NASIO- El libro del dolor y el amor- párrafos para informe
Párrafos
A diferencia del dolor corporal causado por una herida, el dolor psiquico sobreviene sin daño
tisular El motivo que lo desencadena ya no se localiza en la carne sino en el vínculo entre aquel
que ama y su objeto amado. Cuando la causa se localiza en ese envoltorio de protección del yo
que es el cuerpo, calificamos el dolor de corporal cuando la causa se sitúa más allá del cuerpo,
en el espacio inmaterial de un poderoso lazo de amor, el dolor se denomina psiquico. El afecto
que resulta de la ruptura brutal del lazo que nos vincula con el sero la cosa amados.
En realidad, la ruptura de un vinculo amoroso se provoca un estado de shock semejante al
indu cido por una violenta agresión fisica: In homeos tasia del sistema psiquico queda rota, y el
princi pio de placer abolido. Conmocionado, el yo consi gue, pese a todo como para el dolor
corporal autopereibir su propio trastorno. La percepción de ese caos se traduce inmediata
mente en la conciencia por el vivo sentimiento de un atroz dolor interior.
el dolor es el afecto que expresa en la conciencia la percepción por parte del yo-percepción
hacia el adentro del estado de shock, del estado de conmoción pulsional (trau- ma) provocado
por la ruptura, no de la barrera periférica del yo, como en el caso del dolor corpo ral, sino por
la ruptura súbita del lazo que nos vincula con el otro elegido El dolor es aqui dolor dei trauma.
Cuanto más se ama, mas se sufre
Pero, qué es lo que quiebra el lazo amoroso. hace tanto daño y sumerge al yo en la desespera
ción? Freud responde sin vacilar es la perdida del ser amado o de su amor.
"Desde tres lados nos amenaza el sufrimiento desde el cuerpo propio, destinado a la ruina y a
la disolución, ...); desde el mundo exterior, que puede abatir sus furias sobre nosotros con
fuerzas hiperpotentes, despiadadas, destructoras" La tercera amena za la que nos interesa
aqui, proviene "por fin, desde los vínculos con otros seres humanos.
Examina los diferentes medios de evitar los sufrimientos corporales y las agresiones exteriores.
Pero cuando aborda el medio de protegerse contra el sufrimiento que surge de la relacion con
el prójimo, que remedio encuentra? Un remedio aparentemente muy sim ple el del amor al
prójimo. En efecto, para preservarse de la desdicha algunos predican una concepcion de la
vida que tomo curno centro el amor y en la que se considera que Loda alegria procede del
hecho de amar y de ser amado.
Según Freud, Nunca estamos menos protegidos con tra las cuitas que cuando amamos, nunca
más desdichados y desvalidos que cuando hemos per dido el objeto amado o a su amor", pese
a ser una condición constitu tiva de la naturaleza humana, el amor sigue siendo la premisa
insoslayable de nuestros sufri mientos Cuanto más se ama, más se sufre.
En el otro escrito, Inhibición, sintoma y an: gustia, es la misma formula, la de "pérdida del
objeto amado", la que acude a la pluma de Freud cuando debe distinguir el dolor psíquico de la
angustia. Propone el siguiente paralelismo: mien tras que el dolor es la reacción a la pérdida
efectiva de la persona amada, la angustia es la reacción ante la amenaza de una eventual perdi
da. el dolor es la reacción a la conmoción putsional efectivamente provocada por una pérdida,
mien tras que la angustia es la reacción ante la amena za de una eventual conmoción.
La reacción del yo contra la conmoción desen cadenada por la pérdida se descompone pues en
dos movimientos: una aspiración subita de la energia que lo vacía -movimiento de desinves
tidura y la polarización de toda esta energia en una sola imagen psíquica: movimiento de
sobreinvestidura El dolor mental resulta así de un doble proceso defensivo. El vaciamiento
súbito del yo es un fenómeno tan doloroso como la contracción en un punto Los dos
movimientos de defensa contra el trauma generan dolor.
Hacer un duelo significa, en efecto, desinvestir poco a poco la repre sentación saturada del
amado perdido para vol verla nuevamente conciliable con el conjunto de la red de las
representaciones yoicas. El duelo no es otra cosa que una muy lenta redistribución de la
energia psíquica hasta entonces concentrada en una sola representación que era dominante y
ajenn al yo.
El fantasma del amado desaparecido
Inspirándonos en el fenómeno del miembre fantasma, tan conocido por los neurólogos, lla
mamos a esta alucinacion de la persona en estado de duelo "fenómeno del amado fantasma".
Pero ¿por qué este calificativo de "fantasma"? Recordemos que la alucinación del miembro
fantasma es una perturbacion que afecta a una persona amputada de un brazo o de una
pierna Siente de manera tan vivida sensaciones procedentes del miembro desaparecido que, a
su entender, éste aun existe Analogamente la persona en estado de duelo puede percibir con
todos sus sentidos y con una absoluta convicción la presencia viva del difunto.
el yo funciona como un espejo psíquico com- puesto de una miriada de imágenes, cada una de
ellas reflectora de tal parte de nuestro cuerpo ode tal aspecto de los seres o de las cosas a las
que estamos afectivamente unidos. Cuando perde mos un brazo, por ejemplo o un ser
querido, la imagen psiquica (o representacion de este objeto perdido está fuertemente
sobreinvestida por com pensación. Ahora bien, hemos visto que tal so breinvestidura afectiva
de la imagen genera do lor Pero el grado superior de esta sobreinves: tidura provocará otra
cosa que dolor entrenarà la alucinacion de la cosa perdida cuya imagen esel reflejo En efecto,
la alucinación de las sensa ciones fantasmas procedentes del brazo ampu tado, o la alucinación
de la presencia fantasma de un marido desaparecido se explicarfan ambas por una
sobreinvestidura tan desproporcionada de la imagen de esos objetos perdidos que ésta
termina por ser eyectada fuera del yo. Y es alli. Fuera del yo, en lo real, donde la
representación reaparecerá bajo la forma de un fantasma.
El fenómeno del miembro fantasma o del amado fantasma se explica pues por medio de la
forclusion de la representación mental de dicho objeto.
El amado cuyo duelo debo hacer es aquel que me satisface a medias, hace tolerable mi
insatisfacción y resitúa mi deseo.
diremos que la situación ordinaria del sistema inconsciente se define por el estado tole rable
de insatisfacción de un deseo que no logra jamás realizarse totalmente. Empero, enunciar que
la tensión psiquica sigue siempre viva, penosa incluso que el displacer domina o que nues tros
deseos siguen insatisfechos, no expresa en modo alguno una visión pesimista del hombre. lo
largo de toda nuestra existencia. estaremos, por suerte, en estado de falta Digo por suerte
porque esa falta, hueco siempre futuro que agurjonen al deseo, es sinónimo de vida.
De un agujero situado en el corazón mismo de nuestro ser y alrededor del cual gravitarian
nuestros deseos. El hueco futuro no está delante de nosotros sino en nosotros. El trayecto del
deseo no describe pues una línea recta tendida hacia el horizonte, sino una espiral giratoria en
torno de un vacio central que atrae y anima el movimiento circular del desea. Por
consiguiente, declarar que nues tros deseos están insatisfechos significa espacialmente
hablando que siguen el movie miento centripeto de un flujo que circunscribe una falta
irreductible
Queda claro que la falta no es solamente un Vicio que aspira al deseo, es, mis aun un polo
organizador del deseo. Si la insatisfacción es vívida pero resulta soportable, el deseo persiste
activo y el sistema psiquico sigue estable. Si en cambio, la satisfac ción es demasiado
desbordante o la insatisfac ción, desmesurada, el deseo pierde su eje y sobre viene el dolor , el
dolor expresa la turbulencia de las pulsio nes en el campo del ello.
Pero, cómo preservar esta falta esencial? Y más aún, al ser necesaria tal falta, cómo mante
nerla en los limites de lo soportable? Es allí justamente donde interviene nuestro partenaire. el
ser de nuestro amor, porque es él quien juega el papel de objeto insatisfactorio de mi deseo y
por lo mismo, de polo organizador de tal deseo Como si el agujero de la insatisfacción interno
estuviera ocupado por el otro elegido desde afue ra, como si la falta fuera finalmente un lugar
vacante sucesivamente ocupado por los pocos seres o cosas externas que consideramos
irreem plazables y cuyo duelo deberíamos hacer si se vieran llevados a la desaparicion
Sin embargo. cómo aceptarque mi partenaire pueda tener esta función castradora de limitar m
satisfacción" Sin duda ese papel restrictivo del ser amado puedo desconcertar parque nor
malmente atribuimos a nuestro partenaire el poder de satisfacer nuestros deseos y de procu
rarnos placer Vivimos en la ilusión verificada en parte de que nos demas de lo que non priva
Pero su función, en el interior de nuestro con cih es muy diferente Nos asegura la con tencia
psiquica por medin de la insatisfacción que hace surgir y no por in sataleon n procure NueStro
partenaire, nos insatisfacción porque al excitar nuestro deseo, no puede, no quiere
satisfacernos plenamen te. Como es humano no puede y, al ser neurótico, ho quiere Es decir
que es a la vez un excitante de mi deseo y el objeto que sólo lo satisface parcial mente. Sabe
excitarme, procurarme un goce par cial y con ello, dejarme insatisfecho. Asi crece esta
insatisfacción que me es necesaria para vivir y que resitua mi deseo.
Pero, fuera del partenaire amoroso hay otros objetos elegidos tales que podrían asegurar esta
función de recentramiento de mi deseo? Si, como por ejemplo ese objeto que es el amor en si
el amor en si mismo que me dirige mi partenaire. A inclusu el amor que le tengo a mi propia
imagen nutrido por el reconocimiento del prouro tal como el honor o una posición social EL
objeto del the purderimi integridad corporal que debo preservará por encima de todo.
Como nuestro cuerpo, como la tierra natalola CORR de los ancestros. Todos estos son owel
elegidos y, al mismo tiempo, tan internos, tan intimos, tan intrínsecamente ordenadores del
movimiento de nuestro deseo, que vivimos sin percibir la solidez de su anclaje en el inconscien
te. Sólo cuando estamos amenazados de perder los, o después de haberlos perdido, su
ausencia revela dolorosamente la profundidad de su arral gamiento. Solo en esa
retroactividad, mucho más tarde, sabemos si el ser la cosa o el valor desapa recidos eran o no
elegidos para nosotros.
En efecto, cuando planea la amenaza de per der a uno de esos objetos considerados irreempla
zables, lo que surge es angustia y surge en el yo. Si en cambio uno de esos objetos se ve
llevado a desaparecer súbitamente sin amenazu previa, es el dolor lo que se impone; y emana
del ello. He de sufrir el dolor en el ello, si pierdo brutalmente a la persona amndu duelo), su
amor abandono), el amor que tengo por la imagen de mi mismo humillación o aun la
integridad de mi cuerpo mutilación (El duela, el abandono, la humilla cion y la mutilación son
las cuatro circunstancias que de ser subitas, desencadenan el dolor psiqui co o el dolor de
amar.
El enigma del apego a la persona elegida. En Efecto, en Duelo y melancolia, Freud habla del
amor al hablar de la muerte. Observa que la persona en estado de duelo ignora el valor intrin
Beco del amado desaparecido: la persona en esta do de duelo sabe a quién ha perdido, pero
no sabe qué es lo que ha perdido al perder a su amado Gracias a este “lo” impersonal, Freud
subraya hasta qué punto el ser a quien más amamos es en primer lugar una instancia psiquica
y hasta donde esta instancia es diferente de la persona concreta El amado es sin duda una
persona, pero es esa parte ignorada e inconsciente de nosotros mismos que se desmoronara si
la persona desaparece. Lacan, Inventa su “objeto a” como simboliza el misterio, sin por ello
resolverto El "a" no es fin de cuentas sino un nombre para designar lo que ignoramos, es decir
esa presencia inasible del otro amado en nosc tres cose perdemos cuando la persona elegida
desaparece definitiviminte de la realidad exterior.
¿En que consiste el “lo” que se pierde cuando perdemos a la persona elegida?
Es un ser mixto, compuesto a la vez por esta persona viviente y definida que se encuentra ante
mi y por su doble modalidad de alojarse en mi interior.
Para comprender, descompongamos en dos etapas el proceso del amor por medio de cual
transformamos a otro externo en un doble interno.
-imaginemos a una persona que nos seduce, es decir que despierta y capta la fuerza de
nuestro deseo.
-progresivamente nos aferramos a esa persona hasta incorporarla y hacer de ella una parte de
nosotros mismos. La en volvemos con imágenes superpuestas, cada una de ellas cargada de
amor, de odio o de angustia, y la fijamos inconscientemente a través de una multitud de
representaciones simbólicas, cada una de ellas vinculada a un aspecto de la persona que nos
ha marcado, todo ese conjunto de imágenes y significantes que enlaza mi ser con la persona
viva del amado hasta transformarlo en doble interno, es lo que denominamos “fantasma del
elegido”.
El fantasma es el nombre que le Adjudicamos a la soldadura inconsciente del mu jeto con la
persona viviente del elegido. Esta soldadura operada en mi inconsciente es una aleación de
imágenes de significante privifica da por la fuerza real del deseo que el amado suscita en que
yo suscito en el, que nos une
Pero el fantasma del amado a la par que es llevado por el vuelo pujante del deseo tiene por
función doblegar y domeñar esa irrupción. Al Contener tal fuerza y al evitar que dispare,
impide al deseo conseguir la satisfacción abSolu Ta En consecuencia, el fantasma instala la
instala la satiscción y asegura la homeostasis del sistema inconsciente.
la función protectora del fantasma del amado. El ratas protector porque nos preserva del
peligro que significaría una turbu lencia desmesurada del deseo o su equivalente el caos
pulsional.
Resumen de las causas del dolor psíquico
El dolor proviene de la pérdida de la perdida del amado.
El dolor proviene de la fractura del fantasma que me une al amado,
El dolor proviene del desorden pulsional que reina en el ello, consecutivo a la ruptura del dique
que era el fantasma
El dolor proviene de la hipertrofia de una de las imágenes parciales del otro desaparecido.
¿Qué podemos hacer con esta teoría psicoanalítica del dolor que les propongo? Simplemente,
me atrevo a decir: no haga mos nada. Dejémosla. Dejemos meditar a la teo ria en nosotros.
Dejémosla actuar sin saberlo nosotros. Si esta teoría del dolor, por más abs tracta que sea, es
realmente fecunda, tendrá quizás el poder de cambiar nuestra manera de escuchar al paciente
que sufre o nuestro propio sufrimiento intimo.
Ante el dolor de su paciente, el analista se elve otro simbólico que imprime un ritmo al
desorden pulsional para que, por fin, se calme el dolor.
CUADRO DE LOS AFECTOS