruel política (v. 19b). Nahúm termina su
profecía con una pregunta retórica: “¿Quién no ha experimentado su constante crueldad?”.
Shelton comenta la crueldad de las políticas y prácticas asirias:
En la época de la profecía de Nahúm, todas las naciones de la tierra habían experimentado,
en un grado u otro, la barbarie de los gobernantes de Asiria: la explotación, la opresión, la
violencia. Tanto las Escrituras como los monumentos dan testimonio de la maldad de Asiria:
su audaz alarde de crueldad y de aplastamiento despiadado de las naciones; las hileras de
prisioneros empalados; cautivos a los que se les clavaban anillos en los labios, se les sacaban
los ojos y se les desollaba vivos. (Nahum, 68)

Esto explica la razón de ser del mensaje profético de Nahúm sobre Nínive, la capital del
Imperio Neoasirio. Dios no será burlado por individuos o naciones. Dios juzgará a todas las
naciones según su justicia, y su Palabra tendrá la última palabra en todos los asuntos de la
humanidad.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Qué constituye una “cultura de la muerte”? ¿Hay alguna forma en la que el país
en el que vive se parezca a Nínive?
2. ¿Cómo se reconoce el engaño en un líder nacional de su propio país o de un
enemigo? ¿Tiene un cristiano alguna ventaja en hacerlo?
3. ¿Por qué Nahúm llamó prostituta a Nínive? ¿Qué constituye la prostitución
espiritual o política hoy en día?
4. ¿Por qué condenó Dios la brujería? ¿Cuáles son algunas formas sutiles de
brujería que se practican hoy en día?
5. ¿Le parece invencible el país en el que vive hoy? ¿Por qué los cristianos no
deberían poner su esperanza en las naciones, los estados y los líderes?
6. Nínive estaba madura para el juicio; Nahúm comparó a Asiria con los higos. ¿Qué
hace que las metáforas y las parábolas sean eficaces para expresar la verdad?
¿Qué metáfora podría utilizar con sus amigos para hablar de la inminencia del
juicio?
7. ¿Por qué no se aplica el “demasiado grande para quebrar” cuando Dios juzga a
una institución o a un país?
8. ¿Qué atributos de Dios aprendemos al leer el libro de Nahúm?
9. ¿Dónde está el evangelio en el libro de Nahúm? ¿Cuáles son las malas noticias y
las buenas noticias en el libro de Nahúm?
10. ¿Cómo se puede aplicar el libro de Nahúm a los acontecimientos internacionales
actuales?
Habacuc
INTRODUCCIÓN AL PROFETA HABACUC
HABACUC 1:1
Idea principal: El profeta relató un diálogo que tuvo con Dios sobre la soberanía de Dios y
la maldad de los acontecimientos en la tierra.
I. El profeta Habacuc
II. El ministerio del profeta Habacuc
III. La visión del profeta Habacuc
IV. Antecedentes históricos

La frase inicial del libro del profeta Habacuc contiene una ligera similitud con las palabras
iniciales del libro anterior del profeta Nahúm. Ambos profetas emplean dos palabras que
constituyen un vocabulario estándar en la literatura profética. Las palabras traducidas como
“oráculo” y “visión” son ambas de uso común en los profetas del Antiguo Testamento.
Aunque tanto Habacuc como Nahúm utilizan la forma sustantiva de la palabra traducida
como “oráculo”, el uso de Habacuc de la palabra para “visión” difiere del de Nahúm en que
Habacuc emplea la forma verbal, que se traduce como “visión” (Hab 1:1). Nahúm utiliza la
forma sustantiva, que se traduce como “visión” (Nah 1:1). Habacuc 1:1 se traduce
literalmente en la HCSB y la ESV: “El oráculo que vio el profeta Habacuc”.
El término oráculo indica el tipo de género literario que cabe esperar de la profecía de
Habacuc. El lector esperaría que su mensaje consistiera en una serie de pronunciamientos
oraculares. Sin embargo, la profecía de Habacuc consiste en realidad en algo más que una
simple serie de declaraciones oraculares. La profecía de Habacuc es una serie de diálogos
oraculares con Dios. Estos diálogos entre Habacuc y Dios son todo menos simples. De hecho,
se encuentran entre los diálogos más complejos que se encuentran en el Antiguo
Testamento. “Oráculo” traduce la palabra hebrea derivada de un verbo que significa
“levantar”. El término oráculo se utiliza en la literatura profética para describir el mensaje
del Señor traído por los profetas (véase Andersen, Habacuc, 87). El mensaje de Habacuc se
lleva a cabo a través de un intenso diálogo con el Señor, en el que el profeta trata de
conciliar su comprensión de la soberanía de Dios con lo que él ve como acciones
incongruentes de Dios. Este diálogo lleva al lector a una reflexión más profunda sobre los
medios y métodos de Dios.

I. EL PROFETA HABACUC
El nombre Habacuc podría estar relacionado con una raíz verbal hebrea que significa
“abrazar” o “doblar las manos (en la ociosidad)” (Pr 6:10) (Koehler y Baumgartner, Hebrew
and Aramaic, 287). También podría ser el nombre de una planta de jardín, Cassia tora. La
etimología del nombre no aporta ninguna información útil y su significado sigue siendo
incierto. No parece haber ningún significado entre el nombre y el contenido de los oráculos
proféticos de Habacuc.

II. MINISTERIO DEL PROFETA HABACUC


No hay mucha información sobre las actividades proféticas de Habacuc fuera de su diálogo
oracular con Dios registrado en su libro. Del contenido de su libro se desprende que
Habacuc se inscribe en la tradición de los profetas del Antiguo Testamento. Su profecía
refleja el genio teológico, retórico y literario de otros profetas bíblicos como Isaías, Nahúm
o Jeremías. Sean cuales sean sus actividades ministeriales, queda claro que tiene la
responsabilidad profética de iluminar al pueblo de Dios con una perspectiva teológica
profunda sobre los acontecimientos de su época. La lucha de Habacuc debió de ser
representativa de su pueblo, Judá, que estaba a punto de incurrir en la ira divina a través
de un agente inesperado. Habacuc es un espejo que refleja la lucha dentro del alma del
pueblo de Dios. Las preguntas, las perplejidades, las respuestas divinas, todo ello estira la
mente (y la teología) del pueblo de Dios, tanto entonces como ahora. No cabe duda de que
el ministerio del profeta Habacuc consistió en mucho más de lo que sabemos, pero solo
podemos ocuparnos de lo que aparece en su libro profético.

III. LA VISIÓN DEL PROFETA HABACUC


Lo que el profeta vio y escuchó en la presencia del Señor es nada menos que profundo en
sus implicaciones. Francis Andersen comenta:
Hay que recordar, sin embargo, que la visión profética era una experiencia en la que el
profeta veía típicamente al Señor en la asamblea divina (1Re 22:19; Is 6; Jer 1:11; Ez 1; etc.)
y así podía escuchar lo que el Señor decía. El informe de la proclamación del Señor es
entonces la carga que debe llevar el profeta al pueblo desde su encuentro con Yahvé.
(Andersen, Habacuc, 88)

Habacuc tuvo una visión del Señor en la que a él (Habacuc) se le permitió dialogar con
el Señor sobre sus luchas y perplejidades. Aunque el profeta sabe que el Señor es soberano,
su experiencia diaria parece reflejar algo muy diferente. Se esfuerza por interpretar
correctamente sus realidades cotidianas. La profecía de Habacuc es un testamento
profundamente personal de la batalla de un creyente contra la desobediencia de los
pecadores y las dudas del alma (Andersen, Habacuc, 88).
Las palabras oír y ver son el lenguaje de la revelación divina, y reflejan el concepto de
comprensión. Lo que el profeta oyó y vio y entendió es el mensaje de la revelación divina.
Habiendo estado en la presencia del Señor, el profeta tiene un mensaje para el pueblo de
Dios. El profeta Isaías estuvo en la presencia del Señor y recibió la llamada para ir al pueblo
de Dios y proclamar el mensaje profético de inspiración divina (Is 6). Lo que el profeta
Habacuc vio lo comunicó al pueblo de Dios.

IV. ANTECEDENTES HISTÓRICOS


La profecía de Habacuc trata de la justicia de Dios a la luz de la maldad del pueblo de Dios y
de las naciones circundantes. El profeta Habacuc ministró durante los últimos días del
Imperio Asirio y el ascenso del Imperio Babilónico. Esto hace que Habacuc sea casi
contemporáneo del profeta Nahúm, quien ciertamente vio la llegada del fin del Imperio
Asirio, pero Habacuc fue testigo del fin de Asiria y del ascenso de Babilonia como la nueva
superpotencia del Antiguo Cercano Oriente.
Los estudiosos no se ponen de acuerdo sobre la fecha de la profecía de Habacuc. La
mejor hipótesis es que la profecía de Habacuc tuvo lugar entre la derrota babilónica del
ejército egipcio en Carchemish en el 605 a.C. y la primera toma de Jerusalén por parte de
Nabucodonosor en el 597 a.C. Este es el período en el que el Imperio neobabilónico había
comenzado a establecer su hegemonía en toda la región de Siria-Palestina. Se trata de un
periodo de importante inestabilidad política entre los estados más pequeños de Siria-
Palestina debido al reciente colapso del Imperio neoasirio y al ascenso del Imperio
neobabilónico. Judá era uno de los estados más pequeños que luchaban por navegar en las
peligrosas corrientes políticas y militares de la época. El profeta Jeremías, contemporáneo
de Habacuc, también había profetizado la desaparición de Jerusalén a manos de los
babilonios (Jer 1:14).

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Qué es un oráculo profético? ¿Representa el “oráculo” lo que hay en el libro de
Habacuc?
2. ¿Cuánto se sabe sobre el profeta Habacuc? ¿Afecta eso al significado o a la
autoridad del libro?
3. ¿Puedes nombrar a otros profetas bíblicos que profetizaron como
contemporáneos de Habacuc?
4. ¿Qué es un profeta? ¿Hay personas que cumplen ese papel hoy en día?
5. ¿Qué nación extranjera está representada en la profecía de Habacuc? ¿Qué
principios y normas ilustra esa nación? ¿Algunos de esos principios y normas
aparecen en tu nación?
LAS PERPLEJIDADES DEL PROFETA HABACUC
HABACUC 1:2–2:20
Idea principal: El profeta Habacuc está profundamente perturbado por el estado espiritual
y social de la nación de Judá. Expresa su frustración al ser testigo de la corrupción y
depravación humanas en toda la sociedad judaica, y apela a Dios para que haga algo al
respecto. La respuesta del Señor al clamor de Habacuc es completamente inesperada.
I. “¿Qué hay de malo en este cuadro?” (1:2–11)
A. La agonía del profeta (1:2–4)
B. La respuesta divina (1:5–11)
II. “¿Qué sigue fallando en este cuadro?” (1:12–2:20)
A. La respuesta del profeta (1:12–2:1)
B. La réplica divina (2:2–20)

I. “¿QUÉ HAY DE MALO EN ESTE CUADRO?”


HABACUC 1:2–11

El libro de Habacuc comienza con una gran sensación de tensión porque las cosas no son
como deberían ser y el profeta Habacuc está profundamente preocupado por la situación.
Su profecía comienza con lo que es esencialmente la pregunta: “¿Qué hay de malo en este
cuadro?”.

A. La agonía del profeta (1:2–4)


Habacuc se lamenta de lo que se ha convertido en un estado de cosas espiritual y
socialmente sombrío en la sociedad de Judá. “¿Hasta cuándo, SEÑOR, tengo que clamar, y
no me escuchas?” (traducción del autor). Comienza con un lamento expresado en forma de
paralelismo en el que el profeta ya ha estado llamando y clamando al Señor por la
intervención divina en la situación de pecado de la sociedad de Judá. En su petición de ayuda
al Señor clama contra la “violencia”, pero el Señor no le ha respondido (cf. Jb 19:7). Aunque
el profeta clama por un rescate, el Dios de la salvación se niega a salvar. El alivio de la
violencia no parece llegar. Podemos sentir la profunda frustración y perplejidad en estas
palabras de lamento. ¿Cuánto tiempo debe durar la desintegración espiritual y social de la
sociedad antes de que el Señor haga algo para detenerla? Esta súplica recuerda a la del rey
David en el Salmo 13:1, cuando suplica: “SEÑOR, ¿hasta cuándo me olvidarás? ¿Para
siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?”. La agonía de David es real, y también
lo es la de Habacuc.
El profeta ha buscado continuamente al Señor para que le alivie la carga de la miseria
humana que se amontona cada día en las calles de las ciudades de Judá y en las salas de
justicia del país. Ha sido testigo de una sociedad que se ha ido desmoronando en cuanto a
su tejido moral. Desde los líderes políticos hasta la gente común, todos parecen haberse
sumido en la locura moral. Todos parecen haber abandonado al Señor y su pacto con su
pueblo. Todos parecen esforzarse por el placer personal y la autopromoción. En todos los
niveles de la sociedad judaica, el pecado es desenfrenado. Hay infidelidad doctrinal y de
pacto.
Los líderes de la nación han abandonado la ley del Señor y han instituido su propia falsa
justicia. Han recaído en la adoración de ídolos, un patrón que se ha repetido a lo largo de la
historia israelita. Después de la muerte del rey Josías, tanto el sacerdocio como el liderazgo
político se habían corrompido de nuevo. Las reformas espirituales instituidas por el rey
Josías habían durado poco después de su muerte en el año 609 a.C. (2Re 23:29–30). El
fracaso en observar y obedecer el pacto del Señor sería la razón principal de la eventual
caída de Judá.
La bancarrota moral y espiritual de los dirigentes de la nación también hizo que el
pueblo entrara en una espiral descendente hacia la desintegración espiritual y moral. Había
una cultura de inmoralidad, codicia, engaño, odio, injusticia, hipocresía, opresión y mucho
más. Habacuc expresa aún más su agonía cuando dice: “¿Por qué me haces ver la iniquidad
y haces (que) mire los problemas?” (traducción del autor). Las palabras traducidas como
“iniquidad” y “problema” están en paralelo e indican la depravación general de la sociedad
a los ojos del profeta. Este par de palabras se encuentra en Isaías 59:4, donde el profeta
expone la injusticia crónica en Judá un siglo antes de la época de Habacuc: “Nadie reclama
con justicia; nadie alega con honestidad. Confían en palabras vacías y sin valor; conciben
problemas y dan a luz la iniquidad”. Habacuc se siente molesto por tener que contemplar
cada día los problemas y la iniquidad cuando Dios no parece hacer nada al respecto.
Del mismo modo, parece que los problemas y la iniquidad caracterizan el paisaje cultural
actual de nuestra sociedad. Parece que la gente sigue pecando impunemente contra los
mandatos de Dios. Una pregunta que deberíamos hacernos es si tenemos la misma
perspectiva sobre la pecaminosidad de la sociedad humana que Habacuc. A él le molestaba,
no le divertía, la pecaminosidad de la sociedad. ¿Nos divierte el estado actual de nuestra
sociedad, o estamos profundamente preocupados por las consecuencias del pecado en la
humanidad? Si los cristianos no lloran por la pérdida de la sociedad, entonces no hay
esperanza la misma. Somos la sal de la tierra y la luz del mundo según Jesús (Mt 5:13–16).
Habacuc utiliza varias palabras para describir la condición que ve: violencia, injusticia,
maldad, opresión, lucha y conflicto. Este no es un buen panorama. Subraya la necesidad de
la intervención divina, el arrepentimiento y la redención. Cada uno de estos términos
caracteriza no solo el entorno de Habacuc, sino también nuestro clima actual a principios
del siglo XXI. La yihad y el terrorismo mundiales, los asesinatos en masa, la esclavitud y el
tráfico de personas, la opresión racial y económica, la agitación y el malestar político, el
engaño espiritual, la locura moral y la desintegración social describen algunos de los
principales titulares de nuestra época. En muchos sentidos, parece que el mundo está
girando fuera de control. La gente a menudo se pregunta qué pasará a continuación.
En el versículo 4 Habacuc procede a articular los efectos corrosivos de estas cosas en el
sistema legal de la nación. Como resultado de este estado de cosas, la ley queda anulada y
se niega la justicia. El término ley podría referirse a la ley de Moisés (la Torá) y, por lo tanto,
a la instrucción sacerdotal y profética que se desprende de ella, o el término podría referirse
a las sentencias dictadas en un tribunal de justicia (Roberts, Nahum, 90). En cualquier caso,
se refiere a la instrucción de Dios que ha sido anulada por los malvados. La palabra traducida
como “ineficaz” significa “estar adormecido”, “ser impotente” (ibid.). Los malvados han
tenido éxito en sus planes por todas partes, y los justos se han visto rodeados y la justicia
se ha pervertido. Los malvados han superado a los justos y han torcido la justicia en la
sociedad. Retorcieron la ley, la Palabra de Dios, para su propio beneficio y a costa de los
justos.
Habacuc abre su profecía lamentando el deplorable estado de la sociedad de Judea. El
lamento del profeta refleja un corazón que desea profundamente ver la Palabra del Señor
honrada por el pueblo de Dios. Sabe que la bendición de Dios estará sobre Judá si la
sociedad honra al Señor con la obediencia a la Palabra de Dios. Desea lo mejor aunque ha
sido testigo de lo peor del comportamiento humano. Pide la intervención de Dios para
detener la carrera loca de la sociedad hacia la perdición. Este es el mismo impulso de todo
verdadero creyente cristiano de hoy. Apelamos a Dios para que intervenga en nuestra
sociedad porque queremos ver su gloria honrada por encima de todo. El lamento de
Habacuc no es solo un lamento; es también una oración. Lamentarse en oración es mejor
que lamentarse solo. Podemos aprender del ejemplo de este profeta de un lamento a Dios
en forma de oración. Cuando nos dirigimos al Señor y le presentamos nuestra queja con fe,
Él nos escuchará y responderá según su propósito. Veamos cómo respondió el Señor al
profeta Habacuc en los versículos 5–11.

B. La respuesta divina (1:5–11)


El Señor responde a la queja de Habacuc, indicando que sepreocupa por los intereses del
profeta. Su queja nos recuerda la súplica de David para que el Señor le responda en el Salmo
4:1: “Cuando te llame, respóndeme. Oh Dios de mi justicia. Alíviame en la angustia. Ten
piedad de mí y escucha mi oración” (traducción del autor). El grito de alivio de la angustia
causada por el estado de la sociedad de Judea refleja el profundo sentimiento de agonía e
incluso de desesperación que el profeta experimenta en su apelación al Señor. Quiere alivio
de todo lo que sus ojos han tenido que contemplar de la pecaminosidad de la humanidad
entre los habitantes de Judá.
Habacuc obtiene una respuesta del Señor a partir del versículo 5. El Señor le responde
con tres imperativos: “Mira”, “observa” y “asómbrate”. La respuesta de Dios a las
preocupaciones y quejas será recibida con total asombro por parte del profeta y de todos
los demás. Sin embargo, si Habacuc cree que se está aliviando de su angustia, ¡se asombrará
de verdad! Dios está a punto de hacer lo impensable.
Esto habla de la imposibilidad de suponer que siempre sabemos cómo va a tratar Dios
los acontecimientos que ocurren en este mundo. Justo cuando pensamos que lo tenemos
todo calculado sobre el propósito de Dios, llegamos a aprender que sus caminos son más
elevados que los nuestros. En Isaías 55:8–9 el Señor dice,
El Señor ha dicho: “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni son sus
caminos mis caminos. Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos
y mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes”. (RVC)

¿Qué es lo impensable que va a hacer el Señor? Empleará a los babilonios como su


instrumento de juicio y justicia divina contra su pueblo Judá. Para el profeta esto debe ser
absurdo. Debe estar preguntándose en su interior: “¿Qué hay de malo en esta imagen?”.
¿Cómo llegó Dios a los babilonios como solución al problema del pecado y la injusticia en la
sociedad de Judea? En respuesta al oráculo de lamentación del profeta sobre el estado de
la sociedad de Judea, el Señor trae un oráculo de juicio divino que nadie hubiera esperado,
¡ni siquiera el propio Habacuc! Los caminos del Señor son ciertamente más elevados que
los caminos de la humanidad. Dios tiene una receta para la sociedad de Judea que
ciertamente purgará la tierra de su infidelidad. ¡Nadie lo vio venir!
El oráculo divino continúa con una extensa descripción metafórica de la naturaleza feroz
y agresiva de los babilonios. Sus ambiciones imperiales superaban a cualquiera de sus
predecesores en el Antiguo Cercano Oriente, y tenían la destreza militar y táctica para
triunfar. En los versículos 6–11 el Señor describe la maquinaria militar babilónica.
Eran hostiles (v. 6). Evidentemente, no se preocupaban por la diplomacia. En cambio,
eran hostiles hacia otras naciones. Las palabras amargo e impetuoso describen las políticas
y prácticas imperiales del imperio neobabilónico bajo el liderazgo de Nabucodonosor II, que
gobernó del año 605 al 562 a. C. Los militares babilonios se habían convertido
evidentemente en guerreros curtidos en la batalla y experimentados durante sus años de
guerra prolongada con los asirios del año 626 al 609 a. C. que finalmente resultó en la
desaparición del Imperio Neoasirio. Sabían cómo infligir un daño intenso a sus enemigos y
habían desarrollado una reputación por hacerlo. La palabra amargo traduce una palabra
hebrea que también podría entenderse como “feroz”. Esto refleja la imagen del salvajismo
de un animal salvaje que ataca cualquier cosa (Andersen, Habacuc, 149). La palabra paralela
“impetuoso” probablemente no significa que actuarían sin pensar o planificar primero, sino
que lo más probable es que describa la velocidad y la eficiencia con la que el ejército
babilónico era capaz de desplegar sus tropas (ibid.). Esta es una perspectiva muy
inquietante para Habacuc y su patria, Judá. Los babilonios toman todo lo que quieren
porque tienen el poder de hacerlo. Se apoderan de tierras a las que no tienen derecho.
Eran altivos (v. 7). El versículo 7 indica que eran una ley para sí mismos. No respondían
a nadie superior. Tenían su propio sistema de justicia y estado de derecho. No reconocían
la soberanía territorial de otras naciones, ni los dioses de otros territorios.
Su arrogancia infundía un nivel de temor en todos porque tenían el poder de conquistar
a cualquiera. Los babilonios tenían un líder que estaba lleno de sí mismo y como resultado
no tenía miedo. En Daniel 4 el rey Nabucodonosor de Babilonia perdió temporalmente su
cordura debido a su orgullo y presunción desmedidos. Cuando volvió en sí, Nabucodonosor
testificó: “[Dios] es capaz de humillar a los que andan con soberbia” (Da 4:37b).
Se apresuraron (v. 8). La eficacia y la ferocidad de su caballería militar se articulan en la
descripción del versículo 8, que compara la rapidez de sus caballos con la de los “leopardos”
y su ferocidad con la de los “lobos”. De hecho, tienen fama de ser más rápidos que los
leopardos y más feroces que los lobos. Esta es una combinación devastadora contra los
enemigos. Jeremías, contemporáneo de Habacuc, emplea un lenguaje idéntico para
describir el juicio que se avecina a manos de los babilonios cuando dice: “Mira, avanza como
las nubes; sus carros son como una tormenta. Sus caballos son más veloces que las águilas.
Ay de nosotros, porque estamos arruinados”. (Jer 4:13). Fueron resueltos en su asalto. Se
lanzaron al ataque con un abandono temerario de su misión. Podían cubrir grandes
extensiones de territorio en un tiempo récord. Se asemejaban al “águila” cuando se fija en
el ataque. Todo lo que hacían ocurría tan rápidamente que las víctimas apenas tenían
oportunidad de reaccionar.
Eran perjudiciales (v. 9). Eran conocidos por un objetivo: la violencia. Buscaban infligir
el mayor daño posible a sus enemigos y a sus víctimas. La palabra traducida como
“violencia” se refiere a los actos de agresión física que causan daño. En el versículo 3
Habacuc se queja de que la violencia y la opresión están por todas partes a su alrededor,
pero ahora Dios traerá una violencia mucho peor sobre Judá por parte de los babilonios. En
otras palabras, Dios va a dar a Judá una gran dosis de su propia medicina como medio de
disciplina, corrección y juicio.
Estaban endurecidos (v. 10). Estaban endurecidos en la batalla y no temían a otras
naciones que tenían reputación de poderío militar. Las palabras burla, broma y risa indican
su actitud endurecida hacia la oposición en la guerra. Eran tan duros que se burlaban,
bromeaban y se reían de su oposición. Los reyes, los gobernantes y las fortalezas eran
fácilmente derribados por estos soldados. Sin dejarse intimidar por la oposición, sabían
exactamente cómo llevar a cabo un asedio exitoso contra una ciudad y sus defensas.
Este se refiere a la antigua práctica de asedio de apilar tierra para construir muros de tierra
alrededor de una ciudad asediada. Estas rampas podían utilizarse para subir las máquinas
de asedio y abrir una brecha en la muralla, así como para facilitar la aproximación de la
infantería para atacar la muralla o explotar cualquier brecha abierta en ella. (Roberts,
Nahum, 97).

Eran hábiles en la guerra de asedio y tenían experiencia en hacer la guerra e intimidar a


sus enemigos.
Estaban empeñados (v. 11). Los babilonios eran conocidos por arrasar como un viento
huracanado y pasar de largo, habiendo dejado un montón de muerte y devastación a su
paso. Este es un versículo difícil de traducir, pero parece que una idea básica es que los
babilonios confiaban en sí mismos y en su poderío militar superior. Idolatraban su propia
fuerza. Estaban empeñados en la conquista y confiaban en su propia fuerza para someter a
otras naciones. Esto los hizo culpables ante el verdadero Dios del universo que gobierna
soberanamente todas las cosas. No reconocieron la soberanía de Dios aunque Él permitió
que los babilonios se convirtieran en un imperio. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira
(Ro 1:25) y se adoraron a sí mismos como el poder supremo. Fueron culpables ante Dios, y
su fuerza militar duraría relativamente poco en la historia.
Aunque el Imperio Neobabilónico había derrotado al Imperio Neoasirio y se había
convertido en una de las mayores potencias que jamás se habían visto, solo eran una
herramienta en las manos de Dios. Dios eligió usarlos como una herramienta de disciplina
para su pueblo que rompía el pacto. Los babilonios no podían ni siquiera empezar a
entender que el Señor es mucho más poderoso que cualquier imperio humano pueda
imaginar. El poder del hombre es temporal, pero el poder de Dios es eterno. El poder del
hombre es limitado, pero el poder de Dios es ilimitado. El poder del hombre está confinado
al espacio y al tiempo, pero el poder de Dios no está confinado en absoluto.

II. “¿QUÉ SIGUE FALLANDO EN ESTE CUADRO?”


HABACUC 1:12–2:20
Tomemos un momento para poner en el lenguaje del siglo XXI lo que el profeta Habacuc
debió pensar en su mente perpleja: “¿Los babilonios?, ¿De verdad? ¿Por qué querría Dios
utilizarlos como herramienta para algo? Tienen una reputación de despiadados que desafía
la comprensión. ¿Cómo podrían ser utilizados como un instrumento en las manos de Dios
cuando merecen el juicio divino más que cualquier otro?”. Algo sigue estando muy mal en
este cuadro cuando se ve desde la perspectiva del profeta. La respuesta de Habacuc es
bastante reveladora, ya que continúa en el versículo 12 con las preguntas que le dejan
perplejo, que comenzaron en los versículos 2–4.

A. La respuesta del profeta (1:12–2:1)


El eminente biblista Francis I. Andersen ofrece el siguiente comentario sobre la respuesta
de Habacuc:
Nada podría ser más abrupto que el comienzo de la segunda oración de Habacuc. No hay
nada parecido en ninguna otra parte de la Biblia. No se acerca a Dios con cortesía y respeto
mediante una invocación reverente, como en las oraciones más decorosas. (Habacuc, 175)

El profeta responde con una oración oracular en la que el punto de partida es la


naturaleza eterna de Dios mismo. Esto es particularmente sorprendente a la luz de lo que
acaba de aprender sobre los planes de Dios en el tiempo y el espacio. Habacuc comienza
con una pregunta retórica de inmensa gravedad. ¿No es eterno el Señor? Sí, Dios es eterno.
La pregunta retórica habla de la naturaleza fundamentalmente inmortal de Dios. Puesto
que Dios es eterno e inmortal, ¿por qué iba a permitir que su pueblo fuera aniquilado por
otro pueblo que merece el juicio divino incluso más que el pueblo de Dios? Dios no solo es
reconocido como eterno, sino también como santo.
Habacuc lucha por reconciliar su teología de Dios con la palabra de Dios que le acaba de
ser revelada por Dios. ¿Cómo designa Dios a Babilonia para que ejecute el juicio y castigue
a Judá por sus pecados contra Dios sin violar la propia norma de juicio de Dios, ya que Dios
es santo y los babilonios son peores pecadores que el pueblo de Dios, Judá? ¿Cómo se
pueden conciliar teológicamente estas cosas para Habacuc? Habacuc tiene profundas
preguntas teológicas para Dios a la luz de su revelación de la inminente invasión babilónica.
No son preguntas de duda, sino que son preguntas que surgen de una fe profunda que
busca la comprensión de las cosas profundas de Dios. Habacuc primero tiene que resolver
en su propia mente y en su corazón que estas cosas son reales y que Dios realmente ha
determinado emplear a Babilonia contra su pueblo, Judá.
Una vez que reconoce que Dios ha designado a Babilonia para castigar a Judá, el profeta
comenzará el proceso en serio de tratar de reconciliar realidades teológicas aparentemente
conflictivas en el versículo 13. Aquí Habacuc se refiere al Señor como “mi Roca”, una
metáfora que ilustra que Dios es el fundamento firme, el apoyo y la estabilidad sobre los
que se asienta la fe del profeta. Es la base de su confianza en el carácter de Dios.
Versículo 13. Debido a la santidad de Dios, Él es demasiado puro como para tolerar que
se desate la “maldad”, la “maldad” y la traición contra el pueblo de Dios por parte de
aquellos de peor carácter. El profeta parece tener dificultades para ver la justicia en tales
acciones por parte de Dios. No es coherente con el carácter de Dios hacer tales cosas, razona
el profeta. Dios es santo. Dios no es injusto. La maldad, la injusticia y la traición caracterizan
a los babilonios, no a Dios. Habacuc declara que Dios es demasiado puro para
comprometerse con estos vicios. La palabra traducida como “puro” se encuentra
comúnmente en el ámbito ceremonial del culto israelita. En este uso, “puro” es un adjetivo
que describe un atributo de la naturaleza de Dios que es éticamente puro (Koehler y
Baumgartner, Hebrew and Arameic, 369). Si todas estas cosas son verdaderas de Dios,
entonces ¿por qué el Señor permitiría que los malvados babilonios se tragaran a Judá
aunque Judá sea más justa? Esto es incongruente con la naturaleza de Dios, según las
preguntas retóricas del profeta.
Aunque Habacuc está asombrado por la revelación de Dios del juicio venidero de
Babilonia, hay que señalar que esto no es algo nuevo para Dios y su pueblo. Durante el siglo
VIII, el profeta Isaías trató este tema en Isaías 10:5–6:
¡Ay, Asiria, vara y báculo de mi furor! En su mano he puesto mi ira. Voy a mandarla contra
una nación impía; voy a enviarla contra el pueblo que ha provocado mi ira, para que le
arrebate sus riquezas y lo despoje de todo, y lo deje por los suelos para que lo pisoteen como
al lodo. (RVC)

Dios ha utilizado a las naciones enemigas para castigar y disciplinar al pueblo de Dios
cuando han actuado infielmente hacia su pacto. Esto afirma que Dios juzgará el pecado y
hará responsables a los pecadores por su desobediencia. Esto es un reflejo del carácter
constante de Dios, que ama la justicia y aborrece la maldad. En su oración, el profeta se
enfrenta a serios desafíos teológicos a su fe. Su lucha es honesta, franca y cruda. A veces,
los cristianos más fuertes y maduros pueden encontrarse luchando con Dios como Habacuc
cuando se trata de misterios teológicos de esta magnitud.
Versículos 14–16. El profeta entra ahora en una extensa metáfora que ilustra el vasto
poder político y militar que Dios ha permitido que los babilonios posean en la tierra. Esta
extensa metáfora proviene del ámbito de la pesca en alta mar. El versículo 14 utiliza un símil
para describir la abundante población humana que Dios ha creado. Las personas son como
los peces y otras criaturas marinas muy pobladas y fáciles de capturar. Esto subraya algo de
la magnitud de la amenaza que supone Babilonia no solo para Judá, sino para todo el mundo
de aquella época. Suponen una crisis global para las naciones por lo que el profeta observó
sobre ellos ya en los versículos 8 y 10: “Sus jinetes vienen de tierras lejanas… Se burlan de
los reyes, y los gobernantes son una broma para ellos”. Han aterrorizado a la tierra, no solo
a Judá. Por eso Habacuc está tan profundamente perturbado y perplejo de que Dios haya
tomado una acción semejante. La acción de Dios desafía la simple perspectiva teológica del
profeta. Dios creó a los babilonios igual que creó a todos (y a todo). Él siempre está
justificado para usar su creación de cualquier manera que logre su propósito sin necesidad
de dar explicaciones a nadie. De hecho, Dios tuvo la gracia de revelar a Habacuc tanto como
lo hizo.
Continuando con la metáfora de la pesca en el versículo 15, los babilonios son
pescadores que recogen en su red enormes capturas de naciones. Los verbos son vívidos:
“tirar hacia arriba”, “atrapar” y “recoger”. Esto ilustra el proceso de asegurar una carga de
peces. Lo hacen con un gigantesco “anzuelo”, “red de arrastre”, “red de pesca”. Poseen
todas las herramientas necesarias para arrastrar a las naciones como a los peces, y los
babilonios son conocidos por hacerlo. Esto simboliza la fuerza y la habilidad babilónica para
dominar a las naciones y ejercer el control sobre los reinos. Babilonia es el nuevo matón
global que impone su voluntad a la comunidad de naciones del Antiguo Oriente Próximo.
Sus víctimas no son rivales para sus proezas. Pero Babilonia no es rival para el Dios soberano
que reina sobre las naciones buenas y malas.
Su éxito en la captura de muchas naciones les produce alegría. Les encanta la dulce
experiencia de subyugar a todos los demás, y por eso se alegran, según el profeta. No solo
se regocijan, sino que ésta es la ocasión para adorar sus redes (v. 16). Adoran su propio
éxito. Su dios es su “red de arrastre” y su “red de pesca”. La razón es que estas herramientas
ayudaron a hacerlos ricos. Babilonia se había convertido en una nación de inmensa riqueza
bajo el liderazgo de Nabucodonosor II. Él reconstruyó y expandió la ciudad, y se decía que
superaba el esplendor de cualquier otra ciudad durante este tiempo en el mundo antiguo
(Brand e England, Holman Illustrated, 159).
En el mundo actual no faltan personas que adoran el trabajo de sus propias manos. Su
éxito es su dios. Al igual que los babilonios, han cambiado la verdad de Dios por una mentira,
y adoran y sirven a las cosas creadas en lugar de al Creador, que es alabado por siempre (Ro
1:25). Las personas fueron creadas para adorar solo a Dios, pero si se niegan a adorarlo,
ciertamente adorarán a algo o a alguien.
Versículo 17. La siguiente pregunta que plantea Habacuc es si se permitirá a los
malvados babilonios continuar su brutal reinado de dominio sobre el mundo. ¿Seguirá Dios
viendo cómo Babilonia invade una nación tras otra, y especialmente al pueblo de Dios, sin
intervenir? El profeta está lidiando con el aparente silencio de Dios respecto a su brutalidad.
La pregunta del versículo 17 es retórica. ¿Seguirá Dios permitiendo que su maldad quede
impune mientras castiga a todos los demás, incluido Judá? Está claro que el profeta tiene
dificultades para conciliar estas realidades en su mente y su corazón. Habacuc está siendo
probado hasta la médula en todo lo que ha creído sobre Dios. Está luchando por afirmar
que el día de la rendición de cuentas y el ajuste de cuentas de Babilonia no es una cuestión
de si, sino solo una cuestión de cuándo. Esto nos remite a la primera pregunta del versículo
2, en la que Habacuc gritó: “¿Hasta cuándo?”. Dios tratará con los pecados de Babilonia,
pero solo después de que haya tratado con los pecados de su pueblo, Judá. ¿Cómo puede
la maldad de Babilonia provocar la justicia de Dios? Esta es la principal preocupación de
Habacuc.
Capítulo 2, versículo 1. El profeta concluye su respuesta a la revelación del Señor
declarando: “Me mantendré en mi puesto de guardia y me situaré en la torre de vigilancia.
Vigilaré para ver qué me dice y qué debo responder sobre mi queja”. Este pasaje es de
naturaleza autobiográfica (Andersen, Habacuc, 191). Habacuc resuelve esperar una
respuesta del Señor. Es como si se sentara con los brazos cruzados esperando la respuesta
de Dios. Expresa una cierta confianza en que el Señor le responderá. No está claro qué tipo
de respuesta espera el profeta. Tiene que esperar en el Señor porque no puede producir
una respuesta del Señor por sí mismo. Esperar en el Señor requiere fe en el Señor y en la
Palabra de su promesa.
El lugar donde Habacuc espera la respuesta del Señor es la “torre de vigilancia”. Este es
un lugar instructivo porque es el lugar donde se colocan los guardias para vigilar por motivos
de seguridad. Parece que el profeta Habacuc, al igual que Ezequiel, puede haber sido un
vigilante literal o figurado (Ez 3:27). Es simbólico y significativo que el profeta esté en la
torre de vigilancia esperando que el Señor vuelva a acudir a él. La torre era un lugar de
vigilancia y espera. En Ezequiel 3:17 el Señor le dice al profeta Ezequiel: “Hijo de hombre,
te he puesto de centinela sobre la casa de Israel. Cuando oigas una palabra de mi boca,
adviérteles de mi parte”. Así que la responsabilidad del centinela era advertir al pueblo de
Dios cada vez que el Señor le advirtiera.
¿Qué es lo que Habacuc espera recibir del Señor cuando le responda? ¿Qué cree que va
a decir Dios? Hasta ahora la palabra del Señor ha sido todo menos predecible para el
profeta. “El silencio de Dios le molestaba y le afligía, pero sabía que no podía hacer nada al
respecto. O más bien, lo único que podía hacer era seguir orando, seguir esperando, seguir
vigilando” (Andersen, Habacuc, 196). Esto es una especie de problema de sabiduría para
Habacuc. Seguramente Dios tenía un propósito mayor en todos estos acontecimientos, pero
Habacuc aún no lo ha averiguado. Se necesita la sabiduría divina para comprender la acción
divina. Habacuc está luchando por la falta de sabiduría y comprensión de los caminos de
Dios. ¿Qué está haciendo Dios? Solo Dios puede revelarlo al profeta.
Este escenario también plantea la pregunta: ¿Qué debemos pensar cuando Dios hace
algo que va más allá de la comprensión? La sabiduría de Proverbios 3:5–6 es instructiva en
estos casos: “Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio
entendimiento; piensa en él en todos tus caminos, y él te guiará por las sendas correctas”.
La fe precede al entendimiento, y no al revés. Debemos confiar en el Señor incluso cuando
no lo entendemos todo. El Señor está probando la confianza de Habacuc en Él. De hecho, el
Señor le respondió, como veremos en los próximos versículos.

B. La réplica divina (2:2–20)


No está claro cuánto tiempo tuvo que esperar Habacuc la respuesta del Señor (Roberts,
Nahum, 108). Cualquiera que sea el tiempo, probablemente fue agonizante para el profeta,
especialmente porque había decidido dejar todo lo demás en suspenso hasta que escuchara
al Señor en respuesta a su queja. La respuesta de Dios no se basa en nuestros términos, sino
en los suyos. No responde de acuerdo con los calendarios humanos, sino con su propio
calendario soberano.
En nuestros días estamos acostumbrados a que todo sea instantáneo: noticias
instantáneas, comida instantánea, soluciones instantáneas. Pero esta no es la forma en que
nuestro Creador trabaja a menudo. Él requiere fe y paciencia para caminar con Él. Hay muy
pocas soluciones instantáneas a las desafiantes realidades de la vida. Las cosas a menudo
no salen como las planeamos, y las cosas a menudo no suceden tan rápido como queremos.
Al igual que el profeta Habacuc, debemos aprender a ejercer una confianza paciente al
esperar que el Señor nos dé una respuesta a lo que necesitamos. La fe de muchos cristianos
impacientes se desvanece antes de llegar a la meta. Renunciamos a la respuesta de Dios a
nuestros problemas por culpa de nuestra impaciencia. No nos cansemos porque
cosecharemos las bendiciones de la paciencia si no renunciamos (Gá 6:9). La respuesta de
Dios siempre vale la pena la espera. Isaías 30:18 dice: “El Señor es un Dios justo. Todos los
que esperan pacientemente en Él son felices”.
Versículos 2–3. El Señor finalmente responde al profeta, pero no de la manera que este
esperaba. Su respuesta comienza con instrucciones de escribir la visión y hacerla legible. En
Isaías 30:8 se da una orden similar al profeta Isaías, cuyo oráculo condenó la confianza de
Judá en la protección egipcia en lugar de la protección del Señor. A Habacuc se le ordena
que haga su escrito fácil de leer para que sea accesible al mayor número de personas. Se le
ordena que escriba la visión que el Señor le va a dar en preparación para su uso en un
tiempo futuro. La visión debía ser escrita para que pudiera ser preservada. No se puede
exagerar la importancia del registro escrito de la palabra de Dios. Además de su uso en una
fecha futura indeterminada, la visión escrita en sí misma también se refiere al “fin” de los
tiempos.
El Señor afirma la fiabilidad de la visión escrita: que revelará la verdad y no mentirá. No
mentirá porque Dios no puede mentir (Heb 6:18). El cumplimiento de la visión puede
requerir una espera, pero se producirá en el momento oportuno (Hab 3:3b).
Versículo 4. Este versículo contiene dos realidades contrastantes. Por un lado, los
babilonios se caracterizan por su orgullo y falta de integridad. Por otro lado, los justos
vivirán por la fe. En el primer caso, los babilonios estaban llenos de arrogancia y no tenían
en cuenta la humildad. Tenían el ego inflado. Su agenda se centraba en ellos y en nadie más.
Su orgullo y presunción los llevaría eventualmente a su caída. Incluso el rey de Babilonia
estaba tan inflado que perdió la cabeza en un momento de su vida (Da 4). Santiago 4:6 dice:
“Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes”. Los babilonios tenían fama de
arrogantes y orgullosos. Estaban hinchados de orgullo. Aquellos que son arrogantes carecen
de integridad. No había rectitud en ellos. Tenían un carácter torcido.
El versículo 4b dice: “Pero el justo vivirá por su fe”. Esto es un completo contraste con
el carácter de los babilonios. Los injustos morirán por su arrogancia, pero los justos vivirán
por la fe. Isaías 26:2, que es una canción que celebra la salvación de Judá, contiene un
lenguaje similar: “Abran las puertas para que entre una nación justa, una que permanezca
fiel”. Isaías equipara la justicia con la nación que permanece fiel al Señor. En otras palabras,
los que son justos mantienen la fe. Este es el significado de la declaración de Habacuc aquí
en el versículo 4b. Habacuc 2:4b también se menciona en el Nuevo Testamento en Romanos
1:17; Gálatas 3:11; y Hebreos 10:38.
En Romanos 1:17 el apóstol Pablo cita a Habacuc 2:4b en su exposición del poder
salvador del evangelio cristiano. Romanos 1:16–17 es la declaración del tema de su carta a
los cristianos de Roma:
Porque no me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo el
que cree: al judío primeramente, y también al griego. Porque en él es revelada una justicia
divina, de fe en fe, como está escrito: El justo vivirá por la fe. (BTX)

Pablo se apropia de Habacuc 2:4b como fundamento bíblico del evangelio. El


fundamento de la justicia es la fe genuina. Los justos son aquellos que confían en la justicia
de Dios y no en su propia justicia. La conexión de Romanos 1:17 con el contexto original de
Habacuc 2:4b es que la fe genuinamente justa persevera en la confianza en la visión de Dios
que el profeta recibió la orden de escribir. Esa visión es sinónimo de la palabra de Dios. La
fe genuina confía en la palabra de Dios hasta el final. Así es como los justos vivirían por fe,
en contraste con los babilonios que solo confiaban en sí mismos.
En Gálatas 3:11, Pablo está argumentando que aquellos que no viven continuamente en
perfecta conformidad con la ley de Moisés no pueden ser contados como justos.
Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues está escrito:
“Maldito sea todo aquel que no se mantenga firme en todas las cosas escritas en el libro de
la ley, y las haga”. Y es evidente que por la ley ninguno se justifica para con Dios, porque “El
justo por la fe vivirá”; y la ley no es de fe, sino que dice: “El que haga estas cosas vivirá por
ellas”. (Gá 3:10–12, RVC)

En otras palabras, no hay salvación en la ley. Solo hay salvación por la fe. En relación con
el contexto original de Habacuc, los justos perseveran en su fe en Dios, en contraste con los
babilonios que solo confiaban en sí mismos. En la época de Pablo, los justos vivirían por la
fe, en contraste con los que confían en su propia justicia en la ley.
En el pasaje de Hebreos 10:37–38 el escritor incorpora elementos de Isaías 26:21 y
Habacuc 2:3–4. El contexto inmediato de Hebreos 10:37–38 se acerca más al contexto
original de Habacuc 2:3–4 en el sentido de que el escritor de Hebreos aborda el tema de la
resistencia paciente a través del sufrimiento. La principal diferencia entre Habacuc 2:3–4 y
Hebreos 10:37–38 es que en Habacuc el pueblo de Dios iba a sufrir por su infidelidad al
Señor, mientras que en Hebreos el pueblo de Dios sufría por su fidelidad al Señor. J. J. M.
Roberts ha comentado:
Hebreos 10:38, en particular, se mantiene muy cerca de la intención original del pasaje de
Habacuc, cuando el autor de Hebreos cita a Habacuc para animar a los cristianos
desesperados, para asegurarles que la intervención prometida de Dios llegará seguramente
en su momento apropiado. (Nahum, 111)

Versículo 5. Los babilonios se han embriagado con su propio orgullo, su presunción, sus
ambiciones imperiales y su insaciable apetito de más poder. El “vino”, además del ego
inflado mencionado en el versículo 4, ha traicionado al líder babilónico haciéndole creer
que Babilonia es invencible. Cuanto más toma, más quiere. Su apetito nunca está satisfecho.
Babilonia es comparada con el “Seol”. Proverbios 30:15b–16 dice: “Tres cosas nunca se
sacian; cuatro nunca dicen: “¡Suficiente! El Seol; un vientre sin hijos; la tierra, que nunca
está satisfecha con el agua; y el fuego, que nunca dice: ‘¡Suficiente! “Seol” es un término
del Antiguo Testamento para la tumba y es sinónimo de muerte. Los babilonios no tienen
autocontrol, ni tampoco su líder Nabucodonosor II. Nunca dejarán de devorar todo a su
paso. Devorarán a Judá por sus pecados, pero Dios los detendrá en su momento.
Mientras que el profeta Habacuc ha recibido malas noticias de un juicio inminente sobre
Judá por los muchos pecados de los que el profeta se quejó en 1:2–4, también habrá juicio
para los babilonios. Estos juicios están escritos en forma de cinco oráculos de ay en los
versículos 6–20. “El conjunto de los cinco ‘oráculos del ay’ constituye el discurso que
pronunciará ‘el recitador’ a partir de la visión escrita en las tablas” (Andersen, Habacuc,
225). Los cinco oráculos comparten el tema común del juicio divino sobre Babilonia por
todos sus actos. Habacuc puede estar seguro de que Dios hará responsables a los babilonios
de todos sus pecados como nación. En el primer oráculo del ay (vv. 6–8) Babilonia será
saqueada por los que había saqueado; en el segundo oráculo del ay (vv. 9–11) su seguridad
quedará insegura; en el tercer oráculo del ay (vv. 12–14) su civilización será reemplazada
por la devastación; en el cuarto oráculo del ay (vv. 15–17) su gloria se convertirá en
vergüenza; y en el quinto oráculo del ay (vv. 18–20) sus ídolos son expuestos como sin valor
a la luz del Señor que es el único Dios verdadero.
El saqueador será saqueado (vv. 6–8). El versículo 6a da paso a una pregunta retórica
que pretende establecer el ay en este oráculo. La pregunta retórica contiene tres palabras
que preparan al lector para el contenido de los cinco oráculos. Todas las naciones que
habían sido confiscadas por las ambiciones imperiales de Babilonia tendrán su opinión
contra la nación. Se “burlarán” de Babilonia con “burlas y acertijos”. La palabra burla se
utiliza en Miqueas 2:4 para referirse a las burlas que se hacen contra los destinatarios del
juicio divino. En el Salmo 44:14 Israel se queja a Dios de que su calamidad se ha convertido
en una burla o un chiste entre las naciones. La burla está relacionada con el verbo
“despreciar” (Brown, Driver y Briggs, Hebrew and English, 539). Los acertijos se refieren a
dichos enigmáticos o desconcertantes y, junto con las burlas y el escarnio, forman la idea
de que Babilonia se ha convertido en el chiste o el sintagma de las naciones a las que una
vez aterrorizó (ibid, 295). O. Palmer Robertson ha comentado:
El propio Israel había sido advertido de que, si no guardaba los mandamientos de Dios, se
convertiría en objeto de burlas entre todas las naciones de la tierra (Dt. 28:37; 1Re 9:7).
Ahora el Señor declara que llegará el día en que todas esas naciones a las que los caldeos
han amedrentado se burlarán de su conquistador. (Nahum, 185)

Los versículos 6b–8 contienen el primer oráculo de aflicción contra Babilonia. Los
babilonios se han apoderado despiadadamente de las riquezas que no les pertenecían por
derecho. Como resultado, llegará el día en que las naciones que queden vendrán a cobrar
lo que les pertenece por derecho. Como los acreedores que vienen a cobrar sus bienes,
saquearán a los saqueadores babilónicos. Lo que el imperio neobabilónico ha hecho a las
naciones que conquistó, se lo harán a él. Dios no olvida el mal que hacen los hombres. Ni
los individuos ni las naciones se libran de hacer el mal. Él impondrá el castigo apropiado en
el momento señalado (v. 3). Estas prácticas babilónicas son inquietantemente similares a
muchas prácticas utilizadas en las sociedades modernas, en las que los prestamistas utilizan
pagos de intereses excesivos y prácticas de préstamo explotadoras para paralizar y
aprovecharse de los que son financieramente vulnerables. En nuestra sociedad no faltan las
instituciones de préstamo que utilizan prácticas de marketing engañosas para atraer a los
clientes involuntarios con el fin de ganar tanto dinero como sea posible y tomar todo lo que
puedan de la gente honesta y trabajadora. Proverbios 14:31 dice: “El que oprime al pobre
insulta a su Hacedor, pero el que es bondadoso con el necesitado le honra”.
Los seguros se volverán inseguros (vv. 9–11). El segundo oráculo del ay acusa a Babilonia
de utilizar las riquezas mal habidas para construir la seguridad contra la amenaza del
desastre. El tema de las riquezas mal habidas en este segundo oráculo se basa en el primer
oráculo, que trataba de que Babilonia había tomado lo que no le pertenecía por derecho
(6b). Los babilonios no solo emplearon la fuerza sino también el fraude para enriquecerse.
Practicaron la imposición explotadora de tributos paralizantes a las naciones conquistadas
(Andersen, Habacuc, 240). El éxito y la seguridad que pretenden alcanzar no se producirán.
Toda su seguridad quedará insegura cuando lo que han hecho a otras naciones se lo hagan
a ellos. El desastre les alcanzará con toda seguridad. Quien vive de la ganancia mal habida
será avergonzado. El verso 10 es similar a Proverbios 1:18–19: “Pero ellos ponen una
emboscada para matarse a sí mismos; atacan sus propias vidas. Tales son los caminos de
todos los que obtienen ganancias deshonestas; se cobra la vida de los que las reciben”. Los
babilonios han pecado contra sí mismos en el sentido de que la ganancia deshonesta es
autodestructiva.
El versículo 11 recuerda a la frase “Si las paredes pudieran hablar”. “Aquí la viga no está
respondiendo a la piedra; se está uniendo, haciendo una antífona. La madera y la piedra
dan un testimonio unido contra el tirano” (Andersen, Habacuc, 241). La riqueza robada con
la que Babilonia construyó su imperio gritará contra ella. Roberts comenta acertadamente:
Dos testigos siguen clamando contra la opresión del babilonio, incluso después de que éste
haya eliminado a muchos pueblos. La ciudad construida sobre la opresión no estará segura,
pues aunque se reprima la voz acusadora de los pueblos oprimidos, las mismas piedras y
vigas de las que está construida la ciudad retomarán su grito, y la implicación es que Dios
no ignorará indefinidamente un grito tan continuo (cf. Gn 18:20–21). (Roberts, Nahum, 122)

Este grito de justicia de las piedras inanimadas y las vigas recuerda al de Génesis 4:10,
donde, tras el asesinato de Caín a su hermano Abel, Dios dijo: “¿Qué has hecho? La sangre
de tu hermano clama a mí desde la tierra”. Dios escucha el grito de justicia, y defenderá la
justicia castigando la injusticia.
Su civilización será reemplazada por la devastación (vv. 12–14). El derramamiento de
sangre y la injusticia fueron los cimientos del imperio neobabilónico. Cuando una civilización
se construye sobre una base de violencia e injusticia, ya ha sembrado las semillas de su
propia destrucción final.
Proverbios 14:34 dice: “La justicia engrandece a la nación, pero el pecado es la deshonra
de cualquier pueblo”. Los tiranos construyen sus reinos sobre la base de la violencia, la
opresión, el engaño, el abuso, el miedo, la intimidación, la confusión, la incertidumbre, la
venganza, el amiguismo, la corrupción y cosas similares. Dios hará que el trabajo forzado de
los oprimidos se convierta en el combustible de un fuego que quemará la civilización. Todo
el trabajo duro gastado para construir la civilización corrupta no la salvará en el día del juicio
divino. Todo el esfuerzo y el trabajo se habrán desperdiciado.
Habacuc en el versículo 14 dice: “Porque la tierra se llenará del conocimiento de la gloria
del Señor, como las aguas cubren el mar”. Este ha sido un verso difícil de entender para
muchos estudiosos en relación con los versículos 12–13. Tal vez la gloria del Señor se verá
en el juicio que el Señor traerá sobre el Imperio neobabilónico al usar a Ciro y al Imperio
Persa para conquistarlos. La gloria de Dios se mostrará cuando derribe al tirano
Nabucodonosor y a los babilonios. “Solo cuando se resuelva el problema de los impíos, la
gloria de Dios llenará la tierra. Solo cuando el justo juicio recompense a los impíos de
acuerdo con sus merecimientos, el verdadero conocimiento de la santidad de Dios brillará
en todo su esplendor” (Robertson, Nahum, 198).
Su gloria se convertirá en vergüenza (vv. 15–17). Babilonia, en sus ambiciones
imperiales, hizo que las naciones bebieran de la copa metafórica de su ira. La metáfora de
la embriaguez es poderosa porque ilustra la horrible naturaleza de la agresión imperial
babilónica. El opresor buscaba embriagar y luego violar, violar y despojar sistemáticamente
de todo lo valioso a las naciones que conquistaba. El propósito de Babilonia era sacar a la
luz todas las riquezas de las naciones para poder arrebatarlas. Los babilonios eran una
nación de depredadores que siempre buscaban presas; tenían un apetito insaciable de
saqueo (cf. Nah 3:1). Inducir a las naciones a la embriaguez las hacía débiles y vulnerables
al ataque. La metáfora de la desnudez indica la vergüenza, la humillación y la indigencia
provocadas por el ataque babilónico. Pero Dios convertirá la gloria de los babilonios en
vergüenza. Lo que los babilonios aspiran y esperan será invertido de forma escandalosa. Se
emborracharán y quedarán expuestos de la misma manera que lo han hecho con otros por
la copa de la ira del Señor. Serán abrumados por la violencia con la que abrumaron a otras
naciones. Esta es una inversión impresionante de las expectativas para Babilonia y su rey.
Babilonia recibirá su merecido porque Dios es justo. No se puede evitar ver las implicaciones
escatológicas del juicio divino contra Babilonia. En el futuro, Babilonia será juzgada en
última instancia por el Señor, según el anuncio angélico de Apocalipsis 18:2–3:
Dio un fuerte grito:¡Ha caído Babilonia, cayó esa gran ciudad! Se ha convertido en una casa
para los demonios. Es una guarida para todo espíritu inmundo, un nido para todo buitre
repugnante y una cueva para todo animal sucio y espantoso. En la época de Habacuc, el
Imperio neobabilónico sería juzgado por el Señor por su brutal intento de dominación
mundial. El profeta puede estar tranquilo sabiendo que, aunque Dios emplearía a los
babilonios como herramienta de disciplina contra Judá, era solo con el propósito redentor
de purgar el mal de entre su pueblo y no para destruirlo en última instancia. En el futuro, sin
embargo, Dios destruirá finalmente a Babilonia. (NTV)

Sus ídolos no tienen valor ante el Señor (vv. 18–20). Los babilonios eran conocidos por
su culto al dios Marduk, la deidad principal del panteón babilónico. Pero Habacuc expone
la realidad de los ídolos y su adoración. Estos incluyendo a Marduk, eran solo una creación
de la depravada imaginación humana. Los ídolos representan dioses que no existen. El
profeta comienza el oráculo del ay final con una pregunta retórica, cuya respuesta es
negativa (Roberts, Nahum, 126). ¿De qué sirve una imagen cuando el artesano ha
terminado de fabricarla? Absolutamente para nada. El ídolo no puede hablar. No puede
moverse. No tiene aliento. No puede salvar. Entonces, ¿qué sentido tiene? El que creó el
ídolo confía en él, así que todo está en la mente y el corazón del adorador. Los humanos
han imaginado que los ídolos son reales desde tiempos inmemoriales. Pero esto no hace
que los ídolos sean verdaderos. Habacuc llama al ídolo “un maestro de la mentira”. Las
mentiras están en la mente del creyente idólatra. El profeta Isaías tiene una de las
descripciones más vívidas de la locura de la idolatría:
Todos los que se dedican a hacer imágenes talladas no valen nada. Aun lo más valioso de
ellos no sirve para nada. Y para confusión suya, ellos mismos son testigos de que esos ídolos
no ven ni entienden. ¿Quién dio forma a un dios? ¿O quién fundió una imagen que para nada
sirve? ¡Miren! Todos los compañeros de esos artífices serán avergonzados, porque ellos
mismos son hombres. Todos ellos se reunirán, y juntos se presentarán, se asustarán, y
quedarán avergonzados. El herrero toma las tenazas y trabaja con las ascuas; a golpe de
martillo, y con la fuerza de su brazo, le va dando forma; pero luego tiene hambre, y le faltan
fuerzas; no bebe agua, y se desmaya. El carpintero tiende la regla, hace trazos con lápiz rojo,
pule la madera con la garlopa y hace dibujos con el compás y le da forma de hombre, de un
hombre hermoso, para tenerlo en su casa. Tala cedros y toma madera de ciprés y de encino,
que son árboles que crecen en el bosque; y planta pinos, que la lluvia hace crecer. De estos
árboles se sirve el hombre para quemarlos y entrar en calor; con ellos enciende también el
horno para cocer panes; además, con esa madera se hace un dios, y lo adora; ¡fabrica un
ídolo, y se arrodilla ante él! Parte de la leña la quema en el fuego; con parte de esa leña
prepara un asado y come carne, y queda satisfecho; luego se calienta y dice: “¡Ah, al ver el
fuego entré en calor!”. Con la madera sobrante se hace un dios, un ídolo propio, y se postra
delante de él y lo adora, y entre ruegos le dice: “Ponme a salvo, porque tú eres mi dios”. Esa
gente no sabe ni entiende. ¡Tienen cerrados los ojos, para no ver! ¡Cierran su corazón, para
no entender! No se pone a pensar. No es capaz de razonar ni de entender, para decir: “Si
parte de esta leña la quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y me la comí,
¿con el resto de esa leña voy a hacer algo abominable? ¿Voy a arrodillarme delante de un
tronco de árbol?” Esa gente se alimenta con cenizas; su engañado corazón la lleva a
extraviarse, a no poner a salvo su vida, ni a decir: “¿Acaso no es pura mentira lo que tengo
en mi mano derecha?”. (Is 44:9–20, RVC)

Isaías da una de las exposiciones más claras de la locura de la idolatría en la Biblia. Por
eso Habacuc dice en el versículo 19: “¡Ay del que diga a la madera: ‘Despierta’! o a la piedra
muda: ¡Vive!”. El adorador de ídolos no puede ni siquiera darse cuenta de que su ídolo no
es más que una fantasía. Babilonia estaba cegada por su propia idolatría, y a su debido
tiempo incurriría en las consecuencias divinas de confiar en sus falsos dioses.
Versículo 20. El profeta contrasta la vanidad de los ídolos con la imponente presencia
del único Dios verdadero. “Pero el SEÑOR está en su santo templo; que todo el mundo en
la tierra guarde silencio ante su presencia”. ¡Qué doxología tan apropiada para el diálogo
entre el Señor y el profeta! El Señor no es mudo, ni mudo, ni sordo, ni impotente como los
dioses ídolos. Está entronizado en su templo. Reina sobre el universo que ha creado. Él es
soberano en todas las cosas. Dios tiene el control incluso cuando todo y todos parecen estar
fuera de control. El mundo entero debería estar en silenciosa reverencia ante su santa
presencia. La presencia del Señor en su templo significa que no ha abandonado a su pueblo.
Su aparente silencio no debe confundirse con el abandono de Judá (1:2). Él actuará para
cumplir su propósito en el momento señalado (2:3).
Habacuc comenzó su diálogo con el Señor en forma de queja frustrada sobre el estado
de las cosas en Judá y el aparente silencio de Dios al respecto. Ahora el profeta se calla en
un temor reverencial ante el Señor en su templo (Robertson, Nahum, 211). Cuando nos
encontramos en presencia del Señor en la adoración, puede transformar profundamente
nuestra perspectiva sobre todas las cosas de este mundo. Cuando nos molestamos por la
pecaminosidad de la sociedad, los cristianos debemos ir a la casa del Señor y adorarle para
obtener la fuerza, la sabiduría y la perspicacia que necesitamos para entender
correctamente el mundo por el que pasamos como forasteros.
Estos cinco oráculos de ayes forman la visión que Habacuc recibió la orden de escribir
como respuesta para resolver las preguntas de su mente perpleja.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Cuál era el estado emocional de Habacuc cuando le preguntó a Dios: “Hasta
cuándo”? ¿Alguna vez le ha preguntado a Dios: “Hasta cuándo”? ¿Cuál fue el
problema para usted?
2. ¿Alguna vez se ha sentido frustrado con el tiempo de Dios? Lea 2 Pedro 3:9.
¿Cómo se relacionan el tiempo de Dios y su paciencia?
3. ¿Por qué estaba Habacuc tan molesto con la primera respuesta de Dios en 1:5–
11?
4. ¿Ha recibido alguna vez una respuesta de Dios que no le ha gustado? ¿Ha leído
en la Biblia enseñanzas claras con las que no está de acuerdo? ¿Cómo resolvio la
cuestión?
5. ¿Cuál es la diferencia entre dudar de Dios y esperar a entender los propósitos de
Dios? ¿Puede dar un ejemplo de cada uno en la Biblia? ¿De si mismo o de
personas que conoce?
6. Habacuc 2:4b dice: “El justo vivirá por su fe”. ¿Qué significa esto?
7. ¿Ha visto alguna vez a personas “probar su propia medicina” o “caer en sus
propias trampas”? ¿Cómo le hizo sentir eso? ¿Lo ha tomado como una
advertencia para si mismo?
8. ¿Qué ídolos adora la gente hoy en día? ¿De qué manera son impotentes e
insensatos en comparación con Dios?
9. ¿Qué nos enseña Habacuc sobre el evangelio en los capítulos 1 y 2?
10. ¿Qué le revela Dios a Habacuc (y a nosotros) sobre Él mismo en los capítulos 1 y
2?
LA PIEDAD DEL PROFETA HABACUC
HABACUC 3:1–19
Idea principal: El profeta Habacuc ofrece una oración en la que se resuelve a confiar en la
soberanía de los misteriosos caminos de Dios para tratar el predicamento humano.
I. La convocatoria sacerdotal (3:1–2)
II. El salmo de exaltación (3:3–15)
III. La consolación profética (3:16–19)

I. LA CONVOCATORIA SACERDOTAL
HABACUC 3:1–2
Habacuc 3 comienza con un título que indica que se trata de una oración del profeta. El
título incluye el término musical Shigionoth, que probablemente se refiere a un tipo de
canción. Se encuentra una vez en el libro de los Salmos, en 7:1, aunque se desconoce el
significado del término. Es apropiado que el profundo diálogo de Habacuc con Dios en los
capítulos 1–2 se eleve ahora a la oración y la adoración, especialmente después de 2:20, en
el que el Señor está entronizado en su santo templo. La oración es la respuesta adecuada
del profeta a todo lo que ha aprendido del Señor. Después de estar asombrado por los
planes del Señor, ¿qué más debe hacer el profeta, excepto someterse al Señor en oración?
Deberíamos aprender de Habacuc cuando nos encontramos con realidades
desconcertantes.
El versículo 2 inicia la oración, que probablemente tiene forma de canción. El profeta
confiesa que ha oído el informe sobre el Señor, pero ahora se queda admirado de las obras
del Señor. Es como si dijera: “¡He oído, pero ahora veo!”. En términos de comprensión, una
cosa es oír y otra muy distinta es ver. Su desafiante diálogo con Dios le ha proporcionado
un conocimiento y una comprensión más profundos de los caminos de Dios. Ha salido de
esta experiencia habiendo sido cambiado por su encuentro con el Señor. Esto recuerda la
confesión de Job al Señor en Job 42:5–6, donde dice: “Había oído rumores sobre ti, pero
ahora mis ojos te han visto. Por eso me retracto de mis palabras y me arrepiento en polvo
y ceniza”. Habacuc ha crecido en madurez en la fe. Lo que ha aprendido de Dios le deja
asombrado. El profeta ha comenzado su oración reconociendo la impresionante naturaleza
de Dios.
A continuación, emite una triple petición ante el Señor que culmina con el llamamiento
a la misericordia en favor del pueblo de Dios. Le pide al Señor que reviva su obra, la revele
a su pueblo y se acuerde de la misericordia a través de todo ello. Habacuc pide al Señor que
reanude su obra. Al parecer, la obra de Dios se olvidó rápidamente después de las reformas
del rey Josías de Judá. Mientras que antes Habacuc estaba angustiado cuando escuchó por
primera vez el plan de Dios para lidiar con la pecaminosidad de la sociedad de Judea, ahora
implora al Señor que haga lo que ha revelado que haría con Judá. Esto es un cambio
completo con respecto a las aprehensiones anteriores de Habacuc. Solo pide que el Señor
se acuerde de ser misericordioso en medio de la ejecución de su legítima ira contra los
pecadores de Judá. La ira es ese atributo de Dios en el que ejerce con razón el castigo divino
por el pecado. El profeta intercede por la misericordia porque su corazón ha sido iluminado
a la necesidad de la justicia divina de Dios en Judá. ¡Qué oración tan profunda! En la ira
acuérdate de la misericordia! Sin misericordia, la ira de Dios destruiría completamente al
pueblo de Dios. Sin misericordia, no habría oportunidad para que los pecadores recibieran
la gracia. La misericordia templa la justicia. La oración por la misericordia es apropiada para
que los cristianos oren hoy por la iglesia y por el mundo.

II. EL SALMO DE LA EXALTACIÓN


HABACUC 3:3–15
Los versículos 3–15 son de género poético y constan de tres divisiones.
Los versículos 3–7 están escritos en tercera persona y constituyen el primer relato de la
poderosa liberación de Dios de su pueblo. Se podría esperar que esta parte del poema
comenzara con el Señor viniendo del cielo a la tierra para liberar a su pueblo. En cambio, Él
viene de la región geográfica del sur del Sinaí y de “Temán”. Temán estaba en la región
conocida como Edom, pero el nombre pasó a significar “sur” porque estaba situada muy al
sur de Israel (Roberts, Nahum, 132). Habacuc se refiere al evento del éxodo cuando Dios
liberó a su pueblo de Egipto y lo condujo al Sinaí. Otro significado de esta declaración puede
ser que Dios viene de una dirección inesperada para liberar a su pueblo. Esto sería
consistente con la experiencia de Habacuc: que Dios hizo lo inesperado para tratar con la
sociedad de Judá. El “Monte Parán” es una designación antigua para el desierto del Sinaí.
Teofanía y terror son las dos palabras que mejor describen el cuadro que nos ofrecen
los versículos 3b–7. El Señor vendrá con gran esplendor y gloria, que se verá por todas
partes en el cielo y en la tierra. Su aparición irá acompañada de dos armas terribles: la peste
y la plaga. Su venida sacudirá la tierra como un gran terremoto; todo y todos serán
sacudidos. Su venida en juicio y liberación tendrá efectos cósmicos, no solo terrenales.
Los versículos 8–11 están escritos en segunda persona y describen la batalla cósmica en
la que el Señor, el guerrero divino, vence a los poderes cósmicos. El Señor vencerá a los
poderes de las tinieblas. Los ríos, las montañas, los mares, el sol y la luna se verán afectados
por la venida victoriosa del Señor en juicio contra los pecadores y la liberación de su pueblo.
Este lenguaje escatológico no solo anticipa la venida del Señor en el futuro cercano de
Habacuc, sino también el día del Señor al final de los tiempos. El hecho de que el sol y la
luna se detengan nos recuerda a Josué 10:12–14, donde el Señor hizo que el sol y la luna se
detuvieran durante todo un día mientras Josué y los israelitas derrotaban a los enemigos
del Señor.
Estas son palabras e imágenes de consuelo para Habacuc porque sabe que Dios es fiel
para liberar a su pueblo y derrotar a sus enemigos. El profeta tiene la seguridad de la victoria
sobre todos los problemas de los que se quejaba al principio de su profecía. Tenemos la
seguridad de que Dios actuará a favor de su pueblo hoy porque ha actuado a favor de su
pueblo en la historia.
Los versículos 12–15 continúan la representación de Dios como el guerrero divino que
derrota a sus enemigos y trae la salvación a su pueblo. Mientras que los versículos 8–11
parecen más cósmicos por naturaleza, los versículos 12–15 parecen más históricos. Esta
parte del poema se centra en el líder de los enemigos del pueblo de Dios, el rey de Babilonia.
Hay seis declaraciones del poder victorioso del Señor sobre sus enemigos:
• “Marchas por la tierra con indignación” (v. 12a)
• “Pisoteas a las naciones con ira” (v. 12b)
• “Sales a salvar a tu pueblo” (v. 13a)
• “Aplastas al jefe de la casa de los malvados” (v. 13b)
• “Atravesáis su cabeza con sus propias lanzas” (v. 14)
• “Pisas el mar con tus caballos” (v. 15)
La ira del Señor se dirige contra las naciones que oprimen a su pueblo. Él derrota
totalmente a los poderes cósmicos y terrenales para salvar a su pueblo Judá. A veces puede
parecer que tarda mucho en llegar, pero Dios actuará en favor de su pueblo con gran poder
y victoria. El Señor es exaltado porque es el Salvador de su pueblo en cada generación.

III. LA CONSOLACIÓN PROFÉTICA


HABACUC 3:16–19
Estos versículos finales de Habacuc contienen algunas de las palabras más bellas y
profundas jamás escritas. James Montgomery Boice escribió:
¿Qué es lo que hace que este capítulo, y en particular los versículos finales, sean tan
contundentes? A mi juicio, es la forma valiente en que Habacuc abarca todas las
calamidades que puede imaginar y, sin embargo, triunfa sobre ellas en el conocimiento y el
amor de su Salvador. (Minor Prophets, 433)

En el versículo 16, Habacuc informa de su respuesta personal a todo lo que le ha


revelado el Señor. No está claro si el profeta se refiere al próximo ataque a Judá (1:5–11) o
a la teofanía divina (3:3–15). Creo que ambos acontecimientos cataclísmicos están detrás
de su respuesta cuando experimenta un gran trauma emocional y físico al oír el sonido del
juicio que se acerca. No está claro si está oyendo literalmente el sonido de los invasores que
se acercan o si está anticipando su llegada en algún momento del futuro. En cualquier caso,
la profunda sensación de temor puede percibirse en su declaración de resolución en el
versículo 16: “Ahora debo esperar tranquilamente que llegue el día de la angustia contra el
pueblo que nos invade”. Esperó la respuesta del Señor en 2:1, y ahora esperará el
cumplimiento de esa respuesta en el futuro.
Esperar en el Señor a menudo no es fácil para nosotros porque solo el Señor sabe
exactamente cuánto tiempo tardará en cumplir su promesa. Dado que Dios no está
confinado en el tiempo y el espacio como nosotros, puede ser un reto para nosotros
esperar, sin saber cuánto tiempo. Aquí es donde se pone a prueba nuestra fe en Dios.
¿Confiamos en Dios sin importar el tiempo que nos lleve? ¿Estamos dispuestos a perseverar
en la fe hasta el final? ¿Seguimos confiando en Dios, aunque el cumplimiento de su promesa
no se produzca en nuestra vida? Habacuc ha resuelto en su corazón que confiará en el Señor
pase lo que pase.
Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo
y los labrados no den mantenimiento, aunque las ovejas sean quitadas de la majada y no
haya vacas en los corrales, con todo, yo me alegraré en el Señor, me gozaré en el Dios de mi
salvación. El Señor es mi fortaleza; él me da pies como de ciervas y me hace caminar por las
alturas. Al jefe de los cantores. Para instrumentos de cuerdas. (vv. 17–19, RV60)

El profeta ha recorrido un largo camino en su viaje espiritual desde la queja hasta la


satisfacción. Al principio de su profecía, Habacuc estaba profundamente perturbado por
todo lo que había visto a su alrededor en la sociedad de Judea. Pero ahora, después de ver
a su Salvador venir en su esplendor, se ha decidido profundamente a confiar en el Señor.
Habacuc se regocijará en las buenas noticias de Dios, nuestro Salvador, aunque haya malas
noticias para Judá. La buena noticia es que Dios es fiel incluso cuando nosotros no lo somos.
Al igual que Habacuc, nosotros también podemos caminar por las alturas cuando ponemos
nuestra confianza en la soberanía de nuestro Dios que reina sobre todas las naciones de la
tierra. Cuando el Señor es nuestra fuerza, podemos elevarnos por encima de los problemas
de este mundo y decir como Habacuc: “¡Él me permite caminar por las alturas!”
Versículo 19b. El colofón al final del versículo contiene instrucciones musicales para el
director de música. Esto indica que el capítulo 3 también es una obra musical. No se da más
información.

CONCLUSIÓN
La profecía de Habacuc es uno de los libros más desafiantes y atractivos de la Biblia. Los
temas que trata Habacuc son profundos y complejos. No hay respuestas fáciles en el libro
de Habacuc. Exige una oración seria, una reflexión detenida y una lectura persistente una y
otra vez para intentar comprender las verdades que contiene esta profecía. Sin embargo,
para el cristiano que se atreve a aceptar el reto, las recompensas espirituales pueden ser
inmensas. La profecía de Habacuc contiene profundas verdades del evangelio que pocos
cristianos se aventuran a comprender. Dentro de sus oráculos está el evangelio según los
profetas del Antiguo Testamento. Aunque al principio Habacuc luchó por entender los
caminos de Dios, llegaría a un punto de entrega total tras recibir la palabra de Dios en una
visión. El viaje de Habacuc es el viaje de todo creyente que busca algo más que un mero
conocimiento simplista de Dios y una fe superficial en Dios.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Es Habacuc 3 una oración, una canción, o ambas cosas? ¿Conoce alguna
canción que también sea una oración?
2. ¿Dónde estaban situados geográficamente Temán y el monte Parán? ¿Cuál es el
significado de que Dios venga desde esa dirección?
3. ¿Cómo enseñaría sobre la ira de Dios en su grupo pequeño?
4. ¿Cómo enseñaría sobre la misericordia de Dios en su grupo pequeño?
5. ¿Cómo ora por sus enemigos, por la ira o por la misericordia?
6. ¿Cómo nos reconfortan y animan las imágenes de Dios como guerrero divino
victorioso? ¿Cómo se relaciona esa imagen con la de Cristo como León y Cordero
en el Apocalipsis?
7. ¿Cuál fue la decisión de Habacuc? ¿Qué hace para mantener su fe fuerte
mientras espera una respuesta de Dios?
8. ¿Qué tipo de respuesta tuvo Habacuc al pensar en los juicios venideros? ¿Qué
ha leído en las Escrituras que le afecte más profundamente?
9. ¿Por qué se alegraría Habacuc a pesar de las malas noticias para el pueblo de
Dios?
10. ¿Cómo ha cambiado la actitud de Habacuc desde los capítulos 1 y 2? ¿Qué es lo
que le ha hecho cambiar: más información o un cambio de corazón?
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