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HACKEANDO MI PROPIO

SISTEMA
Primera Comunión con la Abuela Ayahuasca

Agosto de 1999, Tepoztlán, Morelos, México

Este relato habla acerca de mi primera experiencia de comunión con la Abuela


Ayahuasca, a quien estoy muy agradecida. No lo escribí inmediatamente después
de la experiencia así es que hay algunas cosas que no recuerdo con detalle.

Antecedentes:

Tengo un par de amigos a quienes entrevisté respecto a sus experiencias con la


ayahuasca en Sudamérica. Me interesó mucho todo lo que me contaron y me dieron
ganas de ir yo también a la zona del Amazonas y probar el yajé, como ellos le
llaman. No obstante, poco tiempo después de realizar la entrevista, estos mismos
amigos me llamaron para avisarme que Juan Ruiz Naupari, un chamán peruano, iría
próximamente a Tepoztlán y podríamos tener la experiencia con él. Haría un curso
intensivo de una semana donde hablaría acerca de la cosmovisión andina, llevaría a
cabo algunos rituales y dos sesiones con lo que él llama cariñosamente “Abuela
Ayahuasca”.

Inmediatamente me apunté para ir al curso pensando en que ya reuniría el dinero


suficiente para pagarlo. Conseguí una parte, pero no todo. Aún así me presenté el
día en que Juan Ruiz dio una charla introductoria y le expliqué que me faltaba
dinero pero que realmente deseaba tomar el curso. Le hablé acerca de mi
investigación con las drogas y le llevé una impresión de lo que llevo del capítulo
dedicado a las plantas sagradas. Juan me dijo que no me preocupara, que fuera. Y
eso me dio mucha confianza en él. Bueno, no sólo eso porque ya antes durante la
charla me pareció que era un hombre sincero y con mucho conocimiento,
tranquilidad, dominio de sí mismo y de las circunstancias... como siempre he
pensado que debe ser un chamán. Y además ¡está estudiando psicología
transpersonal con Stanislav Grof! O sea que mejor imposible.

PRIMERA PARTE

Esa mañana estuve a punto de no ir a la ceremonia porque Xavier, mi amigo y


pretendiente indeciso desde hace tiempo, llegó la noche anterior a mi casa.
Pasamos un rato platicando y terminamos discutiendo antes de quedarnos dormidos
ya casi de madrugada. Cuando despertamos,¡por primera vez en su vida me pidió
concretamente que hiciéramos el amor y termináramos de una buena vez con mi
año de celibato! Pero yo llevaba cuatro días de ayuno y preparación espiritual para
mi primera experiencia con la ayahuasca y aunque la tentación era grave, realmente
me moría de ganas por probar la ayahuasca. Así es que, muy a mi pesar, lo dejé en
la cama y me fui con Juan Ruiz... No sin antes prometerle a Xavier que volvería
temprano a casa para acompañarlo a alguna montaña de Amatlán donde quería
contemplar el eclipse lunar que habría esa noche.

Todo esto revoloteaba en mi mente cuando comenzó la ceremonia, después de una


bella e inspiradora charla de Juan Ruiz acerca de los príncipes y las princesas
guerreros de la antigua época de esplendor del imperio inca.

Aproximadamente media hora después no lograba despejar mi mente y para colmo


¡no sentía nada de nada! Ningún cambio perceptual, ninguna cosa extraña, nada de
nada. Ya mis amigos me habían advertido que las primeras veces los cambios eran
demasiado sutiles, casi irreconocibles y que si abrías los ojos, volvías
completamente a la conciencia ordinaria. Así es que yo me esforzaba por
concentrarme en las sensaciones sutiles y mantenerme inmóvil, con los ojos bien
cerrados. Pero el tiempo pasaba y pasaba, y aparte de una música muy bella, no
había nada de nada...

Comencé a impacientarme mucho y a imaginarme cómo se burlaría de mí Xavier si


no me hacía efecto... Después de todo lo que habíamos discutido la noche anterior
sobre el tema... Según él, los “chamanes auténticos”, no cobran, ni hacen “giras
turísticas para captar aprendices”; están en su tierra y hay que ir a ellos, pedirles
guía y esperar pacientemente sin ofenderlos nunca ofreciéndoles dinero, porque lo
que es verdaderamente espiritual no tiene nada qué ver con el dinero.

Yo le argumenté que eso era una visión bastante arcaica del chamanismo, que
estamos ya en plena Era de Acuario, tiempo de la revelación de todos los misterios,
que hoy en día un verdadero chamán es un hombre con suficiente poder personal
como para utilizar el dinero cual herramienta energética que es, y viajar a donde
crea conveniente para difundir su conocimiento.

En fin, que no él aceptó mis argumentos ni yo los suyos y terminé creyendo que en
el fondo lo que verdaderamente le molestaba a Xavier era que no le hubiese pedido
a él, que supuestamente conoce “chamanes auténticos”, que me llevara con alguno
de ellos e hiciéramos un viaje juntos Huahutla o al desierto.

Pensé que quizá eso es lo que debí de haber hecho porque si aquella noche llegaba
a la casa y le confesaba que no había tenido ninguna experiencia, me diría que me
estafaron por incauta, que no tengo idea de lo que es la verdadera espiritualidad,
que sigo siendo la ilusa que entró a un sectario ashram tepozteco creyendo que
bajo la guía de unos gurúes podría salvar el mundo, etcétera, etcétera...

Llegó un punto en el que me apropié de todo este supuesto discurso de Xavier y


estaba realmente deprimida y sumamente desilusionada de mí misma, con toda la
fuerza y la crueldad de las que hacía tiempo pensé que me había librado.

En algún lugar leí que estas crisis son cíclicas y eventualmente regresan a ti. Y en
verdad aquí estaban. Con tanta o más fuerza que cuando me escapé de ellas,
creyendo que las había dejado en la Ciudad de México, en casa de mis padres, en
la Escuela de Escritores, en Barranca del Muerto, en la Facultad, en los antros y en
todos los escenarios de mi antigua vida.

Y bien, el caso es que en este punto de la no-experiencia, estaba enfrentando un


impresionante retroceso hacia los días de mis más negras depresiones. Me sentía
absolutamente anegada de culpabilidad, inmerecedora de la más mínima
compasión e incapaz de cambiar un ápice. Otra vez estaba odiándome a mí misma
hasta la ignominia y de nuevo, pensando en morirme...

Y eso fue lo que hice gracias a Dios.

Muerte

Llorando de rabia le dije a Dios que me rendía, que había fracasado, que ya no
tenía la más mínima esperanza de poder llevar a cabo ni siquiera una vida normal,
ya no digamos la guajira idea de cumplir la misión de dedicar toda mi vida a servir a
la humanidad para salvar al mundo, tal como había jurado que haría en mi primera
ceremonia iniciática.

Oshmar, uno de los gurús del ashram donde estuve viviendo más de seis meses,
decía que él era un gran Mestro que había tomado el cuerpo de un presidiario
cuando éste estaba en una cárcel de Maiami moribundo. Y yo, sin duda alguna, le
pedí en esos momentos a Dios que hiciera lo mismo conmigo, que tomara mi vida y
trasladara mi espíritu a algún lugar de eterno descanso y que utilizara mi cuerpo
para enviar a algún maestro que verdaderamente pudiera servir a la humanidad y
salvar al mundo.

Pensé que en verdad era lo mejor que podía hacer, que esa era la salida más digna
posible: renunciar y entregar mi cuerpo para que la divinidad hiciera un buen uso de
él en vista de que yo no pude hacerlo. Y entonces me tendí en el suelo a esperar el
traslado de mi espíritu. ¡Y me sentí totalmente en paz!

Me puse a escuchar la bellísima música que había en esos momentos y me


concentré únicamente en los sonidos.

Beethoven dijo que la música es la mediadora entre la vida del espíritu y la vida de
los sentidos. Así es que escucharla con atención me pareció la mejor manera de
abandonar la vida corporal para regresar al espíritu.

¡Y en esos momentos comenzó la experiencia!

Sentí perfectamente las vibraciones de la música convertidas en ondas hechas de


finas partículas que atravesaban sin resistencia alguna todo mi cuerpo y el espacio
circundante. ¡Y lo más extraordinario es que fuera de mi cuerpo seguía sintiendo
esas partículas atravesándome. Entonces me di cuenta de que estaba percibiendo
mis cuerpos sutiles.

Comencé a experimentar cuánticamente el interior de mi cuerpo físico y el espacio


que ocupan mis cuerpos sutiles. Me percaté de los monumentales espacios que hay
entre cada uno de sus componentes mínimos. Espacios bastos, enormes y tan
vacíos que por eso mismo no podían oponer resistencia alguna a las ondas que
conformaban la música. Estas ondas particulares entraban en mi cuerpo como una
marejada inundando de golpe millones de presas vacías. Mi cuerpo permeable a las
hermosísimas vibraciones sonoras dejó de tener límites reconocibles, se fundió con
la música y a través de la música con el espacio mismo que estaba igualmente
inundado de ella.

Disfruté enormemente esos momentos. Hasta que se me ocurrió abrir los ojos
pensando en que quizá vería los colores de las ondas-particulas, pero no vi nada.
Afuera todo era tan concreto, limitado y normal como siempre. Así es que los cerré
rápidamente y me puse a llorar de nuevo porque me parecía muy triste y a la vez
muy hermoso abandonar el cuerpo con esta última percepción. Y es que en esos
momentos estaba segura de que eso que estaba experimentando era la respuesta a
mi petición de abandonar el cuerpo y dejarlo disponible para la llegada de otro ser.

Y conforme lloraba, suavemente, tendida allí quieta, asombrada y triste, comencé a


sentir que entraba por mi cabeza otra marejada, muy distinta que la marejada
proveniente de la música, esta era cálida y mucho más fuerte. Durante un breve
momento de terror supuse que era el otro ser tomándome la palabra y entrando a mi
cuerpo sin que yo lo hubiese abandonado aún por completo. Pero enseguida supe
claramente, de alguna extraña forma, que no se trataba de una conciencia distinta a
la mía. Supe, sin la menor duda, que la energía que estaba bajando pertenecía a
Karael, mi propio Ser Superior, y me dejé ir, aunque aún con algo de miedo. La
energía bajaba como un torrente por todo el interior de mi cuerpo y salía de mí
como si me estuviese dando a luz a mí misma. De hecho mi cuerpo había adoptado
naturalmente esa posición doblando las rodillas y abriendo las piernas.

Abrí los ojos y encontré junto a mí a una planta bellísima que estaba feliz haciendo
las veces de partera, asistiendo con su sola presencia a la emergencia de mi nueva
octava de conciencia.

[Creo que aquí conviene de hacer un breve paréntesis para explicar estos
conceptos de “nueva octava de conciencia”, “Ser Superior” y “Karael”.

Resulta que poco antes de irme a vivir a Tepoztlán estaba escribiendo una novela
donde mis personajas principales conocían a un grupo multidisciplinario que quería
fundar una ciudad alternativa partiendo de cero, inventando desde las viviendas
hasta una nueva forma de organización social basada en principios espirituales. Y
sincrónicamente mi mejor amigo entró a formar parte de un grupo muy similar al que
yo había imaginado. Este grupo tenía la idea de construir una ecoaldea y me invitó a
unirme con ellos. Los líderes del grupo vivían en Tepoztlán donde habían
encontrado ya el lugar energéticamente propicio que mis personajes apenas
estaban buscando para comenzar a fundar esta nueva sociedad. En fin... El grupo
había conformado una organización civil llamada Centro de Alta Conciencia
Tepozcahuic.

Dentro de la terminología que utilizaba este grupo, el Ser Superior era una
referencia genérica a las partes más elevadas de tu propia conciencia que no están
en el plano terrestre y que van bajando paulatinamente a la Tierra en octavas, que
suponen cambios de conciencia radicales y aumentos respecto a tu taza normal de
frecuencia vibratoria. La octava más elevada de tu Ser Superior antes de fundirse
con Dios, la última conciencia diferenciada, tiene un nombre cuya traducción al
lenguaje terrestre tú recibías por parte del Maestro FP (Omar - Oshmar Arikatei)
cuando te iniciabas en una ceremonia muy bella que se llevaba a cabo en el interior
del Círculo de Fuerza (una construcción circular interna conformada con cristales de
cuarzo, meteoritos y piedras de distintas pirámides del mundo que había en el patio
de la casa de uno de los miembros del grupo).

El nombre de mi Ser Superior, que recibí cuando me inicié en el grupo, es el de


Karael. El grupo ya no existe como tal en la actualidad, pero en ese entonces, si
querías ser iniciado, tenías que comprometerte a abandonar tus posesiones, tu
familia y toda tu vida anterior y dedicarte en cuerpo y alma a servir a la humanidad
colaborando con el Círculo Superior, conformado por unos maestros extrafísicos
que eran canalizados por el Maestro GP6 (Brenda - Artimia Arian). ]

SEGUNDA PARTE

Renacimiento

Entonces, cuando abrí los ojos durante la experiencia y vi a la bellísima planta


asistiendo a mi parto, por fin abandoné el miedo y comencé a agradecerle a Dios
que hubiese escogido a mi propio Ser Superior para continuar utilizando mi cuerpo.
Era como una muestra enorme de confianza que me prodigaba diciéndome que en
realidad no lo había hecho tan mal como para que me fuera por completo, sino que
simplemente necesitaba el apoyo urgente de alguna parte de mi propia conciencia
que estaba más cercana a Él para poder continuar con mi misión y cumplir mi
compromiso. ¡Y me sentí absolutamente feliz, amada, reconocida y respaldada por
el mismísimo Dios! Así es que volví a cerrar los ojos y me dejé ir ya sin la menor
resistencia.

No sé cuánto tiempo estuve así, permitiendo que mi antigua energía se fusionara


con el enorme torrente de mi nueva energía, pero lo que más me maravillaba es que
mi conciencia estuviera a la vez renovada e intacta. Pensé que debía pasar lo
mismo que ocurre con el software de mi computadora. Cuando pongo una nueva
versión de Windows, con mayor capacidad y más funciones, no se borran los
programas y los archivos anteriores, sino que permanecen intactos a menos que
uno los borre deliberadamente.

Y en esos momentos me sentí feliz y extasiada de mí misma y todo lo que antes era
oscuro, imposible y depresivo, ahora me parecía perfectamente claro, fácil y
exultante.

Estuve percibiendo el interior de mi estructura física con la maravillosa sensación de


que al fin había llegado el piloto a la nave que es mi cuerpo. Y desde esta nueva
conciencia estuve explorando el estado interno de mi vehículo y encontré que había
muchísimos camarotes sucios y oscuros. Pensé que Karina 1.0, mi octava más
baja, no había tenido la energía suficiente para limpiar todos estos espacios, pero
sabiamente había optado por concentrar su fuerza para limpiar e iluminar unas
pocas habitaciones dejando el resto intacto. Me parecía una buena estrategia
invertir todos los esfuerzos en tres o cuatro cosas que no dilapidarlos en investigas
y abrir todas las compuertas sin lograr limpiar uno solo de los espacios. Entonces yo
misma aprecié infinitamente a esta antigua versión mía valorando y agradeciendo
desde lo más profundo de mi corazón lo mucho que logró hacer con tan pocos
recursos energéticos y me despedí oficialmente de ella.

Concientemente seguí bajando más y más luz de mi Fuente para iluminar con ella
los espacios del cuerpo que continuaba explorando desde el interior.

De pronto, no recuerdo cómo, estuve momentáneamente en el cuerpo de un


hombre, los ojos de ese cuerpo estaban abiertos y pude verlo. No me dio miedo
pero regresé inmediatamente al cuerpo de Karina porque pensé que mientras el
canal de conexión con la Fuente estuviera abierto era mejor regresar y continuar
con mi tarea de iluminarlo antes de aventurarme a explorar otros cuerpos. Y el
pensamiento mismo hizo el traslado porque cuando volví a abrir los ojos ya estaba
de nuevo en mi cuerpo.

La sensación de ser una nueva conciencia dentro de un vehículo físico era fabulosa.
Ahora que escribo este recuento ya estoy otra vez muy identificada con mis viejos
hábitos, pensamientos y costumbres, pero en esos momentos mi nueva conciencia
estaba aún muy diferenciada de la antigua. Y comenzar a ver las cosas desde una
óptica radicalmente nueva fue tan fuerte que incluso por unos momentos, aquella
nueva conciencia no sabía como mover la mano y tenía que acceder a los viejos
archivos para “recordarlo”.

Esta nueva octava todo lo encontraba fascinante, como un niño que estuviese
viendo y probando sus nuevos juguetes por primera vez. Cuando recordó como usar
el cuerpo, lo incorporó y lo dejó sentado y recargado contra la pared para revisar
ahora los contenidos mentales acumulados por Karina 1.0 y encontró que había
pocas cosas útiles y mucha basura, igual que en los espacios corporales. Pero no
se preocupó en lo más mínimo, por el contrario, se río y se alegró mucho de los
juegos que tenía por delante, segura de que haría todo lo que pudiera y cuando ya
no pudiera más, simplemente haría honor al ejemplo de la valerosa y magnánima
Karina 1.0 y pediría a la versión 3.3 que la reemplazara... Y se reía por la
ocurrencia.

Entonces pasó a revisar las coordenadas espacio temporales y las situaciones


vitales en las que se hallaba y se encontró absolutamente maravillada y supo que
todo estaba divinamente planeado para comenzar a jugar justo allí, justo en esos
momentos en los que la humilde Karina 1.0 abandonó la partida dejándola en una
situación inmejorable: con una casa preciosa rodeada de naturaleza, un invernadero
en el cual comenzaría dentro de poco la cosecha de hortalizas orgánicas, una
investigación sobre las drogas avanzada en los puntos más áridos, una profesión y
un título universitario, un primer viaje a Europa en un par de meses más ¡y una
relación amorosa a punto de comenzar! ¡O a punto de evaporarse, como quisiera!

De nuevo agradecí con lágrimas los portentos que había logrado hasta esos
momentos de mi vida sin notarlo y sobre todo, la enorme oportunidad de retomarla
justo en ese punto con una conciencia completamente nueva... Sentí que al fin
estaba en el planeta con pleno poder y en conciencia... Comprendí que gracias a la
puntual ayuda de la Abuela Ayahuasca y al encomiable esfuerzo de Karina 1.0 que
no escogió quedarse en la cama sino cumplir con su cita destinal, había podido
hackear mi propio sistema para bajar más de mí conciencia al planeta.

Me sentí como una auténtica Princesa Guerrera de la más pura estirpe inca, una de
aquellas de las que nos habló Juan Ruiz con tanta reverencia antes de comenzar. Y
estuve absolutamente segura de que no habría podido lograr este espectacular
download de conciencia sin la ayuda de la ayahuasca que me ayudó a hackear mi
sistema para poder bajar esta nueva versión de mi ser.

Por eso es que en esos momentos todo era gratitud, hacia mí misma, hacia Dios,
hacia la Abuela Ayahuasca, hacia Juan Ruiz que la trajo a Tepoztlán, hacia todos
los presentes, hacia el planeta, ¡hacia el Universo entero porque todo era perfecto y
divinamente guiado!

Lo que recuerdo más vivamente, aparte de la gratitud, era la sensación de un poder


enorme que me llenaba de alegría porque esta nueva versión de mí había venido
precisamente a romper todas y cada una de las estructuras y creencias limitantes
que mi primera versión no logró desmantelar.

En esos momentos de la experiencia alguien me pasó una grabadora porque Juan


estaba preguntando a los presentes qué es lo que habían experimentado. La tomé y
relaté como pude lo que había estado viviendo. En cuanto terminé el relato me di
cuenta de que ya era muy tarde y me levanté corriendo a llamar por teléfono a mi
casa para ver si todavía estaba Xavier allí para decirle que me esperara. Sentí una
angustia muy dura en el centro del estómago cuando por fin encontré un teléfono
conectado en el estudio de la anfitriona y Xavier no contestó.

Regresé a la sala donde estaban todos y me recordé a mí misma que esas


angustias y preocupaciones eran propias de mi versión antigua, pero de ahora en
adelante no tenía porque aceptarlas incuestionablemente como propias. Ahora me
encontraba frente a la regocijante tarea de revisarlas y cuestionarlas una a una para
decidir cuáles valía la pena conservar y cuales valía la pena eliminar.

La angustia que sentí en el estómago decididamente merecía ser eliminada y me


recordé que todo era nuevo y todo estaba a revisión, que aún no sabía si era bueno
en estos momentos de mi vida comenzar una relación con alguien o explorar
Europa sola y sin compromisos. Y enseguida recobré la calma y me sentí feliz de
poder decidir y tener control absoluto sobre estos aspectos de mi vida que antes
decidían por mí y me arrastraban inexorablemente.

Me prometí a mi misma con una emoción absolutamente infantil que a partir de ese
momento no creería en nada, absolutamente nada de lo que creía antiguamente y
que vería todo con ojos nuevos, por primera vez, porque en verdad ¡así era!

DESPUÉS DE LA CEREMONIA

Quiero anotar aquí otras cosas relevantes que me sucedieron durante los pocos
días que transcurrieron entre la primera y la segunda toma.

A la mañana siguiente me desperté muy feliz y se me ocurrió revisar todo mi


guardarropa para ver qué cosas seguían gustándome ahora y cuáles ya no. Eso
mismo hice después con todas mis pertenencias, cambié algunos muebles de lugar,
comí cosas distintas y encontré que mis nuevos gustos eran muy Leo, seguramente
porque el sol estaba en este signo ahora que había descendido esta nueva versión
de mi conciencia.

Xavier no apareció por mi casa sino hasta después de la segunda toma, así es que
estuve sola esos memorables días jugando a hacer cosas que nunca hacía o
haciéndolas de forma distinta a la habitual.

Uno de esos días era de noche y estaba leyendo en mi cama cuando me dieron
ganas de orinar. Como todo en mi vida estaba a revisión y me lo estaba tomando
muy en serio hasta en los más mínimos detalles, pensé: ¿Qué hacía Karina cuando
sentía esta sensación? Subía corriendo al baño y se sentaba en la taza a hacer pipí.
Bueno, pues ahora voy a salir al patio y voy a hacerlo en la hierba. Y eso hice.

¡Y justo cuando estaba en estos menesteres, levanté la vista al cielo y vi un ovni


volando en zig-zag! Ver ovnis en Tepoztlán es común y no era la primera vez que
presenciaba el espectáculo así es que, con entusiasmo pero con calma, me propuse
sentarme en el jardín y seguir disfrutando del cielo por si aparecía alguna otra nave.
Me senté en una banca de piedra de cara a la montaña con la vista al cielo, pero las
luces del invernadero me deslumbraran así es que fui a apagarlas. ¡Y justo encima
del interruptor me encontré un mantis que me miraba directamente a los ojos como
queriéndome decir algo! No supe si lo que pasaba por mi cerebro en esos
momentos era una invención mía o una transmisión del querido insecto así es que
le dije que si tenía algo que decirme, me lo comunicara por favor durante la
siguiente experiencia de ayahuasca. Luego regresé a sentarme otro rato pero ya no
vi nada que no fuesen las habituales estrellas.

Otro día, también por la noche, llegué borracha de una ceremonia a la Pachamama
que hizo Juan Ruiz donde todos bebimos dentro de un círculo en el que
brindábamos por alguna cosa, derramábamos algo de jerez para la Pachamama y
nos bebíamos un trago. No sé cuantas rondas fueron, o no sé si estaba muy
desintoxicada, pero el alcohol me hizo el efecto que nunca antes me había hecho y
llegué a casa tan jarra que me quedé dormida en el jardín.

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