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Comentario Expositivo Cristocéntrico DANIEL

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COMENTARIO EXPOSITIVO CRISTOCÉNTRICO

EXALTACIÓN DE JESÚS EN
DANIEL

Daniel L. Akin

Editores de la serie

David Platt, Daniel L. Akin y Tony Merida

Edición al español por

Comentario Expositivo Cristocéntrico: Exaltación de Jesús en Daniel


Copyright © 2017 B&H Publishing Group para la versión en inglés
Copyright © 2023 Tesoro Bíblico para la versión en español

Serie: Comentario Expositivo Cristocéntrico

Todos los derechos reservados. Puede usar citas breves de este recurso en presentaciones, artículos
y libros. Para otros usos, escriba a Editorial Tesoro Bíblico para obtener permiso:
tesorobiblico@[Link].

Las citas bíblicas marcadas NBLA han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas™ NBLA™.
Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usada con permiso.

Las citas bíblicas marcadas RVC han sido tomadas de la Biblia Reina Valera Contemporánea ®, ©
2009, 2011 por Sociedades Bíblicas Unidas. Usada con permiso.
Las citas bíblicas marcadas NVI han sido tomadas de la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional ®.
Copyright © 1999, 2015 por Biblica, Inc. Reservados todos los derechos en todo el mundo. Usada
con permiso.

Traducción, edición: Equipo de traductores de Faithlife.

Editorial Tesoro Bíblico © Copyright


DEDICATORIA DE LA SERIE

Dedicado a Adrian Rogers y John Piper. Ellos nos han enseñado a amar el evangelio de
Jesucristo, a predicar la Biblia como la Palabra inerrante de Dios, a pastorear la iglesia por
la que murió nuestro Salvador y a tener pasión por ver a todas las naciones adorar
gustosas al Cordero.
—David Platt, Tony Merida y Danny Akin
Marzo de 2013

DEDICATORIA DEL AUTOR

Dedicado a Daniel Lee, fiel pastor, predicador, evangelista, misionero y visionario de la


Iglesia Bautista Misión Global en Seúl, Corea. Eres una bendición e inspiración para
muchos.
—Danny Akin
ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS ........................................................................................................ 6
INTRODUCCIÓN DE LA SERIE ........................................................................................... 7
ABREVIATURAS ............................................................................................................... 9
1. SEAN FUERTES Y DE GRAN VALOR (PREPARANDO A NUESTROS HIJOS PARA LAS
NACIONES) DANIEL 1:1–21 ................................................................................. 12
2. EL REINO DE DIOS: EL ÚNICO REINO QUE NUNCA SERÁ DESTRUIDO DANIEL 2:1–
49 ...................................................................................................................... 23
3. ¡VALOR EN MEDIO DEL FUEGO! DANIEL 3:1–30 ................................................. 33
4. APRENDIENDO POR LAS MALAS QUE DIOS ES DIOS Y NOSOTROS NO DANIEL 4:1–
37 ...................................................................................................................... 43
5. LA ESCRITURA ESTÁ EN LA PARED DANIEL 5:1–31 .............................................. 53
6. DANIEL Y EL FOSO DE LOS LEONES DANIEL 6:1–28 ............................................ 62
7. ¿HAY ALGUIEN QUE REALMENTE TENGA EL CONTROL? SÍ, ¡DIOS LO TIENE! DANIEL
7:1–28 ............................................................................................................... 73
8. ¡Y LAS VISIONES SIGUEN LLEGANDO! UN CARNERO, UN MACHO CABRÍO Y UN
CUERNO PEQUEÑO APOCALÍPTICOS DANIEL 8:1–27 ........................................... 84
9. LECCIONES SOBRE LA ORACIÓN DE UN HOMBRE DE DIOS DANIEL 9:1–19 .......... 93
10. LAS SETENTA SEMANAS DE DANIEL Y LA OBRA GLORIOSA DEL MESÍAS JESÚS
DANIEL 9:20–27 ............................................................................................... 100
11. LAS REALIDADES DE VIDA Y MUERTE DE LA GUERRA ESPIRITUAL DANIEL 10:1–21
........................................................................................................................ 108
12. LA GUERRA CIVIL: TAL COMO DIOS DIJO QUE OCURRIRÍA DANIEL 11:1–20....... 116
13. ANTÍOCO EPÍFANES Y EL ANTICRISTO: LOS ARCHIENEMIGOS DEL PUEBLO DE DIOS
DANIEL 11:21–45 ............................................................................................. 124
14. NUEVE MARCAS DEL DISCIPULADO ESCATOLÓGICO DANIEL 12:1–13 ............... 133
OBRAS CITADAS .......................................................................................................... 141
AGRADECIMIENTOS

Agradezco la maravillosa ayuda de Shane Shaddix, Mary Jo Haselton y Kim Humphrey.


Este volumen no sería posible sin su inestimable ayuda. Gracias por servir tan bien a
nuestro Señor y a mí.
INTRODUCCIÓN DE LA SERIE

Agustín dijo: “Donde habla la Escritura, habla Dios”. Los editores de la serie Comentario
Expositivo Cristocéntrico creen que, donde Dios habla, el pastor debe hablar. Dios habla a
través de su Palabra escrita. Nosotros debemos hablar a partir de esa Palabra. Creemos que
la Biblia es inspirada por Dios, autorizada, inerrante, suficiente, comprensible, necesaria y
atemporal. También afirmamos que la Biblia es un libro centrado en Cristo; es decir,
contiene un relato unificado de la historia redentora del que Jesús es el héroe. Debido a
esta trayectoria centrada en Cristo, que va desde Génesis 1 hasta Apocalipsis 22, creemos
que la Biblia tiene el correspondiente impulso misionero global. Desde el principio hasta el
final, vemos que la misión de Dios es hacer adoradores de Cristo de todas las tribus y lenguas
a través de este drama redentor de las Escrituras. Para ello, debemos predicar la Palabra.
Además de estas convicciones distintivas, la serie Comentario Expositivo Cristocéntrico
tiene algunas características distinguidas. En primer lugar, esta serie busca mostrar
precisión exegética. Lo que dice la Biblia es lo que queremos decir. Aunque no todos los
volúmenes de la serie serán comentarios versículo por versículo, deseamos tratar el texto
con cuidado y explicarlo correctamente. Los que enseñan y predican tienen la gran
responsabilidad de decir lo que Dios ha dicho en su Palabra y declarar lo que Dios ha hecho
en Cristo. Deseamos manejar la Palabra de Dios con fidelidad, sabiendo que debemos dar
cuenta de cómo hemos cumplido con este santo llamamiento (Stg 3:1).
En segundo lugar, la serie Comentario Expositivo Cristocéntrico tiene como objetivo a
los pastores. Aunque esperamos que otras personas lean esta serie, como padres,
maestros, líderes de grupos pequeños y ministros estudiantiles deseamos proporcionar un
comentario que los pastores ocupados utilicen para la preparación semanal de sermones
bíblicamente fieles y saturados de evangelio. Esta serie no es de naturaleza académica.
Nuestro objetivo es presentar un estilo de comentario legible y pastoral. Creemos que este
objetivo servirá a la Iglesia del Señor Jesucristo.
En tercer lugar, queremos que la serie Comentario Expositivo Cristocéntrico sea
conocida por la inclusión de ilustraciones útiles y aplicaciones teológicamente dirigidas.
Muchos comentarios no ofrecen ninguna ayuda en ilustraciones, y pocos ofrecen algún tipo
de ayuda en la aplicación. A menudo, los que sí ofrecen material ilustrativo y de aplicación
lamentablemente prestan poca atención seria al texto. Aunque nos dedicamos
principalmente a la explicación, también esperamos servir a los lectores proporcionando
ilustraciones que inspiren e iluminen junto con una aplicación oportuna y atemporal.
Por último, como su nombre indica, los editores tratan de exaltar a Jesús desde todos
los libros de la Biblia. Al decir esto, no estamos recomendando la alegoría salvaje o la
tipología extravagante. Ciertamente, creemos que debemos ceñirnos al significado que
quiso dar el propio Autor divino, el Espíritu Santo de Dios. Sin embargo, también creemos
que la Biblia tiene un enfoque mesiánico, y nuestra esperanza es que los autores
individuales exalten a Cristo a partir de textos particulares. Lucas 24:25–27, 44–47 y Juan
5:39, 46 declaran tanto nuestra hermenéutica como nuestra homilética. No todos los
autores lo harán de la misma manera ni tendrán el mismo grado de énfasis centrado en
Cristo. Eso nos parece bien. Creemos que la exposición fiel centrada en Cristo no es
monolítica. Sin embargo, sabemos que debemos leer toda la Biblia como Escritura cristiana.
Por lo tanto, nuestro objetivo es tanto honrar la particularidad histórica de cada pasaje
bíblico como destacar su conexión intrínseca con el Redentor.
Los editores están en deuda con los colaboradores de cada volumen. El lector detectará
un estilo único de cada escritor, y nosotros celebramos estos dones y rasgos particulares.
Aunque sus enfoques son distintos, los autores comparten una característica común: son
teólogos pastorales. Aman a la Iglesia y predican y enseñan regularmente la Palabra de Dios
al pueblo de Dios. Además, muchos de estos colaboradores son voces jóvenes. Creemos
que estas voces nuevas y frescas pueden servir bien a la Iglesia, especialmente entre una
generación emergente que tiene la tarea de proclamar la Palabra de Cristo y el Cristo de la
Palabra al mundo perdido.
Esperamos y oramos que esta serie sirva al cuerpo de Cristo conforme a lo dicho hasta
que nuestro Salvador regrese en gloria. Si así sucede, habremos tenido éxito en nuestra
tarea.
David Platt
Daniel L. Akin
Tony Merida
Editores de la serie
Febrero de 2013
ABREVIATURAS

Libros de la Biblia
Antiguo Testamento
Génesis Gn
Éxodo Éx
Levítico Lv
Números Nm
Deuteronomio Dt
Josué Jos
Jueces Jue
Rut Rt
1Sauel 1Sa
2 Samuel 2Sa
1 Reyes 1Re
2 Reyes 2Re
1 Crónicas 1Cr
2 Crónicas 2Cr
Esdras Esd
Nehemías Neh
Ester Est
Job Job
Salmos Sal
Proverbios Pr
Eclesiastés Ec
Cantares Cnt
Isaías Is
Jeremías Jer
Lamentaciones Lm
Ezequiel Ez
Daniel Da
Oseas Os
Joel Jl
Amós Am
Abdías Abd
Jonás Jon
Miqueas Mi
Nahúm Nah
Habacuc Hab
Sofonías Sof
Hageo Hag
Zacarías Zac
Malaquías Mal

Nuevo Testamento
Mateo Mt
Marcos Mr
Lucas Lc
Juan Jn
Hechos Hch
Romanos Ro
1 Corintios 1Co
2 Corintios 2Co
Gálatas Gá
Efesios Ef
Filipenses Fil
Colosenses Col
1 Tesalonicenses 1Ts
2 Tesalonicenses 2Ts
1 Timoteo 1Ti
2 Timoteo 2Ti
Tito Tit
Filemón Flm
Hebreos Heb
Santiago Stg
1 Pedro 1Pe
2 Pedro 2Pe
1 Juan 1Jn
2 Juan 2Jn
3 Juan 3Jn
Judas Jud
Apocalipsis Ap
Daniel
1. SEAN FUERTES Y DE GRAN VALOR (PREPARANDO A NUESTROS
HIJOS PARA LAS NACIONES)
DANIEL 1:1–21

Idea principal: Incluso en tiempos de grandes pruebas y oposición, los cristianos deben
permanecer fieles a Dios y a su evangelio, imitando la propia constancia de Cristo cuando
soportó la persecución y la muerte por nosotros.
I. Dios puede enviarle soberanamente a un lugar difícil para difundir su nombre entre
las naciones (1:1–3)
A. Dios actúa a pesar de los pecados de su pueblo (1:1–2)
B. Dios actúa al dispersar a su pueblo (1:3)
II. Prepárese para los desafíos que las culturas no cristianas le lanzarán para alejarle de
Dios (1:3–7)
A. Aislamiento (1:3)
B. Adoctrinamiento (1:4)
C. Asimilación (1:5)
D. Confusión (1:6–7)
III. Determine en su vida y corazón que sus convicciones y compromisos con Dios no serán
comprometidos (1:8–13)
A. Resista la tentación de contaminarse (1:8)
B. Gane el favor de los que tienen autoridad cuando sea posible (1:9–10)
C. Ofrezca sabiamente soluciones alternativas en las que todos salgan ganando
(1:11–13)
IV. Confíe en que Dios honrará su devoción y fidelidad a Él (1:14–21)
A. Dios los bendijo físicamente (1:14–16)
B. Dios los bendijo mentalmente (1:17, 20)
C. Dios los bendijo espiritualmente (1:17)
D. Dios los bendijo socialmente (1:18–21)

Cuando encontramos nuestros pies plantados a la fuerza en el suelo de una cultura anti-
Dios y anticristiana, es absolutamente imperativo que nuestros corazones sean atraídos al
cielo y nuestras mentes estén inmersas en la Palabra de Dios. Como escribió Pablo en
Colosenses 3:1–2, “Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba,
donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Pongan la mira en las cosas de arriba, no en
las de la tierra”. Como añade Pablo en Romanos 12:2, “Y no se adapten a este mundo, sino
transfórmense mediante la renovación de su mente”. Pensamientos como estos eran
esenciales para cuatro adolescentes hebreos que habían sido arrancados de sus familias y
de su país y llevados cautivos al malvado imperio de aquel tiempo, el imperio de Babilonia.
Sus nombres son Daniel, Ananías, Misael y Azarías (1:6).
El tema del libro llamado Daniel es la soberanía de Dios en todas las cosas. Él es
soberano sobre las cosas grandes, como los poderes internacionales, y es soberano sobre
las cosas pequeñas, como las vidas aparentemente insignificantes de los adolescentes. Es
soberano sobre la historia y es soberano sobre el futuro. Nuestro Dios es soberano.
Aunque es una simplificación excesiva, el libro puede dividirse en dos partes: los
capítulos 1–6 se centran en el profeta (el hombre), y los capítulos 7–12 revelan las profecías
(el mensaje), con Daniel como figura central en ambas secciones.
El contenido del libro abarca un periodo de tiempo que va desde el año 605 hasta el 539
a.C. aproximadamente. Utilizando tanto la narración como la visión apocalíptica, Daniel
anima al pueblo de Dios a confiar en la providencia de Dios y a permanecer fiel pase lo que
pase, ya que su Señor tiene el control absoluto. Ronald Pierce destaca tres temas específicos
que se desprenden naturalmente de esta proposición básica: (1) Dios es capaz de rescatar
y recompensar a los siervos fieles; (2) Dios hace responsables a las personas y a los reyes
que se oponen a Él; y (3) al final Dios sustituirá todos los reinos terrenales por su reino
eterno (Daniel, 9).
Mi buen amigo y estudioso del Nuevo Testamento, Bob Stein, me dijo una vez que entre
los creyentes perseguidos de todo el mundo los dos libros más favorecidos de la Biblia son
Daniel y Apocalipsis. Esto se debe a que ambos enseñan que al final nuestro Dios vence. El
texto que tenemos ante nosotros, Daniel 1, revela que Dios ganó una vez para cuatro fieles
adolescentes hebreos en una tierra extranjera y lejana, lejos de su familia y amigos. ¿Cómo
lo hizo Dios? ¿Qué pretendía?

I. DIOS PUEDE ENVIARLE SOBERANAMENTE A UN LUGAR DIFÍCIL PARA DIFUNDIR SU NOMBRE


ENTRE LAS NACIONES

DANIEL 1:1–3
Dale Davis dice bien: “A veces Dios puede permitir que las dificultades nos alcancen porque
quiere que su misericordia llegue más allá de nosotros” (Message of Daniel, 36). El
propósito de Dios en esas dificultades es casi siempre multifacético. Permite el sufrimiento
en la vida de su pueblo para demostrar Su soberanía, fortalecer su fe, mostrarse sabio y
fuerte, y exponer Su gloria entre las naciones para que se sientan atraídas por Él.
Que hay dolor para nosotros en todo esto es a menudo una realidad. Que hay una gran
ganancia para la gloria de Dios y el avance de su reino es seguro. Esta perspectiva nos
ayudará a recordar quién es el verdadero héroe en el libro de Daniel. No son los
adolescentes hebreos. Es un Dios soberano y todopoderoso de la gracia que, como señala
Bryan Chapell:
[…] utiliza su poder soberano para mantener sus promesas de pacto para siempre. Este
evangelio según Daniel, debería darnos valor contra nuestros enemigos, esperanza en
nuestra angustia y perseverancia en nuestras pruebas. (Gospel According to Daniel, 9)

A. Dios actúa a pesar de los pecados de su pueblo (1:1–2)


A lo largo de la historia, los ejércitos han invadido naciones con actos de agresión y guerra.
Los resultados han sido trágicos: tierras destruidas, propiedades destruidas y confiscadas, y
prisioneros de guerra enviados a tierras extranjeras para no volver a ver a sus familiares y
amigos. Esto es lo que les ocurrió a Daniel y sus amigos. Fueron desarraigados y replantados
en la dura y malvada tierra del Imperio Babilónico. Y sorprendentemente, fue obra de Dios.
Era el plan de Dios.
El versículo 1 proporciona el contexto histórico. El versículo 2 proporciona la explicación
teológica (obsérvense los vv. 2, 9 y 17). Judá, el reino del sur, había estado en declive político
y espiritual durante algún tiempo. Durante el reinado de Joacim (609–598 a.C.), uno de los
peores reyes de Judá que no se parecía en nada a su piadoso padre Josías, el rey
Nabucodonosor de Babilonia (605–562 a.C.) atacó Jerusalén en el 605 a.C. Esto sucedió
porque “El Señor entregó en sus manos a Joacim, rey de Judá, así como algunos de los
utensilios de la casa de Dios” (v. 2). Los utensilios de Dios, como trofeos de guerra, fueron
transportados a Babilonia y colocados en la casa de un dios pagano en Babilonia,
probablemente Marduk, el dios principal de los babilonios. Esto era una forma de decir:
“Nuestro dios es mejor y más fuerte que el tuyo”. Daniel, en cambio, dice: “¡No es así!”. El
pueblo de Dios ha pecado, y el verdadero Dios lo está juzgando. En el proceso está
extendiendo su presencia entre las naciones. Dios actúa incluso a través de los pecados de
su pueblo.

B. Dios actúa al dispersar a su pueblo (1:3)


Habría tres deportaciones del pueblo de Israel a Babilonia (605, 597, 586 a.C.). En
Deuteronomio 28:15, el Señor había advertido a su pueblo que, si le desobedecía, caerían
sobre él maldiciones (Dt 28:15). Estas maldiciones incluirían la derrota militar (Dt 28:25) y
la deportación (Dt 28:64). En el libro de Daniel, vemos que Dios cumplió su palabra.
Además de los utensilios del templo que fueron llevados a “la tierra de Babilonia”,
Nabucodonosor ordena a un hombre llamado Aspenaz que deporte a miembros “de la
familia real y de los nobles”. La intención era despojar a la nación de sus mejores y más
brillantes, como deja claro el versículo 4, y beneficiar a Babilonia añadiendo esos individuos
dotados a sus propias filas. Sin embargo, los babilonios desconocen el hecho de que Dios
está actuando a través de esta conquista. Se trata de una invasión divina del territorio
enemigo. La ciudad del hombre está siendo invadida por la ciudad de Dios, citando a
Agustín. Babilonia (o Sinar en algunas traducciones), la tierra de los zigurats (cf. Gn 10:10 y
la torre de Babilonia en Gn 11), de los ídolos y de los falsos dioses, la ciudad que se opone
al verdadero Dios, está siendo infiltrada por el ejército del Señor. Es una pequeña incursión,
sin duda, pero que logrará mucho más de lo que cualquiera podría imaginar. Los “tiempos
de los gentiles” han comenzado (Lc 21:24). Israel será oprimido y su pueblo dispersado, pero
las naciones tendrán ahora un testigo entre ellas del único Dios vivo y verdadero.

II. PREPÁRESE PARA LOS DESAFÍOS QUE LAS CULTURAS NO CRISTIANAS LE LANZARÁN PARA
ALEJARLE DE DIOS

DANIEL 1:3–7
Todos tenemos lo que se llama una “cosmovisión”, una forma particular de ver la vida y el
mundo en el que vivimos. Esta visión determina nuestra forma de pensar y de vivir. He aquí
algunas definiciones y descripciones de una cosmovisión para guiarnos:
• Una cosmovisión es una visión global de la vida a través de la cual pensamos,
entendemos y juzgamos, y que determina nuestro enfoque de la vida y el sentido.
• “Una cosmovisión es ese conjunto básico de supuestos que da sentido a los
pensamientos de uno. Una visión del mundo es el conjunto de suposiciones que
alguien tiene sobre cómo son las cosas, sobre lo que son las cosas, sobre el porqué
de las cosas” (Bush, Manual, 70).
• “Una cosmovisión es un conjunto de presuposiciones (supuestos que pueden ser
verdaderos, parcialmente verdaderos o totalmente falsos) que mantenemos
(consciente o inconscientemente, de forma coherente o incoherente) sobre la
composición básica de nuestro mundo” (Sire, Universe Next Door, 17).
• “La cosmovisión de una persona quizá se refleje mejor en sus respuestas a las
‘principales preguntas de la vida’: ¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy?
¿De qué se trata todo esto? ¿Existe Dios? ¿Cómo puedo vivir y morir felizmente?
¿Qué son el bien y el mal? [¿Por qué estaría dispuesto a morir?” (Olthuis,
Worldviews, 153–64).
Hoy vivimos en un contexto post-cristiano con una cosmovisión cada vez más no
cristiana y secular. Hay una presión desde todas las direcciones para obligarnos a
conformarnos con la mentalidad y el espíritu de la época. Este desafío no es nuevo. Daniel
y sus tres amigos se enfrentaron a los mismos retos en su día.

A. Aislamiento (1:3)
El primer paso para convertir en babilonios a los cuatro adolescentes hebreos (llamados
“jóvenes” en el v. 4) fue el aislamiento de su patria, familia y amigos. Esto habría sido
traumático y un choque para sus sistemas, lanzando su mundo en picada. Estarían
extremadamente vulnerables, aislados y separados de todo lo que les era familiar,
haciéndolos mucho más susceptibles a las “nuevas ideas” que encontrarían. Esta estrategia
babilónica aumentaría la probabilidad de su desconversión de su fe en el Señor Dios y su
conversión a una comsovisión babilónica.
Veo esta misma estrategia empleada con éxito por el maligno en nuestros días. Sin
embargo, en nuestro caso, ¡a menudo es voluntaria! Ingenuamente, y a veces
voluntariamente, los padres envían a sus hijos a un colegio o universidad secular como
corderos preparados para el sacrificio. Aislados de su iglesia y de sus amigos cristianos, son
rápidamente seducidos por las llamadas élites intelectuales y se alejan de Cristo. ¡El maligno
sabe lo que hace! Esto no significa que los padres nunca deban enviar a sus hijos a las
universidades seculares o estatales. Quiere decir que muchas veces no apreciamos el
peligro y el engaño de las ideas falsas, por lo tanto, debemos preparar adecuadamente a
los estudiantes para ese entorno y apoyarlos mientras están allí.
B. Adoctrinamiento (1:4)
El versículo 4 afirma que estos cuatro jóvenes estaban entre los mejores de los israelitas.
Además de proceder “de la familia real y de los nobles” (v. 3), bien parecidos (“no debían
tener defecto alguno”, lo que probablemente indica que no fueron hechos eunucos), eran
inteligentes (“inteligentes en toda rama del saber, dotados de entendimiento y habilidad
para discernir”), y estaban dotados de habilidades de liderazgo e interpersonales (“que
tuvieran la capacidad para servir en el palacio del rey”). Eran candidatos ideales para que
se les enseñara “la escritura y la lengua de los caldeos”, para que se inscribieran en una
escuela de adoctrinamiento educativo “por tres años” (vv. 4–5).
El lavado de cerebro iba a comenzar inmediatamente en un mundo diferente a todo lo
que habían conocido. La Universidad de Babilonia les daría una educación secular de
primera clase en lengua babilónica, filosofía, literatura, ciencia, historia y astrología. La
religión habría formado parte del plan de estudios, así como las mitologías de Babilonia, la
grandeza de Marduk y la importancia del panteón de deidades politeístas que dominaban
el antiguo mundo del Cercano Oriente. La interpretación de los sueños y la lectura de los
presagios también formaban parte de sus cursos obligatorios. Al observar su educación,
vemos que el movimiento de la Nueva Era no es realmente tan nuevo. Es simplemente la
Vieja Era envuelta en un paquete diferente.

C. Asimilación (1:5)
Convertir a estos seguidores de Yahvé en patriotas de Babilonia requería una inmersión
total en el mundo babilónico. Al mismo tiempo que cambiaban sus mentes, los babilonios
también intentaban cambiar el estilo de vida de los hebreos. Cada uno debía comer como
un babilonio y beber como un babilonio. El objetivo era atraerlos con las delicias y privilegios
de su nueva vida. Tal inmersión los desgastaría y eventualmente los ganaría. Y al final de los
tres años, estos chicos tendrían un examen final ante el rey.

D. Confusión (1:6–7)
En los versículos 6–7, se nos presenta a cuatro de la aristocracia hebrea exiliada a Babilonia.
Ciertamente hubo otros, pero el libro de Daniel registra la historia de solo estos. Cada uno
era de la tribu de Judá. Y como señalan Ronald Pierce y otros, los nombres hebreos de los
jóvenes honran al único Dios verdadero, Yahvé. El nombre Daniel se traduce como “Elohim
es mi juez”; Ananías, “Yahvé es clemente”; Misael, “¿Quién es como Elohim?”; y Azarías,
“Yahvé ayuda” (Pierce, Daniel, 13).
El cambio de nombres hoy en día no es un gran problema. En el mundo antiguo, sin
embargo, era enorme. Afectaba a la identidad y al núcleo de lo que era una persona. Los
nuevos nombres nos resultan familiares a la mayoría de nosotros:
Nombre antiguo Nuevo nombre

Daniel Beltsasar
Ananías Sadrac

Misael Mesac

Azarías Abed Nego

No se sabe con certeza el significado exacto de estos nuevos nombres babilónicos,


aunque “ciertamente pretendían honrar a los dioses babilónicos de forma similar” a sus
nombres hebreos (Pierce, Daniel, 13). Y tenían la intención de confundir a estos jóvenes y
reorientarlos lejos de Yahvé y hacia los dioses paganos de su nuevo hogar. Nunca fue más
importante para estos cuatro adolescentes estar en el mundo pero no ser del mundo. ¿Pero
permanecerían fieles a su fe? ¿Podrían hacerlo? El resto de la historia nos da la respuesta.

III. DETERMINE EN SU VIDA Y CORAZÓN QUE SUS CONVICCIONES Y COMPROMISOS CON DIOS
NO SERÁN COMPROMETIDOS

DANIEL 1:8–13
Cuando pienso en estos cuatro adolescentes hebreos, me vienen inmediatamente a la
mente los Salmos 1 y 2. El Salmo 1 describe el carácter del Mesías-Rey. El Salmo 2 promete
su reinado. El Salmo 1 habla del hombre que no se deja seducir por “el consejo de los
impíos” (v. 1). No, “Sino que en la ley del Señor está su deleite” (v. 2). Esto describe exacta
y bellamente a Daniel y a sus amigos. Habiendo sido criados y entrenados por padres y
abuelos piadosos, amaban al Señor su Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerza (cf.
Dt 6:4; Mt 22:37). No me cabe duda de que sus padres y mentores espirituales los habían
preparado para este día, y que tendrían mucho valor y se mantendrían firmes en el Señor.

A. Resista la tentación de contaminarse (1:8)


“Daniel se propuso” comienza el versículo 8. La inmersión en la visión del mundo de la
Babilonia pagana no le ganaría el corazón ni la mente. Babilonia es el lugar donde viviría,
pero Babilonia nunca sería su hogar. Al igual que su antepasado Abraham, “esperaba la
ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb 11:10).
¿Y qué se propuso hacer exactamente Daniel? Decidió “no contaminarse con los
manjares del rey ni con el vino que él bebía”. La razón por la que Daniel consideró que la
comida y el vino eran impuros no está del todo clara. Puede haber sido dietético, si la
comida era impura para un hebreo (cf. Lv 11:1–23). Puede haber sido religioso o espiritual,
si estos artículos habían sido ofrecidos a los ídolos (cf. Dt 6:13–15). Puede haber sido
simbólico: no prometería lealtad absoluta al rey. Dale Davis propone lo que él llama el punto
de vista defensivo, y personalmente me siento atraído por él. Escribe:
Babilonia simplemente estaba asfixiando a Daniel y a sus amigos. Daniel bien pudo haber
pensado: “Hay un peligro real aquí: Podría ser absorbido por esto y castrado por todo ello”.
Reconoció que si Babilonia [el mundo y sus valores] se mete en ti, el espectáculo se acaba.
(Message of Daniel, 32)

Daniel y sus amigos se vieron obligados a estar en Babilonia, pero no permitieron que
Babilonia entrara en ellos. Tomaron una decisión consciente y decidida de decir no.
Con valor y convicción, Daniel se acercó al jefe de los eunucos y le pidió que le permitiera
desobedecer la orden del rey y no contaminarse. ¡Qué chicos tan sorprendentes habían
criado sus padres! La postura que estaban adoptando se había gestado durante años. No se
produjo de la noche a la mañana.

B. Gane el favor de las autoridades cuando sea posible (1:9–10)


Daniel tenía más que convicción; también tenía sabiduría. Fue bendecido por Dios para
caminar en santidad y humildad, una combinación rara en cualquier época. Como resultado,
Dios honró a su siervo. Cuando “el Señor entregó en sus manos a Joacim, rey de Judá” en
manos de Nabucodonosor (v. 2), “concedió a Daniel hallar favor [Heb. hesed] y gracia frente
al jefe de oficiales”. Daniel compartió su fe y sus convicciones con Aspenaz, y eso conmovió
a este funcionario incrédulo. Daniel se mantuvo firme, pero lo hizo con gracia y humildad.
No fue arrogante ni grosero. No fue odioso ni obstinado. En este caso, se ganó a su superior
con amabilidad y cordialidad (cf. José en Gn 39:4 y Ester en Est 2:9).
Sin embargo, por muy impresionado y comprensivo que estuviera Aspenaz con Daniel,
es comprensible que temiera la ira del rey y la posibilidad de perder su cabeza. Si Daniel y
sus amigos se desempeñaban mal en el día de la inspección, probablemente no serían ellos,
sino Aspenaz, los que más sufrirían. Él sería el responsable. Daniel se había ganado la
admiración, el favor y la preocupación de su captor pagano, pero las cosas parecían estar
en un punto muerto.

C. Ofrezca sabiamente soluciones alternativas que sean beneficiosas para


todos (1:11–13)
Daniel exhibe una sabiduría muy superior a su edad, una sabiduría que solo podía venir de
Dios. Parece que solo hay dos opciones. Opción 1: Se contaminan. Opción 2: Su nuevo amigo
Aspenaz pierde la cabeza. Daniel, sin embargo, propone una tercera vía, una en la que todos
ganan. Baja por la cadena de mando hasta el mayordomo o “guardia” que Aspenaz había
asignado sobre ellos y propone la siguiente solución:
Te ruego que pongas a prueba a tus siervos por diez días, y que nos den legumbres para
comer y agua para beber. Que se compare después nuestra apariencia en tu presencia con
la apariencia de los jóvenes que comen los manjares del rey, y haz con tus siervos según lo
que veas. (1:12–13, NBLA)

El número diez puede ser literal o simbólico, pero el punto principal es que Daniel pide
una prueba, una que esencialmente pone a su Dios a prueba. Él cree y confía en que Dios
honrará sus convicciones y compromisos de obedecer su Palabra.
Su dieta sería sencilla, y no rompería las leyes mosaicas, no habría sido ofrecida a dioses
paganos, y no obligaría indebidamente a los cuatro hebreos al rey babilónico (Pierce, Daniel,
19). Chapell tiene razón: “La santidad es un negocio arriesgado… la sociedad puede alabar
el idealismo, pero rara vez tolera que se vivan esos ideales” (Gospel According to Daniel,
17). Daniel sabía que la profanación solo lo alejaría aún más de su Señor. Lo arriesgaría todo
para evitarlo. La elección valía la pena. Aprecio mucho el resumen de Chuck Swindoll de
estos versículos:
En un mundo lleno de personas que se rebelan contra el Rey divino, es inevitable que los
creyentes de todas las edades se enfrenten a situaciones en las que sus convicciones serán
desafiadas. Nosotros, los padres, debemos preparar a nuestros hijos para esas ocasiones,
enseñándoles la verdad de Dios y modelando la integridad. Y todos los que somos cristianos
necesitamos comprometernos personalmente a vivir a la manera de Dios,
independientemente de las tentaciones de vivir de otra manera. (God’s Pattern for the
Future, 17)

Esto es lo que les habían enseñado a Daniel y a sus amigos. Así es como vivirían o morirían.

IV. CONFÍE EN QUE DIOS HONRARÁ SU DEVOCIÓN Y FIDELIDAD A ÉL


DANIEL 1:14–21
El gran misionero a China, Hudson Taylor, dijo: “A menos que haya un elemento de riesgo
extremo en nuestras hazañas para Dios, no hay necesidad de fe” (Newell, Expect Great
Things, 89, énfasis añadido). No hay duda de que las hazañas de Daniel y sus amigos,
alimentadas por la fe en que Dios honraría su devoción, tenían el elemento de riesgo
extremo. De hecho, el riesgo podía implicar la muerte de Aspenaz, su mayordomo, y de
Daniel y sus amigos. Sin embargo, los hebreos habían propuesto en sus corazones desde
hacía mucho tiempo que permanecerían fieles a su Dios pasara lo que pasara. Compromiso
era una palabra que no estaba en su vocabulario cuando se trataba de convicciones y
acuerdos espirituales. Dios honró esto de una manera asombrosa.

A. Dios los bendijo físicamente (1:14–16)


El mayordomo del jefe de los eunucos escuchó a cuatro hebreos y les permitió seguir esta
prueba dietética “durante diez días”, un tiempo definido y limitado (v. 14). La prueba fue
un éxito rotundo, ya que Dios los bendijo y recompensó su devoción a Él. Ellos “se veían
mejor y más sanos que todos los jóvenes que comían la comida del rey” (v. 15). The Message
dice: “Se veían mejor y más robustos que todos los demás”. Daniel y sus amigos habían
resistido a lo que el reformador Heinrich Bullinger (1504–75) llamaba el “dulce veneno” del
rey (Olasky, “Dare to Be a Daniel”, 64). El mayordomo, como resultado de su apariencia y
fuerza, “siguió suprimiendo los manjares y el vino que debían beber, y les daba legumbres”
(v. 16). Daniel y sus amigos habían honrado a Dios, y Dios los había honrado dándoles el
favor de la guardia y cuerpos sanos. Tremper Longman lo resume bien:
[Daniel] propone esta vez una breve prueba de diez días… la guardia está de acuerdo; la
prueba funciona; y los cuatro comen verduras para gloria de Dios durante tres años. (Daniel,
54)

B. Dios los bendijo mentalmente (1:17, 20)


Por tercera vez Dios da (vv. 2, 9). Aquí les otorga “conocimiento e inteligencia en toda clase
de literatura y sabiduría”. El versículo 20 nos informa: “Y en todo asunto de sabiduría y
conocimiento que el rey les consultó, los encontró diez veces superiores a todos los magos
y encantadores que había en todo su reino”. Estos cuatro eran “hombres de Proverbios”
con la capacidad de ver las cosas de la vida y de este mundo desde la perspectiva de Dios y
de actuar en consecuencia. De nuevo, hay una ironía sorprendente en la situación.
Dios dio a los cuatro judíos “conocimiento e inteligencia”. Por supuesto, Nabucodonosor y
los que participaron en su educación se atribuirían el mérito de su brillantez, pero Daniel y
los demás sabrían a quién se debía el mérito… Sin embargo, por ahora, el origen divino del
éxito de Daniel solo lo entienden los cuatro en privado. (Longman, Daniel, 54)

Hoy, por el don de la revelación divina de Dios, también conocemos la verdadera


historia.

C. Dios los bendijo espiritualmente (1:17)


Dios bendijo específicamente a Daniel espiritualmente al darle entendimiento en “toda
clase de visiones y sueños”. Este don de Dios resultaría extremadamente valioso en el
capítulo 2 y en los siguientes (4:4–27; 5:11–31; 7:1–8:27; 9:20–27; 10:1–12:13).
John MacArthur señala:
Dios permitió a Daniel interpretar sueños y recibir visiones. Tanto las visiones como los
sueños eran un medio de revelación de Dios, las primeras ocurrían mientras se estaba
despierto y los segundos, mientras se dormía. Así que Daniel fue dotado como vidente, o
profeta. Como tal, debía servir como vehículo de las revelaciones divinas de Dios. Este
versículo, pues, se convierte en el telón de fondo del resto de la profecía de Daniel. (An
Uncompromising Life, 49)

D. Dios los bendijo socialmente (1:18–21)


Después de sus tres años de educación, los cuatro adolescentes hebreos son llevados por
el jefe de los eunucos a presentarse ante el rey Nabucodonosor. Se destacaron por encima
de todos los demás: “No se encontró a nadie igual a Daniel, Ananías, Misael y Azarías”. Por
lo tanto, “Entraron… al servicio del rey” (v. 19). Fueron llevados directamente al palacio y a
la corte del rey; ¡eran así de impresionantes! Como eran socialmente, educacionalmente y
personalmente superiores —“diez veces mejores que todos los magos y médiums de todo
su reino”—, Nabucodonosor les dio a los cuatro hebreos puestos administrativos clave.
Confiaba en que le servirían y representarían bien. Ya en esta narración del Antiguo
Testamento vemos la vivencia de ese principio central en Colosenses 3:22–24 (NBLA):
Siervos, obedezcan en todo a sus amos en la tierra, no para ser vistos, como los que quieren
agradar a los hombres, sino con sinceridad de corazón, temiendo al Señor. Todo lo que
hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del
Señor recibirán la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien sirven.

Vemos que encarnan la exhortación de Pablo: “ya sea que coman, que beban, o que
hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Co 10:31).
El versículo 21 no es tanto una nota a pie de página como un resumen de la larga vida y
el ministerio de Daniel. Stephen Miller especula que vivió ochenta y cinco o noventa años
(ca. 620–535 a.C.), señalando que:
Daniel vivió durante todo el período neobabilónico (el exilio) y continuó hasta el reinado de
Ciro (cuando los judíos fueron liberados del cautiverio), sobreviviendo así a sus captores
babilónicos. (Daniel, 73–74)

John MacArthur señala hasta dónde pudo llegar la influencia del adolescente exiliado antes
de llegar a su fin:
Daniel ocupó su influyente posición durante setenta años. Su integridad y su carácter
intransigente tuvieron resultados de gran alcance, porque cuando veo a los sabios que
vienen de Oriente, pienso en el impacto que la teología de Daniel debe haber tenido sobre
la astrología de los caldeos. Dios le dio la influencia que creo que llevó al decreto de Ciro de
enviar al pueblo de vuelta a su tierra… influencia que llevó a la reconstrucción del muro bajo
Nehemías y al restablecimiento de la nación de Israel… influencia que finalmente llevó a los
sabios a venir a coronar al Rey que nació en Belén. Daniel estaba detrás de las escenas de
la historia del Mesías, así como del pueblo del Mesías. Daniel tenía una influencia ilimitada,
ya que a través de su profecía rinde homenaje al que es el “REY DE REYES Y SEÑOR DE
SEÑORES” (Ap 19:16) que reina para siempre. (An Uncompromising Life, 50)

CONCLUSIÓN: ¿CÓMO SEÑALA ESTE TEXTO A CRISTO?


Daniel y sus tres compañeros se mantuvieron fieles a su verdadera identidad, obedecieron
a Dios y fueron un testimonio brillante y una prueba de la providencia de Dios y de su gracia.
Los envió a un viaje misionero, haciéndoles dejar todo lo que les era familiar para que
pudieran dar un testimonio fiel y verdadero a reyes y naciones en tierras extranjeras. Ellos
tipifican maravillosamente a otro hebreo que llegará seiscientos años después y que
también fue enviado a una tierra extranjera para dar testimonio del único Dios verdadero:
un judío llamado Jesús. Al igual que Daniel y sus amigos, el Hijo de Dios dejaría su hogar y
abrazaría voluntariamente un mundo pecador sin contaminarse ni una sola vez (2 Co 5:21;
Heb 4:15; 1 Pe 2:21–25). Al igual que estos jóvenes hebreos, hallaría “gracia para con Dios
y los hombres (Lc 2:40 y 52)”. Cuando todavía era un niño, “todos los que le oían estaban
asombrados de Su entendimiento y de Sus respuestas” (Lc 2:47) (Helm, Daniel for You, 28).
Jesús es la encarnación de la sabiduría de Dios (1 Co 1:30).
Cristo es el mayor Daniel, el mayor Ananías, el mayor Misael y el mayor Azarías. Jesús
se negó a transigir cuando se enfrentó al emperador detrás del emperador-Satanás. ¿Cómo
tentó Satanás a Jesús para que se contaminara? Lo hizo con la comida. Sin embargo, Cristo
permaneció fiel. Cristo recibió el juicio que merecía el Israel infiel a manos de otro imperio
pagano, pero se alejó de la muerte para sobrevivir al Imperio Romano y a todos los imperios
que vendrían.
Hay una cierta ironía divina en todo esto que es difícil de pasar por alto. Está lleno de
gracia y es rico en evangelio. Daniel, Ananías, Misael y Azarías darán un testimonio fiel ante
Aspenaz y Nabucodonosor y serán llevados a vivir al palacio del rey. Jesús, en cambio, dará
un testimonio fiel ante Herodes y Pilato y será clavado en una cruz. Y, sin embargo, con su
muerte todos los que confían en Él vivirán para siempre con el Rey de reyes y Señor de
señores en su palacio eterno. Así pues, sea fuerte y valiente en todo lo que Dios le llame a
hacer. Él está con nosotros, y está haciendo mucho más de lo que parece.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿De qué manera ve la soberanía de Dios en el gran escenario de la historia del
mundo? ¿De qué manera ve su soberanía en su propia vida?
2. ¿Por qué cree que los cristianos perseguidos gravitan hacia Daniel y el Apocalipsis?
¿Cómo influyen estos libros de profecía en nuestra vida actual?
3. En la historia de Daniel, Dios actúa incluso a través de los pecados de su pueblo. ¿En
qué otro lugar de las Escrituras podemos ver a Dios obrar a pesar del gran pecado o
incluso a través de él?
4. Compare y contraste la dispersión del pueblo de Dios en Daniel 1 con la de Hechos
8. ¿Cómo utiliza Dios cada uno de estos escenarios?
5. Piense en su propia cosmovisión. ¿Qué creencias o suposiciones caracterizan su
forma de ver el mundo? Piense ahora en su cultura en general. ¿Qué caracteriza la
cosmovisión de la cultura en general?
6. ¿Cómo ha experimentado los desafíos del aislamiento, el adoctrinamiento, la
asimilación y la confusión? ¿Cómo ha luchado para mantenerse fiel a Cristo?
7. ¿Qué significa ser profanado por el mundo? ¿Qué medidas defensivas puede tomar
para protegerse de ser profanado? ¿Es posible ser demasiado protector? Explique
su respuesta.
8. ¿Por qué la presencia del riesgo requiere la fe en Cristo? Debido a que se identifica
con Cristo, ¿ha experimentado alguna vez un riesgo que requiriera una fe profunda?
Si es así, explique su respuesta.
9. ¿Qué bendiciones físicas, mentales y espirituales le ha dado el Señor? ¿Cómo puede
usarlas para darle gloria y honor a Él como lo hicieron Daniel y sus amigos?
10. ¿Cómo refleja el viaje de Daniel la vida y el ministerio de Jesús? ¿Cómo cumple Jesús
la obra realizada por Daniel?
2. EL REINO DE DIOS: EL ÚNICO REINO QUE NUNCA SERÁ
DESTRUIDO
DANIEL 2:1–49

Idea principal: Dios obra soberanamente para revelar su grandeza y su reino venidero en
Cristo para que todos los pueblos lo alaben y adoren.
I. Dios crea situaciones imposibles para revelar su grandeza (2:1–16)
A. Los incrédulos pueden responder con amenazas e ira (2:1–13)
B. Los creyentes deben responder con sabiduría y fe (2:14–16)
II. Dios se deleita en las oraciones y alabanzas de sus hijos (2:17–23)
A. Acuda a Dios en oración (2:17–19)
B. Responda a la bondad de Dios con alabanza (2:19–23)
III. Dios revela el misterio de su reino para demostrar su poder (2:24–45)
A. Solo el Dios del cielo conoce todas las cosas (2:24–30)
B. Solo el Dios del cielo puede hacer todas las cosas (2:31–45)
1. Dios reveló el contenido de los sueños (2:31–35)
2. Dios proporcionó la interpretación de los sueños (2:36–45)
a. Babilonia es la cabeza de oro
b. El imperio Medo-Persa es el pecho y los brazos de plata
c. Grecia es el estómago y los muslos de bronce
d. Roma es las piernas de hierro con pies de hierro y arcilla
e. La piedra que se rompe y se convierte en una gran montaña es Cristo y
el reino de Dios
IV. Dios honra a los siervos que le sirven fielmente (2:46–49)
A. Dios puede elegir que la gente lo alabe (2:46–47)
B. Dios puede elegir que la gente los promueva (2:48–49)

El hombre, con sus ambiciones, su ego y sus idolatrías, suele quedar impresionado por lo
que puede construir. Dios, en cambio, no se deja deslumbrar por los logros del hombre. Si
quieres conocer la opinión de Dios sobre los grandes reinos que los hombres construyen en
este mundo, mira Daniel 2:35, donde dice que todos ellos “Entonces fueron
desmenuzados… y se convirtieron en paja de las eras de verano. El viento se los llevó, y no
se pudo encontrar ni rastro de ellos”. En nuestra lengua moderna podríamos decir que son
polvo en el viento. Hoy están aquí y mañana se han ido. Solo un reino “nunca será
destruido”. Es el reino que “el Dios de los cielos establecerá” (v. 44), el reino que Dios reveló
en sueños a un rey pagano llamado Nabucodonosor, sueños que solo su siervo Daniel podía
interpretar.
En Daniel 1:17 se nos dice que Dios le dio a Daniel entendimiento en “visiones y sueños
de todo tipo”. Ahora, en el capítulo 2, vemos lo valioso que es este don de Dios. Es un don
que salvará no solo la vida de Daniel, sino también la de sus amigos (véase el v. 17) y la de
todos los sabios, magos, encantadores, astrólogos y hechiceros de Babilonia. ¿Cómo se
produjo todo esto?

I. DIOS CREA SITUACIONES IMPOSIBLES PARA REVELAR SU GRANDEZA


DANIEL 2:1–16
Daniel 2–7 tiene una serie de características interesantes que mejoran nuestra comprensión
de lo que Dios está tratando de enseñarnos. En primer lugar, hay un evidente paralelismo
o estructura en forma de quiazmo, que se parece a esto:
A Sueño sobre los cuatro reinos terrestres y el reino de Dios (cap. 2)
B Historia sobre la fidelidad de los judíos ante la muerte (cap. 3)
C Historia sobre la arrogancia real que es humillada (cap. 4)
C’ Historia sobre la arrogancia real que es humillada (cap. 5)
B’ Historia sobre un judío que es fiel ante la muerte (cap. 6)
A’ Visión sobre los cuatro reinos terrestres y el reino de Dios (cap. 7)
(Lucas, Daniel, 68; Hill, “Daniel”, 57)
En segundo lugar, 2:4–7:28 no está escrito en hebreo, sino en arameo. El cambio al
arameo ha desconcertado durante mucho tiempo a los estudiosos, sin que se haya llegado
a un consenso. Andrew Hill ofrece una posibilidad razonable cuando escribe:
Sería lógico que los sabios se comunicaran con una lengua común a todos, ya que los sabios
son un grupo racial y étnicamente diverso. (“Daniel”, 60)

Si Hill tiene razón, hay un impulso misionero que no debe pasar desapercibido en los
capítulos 2–7. La situación imposible de Dios pretende revelar su grandeza a las naciones
gentiles.

A. Los incrédulos pueden responder con amenazas e ira (2:1–13)


Nabucodonosor, el rey más grande y longevo de Babilonia, tuvo una serie de malos sueños
en el segundo año de su reinado (604–603 a.C.). De hecho, los sueños “se turbó su espíritu
y no podía dormir” (v. 1, NBLA). En el mundo antiguo, los sueños se consideraban
significativos. A menudo se consideraban predicciones de acontecimientos futuros. Cuando
se trataba del sueño de un rey, el futuro de su reino podía estar a la vista; y si comprendía
su significado, podía tomar medidas y prepararse para lo que se avecinaba. Así que, como
cualquier monarca, Nabucodonosor buscó el consejo de sus sabios para que le ayudaran a
interpretar y entender sus sueños (vv. 2–3). Deseosos de servir a su rey, le dicen: “Cuente
el sueño a sus siervos, y nosotros le declararemos la interpretación” (v. 4).
Sin embargo, en el versículo 5, el rey les dice a los sabios algo que no esperaban. Quiere
que su colegio de consejeros le diga tanto el sueño como su interpretación. Si no lo hacen,
o si no pueden hacerlo, serán desmembrados y sus casas se convertirán en un basurero (v.
5). Partes de su cuerpo y casas que podrían convertirse en escombros están en su futuro
inmediato a menos que obedezcan su mandato porque “Mis órdenes son firmes”. Por otro
lado, si hacen su trabajo, recibirán regalos, una recompensa y gran honor (v. 6).
Sin saber qué hacer, los sabios ignoran lo que dijo Nabucodonosor y repiten su petición
de que el rey les cuente el sueño (v. 7). Esto resulta ser una mala jugada, ya que molesta al
rey, quien los acusa de tácticas evasivas y de conspiración (vv. 8–9). Los sabios (llamados
repetidamente “los caldeos”) responden y acusan al rey de hacer una petición totalmente
irrazonable (vv. 10–11). De hecho, solo “los dioses, cuya morada no es con los mortales”
podrían lograr esta hazaña (cf. Is 46:9–10). Irónicamente, esta vez sí que acertaron, pero no
les sirvió de nada con el rey.
El versículo 12 nos informa que el rey se enfadó violentamente (“se indignó y se
enfureció en gran manera”, NBLA) y dio órdenes de ejecutar a todos los sabios de Babilonia.
Las cosas fueron de mal en peor para este grupo que ahora sabemos, en el versículo 13, que
incluye a Daniel y sus amigos. Aparentemente, ellos no habían estado entre los otros que
fallaron a petición de Nabucodonosor. Aun así, la culpa por asociación los condena. Todos
van a ser ejecutados por el decreto de este volátil e irracional rey pagano. ¡Qué contraste
con Daniel, como veremos más adelante!

B. Los creyentes deben responder con sabiduría y fe (2:14–16)


Arioc, el jefe del pelotón de ejecución de Nabucodonosor, viene en busca de Daniel y sus
amigos para hacerlos pedazos. Sin embargo, a diferencia del tempestuoso rey, Daniel es
hábil “en toda sabiduría, entendido, perspicaz y capaz de servir en el palacio del rey” (1:4).
Dios le concedió favor y compasión ante Aspenaz en 1:9, y hace lo mismo ante Arioc en
2:14. Daniel responde “con tacto y discreción” al “capitán de la guardia del rey” que estaba
allí para conducirlos a su ejecución. Con sabiduría y respeto plantea una pregunta: ¿Por qué
es tan urgente el decreto del rey de cometer el asesinato en masa de sus principales
consejeros (v. 15)? Arioc le dice por qué, y Daniel responde con un increíble acto de valor y
fe. Va a la sala del trono del rey y le pide tiempo, lo mismo que Nabucodonosor le dijo que
no en el versículo 8. Confiando en su Dios, Daniel promete volver y “dar al rey la
interpretación” (v. 16). ¡Vaya! Daniel es todavía un adolescente, exiliado, conquistado,
esclavo, un hombre marcado por la muerte. Sin embargo, se muestra tranquilo, sereno y
“plenamente capaz de decir la verdad al poder” (Helm, Daniel for You, 32). El hombre de fe
se enfrenta al jefe de Estado. La cuestión es si su Dios cumplirá su cometido.

II. DIOS SE DELEITA EN LAS ORACIONES Y ALABANZAS DE SUS HIJOS


DANIEL 2:17–23
Dee Duke señala sabiamente:
Casi todo el mundo cree que la oración es importante. Pero hay una diferencia entre creer
que la oración es importante y creer que es esencial. “Esencial” significa que hay cosas que
no ocurrirán sin la oración. (Newell, Expect Great Things, 225)
Las vidas de Daniel, sus amigos y todos los sabios de Babilonia están en juego. La petición
del rey es imposible de obedecer sin la intervención divina. O Dios actúa o están acabados,
¡se acabó el juego! Lo que hace Daniel ante una situación tan imposible es ejemplar: Orar
→ descansar → ¡alabar!

A. Acuda a Dios en oración (2:17–19)


Amós 3:7 dice: “Ciertamente el Señor DIOS no hace nada Sin revelar Su secreto A Sus siervos
los profetas”. Creo que Daniel creía esto. Volvió a su casa “e informó el asunto a sus amigos
Ananías, Misael y Azarías” (2:17). Entonces decidieron hacer lo único que podían hacer dada
la situación: decidieron que debían “pedir al Dios de los cielos misericordia respecto a este
misterio” en oración para que revelara el sueño del rey y les perdonara la vida, así como la
del “resto de los sabios de Babilonia” (v. 18; cf. v. 24). La preocupación de Daniel por el
bienestar de los sabios perdidos y paganos de Babilonia no debe pasar desapercibida. Su
corazón por los demás es un ejemplo para todos nosotros. Su obediencia a Levítico 19:18
establece la norma que todos deberíamos intentar alcanzar. A continuación, Daniel hace
una cosa extraordinaria y alucinante: ¡se duerme! Oró, puso el asunto en manos de Dios, e
hizo lo que el rey no podía hacer (cf. v. 1). Descansó una buena noche, y mientras lo hacía,
Dios le reveló el misterio “en una visión nocturna” (v. 19).

B. Responda a la bondad de Dios con alabanzas (2:19–23)


Los cantos que mezclan teología y adoración están presentes en la Biblia, y no solo en el
libro de los Salmos. El Antiguo Testamento incluye el Canto del Mar (Éx 15), el Canto de
Débora (Jue 5), el Canto de Ana (1 Sa 2:1–10) y las oraciones de Jonás (Jon 2) y Habacuc
(Hab 3). En el Nuevo Testamento están el Canto de María, llamado Magnificat (Lc 1:46–55),
los himnos de Pablo (p. ej., Fil 2:5–11; 1 Ti 3:16) y los numerosos cantos del libro del
Apocalipsis (p. ej., 4:11; 5:9–10, 12, 13; 15:3–4; 19:1–2, 5, 7–8) (Fyall, Daniel, 35). Daniel
responde a la respuesta de Dios a la oración con su propio canto de alabanza,
teológicamente rico. Destacan dos ideas. Primero, Dios es absolutamente soberano. En
segundo lugar, solo Dios da la revelación. Este es el centro del capítulo 2 y el lugar donde
Daniel quiere que nos centremos. Interpretar el sueño es importante, pero conocer y adorar
a Dios es lo más importante.
“Daniel entonces bendijo al Dios del cielo”, nos dice el versículo 19. “Dios del cielo” es
un título importante en el capítulo 2, que aparece cinco veces (2:18, 19, 28, 37, 44). Su uso
es una importante polémica contra el panteón de dioses babilónicos. Bob Fyall señala su
importancia en el contexto de Daniel:
La iluminación no vendría de la mano de los horóscopos, las sesiones de espiritismo y la
adivinación, sino del Dios del cielo, un título que también se utiliza en los libros postexílicos
de Esdras y Nehemías. No se trata simplemente del Dios tribal de Israel, sino del Dios que
gobierna los cuerpos celestes, cuyo estudio e intento de manipulación constituían el núcleo
de la religión babilónica. (Daniel, 34)
¿Cuáles son los aspectos específicos de este cántico tan rico desde el punto de vista
teológico? Daniel reconoce siete aspectos del carácter y la actividad de Dios. En concreto,
alaba a Dios por su eternidad (v. 20); su omnisciencia y omnipotencia (v. 20); su soberanía
sobre las naciones (v. 21); sus dones de sabiduría, conocimiento y comprensión (v. 21); su
revelación y conocimiento (v. 22); su fidelidad a su pueblo (v. 23); y por responder a la
oración de Daniel (v. 23). A la luz de este magnífico cuadro de la bondad y la grandeza de
Dios, podemos exclamar con Daniel y con todos nuestros hermanos y hermanas: “Porque
grande es el Señor, y muy digno de ser alabado; Temible es Él sobre todos los dioses. Porque
todos los dioses de los pueblos son ídolos, Pero el Señor hizo los cielos” (Sal 96:4–5).

III. DIOS REVELA EL MISTERIO DE SU REINO PARA DEMOSTRAR SU PODER


DANIEL 2:24–45
Daniel no había utilizado la astrología ni los juegos de mesa para descubrir el contenido y el
significado del sueño del rey. No había consultado ningún manual de sueños ni leído ningún
hígado, como hacían otros adivinos antiguos para comunicarse con sus dioses inútiles y sin
vida (Pierce, Daniel, 37). Acudió al único Dios que realmente existe, buscó su misericordia
(v. 18) y obtuvo su respuesta. Al igual que José ante el Faraón en Génesis 40–41, un esclavo
hebreo, por habilitación divina, revelará el plan y los propósitos de Dios al hombre de poder,
poder que solo posee en virtud del plan soberano de Dios. El drama se ha ido construyendo.
El narrador ha alargado la acción para crear suspenso (Davis, Message of Daniel, 45). Ahora
es el momento del espectáculo.

A. Solo el Dios del cielo conoce todas las cosas (2:24–30)


Daniel se dirige a Arioc, el verdugo, y le dice que no mate a nadie. En su lugar, debe llevar a
Daniel ante el rey, “declararé al rey la interpretación” (v. 24). Su clase de hermenéutica
bíblica de los sueños había dado sus frutos.
Arioc se apresuró a llevar a Daniel ante Nabucodonosor, aparentando atribuirse algún
mérito (“he hallado”) por haber localizado a este esclavo judío que podía resolver el
problema del rey. El rey preguntó a Daniel, también llamado Beltsasar, si realmente podía
contar e interpretar el sueño. La respuesta de Daniel es sorprendente tanto por su
honestidad como por su humildad, algo de lo que todos podemos aprender. Dice: “no hay
sabios, encantadores, magos ni adivinos” que puedan ayudarle (v. 27). Para ser franco, son
impotentes. En cambio, “hay un Dios en el cielo que revela los misterios, y Él ha dado a
conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los días” (v. 28; NVI, “días
venideros”). Daniel incluso detalla cómo y dónde Dios le dio a Nabucodonosor su sueño (vv.
28–29).
Además de ser capaz de revelar e interpretar el sueño, Daniel hace otra cosa notable: lo
que el hombre de Dios debería hacer siempre. Le da todo el crédito a Dios. El éxito de Daniel
no se debe a que tenga más sabiduría que nadie. (No soy más inteligente, ni más sabio, ni
más brillante que otros, admite Daniel). Más bien, todo esto es obra de Dios “con el fin de
dar a conocer al rey la interpretación, y para que usted entienda los pensamientos de su
corazón” (v. 30). Me encanta lo que dice Sinclair Ferguson en este punto:
Este es el espíritu de Jesús ante los sumos sacerdotes y Pilatos; es el espíritu de Elías ante
Jezabel; es el espíritu de Juan el Bautista ante Herodes. Daniel está lleno del espíritu de la
verdad. Incluso Nabucodonosor puede reconocerlo. (Daniel, 52)

B. Solo el Dios del cielo puede hacer todas las cosas (2:31–45)
Los versículos 31–45 revelan finalmente el contenido y la interpretación del sueño. Revelan
a un Dios que es absolutamente soberano en lo que sabe (omnisciencia) y en lo que hará
(omnipotencia). Este Dios conoce el futuro, tiene un plan para el futuro y realizará ese
futuro. Este es el Dios de Isaías 46:9–10, donde la Biblia dice:
Acuérdense de las cosas anteriores ya pasadas, Porque Yo soy Dios, y no hay otro; Yo soy
Dios, y no hay ninguno como Yo, Que declaro el fin desde el principio Y desde la antigüedad
lo que no ha sido hecho. Yo digo: “Mi propósito será establecido, Y todo lo que quiero
realizaré.

Haciendo esto práctico y aplicable a nosotros hoy, David Jeremías dice: “Puede que no
sepas lo que depara el futuro, pero sabes quién detiene el futuro. Puesto que el mundo
entero está en manos de Dios, tu mundo está en manos de Dios” (Agents of Babylon, 52–
53).
1. Dios reveló el contenido de los sueños (2:31–35). Dios le mostró al rey una gran imagen
o estatua que era poderosa y brillante (NVI, “impresionante”) y de apariencia aterradora
(NVI, “de aspecto horrible”) (v. 31). Su apariencia era cuádruple: (1) una cabeza de oro, (2)
pecho y brazos de plata, (3) vientre y muslos de bronce (v. 32), y (4) piernas de hierro con
pies “en parte de hierro y en parte de barro cocido” (v. 33). Sin embargo, algo le sucede a
la estatua: “Una piedra fue cortada sin ayuda de manos [¡una piedra divina!], golpeó la
estatua en sus pies de hierro y de barro, y los desmenuzó” (v. 34). Entonces toda la estatua
o imagen se desmoronó y quedo “como el tamo de las eras en verano”. Desapareció. “el
viento se los llevó sin que quedara rastro alguno de ellos”. En marcado contraste, “la piedra
que había golpeado la estatua se convirtió en un gran monte que llenó toda la tierra” (v.
35). Este es el sueño que Dios le dio al rey de Babilonia.
2. Dios proporcionó la interpretación de los sueños (2:36–45). Daniel, con la ayuda de Dios,
le contó al rey su sueño. Ahora, por ese mismo poder divino, da su interpretación (v. 36). El
comienzo de su explicación es claro (vv. 37–38). El resto es más vago hasta el final (vv. 39–
43, 44–45). Sin embargo, la mayoría de los eruditos evangélicos que creen en la profecía
predictiva están de acuerdo en lo que representan las distintas partes de la estatua.
a. Babilonia es la cabeza de oro (2:37–38; cf. 2:32). Daniel le dice a Nabucodonosor que
su exaltada condición de rey del vasto imperio de entonces era un don divino. El lenguaje,
que recuerda la autoridad y el dominio que Dios dio a Adán en el jardín del Edén (Gn 1:28–
30), enfatiza la magnitud y la magnificencia de Babilonia bajo Nabucodonosor (2:37–38). Él
es la cabeza de oro, el representante de este impresionante imperio. Sin embargo, le
seguiría una sucesión de gobernantes débiles e incompetentes. El gran reino babilónico solo
duraría sesenta y cinco años (605–539 a.C.). Este poderoso imperio llegó a su fin de forma
precipitada. Daniel 5 registra su desaparición a manos de Darío el Medo (probablemente
otro nombre de Ciro).
b. El imperio Medo-Persa es el pecho y los brazos de plata (2:39; cf. 2:32). Este imperio
seguiría a Babilonia en 539. Era inferior en su gobierno totalitario. Sin embargo, también
sería un vasto imperio y duraría más de doscientos años (539–331 a.C.).
c. Grecia es el estómago y los muslos de bronce (2:39; cf. 2:32). La parte central del
cuerpo y los muslos de bronce, “que dominarán toda la tierra”, representaban a Grecia,
construida por Alejandro Magno. Este conquistaría el mundo conocido y luego moriría a la
joven edad de treinta y tres años (356–323 a.C.). Este reino duraría 185 años (331–146 a.C.).
d. Roma es las piernas de hierro con pies de hierro y arcilla (2:40–43; cf. 2:33). El cuarto
reino es la poderosa Roma, un imperio grande y poderoso que era “fuerte como el hierro”,
porque “así como el hierro desmenuza y destroza todas las cosas, como el hierro que tritura,
así él desmenuzará y triturará a todos estos” (v. 40). Roma, por supuesto, es el más grande
de los imperios de la historia. Duró, según algunos relatos y de alguna forma, desde el año
146 a.C. hasta el 1476 d.C. en Occidente y el 1453 d.C. en Oriente. Mil seiscientos años
después, su influencia sigue vigente, especialmente en la civilización occidental.
Los versículos 41–43 son vagos y su significado es incierto, lo que exige una gran
humildad a los intérpretes de esta visión apocalíptica. Los buenos y fieles estudiosos de la
Biblia están en desacuerdo con la mejor manera de entenderlos. Siguiendo en parte las
ideas de Stephen Miller, creo que al menos podemos hacer las siguientes observaciones
(Daniel, 98). En primer lugar, Roma será increíblemente fuerte, pero también vulnerable e
inestable, con numerosas naciones y divisiones que conforman su imperio (vv. 41–42).
Históricamente, este fue el caso. En segundo lugar, aunque varios grupos de personas y
naciones constituyen el único Imperio Romano, su unidad era una unidad tenue e impuesta.
Están mezclados en su unión —no son realmente uno— y finalmente “no se mantendrán
unidos”. Esto es cierto tanto si se fecha la disolución de Roma en el año 395, 476, 1054,
1453 o 1476. El Imperio Romano ha desaparecido. Si será revivido en los últimos días como
parte del imperio liderado por el que la Biblia llama el anticristo o la bestia es una buena e
interesante pregunta, pero se aborda mejor en otros textos de las Escrituras.
e. La piedra que se rompe y se convierte en una gran montaña es Cristo y el reino de Dios
(2:44–45; cf. 2:34–36). Estos versículos nos muestran hacia dónde apunta el sueño en todo
momento. Algunos entienden que los versículos apuntan al final de la era, cuando Cristo
vuelva a establecer su reino universal y visible (véase Ap 19:11–20:6). Otros creen que
apuntan a su primera venida y a la inauguración de su reino. Yo creo que se trata de ambas
cosas (véase Is 61:1–2). Apuntan a su primera venida y a la inauguración de su reino, a la
vez que miran y anticipan su reino escatológico. Como dos picos gemelos con un valle oculto
entre ellos, el reino se inaugura en la primera venida de Cristo y se realiza plenamente en
la segunda. La profecía del Antiguo Testamento funciona a menudo de este modo.
En contraste con los reinos temporales y de paja de este mundo (cf. Sal 1:4–5), “el Dios
de los cielos establecerá un reino [por su Mesías, véase Dn 7] que nunca será destruido” ni
será dado o dejado a otro pueblo o imperio (v. 44). De hecho, el reino de Dios “desmenuzará
y pondrá fin a todos aquellos reinos”. El reino de Dios “permanecerá para siempre” (v. 44).
Lo hará por medio de la piedra “cortada del monte sin ayuda de manos”, una piedra que
romperá y destrozará y esparcirá como paja “el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro”.
El hecho de que este lenguaje de rotura y fragmentación recuerde al lenguaje del mesiánico
Salmo 2 no es casualidad o coincidencia, pues como veremos al final, esta piedra es Cristo.
Su reino está llegando y no tendrá fin.
Daniel concluye su interpretación con dos afirmaciones rotundas: (1) un gran Dios ha
revelado esto, y (2) “el sueño es verdadero y la interpretación fiel” (v. 45). Puedes contar
con ello. Puedes poner tu confianza en ello.
La Biblia de Estudio ESV [English Standard Version] proporciona una nota útil para
resumir el significado de la visión de esta gran imagen que Dios le dio al rey Nabucodonosor:
Otra cuestión que se plantea en el sueño es que cada reino terrenal tiene su propia gloria,
pero también su propio fin: ambos le han sido asignados por Dios. La progresión de la
historia del mundo no es típicamente ascendente hacia la gloria y la unidad, sino más bien
descendente hacia la deshonra y la desunión. Así, la estatua progresa del oro, a la plata, al
bronce, al hierro, y de una cabeza, a un pecho y unos brazos, a un vientre y unos muslos, a
unos pies y unos dedos de hierro y arcilla compuestos (esta lista de metales muestra una
disminución progresiva del valor y el esplendor de los materiales, pero un aumento de la
dureza y la resistencia). Algunos comentaristas entienden que esto indica una disminución
general de la calidad moral de los gobiernos y un aumento de su duración. En cambio, el
reino de Dios crece desde sus humildes comienzos hasta la gloria final y unida como un
único reino que llena toda la tierra para siempre. La piedra que romperá en pedazos todos
estos otros cuatro reinos es probablemente Cristo (véase Lc 20:18). Él es el misterio de los
siglos, aquel en quien Dios planea unir todas las cosas en su glorioso reino (Ef 1:9–10).

IV. DIOS HONRA A LOS SIERVOS QUE LE SIRVEN FIELMENTE


DANIEL 2:46–49
En el Sermón del Monte (Mt 5–7), Jesús dijo:
Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar. ni se
enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a
todos los que están en la casa. Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que
vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos. (Mt 5:14–16, NBLA)

Daniel y sus amigos eran realmente luces que brillaban en un lugar oscuro.
Nabucodonosor no podía negar las buenas obras que veía en ellos. E incluso como rey
pagano, dio gloria al “Dios de los dioses”, el Padre de Daniel, Ananías, Misael y Azarías.

A. Dios puede elegir que la gente lo alabe (2:46–47)


El rey actuó de forma inusual, si no inédita: “se postró ante Daniel” (cf. Is 49:7, 23). Además,
“ordenó que le ofrecieran presentes incienso” (2:46). Creo que Nabucodonosor trata a
Daniel como representante de su Dios (Lucas, Daniel, 77). Tremper Longman tiene razón:
“Daniel es honrado por lo que su Dios ha hecho, no por lo que él ha hecho” (Daniel, 83).
Esto lo confirma la confesión (aunque no una confesión de conversión) del rey en el
versículo 47: “En verdad que su Dios es Dios de dioses, Señor de reyes y revelador de
misterios, ya que tú has podido revelar este misterio”. La observación de David Helms es
útil en este punto:
El Dios de Daniel comparte ahora el escenario con las deidades de los babilonios. Teniendo
en cuenta lo que sabemos de la religiosidad de Nabucodonosor, esto es realmente
sorprendente. El que había sido nombrado por la deidad de la sabiduría de Babilonia, que
rezó a Marduk en su coronación solo un año antes, ahora daba espacio a una deidad
competidora e incluso le ofrecía palabras públicas de alabanza. Por primera vez en la vida
de Nabucodonosor, Marduk tenía competencia en su mundo interior, todo porque un
hombre piadoso se mantuvo firme, constante en oración y dispuesto a decir la verdad al
poder. (Daniel for You, 42)

B. Dios puede elegir que la gente los promueva (2:48–49)


El rey cumplió su palabra del versículo 6 de dar regalos y recompensas y grandes honores a
quien pudiera curar su insomnio y dar a conocer “el sueño y su interpretación”. En el
proceso la vida mejoró dramáticamente para Daniel y sus amigos. Daniel recibió un ascenso
“y muchos regalos espléndidos”. Llegó a ser “gobernador sobre toda la provincia de
Babilonia y jefe supremo sobre todos los sabios de Babilonia” (v. 48). De cualquier manera,
esto es impresionante, ¡y todo fue obra del Dios de Daniel!
Daniel no se olvidó de sus amigos. Pidió al rey que los nombrara en puestos de autoridad
y relevancia, y así lo hizo (v. 49). El suyo también era un alto honor, pero también sería un
puesto peligroso y arriesgado. Los que están en la cima son blancos fáciles. El trío lo
descubrirá en el capítulo 3. Daniel lo descubrirá en el capítulo 6.

CONCLUSIÓN: ¿CÓMO SEÑALA ESTE TEXTO A CRISTO?


Que Daniel en este capítulo es una prefiguración de Jesús es fácil de ver. Como señala David
Helm:
Dios tomó a un prisionero de guerra hebreo conquistado, y lo puso en pie con confianza
ante el gobernante y su propia ejecución, un anticipo de lo que Jesús haría más tarde por
nosotros, salvo que no solo se enfrentó a la ejecución, sino que la soportó. (Daniel for You,
35)

Sin embargo, la imagen de “la roca que dio contra la estatua se convirtió en una
montaña enorme que llenó toda la tierra” (v. 35) debería cautivar nuestra atención. La
imagen de la roca o de la piedra es rica y polifacética en la Biblia. Jesús es el Cristo, el Hijo
del Dios vivo, la roca sobre la que construye su iglesia y su reino (Mt 16:18). El Salmo 118:22
habla de una “piedra que desecharon los edificadores”, que “ha venido a ser la piedra
principal del ángulo”. Mateo 21:42; Marcos 12:10–11; Lucas 20:17; y 1 Pedro 2:7 nos dicen
que la piedra es Cristo. Además, Isaías 8:14 y 28:16 también utilizan la imagen de la piedra;
y Romanos 9:33 y 1 Pedro 2:6 y 8 vuelven a citar estos textos como señalando a Cristo. Pero
como señala Tremper Longman, tenemos una clara referencia a Daniel 2 en Lucas 20:18
(Daniel, 92–93). Allí Jesús cita el Salmo 118:22 ¡y hace una conexión directa con Daniel 2!
La piedra que desecharon los constructores, que se ha convertido en la piedra angular, es
la piedra que rompe y aplasta a todos aquellos sobre los que cae (es decir, aquellos que
rechazan) esa piedra. Colocando todo esto en un contexto escatológico del tiempo del fin,
Chuck Swindoll lo dice así:
Cuando Jesucristo regrese a la tierra para establecer su Reino Milenario, “quebrará [a las
naciones] con vara de hierro. [Las romperá como si fueran de barro” (Sal 2:9). Como la
piedra que golpea en el sueño de Nabucodonosor, el Señor no absorberá, reestructurará o
se adaptará a los reinos anteriores; los aniquilará totalmente y establecerá su propia
monarquía, que será absolutamente perfecta política, moral, económica y religiosamente.
Y gobernará sobre toda la tierra como Rey de reyes y Señor de señores (Is 2:2–4; cf. Ap
19:11–16). (Daniel, 27)

Cristo es la piedra que el mundo rechazó. Él es la piedra que Dios exaltará y utilizará para
construir su reino, uno que nunca será destruido.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Piense en una ocasión en la que haya afrontado o visto una situación aparentemente
imposible. ¿Cómo puede Dios haber utilizado esa situación para revelar su
grandeza?
2. ¿Cuáles son algunas de las formas incorrectas con las que solemos responder a las
situaciones difíciles? Lea Lucas 6:43–45 y hable sobre lo que revelan estas
respuestas.
3. ¿Qué revela la respuesta de Daniel sobre su fe y su carácter? ¿Dudó Daniel de Dios?
Explique su respuesta.
4. ¿Qué papel juega la oración en su respuesta a las situaciones difíciles? ¿Tiende a
confiar en Dios o lo ignora y se enfrenta a la situación por usted mismo? Explique su
razonamiento.
5. ¿Cómo influyen la omnisciencia y la omnipotencia de Dios en la forma en que los
cristianos ven el futuro?
6. Discuta cómo la piedra del sueño de Nabucodonosor puede referirse tanto a la
primera como a la segunda venida de Cristo.
7. ¿Cómo debe responder cuando alguien le alaba por algo que Dios ha hecho?
8. ¿Por qué Dios pone a veces a sus siervos en lugares de alta autoridad? ¿Qué
privilegios conllevan esos puestos? ¿Qué peligros?
9. ¿De qué manera representa Daniel a Cristo en este pasaje?
10. ¿Qué nos enseñan las imágenes de las rocas de las Escrituras sobre el carácter y la
obra de Cristo?
3. ¡VALOR EN MEDIO DEL FUEGO!
DANIEL 3:1–30

Idea principal: Debido a la presencia de Dios con nosotros y a la obra de Cristo por nosotros,
los creyentes pueden tener valor para resistir a los falsos dioses y dar testimonio del único
Dios verdadero.
I. El pueblo de Dios se enfrentará a los ídolos de este mundo (3:1–7)
II. El pueblo de Dios será criticado por la gente de este mundo (3:8–12)
III. El pueblo de Dios será desafiado a adorar a los dioses de este mundo (3:13–15)
IV. El pueblo de Dios debe ser valiente ante el peligro en este mundo (3:16–18)
V. El pueblo de Dios puede estar seguro de que el Señor está con ellos sin importar lo que
ocurra en este mundo (3:19–30)

En Filipenses 1:21 Pablo escribe: “Para mí, vivir es Cristo y el morir es ganancia”. John Piper
llama a esto el escenario definitivo en el que todos ganan. Si vivo, obtengo a Cristo. Si
muero, obtengo más de Cristo. De cualquier manera, ¡gané! Esta forma de pensar en la vida
como un camino con Dios y la muerte como un paso hacia la presencia de Dios debe haber
estado en la mente de tres hombres hebreos con los nombres de Ananías, Misael y Azarías.
Conocemos a estos hombres, llevados cautivos a Babilonia en el 605 a.C., por sus nombres
más populares: Sadrac, Mesac y Abednego.
Al ver cómo se desarrolla su historia en Daniel 3, que es la última vez que veremos a
estos hombres en este libro, veremos hombres de valor, convicción y compromiso. Son
hombres con las características mencionadas en el Salmo 1; 101; Tito 2 y 1 Timoteo 6:11–
21. Son hombres entregados completamente a Dios y que nuestras iglesias necesitan
desesperadamente en estos días. De esos hombres que escasean. A menudo digo que una
buena mujer vale su peso en oro, pero un buen hombre vale el doble de su peso en oro.
¿Por qué? No porque los hombres sean más significativos o más importantes que las
mujeres, sino por la ley de la oferta y la demanda. Hay muy pocos hombres buenos. Hay
muy pocos que estén dispuestos a tomar partido por el Dios que los ama y los ha salvado.
Es popular hablar de aquellos que muestran lo que llamamos coraje bajo el fuego. En
este pasaje veremos a tres hombres que demuestran valor estando en el fuego. Su fe es
sorprendente. Su confianza en Dios es estelar. El misionero George Verwer dice: “Nosotros,
que tenemos la vida eterna de Cristo, necesitamos desechar nuestras propias vidas”
(Newell, Expect Great Things, 50). Estos hombres estaban dispuestos a hacer precisamente
eso, y como resultado tenemos una de las historias más famosas y notables de toda la Biblia.

I. EL PUEBLO DE DIOS SE ENFRENTARÁ A LOS ÍDOLOS DE ESTE MUNDO


DANIEL 3:1–7
Aunque no tenemos forma de saber cuánto tiempo ha transcurrido entre ellos, Daniel 3
sigue de cerca a Daniel 2. La Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, dice
que Daniel 3 tuvo lugar en el decimoctavo año del reinado de Nabucodonosor (587–586
a.C.). Este es el momento en que destruyó el templo de Jerusalén y deportó, por tercera
vez, a los judíos a Babilonia. Esto es razonable pero no seguro. Daniel había interpretado el
sueño de Nabucodonosor sobre una gran estatua (2:31–45), diciéndole que como cabeza
de oro (2:38) tendría un reino impresionante y poderoso. Pero él era solo la cabeza y no
toda la estatua. El suyo sería un reino que no perduraría.
Nabucodonosor rindió homenaje y alabanza al Dios de Daniel (2:46–47), pero fue una
alabanza superficial que no duraría mucho. De hecho, 3:1–7 sugiere que Nabucodonosor
no aceptó la voluntad de Dios de que él fuera solo la cabeza de oro y un rey temporal. Lo
quería todo; por lo tanto, levantó una gran estatua de oro de noventa pies de alto por nueve
de ancho, chapada en oro de la cabeza a los pies (v. 1). Probablemente se parecía a un misil
en una plataforma de lanzamiento, tal vez algo así como el Monumento a Washington.
Nuestro texto se esfuerza en señalar la naturaleza idólatra de esta estatua de oro. La palabra
“estatua” (arameo tselem) aparece más de diez veces en el capítulo. No podemos decir si
se trata de una imagen para un dios en particular (posiblemente Marduk o Nabu) o una
imagen para Nabucodonosor. Probablemente se trate de ambos. En cualquier caso, Dale
Davis tiene razón:
La historia es material del primer mandamiento (Éx 20:2)… El escritor tiene ante ti este
episodio porque quiere que hagas la misma respuesta que los amigos de Daniel: Creeré y
obedeceré el primer mandamiento aunque muera (y puede que así sea). (Message of
Daniel, 51)

No se puede exagerar que la presión sobre estos hebreos, ahora jóvenes, habría sido
enorme. Observe los siguientes detalles: en primer lugar, se “estableció” en un lugar único
en la llanura de Dura en la provincia de Babilonia (v. 1). Dura significa simplemente “muro”
o “fortaleza”, por lo que no podemos estar seguros de una ubicación específica (Longman,
Daniel, 97). La mención de Babilonia recuerda la historia de la torre de Babilonia (Gn 11) y
su objetivo de unificar todas las naciones, todas las etnias de la tierra.
En segundo lugar, se invitó al servicio de dedicación al “sector más importante”, a los
que movían el vasto imperio de Nabucodonosor (v. 2). En tercer lugar, Nabucodonosor fijó
un momento en el que la lealtad nacional y religiosa a él sería expuesta públicamente con
la participación de todos (v. 3). Este era un servicio de unificación nacional, política y
religiosa. En cuarto lugar, el momento de la dedicación debía ir acompañado de una música
magnífica y emotiva, que añadía un poderoso elemento psicológico al servicio (v. 5). En
quinto lugar, se especifica un momento preciso para la sumisión y la adoración (v. 5).
Sexto, hay una advertencia de muerte para quien se niegue a “postrarse y adorar” (v.
6). En séptimo lugar, cuando llegó el momento del compromiso, pareció que todos los
presentes juraron lealtad a Nabucodonosor y a su imagen idolátrica (v. 7).
Si bien es posible que no nos veamos confrontados de la misma manera que estos
hombres hebreos, podemos estar seguros de que los ídolos de nuestros días se nos
presentarán una y otra vez. Algunos se presentarán silenciosamente y sin llamar mucho la
atención. Otros, sin embargo, serán públicos y se expondrán para que muchos sean testigos.
Cuando eso ocurra, ¿qué hará usted? Puede que no vivamos en la antigua ciudad de
Babilonia, pero somos exiliados en una tierra extranjera que no es nuestro hogar, y los
ídolos pueden ser seductores. El hecho es que existen cosas que si se usan adecuadamente
son buenas. Pero cuando una cosa buena se convierte en algo que recibe nuestra adoración,
entonces se convierte en una cosa mala. Se convierte en un ídolo. Y no hay que dudar ni
engañarse: El pueblo de Dios se enfrentará a los ídolos de este mundo.

II. EL PUEBLO DE DIOS SERÁ CRITICADO POR LA GENTE DE ESTE MUNDO


DANIEL 3:8–12
Honrar y obedecer a Dios no siempre es popular. A veces esto nos meterá en serios
problemas e incluso en situaciones que amenazan la vida. Aunque esto último no suele ser
la experiencia de los cristianos en Estados Unidos, es una realidad cotidiana para muchos
de nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo. El simple hecho de intentar vivir una
vida fiel al Dios y al Salvador que aman les lleva a ser criticados, condenados al ostracismo
y odiados. Aun así, con el apóstol Pedro declararán con palabras y acciones: “Debemos
obedecer a Dios en vez de obedecer a los hombres” (Hch 5:29).
Cuando llegó el momento de inclinarse y adorar la imagen de oro que el rey
Nabucodonosor había levantado, tres hombres permanecieron visiblemente de pie: los tres
hebreos conocidos en Babilonia como Sadrac, Mesac y Abednego (3:12). No hubo ningún
espectáculo ni estallido de protesta, solo un acto silencioso y sencillo de desobediencia civil.
Sin embargo, rápidamente sus enemigos entraron en acción, ya que “algunos caldeos” (NVI,
“astrólogos”) se presentaron (v. 8). Andrew Hill señala: “Los acusadores son funcionarios
babilónicos en general o miembros de un gremio especial de adivinos o clase sacerdotal de
sabios” (“Daniel”, 79). No me cabe duda de que eran rivales de los tres hebreos y estaban
celosos de sus importantes posiciones en la administración de Nabucodonosor. Es posible
que también fueran antisemitas (por ejemplo, como Amán en Est 3:5–6; véase también Sal
83:1–5). Se adelantaron para “acusar maliciosamente a los judíos”. Podríamos decir que “se
los acabaron”.
Este enfoque era estratégico, pues el maligno es una serpiente intrigante y sabia. Adulan
al rey con una palabra de alabanza común pero reverencial: “Que el rey viva para siempre”
(v. 9). Pero luego le lanzan una sutil y solapada palabra de crítica que golpea su “mega
orgullo”. Le recuerdan que él dio la orden a todos de inclinarse y adorar al ídolo (v. 10) y
decretó que todos los que no lo hicieran serían ejecutados inmediatamente (v. 11). Luego
le recuerdan que hay algunos judíos “a quienes Su Majestad ha puesto al frente de la
provincia de Babilonia” (énfasis añadido). Estos son tus muchachos, Nabucodonosor, y (1)
“te ignoraron a ti, el rey”; no te respetan a ti ni a quien eres. (2) “Tampoco sirven a tus
dioses”. (¡En esto los acusadores tenían razón!) (3) Tampoco “adoran la estatua de oro que
has levantado”.
Resulta interesante que la idea de que el rey instale o establezca su ídolo aparezca siete
veces en este pasaje. Esto contrasta notablemente con Daniel 2:21, donde Daniel le dice a
Nabucodonosor: “Él [Dios] cambia los tiempos y las épocas, pone y depone reyes”.
Nabucodonosor está desempeñando un papel que solo Dios desempeña. Y en el proceso
está preparando un enfrentamiento que va a perder. Pero ciertamente parece que Sadrac,
Mesac y Abednego están en una situación sin salida. Los críticos han salido a la luz; han
llamado cuidadosamente al rey, y ahora él debe hacer algo para salvar la cara. El escenario
está preparado; y las cosas no parecen prometedoras para estos tres hombres judíos,
devotos discípulos del “Dios de los cielos” (2:18, 36, 44). Él les concedió favor y sabiduría en
el capítulo 1. La pregunta apremiante que se nos plantea es: ¿Y ahora qué hará?

III. EL PUEBLO DE DIOS SERÁ DESAFIADO A ADORAR A LOS DIOSES DE ESTE MUNDO
DANIEL 3:13–15
Hace falta valor para no comprometerse, y hay que decidirse antes de que llegue la presión.
Si esperas hasta “el momento de la verdad”, puedes descubrir que es demasiado tarde.
Nabucodonosor levantó una imagen hecha de oro para glorificarse y unificar su reino.
Todo marchaba bien hasta que estos tres judíos (v. 8) se negaron a seguir adelante con su
trabajo. Decir que el jefe del gobierno babilónico no se impresionó por sus convicciones
religiosas es un eufemismo. Nabucodonosor estaba “furioso”. Los tres judíos se habían
resistido a la mentalidad de rebaño y se mantuvieron valientemente solos. (Al parecer,
Daniel no estaba presente, pues no hay duda de que se habría puesto de pie con ellos).
Nabucodonosor ordenó que fueran llevados ante él (v. 13). Los interrogó, preguntándoles
si eran ciertas las acusaciones de que no servirían a sus dioses ni “adorarían” (utilizado once
veces en este capítulo: vv. 5, 6, 7, 10, 11, 12, 14, 15 [×2], 18, 28) la estatua de oro que había
levantado (v. 14). Pero antes de proceder a su ejecución, les dio una segunda oportunidad
(v. 15). Tal vez sospechaba que habían sido acusados por rivales celosos. Tal vez les tenía
verdadera simpatía y quería darles una salida a este lío político. Si simplemente se
arrepentían de desobedecer al rey, se inclinaban y adoraban a su ídolo, todo estaría bien.
Pero si no lo hacían, morirían inmediatamente quemados vivos en el horno de fuego. Las
opciones son claras y sencillas.
Al darles una segunda oportunidad, Nabucodonosor hizo la pregunta que es la clave de
todo el episodio: “¿Quién es el dios que puede rescatarlos de mi poder?” (énfasis añadido).
Sé que no nos inclinamos naturalmente a identificarnos con Nabucodonosor en este punto,
pero sospecho que deberíamos hacerlo. ¿No nos exaltamos a veces más de lo que
deberíamos? ¿No actuamos a menudo como si los asuntos del destino estuvieran en
nuestras manos y no en las de Dios? ¿No llamamos la atención sobre quiénes somos, a
quiénes conocemos y qué hemos hecho? ¿No está acechando en el nuestro el mismo
orgullo que hay en el corazón de este rey? Tengo tantas ganas de identificarme con estos
tres hombres judíos, pero antes debo preguntarme: ¿Quién es el Dios que me librará de mi
pecado, mi orgullo y mi arrogancia? ¿Quién me librará de mí?
Los tres judíos conocen la respuesta a la pregunta del rey, y la darán en el versículo 17.
No confiarán en sí mismos, y no confiarán en los poderes de este mundo aunque les cueste
todo. Se mantendrán firmes y confiarán en “el Dios Altísimo” (véase Gn 14:18–20, 22). La
pregunta de Nabucodonosor es, en efecto, la pregunta de los tiempos: “¿Quién es el Dios
que librará?”. Los tres judíos se alegraron de su pregunta. La pregunta había sido resuelta
en sus corazones hace mucho tiempo. Si se les desafía a adorar a los dioses de este mundo
y ser alabados o a adorar al único Dios vivo y verdadero y ser quemados hasta las cenizas,
no hay competencia. Como dijo Josué, así lo harían ellos: “Por mi parte, mi familia y yo
serviremos al Señor” (Jos 24:15).
El 27 de septiembre de 2015, el presidente de los Estados Unidos de América intervino
en un acto de recaudación de fondos para el colectivo LGBT del Comité Nacional Demócrata.
Hablando sobre el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo, el presidente
declaró: “Afirmamos que apreciamos nuestra libertad religiosa, y somos profundamente
respetuosos con las tradiciones religiosas”. Hasta aquí todo bien. Sin embargo, el presidente
continuó diciendo: “Pero también tenemos que decir que nuestra libertad religiosa no nos
concede la libertad de negar a nuestros conciudadanos estadounidenses sus derechos
constitucionales” (Jackson, “Obama: no utilice la religión”). ¿Estaba diciendo el presidente
que, en última instancia, el gobierno está por encima de Dios? ¿Debe obedecerse la
Constitución por encima de Cristo? Estas preguntas no deberían sorprendernos. Se
plantearon en Babilonia hace doscientos años.

IV. EL PUEBLO DE DIOS DEBE SER VALIENTE ANTE EL PELIGRO EN ESTE MUNDO
DANIEL 3:16–18
En su pasión por llevar el evangelio a toda nación, tribu, pueblo y lengua (Ap 5; 7), Dios nos
envía a las naciones. Y a veces, en su maravillosa providencia, nos envía las naciones a
nosotros. Esto último es lo que hizo en este fatídico día en la vida de sus tres fieles siervos
en Babilonia. Observe la multitud en los versículos 2, 3, 4, 7 y 29. Todas las naciones
escucharán lo que estos hombres van a decir. Ahora note la confesión de Sadrac, Mesac y
Abednego en los versículos 16–18 ante el funcionario político y gubernamental más
poderoso de la tierra en ese día. Estos hombres han abrazado un estilo de vida
contracultural con plena y completa confianza en el poder de Dios y en los propósitos de
Dios.
Independientemente de cuál fuera el resultado inmediato, tres cosas estaban claras.
Primero, los siervos de Dios se inclinarán solo ante Dios y nadie más. Segundo, los siervos
de Dios confiarán en los propósitos soberanos de Dios pase lo que pase. Tercero, los siervos
de Dios confiarán en el poder y la protección de Dios y dejarán lo que ocurra a su plan
providencial. Aunque las palabras de Jesús no serían pronunciadas hasta dentro de
seiscientos años, me pregunto si el Espíritu Santo ya había puesto el concepto de Marcos
13:9–11 en el corazón de estos tres hombres:
Pero ustedes cuídense. Los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. Por
mi causa comparecerán ante gobernadores y reyes para dar testimonio ante ellos. Pero
primero tendrá que predicarse el evangelio a todas las naciones. Y cuando los arresten y los
sometan a juicio, no se preocupen de antemano por lo que van a decir. Solo declaren lo que
se les dé a decir en ese momento, porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu
Santo.

Sadrac, Mesac y Abednego le dicen al rey Nabucodonosor: “No hace falta que nos
defendamos ante Su Majestad” (3:16). Para ellos los hechos son claros: no se inclinaron y
adoraron. Además, sus corazones y sus mentes sobre este asunto estaban decididos desde
hace mucho tiempo. Y, por último, no adoptarán ningún compromiso sin carácter que diga
algo así: “Bueno, nos inclinaremos por fuera, pero realmente estamos de pie por dentro”.
Esa no es una opción para ellos.
Si las cosas proceden como se ha amenazado, “el Dios al que servimos puede librarnos
del horno y de las manos de Su Majestad” (v. 17). Conocen sin lugar a dudas el poder de
Dios. Sin embargo, no siempre conocen sus planes y propósitos. Y nosotros tampoco. Por
eso pronuncian una de las mayores afirmaciones de fe de toda la Biblia: “Pero aunque no
nos rescate, queremos que sepas, como rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos
la estatua de oro que has levantado”. Esta es una declaración misionera a las naciones de
absoluta confianza en su Dios y solo en su Dios. La liberación y el rescate no son los temas.
Lo son la confesión y la obediencia, aunque les cueste la vida. Su Dios y solo su Dios “es
digno del máximo sacrificio” (Pierce, Daniel, 57). Me encanta la nota de la ESV Study Bible
sobre el versículo 18:
Los tres hombres no dudaban del poder de Dios para salvarlos (véase 2:20–23). Sin
embargo, la forma en que Dios llevaría a cabo su plan para ellos en esta situación era menos
clara. A veces, el poder de Dios se extiende de manera dramática para liberar a su pueblo,
como cuando abrió el Mar Rojo para Israel al salir de Egipto (Éx 14); otras veces, ese mismo
poder se retiene, y se permite que su pueblo sufra. En cualquier caso, no se inclinarán ante
la imagen de Nabucodonosor.

Nate Saint (1923–56) fue martirizado como misionero del pueblo huaorani, los indios
auca, en Ecuador. Su disposición a morir por Cristo no debe sorprendernos si tenemos en
cuenta estas palabras suyas:
En mi opinión, debemos estar dispuestos a morir. En el ejército, nos enseñaron que para
conseguir nuestros objetivos teníamos que estar dispuestos a ser prescindibles. Los
misioneros deben afrontar esa misma prescindibilidad. (Newell, Expect Great Things, 51)

Yo simplemente añadiría que todo seguidor del Nazareno crucificado debería tener ese
mismo sentido de prescindibilidad. Jesús vale la pena. Y Él dará el valor y la fuerza para
hacerlo. Después de todo, ¡nuestro Dios es capaz!

V. EL PUEBLO DE DIOS PUEDE ESTAR SEGURO DE QUE EL SEÑOR ESTÁ CON ELLOS PASE LO QUE
PASE EN ESTE MUNDO

DANIEL 3:19–30
El gran misionero en Birmania, Adoniram Judson, escribió:
¡Qué grandes son mis obligaciones de invertir todo de mí por Cristo! ¡Qué privilegio es que
se me permita servirle… y sufrir por Él… Pero en mí mismo soy la nada absoluta… Pronto
estaremos en el cielo. ¡Oh, vivamos como entonces desearemos haber hecho! (Newell,
Expect Great Things, 51).

¡Cómo me gusta el corazón de este hombre! Creo que a nuestros amigos hebreos
también les habría encantado.
Una vez más, el jefe de Estado está “enojado y furioso” (v. 13). “Demudo su semblante
[lit. ‘imagen’]” contra los tres hebreos, y “Reaccionó ordenando que se calentara el horno
siete veces más de lo que se acostumbraba calentar” (v. 19), lo que significa: “Caliéntenlo
todo lo que puedan”.
Ordenó a “algunos de los mejores soldados de su ejército”, sus Army Rangers, que
ataran a los tres hombres y los “echaran en el horno de fuego ardiente” (v. 20). Lo más
seguro es que los arrojaran por una abertura en la parte superior del horno. Otra abertura
a nivel del suelo en la parte delantera daría al rey y a sus súbditos una visión clara de lo que
les sucede a los que ponen su confianza en un dios insignificante y desobedecen a los dioses
del poder real. Recordemos que Nabucodonosor había derrotado a Israel de forma
contundente. Por lo tanto, solo parecía razonable asumir que sus dioses eran superiores a
cualquier dios que estos hebreos pudieran ofrecer. Su cremación inmediata no dejaría lugar
a dudas.
Los tres hebreos “fueron atados y arrojados al horno de fuego ardiente” completamente
vestidos (v. 21). Sin duda, esto añadiría combustible al fuego. El horno estaba tan caliente
que los hombres poderosos del ejército fueron inmediatamente consumidos y muertos (v.
22). Mientras perecían, su último acto de sumisión y obediencia al rey megalómano fue
empujar a Sadrac, Mesac y Abednego “atados, en medio del horno de fuego ardiente” (v.
23). Nabucodonosor y sus leales súbditos paganos e idólatras podían ahora sentarse y
observar lo que sería sin duda una breve barbacoa humana, una lección objetiva para todos
los que juran su lealtad a un dios que nadie puede ver en lugar de a los dioses de este mundo
que ejercen el verdadero poder.
Pero entonces ocurrió algo inesperado. El propio rey se asombró “levantándose
apresuradamente” (v. 24). “¿No eran tres los hombres que echamos atados en medio del
fuego?”, preguntó a sus consejeros. Ellos respondieron afirmativamente, momento en el
que el rey supo que tenía un problema. En primer lugar, los hebreos no murieron. De hecho,
ya no estaban atados y caminaban ilesos como si estar en un horno ardiente no fuera gran
cosa (v. 25). En segundo lugar, y más importante, ahora había cuatro tipos caminando en el
horno, y el cuarto tenía la apariencia “de un hijo de los dioses”. En el versículo 28
Nabucodonosor llama al cuarto individuo un ángel. Sin embargo, creo que hay una
respuesta mejor. Algunos creen que se trata de una teofanía, una manifestación de la
presencia de Dios. Yo creo que es esto, pero más. Creo que se trata de lo que se llama una
cristofanía, una aparición preencarnada de la Segunda Persona de la Trinidad, el Hijo de
Dios. El Señor estaba allí con ellos. El Dios que no los libró del fuego fue el Dios que salió a
su encuentro en el fuego y los libró del fuego.
Nabucodonosor invitó a los tres hombres judíos a salir del horno para que todos vieran
“cómo el fuego no había tenido efecto alguno sobre sus cuerpos” (v. 27). De hecho, “ni el
cabello de sus cabezas se había chamuscado, ni sus mantos habían sufrido daño alguno, ni
aun olor del fuego había quedado en ellos”. Atribuyó esto, con razón, al “Dios de Sadrac,
Mesac y Abednego” (v. 28), el Dios que él llamaba “el Dios Altísimo” (v. 26), el que antes
había llamado “Dios de dioses, Señor de reyes” (2:47). Dios “apagó la furia del fuego” (Heb
11:34), liberó a los que “confiaron en Él” (Da 3:28), y salvó a los que “entregaron sus cuerpos
antes que servir y adorar a otro dios que su Dios” (RVR60; cf. Ro 12:1–2).
Como resultado del milagro en el horno, el rey emitió un decreto universal de que si
alguien hablaba en contra de este Dios, sería ejecutado sumariamente y sus casas
destruidas (3:29). Dado que solo el Dios Altísimo puede librar de tal fin, su destino estaría
sellado. Morirían sin esperanza de ser rescatados.
En el proceso de los acontecimientos, el rey recompensó a los tres hebreos en su reino
(v. 30). Nabucodonosor volvió a experimentar (como en el capítulo 2) la convicción al
encontrarse con el Dios Altísimo. Sin embargo, ¡la convicción no es la conversión! Como la
bestia de Apocalipsis 13, el anticristo, Nabucodonosor seguiría teniendo una imagen que
los ciudadanos debían adorar o morir. Como esa bestia, él pensó que tendría un reino que
nunca terminaría. Como esa bestia, él también estaba muy equivocado.
Charles Spurgeon lo dijo muy bien: “Amados, deben entrar en el horno si quieren tener
el trato más cercano y preciado con Cristo Jesús” (Sermons on the Book of Daniel, 3). Estos
hombres hebreos hicieron precisamente eso. Y experimentaron exactamente lo que
Spurgeon dice que sucederá cuando nosotros lo hagamos. Cuando usted entre en un horno
de fuego, tenga por seguro que Jesús ya está allí esperándole.

CONCLUSIÓN: ¿CÓMO SEÑALA ESTE TEXTO A CRISTO?


Cuando Nabucodonosor miró dentro del horno de fuego, vio a cuatro hombres, no a tres.
Del cuarto, dijo, “es semejante al de un hijo de los dioses” (v. 25). Más tarde dijo que era un
ángel (v. 28). No es una mala suposición para un politeísta pagano. Nosotros, sin embargo,
lo sabemos mejor. Podemos decir con confianza que la cuarta persona en el horno era el
que conocemos como Emanuel, “Dios está con nosotros” (Mt 1:23, NTV). Algunos dudan en
hacer una identificación específica con el ser celestial como una aparición preencarnada del
Hijo de Dios. Sinceramente, yo no siento tal vacilación. Creo que Aquel que caminó con ellos
en el fuego es también Aquel que caminó a través de los fuegos del infierno en nuestro
nombre, para que también nosotros no tuviéramos una sola célula de nuestras almas
chamuscada por las llamas ardientes que realmente merecemos. Esto no debe
sorprendernos. Las promesas de un Salvador siempre presente junto a su pueblo son un
tema que resuena en toda la Biblia:
Y añadió: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”.
Entonces Moisés se cubrió el rostro, porque tenía temor de mirar a Dios… “Ciertamente Yo
estaré contigo”, le respondió el SEÑOR/, “y la señal para ti de que soy Yo el que te ha enviado
será esta: cuando hayas sacado al pueblo de Egipto ustedes adorarán a Dios en este monte”
(Éx 3:6, 12, NBLA)

Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo, Y si por los ríos, no te cubrirán. Cuando pases
por el fuego, no te quemarás, Ni la llama te abrasará. (Is 43:2)

Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. “Vayan, pues, y hagan discípulos
de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes
todos los días, hasta el fin del mundo. (Mt 28:18–20)

Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó.
Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo
presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada
nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Ro 8:37–39)

Nunca te dejaré ni te desampararé. (Heb 13:5)

Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para
probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo. Antes bien, en la medida
en que comparten los padecimientos de Cristo, regocíjense, para que también en la
revelación de Su gloria se regocijen con gran alegría. Si ustedes son insultados por el nombre
de Cristo, dichosos son, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre ustedes.
Ciertamente, por ellos Él es blasfemado, pero por ustedes es glorificado. (1 Pe 4:12–14)

Me encanta la forma en que James Montgomery Boice cierra su sermón sobre Daniel 3
titulado “La fe en el horno”. Trae ánimo, esperanza y alegría a mi alma; y es mi oración que
haga lo mismo por usted mientras demuestra valor en el fuego por Aquel que nos ha
liberado de un fuego eterno, ¡un fuego que soportó en nuestro lugar!
No es difícil saber quién era esa cuarta persona. Era Jesucristo en una forma preencarnada,
tal vez la forma que tenía cuando se le apareció a Abraham antes de la destrucción de
Sodoma y Gomorra o en la que luchó con Jacob junto al arroyo Jaboc. Es una vívida
representación del hecho de que Dios está con su pueblo en sus problemas. Cantamos en
uno de nuestros himnos:

Cuando a través de las aguas profundas te llamo para ir,


Los ríos de la aflicción no te desbordarán:
Porque yo estaré contigo en tus problemas para bendecir,
Y santifica para ti tu más profunda angustia.

Cuando a través de las pruebas de fuego tus caminos se encuentren,


Mi gracia, toda suficiente, será tu suministro;
La llama no te hará daño; yo solo diseño
Tu escoria para consumir, y tu oro para refinar. (Daniel, 47)

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿En qué situaciones puede tener que mostrar valor bajo el fuego como lo hicieron
Sadrac, Mesac y Abednego en este texto?
2. El homenaje de Nabucodonosor al Dios de Daniel en el capítulo 2 fue superficial y
de corta duración. ¿Cómo podemos discernir cuándo la alabanza y el
arrepentimiento son genuinos?
3. Los hombres hebreos se enfrentaban a una enorme presión para conformarse.
¿Cómo presiona nuestra cultura a los creyentes para que rechacen a Dios y se
conformen con el statu quo?
4. ¿Cuáles son algunos de los ídolos de nuestros días que compiten por nuestra
adoración?
5. ¿Cómo se siente tentado a reaccionar cuando los acusadores y los críticos vienen
contra usted? ¿Cómo se alinea esto con las reacciones de Sadrac, Mesac y
Abednego?
6. ¿Por qué a menudo es demasiado tarde para desarrollar nuestras convicciones en
el momento de la verdad?
7. ¿Por qué debemos identificarnos con el rey Nabucodonosor antes de intentar
identificarnos con los tres judíos?
8. ¿Qué significa considerar tu vida como prescindible por el bien del reino de Dios?
¿Qué les importaba a estos tres hombres más que sus vidas?
9. Cuando Dios no nos libra de los peligros, las pruebas, la enfermedad o incluso la
muerte, ¿significa eso que nos ha abandonado? ¿Por qué o por qué no?
10. ¿Cómo afecta la presencia de Cristo a la forma de afrontar las tentaciones de adorar
y perseguir a otros dioses?
4. APRENDIENDO POR LAS MALAS QUE DIOS ES DIOS Y
NOSOTROS NO
DANIEL 4:1–37

Idea principal: Porque Dios es supremamente glorioso, no permitirá que otros le roben su
gloria, y como un Rey lleno de gracia, humillará a todos los que confían orgullosamente en
sí mismos.
I. Es bueno honrar a nuestro gran y soberano Dios por el dolor que lleva al
arrepentimiento (4:1–3)
II. Es bueno cuando nuestro gran y soberano Dios perturba nuestros corazones para
llamar nuestra atención (4:4–18)
III. Es bueno cuando nuestro gran y soberano Dios expone nuestro pecado y nos llama a
la justicia (4:19–27)
IV. Es bueno que nuestro gran y soberano Dios nos humille cuando somos arrogantes y
orgullosos (4:28–33)
V. Es bueno alabar a nuestro gran y soberano Dios porque siempre hace lo que es correcto
(4:34–37)

C. S. Lewis lo llama “el gran pecado” y con razón. Es el pecado que llevó a la caída de
Satanás. Es el pecado que llevó a la caída de la humanidad y expulsó a Adán y Eva del jardín
del Edén. De este pecado dijo Lewis:
Hay un vicio del que ningún hombre en el mundo está libre; que todos detestan cuando lo
ven en otra persona; y del que casi nadie, excepto los cristianos, se imagina que es culpable.
He oído a personas admitir que son malhumoradas, o que no pueden dejar de pensar en
chicas o la bebida, o incluso que son cobardes. No creo haber oído nunca a nadie que no
fuera cristiano acusarse de este vicio. Y al mismo tiempo he conocido muy pocas veces a
alguien, que no fuera cristiano, que mostrara la más mínima misericordia hacia él en otros.
No hay falta que haga más impopular a un hombre, ni falta de la que seamos más
inconscientes en nosotros mismos. Y cuanto más la tenemos nosotros mismos, más nos
disgusta en los demás.
El vicio del que hablo es la soberbia o el orgullo: y la virtud opuesta a él, en la moral
cristiana, se llama humildad… Según los maestros cristianos, el vicio esencial, el mayor mal,
es la soberbia. La falta de castidad, la cólera, la avaricia, la embriaguez y todo eso, son meras
pulgas en comparación: fue por el orgullo que el diablo se convirtió en diablo: El orgullo
lleva a todos los demás vicios: es el estado mental completo anti-Dios. (Mere Christianity,
121–22)

Jonathan Edwards tenía la misma opinión sobre este gran pecado que Lewis:
La primera, y la peor causa de los errores que prevalecen en tal estado de cosas, es el orgullo
espiritual. Esta es la puerta principal por la que el diablo entra en los corazones de aquellos
que son celosos por el avance de la religión. Es la principal entrada de humo desde el pozo
sin fondo, para oscurecer la mente y confundir el juicio: es la principal manija por la cual el
diablo se apodera de las personas religiosas, y la principal fuente de todo el mal que
introduce, para obstruir e impedir una obra de Dios. Esta causa del error es el resorte
principal, o al menos el soporte principal de todo lo demás. Hasta que no se cure esta
enfermedad, en vano se aplican medicinas para curar otras enfermedades…
La soberbia es mucho más difícil de discernir que cualquier otra corrupción, por la razón
de que su naturaleza consiste en gran medida en que una persona tiene un pensamiento
demasiado elevado de sí misma: pero no es de extrañar que quien tiene un pensamiento
demasiado elevado de sí mismo no lo sepa, porque necesariamente piensa que la opinión
que tiene de sí mismo es la que tiene con fundamento, y por lo tanto no es demasiado
elevada… El corazón es tan engañoso e inescrutable en nada en el mundo, como lo es en
este asunto, y no hay pecado en el mundo, en el que los hombres estén tan confiados, y tan
difícilmente convencidos: la propia naturaleza de este es trabajar la confianza en sí mismo,
y alejar [la humildad]. (Some Thoughts on the Revival, 414–16)

Proverbios 8:13 nos enseña: “El temor del Señor es aborrecer el mal. El orgullo, la
arrogancia, el mal camino y la boca perversa, yo aborrezco”. Quizás nadie en la Biblia llegó
a entender esta verdad mejor que el rey Nabucodonosor de Babilonia. Orgulloso de sus
logros y orgulloso en su forma de hablar, aprendió de la manera más dura que “Delante de
la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la arrogancia de espíritu” (Pr 16:18).
Aprendió de la manera más dura que uno puede pavonearse como un rey un día y vivir
como un animal al día siguiente. Aprendió por las malas que el Dios “Altísimo” (Da 4:2, 17,
24, 25, 32, 34) es Dios, y nosotros no lo somos.
Dios odia la soberbia porque desafía su soberanía y cuestiona su voluntad y sus caminos
(4:37). Reclama para los simples mortales una posición y un poder que solo corresponde al
“Rey del cielo” (v. 37). Daniel 4, a través de la humillación y la restauración del hombre más
poderoso de la tierra en aquella época, nos recuerda que Dios tiene el control y nosotros
no. Él es soberano de todo y “domina sobre el reino de los hombres” (4:17, 25, 32). Estas
son palabras de seguridad y consuelo. También son palabras de advertencia y sabiduría para
todos nosotros. Lo que Dios hizo con el rey Nabucodonosor, también puede hacerlo —y lo
hará si es necesario— con usted y conmigo. Esta es la última vez que veremos a
Nabucodonosor en Daniel. El texto contiene una poderosa advertencia sobre las trampas
del orgullo. También contiene “un poderoso mensaje para aquellos que tienen miedo o se
sienten intimidados por el poder de los reyes y reinos humanos” (Greidanus, Preaching
Christ from Daniel, 113).

I. ES BUENO HONRAR A NUESTRO GRAN Y SOBERANO DIOS POR EL DOLOR QUE LLEVA AL
ARREPENTIMIENTO

DANIEL 4:1–3
La arrogancia va delante de la destrucción; la humildad precede al honor.
Proverbios 18:12, NTV

¿Deseas que la gente piense bien de ti? No hables bien de ti.


Blaise Pascal, Pensées, 1670
El capítulo 4 comienza como termina el capítulo 3: con un decreto real. También es similar
al capítulo 2, con el rey teniendo un sueño y necesitando una interpretación de Daniel. Una
vez más, sus magos, encantadores, caldeos y astrólogos no pueden dar la respuesta (v. 7).
Son tan impotentes en el capítulo 4 como lo fueron en el capítulo 2. Sin embargo, este
decreto del capítulo 4 está cortado de una tela diferente. Es un testimonio personal, un
tratado evangélico y una declaración ante un juez y un jurado, todo ello envuelto en una
historia sorprendente. Al hacer este decreto, Nabucodonosor desea honrar al Dios Altísimo
por lo que hizo para conducirlo (¡o impulsarlo!) a un dolor que lo llevó al arrepentimiento.
Comienza señalando el carácter universal, incluso misional, de lo que va a compartir al
dirigirse a “todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra” (v. 1). Si
Nabucodonosor viviera hoy, habría convocado una conferencia de prensa en horario de
máxima audiencia para la televisión y la radio. Habría utilizado Twitter, Instagram y
Facebook. Quería que el mayor número posible de personas supiera lo que Dios había
hecho.
En un lenguaje impregnado de terminología bíblica —quizás un indicio de que Daniel le
ayudó a componer esta proclamación global— el rey comienza con una bendición: “Que
abunde su paz”. Esto no suena como el Nabucodonosor de los capítulos 1–3, donde
amenaza con separar las cabezas de los cuerpos y arroja a los adolescentes a un horno de
fuego. ¿Qué le hizo cambiar? Nabucodonosor sabe lo que Dios hizo, y quiere que todo el
mundo lo sepa: “Me ha parecido bien declarar las señales y maravillas que ha hecho
conmigo el Dios Altísimo” (v. 2). Quiere contar las cosas asombrosas que el sorprendente
Dios ha hecho en su vida.
El versículo 3 se asemeja a un breve himno de alabanza o una doxología que, junto con
la doxología del versículo 37, pone el capítulo entre paréntesis. Las palabras recuerdan al
Salmo 145:13. Dos afirmaciones paralelas componen la doxología: “¡Cuán grandes son los
milagros [de Dios], y cuán poderosos sus prodigios! Su reino es un reino eterno, y su dominio
es de generación en generación”. Ningún Dios es como este Dios en lo que hace. Y ningún
Dios es como este Dios en lo que tiene.
La visión del mundo y la perspectiva espiritual de Nabucodonosor habían cambiado.
Debido a la obra de Dios de traer un gran dolor que llevó al arrepentimiento, era un hombre
nuevo. C. S. Lewis proporciona una vez más una visión realmente buena: “Un hombre
orgulloso siempre está mirando por debajo del hombro a las cosas y a las personas; y, por
supuesto, mientras estés mirando hacia abajo, no puedes ver algo que está por encima de
ti” (Mere Christianity, 124). Nabucodonosor había estado mirando hacia abajo, pero ahora
mira hacia arriba y glorifica al Dios que ve.

II. ES BUENO CUANDO NUESTRO GRAN Y SOBERANO DIOS PERTURBA NUESTROS CORAZONES
PARA LLAMAR NUESTRA ATENCIÓN

DANIEL 4:4–18
El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus
pensamientos.
Salmo 10:4 RVR60
Si piensas construir una alta casa de virtudes, primero debes poner profundos cimientos de
humildad.
Agustín

Nabucodonosor comienza su historia en el versículo 4 relatando el segundo sueño


perturbador que recibió de Dios (el primero fue en el capítulo 2). Señala que la vida era
buena, que estaba “tranquilo en [su] casa y próspero en [su] palacio”. Aunque no podemos
estar seguros, probablemente fue a finales de su reinado (605–562 a. C.), quizá entre el año
575 y el 563 a. C. Estaba asegurado con éxito y disfrutando de un merecido tiempo de
descanso y relajación, como él lo veía. Sin embargo, Dios le golpeó justo entre los ojos con
una crisis personal a través de “un sueño” que “lo asustó” (v. 5). De hecho, mientras yacía
en su cama, dijo: “estas fantasías […] y las visiones de mi mente me aterraron”. Este sueño
era otra pesadilla a la que el rey habría atribuido un significado futurista. Así que, como
había hecho anteriormente (2:2–3), llamó a sus sabios paganos para que interpretaran el
sueño (4:6). Y como el tonto que sigue haciendo lo mismo una y otra vez esperando
resultados diferentes, descubre que su gremio de eruditos de nuevo no puede cumplir: “No
pudieron darme su interpretación” (v. 7). Así que, una vez más, acude a donde debería
haber empezado. Llama a su hombre de confianza, Daniel, también llamado Beltsasar,
señalando “en quien está el espíritu de los dioses santos” (v. 8). También identifica a Daniel
como el “jefe de los magos” (lo que hace que uno se pregunte por qué Nabucodonosor no
acudió a él primero), diciéndole que “ningún misterio te confunde” (v. 9).
A continuación, Nabucodonosor le cuenta a Daniel su sueño en los versículos 10–17, y
le pide una segunda interpretación en el versículo 18. Nabucodonosor vio un árbol
increíblemente grande y fuerte que, al igual que la torre de Babilonia en Génesis 11:1–9,
llegaba hasta los cielos y “era visible desde los confines de la tierra” (4:10–11). También
tenía hermosas hojas y frutos para alimentar a todo el mundo. Los animales encontraban
sombra bajo él, las aves vivían en sus ramas y “de él se alimentaban todos” (v. 12). Si este
árbol representa al rey, y lo hace, qué testimonio y testigo de su grandeza y gloria. Sin
embargo, la tragedia está en camino.
En su visión, mientras soñaba en la cama, vio a un ángel “descendió del cielo”. El ángel
se describe como “un vigilante, un santo” (v. 13). Curiosamente, la palabra “vigilante” solo
aparece en Daniel 4 (vv. 13, 17, 23) en el Antiguo Testamento. Su mensaje es ominoso:
Derriben el árbol, corten sus ramas, arranquen su follaje, desparramen su fruto. Huyan las
bestias que están debajo de él, y las aves de sus ramas. Pero dejen en tierra el tocón con sus
raíces, con ataduras de hierro y bronce entre la hierba del campo; que se empape con el
rocío del cielo, y comparta con las bestias la hierba de la tierra. Sea cambiado su corazón de
hombre, y séale dado un corazón de bestia, y pasen sobre él siete años. (4:14–16)

El versículo 17 es la clave que abre el propósito del capítulo y la interpretación del sueño.
La sentencia de juicio sobre el árbol es “por decreto de los vigilantes” con el propósito de
que “sepan los vivientes que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y se lo da a
quien le place, y pone sobre él a más humilde de los hombres”. Como nos recuerda Bryan
Chapell, “el talento, el cerebro y la oportunidad no significan nada separados de la provisión
de Dios” (Gospel According to Daniel, 75). Sospecho que Nabucodonosor tenía un fuerte
indicio del significado de sus visiones. Aun así, le ruega a Daniel que le proporcione la
interpretación porque, afirmando lo que sabe que es cierto por tercera vez, “tienes el
espíritu de los dioses santos” (v. 18). El rey no necesitaba un “sí”. Necesitaba un hombre de
la verdad. El jefe de Estado necesitaba un hombre de fe que dijera la verdad en su vida, y
Daniel era ese hombre. Ojalá pudiéramos seguir sus pasos con valentía y humildad.

III. ES BUENO CUANDO NUESTRO GRAN Y SOBERANO DIOS EXPONE NUESTRO PECADO Y NOS
LLAMA A LA JUSTICIA

DANIEL 4:19–27
El Señor aborrece a los de corazón altivo, y es un hecho que no quedarán impunes.
Proverbios 16:5, RVC

Nada nos hará tan sensibles a las faltas de los demás, como, mediante el autoexamen,
conocer a fondo las nuestras.
François Fénelon, The Inner Life, 1697

Daniel, el hombre de Dios, está ahora aturdido y alarmado (NVI, “desconcertado” y


“aterrorizado”, v. 19). No creo que temiera por su vida; creo que temía por lo que pudiera
ocurrirle a Nabucodonosor. Creo que Daniel se preocupaba de verdad por el rey. Habían
pasado muchos años juntos, y le tenía un afecto genuino. Sin embargo, la compasión no se
interpone en el camino de la convicción (y la comisión) para el hombre de Dios. Pueden y
deben complementarse mutuamente. Es interesante que Nabucodonosor trate de consolar
a Daniel: “Beltsasar, no dejes que el sueño ni su interpretación te turben” (v. 19). Daniel
responde diciendo que desearía que el sueño no fuera sobre Nabucodonosor, sino “para
los que lo odian a usted, y su interpretación para sus adversarios”. Sin embargo, Daniel
debe, como dice Efesios 4:15, decir la verdad con amor. No duda ni tartamudea, sino que
se la dice directamente al rey. Al igual que Moisés ante el Faraón, Elías ante Acab y los
profetas de Baal, Juan el Bautista ante Herodes y Jesús ante Pilato, Daniel le dice a
Nabucodonosor no lo que quiere oír sino lo que necesita oír. Podemos resumir la
interpretación de Daniel en proposiciones directas y simples:
• Tú, oh Rey, eres el gran árbol, y simboliza tu grandeza (vv. 20–22).
• Tú eres el árbol talado del que solo queda el tronco (v. 23).
• Vivirás como un animal al aire libre en los campos hasta que pasen “siete períodos
de tiempo” (vv. 23–25).
• Todo esto sucederá para enseñarle una valiosa lección: “que el Altísimo domina
sobre el reino de los hombres y que lo da a quien le place” (v. 25).
• Cuando vuelvas a tus sentidos espirituales, recuperarás tu reino (v. 26).
• Dios es un Dios clemente y amoroso que se apresura a perdonar y a mostrar
misericordia. Así que (a) escucha mi consejo, (b) deja de pecar y empieza a hacer lo
correcto, y (c) deja de cometer injusticias y muestra misericordia con los oprimidos
(v. 27). Si lo haces, Dios puede ser bondadoso y “tal vez haya una extensión de tu
prosperidad”.
Aprecio las ideas de David Helm sobre la interpretación de Daniel:
Debemos estar dispuestos a compartir con la gente las malas noticias de que están fuera de
lugar con Dios, aunque nuestro corazón se rompa por ellos mientras lo decimos. Debemos
estar dispuestos a decirles a los demás que a Dios no le agrada este orgullo —la tendencia
humana a dejarlo de lado, y pensar que somos la medida de todas las cosas—. Debemos
estar dispuestos a decir por qué Dios trabaja contra nosotros, para que un día sepamos que
es Él quien manda, y no nosotros. Por último, debemos estar dispuestos a llamar al
arrepentimiento y ofrecer esperanza.
Daniel hizo todo eso. Y luego el texto se detiene. No se nos dice lo que el rey dijo ese
día. De hecho, los versículos que siguen llevan al lector al futuro, hasta por lo menos un año
después, y luego siete períodos de tiempo más allá. Claramente, Dios no sintió ninguna
necesidad de que supiéramos cómo fue recibido este testimonio privado. Quería
simplemente que viéramos que se dio… Daniel no eludió hablar de la palabra de Dios en la
vida del hombre más poderoso del mundo. Al hacerlo, nos ha proporcionado un ejemplo de
la firmeza necesaria para ser fieles cuando llegue nuestra oportunidad. Y llegará, porque
Dios está en el negocio de revelarse a personas prominentes y poderosas. (Daniel for You,
78)

IV. ES BUENO QUE NUESTRO GRAN Y SOBERANO DIOS NOS HUMILLE CUANDO SOMOS
ARROGANTES Y ORGULLOSOS

DANIEL 4:28–33
La altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y solo
Jehová será exaltado en aquel día.
Isaías 2:17, RVR60

No desees ser el hombre principal de la iglesia. Sé modesto. Sé humilde. El mejor hombre


de la iglesia es el que está dispuesto a ser un felpudo para que todos se limpien las botas en
él, el hermano al que no le importa en absoluto lo que le haya pasado, con tal de que Dios
sea glorificado.
Charles H. Spurgeon, “Micah’s Message for To-day”, 1889

Nabucodonosor paga el precio de su perspectiva “yo” y “mi” en el versículo 30. “Doce meses
después” (v. 29), una vez que Daniel interpretara su sueño y llamara al rey al
arrepentimiento y a la misericordia (v. 27), “todo esto le sucedió al rey Nabucodonosor” (v.
28). El martillo del juicio de Dios cayó, y lo hizo con una venganza. Bob Fyall señala:
“Nabucodonosor es como Adán y Eva, que al enfrentarse a otro árbol, en lugar de
convertirse en dioses, fueron desterrados del Edén” (Daniel, 70).
Nabucodonosor había olvidado quién es el Altísimo y quién le había dado su gran reino.
Olvidó o prefirió ignorar la advertencia y el llamado al arrepentimiento de Daniel. “Doce
meses después, paseándose por la azotea del palacio real de Babilonia” (v. 29; ¡este no era
el único palacio que tenía!), empezó a jactarse y a presumir de quién era y de lo que había
hecho: “¿No es esta la gran Babilonia que yo he edificado como residencia real con la fuerza
de mi poder y para gloria de mi majestad?” (v. 30; énfasis añadido). Esencialmente dijo: “Yo
hice todo esto, y merezco toda la alabanza. Soy el más inteligente. Soy el más fuerte. Soy el
más sabio. Yo soy el hombre”.
Aquellos que han logrado grandes cosas necesitan recordar diariamente que no tienen
nada que Dios, por su gracia, no les haya dado. Nacemos donde Él decide. Somos las
personas que Él hizo que fuéramos. Las cosas que tenemos, Él nos las dio. “Él se las da a
quien quiere” (vv. 17, 25). Nabucodonosor había olvidado esta verdad básica y fundamental
de la vida; y ahora se lo recordará por las malas.
Mientras el rey seguía cacareando su propia grandeza, “Aún estaba la palabra en la boca
del rey, cuando una voz vino del cielo” (v. 31). Un trueno divino descendió del cielo con un
mensaje de severo juicio y condena. El Altísimo que gobierna los reinos de los hombres
declara:
• El reino te es arrebatado (v. 31).
• Serás expulsado de la humanidad (v. 32).
• Vivirás con animales, actuarás como un animal y comerás como un animal (v. 32).
• Esto durará todo el tiempo que sea necesario (“siete períodos de tiempo”, es decir,
siete años o el símbolo del tiempo perfecto necesario para hacer el truco), “hasta
que reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y que lo da a
quien le place” (v. 32).
Inmediatamente “se cumplió la palabra [del Dios Altísimo] acerca de Nabucodonosor”
(v. 33). Le afectó lo que probablemente era un trastorno del comportamiento llamado
boantropía, en el que “uno se imagina que es una vaca o un toro y actúa en consecuencia”
(Davis, Message of Daniel, 59). También se denomina licantropía, cuando una persona cree
que es un animal y se comporta como tal. El que se veía a sí mismo como un superhombre,
se convirtió en una bestia. El que creía estar por encima de cualquier hombre, se convirtió
en algo inferior a él. Vivió con los animales en lugar de con los hombres. Comía hierba como
un buey, no comida como un hombre. Vivía y dormía en el campo, no en la casa y la cama
de un hombre. Tenía las uñas de las manos y de los pies como las garras de un pájaro y no
las de un humano. Sinclair Ferguson da en el clavo cuando dice:
El que se niega a honrar la gloria de Dios pierde su propia gloria. Al negarse a compartir lo
que tiene con los pobres, se vuelve más pobre que los pobres. Se convierte exteriormente
en lo que su corazón ha sido espiritual e interiormente: bestial. (Daniel, 93)

Puede que oiga las palabras de Gálatas 6:7 susurrando en sus oídos: “No se dejen
engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará”.

V. ES BUENO ALABAR A NUESTRO GRAN Y SOBERANO DIOS PORQUE SIEMPRE HACE LO QUE ES
CORRECTO

DANIEL 4:34–37
Dios se opone a los orgullosos pero muestra su favor a los humildes… Así que humíllense
delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.
Santiago 4:6, 10, NTV

Jesús vino al mundo para convertir a la gente de la dependencia de Dios en la dependencia


de Dios como un niño. Y luego murió para pagar la pena por nuestro orgullo y mostrarnos
el camino de la humildad y enviar toda nuestra jactancia hacia Dios y no hacia nosotros
mismos.
John Piper, “Believing God on Election Day”, 1988

El Salmo 121:1–2 dice: “Levantaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi ayuda? Mi
ayuda viene del SEÑOR, que hizo los cielos y la tierra”. No sé si Nabucodonosor conocía estos
versículos. Lo que sí sé es que no solo miró hacia las colinas, sino que también levantó los
ojos al cielo (4:34). Después de mirar al suelo como un animal, se volvió y miró a Dios en el
cielo y fue restaurado a ser un hombre hecho a la imagen del Dios que había llegado a
conocer como Salvador. Sí, creo que Nabucodonosor se convirtió y se salvó genuinamente
y que entró en una relación que cambió su vida con el único Dios verdadero y vivo, el que
ahora reconocía personalmente como “el Altísimo”. La razón del rey volvió a él, e
inmediatamente hizo lo que cualquier persona que piensa correctamente hace: adoró al
único Dios vivo y verdadero. Alabó al Altísimo y honró y glorificó al que vive para siempre,
cuyo dominio es eterno y cuyo reino es eterno (vv. 34–35).
En medio de este canto de alabanza, Nabucodonosor se pone teológico en el versículo
35. En comparación con el Dios soberano cuyo dominio es eterno y cuyo reino perdura para
siempre, los humanos no son gran cosa: “Todos los habitantes de la tierra son considerados
como nada”. El Dios Altísimo hace lo que quiere en el cielo, y lo mismo hace en la tierra. No
puedes detener a este Dios, y no debes cuestionar a este Dios. (Oigo a Job decir: “¡Amén!”)
Nabucodonosor recuperó su mente, y también recuperó su reino (v. 36). De hecho, Dios
no solo lo puso de nuevo en el trono, sino que vino con “mayor grandeza”. Pero esta vez
Nabucodonosor no reclamó el crédito por el aumento de su reino: “Ahora yo,
Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del cielo”. Esta es la única vez que la frase
“Rey del cielo” aparece en el Antiguo Testamento. ¿Y por qué este rey de la tierra alaba,
exalta y honra al Rey que está en el cielo? Se dan tres razones: (1) “todas sus obras son
verdaderas”; (2) “sus caminos son justos”; y (3) “es capaz de humillar a los que caminan en
soberbia” (v. 37). Estas son las últimas palabras de Nabucodonosor en las Escrituras. Ahora
está muerto. Hace tiempo que se fue. Sin embargo, el Rey del cielo, el Dios Altísimo, sigue
en su trono, y sigue siendo soberano sobre el universo.

CONCLUSIÓN: ¿CÓMO SEÑALA ESTE TEXTO A CRISTO?


Daniel 4 nos da una visión del Señor Jesús de varias maneras. En primer lugar, nos recuerda
quién es Dios y quién no, quién es Rey y quién no. Nabucodonosor, tan grande como era,
era solo un rey finito y temporal, escrito con r minúscula. Sin embargo, viene uno a quien el
Anciano de Días dará un dominio y un reino que será “un dominio eterno que nunca pasará,
[…] uno que no será destruido”. En este reino le servirán “todos los pueblos, naciones y
lengua” (Da 7:13–14). ¡Este es el Rey y Señor cuyo nombre se escribe con mayúscula. Este
es el Rey que gobernará las naciones porque “en su manto y en su muslo tiene un nombre
escrito: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Ap 19:16).
En segundo lugar, vemos a Cristo en sorprendente contraste con Nabucodonosor. Como
dice Tremper Longman: “¿Cómo podríamos los que leemos el Nuevo Testamento no pensar
en Cristo a la luz del orgullo y la vergüenza de Nabucodonosor?”. (Daniel, 125). Considere
el siguiente contraste entre el Cristo que vemos en Filipenses 2:6–11 y la representación de
Nabucodonosor que vemos en Daniel:
Nabucodonosor Cristo

Un simple hombre Dios eterno

Pecado Sin pecado

Despiadado Misericordioso

Se glorificó a sí mismo Se humilló

Aspiran a la soberanía Aspirar a la servidumbre

Se exaltó y fue humillado por Dios Se humilló y fue exaltado por Dios

En tercer lugar, Dios da reinos “a quien le place, y pone sobre [ellos] al más humilde de
los hombres” (4:17). Un hebreo antiguo que leyera este versículo podría haber pensado
fácilmente: Dios hizo esto en nuestro pasado. ¿Lo volverá a hacer en el futuro? ¿Hay un
impulso profético en el versículo 17? Señala Sidney Greidanus:
En la historia de Israel, Dios puso al frente de su reino al joven David, dejando de lado a sus
hermanos mayores; eligió al joven Salomón en lugar de a Adonías. Isaías profetizó sobre el
Siervo elegido por Dios: “Fue despreciado y rechazado por los demás” (53:3), pero Dios le
asignó “una porción con los grandes” (53:12)… Jesús, nacido en un establo, pobre,
despreciado, crucificado, pero afirmando después de su resurrección que Dios le había dado
“toda la autoridad en el cielo y en la tierra” (Mt 28:18). (Preaching Christ from Daniel, 128)

Sí, Dios lo hizo antes. Y sí, Dios lo haría de nuevo.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Cómo se relaciona el orgullo con todos los demás pecados?
2. ¿Por qué no es arrogante Dios al humillar a todo aquel cuyo orgullo amenaza Su
gloria?
3. ¿Qué indicios tenemos en este texto de que la alabanza de Nabucodonosor es
auténtica?
4. Describa una ocasión en la que Dios haya turbado su corazón para llamar su
atención. ¿Cómo ha respondido?
5. ¿Por qué es tan difícil decir la verdad con amor? ¿Cómo modela Daniel este acto de
gracia?
6. ¿En qué se parece Nabucodonosor a Adán y Eva? ¿En qué se parecen las respuestas
de Dios al rey y a la que dió a nuestros primeros padres?
7. ¿Cómo puede alguien que experimenta un gran éxito en este mundo, como
Nabucodonosor, seguir siendo humilde?
8. ¿Qué le muestra Dios a Nabucodonosor al hacerlo semejante a un animal?
9. ¿Cómo podría Nabucodonosor haber utilizado su reino para honrar a Dios en lugar
de tratar de robarle la gloria? ¿Cómo puede usar sus dones, talentos y éxitos para
servir a Dios?
10. ¿Cómo es el modelo de Jesús para manejar la grandeza? ¿Cómo ha utilizado Él su
poder para servir a los demás?
5. LA ESCRITURA ESTÁ EN LA PARED
DANIEL 5:1–31

Idea principal: Dios ve nuestro pecado y rebeldía y provoca el juicio de los que se niegan a
arrepentirse y a confiar en Él.
I. Dios ve nuestro pecado cuando nos burlamos de su gloria (5:1–4)
II. Dios confronta nuestros pecados, y debemos temblar cuando lo hace (5:5–9)
III. Dios expone nuestros pecados, y se nos encuentra en falta (5:10–28)
IV. Dios trata nuestros pecados de falta de arrepentimiento con un juicio apropiado (5:29–
31)

Dos de mis películas favoritas de todos los tiempos son The Godfather (El Padrino, 1972)
y The Godfather: Part II (El Padrino: parte 2, 1974). Ambas son clásicos. En la parte dos de
esta película hay una escena en la que el padrino, Michael Corleone (interpretado por Al
Pacino), está en Cuba cerrando un trato con el gobierno cubano que supondrá una enorme
riqueza para su familia. Michael se entera de la actividad de los rebeldes, lo que le causa
cierta preocupación, pero le dicen que no se preocupe porque el gobierno cubano tiene
todo bajo control. Más tarde, en una gran celebración de Año Nuevo organizada por el
presidente Batista de Cuba, la cúpula militar entra en escena para informar al hombre más
poderoso de Cuba de que su gobierno se ha derrumbado, que los rebeldes pronto tendrán
el control y que todo el mundo debe salir inmediatamente y huir a un lugar seguro. El
padrino escapa y el gobierno cubano cae en manos de los rebeldes comunistas. El orgullo,
la arrogancia y la sensación de indestructibilidad les llevó a ignorar la escritura en la pared.
En Daniel 5 hay un caso literal de escritura predictiva en la pared, y este no podía ser
ignorado porque lo que aparecía (v. 5) estaba escrito por la mano de Dios. Además, el
mensaje que Dios escribió pronto quedaría claro y su promesa sería cierta. En cualquier
momento y de cualquier manera que Dios hable, todos debemos escuchar con atención.
En el flujo del libro de Daniel, el capítulo 5 surge de la nada, aunque hay una clara
conexión teológica con el último versículo del capítulo 4, donde se nos dice que cuando se
trata del “Rey del cielo, […] Sus obras son todas verdaderas y justos Sus caminos. Él puede
humillar a los que caminan con soberbia” (4:37). Hemos estado tratando con el rey
Nabucodonosor en los capítulos 1–4, y de repente nos encontramos con el rey Belsasar en
5:1. Dale Davis prepara el escenario para el drama que está a punto de desarrollarse:
Nabucodonosor murió en el 562 a. C., después de un reinado de cuarenta y tres años. En
menos de otros veinticinco años todo estaba perdido. Merodac (561–560), el hijo de
Nabucodonosor, siguió a su padre en el trono. Sin embargo, parece que fue asesinado por
su cuñado Neriglisar, que duró unos cuatro años en el cargo y fue sucedido por su hijo,
Labashi-Marduk. Esta pobre criatura fue “liquidada” en un mes y uno de los conspiradores,
Nabonido, se convirtió en rey (555–539 a. C.). Parece ser que Nabonido no tenía intenciones
de ocupar el trono él mismo, sino que puede haber sido colocado allí como “candidato de
compromiso” por los conspiradores. Algunos piensan que Belsasar, el hijo de Nabonido, fue
el verdadero impulsor de los conspiradores. En cualquier caso, Nabonido tenía un problema
religioso o de “fe”. Era un apasionado devoto del dios de la luna Sin, hasta tal punto que
alarmó al clero babilónico, ya que parecía querer desprender a Marduk de su supremacía
en Babilonia. Esto puede haber conducido a un “programa de reubicación” para Nabonido:
pasó los siguientes diez años en Taima/Tema, un oasis en el desierto de Arabia del Norte, a
quinientas millas de Babilonia. Su hijo, Belsasar, funcionó como rey de facto en Babilonia,
operó de una manera más pro-Mardukian, y así mantuvo el clero local de la revuelta. Por
eso nos encontramos de repente con Belsasar (553–539 a. C.) al inicio de Daniel 5. (The
Message of Daniel, 70–71)

Por lo tanto, hay una brecha cronológica entre los capítulos 4 y 5 de aproximadamente
veinte años. Sin embargo, debemos tener en cuenta que Daniel nunca fue escrito para
darnos una lección de historia sobre babilonios, medos y persas. Fue escrito para animar al
pueblo hebreo, el pueblo de Dios, de que aunque habían sido derrotados y exiliados (¡tres
veces!), Dios estaba soberanamente en control y debían confiar en Él incluso cuando no
podían rastrear su mano. Él está elaborando sus planes y cumpliendo sus propósitos, y de
vez en cuando nos hace partícipes de lo que está haciendo. Daniel 5 es otra ocasión en la
que Dios nos deja ver lo que está haciendo. Al igual que el horno de fuego del capítulo 3 y
el foso de los leones del capítulo 6, esta es una de las historias más notables y memorables
de toda la Biblia. Volveremos a ver la verdad de Daniel 4:25, “el Altísimo domina sobre el
reino de los hombres y que lo da a quien le place” (cf. 5:21). Sí, nuestro Dios da reinos a
quien quiere, y también se los quita a quien quiere. Belsasar está a punto de descubrirlo
esta misma noche, en lo que Ken Gangel llama “la noche de las malas llamadas” (Daniel,
128). La escritura en la pared está en camino.

I. DIOS VE NUESTRO PECADO CUANDO NOS BURLAMOS DE SU GLORIA


DANIEL 5:1–4
El último rey babilónico, un hombre llamado Belsasar, decidió dar una gran fiesta incluso
cuando Darío el Medo (5:31; probablemente otro nombre para Ciro o incluso un título
dinástico) está a punto de invadir Babilonia y llevar su imperio a un rápido final. Llamar a
este acontecimiento una fiesta, resulta amable. La palabra “orgía” es probablemente más
apropiada. Y fue todo un acontecimiento, lo que aumenta la ironía y lo absurdo del
momento. Esta fiesta era “para mil de sus nobles”. Además, hizo algo que los reyes
normalmente no hacían: “bebió vino en su presencia” (v. 1). Dio el ejemplo de embriaguez,
sensualidad y jolgorio en esta fatídica noche. Sería el alma de la fiesta, aunque su propia
vida pronto llegaría a un abrupto final. ¡Qué tonto era Belsasar!
Sin embargo, su insensatez no se detuvo aquí. Decidió añadir a la lista la blasfemia, la
burla, la idolatría y la inmoralidad sexual. Mientras bebía y se emborrachaba, “ordenó traer
los vasos de oro y plata que Nabucodonosor su padre había sacado del templo que estaba
en Jerusalén” para que sus compañeros de juerga pudieran beber de ellos. El versículo 2
registra la orden; y el versículo 3, en un lenguaje casi idéntico utilizado para enfatizar la
blasfemia y la burla de la orden, registra la respuesta. Belsasar, junto con sus nobles, sus
numerosas esposas y concubinas, bebieron su vino de los vasos sagrados tomados del
templo de Yahvé. No les interesaba detenerse aquí, sino que añadieron la adoración
idolátrica a su comportamiento degradado, ya que alababan a “los dioses de oro y plata, de
bronce, hierro, madera y piedra” (v. 4). Esto casi parece una celebración olímpica,
considerando todo el oro, la plata y el bronce, pero no hay nada noble en esta noche de
libertinaje y burla.
El significado espiritual y teológico de todo esto no puede ser exagerado. El acto
pretende burlarse del Dios de Judá y celebrar que los dioses de Babilonia son superiores.
Aparecer en público y beber con sus invitados no era el protocolo tradicional de un rey
babilónico. Sin duda, Belsasar quería que este banquete fuera especial, y una forma de
hacerlo era hacer un espectáculo del Dios de Judá. Belsasar toma los vasos sagrados y los
trata como nada más que utensilios comunes. Luego va más allá y los utiliza en la adoración
de dioses falsos. Sus invitados reales, sus muchas esposas y sus concubinas (sus juguetes
sexuales humanos) se unieron a la frivolidad y a la perversidad de la noche. Tal vez Belsasar
estaba tratando de ganar el favor y la protección de sus falsos dioses con el enemigo a sus
puertas. Al confiar en esos dioses que no son dioses, está cometiendo el mayor error de su
vida. La sabiduría de Proverbios 6:12–15 (NBLA) está a punto de revelarse:
La persona indigna, el hombre malvado, es el que anda con boca perversa, el que guiña los
ojos, el que hace señas con los pies, el que señala con los dedos. El que con perversidad en
su corazón, continuamente trama el mal, el que siembra discordia. Por tanto, su desgracia
vendrá de repente; al instante será quebrantado, y no habrá remedio.

De hecho, la profecía de Isaías 47, dada más de cien años antes sobre la caída de Babilonia,
está a punto de cumplirse. Vale la pena prestar atención a Isaías 47:10–11 específicamente.
Allí la Palabra de Dios dice:
Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría y tu misma ciencia te
engañaron, y dijiste en tu corazón: Yo, y nadie más. Vendrá, pues, sobre ti mal, cuyo
nacimiento no sabrás; caerá sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar; y
destrucción que no sepas vendrá de repente sobre ti.

Bryan Chappell tiene razón: “No hay muro humano tan alto, ni logro humano tan
grande, que sea seguro contra el juicio de Dios” (The Gospel According to Daniel, 97).
Belsasar está a punto de aprender lo cierto que es esto. De hecho, todos deberíamos
aprenderlo antes de que sea demasiado tarde. Después de todo, hay un Belsasar acechando
en todos nuestros corazones. Todos necesitamos que Dios nos libre de nosotros.

II. DIOS CONFRONTRA NUESTROS PECADOS, Y DEBEMOS TEMBLAR CUANDO LO HACE


DANIEL 5:5–9
Los babilonios están teniendo una gala para recordar; están completamente fuera de la
realidad. El pecado hace esto. Nos hace aburridos. Nos vuelve estúpidos. Sinclair Ferguson
tiene razón:
Belsasar es quizás el paralelo supremo del Antiguo Testamento con el rico tonto de la
parábola de Jesús. Habiendo dado ya expresión a su lujuria por más (en el caso del tonto
rico su lujuria por más dinero), nunca estarían satisfechos sin más. Cegados por la
persecución de esa lujuria, eran ajenos a la posibilidad de que “¡Necio! Esta misma noche
te reclaman el alma; y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?” (Lc 12:20). (Daniel, 102)

De pronto (RVC, “en ese mismo instante”), el rey recobra sus sentidos completamente.
Estoy seguro de que Belsasar batió el récord de tiempo más corto que un borracho haya
tardado en recuperar la sobriedad. Ligon Duncan dice:
Desde los versículos 5–7 este hombre pasa de una ruptura con la realidad a una
comprobación de la misma. De repente, Belsasar es empujado a la realidad de la seriedad
del momento. (“The Handwriting on the Wall”)

¿Y qué le devolvió a la realidad? “Aparecieron los dedos de una mano humana y


comenzaron a escribir frente al candelabro sobre lo encalado de la pared del palacio del
rey” (v. 5). Sí, ¡creo que eso es lo más probable! Los mismos dedos que escribieron los Diez
Mandamientos para el pueblo hebreo (Éx 31:18; Dt 9:10) ahora confrontan al blasfemo
Belsasar con sus pecados y su inminente juicio. El versículo 6 registra su aterrorizada
respuesta en cuatro aspectos: (1) Su color facial cambió. Un rostro rojo por la bebida se
volvió rápidamente blanco como una sábana. (2) Su mente entró en un estado de confusión.
(3) Se quedó sin fuerzas. (4) Sus rodillas temblaban. Dale Davis proporciona un comentario
descriptivo y colorido sobre lo que podría haber estado sucediendo a este soberano que
temblaba sin parar:
El hecho de que Belsasar degradara las vasijas de Yahvé era su manera de degradar a Yahvé.
Belsasar no era simplemente un borracho desaliñado, sino un desaliñado profano. Sin
embargo, Dios lo llevó a una sobriedad casi instantánea. Belsasar se desmoronó: veía los
dedos de la mano de un hombre escribiendo en la pared del palacio. Se puso pálido como
la muerte, sus pensamientos lo aterrorizaron y la parte inferior de su cuerpo perdió toda la
fuerza. La clara visión y la espeluznante sensación de esos dedos escribiendo le produjeron
un terror paralizante (5–6)… Algunos piensan que “sus extremidades cedieron” (v. 6; lit.,
“los nudos de sus lomos se soltaron”) puede referirse a que perdió el control de la vejiga o
los intestinos. (The Message of Daniel, 74)

Creo que todos podemos admitir que si esta fue su reacción, ¡sería difícil culparlo!
El rey trata de recuperar la compostura, pero es un esfuerzo torpe y con tropiezos, por
decir lo menos. “El rey gritó fuertemente que trajeran a los encantadores, a los caldeos
[NVI, “astrólogos”] y a los adivinos”. Prometió a “estos sabios de Babilonia” (¡ja!) honor
(“vestidos de púrpura”), riqueza (“una cadena de oro”) y estatus (“la tercera posición más
alta del reino”, después de su padre Nabonido y de él mismo) si podían leer la escritura en
la pared y proporcionar la interpretación (v. 7). La insensatez de este movimiento solo se
suma a la insensatez de los versículos 1–4. Este grupo de cerebros, estos cardenales del
consejo, estos elitistas intelectuales, estos doctores que imponían el respeto del hombre
común demostraron una vez más ser totalmente inútiles. Estos supuestos “sabios de
Babilonia” no pudieron interpretar el sueño de Nabucodonosor en el capítulo 2 y tuvieron
que ser rescatados por Daniel. Lo mismo ocurrió de nuevo en el capítulo 4! Ahora, por
tercera vez, “todos los sabios del rey” son traídos y una vez más se echan a perder (v. 8).
La respuesta de Belsasar a estas alturas es risiblemente predecible (v. 9): “Y el rey
Belsasar se turbó en gran manera, su rostro palideció aún más [¡otra vez!]. También sus
nobles quedaron perplejos [NVI, “confundidos”]”. The Message dice: “Así que ahora el rey
estaba realmente asustado. Se le fue el color del rostro. Los nobles entraron en pánico”.
Belsasar ha sido confrontado con su pecado por un Dios santo y omnipotente, y con razón
tiembla. Las ideas prácticas y teológicas de Dale Davis son una vez más útiles al contemplar
el impacto que estos versículos deberían causar en nosotros:
¿Adónde se dirige uno en esos momentos? A la religión, por supuesto. O al menos eso es lo
que hizo Belsasar. Recurrió a su “fe”. Llamó a los prestidigitadores, a los caldeos y a los
astrólogos (7) para que vinieran a interpretar el texto misterioso. Así que estos perdedores
volvieron a entrar a trompicones (2:2, 10–11, 27; 4:7). Una vez más fracasan (8), y la alarma
de Belsasar se intensifica (9). Este es a veces el patrón de Dios: agravar nuestra impotencia
exponiendo la inutilidad de nuestros accesorios favoritos, incluso nuestros accesorios
religiosos favoritos. Puedes tener tu propio paganismo de elección —ocultismo, pluralismo,
machismo, feminismo, agnosticismo, moralismo— y resultarán tan petrificantemente
inútiles como la variedad babilónica.
El desafío humano es bastante claro, pero se puede preguntar dónde aparece la
oportunidad divina. Precisamente aquí, al final del versículo 9. Dios ha asustado a Belsasar;
la religión le ha fallado; se ha visto reducido a añicos, tembloroso y lloroso, y sin ayuda
alguna. Está, pues, al borde del abismo de la esperanza, ¿no es así? Es objeto del terror de
Dios, pero en un sentido es un terror amable. Dios le hace a Belsasar el favor de dejarlo sin
ningún recurso, en la más absoluta impotencia, y por lo tanto con una enorme oportunidad.
Cada vez que Dios lleva a un hombre al final de sí mismo, destruyendo todos sus apoyos y
destruyendo sus ídolos, es un momento realmente favorable. Si dicho hombre es capaz de
verlo. (Message of Daniel, 74–75)

III. DIOS EXPONE NUESTROS PECADOS, Y SE NOS ENCUENTRA EN FALTA


DANIEL 5:10–28
Hemos llegado al momento de la crisis, el momento de la verdad. David Dorsey llama a los
versículos 10–12 el “punto de inflexión”, y los ve como el ápice de un capítulo 5 ordenado
en forma de quiasmo.
Relato 5: La fiesta de Belsasar (5:1–31 [5:1–6:1])
A Introducción: Belsasar en la prosperidad; su fiesta y burla de los vasos de Yahvé
(5:1–4)
B Escritura en la pared (5:5–6)
C Se llama a los magos; los magos no interpretan la escritura (5:7–9)
D PUNTO DE INFLEXIÓN: Se recuerda a Daniel (5:10–12)
C’ Se convoca a Daniel; se relata el fracaso de los magos (5:13–16)
B’ Escritura en la pared interpretada por Daniel (5:17–28)
A’ Conclusión: Daniel es honrado y el reino de Belsasar es derrocado (5:29–31
[5:29–6:1])
Dorsey señala: “La repetición estructurada se utiliza a lo largo de Daniel para enfatizar
los dos temas principales del libro: la supremacía de Yahvé sobre todos los poderes
terrenales y la importancia de que los judíos permanezcan fieles a su Dios incluso en el
exilio”. Estos dos temas se enfatizan de nuevo, dice Dorsey, “por los relatos coincidentes
sobre la supremacía de Yahvé sobre los dos poderosos y orgullosos monarcas babilónicos:
Nabucodonosor y Belsasar (caps. 4, 5)” (Literary Structure of the Old Testament, 261–62).
Al oír el fuerte grito del rey y sus señores, la reina, probablemente la madre de Belsasar,
“entró en la sala del banquete” (5:10). Se dirige respetuosamente al rey de forma tradicional
(“¡Oh rey, viva para siempre!”) y le dice que se controle porque:
Hay un hombre en su reino en quien está el espíritu de los dioses santos. Y en los días de su
padre se halló en él luz, inteligencia y sabiduría como la sabiduría de los dioses. Y su padre,
el rey Nabucodonosor, lo nombró jefe de los magos, encantadores, caldeos y adivinos,
debido a que se halló un espíritu extraordinario, conocimiento e inteligencia, interpretación
de sueños, explicación de enigmas y solución de problemas difíciles en este hombre, Daniel,
a quien el rey llamaba Beltsasar. (5:11–12)

Por eso aconseja que se llame a Daniel para que salga de la oscuridad y se retire “y él
declarará la interpretación”.
Daniel, el hombre de Dios, es llevado ante el rey. Es posible que haya un sutil insulto
dirigido al anciano, que probablemente tenga ya más de ochenta años, ya que se refiere a
él como uno “de los deportados de Judá” (v. 13). Curiosamente, el rey lo llama por su
nombre judío. Sin embargo, Belsasar repite los elogios de la reina madre sobre Daniel,
revelando que su reputación le precede (v. 14). El rey relata el fracaso de sus impotentes
adivinos (v. 15) y reafirma su promesa de púrpura, oro y ascenso a tercer gobernante del
reino si Daniel puede interpretar la letra de la pared (v. 16).
La respuesta de Daniel no es irrespetuosa, pero sí directa. El rey puede quedarse con
sus regalos o dárselos a otro; Daniel no los necesita ni los quiere. Sin embargo, “leerá la
inscripción para el rey y le dará a conocer la interpretación” (v. 17). (Como apunte, ¡es un
buen resumen de exposición bíblica fiel!). Pero antes de que Daniel interprete la escritura,
hace un poco de predicación y enseña a Belsasar la historia reciente y la teología bíblica.
Obsérvese que en los versículos 18–28 se hace referencia a Dios cinco veces. Se le llama “el
Dios Altísimo” (vv. 18, 21), “el Señor del cielo” (v. 23), y “el Dios que tiene en Su mano su
propio aliento” (v. 23). He aquí un resumen de su mensaje en forma de esquema:
• El Dios Altísimo le dio a tu predecesor Nabucodonosor su reino con la gloria y los
privilegios que conlleva tal posición (5:18–19).
• Su padre se volvió arrogante y orgulloso, por lo que Dios lo bajó y lo hizo vivir como
una bestia con animales como bueyes y asnos. Dios hizo esto para que supiera que
“el Dios Altísimo es soberano de los reinos humanos y pone sobre ellos a quien
quiere” (vv. 20–21).
• ¡Tú, Belsasar, eres igual que él, y deberías saberlo mejor! Eres aún más responsable
que tu predecesor. Has blasfemado y te has burlado de Dios con tu jolgorio e
idolatría. De hecho, “no has glorificado al Dios que tiene tu aliento vital en su mano
y que controla todo el curso de tu vida” (vv. 22–23).
• Por lo tanto, el Dios Altísimo ha expuesto tu pecado, ha pesado tus acciones
malvadas y perversas, y has sido hallado falto (vv. 24–28).
Los versículos 24–28 requieren más atención si queremos entender lo que estaba
escrito en la pared. La escritura en la pared estaba inscrita en arameo como “MENE, MENE,
TEKEL y UFARSIN” (5:26). No habría habido marcas vocales, y las letras habrían ido
consecutivamente. El primer paso de Daniel es separar correctamente las letras en las
divisiones de palabras apropiadas. Esto da cuatro palabras a la inscripción que dice:
“numerado, numerado, pesado, dividido”. A continuación, Daniel proporciona la
devastadora interpretación en los versículos 26–28 (NBLA):
Dios ha contado su reino y le ha puesto fin… ha sido pesado en la balanza y hallado falto de
peso… su reino ha sido dividido y entregado a los medos y persas.

Dios está cerrando los libros del reino de Belsasar. El estándar de medición de Dios
demuestra que el rey es un peso ligero, un perdedor. Desafió al Dios Altísimo y perdió. Se
pasó de la raya y se acabó el espectáculo. Dios vio su pecado al igual que ve el pecado de
todos, y el tiempo de ajuste de cuentas ha llegado, como lo hará para todos los que se
niegan a inclinarse y someterse humildemente al “Dios Altísimo”. Recuerden, se acerca un
día en el que:
[…] toda rodilla se doblará, en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua
confesará que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Fil 2:10–11, Traducción del
autor)

IV. DIOS TRATA NUESTROS PECADOS DE FALTA DE ARREPENTIMIENTO CON UN JUICIO


APROPIADO

DANIEL 5:29–31
Apaga las luces, se acabó la fiesta. Dile a la banda que pueden irse a casa y que no tienen
que volver. ¡Nunca! “El Dios Altísimo” está sacando a Belsasar y estableciendo un nuevo
monarca mundial llamado Ciro, aquí identificado como Darío el Medo (5:30–31).
Dale Davis señala que “los capítulos 2; 3 y 4 terminan con alguna ‘confesión’ de
Nabucodonosor (2:46–47; 3:28–29; 4:34–37), pero no hay nada de eso al final del capítulo
5” (Message of Daniel, 71). Belsasar no mostró signos de arrepentimiento por su arrogancia,
blasfemias, idolatría, orgullo y sensualidades. Sin embargo, y probablemente a
regañadientes, cumplió su palabra con Daniel. Al igual que el malvado rey Herodes, que
asesinó a Juan el Bautista, no cabe duda de que estaba “muy arrepentido” por su juramento
(Mr 6:26). Pero para salvar la cara, tuvo que cumplir su palabra. Cuántas veces nuestras
palabras se vuelven contra nosotros!
“Belsasar dio una orden”, y Daniel se vistió de púrpura, recibió su cadena de oro y fue
levantado para ser el “tercero en el reino” (5:29). Una vez más Dios honró a su fiel siervo en
este mundo hostil y pagano. Daniel había sido enviado al retiro por hombres de poder. Dios
lo sacó del retiro y lo hizo “tercer gobernante en el reino”. Después de Nabónido y su hijo
Belsasar, nadie era más poderoso que el deportado de Judá (cf. v. 13).
El ascenso de Daniel en el Imperio Babilónico fue de corta duración. Fue como conseguir
un ascenso el día antes de que la empresa quebrara. Fue como recibir una medalla el día en
que tu bando perdió la guerra. Su título duró solo una noche. Sin embargo, Darío reconocerá
sabiamente el valor de este hombre de Dios en los días siguientes (cf. 6:3). “Aquella misma
noche fue asesinado Belsasar, rey de los caldeos” (5:30), no exactamente como él esperaba
que terminara su fiesta.
Según los historiadores griegos Heródoto (siglo V a. C.) y Jenofonte (ca. 434–355 a. C.),
el ejército medo-persa no intentó asaltar las inexpugnables murallas babilónicas, que tenían
al menos cuarenta pies de altura y veinticinco de anchura. Hay que señalar que Heródoto
exclamó: “Babilonia supera en maravilla a cualquier ciudad del mundo conocido”, y dijo que
las murallas tenían cincuenta y seis millas de largo, ochenta pies de espesor y trescientos
veinte pies de altura. Si bien esto puede haber sido una exageración (¿treinta pisos de
altura?), nadie niega su magnificencia. Entonces, ¿cómo entraron los medo-persas en la
ciudad?
Desviaron el agua del río Éufrates (que corría bajo las murallas de Babilonia) a un pantano.
Al bajar el nivel del agua, los soldados pudieron vadear el río bajo las murallas y entrar en la
ciudad. Jenofonte añadió que la ciudad fue invadida mientras los babilonios estaban de
fiesta en un momento de jolgorio ebrio… De hecho, Jenofonte citó la fiesta como la razón
por la que los persas decidieron atacar Babilonia en esa noche en particular. (Miller, Daniel,
167)

Las fechas fueron el 11 y 12 de octubre de 539 a. C. (ibid.).


Belsasar es derrotado “y Darío el Medo recibió el reino [de Dios] cuando tenía sesenta
y dos años” (v. 31). El rey de Babilonia había desafiado y se había burlado del Dios Altísimo,
y no fue un concurso. Había sido confrontado con su pecado y no mostró ningún
arrepentimiento. Así que Dios lo eliminó. En esta ocasión el juicio de Dios no vino
gradualmente, como una rana que se hierve en una tetera. Cayó como un rayo del cielo.
Para los que conocían las Escrituras, esto no era una sorpresa. Los profetas de Dios ya
habían establecido el destino de Babilonia: este reino era una moda pasajera, que hoy está
aquí y mañana se va (véase Is 21:1–10; Jer 50–51). Sinclair Ferguson nos remite a la
sabiduría de Proverbios (Daniel, 114):
El que es reacio a las reprensiones será destruido de repente y sin remedio. (Pr 29:1, NVI)

¿Hasta cuándo, muchachos inexpertos, seguirán aferrados a su inexperiencia? ¿Hasta


cuándo, ustedes los insolentes, se complacerán en su insolencia? ¿Hasta cuándo, ustedes los
necios, aborrecerán el conocimiento? Respondan a mis reprensiones, y yo les abriré mi
corazón; les daré a conocer mis pensamientos. Como ustedes no me atendieron cuando los
llamé, ni me hicieron caso cuando les tendí la mano, sino que rechazaron todos mis consejos
y no acataron mis reprensiones, ahora yo me burlaré de ustedes cuando caigan en desgracia.
Yo seré el que se ría de ustedes cuando les sobrevenga el miedo. (Pr 1:22–26, NVI)

En Apocalipsis 18 leemos sobre la destrucción de Babilonia, ese sistema mundial


malvado y perverso que se opone al reino de Dios económica, moral, política y
espiritualmente. En Daniel 5, hemos recibido un anticipo de ese día escatológico. Aquí
encontramos palabras de sabiduría, palabras de advertencia.
CONCLUSIÓN: ¿DÓNDE ESTÁ CRISTO EN ESTE TEXTO?
En la historia de la escritura de Dios en la pared, un exiliado hebreo sale de la nada para
enfrentarse a los poderes de este mundo con sus pecados de blasfemia, burla, arrogancia,
orgullo e idolatría. Dado que Daniel ha estado fuera de la escena histórica durante muchos
años, es casi como si hubiera resucitado de entre los muertos. Es un hombre de carácter
impecable que no puede ser comprado ni seducido por los ídolos de este mundo. ¿Por qué?
Porque en este hombre de sabiduría insuperable está el Espíritu del Dios Santo. De hecho,
incluso los paganos reconocen su buen testimonio (5:11; cf. 3 Jn 11–12), reconociendo que
tiene “un espíritu extraordinario, conocimiento e inteligencia, interpretación de sueños,
explicación de enigmas y solución de problemas difíciles” (5:12; cf. 6:3).
Esto suena bastante familiar con respecto a otro exiliado de Judá, uno que entra en
escena en el primer siglo, un hombre con el nombre de Jesús que dijo de sí mismo: “El
Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido” (Lc 4:18). Más tarde no nos
sorprende escuchar que incluso sus enemigos admitan: “¡Jamás hombre alguno ha hablado
como este hombre habla!”. (Jn 7:46). Es difícil negar que Daniel tipifica en nuestro texto al
Mesías venidero. Este siervo del Señor prefigura al Siervo del Señor sobre el que descansa:
[…] el Espíritu del Señor, Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de poder,
Espíritu de conocimiento y de temor del Señor. (Is 11:2, NBLA)
La sabiduría, las capacidades y la posición de Daniel se asemejan en muchos aspectos a
las del patriarca José (Gn 37–50), por lo que su vida se refleja hacia atrás. Sin embargo,
como mediador de la sabiduría de Dios para la humanidad pecadora, su vida mira hacia el
mediador definitivo entre Dios y la humanidad, el Señor Jesucristo (1 Ti 2:5), aquel a quien
Pablo llama “la sabiduría de Dios” en 1 Corintios 1:24, aquel en quien “están escondidos
todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col 2:3).

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Por qué cree que somos propensos a considerarnos indestructibles o intocables?
¿Cómo puede ver esta tendencia en su propia vida?
2. ¿Cómo sirven las acciones de Belsasar para burlarse de Dios y de su gloria? ¿De qué
otras maneras nos burlamos implícitamente de la gloria de Dios?
3. ¿De qué manera intentamos a menudo protegernos contra el juicio de Dios? ¿Cómo
tratamos de convencernos de que estamos fuera de su alcance?
4. ¿Cómo y por qué el pecado nos vuelve insensatos?
5. ¿Qué tipo de cosas utiliza Dios para despertarnos a la insensatez de nuestro pecado?
¿Qué se siente cuando él hace esto?
6. ¿Cómo los actos de disciplina de Dios son también actos de gracia?
7. ¿Cómo modela Daniel la exposición bíblica fiel en su interpretación del sueño?
8. ¿Cómo continúa Belsasar los pecados de su predecesor, Nabucodonosor?
9. ¿En qué se diferencia la respuesta de Belsasar a Dios de la de Nabucodonosor?
10. ¿Cómo prefigura Daniel a Jesús en este pasaje? ¿De qué manera Jesús media más
perfectamente entre Dios y el hombre que Daniel?
6. DANIEL Y EL FOSO DE LOS LEONES
DANIEL 6:1–28

Idea principal: Aunque seguir a Dios fielmente puede ser costoso, Él es el Señor de todo y
es capaz de liberar a su pueblo. Su victoria final se logra en Jesús.
I. Honre a Dios y deje que sea Él quien le exalte (6:1–4)
A. Camine en el Espíritu (6:1–3)
B. Sirva fielmente (6:4)
II. Sea fiel a Dios aunque le cueste (6:5–15)
A. Los hombres malvados tratarán de atrapar a un hombre piadoso (6:5–9)
B. Los hombres piadosos permanecerán fieles a Dios pase lo que pase (6:10–15)
III. Confíe en que Dios es capaz de librarle (6:16–24)
A. Podemos descansar en el plan de Dios (6:16–18)
B. Podemos estar seguros del poder de Dios (6:19–24)
IV. Reconozca que Dios le usará para hacer su nombre famoso entre las naciones (6:25–
28)
A. Dios puede hacer que los incrédulos reconozcan su grandeza (6:25–26)
B. Dios puede incluso utilizar a los incrédulos para proclamar su gloria (6:26–28)

De todas las historias emocionantes del libro de Daniel, ninguna es más famosa que la que
se encuentra en el capítulo 6. Provoca nuestra imaginación. Hace que nuestros corazones
se aceleren. Inmediatamente percibimos similitudes con la historia de Sadrac, Mesac y
Abednego y el horno de fuego del capítulo 3. Y la idea de que un hombre fiel de ochenta
años sea arrojado a un pozo con leones voraces simplemente por orar nos atrapa de una
manera casi inexplicable. Parece completamente injusto porque lo es.
Es decepcionante, pero no sorprendente, encontrar estudiosos liberales que cuestionan
la autenticidad e historicidad de este evento. Algunos la califican de cuento popular o
fábula, una historia inventada y ficticia. Ellos, por supuesto, hicieron lo mismo con la historia
del horno de fuego. Atacaron, señalando que Darío el Medo nunca se menciona fuera de la
Biblia, y sugiriendo que el autor de Daniel, alguien que escribió mucho más tarde, se
confundió y utilizó a Darío el Persa (521–486 a. C.; véase Neh 12:22) en esta narración
ficticia. Sin embargo, es posible que Darío funcionara como un título y no como un nombre
propio. Es posible que Darío el Medo se refiera a un hombre llamado Gubaru, que sirvió
como gobernador de Babilonia bajo Ciro el Grande. O podría ser, como creo que es, otra
designación del propio Ciro, rey sobre el Imperio Medo-Persa. De ser así, entenderíamos
que Daniel 6:28 dice: “Y este mismo Daniel prosperó durante el reinado de Darío y durante
el reinado de Ciro el Persa”, una interpretación perfectamente legítima. Sinclair Ferguson
ofrece una perspectiva útil sobre todo esto cuando escribe:
Es un triste reflejo de la erudición bíblica del último siglo que en asuntos como este la Biblia
haya sido tratada como culpable hasta que se demuestre su inocencia. Esta actitud
contrasta con la credibilidad otorgada a otros textos no bíblicos de la misma época.
Tenemos que recordar constantemente que nadie llega a la Escritura con una mente libre
de un compromiso de fe; uno tendrá fe en la Escritura como Palabra de Dios o su actitud
será de incredulidad, rechazando el testimonio de la Escritura sobre su propia fiabilidad. La
Palabra de Dios, como el reino de Dios, permanecerá cuando todas las teorías que proponen
su inexactitud se hayan desmoronado. Uno recuerda cómo un libro del siglo XIX que atacaba
la fiabilidad de la Escritura fue posteriormente pulido y el papel reciclado se utilizó para
imprimir Biblias. (Daniel, 116–17)

Por tanto, nos acercamos con gusto y confianza a este pasaje como una historia real
sobre un hombre real que, gracias a una protección sobrenatural, escapó de las garras y los
dientes de leones reales para que las naciones supieran que el Dios de Daniel “el Dios
viviente que permanece para siempre, y Su reino no será destruido y Su dominio durará
para siempre” (6:26). En la locura del mal de este texto se despliega un método misionero
que Dios utiliza para el bien (cf. Gn 50:20).
Nuestro Dios, en este pasaje, se glorificará entre las naciones al rescatar a uno de sus
hijos que confió en él sin importar lo que pasara. También nos mostrará que hay momentos
y formas de ejercer la desobediencia civil porque, como dijo Pedro en Hechos 5:29, “Hay
que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Para el devoto seguidor del Rey Jesús, el
César siempre perderá frente a Cristo cuando se trate de lealtad, obediencia y adoración.
Siempre.

I. HONRE A DIOS Y DEJE QUE SEA ÉL QUIEN LE EXALTE


DANIEL 6:1–4
Joel Belz ha dicho bien:
Daniel… marcó la pauta para los cristianos que ocuparían cargos públicos. Se tomaba en
serio el trabajo de la administración pública, pero se tomaba aún más en serio el hecho de
ser conocido como un siervo de Dios, decidido a seguir los preceptos de Dios sin importar
el costo… Nuestra sociedad podría necesitar más líderes políticos como Daniel. (“Dare to Be
a Daniel”)

Daniel había gobernado con “luz, inteligencia y sabiduría” bajo Nabucodonosor (5:11).
Tenía fama de ser un hombre con “un espíritu extraordinario” (5:12), como alguien que
tenía en su interior “un espíritu de los dioses” (o “Espíritu de Dios”; 5:14). “Luz, inteligencia
y extraordinaria sabiduría” (5:14) eran palabras asociadas a él, que continuaron hasta el
reinado de Belsasar, el último rey babilónico. Parece que Darío compartía su opinión y
nombró a Daniel para un puesto de liderazgo importante. Fue una buena elección y una
sabia decisión.

A. Camine en el Espíritu (6:1–3)


Darío estableció rápidamente su gobierno con “120 sátrapas” o distritos administrativos
que cubrían todo el reino (v. 1). Sobre estas regiones más pequeñas nombró “tres
administradores”, tres gobernantes superiores a los que estos “sátrapas rindieran cuenta…
para que el rey no fuera perjudicado” (v. 2). Parece que la corrupción gubernamental no es
un invento moderno.
Daniel era uno de los tres administradores y, para sorpresa de todos, “Daniel sobresalía
entre los funcionarios y sátrapas”, de modo que “el rey planeó ponerlo al frente de todo el
reino” (v. 3). Daniel sobresalía. Estaba por encima de los demás. ¿Cuál fue la clave del éxito
de Daniel? Fue “porque tenía un espíritu extraordinario”. Esto se había convertido en el
testimonio constante de Daniel desde hacía algún tiempo. En Daniel 4:8, Nabucodonosor
vio en Daniel “el espíritu de los dioses santos” (o “el Espíritu del Dios Santo”). Lo vuelve a
constatar en 4:18. La reina lo reafirmará en 5:12, y Belsasar se unirá al coro en 5:14. El
ascenso de Daniel en el poder no debe atribuirse tanto, si es que lo hace, a su capacidad
natural o a sus excepcionales dotes. Se debe atribuir a su caminar con Dios y a la obra de
Dios en su vida. Daniel era un hombre de Santiago 3:17 que poseía la sabiduría espiritual
que viene de lo alto. Era el hombre que Dios había hecho que fuera (cf. Sal 92:12–15).

B. Sirva fielmente (6:4)


La cima puede ser solitaria. El éxito puede multiplicar tus enemigos. Las bendiciones de los
justos pueden despertar los celos de los malvados. Estos tres proverbios se aplican
directamente a Daniel. Aquellos que son bendecidos y honrados por el Señor pueden
esperar que el mismo trío venga a su manera también.
Daniel no solo poseía “un espíritu extraordinario” (v. 3), sino que “era fiel, y ninguna
negligencia ni corrupción podía hallarse en él” (v. 4). Nos recuerda al fiel José en Egipto en
el libro del Génesis (Gn 37–50). Sin embargo, la envidia y los celos de los otros dos
administradores y de los sátrapas les movieron a derribar a Daniel, “tratando de encontrar
una acusación contra Daniel en relación con el reino”. Solo tenían un problema: “No
pudieron encontrar ningún motivo de acusación ni evidencia alguna de corrupción, por
cuanto… ninguna negligencia ni corrupción podía hallarse en él”. Daniel siempre hizo lo que
debía, y nunca hizo lo que no debía. Como deben ser todos los que siguen al Mesías Jesús,
era un trabajador y empleado modelo. Proverbios 20:6 dice: “Muchos hombres proclaman
su propia lealtad, Pero un hombre digno de confianza, ¿quién lo hallará?”. Bueno, Darío
había encontrado una persona así en Daniel. Por la gracia de Dios y para su gloria, que
también sea cierto para usted y para mí.

II. SEA FIEL A DIOS AUNQUE LE CUESTE


DANIEL 6:5–15
En Ezequiel 14:14 y 20 el profeta pone a Daniel en el mismo plano que Noé y Job en cuanto
a sus vidas justas. Lo que está a punto de ocurrir no deja lugar a dudas sobre la corrección
de la evaluación de Ezequiel sobre su contemporáneo. “La relación de Daniel con el Señor
no estaba orientada a la crisis” (Swindoll, Daniel, 53). Era un camino consistente con Dios
que la gente veía diariamente. Y cuando se presentaban emergencias o crisis, Daniel ya
estaba preparado para enfrentarlas y manejarlas. Su comunión diaria con Dios había
moldeado de tal manera su carácter que estaba preparado sin importar lo que sucediera.
La decisión de ir al foso de los leones se había tomado muchos años antes. El costo ya había
sido considerado. No ser fiel a su Dios nunca fue una opción.

A. Los hombres malvados tratarán de atrapar a un hombre piadoso (6:5–9)


Debemos esperar que el mundo y el maligno nos ataquen como pueblo de Dios. Génesis
3:15 predijo que habría una continua hostilidad entre el pueblo de Dios y el de Satanás.
Vemos esto en todo el Antiguo Testamento. Lo vemos aquí en Daniel. Satanás y sus reinos
mundanos están en conflicto con Dios y permanecerán así hasta el final de la era (Ap 17–
19).
Jesús advirtió a sus discípulos sobre la persecución. Antes de ir a la cruz —donde tuvo
lugar la máxima persecución, donde la serpiente golpeó el talón de la Semilla— Jesús dijo
que el mundo odiará a sus seguidores y nos perseguirá. Esto es porque lo odiaba a él. Jesús
dice en Juan [Link] “En el mundo tienen tribulación”. Pablo nos dice en 2 Timoteo 3:12,
“todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos”. Pedro,
dirigiéndose a los exiliados cristianos en 1 Pedro 4:12–14, escribe (con una posible alusión
al libro de Daniel):
Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para
probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo. Antes bien, en la medida
en que comparten los padecimientos de Cristo, regocíjense, para que también en la
revelación de Su gloria se regocijen con gran alegría. Si ustedes son insultados por el nombre
de Cristo, dichosos son, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre ustedes.

Los enemigos de Daniel se sintieron frustrados al no poder encontrar ningún acto de


corrupción o negligencia en su servicio al rey. Era un hombre de absoluta integridad (cf. 1
Ti 3:1–2). Su trayectoria era intachable. Sin embargo, podría haber un área de su vida donde
podrían atraparlo: su fe y devoción a su Dios (v. 5). Si se trata de honrar la ley de su Dios o
la “ley de los medos y persas” (v. 8), ¡sabemos qué elegirá!
Así que estos rivales políticos dejaron de lado sus propias diferencias, cerraron filas,
tramaron un plan y se lanzaron a la yugular del hombre de Dios. Planeaban tenderle una
trampa. (La prefiguración de Herodes y Pilato en la ejecución de nuestro Salvador es
demasiado obvia para pasarla por alto). Los conspiradores vinieron a Darío y presentaron
un frente unido, comenzando con las habituales palabras de exageración real: “Rey Darío,
viva para siempre”. Por supuesto, solo un Rey vivirá para siempre, y su nombre no es Darío.
Luego comparten su idea para honrar al rey, mintiendo descaradamente en el proceso:
Todos los funcionarios del reino, prefectos, sátrapas, altos oficiales y gobernadores, han
acordado que el rey promulgue un edicto y ponga en vigor el mandato de que cualquiera
que en el término de treinta días haga petición a cualquier dios u hombre fuera de usted, oh
rey, sea echado en el foso de los leones. (v. 7)
No todos estaban de acuerdo en convertir a Darío en dios durante un mes. Daniel
ciertamente no lo estaba, pero sus enemigos no iban a dejar que la verdad se interpusiera
en su malvada agenda. Su objetivo no era ver a Daniel degradado. Su objetivo era ver a
Daniel muerto.
Persuadieron al rey para que firmara su declaración como ley para que “conforme a la
ley de los medos y persas… no [pueda] ser revocada” (v. 8). Jugar con la arrogancia y el
orgullo de Darío funcionó, como suele ocurrir con los hombres y mujeres pecadores. La
vanidad es un vicio que te hará actuar como un tonto, y Darío se hizo el tonto. El versículo
9 es simple y directo: “Por tanto, el rey Darío firmó el documento, esto es, el mandato”.
Halagar al rey y acariciar su ego funcionó. La trampa estaba preparada.

B. Los hombres piadosos permanecerán fieles a Dios pase lo que pase


(6:10–15)
El carácter cristiano no se forja en el momento de la adversidad. El carácter cristiano se
revela en el momento de la adversidad. Daniel se da cuenta de que se ha firmado el
documento que honra a Darío como deidad exclusiva del imperio. Su forma de reaccionar
es hacer lo que siempre ha hecho. Obedece a Dios antes que a los hombres y continúa con
un patrón de devoción espiritual que ha marcado su vida durante años, un patrón que sus
enemigos conocían bien. Fue a su casa y subió al lugar de oración, donde sus ventanas
estaban abiertas hacia Jerusalén. Entonces se puso de rodillas y oró tres veces ese día y los
días siguientes, dando gracias a Dios, “como solía hacerlo antes” (v. 10). John Piper llama a
esto “oración atrevida, desafiante y disciplinada”, señalando que la oración pública de
Daniel no era un espectáculo orgulloso, sino un testimonio público. Era “una declaración
pública de la gloria de Dios sobre la gloria de Darío” (“El desafío de Daniel”). Daniel no se
tomó un mes de descanso. No se retiró a una habitación privada para orar. Había honrado
a Dios de esta manera toda su vida en Babilonia, y no dejaría de hacerlo ahora, ni por un
mes, ni por un momento. Al igual que Pablo en Filipenses 3:20 y Pedro en 1 Pedro 2:11–12,
sabía que era un exiliado en un mundo, una ciudad, que no era su hogar.
No conocemos el contenido de la oración de Daniel. Me pregunto si tal vez oró el Salmo
57, un salmo de David sobre cuando huyó de Saúl y se escondió en una cueva. Era un salmo
apropiado para David. También es un salmo apropiado para Daniel. De hecho, las palabras
encajan perfectamente en la situación de Daniel. Allí leemos:
Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí,
Porque en Ti se refugia mi alma;
En la sombra de Tus alas me ampararé
Hasta que la destrucción pase.
Clamaré al Dios Altísimo,
Al Dios que todo lo hace para mí.
Él enviará desde los cielos y me salvará;
Él reprocha al que me pisotea. Selah

Dios enviará Su misericordia y Su verdad.


Mi alma está entre leones;
Tengo que acostarme entre los que vomitan fuego;
Entre los hijos de los hombres, cuyos dientes son lanzas y saetas,
Y cuya lengua es espada afilada.
Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;
Sea Tu gloria sobre toda la tierra.
Han tendido una red para mis pasos;
Mi alma está abatida;
Han cavado una fosa delante de mí,
Pero ellos mismos han caído en medio de ella. Selah

Firme está mi corazón, oh Dios, mi corazón está firme;


¡Cantaré y entonaré salmos!
¡Despierta, gloria mía!
¡Despierten, arpa y lira!
¡A la aurora despertaré!
Te alabaré entre los pueblos, Señor;
Te cantaré alabanzas entre las naciones.
Porque grande, hasta los cielos, es Tu misericordia,
Y hasta el firmamento Tu verdad.
Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;
Sobre toda la tierra sea Tu gloria.

Los enemigos de Daniel estaban preparados y esperando. Vieron lo que hizo Daniel (Da
6:11) e inmediatamente lo pusieron en conocimiento del rey (v. 12). Incluso añadieron un
poco de antisemitismo cuando hicieron su acusación (“Daniel, uno de los deportados de
Judá”). Darío “se disgustó mucho” ante la situación y trató de encontrar una manera de
liberar a un hombre que obviamente admiraba, apreciaba y respetaba (v. 14).
Lamentablemente, se metió en su propia trampa y fue atrapado. Sus malvados
administradores le recordaron una vez más (el decreto se menciona cuatro veces para dar
énfasis y efecto) la naturaleza vinculante de la ley de los medos y los persas (v. 15). Cuando
el rey dicta una ley, incluso él está obligado a cumplirla. Más importante aún, estos hombres
malvados habían contado con que Daniel sería fiel a su Dios, y lo había sido. Daniel sabía
que la fidelidad pasada no sustituiría a la fidelidad presente. De hecho, el pasado
simplemente lo había preparado para el presente y el futuro. ¡Qué testimonio! ¡Qué
testimonio es saber que se puede contar con que el hombre de Dios sea un hombre de Dios!

III. CONFÍE EN QUE DIOS ES CAPAZ DE LIBRARLE


DANIEL 6:16–24
No tenemos ninguna razón para dudar de que Daniel conocía a Ananías, Misael y Azarías
y su experiencia con el horno de fuego del capítulo 3. Ahora no tenemos ninguna duda de
que Daniel es de la misma constitución y convicción que ellos cuando dijeron:
Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente [para Daniel, del
foso de los leones], Y de su mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, ha de saber, oh rey,
que no serviremos a sus dioses ni adoraremos la estatua de oro que ha levantado. (Da 3:17–
18)

Los tres hebreos le dijeron a Nabucodonosor que su lealtad a Dios siempre triunfaba
sobre el gobierno o cualquier otro ídolo. Lo mismo le dice Daniel a Darío. La fidelidad a Dios
no está sujeta a debate ni a votación (cf. Hch 4:19–20). Para los cuatro hombres hebreos,
esta cuestión estaba resuelta en sus corazones mucho antes de enfrentarse a su desafío.

A. Podemos descansar en el plan de Dios (6:16–18)


Muy a su pesar, Darío ordenó que Daniel fuera arrojado “en el foso de los leones” (v. 16).
El foso era probablemente una fosa con una abertura en la parte superior. Cuando Daniel
estaba a punto de ser arrojado al foso, su amigo, el rey, le habló a Daniel: “El Dios tuyo, a
quien tú continuamente sirves, él te libre”. Stephen Miller señala: “La preocupación de
Darío por su amigo es conmovedora… Las palabras expresan la esperanza del rey” (Daniel,
185). Sin embargo, Daniel no descansaba en la preocupación del rey ni en su esperanza.
Descansaba en la providencia y la soberanía de su Dios.
Daniel fue arrojado al foso de los leones, y “trajeron una piedra y la pusieron sobre la
boca del foso” (v. 17). Supongo que esto fue para asegurarse de que el anciano de ochenta
años no saliera. El rey también selló la tumba de Daniel “con su anillo y con los anillos de
sus nobles, para que nada pudiera cambiarse de lo ordenado en cuanto a Daniel”. Solo
podemos imaginar la alegría de estos señores al asistir a esta ceremonia y firma en el “Jardín
de las Rosas”.
Darío no compartió su alegría. El versículo 18 nos informa: “Después el rey se fue a su
palacio y pasó la noche en ayuno. Ningún entretenimiento fue traído ante él [RVC,
“instrumentos de música”], y se le fue el sueño”. Sin duda, los señores de Darío estaban de
fiesta. No así el rey. Nada de comida. Nada de fiesta. No hay música. Sabía que le habían
jugado una mala pasada, y eso le había costado la vida de su leal amigo. Ligon Duncan
señala:
Por supuesto, este pasaje tiene un asombroso parecido con Mateo 27:65–66, donde
leemos: “Pilato les dijo: ‘Una guardia tienen; vayan, asegúrenlo como ustedes saben’, Y
fueron y aseguraron el sepulcro; y además de poner la guardia, sellaron la piedra”. Así como
Daniel fue sellado en el foso de los leones, así también Cristo fue sellado en la tumba, y esta
fue la forma en que el insignificante gobernante humano selló el destino de estos dos
grandes siervos del Señor. Y en ambos casos, ese sellado humano condujo a una mayor
gloria para Dios, cuando sacó a Daniel del foso y levantó a Cristo de la tumba.
No es de extrañar que la Iglesia primitiva viera en Daniel en el foso de los leones, una
prefiguración de la resurrección del Señor, pues así como Daniel fue sacado de un foso que
había sido sellado por los anillos oficiales de los gobernantes, así el Señor Jesucristo fue
resucitado de una tumba que había sido sellada por esos funcionarios con sus anillos de
poder. (“Daniel in the Lion’s Den”)

B. Podemos estar seguros del poder de Dios (6:19–24)


Al igual que María Magdalena y la otra María de Mateo 28:1, Darío fue “al amanecer, al
rayar el alba” (v. 19) a la tumba que contenía lo que podía quedar del cuerpo de Daniel. Al
acercarse al foso de los leones, “con voz angustiada… ‘Daniel, siervo del Dios viviente, tu
Dios, aquien sirves con perseverancia, ¿te ha podido librar de los leones?” (v. 20). La duda
en su voz es inconfundible. No esperaba oír otra cosa que el ronroneo satisfecho de los
leones después de su cena.
De repente, y sin duda para su alegre sorpresa, Daniel habla (vv. 21–22). Esta es la única
vez que se registran las palabras de Daniel en todo el capítulo. Podríamos parafrasear
juguetonamente a Daniel de esta manera:
Buenos días, mi rey. Espero que las cosas te vayan bien y que hayas disfrutado de una buena
noche de sueño. ¡Lo hice! Dormí como un corderito con tus leones como invitados. Sus
tranquilos ronroneos me hicieron dormir, y sus cálidos cuerpos y pelajes evitaron que
pasara frío toda la noche. ¡Qué gatos tan dulces y bonitos! Oh, también tuve un invitado
muy especial. “Mi Dios envió a su ángel y cerró la boca de los leones” (v. 22). No recibí ni
una lamida por parte de ellos, ni una. “No me han hecho daño”. No tocaron ni una sola cana
de mi cabeza. Por supuesto, usted debe saber la razón. Honré a mi Dios, y nunca les hice
nada malo. Puse toda la situación en manos de mi Rey, y esto es lo que hizo. Confié en él de
cualquier manera, y seguiré haciéndolo mientras viva. Ahora, ¿quieres bajar y
acompañarme?

Una vez más, agradezco la visión y la perspectiva de Ligon Duncan en este punto:
Daniel no está afirmando estar libre de cualquier pecado, ni asegurando nunca haber hecho
algo malo, sino que está diciendo, en el calor del momento, yo escogí a Dios, y soy inocente
ante Él. No hice nada malo en esta circunstancia ante Dios. Y además, oh rey, no hice nada
malo ante ti. Tus secuaces, estos burócratas, me han acusado de no tenerte respeto. Eso no
podría estar más lejos de la verdad, pero nadie tiene precedente o prioridad sobre mi Dios,
y por lo tanto no te he hecho nada malo ni a ti ni a Él. (“Daniel in the Lion’s Den”)

Pues bien, Darío no se unió a Daniel en el foso de los leones, sino que otros ocuparon
su lugar (v. 24). Los que “habían acusado falsamente a Daniel”, junto con sus familias,
fueron arrojados al foso de los leones y muertos incluso antes de que llegaran al fondo del
foso. Sinclair Ferguson proporciona una vez más una palabra útil en este punto:
En un mundo caído y pecador, la salvación del pueblo de Dios tiene un lado sombrío. La
liberación de la semilla de Eva siempre va acompañada de la contusión de la cabeza de la
serpiente (Gn 3:15). Cristo libera a los que estaban sometidos a un miedo vitalicio a la
muerte destruyendo al que tenía el poder de la muerte (Heb 2:14–15). El lado oscuro de la
liberación de Daniel es el juicio que cae sobre los que habían intentado destruir el reino de
Dios. Ellos y toda su familia, incluso las esposas y los hijos, fueron arrojados al foso de los
leones e inmediatamente fueron atacados y devorados. Herodoto nos informa de que tal
castigo de familias enteras se aplicaba según la ley persa. Era un final terrible. Sus dioses no
pudieron librarlos de los leones, mientras que el Dios de Daniel lo había librado. El que
estaba en Daniel era más fuerte que el que estaba en el mundo (cf. 1 Jn 4:4).

Los versículos finales de este capítulo proporcionan un clímax apropiado a la primera


sección del libro, así como al milagro de la liberación de Daniel. Darío, sea cual sea su
condición espiritual final, confesó la autoridad suprema del “Dios de Daniel” (v. 26). (Daniel,
130)

IV. RECONOZCA QUE DIOS LE USARÁ PARA HACER SU NOMBRE FAMOSO ENTRE LAS NACIONES
DANIEL 6:25–28
Bob Fyall hace una serie de observaciones útiles sobre cómo encajan estos versículos en el
conjunto del libro cuando escribe:
En los capítulos 2; 3 y 4, Nabucodonosor había alabado al Dios de Daniel de forma cada vez
más reverente. En el capítulo 5 no había habido tal alabanza por parte de Belsasar, que ya
había pasado el punto de no retorno. Aquí Darío prácticamente resume la teología de todo
el libro en un canto de alabanza que resume lo que Dios ha hecho en los últimos capítulos y
apunta a la teología de la historia que está a punto de desarrollarse en la segunda parte del
libro. (Daniel, 91)

A. Dios puede hacer que los incrédulos reconozcan su grandeza (6:25–26)


Darío ha sido claramente impactado por la milagrosa liberación de Daniel por parte de Dios.
Con palabras que recuerdan a los Salmos, y en particular al Salmo 2, este gobernante
incrédulo escribe a “todos los pueblos, naciones y lenguas que habitaban en toda la tierra”
(v. 25). Una vez más, el lenguaje de Daniel anticipa la gloriosa promesa misionera
escatológica de Apocalipsis 5 y 7. El decreto o carta comienza con palabras de bendición:
“Que abunde su paz”. El rey sigue rápidamente con una orden o advertencia, “que en todo
el dominio de mi reino todos teman y tiemblen delante del Dios de Daniel” (v. 26). La
declaración cumple al menos dos propósitos importantes. En primer lugar, reconoce la
grandeza, incluso la superioridad, del Dios de Israel sobre todos los posibles rivales. Y en
segundo lugar, anula el edicto irrevocable de 6:6–9 (Hill, “Daniel”, 127). Una vez más vemos
la verdad de Proverbios [Link] “Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del
Señor; Él lo dirige donde le place”.

B. Dios puede incluso utilizar a los incrédulos para proclamar Su gloria


(6:26–28)
El contenido del decreto se encuentra en los versículos 26–27. Se trata de una doxología
teológica que destaca la grandeza de Dios a nivel universal (v. 26) y personal (v. 27). En
cuanto a su naturaleza, es el Dios vivo y eterno. En cuanto a su soberanía, su reino no será
destruido ni tendrá fin (v. 26). Es universalmente incomparable y sin rival.
En el plano personal, es un Dios libertador y salvador. No está limitado espacialmente,
pues realiza sus señales y prodigios, sus actos poderosos y sobrenaturales, “en el cielo y en
la tierra”. En el contexto más inmediato, basta con mirar a Daniel, a quien ha rescatado “del
poder de los leones” (v. 27).
Una vez más Dios honra a su siervo fiel. Así como bendijo y honró a Daniel bajo los
babilonios, Nabucodonosor y Belsasar, lo hace de nuevo bajo los medo-persas y Darío (es
decir, Ciro el persa; v. 28). La verdad de Santiago 4:10 resuena de nuevo: “Humíllense en la
presencia del Señor, y Él los exaltará”. De la New Living Translation se traduce: “Él os
exaltará en honor”.

CONCLUSIÓN: ¿CÓMO SEÑALA EL TEXTO A CRISTO?


A lo largo de la Biblia, especialmente en el Antiguo Testamento, Dios utiliza la tipología para
señalarnos la llegada de un libertador, un salvador, en cumplimiento de la primera promesa
del Evangelio en Génesis 3:15. A veces, nuestro Señor utiliza acontecimientos como la
Pascua en Éxodo 12. Otras veces utiliza instituciones como el templo y el sistema de
sacrificios. Vemos también el uso de individuos como Adán, Abraham, Moisés, David y
Daniel. En el mesiánico Salmo 22, el justo que sufre proclama en el versículo 21: “Sálvame
de la boca del león”. En efecto, Dios salvó al Mesías Jesús de la boca del león de la muerte
por su gloriosa resurrección. Del mismo modo, salvó a Daniel del ataque de un león cuando
por la mañana temprano, “al amanecer” (6:19), Darío llegó a lo que podría describirse como
la tumba de Daniel, solo para descubrir que no estaba muerto; ¡estaba vivo!
Para que no piensen que soy culpable de sobreinterpretar el texto, permítanme
señalarles el estímulo de Tim Keller para que todos desarrollemos un instinto para ver a
Jesús en toda la Escritura. Si es cierto que la Biblia no trata de mí, sino de Jesús, “el autor y
consumador de nuestra fe” (Heb 12:2), entonces está justificado que lo veamos aquí en
Daniel. Él ilustra bellamente este instinto:
Jesús es el verdadero y mejor Adán, que pasó la prueba en el jardín, su jardín —un jardín
mucho más duro— y cuya obediencia se nos imputa.
Jesús es el verdadero y mejor Abel, que aunque fue inocentemente asesinado, tiene una
sangre que clama, no por nuestra condena, sino por nuestra absolución.
Jesús es el verdadero y mejor Abraham, que respondió al llamado de Dios para dejar
todo lo cómodo y familiar e ir al vacío sin saber a dónde iba.
Jesús es el verdadero y mejor Isaac, que no solo fue ofrecido por su Padre en el monte,
sino que fue verdaderamente sacrificado por todos nosotros mientras, en el caso de
Abraham, Dios le dijo: “Ahora sé que me amas porque no me negaste a tu hijo, tu único hijo,
al que amas”. Así nosotros, al pie de la cruz, podemos decir a Dios: “Ahora sabemos que nos
amas porque no nos has negado a tu hijo, a tu único hijo, a tu amado”.
Jesús es el verdadero y mejor Jacob, que luchó y recibió el golpe de la justicia que
merecemos para que nosotros, como Jacob, solo recibamos las heridas de la gracia que nos
despiertan y disciplinan.
Jesús es el verdadero y mejor José, que está a la derecha del rey y perdona a los que le
traicionaron y vendieron y utiliza su poder para salvarlos.
Jesús es el verdadero y mejor Moisés, que se interpone entre el pueblo y el Señor y que
media un nuevo pacto.
Jesús es la verdadera y mejor Roca de Moisés que, herido con la vara de la justicia de
Dios, nos da ahora agua en el desierto.
Jesús es el verdadero y mejor Job: es el sufriente,cuya verdadera inocencia intercede y
salva a sus estúpidos amigos…
Jesús es el verdadero y mejor David, cuya victoria se convierte en la de su pueblo,
aunque este nunca haya levantado una piedra para lograrlo por sí mismo.
Jesús es la verdadera y mejor Ester, que no solo se arriesgó a perder un palacio terrenal,
sino que perdió uno celestial, que no solo arriesgó su vida, sino que la entregó; que no dijo:
“Si perezco, perezco”, sino que dijo: “Cuando perezca, pereceré por ellos para salvar a mi
pueblo”.
Jesús es el verdadero y mejor Jonás, que fue echado fuera a la tormenta para que
nosotros pudiéramos quedarnos a salvo.
Él es el verdadero Cordero de Pascua. Él es el verdadero templo, el verdadero profeta,
el verdadero sacerdote, el verdadero rey, el verdadero sacrificio, el verdadero cordero, la
verdadera luz, el verdadero pan. (“What Is Gospel-Centered Ministry?”)

En efecto, Jesús es todas estas cosas. Y a ellas podemos añadir, con razón, que Jesús es
el verdadero y mejor Daniel, que habiendo sido bajado a la fosa de los leones de la muerte,
emerge a la mañana siguiente vivo y vindicado por su Dios.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Por qué cree que esta historia conecta tanto con el corazón y la imaginación de
quienes la escuchan o leen? ¿Por qué cree que es tan difícil de creer para algunos?
2. ¿Qué podemos aprender de Daniel sobre cómo vivir fielmente en medio de una
cultura que no honra a Dios?
3. ¿Qué características hacen que Daniel destaque y le permitan ascender a altos
cargos de liderazgo en el reino?
4. ¿Por qué los cristianos que sirven fielmente a Dios deben esperar oposición? ¿Cómo
maneja Daniel esta oposición?
5. ¿Qué significa que la fe de uno esté orientada a la crisis, y cómo contrasta con la fe
de Daniel?
6. ¿Cómo puede prepararse ahora para cuando venga la oposición? ¿Qué instrucciones
da Jesús sobre la persecución?
7. La fidelidad de Daniel a Dios le llevó a desobedecer al rey terrenal. ¿En qué tipo de
cuestiones debemos estar dispuestos a servir a Dios antes que al hombre?
8. El poder de Dios se pone de manifiesto en este pasaje. ¿Quién y qué se muestra en
última instancia bajo la autoridad del Dios de Daniel?
9. ¿En qué sentido es un texto misionero? ¿Cómo nos orienta hacia las naciones?
10. ¿Cómo la situación y el carácter de Daniel le hacen a usted recordar a Jesús?
7. ¿HAY ALGUIEN QUE REALMENTE TENGA EL CONTROL?
SÍ, ¡DIOS LO TIENE!
DANIEL 7:1–28

Idea principal: Dios reina sobre todas las naciones y finalmente vencerá a sus enemigos a
través del reino venidero de su Hijo, Jesucristo encarnado.
I. Dios es soberano sobre las naciones (7:1–8)
A. Él decide qué nos revela (7:1)
B. Él elige a quién dar el poder (7:2–8)
II. Dios es soberano sobre su reino (7:9–14)
A. Es soberano por su eternidad y pureza (7:9–10)
B. Es soberano en su sentencia y su paciencia (7:11–12)
C. Él es soberano en su hombre y en su plan (7:13–14)
III. Dios es soberano en su juicio (7:15–28)
A. El pueblo de Dios recibirá un reino eterno que durará para siempre (7:15–18)
B. El pueblo de Dios sufrirá en un reino terrenal que durará poco tiempo (7:19–26)
C. El pueblo de Dios recibirá un reino universal que durará para siempre (7:27–28)

En el thriller de ciencia ficción Aliens (1986), un equipo de rescate de la Tierra se enfrenta


a monstruos alienígenas hostiles que infligen una grave carnicería al equipo.
Sorprendentemente, una pequeña niña llamada Newt ha vivido durante meses en el
planeta como única sobreviviente de una misión anterior. Después de un encuentro
particularmente malo con los alienígenas, Newt informa a la líder Ellen Ripley (interpretada
por Sigourney Weaver) de que el equipo necesita volver rápidamente a un lugar seguro. Sus
palabras son clásicas y memorables: “Será mejor que volvamos porque pronto oscurecerá.
Y casi siempre vienen de noche… casi siempre”. Newt tiene razón. Los monstruos vienen
mayormente de noche… mayormente. Salen por la noche cuando está oscuro. Salen por la
noche cuando nos acostamos en nuestras camas. Salen por la noche cuando dormimos en
“sueños y visiones”, como afirmaría rápidamente el profeta Daniel.
Daniel 7 ha sido calificado como “la profecía más completa y detallada de los
acontecimientos futuros que se encuentran en cualquier parte del Antiguo Testamento”
(Walvoord, Daniel, 145). Se trata de un capítulo de conexión que se superpone y vincula a
Daniel capítulos 1–6 con los capítulos 7–12. A partir de Daniel 2:4 y hasta Daniel 7:28, el
libro está escrito en arameo. Antes y después de esos versículos, el libro está escrito en
hebreo. Así, la sección aramea de Daniel comienza con una visión dada a Nabucodonosor
en el capítulo 2 y termina con una visión paralela dada a Daniel en el capítulo 7. Los capítulos
1–6 son de estilo narrativo y personal. Los capítulos 7–12 tienen un estilo apocalíptico y
cósmico. Estos últimos capítulos, al igual que los primeros, enfatizan la soberanía absoluta
de Dios sobre todas las cosas. Además, los capítulos 7–12 nos dan una visión del futuro, ya
que Dios nos revela con gracia, a través de Daniel, sus planes para la historia del mundo y
el fin de los tiempos. Dan Duncan tiene razón:
A partir del capítulo 7, el libro es muy diferente. No continúa la cronología de los
acontecimientos, sino que retrocede en el tiempo a una serie de visiones que tuvo Daniel.
No es historia; es profecía. En cierto sentido, la primera mitad del libro presenta las
credenciales del profeta, la fiabilidad del mensajero. La segunda mitad da su mensaje. Ahora
bien, el mensaje del capítulo 7 al 12 no es realmente nuevo… Es el mensaje de que Dios es
soberano. (“God and Monsters, Da 7:1–14”)

Dios es realmente soberano. Daniel 7 aclara abundantemente esta verdad, ya que


proporciona una especie de vista previa panorámica de las atracciones venideras desde el
tiempo de Daniel hasta aquel día en que el tiempo ya no exista.
El capítulo se divide naturalmente en tres movimientos o secciones (vv. 1–8, 9–14, 15–
28). Las ideas de “ver” y “mirar” dominan en todo el capítulo. En la visión del capítulo 2,
vemos la historia como la ve el hombre. En el capítulo 7, vemos la historia como la ve Dios.
Las perspectivas son diferentes.

I. DIOS ES SOBERANO SOBRE LAS NACIONES


DANIEL 7:1–8
La Biblia utiliza varios géneros y estilos literarios para enseñarnos la verdad de Dios. Daniel
7–12 es principalmente lo que llamamos literatura apocalíptica, que está marcada por
visiones y vívidas imágenes de palabras. David Helm dice: “El contar historias da paso al ver
películas” (Daniel for You, 117). Dale Davis nos ayuda cuando escribe
Yo diría que la apocalíptica bíblica es un tipo de profecía que busca iluminar y animar a un
pueblo despreciado y desechado por el mundo con una visión del Dios que vendrá a
imponer su reino sobre los restos y la rebelión de la historia humana, y comunica este
mensaje mediante el uso de imágenes salvajes, aterradoras, imaginativas, extrañas y que
hacen volar la cabeza. (Message of Daniel, 93)

Las personas con orientación visual encuentran esta forma de comunicación agradable.
Los niños que están inmersos en el mundo de los videojuegos pueden identificarse más
fácilmente que sus padres.
Así que la soberanía de Dios se va a enseñar a través de la ciencia ficción. La verdad se
transmitirá simbólicamente a través de imágenes salvajes, locas y extrañas. Hay cosas reales
detrás de los símbolos, pero será un reto encontrar las claves adecuadas para descifrar estas
espectaculares escenas que se presentan ante nosotros.

A. Él decide qué nos revela (7:1)


Daniel nos proporciona un marcador histórico: “En el primer año del rey Belsasar de
Babilonia”. La historia de Belsasar ya ha sido transmitida en Daniel 5. No fue un cuadro
bonito, ya que su orgía de borrachera termina con su muerte y la caída del Imperio
Babilónico a manos de los medos y persas. El primer año del reinado de Belsasar fue
alrededor del año 553 antes de Cristo. Daniel tendría unos sesenta años y Belsasar unos
treinta (Miller, Daniel, 194).
En este momento en particular, Dios eligió dar su revelación divina a Daniel en sueños
y visiones en la noche “estando en su cama”. Creyendo, sabiendo, que esto provenía de
Dios, “escribió el sueño y relató el resúmen de él”. Estamos en deuda con Daniel por
preservar lo que Dios le mostró en esta noche particular “en su mente”. Nosotros somos los
beneficiarios. Dios reveló, y Daniel escribió. Esa es una buena descripción de cómo nuestro
Señor entrega su revelación divina, infalible e inerrante.

B. Él elige a quién dar el poder (7:2–8)


Estos versículos registran lo que podría llamarse “el ascenso de las bestias”. Sinclair
Ferguson hace el siguiente comentario:
[…] es esencialmente un libro de imágenes, que apela a nuestros sentidos. Estamos
destinados a ver, oír y oler las extrañas bestias que aparecen a lo largo de este capítulo.
Estamos destinados a sentirnos abrumados como lo estuvo Daniel. (Daniel, 135)

Daniel ve primero que “los cuatro vientos del cielo agitaban el gran mar” (v. 2). El hecho
de que los cuatro vientos de la brújula (norte, sur, este y oeste) se denominen aquí “vientos
del cielo” nos enseña que esto es obra de Dios. El “gran mar” debe entenderse
simbólicamente como el caos, la confusión y el conflicto entre las naciones del mundo.
Isaías 17:12 dice: “¡Ay!, bramar de muchos pueblos que braman como el bramido de los
mares; rugir de naciones: que rugen como el rugido de muchas aguas” (cf. Job 41:31; Ap
17:15).
Los versículos 3–8 revelan lo que vio Daniel: “y cuatro bestias enormes, diferentes unas
de otras, subían del mar” (v. 3). Examinemos rápidamente cada una de ellas. El capítulo 2 y
nuestra comprensión del mismo serán útiles en esta interpretación porque las dos visiones
son paralelas. Es interesante que el hecho de permitir que un animal sirva como símbolo de
una nación continúa en nuestros días. Por ejemplo, Gran Bretaña utiliza el león, Rusia el oso
y América el águila.
La primera bestia “era como un león, pero tenía alas de águila” (v. 4). Se trata de
Nabucodonosor y Babilonia, lo que podemos deducir tanto de la alusión como del hecho de
que tanto Jeremías como Ezequiel comparan a Nabucodonosor y a Babilonia con un león y
un águila (Jer 4:7; 49:19; 50:44; Ez 17:3, 11–12). Babilonia era feroz como un león y veloz
como un águila. Sin embargo, “sus alas le fueron arrancadas” (Dn 7:4; RV, “arrancadas”),
probablemente una referencia a la humillante locura de Nabucodonosor en 4:28–33.
Entonces el león “fue levantada del suelo y puesta sobre dos pies, como un hombre, y le
fue dado corazón de hombre”. Las frases “fue levantada” y “le fue dado corazón de hombre”
son lo que llamamos la pasiva divina, indicando que ambas fueron la actividad de Dios. Él
es el agente implícito de la acción. Nabucodonosor fue restaurado de su existencia y
comportamiento bestial por Dios (4:34–37).
El “libro de la selva” de Daniel continúa cuando su primera escena se desvanece de la
pantalla apocalíptica y una nueva ocupa su lugar. Ve una segunda bestia, un oso (v. 5).
“Levantada de un costado” (de nuevo, por Dios) y “en su boca, entre sus dientes, tenía tres
costillas”. Dios le dice entonces: “Levántate, y devora mucha carne”. Esta bestia es Medo-
Persia. El hecho de que se levante por un lado puede describir el dominio de los persas
sobre los medos. Tres costillas en su boca nos indican que “no estaba en ayunas” (Davis,
Message of Daniel, 94). No se justifica el dogmatismo en la identificación de las tres costillas.
Sin embargo, James Montgomery Boice ofrece una posibilidad plausible cuando señala:
Ciro, el rey medo-persa, y su hijo Cambises conquistaron (1) el reino lidio en Asia Menor,
que cayó en manos de Ciro en el año 546 a. C.; (2) el imperio caldeo, que derrocó en el año
539 a. C.; y (3) el reino de Egipto, que cayó en manos de Cambises en el año 525. (Daniel,
76)

Stephen Miller también sugiere que las tres costillas representan “Babilonia (539 a.C.),
Lidia (546 a. C.) y Egipto (525 a. C.)” (Daniel, 199). Por otra parte, la sugerencia de E. J. Young
(siguiendo a Juan Calvino) de que las tres costillas representan “la naturaleza insaciable de
la bestia” es ciertamente una interpretación segura (Prophecy of Daniel, 145).
La tercera bestia, en el versículo 6, parece “csemejante a un leopardo que tenía sobre
su lomo cuatro alas de ave” y “cuatro cabezas”. Es una bestia poderosa porque “y le fue
dado dominio”. Esto es claramente Grecia y Alejandro Magno. Con una velocidad y agilidad
sin precedentes, conquistó el mundo de su época —hasta la India—, para morir
repentinamente a los treinta y tres años. Stephen Miller ofrece una visión útil tanto del
simbolismo como de lo que ocurrió tras la muerte de Alejandro. La exactitud de las profecías
bíblicas es realmente sorprendente:
En las Escrituras, las “cabezas” pueden representar gobernantes o gobiernos (por ejemplo,
2:38; Is 7:8–9; Ap 13:3, 12), y ese es el caso de las cuatro cabezas del leopardo. Daniel predijo
que este único imperio acabaría convirtiéndose en cuatro reinos, y eso es exactamente lo
que ocurrió. Alejandro murió en el año 323 a. C., y después de muchas luchas internas sus
generales dividieron el reino en cuatro partes: (1) Antípatro, y más tarde Casandro, se
hicieron con el control de Grecia y Macedonia; (2) Lisímaco gobernó Tracia y gran parte de
Asia Menor; (3) Seleuco I Nicator gobernó Siria, Babilonia y gran parte de Oriente Medio
(toda Asia excepto Asia Menor y Palestina); y (4) Ptolomeo I Soter controló Egipto y
Palestina. En el capítulo siguiente se atribuye definitivamente un carácter cuatripartito al
Imperio griego (cf. 8:8 con 8:21–22), y es razonable interpretar las “cuatro cabezas” del
leopardo a la luz de esa clara enseñanza. (Miller, Daniel, 200)

La cuarta y última bestia se describe en los versículos 7–8. Esta bestia es la más “terrible,
espantosa” de todas. Es “terrible, espantosa y en gran manera fuerte. Tenía enormes
dientes de hierro y devoraba, desmenuzaba y pisoteaba los restos”. Y era de una naturaleza
totalmente diferente a la de las otras tres bestias. Tenía diez cuernos, que transmiten como
mínimo un gran y completo poder (cf. 2:40–42). Esta bestia es, sin duda, el Imperio Romano,
pero creo que también es algo más. El versículo 8, y el comentario adicional sobre esta
bestia en los versículos 19–26, me llevan a esa comprensión. El versículo 8 nos dice que un
undécimo cuerno, un cuerno pequeño, emerge de los diez. Comienza siendo pequeño, pero
crece hasta tener una gran inteligencia (es decir, los ojos de un hombre) y una gran boca.
Todo esto nos recuerda a Apocalipsis 13. Ampliaremos nuestro estudio de esta bestia en
breve, pero James Boice parece estar en el camino cuando dice:
Esta parece ser la primera referencia bíblica al individuo que posteriormente se describe en
la Biblia como el Anticristo. Aparece en 2 Tesalonicenses 2 como “el hombre de la
iniquidad… condenado a la destrucción” (v. 3) y se ve de nuevo en el Apocalipsis. (Daniel,
76)

Daniel 2; 7 y también 8 se superponen y son paralelos entre sí. Un gráfico visual nos
ayuda a ver esa relación más claramente.
Correlación de sueños y visiones en Daniel
Imagen Capítulo 2 Bestias Capítulo 7 Bestias Capítulo 8 Reinos
representados

Cabeza de oro fino Como un león con Babilonia 626–539


alas de águila a.C.

Pecho y brazos de Como un oso Carnero con dos Medo-Persia 539–


plata cuernos 330 a.C.

Los tiempos de los Vientre y muslos Como un leopardo Cabra macho con Grecia 330–63 a.C.
gentiles Lucas de bronce con cuatro alas y un cuerno grande,
21:24 cuatro cabezas cuatro cuernos y
un cuerno
pequeño

Piernas de hierro, Bestia ¿Roma 63 a.C.?


pies de hierro y incomparable con
arcilla diez cuernos y
cuerno pequeño

Piedra que se El Mesías (Hijo del Reino de Dios


convierte en una Hombre) y los
gran montaña santos reciben el
reino

II. DIOS ES SOBERANO SOBRE SU REINO


DANIEL 7:9–14
Daniel vio todo un espectáculo en los versículos 3–8. Sin embargo, ¡todavía no ha visto
nada! Aunque esos versículos eran aterradores, los versículos 9–14 son más
impresionantes, más gloriosos y ciertamente más reconfortantes. Dios es soberano sobre
las naciones porque, como vemos ahora, es soberano sobre su reino.
Los versículos 9–14 contienen tres escenas que se suceden rápidamente. Si Daniel 7 es,
como muchos dicen, “el capítulo más importante del libro” (Miller, Daniel, 191), los
versículos 9–14 son casi con toda seguridad los más importantes de Daniel y algunos de los
más importantes de toda la Biblia. Son importantes desde el punto de vista teológico. Son
importantes escatológicamente. Y son importantes desde el punto de vista cristológico.

A. Es soberano por su eternidad y pureza (7:9–10)


Daniel sigue observando (vv. 1–2, 4, 6–7, 11, 13, 21). Esta escena es radicalmente diferente
de las anteriores. No ve una bestia en ella. Ve tronos y al “Anciano de Días”, que toma
asiento en su trono (cf. 1 Re 22:19; Ap 4:4). Solo Daniel llama a Dios el Anciano de los Días.
Se trata de Dios Padre en su trono eterno y universal. Como Anciano de Días es eterno, no
viejo. Es sabio, no senil. Es un Dios grande, más grande de lo que Daniel creía, y más grande
que los pequeños reinos de las bestias de este mundo. Las siguientes descripciones lo dejan
muy claro.
• “Su vestidura era blanca como la nieve” habla de su santidad, pureza y rectitud.
• “El cabello de Su cabeza [era] como lana pura” habla de su eternidad, pureza y
sabiduría. Siempre ha existido, y es sabio más allá de toda comparación.
• “Su trono, llamas de fuego” habla de un juicio purificador y justo.
• “Y sus ruedas, fuego abrazador” nos dice que no hay limitaciones espaciales ni
restricciones en su juicio. Lo ve todo y está presente en todas partes.
• “Un río de fuego corría, saliendo de delante de Él” refuerza las dos ideas anteriores
y transmite la justa furia e ira de su juicio. El Salmo 97:3 dice: “Fuego va delante de
él y quema a sus adversarios en derredor”.
• “Miles de millares le servían; y miríadas de miríadas estaban de pie delante de Él”
suena a Apocalipsis 5:11 y es una referencia a los ángeles.
Ante este impresionante e imponente Rey, la corte es llamada a sesión “y se abrieron
los libros”. El Anciano de Días hace todo según las reglas. Su juicio, como siempre, será justo
y equitativo. No hay parcialidad, ni una pizca de injusticia. Esto es cierto para su juicio de
todos, comenzando con la bestia.

B. Es soberano en su sentencia y su paciencia (7:11–12)


El cuerno pequeño (v. 8) sigue hablando a gritos cuando la visión vuelve a él. Este arrogante
fanfarrón y su jactancia están enmarcados o intercalados por dos poemas centrados en Dios
(vv. 9–10, 13–14) (Pierce, Daniel, 125). En el versículo 11, repentinamente y sin elaboración,
es eliminado: “mataron a la bestia, destrozaron su cuerpo y lo echaron a las llamas de
fuego” (cf. Ap 19:19–21; 20:10). Apaga las luces de la bestia. Se acabó el juego. Es así de
rápido. Es así de sencillo.
A diferencia de la cuarta bestia, a las demás se les “quitó el dominio… pero les fue
concedida una prolongación de la vida por un tiempo determinado” (v. 12). Sidney
Greidanus señala que Babilonia, Medo-Persia y Grecia, incluso después de perder su
dominio, continuaron existiendo y viviendo como parte del reino que los conquistó. Eran
sombras de sí mismas, pero seguían ahí, aunque en un sentido muy disminuido. Dios fue
más clemente y paciente con ellos, como lo ha sido con muchos otros reinos a lo largo de
la historia. No así con el Imperio Romano, que llega a su máxima expresión en el cuerno
pequeño, el anticristo. “Cuando Dios juzgue al cuerno pequeño, el último remanente del
Imperio Romano será aniquilado” (Greidanus, Preaching Christ from Daniel, 241).

C. Es soberano en su hombre y en su plan (7:13–14)


Dos personas ocupan el centro de esta visión nocturna: “uno como un hijo de hombre” y
“el Anciano de Días”. Los autores del Nuevo Testamento consideraron importantes estos
dos versículos, a los que hicieron referencia en numerosas ocasiones, y están cargados de
significado teológico. Daniel ve a alguien que veníe “en las nubes del cielo”, una clara
indicación de divinidad, y una cristofanía, como veremos (véase también Éx 16:10; 19:9;
24:16; 34:5; Nm 11:25; Sal 97:2; 104:3; Is 19:1; Nah 1:3). “Que se dirigió al Anciano de Días
[es decir, a Dios Padre] y fue presentado ante Él”. El que es como un hijo de hombre recibe
entonces del Anciano de Días un reino universal y eterno. El versículo 14 debe leerse con
cuidado y despacio para que su impacto y peso se sientan y asimilen plenamente. El reino
eterno y universal de Dios es dado a “uno como un Hijo de Hombre” que viene en
manifestación divina “en las nubes del cielo”.
Así que la pregunta que pide ser formulada y respondida es: ¿Quién es este hijo del
hombre? Una lista no exhaustiva de posibles candidatos incluye a Daniel, Israel, Miguel,
Gabriel, Judas Macabeo, el Israel fiel y el Israel glorificado. Sin embargo, ninguno de ellos es
satisfactorio. Además, el propio Jesucristo nos dice quién es el hijo del hombre. Es Él. El
título de Hijo del Hombre era el título favorito de Jesús para autodesignarse y lo utilizaba
casi exclusivamente (véase también Hch 7:56; Ap 1:13). El título aparece sesenta y nueve
veces en los Evangelios Sinópticos y doce veces en Juan. En Marcos 10:45, Jesús une el título
al Siervo Doliente de Isaías 53 y redefine así el concepto de Mesías. En Marcos 14:62, une
el título al Salmo 110 y al retrato de Rey/Sacerdote del Mesías. En cuanto al título de Hijo
del Hombre, Sinclair Ferguson dice:
La expresión “Hijo del Hombre” parece ser el equivalente virtual de “hombre”, pero cuando
aparece “Uno como el Hijo del Hombre”, el título tiene un significado particular más que
general. Se trata del Hombre Verdadero, en contraste con el hombre convertido en bestia
de los primeros elementos de la visión. Este es el que es capaz de estar en la presencia del
Dios cuyo trono está hecho del fuego de su juicio. Este es el que es digno de recibir “dominio,
gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran”. Su dominio es
un dominio eterno” (v. 14). Este Hombre Verdadero es todo lo que los seres humanos, como
imagen de Dios, debían ser, pero no llegaron a serlo. (Daniel, 144–45)

A Cristo se le concedió este glorioso reino tras su obra de expiación cuando ascendió de
nuevo al cielo. Sin embargo, el propio Jesús declara en Mateo 24:29–31 que la plena
manifestación y realización de este reino ocurrirá cuando venga de nuevo “sobre las nubes
del cielo con poder y gloria”. Jesucristo no dudó en identificarse con el Hijo del Hombre en
Daniel 7, ¡y nosotros tampoco deberíamos hacerlo! Una visión:
[…] que comenzó como una pesadilla con monstruos saliendo del mar, termina feliz y
esperanzadoramente con un Hombre saliendo del cielo a quien Dios corona como soberano
del mundo. (Duncan, “Daniel”)
III. DIOS ES SOBERANO EN SU JUICIO
DANIEL 7:15–28
A veces, incluso una visión de la grandeza y la gloria de Dios no es suficiente para superar
nuestras ansiedades, preocupaciones y corazones preocupados. Me consuela saber que no
estoy solo. Daniel tuvo la misma lucha. Supongo que estamos en buena compañía cuando
los momentos de angustia nos afligen y abruman.
Los versículos 15–28 ponen fin a la visión de Daniel. Se divide fácilmente en tres partes:
los versículos 15–18 (“se me angustió por dentro el espíritu”), los versículos 19–27
(“Entonces quise saber la verdad…”), y el versículo 28 (“Hasta quí la revelación”). Como el
versículo 27 contrasta con los versículos 23–26, lo uniré al versículo 28 en nuestro esquema
de enseñanza.

A. El pueblo de Dios recibirá un reino eterno que durará para siempre


(7:15–18)
Todo lo que Daniel había visto hasta ese momento lo angustiaba profundamente (“se me
angustió por dentro el espíritu”) y “las visiones de mi mente seguían turbándome” (v. 15).
Se acercó a uno de los que estaban allí (probablemente un ángel) y le pidió ayuda. El ángel
le ayudó y le dio una interpretación (v. 16). Como hemos señalado antes, las cuatro bestias
son cuatro reyes/reinos “que se levantarán de la tierra” (v. 17). Se contraponen al Hijo del
Hombre que desciende del cielo (v. 13). Su reino temporal (v. 12) también contrasta con el
reino de los santos de Dios, aquí identificados como “los santos del Altísimo” (v. 18). Estos
santos “recibirán el reino y poseerán el reino para siempre, por los siglos de los siglos”. Una
vez más vemos el principio bíblico de la solidaridad con nuestra cabeza. Compartimos lo
que el Anciano de Días le da al Hijo del Hombre. El uso del título Hijo del Hombre apunta
ciertamente en esa dirección. No puedo mejorar las palabras de Sinclair Ferguson en este
punto:
El que es como el Hijo del Hombre está relacionado de alguna manera especial con “los
santos del Altísimo” para que compartan su dominio.
La corrección de este punto de vista queda subrayada por la forma en que Aquel que es
como el Hijo del Hombre parece ser aquí todo lo que Adán no llegó a ser. Adán fue un
individuo histórico según las Escrituras, pero también fue un individuo cuyas acciones
tuvieron consecuencias únicas para los demás. Pablo expone esto con gran detalle (Ro 5:12–
21; 1 Co 15:47 ss.). En la caída de Adán y a través de ella, el pecado y la muerte llegaron a
todos los que le siguieron. Sus acciones tuvieron consecuencias para toda una especie. Lo
mismo ocurre con Aquel que es como el Hijo del Hombre. Su conquista significa que todos
los que le pertenecen participan en la victoria. Esta enseñanza se examina también en
Hebreos (Heb 2:5–18). Retomando las palabras del Salmo 2 de que todas las cosas están
bajo el dominio del hombre (cf. Gé 1:28), el autor reflexiona sobre el contraste entre la
promesa y la realidad. Todavía no vemos todo sometido a nosotros, pero, dice Hebreos,
“vemos a Aquel que fue hecho un poco inferior a los ángeles, es decir, a Jesús, coronado de
gloria y honor a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios probara
la muerte por todos” (Heb 2:9). Esto es lo que Daniel percibió de forma tan vívida, aunque
desconcertante, en el capítulo 7. La coronación del que es como el Hijo del Hombre es la
garantía de que los que le pertenecen participarán en su dominio (cf. Ap 20:6). (Daniel, 147–
48).

B. El pueblo de Dios sufrirá en un reino terrenal que durará poco tiempo


(7:19–26)
En los versículos 19–20 Daniel expresa su deseo de saber sobre la cuarta bestia terrorífica
de los versículos 7–8. Las dos descripciones son prácticamente idénticas. En el versículo 21
ve al cuerno pequeño guerreando contra los santos de Dios (los santos) y derrotándolos
(véase Ap 13:7). Pudo hacerlo hasta que el Anciano de Días intervino y los rescató, dándoles
el reino en el proceso (v. 22).
Los versículos 23–26 describen a esta cuarta bestia, que es también la bestia final. Es
Roma y más, como enseña claramente Apocalipsis 13:1–10. Es un rey/reino increíblemente
poderoso y despiadado que devorará, pisoteará y aplastará (v. 23), se levantará y someterá
(v. 24), hablará contra el Altísimo, oprimirá a los santos y se propondrá cambiar los tiempos
y la ley (v. 25). Es diferente a todos los demás reinos (v. 23–24). Sin embargo, su reinado es
limitado —“tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo” (v. 25)— y será juzgado y destruido
decisivamente por Dios al final (v. 26). Algunos detalles de esta visión deben seguir siendo
un misterio (los diez reyes del v. 24 y los tres reyes mencionados en el mismo versículo).
Una vez más, me ayudan mucho las ideas de Sinclair Ferguson:
De la bestia surgieron diez cuernos. Si la bestia representa el Imperio Romano, entonces los
diez cuernos se toman mejor como la continuación del espíritu que se expresaba tan
poderosamente en ese imperio. El cuerno pequeño surge en este contexto y emprende una
actividad hostil contra tres de los cuernos.
Los primeros comentaristas protestantes solían ver un reflejo del cuerno pequeño en el
poder del papado. Calvino, en cambio, veía su cumplimiento en el propio Imperio Romano.
En la visión de Daniel, sin embargo, el cuerno pequeño representa la consumación final del
mal. Pertenece a los días finales. Por lo tanto, no se le debe dar una identificación específica
en ninguna figura histórica. Nótese, sin embargo, que el cuerno pequeño surge en el
contexto de la bestia y los diez cuernos. No debe sorprendernos que haya expresiones
continuas de las características del cuerno pequeño que alcanzarán su cúspide en las
apariciones del cuerno pequeño en los últimos días como se describe en la conclusión de
Daniel. Sin embargo, no es sorprendente que muchos dictadores y constructores de
imperios hayan sido identificados con el cuerno pequeño y hayan compartido algunas de
sus peores características. Se nos ha dicho que el Anticristo vendrá en los últimos días, pero
eso no impide que reconozcamos que muchos anticristos ya se han pavoneado por las
páginas de la historia (1 Jn 2:18). (Daniel, 147–48)

Los anticristos y “el anticristo” blasfeman de Dios, persiguen al pueblo de Dios y son
infractores de la ley y perturbadores del buen designio de Dios (véase Da 2:21). Se divinizan
y convierten el orden social en un caos impío. Esto alcanza un clímax cuando surge la “bestia
que sube del mar” en Apocalipsis 13. Tiene y ha tenido muchos precursores, pero él los
superará a todos. Sin embargo, su reinado llegará rápidamente a su fin, y cuando lo haga,
¡ningún humano como él volverá a aparecer!
C. El pueblo de Dios recibirá un reino universal que durará para siempre
(7:27–28)
A Daniel se le dice por segunda vez que a los santos se les dará un reino universal y eterno
(v. 27). El Dios “Altísimo” se encargará de ello. Déspotas insignificantes como Antíoco
Epífanes van y vienen (175–164 a.C.). Locos como Nerón están hoy y se van mañana (54–68
d.C.). Lunáticos como Hitler tienen un reino de terror solo por una temporada (1933–45). El
Anticristo, el gobernante final que emerge del mar, tendrá su día por solo tres años y medio.
En maravilloso y sorprendente contraste, el reino de Dios “será un reino eterno, y todos los
gobernantes le servirán y obedecerán” (v. 27), obedecerán al Hijo del Hombre. Esta es una
buena noticia y el “fin del asunto” (v. 28).
Sin embargo, ¡es mucho lo que hay que asimilar! Creo que podemos entender
fácilmente por qué Daniel dice: “mis pensamientos me turbaron en gran manera y mi rostro
palideció [lit. ‘mi brillo cambió en mí’], pero guardé el asunto en mi corazón” (cf. Ecl 12:13;
Jer 51:64). Tal vez la perplejidad de Daniel podría explicarse así: Sé que un reino grande,
maravilloso y eterno está en camino, pero hay un largo y duro camino de sufrimiento antes
de que llegue. Se perderán batallas, pero la guerra se ganará cuando venga el Hijo del
Hombre. !Vaya! ¡Qué promesa tan maravillosa y esperanzadora!

CONCLUSIÓN: ¿DÓNDE ESTÁ CRISTO EN ESTE TEXTO?


Es una pregunta fácil de responder en este texto. En 7:13–14 aparece en primer plano como
el Hijo del Hombre, la persona divina-humana, que recibe el reino universal de su Padre, “el
Anciano de Días”. Apocalipsis 5:9–10 y 7:9–13 se inspiran en esta gloriosa visión de Daniel.
El culto universal al Hijo del Hombre está en camino!
Pero hay más. ¿Quién destruye a la bestia (Da 7:11) sino el Hijo del Hombre en su
majestuosa segunda venida (Ap 19:11–21)? El golpe de gracia lo dio en su primera venida
cuando gritó: “Consumado es”, desde una cruz ensangrentada (Jn 19:30). Por lo tanto,
incluso antes de ascender a su Padre (Lc 24:50–53; Hch 1:6–11), Jesús pudo declarar en
Mateo [Link] “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra”. Así que la bestia,
y Satanás que trabaja detrás de ella y a través de ella, puede “oprimir a los santos del
Altísimo” durante una temporada (Da 7:25), pero llegará a su fin. Hasta entonces, dese
cuenta de que el Hijo de Dios se hizo Hijo del Hombre para poder identificarse con nosotros
y consolarnos. Charles Spurgeon lo dijo bien: “Así como Él venció y triunfó una vez por
vosotros, así también ustedes que aman su nombre, triunfarán en él” (Sermons on the Book
of Daniel, 154).

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Por qué cree que los lectores de Daniel se habrían sentido reconfortados al
escuchar este mensaje de la soberanía de Dios?
2. Explique con sus propias palabras qué es la literatura apocalíptica y cómo debemos
interpretarla en la Escritura.
3. ¿Qué sugiere cada una de las bestias sobre los puntos fuertes de sus respectivos
reinos? ¿Qué debilidades sugieren estas imágenes?
4. ¿Cómo se muestra que Dios es soberano incluso sobre las bestias (es decir, los reyes
y sus reinos) en los versículos 4–8?
5. Resuma la importancia de Daniel 7:9–14 para la teología (doctrina de Dios), la
cristología (doctrina de Cristo) y la escatología (doctrina del fin de los tiempos).
6. ¿Cómo muestra la descripción de Dios en 7:9–10 su superioridad sobre las bestias?
7. ¿Qué simboliza la última bestia, además del Imperio Romano? ¿Cómo nos ayuda eso
a aplicar este pasaje a nuestro contexto contemporáneo?
8. ¿Qué pruebas hay en la Biblia para identificar al Hijo del Hombre con Jesús?
9. ¿Qué palabras de consuelo y promesa da esto al pueblo de Dios?
10. Basándose en este y otros pasajes relevantes de las Escrituras, describa la naturaleza
y el carácter del anticristo.
8. ¡Y LAS VISIONES SIGUEN LLEGANDO! UN CARNERO, UN MACHO
CABRÍO Y UN CUERNO PEQUEÑO APOCALÍPTICOS
DANIEL 8:1–27

Idea principal: Incluso ante las pruebas inminentes, el pueblo de Dios recibe consuelo de la
verdad de que nuestro Dios es soberano sobre todas las naciones y los líderes que las
gobiernan.
I. Dios le dio a Daniel una visión (8:1–14)
A. Dios, que conoce el futuro, predijo el ascenso del imperio Medo-Persa (8:1–4)
B. Dios, que conoce el futuro, predijo el surgimiento de Grecia y de Alejandro
Magno (8:5–8)
C. Dios, que conoce el futuro, predijo el ascenso de Antíoco IV Epífanes (8:9–14)
II. Dios envió a Gabriel con una interpretación (8:15–27)
A. La comprensión de la Palabra de Dios requiere la ayuda divina (8:15–17)
B. La comprensión de la Palabra de Dios nos prepara para lo que viene (8:18–26)
C. La comprensión de la Palabra de Dios puede ser personalmente abrumadora
(8:27)

Soy un gran fan de la predicación expositiva por muchas razones. Como creo que la Biblia,
en su totalidad, es inspirada, inerrante e infalible, siento la obligación espiritual de honrar
el texto tal como nos lo dio Dios. Es su Palabra, y debo manejar correctamente esta “palabra
de verdad” (2 Ti 2:15). Nunca, jamás, debo manipularla.
Hay otra razón por la que estoy comprometido con la predicación de la Biblia libro por
libro, capítulo por capítulo y versículo por versículo. Nos obliga a tratar textos y temas
difíciles, textos y temas que gustosamente ignoraríamos o descuidaríamos. Daniel 8 es uno
de esos textos difíciles (¡también lo son los capítulos 9–12 de Daniel!). Es ese tipo de texto
al que solo acudiríamos si estuviéramos predicando capítulo a capítulo el libro de Daniel.
De lo contrario, lo dejaríamos pasar.
En Daniel 8 pasamos de la lengua aramea que comenzó en 2:4 a la lengua hebrea, que
se utilizará en el resto del libro. Los capítulos 8–12 tratan de Israel y de lo que le espera en
el futuro. El hebreo es más adecuado porque era la lengua del pueblo de Dios. Esta es
también la segunda visión apocalíptica que encontramos en Daniel 7–12, pero no es la
última. Está relacionada con Daniel 2 y 7. Abarca material similar, pero también introduce
cosas nuevas. Este texto gira en torno a tres personajes principales: un carnero, un macho
cabrío y un “cuerno pequeño” (8:9). Algunas cosas de este texto se nos explican claramente.
Otras son menos claras y requieren humildad y nuestras mejores conjeturas. Una vez más,
nos sentimos reconfortados y animados por la verdad de que nuestro Dios es soberano
sobre todas las naciones y los líderes que las gobiernan. Como afirma Daniel 2:21 de nuestro
Señor, “Él quita reyes y pone reyes” (cf. 4:17, 25, 32). Los tiranos de esta época se pavonean
brevemente en el escenario. Dios los levanta y los quita. Si nuestro Dios tiene esta clase de
poder sobre las naciones y sus gobernantes, seguramente ese mismo poder está en control
de nuestras vidas también. Esas son buenas noticias cuando los carneros, los machos
cabríos y los cuernos pequeños andan sueltos entre las naciones.
Nuestro capítulo se divide fácilmente en dos grandes secciones: (1) una visión en los
versículos 1–14 y (2) la interpretación en los versículos 15–27.

I. DIOS LE DIO A DANIEL UNA VISIÓN


DANIEL 8:1–14
Daniel 7 y 8 están relacionados pero son diferentes. El capítulo 7 dio una visión de los cuatro
grandes reinos de Babilonia, Medo-Persa, Grecia y Roma. El capítulo 8 proporciona una
visión que reduce el enfoque a Medo-Persa y Grecia. En particular, detallará las
personalidades y los acontecimientos relacionados con Grecia y lo que ocurrirá durante su
ascenso al poder (331–146 a.C.). Ese período será un tiempo tumultuoso y problemático
para el pueblo de Dios, especialmente hacia el final. Sufrirán mucho. Dios, en su gracia, los
está preparando de antemano. El pueblo de Dios nunca se había enfrentado a lo que haría
el cuerno pequeño, un hombre llamado Antíoco Epífanes, un gobernante malvado de tipo
anticristo que instituiría:
[…] un programa sistemático destinado a erradicar por completo todo rastro de la fe, el
culto y la vida de Israel. De ahí que la extrema emergencia justificara la detallada predicción.
Llegaría el día en que Israel necesitaría esta revelación. (Davis, Message of Daniel, 112)

Juan Calvino lo dice bien:


“Los fieles fueron informados de antemano de estas penosas y opresivas calamidades, para
inducirlos a mirar a Dios cuando estuvieran oprimidos por tan extrema oscuridad”.
(Beckwith, Ezequiel, Daniel, 345)

Creo que esta es una buena palabra para nosotros también hoy.

A. Dios, que conoce el futuro, predijo el ascenso del imperio Medo-Persa


(8:1–4)
Daniel recibió una segunda visión después de la primera del capítulo 7. La visión anterior
fue en el primer año del reinado de Belsasar (7:1; ca. 553 a. C.). Esta fue en su tercer año
(ca. 550 a. C.), dos o tres años después. Nótese la repetición de las palabras “visión” y “vio”
a lo largo del capítulo. Daniel no está leyendo un libro. Está viendo una película de ciencia
ficción. Está viendo y respirando la acción en rápido movimiento.
La visión tiene lugar “en la ciudadela de Susa, que está en la provincia de Elam… junto
al Río Ulai” (8:2). No debemos pensar que Daniel se haya trasladado físicamente 354
kilómetros al este de Babilonia y 241 kilómetros al norte del Golfo Pérsico a lo que es el
actual Irán. No, al igual que Juan, que fue llevado “en el Espíritu a un monte grande y alto”
(Ap 21:10), Daniel es transportado por una visión a Susa, la capital de Elam. Curiosamente,
el Código de Hammurabi fue descubierto en Susa en 1901 (Miller, Daniel, 221).
Daniel miró hacia arriba y miró “un carnero” con dos cuernos largos, aunque “uno era
más alto que el otro, y el más alto creció el último” (v. 3). Se trata del Imperio Medo-Persa
(v. 20). El cuerno más largo, fuerte y alto denota la mayor fuerza y dominio de Persia. El
carnero era un símbolo apropiado para este imperio en la visión, ya que los propios persas
utilizaban el animal cuando marchaban a la batalla (Miller, Daniel, 222). El carnero, bajo el
rey Ciro y sus sucesores, extendió su imperio cargando “hacia el oeste, el norte y el sur” (v.
4). Nadie podía detener al carnero. Nadie podía “rescatar de su poder”. Hizo lo que quiso y
se hizo grande”. Durante un tiempo, parece indestructible e imbatible. Y lo es, hasta que
Dios levanta y envía un macho cabrío distinto a todo lo que el mundo ha visto.

B. Dios, que conoce el futuro, predijo el ascenso de Grecia y de Alejandro


Magno (8:5–8)
El carnero parecía invencible hasta que fue atacado por un macho cabrío. Piensa en lo
invencibles que parecían los Carolina Panthers hasta que fueron pisoteados por los Broncos
de Denver en la Super Bowl 50. Del mismo modo, Napoleón y Hitler arrasaron durante un
breve periodo de tiempo antes de encontrarse con su Waterloo y su frente oriental,
respectivamente. El macho cabrío viene del oeste tan rápido que ni siquiera toca el suelo, y
toda la tierra siente su furia. También tiene “un cuerno llamativo entre los ojos” (v. 5). Todos
coinciden en que se trata de Grecia (el macho cabrío) y de Alejandro Magno (el cuerno
conspicuo). El versículo 21 lo aclara. La vida de Alejandro sería breve (356–323 a.C.), apenas
treinta y tres años, pero su influencia en la difusión de la cultura griega sigue vigente hasta
nuestros días, especialmente en el mundo occidental.
Alejandro y sus ejércitos griegos vinieron contra Persia (vv. 6–7) “con furia salvaje”.
Derrotó y destruyó rápida y decisivamente el imperio persa. Los verbos del versículo 7 son
realmente sorprendentes: “enfureció”, “hirió”, “rompió”, “tiró… al suelo”, “pisoteó”. De
hecho, “no hubo nadie que librara al carnero de su poder”. Las luces se apagaron sobre el
carnero cuando el macho cabrío llegó a la escena. Fue derrotado hasta el basurero de la
historia. ¡El carnero ha muerto! ¡Larga vida al macho cabrío!
Alejandro y Grecia se hacen grandes y poderosos de la noche a la mañana (v. 8). Sin
embargo, en la cúspide del poder, Alejandro muere (“el gran cuerno se le rompió”). Cuatro
reyes se repartirán su reino y continuarán en diversas formas hasta que la poderosa Roma
entre en escena. El detalle y la precisión de la palabra profética de Dios es realmente
sorprendente. Daniel está viendo esto y escribiéndolo con cientos de años de antelación.

C. Dios, que conoce el futuro, predijo el ascenso de Antíoco IV Epífanes


(8:9–14)
El reino de Alejandro, tras su muerte, se dividió entre cuatro de sus generales: Casandro
sobre Macedonia y Grecia, Lisímaco sobre Tracia y Asia Menor, Seleuco sobre Siria y
Babilonia, y Ptolomeo sobre Egipto (vv. 8, 22). En el versículo 9, la visión que recibe Daniel
se reduce repentinamente a uno solo de ellos y a un cuerno pequeño que “surgió y creció
ampliamente hacia el sur [es decir, Egipto] y el este [es decir, Persia] y hacia la hermosa
tierra [es decir, Israel]”. Los estudiosos de las Escrituras son de nuevo unánimes en que este
cuerno pequeño es el malvado rey Antíoco IV, que surgió del Imperio Seléucida muchos
años después de la muerte de Alejandro Magno. Reinó del año 175 al 163 a. C. y persiguió
duramente al pueblo de Dios.
La precisión con la que se catalogan sus hazañas ha hecho que los estudiosos liberales
nieguen la autenticidad de la predicción profética de Daniel. Seguramente lo que leemos
aquí, razonan, es vaticinium ex eventu, “profecía después o a partir del acontecimiento”.
Dicen que Daniel no escribió esto en el siglo VI; un autor seudónimo lo escribió bajo el
nombre de Daniel en el siglo II, después de que estos eventos ya habían ocurrido.
Para los que creemos en un Dios sobrenatural que conoce todas las cosas pasadas,
presentes y futuras, ese movimiento de interpretación y comprensión es totalmente
innecesario. Es un error. Dios le dio a Daniel una visión para preparar a su pueblo para lo
que iba a suceder, ¡no para lo que ya había sucedido! Esto último no proporcionaría mucha
ayuda.
Las horribles acciones de Antíoco IV Epífanes (título que se dio Antíoco, que significa
“Dios Manifiesto” o “El Dios Ilustre”; sus enemigos le llamaban Epimanes, que significa
“Loco”) se abordan en los versículos 10–14 y 23–26. Nos dirigiremos a ellos en la forma en
que se les da en el texto.
Conviene hacer una importante aclaración. El cuerno pequeño del capítulo 8 no es el
cuerno pequeño del 7:8. Ese cuerno pequeño es el anticristo del tiempo del fin. El cuerno
pequeño del capítulo 8 es Antíoco IV, que sí sirve como tipo del anticristo. Sus actitudes y
acciones son similares, incluso paralelas en la forma en que tratan al pueblo de Dios.
La persecución de Antíoco contra Israel comenzó alrededor del año 170 a. C. y duraría
justo siete años. A medida que crecía en poder y orgullo (“crecía tan alto como el ejército
celestial”, una referencia al pueblo de Dios, a los ángeles o a ambos), “hizo caer a la tierra
parte del ejército y parte de las estrellas, y las pisoteó” (v. 10). Persiguió brutalmente al
pueblo de Dios, lo que en su mente tenía todo el derecho de hacer. Joyce Baldwin dice bien:
“El cuerno pequeño, al alcanzar las estrellas, está reclamando la igualdad con Dios” (Daniel,
157). Los versículos 11–12 lo confirman. Proclama la igualdad con Dios, el “Príncipe del
ejército celestial”, y comienza su reino de terror. Como veremos, detiene el culto diario de
los sacrificios y destruye el lugar del santuario de Dios. Él “arrojó la verdad [es decir, la
Palabra de Dios] al suelo”, considerándola sin valor. Durante un tiempo “tuvo éxito” en lo
que hizo. Los versículos 13–14 revelan que todo esto continuará “durante 2 300 tardes y
mañanas; entonces el santuario será restaurado”. Las 2 300 tardes y mañanas pueden
significar aproximadamente siete años, o puede referirse a aproximadamente tres años y
medio (aproximadamente 1 150 días). En el año 168 a. C. el templo fue profanado. En el
año 164 a. C. fue limpiado y restaurado. Esto encaja bien con la interpretación de tres años
y medio.
Todo esto es exactamente lo que ocurrió. Hacia el final de nuestro estudio ofreceremos
un resumen histórico de los acontecimientos clave. Por ahora, basta con decir que nuestro
Dios conoce el futuro, y en su gracia deja que su pueblo conozca muchos de los detalles
para prepararlo para lo que viene.

II. DIOS ENVIÓ A GABRIEL CON UNA INTERPRETACIÓN


DANIEL 8:15–27
La revelación de Dios en la Biblia es un regalo. La interpretación de Dios de su revelación es
un doble regalo. Sin la revelación de Dios en la Escritura podríamos sacar conclusiones de
la revelación general (naturaleza y conciencia) de que existe un ser supremo, que el ser
supremo es poderoso y que el ser supremo es moral de alguna manera (Sal 19; Ro 1–2).
Más allá de eso, nos quedaríamos en la oscuridad. Afortunadamente, el Dios cristiano es un
Dios que habla y se deleita en revelarse a su pueblo. En Daniel 8:15–27, Dios envía a su
ángel Gabriel para ayudar a su profeta Daniel a comprender la visión de 8:1–14.
Esto es lo que Daniel ya sabe: un cuerno pequeño de gran depravación se levantará y se
engrandecerá a sí mismo, incluso reclamando un estatus divino para sí mismo (v. 11).
Derrotará a los santos (v. 10), profanará el santuario (el templo y el lugar santo; vv. 11, 13),
y hará caso omiso de las Escrituras (v. 12). Lo hará durante veintitrés tardes y mañanas, un
período de seis a siete años o, más probablemente, de tres a cuatro años (de nuevo,
dependiendo de cómo se interprete la frase).
Es mucho lo que hay que considerar, pero aún faltan detalles. Aunque no está obligado,
Dios, por su gracia, ayuda a Daniel a “tratar de entenderlo” (v. 15).

A. La comprensión de la Palabra de Dios requiere la ayuda divina (8:15–17)


Daniel “había visto la visión y trataba de comprenderla” (v. 15). De repente, dice, “vi de pie,
ante mí, uno con apariencia de hombre”. Su nombre es Gabriel; es un ángel de Dios (v. 16).
Su nombre significa “hombre fuerte de Dios”, o posiblemente “Dios es mi héroe/guerrero”.
Andrew Hill señala:
Solo en el libro de Daniel en el Antiguo Testamento se nombran ángeles (Gabriel en 8:16;
9:21 [cf. Lucas 1:19, 26]; Miguel en 10:13, 21; 12 [cf. Judas 9; Apocalipsis 12:7]). (“Daniel”,
152)

Dios le ha enviado para “explicar la visión” a Daniel. Sin la ayuda divina, Daniel no sería
capaz de comprender lo que vio.
No es de extrañar que Daniel esté aterrorizado cuando Gabriel se acerca a él (v. 17).
Cayó “boca abajo” postrado ante el mensajero celestial. Gabriel se dirige a Daniel como
“hijo de hombre” (o “hijo de Adán”), que en este contexto significa un simple humano, uno
que es mortal. No es un título cristológico, como en 7:13. Gabriel le dice a Daniel que ha
venido para ayudarle a “entender que la visión se refiere al tiempo del fin”. Oímos esa frase
y pensamos en el fin de los tiempos, la segunda venida de Cristo y el reino milenario. Sin
embargo, en el contexto es más probable que se refiera a las personas y eventos
particulares profetizados en este capítulo. En particular, es probable que se refiera a
Antíoco IV y a su persecución del pueblo judío. Sin embargo, como señala Stephen Miller:
Es posible ser fiel al texto y permitir que el cuerno pequeño del capítulo 8, Antíoco IV, sea
un tipo de aquel del que se habla en el capítulo 7, el anticristo escatológico, pues los
paralelismos entre sus caracteres y carreras son sorprendentes. (Daniel, 232)
B. La comprensión de la Palabra de Dios nos prepara para lo que viene
(8:18–26)
El ángel Gabriel comienza a hablar (v. 18), y Daniel entra en estado comatoso (“caí en un
profundo sueño”). Gabriel lo toca y lo pone en pie. Le dice: “Te voy a dar a conocer lo que
sucederá al final de la ira” (v. 19), es decir, el momento en que la persecución (y la disciplina
de Dios sobre su pueblo) bajo el sirio Antíoco IV llega a su fin. Gabriel le dice, en una frase
algo paralela, que esto “se refiere al tiempo señalado del fin”. El tiempo ha sido
determinado y fijado por el soberano Señor de la historia. El pueblo de Dios sufrirá por sus
pecados, pero su sufrimiento no será indefinido. Dios tiene el control absoluto de todo lo
que es y de todo lo que sucederá. Esto incluye las pruebas y tribulaciones de su pueblo. Los
poderes humanos son meros instrumentos en manos de un Dios todopoderoso y
providencial.
Los versículos 20–22 aclaran nuestra comprensión de los personajes principales de la
visión de los versículos 1–15. El carnero de dos cuernos se refiere a Media y Persia. El macho
cabrío peludo se refiere a Grecia. El gran cuerno entre los ojos del macho cabrío se refiere
al primer rey (Alejandro Magno). Los cuatro cuernos que sustituyen al cuerno roto se
refieren a los cuatro reinos (pertenecientes a los cuatro generales Casandro, Lisímaco,
Seluco y Ptolomeo). Gabriel dice: “… se levantarán de su nación” (Grecia y Alejandro), “pero
no con su poder”. Serán mini-imperios, no grandes en la escala de Medo-Persia y Grecia.
Los versículos 23–26 se refieren a Antíoco Epífanes, al que se denomina “un rey
insolente y hábil en intrigas” (v. 23). La versión inglesa estándar lo llama “un rey de rostro
audaz”. Se caracteriza por su arrogancia y orgullo. Se levantará “cerca del final de sus
reinos” (175–163 a. C.) porque la poderosa Roma está en camino. Esto sucederá “cuando
los transgresores [es decir, el pueblo rebelde de Dios] se acaben”. El versículo 12
proporciona un comentario útil sobre este entendimiento. Dios está disciplinando una vez
más a su pueblo por su pecado.
Las palabras “él” y “su” ocupan un lugar destacado en los versículos 24–25, lo que nos
permite esbozar las actividades del “rey despiadado” que “llegará al trono” (v. 23).
• “Su poder será grande, pero no por su propio poder” (v. 24). Es un títere con poder
satánico.
• “Destruirá en forma extraordinaria, prosperará y hará su voluntad” (v. 24; cf. v. 12).
Saldrá victorioso en la batalla, alcanzará el poder y amasará riquezas.
• “Destruirá a los poderosos y al pueblo santo” (v. 24). Derrotará a muchos oponentes
en la guerra y guerreará con éxito contra el pueblo de Dios durante justo siete años.
• “Hará que el engaño prospere por su influencia” (v. 25). Antíoco Epífanes será astuto
y engañoso, no se detendrá ante nada para promover su agenda y prosperar su
mano. Los acuerdos de doble cara y los tratos engañosos son sus cartas de
presentación.
• “Él se engrandecerá en su corazón” (v. 25; cf. v. 11). La arrogancia, el orgullo y la
autodefinición son su trinidad impía.
• “Y destruirá a muchos que están confiados” (v. 25). Es un asesino despiadado y
desmedido.
• “Aun se levantará contra el Príncipe de los príncipes” (v. 25). Se opone a Dios mismo
porque se cree un dios (Zeus manifiesto).
• “Pero será destruido sin intervención humana” (v. 25). Su reinado será corto y su
caída devastadora, todo a manos del Dios del que se burla y al que se opone.
A pesar de la gravedad y lo grotesco de esta imagen, Gabriel afirma que la visión es
verdadera (v. 26). Daniel debe escribirla, sellarla y conservarla para aquellos que la
necesiten en los días venideros. Recuerda que lo que es pasado para nosotros era futuro
para Daniel. Él debe salvaguardarlo para las generaciones futuras.
Entonces, ¿acertó la Biblia en Daniel 8? La respuesta es un sí rotundo. Un breve resumen
histórico añade un poco de carne a los huesos de la profecía de Daniel. Antíoco Epífanes
estaba violentamente amargado contra los judíos. Los odiaba y estaba decidido a
exterminarlos a ellos y a su religión. Devastó Jerusalén en el año 168 a. C., asesinó a decenas
de miles de personas, profanó el templo, ofreció un cerdo en su altar, erigió un santuario a
Júpiter, prohibió el culto en el templo, prohibió la circuncisión bajo pena de muerte, vendió
(según 2 Macabeos 5:11–14) a cuarenta mil judíos como esclavos, destruyó todas las copias
de las Escrituras que se pudieron encontrar y masacró a todos los que se encontraron en
posesión de la Torá de Dios. Recurrió a todas las torturas imaginables para obligar a los
judíos a renunciar a su religión.
Todo ello condujo finalmente a lo que los historiadores llaman la revuelta macabea en
el año 164 a. C. Judas Macabeo (que significa “el martillo”) llevaría a los judíos a la victoria
y a la restauración de su religión. Hoy en día, los judíos celebran Hanukkah (la Fiesta de las
Luces) en recuerdo de ese acontecimiento. Se menciona en Juan 10:22, cuando la Luz del
Mundo entró en el templo.
¿Y Antíoco? El libro judío de 2 Macabeos registra su fin:
Pero el Señor que todo lo ve, el Dios de Israel, le asestó un golpe incurable e invisible. Tan
pronto como dejó de hablar, le sobrevino un dolor en las entrañas para el que no había
alivio y con agudas torturas internas, y eso con mucha justicia, pues había torturado las
entrañas de otros con muchos y extraños infligidos. Sin embargo, no cesó de ninguna
manera su insolencia, sino que se llenó aún más de arrogancia, exhalando fuego en su furia
contra los judíos, y dando órdenes de acelerar el viaje. Y así sucedió que se cayó de su carro
mientras este se apresuraba, y la caída fue tan dura que torturó todos los miembros de su
cuerpo. (2 Macabeos 9:5–7)

Y así, el malvado y despiadado rey desapareció.

C. La comprensión de la Palabra de Dios puede ser personalmente


abrumadora (8:27)
Lo que Daniel vio y asimiló lo aniquiló. Fue personalmente abrumador. Se sintió “agotado y
estuvo enfermo durante días”. La Nueva Versión Internacional dice: “Quedé exhausto, y
durante varios días”. La paráfrasis del Mensaje dice: “Yo… anduve aturdido, enfermo
durante días guardé cama”. Daniel había estado “profundamente angustiado”, incluso
“espantado” por la visión del capítulo 7. La visión del capítulo 8 lo dejó completamente
destrozado. Era más de lo que podía soportar. Le consolaba la realidad de que Dios tenía el
control y que su reino acabaría llegando (v. 25b), pero saber que habría tanta maldad en el
mundo y tanto sufrimiento para el pueblo de Dios antes de que llegara era abrumador. Era
demasiado, al menos por un tiempo.
La enfermedad de Daniel pasó. La gracia de Dios fue suficiente. Al recuperar sus fuerzas,
el profeta de Dios se levantó y volvió a trabajar como lo hacía normalmente: “Me levanté y
antendí los asuntos del rey” (v. 27). Sinclair Ferguson lo dice bien:
Volvió a los deberes a los que Dios le había llamado. No se retiró del mundo en vista de los
días malos que se avecinaban. Tampoco se fue al extremo opuesto y vivió en una “alta”
excitación visionaria. En cambio, cumplió con su deber.
La actitud de Daniel ilustra un importante principio bíblico: en vista de lo que nos depara
el futuro, debemos vivir una vida santa ahora. Él vislumbró realidades que tendrían lugar
siglos más tarde. Esos acontecimientos eran sombras del último conflicto entre el reino de
Cristo y los reinos del mundo. Un día Cristo regresará y el Anticristo “será quebrado sin
manos humanas” como lo fue Antíoco. Esto lo sabemos por el Nuevo Testamento. ¿Cómo
debemos vivir entonces? Pasaje tras pasaje nos da la misma respuesta: Haz los asuntos del
Rey; camina en obediencia; vive en santidad; purifícate como Él es puro. Un día, mientras
cabalgaba hacia un compromiso de predicación, Juan Wesley fue detenido por un extraño
que le preguntó qué haría si supiera que Cristo iba a regresar al mediodía del día siguiente.
Wesley metió la mano en su alforja, sacó su diario, leyó sus compromisos para el resto del
día y para la mañana del día siguiente, y dijo: “Eso, querido señor, es lo que haría”. Su
conocimiento del futuro reino del Señor le permitió vivir ya para ese reino. Ese era el espíritu
de Daniel. ¿Es tan sorprendente que su vida causara una impresión tan duradera? (Daniel,
165)

La visión lo perturbó mucho y no podía entenderla. Sin embargo, Daniel no dejó que le
paralizara. Hizo su trabajo y confió en su Dios. Es un ejemplo para todos nosotros.

CONCLUSIÓN: ¿CÓMO SEÑALA ESTE TEXTO A CRISTO?


Daniel 8 debe leerse a la luz de Daniel 7, que habla de Cristo como el Hijo del Hombre que
viene, y de Daniel 9, que habla de Cristo como “el Ungido [que] será cortado” (9:26). Esto
arroja luz sobre la identidad del “Príncipe del ejército celestial” en 8:11 y del “Príncipe de
los príncipes” en 8:25. Los cuatro títulos apuntan a Cristo, el que destrozará al “rey
despiadado” (v. 23), pero “no por manos humanas” (v. 25). Sidney Greidanus destaca los
paralelos entre el Príncipe de Daniel 8 y el Príncipe Mesías del Nuevo Testamento:
La primera analogía importante es que ambos fueron atacados por gente malvada. “El
Príncipe del ejército” fue atacado por el rey malvado (8:11, 25). Jesús también fue atacado,
pero mucho más severamente. Cuando Jesús nació, el rey Herodes trató de matarlo (Mt
2:13); el diablo lo tentó tres veces (Mt 4:1–10); la gente de su ciudad natal, Nazaret, trató
de “arrojarlo por el precipicio” (Lc 4:28); “Los jefes de los sacerdotes y los escribas buscaban
la manera de dar muerte a Jesús” (Lc 22:2); Pilato hizo azotar a Jesús y luego “lo entregó
para que lo crucificaran” (Mt 27:26); los soldados romanos se burlaron de Jesús, “le
escupieron”, le golpearon en la cabeza con una caña y lo crucificaron (Mt 27:30–35). Sin
duda, el espíritu del Anticristo estaba trabajando para atacar a Cristo incluso durante la vida
de Jesús.
La segunda analogía importante es que el atacante será destruido. Daniel 8:25 declara
que el rey malvado “se levantará incluso contra el Príncipe de los príncipes. Pero será
quebrantado, y no por manos humanas”. La implicación es que “el Príncipe de los príncipes”
romperá al rey malvado. Esta predicción se cumplió cuando el rey Antíoco fue destruido.
Pero encontrará su cumplimiento final en la Segunda Venida de Jesús. Pablo escribe sobre
el final de los tiempos: “Entonces será revelado ese impío [el anticristo], a quien el Señor
matará con el espíritu de Su boca, y destruirá con el resplandor de Su venida” (2 Ts 2:8).
(Preaching Christ from Daniel, 268)

A esta útil visión, David Helm añade con razón:


En su ministerio terrenal, Jesús entró en el templo en un momento de degradación religiosa
y se propuso devolverlo al lugar que le correspondía (Jn 2:13–22) [en contra de Antíoco y
sus acciones malvadas]… La muerte sustitutiva y la resurrección de Jesús pusieron fin a la
necesidad de los sacrificios matutinos y vespertinos de una vez por todas (Heb 10:1–18)…
La última palabra no la tiene el carnero, ni el macho cabrío, sino el Cordero. (Daniel for You,
154–55)

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Cómo señala la visión de Daniel la gracia de toda revelación divina?
2. Un énfasis de este capítulo es que Dios conoce el futuro. ¿Qué efectos debería tener
esta verdad en su vida diaria?
3. ¿Por qué cree que fue necesario y útil que Dios revelara los reinos venideros al
pueblo de Israel?
4. ¿Qué revelan estos versículos sobre cada uno de los reinos representados? ¿Qué
caracteriza a cada uno de ellos?
5. Si Dios no se hubiera revelado en las Escrituras, ¿qué podríamos saber de él? ¿Cómo
se sabe?
6. ¿Qué ayuda divina recibe el cristiano cuando lee e interpreta las Escrituras?
7. ¿Cómo muestra la visión de Daniel tanto el juicio de Dios sobre las naciones
malvadas como su disciplina sobre su pueblo?
8. ¿Se ha sentido alguna vez sobrecogido o abrumado por las verdades de la Escritura,
como le ocurrió a Daniel en este texto? ¿Qué fue lo que leyó y por qué fue tan
poderoso?
9. ¿Por qué es malo ser complaciente en esta vida, sabiendo que la victoria final
pertenece a Cristo?
10. ¿Cómo contrasta Antíoco IV Epífanes, tanto en su obra como en su carácter, con el
Mesías venidero, Jesucristo?
9. LECCIONES SOBRE LA ORACIÓN DE UN HOMBRE DE DIOS
DANIEL 9:1–19

Idea principal: El pueblo de Dios se caracteriza por una confesión humilde y una gran
confianza en la justicia y la fidelidad de Dios.
I. Que sus oraciones fluyan del estudio personal de las Escrituras (9:1–2)
II. Que sus oraciones le lleven humildemente a la presencia de Dios (9:3)
III. Que sus oraciones se caractericen por la confesión honesta y completa de los pecados
(9:4–14)
IV. Que sus oraciones se conviertan en peticiones y súplicas basadas en el carácter de Dios
(9:15–19)

El maravilloso puritano del siglo XVII, John Owen, bien dijo: “Lo que un individuo es en
secreto, de rodillas ante Dios, eso es y no más” (Ferguson, Daniel, 171). Si Owen tiene razón,
y creo que la tiene, entonces Daniel era todo un hombre. Esto es ciertamente lo que Dios
pensaba. En Daniel 9:23, el ángel Gabriel dice del profeta: “Eres un tesoro para Dios”. La
versión inglesa estándar lo traduce así: “Eres muy amado”. La Nueva Versión Internacional
dice: “Eres muy estimado”.
Daniel 9:1–19 contiene una de las oraciones más notables de toda la Biblia. Se desarrolla
en la doble vertiente de (1) la confesión corporativa del pecado y (2) el reconocimiento de
la grandeza, la grandeza, la justicia y la santidad de Dios como expresiones de su carácter.
Es una oración modelo de cómo el pueblo de Dios debe orar por una nación. Pero aún más,
es un modelo de cómo el pueblo de Dios debe orar por una comunidad de fe desolada y
rebelde. Este pasaje muestra al hombre de Dios confesando e intercediendo por el pueblo
pecador de Dios.
El quebrantamiento y la humildad de Daniel cuando ora por “todo Israel” (v. 7) es
sorprendente. Sin embargo, no debemos sorprendernos. Como dijo el fiel predicador
bautista de Londres, Charles Spurgeon:
Un creyente de corazón verdadero no vive para sí mismo. Donde hay abundancia de gracia,
una gran fuerza de espíritu en el servicio de Dios, es seguro que habrá un espíritu de
desinterés… La oración de Daniel debería, por la bendición del Espíritu de Dios, inspirarnos
el espíritu de oración; y que su ejemplo, al olvidarse de sí mismo, y recordar a su pueblo,
debería ayudarnos a ser desinteresados, y llevarnos a cuidar de nuestro pueblo —incluso
del pueblo de Dios— al que tenemos el honor y el privilegio de pertenecer. (Sermons on the
Book of Daniel, 99–100)

Vamos a ver esta oración en cuatro movimientos: versículos 1–2, 3, 4–14 y 15–19. Y
pondremos entre paréntesis cada movimiento con grandes declaraciones sobre la oración
de preciosos santos que se han deleitado en hablar con nuestro Padre celestial. Al hacerlo,
nos sumergiremos en las aguas purificadoras de la oración, pidiéndole a Dios que nos haga
hombres y mujeres de oración como vemos ejemplificado en su profeta llamado Daniel.
I. QUE SUS ORACIONES FLUYAN DEL ESTUDIO PERSONAL DE LAS ESCRITURAS
DANIEL 9:1–2
No ore cuando le apetezca. Tenga una cita con el Señor y cúmplala.
Corrie ten Boom

Daniel nos proporciona un marcador histórico en el versículo 1: era el primer año de Darío
el Medo (otro nombre o título de Ciro; cf. 5:31; 6:1). La fecha es alrededor del año 538 a.
C., aproximadamente doce años después de la visión registrada en el capítulo 8 (Miller,
Daniel, 240). Daniel tiene ahora más de ochenta años. Ha sobrevivido al Imperio Babilónico
y ahora sirve bajo Medo-Persia.
Daniel está leyendo la Biblia, “los libros según la palabra del SEÑOR” (v. 2).
Concretamente, está leyendo en el profeta Jeremías “que el número de años para la
desolación de Jerusalén sería de setenta”. Esta promesa predictiva se encuentra en
Jeremías 25:1–14 y 29:1–11. No debemos pasar por alto el importante punto de que Daniel
consideraba a Jeremías como Escritura al llamarlo “los libros” o literalmente “los escritos”
(Hb sepharim). El canon hebreo no estaba completo, pero Jeremías ya formaba parte de la
Sagrada Escritura.
Dios juzgó a Israel como prometió que lo haría en Deuteronomio 28:15–68. Jeremías
revela que este exilio duraría setenta años. Daniel fue exiliado con otros en el 605 a.C. (cf.
Da 1:1–4). Ahora estamos en el año 538 a. C., y Daniel, al leer a Jeremías, sabe que se acerca
el final del juicio de Dios sobre el exilio de su pueblo. Y sabe que Yahvé (“el SEÑOR” en 9:2,
4) es un Dios del pacto que cumple su palabra (cf. Esd 1:1). Además, como dice
sucintamente Bob Fyall, “Lo que dice la Escritura es lo que dice Dios, y lo que dice Dios
sucede” (Daniel, 132).
Cuando Dios hace una promesa en su Palabra, no es condicional o potencial. Se cumplirá
tal y como Él lo dice. Ningún otro dios puede hacer eso, porque todos los demás dioses son
meros ídolos, a menudo potenciados y energizados por demonios. Isaías 44:6–20 contiene
una mordaz denuncia sobre ellos y sobre quienes los fabrican y adoran.
Daniel creía en las profecías predictivas, al igual que nosotros. La vio al leer y meditar
las Escrituras y confió en ellas como una palabra fiable de Dios. Exiliado, cautivo en una
tierra impía, y acercándose rápidamente al final de su vida, seguía teniendo una gran
esperanza para su pueblo a la luz de las promesas seguras y certeras de la Palabra de Dios.
La confianza en las promesas de Dios no le llevó a la complacencia. Le impulsó a actuar y a
arrodillarse. La inmersión en las Escrituras dará energía a la oración.
Así que, reflexionando sobre estos dos versículos, todos haríamos bien en preguntarnos:
¿Me cuesta orar como debo porque no conozco la Escritura como debería? ¿No me acerco
bien a mi Dios porque no me empapo bien de su Palabra? Dios se deleita en las oraciones
de sus hijos que surgen del tiempo en su Palabra.
Solo a medida que profundicemos en nuestra comprensión de Dios, tal como se revela en
la Biblia, nuestra oración será más rica y estará más sólidamente basada en quién es Dios.
(Fyall, Daniel, 147)
II. QUE SUS ORACIONES LE LLEVEN HUMILDEMENTE A LA PRESENCIA DE DIOS
DANIEL 9:3
Cuando la mente no rebosa de Biblia, el corazón no suele rebosar de oración.
John Piper, “How to Pray for a Desolate Church”, 1992

El versículo 3 describe la actitud humilde y contrita con la que Daniel se acercó al “Señor
Dios” en oración. Comenzó dejando de leer las Escrituras para buscar el rostro del “SEÑOR
mi Dios” (v. 4). René Péter-Contesse y John Ellington señalan que, en el contexto de la
traducción bíblica, “una interpretación literal de la frase verbal volví mi rostro
probablemente sonará extraña en muchos idiomas. Simplemente se centra en el inicio de
la acción de orar fervientemente a Dios” (Handbook on the Book of Daniel, 231). Una
profunda seriedad en el corazón de Daniel le mueve a mirar a su Señor. Buscando al Señor
“mediante la oración y las súplicas de misericordia”, se acerca a él en la triple postura de
“ayuno, cilicio y ceniza”. David Helm ofrece una buena explicación cuando escribe:
El ayuno es la retención de alimentos del cuerpo para dar prioridad a otra cosa, como la
oración. La arpillera era un material áspero, probablemente hecho de pieles de animales
que habrían sido un irritante para la piel, y era una marca de arrepentimiento. La ceniza
simbolizaba la ruina total. En otras palabras, la postura que adoptó Daniel era de visible
lamento. (Daniel for You, 159)

Daniel se dirigió al Señor con un corazón atribulado, con una carga que apenas podía
soportar. De hecho, no podría soportarla sin la ayuda y la fuerza de Dios. La oración de
Daniel debería recordarnos una oración ofrecida en un jardín llamado Getsemaní unos
seiscientos años después. En Getsemaní, en oraciones y súplicas, nuestro Señor Jesús dirigió
su rostro a su Padre en humildes peticiones de misericordia (Lc 22:39–44). La carga de llevar
los pecados del mundo (Jn 1:29) hizo que “su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre,
que caían sobre la tierra” (Lc 22:44). Al venir humildemente, con dependencia, a la
presencia de su Padre, su oración fue escuchada (“no se haga mi voluntad, sino la tuya”, v.
42), y se le proporcionó fuerza para soportar la cruz que le esperaba.
Daniel se humilló para orar. Jesús se humilló tanto para orar como para preparar su
pasión. Es verdaderamente inconcebible que se nos ocurra irrumpir en la presencia de Dios
con arrogancia u orgullo, con soberbia o vanagloria. Cuando conozcamos nuestros pecados
y los de nuestro pueblo, nos acercaremos a Dios de rodillas y con la cara en el suelo. Solo
entonces podremos dirigirnos al Señor con nuestras oraciones y súplicas. Entonces,
podremos derramar con razón nuestros corazones y nuestras almas al “SEÑOR [nuestro]
Dios”.
Toda oración vital supone un desgaste de la vitalidad del hombre. La verdadera intercesión
es un sacrificio, un sacrificio sangrante.
J. H. Jowett, The Pasion for Souls, 1905

III. QUE SUS ORACIONES SE CARACTERICEN POR LA CONFESIÓN HONESTA Y COMPLETA DE LOS
PECADOS
DANIEL 9:4–14
Las grandes personas de la tierra hoy en día son personas que oran, (no) las que hablan de
la oración.
S. D. Gordon, Quiet Talks on Prayer, 1904

La oración de Daniel se registra en los versículos 4–19. Se caracteriza por dos temas
principales: (1) la confesión colectiva del pecado y (2) el reconocimiento del carácter de Dios
y sus poderosos actos de salvación. John Piper señala:
La oración de Daniel comienza con la Biblia y está saturada de ella. Frase tras frase sale
directamente de las Escrituras. Hay alusiones al Levítico (26:40) y al Deuteronomio (28:64)
y al Éxodo (34:6) y a los Salmos (44:14) y a Jeremías (25:11). La oración rebosa de una visión
bíblica de la realidad, porque rebosa de la Biblia. (“How to Pray for a Desolate Church”)

La oración en sí puede analizarse de varias maneras, entre ellas por su estructura y su


contenido. Estructuralmente hay tres movimientos:
• Adoración (v. 4)
• Confesión (vv. 5–14)
• Petición (vv. 15–19) (Miller, Daniel, 243–49)
En cuanto al contenido, uno se siente abrumado por el uso de la palabra “nosotros” y la
acumulación de términos utilizados para describir el pecado de Israel y Judá. Sobre el uso
del “nosotros” y la solidaridad de Daniel con los hebreos en su pecado, Bryan Chapell dice
bien:
Daniel confiesa la realidad de su pecado y del pecado de la gente porque ha sido llamado a
llevar su carga como si fuera suya, aunque él no haya causado la carga. Se siente responsable
de la gente que tiene a su cargo. (Gospel According to Daniel, 158)

En cuanto a los términos utilizados para describir el pecado de Israel y Judá, nótese lo
siguiente: “pecaron, cometieron iniquidad, hicieron lo malo, se rebelaron y se apartaron”
(v. 5), “no escucharon” (v. 6), “cometieron deslealtad” (v. 7), “vergüenza pública”,
“pecaron” (v. 8), “se rebelaron” (v. 9), “no obedecieron” (v. 10), “quebrantaron la ley de
Dios”, “se apartaron”, “se negaron a obedecer”, “pecaron” (v. 11), “cometieron
iniquidades” (v. 13), “no obedecieron” (v. 14), “pecaron”, “actuaron con maldad” (v. 15).
Daniel ha asumido el papel de fiscal y ha construido un caso irrefutable contra los que
“llevan el nombre [de Dios]” (vv. 18–19). Y, sorprendentemente, Daniel se pone del lado del
pueblo rebelde de Dios utilizando los pronombres personales “nosotros” o “nuestro” más
de veinte veces. En una confesión de pecado que se hace eco de Isaías 6, en una confesión
de pecado que reconoce que han roto su pacto matrimonial con Yahvé (Ez 16:8), en una
confesión de pecado que admite no haber guardado los mandatos y ordenanzas del Señor
(9:5), en una confesión de pecado que reconoce que no han escuchado a los profetas de
Dios (v. 6). Daniel reconoce que el exilio de su nación es justo y correcto. ¿Por qué? Porque
“el Señor nuestro Dios es justo en todo lo que ha hecho” (v. 14; cf. v. 7). La “vergüenza
pública” de Israel (vv. 7–8) es merecida. Han faltado al respeto “al Dios grande y temible
que guarda su pacto de gracia” (v. 4). Por eso, las maldiciones prometidas escritas en la Ley
de Moisés (Lv 26; Dt 28) “se han derramado sobre” ellos (v. 11). La vergüenza para el pueblo
de Dios y la vergüenza para la ciudad de Dios (v. 12) es la justa recompensa que ellos mismos
se han buscado.
Sorprendentemente, esta parte de la oración (vv. 4–14) termina con la acusación: “Pero
nosotros no hemos obedecido Su voz [del Señor]”. Dale Davis proporciona palabras de
sabiduría cuando escribe:
Daniel parece estar diciendo que aunque Israel había pasado por los estragos de la
maldición de Dios, el pueblo seguía sin cambiar, sin quebrantar, sin arrepentirse… Israel
tiene una historia de rebelión e idolatría y ha sufrido el juicio de Dios por ello, pero no les
ha llevado a un dolor piadoso y a un arrepentimiento genuino… ¿De qué servirá tener a un
pueblo de vuelta en la tierra sin sentir todavía su pecado y sin ejercitarse en el
arrepentimiento? ¿Que nunca han sido aplastados en su espíritu por su idolatría? No es solo
Israel: la humanidad en general es reacia a admitir el pecado y la culpa. (Message of Daniel,
118)

Ante tal acusación, todos debemos confesarnos: culpables de los cargos.


Para que las naciones vuelvan a ponerse de pie, primero debemos arrodillarnos.
Billy Graham

IV. QUE SUS ORACIONES SE CONVIERTAN EN PETICIONES Y SÚPLICAS BASADAS EN EL


CARÁCTER DE DIOS

DANIEL 9:15–19
La oración no es tanto un acto sino una actitud, una actitud de dependencia a Dios.
Arthur Pink, The Sovereignty of God, 1918

Ante el juez justo (Dios) y el fiscal (Daniel), el pueblo de Dios ha sido juzgado y declarado
culpable. No habrá apelación. No habrá un nuevo juicio. La evidencia es demasiado grande.
De hecho, es irrefutable. ¿Hay entonces alguna esperanza? ¿Hay algún tribunal o vía de
gracia y perdón? Afortunadamente la respuesta es sí, ¡la hay! Sinclair Ferguson es muy útil
aquí cuando dice:
Daniel ve la justicia de Dios tanto como la base del juicio de Dios sobre el pueblo (v. 7) como
la base de su propia oración de perdón (v. 16). ¿Cómo puede ser esto? En la Escritura,
“justicia” significa básicamente “integridad”. A veces se define como “conformidad con una
norma”. En el caso de Dios, la norma a la que se ajusta es su propio ser y carácter. Él es fiel
a sí mismo; siempre actúa según su carácter. (Daniel, 178)

Así, en una oración claramente centrada en Dios, pero orientada a las personas (ibid.,
179), Daniel apela al “Dios grande y admirable que guarda su pacto de gracia” (v. 4) para
que actúe por el bien de su propio nombre, para que actúe de acuerdo con su carácter, su
justicia y su “abundante compasión” (v. 18). En el versículo 15, Daniel apela al éxodo y a la
liberación por gracia de Dios de un pueblo pecador e indigno (entonces y ahora). En el
versículo 16 apela a los actos justos de Dios y suplica que el Señor aparte su “cólera e ira”
de “tu ciudad Jerusalén”. ¿Por qué? Porque “Jerusalén y tu pueblo se han convertido en
objeto de burla [“sinónimo de”] para todos los que nos rodean” (cf. la oración de Ezequías
en 2 Re 19:14–19). Dale Davis vuelve a tener razón: “Daniel golpea el cielo con apelaciones
al honor de Dios” (Message of Daniel, 120). Se trata de la ciudad de Dios, de su monte santo,
de su pueblo (v. 16), de su siervo, de su santuario desolado (v. 17), de su nombre (v. 18), de
su propia causa, de su ciudad, de su pueblo, de su nombre (v. 19).
La súplica de Daniel empieza a crecer cuando pide a Dios: “escucha la oración de Tu
siervo y sus súplicas, y haz resplandecer Tu rostro” (v. 17). “Inclina Tu oído, Dios mío, y
escucha. Abre Tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la cual se invoca Tu
nombre. Pues no es por nuestros propios méritos que presentamos nuestras súplicas
delante de Ti, sino por Tu gran compasión” (v. 18). Luego, alcanzando un crescendo, clama
en el versículo 19: ¡Señor, escucha! Perdona! Escucha y actúa. No te demores. No lo hagas
por nosotros, que no lo merecemos. Señor, hazlo por ti. Hazlo porque dará gloria a tu
nombre y mostrará a las naciones quién eres y cómo eres. Arruinaste tu propia reputación
para llevarnos al arrepentimiento. Restaura tu nombre y tu reputación por tu bien. No
somos dignos. Pero, Señor, ¡tú lo eres!
Dios da forma al mundo mediante la oración. Cuanto más se ora en el mundo, mejor será el
mundo, más poderosas serán las fuerzas contra el mal.
E. M. Bounds, Purpose in Prayer, 19th c.

CONCLUSIÓN: ¿CÓMO SEÑALA ESTE TEXTO A CRISTO?


Alfred Tennyson dice: “La oración hace más cosas de las que este mundo sueña” (Fyall,
Daniel: A Tale of Two Cities, 131). La Biblia nos enseña cuán cierto es esto, especialmente
cuando un hombre de Dios intercede por el pueblo de Dios. Moisés, en Éxodo 32 (cf. Dt
9:13–14), suplica a Dios que no destruya al pueblo por su idolatría. En cambio, le pide a Dios
que tome su vida en su lugar. Dios no los aniquiló. Aquí Daniel se identifica con su pueblo
en su pecado, haciendo del pecado de ellos, su pecado. Ambos anticipan al gran Moisés (Dt
18:15–20) y al gran Daniel, que se identificará con los que salvará y se sustituirá a sí mismo
en la muerte, ocupando su lugar y soportando el castigo de su pecado. Y hay que tener en
cuenta el importante papel que desempeñó la oración en el pasado, pero también en el
presente. En el pasado, en el huerto de Getsemaní, nuestro Señor se turbó y lloró en oración
mientras se preparaba para asumir los pecados del mundo y soportar en su propio cuerpo
el juicio y la ira de Dios. Pero ahora, como nos dicen Romanos 8:34 y Hebreos 7:25, tenemos
un intercesor en el cielo, un gran sumo sacerdote, que defiende nuestra causa ante “el Dios
grande y admirable que cumple su pacto de gracia con los que le aman y guardan sus
mandatos” (Da 9:4).
La oración de Moisés atrae mi admiración. La oración de Daniel me inspira emulación.
Las oraciones de Jesús me mueven a la adoración, porque le llevaron a experimentar la
“vergüenza pública” (v. 7) en mi lugar. Sus oraciones fueron escuchadas por mi Dios, y le
llevaron a perdonar. Al escuchar las oraciones de su propio Hijo amado, mi Dios prestó
atención y actuó, resucitando a Jesús de entre los muertos, tras lo cual Cristo ascendió a lo
alto y “es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, ya
que vive perpetuamente para interceder por ellos” (Heb 7:25). Me encantan los hombres
que oran. ¡Adoro a mi Dios quien es constante en oración por nosotros!
REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. La oración revela mucho sobre quiénes somos realmente. ¿Qué revela su vida de
oración sobre usted?
2. ¿De qué manera las Escrituras pueden y deben dar forma a nuestras oraciones?
3. ¿Cuáles son algunas formas prácticas de incorporar las Escrituras a su vida de
oración?
4. Muchos cristianos consideran que es más difícil orar cuando no dedican tiempo a la
Palabra de Dios. ¿Por qué crees que es así? ¿Encuentra que es cierto en su propia
vida? Si es así, explíquelo.
5. ¿Por qué el orgullo y la oración son tan opuestos?
6. En este texto, Daniel lleva al Señor su corazón cargado. ¿Hay alguna carga que
necesite usted llevar a Dios con humildad y confianza en su carácter?
7. ¿Qué barreras o excusas utiliza para evitar la confesión honesta y completa del
pecado a Dios?
8. Daniel se agrupa explícitamente con el pueblo rebelde de Israel. ¿Cómo nos enseña
esto cómo debemos relacionarnos con otros cristianos?
9. ¿Cómo es la disciplina de Dios hacia su pueblo consistente con su carácter? ¿De qué
manera su misericordia y su perdón son coherentes con su carácter?
10. ¿Cómo la identificación de Daniel con el pueblo de Israel apunta al evangelio y a lo
que Cristo ha hecho por usted?
10. LAS SETENTA SEMANAS DE DANIEL Y LA OBRA
GLORIOSA DEL MESÍAS JESÚS
DANIEL 9:20–27

Idea principal: Dios tiene un plan para lograr la salvación de su pueblo y el juicio de sus
enemigos, y se centra en la persona y la obra de Jesucristo.
I. Dios escucha las oraciones apasionadas de sus hijos amados (9:20–23)
A. Daniel oró a Dios (9:20–21)
B. Dios respondió a la oración de Daniel (9:21–23)
II. Dios tiene un plan profético para lograr nuestra salvación (9:24–27)
A. En su tiempo, Dios se ocupa del pecado (9:24)
B. En su tiempo, Dios envía al Mesías Jesús (9:25–26)
C. En su tiempo, Dios juzga a su pueblo (9:26)
D. En su tiempo, Dios destruye a sus enemigos (9:27)

El gran expositor Alistair Begg dice de manera juguetona, pero sabiamente, respecto a
Daniel 9:24–27:
En lo que sigue, me reservo el derecho de cambiar de opinión esta misma noche, y tantas
veces como sea necesario durante el resto de mi vida, hasta que finalmente resuelva el
asunto. Lo que estoy a punto de revelar para ustedes molestará a algunos, decepcionará a
otros, confundirá a muchos, y quizás animará a unos pocos. (“Gabriel and the 70 Weeks”)

Después de pasar docenas y docenas de horas estudiando este texto, comprendo


plenamente su posición. Joyce Baldwin dice: “Los últimos cuatro versículos [de Daniel 9]
presentan el texto más difícil del libro” (Daniel, 163). Stephen Miller dice que Daniel 9:24–
27 “son cuatro de los versículos más controvertidos de la Biblia” (Daniel, 252). J. A.
Montgomery es quizá el más pintoresco cuando escribe: “La historia de la exégesis de las
70 semanas de Daniel es el pantano lúgubre de la crítica del Antiguo Testamento” (“Daniel”,
168).
No cabe duda de que hay dificultades en los detalles. Sin embargo, no debemos dejar
que esa realidad nos distraiga del panorama general que es claro y evidente para todos. Con
su maravilloso don de palabras, Charles Spurgeon expone el plan divino de Dios para
nosotros:
El Señor Dios fijó un tiempo determinado para la venida de su Hijo al mundo; nada se dejó
al azar. La sabiduría infinita dictó la hora en que debía nacer el Mesías y el momento en que
debía ser cortado. Su advenimiento y su obra son el punto más alto del propósito de Dios,
la bisagra de la historia, el centro de la providencia, la coronación del edificio de la gracia, y
por lo tanto un cuidado peculiar vigiló cada detalle. Una vez en el fin del mundo apareció el
Hijo de Dios para eliminar el pecado mediante el sacrificio de sí mismo, y este es el
acontecimiento ante el cual deben inclinarse todos los demás acontecimientos. La mente
estudiosa se deleitará en buscar las razones por las que el Mesías no vino antes, y por qué
no se demoró hasta épocas aún más tardías. Las profecías declararon la fecha; pero mucho
antes la sabiduría infalible la había fijado por las razones más profundas. Fue bueno que el
Redentor viniera: fue bueno que viniera en lo que la Escritura llama la plenitud de los
tiempos, incluso en estos últimos días.
Obsérvese, además, que el Señor le dijo a su pueblo, de manera un tanto oscura, pero
con bastante claridad, cuándo vendría el Cristo. (Sermons on the Book of Daniel, 121)

Así que Dios tiene un plan específico en el que el Mesías vendrá y tratará decisivamente
con el pecado, aunque será ejecutado en el proceso, y muchos problemas precederán y
seguirán a esa venida. Israel, en particular, sufrirá, pero Dios ha decretado cómo y cuándo
llegará el final. Independientemente de dónde estemos o de lo que estemos viviendo,
podemos confiar en Él pues tiene el control. Su plan se llevará a cabo tal y como lo ha
planeado.
Daniel ora por su pueblo Israel (9:4–19). Su oración es de profundo arrepentimiento y
confesión de corazón. En Deuteronomio 4 y 28 se dice que Israel pecaría, sería dispersado
de su tierra, buscaría a Dios (lo que Daniel está haciendo en su nombre) y volvería al Señor
(véase Dt 4:25–31). Jeremías 25:1–14 y 29:10–14 nos dicen que este exilio particular en
Babilonia duraría setenta años. Daniel entendió estos versículos literalmente y reconoció
que el exilio estaba llegando a su fin. Curiosamente, cuando el rey Salomón expresó su
oración de dedicación por el templo en 1 Reyes 8:22–53, dijo que si y cuando Israel fuera
enviado al exilio por su pecado, debería buscar a Dios en oración y arrepentimiento y Él lo
perdonaría y rescataría. Daniel está haciendo exactamente lo que Salomón sugirió en esa
oración casi quinientos años antes.
Nuestro pasaje puede dividirse en dos partes: (1) las oraciones de Daniel (9:20–23) y (2)
la profecía de Dios (9:24–27). ¡Prepárese para una montaña rusa hermenéutica!

I. DIOS ESCUCHA LAS ORACIONES APASIONADAS DE SUS HIJOS AMADOS


DANIEL 9:20–23
Santiago 4:3 tiene una severa advertencia cuando se trata de la oración. Allí, el medio
hermano de Jesús dice: “Piden y no recibena, porque piden con malos propósitos 1, para
gastarlo en sus placeres” (NVI, “pasiones”; TLA, “malos deseos”). A quién, por qué y cómo
oramos es importante para Dios. El profeta Daniel nos ofrece un maravilloso ejemplo de un
hombre cuya vida de oración reunía todos los criterios para recibir una respuesta de Dios.

A. Daniel oró a Dios (9:20–21)


Daniel 9:20–27 sigue a la larga oración de 9:1–19. Creo que este pasaje describe esa oración
e indica que Daniel seguía orando. Él aún estaba:
[…] hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israela, y
presentando mi súplica delante del SEÑOR mi Dios por el santo monte de mi Dios. (v. 20)
Está orando a la persona adecuada con la postura correcta, algo que siempre caracteriza
a la oración real y auténtica.
Mientras ora, el ángel Gabriel aparece de repente en forma de hombre. Daniel observa
que es el mismo ángel que había visto en su primera visión (8:15–17). Gabriel significa
“hombre fuerte de Dios”, lo cual es apropiado porque viene a prestar apoyo a Daniel en su
estado de extrema fatiga (9:21). Gabriel se menciona dos veces en los capítulos 8–9 de
Daniel. En el Evangelio de Lucas, se aparece a Zacarías y a María anunciando los nacimientos
de Juan el Bautista y de Jesús (Lc 1:11–38). Algunos creen que es un arcángel, aunque la
Biblia nunca lo llama así.
Daniel dice que el ángel vino “a la hora de la ofrenda de la tarde” (Da 9:21). Esto es
interesante. No había habido sacrificios vespertinos en el templo de Jerusalén desde que
fue destruido en el año 586 a. C. Sin embargo, Daniel sigue contando el tiempo según su
calendario religioso. “Todavía funciona con la ‘hora de Jerusalén’ ”, dice Dale Davis
(Message of Daniel, 124). Daniel, a sus más de ochenta años, no ha perdido su identidad
espiritual. El reloj de Yahvé es su reloj.

B. Dios respondió a la oración de Daniel (9:21–23)


Dios envió a su ángel Gabriel mientras Daniel oraba (v. 21). Está allí para ayudar a Daniel a
entender, “para darle entendimiento” (v. 22). Aunque algunos hacen una conexión aquí con
la visión del capítulo 8, creo que es mejor ver a Gabriel respondiendo a la oración de Daniel
en el capítulo 9 y proporcionando una explicación del exilio de Israel y su futuro, cosas que
eran las preocupaciones de la oración de Daniel.
En el versículo 23 Gabriel le dice a Daniel que en el momento en que empezó a orar “se
dio la orden, y he venido para explicártela”. ¿Por qué? El texto nos lo dice claramente: “…
porque eres muy estimado [para Dios]”. A los que el Señor ama mucho, los escucha. A
aquellos que son muy amados, nuestro Dios los honra. Daniel es precioso a los ojos de Dios,
y por tanto también lo son sus oraciones. Dios valora las oraciones de sus santos fieles y
justos. Los atesora. Gabriel ha sido enviado directamente por Dios con una respuesta a la
oración de Daniel. Por lo tanto, Daniel debe “considerar cuidadosamente el mensaje y
entender la visión” a través de la aparición y las palabras de Gabriel. Daniel está a punto de
recibir una de las visiones y revelaciones más grandes e importantes de toda la Biblia. Su
estado de alerta y preparación es imprescindible.

II. DIOS TIENE UN PLAN PROFÉTICO PARA LOGRAR NUESTRA SALVACIÓN


DANIEL 9:24–27
Los versículos 24–27 abordan la profecía de las “setenta semanas” (o mejor, los “setenta
sietes”) de Daniel. Prácticamente todos los estudiosos coinciden en que los “sietes”
representan años y no semanas. La palabra “siete” funciona como la palabra inglesa
“dozen” (docena). Puede referirse a siete días, semanas, meses o años. Dios le está diciendo
a Daniel que el exilio de Israel no durará setenta años. Durará setenta veces siete años, es
decir, cuatrocientos noventa años. Los hebreos habrían entendido fácilmente esta
ambigüedad entre días y años. No solo celebraban el sábado cada siete días, sino que
también debían celebrar un “año sabático” cada siete años según Levítico 25:1–7.
Desgraciadamente, habían desobedecido el mandato, y esa fue una de las razones por las
que fueron exiliados durante setenta años (cf. Lv 26:33–35; 2 Cr 36:21).
Hoy en día, varios estudiosos sostienen cuatro puntos de vista principales sobre cómo
entender los setenta sietes. Los anotaré rápidamente y luego pasaré a nuestros versículos
defendiendo el punto de vista que creo que es la mejor comprensión en el momento en que
estoy escribiendo esto.
Opinión 1. Los setenta sietes son años literales que van desde el año 605 o el 586 a.C.
hasta el reinado de Antíoco (Epífanes) en el año 167–164 a. C. Las fechas, sin embargo,
simplemente no funcionan, y este punto de vista no encaja bien con lo que dice realmente
Daniel 9:24–27. Este es un punto de vista que suelen defender los eruditos más liberales.
Opinión 2. Los setenta sietes son periodos de tiempo simbólicos que culminan en el siglo
I d. C. Este punto de vista también lucha con las fechas y el contenido de la profecía.
Opinión 3. Los setenta sietes son períodos de tiempo simbólicos que terminan con la
segunda venida de Cristo.
Los setenta 7 son una profecía de la historia de la iglesia (tanto del Antiguo Testamento
como de la iglesia del Nuevo Testamento) desde el decreto de Ciro en el año 538 a. C. hasta
el regreso de Cristo al final de la era. (Miller, Daniel, 255)

Este punto de vista también me parece poco convincente.


Opinión 4. Los setenta sietes son años literales que terminan con la segunda venida de
Cristo, pero también incluyen su primera venida. Y hay una importante brecha profética
entre la sexagésima novena y la septuagésima semana. Las primeras sesenta y nueve
semanas ya han pasado. La culminante septuagésima semana es todavía futura. Stephen
Miller expone este escenario, y su punto de vista es el que encuentro más convincente en
general.
Los primeros siete sietes (cuarenta y nueve años) comienzan con la orden de reconstruir
Jerusalén (ya sea el decreto a Esdras en el 458 a. C. o el decreto a Nehemías en el 445 a. C.)
y terminan con la finalización de la obra de Esdras y Nehemías, unos cuarenta y nueve años
después (ya sea hacia el año 409 a. C. o hacia el año 396 a. C.). Los siguientes sesenta y dos
sietes (434 años) se extienden desde el final del primer grupo de sietes hasta la primera
venida de Cristo (ya sea su bautismo en el año 26 d. C. o la presentación de Cristo al pueblo
como Mesías en el Domingo de Ramos del año 32/33 d. C.). (Daniel, 257)

La septuagésima semana está separada en el tiempo de las sesenta y nueve. Daniel


9:26b–27 se refiere tanto a la destrucción de Jerusalén en el año 70 como a la llegada del
anticristo al final de la era. Tito, el general romano, es un precursor y tipo del anticristo. La
destrucción de Jerusalén en el año 70 presagia una persecución al final de los tiempos que
superará todo lo que el mundo ha conocido. Creo que este es el entendimiento de Jesús de
acuerdo a su enseñanza en el Discurso del Olivar en Mateo 24 (note especialmente los vv.
15–28).
Recorramos estos cuatro versículos con humildad y atención. Haré énfasis en aquello
en lo que podemos tener más seguridad. Y volveré a recordar que debemos pisar
suavemente donde los ángeles temen ir.

A. En Su tiempo, Dios se ocupa del pecado (9:24)


Gabriel le dice a Daniel: “Setenta sietes” (la traducción literal) “han sido decretadas sobre
tu pueblo [Israel] y sobre tu santa ciudad [Jerusalén]”. Robert Fyall señala:
Detrás de todos los usos bíblicos del siete se encuentran los siete días de la creación. Así, el
regreso del Exilio no es simplemente un nuevo Éxodo, sino una nueva creación y, por tanto,
presagia el final de los tiempos. (Daniel, 142)

Durante los setenta sietes, ocurrirán seis cosas:


• La rebelión se acabará.
• Se pondrá fin al pecado.
• La expiación de la iniquidad tendrá lugar.
• La justicia eterna será introducida.
• La visión y la profecía serán selladas.
• El lugar santísimo o Santo será ungido.
Cualquiera con un conocimiento y comprensión incluso limitados de la Biblia y la fe
cristiana podría leer esto y responder inmediatamente: “Esto está hablando de Jesús y de
lo que hizo por nosotros”. Durante las setenta semanas, el pecado es tratado de una vez
por todas por medio de la expiación cuando “el Mesías Príncipe” es cortado, crucificado
después de sesenta y nueve semanas (vv. 25–26). Su sacrificio expiatorio es la palabra final
de Dios y dará paso a la justicia eterna mediante la unción del lugar santísimo, tal vez un
futuro templo como el descrito en Ezequiel 40–48, o posiblemente el Santo Jesús, que
constituye un nuevo templo en sí mismo y en su cuerpo, la iglesia (Jn 2:18–21; 1 Co 3:16; Ef
2:19–21). En cualquier caso, ¡el pecado está llegando a su fin! El Mesías Príncipe y su obra
de expiación se encargarán de ello.

B. En Su tiempo, Dios envía al Mesías Jesús (9:25–26)


Daniel 9:25–27 se centra en tres acontecimientos que tienen lugar durante los 490 años: El
primero es la reconstrucción de Jerusalén (v. 25) durante las primeras siete semanas, o
cuarenta y nueve años. El segundo es la venida y muerte del Mesías (v. 26) durante las siete
más sesenta y dos semanas, o 483 años. Y la tercera es la persecución por parte del
anticristo (el gobernante venidero del pueblo) y su derrota (v. 27) en la semana final o
septuagésima.
En el versículo 25 se le dice a Daniel que sepa y entienda que “desde la salida de la orden
para restaurar y reconstruir a Jerusaléna hasta el Mesíasb Príncipe 1c, habrá siete semanas
y sesenta y dos semanas” (según la English Standard Versión, cuarenta y nueve años).
Esta “salida de la orden” o “emisión del decreto” es probablemente una referencia al
decreto de Artajerjes I a Esdras en el año 458 a. C. o a un segundo decreto de Artajerjes I a
Nehemías en el año 445/444 a. C. Aunque el dogmatismo no está justificado, me inclino por
la fecha del año 458 a. C. como punto de inicio correcto de los setenta sietes. El templo, la
ciudad y las murallas se reconstruirían, pero los problemas acompañarían la reconstrucción
a cada paso del camino, especialmente durante los primeros cuarenta y nueve años, como
deja claro el libro de Nehemías.
El versículo 26 nos informa entonces que después de las sesenta y dos semanas (más
las siete anteriores, lo que equivale a sesenta y nueve semanas, o 483 años), el gobernante
ungido, el Mesías, “será muerto y no tendrá nada”. Si el año 458 a. C. es correcto, 483 años
nos llevan a alrededor del año 26–27 d. C., la época de Cristo y el comienzo de su ministerio
público. Esta es una predicción y un cumplimiento extraordinarios. ¡Qué asombrosa
exactitud!
Luego, en algún momento después de la sexagésima novena semana, probablemente
un tiempo corto, el Mesías es muerto y dejado sin nada (9:26a). Es condenado a muerte y
parece ser “cortado de la tierra de los vivientes” (Is 53:8). James Boice resume bien nuestro
texto en este punto:
Cualquiera que sea el cálculo que se haga, el punto es que para el final de las sesenta y
nueve semanas de años [o poco después] la gran obra de la expiación del Señor Jesucristo
por el pecado debe ser completada. (Daniel, 101)

C. En Su tiempo, Dios juzga a su pueblo (9:26–27)


El Mesías ha sido rechazado. El juicio sigue a lo que Gabriel llama “el pueblo del gobernante
que viene”. Creo que los romanos y el general Tito fueron típicos de esta profecía en la
destrucción de Jerusalén y el templo en el año 70. El fin de Israel en verdad fue como una
inundación, y fue una guerra trágica y horrible. En efecto, “las desolaciones están
determinadas” (9:26b). Pero este no es el final. Hay una brecha profética común entre la
sexagésima novena y la septuagésima semana. Robert Gundry lo dice muy bien:
La posibilidad de una brecha entre las semanas sesenta y nueve y setenta se establece por
el bien aceptado fenómeno de la perspectiva profética en el Antiguo Testamento, en el que
no se percibían brechas como la existente entre el primer y el segundo advenimiento. (The
Church and the Tribulation, 190)

Esto encaja con la narrativa bíblica, en la que el Mesías es cortado al final de la


sexagésima novena semana o poco después, y Jerusalén y el templo son destruidos después
de la sexagésima novena semana pero antes de la septuagésima.

D. En Su tiempo, Dios destruye a sus enemigos (9:27)


El versículo 27 trata de la septuagésima semana, los últimos siete años de la historia antes
de la llegada del reino de Dios en su plena y gloriosa manifestación. Comienza cuando él, el
príncipe del versículo 26, hace “un pacto firme con muchos por una semana” (v. 27).
Tipificado por Tito, este es el anticristo, el cuerno pequeño de Daniel 7:8. Es un engañador
y perseguidor de la humanidad. Es un engañador y perseguidor del pueblo de Dios. El
anticristo, o el gobernante venidero, hace este “pacto firme” con muchos. Probablemente
se refiera al pueblo judío (aunque algunos identifican a este grupo más específicamente
como judíos incrédulos o incluso verdaderos creyentes). En el punto medio del período de
tiempo (tres años y medio), aparentemente rompe el pacto y pone fin a los sacrificios y
ofrendas. El culto al Dios verdadero, o a cualquiera que no sea Él, está proscrito y prohibido
(véase Apocalipsis 13). La frase “Sobre el ala de abominaciones vendrá el desolador” muy
probablemente habla de la propagación de las abominaciones en el contexto de la idolatría.
Esto continuará pero no para siempre. Continuará “hasta que la destrucción decretada sea
derramada sobre el desolador” —hasta que Dios lo detenga y en el proceso derrame su
juicio e ira sobre el anticristo—. Stephen Miller, citando la NVI, maneja estos difíciles
versículos tan bien como cualquiera:
Las increíbles atrocidades del Anticristo contra sus semejantes y sus ataques contra Dios
mismo (cf. 7:21–25) incluirán incluso la pretensión idolátrica de que es una deidad con un
intento de adoración forzada de sí mismo (cf. 2 Ts. 2:4; Ap 13:8, 14–17).
“El desolador” (RVC, “el destructor”) se refiere al Anticristo, que prohibirá el culto y por
lo tanto hará que el área del templo esté desolada (vacía). En lugar de ser un objeto el que
desola en este contexto, parece ser el propio Anticristo el que desola. Las terribles
atrocidades de esta persona (“abominaciones”) y el hecho de que provoque la desolación
del templo (debido a la persecución religiosa) da lugar al juicio anunciado en la última parte
del versículo.
Este será un período terrible en la historia del mundo, pero el Señor ha “decretado” que
estas atrocidades no continuarán para siempre. La maldad del Anticristo durará solo “hasta
que una destrucción completa, la que está decretada, sea derramada sobre el desolador”.
“Derramada” describe pintorescamente el diluvio de juicio que alcanzará al Anticristo (7:9–
11, 26; 2 Ts 2:8; Ap 19:19–21). “Sobre el desolador” (Heb. šōmēn), una referencia al
Anticristo, que causará la desolación del templo. (Daniel, 273)

Dale Davis añade sucintamente:


Un gobernante final se exalta a sí mismo, impone su autoridad, prohíbe la verdadera
adoración, instiga la adoración idolátrica y se topa con la trituradora del decreto de Dios.
Predeterminado. En el objetivo. Certero. (The Message of Daniel, 137–38)

CONCLUSIÓN: ¿CÓMO SEÑALA ESTE TEXTO A CRISTO?


Daniel ve por Jeremías que el exilio durará setenta años. Por lo tanto, hace una oración de
arrepentimiento y confesión para preparar al pueblo para el regreso a casa, y suplica a Dios
que actúe con misericordia para su gloria al rescatar a su pueblo de su pecado y exilio (9:1–
19). Dios responde a Daniel enviando a Gabriel para que le dé una revelación profética.
Gabriel le dice a Daniel que el exilio durará en realidad setenta veces siete años, es decir,
cuatrocientos noventa años, y que el exilio no terminará hasta que venga el Mesías y sea
crucificado, momento en el que se acabará con el pecado y se introducirá la justicia.
Después de eso, en la “semana” final de la historia humana, el anticristo vendrá, trayendo
la gran tribulación y profanando la ciudad santa. Pero será derrotado como profetizan
Daniel 7 y 9. Hay una realidad de ya/todavía no en esta profecía. Hay un misterio
significativo, pero también hay certezas divinas en las que todos podemos estar de acuerdo.
H. C. Leupold llama a Daniel 9 “el programa divino para las edades” (Exposition of Daniel,
406). En eso tiene razón porque apunta y gira todo alrededor del gobernante ungido, el
Mesías Jesús. El texto predice la venida del Mesías, Jesús de Nazaret, que abolirá el pecado
y establecerá la justicia eterna al ser “cortado”, ejecutado en una cruz romana. Y vendrá
exactamente cuando Dios lo prometió en una de las profecías más sorprendentes de toda
la Biblia. Después de su muerte, la ciudad de Jerusalén y el templo serán destruidos, lo que
ocurrió en el año 70 bajo el general romano Tito. Como enseñó Jesús en el Discurso del
Olivar de Mateo 24, este trágico acontecimiento anticipa y tipifica el final de esta presente
era de maldad y la llegada de un gobernante venidero, el anticristo. El perseguirá al pueblo
de Dios y devastará la tierra de Dios, pero su fin vendrá como una inundación cuando el
gobernante ungido regrese y lo destruya. Todos los que anhelan y aman al gobernante
ungido, el Rey Jesús, experimentarán en toda su plenitud las bendiciones de salvación de
9:24. Hasta entonces, trabajamos y esperamos. Servimos y esperamos. El plan está en
marcha. El reloj está en marcha. ¡El gobernante ungido está en camino!

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. Daniel vuelve a mostrarse como un hombre de oración. ¿Qué clase de oraciones
escucha Dios? ¿De quién se complace Dios en escuchar?
2. Este es un pasaje notoriamente difícil. ¿Cómo debemos abordar textos como este
que pueden causar tanta confusión?
3. ¿Por qué Dios le da esta profecía a Daniel en este momento?
4. Resuma cada una de las cuatro interpretaciones principales de los setenta sietes.
¿Cuáles son los puntos fuertes y débiles de cada una?
5. Este pasaje tiene algunas cosas más claras y otras menos claras. ¿Cuáles son algunas
de las cosas que podemos identificar claramente en este texto?
6. ¿Qué hay en los setenta sietes que parece apuntar a la obra del Mesías?
7. ¿Qué significa que el Mesías sea “cortado” (9:26), y por qué es importante este
detalle para entender el Nuevo Testamento?
8. ¿Cómo revela este pasaje tanto la misericordia como el juicio de Dios?
9. Esta profecía abarca el vasto ámbito de la historia del mundo. ¿Qué nos dice esto
sobre Dios y su poder?
10. Sabiendo que la historia y el futuro están en manos de Dios, y que su plan es seguro,
¿cómo deben vivir los cristianos hasta que su plan se lleve a cabo?
11. LAS REALIDADES DE VIDA Y MUERTE DE LA GUERRA
ESPIRITUAL
DANIEL 10:1–21

Idea principal: El pueblo de Dios puede estar seguro de la realidad de la guerra espiritual
que le rodea y de la victoria garantizada de Dios sobre todos sus enemigos.
I. La guerra espiritual implica la acción divina (10:1)
A. Dios revela Su palabra (soberanía divina)
B. El hombre busca comprender (responsabilidad humana)
II. La guerra espiritual requiere refuerzos dados a través de la oración y el ayuno (10:2–
3, 12)
A. Dios ve nuestro dolor por nuestro pecado (10:2–3)
B. Dios escucha nuestras oraciones cuando provienen de un corazón humilde
(10:12)
III. La guerra espiritual puede ser abrumadora en sus realidades (10:4–17)
A. La gloria de Dios puede agotarnos la fuerza (10:4–9)
B. El conflicto espiritual puede dejarnos sin aliento (10:10–17)
IV. La Guerra Espiritual debe resultar en un fortalecimiento espiritual (10:18–21)
A. Debemos recibir paz, fuerza y valor (10:18–19)
B. Debemos recibir una visión de la verdad tanto terrenal como celestial (10:20–
21)

Abraham Kuyper (1837–1920), el brillante periodista, teólogo y primer ministro de los


Países Bajos, escribió una vez:
Si una vez que la cortina fuera retirada, y el mundo espiritual detrás de ella saliera a la vista,
expondría a nuestra visión espiritual una lucha tan intensa, tan convulsiva, barriendo todo
dentro de su alcance, que la batalla más feroz jamás luchada en la tierra parecería, en
comparación, un mero juego. No aquí, sino allá arriba: allí es donde se libra el verdadero
conflicto. Nuestra lucha terrenal zumba en su contragolpe. (Ferguson, Daniel, 199)

Una afirmación tan audaz y llamativa encuentra una justificación bíblica cuando
llegamos a Daniel 10 y al principio del final de este maravilloso libro. Daniel 10–12
constituye el final de esta joya profética. El capítulo 10 es el preludio de la detallada visión
del capítulo 11. El capítulo 12 proporciona la conclusión adecuada tanto de la visión como
del libro. El capítulo 10 descorre la cortina espiritual y nos da un breve vistazo a un mundo
de guerra espiritual que es muy real, aunque se desencadena sin que el ojo físico lo vea.
Confieso que este capítulo me convence, incluso me atormenta. Si las palabras de este
capítulo son ciertas, y creo que lo son, ¿por qué no oro más? ¿Por qué no oro con más
pasión y seriedad? Nuestras oraciones proporcionan un refuerzo espiritual para las batallas
que tienen lugar “contra las fuerzas espirituales y malignas en los cielos” (Ef 6:12). Nuestras
oraciones son armas de guerra que proporcionan munición a los ángeles cuando se
enfrentan a las fuerzas demoníacas del mal en un combate espiritual. Nuestras oraciones
son importantes. Hacen la diferencia en este mundo invisible pero cierto de lo espiritual.
Nos guiaré a través de este texto, haciendo cuatro observaciones principales sobre
ciertas verdades relativas a las realidades de la guerra espiritual. Dios no nos revela todo lo
que nuestras mentes curiosas quisieran saber. Sin embargo, sí nos revela todo lo que
necesitamos saber.

I. LA GUERRA ESPIRITUAL IMPLICA UNA ACCIÓN DIVINA


DANIEL 10:1
El año es aproximadamente el 536 a. C., “el tercer año de Ciro, rey de Persia” y el tercer año
después de su conquista y victoria sobre Babilonia y Beltsasar, como se registra en Daniel
5. Esto sitúa los acontecimientos del capítulo 10 dos años después de la visión del capítulo
9.
Darío el Medo (9:1) y el rey Ciro de Persia (10:1) son probablemente la misma persona.
Simplemente se reconoce al mismo hombre de formas diferentes pero complementarias.
Darío es probablemente un título dinástico, mientras que Ciro era su nombre propio.
Curiosamente, Darío significa “posee” o “rico y rey”. Esto encaja con la idea de que era un
título (Miller, Daniel, 174–75). Una vez más, Daniel proporciona un marcador histórico claro
y específico para lo que ocurre.

A. Dios revela Su palabra (soberanía divina)


La iniciativa de la visión de este capítulo, como la de todas las visiones verdaderas, es divina;
la tiene el Señor. “Un mensaje fue revelado a Daniel, a quien llamaban Beltsasar”. Y como
el mensaje venía de Dios, “era verdadero”. El versículo 1 añade entonces el interesante
comentario de que se trataba de “un gran conflicto”. Esto se refiere al contenido de la visión
y a la guerra espiritual que estaba involucrada en el hecho de que Daniel recibiera una
respuesta a su oración. La Nueva Versión Internacional lo traduce así: “acerca de un gran
ejército”. Implica la tensión y el sufrimiento que Daniel experimentará al recibir la visión.
También “incluye el grave sufrimiento del pueblo de Dios (por ejemplo, 11:29–35; véase
también 12:1)” (Davis, Message of Daniel, 140). Dios toma la iniciativa de revelarse a sí
mismo y a su Palabra a su siervo “muy estimado” (10:11, 19). Es una palabra dolorosa pero
necesaria.

B. El hombre busca comprender (la responsabilidad humana)


Dios tomó la iniciativa de dar a Daniel la visión. Sin embargo, Daniel tuvo que responder a
lo que se le dio, y lo hizo exactamente. El texto nos dice: “Entendió el mensaje y comprendió
la visión”. El versículo 12 nos informa de que su comprensión vino en respuesta a sus
oraciones firmes, apasionadas y humildes a Dios. Puso su corazón en comprender, y Dios lo
honró con la comprensión. Jeremías 29:13 nos recuerda maravillosamente: “Me buscarás y
me encontrarás cuando me busques de todo corazón”. Daniel buscó al Señor, y el Señor le
respondió. Nuestro Dios está presente, y no se calla. Deberíamos estar muy agradecidos
por servir y adorar a un Dios que habla.

II. LA GUERRA ESPIRITUAL REQUIERE REFUERZOS DADOS A TRAVÉS DE LA ORACIÓN Y EL AYUNO


DANIEL 10:2–3, 12
Si nos pidieran que describiéramos al profeta y estadista llamado Daniel, creo que sería fácil.
Daniel era un hombre de oración. Oró en el capítulo 2 para poder interpretar el sueño de
Nabucodonosor. Sabemos que oró tres veces al día en el capítulo 6 y que fue arrojado al
foso de los leones por ello. Oró por la comprensión de una visión. Tenemos su
impresionante oración de confesión e intercesión en el capítulo 9. Ahora lo vemos en
ferviente oración una vez más en el capítulo 10. Daniel sabía que servimos a un Dios que
escucha las oraciones de sus amados hijos. Una vez más encontramos al hombre de Dios de
rodillas, suplicando al Padre celestial.

A. Dios ve nuestro dolor por nuestro pecado (10:2–3)


El versículo 4 aclara “en aquellos días”. Fue alrededor de la época de la Pascua y la fiesta de
los panes sin levadura. Sin embargo, Esdras 1:1–4 proporciona información adicional. Ciro
emitió un decreto que permitía a los judíos regresar a Israel y a Jerusalén.
Desgraciadamente, el número de los que regresaron fue pequeño, y casi inmediatamente
surgió la oposición a los programas de reconstrucción. Daniel no estaba allí, ya que había
permanecido en Babilonia (tal vez por su edad o para ayudar mediante el apoyo, el ánimo
y la oración); sin embargo, había recibido informes de la patria. Su corazón estaba
apesadumbrado, por lo que se puso de luto durante tres semanas (v. 2). También optó por
no ungirse con aceites corporales que aliviaran y refrescaran su piel en aquel clima seco. No
sabemos si lo hizo en público o en privado. Lo que sí sabemos es que Dios escuchó sus
oraciones y vio su humillación.

B. Dios escucha nuestras oraciones cuando provienen de un corazón


humilde (10:12)
El versículo 12 es fascinante en varios niveles. En primer lugar, Dios escuchó la oración de
Daniel en el momento en que oró. Envió una respuesta inmediatamente. ¿Por qué? Porque
Daniel se había humillado ante su Dios. Sabía que Dios tenía el control. También sabía que
no tenía a quién recurrir. Sabía que Dios era soberano, pero también sabía que la oración
marca la diferencia. Puede que no sea capaz de explicar la misteriosa danza de la soberanía
divina y la responsabilidad humana, pero sabía que era real.
Corrie ten Boom dijo:
Nunca sabemos cómo responderá Dios a nuestras oraciones, pero podemos esperar que
nos involucre en su plan de respuesta. Si somos verdaderos intercesores, debemos estar
dispuestos a participar en la obra de Dios en favor de las personas por las que oramos.
(Newell, Expect Great Things, 224)

Y Dee Duke añade:


Casi todo el mundo cree que la oración es importante. Pero hay una diferencia entre creer
que la oración es importante y creer que es esencial. “Esencial” significa que hay cosas que
no ocurrirán sin la oración. (Newell, Expect Great Things, 225)

Daniel creía que la oración era esencial. Estaba convencido de que ciertas cosas no
ocurrirían si no estaba de rodillas intercediendo humildemente ante su Dios.

III. LA GUERRA ESPIRITUAL PUEDE SER ABRUMADORA EN SUS REALIDADES


DANIEL 10:4–17
Hace varios años era popular hablar de “espíritus territoriales”, demonios asignados a
regiones, gobiernos e instituciones particulares. Peter Wagner, del Seminario Fuller,
escribió un libro titulado Engaging the Enemy: How to Fight and Defeat Territorial Spirits
(Regal, 1991). Aunque algunos han corrido el riesgo de preocuparse y especular sobre los
ángeles y los demonios, nos hacemos los locos si restamos importancia o ignoramos esta
realidad espiritual. Daniel 10 deja claro que (1) los ángeles y los demonios existen, (2) los
ángeles y los demonios se enfrentan entre sí en un combate espiritual, (3) a ciertos
demonios, y probablemente a ciertos ángeles, se les dan asignaciones geográficas y
gubernamentales particulares, y (4) nuestras oraciones en cierta medida genuina entran en
las batallas que se libran y las afectan. John Piper estaría de acuerdo con mi evaluación
teológica y la resume bien:
Concluiría que hay poderes demoníacos de alto rango sobre varios regímenes y dominios y
gobiernos y reinos del mundo; y que trabajan para crear tanta maldad y corrupción y
oscuridad espiritual como puedan. Se esfuerzan por interrumpir las misiones y el ministerio
cristiano tanto como puedan. (“Angels and Prayer”)

A. La gloria de Dios puede restarnos fuerza (10:4–9)


Son diez días después de la Pascua, el vigésimo cuarto día del primer mes del nuevo año
(Boice, Daniel, 104). Daniel está de pie junto a la ribera del Tigris, a unas veinte millas de la
capital de Babilonia (10:4). De repente, levanta la vista y ve una figura majestuosa que se
describe con detalle en los versículos 5–6. Parece un hombre, pero es claramente más que
un hombre. Muchos estudiosos de las Escrituras creen que es un ángel. Esto es
comprensible y es la opinión más popular. Sin embargo, la descripción de esta persona es
similar a la del exaltado y glorificado Señor Jesús en Apocalipsis 1:12–16. Estoy convencido
de que se trata de una cristofanía, una aparición preencarnada del Hijo de Dios (cf. Da 3:25).
También creo que la persona que vemos aquí debe distinguirse del ángel del versículo 10.
Bryan Chappell hace una valoración similar:
¿A quién se describe? Está claro que se trata del Cristo, el Hijo del Hombre ungido, que
representa la gloria y los propósitos de Dios. Hay muchos reflejos intencionados entre las
figuras principales de estos capítulos de Daniel y del Apocalipsis. Los hombres descritos en
ambos están vestidos con túnicas blancas —ropa sacerdotal—; ambos tienen un cinturón
de oro —ropa de rey—. Ambos tienen ojos llameantes, ambos tienen piel de bronce, ambos
tienen voces rugientes: todos los rasgos sobrenaturales. En el Apocalipsis, el descrito tiene
siete estrellas en la mano y su rostro brilla como el sol. Tal vez eso explique por qué la
aparición del hombre vestido de lino ante Daniel hace que el profeta se desmaye de muerte
y hace que sus amigos huyan. El que viene como portavoz de Dios se entiende más
fácilmente como el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Divinidad que hizo los cielos y la
tierra. (Gospel According to Daniel, 171–72)

La visión del Cristo glorificado en los versículos 5–6 es sobrecogedora para Daniel y los
que estaban con él. Parece que Daniel vio la visión, pero sus compañeros unicamente la
oyeron. Aun así, el simple hecho de oírla fue suficiente para asustarlos y hacer que corrieran
y se escondieran (v. 7). Daniel se quedó solo, y la visión lo destrozó (v. 8). Quedó aniquilado
y agotado físicamente. Escuchar la explicación de la visión lo acabó. Lo dejó sin sentido y
“cayó en un profundo sueño, con el rostro en tierra” (v. 9; cf. 8:18). Al igual que Isaías (Is 6),
no pudo soportar la visión. Se sintió abrumado, deshecho, aniquilado, comatoso. Ligon
Duncan tiene razón: “En la Biblia, la intimidad con Dios siempre deja su huella” (“The Vision
of the Man”).

B. El conflicto espiritual puede dejarnos sin aliento (10:10–17)


Daniel es despertado por el toque de una mano (v. 10). Creo que se trata de un ángel y de
una persona diferente a la descrita en los versículos 5–6, que es el Hijo de Dios. El ángel lo
hizo “temblar” de manos y rodillas, y a continuación Daniel recibe palabras de aliento y
perspicacia. Se le anima cuando se le dice que es “un hombre muy estimado” por Dios (v.
11; también 19) y que debe levantarse porque el ángel fue enviado a él. Por supuesto, esto
hace que empiece a temblar de nuevo (v. 11). ¡Pobre hombre! El ángel le anima a no tener
miedo, porque desde el primer día en que Daniel empezó a orar, el ángel estaba encargado
de venir con una respuesta a la oración de Daniel. Dios vio su corazón humilde, escuchó sus
palabras de lamento e intercesión y envió a su ángel servidor con una respuesta (v. 12).
Sin embargo, surgió un problema que retrasó la llegada del ángel con una respuesta. Un
demonio, llamado “el príncipe del reino de Persia” (v. 13), se interpuso y retrasó la llegada
de la respuesta durante veintiún días. Solo cuando “Miguel, uno de los principales príncipes,
vino en mi ayuda” pudo el ángel liberarse de “los reyes de Persia” (nótese el plural). Este
ángel, posiblemente Gabriel (cf. 8:15–16; 9:21; Lc 1:19, 26–27), había sido atacado por
varios demonios. Por lo tanto, necesitaba la ayuda del arcángel Miguel (Jud 9), protector y
príncipe de Israel (Da 10:21), para continuar su camino con una respuesta a la oración de
Daniel. Stephen Miller señala:
Miguel se presenta en este versículo y también se menciona en Daniel 10:21; 12:1; Judas 9;
y Apocalipsis 12:7 en las Escrituras. En Judas 9 se le llama el “arcángel”, que significa “primer
(principal) ángel”. Miguel ha sido asignado por Dios como príncipe de Israel (10:21); es
“grande” en poder y protege al pueblo judío (12:1). Las implicaciones de estas afirmaciones
son claras. Israel tiene un poderoso apoyo angélico en el reino celestial. Por lo tanto,
independientemente de las debilidades políticas, militares y económicas de Israel, su
existencia está asegurada porque ningún poder terrenal puede resistirse a su gran príncipe”.
(Daniel, 285)

Con la ayuda de Miguel, y también con las continuas oraciones de Daniel, el ángel ha
llegado “para ayudar a [Daniel] a entender lo que le sucederá a [su] pueblo [Israel] en los
últimos días” —eventos que preceden e incluyen la llegada del reino de Dios— (v. 14). El
mensaje del ángel es claramente escatológico; es “para los días venideros”.
Una vez más, Daniel recibe más de lo que puede manejar, como deja claro el versículo
15. El ángel habla, Daniel baja, y ahora está “sin palabras”. Ni siquiera puede responder a
lo que ha oído. Luego, en el versículo 16, es asistido por el ángel que toca sus labios para
abrir su boca y le permite hablar. Daniel puede hablar, pero nada más. El dolor se ha
apoderado de él, las fuerzas le han abandonado y apenas puede respirar (vv. 16–17). Ha
dicho todo lo que podía. No le queda nada. Dale Davis lo dice bien: “Uno podría preguntarse
si este hombre indefenso, dormido, tembloroso, sin palabras y sin aliento, estará alguna vez
en condiciones de recibir la visión del ángel” (Mensaje de Daniel, 144).

IV. LA GUERRA ESPIRITUAL DEBE RESULTAR EN UN FORTALECIMIENTO ESPIRITUAL


DANIEL 10:18–21
Cuando se trata de la guerra espiritual y la disciplina de la oración, Chuck Swindoll hace
cinco observaciones perspicaces:
• Las oraciones de los creyentes son escuchadas inmediatamente por Dios.
• Las fuerzas demoníacas pueden retrasar las respuestas a la oración.
• La lucha en la oración es un trabajo agotador.
• Después de tiempos agotadores en la oración, la fuerza vuelve en medida extra.
• La superación de las fuerzas demoníacas no es un asunto sencillo. (Daniel, 98–101)
La guerra espiritual no es para los débiles de corazón y los débiles de fe. Usted se
encontrará por debajo del nivel requerido. Incluso los gigantes espirituales como Daniel
pueden ser vencidos y abrumados. Ellos pueden ser literalmente derribados y dejados
inconscientes. Pueden ser drenados de toda fuerza y dejados sin un respiro. Sus vidas
pueden sentirse como si se desvanecieran porque en su propia fuerza, no son rival para esta
arena espiritual. Sin embargo, como son muy amados por Dios, se les envía ayuda y se les
renueva la energía. Dios puede derribarlos por su obra santificadora, pero promete que los
volverá a levantar (St 4:6, 10).

A. Debemos recibir paz, fuerza y ánimo (10:18–19)


Por tercera vez, Daniel es tocado por este visitante celestial (10:10, 16, 18). El toque del
ángel lo fortalece y le devuelve la vitalidad (v. 18). Se le dice por segunda vez que es objeto
del gran amor de Dios (vv. 11, 19; cf. 9:23). A continuación, el ángel le transmite a Daniel un
triple mensaje: (1) no temas, (2) la paz sea contigo, y (3) sé fuerte.
Daniel fue fortalecido (tres veces en 10:18–19), e invita al mensajero angélico a hablar
porque ha recibido la energía espiritual necesaria para recibir y comprender su mensaje.
Las palabras fuertes de la revelación divina (como las del cap. 11) requieren vitalidad
espiritual para recibirlas y abrazarlas. Daniel recibió lo que necesitaba. Ahora está
preparado para escucharlas. La pregunta para usted y para mí es: ¿Estamos preparados para
escuchar lo que Dios tiene que decirnos, sea cual sea el mensaje?

B. Debemos recibir una visión de la verdad tanto terrenal como celestial


(10:20–21)
El ángel le hace a Daniel una pregunta retórica: “¿Sabes por qué he venido a ti?”. La
respuesta ya se había dado, al menos en parte, en los versículos 12 y 14. Entre paréntesis,
el ángel informa a Daniel de que tiene que volver para luchar contra el príncipe de Persia.
El Imperio Persa duró del año 539 al año 331 a. C. Después de luchar contra los demonios
persas, se enfrentará a las fuerzas espirituales y malignas de Grecia. Ese imperio existiría,
de alguna forma, desde el año 331 hasta el año 63 a. C. Al igual que con Persia, los poderes
malignos estarían trabajando para Grecia en el mundo invisible, enfrentándose a las fuerzas
buenas (ángeles) de Dios en una batalla por los reinos de este mundo y por las almas de los
hombres.
Antes de partir para un segundo despliegue, el ángel informa a Daniel que le dirá “lo
que está inscrito en el libro de la verdad” (v. 21). Qué descripción tan adecuada para la
revelación escrita de Dios. Concretamente, como aclara el capítulo 11, la revelación detalla
el plan de Dios para Israel y los reinos de este mundo. Antes de marcharse, nos ofrece una
última palabra: cuando voy a luchar en nombre de Israel, solo me acompaña “Miguel, el
príncipe de ustedes”. ¿Por qué? ¿Es porque nadie más era lo suficientemente valiente? Yo
prefiero una interpretación diferente. Dios dispone de un número incalculable de ángeles
para cumplir sus órdenes. La falta de valor nunca parece ser un problema para ellos. No, la
razón es que no se necesitaba a nadie más. Gabriel y Miguel serían más que suficientes para
llevar a cabo los planes y propósitos de Dios.

CONCLUSIÓN: ¿CÓMO SEÑALA ESTE TEXTO A CRISTO?


John Piper, al comentar Daniel 10, dice:
Tomar lo sobrenatural en serio y darse cuenta de que estamos en una guerra que no puede
ni debe ser domesticada reinterpretando todo en la cosmovisión bíblica para que encaje
bien con las formas seculares y naturalistas de pensar en el mundo. Esté preparado para las
formas extraordinarias y ordinarias en que actúan los espíritus malignos. No sea
presuntuoso, como si los demonios fueran débiles; y no esté ansioso, como si fueran más
fuertes que Jesús. (“Angels and Prayer”)

John Piper tiene razón. Ningún seguidor de Jesús debería estar preocupado por los
demonios. Una visión del Hijo de Dios glorificado es más que suficiente para sostenernos
sin importar lo que podamos encontrar. Una visión del Mesías exaltado nos dará fuerza para
soportar la noche más oscura o la prueba.
La visión de Daniel 10:5–6 encuentra su contrapartida en el Nuevo Testamento en
Apocalipsis 1:12–16. Ambos son maravillosos y fieles retratos del Rey Jesús. Él es nuestro
fiel sacerdote vestido de lino con un cinturón de oro alrededor de su cintura (10:5). Es
nuestro glorioso y soberano Señor que brilla con ojos omniscientes que arden como
antorchas de fuego (v. 6). Es un Salvador omnipotente con brazos y piernas como el bronce
pulido. Y debido a su impresionante poder y fuerza, sus palabras, cuando se pronuncian,
son como el rugido de miles y miles (v. 6).
Este es el Dios que nos despoja de nuestras fuerzas para convertirse en nuestra fuerza.
Este es el Dios que nos derriba para levantarnos con fuerzas renovadas, paz y valor (v. 19).
Nuestro Dios nos derriba a menudo para mostrarnos quiénes somos sin él. Y nuestro Dios
nos levanta para mostrarnos lo que podemos ser en él. Hay dolor en el proceso. Pero el
gozo llega por la mañana.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Con qué frecuencia piensa en las realidades de la guerra espiritual? ¿Qué le hace
reconocer estas realidades?
2. ¿La revelación es siempre un resultado de la iniciativa divina? ¿Por qué sí o por qué
no?
3. ¿Qué nos muestra Daniel sobre la respuesta adecuada a la revelación divina? ¿Cómo
responde usted cuando lee un mensaje difícil en las Escrituras?
4. ¿Cuál es la relación entre la oración y la guerra espiritual? ¿Cómo puede usted usar
sus oraciones para participar en la batalla espiritual?
5. Lea Efesios 6:10–20. ¿Qué dice ese pasaje sobre la guerra espiritual? ¿Qué dice
sobre la oración?
6. ¿Cómo podemos asegurarnos de que nuestras oraciones sean humildes? ¿Por qué
es esto tan importante?
7. Este pasaje enseña que los ángeles y los demonios combaten entre sí. ¿Por qué cree
que esto es tan difícil de creer o entender para muchas personas en nuestros días?
8. ¿Se has sentido alguna vez superado por el peso de un mensaje de Dios? Si es así,
¿cómo le ha animado Dios también en esos momentos?
9. Daniel se siente animado porque es atesorado por Dios. Reflexione sobre el amor
de Dios por usted, tal y como se muestra en Cristo (Ro 5:8). ¿Cómo puede esto
animarle al encontrar oposición espiritual?
10. Lea Daniel 10:5–6 y Apocalipsis 1:12–16. ¿Qué similitudes encuentra?
12. LA GUERRA CIVIL: TAL COMO DIOS DIJO QUE
OCURRIRÍA
DANIEL 11:1–20

Idea principal: Dios conoce el futuro de antemano y reina soberano sobre el surgimiento y
la caída de todos los reinos grandes y pequeños, dirigiendo la historia según su plan
providencial.
I. Dios levantó a los imperios de Medo-Persia y Grecia de acuerdo con Su plan y Sus
propósitos (11:1–4)
A. Dios apoya y protege según Su voluntad (11:1–2)
B. Dios rompe y divide según Su voluntad (11:3–4)
II. Dios levantó a Egipto y a Siria según Su plan y Sus propósitos (11:5–20)
A. Dios dio la victoria a Egipto, pero su rey se exaltó (11:5–12)
B. Dios le dio la victoria a Siria, pero su rey era obstinado e insolente (11:13–20)

En Santiago 4:1–2 (NBLA), la Biblia dice:


¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No vienen de las pasiones que
combaten en sus miembros? Ustedes codician y no tienen, por eso cometen homicidio. Son
envidiosos y no pueden obtener, por eso combaten y hacen guerra. No tienen, porque no
piden.

El ansia de poder, de prestigio, de posesiones, de sangre, es una nube oscura que ha


proyectado su sombra ominosa sobre la totalidad de la historia de la humanidad,
remontándose hasta Génesis 4 y la historia de Caín y Abel. Daniel 11 nos da más de lo
mismo.
Daniel 10–12 es una unidad, y nos da la visión final de este notable libro de profecías.
Nos da una visión de la historia que tiene lugar entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, lo
que a veces se llama los cuatrocientos años de silencio. El capítulo 10 proporciona el
contexto. El capítulo 11 contiene el contenido. El capítulo 12 es la conclusión.
El capítulo 11 es un pasaje notable por varias razones. Debido a su contenido único,
algunos, como H. C. Leupold, no creen que pueda predicarse en un sermón (Exposition of
Daniel, 525). Podría estar bien para un estudio bíblico, pero no para una proclamación. Por
otra parte, debido a su detallada y precisa descripción de la historia, los eruditos más
liberales han negado su naturaleza profética, argumentando que un autor del siglo II
simplemente registró la historia pasada y la hizo pasar por profecía. Hay un término técnico
y teológico para esto: vaticinium ex eventu, que significa “profecía desde o después del
evento”.
Mi respuesta a estas dos afirmaciones es simple y directa. En primer lugar, dado que
toda la Escritura es de inspiración divina, entonces toda la Escritura, incluyendo Daniel 11,
debe ser predicada. Puede ser más desafiante que una carta paulina, pero aun así debe ser
proclamada. Estoy básicamente de acuerdo con James Boice:
Aunque el undécimo capítulo es difícil, requiere una explicación detallada… Esta es la última
profecía del libro, la más larga, la más detallada y, por tanto, la más importante. (Daniel,
111)

En segundo lugar, la cuestión de la profecía se reduce a lo sobrenatural y a la naturaleza


de Dios. Si el Dios de la Biblia es omnisciente —conoce todas las cosas pasadas, presentes y
futuras— entonces incluso la profecía predictiva altamente detallada como la de Daniel 11
no es un problema. Sinclair Ferguson tiene razón:
Lo que está en juego es entonces una cuestión vital: ¿Dios gobierna así la historia y puede
comunicarse con nosotros de tal manera que sus propósitos futuros nos sean revelados
antes de los acontecimientos? (Daniel, 204)

Tengo la convicción, arraigada en una visión sobrenatural del mundo, de que este
capítulo es una profecía de buena fe de acontecimientos futuros. Dios lo inspiró, el ángel lo
reveló, Daniel lo escribió, ¡y nosotros podemos leerlo e interpretarlo!
Los primeros veinte versículos de Daniel 11, objeto de nuestro estudio, se desglosan en
dos divisiones desiguales que examinan cuatro reinos: (1) Medo-Persia y Grecia en 11:1–4,
y (2) Egipto y Siria en 11:5–20. La relación de estos reinos con el pueblo de Dios, la nación
de Israel, es siempre el telón de fondo y el interés de Daniel.

I. DIOS LEVANTÓ A LOS IMPERIOS DE MEDO-PERSIA Y GRECIA DE ACUERDO CON SU PLAN Y


SUS PROPÓSITOS
DANIEL 11:1–4
En Daniel 2 y 7 se describen cuatro grandes imperios en relación con Israel: Babilonia,
Medo-Persia, Grecia y Roma. En Daniel 8 la visión reduce el enfoque a dos: Medo-Persia y
Grecia. Esos mismos dos imperios son los que interesan al ángel al principio de Daniel 11.
Sin embargo, en esta ocasión no se les da la oportunidad de participar en la visión. Sin
embargo, esta vez no reciben un capítulo. Solo reciben cuatro versículos.

A. Dios apoya y protege según Su voluntad (11:1–2)


Daniel 11:1 es un versículo bisagra que conecta el capítulo 10 con el capítulo 11. El ángel
del capítulo 10 (posiblemente Gabriel) informa a Daniel que entró en escena “para
fortalecer y proteger” a Darío el Medo (Ciro) en el primer año de su reinado (539 a. C.). Esto
es dos años antes de la visión de los capítulos 10–12 (cf. 10:1). Esto es importante porque
ese mismo año Ciro emitió un decreto que permitía a los judíos regresar a Israel. Tal vez
Dios usó a Gabriel para fortalecer a Darío para que emitiera el decreto.
El versículo 2 inicia nuestra larga lección de historia. También contiene una afirmación
divina: “Ahora te declararé la verdad”. Después de Darío, “se levantarán tres reyes más en
Persia”. La historia registra que estos tres reyes fueron Cambyses (530–522 a. C.), Smerdis
(522 a. C.) y Darío I Hystapes (522–486 a. C.). Luego surgirá un cuarto que “obtendrá muchas
más riquezas que todos ellos”. Este rey también provocará a Grecia y sentará las bases para
el surgimiento del Imperio Griego. Su nombre era Jerjes I (486–465 a. C.). Invadirá Grecia
con un poderoso ejército pero será derrotado en la batalla de Salamina en el 480 a. C. Y con
eso terminamos con Persia. Dios la utilizó para enviar a Israel de vuelta a casa y funcionó
bien. Dios apoyó esta acción y la protegió para que cumpliera el propósito que Él había
elegido.

B. Dios rompe y divide según Su voluntad (11:3–4)


Hay un intervalo de 150 años entre los versículos 2 y 3. Lo que sucedió en ese período no
es importante para la historia que Dios desea revelar en esta visión. Los estudiosos
coinciden en que el “rey guerrero” del versículo 3 es el griego Alejandro Magno (336–323
a. C.). Los historiadores han escrito volúmenes sobre él. Dios le da un versículo en este
capítulo. Fue un rey poderoso que conquistó el mundo conocido de su época y gobernó con
poder absoluto. En efecto, hizo todo lo que quiso. Pero murió a los treinta y tres años. Así
que:
… cuando se haya levantado, su reino será fragmentado y repartido hacia los cuatro vientos
del cielo, no a sus descendientes, ni según el poder que ejerció, pues su reino será arrancado
y dado a otros fuera de ellos. (v. 4)

Esto es precisamente lo que ocurrió. Los hijos de Alejandro fueron asesinados y ninguna
parte de su vasto imperio pasó a manos de sus descendientes. Como mencionamos antes,
tras su muerte, cuatro de sus generales dividieron su reino en cuatro partes:
• Casandro tomó Macedonia y Grecia.
• Lisímaco tomó Tracia y partes de Asia Menor.
• Ptolomeo tomó Egipto e Israel.
• Seleuco tomó Siria y Mesopotamia.
Sin embargo, ninguno de estos reinos llegó a igualar el poder y la fuerza del breve
imperio de Alejandro. Dios arrancó el reino de Alejandro, lo dividió en cuatro pedazos y se
lo dio a otros según Su criterio. Y con eso el gran Alejandro terminó. Sirvió al plan y a los
propósitos de Dios. ¡Y se fue!

II. DIOS LEVANTÓ A EGIPTO Y SIRIA SEGÚN SU PLAN Y SUS PROPÓSITOS


DANIEL 11:5–20
Bob Fyall (Daniel, 167) proporciona una buena lista del elenco de personajes de Daniel 11:5–
35:
El Sur (Ptolomeos en Egipto) El Norte (Seleucidas en Siria)

Ptolomeo I (Sóter) 323–285 Seleuco I (Nicátor) 312–280

Ptolomeo II (Filadelfo) 285–246 Antíoco I (Sóter) 280–261

Ptolomeo III (Evergetes) 246–221 Antíoco II (Teos) 261–246


Ptolomeo IV (Filopátor) 221–203 Seleuco II (Calinico) 246–226

Ptolomeo V (Epífanes) 203–181 Seleuco III (Cerauno) 226–223

Ptolomeo VI (Filométor) 181–145 Antíoco III (el Grande) 223–187

Seleuco IV (Filopátor) 187–175

Antíoco IV (Epífanes) 175–163

En el gran esquema de la historia mundial, Egipto y Siria no tienen gran importancia durante
este periodo (ca. 323–163 a. C.). La potencia mundial más importante es Roma, el nuevo
“chico malo” que surge en el fondo. Sin embargo, la razón por la que Egipto y Siria reciben
toda la prensa aquí es porque son importantes en su relación con Israel y el pueblo de Dios.
Jugarán al ping-pong político con la nación de Israel durante casi 175 años hasta que la
figura malvada, tipo anticristo, Antíoco IV Epífanes (175–163 a. C.) entre en escena. Ese es
el tema de los versículos 20–45. Hasta entonces, la guerra civil continua tiene lugar entre
Egipto y Siria con Israel trágicamente atrapado en el medio.

A. Dios dio la victoria a Egipto, pero su rey se exaltó (11:5–12)


Los versículos 5–12 recogen el periodo de dominio ptolemaico o egipcio. “El rey del Sur” (v.
5) es una referencia a Ptolomeo I Sóter (323–285 a. C.), gobernante de Egipto y general bajo
Alejandro. “Uno de sus comandantes” alude a Seleuco I Nicátor (312/311–280 a. C.), que
huyó (en el 316 a. C.) a Ptolomeo Sóter para servir a sus órdenes, pero que luego lo
abandonó y regresó al reino del norte. Allí aumentó enormemente su poder, llegando a
controlar más territorio que Ptolomeo. Su reino incluía Babilonia, Siria y Media, la mayor de
todas las divisiones del Imperio griego.
Los conflictos continuarían entre los reinos de los Ptolomeos (Egipto) y los Seléucidas
(Siria). Ptolomeo I murió en el 285 a. C., y la guerra continuó bajo su hijo Ptolomeo II
Filadelfo (285–246 a. C.), quien, según la tradición, encargó la traducción de la Biblia hebrea
al griego, llamada la Septuaginta (abreviada LXX). Finalmente, Ptolomeo II hizo un tratado
de paz con el gobernante seléucida, Antíoco II Teos (261–246 a. C., nieto de Seleuco)
alrededor del año 250 a. C. El versículo 6 se refiere a esta alianza.
Berenice, la hija de Ptolomeo (“la hija del rey del Sur”), fue arreglada para casarse con
Antíoco (“el rey del Norte”) “para sellar el acuerdo” entre los dos reinos (v. 6). Los
matrimonios por conveniencia política se han producido durante mucho tiempo. Sin
embargo, Antíoco ya estaba casado con una mujer llamada Laodice. La antigua esposa y
mujer despechada se vengó y consiguió asesinar a Antíoco, a Berenice y a su hijo. Berenice,
por tanto, “no conservará el poder”.
El versículo 7 se refiere al hermano de Berenice, Ptolomeo III Evergetes (246–221 a. C.),
que sucedió a su padre, Filadelfo, en el trono de Egipto. En represalia por el asesinato de su
hermana, Ptolomeo III atacó Siria (“el rey del Norte”) con un gran ejército. Esta guerra duró
del 246 al 241 a. C. Ptolomeo capturó y saqueó la capital seléucida de Antioquía, “la
fortaleza del rey del Norte”. Ptolomeo se apoderó de los “dioses” de Siria y de otros objetos
de valor (v. 8). También regresó a Egipto con tesoros, incluyendo ídolos sagrados que habían
sido tomados por el monarca persa Cambises en el 524 a. C.
“El rey del Norte” es el tema del versículo 9. Aparentemente (no tenemos más
información) intentó una invasión de Egipto, pero la campaña fue breve. Volvería “a su
tierra”.
El rey sirio Seleuco II murió en el 226 a. C., pero sus hijos, Seleuco III Cerauno (226–223
a. C.) y Antíoco III (el Grande; 223–187 a. C.), continuaron los conflictos con los Ptolomeos
(v. 10). Seleuco III fue asesinado tras un breve reinado de tres años, y su hermano Antíoco
III llegó al poder. Se le llamó “el Grande” por sus éxitos militares, y en 219–218 a. C. hizo
campaña en Fenicia y Palestina, parte del Imperio Ptolemaico (“hasta la fortaleza [del rey
del Sur]”).
En respuesta, el “enfurecido” (v. 11) Ptolomeo IV Filopáter (221–203 a.C.) lanzó un
contraataque. Ptolomeo obtendría una gran victoria sobre Antíoco y los sirios en Rafah (en
Palestina) en el 217 a. C. A causa de esta victoria, Ptolomeo “se volverá arrogante” (v. 12).
El ejército egipcio masacró a “decenas de miles” de las tropas sirias en la batalla, aunque el
triunfo tolemaico no continuaría.
El texto da a entender en el versículo 11 que Dios le dio la victoria al rey del Sur, Egipto.
Sin embargo, como el corazón humano se inclina tan fácilmente a hacer, el rey egipcio se
volvió arrogante, y su corazón se “enalteció” (v. 12). Se volvió orgulloso, ¡y todos sabemos
cómo trata Dios a los hombres y mujeres orgullosos!

B. Dios concedió la victoria a Siria, pero su rey era obstinado e insolente


(11:13–20)
Los versículos 13 y siguientes cambian de dirección y describen el periodo de supremacía
seléutica. Aproximadamente quince años después de que los egipcios masacraran a los
sirios (202 a. C.), Antíoco III volvió a invadir los territorios ptolemaicos con un enorme
ejército (v. 13). El motivo de esta invasión fue la muerte de Ptolomeo IV en 203 a. C. y la
coronación de su hijo de cuatro a seis años, Ptolomeo V Epífanes (203–181 a. C.), como
nuevo gobernante egipcio.
Entre los que “se levantarán contra el rey del Sur” (v. 14) estaban Filipo V de Macedonia
y los revolucionarios de Egipto. También había violentos entre el propio pueblo [de Daniel],
que aquí se refiere a los judíos que ayudaron a Antíoco. Estos israelitas “se levantarán”
contra Egipto “para cumplir una visión”, posiblemente la profecía registrada aquí. El
cumplimiento de la predicción no era la intención de estas personas, pero sin embargo fue
el resultado. “… pero [los que se pusieron del lado de Antíoco] caerán”. Su derrota llegó a
manos del general egipcio Scopas, que a su vez fue derrotado. Las fuerzas sirias de Antíoco
III avanzaron contra Egipto en la batalla de Panio (ahora llamada Banian, cerca de la zona
de Cesarea de Filipo mencionada en los Evangelios) en el año 199 a. C. y obtuvieron una
rotunda victoria (v. 15). Persiguieron a los egipcios hacia el sur y capturaron Sidón, la
“ciudad bien fortificada”, donde el general Scopas se rindió finalmente en el año 198 a. C.
El Sur había sufrido una derrota decisiva a manos del Norte.
Con la derrota de los egipcios en Sidón, Antíoco adquirió el control total de Fenicia y
Palestina, y “hará lo que quiera” (v. 16). De hecho, “nadie podrá resistirlo”. Aunque
Palestina había estado bajo el control de Antíoco durante un breve periodo de tiempo (ca.
219–217 a. C.), ahora se convertiría en una posesión permanente del Imperio Sirio. La frase
“llevando la destrucción en su mano” enfatiza el poder completo de Antíoco III sobre la
“hermosa tierra” (cf. 8:9; Ez 20:6). David Helm nos recuerda:
Anteriormente en Daniel nos encontramos con la frase “la tierra hermosa” (8:9) y la
veremos de nuevo en este capítulo (11:41). En ambos casos se refiere a Israel, a Jerusalén y
a la ciudad de Dios. (Daniel for You, 192)

Esto es importante porque prepara el escenario para el reinado de terror que seguirá
bajo el gobernante griego sirio Antíoco IV Epífanes (175–164 a. C.).
Los sirios obligaron al rey egipcio a firmar la paz (v. 17). Para sellar el acuerdo, Antíoco
entregó a su hija Cleopatra (no la Cleopatra que se casó con Marco Antonio más de cien
años después) a Ptolomeo V como esposa. Antíoco esperaba que a través de Cleopatra
pudiera obtener un mayor control de Egipto. Sin embargo, su plan no tuvo éxito. Cleopatra
amaba a su marido más que a su padre y apoyaba completamente la causa egipcia.
Los versículos 18–19 profetizan la derrota de Antíoco y su ignominioso final. Tras
derrotar a los egipcios en el año 197 a. C. o poco después, Antíoco dirigió “su atención a las
costas y las islas”, o a los países que rodean el Mediterráneo. Después de que Antíoco
tuviera cierto éxito inicial, Lucio Cornelio Escipión fue enviado contra él por el gobierno
romano. Este es el comandante que “pondrá fin a sus burlas; en cambio, volverá sus burlas
contra él”. En el año 191 a.C. los romanos, luchando con sus aliados griegos, derrotaron a
los sirios en las Termópilas y les obligaron a retirarse de Grecia y huir a Asia Menor. Treinta
mil soldados romanos persiguieron a Antíoco hasta Asia y derrotaron a su ejército, mucho
más numeroso, de setenta mil hombres, en la batalla de Magnesia, cerca de Esmirna
(Turquía), en 190 a. C. Tras esta humillante derrota, Antíoco regresó a su país, donde fue
asesinado por una turba enfurecida en el año 187 a. C. cuando intentaba saquear el templo
de Zeus (Bel) en Elymais (11:19). En efecto, tropezó, cayó y dejó de existir.
El hijo y sucesor de Antíoco III fue Seleuco IV Filopátor (187–175 a. C.), que envió a un
“recaudador de impuestos” (Heliodoro) a recoger dinero para pagar la indemnización de
mil talentos exigida anualmente por los romanos como parte del acuerdo para la rendición
de Siria a Roma (v. 20). Seleuco IV reinó solo unos pocos años y no fue asesinado por una
turba furiosa (“en la ira”) como su padre o “en la batalla”. Heliodoro, su recaudador de
impuestos y primer ministro, evidentemente tratando de obtener el trono para sí mismo,
envenenó al rey (posiblemente ayudado por Antíoco IV).
El escenario está preparado para la figura del anticristo Antíoco IV Epífanes en los
versículos 21–35. La historia se ha desarrollado tal como Dios dijo que lo haría. Los reinos y
sus déspotas van y vienen. Viven y mueren. Ganan y pierden. Y nuestro gran Dios en el cielo
lo observa todo y se ríe (Sal 2:4).

CONCLUSIÓN
Este es un pasaje inusual y único, sin duda. Nunca se menciona a Dios por su nombre, y hay
muchas imágenes desconocidas para nuestras mentes occidentales del siglo XXI. Plantearse
cinco preguntas básicas de carácter teológico y práctico (que deberíamos plantear de
alguna manera a todos los textos) puede ayudarnos a entender lo que Dios quiere que
entendamos de esta parte de la Biblia que él ha inspirado.

¿Qué nos enseña este texto sobre Dios?


Nuestro Dios es soberano y omnisciente, conoce el futuro hasta el más mínimo detalle.
Puede predecir el futuro con una precisión milimétrica. En Daniel 4:17 se nos enseñó: “El
Altísimo gobierna los reinos humanos. Los entrega a quien quiere y pone sobre ellos a los
más humildes”. Él es el que rompe y divide y desarraiga en el capítulo 11, versículo 4. Estos
gobernantes terrenales son meros peones en las manos soberanas de un Dios omnipotente
y providencial.

¿Qué nos enseña este texto sobre la humanidad caída?


El hombre en su depravación, orgullo y pecado tiene una sed de sangre por el poder y las
posesiones. Lucha y guerrea, haciendo “lo que quiera” si puede. El poder hace el derecho.
El hombre exalta su corazón e infla su sentido de autoestima. Si tiene la oportunidad,
pisoteará a los demás con poca o ninguna consideración por los que resulten heridos en el
proceso. Esta es la historia de la humanidad desde la caída, y seguirá siendo nuestro legado
hasta el regreso del Rey de Dios y la inauguración de su reino.

¿Qué nos enseña este texto sobre Cristo?


Este pasaje y el que le sigue (11:21–45) deben leerse en el contexto de Daniel 7:13–14 y
9:24–27. Allí vemos al Hijo del Hombre viniendo en gloria para recibir del Anciano de Días
un reino que no pasará ni será destruido jamás. Su reino no es un imperio que se hace hoy
y se va mañana, un imperio y un reino que es poco más que polvo en el viento. Además, el
gobernante ungido de Daniel 9 hace lo que ningún potentado terrenal insignificante puede
hacer. Pone fin a la rebelión, pone fin al pecado, borra la iniquidad y trae la justicia eterna.
¡Qué contraste hay entre estos dictadores hambrientos de poder y el humilde Rey de Galilea
que puso las necesidades de los demás muy por delante de las suyas propias!

¿Qué quiere Dios que sepa?


En Cristo el orgullo da paso a la humildad, y el querer más y más da paso a dar y servir a los
demás. La pasión por construir mi reino da paso a la pasión por construir el reino de Dios.

¿Qué quiere Dios que haga?


Aprende de los errores y pecados de los hombres y mujeres del pasado que persiguieron la
ganancia terrenal y no la recompensa celestial. Evita las trampas del orgullo y la codicia; en
cambio, persigue a Cristo y sus rasgos de humildad, generosidad y servicio. No actuarás, ni
te verás, ni vivirás como los reyes de Daniel 11. Sin embargo, empezarás a parecerte y a
vivir cada vez más como el Rey de reyes y el Señor de señores.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Cómo muestra la Biblia la relación de Dios con la historia? ¿En qué se diferencia de
la visión naturalista de la historia?
2. ¿Cree que pasajes como este son adecuados para la predicación y la enseñanza en
la iglesia local? ¿Por qué o por qué no?
3. ¿Por qué algunos estudiosos liberales creen que este pasaje se registró en el siglo II
a. C.? ¿Qué suposiciones y premisas les llevan a esa conclusión?
4. ¿Por qué a veces Dios defiende a los imperios del mal?
5. Identifique las principales naciones descritas en este capítulo. ¿Cuál es el destino de
cada una de ellas?
6. Identifique a cada uno de los principales individuos de este capítulo. ¿Cuál es el
destino de cada uno de ellos?
7. Reflexione sobre las cinco preguntas de aplicación teológica que debemos hacer a
cada texto. Escriba sus propias respuestas a cada una de ellas.
8. Lea Daniel 11 en el contexto de Daniel 10 y 12. ¿Cómo encaja en el conjunto de la
visión?
9. Discuta el sorprendente contraste del reino de Dios en Daniel 7 con los reinos de los
hombres en Daniel 10.
10. ¿Por qué Dios levanta reinos malvados? ¿Cómo nos ayuda esto a tener una
perspectiva bíblica cuando ocurre en nuestros días?
13. ANTÍOCO EPÍFANES Y EL ANTICRISTO: LOS
ARCHIENEMIGOS DEL PUEBLO DE DIOS
DANIEL 11:21–45

Idea principal: Dios reina soberano sobre los mayores enemigos de su pueblo e incluso
utiliza a esos enemigos para sus propios fines.
I. Dios levantó a una persona despreciable para refinar, purificar y santificar a su pueblo
(11:21–35)
A. Cuídarse de usar la adulación y el engaño (11:21–24)
B. Guardar nuestro corazón y lengua (11:25–28)
C. Abrazar la obra de Dios a pesar de las dificultades y el sufrimiento (11:29–35)
II. Dios levantará al Anticristo, quien se exaltará y engrandecerá a sí mismo como Dios
(11:36–45)
A. Se deificará a sí mismo (11:36–39)
B. Será un hombre de conquista desenfrenada (11:40–45)

Recibe muchos nombres y ha tenido muchos precursores a lo largo de la historia. En la


Biblia se le llama “cuerno pequeño” (Da 7:8), “el príncipe que ha de venir” (Da 9:26),
“hombre de pecado” (2 Ts 2:3), “el hijo de la perdición” (2 Ts 2:3) y “bestia” (Ap 13:1–10).
Lo conocemos popularmente como el “anticristo” (1 Jn 2:18, 22; 4:2–3; 2 Jn 7). Es el espíritu
de esta era maligna, y es una figura escatológica y apocalíptica que construirá un imperio
mundial y “se exaltará y engrandecerá sobre todo dios, y dirá cosas escandalosas contra el
Dios de los dioses” (Da 11:36). Es un individuo egocéntrico, arrogante, orgulloso y ególatra
que personifica la depravación del hombre y nuestro anhelo de ser como Dios (Gé 3).
Lo que la gente piensa sobre el anticristo varía. En un artículo de LifeWay Research
titulado “Pastors: The End of the World Is Complicated”, se informó que:
La mayoría de los pastores protestantes creen que Jesús volverá en el futuro. Pero pocos
están de acuerdo con los detalles del apocalipsis. Un tercio de los pastores protestantes de
Estados Unidos espera que los cristianos sean raptados —o llevados al cielo para reunirse
con Jesús— cuando comiencen los últimos tiempos. Alrededor de la mitad piensa que un
falso mesías conocido como el Anticristo aparecerá en algún momento en el futuro. Un
número sorprendente piensa que el Anticristo ya ha estado aquí o no está en camino en
absoluto… Cerca de la mitad (49 %) dice que el Anticristo es una figura que surgirá en el
futuro. Otros dicen que no hay un Anticristo individual (12 %); que es una personificación
del mal (14 %) o una institución (7 %). El 6 % dice que el Anticristo ya ha llegado. Los bautistas
(75 %) y los pentecostales (83 %) son los más propensos a ver un futuro Anticristo. Los
luteranos (29 %), los metodistas (28 %) y los pastores presbiterianos/reformistas (31 %) son
más propensos a ver al Anticristo como una personificación del mal. La educación también
influye en la forma en que los pastores ven al Anticristo. Dos tercios de los que no tienen un
título universitario (68 %) o una licenciatura (63 %) creen en una futura figura del Anticristo.
Menos de la mitad de los que tienen un máster (39 %) o un doctorado (49 %) tienen esa
opinión. (Smietana, “Pastors: The End of the World Is Complicated”)
Vemos que estas conclusiones se reflejan, hasta cierto punto, en la interpretación de
los últimos versículos de Daniel 11. Todos los eruditos sin excepción, tanto liberales como
conservadores, consideran que los versículos 21–35 se refieren al malvado reinado de
Antíoco Epífanes (175–163 a. C.) y a su feroz persecución de los hebreos y de Israel. ¿Pero
qué pasa con los versículos 36–45? Todos los eruditos sin excepción, liberales y
conservadores, están de acuerdo en que los eventos aquí descritos no pueden coincidir con
lo que conocemos de Antíoco. Así que la mayoría de los eruditos liberales dicen que el
pseudo-autor de Daniel del siglo II fue tan preciso en 11:1–20 porque estaba escribiendo la
profecía después de los hechos. En 11:36–45, sin embargo, se descuidó por alguna razón
desconocida y cometió una serie de errores históricos.
La mayoría de los evangélicos, por el contrario, creen que se trata de un ejemplo, de
nuevo, de lo que se denomina “escorzo profético”, en el que hay un intervalo de tiempo
significativo entre dos versículos, entre dos personas o acontecimientos (cf. Is 61:1–2b; Da
9:24–27 y el hueco entre los versículos 26 y 27). El ejemplo clásico de este rasgo profético
es cómo los profetas vieron la primera y la segunda venida de Cristo. Los profetas, al
contemplar dos picos de montaña proféticos en línea recta, no vieron la brecha (es decir,
“el valle”) entre las dos venidas. Estoy convencido de que esto es lo que tenemos entre
Antíoco (un tipo del anticristo) en los versículos 21–35 y el anticristo (el antitipo) en los
versículos 36–45. Es importante e incluso decisivo observar el cambio de lenguaje. Daniel
habla de “el tiempo señalado” en referencia a Antíoco en los versículos 27, 29 y 35. En
cambio, utiliza la frase “en el tiempo del fin” en el versículo 40 y en todo el capítulo 12. Esto
nos indica que estamos en un período de tiempo diferente en los versículos 36–45. Además,
Pablo utiliza Daniel 11:36 en 2 Tesalonicenses 2:3 al hablar del anticristo del tiempo del fin
(“el hombre del pecado”). Sinclair Ferguson señala esta perspectiva:
[…] también es coherente con la forma en que Jesús parece haber visto la descripción de la
actividad de Antíoco como un presagio del futuro. Jesús habla de una “abominación de la
desolación” (v. 31) que aún estaba por llegar (Mr 13:14). (Daniel, 219)

Así, nuestro texto se divide en dos secciones: (1) Antíoco: el tipo del anticristo venidero
(11:20–35), y (2) el anticristo: el enemigo terrenal escatológico final de Dios y su pueblo (vv.
36–45).

II. DIOS LEVANTÓ A UNA PERSONA DESPRECIABLE PARA REFINAR, PURIFICAR Y SANTIFICAR A
SU PUEBLO

DANIEL 11:21–35
El antisemitismo y la oposición a Israel, que parecen estar creciendo en nuestros días, no
son nuevos. Es tan antiguo como la Biblia y comenzó en el libro del Éxodo. Sin embargo, en
el Antiguo Testamento, nadie personifica este mal como el general y rey sirio Antíoco
Epífanes. Si bien hay lecciones de historia aquí, sin duda, la verdad teológica y espiritual
significativa está incrustada en todo para nuestra edificación.

A. Cuidarse de usar la adulación y el engaño (11:21–24)


La “persona despreciada” del versículo 21 es Antíoco IV Epífanes (175–163 a. C.), que
sustituyó a Seleuco IV después de que este muriera envenenado (v. 20). Esta es una
descripción adecuada de él “porque desde el punto de vista judío era un monstruo” (Miller,
Daniel, 298). Los “honores reales” pertenecían con razón a un hombre llamado Demetrio I
Sóter, hijo de Seleuco IV. Sin embargo, Antíoco se deslizó “durante un tiempo de paz y [se
apoderó] del reino mediante intrigas”. Las habilidades políticas unidas a un corazón
malvado son una combinación peligrosa.
El egipcio Ptolomeo VI Filométor (181–146 a. C.) atacó a Antíoco con “una avalancha de
fuerzas” (v. 22), un gran ejército, pero fue derrotado con contundencia (“quebrado”) y
llevado cautivo. Durante este tiempo Antíoco también depuso a Onías III, el legítimo sumo
sacerdote de Jerusalén. Aquí se le llama el “príncipe del pacto”. Onías fue asesinado en el
año 171 a. C. (Baldwin, Daniel, 192).
Los versículos 23–24 resumen la consolidación del poder de Antíoco, que sigue
utilizando el recurso político y pecaminoso del engaño. Negoció una alianza con Egipto que
no tenía intención de cumplir (v. 25). Con un acuerdo de paz intacto, invadió “las partes más
ricas de la provincia” (incluyendo Egipto y Judea) e hizo “lo que sus padres y predecesores
nunca hicieron” (v. 24). Construirá su reino a mayores alturas “[prodigando] saqueos,
botines y riquezas a sus seguidores”. Comprará lealtad. Y hará planes para una mayor
conquista (“planes contra ciudades fortificadas”), pero estos solo durarán “por un [corto]
tiempo”. Dios estaba levantando la poderosa Roma, y Antíoco no sería rival para esta bestia
que es “espantosa y temible, e increíblemente fuerte, con grandes dientes de hierro” (7:7).
La adulación y el engaño solo te llevan hasta cierto punto. Son características
pecaminosas que Dios no bendecirá. Tampoco son rivales para los planes de un Dios
soberano. Son dispositivos malvados que sus hijos deben evitar a toda costa.

B. Guardar nuestro corazón y lengua (11:25–28)


Estos versículos parecen referirse a la primera campaña de Antíoco contra Egipto en el
versículo 22 (169 a. C.). Derrotó al rey del Sur, en parte, porque “se hicieron complots contra
él” (v. 25). Los hombres malvados se dedicaron a realizar actos malvados. Stephen Miller
señala que estas conspiraciones contra el rey de Egipto “parecen incluir los planes de
Antíoco contra él, las actividades de los súbditos desleales en Egipto y los malos consejos
de sus asesores” (Daniel, 306). Esta última observación queda confirmada por el versículo
26 (“Y los que comen de sus majares lo destruirán”).
Egipto y Siria se sientan a la mesa de negociaciones en el versículo 27, pero como ocurre
a menudo en las conversaciones políticas, lo hacen con “corazones… inclinados al mal”,
hablándose mentiras mutuamente “en la misma mesa”. Los corazones malvados hablan
palabras malvadas (Stg 3:5–8). Las conversaciones fracasan; son “inútiles”. ¿Por qué?
Porque “el fin vendrá en el tiempo señalado” por Dios. Las cosas avanzarán según el
calendario de Dios, no el de los simples humanos. Antíoco regresaría a su casa en Siria “con
grandes riquezas” después de saquear Egipto en el año 169 a. C.
A su regreso se encontró con una insurrección judía en curso, y su corazón estaba
“puesto en contra de la santa alianza” (Israel; 11:28). Stephen Miller escribe:
Acabó con la rebelión, masacrando a ochenta mil hombres, mujeres y niños (2 Macabeos
5:12–14) y luego saqueó el templo con la ayuda del malvado sumo sacerdote, Menelao (cf.
2 Mac. 5:15–21). La persecución de los judíos por parte de este malvado tirano había
alcanzado proporciones calamitosas. (Daniel, 300)

Los humanos de corazón perverso pueden mentir, intimidar y negociar sin parar.
Pueden conspirar, rebelarse, asesinar y saquear. Sin embargo, el resultado final está en
manos de Dios. Dios controla la historia. Debemos vigilar nuestros corazones y guardar
nuestras lenguas mientras confiamos en que Dios está actuando incluso en medio de un
mundo malvado y fuera de control.

C. Abrazar la obra de Dios a pesar de las dificultades y el sufrimiento


(11:29–35)
Llegamos ahora al punto principal y al propósito de los versículos 21–35. Es sin duda y en
muchos sentidos “a la hora señalada” (v. 29), como el Dios de la historia orquesta su plan
para su pueblo (v. 35). Antíoco vuelve a lanzar una campaña contra Egipto (el Sur), pero esta
vez las cosas son diferentes: “pero esta última vez no resultará como la primera”.
Antíoco encontró la oposición de las “Naves de Kittim” (Chipre), una flota romana que
había llegado a Alejandría a petición de los Ptolomeos (11:30). El comandante romano Cayo
Popilio Lenas se reunió con Antíoco y le entregó una carta del Senado romano en la que se
le ordenaba que abandonara Egipto o se enfrentara a Roma. El comandante romano dibujó
un círculo en la arena alrededor de Antíoco y le dijo que debía dar una respuesta antes de
salir del círculo. Antíoco, sabiamente, se retiró de Egipto y regresó a Antioquía humillado (v.
30).
El desconcierto de Antíoco se convirtió en ira, que dirigió una vez más contra el pueblo
judío (“la santa alianza”). Envió a Jerusalén a Apolonio (2 Macabeos 5:23–26), el jefe de sus
mercenarios y el “principal recaudador de tributos” (1 Macabeos 1:29). Apolonio fingió
venir en son de paz, pero el día de reposo atacó repentinamente a los judíos, masacrando
a mucha gente y saqueando la ciudad (cf. 1 Macabeos 1:30–32; 2 Macabeos 5:25–26). Pero
recompensó a los judíos apóstatas (“los que abandonen el pacto santo”, Da 11:30) como el
sumo sacerdote Menelao, que apoyaron su política helenizadora (cf. 1 Macabeos 1:30–32;
2 Macabeos 4:7–17) (Miller, Daniel, 301).
En el año 167 a. C., la persecución de la religión judía alcanzó su punto álgido (1
Macabeos 1:41–50; 2 Macabeos 6:1–6). Todas las prácticas religiosas judías, como la
circuncisión, la posesión de las Escrituras, el ofrecimiento de sacrificios y la observancia de
las fiestas, fueron prohibidas bajo pena de muerte (1 Macabeos 1:50, 63), y se introdujo el
culto imperial. La profanación de la religión judía alcanzó un crescendo el 15 de diciembre
de 167 a. C. (1 Macabeos 1:54) cuando se erigió en el templo un altar o estatua-ídolo
dedicado a Zeus. El 25 de diciembre se ofrecieron en el altar sacrificios que incluían cerdos
(cf. 1 Macabeos 1:47; 2 Macabeos 6:4–5) (cf. 1 Macabeos 1:54, 59). El templo fue profanado
y “la abominación de la desolación” se convirtió en una realidad histórica (11:31).
Antíoco utilizó la “adulación” para atraer a la gente a apoyar su política (cf. 1 Macabeos
2:18; 2 Macabeos 7:24). Esto “corrompería” aún más a los judíos apóstatas que “actúan con
maldad” (Da 11:32). Sin embargo, incluso en este período oscuro había creyentes fieles (“el
pueblo que conoce a su Dios”). Primera de Macabeos 1:62–63 (NRSV) habla de ellos:
“Muchos en Israel se mantuvieron firmes y estaban resueltos en sus corazones a no comer
alimentos impuros. Prefirieron morir antes que contaminarse con la comida o profanar el
pacto sagrado; y murieron”.
Stephen Miller nos informa además:
Entre los que más se resistieron a las medidas opresivas de Antíoco estaban los macabeos.
Un sacerdote llamado Matatías se negó a abandonar a su Dios (cf. 1 Macabeos 2:1–14).
Tuvo cinco hijos, tres de los cuales (Judas, Jonatán y Simón) pasaron a ser conocidos como
los Macabeos, aunque el término Maccabeus (“martillo”) se dio originalmente solo a Judas
(1 Macabeos 2:4). Los macabeos lograron derrocar el yugo sirio mediante una serie de
brillantes victorias militares (aparentemente predichas en Zac 9:13–17) contra los jefes
militares de Antíoco, Apolonio, Serón, Grogias, Lisias (cf. 1 Macabeos 3:10–4:35) entre el
año 166 [o 165] y el 164 a. C.; como resultado, el templo fue rededicado (Hanukkah) a Yahvé
el 25 de Quisleu (14 de diciembre) del año 164 a. C. (1 Macabeos 4:52). (Daniel, 302)

“Los entendidos” (Da 11:33) son los israelitas que tienen discernimiento espiritual, los
verdaderos creyentes. Ellos permanecerían fieles a Yahvé durante la persecución de Antíoco
e instruirían a otros (“darían entendimiento a muchos”). Debido a su postura, muchos de
los fieles judíos serían asesinados. Decenas de miles de personas fueron asesinadas en estas
persecuciones, y muchas otras murieron durante los combates. Otros fueron “capturados”
para convertirlos en esclavos o se les confiscaron sus bienes (“saqueados”). Aunque intensa,
esta persecución duraría poco tiempo. Algunos de estos fieles héroes parecen ser señalados
en Hebreos 11:34 (Miller, Daniel, 303).
Durante este período de opresión, cuando sean derrotados, los fieles a Yahvé “recibirán
poca ayuda”, presumiblemente un pequeño número de fuerzas que al principio lucharon
contra Antíoco. El resto del versículo 34 parece referirse al hecho de que, a medida que
crecía la fuerza de la revuelta macabea, los judíos nominalmente comprometidos se unieron
a los rebeldes por conveniencia, sobre todo cuando las fuerzas macabeas (a las que ahora
se unieron los jasidim, palabra que significa “piadosos”) empezaron a dar muerte a los que
habían colaborado con los seléucidas (es decir, los leales a Antíoco; cf. 1 Macabeos 2:42–
48).
“También algunos de los entendidos caerán” expresa la misma idea que el versículo 33:
los verdaderos creyentes sufrirán persecución e incluso martirio por su fe. El propósito es
refinar, purificar y limpiar a los individuos y a la nación en su conjunto de prácticas
pecaminosas y fortalecer su fe “hasta el tiempo del fin” (v. 35). En este contexto se trata del
tiempo que ha sido “señalado” por el Señor para la terminación de las persecuciones de
Antíoco, no el tiempo del fin escatológico. Los que sufrían en el siglo II a. C. se habrían
sentido muy reconfortados por la promesa del fin de su sufrimiento (Miller, Daniel, 303).
Stephen Miller señala:
Antíoco IV murió en el año 163 a. C. durante una expedición en Persia, poniendo fin a su
malvada vida y a sus atrocidades contra el pueblo de Dios. Antíoco tuvo una muerte
horrible. Polibio cuenta que, según algunos, el rey murió demente. (Ibid., 304)
El rey despreciado fue y ya no es.

II. DIOS LEVANTARÁ AL ANTICRISTO, QUIEN SE EXALTARÁ Y MAGNIFICARÁ COMO DIOS


DANIEL 11:36–45
Hay un espacio de tiempo indeterminado entre los versículos 35 y 36. Hemos pasado de los
“tiempos señalados” (vv. 27, 29, 35) en el pasado (desde nuestra perspectiva) al “tiempo
del fin” (v. 40; también 12:4, 6–7, 9, 13) y al futuro. Los acontecimientos descritos en estos
versículos no pueden referirse a Antíoco Epífanes. Por muy arrogante que fuera, nunca “se
exaltó y engrandeció por encima de todo dios” (v. 36). Siguió siendo un devoto seguidor de
Zeus hasta su muerte. No, el hombre descrito aquí es una personalidad del tiempo del fin.
Es el anticristo. Daniel destaca dos verdades para que consideremos cuidadosamente a este
archienemigo de Dios.

A. Se deidificará a sí mismo (11:36–39)


En primer lugar, el anticristo es un hombre con voluntad propia. Él “hará lo que quiera”. Es
ególatra. Segundo, “se exaltará y engrandecerá a sí mismo por encima de todo dios”. Se ve
a sí mismo como un hombre divino. Tercero, “dirá cosas escandalosas contra el Dios de los
dioses”. Es un burdo blasfemo. Cuarto, “tendrá éxito hasta que el tiempo de la ira [el juicio
de Dios] se complete”. Esta es una realidad firmada y establecida “porque lo que ha sido
decretado [por Dios] se cumplirá”. Sinclair Ferguson aciertó al decir:
Ya hemos visto este espíritu emerger en varias figuras en Daniel (cf. 3:15; 4:30; 8:25; 11:3,
12, 16). Emergerá en forma completa al final en el conflicto final entre los reinos. Lo hace
inevitablemente porque es el eje del conflicto. Sus fundamentos se remontan a los orígenes
de la historia y, más allá, a las brumas de la eternidad. Las tentadoras palabras “serás como
Dios” resuenan a través de los tiempos desde un susurro en el Jardín del Edén hasta un
clamor al final de los tiempos. (Daniel, 220)

El versículo 37 continúa el malvado desfile de vicios que caracterizará a esta amenaza


anti-Dios. En primer lugar, “no le importarán los dioses de sus padres ni el favorito de las
mujeres, tampoco le importará ningún otro dios”. Esta frase es, en todo caso, poco clara. La
primera frase es más fácil de entender. El anticristo no tendrá ningún respeto por su
herencia religiosa, sea cual sea. Pero ¿qué hay de “el favorito de las mujeres”, que se
traduce en la Versión Estándar inglesa como “el amado por las mujeres”? Encuentro útiles
y persuasivas las ideas de Andrew Steinmann, quien escribe:
El rey no favorecerá las relaciones matrimoniales normales ni a ningún dios porque se hará
más grande que todos (11:37). Su arrogancia lo hace incapaz de la devoción amorosa que
requieren tanto el matrimonio como la verdadera piedad. Él personalmente no está casado
y no honra correctamente al único Dios verdadero, y como rey, impone este desprecio por
el matrimonio y esta visión deshonrosa de Dios a sus súbditos. (Daniel, 542)

El anticristo no desea a Dios ni a la humanidad porque sirve a un dios diferente además


de a sí mismo, “un dios de las fortalezas” o el dios de la guerra (v. 38). Sobre esta deidad de
“la fuerza hace el bien”, una que incluso sus malvados antepasados no conocieron ni
adoraron, derramará “oro, plata, piedras preciosas y riquezas”. Honrará la fuerza y el poder
que la guerra puede darle. Y “con la ayuda de [este] dios extranjero” (v. 39), a quien sus
padres no conocieron (v. 38), “Actuará contra la más fuerte de las fortalezas”. Con el poder
aplastará el poder, y en el proceso recompensará a los que se unan a su coalición en
expansión. “A los que lo reconozcan colmará de honores, los hará gobernar sobre muchos
y repartirá la tierra por un precio” (v. 39). Se trata de un mundo al estilo de Nietzsche hecho
realidad. La visión de un líder similar a Hitler y su nazismo influneicado por Friedrich
Nietzsche llegará en toda su infamia, y el mundo no podrá detenerlo.

B. Será un hombre de conquista desenfrenada (11:40–45)


Sinclair Ferguson nos indica sabiamente que “la visión del futuro se presenta en términos
de la experiencia, el conocimiento y los acontecimientos del presente” (Daniel, 221). Esto
es ciertamente cierto para los versículos 40–44. Lo que se describe aquí, en el lenguaje y la
perspectiva de la época de Daniel, es la lucha o batalla final “en el tiempo del fin” (11:40).
Puede tratarse de una batalla o, más probablemente, de una campaña final. El objetivo de
la visión no es darnos detalles precisos, sino el carácter del anticristo y de los que, como él,
gobernarán este mundo temporal y desvanecido. Resumamos estos versículos a grandes
rasgos por medio de un esquema:
• Al final de esta era, el anticristo, ahora identificado como “el rey del Norte”, será
atacado por “el rey del Sur”, pero el anticristo obtendrá una resonante victoria (v.
40). Esto le permitirá avanzar hacia otros países y “arrasar con ellos como una
inundación”.
• Invadirá Israel, “la tierra hermosa”, y muchos morirán, aunque algunas naciones
circundantes se salvarán (v. 41).
• El anticristo “extenderá su poder” contra otros países y estará al borde de una
victoria completa y abrumadora (vv. 42–43). Apocalipsis 13 nos informa que
gobernará el mundo por un tiempo.
• Se aterrorizará al recibir “informes del este y del norte” (v. 44).
• Volverá a perseguir a sus enemigos “con gran furia para aniquilarlos y destruirlos
completamente” (v. 44) (cf. Ap 9:13–19; 16:12).
• Se instalará en Israel, pero con un mero gemido “encontrará su fin sin que nadie le
ayude” (v. 45). Apaga las luces. Su espectáculo ha terminado.
Agradezco de nuevo las palabras finales de Stephen Miller sobre todo esto:
El Anticristo se reunirá con estas fuerzas atacantes en Palestina y hará su cuartel general
(“acampará sus tiendas reales”) “entre los mares en la hermosa montaña santa”. “Mares”
denota las dos masas de agua a ambos lados de Israel, el Mar Mediterráneo al oeste y el
Mar Muerto al este. El “hermoso monte santo” es el monte Sión, donde estaba el templo,
lo que hace que el monte sea “hermoso” y “santo”. El Anticristo utilizará el templo de
Jerusalén como cuartel general (véase 2 Ts 2:4; posiblemente Mt 24:15), aunque el grueso
de la batalla se librará en otro lugar. Daniel estaba informando aquí de que la guerra final
se librará en Israel, un hecho que se expone en otras partes de las Escrituras (cf. Ez 39:2–
29; Jl 3:2–16; Zac 12:2–9; 14:1–21). El Apocalipsis indica más específicamente que el valle
de Meguido será el escenario de este conflicto final: la batalla de Armagedón (cf. Ap 16:16).

Finalmente, se pondrá fin a la carrera del hombre más malvado de la historia.


Anteriormente en el libro, Daniel reveló que “el cuerno pequeño” será juzgado cuando el
Señor venga a establecer su reino (7:1, 26–27); Pablo dijo que este “hombre de pecado”
será destruido “por el esplendor de su venida [de Cristo]” (2 Ts 2:8); y Juan enseña que la
“bestia” será capturada y arrojada al lago de fuego al regreso de Cristo (Ap 19:20). Este
capítulo se cierra con el pronunciamiento de que no habrá escape (no habrá “ayuda” de
ninguna fuente) para el Anticristo cuando el juicio de Dios caiga sobre él y su imperio del
mal. (Daniel, 312)
Este insignificante déspota humano se encuentra con el Rey de reyes y el Señor de señores
(Ap 19:11–21). No es una competición.

CONCLUSIÓN: ¿CÓMO SEÑALA ESTE TEXTO A CRISTO?


El Señor Jesús se ve tan fácilmente en este texto a modo de contraste tanto con Antíoco
como con el anticristo. Su bondad en oposición a su maldad es una luz brillante y radiante
que brilla con la gloria de Dios en plena exhibición. Un simple cuadro comparativo deja claro
lo que tenemos en el Hijo del Hombre de Daniel 7, el gobernante ungido de Daniel 9.
Antíoco/Anticristo Rey Jesús

Despreciado (11:20) Deseado

Engañador (11:23) La verdad

Odia el pacto sagrado (11:28) Ama el santo pacto de Dios

Profana el templo (11:31) Limpia el templo

Pone fin a los sacrificios (11:31) Hizo el único y suficiente sacrificio

Persigue y asesina al pueblo de Dios (11:32– Refina y purifica al pueblo de Dios


33)

Voluntad (11:36) Sumisa

Se exalta a sí mismo (11:36) Se humilla

Se engrandece como dios (11:36) Se encarnó aún siendo Dios

Blasfema contra Dios (11:36) Glorifica a Dios

Adora al dios de la guerra (11:38) Es el Dios de la Paz


Su reino terminará (11:45) Su reino es eterno

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Cómo describiría el “espíritu del anticristo” (1 Jn 4:3)? ¿Dónde ve este espíritu en
la actualidad?
2. ¿Cómo ha pensado anteriormente sobre la venida del anticristo? ¿Cómo encaja con
la profecía de Daniel 11?
3. Repase y reafirme con sus propias palabras la idea del escorzo profético. ¿Significa
esta característica que estas partes de la Biblia no son verdaderas? Explique su
respuesta.
4. ¿Cuáles son las herramientas que utiliza Antíoco para lograr sus objetivos malvados?
¿Cómo podría usted estar tentado a utilizar estos mismos medios en su propia vida?
5. Lea Lucas 6:43–45 y Santiago 1:13–15. ¿Qué dicen estos versículos sobre el origen
de nuestro pecado?
6. ¿Cómo utiliza Dios las dificultades para obrar en su pueblo en Daniel 11? ¿Cómo ha
utilizado las dificultades para actuar en su propia vida?
7. ¿Qué caracteriza a los creyentes fieles de Daniel 11? ¿Cómo puede imitar su
fidelidad al Señor en su entorno?
8. ¿Cuáles son las características que definen al anticristo, el hombre?
9. ¿Cómo contrasta la imagen del anticristo con la imagen de Jesús presentada en el
Apocalipsis?
10. ¿Qué consuelo debería recibir el pueblo de Dios de un retrato tan horrible del
anticristo? ¿Por qué esta profecía sería útil para el pueblo de Dios?
14. NUEVE MARCAS DEL DISCIPULADO ESCATOLÓGICO
DANIEL 12:1–13

Idea principal: A la luz del control soberano de Dios sobre la historia y el prometido regreso
de Cristo, el pueblo de Dios debe perseguir la fidelidad y la fecundidad hasta el final.
I. Consuélese con la protección de Dios (12:1)
II. Prepárese para los problemas y la intensa persecución (12:1, 7)
III. Cuente con Dios, quien rescata a Su pueblo (12:1)
IV. Tenga esperanza en la resurrección (12:2)
V. Viva sabiamente y muestre a otros a Jesús (12:3)
VI. Atesore la Palabra de Dios y crezca en su comprensión de ella (12:4)
VII. Confíe pacientemente en que Dios terminará las cosas en el momento adecuado
(12:5–9)
VIII. Persiga la santidad y regocíjese en sus frutos (12:10)
IX. Permanezca hasta el final, sabiendo que vale la pena (12:11–13)

En 1 Juan 3:2 (NVI), el apóstol hace una maravillosa declaración sobre nuestro futuro:
Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que
habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a
él, porque lo veremos tal como él es.

Juan sigue en el versículo 3 con una clara aplicación: “Y todo el que tiene esta esperanza
puesta en Él, se purifica, así como Él es puro”. El punto de Juan es claro: El destino futuro
impacta el discipulado presente. Lo que seré algún día moldeará y dará forma a mi vida
actual.
El profeta Daniel transmitió ese mismo mensaje en el último capítulo de su obra maestra
profética. La esperanza de mi futuro cuerpo resucitado (12:2) proporciona motivación para
el discipulado (v. 3) y la santidad personal (v. 10). De hecho, me parece que podemos
identificar no menos de nueve marcas de lo que yo llamo “discipulado escatológico” en
Daniel 12. Más concretamente, Daniel 12 nos enseña a vivir como exiliados fieles en un
mundo, un contexto, que no es nuestro hogar. Nos ayuda a responder a la pregunta: ¿Cómo
podemos vivir como ciudadanos del reino, como discípulos dedicados, en una tierra que nos
resulta extraña e incluso hostil?
La visión que comenzó en 11:2 continúa en realidad hasta 12:4. Los versículos 5–13
sirven de epílogo o conclusión. Sin embargo, una clara continuidad une 12:1–4 con 12:5–
13. Recientemente he leído que:
El libro del Antiguo Testamento en el que el exiliado Daniel se niega a obedecer las órdenes
de adorar al rey en lugar de a su propio dios [sic] es considerado “muy peligroso” por el
gobierno chino a la luz de la explosión del cristianismo en China. (Phillips, “China on Course
to Become ‘World’s Most Christian Nation’ within 15 Years”)
Puedo entenderlo, y el capítulo 12 es un final apropiado para esta guía para la vida en
el exilio, ya que proporciona lo que Sinclair Ferguson llama “la ética escatológica que
caracteriza a toda la Escritura” (Daniel, 223). ¿Cuáles son las nueve marcas del discipulado
escatológico que ofrece el último capítulo de Daniel?

I. CONSUÉLESE CON LA PROTECCIÓN DE DIOS


DANIEL 12:1
El capítulo 12 comienza con “En aquel tiempo”, lo que vincula 12:1 con 11:36–45 y el
reinado y el fin del anticristo. Cuando llegue ese día escatológico, Dios resucitará al ángel
Miguel (cf. 10:13, 21), a quien se identifica como “el gran príncipe que vela sobre los hijos
de tu pueblo”. Miguel es llamado el arcángel en Judas 9. Dirige una guerra victoriosa contra
Satanás y sus ángeles (demonios) en Apocalipsis 12:7–12. Miguel es, como todos los
ángeles, un espíritu ministerial “enviado a servir a los que van a heredar la salvación” (Heb
1:14). No cabe duda de que hoy está ministrando al pueblo de Dios, pero en el “tiempo de
angustia” (Da 12:1) o “el tiempo del fin” (12:4, 9, 13) intensificará su participación en favor
del pueblo de Dios. Para Daniel y sus lectores, creo que esto se refería al remanente justo
de Israel, “el pueblo santo” (12:7). Si lo miramos desde este lado de Pentecostés y con las
ideas de Romanos 11 y Efesios 3, sabemos que apunta a la iglesia, la comunidad escatológica
de los redimidos de todas las épocas. Dios tiene un interés especial en su pueblo santo
comprado por la sangre de su Hijo.
Dale Davis lo expresa muy bien:
De Daniel 10 entendemos que Miguel es el guerrero defensor de Israel que toma los
garrotes en su favor. Hay legiones invisibles (cf. Mt 26:53; Heb 1:14) que respaldan al
tambaleante pueblo de Dios en sus problemas más oscuros. (Message of Daniel, 162)

Así que consuélese con la protección de Dios mientras viva para Jesús. Sus ángeles están
de su lado, y están ocupados trabajando a su favor.

II. PREPÁRESE PARA LOS PROBLEMAS Y LA INTENSA PERSECUCIÓN


DANIEL 12:1, 7
Segunda Timoteo 3:12 nos recuerda que “todos los que quieren vivir una vida piadosa en
Cristo Jesús serán perseguidos”. Este axioma teológico básico es válido a lo largo de la
historia redentora en ambos testamentos. Pero a medida que la historia, tal como la
conocemos, se acerca a su fin, la oposición, la persecución y el sufrimiento se intensificarán,
de modo que “habrá un tiempo de angustia como nunca ha habido desde que las naciones
fueron creadas hasta ese momento” (Da 12:1). El versículo 7 añade que esto será “cuando
el poder del pueblo santo sea destrozado”. Esto será cuando “todas estas cosas se
completarán”.
Este tiempo de angustia o de problemas se hace eco de Jeremías 30:7 y del tiempo de
la angustia de Jacob. También se encuentra en los labios del Señor Jesús en Marcos 13:19
(cf. Mt 24:21–22). Los problemas están en camino. Por supuesto, vienen ahora, en el flujo
y reflujo regular de la vida normal en un mundo roto y caído. Sin embargo, esos problemas
son solo un indicio, un anticipo, de lo que vendrá en el momento del fin. Como no sabemos
cuándo será ese día, debemos prepararnos en el presente. Vivir como un pueblo santo,
aunque estemos destrozados, rotos en pedazos, debe ser una parte vital de nuestro
discipulado. Purificarnos, limpiarnos, ser refinados por el poder del evangelio y del Espíritu
Santo no será una consideración opcional. Será un equipo de guerra esencial para las
batallas que emprendamos. No será una pequeña escaramuza. Será una guerra total sin
prisioneros. El brillante filósofo de la ciencia y las matemáticas John Lennox señala
simplemente:
Es difícil entender esta sombría afirmación. La época de Antíoco fue horrible, al igual que el
período en torno a la posterior caída de Jerusalén. El Holocausto es indescriptible. Pero
Daniel indica que habrá algo aún peor en el momento del fin. (Against the Flow, 341)

Prepárese. Esté listo. Que no le tome por sorpresa.

III. CUENTE CON DIOS, QUIEN RESCATA A SU PUEBLO


DANIEL 12:1
Se acerca un tiempo de problemas sin precedentes para el pueblo de Dios. Sin embargo, no
hay que alarmarse. Gabriel le promete a Daniel: “Y en ese momento tu pueblo será librado”.
¿Y quién es el pueblo de Daniel? Son “todos los que se encuentren inscritos en el libro”.
Esto es una referencia al libro de la vida (cf. Ap 20:12, 15), el libro de la vida del Cordero (cf.
Ap 13:8; 21:27). También es un eco del Salmo 69:28 y una preciosa promesa para el pueblo
de Dios. El anticristo puede ensañarse con el pueblo santo de Dios. Puede parecer por un
tiempo que tendrá éxito y será victorioso. Los santos sufrirán, y los santos morirán (como
ocurre en todo el mundo hoy). Pero, ¡que no cunda el pánico! No tenga miedo. La liberación
está en camino, como prometió Daniel 7 con la gloriosa venida del Hijo del Hombre, el Señor
Jesucristo.
Además, consuélese. Su liberación está asegurada porque su nombre está escrito en el
libro. Su destino eterno está asegurado. Su ciudadanía celestial no puede ser revocada. El
libro de la vida contiene su nombre y es una garantía de salvación final y segura. H. C.
Leupold lo expresa bellamente:
Que se disponga de un registro del cielo con referencia a los que han de heredar la vida
eterna equivale a decir que los pensamientos de Dios para la salvación de sus hijos se
remontan a la eternidad, y que Él ama ocuparse de su bienestar eterno. (Exposition of
Daniel, 528–29)

Puede contar con que Dios rescatará a Su pueblo.

IV. TENGA ESPERANZA EN LA RESURRECCIÓN


DANIEL 12:2
Un componente de la liberación de Dios es nuestra futura resurrección corporal. La tumba
vacía de Jesucristo en Jerusalén es nuestra garantía. El versículo 2 habla de esta esperanza
futura en términos de una resurrección general, estableciendo un contraste entre los justos
(v. 3) y los injustos. El día de la resurrección será también el día de la separación.
Partiendo del lenguaje de Génesis 3:19 y de la maldición del pecado que justifica nuestra
muerte tanto física como espiritual, la Palabra de Dios promete que aquellos cuyos cuerpos
yacen en la tumba serán reanimados por el poder de Dios sin excepciones. Todos serán
resucitados corporalmente. Sin embargo, en ese punto las similitudes terminan. Algunos
despertarán a la vida eterna porque sus nombres “se encuentren inscritos en el libro” (v.
1). Otros, trágicamente, se despertarán y resucitarán “para la ignominia, para el desprecio
eterno” (Da 12:2) solo para ser arrojados al lago de fuego (Ap 20:14–15) donde, como dice
Apocalipsis 14:11, “el humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos. No tienen
reposo, ni de día ni de noche”.
C. S. Lewis, en términos aleccionadores, nos ayuda a comprender lo que está en juego
según este versículo, así como nuestra respuesta adecuada:
Es grave vivir en una sociedad de posibles dioses y diosas, recordar que la persona más
aburrida y poco interesante con la que hablas puede ser un día una criatura que, si la vieras
ahora, estarías fuertemente tentado a adorar, o bien un horror y una corrupción como los
que ahora conoces, si acaso, solo en una pesadilla. Todo el día estamos, en cierta medida,
ayudándonos mutuamente a uno u otro de estos destinos… No hay gente común. Nunca
has hablado con un simple mortal… Son los inmortales con los que bromeamos, trabajamos,
nos casamos, despreciamos y explotamos: horrores inmortales o esplendores eternos. (The
Weight of Glory, 45–46, énfasis en el original)

El pueblo de Dios tiene esperanza en su futura resurrección corporal.

V. VIVA SABIAMENTE Y MUESTRE A OTROS A JESÚS


DANIEL 12:3
El versículo 3 podría llamarse “promesa de un ganador de almas” (cf. Sal 126:5–6). Es un
compañero apropiado para la maravillosa promesa y la sorprendente verdad del versículo
2. Los perspicaces (cf. 11:33) están ocupados en la tarea de hacer discípulos (para usar el
lenguaje del Nuevo Testamento). Animan a otros a volverse a Dios. Los que:
Influyen en otros para que sigan caminando en la justicia y les ayudan a permanecer fieles
en la presión de los tiempos, “brillarán como el resplandor del cielo… como las estrellas por
los siglos de los siglos”. (Davis, Message of Daniel, 162)

Bob Fyall dice que este versículo “es un poderoso motivo para la evangelización” (Daniel,
188). Juan Calvino añade:
Ninguno de los hijos de Dios debe limitar su atención a sí mismo, sino que, en la medida de
lo posible, todos deben interesarse por el bienestar de sus hermanos. Dios ha depositado
en nosotros la enseñanza de su salvación, no para que la guardemos en privado, sino para
que señalemos el camino de la salvación a toda la humanidad. (Commentaries on the Book
of Daniel, 376–77)

Me encanta la sencilla paráfrasis de Eugene Peterson en The Message: “Los que ponen
a otros en el camino correcto de la vida brillarán como estrellas para siempre”. ¿Quiere ser
una estrella para el Rey Jesús? Entonces haga el trabajo de un ganador de almas siguiendo
los pasos del Salvador (Lc 19:10).

VI. ATESORE LA PALABRA DE DIOS Y CREZCA EN SU COMPRENSIÓN DE ELLA


DANIEL 12:4
El versículo 4 es un poco complicado y susceptible de ser malinterpretado. A Daniel,
interesante y sorprendentemente, se le dice: “guarda en secreto estas palabras y sella el
libro hasta el tiempo del fin”. La idea no es ocultar las palabras sino protegerlas,
mantenerlas a salvo. Joyce Baldwin señala: “Sellar el libro” tiene el doble sentido de
autentificar y preservar intacto (cf. Is 8:16; Jer 32:11, 14)” (Daniel, 206). El pueblo de Dios
necesita esta palabra de nuestro Señor, especialmente a medida que nos acercamos al final
de la era. Debemos estar preparados y no ser tomados por sorpresa. Cuanto más nos
acerquemos al final, más importante será la Palabra de Dios y su comprensión.
La última frase del versículo 4 es enigmática: “Muchos vagarán, y el conocimiento
aumentará”. Algunos la leen en sentido negativo, refiriéndose a los incrédulos y
estableciendo un paralelo con Amós 8:12 (Ferguson, Daniel, 227). Sin embargo, debido al
contexto cercano del versículo 3, lo tomo con cautela en un sentido positivo. Dale Davis lo
explica:
A medida que el pueblo del Señor preste una atención diligente a este fragmento de la
Escritura, tendrá, sobre todo cuando se acerque el final, una comprensión más clara de su
significado… Es la inmersión la que trae la comprensión. (Message of Daniel, 164)

Stephen Miller lo expresa de forma clara y sencilla:


A medida que se acerque el momento del cumplimiento, los “sabios” tratarán de
comprender estas profecías con mayor precisión, y Dios les concederá entendimiento
(“conocimiento”). (Daniel, 321)

VII. CONFÍE PACIENTEMENTE EN QUE DIOS TERMINARÁ LAS COSAS EN EL MOMENTO


ADECUADO

DANIEL 12:5–9
En los versículos 5–9 la visión cambia cuando otros dos ángeles se unen a Gabriel, que ha
estado hablando con Daniel. Se sitúan uno frente al otro a orillas del río Tigris (cf. 10:4). A
continuación, “el hombre vestido de lino” (10:5–6) aparece de nuevo “sobre las aguas del
río” (12:6). Se trata del Hijo de Dios glorificado, revestido de su pureza sacerdotal. Uno de
los ángeles le pregunta: “¿Para cuándo será el fin de estas maravillas?” (RVA, “cosas tan
sorprendentes”; NVI, “cosas tan increibles”). ¿Hasta cuándo continuarán estas cosas
extraordinarias una vez que comiencen? ¿Cuándo se detendrán? Hay una urgencia en la
petición. Además, es una pregunta cuya respuesta ni siquiera los ángeles conocen. Jesús lo
reafirma en Marcos 13:32.
En un alarde de asombrosa solemnidad y seriedad, el Hijo de Dios levanta ambas manos
al cielo (cf. Gé 14:22; Dt 32:40), un acto inusual, e invoca un juramento “por el que vive para
siempre” (12:7). La respuesta a la pregunta del ángel es doble: (1) “que será por tres años y
medio”; (2) Este terrible e intenso “tiempo de angustia” (12:1) terminará justo a tiempo,
según el calendario de Dios, “cuando se termine la destrucción del poder2 del pueblo
santo”. Es entonces y solo entonces que “se cumplirán todas estas cosas”. Ligon Duncan lo
expresa bien:
Cuando el mal haya hecho lo peor, se nos dice, tan pronto como [termine] de destrozar el
poder del pueblo santo, todos estos acontecimientos se completarán. Cuando el mal haya
hecho lo peor y las esperanzas del pueblo de Dios parezcan destrozadas, entonces Dios
actuará. La sombría obra de los opresores seguirá y seguirá y seguirá. Pero en el momento
oportuno Dios intervendrá. (“Blessed is the One Who Waits”)

La respuesta de Daniel en el versículo 8 me anima tanto: “Yo oí, pero no pude entender”.
Ciertamente me identifico con eso. Así que sigue con una pregunta propia: “Señor mío,
¿cuál será el resultado de estas cosas?”. El versículo 9 le da su respuesta, pero
probablemente no la que él quería. Respetuosamente se le dice a Daniel: “Anda, Daniel,
porque estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin”. Sigue con tu vida y
tus negocios, Daniel. Has recibido todo lo que vas a recibir, y es suficiente. Esta profecía y
su comprensión solo se harán más claras “a medida que Dios desenrede la historia en el
futuro invisible” (Ferguson, Daniel, 229). La palabra está protegida, y será preservada. Todo
sucederá como Dios quiere en el momento oportuno. Manténgase fiel. Confíe en Él. Sea
paciente. Como decía Adrian Rogers, “Dios nunca llega tarde, y nunca llega temprano.
Siempre llega a tiempo”.

VIII. PERSIGA LA SANTIDAD Y REGOCÍJESE EN SUS FRUTOS


DANIEL 12:10
Cuando se trata de escatología, hay cosas que sabemos y cosas que no sabemos y no
podemos saber porque Dios ha decidido no revelárnoslas. Sin embargo, una cosa que
podemos saber con certeza es cómo debemos vivir a la luz de la venida del Hijo del Hombre
en el tiempo del fin. Y hay buenas noticias. Dios se encargará de que se cumplan las cosas
relacionadas con nuestra redención. En esos días de gran angustia y dificultad, Dios se
encargará de que su “pueblo santo” (12:7), sus brillantes y resplandecientes (v. 3), aquellos
a los que resucitará a la “vida eterna” (v. 2), “sean purificados, enblanquecidos y refinados”
(v. 10).
En cambio, los enemigos de Dios solo se endurecerán en su pecado y rebeldía contra su
autoridad soberana. Dale Davis lo dice bien:
Los malvados actuarán —como no podía ser de otra manera— con maldad… Ninguno de los
malvados entenderá [cf. Ro 1:22], sino que solo los sabios llegarán a entender… Los impíos
permanecen en su acostumbrada oscuridad, pero los sabios del Señor discernirán los
asuntos de la época, lo que están llamados a hacer y lo que les costará. Su “comprensión”
puede incluir también tener una claridad más exacta sobre el significado de la revelación
dada a través del “libro” de Daniel. (Message of Daniel, 166, énfasis en el original)

IX. PERMANEZCA HASTA EL FINAL, SABIENDO QUE VALE LA PENA


DANIEL 12:11–13
Me encanta la honestidad y la humildad de James Boice cuando se trata de estos versículos.
Sobre ellos dice simplemente que hay cosas aquí “que todavía no podemos explicar”
(Daniel, 122). Reconociendo ese sentimiento exacto, daré lo mejor de mí, sabiendo que la
cautela es el curso más sabio a tomar.
Una vez más tenemos una referencia a “la abominación de la desolación” (v. 11; cf. 9:27;
11:31; Mt 24:15; también 2 Ts 2:3–4). Dale Davis vuelve a ser útil cuando dice:
El versículo 11 habla de la represión del verdadero culto (la ofrenda regular… quitada) y la
imposición del falso culto (una abominación espantosa… puesta en su lugar). Ya hemos
observado que Antíoco Epífanes haría este tipo de cosas (8:11–13 y 11:31), pero habrá otro
cerca del final que lo superará, uno que no solo pondrá fin al culto legítimo (9:27b), sino que
junto con las “abominaciones” es él quien “hace desolación” o “está causando horror”
(9:27c); ahora en 12:11, bajo la égida de este “azote final” de la historia, aparece de nuevo
la abominación que hace desolación. Creo que Jesús tiene en cuenta 9:27 y 12:11 cuando se
refiere a la “abominación desoladora” en Marcos 13:14. Aunque “abominación” en ese
texto es un sustantivo neutro, el siguiente participio es masculino: “donde no debe” (el
énfasis es mío). Jesús está de acuerdo con Daniel 9:27 en que la “abominación” es
supremamente una persona y asume que su aparición es futura al propio ministerio terrenal
de Jesús. (Message of Daniel, 166–67)

Esta me parece una interpretación razonable y persuasiva. Pero ¿qué pasa con los 1 290
días del versículo 11, y la bienaventuranza del versículo 13: “Dichoso el que espera y alcanza
los 1 335 días”? Con James Boice, aquí debo confesar mi falta de comprensión. Esto es lo
que creo que podemos decir: nuestro Señor promete bendecir a los que prevalecen y
perseveran en estos tiempos difíciles y problemáticos de oposición y persecución. Estos
números específicos afirman el control soberano de Dios sobre los detalles de la historia.
Las cosas avanzarán como Él ha decretado, y las cosas también terminarán como Él ha
decretado. Hay una maravillosa esperanza y seguridad aunque siga habiendo misterio en
cuanto a las particularidades.
El libro concluye con una palabra personal para Daniel que puede ayudarnos a todos:
“Sigue hasta el fin”. Estás en tus últimos años, dice Dios, pero todavía tengo trabajo para ti.
Cuando sea el momento de que te retires de mi trabajo, entonces te llevaré a casa. Entonces
“descansarás” porque estarás conmigo. Entonces, como se prometió en el versículo 2,
“tevantarás para recibir tu heredad” (v. 13; NVI, “recompensa”), tu destino, tu premio. Esto
sucederá “al final de los días”. Así que, cumplan con su deber, hagan discípulos, proclamen
mi Palabra y perseveren. Algo maravilloso está en el horizonte al final.

CONCLUSIÓN: ¿CÓMO SEÑALA ESTE TEXTO A CRISTO?


Tal como vimos en Daniel 10:5–6, de nuevo vemos al majestuoso hombre “vestido de lino”
erguido soberanamente sobre la tierra y declarando su autoridad absoluta sobre todas las
cosas (12:7). Se trata de una cristofanía, una aparición preencarnada de la segunda persona
del Dios trino. Tanto en apariencia como en acción, transmite la gloria y la grandeza de Dios.
Él es el Señor de la historia, no estos tiranos insignificantes, incluido el anticristo, que van y
vienen. Nunca debemos olvidar y siempre “saber que el Altísimo es el soberano de los reinos
humanos. Él los entrega a quien quiere y pone sobre ellos al más humilde de los hombres”
(4:17). ¿Exaltamos al arrogante y orgulloso anticristo? Jamás. ¿Exaltamos al humilde galileo
de Nazaret? Por supuesto.

REFLEXIONAR Y COMENTAR
1. ¿Qué aspectos de su discipulado necesitan ser más plenamente moldeados por su
destino futuro? ¿Cómo?
2. ¿Cómo protege Dios a su pueblo? ¿Cómo ha experimentado la protección de Dios?
3. ¿Por qué la preparación para la persecución es una parte necesaria del discipulado?
¿Qué tipo de persecución podría enfrentar por causa de Cristo?
4. ¿Por qué no se puede revocar la ciudadanía celestial? ¿Qué consuelo trae esto?
5. ¿Por qué la resurrección es un componente importante y necesario del evangelio?
¿Por qué cree que se pasa por alto tan a menudo?
6. Según el versículo 3, ¿cuál es la tarea propia del pueblo de Dios que vive antes del
“fin de los días”?
7. Es un principio básico del discipulado estudiar y meditar en la Palabra de Dios.
¿Cómo puede, así como Daniel, trabajar para preservar y vivir de acuerdo con la
revelación de Dios?
8. ¿Alguna vez se impacienta esperando el regreso de Cristo? ¿A qué área de fidelidad
le llama Dios mientras espera?
9. Si la salvación está asegurada en Cristo, ¿por qué la Biblia se centra en que el pueblo
de Dios viva una vida santa?
10. Daniel termina con un llamamiento a la perseverancia hasta el final. ¿Qué otros
pasajes de la Escritura llaman a los creyentes a perseverar?
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