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"¿Es bíblico 'yo declaro' en oración?"

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"YO DECLARO" ¿ES BÍBLICO?

ALINEANDO NUESTRAS ORACIONES CON EL


LENGUAGE DE LA BIBLIA

INTRODUCCIÓN

Es común escuchar a líderes religiosos y creyentes en general usar


las expresiones “yo declaro” o “yo decreto” en sus “oraciones”.
Muchos de ellos afirman que nuestras palabras tienen el poder de
crear cosas materiales y hacer que los sucesos ocurran. Por
ejemplo: “Declaramos bendición en el nombre de Jesús” o
“declaro prosperidad sobre esta ciudad.” o “declaramos que tú
lo harás, Señor.” Cuando las personas usan la palabra “declarar”
así, están afirmando que así va a suceder, que lo que están diciendo
se va a convertir en realidad.

La están usando como un sinónimo de “decretar” que significa


“decidir u ordenar algo”.

Proverbios 18:21 es un versículo entre otros que algunos usan para


apoyar esta práctica: “Muerte y vida están en poder de la
lengua.” “¿Ves? hay poder en nuestras palabras” dicen. Ellos
afirman que al hablar con Dios debemos declarar la realidad que
deseamos para que llegue a suceder.

Regresaremos a Proverbios en un momento para ver si realmente


enseña lo que estas personas afirman, pero primero veremos un
resumen bíblico muy breve sobre la oración y un poco sobre la
historia de esta práctica de “declarar”.

¿ES BÍBLICO ORAR ASÍ?

En primer lugar, debemos notar que de los cientos de oraciones


registradas en la Biblia no se encuentra ni siquiera una vez una
oración así.
Ni en ninguna de las 150 oraciones inspiradas en el libro de
Salmos.

Ni en ninguna de las oraciones de los profetas.

Ni en ninguna de las oraciones de Jesús.

Ni en ninguna de las oraciones de Pablo.

La palabra “declarar” puede ser un sinónimo de la palabra


“proclamar” o de la frase “hacer público”. No habría nada malo
en usar la palabra de esta manera, por ejemplo: “Dios, declaramos
Tu grandeza”. Hay oraciones en los Salmos dónde encontramos
una frase como “proclamaré Tu grandeza” que es básicamente lo
mismo.

Canción: hay libertad (Jonathan y Sara Jerez)

“Yo proclamo al que en la cruz por mi murió y cambio mi duro


corazon”

Sin embargo, en este caso no se está usando la palabra con el


sentido de “decretar.” Una cosa es orar diciendo: “Declaramos
que eres el Dios proveedor” y otra, es decir: “Declaramos
provisión”. ¿Ve la diferencia?

La primera oración se conforma a la Biblia, pero la segunda no.


En la primera el que habla está dando a conocer a Dios, pero
en la segunda el que habla se está poniendo en el lugar que solo
le pertenece a Dios.

Al leer la Biblia descubrimos que solo Dios es el que decreta las


cosas.

Así que cuando la gente dice “declaro esto o aquello” realmente


no están orando sino mandando.
Aunque muchos lo hayan hecho por ignorancia y con las mejores
intenciones eso no cambia la realidad: Declarar es querer darle
órdenes a Dios. Debemos arrepentirnos de tal presunción y
autoexaltación.

¿DE DÓNDE VIENE ESTA CORRIENTE O MODA DE


“YO DECLARO”?

En el siglo XVIII, un filósofo y teólogo herético llamado Emanuel


Swedenborg (1688–1772) enseñaba sobre el poder de la mente
para crear la realidad.

Enseñaba que el mundo físico era una extensión de la mente y que,


por lo tanto, la mente podía formar y dictar cosas materiales.

Más tarde en los Estados Unidos, esta idea fue desarrollada por
Phineas Quimby (1802–1866) quien se conoce como el padre del
“Nuevo Pensamiento”.

En un artículo sobre el mismo tema, el pastor Edgar Aponte


explica como este corriente entró en las iglesias:

“Las ideas del “Nuevo Pensamiento” fueron popularizadas por el


gurú Ralph Waldo Trine quien publicó un libro en 1897 que
vendió millones de copias. Trine decía que lo que uno afirmaba
con la mente y con las palabras ocurría; que las razones de las
enfermedades en las personas eran porque hablaban o pensaban
sobre ellas. Pero las enseñanzas no llegaron claramente a las
iglesias de mano de Trine —quien negaba la Biblia y la deidad de
Cristo— sino a través del pastor E. W. Kenyon.
Kenyon fue compañero de estudio de Trine en la escuela de
oratoria Emerson College en Massachusetts. El predicador
Kenyon es conocido por su idea del “pensamiento positivo”.
Él enseñó que las confesiones positivas eran la clave para una vida
próspera. También se le conoce como el padre del “evangelio de
la prosperidad”.
Kenyon influenció a personas como Kenneth Hagin y Oral
Roberts, este último es el fundador de la universidad que lleva su
nombre donde estudió Joel Osteen.

Estos “pastores” de falsa doctrina han influido muchísimo en


América Latina.

Las prácticas y enseñanzas de Kenneth Hagin, Oral Roberts,


Kenneth Copeland y Joel Osteen (autor del libro “Yo Declaro”)
se ven claramente en líderes como Cash Luna, Guillermo
Maldonado y Daniel Habif solo para mencionar algunos.

El pastor Apunte concluye diciendo que “la idea del ‘yo declaro’
no es más que la representación de las ideas paganas originalmente
conocidas como el ‘Nuevo Pensamiento’, que luego popularizaron
algunos pastores con el término ‘pensamiento positivo y
próspero’.”

Claro que estos maestros siempre van a tener ciertas enseñanzas


correctas y por eso las personas pueden quedar muy confundidas.
“Es que dice tantas cosas buenas”.

Pero eso es parte de la estrategia de Satanás: mezclar la verdad


con el error.

Si fuera solo error nadie sería engañado, sería evidentemente falso,


pero es la mezcla que confunde y luego engaña a las personas.

¿QUÉ QUIERE DECIR QUE MUERTE Y VIDA ESTÁN


EN PODER DE LA LENGUA?
Regresando a Proverbios 18 vemos que el contexto hace claro que
este pasaje no tiene nada que ver con declarar cosas para formar
una nueva realidad.

Proverbios 18:21 Muerte y vida están en poder de la lengua,

Y los que la aman comerán su fruto.

La última frase nos ayuda a entender que se refiere a tener cuidado


con lo que decimos.

Nuestras palabras sí son poderosas para edificar o dañar a otras


personas, y son poderosas para influir también en la percepción de
otras personas hacia nosotros.

El que habla mucho puede meterse en problemas. La NTV lo hace


aún más claro, “La lengua puede traer vida o muerte; los que
hablan mucho cosecharán las consecuencias.”

Lo demás de Proverbios enfatiza la misma enseñanza. Las palabras


pueden transmitir imágenes y emociones intensas. Con nuestras
palabras podemos perjudicar a nosotros mismos, herir a otros y
dejar cicatrices duraderas.

Cuide su lengua y mantenga la boca cerrada,

y no te meterás en problemas.

Proverbios 21:23 NTV

En las muchas palabras, la transgresión es inevitable,

Pero el que refrena sus labios es prudente.

Proverbios 10:19 NBLA

Con la boca el impío destruye a su prójimo, Pero por el


conocimiento los justos serán librados. Proverbios 11:9 NBLA
La suave respuesta aparta el furor,

Pero la palabra hiriente hace subir la ira.

Proverbios 15:1 NBLA

La lengua apacible es árbol de vida, Pero la perversidad en ella


quebranta el espíritu.

Proverbios 15:4 NBLA

Pero al vivir sabiamente con el temor del Señor, nuestras palabras


pueden traer vida y bendición a los demás.

Panal de miel son las palabras agradables, Dulces al alma y salud


para los huesos.

Proverbios 16:24 NBLA

OTROS TEXTOS

Hay varios otros pasajes que las personas usa para justificar la
práctica de “declarar”, pero en todos los casos son versículos
sacados de su contexto original y que realmente no tienen nada que
ver con esta corriente.

Por ejemplo, algunas personas se basan en 2 Corintios [Link] “Pero


teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito:
Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual
también hablamos”. No obstante, una mirada al contexto de este
versículo nos muestra que Pablo no habla de declarar cosas para
que pasen, sino de predicar la Palabra de Dios, aunque tengamos
dificultades y que el hablar de Cristo es una respuesta natural de
creer en Él.

Otro pasaje citado con frecuencia es 1 Juan 5:14-15


“Esta es la confianza que tenemos delante de Él, que, si pedimos
cualquier cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos
que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que
tenemos las peticiones que le hemos hecho.”

“Podemos declarar las cosas porque ya las tenemos” es el


argumento, pero nota que este pasaje usa dos veces el verbo
“pedir” no el verbo “declarar” y habla de “peticiones” no de
“declaraciones”.

El hecho de que rechazamos la moda de “declarar/decretar” como


algo antibíblico no quiere decir que nuestras oraciones carecen de
fe y de confianza.

Al contrario, tenemos aún más confianza porque sabemos que


estamos orando conforme a Su voluntad revelada en Su Palabra.

LA META PRINCIPAL DE LA ORACIÓN

El objetivo principal de la oración es amar al SEÑOR nuestro


Dios, con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas (Marcos
12:28-31).

Eso significa que la oración se trata en primera instancia de una


relación.

Dios quiere que hagamos peticiones a Él, pero en primer lugar


desea que le conozcamos más como nuestro Rey y amigo fiel
(Efesios 1:17; 3:17-19).

Al entender que la oración es relacional y no transaccional, nos


ayuda aún más a ver la locura de “declarar y decretar”.

Por ejemplo, el matrimonio tampoco debe ser transaccional sino


relacional.
Imagínese si usted dijera esto a su esposa: “Declaro un masaje
para mí de 30 minutos esta noche!” ¿Qué va a decir su esposa?

En primer lugar, usted no le está pidiendo nada realmente, sino le


está exigiendo algo de ella de manera indirecta.

“¿Quién se ha creído,….? Podría ser su respuesta natural y


bastante comprensible.

Porque si usted tiene una relación sana con su esposa, jamás le va


a decir algo así.

¿Pero nos atrevemos hablar así con Dios? ¿Quién nos creemos?

CONCLUSIÓN

En resumen, la oración es un regalo maravilloso que Dios nos ha


dado para crecer en nuestra intimidad con Él, alinear nuestro
corazón con el Suyo, participar en el avance de Su reino, pedir su
perdón, alabarle, darle gracias, y buscar Su ayuda ante nuestras
necesidades y luchas.

No tenemos que agregar una fórmula humana (como “yo declaro”)


para hacer nuestras oraciones más poderosas. Eso es necedad.

Al humillarnos ante nuestro Rey, podemos luchar en la oración y


acercarnos confiadamente ante el trono del Padre. Podemos rogar
con la misma audacia que vemos en los salmos, recordando que
tenemos un intercesor fiel y todopoderoso, nuestro Señor
Jesucristo.

Dios no nos necesita, pero sí nos quiere utilizar, y una de las


maneras más eficaces de ser utilizados por Él es sobre nuestras
rodillas con palabras en nuestra boca que se alinean con la Palabra
de Dios.
[Link]

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