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El Abrazo Desesperado

Por
Fidel Gonzalez
Prologo.

En las profundidades del bosque de HoodField, donde los árboles se alzan


imponentes y los arroyos murmuran historias olvidadas, se esconde un secreto
ancestral que aún resuena en el aire.

Hace siglos, en los tiempos de la Francia del siglo XVI, este apacible rincón
del mundo fue testigo de un drama que marcó el destino de una familia. Una
joven, de belleza y fortaleza sin igual, se vio enfrentada a la crueldad de su propio
padre, un hombre poderoso y despiadado, dispuesto a todo por conseguir su
ambición.

En una noche de tormenta, en medio del bosque, la joven Anya dio a luz a
su hijo, un pequeño ser que representaba la esperanza de un futuro mejor. Pero
su felicidad fue efímera, pues su padre, Damián, le arrebató al recién nacido,
condenando a Anya a una lucha desesperada por recuperar lo que más amaba.

Desde entonces, el bosque de HoodField ha guardado celosamente los


ecos de aquel trágico suceso, como si las mismas raíces de los árboles quisieran
proteger el secreto que allí se esconde.

Ahora, años después, el destino ha vuelto a tejer su intrincada tela, y Anya,


aún herida por las cicatrices del pasado, se ve obligada a regresar a este lugar,
dispuesta a enfrentar a su padre y a recuperar a su hijo, sin importar el precio que
deba pagar.
En las sombras del bosque, los ecos del pasado se entrelazan con el
presente, y una batalla por la redención y el amor materno se libra, mientras el
futuro de una familia cuelga de un hilo.

Capítulo 1: La Tormenta y el Nacimiento.

La noche se cernía sobre el bosque, envuelta en un manto de sombras. Los


truenos retumbaban con furia, como si el cielo mismo llorara la tragedia que se
avecinaba. Entre el estruendo, se puede observar la silueta de una joven.

Entre los relámpagos que iluminan el bosque desde el cielo, se ve a la


joven. Su piel es de un blanco pálido, como si la luz del sol apenas la hubiera
tocado. Lleva el cabello largo y sedoso, de un azabache profundo que cae en
cascada sobre sus hombros, y sus ojos son de un color ámbar intenso, como si
guardaran secretos antiguos. Todo esto opacado por las lágrimas que bajan por
sus mejillas, con su vestimenta rasgada y sucia.

La joven se encuentra de pie, observando cómo su hogar, impactado por un


rayo, era devorado por las llamas. Bajo la incesante lluvia, su vientre hinchado
anunciaba la llegada inminente de una nueva vida, mientras sus brazos ardían con
las heridas de la desesperación.

- "¡No, mi hogar, mis recuerdos!" gritaba la joven, abrumada por la


pérdida y el miedo. Sin nadie más que los árboles llorosos por la
tormenta, encontró refugio bajo las ramas de un viejo roble, cuyas hojas
le brindaban un poco de protección.

Acurrucada en las raíces, la joven sabía lo que debía hacer, pero el miedo y
el dolor la paralizaban. "Dios mío, ayúdame", susurraba con voz temblorosa,
mientras observaba el cielo aclamando ayuda.

En la soledad de la tormenta, sus gritos desgarradores rompían el


estruendo, mientras la lluvia y las lágrimas inundaban sus claros ojos ámbar. Con
los árboles y el diluvio como testigos, dio a luz a su hijo, un niño, un pequeño
varón, el cual apenas podía ver a través de la debilidad que la envolvía. El llanto
mudo del recién nacido se fusionaba con el lamento de los árboles, y la joven, con
desesperación, intentaba sostenerlo entre sus brazos heridos.

- "Mi pequeño, mi precioso hijo", murmuraba con voz temblorosa, con la


impotencia de querer tomarlo en brazos, los cuales, debido a sus graves
quemaduras, no le obedecían. Alzaba su mirada al cielo: "¡Dios,
ayúdame, te lo suplico!".

Observaba a su pequeño hijo recién nacido que lloraba, y entre lágrimas de


alegría y dolor, obtuvo la fuerza necesaria para con sus piernas, acobijar al
pequeño infante con lo único que podía, una manta ensangrentada que la
acobijaba a ella, y acercarlo con las pocas fuerzas que le quedaban, brindándole
así un poco de su calor bajo la fría tormenta que los asechaba. Observaba al cielo
y a su hijo, rogando por su protección.

La joven no se percataba de que, a lo lejos, una figura sombría, vestida de


negro y oculta bajo una capucha, la observaba escondida detrás de los árboles.
Debido al sonido que hacen las pisadas del hombre al acercarse a ella, la joven
escucha y ve la presencia de este hombre que poco a poco se le acerca bajo la
lluvia, preguntándole desesperadamente su nombre.

- "¿Quién eres? ¡Aléjate!" gritaba desesperadamente la joven, tratando de


proteger a su pequeño recién nacido.

El hombre se acerca tanto como puede y toma al bebé recién nacido en


brazos sin articular palabra alguna. La joven, desesperadamente, tiende los
brazos para intentar recuperar al bebe, pero le es imposible. Grita desesperada,
pidiendo que se lo devuelva.

- "¡No, es mi hijo! ¡Devuélvemelo, no puedes llevártelo!" suplicaba la


joven, arrastrándose con las pocas fuerzas que le quedaban tomando
con sus manos adoloridas los pies de este hombre.
Pero la figura sombría da la vuelta junto con el niño en brazos y se aleja,
camina unos cuantos pasos, gira la cabeza en dirección a la desesperada madre y
sus únicas palabras son:

- "¡Jamás debiste desafiarme!" exclama el hombre con voz baja y la


silueta de una media sonrisa que se alcanza a ver con la iluminación de
un relámpago.

En ese momento, la joven debilitada, cambia el aspecto de su rostro,


sorprendida al reconocer la voz y las palabras de aquella figura que le arrebataba
a su hijo, pues ya sabe de quién se trata. Lo único que puede hacer es arrastrarse
para intentar recuperar a su hijo de ese hombre y le grita:

- "Es mi hijo, devuélveme a mi hijo, no puedes llevártelo, la culpa no es de


él". Repetía una y otra vez la joven.

Mientras que la figura del hombre se desvanecía en el bosque y la


tormenta, la joven llora tristemente. Su hijo se le ha sido arrebatado, y el dolor de
no haberlo podido siquiera tener ni un segundo en sus brazos continúa
arrastrándose desesperada, con la esperanza de alcanzar a ese hombre que le ha
quitado a su hijo. Con cada intento, se debilitaba más y más, su vista se
comenzaba a cegar y su voz se atenuaba poco a poco, mientras repetía una y otra
vez:

- "Devuélvelo, devuélveme a mi hijo". Con su voz casi desvanecida.

Sin fuerza alguna, cae desmayada al suelo lodoso, pensando que ha


llegado la hora de su partida de este mundo. Los relámpagos de la tormenta la
iluminan.
Capítulo 2: El Misterio

La joven yace inconsciente en el suelo, empapada por la incesante lluvia.


Sus ojos ámbar, antes brillantes, se encuentran ahora cerrados, como si el mundo
a su alrededor se hubiese desvanecido.

De pronto, una sombra se cierne sobre ella. Es la misma figura


encapuchada que le había arrebatado a su hijo. Se arrodilla junto a la joven y, con
una mano enguantada, aparta los mechones de cabello que cubren su rostro. Una
mirada de satisfacción se dibuja en sus facciones ocultas.

- "Finalmente has caído, mi querida Anya", susurra el hombre con una voz
grave y profunda. "Tu desafío ha llegado a su fin".

Anya, débil e indefensa, no puede hacer más que emitir un débil gemido. El
hombre la observa por unos instantes, como si deliberara sobre su siguiente
movimiento.

- "Tu hijo será mío", continúa, "y tú ya no volverás a interponerte en mi


camino".
Lentamente, el hombre se pone de pie, con el pequeño bebé aún entre sus
brazos. Anya intenta alcanzarlo, pero su cuerpo no le responde. Sólo puede
observar, impotente, cómo la figura sombría se aleja, perdiéndose entre la
oscuridad del bosque.

Cuando la silueta desaparece, Anya se rinde al cansancio y al dolor. Sus


ojos se cierran y se deja llevar por la inconsciencia, rezando en silencio para que
alguien, lo que sea, venga a su rescate.
Capítulo 3: El Rescate

Horas más tarde, los primeros rayos del sol comienzan a filtrarse entre las
ramas de los árboles. La tormenta ha amainado, pero el bosque aún se encuentra
empapado y sombrío.

De pronto, un sonido interrumpe el silencio. Son los pasos de alguien que


se acerca, pisando con cuidado entre los charcos y la maleza. Una figura aparece
entre los árboles, una mujer de aspecto sereno y bondadoso.

Al ver a Anya tendida en el suelo, la mujer se apresura a su lado,


arrodillándose junto a ella. Toma su mano con delicadeza y verifica su pulso,
aliviada al comprobar que aún respira.

- "¡Pobre criatura!", exclama la mujer, observando las heridas y


quemaduras que cubren el cuerpo de Anya. "¿Qué ha sucedido aquí?"

Con sumo cuidado, la mujer levanta a Anya en brazos y comienza a


caminar, adentrándose en lo más profundo del bosque. Sabe que debe llevarla a
un lugar seguro y brindarle atención médica de inmediato.
Mientras se aleja, Anya abre levemente los ojos, vislumbrando la silueta de
su salvadora. Una débil sonrisa se dibuja en sus labios antes de que la oscuridad
la envuelva nuevamente.

- "Mi hijo...", susurra con dificultad. "Deben... encontrarlo... él se lo llevo"

La mujer asiente con determinación, comprendiendo la urgencia en las


palabras de Anya. Ahora su prioridad es poner a salvo a la joven madre y, una vez
que esté a salvo, emprender la búsqueda del bebé secuestrado.
Capítulo 4: Ayuda.

Anya despierta sobresaltada en una cálida y acogedora cabaña. Sus ojos


recorren el lugar, confundida y desorientada, hasta que finalmente se cruzan con
los de la mujer que la ha rescatado.

- "Tranquila, estás a salvo ahora", le dice la mujer con una voz serena y
reconfortante.
- "Me llamo Eliza, y te he traído a mi hogar para que puedas recuperarte".

Anya intenta incorporarse, pero un intenso dolor y dificultad para hacerlo, se


percata con gran sorpresa de que no se puede apoyar en sus brazos, con
desesperación pregunta.

- "¿mis brazos… porque no puedo mover mis brazos?",

Eliza se acerca y le ofrece un vaso de agua, que Anya bebe con avidez.

- "¿Qué... qué ha pasado?", pregunta Anya con voz débil. "Mi hijo... ¡debo
encontrarlo!"

Eliza la mira con compasión y toma su mano con suavidad.

- "Lo sé, querida. Recuerdo que me pediste que lo buscara.


Lamentablemente, cuando te encontré, ya se había llevado al bebé".
Anya siente que su corazón se encoge de dolor. Las lágrimas comienzan a
brotar de sus ojos mientras recuerda los angustiosos momentos vividos en el
bosque.

- "Debo ir por él", dice con determinación. "Ese hombre... él... él se lo ha


llevado".

Eliza asiente con gravedad.

- "Entiendo tu urgencia, pero en tu estado actual no podrías ir muy lejos.


Debes recuperarte primero. Yo misma me encargaré de buscar a tu hijo y
traerlo de vuelta a salvo".

- "Mis brazos, ¿Por qué no puedo mover mis brazos?", pregunta Anya con
voz agitada.

- “Mi niña, no sé lo que ha pasado, te he encontrado en medio del bosque


muy malherida, las quemaduras de tus brazos eran muy graves, mis
intentos de curarlas no brindaron buenos frutos, los siento “. Le responde
Eliza con voz desconcertada.

Aun así, la angustia y el miedo por la suerte de su hijo la consumen por dentro
a la joven Anya.
- "Por favor...", suplica Anya. "Tráemelo de vuelta. No puedo perderlo, es
todo lo que me queda".

Eliza le dedica una mirada llena de compasión y determinación.

- "Haré todo lo que esté en mis manos", le asegura. "Ese niño volverá a ti, te
lo prometo, pero debes descansar y recuperar tus fuerzas, siento que hay
mucho que contar".

Y con esas palabras, Eliza se pone su mano sobre la frente de la joven Anya y
acobija.
Capítulo 5: Revelaciones

Mientras Anya descansa en la cabaña de Eliza, recuperándose lentamente


de sus heridas, la mujer se encarga de investigar el misterioso secuestro del bebé.
Sabe que el tiempo corre en su contra, por lo que no puede perder ni un instante.

Eliza comienza a indagar entre los habitantes del bosque, buscando cualquier
pista o información que pueda llevarla hasta el paradero del niño. Habla con los
leñadores, con los granjeros, con cualquiera que pueda haberles visto pasar. Pero
nadie parece saber nada.

Frustrada, Eliza regresa a la cabaña, donde Anya la espera con una mezcla de
ansiedad y desesperación en su mirada.

- "¿Has encontrado algo?", pregunta Anya con voz temblorosa.

Eliza niega con la cabeza, observando con pesar cómo el rostro de Anya se
descompone en una expresión de angustia.

- "Lo siento, mi niña", dice Eliza, sentándose a su lado y tomando su mano.


"Nadie parece saber nada. Ese hombre se ha esfumado sin dejar rastro".

Anya cierra los ojos, dejando que las lágrimas resbalen por sus mejillas.
- "Debo ir a buscarlo", susurra con determinación. "Es mi hijo, no puedo
rendirme".

Pero Eliza sacude la cabeza, apretando suavemente su mano.

- "Aún no estás en condiciones de salir. Tus heridas aún no han sanado por
completo. Déjame que yo me encargue de esto".

Anya abre los ojos, mirando a Eliza con una súplica muda.

- "Por favor, te lo ruego. Ese hombre... él me quitó a mi bebé. Debo


recuperarlo, él no puede tener a mi bebe ".

Eliza suspira, comprendiendo el dolor y la angustia que Anya debe estar sintiendo.

- "Muy bien", accede finalmente. "Pero antes, hay algo que debo saber".

Anya la mira con atención, expectante.

- "Ese hombre... lo conoces? ¿O al menos, cree saber quién es?".

Anya contiene la respiración, sintiendo cómo su corazón late con fuerza.

Anya toma aire, preparándose para revelar aquella información que podría
cambiar el curso de todo.
- "Su nombre es Damián. Y él... él es mi padre".

Eliza habla con su mirada sorprendida. Su padre, el hombre que le dio la vida a
esa joven ahora le arrebata a su recién nacido hijo, ¿cómo podía haberle hecho
algo así? Las preguntas se agolpan en su mente, pero solo una logra salir de sus
labios.

- "¿Por qué?", murmura, con la voz quebrada por el dolor.

Anya cierra sus ojos mientras una lagrima sale de ellos, y le dice.

- "Temo que no es una historia muy alegre" le dice Anya a Eliza mientras
vuelve a abrir sus ojos ámbar y voltear a verla con mirada de tristeza”.

Anya asiente lentamente, sintiendo cómo la determinación se apodera de ella.


Ahora más que nunca, está decidida a enfrentar a su padre y recuperar a su bebé,
sin importar el precio que deba pagar.
Capítulo 6: La Búsqueda

Anya, a pesar de sus heridas, debilidad y la inmovilidad de sus brazos, no


puede permanecer más tiempo en la cabaña de Eliza. Su urgencia por encontrar a
su hijo la consume por dentro, y sabe que no puede esperar ni un minuto más.

Con la ayuda de Eliza, Anya se pone de pie, apoyándose como puede sin la
estabilidad que le dan sus brazos para poder caminar y el dolor punzante, pero
ella lo ignora. Nada puede detenerla en su misión.

Juntas, Anya y Eliza se adentran en el bosque, siguiendo las pistas que


Eliza ha logrado recopilar durante sus investigaciones. Hablan con los lugareños,
revisan los alrededores en busca de cualquier indicio que pueda llevarlas hasta
Damián, el padre de Anya y el bebé secuestrado.

Mientras caminan, Anya no puede evitar que su mente divague, intentando


comprender la inhumanidad de su padre, el hombre que le dio la vida a ella, y que
haya sido capaz de arrebatarle a su hijo recién nacido.

- "¿Por qué, padre?", se pregunta en voz baja. "¿Qué harás con el?"

Eliza, atenta a sus palabras, le dedica una mirada compasiva.


- "No te atormentes, mi niña. Pronto encontraremos las respuestas que
buscas. Ese hombre pagará por lo que ha hecho".

Anya asiente, sintiendo cómo la ira y la determinación se mezclan dentro de


ella. Está dispuesta a enfrentar a su padre, sin importar las consecuencias.

Finalmente, después de horas de travesía por el espeso bosque, Anya se


detiene frente a una imponente mansión, oculta entre la espesura del bosque.

- "Aquí es", dice con gravedad. "Esta es la propiedad de mi padre".

Anya observa la edificación, sintiendo cómo el miedo y la ansiedad se


apoderan de ella. Pero también hay una chispa de esperanza. Sabe que su hijo
está allí, y está decidida a recuperarlo, sin importar lo que tenga que enfrentar.

Con determinación, Anya avanza hacia la entrada, seguida de cerca por Eliza.
Están a punto de enfrentarse a la verdad, sin saber lo que les depara.
Capítulo 7: Búsqueda Vacía

Anya y Eliza se acercan con cautela a la imponente mansión, conscientes


de que se enfrentan a un enemigo peligroso. Anya siente que su corazón late con
fuerza, una mezcla de miedo y determinación.

Al llegar a la entrada, Anya toma aire y llama con firmeza. Después de unos
instantes, nota que la puerta se encuentra ajustada y la abre lentamente, para su
sorpresa no se encuentra nadie en la propiedad, solo muebles cubiertos con
sábanas blancas, algunas fotos, dando un aspecto de abandono a la mansión.

- "Padre", grita Anya con voz fuerte y adolorida.

Pero no obtiene respuesta alguna, Anya se pasea por la estancia de la


habitación, observando esas viejas fotos, intentando tomar una de ellas con sus
manos inmóvil, pero la frustración solo produce unas lágrimas al darse cuenta de
que la casa está sola, y que las esperanzas de encontrar a su hijo en ella se
desvanecen.

Eliza se le acerca por detrás.

- “Mi niña, tranquila, acá encontraremos alguna pista del paradero de tu hijo”
le dice Eliza con voz consoladora.

Anya, así como sus lágrimas caen por su rostro, cae de rodillas al piso llorando
de manera desconsolada.
Eliza se acerca hasta la mesa de centro de la habitación, para tomar un porta
retrato, lo toma y observa a una muy pequeña Anya, tal vez de unos 3 años de
edad, junto a una hermosa mujer que la tiene en sus brazos, encuentra un gran
parecido entre las dos, acercándose nuevamente a Anya se agacha.

- “Es ella tu madre?” le pregunta Eliza a la desconsolada madre, quien se


seca las lágrimas con sus hombros.
- “Si, ella es Anya, mi madre” contesta con tristeza la joven Anya.
- “¡Ella puede saber dónde tu padre se ha llevado a tu hijo!” le dice Eliza con
un tono esperanzador.
- “Es imposible que pueda saberlo”, le contesta Anya en voz baja.
- “Por qué ¿acaso tu madre esta?” pregunta Eliza con un tono apenado.
- “Si, mi madre murió hace mucho tiempo, apenas si recordaba su rostro, de
no ser por las fotografías”, dice Anya mientras se levanta del suelo con la
ayuda de Eliza.
- “mi madre murió hace muchos años cuando yo era una niña, un día
cabalgaba por el bosque, al ella regresar a casa yo corrí a recibirla en su
caballo y este se asustó, tumbando a mi madre de su montura, al caer su
cabeza dio contra una piedra provocando así su muerte... o es lo que mi
padre me conto. siempre me culpo a mí por la muerte de mi madre” conto
Anya con mirada entristecida mientras recorría la habitación alimentando
los recuerdos de su infancia.

Eliza se acerca a la joven Anya y la abraza de manera tierna.

- “Tranquila mi niña, encontraremos respuestas a esto que ha hecho tu


padre” le dice Eliza con tono consolador mientras la guía a la puerta de
salida.
- “No puedo permitir que hijo siga bajo el seno de mi padre, el es una
persona muy cruel… ”

Ambas se marchan de la mansión, no sin antes Anya voltear a ver el hogar en el


que un día creció.
- “no sé cómo, ni cuánto tiempo me tomare, pero hijo mío te encontrare” se
dice Anya en su mente con una mirada intrigante.

Su tristeza se ha convertido en odio y venganza.

Anya y Eliza regresan a la cabaña, derrotadas por la búsqueda infructuosa en


la mansión de Anya. La joven madre se siente desesperada, impotente ante la
pérdida de su hijo.

Mientras Eliza prepara un té caliente, Anya se sienta junto al fuego, perdida en


sus pensamientos. Finalmente, decide romper el silencio.

- "Eliza, hay algo que debo contarte sobre mi pasado, sobre el padre de mi
hijo", dice Anya con voz temblorosa.

Eliza se acerca y le entrega la taza humeante, sentándose a su lado.

- "Te escucho, mi niña. Estoy aquí para ti".

Anya toma un sorbo del té, sintiendo cómo el calor le reconforta el alma.

- "Cuando era joven, conocí a un apuesto navegante que llegaba al puerto de


mi pueblo. Su nombre era Alejandro, y rápidamente nos enamoramos.
Pasábamos horas hablando de sus viajes por el mar, de los lugares que
había conocido. Él me prometía llevarme con él, recorrer el mundo a su
lado".

Hace una pausa, observando cómo el fuego danza entre los leños.
- "Pero entonces, mi padre se enteró de nuestra relación. Él siempre quiso
que me casara con un hombre de su elección, alguien de la alta sociedad.
Cuando supo de Alejandro, se enfureció. Exigió que terminara con él o
enfrentaría las consecuencias".

Anya siente cómo las lágrimas comienzan a brotar de sus ojos.

- "Alejandro tuvo que partir a la guerra. Hace ocho meses que no sé nada de
él, aunque prometió que volvería a mi lado y que estaría para protegernos a
mi y nuestro hijo.

Eliza la escucha con atención, sintiendo cómo su corazón se estruja ante el


sufrimiento de Anya.

- "Oh, mi niña. Cuánto has tenido que soportar", dice, abrazándola con
ternura.

Anya se aferra a ella, dejando que las lágrimas fluyan libremente.

- "Debo recuperar a mi hijo, Eliza. No puedo permitir que mi padre se lo


quede. Es lo único que me queda de Alejandro".

Eliza asiente, determinada.

- "Así será, Anya. Encontraremos a tu hijo, y haremos que tu padre pague


por sus crímenes".

Anya se sumerge en sus recuerdos, dejando que la voz de Eliza se


desvanezca a su alrededor. Su mente la transporta a aquel día, hace ya varios
años, cuando conoció al amor de su vida.
Era una tarde soleada en el pueblo. Anya caminaba tranquilamente por la
plaza, dirigiéndose a la tienda de enseres. De pronto, un caballo brioso se acerca
a toda velocidad, asustando a la joven. Anya intenta apartarse, pero pierde el
equilibrio y cae hacia atrás.

Cierra los ojos, esperando el impacto contra el suelo. Pero en su lugar, siente
unos fuertes brazos que la sostienen con delicadeza. Abre lentamente los
párpados y se encuentra con un par de ojos color avellana que la miran con
preocupación.

- "¿Te encuentras bien, señorita?", pregunta una voz masculina, suave y


cálida.

Anya se queda sin aliento, cautivada por la mirada de aquel apuesto hombre
que la ha salvado. Es alto, de complexión atlética, y su rostro está enmarcado por
un cabello castaño oscuro.

- "Yo... sí, estoy bien", balbucea Anya, sintiendo cómo el corazón le late con
fuerza.

El hombre le dedica una sonrisa tranquilizadora y la ayuda a ponerse de pie


con delicadeza.

- "Me alegro. Ese caballo casi te atropella. Debes tener más cuidado por
aquí", dice, acariciando con suavidad el lomo del animal.

Anya asiente, sin poder apartar la mirada de aquel hombre que la ha cautivado
por completo.
- "Gracias... por salvarme", susurra, sintiendo cómo un leve rubor tiñe sus
mejillas.

- "No hay de qué, señorita. Es un placer poder ayudar a una dama tan
encantadora como tú", responde él, con una sonrisa pícara.

Anya siente que el mundo a su alrededor se detiene. En ese momento, solo


existen ellos dos, conectados por una mirada que parece trascender el tiempo y el
espacio.

- "Me llamo Alejandro", se presenta él, extendiendo su mano.

- "Anya", responde ella, estrechando su mano con suavidad.

Y en ese instante, sabe que su vida ha cambiado para siempre. Alejandro, el


apuesto navegante, se ha convertido en el centro de su universo.

- “No se si sea un atrevimiento de mi parte, pero siento el deber de


acompañar a tan hermosa dama a su destino, ya se puede da cuenta
señorita que el peligro asecha en cualquier esquina” Le dice el joven
apuesto a Anya mientras la toma de la mano.

Anya se siente deslumbrada por la presencia de Alejandro. Su mirada cálida y


su sonrisa cautivadora la tienen completamente hechizada.

- "No, no es ningún atrevimiento", responde Anya, sintiendo cómo su corazón


late con fuerza. "Me sentiría honrada de que me acompañara".
Alejandro le ofrece su brazo y Anya lo toma con delicadeza, sintiendo la calidez
de su piel a través de la tela de su chaqueta. Caminan juntos por la plaza, Anya
disfrutando de la cercanía de aquel hombre que ha logrado cautivarla.

- "Dígame, señorita Anya, ¿a dónde se dirigía con tanta prisa?", pregunta


Alejandro, mirándola con una sonrisa.

- "Oh, solo iba a la tienda de enseres a comprar algunas cosas", responde


ella, sintiéndose un poco tímida. - "Pero ahora me alegro de haber sido
interrumpida en mi camino".

Alejandro ríe suavemente, y Anya se siente cautivada por el sonido de su voz.

- "Entonces permítame acompañarla. Será un placer poder conocer un poco


más a tan encantadora dama".

Anya asiente, sintiendo cómo una cálida sensación se extiende por su pecho.
Mientras caminan juntos, Alejandro le cuenta sobre sus viajes por el mar, de los
lugares que ha visitado y las aventuras que ha vivido. Anya lo escucha con
fascinación, imaginando poder acompañarlo en esos recorridos.

En ese momento, Anya sabe que su vida ha dado un giro inesperado.


Alejandro, el apuesto navegante, se ha convertido en el centro de su mundo, y ella
está decidida a no dejarlo ir.

Entre ese recuerdo a lo lejos comienza a escuchar la voz de Eliza - “Anya mi


niña, tranquila, encontraremos a tu hijo” perdiendo de su mente aquellos
momentos para nuevamente entrar en la cruda realidad que esta viviendo.
Juntas, se unen en un abrazo lleno de esperanza y determinación. Saben que
el camino por delante será arduo, pero están dispuestas a enfrentar cualquier
obstáculo para reunirse con el pequeño bebé.

Anya se aferra a esa chispa de esperanza, sabiendo que, con la ayuda de


Eliza, logrará recuperar a su hijo y enfrentarse a su cruel padre. Nada ni nadie
podrá detenerla en su misión.

Capítulo 8: La Joven ha Madurado

Han pasado cinco años desde aquella fatídica noche en el bosque, cuando
Anya dio a luz a su hijo y este le fue arrebatado por su propio padre. Durante todo
este tiempo, la joven ha vivido con Eliza, la mujer que la encontró y la cuidó
cuando estaba al borde de la muerte.

Anya, ahora una mujer madura, se ha fortalecido tanto física como


emocionalmente. Sus heridas han sanado salvo la movilidad de sus brazos,
aunque los recuerdos de aquella noche aún la atormentan. Pero su determinación
por recuperar a su hijo la mantiene firme y enfocada.

Un día, mientras revisa algunos documentos en la cabaña de Eliza, Anya llama


a su amiga.

- "Eliza, ven a ver esto", dice con urgencia.

Eliza se acerca rápidamente, intrigada por el tono de Anya.


- "¿Qué has encontrado, mi niña?"

Anya le muestra unos papeles que ha estado revisando.

- "Estos documentos... hablan de una propiedad que pertenece a mi padre.


Una mansión en las afueras del pueblo."

Eliza abre los ojos con sorpresa.

- "¿Crees que tu hijo podría estar allí?"

Anya asiente con determinación.

- "Tengo que ir a investigar. Después de todos estos años, tal vez finalmente
pueda encontrarlo."

Eliza toma sus manos con suavidad.

- "Anya, entiendo tu urgencia, pero debes tener cuidado. Tu padre es un


hombre peligroso, y no sabemos qué podría estar planeando."

Anya la mira con resolución.


- "Lo sé, Eliza. Pero no puedo esperar más. Mi hijo me necesita."

Eliza suspira, sabiendo que no podrá detener a Anya.

- "Muy bien. Iré contigo. No te dejaré sola en esto."

Anya esboza una leve sonrisa a Eliza con gratitud.

- "Gracias, mi amiga. Sé que puedo contar contigo."

Juntas, Anya y Eliza se preparan para emprender el viaje hacia la misteriosa


mansión, dispuestas a enfrentar lo que sea con tal de recuperar al hijo de Anya.
Capítulo 9: La Mansión

Anya y Eliza se acercan con cautela a la imponente mansión, oculta entre


los árboles del bosque. El corazón de Anya late con fuerza, una mezcla de miedo
y determinación.

Al llegar a la entrada, Anya toma aire y llama con firmeza. Después de unos
instantes, la puerta se abre lentamente, revelando la figura de un hombre alto y
elegante, ataviado con ropas oscuras.

- "Padre", dice Anya con voz temblorosa.

Damián la observa con una expresión indescifrable en su rostro.

- "Anya, mi querida hija. Qué sorpresa verte aquí", responde con una voz
suave y calmada.
Anya da un paso adelante, encarándolo con valentía.

- "¿Dónde está mi hijo? ¡Devuélvemelo, ahora!"

Damián esboza una sonrisa siniestra.

- "Tu hijo está a salvo, no te preocupes. Él está donde pertenece".

Anya siente que la ira la consume.

- "¡Él pertenece conmigo! ¿Cómo has podido hacerme esto?"

Damián alza una mano, deteniendo sus reclamos.

- "Todo a su debido tiempo, mi niña. Ahora, ¿por qué no entras y hablamos


como la familia que somos?"

Anya duda por un momento, pero Eliza posa una mano sobre su hombro,
brindándole su apoyo.

- "No te fíes de él, Anya. Algo oculta", le susurra.

Anya asiente y se vuelve hacia su padre.


- "No iré a ninguna parte sin mi hijo. Devuélvemelo, o te juro que..."

Damián la interrumpe con un gesto.

- "Veo que aún no entiendes, Anya. Este bebé es mi legado, mi futuro. No


puedo permitir que tú o nadie más lo alejen de mí".

Anya siente que el mundo se desmorona a su alrededor. Su propio padre, la


persona que le dio la vida, ha sido capaz de arrebatarle a su hijo. El dolor y la ira
se mezclan en su interior, y sin pensarlo, se lanza hacia él, dispuesta a recuperar
a su bebé a cualquier costo.

Pero Damián reacciona con rapidez, y con un movimiento ágil, la aparta,


enviándola al suelo. Eliza corre hacia ella, intentando ayudarla, pero Damián alza
una mano, deteniendo su avance.

- "No interfieras, mujer. Esto es entre mi hija y yo".

Anya se incorpora con dificultad, mirando a Damián con una mezcla de odio y
desesperación.

- "¿Por qué haces esto? ¿Qué pretendes?"

Damián la observa con una expresión de lástima.


- "Tú no lo entiendes, Anya. Este niño es la clave para mi venganza, para
recuperar lo que me fue arrebatado hace tantos años".

Anya siente que el miedo se apodera de ella. ¿Venganza? ¿Qué oscuros


secretos esconde su padre?

- "No puedes hacerle esto a un inocente", suplica Anya.

Pero Damián niega con la cabeza.

- "Tú no lo entiendes, hija mía. Este niño es mi destino, mi salvación. Nada ni


nadie podrá impedirme que lo tenga".

Anya siente que el mundo a su alrededor se desmorona. Su padre, la persona


en la que más confiaba, se ha convertido en su peor enemigo. Ahora debe
encontrar la forma de recuperar a su hijo, sin importar el precio que deba pagar.
Capítulo 10: Revelaciones

Anya mira a su padre con una mezcla de miedo y determinación. Después de


tantos años, finalmente se enfrenta a él, pero las razones que lo han llevado a
arrebatarle a su hijo la dejan perpleja.

- "¿Qué quieres decir con venganza?", pregunta Anya, su voz temblando


ligeramente. "¿Qué tiene que ver mi hijo con todo esto?"

Damián la observa con una expresión de superioridad, como si tuviera todo


bajo control.

- "Ah, mi querida hija. Siempre tan curiosa, tan ingenua", dice con desdén.
"Este niño es la clave para recuperar lo que me fue arrebatado hace años.
Un legado que me pertenece por derecho."
Anya sacude la cabeza, sin comprender.

- "No entiendo. ¿Qué legado? ¿Qué te fue arrebatado?"

Damián suelta una risa fría y carente de emoción.

- "Tu madre, Anya. Ella me fue arrebatada, y con ella, mi futuro. Pero ahora,
con este niño, puedo recuperarlo todo."

Anya siente que el mundo a su alrededor se desmorona. Su madre, la mujer a


la que tanto amaba, ¿qué tiene que ver con todo esto?

- "¿Qué quieres decir?", susurra, temiendo la respuesta.

Damián se acerca a ella, su mirada llena de una oscura determinación.

- "Tu madre. Anya. Fue asesinada, tú me arrebataste a tu madre, el amor


que sentía por ella se convirtió en odio desde que murió, todo por tu culpa.
Y ese niño es la clave para vengar su muerte y reclamar lo que me
pertenece. Mi verdadero Heredero, el primogénito que por tu culpa tu madre
no pudo darme. Cuando te embarazaste ese ese mal nacido navegante, te
dije que no te atrevieras a desafiarme, y aun así huiste de la culpa y el
castigo que debías sufrir por lo que le hiciste a tu madre."
Anya retrocede, horrorizada, su padre siempre la culpo por la muerte de su
madre. Y ahora, su propio hijo se había convertido en un peón en su retorcido plan
de venganza.

- "No", susurra Anya, las lágrimas rodando por sus mejillas. "No puedes
hacer esto. Mi hijo es inocente. Él no tiene nada que ver con tus oscuros
planes."

Damián la mira con frialdad.

- "Eso es donde te equivocas, hija mía. Este niño es la clave para recuperar
lo que me pertenece. Y nada ni nadie podrá impedírmelo."

Anya siente que el miedo la invade. Debe encontrar una manera de detener a
su padre, de proteger a su hijo a toda costa. Pero, ¿cómo puede enfrentarse a
alguien tan despiadado y determinado?
Capítulo 11: La Huida

Anya mira a su padre con desesperación, intentando encontrar una salida a


esta pesadilla. Sabe que debe proteger a su hijo a toda costa, pero la inmovilidad
de sus brazos la deja en una posición vulnerable.

Damián observa a su hija con una sonrisa siniestra, consciente de su ventaja.

- "¿Qué sucede, Anya? ¿Acaso no puedes defenderte?", se burla.

Anya aprieta los puños, ignorando el dolor que le causa el movimiento.

- "No te atrevas a tocar a mi hijo", sisea, su voz cargada de furia.


Damián se acerca a ella, su mirada fría y calculadora.

- "Tú no tienes nada que decir al respecto. Este niño me pertenece ahora."

Sin que Damián se percate, un pequeño infante se asoma a orillas de la


puerta, solo Eliza puede notar su presencia, por lo que lentamente, mientras
Damián le da a Anya un discurso sobre el amor que sentía por su esposa antes de
que esta se le fuera arrebatada, Eliza se acerca al pequeño y lo toma de la mano
diciéndole palabras tranquilizantes al odio.

Damián se da cuenta de que Eliza tiene al pequeño, y hace un movimiento ágil


para tomarlo.

- "¡No lo harás!", grita Eliza, desafiante.

Damián la mira con desprecio.

- "Apártate, mujer. Esto no te concierne."

Eliza se mantiene firme, protegiendo a Anya y al bebé.

- "No permitiré que le hagas daño a este niño. Él no tiene nada que ver con
tus retorcidos planes." Exclama Eliza con voz desafiante.
Damián suelta una carcajada.

- "¿Crees que puedes detenerme? Soy más poderoso de lo que imaginas."

En un movimiento rápido, Damián empuja a Eliza, haciéndola caer al suelo.


Anya observa, horrorizada, cómo su padre se acerca a ella, dispuesto a
arrebatarle a su hijo.

- "¡No, no te lo llevarás!", grita Anya, desesperada.

Sin pensarlo, Anya reacciona por instinto, y como puede se levanta del suelo
golpeando a su padre con todo el peso de su cuerpo. Damian cae al piso
golpeándose la cabeza con un mueble y perdiendo la conciencia,

Anya siente que las lágrimas nublan su visión, pero no se rinde. Debe proteger
a su hijo, cueste lo que cueste.

En un último acto de desesperación, Anya se lanza hacia la puerta, mientras


Eliza carga a su pequeño se une a ella, y juntas logran salir de la mansión,
huyendo a toda prisa.

Damián queda tirado en el piso inconsciente, y sin percatarse de que Anya se


ha llevado a quien el proclamo su primogenito.
Anya y Eliza corren a través del bosque, alejándose de la mansión y de
Damián. Saben que no pueden detenerse, que deben encontrar un lugar seguro
para proteger al bebé.

Mientras huyen, Anya mira al pequeño, su corazón latiendo con fuerza.


Finalmente, después de tantos años, ha recuperado a su hijo. Pero ahora deben
enfrentar un nuevo desafío: escapar de las garras de su propio padre.

Capítulo 12: Un Nuevo Comienzo

Anya y Eliza corren sin descanso a través del espeso bosque, alejándose
de la mansión de Damián. El bebé, envuelto en los brazos de Eliza, llora
suavemente, ajeno a la angustia que viven sus protectoras.

Finalmente, después de lo que parece una eternidad, Anya y Eliza llegan a


la cabaña de esta última, un lugar seguro y alejado de la influencia de Damián.

Anya, exhausta y con el corazón desbocado, observa a su pequeño hijo parado


frente a ella. Se posa sobre sus rodillas para mirar a su pequeño infante a los ojos
color ámbar que ha heredado de su madre, un cabello negro azabache y una
complexión fornida como la de su padre, entre lágrimas de alegría Anya se
desesperar al intentar abrazar a su hijo, pero no puede dominar sus brazos
inmóviles. Eliza quien observa desde la distancia el momento, se acerca y toma a
Anya de las manos y las guía alrededor del pequeño mientras le sonríe con
alegría.

- "Gracias, Eliza", susurra Anya, su voz quebrada por la emoción. "No sé qué
habría hecho sin ti".

Eliza le dedica una cálida sonrisa, sentándose a su lado.

- "Sabes que puedes contar conmigo, mi niña. Ahora, dime, ¿cómo te


sientes?"

Anya gira la mirada hacia el bebé, que la observa con sus grandes ojos.

- "Aliviada de tenerlo de vuelta, pero aterrorizada por lo que Damián pueda


hacernos. Él... él me culpa por la muerte de mi madre ".

Eliza abre los ojos, sorprendida por la revelación.

- "sé que me contaste eso hace mucho tiempo, pero ¿Cómo es posible que
tu padre pueda culparte por la muerte de tu madre?"

Anya suspira, su mirada llena de dolor.

- "Según él, yo fui la causante de su muerte. Dice que, si no hubiera sido por
mí, ella aún estaría viva".
Eliza sacude la cabeza, sin poder creer lo que escucha.

- "Pero eso es absurdo. Tú eras apenas una niña cuando ocurrió. ¿Cómo
puede culparte por algo así?"

Anya se encoge de hombros, con impotencia.

- "No lo sé. Pero parece que ese odio se ha apoderado de él, convirtiéndolo
en un ser despiadado y vengativo".

Eliza toma las manos de Anya con suavidad.

- "Escúchame, mi niña. Tú no tienes la culpa de nada. Tu padre es el único


responsable de sus propios actos. Y ahora, lo importante es mantener a
salvo a este pequeño".

Anya asiente, su mirada llena de determinación secando con sus hombros las
lágrimas derramas que corren por sus mejillas.

- "Tienes razón. Debo enfocarme en proteger a mi hijo. No puedo permitir


que Damián le haga daño".

Eliza sonríe, acariciando la mejilla del bebé.

- "Así se habla. Juntas lo lograremos, Anya. Encontraremos la manera de


mantenerlos a salvo de tu padre".

Anya observa a su hijo, una chispa de esperanza brillando en sus ojos.


- "Sí, lo haremos. Este es un nuevo comienzo para nosotros. Nada ni nadie
nos separará".

Y con esas palabras, Anya y Eliza se abrazan, dispuestas a enfrentar lo que


sea por proteger a ese pequeño ser que ha llegado a sus vidas.

Capítulo 13: Planes y Estrategias

Anya y Eliza se sientan en la cabaña, el pequeño bebé acurrucado en los


brazos de Eliza, mientras Anya los observa con una mezcla de alivio y
preocupación.

- "Debemos idear un plan", dice Anya, su voz firme. "Damián no se detendrá


hasta recuperar a mi hijo".

Eliza asiente, meciéndose suavemente para calmar al bebé.


- "Tienes razón. Ese hombre es peligroso y no se detendrá ante nada.
Debemos estar preparadas".

Anya se mueve incómoda, frustrada por la inmovilidad de sus brazos.

- "Si tan solo pudiera hacer algo más que observar", se lamenta.

Eliza le dedica una mirada comprensiva.

- "No te culpes, Anya. Tus heridas aún no han sanado por completo. Pero
eso no significa que no puedas ayudar".

Anya la mira, esperanzada.

- "¿Qué tienes en mente?"

Eliza sonríe.

- "Tú eres la experta en tu padre. Necesitamos entender cómo piensa, cuáles


son sus planes. Esa información será clave para mantenernos un paso
adelante".

Anya asiente, su mirada tornándose seria.

- "Tienes razón. Debo pensar en todo lo que sé sobre Damián, en cómo


actúa y en qué podría ser capaz de hacer".

Eliza le aprieta suavemente la mano.

"Tómate tu tiempo. Yo me encargaré de cuidar del pequeño mientras tanto".


Anya observa a su hijo, su corazón latiéndole con fuerza.

"Gracias, Eliza. No sé qué haría sin ti".

Eliza le dedica una sonrisa reconfortante.

"Somos un equipo, Anya. Juntas lograremos mantener a salvo a este pequeño".

Anya asiente, determinada. Ahora más que nunca, debe enfocarse en analizar
cada movimiento de su padre, para poder anticiparse a sus planes y proteger a su
hijo.

Mientras Eliza arrulla al bebé, Anya cierra los ojos, sumergida en sus
pensamientos, buscando pistas que puedan ayudarles a escapar de la sombra de
Damián.

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